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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 109]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 109]]></description>
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      <title><![CDATA[Lectura en llamas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/lectura-llamas_1_1203150.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/90cc8007-12be-49d0-9306-2919e8504ccd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lectura en llamas"></p><p>  </p><p> <strong>Lectura en llamas</strong></p><p><em>Todo parecía estar como en espera de algo</em></p><p>Juan Rulfo</p><p>Vine a Manhattan porque dijeron</p><p>que aquí estaba el centro del mundo.</p><p>Yo misma me lo dije</p><p>y me prometí que iría a verlo</p><p>en cuanto ella muriera.</p><p>Me dejé abrazar en señal de que lo haría,</p><p>pues estaba por morirse</p><p>y yo en plan de prometerlo todo.</p><p>Pero no pensé cumplir mi promesa</p><p>hasta que comencé a llenarme de sueños,</p><p>a dar vuelo a las ilusiones</p><p>y, de este modo, se me fue formando</p><p>un mundo alrededor de la esperanza.</p><p>Por eso vine a Manhattan.</p><p>Y subida en el avión, allá en el cielo,</p><p>miraba un agosto desvanecido,</p><p>y aquello que veía</p><p>era España, y estaba triste.</p><p><em>Son los tiempos, señora</em>.</p><p>¿Está seguro de que es España?</p><p>Deshecha en vapores,</p><p>colmada de hombres como demonios,</p><p>mi casa sobre las brasas de la tierra,</p><p>mis muertos, llenos de sangre,</p><p>y un rencor vivo.</p><p>Yo era el retrato viejo de mí misma</p><p>y el paisaje, solo un reflejo</p><p>de la desolación.</p><p><em>Aquí no vive nadie</em>.</p><p><em>*Almudena Vidorreta (Zaragoza, 1986) es poeta. Su último libro, </em><strong>Almudena Vidorreta</strong><a href="http://labellavarsovia.blogspot.com.es/2017/05/nueva-york-sin-querer-almudena-vidorreta.html" target="_blank">Nueva York sin querer</a><em> (La Bella Varsovia, 2017). </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Almudena Vidorreta]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Lectura en llamas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 109]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Contra las catástrofes mínimas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/catastrofes-minimas_1_1158574.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3db369c7-079f-48f6-94dd-7a905906769f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contra las catástrofes mínimas"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>___________________________________</p><p>Escribir es un exorcismo. Escribimos para curarnos de alguna música lejana, de la noche profunda y hambrienta. Se escribe para sobrevivir a las catástrofes mínimas: la familia, la casa, el estudio, el insomnio.</p><p>No, no se escribe: se huye. Porque el ser humano, desde que nació, está escapando de la tormenta y de los lobos. Y se va hacia desiertos y hacia cuerpos que nos cobijarán con ternura. Se avanza hacia el futuro o hacia el pasado. Indistintamente. Escribir es conocer el origen, llegar hasta el inicio. Y negarlo todo. Volver a ser.</p><p>Las palabras suenan en el fondo del alma como un eco lejano. Vibra el cuerpo, vibran los dedos cuando trazan, temblorosos, algunas verdades: pena, desilusión, sangre. Escribir es dar con un ritmo, ponerle a la felicidad rostro. Hay algunas consonantes que redoblan en el aire, como un tambor de la alegría. Y hay vocales abiertas como ventanas.</p><p>Por esta pulsión de la escritura, el taller del instituto Villa de Vallecas empezó a andar en el mes de octubre del año 2017 y, desde entonces, los estudiantes acuden puntuales a su cita con las palabras. El objetivo de este proyecto es, por un lado, fomentar la escritura creativa y, por otro, que los alumnos estén en contacto con la literatura contemporánea. Por esa razón, todos los encuentros parten siempre de una propuesta de lectura que servirá como pretexto para empezar a escribir. Porque escribir es, en esencia, leer. Y este año hemos escrito desde autores como <strong>Luis García Montero</strong>, <strong>Sara Mesa</strong>, <strong>Shirley Jackson</strong>, <strong>Andrés Neuman</strong>, <strong>Julio Cortázar</strong>, <strong>Pablo Neruda</strong>... Desde este planteamiento, hemos trabajado la voz del narrador perverso, la voz delicada e inocente del niño; hemos otorgado importancia al objeto, a su hipotética mirada hacia nosotros; hemos reflexionado sobre lo efímero y lo breve de la vida; nos hemos puesto en la piel del monstruo y también hemos escrito odas a los alimentos que más amamos. Como colofón, la escritora Sara Mesa nos ha visitado en este mes de abril y hemos podido compartir con ella nuestras experiencias literarias. Ha sido emocionante, además, regalarle la revista que recoge todos los textos que han ido modelándose a lo largo del año, en una tarea comprometida de revisión y crítica, y mostrarle los cuentos que nacieron de un cuento suyo titulado “Picabueyes”. Porque las historias siempre nacen de otras historias, como las estrellas de mar surgen y se desarrollan a partir del brazo de una estrella antigua.</p><p>El momento de compartir la creación propia se convierte en un acto de generosidad inmensa. Porque detrás de cada palabra está latente la personalidad arrolladora de cada uno de los escritores, sus manías más inconfesables y sus delirios. Y las historias, de sus bocas, cobran un relieve asombroso, una vida exuberante y llena de matices.</p><p>En el taller, se discute sobre la idoneidad de algunas metáforas, sobre el sonido impertinente de algunas sílabas. Se limita el excedente de sangre y se relaja la histeria hiperbólica de algunas historias. Desprenderse de palabras siempre cuesta. Y por eso, aprendemos también a deshacernos de algunas que son dañinas y perjudiciales para la salud de la criatura. Se habla sobre las tramas y se proponen alternativas, porque escribir es también un diálogo. E intentamos, sobre todo, divertirnos y evadirnos, durante un rato, de las imposiciones de la rutina.</p><p>El taller de escritura ha encontrado su espacio en el instituto para dar voz a los alumnos y para que puedan vivir la literatura desde la perspectiva del que la crea. Estos son sus participantes:</p><p><strong>Luis Baeza Andreu</strong>: profesor de lengua y coordinador del taller y de la revista.</p><p><strong>Mercedes Bravo Carnicero</strong>: profesora de inglés y participante del taller.</p><p><strong>Nayima Slimani Alcón</strong> (1º de Bachillerato)</p><p><strong>Adrián Barriopedro Pérez </strong>(1º de Bachillerato)</p><p><strong>Tania Fritz Rodríguez</strong> (1º de Bachillerato)</p><p><strong>Cristina Barroso Martínez</strong> (1º de Bachillerato)</p><p><strong>Alba Martínez Rodrigo</strong> (1º de Bachillerato)</p><p><strong>Alba Elvira Urbina</strong> (4º de ESO)</p><p><strong>Paula Vivas García</strong> (3º de ESO)</p><p><strong>Miriam Chakkour García</strong> (4º de ESO)</p><p><strong>Alanis Díaz González</strong> (4º de ESO)</p><p>Y estos son algunos textos de los alumnos: </p><p><strong>Así soy yo</strong></p><p>Alba Elvira Urbina</p><p>Me llamo Diego y tengo ocho años. Soy un chico algo tímido pero siempre estoy de aventura con mis amigos, que viven dentro de mi cabeza. Mamá dice que no puedo estar siempre jugando con ellos y por eso también veo muchas películas, sobre todo de naves espaciales. ¡Me gusta mucho dibujarlas, sobre todo las que más rápido vuelan!</p><p>Papá y mamá dicen que tengo un superpoder que es el de hacer sonreír a la gente pero yo creo que ven algo más en mí. Seguramente sea por la silla tan guay en la que siempre voy sentado porque la he decorado con muchas pegatinas y tiene unas ruedas muy grandes.</p><p>También me miran mucho la cara porque es tan especial que nadie la tiene como yo. Nadie tiene mi nariz que está tan cerca de los ojos, algo caídos. Ni mi boca de la que salen cicatrices o todos los hoyuelos que tengo por los mofletes. Mis orejas también son diferentes porque casi  están cerradas y no parecen orejas.</p><p>Yo también me río con todas esas personas porque seguramente se pensarán que soy un pirata que ha luchado un montón y por eso tengo todas estas cicatrices. Pero no es verdad, no soy un pirata, yo siempre he preferido volar en mi nave espacial.</p><p>  <strong>Papel de regalo</strong></p><p>Adrián Barriopedro Pérez</p><p>Tumbado en el suelo,</p><p>sin mayor función que recordar</p><p>la falsa felicidad.</p><p>Y ahora aquí me hallo,</p><p>mirando ese papel</p><p>arrugado y enmarañado,</p><p>mientras veo en él mi persona.</p><p>Una vez ese papel ocultó una grata sorpresa,</p><p>creadora de inmensa felicidad,</p><p>hoy lo único que hace es esperar,</p><p>pues todos al fin y al cabo acabamos igual.</p><p>Solos.</p><p>En el suelo.</p><p>Preparándonos para el olvido.</p><p>Para el fin.</p><p>Pues la ropa se lava,</p><p>el papel solo se rompe</p><p>igual que el alma.</p><p>  <strong>Mi vida depende de ti</strong></p><p>Tania Fritz Rodríguez</p><p>Tan sencillo parece</p><p>resistir al desliz del grafito</p><p>en aquel vacío.</p><p>Existe una mano,</p><p>que guía sus pasos.</p><p>A vece, sufre,</p><p>de manera accidental,</p><p>pero solo lo hace más preciso.</p><p>Cómo tu subconsciente</p><p>lo desliza al compás de tus ideas</p><p>pasando rincones de inquietud,</p><p>soledad,</p><p>pasajes de pasión...</p><p>Todo a través de sus trazos,</p><p>limpios o emborronados.</p><p>Recuerdos en líneas rectas,</p><p>curvas,</p><p>formando palabras,</p><p>adentrando</p><p>lo más profundo de ti.</p><p>Ya sólo queda un último trazo.</p><p>La madera rozando,</p><p>no queda nada,</p><p>solo un final.</p><p>Quizás no somos tan distintos.</p><p>Quizás estamos unidos.</p><p>Tu final será mi final.</p><p>  <strong>Las hojas</strong></p><p>Mercedes Bravo Carnicero</p><p>Si pudieras contemplarlas de cerca, verías que, cuando llega el momento, después de una larga primavera y un verano aún más largo, las hojas están impacientes por caer.</p><p>Se dejan mecer, a veces sacudir, por el viento, juegan con él, hacen tiempo antes de emprender el viaje del cual ninguna hermana ha regresado jamás.</p><p>Mas esto no las asusta, ensoberbecidas como están por los rojos, los amarillos, los ocres de su haz y su envés; han dejado atrás el verde y exhiben orgullosas las tonalidades de su madurez.</p><p>Se observan unas a otras; se envidian ferozmente, calculadoras, comparando tonos de amarillo, de marrón. Por fin, cuando sienten que ha llegado el momento, miran a sus compañeras con suficiencia, contraen con elegancia el peciolo y se dejan caer. ¡Adiós, adiós para siempre!</p><p>Las más afortunadas flotan con elegancia de libélula durante unos segundos; las menos, son arrastradas por el viento a mucha distancia de su árbol.</p><p>Pero ninguna está preparada para lo que les espera al final: el aterrizaje traumático contra el asfalto; el pisotón de un zapato, tal vez una pata; los empujones de unas ásperas cerdas al interior oscuro y asfixiante de una bolsa de plástico; el trayecto hasta un contenedor donde serán arrojadas a un légamo maloliente poblado de gusanos en el que acabarán por desfallecer, y morir y pudrirse…</p><p>Y regresar, pasado mucho, mucho tiempo, como brotes que pronto empezarán a soñar los viajes de sus bisabuelas.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis Baeza Andreu]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Contra las catástrofes mínimas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Los diablos azules número 109]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Esto viene de lejos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/viene-lejos_1_1158568.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8544fb09-1544-475a-8ae7-2778fffb495d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Esto viene de lejos"></p><p><em>Almudena Amador, de la librería Ramon Llull de València, recomienda algunos de sus títulos favoritos de los últimos meses.</em></p><p>_________________________ </p><p><strong>Una sola muerte numerosaNora StrejilevichPrólogo de Edurne PortelaSitaraMadrid2018</strong><em>Una sola muerte numerosa</em></p><p>  </p><p>Esta es la crónica de esa transfiguración, un relato fragmentado que narra la experiencia y su recuerdo, la herida y su cicatriz. Es un libro sobre el dolor inmediato –de la tortura, del secuestro, de la reclusión– y sobre el dolor prolongado de la desaparición y muerte de seres queridos, del exilio, del olvido y de la impunidad.</p><p>Las consideraciones anteriores han sido extraídas del prólogo que <strong>Edurne Portela </strong>ha escrito como apertura a esta obra. Testimonio de la experiencia de <strong>Nora Strejilevich</strong>, así como la de muchos de sus contemporáneos, a los que presta la voz que estos perdieron. Mediante una práctica narrativa que le permite hablar de lo indecible, propone una alternativa a la exposición del horror. Un testimonio literario con una intención artística donde el lenguaje se fuerza y retuerce para pronunciar el sentimiento y el dolor.</p><p>  <strong>Crímenes del futuroJuan Soto IvarsCandayaBarcelona2018</strong><em>Crímenes del futuro</em></p><p>  </p><p>En un mundo preapocalíptico al borde del cataclismo social y moral, tres mu­jeres atormentadas luchan por sobrevivir y ser dueñas de su propio destino. Julia, Margarita y Pálida son las protagonistas de <em>Crímenes del futuro</em>, una fábula de inquietantes signos proféticos, en la que España se parece más a los turbulentos y miserables años cuarenta que a lo que desearíamos que fuera el siglo XXI. Los estados han desaparecido y las multinacionales del Ente gestionan im­placables la vida pública. La única ley vigente es la financiera, los precios de los alimentos se disparan sin control y las ciudades se convierten en arrabales separados por alambradas donde empieza a gestarse una desesperada revolu­ción, opacada por las pasiones más turbias.</p><p>  <strong>Amour fou</strong></p><p><strong>Marta SanzAnagramaBarcelona2018</strong></p><p>  </p><p>Este es el libro por el que <strong>Marta Sanz</strong> estuvo a punto de dejar de escribir. Una novela prácticamente inédita, una novela sin lectores, tal vez porque habla del gusano que corroe el corazón de la manzana en un mundo perfecto. En 2004, año en que fue escrita, <em>Amor fou </em>apuntaba hacia lo mucho que nos cuesta decir que el emperador va desnudo; lo hace también hoy, que la presentamos en versión corregida y actualizada. Casi todas las profecías de esta novela se han ido cumpliendo: aporofobia, gentrificación, banderas nacionales que ondean en el centro de las plazas, un patriotismo perturbado, el residuo franquista que oxida la convivencia, la brutalidad que se ejerce desde el poder, la <em>okupación, </em>los límites de la democracia y del Estado de derecho en el neoliberalismo, la justicia sin venda en los ojos, la manipulación pública a la que se someten ciertas vidas íntimas.</p><p>  <strong>Honrarás a tu padre y a tu madreCristina FallarásAnagramaBarcelona2018</strong><em>Honrarás a tu padre y a tu madre</em></p><p>  </p><p>​​​​​​​"Me llamo Cristina y he salido a buscar a mis muertos. Caminando. Buscar a mis muertos para no matarme yo. ¿Para vivir? No estoy segura. Convocarlos, dialogar con mis muertos". La protagonista de este libro, que no por casualidad se llama como la autora, emprende un viaje –físico e íntimo– en busca de los secretos del pasado familiar y de su propia identidad. La búsqueda llevará a <strong>Cristina</strong> a tirar del hilo de las historias de varias generaciones, a descubrir desapariciones, huidas y muertes, heridas que nunca cicatrizaron. Uno de los mayores silencios que la rodean es el que atañe a algunos hechos sucedidos durante la Guerra Civil: un fusilamiento en Zaragoza, alguien que murió en lugar de otro, un alférez de origen mexicano que presenció ese acto bárbaro, dos personas de bandos contrarios que acabaron unidas en la posguerra...</p><p><em>*Puedes visitar la Llibreria Ramon Llull en la calle Corona, 5, de València o en su página web.</em><strong>Llibreria Ramon Llull </strong><a href="http://www.llibreriaramonllull.com/inicio.html" target="_blank">página web</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Almudena Amador (Llibreria Ramon Llull)]]></author>
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      <title><![CDATA[Una aventura cada día]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/aventura-dia_1_1158564.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b8d65110-a827-4bd6-9c78-3260c9449d69_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una aventura cada día"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Fernando Valls y Gemma Pellicer. En esta nueva entrega recoge un texto del escritor madrileño José Ovejero.</em></p><p>___________________________________ </p><p><strong>Una aventura cada día</strong></p><p>Cada mañana despertaba junto a una desconocida. Él, casado a los veintidós años y que nunca se separó de su esposa, solía bromear tiempo atrás diciendo, cuando ella no le oía, que, de volver a nacer, en lugar de casarse joven, querría cambiar de mujer cada día. La vida entonces sería una aventura constante.</p><p>Pero ahora, al encontrar a una mujer distinta siempre que abría los ojos, no sentía felicidad sino confusión. Ni siquiera recordaba que cada una de ellas, invariablemente, contemplando su rostro alucinado, le acariciaba la cabeza y le decía: “soy yo, Alejandra, ¿no me reconoces? Maldito Alzheimer”.</p><p><em>*José Ovejero (Madrid, 1958) ha publicado novelas, libros de relatos, poesía, ensayo y teatro. Algunos de sus libros más destacados son </em><strong>José Ovejero</strong>La ética de la crueldad<em> (Premio Anagrama de ensayo, 2012), </em>La invención del amor<em> (Premio Alfaguara de novela, 2013) y </em>Los ángeles feroces<em> (novela, 2015). Su último libro, compuesto por relatos, es </em><a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/mundo-extrano/" target="_blank">Mundo extraño</a><em> (Páginas de Espuma, 2018). El próximo, </em>Mujer lenta<em>, con el que ha obtenido el premio Juan Gil-Albert de poesía, aparecerá en Pre-Textos.</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Ovejero]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Los diablos azules número 109]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El fantasma de Villa Medicis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fantasma-villa-medicis_1_1158562.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/55530748-7610-4630-bd2d-9680be847f1d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fantasma de Villa Medicis"></p><p><em>Recogemos en cuatro entregas este relato de Juan José Téllez, escritor y periodista autor, entre otros, de </em><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-paco-de-lucia-el-hijo-de-la-portuguesa/190548" target="_blank">Paco de Lucía</a><em> (Planeta, 2015). Aquí publicamos la primera.</em></p><p>_______________</p><p><strong>1. Las noches de la heroína</strong></p><p>Olor a dama de noche entre los setos del cuartel que brincaba rumbo al cine Fuentenueva: hasta las tantas del verano, viendo películas de piratas o de <strong>López Vázquez</strong> con <strong>Gracita Morales</strong>. Más allá, quedaba el caos. Al barrio de chabolas que bajaba la pendiente del secano le torcieron quizá irónicamente el Hotel Garrido. Hasta allí me encajaba yo para apandillarme con los de los pisos del sindicato y apedrearnos con los gitanos: “A las cinco en el llano del Calvario”, les retábamos. Y allí emprendíamos de pascuas a ramos nuestra guerra civil particular, con mañas de toda suerte, patadas, mecos, gargajos y puñetazos. De aquel entonces, conocí a Montoya, que cantaba bulería por lo bajini y calentaba que daba gusto el caballo para meternos un pico.</p><p>Estoy hablando de cuando palmaban los setenta. Ni se habían cargado a <strong>John Lennon</strong> todavía. A la carretera nacional le llamábamos El Secano, no me pregunten por qué. Y, en cierta forma y en algunos tramos, su asfalto gris que hervía en verano dividía dos Algeciras distintas; la de la gente de parné, o que aparentaba tenerlo, y la de los currantes, arracimados en barrios con casas de ladrillo visto sobre cañadas reales, como el de la Bajadilla donde yo vivía. De esa mitad del mundo, la de los desposeídos como decían algunos políticos con ganas de poseer, éramos Montoya y yo. Nos amigamos cuando aprendimos a dejar de darnos de hostias entre nosotros para darle los palos a los que tenían la manteca, la morterá, el fajo en el bolsillo y las entrañas de plasti.</p><p>Nos gastábamos el botín en el jaco. Un cinco por ciento de pureza, a ojo de buen cubero. El resto, matarratas o polvo de ladrillo. Yo siempre le había tenido jindama a las inyecciones pero me fascinaba el ceremonial con que el gitano preparaba la dosis: trincaba la cuchara, esperriaba el polvo por encima, lo mezclaba con agua y unas gotitas de limón y él decía que lo ponía al baño maría con su mechero bic de color naranja, que parece que lo estuviera viendo aún, tantos años después. Sobre aquella mezcla colocaba el filtro de un pitillo para quitarle la mierda antes de meterlo en la jeringa e hincárnoslo en un recoveco del patio Custodio, con cuidado de que no nos vieran algunos de los cuatro vecinos que quedaban allí.</p><p>También parábamos por Villa Medicis, el chalet abandonado que no quedaba muy lejos de la antigua Plaza de Toros, a la que habían demolido de la noche a la mañana para levantar un rascacielos que nunca llegó a construirse. Ahora el lugar donde se alzaba el coso donde tomó la alternativa <strong>Cara-Ancha</strong> y cantaba de vez en cuando <strong>Raphael</strong>, era un solar en donde alguna vez terminábamos entre los matojos cuando el mono nos empujaba a toda leche hacia las hipodérmicas como si en su punta metálica se abrieran las puertas del paraíso. El flipe era cantudo: te chutabas aquello y ya no eras tú, ni tu padre se había pirado con una golfa, ni la mama estaba coja de tanto limpiar escaleras ni había que hacer la mili por cojones ni nadie te negaba un curro de mierda con un salario de los de no salir de pobre nunca jamás. Vale que sintieras la boca seca y la piel como si te hubieras calentado demasiado con la estufa, pero flotabas en el aire y el sueño que sobrevenía era tierno, placentero, más como la caricia de una hermana que como la de una amante.</p><p>2. El calor del verano</p><p>A mi me alucinaba Villa Medicis, como un quiero y no puedo de palacio italiano, lleno de estatuas en cueros con las tetas perfectas y que no parecían tan hinchadas como las de las películas porno. La casa también era de cine, como si <strong>Clark Gable</strong> estuviera a punto de bajar por las escaleras y <strong>Escarlata O'Hara</strong>, como yo había visto en el Fuentenueva, estrujara un puñado de arena y gritase sobre un cielo rancio en <em>technicolor</em>: “A Dios pongo por testigo que no lograrán aplastarme. Sobreviviré, y cuando todo haya pasado, nunca volveré a pasar hambre, ni yo ni ninguno de los míos. Aunque tenga que mentir, robar, mendigar o matar, ¡a Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre!". Eso mismo hice yo, pero nunca me fié de que Dios fuera a prestar testimonio por mí.</p><p>Aquel lugar llevaba abandonado una pila de años. Los jaramagos y las enredaderas estaban convirtiendo en selva a los jardines mientras unas cuantas palmeras observaban desde su cima la ruina del caserío, la techumbre rota, la humedad devorando lentamente a las paredes desde donde entre desconchones emergían papeles pintados antiguos o agujeros que alguna vez, en mis alucinaciones, confundí con el espejo de Alicia y pretendí cruzar por alguno de ellos hacia el remoto país de las maravillas.</p><p>De aquel verano recuerdo el calor pegajoso, el poniente empapando las camisas y aplatanándonos todavía más que la droga. Nos sacamos unas perras Montoya y yo mangando monederos en el autobús del Rinconcillo, atestados de familias que buscaban la playa como una bombona de oxígeno. El calorro se ponía a cantar a capela por <strong>Camarón</strong>, por <strong>Porrina </strong>o por <strong>Bambino</strong>, en plena bulla –“corazón loco, que aún la nave del olvido no ha partido, te estoy queriendo tanto que te estoy acostumbrando mal”— y yo aprovechaba el señuelo para meter la mano en los bolsillos ajenos o en las cestas cargadas de cubos y palas de plástico, por donde emergía de tarde en tarde una cartera que llevaba nuestros nombres.</p><p>Por entonces, los aires acondicionados estaban en las tiendas finas, como Galerías Villanueva o Almacenes Mérida, de donde birlamos más de una vez bañadores o calcetines y Pepe Rebolo nos pilló y a pesar de que estaba entrado en carnes nos estuvo persiguiendo hasta el final de la calle Tarifa. El resto de la ciudad era un zumbido de ventiladores o de enormes pericones con que las abuelas se abanicaban todavía al relente, en graves mecedoras o en sillas de enea con las que buscar aire fresco en las noches de calma chicha.</p><p>Montoya y yo merodeábamos por los garitos de moda, aunque en más de uno nos echaran a cajas destempladas. El Zero Zero me refiero, el de Nono Serrano; o el Chaplin y el Galería; el London, no. Cuando Montoya se ponía melancólico dejaba el flamenco y comenzaba a canturrear boleros de <strong>Moncho</strong>. Y venga más naves del olvido y más “para que sepan todos, a quién tu perteneces/con sangre de mis venas/ te marcaré la frente”, que se había aprendido de memoria de tanto poner a toda leche un <em>casette </em>en cuya carátula se veía al gitano catalán con una pinta de haber disputado el campeonato mundial de los pesos wélter. Mi colega no cantaba cosas de payos y a mi me daba igual, porque ya que hablaba poco me consolaba tenerlo al lado, como un transistor, mientras yo iba a mi rollo, soñando que actuaba con <strong>Jimi Hendrix</strong>, sin saber que andaba metiéndome en un laberinto del que no iba a salir nunca, aunque años después la cárcel me alejara de la heroína y terminara, quién iba a decírmelo, dando clases de lengua en un colegio privado, qué cosas tiene la puta vida, qué cosas. Y qué de vueltas.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan José Téllez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El fantasma de Villa Medicis]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 109]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[El mal taciturno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mal-taciturno_1_1158561.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5e510d96-eb39-425d-8ce4-fba6441022ab_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El mal taciturno"></p><p><strong>Los días que no queremosMiguel Rollón MuñozValparaísoGranada2018</strong><em>Los días que no queremos</em></p><p><em>Los días que no queremos</em> es un libro conmovedor en el que cada poema parece estar exorcizando fantasmas interiores. Es una crónica de las guerras íntimas, de las heridas abiertas en la memoria individual y familiar, pero también una búsqueda infatigable de páramos de sosiego, de compañías que dignifiquen la existencia para dar sentido a los días que pasan. Como escribe <strong>Fernando Valverde </strong>en su nota de contracubierta, esta poesía “guarda la autenticidad de quien ha mirado el mundo con el corazón encogido por su sufrimiento y el de los otros”. Aquí no hay renuncia ni resignación. Hay conciencia del vacío, sí, pero las carencias no detienen la pesquisa de una felicidad postergada, inconclusa, pendiente: “Y el corazón/ que siempre sabe lo que quiere/ no puede olvidar su cara tatuada en mi memoria/ como todas las cosas que nunca terminé” (“Rayuela”). Se trata de seguir buscando los días que sí queremos, de lanzar la piedrita cuantas veces sea necesario hasta embocarla en la casilla del cielo individual.</p><p>Este libro hace viajar al lector por los “puzles incompletos de la infancia” y por cuartos de hospitales suspendidos “en sus bolsas de suero”; hay aquí mujeres que habitan insomnios, “migajas de niebla”, “margaritas con pestañas”, “musas que no hacen visitas de cortesía” y que “no cumplen horarios de oficina”, ventiladores “que hacen girar el gallo de los puntos cardinales”. El tiempo y el espacio se distorsionan para mostrarnos su fragilidad, para que toquemos la precariedad de los puntos de referencia. Porque el sentido de una vida lo dan únicamente algunos nombres propios y unas pocas ciudades: Madrid (el barrio de Malasaña en particular) y Buenos Aires, pero también París y Berlín. Escalas de la vivencia y del recuerdo.</p><p>Es curiosa la reiterada personificación de estados anímicos o sensaciones: la ansiedad, el miedo y la melancolía se humanizan hasta convertirse en compañeros de viaje, fantasmas domésticos a los que hay que aprender a conocer para poder prevenir y dominar: “Solo quien lo ha sentido lo sabe./ Un león indomable,/ que no va a morderme,/ me acecha algunos días con su zarpa/ para que tenga prisa./ Las presiones, los nervios,/ el ansia del que llora sin motivo,/ porque se siente herido.// Es un dolor que nada sabe de palabras.// Entonces, como presa, huyo/ en un silencio acostumbrado/ a pensar en sí mismo” (“Ansiedad”); “Un buen día/ Alejandra me dijo:/ <em>–Háblame del miedo</em>./ Y le hablé de mí” (“Alejandra y el miedo”); “Ahora que sé cómo eres,/ que sé que los labios/ en la noche no mienten,/ volveremos a vernos” (“Melancolía”). Al evocar el mal taciturno, la melancolía o saturnianismo, <strong>Rollón Muñoz</strong> cita en epígrafe a <strong>Robert Burton</strong>, quien en su <em>Anatomía de la Melancolía</em> la considera enfermedad crónica o permanente, aunque otros vean en ella una fuente de placeres delicados. Por ejemplo Kant, en su <em>Fundamentación de la metafísica de las costumbres</em>, cree ver en el melancólico una gran conciencia moral, un sentido de lo sublime por encima de los encantos efímeros. La tristeza del hombre melancólico deriva de la virtud de una escala moral superior.</p><p>Muy interesante en este poemario es la yuxtaposición del discurso amoroso con imágenes de sordidez en unos escenarios interiores que, aunque a priori podrían ser considerados espacios hostiles para la consumación de un idilio, terminan demostrando ser aliados de la complicidad y empatía entre los amantes: “Se despertó/ con el drenar de un desagüe,/ apenas había luz,/ me pidió un cigarro,/ fumamos juntos, callados,/ algo me dijo/ con su mano cálida/ sobre mi pecho.// <em>–Los deseos no tienen copyright</em> (...) Esperé/ entre la desnudez de las sábanas/ a que despertaras, y juntos/ poder descrifrar los mensajes escritos/ en la puerta de los baños” (“Deseos sin copyright”).</p><p>Otro tema recurrente de estas páginas es la añoranza de la infancia como refugio de la pureza pero también de la primera juventud como oportunidad de experimentación durante los tempranos años ochenta, en pleno proceso de democratización y modernización española: “a principios de los ochenta/ en esa explosión de libertad/ y creatividad insólita, cuando/ tratábamos de cambiar un país/ donde no había autopistas” (“No recuerdo tu nombre”). Otra estampa frecuente es la del niño esperando en un andén, en estaciones de paso, a la espera de trenes que no llegan.</p><p>Las alusiones a <strong>Julio Cortázar</strong> aparecen repartidas a lo largo del poemario, porque releer a este autor permite “regresar al lugar de esa vieja juventud/ donde sentí la más pura felicidad que haya conocido” (“Rayuela”). Aunque esta felicidad coincida con una historia de amor inolvidable y trunca, no es gratuita la mención a Cortázar en un sentido más amplio, por sus característicos personajes viajeros sometidos a desarraigos geográficos y/o emocionales y sus pesquisas <em>del lado de acá </em>o <em>del lado de allá</em> del espacio o de la memoria. En la narrativa del argentino proliferan puentes y galerías que unen Latinoamérica y Europa, pasadizos que transforman pasajes porteños en galerías parisinas, atajos psicológicos que transforman la chatura de la realidad en un mundo paralelo anhelado e inalcanzable, personajes que traspasan las fronteras de los libros y se convierten en seres de carne y hueso. Quien lea <em>Los días que no queremos</em> verá que su voz poética también está buscando un cielo a su medida en el laberinto de una tormenta interior y de una deriva territorial, ese refugio que concilie las distancias geográficas por encima de la nostalgia y de la pérdida.</p><p>Uno de los poemas más entrañables y de mayor lirismo es el inspirado en la figura materna: “Madre,/ te enterraré de noche, desnuda/ como llegaste/ bajo la misma tumba sin cruz de un camposanto,/ donde él, joven para siempre, irá a buscarte./ Y juntos, en olvido piadoso, os burlaréis/ del calor de las manos frías de los médicos/ y de los dioses sin misericordia, que crearon/ el amor y la muerte al mismo tiempo” (“Madre”). Hay versos que permanecen en la memoria como una sabia compañía y que a veces resuelven el poema mediante un uso aforístico: “Escribir es aprender a perder”; “Si te fijas bien/ verás la herida abierta/ en el cuerpo propio del dolor ajeno”; “Un tratado de amor:/ de cómo los instantes/ se encaminan/ a un segundo olvido”; “El futuro es el sueño de un regreso”.</p><p><em>*Marisa Martínez Pérsico es poeta y profesora de literatura.</em><strong>Marisa Martínez Pérsico</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marisa Martínez Pérsico]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El mal taciturno]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Poesía,Los diablos azules número 109]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Caleidoscopio de color]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/caleidoscopio-color_1_1158558.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d86f390b-1a4b-4650-bc2d-f6cea02e629b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Caleidoscopio de color"></p><p><strong>Mujeres que trepan a los árbolesPatricia de SouzaMadridTrifaldi2017</strong><em>Mujeres que trepan a los árboles</em></p><p>  </p><p><strong>Patricia de Souza</strong> (Coracora, Ayacucho, Perú, 1964) parece aceptar que ha encontrado la distancia adecuada para que su escritura se convierta en todo un desafío, porque para ella escribir es vigilar el pensamiento, y concibe el proceso fragmentario de una obra como la representación de un todo, siguiendo en algún sentido estricto la máxima del erudito francés <strong>Georges Perec</strong> que en su vida literaria explicaba como “el elemento no preexiste al conjunto, no es ni más inmediato ni más antiguo, no son los elementos los que determinan el conjunto, sino el conjunto el que determina los elementos (…)”. Quizá por todo esto, para la narradora la fragmentación que ensaya en su narrativa se convierte en el espíritu de nuestro tiempo, en una consecuencia de la modernidad absoluta que oscilaría entre una visión sociopolítica y una construcción automática que, de alguna manera, pusiera en tela de juicio el posible fin de una específica linealidad, y abriera el camino de una realidad estudiada por partes.</p><p>Su proyecto narrativo ha convertido la variedad de sus textos en una ferviente crítica porque nunca ha dejado de ocuparse de la problemática del lenguaje y de la consecuente visión de lo femenino, y se formaliza así en un auténtico repaso que para la escritora le brinda, al mismo tiempo, la ocasión de profundizar en el uso del lenguaje como un modo de someter el pensamiento y, también, de silenciar un discurso discordante, cuestionamientos por otra parte que la autora se plantea como una invitación a proseguir en una reflexión más allá de sus propuestas, y en ese concepto que en su prosa se calificaría como la exigencia misma al derecho legítimo a la palabra en un entorno social, político y literario que nunca debería condicionar a la mujer a ser considerada como subalterna y la aleja, por supuesto, de sentirse colonizada por un lenguaje patriarcal que la anula asumiendo exclusivamente la palabra en un estricto concepto machista.</p><p>Con una de sus últimas obras, <em>Vergüenza</em> (2014), su narrativa se convierte en un aleatorio muestrario de espejismos donde su pasado queda expuesto en fragmentos distanciados en el tiempo, y cuyo resultado se parece a una posible biografía que solo se sustenta por una auténtica transfiguración, y esta forma particular de escritura se acentúa, aún más, en su última entrega, <a href="http://www.trifaldi.com/home/52-mujeres-que-trepan-a-los-arboles-9788494530296.html" target="_blank">Mujeres que trepan a los árboles </a>(Trifaldi, 2017), una especie de deriva hacia un desdoblamiento literario en su estado puro, y ha llevado a su narrativa hacia un concepto de ficción personal, que de su mano se convierte en un ejercicio lúdico de fijación de la memoria, aunque eso sí relativizada para sus lectores. En esta sorprendente novela estructura sus recuerdos en torno a una mágica morfología vegetal que todo lo envuelve: su realidad presente y sus evocaciones. Entonces el pasado de la narradora florece entre todo un catálogo de árboles distintos, que en sus páginas se propagan como una sinfonía de formas y de color perceptibles por el poder seductivo de la ficción. Flores y árboles como el olivar, el jabillo, ejemplo de árbol intertropical, el caucho, el mango, el apamate, de una extraordinaria belleza, el eucalipto, el sauce, o el ficus, toda una exposición de la flora americana cuyo recuerdo arraiga en la memoria de la narradora y se ofrece como un área fértil. Muchas de las curiosas y distintas experiencias de la narradora quedan simbolizadas por estos árboles, y expuestas según su fruto, o su flor, incluso según su madera, fortaleza y belleza, o la tierra dónde crece. Y así algunos recuerdos parecen trasplantados, ajenos con hermosas evocaciones y bellísimas imágenes, y el relato se organiza a través de una visión ecológica y el resultado se convierte en un diario personal tan heterodoxo, que mezcla vivencias, fechas, nombres, y sobre todo una abundante vegetación.</p><p>El texto de <em>Mujeres que trepan a los árboles</em> progresa de una forma fragmentaria, concebido con una calculada escritura entrecortada y discontinua, y es así como las distintas historias se enredan sucesivamente y se asemejan a esa vorágine o a la abundante visión de los árboles que justifican el título. Entonces, la narradora convierte su discurso en algo distinto, intercala sus conflictos personales con su viaje y traslado a París, sus continuos retornos a Lima, el recuerdo de un padre ausente, una madre apasionada que repite presencia en muchos de los fragmentos, y toda una saga familiar con esa mitológica evocación del quechua, la lucha de clases y su propia educación, o su acentuada crítica contra la simbología del capitalismo, el patriarcado, o los valores más tradicionales de su tierra chica. Son evidentes, como ya experimentaba en<em> Descolonizar el lenguaje</em> (2016) las alusiones a grandes escritoras, como <strong>Flora Tristán</strong>, <strong>Alejandra Pizarnik</strong> o <strong>Manuela Sáenz</strong>, voces femeninas que construyen su propio espacio, e incluso apunta reflexiones culturales y de género, aunque destacable en gran medida el personaje de Balán como figura individualizada que consigue una concreción dentro del discurso desarraigado de la narradora. El lector asiste a la permanente construcción de un texto, una novela en progreso, cuyo concepto no es definitivo y que, por expresa voluntad de su autora, comparte con su lector como una versión posible puesto que la narradora se desentiende de la enunciación usando el socorrido recurso del manuscrito encontrado que, en su caso, pertenece a una mujer anónima, metáfora de esa identidad femenina que tanto defiende la peruana.</p><p><em>*Pedro M. Domene es escritor.</em><strong>Pedro M. Domene</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro M. Domene]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Caleidoscopio de color]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Novela,Los diablos azules número 109]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manual del aforismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/manual-aforismo_1_1158552.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4023b616-c428-44ce-b71c-edc4d7cea829_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Manual del aforismo"></p><p><strong>La levedad y la gracia. Aforistas hispánicos del siglo XXManuel NeilaRenacimientoSevilla2016</strong><em>La levedad y la gracia. Aforistas hispánicos del siglo XX</em></p><p>Que el aforismo está en auge en el panorama de las letras hispánicas actuales es obvio. Muestra de ello es que las editoriales están incorporando en sus colecciones este género fronterizo: además de las clásicas como Renacimiento, Trea o Cuadernos del Vigía que abrieron campo, firmas como Isla de Siltolá, Pre-Textos, Valparaíso o Cuadernos del Laberinto entre otras se ocupan del aforismo.</p><p>El poeta, crítico, ensayista, traductor y aforista <strong>Manuel Neila</strong> (Hervás, Cáceres, 1950) entiende, cuida e investiga sobre el aforismo. Es también el director literario de la colección A la Mínima de la editorial Renacimiento.</p><p>Ahora, en este volumen (con un título tan sutil y significativo como <a href="https://www.editorialrenacimiento.com/los-cuatro-vientos/1731-la-levedad-y-la-gracia.html" target="_blank">La levedad y la gracia</a>) nos presenta reunidos sus estudios, sus artículos y notas en torno al tema, todos ellos publicados entre 2005 y 2015 en revistas culturales y otros medios. Como él mismo escribe en el prólogo (que dedica a un maestro en este género, <strong>Cristóbal Serra</strong>): “Cada uno de ellos responde a una motivación particular y persigue unos objetivos precisos. Pero unos y otros proponen un acercamiento a las formas breves de expresión y, en particular, a la escritura aforística”.</p><p>El libro está dispuesto en nueve apartados, siendo las dos primeras “Sobre la escritura aforística: su evolución y sus formas”, un verdadero compendio sobre los cambios y la trayectoria del género, y “Sobre el aforismo en español”, donde analiza la renovación que este supone y nos muestra las diversas variantes del aforismo moderno. En el siguiente, titulado “Retablillo de aforistas españoles” recoge a tres de los grandes, <strong>Santiago Ramón</strong> <strong>y Cajal </strong>(“Los misóginos debieran recordar que la más ignorante y rústica de las mujeres puede engendrar un hombre de genio”), <strong>José Bergamín </strong>(“Existir es pensar y pensar es comprometerse”) y <strong>Ramón J. Sender</strong> (“Milagro accesible: Todo el mundo habla y escribe sobre el amor desde hace milenios y sin embargo el amor sigue siendo un tema virgen”).</p><p>No podía faltar un apartado dedicado a la dificultad de definir el concepto de aforismo (problema que Neila disecciona de la mano de autores que ya ahondaron en esta cuestión como <strong>Umberto Eco</strong>, <strong>Pedro Salinas</strong>, <strong>George Steiner</strong>, entre otros). En esta cuarta parte escribe sobre el aforismo clásico, sobre su carácter de género fronterizo entre la poesía y la filosofía y nos explica cómo irrumpe la máxima y cuál es su posterior evolución, explicando toda la gama de términos vinculados a este género y las semejanzas y diferencias que presenta, en su discurrir por la historia literaria, desde la época clásica (Grecia y Roma)  pasando luego desde los moralistas del Siglo de Oro hasta nuestros días. Constata así de qué forma el pensamiento fragmentario ya avanza a los “albores de la modernidad” donde el aforismo tradicional entra en crisis y en este punto de inflexión sitúa al alemán <strong>Lichtenberg </strong>y a los franceses <strong>Joubert </strong>y <strong>Chamfort </strong>que marcan el paso del aforismo clásico al moderno. Incluye aquí su estudio e investigación sobre el género y sus variedades, tanto en España como en Europa e Hispanoamérica. A estos últimos dedica el capítulo quinto, muy interesante, incluyendo ejemplos de su obra aforística con sus respectivas orientaciones, moralistas, metafísicas y estéticas. Continúa en el siguiente capítulo, el sexto, con un “Retablillo de aforistas hispanoamericanos” y una muestra significativa de sus textos, en la que cabría destacar a <strong>Nicolás Gómez Dávila</strong>. Los apartados siete y ocho están reservados para los clásicos: <strong>Antonio Machado</strong> con sus <em>Sentencias y donaires</em> y <strong>Ángel Crespo</strong>, resaltando su peculiaridad.</p><p>Finaliza Neila este libro con acertadas reflexiones sobre la evolución y multiplicidad de facetas que presenta la escritura aforística, además de incluir ejemplos de los aforistas contemporáneos <strong>Eugenio Trías</strong>, <strong>Ramón Eder</strong> y <strong>Ángel Guinda</strong>. También, a modo de bibliografía, apunta la procedencia de los textos que se han reunido en este ensayo dedicado al estudio de las formas breves, todo ello de gran valor para los interesados en el conocimiento de este género, pues aunque hablamos antes del actual auge de la obra aforística, no lo es tanto el de los estudios relativos a ésta.</p><p>En este coherente e interesante conjunto de ensayos, Manuel Neila ha conseguido presentarnos una serie de aproximaciones que promueven el debate, trazando además un riguroso y amplio estudio sobre la panorámica histórica del género. Y con esa mirada crítica suya nos acerca más a estas formas breves, dándonos las claves para desplegar el plano general y particular de la evolución del aforismo tanto en España como en el mundo, enriquecido con la aportación que nos hace de la obra de los diferentes autores que estudia.</p><p>Por ello este es un libro necesario, un manual de consulta que nos va a aportar un mejor conocimiento y amor a un género que ha existido siempre y que en nuestros días vive y se recrea con increíble fuerza, quizá porque el aforismo responde al aire ligero, fragmentario de nuestro tiempo, porque es un tipo de discurso que lleva en su esencia esos ingredientes que el autor prometía en el título de portada de su importante  investigación: la levedad y la gracia.</p><p><em>*Carmen Canet es escritora y profesora de Literatura. Su último libro, </em><strong>Carmen Canet</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/aforismos/232-malabarismos.html" target="_blank">Malabarismos</a><em> (Valparaíso, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Canet]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Manual del aforismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 109]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Diálogo interrumpido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/dialogo-interrumpido_1_1158550.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/03bed3fe-d594-4215-abab-39b2aa34989e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diálogo interrumpido"></p><p><strong>Generación líquida. Transformaciones en la era 3.0Zygmunt Bauman y Thomas LeonciniPaidósBarcelona2018</strong><em>Generación líquida. Transformaciones en la era 3.0</em></p><p><strong>Thomas Leoncini</strong> trae la voz de <strong>Zygmunt Bauman</strong>. El filósofo dejó este mundo licuado hace más de un año, mientras estaba trabajando en un interesante diálogo intergeneracional que tenía por corresponsal a Thomas Leoncini, 60 años más joven que él. Este diálogo —inacabado, como todos los diálogos que no terminan mal— se estructura en tres temas traídos a la mesa del mayor por el joven: las transformaciones en la piel, transformaciones en la agresividad y transformaciones en el sexo y el amor. Es decir, temas de actual reflexión como la cirugía plástica, los tatuajes, el acoso escolar o las relaciones amorosas y sexuales a través de la vivencia virtual y electrónica.</p><p>A todas ellas, el viejo da una respuesta muy joven, pero con conocimiento del pasado y entronque en las culturas de otros y en la propia, aunque olvidada. El diálogo, que pretendía trazar ese puente entre generaciones, queda suspendido ante la irresistible juventud del filósofo polaco, porque Leoncini asume el papel del joven, del representante de la juventud, sin caer en la cuenta de que hay jóvenes y jóvenes como hay viejos y viejos, y si no queremos caer en el tópico de que la edad está en el espíritu sí debemos apreciar que hay comportamientos muy viejos en la juventud y comportamientos muy jóvenes entre los ancianos. Eso, Bauman lo sabe. La generación líquida somos todos, o casi todos.</p><p>El primer tema incide en tatuajes y cirugía estética con el trasfondo de la moda. Leoncini se explaya en el planteamiento al maestro, se fundamenta en la moda juvenil soportada en datos sobre tatuados, segmentos de población y edad. Bauman, con alta comprensión, remite al sentido ritual del tatuaje y abre al discípulo las puertas del campo de la reflexión entre la comunidad y la identidad. Este diálogo culmina con la aparición en la sala de conversación de la sociedad de consumo, el estatus y la riqueza.</p><p>El segundo tema trata en torno al acoso escolar donde Leoncini apuesta por plantear testimonios al maestro, y aún más, casos particulares. Bauman afronta el tema desde la tensión entre agresividad y proceso civilizatorio del sociólogo  Norbert Elias y el concepto de la decadencia occidental, sacando la reflexión del campo personal, individualizado, del acosado y las motivaciones del acosador. Bauman no lo entiende como caso a caso sino como una manifestación extensa en tiempo y espacio. Cuando se ve obligado a personalizar, incluso en su propio ejemplo, acosado como niño judío en un colegio polaco, no hace más que volver a la identidad del <em>nosotros</em> frente a <em>ellos</em>, como reverso de una moneda y al sempiterno malestar existencial. A partir de ahí, Bauman reflexiona sobre el mal.</p><p>El tercer tema se adentra en “la decadencia de los tabúes en la era del comercio electrónico sentimental”, es decir, cómo la tecnología ha influido y modificado las relaciones sexuales y amorosas en la actual sociedad líquida. El discípulo Leoncini aquí deja a un lado datos y testimonios para abundar en sus recuerdos personales. La introducción del joven es amplia y aunque el viejo Bauman la elogie como breve y sintética deambula preguntándose qué es Internet o cómo influye el anonimato en el comportamiento. Para Bauman la red prometió algo que no ha hecho, una segunda vida “en un hábitat ideal, político u democrático”, pero mundo <em>online</em> y mundo <em>offline</em> coexisten y si bien viven en ámbitos normativos y normalizados distintos y distantes, transfieren comportamientos de uno a otro, se mimetizan y se confunden. “Los seres humanos del siglo XXI son de dos mundos”, dice el viejo maestro. En el mundo <em>online</em> se siente el poderío, el dominio, el ajuste del mundo a la medida que uno quiere. Pero todo es amarga desilusión: Internet no es un mundo de acceso a la información, al conocimiento, sino de salida y evasión, un lugar de refugio ante el mundo <em>offline</em>, desordenado y caótico, donde leer solo lo que queremos leer y escuchar solo lo que queremos escuchar. A la vez, sirve como mundo de la calumnia y la difamación, el cotilleo y la mentira.</p><p>Leoncini conduce el asunto hacia nuevas formas de matriarcado, las relaciones sexuales virtuales, el tabú del incesto. Bauman persiste en la incertidumbre, en el mal casamiento dialéctico de libertad y seguridad. El discípulo lanza una pregunta: ¿es el amor líquido un retorno a los orígenes de la sexualidad humana? Y esta, ya, queda sin respuesta.</p><p><em>*Alfonso Salazar es escritor. </em><strong>Alfonso Salazar</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfonso Salazar]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Filosofía,Los diablos azules número 109]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Los troncos más gruesos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/troncos-gruesos_1_1158546.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/866fe52e-e65b-4f1b-bde2-33c79bbfbb29_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los troncos más gruesos"></p><p>Hemos llegado a un punto en que todo lo que no es práctico no tiene sentido en nuestras vidas. La vivienda, la moda, la universidad, la política, tienden a esa esfera curiosa que surge de la naturaleza de lo práctico. Y no somos capaces de comprender nada que no esté descrito por esta característica.</p><p>Pero incluso el propio pensamiento, la reflexión ante las cosas de la vida, está sucumbiendo a esta razón como si, de no estar amparado por el territorio de lo práctico, no tuviera ninguna fuerza para existir. Las sociedades han desarrollado sistemas de interpretación de la realidad que acaban con todo aquello que se salga de la utilidad o la comodidad interpretativa. La parsimonia de los movimientos sociales ha asumido ese tiempo para facilitar la comprensión del mundo desde premisas que no compliquen demasiado la propia existencia. Así, nuestros recursos intelectuales tienden a debilitarse en circunstancias donde esa practicidad está teniendo lugar. No hay más que echar un vistazo a los nombres, por poner un ejemplo, de los nuevos grados de las universidades, o al enfoque curricular de los colegios del siglo XXI. Todo tiende a lo práctico para ser, cuando menos, válido.</p><p>Dos últimas lecturas, una de ellas relectura, están denunciando situaciones similares. La primera, de la mano de <strong>Octavio Paz</strong> en su libro <em>In/mediaciones</em> (Seix Barral, 1979), en un análisis de la labor del crítico en el México de los años setenta, extrapolable a la situación actual en un país como el nuestro, donde plantea su queja ante el poco valor intelectual que estos mantienen para dar luz, en torno a la crítica, a una generación de creadores que tiren de los recursos que aquella plantea. Porque todo movimiento intelectual, alejado de esa practicidad a la que antes aludía, requiere un contexto teórico para fortalecer sus capacidades creativas, un contexto teórico que dé forma, no solo a los creadores en su conjunto, sino también a la parte más reflexiva de la sociedad, sin la cual, su recorrido se estanca. Las iluminaciones que la teoría literaria, o filosófica, puede llegar a proponer son necesarias para encontrarnos en un territorio fértil para crear.</p><p>Tengo para mí, como Paz subrayaba, que estamos desasistidos de un movimiento intelectual que construya cimientos para la creación. Buena culpa del carácter ecléctico de la literatura está sostenida por la carencia de estas bases o, lo que puede llegar a ser peor, la puesta en valor del entretenimiento como único resorte de la sociedad. Un entretenimiento que, aun siendo necesario, está asumiendo cualquier plano social en ese concepto de lo práctico. Parece como si sólo necesitáramos sociedades entretenidas, no sociedades que indaguen y se pregunten; sociedades que se esfuercen para alcanzar objetivos intelectuales.</p><p>  </p><p>La labor del crítico no puede ser la de repetir los sonidos de la sociedad, sino la de acreditar que existen otros medios para expresarse. Andamos escasos, quizá no de críticos, sino de actitudes que propicien esta reflexión.</p><p>La segunda de las lecturas, sacada de un magnífico volumen de textos de <strong>Walter Benjamin</strong>, publicado por Taurus este mismo año, con el título <a href="https://www.megustaleer.com/libros/iluminaciones/MES-089155" target="_blank"><em>Iluminaciones</em></a><em> </em>(reúne las traducciones de <strong>Jesús Aguirre</strong>), aborda la naturaleza del autor como productor en conferencia pronunciada en abril del 1934 en París, donde describe la figura del autor preguntándose qué lugar ocupa en las relaciones de producción de las sociedades. ¿Es útil dentro de estas relaciones de producción, para el desarrollo social de las mismas? En el mismo plano aborda la figura del autor como un elemento más de la lucha de clases puesto del lado del proletariado.</p><p>No pretendo yo extrapolar el discurso marxista de Benjamín (recordemos que también de los miembros más destacados de la escuela de Frankfurt) para traerlo a nuestro tiempo. Pero sí me sirve para destacar la necesidad de ser útil en el contexto en el que el creador crea. Algunos pueden decir que se es útil también en el entretenimiento. Ciertamente, pero estamos en un momento en que, cubiertas las necesidades más básicas de ocio, deberíamos abordar las necesidades de conocimiento.</p><p>Dice Benjamin: “Quizá hayan caído ustedes en la cuenta de que esta serie de pensamientos (…) plantea al escritor una sola exigencia: la de reflexionar sobre su posición en el proceso de producción”. Porque es esa implicación en los procesos de evolución (ignoren, si quieren, el término marxista) de las sociedades, donde el rumbo no queda completamente definido, es donde la mano del creador debe, está en la exigencia, de proponer rumbos necesarios. Y da un paso más en la comprensión de esta colaboración necesaria del autor cuando propone una actitud que lo ponga en situación de hacer de los lectores, en el caso de la literatura, y los espectadores, en el caso del cine y el teatro, absolutos colaboradores. En este caso el esfuerzo es común a los dos. El autor se implica en una obra para que sea útil a lectores; y, estos, como colaboradores, deben estar preparados para esa labor colaborativa, deben de ser útiles en esa misma labor. El problema sería encontrar una sociedad que estuviera preparada para formar a escritores y colaboradores, que fuera capaz de pensar en esta necesidad. Pero me temo que en las funciones que hemos asumido no está la de la formación en estos asuntos.</p><p>El concepto con el que arrancaba este artículo, el de lo práctico, toma aquí un sentido diferente al que se asume desde nuestra perspectiva de ciudadanos de 2018. La utilidad cambia de plano para mostrarse mucho más operante, más ilustrativa y mucho más necesaria. Porque, como señala el escritor alemán en otro de sus artículos recogidos en este volumen: “En el bosque hay troncos de diversas clases. Los más gruesos se cortan para vigas de navío; con los menos gruesos se hacen tapas para cajones y féretros, los más finos se utilizan para varas; pero los raquíticos no sirven para nada. Escapan de los padecimientos de la utilidad”. Descendiendo por el sentido de utilidad y de practicidad que va marcando este artículo, no sigamos utilizando las varas más raquíticas para dar forma a nuestro siglo. Busquemos los troncos más gruesos. Si no, estamos perdidos.</p><p><em>*Javier Lorenzo Candel es poeta.</em><strong>Javier Lorenzo Candel</strong><em>Su último libro, </em><a href="http://siltola.blogspot.com.es/2018/03/apartate-del-sol-de-javier-lorenzo.html" target="_blank">Apártate del sol</a><em> (La isla de Siltolá, 2018).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Lorenzo Candel]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Poesía,Los diablos azules número 109]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Los amigos de Manolo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/amigos-manolo_1_1158545.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2f150bd1-0ab0-422a-b541-08f8eadbd5ca_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los amigos de Manolo"></p><p>Cuando <strong>Almudena Grandes</strong> y <strong>Luis García Montero</strong> cenaron en Madrid con<strong> Manuel Borrás,</strong> Luis le dijo a Manolo: “He recibido un whatsapp de Irma con una foto tuya cuando recibes la Medalla al Mérito, y daba la noticia a sus amigos con tal alegría que parecía que era ella la que la había recibido”. Manolo le contestó: “Pero es que es así, el premio también es de ella”. El mismo Manuel Borrás me contó telefónicamente, uno o dos días después, esta breve y conmovedora escena en la que yo estaba también cenando en Madrid, amiga, lectora, autora, de la misma manera que ellos están ahora conmigo en Buenos Aires cuando los recuerdo. Los amigos, estos amigos, estos autores y este editor, tácitamente o no, y por todas partes, siempre están en mí y son parte de lo que soy, tarde o temprano fortaleciendo esos profundos lazos que amorosamente unen y que nos van haciendo a cada uno de nosotros lo que somos.</p><p>Conociendo y queriendo a Manuel Borrás, puedo decirles que le contestó a Luis la verdad: ha merecido la <a href="http://www.pre-textos.com/prensa/?p=3343" target="_blank">demorada distinción por su obra</a>, y su obra es su catálogo, su mundo y su gran familia de amigos de cualquier lugar y lengua y de cualquier época. Y no ha estado ni está solo en la confección de ese catálogo porque <em>los Pre-Textos</em> son tres (y aquí comienzan los hechos…), cada uno en lo suyo y a su vez complementando el rol de los otros, en una perfecta labor de equipo que funciona, los resultados lo dejan ver, como un reloj. <strong>Silvia Pratdesaba</strong> y <strong>Manuel Ramírez</strong> forman el círculo estrictamente familiar y estrictamente público de esta familia de todos nosotros. Y todos somos Pre-Textos, incluidos, por supuesto, sus lectores, ganados palmo a palmo durante un poco más de cuarenta años, que se dice pronto…</p><p>Manuel es al que más veo. Sus viajes a América y estrictamente a Buenos Aires datan de los primeros años ochenta, y como estoy aquí puedo dar fe, al menos desde los noventa, de que siempre su llegada es una fiesta. La noticia de que Manolo está por llegar corre como un reguero entre sus amigos, lectores, autores, colegas, y empezamos a hacer planes, organizamos encuentros, comidas, salidas… La larga cadena está encendida. Mi casa ya es su casa, mis amigos son sus amigos, y entre los que hoy tengo, también hace un tiempo que sumo los amigos porteños y no porteños de Manolo… Regalo de Manuel, de los Pre-textos, de la vida.</p><p>También en Valencia y en Madrid y hasta en algunos otros lugares queridos (conocí a Manuel en Bérgamo), pero sobre todo en Buenos Aires, he podido comprobar que Manolo lee incansablemente, su gran batuta, si no me equivoco, su gran rol en Pre-Textos. Y sus lecturas preferidas son su catálogo. ¡Ay, cuando los obstáculos del tipo que fueren impiden agregar algún otro nombre ya incorporado por los tres Pre-Textos…!</p><p>Manuel es un gran lector o, lo mismo, un buen cazador de buenos escritores. Pude presenciar cómo eligió en Buenos Aires a uno de ellos bastante joven. Le habían recomendado su primer libro, recién editado en Argentina, y traté de acordar una reunión entre los dos: es fácil comprender el desconcierto del joven cuando supo que Manuel Borrás quería conocerlo. Y los tres compartimos un café. La charla, en general, fue muy distendida y feliz. Manuel, con su natural bonhomía y su luminosa mirada, lo había logrado una vez más.</p><p>El editor conversó, preguntó y precisó: “¿No has escrito otro libro?”. Y el joven, que siempre había tenido con él una pequeña carpeta, se aventuró, ya acercándosela, a decir: “Le he traído tres cuentos de un libro que estoy escribiendo”. Y con la misma calidez, cercanía, y en ese rol de gran lector que construyó desde su adolescencia y en Pre-Textos desde 1976, Manolo le contestó estrictamente con cuatro palabras que se me grabaron: “Yo no leo borradores”. Categórico y alentador a la vez, maestro y lector.</p><p>Puedo asegurarles que el joven siguió y siguió escribiendo, reescribió, dudó y volvió a escribir, y poco a poco fue encontrando, luego de varios intentos, el eje, el orden natural de una serie de cuentos que forman también un equipo, potenciándose, ayudándose, creando al fin su armonía y un nuevo título.. Cuando después de un tiempo prudencial, Manuel Borrás tuvo en sus manos el original de este nuevo libro, tardó como un mes en dar su opinión, y entonces el joven recibió un extenso <em>e-mail</em>, que sintetizo en estas siete palabras: “Este libro es mejor que el primero”.</p><p>El cazador había encontrado su nueva presa, su nuevo autor, su nuevo amigo. Y tarde o temprano será también nuestro amigo.</p><p>A todos nosotros, desde tu Silvia y tu Manolo, nos has representado cuando recibiste tu Medalla al Mérito. Y te lo agradecemos, querido Manuel Borrás.</p><p><em>*Irma Emilozzi es profesora y crítica literaria.</em><strong>Irma Emilozzi</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Irma Emiliozzi]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los amigos de Manolo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Editoriales de libros,Libros,Literatura,Los diablos azules número 109]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manuel Borrás: "A América hay que ir a aprender, que no a aprehender"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/manuel-borras-america-hay-aprender-no-aprehender_1_1158543.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f6a5f4e3-449c-411f-b4f3-e5ea9e8a5d27_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Manuel Borrás: "A América hay que ir a aprender, que no a aprehender""></p><p>Conozco a <strong>Manuel Borrás</strong> hace más de veinte años. Fue un caso de amistad a primera vista. Desde hace poco menos de veinte años ha editado libros míos en las editorial que dirige, <a href="http://www.pre-textos.com/" target="_blank">Pre-Textos</a>, de Valencia. Lleva 15. Tiene todos mis derechos. Me siento protegido. Hemos paseado mucho juntos. No necesitamos hablar para entendernos. Creo que hasta ahora solo hemos tenido un desacuerdo radical: él piensa que soy su hermano mayor, pero yo creo que él es mi hermano mayor.</p><p><strong>Pregunta. ¿Qué significa América Latina para Pre-Textos?</strong></p><p><strong>Respuesta</strong>. Una meta amorosa, parte esencial de nuestra razón de ser. De ahí que nos moleste y hiera en lo más profundo toda esa retórica de la Hispanidad que lo único que ha conseguido hasta la fecha es ahondar la distancia que a veces se da entre las dos orillas. Hay que contar más con América Latina. Es decir, deberíamos verla no solo como una meta comercial, sino, como diría <strong>Juan Larrea</strong>, una razón de nuestro espíritu, y contemplarla sin altanería ni prejuicios. A América hay que ir a impregnarse uno de ella, a aprender, que no a aprehender.</p><p><strong>P. ¿Cómo hace un editor privado para editar poesía?</strong></p><p><strong>R</strong>. Es muy simple, aguzando su oído, poniendo atención al pulso de la vida, destino y origen de toda poesía auténtica. Y a ser posible sin prejuicios, es decir, sin pedir nada previamente a cambio.</p><p><strong>P. ¿Como lector, le gusta todo lo que edita?</strong></p><p><strong>R</strong>. Me gusta mucho lo que edito. Yo no puedo editar sino eso en lo que creo, someto a la intemperie de los otros solo aquello que no logro olvidar.</p><p><strong>P. Enumere sus principales gustos en, uno, música clásico; dos, rock; tres, novela; cuatro, poesía en castellano; cinco, poesía en otros idiomas. </strong></p><p><strong>R</strong>. Poesía en castellano, creo que en nuestra lengua se está escribiendo parte de la mejor poesía universal, por lo menos entre las lenguas que leo. Música clásica, un referente vital en mi vida, un remanso al que me acojo para afrontar las inclemencias del mundo. Leo poesía en otras lenguas con el mismo respeto con el que leo la escrita en nuestro idioma. Y para terminar, la música rock me acompañó mucho en mi juventud y aún hoy me sirve de medio para poder conocer mejor a muchos de mis amigos y amigas más jóvenes, que, al fin y al cabo es también tratar de conocerse mejor uno a sí mismo.</p><p><strong>P. Si fuera para una isla desierta y solo pudiera llevar un libro, ¿cuál se llevaría?</strong></p><p><strong>R.</strong> No sé si podría llevarme uno solo, pero ya que me colocas en ese brete, quizá me llevase el <em>Quijote </em>a fin de que me inspirara en mi soledad. Ese es un libro que sin duda se escribió para nosotros, los solitarios, o lo que es lo mismo, el ser humano. </p><p><em>*Darío Jaramillo Agudelo es escritor. Su último libro, </em><strong>Darío Jaramillo Agudelo</strong><a href="http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1675" target="_blank">El cuerpo y otra cosa</a><em>, publicado (claro) en pre-Textos en 2016. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Darío Jaramillo Agudelo]]></author>
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