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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 107]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-107/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 107]]></description>
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      <title><![CDATA[La vida loca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/vida-loca_1_1158080.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d7c6a9a9-817d-4b59-8612-e214ae6fb1dc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida loca"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em></p><p>___________________________________</p><p><a href="http://ellibrodurmiente.org/" target="_blank">El libro durmiente</a> comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. El libro durmiente se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa, en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario, donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.</p><p>  <strong>Esperando a mister BojanglesOlivier BourdeautTraducción de José Antonio Soriano MarcoSalamandraBarcelona2017</strong><em>Esperando a mister Bojangles</em></p><p>  </p><p>Esta historia es una montaña rusa que sube y baja. Divierte, sorprende, desconcierta, desquicia, empacha, desazona y desagrada. A tramos. El comienzo es dulce, mágico, pero el pastel se va agriando a medida que nos percatamos de la realidad que subyace bajo una preciosa historia de amor supuestamente feliz de una pareja tan singular como disparatada.</p><p>La voz que nos cuenta es la del hijo cuando ya es adulto aunque la novela intercala las notas que el padre escribía en la intimidad, donde –por lo menos– ya sabemos, que es consciente de la felicidad <em>enferma </em>que padece su mujer. Aunque a veces nos haga dudar.</p><p><em>Esperando a mister Bojangles</em> es una canción de <strong>Nina Simone</strong> con la que los padres bailan mientras su hijo se queda embelesado. El lector también, porque su rutina es divertida, improvisada y surrealista. Me parece genial que cada día el marido llame de forma diferente a su mujer, que tengan una grulla por mascota o que las fiestas sean lo habitual en su casa. Por eso, cuando arranca la historia todo parece simpático. Pero la alegría duró poco. Era demasiado bonito y disparatado como para ser compatible con la cordura.</p><p>Cómo no iba a ser genial para ese niño que sus padres fueran tan sumamente divertidos, que no supieran de responsabilidades ni cuentas a final de mes porque la vida está para disfrutarla a todas horas. Como filosofía es una idea y práctica maravillosa. Te dan ganas de levantar la mano y decir: yo también quiero eso. Pero empiezas a poner nombres a las cosas: a la galaxia particular de su madre, ajena al mundo real (para qué cuándo se puede inventar uno) y lo más grave, a su propia locura. Antes incluso de que esa palabra impronunciable aparezca en esta novela. Como otras muchas.</p><p>La mujer comparte esa isla particular con el beneplácito de su marido y por supuesto, con la alegría permanente del hijo de ambos. Pero el lector sabe que se romperá en cualquier momento, que “el <em>show </em>no va a continuar para siempre”. Lo sabes y por eso, el placer se torna amargo. La vida loca<em> </em>se lee con un rictus en la boca. Por eso no he podido disfrutar esta lectura.</p><p>La idea de esta novela que se debate entre el relato y un cuento largo, es original. Es una estupenda alegoría a la felicidad, a la magia y el gozo de la vida que está acompañada del amor ideal, el que encaja como si estuviera hecho a medida. Pero era muy difícil resolverla sin que provocase una colisión de emociones. Esta realidad y el hecho de que sea una historia breve ha provocado incluso que no me haya detenido, ni para bien ni para mal, en la prosa de <strong>Olivier Bourdeaut</strong>. Puede que llevada por el desconcierto de lo que estaba leyendo. Incluso a veces por el enfado que me causaba la ceguera generalizada de los protagonistas.</p><p>Sin duda, una lectura diferente. Pero sobre todo, extraña. Incluido el final.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Jun 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Begoña Curiel]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Novela,Los diablos azules número 107]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La mitología del cuerpo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mitologia-cuerpo_1_1203148.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fdb2240f-f288-45b8-a8bf-159180d151d9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mitología del cuerpo"></p><p>  </p><p><strong>La mitología del cuerpo</strong></p><p>Si hubiera sido creada con la astucia de una loba</p><p>—como fui incriminada—,</p><p>y hubiera alegado que el lobo me devoró,</p><p>no me habrían comido dos veces.</p><p>Si yo hubiera gritado:</p><p>¡Oh, Dios, no son pecados lo que cometí,</p><p>aquella serpiente me incitó al placer!,</p><p>no habría sido mordida dos veces de la misma madriguera.</p><p>Si yo hubiera delatado a Adán,</p><p>y con el dedo acusador hubiese señalado:</p><p>¡esta es tu criatura, Señor, él ha mordido la manzana!,</p><p>no habría sido arrojada a la tierra</p><p>con dos heridas sangrantes,</p><p>la herida del útero y la herida del corazón.</p><p>Si me hubiera sido infiel a mí misma,</p><p>y a mí misma me hubiera engendrado en la artesa de la lujuria,</p><p>habría sido ungida soberana del reino de Eros,</p><p>y sería dueña de mi cuerpo.</p><p>Si no me hubiera despojado de la hoja de la mora,</p><p>—mi única prenda—,</p><p>y no la hubiera arrojado al rostro de Satán,</p><p>habría sido el árbol del Paraíso prometido.</p><p>Si hubiera sido más astuta y prudente,</p><p>no habría engendrado en mi útero un hombre para esclavizarme.</p><p>Si yo hubiera sido Atón,</p><p>no me habría creado más que a mí misma,</p><p>y no habría habido una primera mujer,</p><p>ni un primer hombre,</p><p>no habría habido traición desde la eternidad.</p><p>Si hubiera sido creada para el engaño</p><p>—como fui estigmatizada—,</p><p>habría arrancado la túnica de mi amado</p><p>de frente,</p><p>y en el amor sería perdonada.</p><p>Si me hubiera apostado en el pórtico de la muerte,</p><p>con la audacia del que va y regresa de ella,</p><p>y maldecido a Hades con todos sus nombres,</p><p>no habría muerto entre dos vidas.</p><p>¿Acaso fui yo realmente,</p><p>sin haber sido?</p><p>  <em>Traducido del árabe original por Akram J. Thanoon y Maribel Lázaro (Granada, marzo de 2018).</em></p><p><em>*Aicha Bassry (Settat, Marruecos, 1960) es poeta. “La mitología del cuerpo” ganó el Premio internacional Simone Landry de poesía femenina (París, 2017).</em><strong>Aicha Bassry</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Aicha Bassry]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura africana,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 107]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La historia impertinente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/historia-impertinente_1_1158066.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/719c8b12-f363-4bef-9e04-09050817cbaa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La historia impertinente"></p><p><em>Concha Quirós, de la librería Cervantes de Oviedo, recomienda algunos de sus títulos favoritos de los últimos meses.</em></p><p>_________________________</p><p><strong>El orden del díaÉric VuillardTraducción de Javier AlbiñanaTusquetsBarcelona2018</strong><em>El orden del día</em></p><p>  </p><p>El último Premio Goncourt 2017 es un relato inquietante acerca de los entresijos del inicio de la Segunda Guerra Mundial y la implicación de los empresarios en el ascenso de <strong>Hitler </strong>al poder. Vuillard se sitúa en febrero de 1933. Hitler convoca secretamente a veintisiete grandes industriales alemanes en el Palacio Presidencial del Reichstag para pedirles su apoyo en las inminentes elecciones parlamentarias. Los empresarios se reúnen en el despacho de <strong>Göring </strong>y, tras escuchar a Hitler, acuerdan entregar una suma colosal para garantizar la estabilidad que él prometía.</p><p>Esta novela desvela los mercadeos y vulgares intereses comunes, las falsedades y posverdades, que hicieron posible el ascenso del nazismo y su dominio en Europa hasta la Segunda Guerra Mundial. Una novela con un ritmo trepidante y muy novedoso en su forma de narrar, en la que conviven literatura, historia y moral política.</p><p>  <strong>Un andar solitario entre la genteAntonio Muñoz MolinaSeix BarralBarcelona2018</strong><em>Un andar solitario entre la gente</em></p><p>  </p><p>Cada nueva novela de Muñoz Molina es un motivo de celebración. En <em>Un andar solitario entre la gente</em>, reconstruye los pasos de los grandes caminantes urbanos de la literatura y del arte que quieren explicar la época que les ha tocado vivir. Entre el ensayo literario, la crónica personal y la ficción, el escritor entremezcla historias inventadas, obsesiones personales y personajes a los que conoce o sigue. Y entonces, celebra el acontecimiento o se sirve de él para denunciar.</p><p>Hay denuncia del ruido extremo del capitalismo y de la conversión de todo en mercancía y basura. Pero también hay celebración de la belleza y la variedad del mundo, de la mirada ecológica y estética que recicla la basura en fertilidad y arte. Un caminante que recuerda en su narración a <em>Poeta en Nueva York</em>, de <strong>Lorca</strong>. Que escribe siempre a lápiz, recortando y pegando cosas, recogiendo papeles por la calle, en la estela de artistas que han practicado el arte del <em>collage</em>, la basura y el reciclaje.</p><p>  <strong>GB84David PeaceTraducción de Ignacio Gómez CalvoHoja de LataGijón2018</strong><em>GB84</em></p><p>  </p><p>El anuncio del cierre de las minas de carbón desata la mayor huelga de la historia británica. Estamos en 1984 entre piquetes, policías, esquiroles, empujones, puñetazos, golpes de porra. La primera ministra <strong>Margaret Thatcher </strong>es más que nunca la Dama de Hierro, y se enfrentará al Sindicato Nacional de Mineros. Se utilizarán todo tipo de métodos para aplacar la revuelta. Habrá escuadrones parapoliciales, palizas, ocupación de poblaciones enteras, agentes provocadores.</p><p><strong>David Peace</strong> escribe una gran novela negra sobre la huelga de los mineros en donde flota un interrogante: ¿Hasta dónde puede llegar un gobierno para derrotar al enemigo interno? Un libro arriesgado que surge 34 años después del conflicto pero que cobra nuevas dimensiones tras la crisis económica de este último lustro.</p><p>  <strong>Cuentos góticosEmilia Pardo BazánUve Books​​​​​​​Oviedo2018​​​​​​​​​​​​​​</strong><em>Cuentos góticos</em></p><p>La editorial asturiana Uve Books publica esta cuidadosa recopilación de cuentos ilustrados de la mejor novelista española del siglo XIX,<strong> Emilia Pardo Bazán</strong>, en una de sus facetas más desconocidas como precursora del cuento de tintes góticos en España. "Vampiro", "El conjuro", "Un destripador de antaño", "Mi suicidio", "La resucitada", "El antepasado", "El espectro", El mausoleo", "Las espinas", "La cana", "El fantasma". Once cuentos oscuros, sorprendentes, potentes y bellos exploran el mundo sobrenatural. Vampiros, fantasmas, espectros, magia negra y multitud de emociones desesperantes que nos trasportarán de un plumazo hasta nuestros miedos más profundos. Bellamente ilustrado con imágenes intervenidas del siglo XIX y principios del siglo XX.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Cervantes en la calle Dr. Casal, 9 de Oviedo o en su página web.</em><strong>librería Cervantes</strong><a href="https://www.cervantes.com/" target="_blank">página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Concha Quirós (Librería Cervantes)]]></author>
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      <title><![CDATA[Eternamente, la ciudad eterna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/eternamente-ciudad-eterna_1_1158064.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f8506dd0-5492-4fc2-bae1-1a721d009ca5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Eternamente, la ciudad eterna"></p><p><em>Este relato pertenece al libro </em>Por regiones fingidas<em>, editado en tirada limitada de 175 ejemplares firmados por el autor en Interrogante editorial. Publicamos la última de cuatro entregas.</em><a href="http://interrogante-editorial.blogspot.com.es/" target="_blank">Interrogante editorial</a></p><p>__________________</p><p>Pedro Villalba fue profesor de latín hasta su jubilación, que le llegó anticipada por sus problemas de vista, pues la diabetes fue robándosela hasta reducirle el mundo a un contorno nublado. Veía siluetas y borrones, máculas luminosas, indefinido lo definido y oscilante lo firme, de modo que el mundo se le deslizó poco a poco hacia los adentros, por necesidad de algún sitio en que asentarse, y se volvió meditabundo.</p><p>En su memoria repleta y ociosa resonaban sus autores de siempre, los que se sabía al dedillo: allí estaba Lucrecio, avisando de que en cualquier lugar del mundo, y al mismo tiempo, en una sincronía implacable de paradojas, triunfa y muere la vida; por allí andaba Tibulo, rogándole a la muerte que apartase de él sus manos codiciosas o haciéndose eco del martirio de Tántalo, el sediento ante las charcas; allí reverberaba <strong>Ovidio</strong>, con sus fábulas de mutantes; allí estaba <strong>Fedro</strong>, envidioso de la fama de <strong>Sócrates</strong>, a pesar de la mala muerte del ateniense; allí, en su memoria, estaba <strong>Lucano</strong>, despectivo ante la pervivencia colectiva de las glorias militares de<strong> Julio César</strong>; allí arañaba Marcial con sus estiletes de punta envenenada… Allí estaban todos, en fin, murmurándole en un idioma muerto. Y con aquello echaba atrás las horas consigo.</p><p>Su hijo Horacio, que vivía con él, lo sacaba alguna que otra tarde a pasear: la calle como un caleidoscopio, como la jungla de los fogonazos imprecisos. Y una voz de quién que lo saludaba. Y la intensificación de los olores. Y la alegría de reconocer algo, el perfil de algo: “¿Eso no es…?”. Y lo era o no lo era, pero su hijo le decía siempre que sí, menos por compasión que para no tener que enredarse en explicaciones.</p><p>Desde muchacho, el sueño principal de Pedro Villalba había sido el de viajar a Roma, pero, entre cosa y cosa, en sueño postergado fue quedándose, y como un sueño vano lo daba ya, sobre todo desde que murió su mujer, cuya ausencia no le aliviarían ni todos los poetas del mundo latino puestos en fila y recitando consuelos melancólicos sobre la fugacidad de las cosas y sobre la vanidad de fondo del vivir. Aunque él no alcanzara a distinguirlos, ella le hubiese descrito sobre la marcha los prodigios profusos de Roma y él, a falta de precisión en los ojos, los hubiera admirado con el soporte de su fantasía documentada, como un sonámbulo por su casa a oscuras. Pero el caso es que ahí seguía Roma, lejana y siempre en él, concreta y mítica, envuelta en la bruma de los lugares que existen más en la imaginación que en los mapas: una Roma ingrávida y artificial, reducida en la percepción del profesor Villalba a una escala de maqueta minuciosa: las ruinas y las fuentes, los palacios y los jardines, los museos y las basílicas, ya que cualquier ciudad imaginada cabe a fin de cuentas en una tarjeta postal o en el óvalo de un camafeo. “Pensar que voy a morirme sin ver Roma…”, y su hijo le replicaba que había cosas peores.</p><p>Horacio Villalba no había heredado de su padre la fascinación por el recio latín ni de su madre la atracción por las abstracciones estrictas de las matemáticas, de las que fue profesora. Abandonó la carrera de magisterio antes de terminar el primer trimestre y se dedicó a inspeccionar parte del mundo con un equipaje filosófico de psicodelia y de orientalismo, con escalas en Londres y en Corfú, en Ibiza y en Ámsterdam, en sitios inesperados y en sitios impensables incluso para él, Roma incluida, a lo que fuera saliendo. Creyó luego que lo suyo eran los negocios y abrió un bar de copas tardías en la calle Manuel Rancés que atraía a partes iguales a los noctámbulos y a los acreedores, pues se daba una maña incorregible para gastar más de lo que ganaba, que es mala ciencia. No sólo derrochaba lo que conseguía ganar, que se le iba de la cartera como por ilusionismo, sino también la pensión de su padre, que andaba desentendido desde hacía tiempo de las cuentas, absorto en sus rememoraciones de poetas líricos y de emperadores inclementes, resignado a una dieta de comida enlatada y de sopas de sobre.</p><p>Una tarde, Horacio Villalba se cruzó por la calle con Ramón Ezpeleta, el director del colegio San Felipe Neri, que era en el que Pedro Villalba había dado clases durante casi treinta años. “¿Cómo está tu padre?”, y Horacio Villalba le dijo que bien, aunque con sus chaladuras y con su queja recurrente de morirse sin ver Roma, a pesar de no verse ya ni las manos. “¿Sigue con eso?  Pues habría que pensar en…”. Y lo que pensó Ezpeleta fue lo siguiente: hacer una colecta entre los profesores para pagarle a su excolega casi ciego, a modo de homenaje corporativo, un fin de semana para dos personas en aquella Roma que el jubilado llevaba décadas entreteniendo en sus imaginaciones. Hubo profesores, en especial los más veteranos, dispuestos a desembolsar el donativo, pero hubo otros que no, alegando la escasez del sueldo, de manera que el claustro acordó organizar la rifa de un equipo estereofónico y, con la ganancia, sufragarle el viaje al viejo profesor y a su hijo Horacio, que le haría de lazarillo por una Roma al fin y al cabo de irrealidades: una ciudad narrada. Y así se hizo: se repartieron las papeletas entre los alumnos para que las vendiesen entre sus familiares y, al final, pagado el coste del regalo, y con una aportación extra por parte de la dirección del centro, se consiguió dinero suficiente para cumplir el objetivo. El hotel que tuvieron que eligir no era ni muy céntrico ni prometía suntuosidades, aunque este segundo detalle iba a darle ya un poco lo mismo al profesor emérito Villalba.</p><p>Ezpeleta, en compañía de una representación del claustro de profesores, fue una tarde a entregarle solemnemente a Villalba los billetes de avión y los bonos de hotel, así como una metopa con la efigie esmaltada del santo tutelar del centro: “Un pequeño detalle. Como agradecimiento por tantos años de trabajo”, y, en mitad de su discurso, deslizó Ezpeleta una frase en latín que animó la sonrisa de Villalba, que la respondió, también en latín, con una cita de Cicerón, lo que dejó in albis no sólo al profesor de física y química que era Ezpeleta, que se había aprendido su frase latina de memoria para dar un poco de barniz a la ocasión, sino también al resto del séquito académico.</p><p>“¿Nos vamos a Roma?”, y en aquella pregunta se mezclaba la incredulidad con el desasosiego. Horacio Villalba alegó que no podía cerrar el bar así como así. Que un fin de semana le venía fatal. “Ve con la tía Rosita”, le sugirió.</p><p>Rosa Villalba era la hermana pequeña de Pedro Villalba. Vivía en Lebrija y era viuda de un tratante de maquinaria agrícola que no le dio hijos, pero que le dejó varias fincas urbanas y otras varias rurales, de cuyo arrendamiento vivía con holgura, aunque con la razón un poco en precario, ya que llevaba al menos una década asegurando a quien quisiera escucharla que mantenía conversaciones constantes con los difuntos. Al parecer, algunos espíritus se limitaban a charlotear con ella con el mismo grado de intrascendencia con que charlotean los vivos entre sí. Otros, en cambio, le hacían revelaciones proféticas, y esos eran los peores, pues la ponían en vilo.</p><p>“Tu tía no está ya para ir a ninguna parte. Ella sólo tiene amistades en el Averno”. Y volvía Horacio Villalba a su argumento principal: “Pues yo no puedo cerrar el bar un fin de semana”. Y añadía que Roma, donde él había pasado un día y medio, tampoco era para tanto.</p><p>Al final, padre e hijo acordaron cancelar el viaje; el padre porque ya estaba resignado a la postergación vitalicia de su sueño y el hijo porque no podía cerrar durante un fin de semana su bar de copas, como ha quedado dicho.</p><p>Horacio Villalba fue una mañana al colegio para ver a Ezpeleta y devolverle los billetes: “Dice mi padre que le vendría mejor el dinero”. A Ezpeleta le cayó mal que el antiguo profesor de latín hubiera decidido canjear la realización de su gran fantasía por unas monedas al fin y al cabo mezquinas, pero le dijo a Horacio que iría a la agencia de viajes para gestionar la cancelación. Al final, solo le reintegraron el 60% del importe, pero a Horacio Villalba le pareció bien.</p><p>“El martes vamos a ir a Lebrija a ver a la tía Rosita”, le dijo Horacio a su padre, a quien no le extrañó la propuesta, ya que sabía que su hijo aspiraba a la herencia de ella, lo que tampoco le extrañaba. De modo que el martes, a primera hora, padre e hijo se encaminaron a la estación y cogieron un tren. Por el camino, Pedro Villalba se acordó de unos versos de <strong>Virgilio </strong>que tradujo en segundo de carrera:</p><p><em>Ille deum vitam accipiet divisque videbitpermixtos heroas, et ipse videbitur illis,pacatumque reget patriis virtutibus orbem.</em></p><p>Cuando llegaron a la estación de Lebrija, allí estaba esperándoles, con esa mirada inmóvil propia de quienes deambulan menos por nuestro mundo que por los trasmundos, Rosa Villalba, acompañada de su criada de casi toda la vida. “¿Cómo estáis?” Horacio Villalba le dijo, con el tono de los cobistas, que no tenía que haberse molestado en ir a esperarlos a la estación y ella le replicó que iba adonde le daba la gana, ya que solía permitirse esas asperezas con su sobrino, por saber de sobra que andaba sobándole la voluntad.</p><p>“¿Tú te ves capaz de mantener una conversación sobre Roma con Virgilio?”, bromeó Pedro Villalba con su hermana. “No lo sé. Anoche estuve hablando con papá”, le respondió ella. “Me dijo que va a verte muy pronto”.</p><p>Volvieron en el último tren. “Cuando estuviste en Roma, ¿viste el Coliseo?”, y Horacio Villalba le dijo que no. “Pues te perdiste algo grandioso”.</p><p>Durante el resto de sus días, que no fueron muchos, Roma siguió siendo para Pedro Villalba un sueño difuso, un foro recorrido centenares de veces con la imaginación, un Coliseo reconstruido centenares de veces con la imaginación, una figuración estática: ese diorama irreal en que resonaban aún los pasos del alegre <strong>Plauto</strong>, los pasos reflexivos de <strong>Plotino </strong>al dirigirse hacia su escuela de filósofos, los pasos vanagloriosos de los emperadores, camino de la inmortalidad y de la nada.</p><p>Pedro Villalba murió de su muerte hace apenas dos años y creo que no resulta exagerado afirmar que con él murió otra parte de la historia de Roma, que no para de morir.</p><p><em>*Felipe Benítez Reyes es escritor. Sus últimos libros, </em><strong>Felipe Benítez Reyes</strong>Por regiones fingidas<em> (Interrogante editorial, 2017) y una reedición de </em>El novio del mundo<em> (Fundación José Manuel Lara, 2018) en conmemoración de su 20º aniversario.</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Felipe Benítez Reyes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Eternamente, la ciudad eterna]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Los diablos azules número 107]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Nuevos territorios de la poesía gallega]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/nuevos-territorios-poesia-gallega_1_1158059.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/39dd0714-c24c-4b01-ae1e-ba1aab2124fd_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Nuevos territorios de la poesía gallega"></p><p><strong>13. Antoloxía da poesía galega próximaEdición de María Jesús NogueiraChan da Pólvora / PapelesmínimosMadrid2018</strong><em>13. Antoloxía da poesía galega próxima</em></p><p>Tierra afecta a la poesía, Galicia asiste en los últimos tiempos a un reverdecer de los laureles del verso, a un nuevo asomarse a los acantilados de una costa que ha hecho de unas nuevas mareas una renovación de nombres y formas, permitiendo a la poesía gallega aproximarse a la realidad, en una sacudida que va más allá de ese frenesí poético que vemos en muchos territorios de España ligados a músicos que hacen hilo con sus canciones para madejar el verso, o nuevos poetas que van poco más allá de estirar un <em>tweet </em>para convertirlo en una poesía tan frágil como simple.</p><p>Territorios de creación poética, de publicación y difusión como las editoriales Apiario (al frente del cual nos encontramos a dos poetas valientes como <strong>Dores Tembrás</strong> y <strong>Antía Otero</strong>) o Chan da Pólvora (dirigida por otro capitán de la poesía, <strong>Antón Lopo</strong>) balizan esa nueva generación de nombres que rondan los treinta años y que han publicado ya algún poemario. En ellos pone los ojos este volumen, <a href="http://papelesminimos.com/ficha.php?producto=65" target="_blank">13. Antoloxía da poesía galega próxima</a> que, de la mano de María Xesús Nogueira reúne a trece de esos nuevos poetas para visibilizar ese nuevo movimiento mareal que ha llegado para inundar mucho de nuestro espacio fértil. <strong>Samuel Solleiro, Xabier Xil Xardón, Andrea Nunes Brións, Oriana Méndez, Lara Dopazo, Francisco Cortegoso, Alicia Fernández, Berta Dávila, Gonzalo Hermo, Celia Parra, Jesús Castro, Ismael Ramos</strong> y <strong>Antón Blanco</strong> forman parte de esta edición bilingüe gallego-castellano que Chan da Pólvora ha puesto en circulación como un libro de referencia para reflejar esas identidades.</p><p>Y es que si algo define a esta poesía es su carácter identitario. Mujeres y hombres que se han configurado en un nuevo paisaje, de nuevos y fulgurantes verdes y cielos que se han llevado con ellos una Galicia no tan lejana pero que en cambio responde a un tiempo que sí parece extinguido. Las tragedias naturales en forma de chapapote o ceniza, las mudanzas políticas o la brutal crisis se han constituido en un inesperado alimento para esa rebeldía que debe configurar a todo poeta y se ha incrustado en sus ojos para poner tierra por medio con una poesía dócil e insustancial.</p><p>En este proceso de construcción de una nueva identidad poética cada uno de ellos genera una posibilidad, una definición del yo en relación con su territorio, una experimentación íntima que se acaudilla en un interior que mediante la palabra se conecta ya no tanto con una tradición como con una necesidad. Es por ello que si algo unifica a estas voces, junto a la multiplicidad que conlleva la cronología, es la asunción del verso como espasmo dentro del adocenamiento colectivo. Cada uno de ellos sabe de su condición de poeta como algo que va más allá de forjadas estéticas o de lirismos domesticados, proponiendo una poesía compleja, por lo que tiene de exploración de esas identidades frente al exterior. Una dualidad que engrandece, como hacía tiempo que no lo hacía, al ámbito de la poesía en Galicia y, sobre todo, plantea un escenario inmejorable de cara a un futuro que ya es presente.</p><p>Cada una de estas propuestas propone feminismos, memorias, cotidianeidad, identidad, símbolo, política, historia, belleza... estableciendo así un magma creativo que sobre todo se evidencia desde lo vivo, configurando una poesía natural, alejada de artificios o contaminaciones que podrían embellecer la forma pero serían una perversión para el fondo, en la manera de entender unas circunstancias en las que el lenguaje es un arma empleada con absoluta libertad, sin condicionantes. Un lenguaje que necesita ser reasumido para otorgarle nuevos espacios de significado, una lengua gallega que todos ellos han visto inmersa en un debate con el castellano y cómo las decisiones políticas han ido primando más a la segunda que a la primera. Su íntima vinculación con el gallego es también una forma de estar, una manera de ser y de concebir ese sentir de un territorio como prolongación de uno mismo y de la poesía como exploración de lo que sucede en él.</p><p>Se adivinan hermosos atardeceres desde el verso gallego ante esta realidad ya efectiva y que no se detiene en los nombres condensados en este volumen. Mujeres como <strong>Eli Ríos, Lucía Novas, Tamara Andrés</strong> o <strong>Miriam Ferradáns</strong> se suman a esta explosión poética orgullosa de sí misma y que está convirtiendo a Galicia en un poema inmenso, como siempre fue, cierto, pero ahora alentado desde la juventud, lo femenino y la libertad por hacer de la palabra resistencia, pero también una orgullosa y valiente manera de ver y sentir el mundo hombro con hombro con otras identidades.</p><p><em><strong>*</strong></em><strong>Ramón Rozas</strong><em><strong> </strong></em>es crítico literario.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón Rozas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Nuevos territorios de la poesía gallega]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Literatura gallega,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 107]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Un extraño nirvana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/extrano-nirvana_1_1158054.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1ebd467-cd42-499c-9f11-21af44f81e60_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un extraño nirvana"></p><p><strong>Más maldito karmaDavid SafierTraducción de María José Díez PérezSeix BarralBarcelona2017</strong><em>Más maldito karma</em></p><p>Para algunas personas todavía existe el estereotipo de que los alemanes carecen de sentido del humor, aun cuando exista evidencia de lo contrario en su tradición artística en general. Pero si alguien desea desmantelar aquel estereotipo definitivamente tiene que leer a <strong>David Safier</strong>, uno los escritores alemanes que más libros ha vendido en los últimos años, con novelas de un humor fantástico en las que los seres humanos se reencarnan en animales y los animales hablan como seres humanos. También es guionista de televisión y ha ganado prestigiosos premios por ello. La obra de Safier ha hecho reír a millones de personas, incluidos los hispanohablantes por sus previas traducciones, y se ha convertido en uno de los mejores escritores humorísticos de Europa.</p><p>La novela que nos ocupa no es exactamente una secuela de una novela previa titulada en español <em>Maldito karma</em>, en la que juega con la idea de la reencarnación, la cual dependiendo del karma se efectúa en un animal de uno u otro nivel de evolución, o en otro ser humano si se han acumulado los méritos necesarios. Por supuesto, la idea de karma que le sirve de estrategia narrativa es una simplificación de la noción de karma que aparece en los escritos sagrados hindúes, pero Safier no pretende exactitud teológica alguna, sino hacer reír al lector, lo que logra con creces.</p><p>Los protagonistas de esta novela son una actriz de segunda, llamada Daisy Becker, en su veintena, que lucha por sobrevivir debido a la carencia de contratos, lleva una vida desordenada, fuma marihuana, bebe, se acuesta tarde y no tiene reparos en dejar de pagar la renta a sus amigas que comparten piso. Su vida amorosa es además un desastre, satisfecha con llevarse hombres a la cama de vez en cuando, solo por el sexo. Al comienzo de la novela le llama su agente preguntándole si habla francés, a lo cual miente que sí, solo para conseguir una parte en una película de James Bond, cuyo actor principal es Marc Barton, una superestrella del cine. Llega tarde a la audición, en un taxi que no puede pagar, y al último momento Barton decide eliminar la escena en donde ella aparece. El taxista la persigue en el estudio de grabación y ella se mete al camerino del superestrella, donde hay un perrito que empieza a morderle la pierna, la que ella sacude con tal fuerza que el perro acaba estrellado contra la pared y muerto. El actor vuelve a su camerino y descubre a su perro muerto, lo que le hace odiarla sin tapujos. Ella huye, pero la agobia el sentimiento de culpa. Otro día, después de haber tomado una buena cantidad de alcohol, se atreve a esperar al actor antes que este coja su Lamborghini y en cuanto este parte, se mete en su coche, para intentar pedirle perdón por su perrito. El actor se muestra consternado por su presencia y descuida la conducción de su rápido auto, y acaba estrellándose, con lo cual ambos mueren en el accidente.</p><p>Lo que sigue después son una serie de reencarnaciones de ambos, que les hacen transitar por diferentes estratos biológicos y vivir muchas aventuras absurdas, las que acometen juntos, a pesar de que Barton detesta a Daisy. En el transcurso de la novela se aligeran las animosidades y empiezan a cooperar con más gusto. Después del accidente se reencarnan en hormigas, hecho que tendría que obligarlas a ir a la guerra, a lo que se niegan. Buda mismo aparece en la novela en momentos clave para conversar con la pareja e informarles que han acumulado mal karma, por lo que todavía les quedaría un buen tiempo en el reino animal. La única salida de su condición es acumular buen karma, pero ¿cómo hacerlo habitando cuerpos de animales? Además, la mujer de Barton se va acercando sentimentalmente a un chico que adoraba a Daisy, aunque ella no le hizo caso jamás, algo de lo que ahora se arrepiente al constatar la calidad humana del muchacho. Se proponen entonces impedir que surja algo amoroso entre ellos, para lo cual idean planes cada cual más loco, lo que ocasiona también que mueran de nuevo, para ascender en la escala a los pájaros, los peces y luego a los mamíferos, no sin pasar por caracoles y finalmente, por su buen karma, llegan ambos a reencarnarse en otros seres humanos, una pareja de inmigrantes obesos, la mujer embarazada y a punto de dar a luz un hijo.</p><p>La novela tiene muchos diálogos, cada cual más efectivo en su sentido humorístico, y no faltan especulaciones de filosofía vital, sobre todo de parte de Daisy. Se encuentran incluso con <strong>Casanova</strong>, todavía reencarnado en una hormiga y Daisy reconoce a su madre reencarnada en un oso panda. No todos los animales son reencarnaciones, pero abundan quienes lo son, como una hormiga de carácter bruto que viene reencarnándose desde la prehistoria. La novela, por supuesto, no es solo un medio para suscitar la risa, sino que pone en la piqueta reflexiva la superficialidad de la sociedad del espectáculo y las celebridades, a la vez que nos hace preguntarnos con humor por el sentido de la existencia, algo que tanto Daisy como Marc habían perdido de vista antes de morir y reencarnarse, pero que reencuentran tras las peripecias de sus reencarnaciones. Tanto Daisy como Marc han sido acusados por sus parejas o amigos de ser incapaces de amar, de entregarse a otra persona, por egoísmo o simple ignorancia. Al final, habitantes de cuerpos que no son los suyos, y hechos padres sin habérselo propuesto, descubren que el amor es lo único que da sentido a la vida, o como lo dice Safier al final de la novela, no es necesario el nirvana para acceder al nirvana, sino el amor, y el amor requiere un poco de valor. Con esta reflexión concluye la novela, Daisy y Marc reencarnados en otros cuerpos y conformando una familia. Esta novela no solo derrocha humor, sino también ternura, lo que la hace altamente recomendable.</p><p><em>*Frans van den Broek es escritor.</em><strong>Frans van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un extraño nirvana]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 107]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El futuro literario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/futuro-literario_1_1158053.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2c675f3a-ddd6-48f8-9b17-815adfc03e4e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El futuro literario"></p><p><strong>La estirpe de BabelÁngel EstebanVerbumMadrid2017</strong><em>La estirpe de Babel</em></p><p>Con este sugerente título, lleno de resonancias bíblicas, se presenta ante sus lectores el profesor y crítico literario <strong>Ángel Esteban</strong>, quien ha oficiado su magisterio impecable y su enorme capacidad para el trabajo concienzudo entre las universidades de Granada, en donde es catedrático de Literatura Hispanoamericana, y en la de Delaware, en EEUU, donde enseña materias afines a los estudiantes norteamericanos. Gran especialista en la literatura trasatlántica —especialmente cubana, colombiana y peruana—, Ángel Esteban ha tocado todos los palos del ensayismo y la crítica, de una manera tan sagaz como exigente, ofreciendo a sus lectores un repertorio nada desdeñable de monografías, ediciones críticas, coordinación de volúmenes colectivos, artículos, reseñas o capítulos de libros, que lo convierten en una figura señera del americanismo patrio e internacional. <em>La estirpe de Babel</em>, editada por el sello madrileño Verbum, es la primera de una serie de novelas en las que Ángel Esteban viene trabajando desde hace años y que son, en cierto sentido, el reverso de su condición de ensayista, un nuevo formato en el que el escritor zaragozano plantea situaciones y momentos que escapan al rigor de la filología más académica, y que lo convierten en un testigo privilegiado de algunos de los momentos más rutilantes –<em>momentos estelares</em>, los llamó Stefan Zweig— de la historia literaria.</p><p>Por medio de un personaje inmortal, de evidente raigambre borgiana, Ángel Esteban escudriña los momentos previos a la creación de las grandes obras de nuestra cultura, acercándose a la cotidianidad de los creadores que integran lo que <strong>Harold Bloom</strong> llamó el<em> canon occidental</em>. El protagonista de la novela, un babilonio inquieto que lleva por nombre Palim VI —en un claro guiño intertextual al postestructuralismo— vive en primera persona la construcción quimérica y colosal de la mítica Torre de Babel y sus nefastas consecuencias para la comunicación entre los hombres. Decide entonces recorrer el mundo y sus épocas, anotando en un trozo de piel, regalo de su padre, aquellas circunstancias y personajes que lo han marcado en el devenir del tiempo. En ese mismo cuero curtido por los siglos escribe una y otra vez para inmortalizar a los grandes protagonistas de la literatura, en un juego metaliterario lleno de ingenio, en donde la novela que leemos es la versión moderna, última epifanía, de un palimpsesto que ha recorrido nuestra historia cultural, con paradas obligatorias en personajes de relumbrón como <strong>Homero, Virgilio, Dante, Cervantes, Shakespeare, Molière, Goethe, Flaubert, Dostoievski, Joyce, Kafka, Faulkner</strong> o <strong>Borges</strong>, en donde, obviamente, se echa de menos a algunas escritoras fundamentales de nuestra tradición, como <strong>Safo de Lesbos, Sor Juana Inés de la Cruz, Teresa de Ávila</strong> o <strong>Virginia Woolf</strong>, eclipsadas, cuando no ninguneadas, por los artífices de las historias literarias, escorados siempre hacia un posicionamiento patriarcal.</p><p><em>La estirpe de Babel</em> está escrita con gran soltura y destreza, con las herramientas necesarias de quien conoce el oficio de la escritura desde dentro, y lo hace con una gran pulsión didáctica y pedagógica, recreando con gran intención las coordenadas históricas y sociales en las que fue posible el nacimiento de las grandes obras literarias de Occidente, que son, todavía hoy, y a pesar de la revolución tecnológica, los pilares fundamentales de nuestra civilización.</p><p><em>*José Manuel Camacho es crítico literario.</em><strong>José Manuel Camacho</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Manuel Camacho]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Novela,Los diablos azules número 107]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Egon Schiele en Viena]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/egon-schiele-viena_1_1158038.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e2419df6-88bf-4fda-9632-aa2268067fae_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Egon Schiele en Viena"></p><p>En 2018 se cumplen 100 años de la muerte del pintor austriaco <strong>Egon Schiele</strong>. Su desaparición sucedía en un año crucial en la historia europea, cuyas vicisitudes consumarían la descomposición del viejo orden y del exiguo equilibrio de poder en el continente: el final de la Gran Guerra se llevaba por delante cuatro imperios y los restos del entusiasmo inquebrantable en la fe ilustrada que había alumbrado los géneros artísticos y las propuestas teóricas desde las últimas décadas del siglo XIX. Años de cambios en todos los órdenes, las primeras décadas del nuevo siglo se nos muestran hoy como un terreno fértil en el cual pugnan ya, en diferentes estados de madurez, visiones y tendencias que tendrán una prolongada resonancia intelectual en los años sucesivos. Viena fue uno de los centros de gravedad de este proceso, y tanto su arte como su pensamiento dejarían hondas huellas en la Europa del novecientos. El desarrollo de su pintura, muchas veces eclipsado por la Belle Époque francesa, es un eje sustancial de esa recién nacida atmósfera de cambios. Egon Schiele —su persona y su arte— es ya signo de una nueva sensibilidad, o quizá es más exacto decir de una nueva visión del mundo, que convivió con los años tardíos del modernismo en la Viena de los <strong>Habsburgo</strong>. Me refiero aquí al movimiento de modernidad crítica que se gestó en torno al inicio del siglo XX y que abarca esferas muy variadas de la expresión cultural del fin del imperio, de sólidas pero diferenciadas conexiones con tendencias afines que se encontraban en auge en otros países europeos, y acaso prefigurando —y esta es la pregunta que nos hacemos— dinámicas culturales que serán recurrentes en el resto de la centuria. ¿Podemos encontrar un eco de esa crítica en las décadas posteriores?</p><p>Lo sorprendente de la Viena de 1900 es que tiene también la capacidad de anticipar crisis políticas que serán determinantes años más tarde. Diríase que la pax austro húngara impone un proceso de maduración acelerado a tendencias que serán claramente instrumentales en el desarrollo político de la Europa de entreguerras: zozobra del liberalismo político, crisis de la representación institucional, nacionalismos expansivos y defensivos -con la cuestión judía como telón de fondo, y en general un poder frustrado por su incapacidad de hacer frente a los cambios sociales y culturales que él mismo había contribuido a generar. Una sociedad cuya desconexión entre lo que se dice y lo que se quiere decir ha llegado a ser tan fuerte que hace imposible cualquier narrativa unificadora, y que de alguna manera agota el discurso histórico en aras de un planteamiento especulativo de sus problemas de índole cultural y artística. Pues, ¿qué son las cosas sino su propio lenguaje? ¿No viene dada cada cosa por el límite de lo expresable?</p><p>El arte de Egon Schiele participa de lleno en este debate. La experimentación formal de sus dibujos y pinturas contribuye a una redefinición del género tanto en lo que atiende a la tradición inmediata (el <em>Jugendstil </em>de <strong>Klimt </strong>y el simbolismo de inspiración francesa) como en sus rasgos diferenciales con respecto al expresionismo alemán y el propio movimiento expresionista austriaco, al que pertenece el legado del pintor. Iniciado en los ecos modernistas de sus predecesores, pronto se abren camino en su obra temas y motivos que serán ya los ejes constantes de la misma a lo largo de su breve andadura artística: el retrato, el sexo, el paisaje, y sobre todo el propio artista como objeto de su arte; en otras palabras, el individuo problemático, fragmentario, inconexo. Pero sobre todo se abre paso un modo particular de tratar estos tópicos, un lenguaje que explora sus límites y, conscientemente o no, se sitúa en una apuesta estética muy característica de esa modernidad crítica a la que antes se ha aludido. No es un debate de vanguardia. Porque la cuestión aquí ya no es el grado de realismo, o la construcción de un nuevo realismo, sino la superación del problema de la representación en favor de un debate sobre la forma. El arte no representa la realidad, es una realidad compleja, y su razón radica en su organicidad, en su forma –entendido este término en toda su dimensión, como se intentará razonar enseguida—. En la obra de Schiele, el realismo no es un concepto relevante. En este sentido hay que interpretar las palabras del manifiesto (nuevamente redactado en 1914) que escribió para la creación del Neukuntsgruppe (con otros compañeros de la Escuela de Bellas Artes en 1909): “No hay arte moderno. Solo hay un arte; es eterno”. Como en la arquitectura de <strong>Adolf Loos</strong> –otro nombre clave de este movimiento cultural—, el procedimiento vendrá de la mano de la simplicidad. El edificio de la Michaelerplatz de Viena, que levantó tantas reacciones airadas, es tan elemental en sus líneas como lo son las acuarelas del pintor: desnudez y forma que emanan del objeto artístico. Se trata de contener las cosas en su propia naturaleza, sin peajes de ningún tipo al ornamento. La función del arte es mostrarse como realidad, no simularla; es una acción puramente sustantiva.</p><p>Consecuentemente, no hay función social del arte, al menos en el sentido que años más tarde le otorgará la vanguardia, sino función básicamente testimonial y especulativa. En el manifiesto antes aludido dice: “Todos los auténticos artistas nuevos crean propiamente solo para ellos mismos. Dan forma a lo que quieren. Dan forma, retratan todo. La gente que los rodea comparte sus vivencias”. Ejercicio indagatorio que raya en lo moral, el quehacer del arte es plenamente la justificación del individuo artista, su profesión en el sentido literal del término: “El artista tiene que ser: de los más nobles, el más noble; de los que devuelven, el que más lo hace. Tiene que ser persona, más que cualquier otro, y tiene que amar la muerte y la vida”. Y esto enlaza con uno de los grandes temas de Schiele, porque el binomio eros-thanatos es central en sus preocupaciones y en la concepción poética de los motivos de su obra. Vida y muerte son concurrentes, la una contiene a la otra en todos los seres, son expresiones básicas del ser (y del no ser) y por tanto se habitan mutuamente. La dimensión temporal está anulada: “<em>Alles ist lebend tot</em>” (“Todo está muerto en vida”), reza uno de sus poemas. Entre vida y muerte no hay distancia, sino más bien una síntesis que es la manifestación de un pensamiento ahistórico. Sus óleos, de carácter por lo general más alegórico que sus dibujos y acuarelas, son testimonio de esta indagación en lo doble y en lo caduco a priori, que no es otra cosa que la huella del conflicto del artista. Puesto que la indagación tiene lugar sobre el sujeto, y no sobre el ser en general, no cabe aquí hablar de pensamiento propiamente metafísico, sino más bien de un rasgo típico del artista moderno –de profundas resonancias románticas— que años más tarde sacralizará la vanguardia: la tensión del individuo creador entre el mundo y su mundo, entre la creación y la destrucción, entre el conocimiento y las voliciones –el mito de Fausto: no por casualidad <strong>Goethe </strong>fue un autor ciertamente revalorizado por la modernidad crítica-, y entre la conciencia de su poder y de su impotencia como demiurgo creador-destructor, como eterno hacedor. <strong>Georg Trakl</strong> (1887-1914), poeta austriaco contemporáneo de Schiele, explora con destreza los límites de este conflicto psicológico, y sin duda la pintura expresionista dentro y fuera de Austria.</p><p>El artista, por tanto, tiene que ser. Su obra es la forma del artista. Y en el caso de Schiele, esta cuestión no puede ser más literal. Porque más allá de los elementos de su temática, el gran asunto de sus cuadros, dibujos y acuarelas, es él mismo. La infinidad de autorretratos que elaboró a través de las distintas etapas de su creación da buen testimonio de este hecho. Podría objetarse –y consecuentemente a la modernidad crítica en su conjunto— que el precio de un arte especulativo es cierto solipsismo narcisista y una estética condenada a lo autorreferencial. ¿Podría decirse lo mismo de la música dodecafónica de <strong>Schönberg</strong>, de la primera filosofía de <strong>Wittgenstein</strong>, o de la descarnada sencillez de los edificios de Loos? Únicamente –creo— en la medida en que se trata de géneros, o de modo más pertinente de lenguajes, que están sometidos a profunda revisión. Pero en lo que respecta a la pintura de Schiele, y en general a la de los primeros años del expresionismo en Austria, este proceso de indagación no acontece en un sentido típicamente vanguardista: no en tanto agotamiento del realismo, o como búsqueda de un realismo nuevo, sino en función de un arte que se quiere realidad y que entronca con las raíces de lo problemático. Su obra confronta al espectador con el propio sujeto artístico y, en sentido más amplio, con el sujeto en sí. Objeto y sujeto artístico devienen la misma cosa.</p><p>Esta investigación llevada a cabo sobre el propio sujeto, tan característica del expresionismo y de otras propuestas artísticas de principios de siglo –cuyas obras Schiele tuvo ocasión de conocer directamente a través de las exposiciones celebradas en la Secession y en la Miethke Gallerie de Viena y entre las que cabría destacar, en este sentido, a los postimpresionistas y al pintor suizo <strong>Ferdinand Hodler</strong> (1853-1918)—, transita en la obra del artista austriaco desde el plano testimonial al simbólico. En el primero de ellos se situarían todos los motivos eróticos, en muchos casos abiertamente sexuales, tan frecuentes en sus dibujos y acuarelas en los que se nos muestra el sujeto confinado a los límites de su cuerpo, a su desnudez esencial (literal y figurada), y reducido a una dimensión fundamentalmente expresiva. Desde el punto de vista de la técnica, esto se resuelve de manera brillante a través del extraordinario manejo de la línea, de los contornos de los cuerpos cuya nitidez –o su falta de ella— traduce también los impulsos más íntimos del individuo, los que están expresadas en el sexo como una síntesis de contrarios: vida y muerte como elementos que dan forma y constitución al ser, presentes en él de modo simultáneo desde el nacimiento. El plano simbólico presenta los mismos temas, pero hay cierta concesión narrativa –el expresionismo austriaco no llegó a romper abruptamente con la tradición simbolista del Jugendstil— y una búsqueda de mayor trascendencia. Me refiero aquí a las pinturas alegóricas de Schiele, a la presencia del otro, del doble, de las madres muertas o ciegas;se trata de la mitología personal del pintor, de los significantes a los que recurrirá una y otra vez durante su quehacer artístico para construir una narrativa distintiva.</p><p>Pero aunque esta intención se haga más evidente en sus obras simbólicas o visionarias, su universo de signos está presente a través de todos sus motivos pictóricos. Los autorretratos, considerados en su conjunto, constituyen una galería en la que se exhiben diferentes episodios de ese individuo problemático que es el hombre moderno, muchas veces llevado al terreno de lo histriónico y de lo alucinatorio. La estética de Schiele es una estética radicalmente moderna, es preciso insistir en ello para apreciar la contribución de su propuesta y entender la misma en el contexto de la Viena del novecientos. Lo problemático es la propia existencia como conciencia del artista, la voluntad de expresión, de ser en el arte. No está documentado que Schiele leyera a <strong>Nietzsche</strong>, pero sí lo está su admiración por <strong>Rimbaud </strong>(<em>“Il faut être absolument moderne”</em>), quien dejó sin duda una honda huella en la sensibilidad y visión del mundo del pintor. Por otro lado, el pensamiento de Nietzsche impregna toda la atmósfera cultural de la Viena modernista, y su influencia es evidente en muchos autores y en los tópicos artísticos de la época. La poesía de Georg Trakl es un ejemplo bastante claro de la resonancia de su legado. Este conflicto del individuo –y más concretamente del individuo creador— hunde sus raíces en el romanticismo en lo que tiene de conciencia del sujeto, aunque con efectos que conducen a estéticas diferentes.</p><p>El posmodernismo vienés, o como es más acertado denominarlo, la modernidad crítica, plantea una renovación del lenguaje estético desde dentro del género. Decía más arriba que el concepto de realismo no es operativo a la hora de interpretar la obra de Schiele. El debate sobre la representación pierde importancia en favor de un debate sobre la forma y sobre los límites del lenguaje, algo que ya había iniciado el modernismo (la pintura de Klimt, la arquitectura de <strong>Otto Wagner</strong>, la música de <strong>Mahler</strong>, los escritos de <strong>Hofmannsthal</strong>). Pero si bien éste había devenido un arte estetizante, la nueva corriente se fundamenta en el rechazo del ornamento y de lo superficial, de lo que no es funcional en el arte. Dice Loos en su ensayo <em>Ornamento y crimen</em>: “Puesto que el ornamento ya no está orgánicamente unido a nuestra cultura, ya no es la expresión de nuestra cultura”. Forma entendida no tanto como conjunto de cualidades formales, sino como necesidad formal, como esquema construido conscientemente que permite formular un discurso estético específico; un concepto de forma, por tanto, que más que descansar sobre el objeto artístico, lo hace sobre los límites de la expresión, que determina lo que es expresable. La forma es la gramática del género; si es cierto que en Schiele esta cuestión no la vemos teorizada de manera explícita, sino apenas manifestada como una intuición, sí que aparece de manera expresa en los escritos teóricos de la época, de modo especial en Schönberg, respecto de la música y la pintura, en Loos sobre el diseño arquitectónico y por supuesto en<strong> Karl Kraus</strong> en sus textos sobre su concepción de la literatura y del arte en general: “Hay dos tipos de escritores: los que lo son y los que no lo son. En los primeros el fondo y la forma van juntos como el alma y el cuerpo; en los segundos el fondo y la forma van juntos como el cuerpo y el hábito”. En varios sentidos, esto supone una concepción anti-positiva del arte, puesto que la expresión no se fundamenta en las imágenes o en las sensaciones sino en las experiencias, que son las que garantizan la subjetividad de la verdad y la auténtica forma del arte. “¿Puede uno imaginar una forma más sólida de afianzarse en lo moral que la duda lingüística?” (escribe Kraus); asimismo, la vigencia como motto de la idea de obra de arte total, la Gesamtkunstwerk, en el sentido en el que la utiliza la modernidad crítica, apunta hacia una perspectiva holística del arte que trasciende lo particular de cada género y contribuye a su redefinición, pero no a la manera de la fusión de estilos o elementos, sino a través de un lenguaje unificador. El romanticismo en general, como movimiento artístico, no se planteó una renovación formal de estas características, aunque también sitúe en el individuo la raíz del conflicto y ambas tendencias constituyan, cada una a su modo, una crítica de la razón ilustrada.</p><p>Por su propia naturaleza, el expresionismo es un arte profundamente humanizado. A pesar de su condición especulativa, no estamos ante <em>l'art pour l'art</em>. La obra pictórica de autores como Schiele, <strong>Gerstl</strong>, el primer <strong>Kokoschka</strong>, <strong>Gütersloh</strong>, Schönberg o <strong>Kubin </strong>presenta una radical desnudez de lo humano, un efecto de conmoción y catarsis sobre el espectador. En el fondo, transmite una intensa soledad creadora. La poesía de Trakl navega en los mismos mares. Y más allá de este arte, lo que caracteriza a esta fase del modernismo vienés es su absoluta sinceridad intelectual, tanto en otras manifestaciones estéticas no expresionistas como en las propuestas teóricas de sus actores principales. Precisamente es un debate sobre la adecuación formal del arte, sobre la distancia que hay entre lo que se dice y lo que se quiere decir, sobre una modernidad agotada. El arte, como lenguaje vertebrador, es un ejercicio ético. La filosofía de Wittgenstein y los planteamientos críticos de Kraus transitan por las mismas vías. Éste cita un texto de <strong>Confucio </strong>que me parece revelador para ilustrar esta idea: "Si los conceptos no son correctos, las palabras no son correctas; si las palabras no son correctas, los asuntos no se realizan; si los asuntos no se realizan, no prosperan ni la moral ni el arte, la justicia no acierta; si la justicia no acierta, la nación no sabe cómo obrar. En consecuencia, en las palabras no debe haber nada incorrecto. Esto es lo que importa". La Viena que se estrella contra la Primera Guerra Mundial, en sus diferentes expresiones culturales, lleva a cabo una crítica total del lenguaje o, si se quiere, de los lenguajes.</p><p>¿Qué continuidad tienen estos planteamientos a lo largo del siglo XX? No es fácil rastrear hacia adelante su evolución, al menos en las décadas inmediatas. El debate de las vanguardias transita una problemática más dispersa y, si cabe, con un contenido menos epistemológico. En muchos casos, sigue siendo un debate sobre la representación, lo que explica la recurrencia de la vanguardia, la eterna vanguardia, sobre un “falso problema”, como diría Wittgenstein. Un análisis que trazara una ruta hacia adelante –tanto en afinidades como en divergencias— de la influencia de la modernidad crítica en el pensamiento posterior arrojaría mucha claridad sobre la naturaleza de los problemas estéticos que ocupan al intelectual. Esperemos que el resultado no sea muy desolador.</p><p>Egon Schiele es un artista conmovedor. Su corta pero intensa tarea creadora –apenas 12 años— nos deja un legado de óleos, acuarelas y dibujos que constituyen una obra única, hondamente personal y extremadamente sincera. Una obra que mantiene con su época un discurso coherente y que contribuye a su definición y su comprensión, que apuesta por la línea frente al color como propuesta formal y que se emancipa, en sus planteamientos, de cualquier tentación vanguardista de renovación del arte. Su vida es un destello fugaz en la espesa atmósfera de esa Viena convulsa y eléctrica de principios de siglo: una vida dedicada al arte como dictado ético, como construcción de una voluntad y de una expresión descarnada de la soledad creadora. Una vida también jalonada de cambios, de disgustos personales y profesionales, de ingenua arrogancia a veces, pero de una inequívoca resolución. No es posible saber qué evolución habría tenido su obra en los años venideros, sobre todo en la agitada atmósfera artística del periodo de entreguerras, pero difícilmente la podemos suponer decepcionante; como artista, en 1918 empezaba a disfrutar de suficiente reconocimiento como para asegurarse una entrega continuada a la creación –algo que en todo caso hizo siempre—, pero la vida se interpuso: es decir, la muerte, ese ángel siempre presente en el simbolismo y en los motivos de su arte. En la Viena asolada por las epidemias y la escasez del fin de la guerra Egon Schiele y su mujer <strong>Edith Harms</strong> contrajeron la gripe española y ambos murieron con tres días de diferencia. La Gran Guerra tocaba a su fin; once días después se firmaría el armisticio. “La guerra ha terminado, y yo tengo que irme”, fueron sus últimas palabras. Tenía 28 años.</p><p><em>*Miguel Sánchez Gatell es poeta.</em><strong>Miguel Sánchez Gatell </strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez Gatell]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Egon Schiele en Viena]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La palabra precisa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/palabra-precisa_1_1158035.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c842d0e2-3594-4e91-a614-4d4dbde2cc12_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La palabra precisa"></p><p>La literatura, más allá de divisiones académicas o escolares impuestas por los manuales, es la palabra en el tiempo. La palabra ética creada desde el artificio que supone inventar un personaje o una historia que nos sitúa a nosotros, lectores, en la tercera vida que nos descubrió <strong>Jorge Manrique</strong> en <em>Coplas por la muerte de su padre</em>. La palabra precisa y pesada con balanza templada permanecerá hasta la noche de los tiempos y los nombres de quienes se esforzaron por regalarnos palabra honesta vivirán donde no habita el olvido, “aunque esta vida de honor / tampoco no es eternal / ni verdadera, / mas con todo es muy mejor / que la otra temporal, / perescedera”.  Espacio reservado no solo para el creador pues uno tiene la certeza de habitar espacios míticos creados por mentes lúcidas y esforzadas que nos ensanchan la vida y nos dan la posibilidad de habitar otras muchas.</p><p>En esa otra vida hemos sido invitados al 60º cumpleaños de Mario Conde en la última novela del escritor cubano<strong> Leonardo Padura</strong>, <em>La transparencia del tiempo </em>(Tusquets, 2018).</p><p>  </p><p>No es asunto menor hablar sobre una novela donde hay que resolver un misterio de la mano de nuestro detective privado más querido, el Conde, e intentar no fastidiar ni por asomo la trama ni desvelar ningún dato importante para el lector que tenga la suerte de comenzar estas páginas. En ellas encontrará una novela magnífica, una obra maestra, bien pensada, bien escrita, bien resuelta y mejor contada. Leonardo Padura es, sin ninguna duda, un escritor que se ha colocado por mérito propio en el podio de los mejores novelistas de Hispanoamérica y si los conjuros no fallan ni se ausentan las vírgenes negras ni las imágenes santeras, veremos cómo lo acompañamos a recoger los más prestigiosos y merecidos reconocimientos.</p><p><em>La trasparencia del tiempo</em> es una conversación entre literatura y vida, entre historia en minúscula e Historia en mayúscula, sobre decepciones personales y decepciones sociales, sobre la grandeza de la buena amistad. Es una palabra que busca la verdad y, en los tiempos que corren y como diría <strong>José Carlos Mainer</strong>, esto “no es humo de pajas”. La verdad de la realidad cubana contemporánea y la verdad de la circularidad del tiempo y sus peores manifestaciones a través de un nombre, de un hombre, Antoni Barral y varias fechas: 1936, 1472, 1314, 1308, 1291, 2014…</p><p>Otros nombres que ya nos pertenecen, que se nos agarraron al alma. Mario Conde, Carlos el Flaco, Candito el Rojo, el Conejo, Tamara, Josefina, el ausente Andrés, que nos hablan de amistad, de hermandad, de complicidad en una vida juntos que han compartido con nosotros gracias a la pluma de Leonardo Padura. Yo no sé dónde está la línea entre literatura y vida, entre ficción y realidad, porque les juraría que alguna noche entre lágrimas y sonrisas, entre algún trago de ron y un cigarrillo de más, he estado conversando con ellos en mi cocina, mi espacio sagrado de lectura. Y Cuba. Y La Habana como otro personaje más e igual de importante en la novela. Porque Padura establece un hilo de compromiso entre la literatura y la vida. Porque vive y escribe en La Habana. Y porque nos ha atrapado en una red de vidas honestas. Mario Conde es un buen tipo, es una persona honrada e íntegra. Desde la conciencia de cumplir 60 años afrontará su cuarta edad con el inevitable deseo de vivir para ver qué carajo le espera a este país tan castigado por tantas cosas y tan hermoso y carismático.</p><p>Leonardo Padura le ha robado la idea a Conde y nos presenta una historia “escuálida y conmovedora” que nos hace ver la Historia y el tiempo “a través del velo transparente de una lágrima”. En ella nos despedimos de Conde y lo dejamos en la casa de Tamara, “aquel lugar limpio y bien iluminado” que le trae refugio y amor cotidiano, amor verdadero. Con ella regresamos a la prosa primorosa de Leonardo Padura que nos hace pensar en español de Cuba y decir ante el injusto que es un comemierda. A la prosa prodigiosa de un español peninsular para contar la Historia transparente de los que caminaron antes que nosotros. Como dice un poeta imprescindible: “Yo no nací / sino para leeros”.</p><p><em>*Sonia Asensio es profesora de Literatura.</em><strong>Sonia Asensio</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"><em> </em></a><em> </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sonia Asensio]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La palabra precisa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Novela,Los diablos azules número 107]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Lo auténtico: una conversación con Leonardo Padura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/autentico-conversacion-leonardo-padura_1_1158031.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/83365ad1-1546-4d66-8cd8-bf2267db8807_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo auténtico: una conversación con Leonardo Padura"></p><p><em>Sonia Asensio da cuenta del paso por Toledo de Leonardo Padura. El escritor cubano visitó la ciudad para presentar </em>La transparencia del tiempo<em> (Tusquets) en el Festival CiBRA._______________________La transparencia del tiempo</em><a href="https://twitter.com/FestivalCiBRA" target="_blank">Festival CiBRA</a></p><p> es ya la novena novela de Mario Conde, el personaje creado por <strong>Leonardo Padura.</strong> En 1997, el escritor cubano publicó su primera novela en España con este personaje y ganó el premio Café Gijón. Afortunadamente ya no tiene que explicar por qué su personaje se llama Mario Conde, se ha hecho autónomo del señor de la gomina. Ahora un personaje decente después de 20 años tiene una gran aceptación entre un público decente.</p><p>Mario Conde insiste en seguir en las novelas de Leonardo Padura porque le ayuda a intentar entender muchas cosas de la vida que lo rodea y de la que le transcurre dentro. Mario Conde cumple 60 años, un año más viejo que Padura, el 9 de octubre, como el autor. Lo puso a nacer en el año 1954: es su contemporáneo, es su compañero, es los ojos del autor. A lo largo de cada libro es testigo de lo que ha sido su vida. A los 60 años uno empieza a tener por primera vez la perspectiva de que ha vivido más tiempo del que le resta por vivir y eso crea alguna preocupación. En el caso de Conde se preocupa mucho más porque con lo mucho que ha bebido, fumado, lo mal que ha comido y todos los disparates que ha hecho en su vida, pues ya dice que ha entrado en la “cuarta edad”.</p><p>Si en<em> El hombre que amaba a los perros</em> hablaba de la perversión de la utopía, un tema tan importante para él y para todos nosotros, la utopía igualitaria; si en <em>Herejes</em> hablamos de los riesgos de la práctica de la libertad individual; en <em>La transparencia del tiempo</em> se habla de la relación del hombre con la Historia, la Historia con H mayúscula, cómo a un ser común y corriente llega la Historia y le descoloca su vida y lo pone a vivir en un torbellino que puede ser una revolución, puede ser una guerra, puede ser una catástrofe natural, puede ser una revelación religiosa… Algo puede llegar desde la Historia y mover la vida de las personas, algo preocupante siendo una persona que ha vivido en un país que hizo una revolución verdadera, una revolución que cambió muchísimos códigos y que ha tenido una larga evolución, que como todo largo proceso ha tenido luces y ha tenido sombras.</p><p>  </p><p>Es un libro en el que además trata de mostrarnos su otra obsesión que es puramente literaria, que lo persigue desde que descubrió en un texto de <strong>Alejo Carpentier</strong> de los años veinte una frase de <strong>Unamuno</strong>: “En la literatura hemos de hallar lo universal en las entrañas de lo local y en lo circunscrito y limitado, lo eterno”.  Eso es uno de sus propósitos: ser un cubano de Cuba, que vive en un barrio de La Habana, en la misma casa donde nació y tratar de tener una mirada de su país que se conecte con el resto del mundo. <strong>Flaubert </strong>cuando recibió críticas por haber publicado <em>Madame Bovary</em> y lo atacaron, su mayor defensa fue decir: “Yo lo único que quería era llegar al alma de las cosas”.</p><p>Con esta enseñanza intenta Padura escribir los libros. Trata, lo más posible, de tocar lo universal desde las entrañas de lo local y llegar al alma de las cosas. Y ese camino para la universalidad resulta ser una virgen negra que se pierde en La Habana, que se la han robado a un tipo y que pudiera tener un relativo valor.  En Cuba una virgen negra se asocia con la Virgen de Regla, que tiene su santuario en Chipiona, España, con un mito que la remonta al siglo IV de nuestra era en el Norte de África de donde San Agustín la trajo a España.  Pero cuando se dice una virgen negra se piensa en la Moreneta, en la Virgen de Montserrat. Aunque sucede que la Moreneta no es negra. Es una virgen medieval, sin duda, pero su color es el que los pintores llaman “albayalde”, un blanco grisáceo, y que en el caso de la Virgen de Montserrat se ha oscurecido con el tiempo.</p><p>Hay otras vírgenes negras que sobreviven sobre todo en el sur de Francia y norte de España. Pocas vienen de talleres venecianos y otras, la mayoría, de Tierra Santa, de Jerusalén y los estados latinos de la época de los Cruzados. Estas imágenes suelen tener un valor artístico bastante elevado y tienen un valor religioso e histórico enorme. Es uno de los nexos entre la práctica religiosa del cristianismo primitivo en las tierras del antiguo Egipto y tiene que ver con las culturas originales del sur de Francia, del norte de España y asociadas a la aparición de vírgenes y al camino de Santiago.</p><p>De lo mucho que tiene de Padura Mario Conde, tanto por la necesidad de contar como de meterse en camisas de once varas y la necesidad del azar, destacamos la permanencia ya que todos los libros están firmados en el mismo sitio, Mantilla, y dedicados a la misma persona, Lucía. Eso ha formado sin duda parte de su formación literaria, es una forma de permanencia.</p><p>Padura se describe a sí mismo como un “empecinado”.  Y parte de ese empecinamiento es porque cuando todo el mundo se va a Madrid o a Miami, él sigue viviendo en Mantilla. Y cuando todos sus amigos van contando su quinto o sexto divorcio, él presume de que hace 40 años que está casado con <strong>Lucía Coll</strong>. Eso tiene mucho que ver con la persona y con el escritor, por el mundo por el que se ha apostado.</p><p>Respecto a la necesidad del azar, en esta novela hay de pronto un asunto de tema catalán y un personaje que se llama Puigventós…. Esto es purito azar en este año 2018. Es lo que Lezama llamaba “el azar concurrente”. Uno no sabe si la guagua en la que se va a montar, si la dejas pasar porque hay demasiada gente, si ahí va la mujer de tu vida o si por haber esperado la otra te encuentras a la mujer de tu vida. Estas casualidades de la vida han hecho que la acción de la novela transcurra en una ermita catalana de la Alta Garrocha en un momento en el que en España está bien candente “el tema catalán”.</p><p>Padura ha estudiado muy bien la historia de Cataluña. En los años noventa hizo un documental sobre la importancia de la inmigración de la población catalana a Cuba en el siglo XIX, y después recorrió toda Cataluña buscando los palacios indianos, las historias de varios personajes. También con <strong>Mercader </strong>y <em>El hombre que amaba a los perros,</em> todo el proceso de la Guerra Civil, específicamente en Barcelona.</p><p>Nos encontramos a un Mario Conde que recibe un encargo de un antiguo compañero del instituto, hombre homosexual que tuvo que esconder su identidad para evitar el desprecio de la gente. Si no hubiera tenido que investigar lo que había por detrás del robo de una virgen negra, si no se hubiese reunido la vocación por el culto a la amistad y la compasión por la injusticia humana, quizás no se hubiera metido en este entuerto. Lo que sí tenemos claro, para no suponer, es que a Mario Conde le hacía falta un trabajo. Conde pasa la vida en la inopia y cualquier encargo donde le paguen por investigar y buscar verdades, pues mucho mejor.</p><p>La relación con personajes homosexuales es importante porque ha sido en los últimos años tal vez una de las áreas en la sociedad y en la moral cubana que más ha cambiado. Cuba era un país profundamente machista en pura tradición española, y en ella era religiosa, moral, familiarmente reprimida la homosexualidad. Padura recuerda que cuando él era muchacho, si había algún niño que tenía gestos amanerados lo llevaban al médico para curarlo, pues se consideraba una enfermedad. Eso pasaba en España también. Y se complicó con la Revolución, porque se convirtió en una “desviación política”. La homosexualidad podía ser causa de sospecha de la fidelidad e integridad política. Esto llegó a extremos muy graves en los años sesenta con “campos de trabajo” durísimos, donde concentraron a estas personas para “reeducarlas”. En los años setenta hubo represión de diferentes grados que podía llegar a la expulsión de una carrera universitaria de alguien que tuviera esa “desviación homosexual”. Esta tragedia marcó a muchísimas personas y todavía hoy se sienten marcadas, aunque afortunadamente en el plano político no tiene ya ningún peso. En el plano religioso se ha ido diluyendo, pues la religión afro-cubana ha ganado mucho espacio, y como no tiene el concepto del “pecado”, pues cada cual hace lo que quiere. Es en la parte familiar donde ha habido un avance y se ve con cierta normalidad. De todos modos, es un episodio que dejó huella en la vida de muchas personas.</p><p>Si nos sumergimos en la intrahistoria de Unamuno, buceamos por otro tema importantísimo de la novela que es el de quién puede vivir o no con su verdad. El enmascaramiento es otra obsesión que persigue a Padura.  Enmascaramientos no solo sexuales, sino de todo tipo social y económico. El personaje Mario Conde entra en esas intimidades y hace revelación de enmascaramientos que a veces son enmascaramientos cínicos y otras veces lo son defensivos. Cuando son defensivos, uno justifica y se compadece. Cuando son cínicos, juzga y condena.</p><p>La verdad humana a veces no coincide con lo que las leyes pueden considerar como justo. Hay un momento de comprensión de la gente que puede incluso evitar daños colaterales a la persona que no se lo merecía. Eso marca la mirada de un personaje como Conde cuando entra en los interiores de las casas y observa la realidad de las gentes. Podemos entrar dentro de alguien que está en el poder y podemos ver a una persona decente y austera.  De la misma manera podemos entrar en alguien que está en el poder y ver la corrupción y la ambición. Esta necesidad de distinguir y matizar es otra de las claves del sentido de la justicia que intenta mantener a lo largo de su trabajo Mario Conde.</p><p>Mario Conde es esencialmente un hombre decente y desde esa perspectiva presenta el mundo. Esto no quiere decir que a veces pase los márgenes de lo legalmente establecido, incluso cuando era policía, donde transgredía determinados márgenes de lo permisible porque es capaz de comprender. En épocas de carencia, las estrategias de supervivencia son tan variadas que los límites de lo correcto muchas veces se borran porque lo más importante es sobrevivir. Y Conde debe ser comprensivo porque él mismo lo practica. Por ejemplo, en todo el juego de las comidas que practica Josefina, la madre del flaco Carlos, siempre hay una mirada hacia no solo lo imposible sino lo que es ilegal, porque no sabemos de dónde sale esa comida, el dinero para comprar esa comida. Es un milagro que ocurre porque hay un momento en el que Conde le pregunta de dónde sale todo eso y Josefina responde: “De la imaginación, hijo mío, de la imaginación”… Respecto a esta imaginación, Padura nos cuenta cómo en 1992 se reunió en Barcelona con <strong>Manuel Vázquez Montalbán</strong> y cómo cada vez que se veían, Manolo le regalaba los últimos libros que había publicado, teniendo en cuenta que cada dos años Vázquez Montalbán tenía cinco libros nuevos…  Una de esas veces, teniendo en cuenta que en 1992 en Cuba “casi no había ni aire”, recibe de Manolo un libro que ¡son las recetas de Pepe Carvalho! Cuando se lo lleva a Cuba y se lo enseña a Lucía, su esposa, al acabar de leerlo ella solo puede decir: “Leche frita”. Era la única receta que podían hacer de las 400 que había en el libro.</p><p>Las comidas de los amigos en casa del flaco Carlos son imaginarias y sirven de homenaje a eso que los cubanos han querido comer y no han podido comer. Hace unos años, Padura publicó un cuento en <em>El Mundo</em> donde le pedían que escribiera algo sobre sus deseos para el año siguiente, finales del 2016 hacia 2017. Escribió un cuento donde decía que su gran deseo para el año 2017 era que en Cuba hubiera yogur y él pudiera desayunar yogur por la mañana, para que entendamos a qué punto llega la necesidad de un contexto que determina muchas veces las actuaciones y la manera de pensar de los personajes.</p><p>La Habana es el territorio indispensable de Mario Conde. A lo largo de su vida la ciudad va cambiando, como todas las ciudades. A los 60 años Conde sigue enamorado de La Habana y de su gente, pero ve también que va surgiendo algo que no tenía que ver con “una pobreza compartida”, sino que van surgiendo minorías que, con un concepto muy desleal y mercantilista de lo que es la vida, empiezan a acumular mucho dinero y al mismo tiempo aparecen también barrios de miseria de mucha gente a la que no se le puede pedir que después respondan de manera ética en la vida.</p><p>Estamos viendo un reflejo de la sociedad cubana del año 2014. Todo lo que se cuenta en <em>La transparencia del tiempo</em>, Padura garantiza que es real. En La Habana de estos momentos existen sitios para ir a comer, para ir a beber que pueden tener en sus similares de Madrid  precios más elevados en un país donde el salario promedio puede andar por los 500 pesos, que son unos 20 euros. Puedes comprarte un Toyota de gama media, solo que vale 300.000 dólares. Eso nos da una idea de lo desquiciada que puede ser la realidad en la que se vive en Cuba, lo surrealista que puede ser. En uno de esos sitios exclusivos, cuenta Padura una experiencia personal que luego refleja en la novela. Un día estaba allí, invitado por unos amigos en un bar, en una terraza, con músicos tocando, y él sintió un reflejo dorado que le entraba por su ángulo derecho del campo de visión. Y vio que todas las muchachas, bellísimas, bien vestidas, que estaban bailando allí eran rubias, blanquísimas… En un país esencialmente mestizo.</p><p>Se están produciendo incluso desgajamientos que tienen que ver con la raza en Cuba. Y mientras hay barrios como el que recorre Mario Conde en esta novela, que tiene exactamente la estructura de una villa miseria latinoamericana. Eso en Cuba dejó de existir por años. Existió una pobreza repartida, muy digna. En la época universitaria todos tenían dos pantalones, dos camisas y un par de zapatos. Era poco, quizás, pero lo tenían todos. Y sobre todo tenían unos magníficos estudios universitarios. Hoy en día, si quieres llegar a la universidad, los padres deben pagar a maestros particulares para que repasen y garantizar que tengas el promedio suficiente para poder entrar a una carrera universitaria. Si eres el hijo del barrendero del barrio no tienes la misma posibilidad que si eres el hijo del que tiene un restaurante. Esta dilatación del tejido social está ocurriendo en la sociedad cubana actual.</p><p>Desde el punto de vista literario, también queremos destacar la difícil relación de Mario Conde con <strong>Hemingway</strong>, escritor al que admira mucho pero del que le molestan sus numeritos para llamar la atención. Porque en realidad Hemingway tiene una vida más clara cuando se relaciona con los pescadores, o en su relación con la vieja tradición cubana del mundo de las peleas de gallos y se olvida de los numeritos para contar honestamente la vida de la gente.</p><p>Quizás en este aspecto podemos ver la propia ética literaria de Leonardo Padura a la hora de narrar la vida desde el punto de vista de la gente común, que es la gente que se merece ser contada en un relato humano. Padura afirma que Hemingway fue uno de sus grandes modelos literarios, a pesar de que Alejo Carpentier, un hombre muy sabio, decía que los escritores no debían reconocer sus influencias. Pero Leonardo reconoce que no viene de la nada, sino que viene de muchísimas lecturas y aprendizajes y no le molesta que se le vean las costuras.</p><p>Pero a partir de un determinado momento en que fue descubriendo cosas de la vida de Hemingway vio que no le satisfacían.  Y el punto climático fue lo que ocurrió en Madrid, en el Hotel Florida, el desplante que le hizo a <strong>John Dos Passos </strong>cuando este empezó a investigar qué había pasado con su traductor <strong>Robles</strong>. Robles había sido fusilado por los asesores soviéticos como una venganza entre dos sectores de esta presencia soviética aquí en España.</p><p>También quiso acercarse al Hemingway final que vive un conflicto al que deben enfrentarse todos los escritores: el momento en el que se debe parar de escribir porque ya se es incapaz de escribir mejor de lo que se ha hecho y no tiene sentido que se siga haciendo. Hay muchos escritores muy reconocidos que pierden esa perspectiva y siguen publicando cosas que no deberían publicar.  Sin embargo existen otros como <strong>Philip Roth</strong>, al que Padura admira mucho, que en 2008 dijo que ya no iba a decir nada mejor de lo que ha había dicho hasta ese momento y no ha vuelto a escribir.</p><p>En todo esto, está la necesidad de encontrar lo auténtico, lo verdadero. No hay una sola verdad, pero autenticidad sí hay una sola: eres o no eres auténtico, y eso para un escritor es muy importante. A la hora en la que un escritor se cree que es un personaje empieza a dejar de ser un escritor.</p><p>Leonardo Padura tiene nuevos proyectos pero de momento ha puesto a su personaje Mario Conde a hibernar. Fundamentalmente porque, como se dice en Cuba, es un personaje un poco jodedor. A veces el autor debe decirle que no le toca ahora, que tiene otra historia donde él no sale. La novela que está pensando tiene que ver con algo que ha sido otra de sus obsesiones. Esta es la dispersión de su generación de cubanos por todas las partes del mundo. Va a haber personajes en España, en Miami, en Cuba, en Buenos Aires y será un reflexión sobre cómo conservar la pertenencia o cómo desgajarte de la pertenencia para poder sobrevivir.</p><p><em>*Sonia Asensio es profesora de Literatura.</em><strong>Sonia Asensio</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sonia Asensio]]></author>
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