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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 174]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-174/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 174]]></description>
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      <title><![CDATA[Las huellas de la corrupción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/huellas-corrupcion_1_1179819.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/91c8f97e-f6c8-4076-b640-fdfca5e86964_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las huellas de la corrupción"></p><p>¿Qué consecuencias tiene para los hijos la inmoralidad de los padres? En concreto, ¿qué consecuencias tiene la corrupción en los herederos de los corruptos?</p><p><a href="https://distrito93.com/catalogo/todo-queda-en-casa/" target="_blank">Todo queda en casa</a> (Distrito 93, 2019), novela de<strong> Santi Fernández Patón</strong>, explora esta circunstancia desde el punto de vista de un hijo y su sentimiento de culpa, su deseo de alejarse de la familia, la decisión de mantener un desapego cuyas consecuencias no puede prever.</p><p>La novela está narrada en primera persona por el joven Daniel, quien decide quedarse en Edimburgo y no regresar nunca al lado de la segunda esposa de su padre, Maribel, y de la hija de ambos, su hermana Irene, una niña de seis años con la que estaba muy unido y a la que no volverá a ver hasta dieciséis años después. Su decisión está relacionada con un oscuro episodio de corrupción, y el posterior juicio, en el que están involucrados Maribel y su padre, que murió poco después de esos hechos. A lo largo de la novela, Daniel repasa una vez y otra su involuntaria participación en la desaparición de unas pruebas cuyo valor no conocía entonces, ni conoce aún ahora.</p><p>El silencio ha acompañado durante años esta decisión, que Daniel ha mantenido oculta, de forma quizás inconsciente, a sus amigos y a su novia, que no resiste su posterior confesión del abandono de la niña y se separa de él. Un silencio que pretende borrar los sentimientos que provocó aquel acto, sin conseguirlo.</p><p>Del resurgimiento de esas emociones trata esta novela, escrita con precisión y agilidad, pero sin abandonar nunca la elaboración literaria, la ambición estética que, demasiado a menudo, se encuentra ausente en gran parte de la narrativa actual que conozco. El desencadenante de la revisión biográfica que constituye el cuerpo de la historia es un mensaje de Irene, ahora una joven emancipada, periodista como su hermano, que le solicita un encuentro: "Soy Irene, tu hermana".</p><p>Este argumento se expande para abarcar asuntos como la precariedad de los jóvenes, los partidos surgidos tras el 15M, la esperanza y la solidaridad. En el plano personal, Daniel intentará comprender aquella decisión del pasado y conocer a Irene, y experimentará en carne propia el abandono cuando las circunstancias lo tengan a él como víctima de la decisión de marcharse de otro. Su apertura a una nueva relación de pareja, la templanza de Silvia, la solidaridad y la sororidad entre mujeres luchadoras, el retorno de comportamientos corruptos que no parecen dejar de extinguirse, el precariado y la inmigración son aspectos que matizan un texto que se lee con interés. El lector sigue la historia con gusto porque la proximidad y la complicidad que se establece con esa primera persona autorreflexiva convierte lo que le suceda a Daniel en algo que también le importa, que le concierne.</p><p>Fernández Patón hace uso de la analepsis de forma medida y pertinente, sujeta siempre a las necesidades de la historia, que avanza desde ese mensaje de Irene hasta el momento final, donde el autor muestra una posible, si bien improbable, reparación, que demuestra la integridad moral del protagonista. Y si digo improbable no es porque el gesto de Daniel no se justifique perfectamente con el diseño del personaje, sino porque se trata de un gesto poco frecuente que, al ser mostrado aquí, pone el dedo en la llaga de una moral opuesta a la del corrupto: la de quienes pretenden guiar sus actos por un comportamiento ético. Los efectos redentores de este gesto final quedan apuntados para el futuro de Daniel, que intenta liquidar con él su sentimiento de culpa.</p><p>Hay un episodio, que no desvelaré, que marca el acmé de la obra proporcionando un punto de giro definitivo; un episodio sorprendente, tratado con la misma elegancia que el resto de la novela. Con igual solvencia, asistimos al descubrimiento de una motivación inconsciente que determina la imprevista conducta de Irene tras ese episodio que le afecta profundamente: la transmisión transgeneracional se convierte aquí en motivo central, que el autor explota con audacia.</p><p>Málaga, sus barrios, sus gentes, sus terrazas, el Palo, la Térmica, los aciertos y desaciertos municipales de sus ediles –Daniel es periodista en el Ayuntamiento– se erigen en personajes secundarios, como también lo son Rodrigo y Silvia, Maribel y los amigos que rodean al protagonista. El conjunto, en suma, compone una obra eficaz, ganadora del II Premio de novela Negra y de denuncia Auguste Dupin, que encuentra el equilibrio necesario entre la crítica social y la exploración humana, y donde una y otra se nutren y se enriquecen.</p><p>_____</p><p><strong>Lola López Mondéjar</strong> es psicoanalista y escritora. Su último libro es <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/que-mundo-tan-maravilloso/" target="_blank">Qué mundo tan maravilloso</a><em> (Páginas de Espuma, 2018).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Feb 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las huellas de la corrupción]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Los diablos azules número 174]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Tres poemas de Francisca Aguirre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/tres-poemas-francisca-aguirre_1_1179843.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/90aed155-d150-419a-80ad-fba99a9eecbf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tres poemas de Francisca Aguirre"></p><p>infoLibre publica tres poemas de Francisca Aguirre (Alicante, 1930-Madrid, 2019) recogidos en la antología <a href="https://olelibros.com/la-antologia-de-francisca-aguirre-prenda-de-abrigo-titulo-300-de-ole-libros/" target="_blank">Prenda de abrigo</a>, publicada por el sello Olé Libros. La escritora, Premio Nacional de Poesía 2011 y Premio Nacional de las Letras 2018, trabajó con los editores en la selección hasta su muerte el pasado abril, de forma que el libro terminó publicándose de forma póstuma. En él se puede seguir la trayectoria de Aguirre desde <em>Ítaca</em>, su primer poemario, publicado en 1972, hasta <em>Conversaciones con mi animal de compañía</em>, su último libro con obra nueva, publicado en 2012. </p><p>_____</p><p><strong>Nana de los libros viejos</strong></p><p>Aquel tenducho,</p><p>                               porque verdaderamente</p><p>aquello era un cuchitril,</p><p>una especie de sotanillo al que se entraba</p><p>después de bajar unos cuantos peldaños,</p><p>aquel escondrijo al que llamábamos</p><p>                                                                  <em>la tienda verde</em></p><p>puesto que su dueño había pintado la fachada de verde,</p><p>aquella cueva era, sin embargo,</p><p>                                                          la cueva del tesoro.</p><p>Allí, democráticamente apilados,</p><p>                                                             había montañas de libros viejos,</p><p>algunos viejísimos,</p><p>tan viejos que se les caían las hojas como a los árboles,</p><p>otros, más afortunados, habían sido remendados,</p><p>                                                                                           como los calcetines o los zapatos.</p><p>Porque un libro, señores, es una prenda de abrigo.</p><p>Y el dueño de aquella tienda lo sabía.</p><p>Por eso, cuando nosotras entrábamos,</p><p>                                                                      con nuestro exiguo caudal</p><p>él nos impartía las oportunas instrucciones</p><p>para que nos moviésemos con precaución en su establecimiento:</p><p>nada de manoseos con los libros,</p><p>                                                            los libros se desgastan, se estropean,</p><p>se les rompen las hojas o se les caen</p><p>y ya no abrigan, ya no sirven.</p><p>Muchísimo cuidado con los libros,</p><p>sobre todo con los que están encuadernados:</p><p>                                                                                   un libro encuadernado es algo serio,</p><p>las pastas son como las paredes de una casa,</p><p>y dentro de esa casa podemos encontrar de todo.</p><p>                                                                                         Por eso el dueño de la tienda nos decía:</p><p>un libro encuadernado es un tesoro</p><p>                                                                 y los tesoros, ya se sabe, cuestan caro.</p><p>Nosotras mirábamos con avidez los libros,</p><p>sobre todo los viejecitos,</p><p>                                              los que tenían aire de perro apaleado;</p><p>y eran como de la familia</p><p>                                               y además tenían la ventaja de ser muy baratos.</p><p>Claro que, como decía el dueño,</p><p>                                                           aquellos pobretones debían abrigar muy poco.</p><p>Pero nos daba igual, ya los arreglaríamos en casa.</p><p>Así que hacíamos tres montones</p><p>                                                            y el dueño nos cobraba una peseta</p><p>por aquella montaña de desperdicios,</p><p>                                                                     aunque antes de marcharnos</p><p>nos decía muy claro:</p><p>                                      me los tenéis que devolver el lunes.</p><p>Y no creáis que no sé yo las hojas que tiene cada uno.</p><p>Y el sábado empezaba la aventura</p><p>                                                               porque lo que el librero no sabía</p><p>era que en cada libro había una mina</p><p>                                                                    y a veces, cuanto más viejo el libro</p><p>mejor era la mina.</p><p>                                  Y aquellas páginas marchitas</p><p>                                                                                        calentaban como una gran hoguera.</p><p>Y así, durante muchos sábados y domingos,</p><p>rodeadas de desperdicios ilustrados,</p><p>                                                                   vivimos el milagro de abrigarnos</p><p>con las maravillosas páginas de Tolstoi en <em>Resurrección</em>,</p><p>o con las aventuras de Marck Twain,</p><p>con las desdichas de las <em>Pobres gentes</em>, de Dostoievsky,</p><p>con los <em>Viajes de Gulliver</em>.</p><p>Pasamos hambre con Knut Hamsun y comimos su <em>Pan</em>.</p><p>Viajamos al espacio y al fondo de los mares con Julio Verne.</p><p>Aquellos desperdicios de papel, desencuadernados y rotos,</p><p>fueron para nosotras</p><p>                                       la deslumbrante Biblioteca de Alejandría.</p><p>Nadie ha tenido una universidad más mágica que aquella.</p><p><strong>Frontera</strong></p><p>Yo, que llegué a la vida demasiado pronto,</p><p>que fui —que soy— la que se anticipó,</p><p>la que acudió a la cita antes de tiempo</p><p>y tuvo que esperar en la consigna</p><p>viendo pasar el equipaje de la vida</p><p>desde el banco neutral de la deshora.</p><p>Yo, que nací en el treinta, cuando es cierto</p><p>—como todos sabéis— que nunca debí hacerlo,</p><p>que hubiera yo debido meditarlo antes,</p><p>tener un poco de paciencia y tino</p><p>y no ingresar en ese tiempo loco</p><p>que cobra su alquiler en monedas de espanto.</p><p>Yo, que vengo pagando mi imprudencia,</p><p>que le debo a mi prisa mi miseria,</p><p>que hube de trocear mi corazón en mil pedazos</p><p>para pagar mi puesto en el desierto,</p><p>yo, sabedlo, llegué tarde una vez a la frontera.</p><p>Yo, que tanto me había anticipado,</p><p>no supe anticiparme un poco más</p><p>(al fin y al cabo para pagar</p><p>en monedas de sangre y de desdicha</p><p>qué pueden importar algunos años).</p><p>Yo, que no supe nacer en el cuarenta y cinco,</p><p>cometí el desafuero, oídlo,</p><p>de llegar tarde a la frontera.</p><p>Llegué con los ojos cegados de la infancia</p><p>y el corazón en blanco, sin historia.</p><p>Llegué (Señor, qué imperdonable)</p><p>con nueve años solamente.</p><p>Llegué tal vez al mismo tiempo que él</p><p>pero en distinto tiempo.</p><p>                                            No lo supe.</p><p>(Oh tiempo miserable e injusto).</p><p>Estuve allí —quizá lo vi—</p><p>pero era tarde.</p><p>                            Yo era pequeña</p><p>y tenía sueño.</p><p>                            Don Antonio era viejo</p><p>y también tenía sueño.</p><p>(Señor, qué imperdonable:</p><p>haber nacido demasiado pronto</p><p>y haber llegado demasiado tarde).</p><p><strong>Los trescientos escalones</strong></p><p>Estaba todo quieto en la casa apagada.</p><p>Hasta el día siguiente, hasta sabe Dios cuándo</p><p>el silencio reinaba como un ídolo antiguo.</p><p>No funcionaban las leyes de tráfico,</p><p>esas imprescindibles ordenanzas</p><p>que hay que acatar para transitar el pasillo.</p><p>Es como si la noche propusiera una tregua,</p><p>como si al apagar la luz se apagara el peligro.</p><p>Escucho. Nada. Todos callan unánimes.</p><p>Mirar la oscuridad es profesar de muerto:</p><p>los ojos van de lo negro que nos habita</p><p>a lo negro que nos envuelve.</p><p>Somos los apagados, los ausentes,</p><p>los que gavillan tiempo en sus muñecas,</p><p>somos los auditores del silencio</p><p>y ese silencio es como un túnel por el que solo avanza el tiempo.</p><p>No ver, no estando ciegos, es hundirse en el tiempo.</p><p>El armario, con su puerta entreabierta, da a las costas de Francia.</p><p>Oigo los barcos que salen o entran por el puerto del Havre.</p><p>Veo tres niñas muy contentas, en Barcelona,</p><p>porque se iban de viaje:</p><p>se acababan los bombardeos,</p><p>ya no tendrían que esconderse debajo de aquella escalerita</p><p>que conducía a las habitaciones superiores</p><p>mientras oían, espantadas, el agudo silbido de las bombas.</p><p>Nos íbamos, nos íbamos a Francia.</p><p>Y así llegamos a Bañolas:</p><p>nosotras contentísimas de ver el lago,</p><p>papá, mamá y la abuela</p><p>arrastrando su corazón, empujándolo a la frontera.</p><p>París fue para mí, durante mucho tiempo, un gato.</p><p>Había un gato en aquella pobre pensión en que vivimos,</p><p>un gato que dormía al lado de una estufa.</p><p>Yo nunca vi París: tan solo vi ese gato.</p><p>Y nos fuimos al Havre para tomar un barco.</p><p>Nosotras con dos muñecos y un monito,</p><p>papá con su caja de pinturas y un sueño acorralado,</p><p>un sueño convertido en pesadilla,</p><p>un sueño multitudinario</p><p>arrastrado como único equipaje</p><p>por una inmensa procesión de solos.</p><p>Pero aquel barco no llegó a su puerto:</p><p>esperamos, mientras mamá, para alumbrarnos,</p><p>cantaba algunos días <em>El niño judío</em>: «De España vengo, soy española».</p><p>No llegó el barco. Llegaron aviones alemanes.</p><p>Hubo que caminar a gatas por las habitaciones del hotel,</p><p>que estaba frente al puerto.</p><p>Aquel hotel tenía un nombre,</p><p>se llamaba «La Rotonde de la Gare».</p><p>Papá pintaba. Y como Modigliani,</p><p>iba a ofrecer sus cuadros a las gentes. Tampoco a él le compraban.</p><p>Nosotras aprendimos francés en dos semanas.</p><p>El reloj de La Gare ha dado un cuarto,</p><p>papá me dice que levante la cara un poco más,</p><p>dos o tres pinceladas y termina el retrato.</p><p>Mi padre, no sé bien por qué, me pintó de japonesa.</p><p>Para siempre quedé con mi abanico,</p><p>con los ojos ligeramente oblicuos y asombrados,</p><p>en una edad más bien indefinida</p><p>y con una diadema de pensamientos sobre el pelo.</p><p>Papá, vamos al puerto, vamos al puerto ahora que hay tiempo</p><p>y luego vámonos corriendo a ver el Bois des Hallates,</p><p>vamos, que se perdió tu cuadro y ya solo podré verlo contigo y para siempre.</p><p>Papá, perdimos tantas cosas</p><p>además de la infancia y los trescientos escalones que tú pintaste</p><p>nunca he sabido si para decirnos que había que subirlos o bajarlos.</p><p>Y ahora pienso, desde tu mano que me ayudaba a recorrerlos,</p><p>que tal vez me dijiste entonces</p><p>que había que subirlos y bajarlos</p><p>y para eso los pintaste</p><p>y para esos pasaste días enteros</p><p>pintando una escalera interminable,</p><p>una hermosa escalera rodeada de árboles y árboles,</p><p>llena de luz y amor,</p><p>una escalera para mí,</p><p>una escalera para que pudiera subir,</p><p>vivir,</p><p>y una escalera para descender,</p><p>callar,</p><p>y sentarme a tu lado como entonces.</p><p>Me he levantado para cerrar la puerta del armario.</p><p>Está mi casa sosegada,</p><p>apenas en el aire zumba tenue la remota sirena de un barco.</p><p>Los que más amo duermen:</p><p>mi hija arropada en sus nueve años</p><p>y Félix indefenso ante sus treinta y ocho.</p><p>Al fin se extingue el eco de los barcos.</p><p>Vuelvo a la cama.</p><p>—Buenas noches, papá. Hasta mañana si Dios quiere. Que descanses.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Feb 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Francisca Aguirre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Tres poemas de Francisca Aguirre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Poesía,Poetas,Los diablos azules número 174]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[El negocio del horror]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/negocio-horror_1_1179817.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/28bbf0a8-c6d5-4b76-a83f-3f9777e1e6fb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El negocio del horror"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em></p><p>_______________</p><p><span id="sc_intxt_container"></span><span id="sc_intxt_container"></span><span id="sc_intxt_container"></span> <span id="sc_intxt_container"></span><span id="sc_intxt_container"></span><span id="sc_intxt_container"></span> <span id="sc_intxt_container"></span><span id="sc_intxt_container"></span><span id="sc_intxt_container"></span> <span id="sc_videointext"></span></p><p><span id="sc_ava_companion"></span><span id="sc_ava_companion"></span><span id="sc_ava_companion"></span></p><p><span id="sc_ava_companion"></span><span id="sc_ava_companion"></span><span id="sc_ava_companion"></span></p><p><span id="sc_ava_companion"></span><span id="sc_ava_companion"></span><span id="sc_ava_companion"></span></p><p><span id="sc_videointext"></span></p><p><a href="https://ellibrodurmiente.org/" target="_blank">El libro durmiente</a> comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. El libro durmiente se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario, donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.</p><p><strong>La Red Púrpura</strong></p><p><strong>Carmen Mola</strong></p><p><strong>Alfaguara</strong></p><p><strong>Madrid</strong></p><p><strong>2019</strong></p><p>De acción va cargadita. Así que el entretenimiento está asegurado. Se lee rápido, rapidísimo. Como novela, y ante la inevitable comparación con su primera parte <a href="https://www.megustaleer.com/libros/la-novia-gitana-inspectora-elena-blanco-1/MES-099693" target="_blank">La novia gitana</a>, creo que tiene menos empaque. Pero no creo que sea el objetivo de <strong>Carmen Mola</strong>. <a href="https://www.megustaleer.com/libros/la-red-prpura/MES-105163" target="_blank">La Red Púrpura</a> nos sumerge en otra terrible e interesante investigación donde la inspectora que dirige el equipo, Elena Blanco, se lleva la atención de todos los focos porque deja de ser policía para convertirse en madre. Esto tiene sus pros y sus contras para el desarrollo de la novela.</p><p>Desde el primer capítulo, la Brigada de Análisis de Casos empieza fuerte. Irrumpe en una vivienda donde un joven espera que empiece el espectáculo en la pantalla de su ordenador. Dos encapuchados torturarán a una joven mientras los policías intentarán evitar el temido desenlace. Persiguen a la Red Púrpura, una organización que comercia con violencia extrema en directo.</p><p>Así de impactante se presenta la trama que dará lugar a capítulos de lo más desagradables. No tanto por los detalles macabros sino por el horror que implica: la rentabilidad de la violencia a través de la red más oculta, que lógicamente –y ese es el drama– sin público no existiría. Esta realidad es el duro trago que plantea Carmen Mola como evidencia de que el mundo está muy enfermo. Pero esta cuestión solo es el trasfondo, porque la novela trata de presentar a una jefa capaz de todo. Y eso es imposible, porque la inspectora tiene datos que relacionan la desaparición hace años de su hijo con la organización.</p><p>El final de <em>La novia gitana</em> dejó las miguitas de forma clara y meridiana para que el lector buscara esta segunda parte. Fue fácil caer porque me gustó muchísimo y esta tiene aún más ritmo; de las denominadas absorbentes, con buenos momentos de tensión. Carmen Mola había levantado expectación tras la primera entrega y, en ese sentido, esta novela consigue sus objetivos.</p><p>En otras cuestiones ya no es lo mismo. Por ejemplo, en el papel prácticamente secundario en el que la inspectora deja al resto –salvo en algún caso–. Pierde los papeles cuando se estrecha el cerco con la posibilidad de localizar a su hijo. Tanto se descontrola que cuesta creer que pueda permanecer al frente de la investigación. A veces los hechos la sitúan a los pies de una caricatura de sí misma, además de hacerse insoportable el personaje.</p><p>Que las páginas pasen rápido no quiere decir que las sorpresas sean mastodónticas. Hay demasiados momentos en lo que está por suceder es predecible. Se ve venir desde lejos y no soy precisamente de las avispadas en tramas de estas características. Y eso... le quita un poco de emoción. En este género, al lector le gusta que le dejen con la boca abierta con eso que llamamos giros inesperados.</p><p>Un aspecto interesante de la novela es el recorrido madrileño por las páginas. Y en especial, las zonas marginales donde todo <em>lo mejorcito</em> del peor panorama está bien descrito gracias a las incursiones que deben realizar los policías para recabar datos. Me gustaría destacar otro tema, aunque lógicamente no es objetivo de la trama para la autora (o lo que sea: ya saben, es un nuevo caso <strong>Elena Ferrante,</strong> en el que se desconoce su identidad; en fin...). Me refiero al jugo narrativo que plantea el panorama de los padres del chico con el que empieza la novela. Esos padres que, como otros, descubren que bajo su mismo techo podría vivir un monstruo aunque sea de su sangre. Por exigencias del guion conoceremos solo la superficie de este drama familiar, aunque le sirve a la autora para otra cuestión (no debo profundizar más). Pero este terrible dilema para los padres da para mucho...</p><p>Dicho esto, me quedo con lo que apunté al principio: frenética y entretenida lectura. Seguro que Carmen Mola buscará la fórmula para ampliar la saga. Tuve la suerte de que las dos primeras fuesen un regalo. Por mi parte, ahora mismo busco otras historias. Pero si cae la tercera por sorpresa...</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Feb 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Begoña Curiel (El libro durmiente)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El negocio del horror]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 174]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trastornos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/trastornos_1_1179815.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ffd083a9-9115-4828-958f-6aabeef42cd1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Trastornos"></p><p><strong>Referencial</strong></p><p><strong>Ignacio Ferrando</strong></p><p><strong>Tusquets</strong></p><p><strong>Barcelona</strong></p><p><strong>2019</strong></p><p>Ya sea en el cuento, ya en la novela, los dos géneros que ha cultivado, <strong>Ignacio Ferrando </strong>se ha mostrado como un escritor ambicioso, con un estilo y una temática poco complacientes con el gusto mayoritario de los lectores. <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-referencial/293680" target="_blank">Referencial</a> es, pues, una narración compleja, culturalista, que se vale de una cierta intriga contada por un personaje obsesivo, atormentado. Las cuitas del protagonista, Ismael G [Garrido], tienen que ver, en realidad, con Vicente Kelner, su antiguo profesor, pintor de escaso éxito que fue expulsado de la Escuela de Bellas Artes, muerto en extrañas circunstancias; pero también con Elena, la esposa del protagonista, y con su hija, Julia, quien acabó viviendo en Roma tras sufrir una enfermedad mental; y con una alumna, Paula, que parece haberle tendido una trampa.</p><p>Todos ellos se muestran en estas páginas insatisfechos, con unos conflictos que les afectan tanto en lo personal como en lo profesional. Ismael aparece aquí como otro pintor frustrado que, por medio de un amigo de su mujer, de quien siente celos, consigue una plaza de profesor en la Escuela donde estudió. Él es quien escribe la historia que compone esta novela. La narración se articula como una búsqueda en la que importan menos los resultados que los descubrimientos de Ismael a lo largo del trayecto recorrido. Y todo ello aparece trufado por constantes referencias al arte (<strong>Rafael, Courbet, Balthus, Andrew Wyeth, Manet</strong> o <strong>Egon Schiele</strong>, que ilustra la cubierta), por una <em>performance</em> (<strong>Deborah de Robertis</strong>) y con varias alusiones a la literatura (<strong>Koltès, Goethe</strong>, sobre quien se emite un juicio injusto, aunque luego se le concede la frase final de la novela, la más manida de las suyas; <strong>Nabokov</strong>, uno de cuyos cuentos podría ser el punto de partida de este relato; <strong>Beckett</strong>, la casa de <strong>Aleixandre</strong>...), todas ellas vinculadas a menudo con la memoria y la historia, el escándalo, la originalidad y el peso de la tradición, la sospecha, la identidad de los protagonistas y sus culpas, las historias vitales que parecen repetirse, el motivo de <em>la vida en un hilo </em>(aunque en la novela se le llame de otra manera), el abandono de los seres queridos y la hipocresía que muestran los que ostentan el poder, que aquí no pasa de ser un mero <em>podercito</em>. Tampoco falta en esta <em>novela de artista</em> —o de pseudoartista, todo un subgénero de otro subgénero mayor— un juicio, más bien tópico, sobre la crítica, en esta ocasión la de arte, y contra las academias, como no podía ser menos, entendidas aquí como sistemas castradores del arte más renovador; ni tampoco por fortuna —en ese sistema de compensaciones— los pintores sin talento, que sin embargo creen tenerlo.</p><p>El tiempo transcurre, sobre todo, a lo largo de tres momentos: hace 23 años, cuando Ismael y Elena acudían a las clases de Kelner; durante el presente narrativo; y cinco años después, cuando se produce el desenlace. Aunque haya frecuentes saltos atrás para relatarnos diversos episodios del pasado.</p><p>Decía que Ferrando es un escritor ambicioso, exigente, poco contentadizo, lo que no resulta habitual en estos tiempos, pero también me parece que la novela hubiera ganado en entidad con algo más de orden, claridad en la trama y contención, y desde el punto de vista lingüístico —tan importante— hubiera necesitado un pulimiento. Por un lado, hay un exceso de precisión léxica —afecta incluso al título, poco afortunado, que se explica en la cita inicial de Nabokov— que resulta cargante y artificioso, y por otro deberían haberse evitado los abundantes subrayados y las expresiones a la moda del día que, en poco tiempo, pueden acabar pudriendo el texto. Y dicho esto, no quiero acabar sin decir que tengo la esperanza de que Ignacio Ferrando escriba un día no lejano la gran novela que creo que lleva dentro.</p><p>_____</p><p><strong>Fernando Valls</strong> es profesor de Literatura Española Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona y crítico literario. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Feb 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Trastornos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Los diablos azules número 174]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Autoficción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/autoficcion_1_1179808.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/95a0e3a9-1dda-44fe-b35d-01e931ef37ea_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Autoficción"></p><p><strong>Los árboles que huyeron</strong></p><p><strong>Alejandro López Andrada</strong></p><p><strong>Berenice</strong></p><p><strong>Córdoba</strong></p><p><strong>2019</strong></p><p>Con esta cita de <strong>Truman Capote </strong>comienza esta novela: "Imaginad una mañana de finales de noviembre. Pensad en la cocina de un viejo caserón de pueblo. Una mujer de trasquilado pelo blanco se encuentra de pie junto a la ventana de la cocina… La persona con la que habla soy yo".</p><p>Y con esta frase aforística, "Escribir el pasado es cavar sobre el silencio", empieza este libro de memorias, <a href="http://grupoalmuzara.com/a/fichalibro.php?libro=4134&edi=1" target="_blank">Los árboles que huyeron</a>, de <strong>Alejandro López Andrada </strong>(Villanueva del Duque, Córdoba, 1957). Tiene una dilatada y prolífica carrera literaria. Es poeta, novelista y crítico literario. Con reconocidos premios. Literatura noble, desnuda y valiente podría ser la definición de este libro autobiográfico en donde los recuerdos no son todos caminos de rosas, es decir, refleja tal cual es la vida. Está estructurado en trece capítulos, cuyos títulos son muy significativos y literarios.</p><p>En esta novela la literatura se ha apropiado de la realidad, despojada de toda ficción. Es un relato extenso de su biografía, donde no inventa nada, lo que hace es transportar sus recuerdos, que su escritura, su redacción ha convertido en arte literario. Los pasajes más duros que rememora son el periodo histórico de la Transición española, en donde nos identificamos las personas de su generación. Está escrito con un lenguaje narrativo muy cuidado, y su personaje principal es un narrador omnisciente, tal como suele verse en las novelas. Es un yo que recuerda y cuenta los hechos de ese pasado reciente cargado de luchas y reivindicaciones.</p><p>Dice el escritor —y <a href="https://www.infolibre.es/tags/autores/pedro_domene.html" target="_blank">colaborador de Los diablos azules</a>— <strong>Pedro M. Domene</strong> de este libro: "Restituye el pasado desde una óptica incómoda, aquella donde un niño o un adolescente se inscriben y ofrecen su particular visión de la historia cotidiana. Surgen situaciones de firme compromiso frente a una textualidad dominante y se muestra ese claro lugar de exclusión para el niño, el joven o el incipiente poeta y escritor López Andrada, quien no deja de sentirse otro y un extraño en medio de una caracterizada violencia social, cultural y católica vivida durante ese prolongado franquismo". Con una técnica impresionista, yo añadiría puntillista por los detalles que tiene, Alejandro López Andrada nos acerca sus impresiones personales, sus pasos de este viaje por la vida donde va conformando su identidad y su empeño por mejorar y comprender el mundo.</p><p>Es un libro en donde hay pasajes, curiosidades que nos interesan a todos por las narraciones que desarrolla y la Historia de aquellos años sombríos. Tiene un reconocible registro lingüístico, una identidad propia que aparece ya en toda su extensa obra literaria. Con todos estos ingredientes que utiliza en su escritura, podríamos decir que nos acerca al género de la autoficción, utilizando un lenguaje repleto de recursos estilísticos para realzar lo cotidiano. A lo largo del discurso va alterando la cronología de las escenas y secuencias mediante la analepsis. No es sobrio, endulza su lenguaje para el camino de la vida: sombrío, a veces, solitario, y todo dentro de una Arcadia que él crea y recrea.</p><p><em>Los árboles que huyeron</em> es un libro repleto de naturaleza plena, escrito con amor al campo, que aquí no "huye" sino que dialoga con el autor junto a los pájaros y al paisaje cordobés. Ambientado en una atmósfera literaria de recogimiento, de vida retirada, de aquel que habla consigo mismo, con ecos de sus lecturas: <strong>Fray Luis, San Juan de la Cruz, Garcilaso </strong>o<strong> Antonio Machado</strong>, entre otros. Esta novela biográfica contiene fragmentos de una vida con un común denominador: la filosofía de la existencia, en donde afloran sus gustos; los silencios, la soledad, el compromiso y la literatura. Llaman la atención las relaciones que establece con las mujeres en este libro, lo salvan de esta biografía semiherida que nos cuenta y canta a la vez. Podría ser un libro de <em>autoayuda </em>donde nos reconocemos, ya que nos traslada a situaciones que pensábamos que nos ocurrían sólo a nosotros y que aquí percibimos como comunes. </p><p>En estos ajustes de cuentas con la historia y con el tiempo es por donde el escritor viaja. Sus confidencias son relatos de búsqueda, monólogos interiores que nos entrega con una dialéctica del yo en su espacio privado y público. El monólogo y el diálogo van de la mano, son memorables las conversacuibes que mantiene con <strong>Caballero Bonald</strong> o<strong> Julio Llamazares</strong>, entre otros personajes literarios con los que ha convivido y que enriquecen con sus palabras y pensamientos la novela.</p><p>Este es un libro de emociones en donde Alejandro López Andrada aúna la familia, los amigos, el trabajo, la literatura y la naturaleza. Así enhebra todas las historias cercanas que aquí se cuentan, acercándonos a una época y a una realidad importante de la Historia.</p><p>_____</p><p><strong>Carmen Canet </strong>es crítica literaria. Su último libro es <a href="http://www.librosalalbur.com.es/2019/01/carmen-canet-la-brisa-y-la-lava.html" target="_blank">La brisa y la lava</a><em> (Libros al Albur, 2019)</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Feb 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Canet]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Autoficción]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 174]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una generación llena de sueños]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/generacion-llena-suenos_1_1179803.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c5cc3246-7e89-44bf-82e0-5f6bd4c71cd9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una generación llena de sueños"></p><p>Me apunto a esa generación, y reconozco que no he dejado nunca de soñar. A veces, los sueños se convierten en pesadillas, pero la mejor medicina es seguir soñando, leyendo y practicando la resistencia como una nueva manera de vivir. Recordar es un buen antídoto ante la ignorancia y el silencio.</p><p>La verdad es que a mí me pasó lo que les sucedió a otras personas del mundo de la cultura que conozco: me emocioné con <em>Persecución</em>, cantado por <strong>Juan Peña</strong>, <em>El Lebrijano,</em> con textos de <strong>Félix Grande</strong>, adaptación musical de José Torregrosa y la magia de las guitarras de<strong> Enrique Marchena</strong> y <strong>Pedro Peña</strong>; pero no me quiero olvidar de los técnicos de grabación: <strong>Luis Pavón</strong> y <strong>Alberto Peinado</strong>. En mi casa se conserva como un tesoro el vinilo, que incluye los textos, seis canciones en la cara a y nueve canciones en la cara b. Escuché una y otra vez <em>Persecución</em>, desde que este vio la luz en 1976. A veces, entre lágrimas, intuí la terrible historia de los gitanos. Y, la verdad, estoy muy orgullosa de haber contribuido a que estos se organizasen en Cantabria. Sus primeros estatutos se escribieron en mi primera máquina de escribir: una Olivetti verde que aún anda por casa. Y recuerdo a <strong>Rosa</strong>, una jovencísima gitana ávida de sabiduría, que después ha sido líder del movimiento de gitanos europeos. Y recuerdo a <strong>Aurora </strong>y a <strong>Felipa</strong>, sus hermanas, y a <strong>Juan de Dios Ramírez Heredia</strong>, a quien esperé varias horas a la puerta de las Cortes para invitarlo a Santander, para presentar la asociación.</p><p>Y sí, Félix Grande lo era por derecho propio, no solo por apellido. Pero hace unos años la conocí a ella y, la verdad, en sus ojos, en sus palabras, en sus textos, descubrí a una mujer imprescindible e impresionante. Y hablamos de todo, pero, fundamentalmente, de nuestros padres, el suyo asesinado y el mío preso en campos de concentración españoles, durante demasiados años.</p><p>Ella es ella: <strong>Francisca Aguirre</strong> (<a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2018/04/25/encender_memoria_francisca_aguirre_82087_1026.html" target="_blank">Paca Aguirre para las amigas</a>), una mujer grande, una poeta enorme. Una resistente de lo uno y de lo otro. Desde Genialogías (Asociación feminista de mujeres poetas) junto a la editorial Tigres de papel, publicamos <a href="https://www.tigresdepapel.es/producto/itaca-2/" target="_blank">Ítaca</a>, descatalogado entonces. Se presentó en la Fundación José Hierro el 19 de abril de 2017, con la sala llena, sobre todo de mujeres. El libro incluye un magnífico prólogo firmado por <strong>Marta Agudo</strong>, y una entrevista que firma <strong>Isabel Navarro </strong>(poeta y redactora jefa de <em>Mujer Hoy</em>), escrita en diciembre de 2016.</p><p>Luego <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2019/04/14/muere_los_anos_poeta_francisca_aguirre_premio_nacional_las_letras_2018_93983_1026.html" target="_blank">se nos murió cuando más la queríamos</a>. Se fue sin hacer ruido, dejando el campo sembrado de preguntas y el corazón ahíto de respuestas. Pero así es la vida, tiene la mala costumbre de arrebatarnos lo que queremos cuando estamos aprendiendo a quererlo.</p><p><em>Ítaca </em>fue su primer libro, publicado en 1972 tras recibir el premio Leopoldo Panero en 1971. Casi todos sus libros fueron premiados.</p><p>Es un libro enorme, sincero y generoso que termina con un verso tremendo: "Francisca Aguirre, acompáñate2. Y el prólogo finaliza con unas sinceras palabras de María Agudo: "El resultado es un hito de la poesía española contemporánea que debe ocupar el lugar que merece no solo en la memoria y la conciencia de los lectores, sino también en las historias y antologías de nuestra literatura reciente". Quien no lo haya leído, debería leerlo.</p><p>Y su último libro ha aparecido en Olé libros, que guardó su número 300 para publicar la antología de Paca Aguirre (tras recibir su autorización), una escritora que fue Premio Nacional de Poesía en 2011 y <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2018/11/13/francisca_aguirre_premio_nacional_las_letras_88751_1026.html" target="_blank">Premio Nacional de las Letras en 2018</a>. La antología, titulada <a href="https://olelibros.com/la-antologia-de-francisca-aguirre-prenda-de-abrigo-titulo-300-de-ole-libros/" target="_blank"><em>Prenda de abrigo</em></a><em>,</em> nació después de su muerte, gracias al tesón de su hija <strong>Guadalupe Grandes Aguirre</strong>, también poeta.</p><p>El pasado verano, Guadalupe participó en Santander, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en las veladas poéticas que coordina —con acierto— <strong>Carlos Alcorta</strong>. Y antes de la velada en la que leímos poemas de Paca, tuve la suerte de participar en la tertulia-café, dónde conocí en más profundidad a Guadalupe y pude ver a la poeta desde los ojos de su hija. Nos habló de la antología y nos puso la miel en los labios.</p><p>En <em>Prenda de abrigo</em> (publicado en septiembre de 2019 en la colección Vuelta de tuerca) Francisca Aguirre reivindica el poder "salvador" de la memoria, de la poesía, el valor de la literatura para toda "una generación llena de sueños". Y quiere llamar la atención sobre toda una serie de autoras de la posguerra que fueron "islas y náufragas en el panorama de la desolación del franquismo". Si aún no lo han hecho, no dejen de leer a Paca Aguirre, una poeta machadiana, como a elle le gustaba que le llamasen. Una poeta honesta, inteligente y brutalmente maravillosa, como me gusta recordarla a mí. En su libro <em>Ítaca</em>, la dedicatoria: "Para Nieves, en un día lleno de alegría, con <em>to</em> mi pobre corazón y un montón de besos". Gracias, Paca, siempre estarás en el canon, pese a quien pese.</p><p>_____</p><p><strong>Nieves Álvarez Martín</strong> es profesora, escritora, poeta, investigadora y artista plástica. Pero, sobre todo, ávida lectora.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Feb 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Nieves Álvarez Martín]]></author>
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