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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 129]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 129]]></description>
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      <title><![CDATA[Tercera persona]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/tercera-persona_1_1167408.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6f6f874d-efa8-43da-bcd2-9896c9c607cc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tercera persona"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Fernando Valls y Gemma Pellicer. En esta nueva entrega recoge un texto de Inés Mendoza.</em></p><p><strong>_____</strong> </p><p><strong> Tercera persona</strong></p><p>Es posible que Diana haya renunciado a sí misma. Cuando conversa, se diría que las palabras afloran a su boca en tercera persona, que ya ni el frío ni el asombro le queman la piel, como si se negara a escribir una sola página más en el libro de su futuro.</p><p>Si los pájaros regresan o emigran tras las cordilleras del invierno parece que a ella no le incumbe. Ha jurado que nunca volverá a desvivirse apurando los misterios que desbordan la biblioteca del mundo<strong>. </strong>El aislamiento de Diana, su creciente mutismo y un aire terco en sus ojos, sugieren que de un momento a otro desertará del afanoso trasiego de pasos y paraguas que mira correr frente a su ventana las noches de tempestad.</p><p>La suya es una historia sin protagonista, y por eso sus días se van congelando hora tras hora, libres de percances, de angustias, vacíos de pasión<strong>.</strong></p><p>Solo hay una cosa que la perturba. Y si todavía no se ha exiliado del alfabeto del tiempo es por esa inquietud; por esa visión que la ahoga en su cama noche tras noche. Diana intenta retenerla bajo los párpados una y otra vez, atraparla como quien guarda una flor cuarteada entre las páginas de un diario. Y es el tibio murmullo de un paraíso; el millar de cúpulas rutilantes de una ciudadela de luz que se mece suavemente en el fondo de un mar. Acunada por sus aguas cálidas, cada noche Diana se sumerge en la ciudad cegadora y se abraza con todo su cuerpo a una de las columnas, hasta que por las piernas le resbalan ríos de dolor y placer. Hace ya siglos que erige este paraíso personal piedra por piedra, pero puede que no lo sepa jamás, porque sólo lo conoce en sueños, íntimo y breve, segundos antes de abandonar la oscuridad. _____</p><p><strong>Inés Mendoza</strong> (Caracas, Venezuela, 1970) es arquitecta y escritora, y vive en Madrid desde hace más de una década. Imparte talleres literarios en la Escuela de Escritores y es autora de los libros de relatos <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/el-otro-fuego/" target="_blank">El otro fuego</a><em> (2010) y </em><a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/objetos-fragiles/" target="_blank">Objetos frágiles</a><em> (2017), publicados por Páginas de Espuma.</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Feb 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Inés Mendoza]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Los diablos azules número 129]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Selección esencial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/seleccion-esencial_1_1167398.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/039e19d6-089b-4dee-9949-2bdab45a6635_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Selección esencial"></p><p><strong>Los cien mejores poemas de Karmelo C. IribarrenEdición, selección y prólogo de José Luis MoranteLa Isla de SiltoláSevilla2018</strong><em>Los cien mejores poemas de Karmelo C. Iribarren</em></p><p>  </p><p>Podríamos considerar a <strong>Karmelo C. Iribarren</strong> (San Sebastián, 1959) un poeta de la existencia; también un poeta postexpresionista. Sin embargo, hay escritores que se resisten a ser etiquetados, simplemente porque rebasan los márgenes que los acotan, porque sus obras están en movimiento. Tal es el caso de Iribarren, poeta-isla en la poesía española contemporánea quien, tal como advierte en su magnífico aporte <strong>José Luis Morante</strong> —encargado de seleccionar y prologar el libro que nos ocupa—: «su obra, amplia y significativa, refleja una evolución personal, con signos singulares pero con un concepto poético uniforme». Dicha evolución sigue componiendo su hoja de ruta con cada nueva publicación, ya sea a través de poemas o aforismos, vertiente que también cultiva este autor.</p><p>Esta antología o selección esencial, compendia 23 años de vida y poesía (1995-2018), ambas indisociables, de la trayectoria de Iribarren. Señalado como poeta urbano por libros como <em>La condición urbana</em> (1995), en el que ya dibuja el croquis del posterior autorretrato: verso libre, una dicción coloquial que incluye argot y palabras marginales como recurso para dotar de realismo y verosimilitud a los poemas, desencanto del mundo pero a la vez fascinación por descubrir(se) en sus contrariedades, ironía y tránsito entre desesperanza e ilusión. Iribarren da voz a personajes engullidos por una realidad que los enfrenta a sí mismos. La analogía entre los coches, antes de entrar al túnel, y la vida, entendida como aceptación de lo efímero, presente en el poema “Hacia la sombra” sintetiza a la perfección buena parte de su poética.</p><p>Sin hacer crítica explícita al funcionamiento de las relaciones sociales, el poeta evidencia por contraste, moldea personajes insatisfechos, entre los que se incluye, y de manera subliminal se posiciona con los perdedores, quienes sienten que no han perdido nada y no tienen nada que perder porque realmente no hay nada por ganar.</p><p>Influenciado por el séptimo arte, Iribarren se convierte en un creador de imágenes irreverentes; la poesía negra utiliza códigos del cine negro: una infidelidad, una botella de <em>wisky</em> y su alucinación, un francotirador que apunta su mira telescópica a la conciencia del lector. Quizá por incontinencia y sin pretender empatizar, la carga emocional de los poemas y la puesta en escena incitan al lector a compadecerse por la dureza de algunas historias, y a descodificar de ellas cierto grado de ternura: «Ándate con cuidado // hay gente que es capaz de cualquier cosa, / cuando ve una sonrisa».</p><p>La turbulenta relación con el alcohol del hablante lírico o el agravio del tiempo, culpable de no haber podido conocer mejor a su padre antes de morir, desdibujan preocupaciones autobiográficas que cristalizan en cinismo y desafectación a menudo y se revelan casi siempre en los bares, esas sedes del desengaño. Así, la poesía de Iribarren ensalza la cotidianidad y ubica en ella a la mujer, un ser ambivalente capaz de lo mejor y lo peor, y se especializa, a través del sarcasmo, en encontrar lo novedoso en la rutina, como por ejemplo, en esa catafórica alusión al clasismo en el título de uno de sus poemarios <em>Serie B </em>(1998).</p><p>El margen emocional —y de maniobra— de que disponen los poemas viene determinado por un estado de ánimo, un paisaje interior elaborado con la sinceridad de palabas desnudas que carecen de una preocupación estética: «Me dieron hostias (…) hasta en el carné de identidad». En un mundo en el que la tónica posmodernista es romper el cliché o huir de él, Iribarren lo incluye tal cual en su poesía y resulta, sino revolucionario, sí contestatario. Su poesía camina con independencia de otras etiquetas masivas y coetáneas.</p><p><em>Los cien mejores poemas de Karmelo C. Iribarren</em> resulta un título engañoso, ya que la selección parece el cuaderno de bitácora de un caminante. Pero como dice <strong>Jaime Siles</strong>, los títulos de los poemarios no deben ser poéticos, y sin duda, este cumple fielmente tal afirmación.</p><p>Parafraseando a José Luis Morante: «Las palabras de Iribarren inspiran confianza»; y en verdad esta poesía posee ese don, lejos de parecer buena o mala, correcta o incorrecta a la moralidad o el gusto, una verdad late bajo los versos. No hay impostura: «Se acabó el cuento, / amigo: esto es la vida», algo que no impide que muchas veces los finales de los poemas sean rematados a la manera de <strong>O. Henry</strong>: «Cierras los ojos / y «esto es la felicidad», / te dices. // Luego los abres / y ves a ese pobre viejo / hurgando en las papeleras».</p><p>En definitiva, el viaje a través de esos veintitrés años de poesía sintetizada en este libro, nos lleva a conocer más profundamente la dimensión humana del poeta, nos traslada desde la sordidez y el pesimismo a cierto grado de optimismo y esperanza, algo que se agradece después de algunos pasajes desapacibles por la crudeza de la realidad; como hizo Ortega y Gasset, Iribarren reduce el mundo a lo que observa a través de la ventana del bar donde reflexiona su vida, y lo hace a través de la poesía, mientras se resiste a ser atravesado y absorbido por fuerzas que ni siquiera conoce. Desde  el cauce de las palabras se desdice y transforma pero nunca renuncia a preguntarse. _____</p><p><strong>José Antonio Olmedo López-Amor</strong>, poeta, ensayista y crítico literario. Codirige la revista <a href="http://revistacratera.com/index/" target="_blank">Crátera</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Feb 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Antonio Olmedo López-Amor]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Poesía,Los diablos azules número 129]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Sobre líneas de vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/lineas-vida_1_1167395.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/97b02ccb-6554-4f21-baeb-aab5b393d7a9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sobre líneas de vida"></p><p><strong>Líneas de flotación</strong></p><p><strong>Félix Trull</strong></p><p><strong>Libros al AlburSevilla2018</strong></p><p>  </p><p>Leo en la contracubierta de su anterior libro de aforismos, <em>Metas volantes, </em>que “<strong>Felix Trull</strong> nació en una ciudad a orillas del Mediterráneo, aunque desde hace años reside en otra al borde de un río”. Esa imagen de “vivir a las orillas” me gusta, como también saber que este editor y escritor firma casi siempre bajo heterónimo, y, sobre todo, constatar que es un amante difusor del género aforístico.</p><p>Se abre el libro con una cita significativa de <strong>Rafael Pérez Estrada</strong>: “La flotación es un principio frívolo y poético de la naturaleza”. Consta de 3oo aforismos o “apuntes” que van numerados singularmente, y en ellos nos sugiere desde el principio iniciar un viaje, pasear por la vida, recorriendo muchas estaciones, con subidas y bajadas, paradas y esperas. Siempre en un tono conversacional y confesional nos transporta por senderos que nos dan que pensar.</p><p>Sus “ocurrencias recurrentes”, sus “líneas”, tienen la dosis de los buenos aforismos: concisión, reflexión, humor, amabilidad, compromiso y crítica. Con un lenguaje lúdico, provocador e incómodo a veces, Trull envuelve sus aforismos en un tono filosófico y poético, con el que da toques de atención sobre temas de actualidad que invitan al diálogo. Formula sus idearios. Así, sus aforismos críticos son moralistas, en el sentido de exponer costumbres y formas de vivir, no en el sentido universal didáctico-moralizante del clasicismo. Hace ajustes de cuentas con la vida y se implica con este tiempo que estamos: “Nada de lo humano me es ajeno: ni siquiera lo que ignoro activamente”.</p><p>Félix Trull es un aforista muy sentido, con una identidad muy particular, y sus juicios surgen de las decepciones: “La decepción se ha convertido en toda una industria”. Es discordante con algunos comportamientos progresistas que rechaza, insatisfecho con el paso vertiginoso del tiempo, se indigna y entristece con lo injusto: “No hemos venido a la vida a entenderlo todo, sino a gestionar lo incomprensible sin perecer en el intento”. Y se autodefine: “Hay dos tipos de tipos: los que se abren paso a través de la espesura y los que buscan ocupar un espacio que ya existe. Yo soy de los primeros, definitivamente”. Los temas que aborda son el tiempo, el amor, la amistad, las cosas cotidianas que nos rodean, que nos rozan. También son temas recurrentes de su escritura, la enseñanza, la soledad, la ética, la libertad: “La libertad se conquista siendo libre. Y de ninguna otra forma”.</p><p>Es  abundante el  juego que entabla con las frases hechas: “Más vale melodrama conocido que tragicomedia por conocer”, “Tu rutina eres tú”... El humor y la ironía hacen acto de presencia gracias al manejo riguroso y sutil que conforma su escritura: “No lo deconstruyas más que así es el gazpacho”. En sus aforismos se perciben los ecos de los clásicos: <strong>Heráclito, Bécquer, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Gómez Dávila, Miguel Hernández</strong>, entre otros. Son homenajes donde Trull da cuenta de la importancia del gusto por la tradición junto con la innovación. Es un excelente conocedor del aforismo, como ya sabemos, un entusiasta del género fragmentario, labor que lleva difundiendo rigurosamente desde sus estudios, su blog, sus ediciones (Libros Al Albur) y con su creación.</p><p>Este editor, filósofo y poeta nos advierte y nos deja frases memorables con la intención de implicarse con la vida. Así nos dice: “Tanta levedad, al final acaba pesando”. También: “Dudo, luego existes”. Y: “El amor es un rescate mutuo”. Por eso este consejo: “Madurar es dar un paso, uno solo: el que te obliga a dejar de lamentarte por lo que has perdido, a celebrar todo lo que aún conservas”. Y este: “Lo que hace insufrible a la ignorancia no es su atrevimiento, sino su inagotable locuacidad”. Añade: “La autentica libertad está llena de deberes”. Y se confiesa: “A mí, la verdad, poder o no poder me resulta indiferente. La pregunta que me inquieta de veras es ¿debo o no debo?”.</p><p>Y todas estos “apuntes” son sus <em>Líneas de flotación</em>: “He llegado a un punto en el que sólo me atrae mi atención lo que me interesa mucho y lo que no me interesa mucho; lo que me interesa a medias, ya no lo puedo soportar”. Y también son sus líneas de vida para nadar, a veces a contracorriente, y  para poder flotar en el viaje de la existencia: “Y es que para amarse hay que desarmarse. En todos los sentidos”. _____</p><p><strong>Carmen Canet</strong> es escritora y profesora de Lengua y literatura. Su último libro es <a href="https://www.editorialrenacimiento.com/a-la-minima-serie-menor/1970-luciernagas.html" target="_blank">Luciérnagas</a><em> (Renacimiento, 2018).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Feb 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Canet]]></author>
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      <title><![CDATA[Fiebre alta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fiebre-alta_1_1167393.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0b51652f-9c50-4761-95e6-9acf9f33a83b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fiebre alta"></p><p>Poeta, narrador, articulista y músico, <strong>Sergio Algora</strong> (Zaragoza, 1969-2008) alienta en su vitalismo poliédrico un deseo de esclarecer la incoherencia y el caos. Murió muy joven. Cuando no había cumplido todavía los cuarenta años y era un referente esencial de la música <em>indie</em>, como miembro de grupos como El Niño Gusano, Muy Poca Gente, o La Costa Brava. Su obra poética, a trasmano de los idearios generacionales figurativos, apenas tuvo repercusión entre el gran público. Encarnó al poeta de minorías y, por ello, era necesaria la recuperación del corpus lírico completo, abordaba por <strong>Ana Toboso</strong> y <strong>Pedro Gascón</strong>.</p><p>En <em>Celebrad los días</em> se agrupa la cosecha lírica desde su carta de epifanía, <em>Envolver en humo </em>(1994), hasta el libro inédito <em>Invierno</em>, en cuyo desarrollo orgánico trabajaba todavía. Un abanico de entregas que nos deja el aporte total de una poesía que arranca en el surrealismo y deriva en el tiempo hacia una voz expresiva singular, que casa mal, con las habituales etiquetas críticas. El demorado prólogo es brújula esencial para abordar la propuesta magmática. No es un poeta dialogal; su lírica nocturnal desazona, deconstruye juicios sedentarios, deja el significado en la penumbra. Es un escritor con fiebre alta. Ana Toboso y Pedro Gascón  recorren la vida creativa en cada uno de sus títulos y apoyan las incisiones críticas con las reseñas generadas en el momento; de este modo, se construye un paisaje diacrónico que baliza el itinerario y permite entender lo complejo. El liminar deja otra certeza, el nítido conocimiento de los editores del movimiento musical <em>indie </em>y de la discografía de grupos minoritarios que componen la textura sonora de esas décadas, un compendio de datos inalcanzable, de fuerte sugestión, que así logra permanencia.</p><p>La carta inicial del poeta muestra una plena adhesión al surrealismo. El significado se vela para dar paso a un decir cuajado de imágenes oníricas, hecho de perturbador expresionismo. Los poemas deambulan por un hermetismo oscuro, por una incitación a lo abismal que contempla un mundo aleatorio y subjetivo del que solo es partícipe la conciencia del sujeto. La poesía recuerda un juego hipnótico que abre angostos pasadizos hacia la noche de los significados. La escritura protagoniza un largo viaje endogámico que no busca el sol claro del entorno exterior sino un líquido amniótico, una matriz tibia que crea el ámbito de otra identidad. Pero esa identidad tiene un peculiar sentido, como se vislumbra en los poemas finales de <em>Paulus e Irene</em>: “La anormalidad como un cambio de tiempo, espacio, intensidad, imagen de uno mismo y equilibrio”. El ser no es el modelo gregario del tedio social, es el ser único, el que contradice la norma y acentúa su diferencia, el que es capaz de convertir el amor es un combate y no en un abrazo; ese yo distinto nunca permeable a la costumbre.</p><p>Cualquier itinerario creador evoluciona en el tiempo y decanta recursos expresivos; poco a poco, la voz inaccesible del comienzo moldea una expresión más natural, con un sentir más nítido y despojado. Los poemas adelgazan y se alejan del cauce simbólico; cobran una expresividad más directa y comunicativa. Así sucede en los textos de <em>Otro rey, la misma reina </em>(2003), donde el sujeto verbal adquiere nuevo aliento, con mayor presencia de la experiencia biográfica. El poso existencial se hace materia de indagación y discurso para abordar también la razón del poema, ese sentido metaliterario que busca interpretación a lo contingente.</p><p>Las últimas entregas dan voz a un figurante despojado de cualquier epidermis heroica, proclive a la errancia y la contradicción que vive la palabra como una tarea que define lo inexpresable. En su interior se guardan los fragmentos de la memoria y las desgarraduras de un intimismo trascendido. Así se percibe en el libro inédito <em>Invierno </em>(2008) cuyos textos muestran una poesía más descriptiva y testimonial, a través del poema en prosa. Como si el yo poético  escuchase el rumor de “el invierno en las venas, helando las alcobas de la sangre” el tono se hace reflexivo y trágico. Los editores añaden como coda final materiales difundidos en el entorno digital, como ese último poema, que el autor subió a su blog personal solo una semana antes de su fallecimiento.</p><p>Sin claros en el bosque, Sergio Algora proclama el convencimiento de que la poesía siempre está signada por lo experimental; por eso busca la transgresión de formas y contenidos y una expresión léxica de impacto, capaz de acoger en su discurso al visceralismo al definir una existencia en lo sombrío. Sus núcleos preferentes son la inquietud, la soledad y la muerte, porque en ellos se impregna el intimismo más profundo. Las palabras no callan. Cuentan todo, suenan en el silencio para convocar también la ausencia, para que la voz no sea pasado y vuelva, sea ahora y regreso. _____</p><p><strong>José Luis Morante </strong>es poeta, ensayista y antólogo. Su último trabajo es la edición <a href="https://laisladesiltola.es/catalogo/siltola-poesia/los-cien-mejores-poemas-de-karmelo-c-iribarren/" target="_blank">Los cien mejores poemas de </a><a href="https://laisladesiltola.es/catalogo/siltola-poesia/los-cien-mejores-poemas-de-karmelo-c-iribarren/" target="_blank"><em>Karmelo C. Iribarren</em></a><em> (La Isla de Siltolá, 2018).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Feb 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Luis Morante]]></author>
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      <title><![CDATA['Una' antología]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/antologia_1_1167391.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2c1ed843-dab5-433f-bda1-34332896f758_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Una' antología"></p><p><em>Una antología</em>. Así se subtitula <em>Centros de gravedad. Poesía española en el siglo XXI</em>, que reúne a doce poetas nacidos entre 1971 y 1985. Podríamos pensar que, claro, toda antología es <em>una</em>. <strong>José Andújar Almansa</strong>, no obstante, explicita porque sabe bien que el género escogido enciende debates en el panorama literario español. Si lo antológico lleva dentro la inextirpable semilla de lo canónico (y así de lo político), entonces esta antología quiere ser <em>un</em> canon entre otros. Porque el canon no es único, no es <em>el</em>: ¿qué lector no compara, valora y categoriza lo que lee en un canon interior? La antología se lleva por dentro. Frente a una noción estatuaria del canon, el artículo indefinido de Andújar Almansa otorga fluidez a lo antológico. Entiende que hay otras antologías posibles y pretende con la suya no crear una norma, sino una nómina que dialogue con el canon personal de quien se acerque a ella, en parte para confirmarlo, en parte para cuestionarlo y plantear otros nombres.</p><p>  </p><p>En el prólogo, Andújar Almansa analiza los posibles rasgos que comparten un conjunto de poetas cuya obra comienza a desarrollarse, en general, en la primera década de los dos mil. El antólogo aprecia en este momento poético coordenadas parecidas a las que señalan en sus prólogos-estudios <strong>Rafael Morales Barba</strong> o <strong>Luis Bagué Quílez</strong>. Una estética discontinua e incómoda opera su tarea fragmentadora en distintos niveles: en la narración de la vivencia, la referencialidad del discurso, el registro de la voz, la imagen, la forma estrófica, el sentido del poema, la realidad, el yo. La estética es coherente: todas estas continuidades se rompen en cuanto se problematiza su argamasa, que es el lenguaje, denunciando así la naturaleza textual de ciertas <em>esencias</em>. La ironía y la inteligencia <em>deshabitan </em>(“deshabitados” llamó a sus contemporáneos el antologado<strong> Juan Carlos Abril</strong>) los centros sobre los que se construye cierta tradición realista que recientemente ha sido hegemónica. Algunos de estos poetas se emparentan con el balbuceo de <strong>Celan</strong>, la parataxis de <strong>Ashbery </strong>y <strong>Eliot</strong>, la elipsis que entrevé la grieta “arracional” en lo personal y lo social, la disolución y reconstrucción imaginativas y neosimbolistas del mundo, ya nunca sólido, y un montaje brusco, de <em>raccord </em>abrupto y castigado.</p><p>Todo ello genera una experiencia estética próxima a la extrañeza y, por qué no, al <em>Stoss</em> (<em>sacudimiento</em>) que propugnan las estéticas de <strong>Heidegger </strong>y <strong>Vattimo</strong>. Incluso podría remitir a la estética negativa de Adorno, en un intento de buscar marcos teóricos desde los que interpretar estas poéticas. El efecto es el desalojo de la comodidad cotidiana del yo, la problematización de su situación de individuo en el capitalismo tardío. Para ello, el poeta no produce un texto rápidamente consumible, donde el lector vive vicariamente una experiencia, se reconoce en la voz poética y por tanto se afirma como lector y consumidor. Todo lo contrario, erige un poema que es casi un <em>otro</em>, una otredad que nos amenaza o que nos reivindica como sujetos y no como consumidores, según sea el poeta freudiano, unamuniano, levinasiano, marxista…Hay para elegir, que es un grupo vario.</p><p>Esto, sobre el papel. Pero los poemas, naturalmente, escapan a cualquier generalización y dejan oír una voz propia en una antología que no puede ni debe ser coro. La inteligencia lírica de <strong>Erika Martínez </strong>erosiona los límites lingüísticos y corporales que nos comprehenden ( “Cortarte las uñas te modifica existencialmente” y también “En inglés isabelino llamaban <em>nothing </em>a lo que ellas tenían entre los muslos”) , pero <strong>Abraham Gragera</strong> advierte de la lentitud de la inteligencia (“Aún es pronto, demasiado pronto para el ojo, pero tarde, muy tarde para el pensamiento”), y la inadecuación de las palabras y la razón para explicar la vida (“Por qué es difícil escribir, por qué no basta / el simple amor porque las cosas sean”). Con este vitalismo conecta un poeta como <strong>Rafael Espejo</strong>, con una poesía que piensa y abraza la corporalidad, aunque <strong>Miriam Reyes</strong> a veces encuentra el refugio del cuerpo amargo y tenebroso, “difícil no tener miedo en ti / cuando llega la noche y todo es aullido”). El ascetismo afila las imágenes de <strong>Josep M. Rodríguez</strong> (véase el poema “Yo, o mi idea de yo”), dotadas de una contundente limpieza, pero <strong>Antonio Lucas</strong> deja que fluya su mundo interior en magma y música, cercano al surrealismo. Si <strong>Juan Manuel Romero</strong> contempla los objetos en busca de un sentido a tanta vida (“Los hechos son un despertar oscuro”), la poesía de <strong>Mariano Peyrou</strong> empuña el anacoluto como un martillo que deconstruye la sintaxis del mundo y <strong>Juan Carlos Abril </strong>ensaya el hermetismo. En cambio, la  deconstrucción en la poesía de <strong>Elena Medel </strong>es <em>cultural</em>: encuentra las grietas por donde empiezan a resquebrajarse nuestras formas de vida actual. Incluso el uso de la ironía diverge: en<strong> Carlos Pardo</strong>, la ironía es introspectiva y especular, desvencija la identidad, eclipsa o fractura el simulacro del yo y, con él, el de la realidad. <strong>Juan Andrés García Román</strong>, por su parte, profundiza en una ironía heredera del romanticismo, es decir, una ironía que es la constante parábasis de lo sublime y los tropos que lo fabrican, y allí donde <strong>Hegel </strong>diagnosticó la muerte del arte, <strong>García Román</strong> levanta un ludismo asociativo intensamente poético. Sirvan estos ejemplos para subrayar la <em>singularidad </em>de los autores reunidos y evitar caer en la generalización de anteriores panoramas, como bien advierte el propio <strong>Andújar Almansa</strong>.</p><p>En definitiva, Andújar Almansa realiza <em>una </em>propuesta de una docena de voces valiosas que, en su mayoría, enriquecen el panorama literario español al abrir la grieta imaginativa y la sospecha intelectual en el monolito del realismo y el silencio, en sintonía con poetas un poco mayores en edad como <strong>Álvaro García</strong>, <strong>Ada Salas, Esperanza López Parada, Luis Muñoz</strong> o <strong>Lorenzo Plana</strong>. Su gesto desafía a una ¿poesía? más joven y esperemos que sólo por juventud más ingenua, que asume fe candorosa en la solidez del mundo, del yo y de la palabra. Salvo contadas excepciones, los medios, y sobre todo las redes sociales, han traído a la poesía poco hipertexto y mucho realismo sentimentaloide, poca navegación en la fluidez digital y mucha linealidad del poema recitado en Youtube, mucha intimidad aireada pero poco consciente. Por eso, la propuesta de estas doces voces es de radical actualidad y necesidad, esperando que se me perdone el incurrir en este tópico crítico. En vez de reducir el poema a un objeto de rápido consumo emocional, de lectura efímera como una entrada de red social (y ya se sabe que si no hay imagen, no hay lectura en Facebook), José Andújar Almansa antologa poemas que son una experiencia de <em>lo otro</em> inagotable en su consumo, precisamente porque lo otro personal, social o lingüístico, es difícil e indeterminable. _____</p><p><strong>Sergio Navarro</strong> es filólogo y poeta. Su último libro, <a href="https://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1848" target="_blank">Una imagen imposible</a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>(Pre-Textos, 2018), ha merecido el Premio de Poesía Joven RNE.</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Feb 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sergio Navarro]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Una' antología]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 129]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Poéticas (el cubo de Rubik)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/poeticas-cubo-rubik_1_1167390.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2c1ed843-dab5-433f-bda1-34332896f758_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Poéticas (el cubo de Rubik)"></p><p><em>Mariano Peyrou, Abraham Gragera, Miriam Reyes, Juan Carlos Abril, Juan Manuel Romero, Rafael Espejo, Carlos Pardo, Antonio Lucas, Josep M. Rodríguez, Erika Martínez, Juan Andrés García Román y Elena Medel son los autores incluidos en la antología </em><a href="https://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1856" target="_blank">Centros de gravedad. Poesía española en el siglo XXI</a><em>, editada por José Andújar Almansa en el sello Pre-Textos. Estos son algunos apuntes de sus poéticas plurales y diversas, publicados dentro del volumen. </em></p><p><strong>Mariano Peyrou</strong>: "No tengo una percepción clara y distinta de mi obra, y mucho menos una percepción estable. Lo que pienso de ella varía mucho, en función de mi estado de ánimo, de lo que esté leyendo, de si estoy escribiendo o no".</p><p>Abraham Gragera: "La poesía es un lugar donde el mundo cabe tal y como es. La poesía, como el arte, tiene un deber, más que una necesidad: hacerle justicia al hecho de habitar el mundo, justicia estética; y su naturaleza está íntimamente ligada a la celebración".</p><p>Miriam Reyes: "El poema es la forma más condensada y exacta que tengo de decir. Mi escritura parte del cuerpo (de todo el cuerpo, no sólo de la herida). El cuerpo es mi materia, lo que soy<em>. Mi vientre es mi mundo interior</em>. En mi cuerpo está la memoria, tiene un espacio en mi cerebro pero también en mi carne. Así el lenguaje. Estas palabras son mi cuerpo".</p><p>  </p><p>Juan Carlos Abril: "Un poema escarba en el inconsciente que nos conforma, es una bajada a los sótanos de nuestra individualidad, un dejarse llevar por una corriente emocional en la que nos sentimos identificados. Identificación en tanto que reconocimiento, pero también extrañamiento y lejanía, distancia objetiva. Acercarnos a una emoción, aunque no sea nuestra, es vivirla o revivirla".</p><p>Juan Manuel Romero: "La palabra poética lleva en sí el germen de la renuncia como una forma diferente de reconstrucción, tan sólo es necesario dejarlo crecer. <strong>Valéry </strong>dijo en referencia a <strong>Mallarmé </strong>que quien renuncia al mundo se pone en condiciones de comprenderlo. La poesía era un territorio por el que escapar del exhibicionismo del yo, un lugar en el que refugiarse frente a una época que premia la sobreexposición narcisista".</p><p>Rafael Espejo: "La poesía que leo suele proceder de alguien que mira el mundo como si fuese nuevo; lo mira primitivamente, desde la extrañación, pensando tanto en él que acaba imaginando lo que ve, proyectándolo a otra dimensión... Lo importante en ese tipo de poesía, más allá de sus diferentes aventuras estéticas, es el proceso: la educación –o la revelación- que ocurre durante el poema".</p><p>Carlos Pardo: "El yo, la voz enunciadora del poema, o como se ponga de moda llamarla, es una parte más. Quizá un escenario. Quizá el poema es un espacio limitado pero combinatorio, abierto a que se incluya en él el simulacro de realidad, la invención de una idea del lector: del pueblo. A que se contenga en él la música, que a su vez incluye la disonancia y la interrupción. Y yo que sé cuántas cosas más".</p><p>Antonio Lucas: "La tradición lo es todo. El poeta más futuro es la más pura tradición. <strong>Jorge Manrique</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>es tradición y es un poeta de mañana. Así se hace la literatura. Así habla la poesía. Cuando joven leí más de lo que era capaz de entender. Al final, el caos de leer sin regla desarrolla su propio orden mágico. Todo adquiere sentido, pues la poesía lo tiene sin necesidad de argumento. La tradición mejor es la más dispersa, la más mezclada, la más bastarda".</p><p>Josep M. Rodríguez: "Un poema se parece al cubo de Rubik: sólo hay una solución, pero muchas formas de llegar a ella. Desde bien temprano, mi educación bilingüe me hizo partícipe de la insuficiencia de la lengua. Cuando no encontraba equivalencia entre un idioma y otro, a menudo tenía que acabar explicando lo que quería decir. Así fue cómo descubrí que la imagen es la línea más recta entre dos puntos: el emisor y el receptor".</p><p>Erika Martínez: "La poesía se topa con sus agujeros. Sabe que no captura del todo el mundo y, sin embargo, no deja de intentarlo. Trabaja con la realidad vecina y también con aquello que la palabra no logra nombrar, con el paisaje de lo que falta. Esa rareza la convierte en territorio idóneo de lo posible. Demuestra que un poema no es la sombra de ningún ideal, sino de lo que podría llegar a ser".</p><p>Juan Andrés García Román: "Cada poema verdadero, y sí, no es exageración, cada uno de ellos ha procurado decir lo nunca dicho, se ha medido con lo imposible. Y si no fuera así, no sería un poema digno de consideración. Por eso no es mala metáfora la de la página en blanco; todo buen poema ha brotado ahí, en ese lugar donde antes de que él estuviese, estaba la posibilidad de todo".</p><p>Elena Medel: "Me gusta la idea de poema como «campo abierto», por sus muchas connotaciones: el aspecto/espacio casi físico, la libertad/amplitud que señala para la escritura... Alude al poema como un sitio de experimentación y como un sitio —al mismo tiempo— de trabajo: el puro disfrute de la lectura y el puro rigor del pensamiento. Entiendo la escritura de poesía como una escritura de escrituras".</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Feb 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Varios autores]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Poéticas (el cubo de Rubik)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 129]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Centros de gravedad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/centros-gravedad_1_1167388.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/47e41eed-3ba7-4441-a62d-4e324a8e6c5d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Centros de gravedad"></p><p>Quizá la poesía necesita sentirse permanentemente al borde mismo de su exclusión para afirmarse cada vez con una propuesta distinta. El interrogante de <strong>Hölderlin</strong>, los escrúpulos de <strong>Adorno</strong>, la reticencia de <strong>Celan</strong>, el grado cero de <strong>Barthes </strong>resultan hoy igual de paradójicos que en el momento de ser formulados. A las palabras sobre el papel parece iluminarlas un sol negro de melancolía. Y sin embargo, arraiga en ellas una matemática compleja mediante la cual las cantidades negativas de la desilusión, el <em>spleen </em>o la duda se contrarrestan con el valor de las apuestas estéticas, de la inteligencia artística que aventura el nombre no exacto de las cosas. La poesía vive en la posibilidad («<em>I dwell in Possibility</em>», aseguró <strong>Emily Dickinson</strong>): una casa, la del poema, más numerosa en puertas y ventanas.</p><p>  </p><p>Algunas de estas propuestas y posibilidades es lo que pretende mostrar <a href="https://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1856" target="_blank">Centros de gravedad. Poesía española en el siglo XXI (Pre-Textos, 2018)</a>. Para ello acoge la obra de doce poetas nacidos después de 1970, cuya escritura abre paso a enfoques creativos que surgen de la ausencia de un centro en relación con la identidad, la percepción de lo real o el canon literario. <strong>M</strong><strong>ariano Peyrou</strong>,<strong> Abraham Gragera</strong>,<strong> Miriam Reyes</strong>,<strong> Juan Carlos Abril</strong>,<strong> Juan Manuel Romero</strong>,<strong> Rafael Espejo</strong>,<strong> Carlos Pardo</strong>,<strong> Antonio Lucas</strong>,<strong> Josep M. Rodríguez</strong>,<strong> Erika Martínez</strong>,<strong> Juan Andrés García Román</strong> y <strong>Elena Medel</strong> componen la nómina.</p><p>Cualquier antología resulta un acto de política poética. Por ello promueve siempre un debate crítico y suscita varias preguntas acríticas: la más insoslayable y menos interesante suele ser aquella que demanda la explicación de sus ausencias. Respecto a lo último, optar por una selección breve implica una criba exigente; autores que considero valiosos han quedado por ello excluidos. Hasta la fecha, la mayoría de recopilaciones centradas en mostrar el paisaje lírico que se advierte desde comienzos del siglo XXI ha dibujado una suerte de bosque de Birnam frondoso y en movimiento, albergando en sus páginas a decenas de poetas. Sin duda esto fue bastante ventajoso en un principio, pues invitaba a los lectores a poner el reloj en la hora que marcaba su tiempo literario. Dos décadas después, y tras la aparición de libros cuya calidad ha aportado además una renovación apreciable dentro de la poesía española, creo que ha llegado el momento de hacer balance, de centrar la atención en quienes mayor protagonismo han asumido en dicha tarea. De ahí que <em>Centros de gravedad </em>sea una antología que pretenda ejercer como tal y rehúya, por tanto, el censo o el catálogo, siempre menos conflictivos, más políticamente correctos.</p><p>Reducida en nombres pero amplia en propuestas, <em>Centros de gravedad</em> persigue con su título un doble matiz. Alude a la importancia de los autores seleccionados, al alcance de sus aciertos expresivos, que traza órbitas sobre lo mejor del pensamiento poético último. Al mismo tiempo, el plural de esos centros pone de relieve una diversidad de proyectos singulares, lo que nos aleja de cualquier suposición de escuela o tendencia estilística. Las novedades, los episodios de ruptura, resultan poco persuasivos cuando se esfuerzan en crear estaciones poéticas de un solo clima o una geografía uniforme.</p><p>Por eso no cometeré el error de proponer, sin más, un canon, o al menos no lo haré revestido de solemnidad. Pero quisiera igualmente hacer la precisión de que un canon no solidificado, sin ruta preconcebida de acceso, no equivale a un canon urdido en la provisionalidad, compuesto o descompuesto de valores inestables. <em>Centros de gravedad </em>señala a un conjunto de poetas cuyo logro reiterado y consciente filtra a su época y a la vez la trasciende; es decir, poetas que están llamados a incorporar su talento individual a la tradición y han adquirido el derecho a imaginar un lector futuro.</p><p>En una página de <em>Otras inquisiciones</em>, <strong>Borges </strong>hace decir a <strong>Shelley </strong>que todos los poemas del presente, el pasado y el porvenir son secuencias o fragmentos de un único poema que constituye, sencillamente, la poesía. Comprendemos que se trata de una conjetura, y que los sucesivos fragmentos o estrofas de ese presumible poema infinito ensayan tonos distintos. Pero tiene el valor de hacer casi irrelevante cualquier pronunciamiento acerca de la teoría de las generaciones poéticas. Tanto se ha teorizado ya sobre éstas, pese a su inequívoca condición de meras sinécdoques, que podemos ahorrarnos el discurso del método. <strong>Harold Bloom</strong> dictaminó la «ansiedad de la influencia», pero lo que han venido sufriendo poetas y críticos españoles desde hace décadas es la «ansiedad de las generaciones», bien sea para inscribirse apresuradamente en ellas, bien para embalarlas y etiquetarlas.</p><p>Bastará con admitir ­(y esto me parece decisivo) que los autores que nos ocupan comparten, además de un tiempo, un mismo espacio, entendiendo por este último esa otra dimensión de significados o expresiones culturales, artísticas, ideológicas, históricas y acaso anímicas en que se inserta la serie de sus afinidades y también de sus disonancias.</p><p>Si alguna otra cosa los une, y no lo encuentro contradictorio, es su escaso interés por confluir en una identidad de grupo. Ante una tentativa de foto generacional cada uno posaría a su manera: un políptico igual de estimulante que heterogéneo. Al detenernos en las respuestas individuales del cuestionario que precede a cada selección, constatamos sugestivas poéticas, pero no la tentativa de componer manifiestos o derruir estatuas literarias. Nada de beligerantes debates, suscitados en otras ocasiones en torno al conocimiento, la comunicación, la experiencia… eso que periódicamente parece colocar la voz de los poetas compitiendo en sucesivos cajones de salida. Ahora bien, no conviene confundir esta circunstancia con el desinterés por reflexiones de carácter teórico. Nos encontramos ante autores de un marcado signo intelectual, muy conscientes de la complejidad del hecho artístico en nuestros días, al que se vinculan además desde los espacios contiguos de la traducción, el mundo editorial, la crítica, la enseñanza universitaria, los suplementos culturales... ¿Podemos deducir en tal caso una actitud de «desilusión estética»? La pregunta de si hay poetas que están de vuelta de «lo poético» requiere una respuesta meditada. El desencanto induce a levantar otros escenarios, aunque sea con vistas a mitológicas ruinas.</p><p>Si vivimos una modernidad fluctuante que no halla raíz, la poesía deberá aprender el lenguaje de una realidad que no sabe estarse quieta.</p><p>¿Cómo escenificar, entonces, una «ruptura»? ¿Resulta válida todavía la pretensión de convertir en zona cero el solar de la literatura? ¿O bien al hablar de rupturismo a partir de la modernidad artística nos referimos, con inevitable ironía, a una de sus más fecundas tradiciones? Lo cierto es que a la sobreactuación y el énfasis de las sucesivas vanguardias los ha ido reemplazando un estado de alerta estética, una alerta que contempla por igual los agotamientos expresivos que la experiencia de los límites. Todo lenguaje resulta materia erosionada: en la escritura, la palabra poética abandona el cuerpo moribundo del lenguaje. Cada momento literario supone una tentativa que lleva a un extremo el decir, que apura los contornos de su abstracción simbólica, que estira el elástico de posibilidades de la metonimia. Sin duda, una muestra admirable y plena de todo ello la encontraremos en libros como <em>Estudio de lo visible</em>, <em>Adiós a la época de los grandes caracteres</em>, <em>Espejo negro</em>, <em>En busca de una pausa</em>, <em>Desaparecer</em>, <em>Hierba en los tejados</em>, <em>Los allanadores</em>, <em>Los mundos contrarios</em>, <em>Arquitectura yo</em>, <em>Chocar con algo</em>, <em>El fósforo astillado </em>y <em>Chatterton</em>.</p><p>Hablar de ruptura nos conduce inmediatamente al lugar de la tradición. Porque es ahí donde todo <em>novum</em> se confirma, donde se mide con lo anterior para definitivamente asentarse, para hacerse un sitio. En el caso de los autores que nos ocupan, tradición y traducción se complementan como un modo de eliminar moldes y controversias de viejas dicotomías. De <strong>García Lorca</strong> a <strong>Montale</strong>, de <strong>Claudio Rodríguez</strong> a <strong>Tranströmer</strong>, de <strong>Watanabe </strong>a <strong>Szymborska</strong>, de <strong>García Montero</strong> a <strong>Larkin</strong>, de <strong>Eielson </strong>a <strong>Ashbery</strong>, de <strong>Luis Muñoz</strong> a <strong>Anne Carson</strong>. Liquidados los vestigios del canon como un Todo, toca divisar la inmensidad de un horizonte fraccionado. Aunque se me ocurren otros símiles: por ejemplo, el de la tradición igual que un gigantesco desguace; los poetas rastrean en él piezas inencontrables, repuestos útiles porque siguen funcionando y se ajustan a sus necesidades presentes. Más que recobrar lo perdido, construirse con las pérdidas.</p><p>¿Qué significa hoy una apuesta por la poesía? Me refiero a la poesía como huella que atraviesa el lenguaje, aquello que permanece dormido en la superficie del lenguaje y aguarda para cumplir su parte del trato. Dicha apuesta equivale a rehuir dos extremos, por igual harto estériles. Por un lado, debemos alejarnos del callejón sin salida del escepticismo, ya que no sabemos hasta cuándo o hasta dónde puede llegar una palabra. Por otro, conviene no cobijarse en la complacencia del mensaje consumible: su inmediatez, su disponibilidad responde a una estrategia de mercado. Como antólogo me interesan los poemas habitados por la necesidad de cuestionarse por dentro, pero que exigen también abrazar semánticamente el mundo, ya sea por medio de una imagen, una elipsis o una sintaxis fracturada. Todo poema formula una pregunta: desde qué lugar leemos, es decir, quiénes somos nosotros. _____</p><p><strong>José Andújar Almansa</strong> es escritor y crítico literario. Ha editado <a href="https://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1856" target="_blank">Centros de gravedad. Poesía española en el siglo XXI</a><em> (Pre-Textos, 2018). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Feb 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Andújar Almansa]]></author>
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