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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 145]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 145]]></description>
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      <title><![CDATA["La inglesa de Guadarranque"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/inglesa-guadarranque_1_1171342.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/31eed523-5332-450a-9e5f-b0cad9883c28_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=""La inglesa de Guadarranque""></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em></p><p>___________________________________</p><p><a href="https://ellibrodurmiente.org/" target="_blank">El libro durmiente</a> comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. El libro durmiente se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa, en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario, donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.</p><p>  <strong>Las doncellas de la espíaÁngeles ChozasEdiciones AtlantisAranjuez (Madrid)2019</strong><em>Las doncellas de la espía</em></p><p>Qué gran oportunidad nos ofrece esta novela de conocer a un personaje real que en realidad tuvo vida de novela. <strong>Ángeles Chozas</strong> se adentra en la experiencia vital de una mujer como <strong>Rosalinda Fox</strong>, espía del imperio británico que termina sus días en la zona de Guadarranque, dentro del término de San Roque, junto a la bahía de Algeciras, en la provincia de Cádiz. Sí, es esa enigmática mujer que muchos conocieron con las pinceladas que de ella se ofrecieron en <em>El tiempo entre costuras</em> de <strong>María Dueñas</strong>.</p><p>Fox nació en Calcuta y tras recorrer medio mundo recaló en un lugar que denominaba el paraíso y donde pasó la mitad de su vida hasta su muerte. Y paraíso, debió serlo. Llegó en los años cincuenta, cuando Guadarranque era una diminuta aldea de 80 pescadores. Imagínense sus bocas y ojos cuando la dama en cuestión desembarcó en el lugar a bordo de su Rolls Royce (repito, años cincuenta en España) acompañada de su amante del momento, ataviada con sus gafas de sol y pintalabios rojo de Chanel. Ahí es nada. Como un anuncio surrealista.</p><p>La novela de Ángeles Chozas nos entrega esta maravilla de historia. Tan fascinante como la mujer que lo protagoniza y que la propia autora conocía como “la inglesa de Guadarranque”. Porque la autora de <em>Las doncellas de la espía</em> descubrió que la Fox de la novela de María Dueñas y dicha inglesa ¡eran la misma persona! Fue la propia Dueñas la que animó a Ángeles Chozas a seguir adelante con la escritura de <em>Las doncellas de la espía</em> tras conocer las rutas literarias que lleva dos años realizando en Guadarranque sobre <em>El tiempo entre costuras</em>.</p><p>No me digan que no es una historia fabulosa dentro de otra historia fabulosa. Pues si quieren descubrir hasta dónde ha llegado la investigación de Ángeles Chozas sobre la despampanante espía, no pueden perderse este libro.</p><p>Aunque no hay que olvidar que es una biografía novelada y, por tanto, la realidad y la ficción se entremezclan, este testimonio puede ser lo que más se acerque, dentro de lo hoy publicado, a la vida de la Fox. Una mujer que con 16 años salió gravemente enferma de la India con su hijo. Quién podría imaginarse que daría tantas vueltas… Sintomático –sin duda– de su tremenda personalidad.</p><p>Inglaterra, Suiza, Portugal… Sus pasos por diferentes lugares del mundo representan un retrato de la Europa de entreguerras, donde Rosalinda Fox debió jugar un importante papel para el gobierno británico en las bambalinas. Existen testimonios que lo confirman y, sin embargo, queda mucho por conocer de quien fue amante de –entre otros– <strong>Juan Luis Beigbeder</strong>, primer ministro de exteriores del dictador <strong>Franco</strong>.</p><p>Pero su lista de amoríos es solo un detalle más de su excéntrica vida, dentro de su amplia agenda de contactos que acabaron de visita en Guadarranque, entre cineastas, escritores y multimillonarios. Sigo pensando en la estupefacción de los vecinos con semejante desfile de personajes…</p><p>Angeles Chozas intercala fotografías en sus páginas de algunos momentos estelares –y no tantos– de estas amistades y de su media vida en lo que fue un bello paraje junto a la bahía algecireña. Y recalco. Fue. Porque lo invadió una refinería –ahora convertido en el mayor polígono industrial de toda Andalucía– que eclipsó desde entonces la belleza que, sin duda, tuvo que ser impresionante. Para rizar el rizo, bajo esa mole se destruyó gran parte del espectacular conjunto arqueológico romano de Carteia. De hecho, en su momento, la señora Fox debió lucir alguna que otra columna del yacimiento en una de sus casas…</p><p>Se da la circunstancia de que resido en la ciudad de Algeciras y conozco el aspecto actual de los lugares que la autora describe como escenario de la existencia feliz de la espía (hasta que dejó de serlo). Y es imposible no sentir dolor por lo que hubo de ser el «antes» en aquel edén y lo que es el «ahora». De hecho, muchos lugareños recuerdan aún las aguas cristalinas de la playa y el litoral de la zona…</p><p>Pese al paisaje del hambre de la posguerra que rodeaba a Rosalinda Fox, supo esquivar su presencia –lo mismo hacían muchos de ellos– porque en realidad su intención era convertir aquel oasis en un enclave de turismo de élite frente a Marruecos y a dos pasos de Gibraltar. Tanto es así, que lo primero que dijo al pisar esta tierra fue que había que «quitar de allí a los gitanos». Como buena británica venía «a colonizar».</p><p>Poco más que decir del talante de la señora, aunque es cierto que de la investigación realizada por Ángeles Chozas para la escritura del libro puede deducirse que Rosalinda Fox no solo contó con detractores. La autora ofrece los puntos de vista que ha podido recabar y será el lector quien deba formarse su propia opinión al respecto.</p><p>Lo más original de estas <em>doncellas</em> son precisamente, ellas. Porque marcan el hilo narrativo de la novela. Son mujeres que trabajaron para Rosalinda Fox y que nos cuentan cómo era aquella señora. Su lenguaje coloquial y dicharachero marca la diferencia con el tono literario del relato ofrecido por la autora de las aventuras y desventuras de su protagonista.</p><p>Es un libro interesantísimo. Me ha encantado. Ángeles Chozas ha puesto en pie –entre la realidad objetiva y los aderezos de la ficción (hay secundarios preciosos)–, a la famosa –y sin embargo aún desconocida– espía que siempre negó serlo. Y que lejos del <em>glamour</em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>que trajo al sur del sur, tuvo un final que nada tuvo que ver con los ambiciosos objetivos que se había marcado para su particular paraíso.</p><p>Ángeles Chozas ofrece un lenguaje sencillo. Muy accesible. No es necesario adornar en exceso cuando tiene un personaje como Rosalinda Fox en sus manos. No obstante, es llamativo el escaso trabajo que se ha tomado la editorial en ofrecer a esta autora una adecuada corrección ortotipográfica. Contando con un diamante de estas características y el arduo trabajo de investigación realizado, Ángeles Chozas –y de paso el lector– merecía reciprocidad en este sentido.</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Jun 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Begoña Curiel]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 145]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Luz de otoño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/luz-otono_1_1171336.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b95e4f40-e992-489a-bf0b-275f6967c6c4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Luz de otoño"></p><p><strong>Prospect ParkDiarios, 2014-2015Hilario BarreroEditorial Renacimiento, Biblioteca de la MemoriaSevilla, 2019</strong><em>Prospect Park</em></p><p><em>Diarios, 2014-2015</em></p><p>  </p><p><strong>Hilario Barrero</strong> (Toledo, 1946) concibe el taller literario como una obra en marcha que configura su diversidad en el discurrir. Así han ido naciendo, como frutos de un quehacer bifurcado, poesía, narrativa, traducción y diarios. Son actividades que comparten un sustrato común, el lenguaje, elemento propicio para formular una interpretación del mundo, un punto de vista personal.</p><p>El cauce autobiográfico de este profesor universitario emérito de la City University of New York, asentado en Nueva York desde 1978, arranca en 2003 con la entrega <em>Las estaciones del día</em>. Es el amanecer de una literatura del yo que va sembrando estaciones con notable regularidad: <em>De amores y temores</em> (2005), <em>Días de Brooklyn </em>((2007), <em>Dirección Brooklyn </em>(2009),<em> Brooklyn en blanco y negro </em>(2011), <em>Nueva York a diario </em>(2013),  <em>Diarios 2012-2013 </em>(2015) y la presente coda, <em>Prospect Park</em>, que circunscribe las anotaciones biográficas de 2014 y 2015. Al repasar la cartografía diarística se percibe de inmediato la reiteración verbal del topónimo Brooklyn. El barrio neoyorkino adquiere entidad propia, se hace síntesis geográfica de lo cotidiano; es nudo vivencial capaz de aglutinar los relieves de la identidad. Como apunta la cita inicial de <em>Prospect Park</em>, extraída del libro <em>La librería ambulante </em>de <strong>Christopher Morley</strong>, “Brooklyn es la región de los hogares y la felicidad”.</p><p>En esa sabiduría de lo modesto se asienta Prospect Park, uno de los grandes parques públicos del distrito de Brooklyn, diseñado por los mismos arquitectos y paisajistas de Central Park. El lugar mantiene intacta la flora natural y enriquece su perspectiva con zonas deportivas, de esparcimiento y añadidos urbanos de interés como la laguna, el zoológico y un caserón para visitantes. Es, por tanto, refugio ideal para el paseo y la reflexión ensimismada del testigo; regala al paseante un sosiego callado que anticipa la escritura.</p><p>Quienes han seguido los sucesivos andenes del diario hallarán en las páginas de <em>Prospect Park </em>el aire familiar de los estratos: Toledo, como espacio de infancia y asidero firme de la memoria, preserva en sus calles y en su lejanía el respirar de las raíces; la vida laboral del profesor universitario, las reflexiones sobre el entorno social y urbano de Brooklyn y las puertas abiertas del taller del escritor. El poeta, como artesano de la palabra, deja con pleno acierto estos renglones metaliterarios: “la poesía es siempre un refugio a veces sin paredes, es un navajazo con la cuchilla oxidada y un hormigueo de cristales en el alma”. En otra anotación, esta magnífica definición del haiku: “un suspiro aprisionado, un chispazo húmedo, un alfiler que se clava en la piel de la razón”.</p><p>Se acrecienta la mirada crepuscular que acaricia las cosas con luz de otoño. Las ausencias de amigos dejan marcas profundas y resulta perturbador el cauce de lo mudable; el propio cuerpo es espejo asomado a una sensibilidad en conflicto, donde la muerte expande su rumor como un pájaro negro y cercano. Casi inadvertida, la vida se va nublando y deja en el yo una sensibilidad crepuscular. En ella, “la vejez, como lluvia tenaz y avariciosa, va borrando, con su lengua de trapo nuestras miradas. La casa, antes jubilosa, es ahora una celda donde el silencio es el abad. Se van muriendo los seres que amaste y los que quedan se van haciendo viejos”.</p><p>El poeta, tras su larga estancia americana, se siente desconectado y ajeno al entorno poético contemporáneo. Como si fuese un espectador inadvertido que registra actitudes y presencias desdibujadas, sus textos invitan al repliegue ensimismado y difunden un pesimismo tácito que entrelaza intereses, afectos sin retorno y disonancias. Frente al poeta trasterrado se encuentra un muro de egolatrías y libros “seminales”. Así sucede cuando busca materiales inéditos para su revista o cuando prejuzga la prisa de los jóvenes por la edición. Entonces <em>Prospect Park </em>deja oír algunas cadencias que convierten el cercano abrazo de otras presencias literarias en un páramo.</p><p>Emotiva y profunda resulta la escritura en torno a la jubilación en junio de 2015 y ese gesto doloroso de limpiar el despacho para concluir el largo itinerario en las aulas. Concluyen los pasos profesorales y los encuentros con una forma de estar en el laberinto del escalafón que es siempre indagación y experiencia, razón de vida que serena la angustia y la tristeza. También impacta el recuerdo tenaz del 11-S con su estela de muerte, que cambió para siempre la fisonomía de la ciudad y desencadenó un incontinente reguero de efectos secundarios. El recuerdo colectivo tiñe la fecha de una luz sombría y una niebla espesa de melancolía que apaga los destellos del verano.</p><p>En los fragmentos autobiográficos de <em>Prospect Park </em>la escritura respira hondo para dar solidez y permanencia al caminar de la memoria, siempre atenta a esos núcleos básicos que son el amor, la existencia cotidiana y la muerte. Es el tiempo de repasar las luces y sombras como materia obligatoria para poner en marcha un nuevo día. La senectud asienta en el pecho la certeza de que se va acercando el final de trayecto. Por eso es prioritario hacer de cada instante un sendero de luz cuando anochece y “no pedir nada más: solo el temblor tibio de tu mano en  la mía y que venga la noche y luego que amanezca. Solo eso”. _____</p><p><strong>José Luis Morante </strong>es poeta y crítico literario. Su último libro es <a href="https://puentesdepapel56.blogspot.com/2019/05/sobre-el-libro-punto-de-ver.html" target="_blank">A punto de ver</a><em> (Polibea, 2019).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Jun 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Luis Morante]]></author>
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      <title><![CDATA[Antonio Pereira, 10 años después]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/antonio-pereira-10-anos-despues_1_1171333.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a9954ae2-3349-4369-b60c-0b0fa2df1219_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Antonio Pereira, 10 años después"></p><p><strong>Antonio Pereira y 23 lectores cómplicesEdición de Natalia Álvarez Méndez y Ángeles EncinarEolas EdicionesLeón2019</strong><em>Antonio Pereira y 23 lectores cómplices</em></p><p>La literatura de <strong>Antonio Pereira</strong> (Villafranca del Bierzo,1923- León, 2009) surge del cotidiano vivir de unos personajes que cuentan unas experiencias concretas y se convierten en una estampa costumbrista muy al uso de la narrativa española de los últimos cincuenta años. Los cuentos de Pereira se pueblan de miradas que transmiten las situaciones y las descripciones de más hondura de la narrativa breve castellana, porque el humor y la ironía que contienen muchos de estos relatos deja paso a planteamientos mayores, y en ningún momento el lector deberá averiguar el porqué o la razón de la existencia de estos personajes que se ven seducidos por los imperativos de la vida, entre otras causas porque las suyas son las aspiraciones y las sorpresas de gentes sencillas, cuyas experiencias y obsesiones desembocan en tenues insinuaciones. La prosa precisa se transmuta, como otra de sus características a señalar, en una propuesta de sencillez sublime, en tanto que se consigue percibir la realidad de unas vidas a través de una tendencia realista como la que practicaron los principales autores de la posguerra española, aunque lejos de esas actitudes patéticas de un humorismo convencional, porque en el caso del leonés hay que hablar más de un cariñoso trato de vecindad con sus personajes para abordar algunos otros temas predilectos del escritor, como el mundo del comercio, caso de algunos de sus cuentos más celebrados “La tienda de Paco Santín”, o “Tío Candela”. Otro de los temas recurrentes en su cuentística es el erotismo, pero un erotismo al que se llega a través del ingenio y del humor, además del tratamiento de una singular sutileza cuya máxima expresión se concretiza en variados artificios que le son sugeridos al lector, como el tono de la voz, las emociones, el lenguaje del cuerpo o la imaginación hasta llegar a esa sublimación que se requiere para un tema tan explícito; buenos ejemplos son “Palabras, palabras para una rusa”, “El caso Tiroleone” o “Las peras de Dios”, y de forma mucho más explícita “Visita impía del Gulbenkian”, donde se cuenta la contemplación de una estatua que en el narrador provoca unos golpes de imaginación que se entrecruzan con esa otra visión de una visitante y pone de manifiesto el poder de la fantasía, capaz de cualquier cosa.</p><p>Su propuesta narrativa desde <em>Una ventana a la carretera</em> (1967) parte de un realismo al uso donde la sencillez de la prosa sólo se ve confundida por esa tendencia del escritor leonés a los silencios y al arte de la sugerencia que pueden percibirse en  muchos de sus relatos. Pero también la ironía y humor conforman el mundo de este narrador, cuyo segundo libro de relatos, <em>El ingeniero Balboa y otras historias civiles</em> (1976), supuso la constatación de un arte narrativo singular, porque en el conjunto de estas narraciones cortas, cuatro en total, ofrecía una mayor tensión entre los aspectos formales de su narrativa anterior, y en ella el mundo mercantil y comercial, proponía mejores aspectos para ampliar, además, su mundo particular hacia geografías distintas. También el dominio de la voz, según ha llegado a manifestar el autor, equilibraba mejor todo lo que se cuenta en estas historias. Aparece, por primera vez, en sus cuentos la conciencia de un narrador que ordena y desordena los recuerdos de un pasado para contrastar los saltos obvios que nos ofrece la memoria.</p><p>Pereira, que conoce muy bien el mundo, sabe que lo imprevisible puede encontrarse en todo lo que nos rodea, en los grandes acontecimientos y en las pequeñas cosas cotidianas, como así lo recogen algunos de sus cuentos más significativos, <em>“</em>Los brazos de la i griega” o <em>“</em>El ingeniero Démencour”; el primero dará título a una nueva colección publicada en 1982. <em>El síndrome de Estocolmo </em>(1988), recoge una inquietud viajera del escritor, o quizá esa firme voluntad de registrar las impresiones de muchos de los pueblos visitados. Su presencia en el panorama narrativo en estos últimos años ha sido mucho más constante, y así al año siguiente entregaba <em>Cuentos para lectores cómplices</em> (1989), que viene a confirmar que para el escritor leonés una buena historia es saber contarla con intensidad y brevedad. <em>Picassos en el desván</em> (1991) y <em>Las ciudades de Poniente </em>(1994) son colecciones de casi un centenar de cuentos más que redondean la obra del narrador berciano, para quien el relato quiere producir un efecto y sobre todo se muestra como un desafío que lo mantiene inquieto, inconformista y crítico, en definitiva. Después vendrían <em>Relatos sin fronteras</em> (1998), <em>Cuentos del Medio Siglo</em> (1999), <em>Cuentos de la Cábila</em> (2000), <em>Cuentos del noroeste mágico </em>(2006), <em>La divisa en la torre</em> (2007) o <em>Todos los cuentos</em> (2012).</p><p><strong>Lectores cómplices</strong></p><p><strong>Natalia Álvarez Méndez </strong>y <strong>Ángeles Encinar</strong> editan <a href="https://www.eolasediciones.es/catalogo/coleccion-cua/antonio-pereira-y-23-lectores-complices/" target="_blank"><em>Antonio Pereira y 23 lectores cómplices</em></a><em> </em>(2019), donde eligen 23 cuentos del maestro y reúnen a otros tantos narradores contemporáneos que comentan esta variada selección que, 10 años después, pone de manifiesto el dominio que el leonés tenía sobre el género, y cuyos textos, que se caracterizan por su brevedad e intensidad, la elusión y su intensidad, lo convierten en el más absoluto dueño de la palabra. Álvarez y Encinar convierten este volumen en una esencial perspectiva del autor de Villafranca del Bierzo a través de una cuidada lista de textos que oscilan entre sus primeros libros, <em>Una ventana a la carretera</em> (1967), y los últimos, la colección <em>Todos los cuentos</em> (2012). Una extensa introducción pone de manifiesto las características esenciales de la narrativa breve de Pereira, cuya obra someten a un pormenorizado análisis, ocupándose de características como la oralidad y su territorio, el cosmopolitismo, la sensualidad de los textos del villafranquino, la realidad y la ficción, que, como señalaba el autor, “lo primero es tener una historia que contar, sin esto nada”, historias que surgen de su mundo familiar y conocido. Ambas editoras constatan cómo la personalidad literaria de Pereira queda al margen de movimientos y de modas, y escriben sobre las vertientes intertextuales y la metaficción como un recurso relevante de su cuentística desarrollado a través de sus personajes. La bibliografía completa del autor, una selección de estudios sobre el autor y la procedencia de los textos seleccionados completan el estudio de ambas editoras.</p><p>Los 23 “lectores cómplices” son <strong>Berta Vías Mahou, Soledad Puértolas, Antonio Gamoneda, José María Merino, Lara Moreno, Eloy Tizón, Pilar Adón, Marina Mayoral, Cristina Grande, David Roas, Luis Mateo Díez, Hipólito G. Navarro, Care Santos, Cristina Cerrada, Manuel Longares, Andrés Neuman, Julia Otxoa, Pedro Ugarte, Pablo Andrés Escapa, Patricia Esteban Erlés, Óscar Esquivias, Ricardo Menéndez Salmón </strong>y <strong>Nuria Barros</strong>, y cada uno de ellos ha escogido un relato de Pereira para comentarlo a su manera. Estos relatos representan, sin duda, lo más emblemático del narrador, desde <em>Una ventana en la carretera</em>, sus primeras ficciones (1967), hasta el recuento de <em>Todos los cuentos</em> (2012), donde los narradores y poetas contemporáneos perciben esa mirada abierta al mundo, o la vertiente experimental del autor en algunos de sus cuentos, la importancia del orden y la integración de las piezas en sus volúmenes publicados, los sobreentendidos y la elipsis como otra característica del narrador Pereira, el juego de las ilusiones y el simbolismo de sus mejores relatos, la elegancia del estilo, el cosmopolitismo conjugado con el amor por el noroeste natal, la melancolía, el humor, lo sensual y el enfoque insólito, manifiesto en su colección de cuentos <em>Picassos en el desván</em> (1991), o la necesidad  de ese lector cómplice para desentrañar todo el sentido de sus relatos, tras la literalidad de lo expresado en torno a unos personajes humildes y a unos hechos aparentemente anodinos; y siempre, el territorio del noroeste, cuna del filandón. Entre otros, Andrés Neuman pone de relieve la riqueza de la estructura de los microrrelatos, donde Pereira trabaja con la ironía y la sugerencia de contenidos no explícitos que afectarían a la historia, y así meditar acerca de la inspiración, la escritura y la estética, y subraya uno de sus grandes motivos narrativos: la nostalgia.</p><p>Las editoras, Natalia Álvarez y Ángeles Encinar, ponen el punto y final invitando a disfrutar del placer de la lectura de unas historias inolvidables y a convertirnos en lectores cómplices de ese extraño fabulador que fuera Antonio Pereira.</p><p><em>_____Pedro M. Domene es escritor.</em></p><p><strong>Pedro M. Domene</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Jun 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro M. Domene]]></author>
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      <title><![CDATA[Canciones de un tiempo y sus abismos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/canciones-tiempo-abismos_1_1171324.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9c7b674c-2d50-48ac-8f93-62c39674a544_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Canciones de un tiempo y sus abismos"></p><p><em>El tiempo come mucho…</em></p><p><strong>Blas de Otero</strong></p><p><em>Capri, c’est fini,</em></p><p><em>je ne crois pas que j’y retournerai un jour.</em></p><p><strong>Hervé Vilard</strong></p><p>La música llena las novelas, los poemas y los relatos de <strong>Harkaitz Cano</strong>. Lo digo de entrada: uno de los mejores escritores que ustedes pueden encontrar en los aparadores de la literatura contemporánea próxima o lejana. En su escritura no hay trampa ni cartón, ni esa impostura tan de moda literaria en los últimos tiempos, tampoco la más mínima voluntad de enmendar el pasado. Ya se sabe que el pasado no admite redención, lo que podemos es aprovechar lo que pasó para construir un presente que no nos avergüence. O que nos avergüence lo menos posible cuando nos miramos en el espejo de lo que nos pasa. O dicho de otra manera y seguramente mejor: “La memoria no es el registro inmóvil de los hechos del pasado, sino que desempeña un papel creativo a la hora de reordenar lo vivido y otorgarle significado en función de las inquietudes del presente”, escribe <strong>David Beorlegui Zarranz </strong>en su libro <em>Transición y melancolía. La experiencia del desencanto en el País Vasco (1976-1986)</em>.</p><p>  </p><p>He leído casi todo —no sé si a lo mejor todo— lo que ha publicado el escritor de Donostia. Lo último, su última novela traducida al castellano, <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-voz-del-faquir/290981" target="_blank">La voz del Faquir</a>. Habla del País Vasco, de ETA, del dolor que sale disparado en muchas direcciones, del dolor que se queda como un tumor maligno en el cuerpo solo de sus protagonistas. Y de la música, sobre todo de la música. Recuerden el título de una de sus grandes novelas: <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-twist/90929" target="_blank">Twist</a>. La música siempre, en sus más diversas modalidades. No importa el género. Aquí la música es la del cantante <strong>Imanol Larzabal</strong>, conocido con el nombre a secas de Imanol en el mundo de la música y en otros mundos que no son estrictamente musicales. Pudiera parecer, por lo dicho, que el libro fuera una biografía, uno de esos <em>biopics </em>que añaden a las biografías, casi siempre, unos buenos lingotazos de impostura. Pero aquí no es así. Ya lo hizo Harkaitz Cano en <em>Twist</em>: cambiar los nombres de los protagonistas reales, inventarse situaciones que no desdicen del todo las que se dieron en la realidad. En aquella enorme novela regresábamos al asesinato de <strong>José Antonio Lasa</strong> y <strong>José Ignacio Zabala</strong> a manos de los GAL en 1983, cuando la guerra sucia contra ETA. No resulta fácil hablar de terrorismo cuando el terrorismo es una hidra de siete cabezas dispuesta a morder con rabia lo que encuentra a su paso. Y, sin embargo, en aquellas páginas narradas “con un brío fuera de lo común”, según las palabras sabias de <strong>Ricardo Senabre</strong>, no se arredra el autor a la hora de buscar ninguna equidistancia. Por cierto: no sé qué es eso de la equidistancia. ¿Existe de verdad? Estoy seguro de que no. El equilibrista sabe que bajo sus pies sólo hay abismo. Y que mantener la horizontal necesita un punto de apoyo como contrapeso. Y ese punto nunca es el punto medio entre eso que tramposamente se llaman hoy los “extremos”. Si una novela se sitúa en ese “centro” mal vamos: impostura al canto. El conflicto anima las buenas novelas como punto de partida y nos saca de ellas con más conflicto todavía. Pero hoy se llevan las novelas complacientes, las que ofrecen algo parecido a la autoayuda, las que después de su lectura (seguramente con muchos premios encima) nos ofrece esa tranquila felicidad de los bienaventurados y los mansos que dicen los de la Biblia. Nada de eso nos deja como premio la lectura de <em>La voz del Faquir</em>. Nada.</p><p>La música, decía antes. La vida también de Imanol en un tiempo lleno de luces y de sombras, como los grandes tiempos de la historia. La música como arma en aquellos tiempos: aunque pareciera imposible, o al menos una miaja extraño. Se lo dice el compañero Seiko después de leer el apoyo de <strong>John Lennon</strong> y <strong>Yoko Ono </strong>al IRA: “No pensarás que llegaremos muy lejos solamente con vuestras guitarras, ¿verdad?”. Lo mismo que cantaban los <strong>Stones </strong>en <em>Street fighting man</em>: “Qué puede hacer un pobre chico excepto cantar en una banda de <em>rock’n roll</em>?”. Milita Imanol en ETA y canta, como tanta gente entonces, hasta pagándose el bocadillo de la cena. Pero los tiempos no son siempre los mismos. Tampoco la gente que los vive, que los vivimos. Sin embargo, demasiadas veces nos resistimos a esos cambios, seguimos con un pie en el abismo del equilibrista pero sin encontrar el punto que ejerza de contrapeso. Los viejos amigos siguen encontrándose y desencontrándose. Unos están dentro de ETA y otros ya no tanto o fuera de lo que la banda fue y de lo que es ahora, después de los años del plomo. “¿Nos contentaremos con saldar la deuda en la cortés divisa de quien calla la obviedad de lo mucho que hemos envejecido estos años, o nos cruzaremos en la calle con ellos sin saludarnos apenas? Es el flaco consuelo de los viejos amigos: envejecemos, pero no cambiamos. Seguimos siendo los abismos con patas que fuimos hasta el fin de nuestros días”. O el contrapunto a la hora de los balances en las columnas del debe y el haber: “Teníamos planes, fuimos ingenuos, éramos demasiado jóvenes”. Y qué, después de todo eso. Qué, después de haber denunciado Imanol Lurgain, públicamente y con su música, el asesinato de Lurdes Arakistain o simplemente Arakis en las páginas de este libro excelente. Qué, después de que Imanol denunciara, públicamente y con su música, el asesinato de <strong>Yoyes </strong>a manos de sus compañeros de ETA cuando ella había decidido apartarse de su propia historia. La realidad y la ficción dan lugar a novelas muchas veces imprescindibles. Otras veces no, otras veces producen monstruosidades insoportablemente vacías, llenas de trampas, de heridas mal cosidas que dejan a la pobre novela con más costurones que abandona Victor Frankenstein en la inocente criatura de <strong>Mary Shelley</strong>. En <em>La voz del faquir</em> no hay ninguno de esos costurones. Ninguno.</p><p>La novela se abre con una conversación entre un escritor y un testigo de lo que luego se contará en sus páginas. Busca el escritor (como ya pasaba en <em>Twist</em>) las señales indias de lo que interesa a la historia. ¿Había grabado Imanol Lurgain la canción <em>Capri c’est fini</em> en una vieja cinta de magnetofón cuando empezaba a querer ser cantante? Ahí empieza la narración hacia un destino que se abre y se cierra a cada instante. El tiempo de la juventud, de las canciones del verano, de los amores perdidos en las revueltas de una más que cercana insurrección. Lo que hay en medio de ese tiempo primero y del que vendría luego es este impresionante relato de Harkaitz Cano. Nada de <em>biopic</em>,como decía al principio de estas líneas. Nada de hagiografía edulcorante del personaje protagonista. Nada de centro imposible entre los dos extremos. Nada de complacencia ni autoayuda para facilitar su lectura. Sí, a cambio, oficio del bueno, de ese que ennoblece el trabajo de quien escribe. Nadie sabe qué habrá sido de <em>Capri c’est fini</em> en la vieja cinta del padre del escritor. Nadie se aventura a salir con las claves tranquilizadoras del relato porque lo que espera fuera es la sombra de un tiempo intranquilo que nos sigue empujando al implacable y necesario desasosiego de la búsqueda. Y la pregunta del millón casi al final de la novela: “¿Qué queda de los viejos tiempos en los nuevos tiempos, más allá de la imposibilidad de explicarlos?”. Ustedes mismos tienen la palabra, ahora. Y no pasa nada, absolutamente nada, si, como me ha pasado a mí gracias a esta magnífica novela, tampoco encuentran la respuesta. <em>_____Alfons Cervera es escritor. Su último libro publicado es </em></p><p><strong>Alfons Cervera</strong><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2018/03/16/la_buena_memoria_alfons_cervera_80689_1821.html" target="_blank">La noche en que los Beatles llegaron a Barcelona</a><em> (Piel de Zapa, 2018).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Jun 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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