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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 117]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-117/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 117]]></description>
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      <title><![CDATA[Leer con las gafas moradas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/leer-gafas-moradas_1_1160633.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3dc609d4-c941-4d21-a419-eccff79b7e07_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Leer con las gafas moradas"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em></p><p>___________________________________</p><p>La <a href="https://lletravioletawordpress.wordpress.com/" target="_blank">asociación Lletra Violeta</a> nos iniciamos como club de lectura de feminismo y política en el municipio de El Prat de Llobregat, Barcelona, en el año 2016. Somos un grupo de ocho mujeres y dos hombres interesados en el pensamiento político feminista. A lo largo de este tiempo hemos crecido en una experiencia conjunta, de conocimiento y amistad. Durante estos dos años hemos resistido (y seguimos), algo poco común en un grupo de estas características dada la peculiaridad de los temas y las emociones que desatan en su reflexión y debate.</p><p>Nuestra experiencia dimana de otra anterior como club de lectura de pensamiento político y económico que duró cuatro años y que asumiendo sus éxitos pero, también sus limitaciones, se proyectó en la necesidad de una reflexión política de la realidad desde la mirada feminista, a través de sus gafas violetas. De esta manera, junto a nuevas compañeras, surgió nuestro club de lectura para el conocimiento y la difusión de pensamiento feminista y dar visibilidad y reconocimiento a las mujeres. La actividad lectora y de debate se proyecta en la ciudad a través de encuentros abiertos a modo de debates con autoras o mujeres del ámbito político y académico.</p><p>  </p><p>Colaboramos, en base a una relación de intercambio y reciprocidad, con la regiduría de la Dona y Cultura del Ayuntamiento. Y también con grupos afines en el ideario, causa o tipo de actividades como pueden ser; la Asociación UNZIP del Prat, el Club Còrtum de Barcelona, Radio Rebelde Republicana y también con pequeños grupos de acción feministas.</p><p>En un momento de actualidad feminista con el riesgo de una cierta banalización, nuestros principios fundacionales recogen los ideales universalistas y humanistas y nos sentimos legitimadas al cuestionamiento ético de todo aquello que nos afecta. Creemos en la igualdad y en la necesidad de la acción para conseguirla, con todas las mujeres y con aquellos hombres que quieran ser aliados a nuestro lado. Nuestro feminismo es político sin ambigüedades, porque todo lo personal es político. Somos laicas porque la espiritualidad es un hecho privado que las religiones han transformado en arma arrojadiza contra las mujeres. Y somos abolicionistas, porque la esclavitud en sus muy diversas formas, incluidas aquellas que el neoliberalismo nos tiene reservadas para este momento, es contraria a los derechos humanos.</p><p>Partimos del firme convencimiento de que el feminismo es el último ideal universalista, la última causa común, que nos queda frente al neoliberalismo salvaje.</p><p>Teniendo en cuenta que nuestra investigación lectora pasa también por documentos y artículos a modo de documentación para la reflexión tanto como para la preparación de los debates, queremos escoger un libro que no ha sido el último, pero si ha sido muy significativo para nuestra actividad. Se trata del libro <a href="https://www.catarata.org/libro/el-putero-espanol_45085/" target="_blank">El putero español. Quiénes son y qué buscan los clientes de la prostitución</a>, de <strong>Águeda Gómez Suárez </strong>editado por La catarata en 2015. La lectura de este libro y una serie de artículos relacionados con la prostitución como actividad económica y sus diferentes actores fueron la base para el debate abierto que realizamos en nuestra ciudad y que titulamos ¿Por qué el hombre paga por sexo? y que está recogido en nuestro blog Lletra Violeta, del que dejo un enlace comentando el mismo <a href="https://clubcortum.org/por-que-el-hombre-paga-por-sexo/" target="_blank">aquí</a>.</p><p>La investigación de Águeda Gómez Suárez nos pareció imprescindible para entender la actividad centrándola en las razones de la demanda y en sus protagonistas siempre ausentes y deliberadamente silenciados en el debate. Y contrastar sus deseos con la organización de la industria del sexo y su aprendizaje a través de la industria pornográfica. Así como reconocer los vínculos entre ambas industrias y su incidencia social. Como reflexión es un tema fundamental para el feminismo dado que en torno al mismo se tejen los grandes desencuentros.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jul 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Cruz Leal]]></author>
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      <title><![CDATA[Libros vegueros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/libros-vegueros_1_1160627.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3db369c7-079f-48f6-94dd-7a905906769f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Libros vegueros"></p><p><em>Javier Rafael Fernández Peñafiel, de la librería La Leyenda del Tiempo, en Fuente Vaqueros, frente a la casa natal de Federico García Lorca, recomienda algunos de sus títulos favoritos de los últimos meses.</em></p><p>_________________________</p><p>  <strong>Mi pueblo y otros textos veguerosFederico García LorcaBarril y BarralBarcelona2010</strong><em>Mi pueblo y otros textos vegueros</em></p><p>Este libro recopila textos de prosa y de poesía que hacen referencia a la tierra natal, una presencia indiscutible en la obra del poeta: Fuente Vaqueros, ese pueblo "muy callado y oloroso de la vega de Granada".  Se trata de acabar con la dispersión que algunos de estos textos venían sufriendo. Este volumen constituye un material indispensable para entender la obra lorquiana y su relación con la tierra que inspira algunos de los mejores escritos de <strong>Federico García Lorca</strong></p><p>  <strong>Un lector llamado Federico García Lorca</strong></p><p><strong>Luis García MonteroTaurusMadrid2016</strong></p><p>  </p><p>Las lecturas a las que Federico García Lorca se acercó en su juventud le convirtieron en la persona que fue —hasta sus últimas consecuencias— y en símbolo de toda una época. Lejos del mito del autor de genio innato y profundas raíces populares, sus escritos, desde los más tempranos, reflejan un profundo conocimiento de la literatura clásica, de las obras de sus contemporáneos, además de un crecimiento intelectual a la cultura popular, tanto literaria, como musical o teatral.</p><p>  <strong>Ishq, el color de las granadasJuan Andrés Moya MontañezArola EditorsTarragona2016</strong><em>Ishq, el color de las granadas</em></p><p>  </p><p>El argumento que se nos ofrece en <em>ISHQ. El color de las granadas</em> habla de La India durante la época en la que el imperio mogol se encuentra bajo el gobierno de <strong>Akbar el Grande</strong>. Este personaje reside junto a su familia en el palacio imperial situado en la ciudad de Lahore. El heredero al trono, su hijo Nuruddin, se muestra más interesado en la llamada de la poesía que en seguir los pasos de su padre. La reina Mariam, muy preocupada, le insiste para que cumpla con su deber, contraiga matrimonio y se gane el respeto de su pueblo.</p><p>  <strong>Secuencias de piel sobre el invierno</strong></p><p><strong>Ramón Martínez LópezEsdrújulaGranada2017</strong></p><p>La poesía de <strong>Ramón Martínez</strong>, autor nacido en Fuente Vaqueros, es palabra cercana, comprensible, emoción hecha piel —o secuencia de piel, parafraseando el título del presente libro— que trepa por la enredadera de la intuición y se cuela por la ventana abierta del pensamiento. Ramón, con su lenguaje claro, directo, delicado y hermoso, logra el milagro de la comprensión y de la conmoción, de la poesía como camino.</p><p><em>*Puedes encontrar La leyenda del tiempo en la calle Poeta García Lorca, 1 bis, de Fuente Vaqueros (Granada), o escribiendo a laleyendadeltiempofv@gmail.com. </em><strong>La leyenda del tiempo</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jul 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Rafael Fernández Peñafiel (La leyenda del tiempo)]]></author>
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      <title><![CDATA[Mochilas perdidas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mochilas-perdidas_1_1160623.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fb808d0d-a18b-480e-9f7c-181dce51bc65_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mochilas perdidas"></p><p><em>Cerramos el relato del escritor Eduardo Mendicutti, que publicamos en dos entregas.</em></p><p>____________________</p><p>Cuando Javi miró a sus padres, sentados con su hermano Migue en un banco de la alameda, bajo un castaño que daba un sombra ancha y compacta, su padre Antonio le estaba ofreciendo un cigarrillo a un hombre que se parecía mucho a Denis, un amigo de la familia. Lo primero que Javi pensó fue:</p><p>“Mi padre Antonio siempre le está prometiendo a mi padre Martín que hoy sin falta deja de fumar”.</p><p>Javi y Migue tienen dos padres, no un padre y una madre, y Javi lo dice, la mar de orgulloso, cada dos por tres.</p><p>El hombre que se parecía tanto a Denis sonrió y dijo que sí con la cabeza, y juntó las manos de tal manera que Javi entendió enseguida que le estaba dando las gracias a sus padres, no solo por el cigarrillo. Después, Javi pensó que su padre Martín, poniéndose muy serio, le reñiría a su padre Antonio por no tener la fuerza de voluntad para dejar de una vez esa costumbre tan fea y tan malísima para la salud, y por andar encima ofreciendo por ahí veneno para los pulmones. Pero esta vez su padre Martín no rechistó y su padre Antonio siguió fumando tan campante con aquel hombre que tanto se parecía a Denis.</p><p>Aquel hombre estaba sentado en la otra punta del banco sería, según calculó Javi, más o menos de la edad de su padre Antonio –que es cinco años más joven que su padre Martín–, iba vestido con un niki gris que le venía un poco grande, un pantalón marrón que le venía un poco pequeño, porque enseñaba los tobillos, y sonreía mucho, pero con una sonrisa que parecía la más triste del mundo. Migue, que todavía no tiene ni un año, empezó de pronto a jugar con él y entonces Javi se dio cuenta de que, en realidad, el hombre no se parecía tanto a Denis, solo en que los dos eran negros, de una edad parecida, y sonreían del mismo modo cuando estaban contentos.</p><p>Denis es de un país de África que se llama Kenia, y sus padres y él se conocen porque los tres trabajan en un sitio en el que ayudan a gente de otros países y lo están pasando mal. Denis está casado con Laura, que es española y medio pelirroja, y tienen una niña de la edad de Migue que se llama Alma y es de color café con leche y, como dice todo el mundo, es una preciosidad. Javi le dice a todo el que lo quiera oír que, cuando Alma sea un poco mayor, le gustaría ser su novio, al fin y al cabo él solo es cinco años mayor que ella, los mismo años que se llevan su padre Antonio y su padre Martín. A veces, quedan todos a tomar algo en alguna parte o para ir a la playa a pasar el día y se lo pasan muy bien. Javi, mientras miraba de lejos al nuevo amigo de sus padres y lo bien que se lo estaba pasando jugando con Migue, pensó que a lo mejor, a partir de ahora, aquel hombre que tanto se parecía a Denis, sobre todo en la manera de sonreír, se venía con ellos a tomar algo, o a la playa, de vez en cuando.</p><p>Javi se había ido a jugar a un arriate en el que crecían árboles, no muy lejos de donde estaban sus padres y Migue, pero ya no jugaba, ahora solo miraba a sus padres y a Migue y al nuevo amigo de sus padres. Entonces oyó que su padre Martín le llamaba:</p><p>“¡Ven, Javi!”.</p><p>Javi salió corriendo y se olvidó de la mochila. No se dio cuenta de que la dejaba en el arriate, y sus padres tampoco la echaron de menos cuando él se acercó le presentaron a su nuevo amigo.</p><p>“Mira, Javi, este amigo se llama Yulian y es de un país que se llama Uganda”, le dijo su padre Antonio.</p><p>Y su padre Martín le dijo:</p><p>“Dale un beso. Va a empezar a venir con nosotros a tomar algo y a la playa”.</p><p>Yulian se inclinó para que Javi pudiera darle un beso, mientras su padre Antonio le explicaba a Yulian que Javi era su hijo “el californiano”.</p><p>“Así que tú naciste en California”, le dijo Yulian, en un español un poco raro, a fin de cuentas había nacido en Uganda.</p><p>Javi se puso a explicarle a Yulian, con todo lujo de detalles ,que él había nacido porque su padre Antonio y su padre Martín se quieren tanto que habían ido hasta casi el fin del mundo para que él pudiera nacer con ayuda de una muchacha estupenda y preciosa que quiso hacerles un regalo del cielo que era él, y que el regalo tenía ya seis años, y que Migue, en cambio, era cordobés y los tres lo habían adoptado cuando era un bebé. Yulian sonrió como si le encantara la historia, pero Javi, que ya se daba cuenta de muchas cosas, comprendió que, además de gustarle la historia un montón, estaba emocionado. Le brillaban los ojos tanto como a su padre Martín cuando Migue llegó a casa y los tres se pusieron a mirarlo como si acabaran de traerlo los Reyes Magos. A su padre Antonio a lo mejor también le brillaban los ojos, pero, como lleva gafas, a Javi siempre le cuesta un poco más notarle esas cosas.</p><p>De pronto su padre Antonio preguntó, un poco nervioso:</p><p>“Javi, ¿dónde está tu mochila?”.</p><p>La mochila no estaba allí, en el banco, ni en el arriate, y eso que Javi señaló el arriate lleno de tréboles, convencido de que allí tenía que seguir. Se armó un poco de lío. A su padre Antonio se le escapó preguntarle, con muy malas maneras, que si era tonto, que no estaban las cosas como para ir dejándose la mochila en cualquier parte, pero enseguida se arrepintió, le pidió perdón y le dio un beso. Su padre Martín le revolvió el pelo para consolarle, porque a Javi le entró una pena grandísima por haber perdido su mochila, y luego Martín le dijo a su marido Antonio que alguien se la había llevado, seguro, pero que si iban los dos por la alameda, a toda pastilla, cada uno por un lado, a lo mejor encontraban al ratero todavía con la mochila encima.</p><p>“¿Te importa quedarte un momento cuidando a los niños?, le preguntó su padre Martin a Yulian. A Yulian le brillaron los ojos como a Martín cuando miraba a Migue recién llegado a casa.</p><p>Martín y Antonio echaron a correr en busca del ladrón y Yulian cogió a Migue en brazos y le pidió a Javi que se sentara a su lado y que intentara sonreír. Para dar ejemplo. Yulián, sonrió y parecía que estaba contento de verdad. Luego, Yulian le preguntó:</p><p>“Javi, ¿qué tenías en la mochila?”.</p><p>Javi tuvo que tragar saliva para no echarse a llorar, y después le contó a Yulian, con muchas dificultades, que en la mochila llevaba un montón de cosas que le gustaban mucho: su estuche de lápices de colores, una linterna que le había traído Papa Noel el año pasado y con la que se podía ver hasta de noche hasta casi un kilómetro de distancia, una manzana que sus padres le ponían siempre en la mochila por si le entraba el hambre en algún momento, unas cuantas caracolas de las que iba recogiendo en la playa porque las coleccionaba, un Ferrari rojo en miniatura que funcionaba con cuerda y con el que ya había recorrido casi la alameda entera… No pudo seguir porque ahora sí que de verdad estuvo a punto de echarse a llorar y, además, porque no se acordaba de otras cosas que seguro que llevaba en su mochila.</p><p>Yulian le revolvió el pelo y Javi comprendió que también él quería consolarle. Levantó la cabeza y miró a Yulian para darle las gracias y entonces cayó en la cuenta de una cosa:</p><p>“Yulian”, le preguntó, “¿tú no tienes mochila?”.</p><p>Yulian movió la cabeza para decir que no, que no tenía mochila, pero luego, muy bajito y muy despacito empezó a hablar. Dijo:</p><p>“Bueno, yo tenía una mochila. Me la robó gente mala, en mi país. Yo vivía con Samuel, mi querido Samuel, como tu padre Martín vive con tu padre Antonio, pero sin un Javi como tú ni un Migue como Migue, qué más quisiéramos, y sin que lo supiera nadie. Pero lo supieron y fueron a la casa donde vivíamos Samuel y yo y eran muchos y nos ataron y se pusieron a apalearnos, como si quisieran matarnos, que era lo que querían, y a mi querido Samuel lo mataron, y a mí no me mataron de milagro, pero me metieron medio muerto en una cárcel y querían dejarme allí para el resto de mi vida, pero gente buena de fuera de mi país me ayudó a escapar, aunque yo no quería escapar porque no quería dejar allí el alma de mi querido Samuel, el cuerpo de mi querido Samuel, la voz y el olor de mi querido Samuel, pero al final me convencieron y dejé que me ayudaran a escapar, y me trajeron aquí y aquí me han refugiado, ¿tú sabes lo que es refugiar, Javi?, ¿sabes lo que es refugiarse?, pero allí se quedó mi mochila, me la robaron, con el cuerpo y el alma de Samuel dentro, y con todos los colores del sitio donde yo vivía, con todas las estrellas que había en el cielo de mi país y que me dejaban ver hasta mucho más de un kilómetro de distancia, con todas la frutas y todos los animales de mi aldea, con todas las caracolas del mar que llega hasta mi país, con el sonido y el olor de todas esas caracolas y de otras que ya nunca podré coleccionar, y que con todos los carros y los coches y los autobuses y los trenes en los que yo soñaba montarme para ir de punta a punta de mi país, de punta a punta del mundo, y mis padres, y mis hermanos y mis hermanas, y mis amigos, y mi vida entera, todo eso llevaba yo, Javi, en la mochila que me robaron…”.</p><p>Javi le escuchó sin pestañear. Javi no lo comprendía del todo, pero sabía, porque su padre Martín siempre le decía que hay cosas que siempre se saben aunque al principio no se entiendan, que todo lo que llevaba Yulian en la mochila que le robaron era mucho más importante que todo lo que él llevaba en la mochila que le habían robado unos rateros. Por eso cuando su padre Martín y su padre Antonio volvieron sin la mochila, porque no encontraron al ladrón, Javi les dijo:</p><p>“A Yulian también le robaron la mochila una vez”.</p><p>A Martín y a Antonio no hizo falta explicarles más, seguro que porque habían mirado a Yulian y lo entendieron todo. Eso adivinó Javi porque a su padre Martín le brillaron los ojos y seguro que a su padre Antonio también, pero eso Javi también lo tuvo que adivinar por culpa de las gafas que usa su padre Antonio.</p><p><em>*Eduardo Mendicutti es escritor. Su último libro es Malandar (Tusquets, 2018).</em><strong>Eduardo Mendicutti</strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-malandar/265779" target="_blank">Malandar</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jul 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eduardo Mendicutti]]></author>
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      <title><![CDATA[Sociedad, información y religión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/sociedad-informacion-religion_1_1160619.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/722e2ba3-03e6-41fa-9fa1-9b47a90b87d9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sociedad, información y religión"></p><p><strong>La actualidad innombrableRoberto CalassoTraducción de </strong><em>La actualidad innombrable</em></p><p><strong>Edgardo Dobry</strong></p><p><strong>AnagramaBarcelona2018</strong></p><p>Un individuo que intente vivir su vida en la más absoluta soledad, aislado de los ritmos de los otros, tiene las mismas posibilidades de supervivencia que un animal de campo en el punto de mira de un cazador avezado. Y no hay razón para pensar que el mundo en la burbuja que propone el que decide aislarse sea mejor que el que se ofrece desde la sociedad misma, quizá porque hemos asimilado la acción colectiva como la única posible para avanzar, una acción abierta, libre, democrática, que maneja a la perfección concepto como “solidaridad”, “paz social”, “desarrollo”, una acción poderosa para aquello que llamamos “bienestar”. Y, por encima de todo, una acción que hemos hecho necesaria frente a la que no existe ningún tipo de comportamiento que la cuestione.</p><p>Nos hemos dado el poder de sabernos únicos en nuestras estrategias, indispensables en las decisiones, como si por debajo de nuestros criterios no fuéramos capaces de pensar que existen otros posibles.</p><p>El editor italiano <strong>Roberto Calasso</strong>, autor del libro <em>La actualidad innombrable</em>, publicado en España por Anagrama, propone un  recorrido por las sociedades que han diseñado nuestro tiempo hasta llegar al concepto de <em>sociedad secular</em>, desde donde se puede empezar a explicar cuáles son los comportamientos motores de las individuos del siglo XXI.</p><p>Con una interesante aproximación a la actitud terrorista islámica, que trata de manera exhaustiva, Calasso antepone esa sociedad secular a cualquier forma de organización, que se mira a sí misma para explicar que no existe nada fuera de ella; y la democracia como el fundamento necesario para que ella misma se reivindique. No hay nada que esté fuera de los dominios de la sociedad secular, nada es ajeno a ella. Se convierte, entonces, en una forma de nueva religión que guarda los valores, podríamos llamar <em>de fe</em>, que ella misma se ha dado, y desde donde se proyecta, con la irrupción de la sociología, un culto a la sociedad divinizada.</p><p>Hasta aquí los cimientos que sostienen la estructura. Y después de aquí, entender que una sociedad de esta naturaleza no atiende a razones que no genere ella misma, de igual forma que todo lo que genera en su seno es un producto necesario para su supervivencia.</p><p>La labor de defensa de esta nueva religión justifica algo tan necesario como la creación de grandes muros que protejan y reivindiquen esa forma de vida. Muros que contengan movimientos individuales que puedan dañar sus estructuras, entre ellos algo tan entendible como el libre albedrío. Dice Calasso: “¿Dónde se alojará eso que no renuncia a pensar?  Ya no en la universidad”. Si hacemos un rápido recorrido por la historia de las religiones, veremos cómo la actitud ante los enemigos de la fe recibe respuestas similares, contestaciones parecidas ante el juicio contrario a sus creencias.</p><p>Y un paso más. Las sociedades que nacen con estas características necesitan alimentar sus objetivos para afirmarlas. El alimento puede ser, entre otros, la sociedad informada, la información como moneda de cambio. Calasso emplea el término “dataísmo” (en clara referencia al movimiento dadaísta que rompió con el lenguaje) para afirmar que nuestra sociedad es un territorio amplio donde la información, el <em>Big Data</em>, es el gran Dios del siglo XXI, el ojo que todo lo ve. Y, en consecuencia, los individuos que la forman son objeto exclusivo de indagación para nutrir al monstruo de la información, la gran boca que alimentamos todos los días.</p><p>Pero como a nadie se le escapa la reciente polémica que ha traído la comparecencia de <strong>Zuckerberg </strong>en el Congreso de Estados Unidos y en las instituciones europeas, podemos decir que los mismos  materiales surgidos por la creación de estas plataformas (Facebook o Twiter), y que tanto han sido utilizados por los motores de la sociedad secular, llegan a incomodar a la sociedad secular misma. Los países, en una suerte de guerra fría, caen en la cuenta del peligroso invento, sin pensar que hemos llegado a un punto en el que el<em> Big Data</em>, el nuevo Dios, se ha instalado, o lo han instalado, de tal manera en nuestras creencias que no podemos pensarnos sin su concurso en todos nuestros movimientos. Somos seres <em>datológicos </em>por cuenta de la necesidad de ser también datos necesarios.</p><p>Estamos en manos de la información mucho más que la información lo está en nuestras manos, en tanto que los Estados ya no tienen la necesidad de recogerla desde “lo alto” de las estructuras, sino que son los propios individuos los que los abastecen; y de qué manera. Han saltado las alarmas pero, por la propia naturaleza de la chispa que ha provocado el incendio, se apagarán muy pronto. La Ley de protección de datos no es más que un maquillaje de fiesta.</p><p>Pero en todo este dominio de la información de los Estados se ha cometido un error. Una pequeña grieta en la dura piedra de la sociedad ha hecho que se pueda ver del otro lado. Una de las salidas ante la presión ejercida por el secularismo es la salida hacia la búsqueda de respuestas que estén fuera de la propia sociedad, una suerte de mirada de súplica a los valores de las religiones, de las creencias. Mirada que enfoca la propia ortodoxia islamista o la actitud de abrazar los símbolos de la religión católica, como si la ley pendular que rige la historia estuviera haciendo de las suyas.</p><p>Y en esta ortodoxia, el terrorismo islamista encuentra territorio abierto, con el sacrificio y el Paraíso como recompensa; y en esta actitud de abrazar los símbolos del catolicismo, la intransigencia de la rancia teología se abre camino. O la salida hacia la necesidad de enarbolar banderas y reivindicar himnos que, en último término, no es menos peligrosa que los fundamentalismos religiosos. Y tras este nuevo escenario, ¿en que situación quedan los ciudadanos del <em>Big Data</em>? En meros espectadores indefensos y atemorizados, objetivos fáciles, me temo.</p><p>No es de extrañar entonces que las actitudes terroristas desde la defensa de la ortodoxia, o los juicios sumarísimos en la defensa de los símbolos de fe, así como las banderas y las respuestas patrióticas, vengan del recalentamiento y la combustión de la sociedad secular. La visión que tenemos de nuestro propio entorno tenía que buscar nuevos puntos de mira para intentar salvarse. La fuerza de la sociedad divinizada, la del <em>Big Data</em>, es tanta que ha dejado abrir las válvulas para dejar salir la presión interna, la misma que aísla, por ejemplo, el libre albedrío de la corriente general de los acontecimientos.</p><p>En cualquier caso, a mí se me ocurren otras posibles salidas del caldero en combustión. ¿Y a usted?</p><p><em>*Javier Lorenzo Candel es poeta. Su último libro, </em><strong>Javier Lorenzo Candel </strong><a href="http://siltola.blogspot.com/2018/03/apartate-del-sol-de-javier-lorenzo.html" target="_blank">Apártate del sol</a><em> (La isla de Siltolá, 2018).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jul 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Lorenzo Candel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Sociedad, información y religión]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 117]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[En menos de 500 palabras: 'En ausencia del padre']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/500-palabras-ausencia-padre_1_1160615.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bdc6f0d1-5dbc-4878-ae43-c4aad57a5d00_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En menos de 500 palabras: 'En ausencia del padre'"></p><p><strong>En ausencia del padreStelian ŢurleaTraducción de Dan Munteanu ColánEditorial DalyaSan Fernando2017</strong><em>En ausencia del padre</em></p><p>Nos informa la solapa de esta novela de que su autor, el rumano<strong> Stelian Ţurlea</strong> (1946), goza de amplio reconocimiento en su país y ha desarrollado una importante carrera periodística, gran parte de la cual bajo el régimen comunista que gobernó Rumanía hasta 1989. Ignoramos si esa fecha supuso un antes y un después en su visión de la realidad de su país. Pero lo cierto es que <em>En ausencia del padre</em>, el único libro suyo, que sepamos, traducido al español hasta la fecha, ofrece al lector no sólo un acerado retrato de la vida en la Rumanía de los años 50, incluyendo los aspectos más ingratos de la ocupación soviética y la cotidianidad bajo un régimen totalitario, sino también esa especie de insoslayable petición de credibilidad que supone poner los hechos narrados bajo la mirada de un niño coetáneo del autor.</p><p>Se vale para ello Ţurlea de un curioso estilo que prescinde de la puntuación normativa y utiliza únicamente comas, puntos y separaciones de párrafo para marcar el ritmo de un discurso a medio camino entre la narración tradicional y el “flujo de conciencia” propio de la narrativa experimental. Hay que destacar que este peculiar uso de la lengua en ningún momento supone una dificultad para la comprensión de la historia: por el contrario, presta al discurso, también claramente escorado hacia la lengua coloquial, una cualidad añadida de transcripción veraz de lo que el narrador interpuesto, el niño Andrei, quiere contar; aunque sea evidente también que es el punto de vista de un adulto en trance de rememorar su infancia el que dicta el principio de selección que rige la elección de los distintos episodios que componen la trama.</p><p>En cualquier caso, Ţurlea no permite que ese narrador adulto condicione la mirada del niño o saque conclusiones que excedan el alcance de lo que a éste le es dado observar; lo que explica, por ejemplo, que Andrei parezca no percatarse de las gravísimas consecuencias que podría haber tenido para él y sus amigos la travesura de adentrarse en una calle de acceso restringido donde se encuentran determinadas instalaciones de la potencia ocupante; o que no entienda en qué se fundan las prerrogativas de quienes hacen valer abusivamente su condición de miembros del Partido en las más diversas circunstancias de la vida cotidiana; por no mencionar su absoluta incomprensión de la conexión existente entre el hecho de que su padre se haya negado reiteradamente a afiliarse al Partido y la larga serie de inconveniencias y menoscabos que padece su familia.</p><p>Ţurlea logra trasladar al lector esa atmósfera opresiva; y se las arregla, además, para introducir en ella alguna que otra nota costumbrista no exenta de humor –por ejemplo, la caracterización que hace de los “malagambistas” o jóvenes anticonformistas rumanos, amantes de las modas extranjeras e inevitablemente mal vistos por el régimen–. El resultado es un logrado relato de iniciación y un excelente fresco de la sociedad rumana, para nosotros aún tan desconocida, de aquellos años.</p><p><em>*José Manuel Benítez Ariza es escritor. Sus últimos libros son </em><strong>José Manuel Benítez Ariza</strong><a href="https://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?manufacturers_id=404&products_id=1818" target="_blank">Arabesco</a><em>(poesía, Pre-Textos) y </em>Trilogía de la Transición<em> (novela, Dalya), ambos de 2018.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jul 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Manuel Benítez Ariza]]></author>
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      <media:title><![CDATA[En menos de 500 palabras: 'En ausencia del padre']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 117]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Arriba y abajo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/abajo_1_1160613.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/50ca2e18-b53c-4121-91e0-904425058def_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Arriba y abajo"></p><p>​​​​​​<strong>Las demás muertes​​​​​​Pepo​ Paz SazDemipageMadrid2018</strong><em>Las demás muertes</em></p><p>  </p><p><strong>Pepo Paz Saz</strong> (Madrid, 1962) es conocido y reconocido ante todo por el ser el editor de Bartleby Editores, una de las casas editoriales independientes más prestigiosas del panorama español. Bartleby fundamentalmente publica poesía, y en concreto traducciones, pero también posee una colección de narrativa, y otra de ensayo. Así que podría haberse autoeditado su libro de relatos, este excelente <em>Las demás muertes</em>, pero por una razón o por otra, que entendemos más bien por cuestiones de dignidad y pudor, ha salido en Demipage, otra editorial independiente a la que no le falta buen gusto y elegancia.</p><p><em>Las demás muertes</em> consta de dieciséis relatos que atrapan al lector desde la primera página por distintos motivos. No es habitual que un autor se estrene con 54 años como escritor, pero lo cierto es que Pepo Paz Saz lo ha hecho con solvencia, entregándonos una buena compilación cohesionada —el hilo de la muerte— y a la misma vez con lecturas independientes, pues cada relato se lee de manera autónoma.</p><p>La solvencia de Pepo Paz Saz se demuestra a la luz del conjunto, como decimos, por un estilo unificado en torno a una fuerte crítica social de fondo, y por el dominio de las diferentes formas de hacer un cuento. Podríamos citar algunos referentes, españoles, hispanoamericanos, y de otras latitudes: <strong>Aldecoa, Matute, Sánchez Ferlosio</strong>, en algunos; <strong>Chéjov, Carver, Cortázar, Conti</strong>, por otro. El sentido borgiano de algunos cuentos también puede apreciarse.</p><p>Sin querer reventar —<em>spoiler</em>, como se dice ahora— los relatos, en su final se encuentra siempre el broche, sobre todo en microrrelatos como «Dos pequeñas maletas» (p. 9), que reproducimos aquí abajo. El sustrato ideológico de este libro rebosa denuncia social, de protesta, en este caso la cosificación a la que se reducen nuestros ancianos que se destinan, como muebles fuera de uso o pasados de moda, a las residencias. Los relatos se presentan a partir de la mirada del narrador en muchos casos, y los personajes elegidos —por lo general— pertenecen a la esfera de la marginalidad, como en «La huida imposible», que comparten protagonismo un inmigrante subsahariano —en el relato se le conocerá como Joé— y un poeta —llamado Rico— de esos que reparten poesías en el metro de Madrid, los cuales acaban haciéndose amigos y desapareciendo del mapa. Nos recuerdan, salvando las distancias, al sórdido mundo de <em>Cowboy de medianoche</em> (1969), el clásico de <strong>John Schlesinger</strong>. Para ambos, el norte y el sur son algo contrario, pero a la vez se podría decir complementario: «Joé y Rico encontraron, en esa conjunción dispar de sus exilios mutuos, un punto de reunión. Rico, exiliado interior de su mundo, despreocupado de las pequeñas mezquindades cotidianas. Joé, escapado al exilio exterior, perdido. Dos sobrevivientes.» (p. 125). Madrid es el epicentro de la mayoría de los relatos, y podría funcionar como actante o protagonista secundario, resultando en muchos casos como una suerte de ley del embudo donde todo converge. El mundo rural, también activo, ejerce así una dialéctica campo/ciudad muy apreciable también. Miserable y maravillosa a un tiempo, la capital del Estado se convierte no sólo en la ciudad que resume las contradicciones del capitalismo avanzado, sino que simboliza ese «centro» de España donde se sitúa geográficamente. A propósito de ese centro relativo, en «La huida imposible» «El Norte comenzaba en Algeciras» (p. 120), según Joé el subsahariano, mientras que Rico, su amigo en principio ocasional y fortuito, pero que se convierte en inseparable, e incluso complementario, poseerá «ese sueño abandonado e imposible del Sur» (p. 124). Norte y Sur —recordemos aquella inolvidable viñeta de <strong>Quino</strong>— son relativos dependiendo desde dónde se miren, como cuando Libertad está poniendo el mapamundi al revés, y al preguntarle Mafalda, le responde que «¿Al revés respecto de qué? La tierra está en espacio, y el espacio no tiene ni <em>arriba</em> ni <em>abajo</em>». Y continúa: «Eso de que el hemisferio Norte es el de <em>arriba</em> es un truco psicológico inventado por los que <em>creen</em> que están <em>arriba</em>, para que los que <em>creemos</em> estar <em>abajo</em> sigamos <em>creyendo</em> que estamos <em>abajo</em>. Y lo malo es que si seguimos creyendo que estamos <em>abajo</em> vamos a seguir <em>estando abajo</em> […]».</p><p>En realidad la dialéctica arriba/abajo o norte/sur es extensible a muerte/vida, ya que aunque el título del volumen sea <em>Las demás muertes</em>, de lo que más se habla paradójicamente es de todo lo contrario, de la vida. Esta apuesta vitalista, que engarza la inquietud —se podría asimismo decir preocupación— reflejada en los relatos que tienen que ver con la familia, desde «¿De qué color son las  montañas?», hasta el último «Ciruelas en julio», indica esa línea. Así que esa «lucha por la vida», en términos barojianos se halla muy presente. Por eso la galería de desahuciados, desarrapados y parias comienza con ese anciano que hace las maletas dirigiéndose a la Residencia; sigue con turistas que viven y recrean sus últimos momentos antes de un fatídico accidente, en «Travesía de la primavera»; nos presenta a un vagabundo que vive en un túnel apaleado por la policía en «El final del túnel»; lamenta los accidentes laborales de los albañiles y la emigración de la mano de obra en «Lágrimas de cemento»; y así podríamos seguir, aunque como hemos advertido, no queremos reventar los relatos. En esta reseña apresurada, podríamos citar «Transeúnte» o «Historia de un contestador» como dos de las mejores piezas de este libro, en el que no faltan detalles autobiográficos, con su carga de emoción como en «Caballo de acero», ahora que está tan de moda la autobiografía, los guiños hacia otras tradiciones, o los temas clásicos, como el del doble en «Mira la luz sobre el ángel».</p><p><em>Las demás muertes</em> es un excelente libro que posee ritmo, delicadeza, materia narrativa y buena ejecución, ofreciendo todo aquello que se necesita para que podamos saludar a Pepo Paz Saz como un magnífico narrador, o cuentista, que a buen seguro esconde otros escritos que, sus ya lectores, esperamos desde conocer y leer. A ver si se anima a seguir. Enhorabuena.</p><p>  </p><p><em>* Juan Carlos Abril es poeta y profesor de Literatura. Su último libro es </em><strong>Juan Carlos Abril </strong><a href="https://www.bartlebyeditores.es/ficha_obra.php?genero=narrativa&id_genero=2&id_obra=203" target="_blank">Lecturas de oro. Un panorama de la poesía española</a><em> (Bartleby, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jul 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Abril]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Arriba y abajo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 117]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Nihil difficile amanti]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/nihil-difficile-amanti_1_1160612.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ce0938bc-78f1-4408-a851-e262b4282afd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nihil difficile amanti"></p><p><strong>La isla del fin del mundoSelena MillaresBaratariaBarcelona2018</strong><em>La isla del fin del mundo</em></p><p>  </p><p>Tras <a href="http://www.barataria-ediciones.com/barbaros/elfaroylanoche.html" target="_blank"><em>El faro y la noche</em></a><em> </em>(2015), esta es la segunda novela de <strong>Selena Millares</strong>,  también poeta, profesora en la Universidad Autónoma de Madrid y prestigiosa investigadora de la literatura hispanoamericana. Evito a propósito, esta vez, el recurso al <em>millarismo</em>, como ella misma lo llama con su habitual buen humor.</p><p>La novela se compone de siete capítulos, en los cuales un joven de 19 años, un irlandés errante llamado Aidan (o sea, <em>ardiente</em>) Fitzwater, cuenta en primera persona, aunque en alguna ocasión se valga también de la segunda, el viaje que emprende en el puerto de Waterford y que lo llevará hasta las islas Afortunadas, a Tenerife. Nos encontramos en 1783, en plena Ilustración, cuando se está gestando la Revolución Francesa. En las tres citas iniciales, de <strong>Blas de Otero</strong>,<strong> James Stephens</strong> y <strong>Unamuno</strong>, se defiende la espiritualidad, la imaginación y los ideales. La historia está contada desde un presente incierto, rememorando aquellos hechos que en la existencia del protagonista fueron importantes para poder entender cuál había sido su historia, quién era él realmente. Sus recuerdos se dirigen a una amada ausente, que actuaría como interlocutora indirecta. El caso es que Aidan, fascinado por el mar y la navegación, zarpa en el Hibernia en busca de la mítica isla de San Brandán, o San Borondón, de la que tiene noticia por un libro de <strong>Voltaire </strong>y por diversos mapas antiguos. El referido Brandán fue un monje irlandés del siglo VI, quien tras navegar siete años en busca del paraíso, y dar con él, no tardó en perderlo. En nuestras literaturas, se ocuparon también de esta mítica isla nada menos que <strong>Feijoo</strong>, <strong>Álvaro Cunqueiro</strong> y <strong>Juan Perucho</strong>, entre otros.</p><p>Antes de llegar a su destino, con el fin de reunirse con su tío Andrew, que tiene una casa de comercio en Tenerife, el barco se detiene primero en Burdeos, ciudad hedonista donde conocerá a Marella O'Neill. Recorre luego Castilla, camino de Madrid, sirviéndole de contraste con la ciudad francesa: abierta esta a las nuevas ideas, mísera y atrasada nuestra región interior. Madrid también se nos presenta llena de contrastes, pues la suciedad y la presencia asfixiante del Santo Oficio, con quien acabará topándose el personaje, queda paliada por el encuentro con dos grandes personajes: <strong>Cagliostro </strong>y <strong>Casanova</strong>, en una escena memorable, enmascarados ambos como Pellegrini y Pratolini, respectivamente, con el donjuan ya maduro enamorado de una joven beatona, u hombres de las luces, como <strong>Viera </strong>y <strong>Clavijo</strong>, a los que añadiría esa joven que se le entrega en la calle, un sucedáneo erótico de su amada. Por fin, Aidan llega a Cádiz, donde vuelve a respirar libertad, penúltima etapa de su viaje a Tenerife, en que será acogido por Patrick White, amigo de su padre. En todos estos lugares, y en aquellos otros que visita en las islas, vive experiencias dignas de ser rememoradas, lo que da pie a diversas historias intercaladas, como –por ejemplo— las referidas al Santo Oficio, que relata el tío Andrew, o la que cuenta el mismísimo Casanova.</p><p>La narración permite varias lecturas, todas ellas complementarias.  Se trata, como he apuntado, de un relato de viajes en el que también se utilizan los mimbres de la novela de formación. Si barajamos ambos géneros, la indagación exterior va estrechamente unida a la interior, pues al fin y a la postre Aidán se busca a sí mismo. Pero como en todo viaje, no escasean aquí las aventuras, las pruebas y contratiempos, los encuentros memorables. Sin que por ello escasee el pensamiento, bien integrado en la trama novelesca. Estamos, en suma, ante una <em>qu</em><em>ê</em><em>te</em> o búsqueda, pues el protagonista –“un soñador de causas imposibles”- asume que su destino consiste en partir, en emigrar lejos, alentado por los vientos que llegan de Francia, susurrando igualdad y fraternidad. Y entre tantos ingredientes bien barajados, tampoco falta un dilema: el que se le presenta a Aidan en Burdeos: quedarse allí, junto a su nuevo amor, o bien continuar el camino previsto; ni una admonición o profecía, con pizcas de maldición, que le formula el capitán del Hibernia, sobre las mujeres y el mar, cuya historia sentimental conoceremos después, y luego el propio Casanova, quien le espeta: “cuídate del mar, muchacho, será la fuente de toda tu desventura”.</p><p>Y aunque tenga un evidente fondo histórico, como ya hemos recordado, y alguno de los personajes procedan de la realidad (José de Viera y Clavijo, <strong>Juan Antonio de Urtusáustegui</strong>, <em>Urtu</em>, o José Clavijo y Fajardo), no se trata de una novela histórica al uso del día, que en la mayoría de los casos carecen de ambición literaria, pues su única aspiración consiste en entretener y vender, sino de una narración ambiciosa, de sesgo muy distinto. Así, por ejemplo, se alude en diversas ocasiones a la historia irlandesa, a sus emigrantes; al mundo de los marinos y su apretada convivencia; a la bulliciosa Burdeos, destacando las escenas en la posada y taberna Port Infini, regentada por los O'Neill, y las consideraciones sobre el tráfico de libros prohibidos, con presencia también en otros momentos de la novela, y la consiguiente corrupción que genera; y también vivimos una de esas mágicas noches de San Juan. Por último, la novela podría leerse, en otra de las capas posibles de esta tupida cebolla, como un homenaje a la Ilustración en Canarias, a las mitologías y leyendas de las islas, a su flora y su paisaje, al léxico isleño. El episodio de la subida al Teide, o las reflexiones en el desenlace sobre ese “entorno prodigioso” sirven de buenos ejemplos. Pues, se trata, en suma, de encontrar el paraíso en la tierra, aquí escenificado por la mítica isla de San Brandán, pero no menos por Marella y quizá también por Magdalena.</p><p>En la narración se plantea la lucha constante entre razón y tolerancia, por un lado, e intransigencia y fanatismo, por otro; o entre la aspiración a la utopía y el anquilosamiento en el pasado. Sea como fuere, los nuevos valores aparecen representados en estas páginas por los ilustrados y los masones, a los que persigue el Santo Oficio. Pero se trata también de una novela de personajes, empezando por el narrador protagonista, a quien el ilustrado <em>Urtu</em> define como un tipo quijotesco que todo lo observa a través de los libros. En su relato, Aidan va cediéndole la voz a otros personajes, quienes a su vez van dejándonos un ramillete de historias que alimentan la curiosidad y los sueños del joven. Valgan aquí otros pocos ejemplos, que sumamos a los aducidos unas líneas atrás: la historia del Hibernia, que antes había llevado el nombre de Carlota, y que no es otra que el amor perdido del capitan McGregor, y la defensa de La Habana de los ingleses; o la historia de Pedro, el cocinero del Hibernia. Los personajes femeninos encarnan distintos tipos posibles de amor: bien sea el caso de la joven prostituta con la que Aidan yace en Madrid; bien el de Marella, la amada pelirroja, una joven irlandesa emigrada a Burdeos; o ese nuevo amor que se insinúa en el desenlace. El caso es que tras conocer a Marella, en el segundo capítulo, su “plan de vida” cambia, y estriba en: “establecerme, hacer venir a Marella y llegar al fondo de mis pesquisas”. Recuérdese, además, que el lema de la familia Fitzwater es: <em>Nada es difícil para el que ama </em>(<em>Nihil difficile amanti</em>).<em> La isla del fin del mundo </em>es también una novela de pérdidas y ganancias, pues, al cabo, el protagonista no podrá seguir cultivando su pasión por la música, en compañía de su violín.</p><p>No quiero dejar de alabar otros aspectos del relato: el que nos evite las fuentes en las que se basa, tal y como hoy se estila, que en una novela poco le importan al lector, aunque sí puedan interesar al estudioso; y el hecho de que no se muestre demasiado consciente de los mecanismos que baraja, a pesar de ser experta en la materia, otra de las cargantes modas del día.</p><p>En el desenlace, la novela adopta un tono lírico, a la vez que constatamos que el título se refiere a la isla del Hierro, “isla metálica y extraña”, donde el protagonista acabará afincándose, convertida en su particular paraíso. Así, podría decirse que, tal y como le ocurrió a San Brandán, también Aidán perdió el paraíso tras encontrarlo, si bien el final de la novela, abierto a diversas posibilidades, tras adoptar ante Magdalena el nombre de Brandán, nos permita pensar que después de superar varias penalidades quizá volviera a encontrarlo, ya para siempre.</p><p>  </p><p><em>*Fernando Valls es crítico literario y profesor de Literatura.</em><strong>Fernando Valls</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jul 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <title><![CDATA[Vida, cultura y Constitución]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/vida-cultura-constitucion_1_1160611.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/97a55e0e-b318-4f73-aa01-4c2e43336e52_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vida, cultura y Constitución"></p><p><em>Publicamos la intervención de Manuel Borrás, editor del sello Pre-Textos, en el ciclo La Constitución que queremos, organizado por CC.OO. de León y la Fundación Jesús Pereda, el pasado mes de mayo.__________________</em></p><p>Aunque no soy un entendido en leyes y menos aún experto constitucionalista, yo centraría mi reflexión en torno al artículo 44.1 de la vigente Constitución española, que reza como sigue: "Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho". Es nuestra responsabilidad como ciudadanos cuidar por que ese compromiso expreso que compromete a los poderes públicos sea una realidad y no un mero adorno de cara a la galería, es decir, a esos ciudadanos que los poderes públicos dicen representar.</p><p>El acceso a la cultura pasa irremediablemente por la educación. No hay pueblo educado que sea inculto, ni pueblo inculto que no sea maleducado. Yo, como individuo comprometido con el mundo del libro, puedo sostener que no hay acceso a la educación sin acceso a la lectura. Este debería ser un derecho contemplado en todas las constituciones.</p><p>Y si el acceso a la cultura pasa necesariamente por la educación, deberíamos empezar a saber exigir, como ciudadanos consecuentes, que la formación de los maestros sea de lo más exigente y del más alto nivel posible. Hay maestros en verdad admirables en nuestras escuelas, pero es de todo punto imprescindible que absolutamente todos estudien la mejor pedagogía posible para que nuestros hijos sean educados con el nivel y rigor que requieren los tiempos en que vivimos. No hay que olvidar que desde la Antigüedad al maestro no sólo se lo consideraba mentor, sino también seductor. Es decir, era aquel a quien competía crear estados de perplejidad en sus discípulos a fin de poder transmitirles con mayor eficacia el conocimiento.</p><p>A la luz de una globalización en perpetuo desarrollo, la idea de contribuir a un mejor entendimiento a través de los libros cobra en nuestra sociedad cada vez mayor peso. Y más cuando el individuo tras haber, primero, tratado de destruir la máquina, después, haber intentado competir con ella para finalmente haber sido fagocitado por ella al querer imitarla, es decir, después de haber fracasado en esos tres intentos, se hace más urgente reconsiderar cuál es el lugar que le corresponde ocupar a la cultura, en concreto, a la transmisión de la cultura escrita, que es lo que me compete, en esta sucesión de fallidas estrategias de supervivencia que el individuo ha pergeñado para sobrevivir frente a la máquina. Y que conste que no digo contra la máquina, puesto que no es propio de personas razonables oponerse a la ciencia y la técnica.</p><p>De todos debería ser sabido a estas alturas de la historia que a cualquier ascenso del totalitarismo le precede un descrédito de las humanidades. En ello estamos. Creo que convendría ir pensando en la parte de responsabilidad que nos compete a cada uno de nosotros como ciudadanos en ese imparable ascenso, si no reaccionamos a tiempo.</p><p>A lo largo de la historia, los libros han sido vistos como algo peligroso por los regímenes totalitarios, debido sobre todo a que pueden inspirar a la gente a pensar de manera diferente. Deberíamos comprometernos todos de verdad, y la Constitución de algún modo habría de reflejarlo, con la idea de que hay que asegurar a cada niño su derecho a la lectura. Porque ser capaz de leer y escribir es poseer una especie de poder. La alfabetización, la educación, la cultura, en suma, es la mejor defensa que podemos oponer a la demagogia y los extremismos.</p><p>Es decir, hay que tratar de asegurar que todos los niños tengan derecho a la buena literatura, lo que incluye evidentemente a los niños de las familias más desfavorecidas, a los niños inmigrantes, a los refugiados, a los niños discapacitados y enfermos. Hay que poner freno al hecho de que aún haya niños que jamás puedan leer. Y no nos olvidemos, insisto, de esos niños refugiados que algún día serán nuestros médicos, maestros, enfermeros, jueces, comerciantes, escritores, editores y también nuestros amigos. Y ese derecho a que los niños tengan acceso a la mejor literatura y a la lectura pasa por dos elementos: por el derecho a la educación pública, gratuita y de calidad, y por el derecho de acceso a la cultura, esto es, a las bibliotecas, a los museos, a las filmotecas, a los auditorios y a los conservatorios de música.</p><p>Los poderes públicos no sólo deberían conservar, que también, sino promover y fomentar que esos centros sean los mejores posibles. La pedagogía, en consecuencia, que han de ejercitar los poderes públicos ha de ser la de llevar a niños y niñas a esos lugares, no para que estén de paso, sino para que se queden. Recordemos lo que dicen tanto el artículo 10 como el  27 de nuestra Constitución acerca del pleno desarrollo de la personalidad humana, para alcanzar el cual son fundamentales e insustituibles, insisto, tanto la educación como la cultura. Y que además en la experiencia de todos son las más valiosas herencias que hemos recibido de nuestros mayores.</p><p>Frente a la exaltación acrítica y multitudinaria del deporte y de los valores aparentemente a él asociados, echamos en falta un similar apoyo hacia la cultura por parte de las administraciones públicas, medios de comunicación y ciudadanos, en general. No sería descabellado pedir que por cada polideportivo que se construya, se haga lo propio con una biblioteca, que no sea meramente una sala de estudios, sino un lugar vivo donde haya libros, discos y películas.</p><p>En atención al totalitario predominio de la tecnología de los tiempos que vivimos, a la falta de control democrático del mismo y a la nula pedagogía acerca de su acceso y uso, cada vez serán más necesarias la educación y la cultura para que tanto niños como adultos seamos los que verdaderamente hagamos uso de la tecnología, y no al revés. Convendría, pues, una seria reflexión de los poderes públicos y sobre todo de la ciudadanía acerca de la extrema facilidad con que el mundo digital ha irrumpido en nuestras escuelas, desplazando a lo analógico, es decir, a los libros como si fueran objetos obsoletos. Deberíamos leer, a fin de ilustrar lo que acabo de decir, y que conste que no lo hago por hacerme publicidad, el ensayo de <strong>Günther Anders</strong>, <em>La obsolescencia del hombre. </em></p><p>Que en la Constitución de un país quedasen garantizados el derecho a la cultura y, más aún, el derecho a la lectura, supondría dotar de sólidas raíces a otros derechos que son esenciales para la vida humana y especialmente para una vida en una sociedad plural, libre y democrática; estoy refiriéndome en concreto al derecho a la esperanza, al derecho a la imaginación, a la ilusión, a no conformarnos con que el estado de la cosas ha de ser como ahora es. Sólo los libros nos confieren el poder subversivo de crear otros mundos, de imaginar otras vidas. Fantaseemos por un momento con lo que supondría el potencial creativo de un país de lectores.</p><p>Reflexionemos en este momento cómo entendió la República que la educación y la cultura eran los elementos de transformación y nivelación de la sociedad. Pensad en la maravillosa iniciativa de las Misiones Pedagógicas, y cuál fue su efecto transformador sobre una población que vivía en algo peor que la miseria, que es la ignorancia y la falta de educación y, por tanto, de posibilidades de salir de la postración. También se debería reflexionar acerca de lo que hizo después la dictadura franquista al respecto. Y parecería que en el desprecio e incluso en la inquina hacia la cultura que todavía se manifiesta en amplias capas de nuestra sociedad perviviese una de las señas de identidad del franquismo.</p><p>Deberíamos acercar a nuestros hijos allí donde se encuentre la mejor literatura, promover una cultura de la lectura y dar a cada niño la oportunidad de convertirse en un lector gustoso de por vida porque hará de él un mejor ciudadano: un niño debe de aprender a disfrutar de la lectura. Y no olvidemos que un niño bien leído, es decir, bien educado, culto y feliz, contribuirá en el futuro sin duda al entendimiento internacional para la paz mundial.</p><p>Exigir el derecho a la lectura es una reivindicación, sin duda, política, porque la literatura de verdad está siempre de parte de la vida, y el descrédito de la política ha favorecido que los estados hayan caído en manos de ese club de codiciosos que ha dado en llamarse la "élite". Hay cosas legales más peligrosas que el dinero negro de la corrupción. Sumemos a ello el que en la actualidad exista una tendencia a que los gobiernos se comporten más como consejos de empresa que como gobiernos propiamente dichos. Han tendido a delegar sus obligaciones respecto a la educación y la cultura y, en consecuencia su función como árbitro en el ámbito cultural de un país, en las grandes empresas y sus cuentas de resultados. Algo inadmisible.</p><p>Además, deberíamos percatarnos de una vez por todas de que es precisamente la política la que debe adaptarse a la pedagogía, y no al revés. La discriminación entre lo que han de leer y no han de leer los niños debería ser, por lo menos en principio, bastante clara y no responder con carácter exclusivo a intereses ideológicos o pretendidamente morales. La pedagogía, dijo <strong>Ortega y Gasset</strong>, a veces actúa contra la niñez, al reducir cuanto puede su puerilidad, introduciendo en el niño la mayor cantidad posible de hombre. Y eso es un disparate. La madurez y la cultura no son creaciones del adulto ni del sabio, sino del niño y del salvaje. La madurez no es una supresión, sino una integración de la infancia.</p><p>El niño es sagrado, no sólo por el niño que es, sino por el hombre que será; de ahí que Platón aconseje que no matemos nunca al niño que llevamos dentro. Recordad que el hombre mejor jamás es el que fue menos niño, sino al revés. Y para terminar, intentad aprender lo más posible y enseñar lo menos posible.</p><p>Muchas gracias.</p><p><em>*Manuel Borrás es director de la editorial Pre-Textos. </em><strong>Manuel Borrás</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jul 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Manuel Borrás]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Vida, cultura y Constitución]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Cultura,Los diablos azules número 117]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Manchas de tinta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/manchas-tinta_1_1160608.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/517f3895-bec2-4cf5-878d-e4bfb37eea2a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Manchas de tinta"></p><p><a href="https://www.megustaleer.com/libros/un-golpe-de-vida/MES-085770" target="_blank">Un golpe de vida</a> (Alfaguara, 2017) es una novela sincera, no es un libro de memorias, no es una crónica periodística. Quizá entre dentro de ese género tan traído y llevado de la autoficción, porque es cierto que el relato se cuenta en primera persona por<strong> Juan Cruz</strong> y habla de lo que realmente le pasa a Juan Cruz, pero, al fin y al cabo, en la selección de materiales vividos que se van a contar y en la organización del recuerdo desde la mirada presente, no hay una intención de recuento memorialístico de una vida a la que se quiere dar un sentido global explicativo. Aquí hay otra cosa: cabe el dolor de la pérdida de la hermana, junto con la evocación de la infancia en Canarias, la madre protectora, la hija en peligro, la diatriba, la autodefensa, la crítica, el desencanto con la revolución fallida, el enfado con<strong> Pablo Iglesias</strong> y la simpatía por <strong>Juan Carlos Monedero</strong>, pocas palabras para el PP, como si no existiera su gobierno, y <em>El País</em>, siempre <em>El País</em>, como entidad indisoluble del narrador Juan Cruz, el espacio material en el que se hizo como es ahora: un periodista, para quien el mundo siempre está siendo escrito y cuya vida es vivir para escribirlo o “vivir para contarla”, como diría su admirado<strong> García Márquez</strong>.</p><p>La historia empieza en Civitella Ranieri en la Umbría italiana, en agosto de 2015, en una residencia para escritores a donde Juan Cruz ha ido, invitado por el poeta norteamericano <strong>Mark Strand</strong> a escribir no sabe muy bien de qué. Tiene 66 años y acaba de jubilarse como periodista de <em>El País</em>. Enciende el ordenador y se pone a escribir para saber que escribe y para entender por qué no puede hacer otra cosa que escribir, que escribirse, como si anduviera buscándose a sí mismo palabra a palabra, frase a frase, sin acabar de saber nunca dónde ha de poner el punto final. Aquí la fabulación es determinante, no por la invención de hechos que solo existirán en la imaginación, sino porque arma con trozos de vida esa imagen que le sirve como un espejo, donde acaba por descubrir(se) que nunca trabajó como periodista, que aún es, y no puede dejar de ser,  periodista.</p><p>Lo que comienza siendo la novela de un jubilado, se torna jubilosa afirmación de que al periodista no hay quien lo jubile, en el descubrimiento de que hasta su vida privada está marcada por el oficio que nunca morirá, que no hay tiempo en el mundo para contar lo que tiene que ser contado y que allí está, en Civitella de Renieri, escribiendo que escribe: desencantado de los sueños revolucionarios, de Cuba, de Nicaragua, de Venezuela, enfadado con todos aquellos que dicen que el periódico al que dedicó su vida, <em>El País</em>, incluso durante los años en que se ocupó de labores de dirección en una editorial literaria (aquello solo fue un paréntesis), que <em>El País</em> ya no es lo que era y él no se amilana y saca datos: sigue siendo el gran periódico que decíamos que era, vindica. Quien narra la novela y el periódico madrileño son uno, no pueden vivir el uno sin el otro, al menos no en <em>Un golpe de vida.</em> Es el desencanto sí, pero no el de <strong>Jaime Chávarri</strong>, es la rabia que da que ahora te digan que tú ya no eres el que solías, que te has pasado al enemigo, la empresa para la que trabajas y tú, ambos. Y entonces es como si alguien tirara una piedra contra el espejo y el personaje yo no puede verse más que en fragmentos en los que no se reconoce. Y escribe, como una apología, como una reafirmación, como un sagrado deber para juntar los trozos y armar de nuevo la imagen que te han roto.</p><p>Sale el niño en la Canarias de los años cincuenta, el descubrimiento de los grandes periodistas que frecuentaban la mítica revista <em>Destino </em>y la figura del dios García Márquez y el asma, que, mira tú por donde, le permitió al personaje Juan Cruz establecer el lazo solidario imprescindible para aquella entrevista imposible con el pintor <strong>Francis Bacon</strong>. Y el recuerdo emocionado a <strong>Rafael Chirbes</strong>, a <strong>Manuel Vázquez Montalbán</strong>, a <strong>Feliciano Fidalgo</strong>…</p><p>El pulso narrativo, entre la evocación lírica, a veces nostálgica, en ocasiones dolorida, amarga y casi trágica, refleja el curso de la memoria que no recuerda, sino que revive y se enrosca en el papel impreso del periódico, en la propia vida que no existe para el personaje sin que la tinta la manche, en los viajes, en las personas que se cruzan, las que busca y las que lo buscan a él, en la perpetua obligación de contar, porque alguien tiene que decirlo. Discutible, discutidora, emocionada, apasionada, muy bien informada, esta novela no puede dejar indiferente al lector. No, no fue “un golpe de suerte”, la imagen que vuelve a ver de sí mismo en el espejo reconstruido párrafo a párrafo, capítulo a capítulo, no tiene nada que ver con la suerte, sino con la entrega de toda una vida al periodismo y a la literatura (inseparables, como el personaje y su periódico), <em>Un golpe de vida</em>, que aún resuena. No, no le puso el punto final.</p><p><em>*Carlos Serrato es escritor y profesor de Literatura.</em><strong>Carlos Serrato</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jul 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carlos Serrato]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Manchas de tinta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Periodismo,Periodistas,Los diablos azules número 117]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Juan Cruz: "El periodismo no va a morir jamás"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/juan-cruz-periodismo-no-morir_1_1160606.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f211a9af-8265-48d3-bbb3-ba68c1a1ca5c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Juan Cruz: "El periodismo no va a morir jamás""></p><p>Hoy hace un año que me encontré con<strong> Juan Cruz</strong>, un imprescindible del periodismo español, también escritor de ficción, no siempre justamente valorado por sus méritos literarios, quizá porque él mismo se encarga de dejar bien claro a cada poco, “amigo, yo soy periodista”. El año pasado publicó su último libro hasta la fecha,<em> Un golpe de vida </em><a href="https://www.megustaleer.com/libros/un-golpe-de-vida/MES-085770" target="_blank">Un golpe de vida</a>(Alfaguara, 2017), que considero una novela más que un libro de memorias o un texto estrictamente periodístico, por el aliento melancólico y, al tiempo, vitalista, desde el que imagina lo que cuenta y que anima entre poesía y drama esa prosa suya del recuerdo, que no busca la amplitud del repaso a hechos que sucedieron en el pasado o que suceden en el presente, sino que “aumenta” (Cruz es un “aumentador”, como dice en algún pasaje de la novela a propósito de <strong>García Márquez</strong>) lo intensamente íntimo, sus obsesiones, sus dolores, sus enfados, sus felicidades. Fragmento a fragmento de vida, se hilvana un relato no de quien fue el hombre Juan Cruz, ni de quien es, sino de esa parte que no puede arrancar de su experiencia, porque la trasciende y le hace escribir para saber quién es, en realidad, ese otro hombre que se hace llamar Juan Cruz. Al final de la novela, no conocemos al hombre, porque en la literatura el autor real importa poco, y si aquí la voz que cuenta habla desde el mismo nombre que firma en la portada, no es sino la ficción construida por la imaginación de un niño canario, que sufre asma y sueña, leyendo a <strong>Delibes</strong>, a <strong>Sánchez Ferlosio</strong>, al joven <strong>Umbral</strong>… El niño sueña, hacia los años cincuenta del pasado siglo y lo que sueña es que un día va a escribir un libro, que titulará <em>Un golpe de vida</em>, y donde estará trazada la aventura de ese que firma Juan Cruz cuando publica en <em>El País </em>o en el <em>As</em>, y que no hará mucho que habrá entrevistado en el mar de Mármara a un escritor futuro que dirán que se llama, extrañamente, <strong>Orhan Pamuk</strong> y que habrá ganado un Nobel. El niño sueña que ese otro Juan Cruz que habla con él le dice que lo piense en Civitella Ranieri, contando que el poeta <strong>Mark Strand</strong> lo llamó allí para que le escribiera lo que es solo para él, pero que (cosas de la literatura que sale del yo y se va a abrazar a los otros) ahora también podemos leer nosotros, lectores desconocidos, casi tan imaginarios como el mundo que espera encontrar ese niño cuando se haga mayor.</p><p>Entrevistar a un periodista de la talla de Juan Cruz es casi imposible, es él el que me entrevista a mí, quien da la entrada, quien me empuja a conversar, quien se escapa cuando quiero debatir sobre periodismo narrativo y ficción testimonial… Y yo no discuto, porque al final, Juan Cruz habla de lo que le da la vida, del periodismo, a eso ha venido, de eso es de lo que se nutre <em>Un golpe de vida</em> y yo, claro, me dejo llevar…</p><p><strong>Respuesta</strong>. ¿Sabes por qué se desarrollaron las cuerdas vocales?</p><p><strong>Pregunta. No sé, no tengo ni idea.</strong></p><p><strong>R</strong>. Pues como consecuencia de que la gente discutía: no, esta piedra aquí no, tal, no sé qué…  y gracias a eso la gente empezó a hablar. Si no, la humanidad estaría muda.</p><p><strong>P. Vaya, porque, si no, nos comían los leones.</strong></p><p><strong>R</strong>. Claro, pero al principio no nos comunicábamos, discutíamos.</p><p><strong>P. Entremos en tu novela, sin discutir, que somos civilizados, no añadamos más leña al fuego, porque esta me ha parecido una novela muy, muy dolorosa.</strong></p><p><strong>R</strong>. Sí, eso sí, muy dolorosa.</p><p><strong>P. El periodismo, como la literatura, si uno se los toma en serio, son ejercicios de riesgo en sí mismos, ¿no?</strong></p><p><strong>R</strong>. Es verdad. Hay dos cosas de riesgo: levantarse por la mañana —decía <strong>Kafka</strong> que el momento más arriesgado del día es el momento en que te levantas— y el otro riesgo es contar lo que ves. Sí, es un riesgo, un riesgo “natural”, porque cuando uno toma una determinación y la pone por escrito, adquiere un compromiso impresionante.</p><p><strong>P. Cada día más, sin duda. Te comento algunas impresiones que me ha dejado la lectura de Un golpe de vida. Cuando uno empieza a leer tu libro, piensa, “me van a dar la novela de un jubilado”: “Yo ya estuve aquí, voy a contar lo que pasó…”. Pero enseguida uno se da cuenta de que realmente no es eso, de que es una novela muy viva, en la que su protagonista, que casualmente lleva tu mismo nombre, escribe sobre el acto en sí de intentar escribir el presente, mientras le asalta constantemente un pasado, sin el que es imposible entender por qué, a estas alturas de la vida, sigue empeñado en escribir este presente que se escapa.</strong></p><p><strong>R</strong>. Cuando empecé el libro trataba de contar —vagamente, era lo que yo quería— cómo el periodismo me había hecho ser humano, ser “humano”. El periodismo no es un género al que se le haya hecho justicia, probablemente, porque nosotros lo hemos desposeído de ese carácter humano que tiene: el periodismo es para contarle a la gente que encontraste a alguien y está en dificultades; el periodismo no es para atacar a la gente ni para hallarlos en falta, el periodismo es para encontrarla. La gran entrevista de <strong>Rudyard Kipling</strong> a <strong>Mark Twain</strong> se produce porque Kipling quería encontrar a Mark Twain y contar cómo era. El famoso encuentro de <strong>Livingstone</strong>  es porque está perdido y lo están buscando. El gran reportaje de <strong>García Márquez</strong> lo hace porque está buscando quién es el náufrago, contando su historia para entenderlo. La mayor parte de las grandes historias lo son de un encuentro con alguien, <em>El viejo y el mar </em>es un encuentro, el del viejo pescador con un escualo impresionante… Entonces… Yo quería contar en <em>Un golpe de vida</em> cómo el periodismo me hizo a mí, porque yo no sabía leer cuando ya quería ser periodista, gracias a un periódico que llegó a mi casa. En el momento en que se cuenta la novela, 2015, muchos años después de aquel primer encuentro con un periódico, recibí una invitación para una estancia de escritor en un pueblo, fantástico, de Italia y, allí, me dije: “¿y yo de qué escribo?”. Y quise escribir de eso. En cierto modo, era placentero. Hay un momento en la vida, no sé si a ti te ha pasado, que da la impresión de que no puede pasar nada malo, está en orden todo, tu familia está bien, ya has tenido, digamos, los desastres naturales que forman parte de lo cotidiano, de manera natural han muerto tus padres, pero tienes un nieto, tienes una hija, a ella le va bien, tienes unos hermanos y todo va en orden y… de pronto, se desordena todo. Una hija tiene un percance, acto seguido la hermana tiene otro percance y todo ya se vuelve antinatural… En ese momento, yo me convertí en un cronista, si quieres literario, dentro de un universo que es como un mundo extranjero para mí.</p><p>De pronto, todo empieza romperse y yo voy contando, y eso lo mezclo con otras cosas que han ocurrido y lo mezclo también con otra cosa que en los últimos tiempos me ha abrumado mucho, dos cosas, en realidad, una es el estado del periodismo y la otra es el estado de la política. No porque yo considere que el periodismo muere, que no va a morir nunca, el periodismo existe desde el Espíritu Santo para acá. ¡Claro! Porque este va y da una noticia inesperada, la noticia más inesperada de la historia. Llega el Espíritu Santo y le dice a María: “Vas a tener un hijo que no es de tu marido ni de nadie con quien te hayas acostado, sino de Dios”… No me digas que no es una noticia insólita, es la noticia más insólita de la historia de la Humanidad. No, no estoy preocupado por la muerte del periodismo, ni mucho menos, porque no va a morir jamás, estoy preocupado por factores que inciden en la inseguridad del periodismo como instrumento de información.</p><p><strong>P. Pero eso tiene su lado bueno. Es por lo que te decía que tu libro me parece una novela. Hasta ahora hemos trabajado siempre con el concepto de novela y el ámbito de la ficción, pero es desde el periodismo narrativo desde el que se está renovando la forma de contar el mundo. Efectivamente, el periodismo informativo serio, en la época de las redes sociales, en la época de la posverdad, está un poco como contra las cuerdas y hay un descrédito de la información periodística, una falta de fe en el periodismo como guía para la comprensión de la realidad social, pero, a cambio, se está contando el mundo de otra manera en el periodismo de largo aliento, en los relatos que no ficcionalizan a través de la creación imaginaria, sino a través de la manipulación de la realidad, con un ritmo narrativo determinado y una estructura que construye personajes. Es el caso de Un golpe de vida, donde creas un personaje doblándote a ti mismo. Esta incursión tuya no es la primera en la mezcla de técnica literaria y mirada del periodista sobre la realidad. ¿También tú ves esta como una de las posibilidades del periodismo contemporáneo?</strong><em>Un golpe de vida</em></p><p><strong>R</strong>. Yo pienso que el periodismo siempre fue narrativo. El periodismo tiene una voluntad que no se puede torcer y es el sustento de la información. Si tú no tienes esa información y cuentas lo que pasa ahora por ahí, probablemente estás haciendo paisaje. Pero si tú quieres darle un contenido a tu relación con este hotel y este entorno, tienes que hablar con la gente y esa gente te dará información de cualquier género. Otra cosa es que hagas un poema o un relato, el periodismo siempre tendrá un sustrato informativo, también el periodismo narrativo. Es decir, las cosas que cuenta <strong>Pla</strong> o las cosas que cuenta <strong>Max Aub</strong> de su viaje por España, lo que cuenta sobre los años de París <strong>Hemingway</strong>, todo eso es narrativo, pero tiene información, todo eso tiene un carácter periodístico. Lo que cuenta <strong>Albert Camus </strong>de su infancia, lo que le escucha decir a la madre, todo eso es, en cierto modo, periodismo informativo, lo que pasa es que tiene el aspecto de una crónica, de una narración, etc.</p><p>Yo, lo que encuentro a faltar hoy es la obligación de la información en los periodistas jóvenes, que se ponen a la máquina y hacen poemas. Y no es eso. Si yo quiero contar la historia de Carlos y su hija, yo tengo que hablar con Carlos y con su hija, tengo que ver su ambiente, tengo que saber que le compró el padre hoy, 22 de mayo, si ha ido al mercado; ellos viven solos en una determinada circunstancia, en una ciudad donde el padre es profesor y la hija es estudiante y tiene exámenes y el padre está preocupado por los exámenes y, además, no quiere que la hija se preocupe por los yogures, para eso los compra él… Yo quiero contar esa historia, pero para contar esa historia, yo no estoy aquí en la máquina de escribir, en este hotel, diciendo “voy a ver qué me invento yo de la vida de Carlos, ¿no?”</p><p>He estado ahora en Barcelona viendo a unos niños que están en dificultades, tienen enfermedades raras y están siendo acogidos por la Fundación del Barça para mejorar la calidad de vida en los años que desgraciadamente les queden y hoy he escrito en el <em>As</em> un artículo, que se llama “El partido de Pablo”, Pablo es uno de esos niños. Para poder contar eso yo tengo que ver a Pablo, ir con él al entrenamiento, estar con él desayunando en su casa, ver cómo son sus padres, cuál es la situación en la que viven… Después, puedo escribir una historia, estupenda o mediocre o lo que sea, pero… Termino: imagínate que yo soy un zapatero, alguien que hace zapatos y hago zapatos muy hermosos por arriba, pero no tienen suela; son muy bonitos, pero tú no puedes caminar por la calle con ellos. Pues así, el periodismo, hoy, parece indiferente a la existencia de las suelas, pero para mí son fundamentales.</p><p><strong>P. Cierto, aunque en Un golpe de vida desarrollas un trabajo técnico sobre el material real de la historia que es muy diferente al de la crónica o el reportaje clásicos, como también de los libros de memorias al uso.</strong></p><p><strong>R</strong>. Sí, mira, hay una crónica que hace García Márquez en el año 55 en Ginebra, que va a cubrir para <em>El Espectador </em>de Bogotá el encuentro de <strong>Eisenhower</strong> con otros líderes mundiales, el primer ministro inglés<strong> Anthony Eden</strong>, el soviético [<strong>Nikolai A. Bulganin</strong>] y el francés [<strong>Edgar Faure</strong>]; durante tres horas, nadie sabe dónde está Eisenhower, entonces, García Márquez, que es un chiquillo, tiene 28 años, y ha sido enviado allí para que haga periodismo, se dice “si hoy no hay nada, ¿qué hago yo hoy?”. Así que empieza a indagar dónde ha estado Eisenhower esas tres horas y averigua que ha ido a comprar juguetes, porque antes los presidentes tenían nietos, y va a la juguetería y hace una cosa, que es extraordinaria y que luego haría otra vez en <em>Crónica de una muerte anunciada </em>y que, en cierto modo, también está en <em>La fiesta del chivo</em>, de <strong>Vargas Llosa</strong>, el tipo va y se pone a escribir lo que ha pasado y dice algo así como: “Seguramente ustedes se preguntarán qué hacía el presidente Eisenhower tres horas allí y por qué fue a comprar juguetes para…”. Desde el principio te dice qué pasó y qué compró, tú empiezas a leer y, luego, hay un momento determinado en que te olvidas de que ya lo contó y estás deseando llegar al final para ver qué compró. ¡Eso es maravilloso! Ha convertido un elemento periodístico en algo extraordinario, en un juguete narrativo maravilloso y ¿qué ocurre?, que los periódicos eran así, que los periódicos ya eran así.</p><p>Lees una crónica en el <em>New Yorker </em>de <strong>Alma Guillermoprieto </strong>sobre la muerte de<strong> Javier Valdés</strong>, un periodista mexicano —ella es una periodista mexicana, aunque escribe en inglés—, empiezas a leer y tú dices, “¿yo por qué estoy leyendo este tocho?”, porque ella ha querido que tú lo leas. ¿Cómo? Te voy a contar la historia del nuevo primer ministro de Francia, el <em>Financial Times </em>publica el sábado-domingo un perfil sobre ese señor,<strong> Florian Philippot</strong> [por entonces nacionalista que apoyó la candidatura a la presidencia de Francia de <strong>Jean-Pierre Chevènement</strong>, luego dirigente del Front Nacional de <strong>Marinne Le Pen</strong>, que abandonó en 2017 para fundar su propio partido, el antieuropeísta y derechista Les Patriotes] y yo estoy leyendo esa historia y, en un momento determinado, la corto y la guardo, no solo eso, sino que la leí entera. Empezaba diciendo que un día, en el año no sé qué, el tipo, ese tipo, que tenía entonces 30 años, para a <strong>Sarkozy</strong> y le dice que ni de coña sube al estrado en un mitin de <strong>Fillo</strong>n o de no sé quién, porque se va a robar el <em>show</em>, porque Sarkozy iba de…, no había sido ni primer ministro ni nada, y le da un golpe de boxeador, este tipo luego se hizo boxeador, Philippot. Entonces, tú empiezas a leer aquello y dices “¡coño, qué trabajo más bien hecho!”, seguramente tiene cuatro datos, pero los tiene que buscar y tiene que preguntar y después ponerse a escribir. ¿Qué ocurre? Que yo hoy he leído todas las crónicas, todas las crónicas informativas, de la diatriba entre <strong>Susana Díaz </strong>y <strong>Pedro Sánchez</strong> y todas son iguales, todas, porque en España se interrumpió la tradición de contar para informar.</p><p><strong>P. ¿Eso no tiene que ver con la precariedad en la que vive el periodista español?</strong></p><p><strong>R</strong>. No. ¿Hoy te ha dicho a ti infoLibre, “hazlo mal”? ¿No, verdad? A ningún periodista le dicen “hazlo mal”.</p><p><strong>P. Entonces, ¿cuál crees tú que es la causa?</strong></p><p><strong>R</strong>. La lectura, la lectura. La lectura convierte a un periodista en un excelente periodista.</p><p><strong>P. La lectura convierte al que sea en excelente en lo que sea de lo que se ocupe, sin duda. Y es verdad que en las facultades de periodismo hay ahora muchos estudiantes que no leen, a veces ni siquiera periódicos con asiduidad.</strong></p><p><strong>R</strong>. Un carnicero, tú vas a la carnicería y el tipo dice: “acabo de comprarme el último libro en el que el protagonista es un carnicero, porque quiero ver cómo la literatura ha contado el alma de un carnicero”. Y tú has pasado por allí, porque vas siempre al mercado y tal, no sé qué, pero a este sitio nunca habías entrado, y el tipo se ha enterado de que tú eres del mundo de la literatura y te cuenta su relación con la literatura de carniceros. ¡Cómo! Y empiezas a comprar allí. Ahora, si tú llegas y te encuentras con una señora que escribe el perfil del primer ministro francés, que es la jefa del buró parisino del <em>Financial Times</em> y te encuentras con eso, la próxima vas a mirar a ver qué es lo que cuenta. Ella no rompe ninguna de las técnicas del periodismo, está haciendo periodismo, ahora bien, lo que no es periodismo es la opinión.</p><p><strong>P. Naturalmente, eso es un género híbrido.</strong></p><p><strong>R</strong>. Me alegro de que lo digas, procura decirlo por ahí, que la gente lo sepa. Ni los que se sientan en las tertulias esas son periodistas, al menos en esos momentos no son periodistas.</p><p><strong>P. En ese momento son “gente hablando”, más o menos informada, más o menos enterada, nada más. Pero volviendo a tu novela, en ella tú dices, con una frase de Neruda, que el destino del hombre es amar y despedirse. Efectivamente, a mí me daba la impresión mientras leía Un golpe de vida de que la voz narrativa que cuenta el relato se está despidiendo de algo, pero que, al final, no se despide de nada, sigue ahí bregando, entregada en amor al periodismo.</strong><em>Un golpe de vida</em></p><p><strong>R</strong>. Bueno, porque yo siempre… Hoy yo le decía a un compañero de estudios, me parece que en Radio Nacional: “Yo conocí muy tarde el fin de una vida, las consecuencias del fin de la vida”. Cuando yo era niño, mis padres me ocultaban las muertes. La primera vez que vi a una persona muerta fue a mi hermana recientemente, y la verdad es que hubiera querido siempre recordarla viva y de vez en cuando me viene su imagen, ¿no? Y yo, la verdad, es que en ese libro, lo que quería contar es esa impresión que yo tuve cuando me dijeron “te jubilas” y cómo aquella mañana, o aquel mediodía, yo firmé los papeles de… Luego me dejaron jubilado activo, ¿no? Y oye, ¡es una sensación…! Carlos, es como un paréntesis, como un corchete, vas viviendo dentro de un corchete, teniendo miedo de que el corchete se mueva más <em>p'acá</em>, ¿no? Y tú esperas extenderlo. Entonces, yo nunca he podido acostumbrarme a la presencia de las despedidas, nunca y, sin embargo, mira, me he tenido que acostumbrar.</p><p><strong>P.  ¿Y puede ser una despedida, con una nostalgia dolorida, a una imagen del pasado que tuvimos y perdimos? Ahí es donde veo más duro este libro, en tus reflexiones sobre Cuba, sobre Nicaragua…</strong></p><p><strong>R</strong>. Sí, eso sí que me duele mucho.</p><p><strong>P. El sueño de la revolución, de la que ya no queda nada. Se notan muy amargos esos capítulos.</strong></p><p><strong>R</strong>. Te voy a decir por qué, porque el problema no es la ideología, sino las personas. <strong>Eliseo Alberto</strong> fue a Angola, fue soldado, el padre nunca le hizo un feo a la Revolución y un día le dicen: “Tienes que escribir un informe contra tu padre”. ¡¿Y eso?! En Nicaragua estuve hace poco, hace un año y pico, con<strong> García Montero</strong>, y eso no es lo que yo soñaba, lo de Cuba no es lo que yo soñaba, lo de Venezuela es un desastre…. Bueno, ¿entonces, qué ocurre? Que yo cuando escribo sobre todo esto, escribo de las personas. Hoy me decían: “Tú te metes mucho con Podemos”. Yo no tengo absolutamente nada contra Podemos, no tengo absolutamente nada contra las ideas sociales de Podemos, yo quiero lo mejor para la gente de mi clase, que ha sufrido tanto en este país y a la que le ha sido tan difícil salir adelante. Contra lo que yo estoy es contra el modo de decirlo. Yo creo que no es imprescindible la falta de respeto para exigir en la sociedad un comportamiento justo, yo creo que no es imprescindible la falta de respeto. Sobre todo, le reprocho a <strong>Pablo Iglesias</strong> que, teniendo ideas tan buenas, las arroje contra…</p><p><strong>P. Es algo general la falta de respeto, parece que en esta sociedad la educación se ha perdido perdiendo en los últimos tiempos… Y de vez en cuando, por ejemplo, el portavoz del PP se cubre de gloria.</strong></p><p><strong>R</strong>. Pero es que yo no comparo, yo de <strong>Rafael Hernando</strong> me espero lo que sea.</p><p><strong>P.  ¿No hubo un momento en que este país parecía otra cosa?</strong></p><p><strong>R</strong>. Pero la culpa es nuestra.</p><p><strong>P. Parecía un país que, si no era culto, quería serlo… y de pronto, tanta zafiedad. ¿Ha habido un desencanto social de la idea de socialdemocracia de la gestión del PSOE y del centro que fue esta derecha revirada de hoy?</strong></p><p><strong>R</strong>. No, yo pienso… Mira, en el año 1989 hubo en España como 98 asesinatos de la ETA. El otro día dijo Pablo Iglesias en la Puerta del Sol que la moción de censura que se presenta ahora [se refiere a la que presentó Unidos Podemos contra el presidente <strong>Rajoy</strong> el 14 de junio de 2017] se hace en un momento más grave que aquella moción de censura que presentó <strong>Felipe González</strong> en el 80. Entonces había muertos por un tubo, además había intentos de golpe de Estado… ¿Cómo podemos decir que entonces no pasaba nada en España? Es ignorar la Transición y desde la ignorancia de la Transición se ha hecho parecer que la Transición fue un cambalache. Hubo cambalache, seguramente. De hecho,<strong> Caballero Bonald </strong>lo dice en la entrevista que le hizo <em>Babelia</em> el sábado [22 de mayo de 2017], sin duda que hubo cambalaches, pero, ¡oye!, hubo también cosas muy notables y muy importantes y hubo una ultraderecha armada y una ETA súper armada también. Así que yo creo que no se puede decir lo que uno quiera para justificar cualquier argumento, ¿no? Contra eso es contra lo que voy, yo no voy contra las ideologías de la izquierda, me siento una persona progresista, es más, siempre lo fui; no soy una persona afecta a ninguna idea conservadora, ni en religión, ni en economía, ni en educación, ni en cultura, pero sí defiendo que todo se pueda decir sin generar en el otro, o en el oído del otro, la dureza del insulto, aunque sea un rasguño; depende de cómo la gente lo reciba, será un rasguño o un insulto.</p><p><strong>P. Tú ya sabes que vivimos en la sociedad del espectáculo y la retórica de la política hoy es la retórica del insulto…</strong></p><p><strong>R</strong>. …Y de las redes sociales.</p><p><strong>P. Y de las redes sociales, sí. Hay una crispación retórica tremenda, por eso te decía que este parece otro país diferente, de aquel que quería ser culto a toda costa, donde se leía casi como un símbolo el diario El País, el periódico que subyace como uno de los elementos más importantes en la formación de la identidad del personaje de tu novela, que forma parte de ti… Aquel El País de los suplementos más modernos que nadie, con aquella Historia del cómic o aquella Historia del rock que se regalaba en fascículos con el periódico de los sábados. Hoy todo es espectáculo, si no se genera suceso no hay eco, ¿no?</strong><em>El País</em><em>Historia del cómic</em><em>Historia del rock</em></p><p><strong>R</strong>. Si no te manifiestas en la calle, no sale en la prensa… Pero, ¿sabes qué ocurre? Que no podemos hacer las cosas solo para ser notorios o para ser notados. Tenemos que hacer las cosas también para convencernos a nosotros mismos de que quizá en el sosiego está también el mensaje. O sea, ¿por qué tenemos que estar siempre gritando en las tertulias para decir las cosas que debemos decir? No es imprescindible, y yo me he educado en una sociedad ruidosa, yo mismo he sido muy ruidoso, y en un momento determinado recibí una enseñanza que no puedo olvidar, y fue de mi hija, cuando tenía once años: yo venía del periódico y entonces era no un revolucionario, pero sí un revoltoso: “¡…Porque este es un idiota!”, “¡aquel es un imbécil!”, siempre estaba repartiendo parabienes, ¿no?. Y un día me dijo mi hija, seguramente no me quería dar ninguna lección, sino que me hizo una pregunta genuina, me dijo: “¿Papá, y si tú fueras como ellos? A lo mejor tú eres como ellos”. Y desde entonces yo puse en marcha una gimnasia, porque eso no se consigue solo decidiéndolo, “¡y ahora voy a ser bueno!”, hay que obligarse cada día. Hay una frase de <strong>Emilio Lledó</strong>, que la dijo en clase, cuando yo era un joven universitario, cuando tenía 16 o 17 años, que decía: “Dentro de todo sí hay un pequeño no, y dentro de cada no hay un pequeño sí”. Y hay otra frase, que esa la subrayé más tarde, de Albert Camus, que dice: “El sol que reinó sobre mi infancia me privó de todo resentimiento”. Para mí esas dos frases encierran una manera de entender la relación con lo que dice el otro.</p><p><strong>P. ¿Y es el periodismo una forma de proyección de ese respeto al otro?</strong></p><p><strong>R</strong>. Las bases del periodismo sí lo son. Hay un libro que se titula <em>Los elementos del periodismo</em>, de <strong>Bill Kobach</strong> y <strong>Tom Rosenstiel</strong>, que afirma que los elementos del periodismo son nueve, pero te diré uno de ellos que me parece muy importante y generalmente no se nombra: la relevancia. Muchas veces sacamos cosas que no son relevantes como si fueran la hostia en vinagre y no son nada. Es decir, y ¿por qué me cuenta usted esto ahora? <strong>Isabel Preysler</strong> tiene 22 años y van los periódicos y… “¡Tiene 22 años!”, “¡Tiene 22 años!”… ¿Y? ¿Qué me quiere decir? ¿Qué me importa eso? Pero termina pareciendo relevante. Eso lo trasladas al mundo de la política y es lo mismo.</p><p><strong>P. Entiendo, sí, Pena de Oliveira, el periodista brasileño, decía en su Teoría del periodismo, que el periodismo debe ser un servicio público, pero que esto solo se consigue cuando las noticias de un periódico se conectan para dar una explicación coherente de la actualidad. Generalmente se publican grandes cantidades de noticias unas al lado de las otras, que no tienen nada que ver, muchas de ellas irrelevantes, por supuesto, y acabamos sobreinformados, pero completamente perplejos: no entendemos qué es lo que está pasando en realidad, pues lo que se nos queda es la imagen de un mundo descoyuntado.</strong><em>Teoría del periodismo</em></p><p><strong>R</strong>. Yo, en un tiempo, subrayaba informaciones de reputados periodistas que, en cada párrafo, decían esta secuencia: “según fuentes bien informadas”, “según fuentes gubernamentales”, “según fuentes del periodista”, “según fuentes del sector”…<strong> Juan Carlos Onetti</strong>, tiene un artículo muy divertido que se llama “El señor Fuentes”, en él decía que se utiliza tanto al señor Fuentes que había que ponerlo en nómina, y es así… ¡Tú no sabes quiénes son las fuentes! ¡Ni siquiera por proximidad!</p><p><strong>P. Ni siquiera si hay fuentes.</strong></p><p><strong>R</strong>. Exactamente, y es probable que no las haya, ¿no?</p><p><strong>P. ¿Y qué piensas de todo esto de la posverdad, en relación con el periodismo que hacemos hoy, en la sociedad del espectáculo, donde la verdad es algo “sí, pero no”, hoy sí, pero quizá mañana ya no, con toda esa urgencia que arrastra el periodista?</strong></p><p><strong>R</strong>.  Te voy a contar una cosa que fue muy notoria. Cuando el tema de los <em>papeles de Panamá</em>, se sacó que <strong>Almodóvar</strong> estaba en ellos. Almodóvar, de inmediato, salió y dijo que sí, que él, en el año 93, cuando sus películas empezaron a tener mucha trascendencia, recibió un consejo de un asesor fiscal: “Conviene que tengas una cuenta en América, porque allí te pueden ingresar lo que sea”. Y para abrirla, nunca la usó, pero para abrirla puso 3.000 dólares y al cabo de unos meses la cerró, él nunca la usó. Si tú buscas en Google “Almodóvar, papeles de Panamá” ahí está, en primer lugar; tú buscas en Google y todo aquello que es basura estará en el primer lugar. Eso es posverdad, y ¿quiénes difundimos eso? Los periodistas, los periodistas, no voy a hacer distingos, los periodistas. La mayor parte de las cosas que le pasan al periodismo no son culpa ni de las empresas, ni de los políticos, son culpa de los periodistas. Mira, acaba de salir un libro que yo recomiendo muchísimo a los periodistas y a los que estudian periodismo, se titula <em>Sobre la tiranía</em>, y el autor es <strong>Timothy Snyder</strong>, que es un discípulo de <strong>Tony Judt </strong>y que ha puesto ejemplos de lo que ha pasado en el siglo XX, por ejemplo en la época de <strong>Hitler</strong>, en la época de <strong>Stalin</strong>, etc., y lo que pasa ahora, en la época de <strong>Trump</strong>, y da unos consejos para que los periodistas y los ciudadanos estemos alerta contra la mentira. Una de las cosas que dice es alejémonos de Twitter y de las redes sociales, alejémonos del lugar común, acerquémonos a la lectura. Es un libro, de 150 páginas, que a mí me ha ayudado a entender mi propio libro, <em>Un golpe de vida</em>.</p><p><strong>P. Ya hay comunidades de jóvenes que viven fuera de las redes, pero las redes son imparables y si el periodista se sale fuera y deja en las manos de cualquiera la difusión de noticias, no sé qué pasará. Otro caso es el de Michael Moore y su documental sobre los crímenes de la escuela Columbine, que fue acusado de sensacionalista y morboso, pero se defendía diciendo que él había creado un debate en Estados Unidos sobre la tenencia de armas y que si hubiera escrito un reportaje clásico o un ensayo, nadie le habría tomado en serio, que solo empleaba el discurso dominante para poder llegar a la opinión pública.</strong></p><p><strong>R</strong>. No lo sé, yo creo que el libro de Timothy Snyder es mucho más revolucionario. Lo que tendría que hacer Michael Moore es leer el libro de Timothy Snyder y recomendarlo, eso sí sería revolucionario, pero hacer escándalo para llamar la atención… En España se está haciendo mucho: entrevistas agresivas para conseguir que la gente reaccione de alguna manera… Y yo creo que no, yo creo que el periodismo tiene que ser un espectáculo íntimo, tú tienes que leer un texto y decir: “¡Caramba, cuánta información hay aquí!, ¡qué interesante y qué relevante!”. Esa es mi opinión.</p><p><strong>P. Totalmente de acuerdo. Y tu libro, Un golpe de vida, trata de eso, ¿no?, de la construcción de tu propia identidad como periodista.</strong><em>Un golpe de vida,</em></p><p><strong>R.</strong> Sí, pero es que yo soy un periodista solo.</p><p><strong>P. Pero sin el periodismo tú no te reconocerías a ti mismo. Uno se queda, al terminar Un golpe de vida, con la impresión de que tu personalidad, o la del personaje que lleva tu nombre en el libro, se ha construido desde la mirada del periodista, que hasta gran parte de su o tu vida privada depende de la mirada del periodista, porque para ti el periodismo es mucho más que un oficio.</strong><em> Un golpe de vida</em></p><p><strong>R</strong>. Creo que nadie lo ha visto mejor que tú, ni yo mismo me he dado cuenta de eso, pero quizá eso es lo que yo quise hacer. Mi vida privada está manchada, contaminada por el periodismo, pero eso no es peyorativo; como decía <strong>Carlos Fuentes</strong>, La Mancha mancha al Quijote, pero lo mancha para siempre, es una tinta indeleble en la obra y para mí el periodismo es una mancha, como mis arrugas.</p><p><strong>P. No lo decía en sentido peyorativo, antes al contrario: aunque repites muchas veces en Un golpe de vida, el oficio, el oficio… para tu personaje, para ti, es mucho más que un oficio, es una forma de entender el mundo.</strong><em>Un golpe de vida</em></p><p><strong>R</strong>. Cierto.</p><p>Y así, sin discutir, pero charlando con un par de cafés en aquel salón impersonal de un hotel sevillano, aprendí, aquella tarde de mayo de 2017, que elegir “ser periodista” (así, como esencia, pero sin darse demasiada importancia, sabiéndolo desde la primera noticia publicada) significa tomar una opción ética ante la vida. No parece que exista una ética natural como las florecillas del campo, es verdad: podremos discutir sus límites, la ideología que la conforma en cada caso, pero “ser periodista”, no solo ejercer de ello, es mucho más que desempeñar una profesión. Aprendí que quien lleva el periodismo en las venas lo siente por encima de las contingencias que condicionan su vida de hombre o de mujer, lo siente así a cada minuto y eso merece la pena… También hoy.</p><p><em>*Carlos Serrato es escritor y profesor de Literatura.</em><strong>Carlos Serrato</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jul 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carlos Serrato]]></author>
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