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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 155]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 155]]></description>
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      <title><![CDATA["Granada, calle de Elvira..."]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/granada-calle-elvira_1_1175074.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e0809d98-a503-45cd-baf9-9bd573389b98_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=""Granada, calle de Elvira...""></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em></p><p>___________________________________</p><p>Siempre hay una buena excusa para visitar Granada, asomarnos a ella desde cualquier perspectiva, descubrirla o volverla a sentir. Además del enfoque cultural y literario que deseamos, este viaje de los clubes de lectura de la biblioteca pública de Sanlúcar la Mayor (Sevilla) tuvo algo especial y anecdótico con respecto a los anteriores de nuestros clubes de lectura. Hasta ahora sólo íbamos los lectores, pero en esta ocasión nos acompañaron otras personas interesadas, usuarios de la biblioteca y parejas de algunos miembros. Subimos al autobús 20 mujeres y 4 hombres, en esta ocasión algunos más, pero el sector masculino sigue resistiéndose a participar. La ciudad ya era conocida por todas, así que la ruta elegida tenía que ser  diferente y atractiva. Llevábamos a <strong>Lorca </strong>en nuestro pensamiento pero íbamos también a buscarlo en su ciudad natal.</p><p>  </p><p>Como siempre ilusionadas, alegres y con los sentidos abiertos, como si viajáramos por primera vez, comenzábamos a disfrutar del fin de semana. Leímos durante el viaje poemas de Federico y también cantamos los versos de <strong>Miguel Ríos,</strong> “Vuelvo a Granada… vuelvo a mi hogar…”, mientras el paisaje se colaba por las ventanillas.</p><p>Durante nuestras breves estancias literarias hemos tenido diversos alojamientos: casa rural, hotel, albergue y esta vez La Hospedería Comendadoras de Santiago fue nuestra peculiar morada durante el fin de semana. Un convento creado en 1501 que fue la primera fundación de religiosas femeninas de Granada. Desde hace varios años y para no vivir de los donativos, las propias monjas, en su mayoría indias, son las que se encargan de su funcionamiento. Nos beneficiamos de una buena ubicación, precios asequibles y ambiente acogedor. Algunas evocamos el tiempo de los internados infantiles donde vivimos varios años: largos pasillos de mármol, días tristes, olor a sopa y silencio interrumpido por el rezo del rosario. Aquí las religiosas siguen llevando hábito y estamos rodeadas de santos pero huele a comida casera y el alma está tranquila, aunque seguimos hablando  entre murmullos.</p><p>Deseábamos aprovechar al máximo el tiempo limitado en la ciudad así que contamos con el  servicio de algunos guías pertenecientes a la Asociación Pura Vida, entidad cultural sin ánimo de lucro compuesta por escritores, artistas y trabajadores de la cultura. Dedicaríamos un día a la ciudad y otro a García Lorca.</p><p>"Dale limosna, mujer,/que no hay en la vida nada /como la pena de ser /ciego en Granada", leímos en un azulejo mientras paseábamos en la noche granadina después de cenar. No fue fácil encontrar sitios para comer 24 personas sin reserva, pero la suerte estuvo de nuestra parte en la Corrala del Carbón, asador tradicional muy recomendable. Se hizo tarde y no había mucha gente por las calles, la mayoría estudiantes celebrando el viernes. Cualquier  rincón nos parecía sugerente, bohemio. Nos atraía la historia y la magia de sus callejones bajo la penumbra de las farolas.</p><p>El sábado amaneció gris pero eso no mermó nuestra curiosidad por subir de nuevo al autobús para comenzar  la jornada por uno de los barrios más emblemáticos de la ciudad:  El Sacromonte.  Lo que más nos atrajo de este pintoresco lugar a las afueras de Granada fue su emplazamiento privilegiado. Se podían admirar  las impresionantes vistas a la Alhambra, el Albaicín, el río Darro y los picos de Sierra Nevada. El primer fin de semana de febrero suben en romería todos los granadinos en honor al patrón de la ciudad, San Cecilio, primer obispo de Granada, cuyos restos fueron encontrados en este lugar. Y nosotras lo celebramos porque llevamos a un compañero con el mismo nombre, nuestro patrón del viaje. Este maravilloso complejo artístico, cultural y religioso se compone de las Santas Cuevas, la Abadía del siglo XVII-XVIII, el Colegio del siglo XVII y el Seminario. La Abadía del Sacromonte está situada en la cumbre del monte Valparaíso y conserva un valiosísimo patrimonio cultural, artístico y religioso, aunque no todo se puede ver.</p><p>Inmortalizamos nuestra imagen en su precioso patio, con más de 28 arcos de medio punto, y lo más interesante fue la visita a las Santas Cuevas en las que durante el siglo XVI se hallaron una serie de reliquias y textos, además de la aparición de los libros plúmbeos, placas de plomo escritas en árabe donde se narraba el martirio de algunos santos. Nos llamó la atención ver la Estrella de David, el símbolo de los judíos, en diferentes lugares de la abadía. Granada fue sede de muchas culturas y esta podría ser la razón de que dejaran su huella, no sólo en el Sacromonte sino también  en otros lugares de la ciudad .</p><p>También quisimos visitar las otras Cuevas del Sacromonte, de carácter más profano. Se empezaron a habitar a finales del siglo XV por judíos y moriscos que aprovecharon las grutas naturales que ya existían. A partir del siglo XVI los gitanos se asentaron en ellas y las ampliaron excavando en la roca, convirtiéndolas en casas-cueva, donde normalmente convivían con los animales. Los lavaderos y los aseos eran comunitarios y se encontraban  en el exterior de las viviendas.  En el Museo Etnográfico del Sacromonte se recrea, a lo largo de 10 cuevas, las condiciones de vida y los oficios tradicionales de sus habitantes, y las cuevas están decoradas con las herramientas y los elementos básicos que usaban sus pobladores en aquella época. Y llegamos nosotras queriendo fotografiar todo, admirando la cerámica, sentándonos en el telar, con los aperos de labranza y las trenzadas cestas de mimbre. Imaginamos la forma de vida de sus habitantes y nos maravilló lo primitivo de las instalaciones al mismo tiempo que apreciamos el entorno acogedor de las cosas sencillas.</p><p>La lluvia nos acompañó casi todo el día y por la tarde fuimos a la calle de la Calderería Nueva, más conocida como calle de las Teterías, donde apetecía sentarse a disfrutar de un té, saborear los dulces árabes y por qué no, fumar en cachimba. Llamado <em>el pequeño Marrakech de Granada</em>, esta zona está repleta de lugares en los que descubrir la cultura árabe, a través de comercios y artesanos. Llegamos a la Hospedería mojadas y con algo de frío pero nos reconfortó la agradable y gustosa cena de nuestras monjas. La jornada terminó con la visita nocturna al monumento más emblemático de la ciudad, algo que nadie del grupo había realizado.</p><p>Visitar La Alhambra de noche nos envolvió en maravillosas sensaciones que no siempre habíamos descubierto al contemplarla de día. Parecía que todos los sentidos estaban más abiertos para acoger lo que nos llegaba: los sonidos del agua, las luces y las sombras, los relieves de las yeserías, el olor de las flores…  Al ser menor el número de turistas permitidos era posible disfrutar con más calma de la belleza del entorno, aunque los expertos más puristas creen que  puede resultar algo artificial, porque su diseño no estaba pensado para la luz eléctrica. Para nosotras ha sido todo un lujo poder apreciar esta maravillosa ciudad nazarí desde otra perspectiva y aprender a “mirar” gracias al extraordinario oficio de nuestro guía. A nuestros pies dormía Granada, mientras todavía estábamos en un nivel superior, iluminadas por la Alhambra.</p><p>El domingo nacía espléndido y esperábamos temprano a nuestro cicerone en el centro de la ciudad, en la Plaza Mariana Pineda, bajo la estatua que rinde homenaje a la heroína de Granada que murió en defensa de la libertad durante el absolutismo de <strong>Fernando VII</strong>. No es casualidad que comencemos este agridulce domingo con la figura de una mujer granadina, mártir muy joven de la causa liberal y a quien Lorca dedicará una obra de teatro.</p><p>Detuvimos nuestros pasos delante del Centro Artístico Literario y Científico de Granada, nacido a finales del siglo XIX por la necesidad de los artistas y creativos de la época de tener un lugar donde compartir y exponer sus inquietudes, al mismo tiempo que  para mostrar sus creaciones. Federico García Lorca ingresó como socio en 1915 con 15 años. Desde muy joven estuvo vinculado a la cultura, tal vez intuyendo que su vida sería muy intensa, pero corta. Hay en el ambiente sentimientos contradictorios porque vamos en busca de Lorca a través de sus lugares y el recuerdo de sus vivencias, pero su fin trágico tiñe la experiencia de cierta angustia contenida. Comenzamos por el final, su última residencia, la Huerta de San Vicente, la casa de verano de la familia García  Lorca  desde 1926 hasta 1936.</p><p>"Estoy en la Huerta de San Vicente, una preciosidad de árboles y agua clara, con Granada enfrente de mi balcón, tendida a lo lejos con una hermosura jamás igualada…", escribe Federico a su amigo y paisano <strong>Melchor Fernández Almagro</strong> en 1928. Fue en ella donde el poeta escribe algunas de sus obras más relevantes, como <em>Romancero gitano</em>, <em>Yerma </em>y <em>Bodas de sangre</em>. Convertida en Casa-Museo en 1995, está rodeada por un parque que lleva el nombre del poeta y la gran finca tiene como centro el que fue su hogar. Lamentablemente no pudimos entrar porque estaban restaurándola, pero nos informaron que la mayoría de enseres, obras de arte y objetos son originales y muestran aspectos de la vida cotidiana y la obra de Lorca. Paseamos por el parque y los alrededores. Escuchamos el canto de los pájaros en una atmósfera ideal para caminar, leer o meditar. Sosiego y misterio al contemplar este hogar que quedó mudo cuando se llevaron a Federico, mientras nos hacemos fotos junto a la fachada, en la puerta que le dijo adiós .</p><p>Continuamos en autobús y en orden cronológico inverso, hacia la casa natal del poeta en Fuente Vaqueros, a 17 kilómetros de Granada. Federico García Lorca nació el 5 de junio de 1898 en la casa de la maestra del pueblo, su madre. Una típica casa de labranza construida en 1880, lugar donde pasó sus primeros años de infancia. En 1986 comenzó a funcionar como museo con objeto de “mantener viva su memoria y convertirla en un espacio desde donde incide la emoción del recuerdo, se alimenta su ideario y se proyecta su figura”. Al entrar viajamos en el tiempo a través del universo íntimo de la infancia del poeta. Paseamos por el comedor, la cocina, los dormitorios… pero fueron las imágenes las que más nos emocionaron. Sobre el piano familiar vimos una foto de Federico pulsando sus teclas y la emoción recorrió el camino del corazón a los ojos. Algunas miradas líquidas se entrecruzaron en la estancia detenida.</p><p>El granero se ha convertido en sala de exposiciones donde pudimos leer sus cartas, mirar sus dibujos, contemplar antiguas ediciones de sus libros y algunas de las pocas imágenes que se conservan de Lorca, con sus compañeros del grupo de teatro La Barraca durante su viaje a Montevideo. La rabia se colaba entre las vitrinas y a través de las vigas del granero, mezclándose con nuestra profunda admiración. Y es que volvimos a lamentar tristemente la pérdida prematura del poeta con mayúsculas, del creador de obras inmortales, del artífice del teatro universitario, y sobre todo nos dolía el asesinato absurdo del hombre joven, libre, alegre, inquieto y con mucha vida por delante. Salimos a la plaza que el municipio dedica a Federico e hicimos una lectura improvisada, en voz alta, de algunos de sus poemas. Volvieron la emoción y también la calma en nuestro sencillo homenaje. No queríamos marcharnos con el corazón enojado.</p><p>Un pequeño arroyo de montaña en la sierra de Huétor, entre jaras y retamas es el inicio del río Darro. Se trataba de nuestra última parada y nos apetecía terminar esta ruta con un nacimiento. En el paraje llamado Fuente de la Teja nos rodeaban enormes arces, sauces y alisos dando sombra a las aguas de los manantiales. Nos asomábamos a una gran alberca de agua cristalina , recién surgida de la tierra  y poblada de una diversa vegetación con múltiples tonos de verde. Los romanos lo bautizaron como Dauro, el río que "da oro" y los árabes como Hadarro, aunque esa tonalidad que las piedras adquieren en los inicios de su cauce se debe a mineral de hierro y cobre y no a la presencia del preciado metal amarillo.</p><p>En el camino de vuelta pasamos por el Barranco de Víznar, aunque no paramos y en cierto modo lo agradecimos. En este entorno, donde podrían yacer 2.000 víctimas de la Guerra Civil, es donde se cree que fue fusilado Federico García Lorca en la madrugada del 18 al 19 de agosto de 1936.</p><p>  </p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p>Y los clubes de lectura de Sanlúcar la Mayor terminaron otro viaje cultural, literario, intenso, hermoso y mágico.  El grupo regresó cansado pero repleto de nuevas sensaciones y experiencias. Como de costumbre, nos quedaron muchas cosas pendientes para poder volver en otra ocasión. Llevamos una nueva mirada sobre esta ciudad cosmopolita y culta, mestiza y generosa. Siempre en nuestros corazones, Granada libre y eterna de Mariana y Federico.</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Sep 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Chary Arbolí]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Los diablos azules número 155]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La tribu de Godot]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/tribu-godot_1_1175067.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Las derivas de la novela en cada momento histórico suponen uno de los mejores índices para calibrar cómo respira la época que las ve nacer, y también para acercarse a su lado más oscuro y turbador, el cuadro de sus debilidades, obsesiones y pesadillas. Las variaciones distópicas, futuristas o de género negro, con su violencia y desesperanza, nos dan hoy algunas claves de las inquietudes que distinguen a nuestro tiempo, pero también lo hacen las versiones existenciales, que regresan en libros como los que este año han publicado <strong>Piedad Bonnett</strong> –<a href="https://www.megustaleer.com/libros/donde-nadie-me-espere-mapa-de-las-lenguas/MCO-002285" target="_blank">Donde nadie me espere</a>– o <strong>Michel Houellebecq</strong> –<a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/serotonina/9788433980229/PN_994" target="_blank">Serotonina</a>–. Dos novelas sobre síntomas de una era incierta, con su atmósfera de soledumbre sin dioses ni lugar de amparo, donde todos somos como aquellos personajes de Beckett que esperaban a un Godot que nunca habría de llegar.</p><p>En ambos casos se trata de poetas que han hecho de la novela otro campo de indagación, y que en ella han hallado tal vez un espacio más ancho o eficaz para el diálogo. Sus nuevas entregas están protagonizadas por personajes erráticos que viajan hacia ninguna parte, anegados en una desolación para la que no queda ni siquiera rabia frente a una realidad que los aplasta, y que solo hallarán en los fármacos antidepresivos una posibilidad de alivio o consuelo. La diferencia entre ellas la da la realidad a la que se refieren: en el primer caso, la latinoamericana, con los horrores del asesinato cotidiano o de la miseria endémica; en el segundo, la europea, con el tedio y la náusea de una sociedad opulenta y desquiciada. En ambos, el mismo vértigo del vacío.</p><p>  </p><p>El título de Bonnett nos habla de una soledad que es, más que una condición individual, un mal de nuestro siglo y su feroz individualismo. Enigmática y poética en su fluido elíptico, nos presenta desde el principio a su protagonista como “un muñeco de tela que habían rellenado de plomo”. Ese hombre herido nos presentará poco a poco su historia, para regresar así a un paisaje familiar y devastado, a un tiempo interior que avanza, el de la memoria, frente al externo, detenido: “escribo sólo para leerme, para creer que tengo una biografía, que no soy un fantasma”. Y lo hará sin esos ruidos reiterativos que inundan tantas novelas actuales –la obscenidad, la cibernética, la banalidad– como una gran pantalla para esconder lo hueco. Nos introduce así a un mundo donde los hombres beben para sacudirse el miedo al dolor y a la soledad; donde la escritura es un intento de huida de inevitables derrotas, y todo habla de muerte, asesinatos, secuestros y podredumbre; también de la fobia social, o de la televisión como una de tantas drogas para no pensar en nada. Nos habla igualmente de esa muerte que camina con nosotros, que nos acecha y es bálsamo final de las heridas; de la vida como un extraño territorio con noches heladas y un horizonte desértico, en un paisaje de desórdenes, soldados, sangre, armas y cadáveres; de la locura sin drama ni aspavientos, detenida, mirándonos; del insomnio y del espanto. Y nos indica pocas vías de salida: el diazepam, el seconal, las anfetaminas, el whisky, el ron. El protagonista es una alimaña desamparada y vencida, que busca “cómo anestesiar el terror, cómo desterrar el hambre”, “cómo volverse larva y hundirse en las alcantarillas y en las nieblas de su cerebro” para huir. Aunque tal vez resulta en ocasiones artificiosa en su retrato interior del personaje, la autora muestra un eficaz dominio de los tiempos y de su movimiento desordenado entre la prospección del presente y del futuro y esa memoria que imanta a su protagonista.</p><p>Por su parte, las estrategias de Houellebecq para referirse al mismo vacío serán bien distintas. Ácido, incómodo y despiadado, radiografía nuestra época desde una actitud provocadora que es también un intento de exorcismo del mal y de lo abyecto. Su retrato del mundo contemporáneo y del horror de su oquedad es en sí una granada de mano que explota sobre nuestras conciencias, sin necesidad de más análisis o disquisiciones. En él, el abismo de la galaxia digital o de la pornografía imperantes solo demuestran que no son una invitación a la libertad sino más bien una sórdida hipnosis colectiva que lleva al letargo y al hundimiento, dos espacios donde todo es siempre lo mismo. En <em>Serotonina</em> los sujetos apenas tienen capacidad de acción, están cosificados, mientras las cosas adquieren protagonismo y nombre propio, y son llamadas por sus marcas como si fueran tótems o fetiches: se conduce un Mercedes, se bebe Coca-Cola Zero, se viaja con maletas Samsonite, se habla con iPhone y se escribe con MacBook Air. La corrección política está desterrada, y el desahogo lleva a lanzar todo tipo de exabruptos contra otras nacionalidades o contra las mujeres, por ejemplo. El protagonista es un burgués que se autoclasifica como “de la generación Mad Max” y que, hastiado de todo, evita ciudades como París, “infestada de burgueses ecorresponsables”, y se entrega a un peregrinaje sin riesgos, con una saneada cuenta corriente que lo podrá respaldar por años, y “desprovisto en el fondo tanto de razones para vivir como para morir”.</p><p>  </p><p>Ese viaje se convierte en realidad en una busca del amor perdido en el pozo del pasado, mientras se impone el vacío desde tediosas descripciones de supermercados, hoteles, parques, calles y horarios. El cuerpo ya no es el lugar del placer, sino una fantasmagoría sustentada por fármacos como el Captorix. Ni siquiera queda fe en la palabra, porque conlleva “la división y el odio, la palabra separa a medida que se formula”, y todo lo que resta son recuerdos, melancolía y remordimiento. El tercer milenio se presenta como un accidente, un espacio que hay que borrar porque no sirve, y están vacíos el sexo, los nombres y los cuerpos. “He conocido la felicidad, sé lo que es, estoy capacitado para describirla, conozco también su final, lo que sigue habitualmente. Nos falta una sola persona y todo está despoblado”. Detrás de su coraza autodestructiva, lo que en realidad encontramos es una novela sobre el desamor. Es decir, una novela sobre la pérdida del amor, que viene a ser “el único medio de soportar la existencia”. Porque “Dios es un guionista mediocre”, y solo nos queda un tiempo estático, sin edenes ni apocalipsis. “Una civilización muere simplemente por hastío, por asco de sí misma, qué podía proponerme la socialdemocracia, es evidente que nada, solo una perpetuación de la carencia, una invitación al olvido”.</p><p>En ambos narradores se deja traslucir la visión de la poesía como nostalgia y como sustento último. La autora colombiana cita, a modo de guiño y homenaje, el poema “La francesa” de <strong>Bolaño</strong>, sobre un amor breve como la belleza, “la que contiene toda la grandeza y la miseria del mundo / y que sólo es visible para quienes aman”. Y cabe aquí recordar que el tema de la locura también está en sus propios versos: “A esa mujer un nido le crece en la cabeza. / Todos los días allí le nacen pájaros. / Unos tienen tres ojos, otros viven del agua. / Es todo lo que tiene. Y sus pesares...” (<em>Los habitados,</em> Visor, 2017). Lo mismo para el francés, que recuerda a su panteón de poetas como una familia personal: a <strong>Nerval</strong>, que se ahorca a los 46, y a <strong>Baudelaire</strong>, que también muere a esa edad; a <strong>Thomas Disch</strong>, que se suicida un 4 de julio para dar testimonio de lo que su país depara a sus escritores. Ha de añadirse que en la poesía del propio Houellebecq podemos encontrar algunas de sus páginas más iluminadoras (<em>Configuración de la última orilla,</em> 2016; <em>Poesía, </em>2017, 3ª ed.<em>, </em>ambos en Anagrama, bilingües). Nos habla en ellas de la correspondencia entre “la putrefacción de mi cuerpo” y “el declive y putrefacción de Europa”, y de la obsesiva supervivencia: “El universo grita. El hormigón acusa la violencia con la que fue fraguado como muro. El hormigón grita. La hierba gimotea bajo los dientes del animal. ¿Y el hombre? ¿Qué diremos del hombre?”. También nos presenta ahí su poética: “Profundizad en los temas de los que nadie quiere oír hablar. El envés del decorado. Insistid sobre la enfermedad, la agonía, la fealdad. Hablad de la muerte, y del olvido. De los celos, de la indiferencia, de la frustración, de la ausencia del amor. Sed abyectos, seréis auténticos”. El aullido será un camino para resquebrajar el silencio de la noche, y ahí hallamos a Houellebecq sin el aura de ambigüedades que lo rodea, con sus solitarias habitaciones de hotel y su incisivo cuestionamiento de nuestro tiempo: “Cerca de los furgones blindados, la tropa de mendigos (...) como una mancha de oscuridad (...) Compramos arroz en galerías cubiertas, / Rodeados por el odio / La noche es incierta, / La noche es casi roja / A través de los años, en el fondo de mí, se mueve, / El recuerdo del mar”; “El café está amargo, / Por todas partes se mata; / El cielo no alumbra más que ruinas”. _____</p><p><em>Selena Millares es escritora. Su último libro publicado es </em><strong>Selena Millares</strong><a href="http://www.barataria-ediciones.com/barbaros/laisladelfindelmundo.html" target="_blank">La isla del fin del mundo</a><em> (Barataria, 2018).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Sep 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Selena Millares]]></author>
      <media:title><![CDATA[La tribu de Godot]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Los diablos azules número 155]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El negrero confeso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/negrero-confeso_1_1175063.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cf2541f3-9cc2-4a44-b524-890ca4a5e01f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El negrero confeso"></p><p><strong>Mongo BlancoCarlos BardemPlaza&JanésBarcelona2019</strong><em>Mongo Blanco</em></p><p>  </p><p>Siempre es un compromiso cuando alguien a quien conoces te envía su libro para ver qué opinas. Si ese alguien te resulta indiferente, te da igual, pero cuando no es así, sientes el temor a que la historia escrita te decepcione. Por eso, cuando avanzas en esta novela de más de 600 páginas y ves que está muy bien escrita, mejor documentada, que plantea un arduo e infame capítulo de nuestra historia y que puedes leerla desde varios puntos de vista, como una novela de aventuras y/o como una crítica a la colonización y esclavitud con las conclusiones que todos deberíamos sacar sobre cómo se han hecho algunas o muchas de las grandes fortunas de este país, la lectora, en este caso yo, respira aliviada para seguir inmersa entre las páginas de lo que <strong>Carlos Bardem</strong> nos propone.</p><p>No es la primera novela de Bardem (Madrid, 1963), licenciado en Historia y actor perteneciente a una larga estirpe de cómicos. Con su segundo libro, <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-buziana-o-el-peso-del-alma/959" target="_blank"><em>Buziana o el peso del alma</em></a><em>,</em> consiguió el Premio Destino–guion en 2002. En 2005 escribió las memorias de su madre, bajo el título de <em>La Bardem,</em> y en 2009, <em>Alacrán enamorado</em>, llevada al cine en 2013. Con esta novela, <a href="https://www.megustaleer.com/libros/mongo-blanco/MES-105520" target="_blank"><em>Mongo Blanco</em></a><em>,</em> se consolida como escritor. Narrada en primera persona, cuenta la vida del español <strong>Pedro Blanco</strong>, el <em>Mongo Blanco</em>, uno de los mayores tratantes de esclavos de la época.</p><p>Pedro Blanco cuenta sus memorias, ya mayor y acabado, al doctor Castells, que le trata en el manicomio donde su hija le ha encerrado: dos personajes contrapuestos; el doctor Castells, que enarbola los principios de la Ilustración, personaje mitad rousseauniano mitad ingenuo dispuesto a ahondar en los abismos del alma del negrero, y Pedro Blanco, que le cuenta parte de lo que hizo, lo que quiere, jugando con la memoria, siempre traicionera, y con el encantamiento que producen las historias, el enganche a ellas, como si fuera un Scherezade en masculino y en el horror. Los personajes malvados, en literatura, son mucho más atractivos que los bondadosos, o al menos más fáciles de retratar, de conseguir que el lector sienta atracción o rechazo hacia él, y por tanto que atrape, como pasa con <em>Mongo Blanco</em>. El dominio con el que utiliza el tiempo de narración y el tiempo de ficción, es uno de los aciertos de la novela, que hace seguirla con interés. Al estar situada la historia en los últimos años del protagonista, desde su decadencia, nos hace sentir algo de conmiseración hacia un ser odioso. Pero los sentimientos no forman parte de la literatura, sí del lector.</p><p>  </p><p>Pese a esta declaración de principios al inicio de la novela, nos presenta a un personaje más bien psicópata, que no tiene remordimientos por las atrocidades cometidas, que se convierten en la única posibilidad que tiene de salir de la celda, por eso mantiene la intriga de Castells y el lector, usando esos argumentos de “lo hacía todo el mundo”, “yo no era el único”, “estaba normalizado”, que nos acerca mucho a la teoría de <strong>Hanna Arendt </strong>sobre la banalidad del mal. No obstante, toda su vida, de un modo u otro, le pasa factura en su atormentada mente, aunque él lo niegue.</p><p>Para que no se quede en la crítica a un solo personaje, como si solo él fuera el tratante, cada capítulo se inicia con distintos artículos del Reglamento de Esclavos promulgado por el capitán general don<strong> Jerónimo Valdés</strong>, en Cuba, en 1842. Así reza en el artículo 1:</p><p>  </p><p>Poco a poco, capítulo a capítulo, va plasmando el funcionamiento de la sociedad esclavista de la época, de la que Mongo Blanco era un ejecutor, la punta de un iceberg que ocultaba su parte más profunda, todo un sistema económico basado en la esclavitud, que dio paso luego, precisamente por la acumulación de capital y de mercancías, al sistema capitalista, con los nuevos esclavos, el proletariado, la mano de obra, en teoría libre para decidir su sustento, su vivienda y su vestimenta, porque resultaba ya más rentable que seguir manteniendo y alimentando a ejércitos enteros de esclavos. Es la historia. Y también la Historia.</p><p>Esta es la apuesta del autor, para el que, como él mismo ha dicho en las entrevistas, la literatura es la única máquina que nos permite viajar a través del tiempo, acercarnos a una etapa oscura de nuestra historia occidental, no solo la de este país, y que nos ayude a reflexionar. También estaría bien que estos capítulos se estudiaran en los institutos, en las universidades, para que no se vuelvan a repetir algo de lo que no estamos muy lejos cuando hay políticos que se atreven a pontificar y alabar los contratos basura.</p><p>Por último, decir que, en cuanto al estilo, es una novela épica y una novela de aventuras, con descripciones explícitas sobre lo que ocurrió, sin miramientos, tal vez pensando en su proyección cinematográfica, pues hay bastantes probabilidades de que se convierta en una serie. Algo que, independientemente del resultado, favorecerá la venta del libro. </p><p>_________</p><p><strong>Carmen Peire </strong>es escritora. Su último libro es <a href="http://www.menoscuarto.es/libro/cuestion-de-tiempo/" target="_blank">Cuestión de tiempo</a><em> (Menoscuarto, 2017).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Sep 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El negrero confeso]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Los diablos azules número 155]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Figuraciones de la imaginación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/figuraciones-imaginacion_1_1175056.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f71f839f-dbb9-4021-bbf5-c11888abdf74_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Figuraciones de la imaginación"></p><p><strong>Gente que conocí en los sueñosLuis Mateo DíezIlustraciones de Mo Gutiérrez SernaNórdicaMadrid2019</strong><em>Gente que conocí en los sueños</em></p><p>  </p><p><a href="https://www.nordicalibros.com/product/gente-que-conoci-en-los-suenos/" target="_blank">En este libro</a> se recogen cuatro <em>relatos</em> (en el sentido que le dio <strong>Cortázar </strong>al término, prefiriéndolo al de cuento) que presentan un aliento semejante, generando una unidad de emoción y sentido, pues tienen en común el estar narrados en tercera persona, con una cierta distancia respecto de los hechos, y toda una serie de características que voy a comentar a continuación. El tono, además, resulta a veces aforístico (“El tiempo es el vecino de la eternidad” o “Al espíritu le sobra lo que la razón no entiende”). Comparten también la atmósfera que genera el estilo propio del autor, que en esta ocasión bordea lo poético, y un humor leve. Y todos ellos transcurren en las Ciudades de Sombra (Broza, Ordial Celeste y Ofema), situadas en la comarca del Pando, bañadas por los ríos Nega o Margo. Lo singular es que estas referencias geográficas, inventadas por <strong>Luis Mateo Díez</strong>, solo aparezcan en la primera y en la última narración. Pero creo que lo realmente significativo es el protagonismo que adquiere el espacio en el que transcurre la acción, compuesta a base de diálogos, de las elucubraciones de los personajes y de aquello que cuenta un narrador que parece estar de vuelta de los hechos.</p><p>Como tales relatos, tienden a lo fantástico, pues su acción, según anticipa el título general, en el que se oye la voz del autor, transcurre en los sueños, mientras que sus incorpóreos protagonistas son seres frágiles, desvalidos, almas en pena con nombres a menudo estrambóticos (las hermanas Coralina y Columbaria, la madre Conspicua, Lamberto, Malvina, tía Eudosia, Calvero, Veridia y Sauro). Otro de ellos, Aurelio Recuero, nos proporciona, en síntesis, su situación vital, aunque esta bien pudiera aplicarse al resto de los personajes: “tengo perdido el pleito de la existencia y el honor de haber sido alguien; ya ni entro ni salgo por la puerta, lo hago por las rendijas” (p. 29). Se trata, en esta ocasión, de seres fantasmales, almas en pena, sean monjas o reos, en sus conventos o cárceles (aunque ellas tengan nombre y los presos, no), o de meros paisanos que charlan y se intercambian confidencias en los bares (bien sea El Fanal o el Cordial), de amigos que se traicionan, cambiándole al diablo su salud por la felicidad del otro. Provienen y nos hablan desde el más allá, pues se trata de espíritus, de muertos que se aparecen y conviven con nosotros, como ocurría en el cuento “La costumbre de casa”, de <strong>José María Merino</strong>. Mientras que el tiempo en el que transcurre la acción, como se dice en el primer relato, es el de la eternidad.</p><p>En “Los viajes fantasmales”, el primero de los relatos, se fijan los presupuestos del conjunto: la mirada de ultratumba, el espacio, el tiempo, la condición del protagonista, Aurelio Recuero, incluso su voz, que subyugaba a sus interlocutores, su aureola de humo, sus carnes disueltas, el espíritu desmayado y el haber regresado a su casa, junto a su mujer, Belinda Suance. En suma, rompiendo con la tópica representación del fantasma, tanto en la literatura como en el cine.</p><p>“Los círculos de la clausura” no son los del infierno, pero sus protagonistas, la nieve, un grajo herido, y sobre todo las monjas –“enferman porque la vida no las alimenta”— y los reos, sufren diversas desdichas, además de la pérdida de libertad. El narrador contrapone unas a otros, pues podría decirse que todos ellos han perdido la libertad, viven presos, aunque cada uno a su manera. Sea como fuere, son dos monjas quienes adquieren un mayor protagonismo, las hermanas Coralina y Columbaria, la conflictiva relación que mantienen, pues la primera –digamos que— remata a la segunda. Esta huye a la vez que los reos, pero los fallecidos nunca llegan a morirse del todo –como nos dice el preso que se suicida en su celda— sin que haya forma de evitar semejante incomodidad. El desenlace, las sinrazones aducidas, se asemejan a los de los <em>Crímenes ejemplares</em>, de <strong>Max Aub</strong>, en el que el asesino no solo no quiere exculparse, sino que también está dispuesto a firmar la confesión de su delito, si es que puede hablarse en estos términos en unas existencias que transcurren entre esta y la otra ladera.</p><p>En “Los muertos escondidos” el difunto es Lamberto, quien arrastra una hernia y un pie torcido, símbolos de su fragilidad, y vive acogido por Malvina. En el desenlace sabremos algo de la atípica relación que mantienen, con sus más y sus menos... Por último, en “Las amistades del diablo”, quizás el relato más destacado del conjunto, los protagonistas son los amigos Calvero y Sauro, y Veridia, esposa del primero, con el diablo al fondo manejando a su capricho los hilos de la trama y comprando las almas. Podría decirse que es la historia de una suplantación y de una traición, pero también de un amor perdido y de los avatares de ciertas enfermedades (alcoholismo, úlceras, pulmones averiados) y de su milagrosa curación. Pues, como cuenta el narrador en el desenlace, en las Ciudades de Sombra “el diablo bajaba con frecuencia a ellas, les quitaba las novias, engañaba a las esposas, contrariaba a los hijos, enfrentaba a las nueras, hacía quebrar los negocios y las ilusiones...” (p. 108).</p><p>Estos cuentos transcurren en la frontera que hay entre la vida y la muerte, lo vivido y lo soñado, la realidad y la invención, la lucidez y la locura. Como es habitual en los libros de esta editorial, las narraciones aparecen bellamente ilustradas, en esta ocasión por la mexicana <strong>Mo Gutiérrez Serna</strong>. En algunas de ellas (por ejemplo, las que ocupan las pp. 12, 40, 51, 70 y 99) apreciamos concomitancias con las obras de <strong>Eduardo Arroyo</strong>, pero tienen la virtud de no subordinarse al texto, ni ilustrar situaciones concretas, como ha apreciado el mismo autor.</p><p>Todos y cada uno de los libros de Luis Mateo Díez resultan tan extraordinarios que se hace difícil encontrar nuevos adjetivos encomiásticos. Me limito, por tanto, a recomendarles encarecidamente que lo lean, esperando que disfruten tanto como lo he hecho yo. _____</p><p><strong>Fernando Valls</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>es profesor de Literatura Española Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona y crítico literario.</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Sep 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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