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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 126]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 126]]></description>
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      <title><![CDATA[El valor del paréntesis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/parentesis_1_1166657.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4e1bf5c3-4ccb-41f9-a183-afe1c22b426e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El valor del paréntesis"></p><p><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/poesia/350-128-el-cielo-entre-parentesis.html" target="_blank">El cielo entre paréntesis</a> (Valparaíso, 2017) es la última entrega de <strong>Marisa Martínez Pérsico</strong>, profesora, poeta y crítica literaria argentina radicada en Italia. Ha publicado <em>Las voces de las hojas</em> (1998), <em>Poética ambulante</em> (2003), <em>Los pliegos obtusos</em> (2004), <em>La única puerta era la tuya </em>(2015), <em>Las manos en la madre</em> (2018). También tiene publicados varios estudios de investigación, monografías y ediciones, el último de ellos <em>La libertad es un extraño viaje</em>, con la poesía escogida de <strong>Joan  Margarit</strong>.</p><p>Es una gran lectora y buena prueba de ello son las influencias y la intertextualidad que se asoma a su poesía y que ella misma reconoce, en donde <strong>Horacio Quiroga, Blanca Varela y Octavio Paz</strong> aparecen como algunos de sus referentes. Si la docencia es algo prioritario en su vida también lo es la poesía, en donde, con una postura ética, profundiza en lo auténtico, conformando su identidad.</p><p>  </p><p><em>El cielo entre paréntesis</em> es un poemario íntimo, confesional, con un ritmo musical consustancial al contenido expresivo. En su poesía autobiográfica y urbana se percibe una actitud donde la distancia, el desarraigo y la pérdida están presentes, pero no faltan la esperanza y la ilusión. Son relatos poéticos donde lo cotidiano, lo sencillo se hace visible con un ritmo lento pero intenso. Su poesía viaja por varias geografías: Sarajevo, Belgrado, México, Roma, Orlando, París, Madrid, entre otras. Los cambios de escenario son importantes, al igual que habrá ciertos lugares de denuncia ante la desgracias que traen las guerras; así, sus poemas "Francotiradores de Sarajevo" y  "Los sonidos de Alepo" nos dan muestra de su compromiso y la preocupación social que recorre su escritura, y que introduce a lo largo del poemario. Sus versos están repletos de musicalidad y sensualidad, lo hace a través de imágenes, como en el poema "Pasatiempo": “Un lunar a la izquierda de mi ombligo/ está jugando solo/ en una plaza sin nombre/ que recuerda tus manos”. El tema de la niñez y la vuelta a la infancia habita en su memoria: “Este prado del norte es el bosque de ovejas/ de mi infancia en el sur”. Siente la nostalgia pero su viaje presente sigue a bordo y camina con futuro entre sueños y realidades. El tiempo es importante, nos habla del pasado y del presente: “El futuro no es tiempo/ que pueda llevarnos de la mano”.</p><p>Cita a los clásicos, a la mitología, a Orfeo, a Eurídice, a <strong>Horacio</strong>, y a la tradición la envuelve con las cosas más elementales de la vida. También a<strong> Juan Ramón Jiménez, Juan Gelman, Luis García Montero, Laura Scarano</strong> y Federico Díaz-Granados, entre otros.</p><p>Es sugerente y recurrente en su escritura el uso que hace de la función metalingüística, metapoética, cómo hace alusión al campo semántico de la lengua, con un léxico donde los libros y la lectura hacen su presencia en la vida:  “umbral de la palabra”, “a través de ramaje de otra lengua”, “el ayer es un libro que comienza”, “si cada libro que se abre/ se parece a los muslos”, “la tinta está borrosa/ por la trama de lluvias sucesivas”, “entro en el verbo”, “que el poema respire por la herida”, “con palabras aprendo cada día/ a ventilar tu recuerdo. / Se acaricia mejor entre páginas./  Poema,/ cuenco de eternidad contra el olvido”, “pienso en las páginas/ (…) Los libros, las voces…”, “en esta noche esdrújula…”, “las páginas del árbol…”, “cuatro letras por pétalos/ (…)/ cuando acaba el lenguaje de morir”.</p><p>El poemario comienza con unas palabras de la  autora tituladas "Apología de los paréntesis": "Siempre sospeché del carácter accesorio que la ortografía atribuyó a los paréntesis como vehículo de informaciones aclaratorias o complementarias, como incisos aislados de la frase principal o notas de color derogables sin mayor sacrificio de significado. Como sucede en la palabra, buena parte del sentido de una vida puede estar alojada en los paréntesis y no en mal llamado discurso principal. (…) Colocar <em>el cielo entre paréntesis</em> implica poner las certezas en suspenso… Si hacer un paréntesis es, además, tomarse una pausa o un descanso, poner el cielo allí dentro es una celebración de la libertad". Y termina en la contracubierta con palabras de Luis García Montero: "La voz de Marisa Martínez Pérsico funda una frontera propia entre la lucidez y el sueño, entre el mundo exterior y la intimidad".</p><p>La imagen de portada y la edición de Valparaíso son, como siempre, impecables y elegantes.</p><p>Marisa Martínez Pérsico nos entrega una poesía de viajes por la vida con trenes que arrancan y a los que hay que subirse, con estaciones de autobuses donde hay paradas para bajar, con bancos donde se puede esperar, también barcos que navegan con brújula, y aviones que nos trasladan y vuelan con ella. Además sus poemas están repletos de ventanas donde poderse asomar,  y de puertas siempre abiertas para que entre el aire fresco y limpio. Y es en estos escenarios donde discurre la existencia humana: entre la memoria, el silencio y las palabras. _____</p><p><strong>Carmen Canet</strong> es escritora y profesora de Lengua y literatura. Su último libro es <a href="https://www.editorialrenacimiento.com/a-la-minima-serie-menor/1970-luciernagas.html" target="_blank">Luciérnagas</a><em> (Renacimiento, 2018).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Jan 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Canet]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Poesía,Los diablos azules número 126]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Más allá del protagonista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/protagonista_1_1166655.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f50f2c20-456c-4da3-91c8-e00026221d25_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Más allá del protagonista"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.___________________________________</em></p><p><strong>El quinto en discordiaRobertson DaviesPrólogo de Valentí PuigTraducción de Natalia CerveraLibros del AsteroideBarcelona2006</strong><em>El quinto en discordia</em></p><p>  </p><p>Esta novela ha sido la primera lectura de la nueva temporada del Club de Lectura Punto, perteneciente a la biblioteca de Sanlúcar la Mayor, en Sevilla. Su autor, <strong>Robertson Davies</strong> (1913-1995), es uno de los más importantes escritores canadienses del siglo XX, que además fue candidato al Premio Nobel de Literatura en varias ocasiones. Su obra narrativa está agrupada en trilogías, aunque las novelas pueden ser leídas de manera independiente. La más aclamada de ellas fue la <em>Trilogía de Deptford</em>, cuya primera entrega es precisamente el libro que nos ocupa.</p><p>La novela fue publicada en Canadá por primera vez en 1970 y arranca con la definición que hace Davies del <em>quinto en discordia</em>: "Dícese de aquellos personajes que sin ser el héroe o la heroína, pero tampoco el confidente o el villano, son igualmente importantes para el desenlace de la trama. Dicha denominación comenzó a utilizarse en las antiguas compañías de teatro y de ópera para referirse al actor que encarnaba estos personajes". Esto es algo muy significativo que no olvidamos mientras leemos la vida de su protagonista, Dunstan Ramsay, un modesto profesor que al final de su carrera profesional escribe su propia biografía partiendo de un hecho fortuito ocurrido en su infancia que tendrá consecuencias imprevisibles: una bola de nieve que golpea a la persona equivocada. Este hecho ingenuo marcará para siempre a quienes lo desencadenaron, siendo Ramsay el hilo conductor de los personajes principales.</p><p>En nuestra tertulia comprobamos que  la mayoría de los lectores coincidíamos en la maestría narrativa del autor y el interés que suscita la historia porque a través de sus páginas pudimos reflexionar sobre temas trascendentales como el destino, el carácter, y la línea que los separa del azar. La trama es asombrosa porque de la historia principal parten numerosos episodios y sucesos que consiguen mantener nuestro interés, particularmente la muerte en extrañas circunstancias del magnate canadiense llamado Boy Staunton, amigo de Ramsay.</p><p>Davies mezcla la tradición con la modernidad tratando diversos asuntos con bastante acierto y verosimilitud. Su retrato de la Primera Guerra Mundial es emotivo y apasionante: “La guerra no había servido para hacerme crecer”. También nos introduce en el mundo del circo, la magia, las vidas de santos, la convivencia de varias  religiones… Y, aunque bromea con la realidad, es muy respetuoso también con ella. Algunas lectoras se quejaban de que eran demasiados los temas tratados y esto distraía un poco el argumento. Es cierto que<em> El quinto en discordia</em> no puede leerse deprisa, porque aunque sea de lectura fácil es una novela profunda que bucea en el alma humana, y esto es lo más atractivo para el coloquio del club. Cada persona interpreta lo leído según sus propias vivencias y aporta una visión particular de los hechos según su particular psicología. Conversamos sobre la importancia de los actos y sus consecuencias, sobre el destino y el azar, sobre las circunstancias personales que rodean nuestras vidas, sobre el paso del tiempo, la religión, la vejez… Una charla muy entretenida y productiva porque siempre aprendemos algo.</p><p>A destacar también  cierta melancolía que rezuma de sus páginas mezclada con un sentido del humor, a veces agrio, pero muy acertado y autocrítico. Por último mencionar que Robertson Davies fue hombre de teatro, y eso se nota a menudo en el libro. Finalizo con una máxima que aparece en la novela: “Una de las crueldades del teatro de la vida: todos pensamos que somos protagonistas, y cuando se hace evidente que somos simples personajes secundarios o figurantes, raramente lo reconocemos”.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Jan 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Chary Arbolí]]></author>
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      <title><![CDATA[Los creadores, los escritores, al habla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/creadores-escritores-habla_1_1166653.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1d2b21b9-f562-4a49-a262-5c03f3c8adc2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los creadores, los escritores, al habla"></p><p><strong>La vida constante (Conversaciones en el tránsito del milenio)Miguel Ángel MuñozEditora Regional de ExtremaduraMérida2018</strong><em>La vida constante (Conversaciones en el tránsito del milenio)</em></p><p>  </p><p>El poeta, historiador y crítico de arte mexicano <strong>Miguel Ángel Muñoz</strong>, no confundir con el narrador y también excelente entrevistador almeriense del mismo nombre, reúne <a href="https://editoraregional.gobex.es/" target="_blank">en este libro</a> 33 conversaciones con creadores (filósofos, historiadores, editores y antropólogos, aunque la mayoría de ellos sean narradores españoles), organizadas en tres partes diferentes. La entrevista más antigua data de 1994 y la más reciente, del 2016. Esta recopilación nos parece una idea acertada y oportuna, porque casi todas vieron la luz en publicaciones mexicanas, poco accesibles para el lector español.</p><p>Como lector, es grato oír las explicaciones de creadores que uno aprecia y, como estudioso, resulta ser una valiosa fuente de información además de una manera de conocer un poco mejor a la persona y la obra, a pesar de que <strong>Francisco Ayala</strong> afirme aquí que “rara vez las explicaciones del artista acerca de su arte resultan de verdad aclaratorias para los demás” (p. 53), algo que siento no compartir. El escritor granadino llama también la atención —estamos en 1998— sobre “la desorientación intelectual y moral de la gente” y sobre “el deterioro de la palabra” (p. 56), lacras vigentes por desgracia hoy en día.</p><p>De entre los narradores de la generación del <em>mediosiglo</em>, Miguel Ángel Muñoz se ocupa de <strong>Juan Goytisolo</strong>, <strong>Rafael Sánchez Ferlosio, Ana María Matute, Medardo Fraile </strong>y <strong>Carmen Martín Gaite</strong>. El primero nos dice que ha intentado hacer un tipo de escritura difícil y muy diferente de la cultivada por su generación, española y europea, si bien se olvida de que aunque hubiera logrado su objetivo, la cuestión sigue estribando en hacer obras logradas, novedosas, emocionantes. El autor de <em>El Jarama</em>, novela que en esta ocasión no desprecia Ferlosio, nos recuerda que con su escritura no hace punto, sino jerséis, y que escribir es para él una manera de pensar. Por su parte, la Matute considera, no sin razón, que <em>Los hijos muertos</em> y <em>Olvidado rey Gudú</em> están entre sus mejores libros, y que la principal influencia para escribir el segundo no fue <strong>Tolkien</strong>, como se ha repetido, sino el ciclo artúrico. Medardo Fraile se queja de la dura represión del franquismo, pero se olvida de que en 1964 colaboró en las publicaciones del régimen durante las celebraciones de los llamados <em>XXV años de paz</em>. Carmen Martín Gaite apunta que “se escribe para lanzar al aire nuevas preguntas (...), para tratar de entender mejor lo que no está tan claro como dicen. Para poner en tela de juicio incluso lo que uno mismo cree saber; para distanciarse, mirar la realidad como un espectador y convencerse de que nada es lo que parece” (p. 118).</p><p>Tanto<strong> Francisco Nieva</strong> como <strong>Vázquez Montalbán</strong> son autores difíciles de encajar en grupos o generaciones concretas. Así, el primero confiesa que le cuesta más escribir teatro, pero que la novela le proporciona más libertad y menos compromisos; y declara –además— que no cree en el estilo, pues tenerlo es matar la creación (p. 134), afirmación sorprendente cuando menos en alguien que se vale de un estilo tan propio y singular. El segundo forma parte de un grupo de escritores a medio camino entre los del 50 y los protagonistas de la Transición. Aquí confiesa, entre otras cosas, que no lo han dejado satisfecho ni las películas, ni mucho menos las series de televisión basadas en sus obras (p. 124).</p><p>De la denominada generación del 68, aquellos que empezaron a publicar durante los últimos años del franquismo y los primeros de la Transición, tan diferentes unos de otros en edad y estética, Miguel Ángel Muñoz se ocupa de <strong>Álvaro Pombo, Javier Marías, Muñoz Molina, Pedro Zarraluki, Javier Tomeo, Pedro Sorela </strong>y <strong>Enrique Vila-Matas</strong>, entre otros. El primero niega el concepto de novela histórica, por considerarlo un oxímoron, y cree –en el 2008— que <em>La fortuna de Matilda Turpin</em> (2006), con la que obtuvo el Premio Planeta, es su mejor novela, olvidándose en cambio de <em>El metro de platino iridiado</em> (1990), <em>Aparición del eterno femenino contado por S. M. el Rey</em> (1993) y <em>Donde las mujeres </em>(1996), en mi opinión, más valiosas. Marías, por su parte, concluye su conversación afirmando que “la calidad de un escrito depende de la capacidad del escritor para interesar y conmover al lector” (p. 50). Muñoz Molina, quien concibe la literatura como un lujo de primera necesidad, se lamenta de la escasa relevancia de España en la comunidad internacional, a la vez que reconoce —en una sana autocrítica— lo siguiente: “Mis personajes, me gustaría que fueran más verdaderos, menos literarios, menos modelos y más retratos de lo que son” (p. 61), Zarraluki afirma que los grandes cuentos lo son por lo que no se ha escrito en ellos, aunque quede allí su resonancia.</p><p>El autor de <em>Amado monstruo</em>, sin impostaciones románticas, reconoce que escribe por automatismo psíquico, abandonándose a sus sentimientos, “y son los personajes (por lo general, dos, enfrentados en un diálogo, o uno, dialogando con su propia sombra) quienes, a fin de cuentas, se van haciendo a sí mismos” (p. 85). <strong>Pedro Sorela</strong>, fallecido en el 2018, afirma que “la narración en primera persona (...) ha terminado produciendo una verdadera plaga de escritores, porque es más simple, y todo el mundo se siente con la autoridad de hacerlo. Esto produce en España la falta de crítica real” (p. 108). Vila-Matas, el Juan Goytisolo de la posmodernidad tardía, confiesa que su propósito de fondo estriba en “enfrentarme con todas mis fuerzas a la literatura pomposa y plúmbea española de la época” (p. 110), aunque no sé si es muy consciente de que, a veces, lo haga apostando por autores mucho más plúmbeos y no menos pomposos, aunque –eso sí— de otras lenguas.</p><p>La tercera parte de la obra está dedicada a los poetas. Tres de ellos (<strong>Brines, Valente</strong> y <strong>Ángel González</strong>) pertenecen a la misma generación del <em>mediosiglo</em>, mientras que los dos restantes (<strong>Pablo García Baena </strong>y <strong>José Hierro</strong>) solamos incluirlos en las promociones anteriores. El poeta valenciano, en una de las mejores entrevistas, con respuestas más inteligentes, repite que el lujo de la poesía es que no tiene público, sino lectores, pero además Brines reflexiona sobre las características del grupo, sobre aquello que los unió (p. 187). Valente, en una conversación que no aparece recogida en una reciente antología de entrevistas, editada por Galaxia Gutenberg, de la que pronto nos ocuparemos aquí, además de quejarse de las carencias de la crítica española, explica lo siguiente: “Me gusta sentir y construir en cada poema la materialidad de la palabra, descubrir que las palabras se labran con las manos. En esa labor uno está solo y se olvida de todo, tanto que desaparece la solidaridad generacional. Cada escritor es uno” (p. 211). Y Ángel González, quien se considera un músico frustrado, y quizá también un fotógrafo frustrado, aunque aquí no lo confiese, apunta que “a veces, la realidad te obliga a reinventarte, a escribirte un nuevo papel en el gran teatro del mundo” (p. 220).</p><p>Por último, García Baena, quien se define como un poeta visual, afirma que “un buen poeta tiene que leer prosa, novela, actualidad, la hojita parroquial, lo que te den en la calle anunciando un menú barato”. Pero, además, comenta que “la poesía necesita un determinado momento, una liturgia para leerla. Tiene un tiempo, no tiene el mismo ritmo que un cuento, una novela: la poesía es diferente” (pp. 194 y 192). Y José Hierro, entre otras muchas opiniones dignas de mención, señala que “el sistema del poema consiste en hacer accesible a la razón lo que, en su origen, es la música errante que ha de encadenarse al pentagrama, lo que le permitirá ser interpretada y, en consecuencia, hacerse audible para todos” (p. 201). Y para concluir con la poesía, recordemos la conversación que Miguel Ángel Muñoz mantiene con ese verso suelto que es <strong>Pere Gimferrer</strong>. El escritor catalán afirma que las cartas, se refiere a su correspondencia con <strong>Octavio Paz</strong>, pueden ser “breves ensayos”, compuestos de “pequeños fragmentos autobiográficos” (p. 75). También <strong>Julián Ríos</strong>, por cierto, se centra en el escritor mexicano, a quien define como un hombre generoso que dialogó con las generaciones posteriores.</p><p>Solo conversa con un editor, pero se trata de <strong>Jorge Herralde</strong>, quizás el más influyente de las últimas décadas, quien repasa su trayectoria, desde los inicios, y apunta que uno de sus mayores orgullos es haber contribuido a la difusión internacional de sus autores. Por lo que se refiere a los historiadores, tanto <strong>Hugh Thomas</strong> como <strong>Raymond Carr</strong>, quien dice odiar el calificativo de <em>hispanista</em>, destierran, una vez más, el tópico según el cual España ha tenido una historia excepcional, a la vez que el segundo destaca, entre las figuras históricas, a <strong>Fernando el Católico</strong>, en el caso español, y en el mexicano, a<strong> Emiliano Zapata</strong>. El filósofo exiliado republicano <strong>Adolfo Sánchez Vázquez</strong> apunta que “la estética se funda cuando el arte como actividad práctica humana y la belleza como valor se distinguen de otras actividades y de otros valores” (p. 164).</p><p>Creo, en suma, que este libro, además de lograr que nos interesemos en lo que se dice, cumple con una de las premisas fundamentales de toda conversación pública, y que consiste nada menos que en dejarle todo el protagonismo al creador, pasando desapercibido el entrevistador. Por ello, y por las muchas opiniones inteligentes y aclaratorias que aquí se recogen, me parece de lectura muy recomendable y un acierto su edición. _____</p><p><strong>Fernando Valls</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>es profesor de Literatura Española Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona y crítico literario.</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Jan 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <title><![CDATA[Si Vázquez Montalbán levantara la cabeza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/si-vazquez-montalban-levantara-cabeza_1_1166651.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8a70b039-b126-48b1-8df9-58671c9fdccc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Si Vázquez Montalbán levantara la cabeza"></p><p><strong>Carvalho. Problemas de identidadCarlos ZanónPlanetaBarcelona2019</strong><em>Carvalho. Problemas de identidad</em></p><p>  </p><p>El ser humano siempre ha tenido un sueño, la vida eterna, y una alternativa: resucitar. Para lo primero, tiene puestas sus esperanzas en la ciencia y para lo segundo en la religión; pero mientras una o la otra encuentran el camino de vuelta, tiene que conformarse con la literatura, un territorio en el que no son necesarios los laboratorios ni las iglesias, basta con la imaginación y un bolígrafo o un ordenador. El caso es que, de un tiempo a esta parte, las librerías se han llenado de obras en las que una o un autor le roban a otro del pasado sus personajes más emblemáticos, para continuar sus aventuras y, sobre todo, para tratar de llamar la atención de la clientela y asegurarse un poco de publicidad extra. Hay cientos de experimentos, hasta el punto de que a algunos maestros les han salido no uno sino varios continuadores, por ejemplo a <strong>Raymond Chandler</strong>, a cuyo detective privado, el inigualable Philip Marlowe, volvieron a tratar de poner en pie <strong>Robert B. Parker</strong>, que continuó el manuscrito inacabado de <em>La historia de Poodle Springs</em>, y <a href="https://elpais.com/cultura/2014/02/19/actualidad/1392825257_105908.html" target="_blank">hace poco</a> <strong>John Banville</strong>, bajo su segunda identidad, Benjamin Black, y con <em>La rubia de ojos negros</em>. Pero este tipo de producto tiene mil ejemplos, va de segundas partes de <em>Lo que el viento se llevó </em>o <em>El guardián entre el centeno</em>, hasta la historia de un Sherlock Holmes anciano con la que el novelista <strong>Mitch Cullin</strong> volvió a poner en los escaparates al protagonista de <strong>Conan Doyle</strong>. Ya saben, le pasó hasta a <strong>Cervantes </strong>con el <em>Quijote </em>de <strong>Avellaneda</strong>, en su caso cuando aún estaba vivo y podía defenderse, cosa que hizo con su propia y grandiosa segunda parte de la novela.</p><p>Ahora le ha llegado el turno a <strong>Manuel Vázquez Montalbán </strong>y a su investigador Pepe Carvalho, al que se conoce de narraciones como <em>Asesinato en el comité central</em>, <em>El delantero centro fue asesinado al atardecer</em>, <em>La soledad del mánager</em>, <em>Yo maté a Kennedy</em>, <em>Los pájaros de Bangkok </em>o <em>Quinteto de Buenos Aires</em>, episodios de una serie negra en la que el creador de <em>Galíndez </em>mezcló con tino, ingenio y sabiduría lo policiaco y lo social, rodeando sus tramas de misterio con el análisis político, un terreno en el que también era una voz imprescindible: sus columnas <a href="https://elpais.com/autor/manuel_vazquez_montalban/a" target="_blank">del diario </a><a href="https://elpais.com/autor/manuel_vazquez_montalban/a" target="_blank"><em>El País</em></a>eran una lección de periodismo y un alarde de escritura poderosa, exacta, brillante. La complejidad de Carvalho, un individuo contradictorio, entre escéptico e infatigable en la búsqueda de la verdad, que era amigo de los placeres de la cocina y contaba con un pasado lleno de heridas, hacían de él un héroe muy atractivo y adictivo, un ser de ficción lleno de matices que le daban volumen y lo hacían hipnótico. El Carvalho de <strong>Carlos Zanón</strong> no es así y él no es Vázquez Montalbán, así que por ese lado el invento no funciona, no es ni homenaje ni parodia y, a partir de cierto momento, se diluye igual que una pastilla efervescente, que tiene burbujas, pero no es el cóctel de cava del Boadas que tomaban Pepe Carvalho y su creador. El malabarismo de incluir en esta secuela al propio autor de <em>Tatuaje </em>y <em>Los mares del sur</em>, bajo el alias de El Escritor, para situarlo en una ficción donde Carvalho y él se conocieron y el primero se inspiró en el segundo para crear a su detective, era una tentación previsible y no pasa de lo anecdótico.</p><p>El experimento no funciona. Los personajes carecen de profundidad. La acción es acartonada y el salto de uno a otro caso, del niño que sufre acoso a la prostituta desaparecida, sólo consigue dar la impresión de que el autor no ha sabido a qué carta quedarse, probablemente porque ninguna le pareció ganadora.</p><p>El estilo resulta farragoso, empeorado con una puntuación, o ausencia de ella, como mínimo extraña: “¿No te cansa vivir la vida como un suicida?' interpeló la heroína, Leonor Zurita, a su amante apabullantemente byroniano en la página 65 de la futura novela negra de provincias aún por escribirse”. “No hay muchas maneras de llegar a estar en paz con uno mismo a ninguna edad probablemente”…</p><p>La pretensión de ampararse en el monólogo interior para intentar dar relieve a los protagonistas, aparte de añadirle a la historia un exceso de verborrea que no hace más que fatigar y despistar al lector, ofrece resultados dudosos: “Nunca dejes las llaves de casa a los del bate de béisbol, a los de la peineta, a los de Catalunya será Zamora o no será. Más banderas en los consistorios y en las calles. Qué bebido, Carvalho, borracho, enfermo, viejo. Clic. Silencio. Paz”. Además, el gusto por el feísmo de intención tal vez provocadora, ahonda el problema: “le encantaría abortar toda aquella locura”; “mi sangre burbujeante y sus añejas toxicidades”; “le cogerá un ataque de dama chejoviana ofendida”; “al ver marchar al leguleyo creo ver un cheposo andar Henry Fonda”; “la literatura ha de volar, y no vuelo gallináceo”…</p><p>     </p><p>También hay frases mal construidas —“tengo un Fondo Conservador que sólo hace perder dinero”—; otras que incluyen palabras inexistentes —“un narcisista inundador de mujeres en problemas”—; abundan los coloquialismos innecesarios –“mescolanza” por “mezcolanza”— y se recurre una y otra vez al uso de palabras y expresiones correctas pero tan alambicadas como “substituir”, “precarista” o “tipificación delictual”. Demasiados obstáculos.</p><p>     </p><p>Finalmente, tampoco ayudan a digerir esta novela la continua sucesión de citas, referencias cinematográficas y literarias tan excesivas como inverosímiles; ni las numerosas referencias a la actualidad, que traen a sus páginas a <strong>José María Aznar</strong>, el juez <strong>Bermúdez</strong>, el <em>procés</em>, <strong>Donald Trump</strong>, Ciudadanos, Podemos… Quizá el periodista que también es Zanón le haya robado parte de su espacio al novelista. El crítico, eso sí, es obvio que ha mirado para otra parte. En su descargo hay que reconocer que estar a la altura del estupendo Manuel Vázquez Montalbán no era, en absoluto, una tarea sencilla, porque fue un maestro que conocía los secretos y mecanismos de su oficio y que escribía maravillosamente. _____</p><p><strong>Benjamín Prado</strong> es escritor y colaborador de infoLibre<em>. Su último libro es Los treinta apellidos (Alfaguara, 2018). </em><a href="https://www.megustaleer.com/libros/los-treinta-apellidos/MES-100436" target="_blank">Los treinta apellidos</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Jan 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Benjamín Prado]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Si Vázquez Montalbán levantara la cabeza]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Los diablos azules número 126]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA['Primera persona']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/primera-persona_1_1166647.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/071f865d-fe26-4a4c-952e-e43764bf0172_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Primera persona'"></p><p>En <a href="http://editorialtransito.es/producto/primera-persona/" target="_blank">Primera persona</a>, la escritora Margarita García Robayo (Cartagena, Colombia, 1980) reúne sus textos autobiográficos, que funcionan, como dice <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2019/01/25/entrevista_margarita_garcia_robayo_primera_persona_91135_1821.html" target="_blank">en la entrevista</a> publicada en Los diablos azules, "como un mapa de obsesiones muy identificables". Recogemos dos fragmentos de este libro que la editorial Tránsito pública el próximo 30 de enero. </p><p>_____</p><p>  <strong>Mi debilidadApuntes desordenados sobre la condición femenina</strong></p><p>  </p><p>Cuando tuve a mis hijos me volvieron las mujeres de mi familia a la cabeza; por más que quise despojarme de ellas, allí estaban frotando sus pañuelos contra mi nariz. La crianza es femenina, pensaba mientras miraba a mi marido maniobrar esos cuerpecitos blandos con diligencia y entusiasmo, temiendo que sólo fuera una primera fase y que después degeneraría en la inutilidad propia de su género. Las dos veces que fui madre batallé contra mi ADN. Al luchar contra las imágenes que me han impuesto de lo femenino, también estoy luchando contra parte de lo que soy: cuesta desaprender, es un desgarro permanente pero necesario. Creo que tenemos que ser capaces de repudiarnos; creo que hay que tenerse un poco de asco para poder cambiar. La autoindulgencia no ayuda. Me mantuve firme en que si quería hacerlo distinto —no decía «bien», me bastaba con que fuera distinto—, tenía que decretar que el momento del nacimiento de mis hijos debía marcar el principio de su pasado y el final del mío. Si yo podía tener control sobre alguna historia, quería que comenzara ahí. Sería una historia porosa, cuyo mayor atributo consistiría en que podría ser intervenida por ellos. Miré la ventana y les conté lo que había: su primer horizonte atravesado por cables y edificios; el de V. fue de día, el de J. de noche. Y mientras enumeraba los elementos del paisaje vi caer preguntas como pelusas primaverales que planeaban livianas y frenéticas. Esa fue la primera de muchas señales de que no tener un método claro sería tan fatigoso y angustiante como adoptar el que ya conocía.</p><p>Lo cierto es que actualizo mi batalla a diario porque rápidamente dejó de ser una batalla contra mi pasado; mis taras de mujercita criada por y entre mujercitas astutas cuya mentalidad intrincada no fue suficiente para salvarlas de sus hombres (suelo preguntarme si alguna vez en sus vidas longevas las mujeres de mi familia tomaron conciencia de que con esa extraña mezcla de servilismo y condescendencia estaban contribuyendo a la potencia destructora que hoy, en muchos aspectos, define el rol de lo masculino en el mundo. En cualquier estadística queda claro que los que matan, golpean, violan, maltratan y destruyen mayoritariamente son los hombres. Por mucho que queramos ver otra cosa, es imposible desestimar el hecho de que esos hombres / monstruos no se hicieron solos). La crianza que me dieron es uno de los tantos surcos que decoran mi hipocampo, pero el torno no se detiene. Ahora me peleo con mi necesidad ñoña de ser lo primero que ven mis hijos cuando abren los ojos a la mañana y lo último, cuando los cierran cada noche. Me peleo también con la necesidad de que mis hijos no sean lo único que yo vea. Con quien más me peleo es con mi marido, pero sólo porque es a quien tengo más cerca después de los niños, con quienes no me puedo pelear —o sí, pero siempre pierdo—. Así que mi maternidad transcurre, en buena medida, dando zarpazos al aire.</p><p>[…]</p><p>La confusión que me genera mi rol de madre, en todo caso, viene de la confusión que me genera mi rol de mujer. Si asumiera el mandato de mi infancia que dictamina que soy yo la que tiene la potestad del relato familiar tendría un gran problema. Todos los días intento entender un poco más de mi propia historia y no suelo ser muy eficiente, pero admití un hecho que alivia la ausencia de certezas: mi historia es un cúmulo de preguntas irresueltas —¿Qué soy? ¿Qué quiero ser? ¿Cuánta frustración soy capaz de soportar?—. Avanzar en el entendimiento significa formularme nuevas preguntas. Ya no me angustia, pero vivo en el borde, caminando una pasarela estrecha sobre el hueco eterno de la duda.</p><p>  <strong>Aullidos sordos en el bosque</strong></p><p>Z. dice cosas que no escucho. Entre él y yo se instala el silencio de bestias que se escrutan con los ojos inflamados. Aparece el holograma laberíntico que se superpone a la pradera y me marca un camino sinuoso de neón. Al costado está el hueco negro, el de siempre, el que no tiene fondo, el que nunca se va; pero al final del camino está esa luz brillante que me enceguece y me impide ver el hueco, o me hace minimizarlo: ahora es un felpudo roto, inofensivo, y no el bicho vivo que terminará chupándome. Así, en una distracción de la neurosis, es como ocurre el flechazo: los dos nos elevamos y accedemos a esa cápsula radiante como si nunca la hubiésemos habitado. Entramos frágiles, blandos, necesitados, desbocados, embrutecidos. Ya estamos heridos sin habernos tocado.</p><p>La habitación sigue oscura, aunque hace rato que es de día. Lo sé porque me levanté antes a espiar la casa. En la heladera encontré una colección de picantes vencidos. En la biblioteca, además de libros, hay muñecos de la cajita feliz, facturas agrupadas en un clip gigante de Morph, cuatro soldaditos de plomo con el precio percudido pegado en la base —diez libras cada uno—. Pero el gato maulló y me asusté, entonces volví a la cama.</p><p>Este chico duerme para no hablar, es mi sospecha. La sospecha es el diablo, me lo enseñaron de chica —en contraposición a la certeza, que es Dios—. Hace diez días que nos conocemos, hemos hecho lo obvio: salir a comer, mirarnos con esa mezcla de ganas y desconfianza, y tener charlas crudas sobre la vida que embellecen nuestras heridas psíquicas. Ya revisamos el pasado, ya comparamos internamente a nuestros ex —a todos— y decretamos que somos mejores prospectos el uno para el otro. Ya le mentí para gustarle más; él hizo lo mismo conmigo, pero no me di cuenta. En este punto podemos coincidir en que somos felices juntos porque conspiramos para serlo; cada quien hace lo suyo, con brío, pero en secreto. Anoche fuimos a una terraza y, después del beso, pensé que tendríamos que lanzar cohetes: la reciprocidad en el amor —incluso si dura segundos— es una victoria que merece celebrarse. ¿Entonces por qué duerme tanto? No pregunto para no lidiar con la humillación de su respuesta. Así que me inflo y me desinflo, tengo ansiedad, tengo sed, tengo angustia porque está muy oscuro (¡buenos <em>blackouts</em>! —me dirá C., que está en el detalle fino). La boca entreabierta me deja ver un poco de su dentadura que me gusta tanto, pero de una forma distinta porque cuando duerme cambia, parece otra persona: alguien que me resulta al mismo tiempo extraño y querible. Me cuelgo pensando en cuánto cambiamos cuando dormimos o cuando nos miramos demasiado tiempo en el espejo y la cara empieza a descomponerse en un dibujo cubista. ¿Cómo eran los otros dormidos? No recuerdo a los otros. Es imposible tararear la melodía de una canción vieja cuando hay un hit golpeándote la cabeza. Despierta y me mira: ¿no dormís? ______</p><p><strong>Margarita García Robayo</strong> es escritora. Su último libro publicado en España es <a href="http://editorialtransito.es/producto/primera-persona/" target="_blank">Primera persona</a><em> (Tránsito, 2019). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Jan 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Margarita García Robayo]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Primera persona']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Prepublicación,Los diablos azules número 126]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Margarita García Robayo: "El día que deje de preguntarme cosas es porque me morí"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/margarita-garcia-robayo-dia-deje-preguntarme-cosas-mori_1_1166634.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/11fa5674-f9fc-4f7a-b7a3-b2cbde6a81fc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Margarita García Robayo: "El día que deje de preguntarme cosas es porque me morí""></p><p>Cuando a <strong>Margarita García Robayo</strong> (Cartagena, Colombia, 1980) le encargan escribir sobre, por ejemplo, el mar, y ella se zambulle en el mar de su infancia, y el mar de su embarazo, y el mar en el que nadará su hijo, no está sola. A su lado van apareciendo los mares y las infancias y los embarazos y los hijos de otras muchas. Otras que quizás no estén embarazadas ni tengan hijos ni tuvieran un mar de infancia, otras que no tienen nada que ver con ella y que sin embargo también están en lo que escribe. <a href="http://editorialtransito.es/producto/primera-persona/" target="_blank">Primera persona</a>, el volumen en el que recoge sus textos autobiográficos y que publica ahora en España la editorial Tránsito, se compone en singular y en plural. </p><p>Estos ¿ensayos?, ¿crónicas? han sido elaborados a lo largo de los años y al mismo paso que sus libros de ficción, novelas como <em>Tiempo muerto</em> (2017) o volúmenes de relatos como <em>Cosas peores</em> (2014). Desde Buenos Aires, donde vive desde hace 14 años, cuenta por <em>e-mail</em> que unos y otros nacen de la misma forma: haciendo memoria.  </p><p><strong>Pregunta. ¿Qué le ha enseñado esa primera persona que no hubiera encontrado ya en su ficción?</strong><em>primera persona</em></p><p><strong>Respuesta</strong>. Esa primera persona es en realidad mi lugar más natural en la escritura. De hecho este libro es una compilación de textos que abarcan muchos años y que han sido publicados en medios donde regularmente escribo. Escribir este tipo de textos (algunos les llaman ensayos, otros crónica íntima, en fin) es el modo en el que he elegido ganarme la vida, es mi trabajo, pero también es la forma más eficiente de conocerme. Escribir es siempre un ejercicio de memoria, y el procedimiento mediante el cual hacemos memoria es muy equiparable al que empleamos para hacer relatos de ficción o de no ficción, es lo mismo, lo que cuenta es el mecanismo de filtrar esas imágenes que intentan explicar quién has sido y en quién te has convertido.</p><p><strong>P. ¿Cree que se detuvo en lo autobiográfico por una especie de agotamiento de la ficción? ¿Se llega a sitios distintos por esos dos senderos?</strong></p><p><strong>R</strong>. No me detuve en lo autobiográfico, siempre lo transité. Estos textos lo ponen en evidencia de un modo más contundente porque la premisa así lo exige. Estos textos son, en su mayoría, pedidos por encargo; encargos que en general son tan abarcativos que parecen disparates, por ejemplo: escribe un texto sobre “el territorio”. Ok. Y eso es todo lo que hay. Y aunque al principio me da mucho vértigo agarrar un tema tan todo y tan nada como punto de partida, después descubro que es el modo en el que más me gustra escribir. Porque yo siento –más que sentir, lo sé– que siempre estoy hablando de lo mismo; mis preguntas y preocupaciones de un libro a otro son bastante similares porque responden a ese retazo de mundo en el que suelo poner el foco, la mirada; entonces, tener un tema me obliga no tanto a encauzar (a veces hace justo lo contrario: me dispersa), sino a poner un marco que distraiga la redundancia. Es decir, sigo hablando de lo mismo pero desde otro lugar, desde otro ángulo. Y eso es, para mi gusto, lo más gratificante que hace la literatura: permitirte entrar en una gran conversación acerca de tres o cuatro temas muy concretos e identificables, pero, con suerte, desde un lugar propio.</p><p><strong>P. Dice en una entrevista, sobre este libro: “Uno escribe sobre sí mismo para entender qué piensa”. ¿Cree que es justo acusar a la autobiografía o a la autoficción de ensimismamiento?</strong><a href="https://www.lavoz.com.ar/numero-cero/margarita-garcia-robayo-uno-escribe-sobre-si-mismo-para-entender-que-piensa" target="_blank">en una entrevista</a></p><p><strong>R</strong>. Cada vez que me siento a escribir suscribo esa frase, pero creo que está mal transcrita en la entrevista porque yo no diría nunca que “entiendo” nada, sino que me entero, me clarifico, me hago las preguntas. Entender es otra cosa, y no sé si me ocurre muy a menudo; lo que sí me ocurre es que –tanto escribiendo como leyendo–, me surgen más y más preguntas. Las preguntas no me angustian, sino que me revitalizan. El día que deje de preguntarme cosas es porque me morí, supongo. Un poco este libro (si lo pienso como una unidad que quiere expresar algo), se trata de eso: de hacerse las preguntas, de reflexionar sobre ellas, de no resignarse nunca a una respuesta, o a varias, o a ninguna.</p><p><strong>P. ¿Por qué cree que en los últimos años la escritura del yo, y sobre todo la autoficción, ha tomado tanta fama —o tanta presencia en medios y en maniobras de marketing editoriales—, y luego tan mala fama?</strong></p><p><strong>R</strong>. Supongo que se debe a cierta saturación, cuando se abusa de un formato uno tiende a rechazar el formato olvidándose de que es solo eso: una carcasa que puede contener perlas o basura. Yo adoro la poesía, el ensayo, el género epistolar… todas formas narrativas que ponen en primerísimo plano al narrador. Los autores en los que pienso cuando me obligo a identificar mis marcas me enseñaron algo sobre su retazo de mundo, aunque ninguno me habló de temas muy extraordinarios. A mí me parece dificilísimo aportar algo luminoso en una conversación sobre temas tan transitados como el amor o la pérdida, por ejemplo, por eso cuando en mis lecturas encuentro ese verso o esa imagen que brilla la atesoro como un pequeño milagro.</p><p><strong>P. ¿Qué lazo ha encontrado, en este libro, entre la primera persona del singular y la del plural? Pienso en “Apuntes desordenados sobre la condición femenina”, pero no únicamente.</strong></p><p><strong>R</strong>. Bueno, quizá lo que más me interesó de armar esta colección cuando me lo propusieron originalmente (este libro se editó en Perú, Colombia, España y próximamente en Argentina) fue tratar de identificar eso mismo que dices: de dónde vengo, por qué escribo lo que escribo, qué es lo que comparten todos estos textos escritos en años tan distintos y qué información me da la lectura del conjunto. Y sospecho que incluso en los textos más antiguos, donde quizá yo noto menos –o disimulo más– mis grandes preocupaciones –es decir, obesesiones–, hay un deseo de enfilarme en cierto tipo de tradición literaria que busca su materia narrativa en la propia intimidad. Y con intimidad me refiero a todo aquello que conforma una mirada sobre el entorno más próximo, cuestión que solo puede llevarte a un pozo de sentimientos ambiguos, pero también universales; el resultado de fijar la mirada sobre esas cosas cercanas suele ser el de identificar en los mismos elementos una fuente de dolor y de consuelo; de horror y de belleza; de gratitud y de rechazo. En fin. Hablar sobre esos “hallazgos” ínfimos –e íntimos– me sitúa en un lugar casi de etnógrafa, pero con la pretención –grandilocuente, quizá– no solo de documentarlos sino de reflexionar sobre ellos.</p><p><strong>P. ¿En qué se ha diferenciado el proceso de escritura de los textos que componen este libro de sus obras de ficción anteriores?</strong></p><p><strong>R</strong>. Como decía antes, estos textos en su mayoría han sido escritos por encargo, así que el impulso es otro y el procedimiento es distinto: tratar de volcar todo lo que quiero decir en los márgenes que ma han sido dados. Insisto, adoro eso: si me dicen escribe de lentejas, me pongo feliz. No es que lo necesite siempre, pero gusta tener una excusa para sentarme y teclear.</p><p><strong>P. ¿Y en qué se ha diferenciado su recepción? ¿Ha sentido que se este libro se valoraba de manera distinta?</strong></p><p><strong>R</strong>. Este libro ha superado cualquier expectativa que hubiese podido tener en lo que respecta a estos textos. No solo la recepción ha sido fabulosa, sino que me ha puesto frente al desafío de pensar mi literatura (de ficción y de no ficción) como un mapa de obsesiones muy identificables. Leídos por separado son una cosa, leídos en conjunto son otra. Me muestran un universo más compacto, es como si me hablaran y me dijeran: esto es lo que has estado mirando todos estos años, no fue solo la neurosis de esta mañana... Y eso podría ser poco estimulante, pero es justo lo contrario: me reafirma en mi búsqueda, me permite afinar cuerdas, profundizar y seguir orbitando esos temas de siempre pero con una disposición diferente, más conciente y más compleja. Y la valoración –por lo que he recibido de lectores de distinto tipo– creo que tiene que ver con percibir de un autor el grado suficiente de honestidad que te permite sentirte reflejado.</p><p><strong>P. ¿Ha entendido, finalmente, qué piensa?</strong></p><p><strong>R</strong>. No, pero es un alivio saber que me lo sigo –y me lo seguiré– preguntando.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Jan 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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