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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 161]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 161]]></description>
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      <title><![CDATA[Margarita Leoz: "La literatura no tiene que explicar nada, tiene que mostrar"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/margarita-leoz-literatura-no-explicar-mostrar_1_1176712.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e3920706-3c88-4b98-b79b-8751d1a27137_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Margarita Leoz: "La literatura no tiene que explicar nada, tiene que mostrar""></p><p>Hace ocho años que <strong>Margarita Leoz </strong>(Pamplona, 1980) publicó su anterior libros, el que fue su primer volumen de relatos, <em>Segunda residencia</em> (Tropo). Cuando se le pregunta por ese paréntesis algo más largo de lo habitual, teniendo en cuenta los plazos editoriales, parece casi extrañada: "No ha pasado nada raro, he seguido escribiendo, por supuesto, y sí que he empezado cosas que se quedaron por el camino, que no consideré que fueran publicables. No aspiro a publicar todo lo que escribo". Sin más. Porque "cada libro tiene que ser un reto" y "hasta que ese reto se establece a veces pasan años". De nuevo: sin más.</p><p>Lo que ha sobrevivido a esos descartes implacables está en <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-flores-fuera-de-estacion/300411" target="_blank">Flores fuera de estación</a>, publicado ahora de la mano de una gran editorial, Seix Barral. Hay otra diferencia con el anterior: si allí se reunían una docena de textos cortos, aquí habitan cinco relatos más extensos, de unas 40 o 50 páginas. No parece que vayan a pasar otros ocho años hasta volver a verla en los escaparates: cuenta que este tiempo ha dado también para una novela, la primera, que llegará en un futuro indeterminado a las librerías, con el mismo sello.</p><p><strong>Pregunta. ¿Se siente cuentista, en tanto que escritora?</strong></p><p><strong>Respuesta</strong>. Las etiquetas me incomodan. Cuando creo que me definen, en seguida hago algo para contradecirlas. Mi primer libro, por ejemplo, es un poemario [<em>El telar de Penélope</em>, 2008], y cuando lo publiqué se me quedó la etiqueta de poeta. Es raro, porque yo ya no escribo poesía. No me desdigo del libro, porque sí veo en él el germen de los relatos posteriores, pero no he vuelto a escribir poesía. El género breve me gusta y me siento cómoda con él, pero no me cierro la puerta a la novela, por ejemplo. De hecho, ya la hay. Tampoco es que quiera seguir  el orden que se considera lógico: cuando eres joven escribes poesía, luego cuento y luego novela. No, es mi evolución personal.</p><p><strong>P. Esa es la idea que se suele tener: que cuando alguien escribe cuentos, se está preparando para la inevitable novela, que en muchos círculos es lo que realmente se toma en serio.</strong></p><p><strong>R.</strong> Es así. Pero al mismo tiempo hay buenos escritores de novela que les piden un relato para un suplemento o algo así y piensas: qué horror de cuento. El cuento es un género complejo, y no todos pueden escribirlo. Dar con el tono, con la esfericidad de la que hablaba <strong>Cortázar</strong>, el iceberg del que hablaba <strong>Hemingway</strong>, eso que se muestra y todo lo demás que queda oculto… Hay muchos escritores de novela que son incapaces de no contar, de sugerir, o de dejar algo a la mano del lector. No veo como una culminación la llegada a la novela. Pero es cierto, como dice<strong> Marcos Ordóñez</strong>, parece que todos los géneros que se salen de la novela resultan incómodos, tanto para los lectores como para los libreros y editores. Por no hablar de los géneros híbridos.</p><p>  </p><p><strong>P. Pero tiene entonces una novela terminada.</strong></p><p><strong>R. </strong>Sí. Cuando terminé este libro tenía ya una idea en la cabeza, y me di cuenta de que esa idea iba más allá de las 10 páginas de los cuentos cortos, y de las 50 de los cuentos más largos. Que sobrepasaba las 100, las 125… No me propuse escribir una novela, sino que me di cuenta de no entraba en el género breve. Está terminada, pero no sé cuándo saldrá. Cuando Seix Barral se interesó por el manuscrito de <em>Flores fuera de estación</em> fue una apuesta a largo plazo. A las editoriales les cuesta apostar por los libros de cuentos, incluso por los de sus propios autores, así que ese apoyo a mí como escritora me enorgullece todavía más.</p><p><strong>P. Pese a la diferencia entre este libro de relatos y el anterior, en ambos pareciera que los personajes flotan dentro de sus propias vidas, como si no tuvieran capacidad de decisión. ¿Por qué cree que es?</strong></p><p><strong>R. </strong>Es cierto que hay cosas que cuando escribes las haces conscientemente, porque te interesan, te interpelan o te prueban como escritora. Pero luego hay motivos que son recurrentes y que no controlas, pero que acaban saliendo. Ese es uno de ellos. Sí, me atraen esos seres perdidos, que se dejan arrastrar, incapaces de tomar las riendas de sus vidas, que incluso a veces no se sienten protagonistas de sus vidas. La protagonista de "Una nueva luz" dice: "Entonces pensé en el resto, en mí, en nosotros, a los que no impulsaba una vocación clara, en cómo la tragedia nos pasaba de largo, demasiado anodinos, invisibles para la muerte". Posiblemente en todos los cuentos exista esta sensación de ir a contrapie o estar fuera de lugar. Y quizás se refleja en el hecho de que todos ellos viven en un no lugar, en un entorno que les es ajeno, que es transitorio, que no les imprime una marca de identidad. O no les representa ya, como en el caso de "Piedras al mar", donde se vuelve a una casa que había sido el hogar pero que ya no lo es.</p><p><strong>P. En la medida en que son personajes que viven fuera de su propio espacio, son también personajes deslocalizados. Podrían vivir en España, pero podrían vivir en otros países occidentales. ¿Qué permiten esas fronteras difusas?</strong></p><p><strong>R. </strong>Es difícil nombrar a un personaje. El nombre es todo, nombrar a un personaje es marcarlo muchísimo, y nombrar un espacio también. Me gusta más esa indefinición y que el lector haga una parte del trabajo, que piense: esto me recuerda a esto, yo me identifico con este paisaje… La indeterminación me sirve también para crear un halo de misterio, de intriga, aunque no estemos ante unos cuentos fantásticos, claro.</p><p><strong>P. En cualquier caso, son espacios con un clima de norte.</strong></p><p><strong>R. </strong>Claro, al final vivo en Pamplona, he vivido en el norte de Francia, con esos climas atlánticos, esos cambios de tiempo. Creo que en mis cuentos lo meteorológico siempre está en relación con la historia, y que la recreación atmosférica tiene su importancia. De ahí también la búsqueda de la palabra exacta para referirme a la flora o la fauna: son centauras y son brezos, no es un arbusto cualquiera. Y es cierto que un clima tormentoso, esa falta de apacibilidad, es muy inspiradora. El cielo azul es como lo que se decía de la felicidad en Ana Karenina: muy aburrido.</p><p><strong>P. En el libro hay un interés por la mirada, por lo que se muestra y no lo que se explica, incluso cuando el relato está escrito en primera persona. ¿Son algunos personajes espectadores de sus propias vidas?</strong></p><p><strong>R. </strong>Sí, es que la mirada al final lo es todo. A veces me preguntan sobre qué hay de autobiográfico en todo esto, pero muchas veces la experiencia, sea personal o prestada, no es más que materia prima. La elección de la mirada es lo que verdaderamente hace al escritor. Y al final todo es personal, porque todo pasa por esa mirada. Como dice <strong>Vivian Gornick</strong>, todas las historias son las voces subrogadas del escritor. En "Una nueva luz" hay dos elipsis muy significativas, dos agujeros negros que la narradora ha decidido suprimir, y eso lo es todo. Lo que no se cuenta, para mí, es fundamental. Esto no es el manual de instrucciones de un microondas, la literatura no tiene que explicar nada, tiene que mostrar, y es el lector el que tiene que extraer sus propias conclusiones, aunque la conclusión sea la duda.</p><p><strong>P. Aquí incluso las escenas descritas con minuciosidad parecen señalar algo que sin embargo no se cuenta.</strong></p><p><strong>R.</strong> Eso es precisamente lo que me gusta. Detrás de esa descripciones, no sabría si minuciosas pero sí precisas, hay una ambientación turbadora, un gesto contradictorio, una cierta sombra. Algo que no se cierra del todo. Y creo que es algo maravilloso que permite el cuento y no permite la novela. En un cuento te puedes permitir enterrar un oboe en un jardín, desenterrarlo y no decir por qué, qué pasa con eso, que es algo que se pregunta el lector y que yo también me pregunto. Creo que como escritora tengo que desconocer algunas de las causas que residen ahí, algunas de las motivaciones de los personajes, porque si no hay intriga para mí, es muy difícil que yo cree la duda en mi lector.</p><p><strong>P. ¿Ha echado de menos esa libertad para lo no dicho en la escritura de la novela?</strong></p><p><strong>R.</strong> Pues sí y no. Pero creo que es fundamental escribir cada género con las herramientas propias del género. No hablo de evitar el mestizaje entre géneros, ¿eh? Pero no le puedes decir al lector: mira, he escrito una novela, pero en el fondo como a mí lo que me sale bien es el cuento, te voy a hacer un cuento largo. No. Más que pensar lo que me quita la novela, pienso en la libertad que me da. En la novela te puedes extender en aspectos que no sean tan nucleares, puedes recrearte, relajarte o dejarte llevar más a la hora de escribir… El cuento puede resultar encorsetado, no debes cambiar de tono, ni dispersarte, el ritmo tiene que ser muy preciso…</p><p><strong>P. ¿Tiene claros los temas de sus propios relatos?</strong></p><p><strong>R. </strong>La parte buena del cuento es que muchas veces te requiere una segunda lectura. En esa segunda lectura te permite percibir más de lo que percibiste en un primer momento. Quizás por eso solo sea consciente de la idea que hay en un cuento a posteriori, a menudo cuando me preguntan. Hay temas que son inconscientes, que no sabes que estás tocando, pero ahí están. El otro día, hablando del cuento "Flores fuera de estación", llegué a la conclusión de que era un cuento sobre el amor, sobre los distintos tipos de amor a lo largo del tiempo, sobre el amor gozoso y el amor malogrado, y sobre la mirada que los hijos proyectamos sobre nuestros padres, el gran misterio que son nuestros padres. Lo comprendí de repente.</p><p><strong>P. A menudo se compara su escritura con una genealogía de autores de relatos estadounidenses. ¿Está de acuerdo?</strong></p><p><strong>R.</strong> Si tuviese que decir qué autores me han influido, serían quizás por un lado <strong>Chéjov </strong>y por otro <strong>Flaubert </strong>y <strong>Maupassant</strong>. Pero sí que es verdad que creo que estoy más en la tradición de la narrativa breve americana, o norteamericana. Sí que me identifico con autores como <strong>John Cheever, Tobias Wolff, Lorrie Moore, Alice Munro</strong>... Más que con <strong>Carver</strong>, por ejemplo. Llegó un momento en que los dejé de leer, no estoy tan loca como para imitar "El nadador", y tienes que distanciarte de lo que lees para encontrar tu propia voz. Y también hay autores españoles de relato que me gustan mucho y he leído mucho. Pienso en <strong>Sara Mesa, Gonzalo Calcedo, Jon Bilbao, Ismael Grasa, Ignacio Martínez de Pisón</strong>… Hay muy buenos autores de relato en nuestra tradición.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Nov 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <title><![CDATA[Pequeños planetas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/pequenos-planetas_1_1176703.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cf82ed2c-4703-407a-bbea-35fb955e153d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pequeños planetas"></p><p><strong>El oráculo irónicoRamón EderRenacimientoSevilla2019</strong><em>El oráculo irónico</em></p><p>  </p><p>La actual codificación del aforismo como género asentado en el ahora no estaría completa sin la presencia de <strong>Ramón Eder</strong> (Lumbier, Navarra, 1952). El escritor, que solo en la primera amanecida de su trayecto cultivó la poesía y el relato breve, entiende la escritura concisa como un quehacer único, como un pequeño planeta que busca luz, sin bifurcaciones ni órbitas por otras estrategias expresivas. Ese quehacer ha propiciado numerosas entregas, casi todas ellas impulsadas por la Editorial Renacimiento. Allí se publicó en 2018 <a href="https://www.editorialrenacimiento.com/los-cuatro-vientos/2007-palmeras-solitarias.html" target="_blank"><em>Palmeras solitarias</em></a><em>, </em>que recibió el Premio Apeadero de Aforistas al mejor libro del año. El recorrido añade como nuevo andén  <a href="https://www.editorialrenacimiento.com/los-cuatro-vientos/2201-el-oraculo-ironico.html" target="_blank">El oráculo irónico</a>, que tiene como ilustración de cubierta una viñeta del mismo autor.</p><p>La crítica, al adentrarse en la carga semántica de los textos de Ramón Eder, suele sacar el comodín de un término definidor: la ironía; así que el escritor subraya la coordenada diferencial con convicción en el mismo título del libro. Sí, Ramón Eder, a la manera de algunos poetas de la Generación del 50, como <strong>Ángel González</strong>, <strong>Jaime Gil de Biedma </strong>y <strong>José Agustín Goytisolo</strong>, convierte la ironía en una maleta literaria y asigna a su capacidad expresiva varias funciones, desgranadas con andar pausado. Tampoco pasan inadvertidas en <em>El oráculo irónico </em>la aliteración y el ludismo fónico, como en las jocosas titulaciones de <strong>Guillermo Cabrera Infante</strong>.</p><p>Uno de los mejores aforistas de la nueva hornada, <strong>Sergio García</strong>, deja en este libro su introducción reflexiva para perfilar las propiedades básicas verbales que ponen alguna lámpara encendida entre las sombras de lo diario. Sintetiza con acierto la prolija cosecha: "En este volumen volvemos a encontrar su acerada ironía, una huida absoluta de la grandilocuencia en aras del susurro cómplice, los ocasionales destellos poéticos…".</p><p>El aforista es un acumulador de paradojas; ama el diálogo de lo contradictorio y entiende la escritura como un espacio de contraluces. Nunca desdeña la sabiduría lacónica de aquel pensar de <strong>Nicolás Gómez Dávila </strong>que Ramón Eder pone al frente de sus breves: "Escribir sería fácil si la misma frase no pareciera, alternativamente, según el día y la hora, mediocre y excelente". Así aborda su práctica de la agudeza y arte de ingenio, cuidando que los ingredientes aporten la medida justa de chispa, sal irónica, y la distancia adecuada para que la reflexión no suene a himno ni a moralina de púlpito. En suma, una pronunciación que respire el aire natural de quien percibe las cosas con un abrazo de emoción y pensamiento, que deje, casi en un rincón inadvertido, un espacio al asombro. Y hay que plegar las alas de lo pretencioso porque "El buen aforismo es el que dice con gracia algo interesante que ya se decía pero de cualquier manera".</p><p>Cada libro de aforismos recupera el afán exploratorio por motivos que encartan la existencia en un espacio común. El otro es un interlocutor callado que sirve de núcleo germinal a pautas expresivas: "Ser buenos ciudadanos que cumplen la ley nos convierte en respetables neuróticos". Y en ese convivir aleatorio caminan también los sentimientos, las erosiones del tiempo, el difuminado de certezas, las claves del taller literario y las ocurrencias de lo contingente. Tanta hibridez temática hace de la brevedad un ejercicio de libertad, un entramado indagatorio que siempre tiene libertad de vuelo.</p><p>Algunos aforismos de <em>El oráculo irónico</em> definen con mucho acierto la reinvención de la escritura en cada amanecida literaria: "Tener voz propia como escritor es inventar un tono que parezca natural y que no se parezca a ningún otro", "No es escritor el que escribe y publica, es escritor el que añade un pequeño mundo a la biblioteca", "Un libro de aforismos en el que no haya contradicciones no puede ser muy bueno", "Los aforismos tienen que tener ese 'no sé qué' que haga que una frase breve sea inconmensurable". Con esas instrucciones de taller toma impulso la corriente aforística de Ramón Eder. Su laconismo se expande con la serenidad que otorga la conversación con la inteligencia; con el cauce contenido y hermoso de una verdad convertida en verdad y media. _____</p><p><strong>José Luis Morante</strong> es poeta y aforista. Ha publicado el libro de haikus <strong>A punto de ver</strong> (Polibea, 2019).</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Nov 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Luis Morante]]></author>
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      <title><![CDATA[El rescate]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/rescate_1_1176701.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/dd9cb859-9487-445e-8e30-0e1fe25523e6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El rescate"></p><p><strong>El hijo zurdoRosario IzquierdoEditorial CombaBarcelona2019</strong><em>El hijo zurdo</em></p><p>  </p><p>Precedida de las excelentes críticas que cosechó su primera novela<em>, Diario de campo</em> (2013), <strong>Rosario Izquierdo </strong>nos entrega seis años después, <a href="https://www.editorialcomba.com/catalogo/libros/narrativa/el-hijo-zurdo/" target="_blank">El hijo zurdo</a>, de la que nos ocuparemos aquí.</p><p>Si tuviera que sintetizar con un solo adjetivo esta obra elegiría el calificativo de <em>íntima</em>, porque íntima es la voz de la protagonista, que nos habla de sí misma como si nos contase un secreto. E íntima es también la voz de un narrador omnisciente que se introduce hasta tal punto en Lola, la madre zurda, que parece que estuviésemos asistiendo a su propia confesión. Voz que se dirige a veces a la protagonista en segunda persona, acentuando así la sensación de intimidad: "Te diste cuenta desde el principio…"<em>. </em>La alternancia entre una y otra es sabia y medida. Como medida es la fragmentación de esta historia que se cuenta mediante analepsis constantes, por medio de las cuales vamos conociendo la vida de Lola, jovencísima madre ya divorciada, y de su hijo Lorenzo, zurdo como ella. El punto de vista de Lola, predominante y central en la novela, tiene como breve contrapunto el del profesor que investiga sobre los relatos infantiles que Lola Frías escribe, y el de su terapeuta.</p><p>La zurdera de Lola y de su hijo son una realidad que sirve también como imagen de la posición de ambos por fuera de las normas sociales, de su resistencia a la presión ejercida para convertirlos en seres convencionales, y del malestar de uno y otro ante esta fuerza que pretende condicionarlos. Ellos escriben en renglones torcidos, son indisciplinados. Aunque la indisciplina de Lorenzo se canalice paradójicamente incorporándose a un grupo neonazi, cuyos valores son estrictamente convencionales. Me sonrío al comprobar que el apellido de la autora es Izquierdo, como a la izquierda se sitúa la Lola de la novela, que no puede comprender esta deriva de su hijo hacia la derecha.</p><p>La culpa que atormenta a Lola nos acerca a un conflicto colectivo que afecta a la mayoría de las madres: la extrema naturalidad con la que intentan encontrar sentido a las incomprensibles elecciones de los hijos, atribuyendo su origen a un error propio.</p><p>"Apenas recuerdo mi vida sin hijos. Fue corta". La crisis de Lorenzo, en la que sitúa la autora el comienzo de la historia, contribuirá a que inicie una reflexión sobre sí misma, su juventud, su matrimonio, su vocación literaria contracorriente, revisando una historia personal que querría que escribiera su terapeuta, que acaba escribiendo ella misma. Exploración que el lector tiene ahora en su mano.</p><p><em>El hijo zurdo</em> nos habla de las diferencias de clase. El encuentro de Lola con Manu, la madre de <em>el Loco</em>, un compañero neonazi de su hijo, nos introduce en la distancia entre ambas mujeres: burguesa la primera, limpiadora y pobre la segunda, dos educaciones, dos barrios, dos hijos que se encuentran ahora en parecidas circunstancias. Lola tiene mala conciencia, percibe sus privilegios y trabaja junto a Gloria, su editora, con un grupo de mujeres, Amanecer, que no han tenido tantas oportunidades como ellas.</p><p>Son muchas las reflexiones sobre el amor y la pareja que encierra esta novela, sobre una generación de jóvenes –que no es la de Lorenzo, sino la de Lola– diezmada por las drogas; impagable la relación entre la madre y su hija Inés, apuntada apenas, pero que refleja muy bien esa particular y precoz madurez que acusan las hijas de madres adolescentes, convertidas en amigas y, a menudo, casi en madres de sus desconcertadas madres.</p><p>No queremos dejar pasar por alto el excepcional manejo del diálogo, fundamental en la estructura de la novela, los constantes giros de la focalización de externa a interna, intercambiando con naturalidad el estilo directo e indirecto con el indirecto libre. El resultado es un texto impecable, aparentemente sencillo, pero con una poderosa complejidad formal y de contenido.</p><p>Rosario Izquierdo conduce la novela con mano firme, fragmentando la información con maestría; deja en suspenso los acontecimientos, avanza y retrocede de tal modo que el lector no puede dejar de seguirla, expectante. Nosotros también queremos saber qué pasó, por qué Lorenzo, buen chico, de buena familia, amado, se descarría. Queremos hallar el sentido que Lola busca, como si fuese una detective, con la esperanza de encontrar el nexo entre el hijo zurdo con quien jugaba al juego de las preguntas absurdas, con quien dibujaba, para el que escribía relatos infantiles, y el joven que pronto cumplirá 18 años, encerrado en sí mismo, con una zurdera que ya no lo emparenta con ella, sino que lo distancia, desconocido.</p><p>Izquierdo hace un paralelismo explícito entre la caída de Lorenzo, su descenso a los infiernos, y el ángel caído de <em>El paraíso perdido</em> de <strong>Milton</strong>. La escultura de <strong>Ricardo Bellver</strong> que lo representa, emplazada en el parque de El Retiro, la fascinaba desde niña. Recuerda Lola los versos de Milton, junto a los grupos de <em>hard rock</em> que escucha Lorenzo, y escribe:</p><p>  </p><p>La novela de Rosario Izquierdo es la historia de ese rescate. Léanla. _____</p><p><strong>Lola López Mondéjar</strong> es psicoanalista y escritora. Su último libro es <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/que-mundo-tan-maravilloso/" target="_blank">Qué mundo tan maravilloso</a><em> (Páginas de Espuma, 2018).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Nov 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <title><![CDATA[Los libros de los Lara y otros negocios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/libros-lara-negocios_1_1176694.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6896051b-462c-4a9a-9c9e-1af803345cfa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los libros de los Lara y otros negocios"></p><p>Quien espere encontrar en <a href="http://www.galaxiagutenberg.com/libros/los-lara/" target="_blank"><em>Los Lara</em></a><em> </em>(Galaxia Gutenberg y La maleta de Portbou), de <strong>José Martí Gómez</strong>, una trayectoria de la editorial Planeta, no la hallará, aunque sí una información valiosa, en parte nueva, utilísima para componer una historia que sigue estando sin hacer. El título del libro y las dos fotos que se contraponen en la cubierta son lo suficientemente expresivos y nos proporcionan pistas certeras sobre lo que vamos a leer. En la de la derecha aparece el fundador de la casa, observando sonriente –por el fotomontaje— la imagen de su hijo; mientras que en la de la izquierda,<strong> José Manuel Lara Hernández </strong>mira a la cámara, con un rictus peculiar suyo. El ausente es <strong>Fernando Lara Bosch</strong>, el hijo menor y el preferido de sus padres, nombrado heredero contra pronóstico, pero fallecido prematuramente en 1995.</p><p>Lo que se cuenta gira en torno a dos ejes: los avatares de la editorial, convertida con el tiempo en un grupo multimedia, y las relaciones familiares y profesionales que se establecen, sobre todo, entre las dos primeras generaciones de la familia Lara, además de las que mantienen con los empleados (así los llamaba el patriarca, incluyendo entre ellos a <strong>Gimferrer</strong>) más cercanos y con sus competidores. La tercera generación solo cobra protagonismo, aunque significativo, en el tramo final del libro.</p><p>  </p><p>Lara, padre, llegó a Barcelona en enero de 1939, entró con las tropas de Franco, como teniente de la legión. Antes había sido seminarista, luego formó parte del coro de <strong>Celia Gámez</strong>, y trabajó también vendiendo galletas María y en la Pirelli, hasta que fundó la Academia Lara. En 1941 se casó con <strong>María Teresa Bosch</strong>, una joven de la burguesía catalana, de quien <strong>Fabián Estapé </strong>reconoce haber estado prendado, por decirlo con palabras antiguas, una mujer que por educación y carácter se encontró siempre en las antípodas de su marido. Tras comprar la editorial Tartessos y fundar la editorial Lara, que no funcionaron, en 1949 nace Planeta, cuyo primer libro fue el mítico <em>best seller</em> de <strong>Frank Yerby</strong>, <em>Mientras la ciudad duerme</em>. Tres años después se fallaría el primer Premio Planeta que obtuvo <em>En la noche no hay caminos</em>, de <strong>Juan José Mirá</strong>. Sobre algunos de los ganadores se cuentan detalles curiosos, y a veces divertidos, como la anécdota final sobre<strong> González Ledesma</strong>. En 1965 se inicia la expansión de la editorial por Hispanoamérica y, un par de años más tarde, empieza la comercialización de la Enciclopedia Larousse, de cuyos suplementos fui colaborador, coordinando –digamos— la sección de literatura española e hispanoamericana, un trabajo mal pagado, por cierto. Lara, que padeció a lo largo de su vida profundas depresiones, decía que solo había tenido tres amigos: el periodista <strong>Manuel del Arco</strong>, al que le publicó varios libros de entrevistas; el fiscal <strong>Romero de Tejada</strong>, con quien jugaba al golf y que incluso llegó a ser su consejero literario; y un tercero que no sabemos quién fue.</p><p>Distingue Martí Gómez la realidad de las leyendas que circulan sobre el padre (así, es falso lo de las 50.000 pesetas que le dio <strong>Queipo de Llano</strong> para fundar la editorial, o la amenazas con pistola a los papeleros...). En cambio, comenta que Lara podía ser simpático, pero también déspota, y a menudo un bocacharco; que al principio no pagada a los proveedores cuando debía, ni abonaba los derechos de autor; que era depresivo e hipocondríaco; que solía tener una conducta poco ética con sus competidores, como cuenta <strong>Carlos Plaza</strong>, dueño de la editorial Plaza & Janés; y a veces se equivocaba al nombrar a alguno de sus autores, así <strong>Ignacio Agustí </strong>era <em>Agustín </em>y <strong>Vázquez Montalbán</strong>,<em> Ricardo Montalbán</em>, por el galán de Hollywood, cuando no les ponía motes, como a <strong>Pombo</strong>, a quien llamaba el <em>Gordo</em>; que perdió un pleito por los derechos de <strong>Baroja</strong>; que le gustaba tentar a los autores de éxito de Anagrama (<strong>Álvaro Pombo, Alfredo Bryce Echenique </strong>y<strong> Soledad Puértolas</strong> sucumbieron, aunque de las tres novelas que el santanderino presentó al premio, curiosamente premiaran la peor), y que el responsable de esas dudosas maniobras era <strong>Rafael Borràs</strong>, denominado “el hombre del maletín”; que el padre y el hijo mayor no se llevaban bien, pero en cambio los hermanos sí. No cuenta, sin embargo, Martí Gómez la infinita paciencia que tuvo el viejo Lara con <strong>Carmen Laforet</strong>, quien a pesar de recibir varios adelantos a menudo incumplía sus compromisos con la editorial, como cuentan <strong>Anna Caballé</strong> e <strong>Israel Rolón </strong>en su biografía de la autora. Resalta también una de sus mayores virtudes, la de haber sabido rodearse de buenos colaboradores y consejeros: <strong>Manuel Lombardero, Antonio Prieto</strong>, el sabio <strong>Carlos Pujol </strong>quien –sin ignorar sus defectos— solía hablar bien del viejo Lara, y<strong> Silvia Bastos </strong>(la más eficiente responsable de prensa que he conocido, hoy agente literaria). E incluso consiguió tener cerca a sabios asesores:<strong> Martín de Riquer</strong>, <strong>José María Valverde</strong> (ambos dirigieron una excelente <em>Historia de la literatura universal</em>, estropeada en su versión reducida), <strong>José Manuel Blecua</strong>, su hijo <strong>Alberto</strong>, ahora el miembro más veterano del jurado del premio, o Pere Gimferrer.</p><p>Más allá de la editorial, los Lara se implicaron en la gestión del R.C.D. Español, y J.M. Lara Bosch fue empresario de medios de comunicación (<em>La Razón</em>, el <em>Avui</em>, La Sexta, el diario gratuito <em>ADN</em>), pero también fundó el colegio Aula, potenció el Instituto de Empresa Familiar y presidió el Círculo de Economía a partir del 2005 (el tratamiento que le da Martí Gómez a este último, o a la llamada <em>guerra de las televisiones</em>, resulta prolijo), a pesar de que los Lara nunca llegaran a formar parte de las familias que llevan gobernando Cataluña desde la noche de los tiempos. El mismo Lara Bosch salvó de la ruina a Edicions 62, mientras que los prohombres nacionalistas, esos que tanto suelen lamentarse por la lengua y por la cultura catalana, miraban hacia otro lado cuando tenían que rascarse el bolsillo. Y como los Lara tenían huevos en todas las cestas, el hijo mayor compró <em>La Razón</em> para acceder en Madrid a los círculos del poder conservador, para lo que contó con el asesoramiento de <strong>Mauricio Casals</strong>, a quien se tacha aquí de <em>príncipe de las tinieblas</em>. Su hermano,<strong> Pedro Casals</strong>, un discreto autor de novelas policiacas, fue finalista en dos ocasiones del Planeta, y recuerdo que hubo una época en que día sí y día también aparecía en las páginas del <em>Abc</em>. Como de igual modo fue finalista del premio <strong>Juan Benet</strong>, a quien engañaron, y de paso humillaron, situándolo tras un modesto escritor y guionista de cine. Asimismo, el autor cuenta numerosas anécdotas, como la afición al <em>bridge </em>de toda la familia, o la obsesión del patriarca por ganar siempre, fuera al juego que fuese, incluso haciendo trampa.</p><p>Lara Hernández se declaró franquista en numerosas ocasiones, aunque en 1976 se consideraba de centro derecha, entre <strong>Fraga </strong>y <strong>Pío Cabanillas</strong>. Casi dos décadas después, en 1994, el rey le concedió el marquesado del Pedroso de Lara, título ridículo donde los haya. Con todo, me parece importante recordar que a la hora de publicar libros no distinguía entre ideologías, y que en el catálogo de Planeta, junto a los políticos franquistas, no faltan escritores comunistas (del citado Juan José Mira a <strong>Jorge Semprún</strong>, con un libro muy crítico con el Partido, y <strong>Vázquez Montalbán</strong>). Su hijo mayor –tenía fama de decir en público lo mismo que decía en privado, según cuenta <strong>López Burniol</strong> <a href="https://www.lavanguardia.com/opinion/20190713/463430283977/los-lara.html" target="_blank">en un artículo reciente</a>— parece ser que se encontraba cerca del PP, aunque se definiera como hedonista, "libertario de derechas" y católico pero anticlerical. Y se mostró valiente al plantar cara a los continuos desafueros del independentismo catalán. Y, sin embargo, cuesta trabajo entender que financiara a la vez a <em>La Razón</em> y al <em>Avui</em>, ejemplos del peor periodismo, de ideologías opuestas. Martí Gómez concluye diciéndonos que los Lara Bosch fueron, en esencia, según los testimonios recogidos, "buenas personas" (p. 100). Tiene mucho interés la entrevista final con <strong>José Manuel </strong>y <strong>Pablo Lara García</strong>, los dos hijos varones de J. M. Lara Bosch, hoy al margen de la gestión directiva de la editorial, como el resto de los miembros de la tercera generación.</p><p>Llevo muchos años leyendo a José Martí Gómez, otro hijo ilustre de Morella, que ahora cuenta 82 años. Colaboró en diversos periódicos de Barcelona, en la revista <em>Por favor</em>, del grupo Planeta, y en programas de radio, pero yo recuerdo sobre todo sus memorables entrevistas hechas junto a<strong> Josep Ramoneda </strong>(¿cuándo van a recogerse en un volumen?). El libro de Martí Gómez, en suma, tiene mucho interés y se lee con gusto, pues está escrito con fluidez y amenidad, aunque en algunos momentos me parezca que se va del tema. En otros, sepa a poco y debiera seguir ampliándolo para una posible próxima edición. Por ejemplo, <strong>Crehueras</strong>, <strong>García-Píriz</strong>, cuñado de J.M. Lara Bosch, y Carlos Pujol, merecen más espacio; o la historia del libro y del supuesto plagio de <strong>Cela</strong>, en <em>La cruz de San Andrés</em>, que sigue sin un fallo definitivo, que yo sepa. Algunos pequeños errores podrían haberse evitado, como cuando llama a la novela de <strong>Vargas Llosa</strong><em>Lituma de</em> (por <em>en</em>) <em>los Andes</em>; cuando afirma que <strong>Ángel Vázquez</strong> desapareció como escritor tras obtener el Planeta en 1962, olvidándose de la excelente novela <em>La vida perra de Juanita Narboni</em> (1976); la Universidad que hizo doctor <em>honoris causa </em>a J.M. Lara Bosch fue la Nebrija, no Lebrija; y el autor de <em>best seller</em> se apellida <strong>Falcones</strong>, no <strong>Falcone</strong>, apellido del juez asesinado por la mafia (pp. 44, 47, 103 y 283).  Por último, sus hijos comentan que J.M. Lara Bosch dejó al morir unas memorias. Como diría un <em>modelno</em>: ¡Ya están tardando en salir!</p><p>P.S. Quien quiera constatar, una vez más, hasta qué punto está podrido el periodismo nacionalista catalán, puede ver el tratamiento que se le da a este libro en <em>El nacional</em>. _____</p><p><strong>Fernando Valls</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>es profesor de Literatura Española Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona y crítico literario.</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Nov 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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