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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 218]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 218]]></description>
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      <title><![CDATA[Claudia Piñeiro: "Si hablas de la libertad de la mujer para decidir sobre su cuerpo, lo menos que te dicen es puta"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/claudia-pineiro-si-hablas-libertad-mujer-decidir-cuerpo-dicen-puta_1_1192906.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/66aab720-ac99-42cb-b447-5d9f10731e81_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Claudia Piñeiro: "Si hablas de la libertad de la mujer para decidir sobre su cuerpo, lo menos que te dicen es puta""></p><p>Han pasado treinta años desde que el cadáver de Ana apareció en un descampado cercano a su casa. Descuartizado, quemado. Ninguna familia podría haber soportado indemne el asesinato de una adolescente y el hecho de que la investigación se cierre sin culpables, y esta tampoco. Esta es la premisa de <a href="https://www.megustaleer.com/libros/catedrales/MAR-016976" target="_blank">Catedrales</a> (Alfaguara), la última novela de <strong>Claudia Piñeiro</strong> (Buenos Aires, 1960) y uno de los libros más vendidos de Argentina en 2020, pese a haberse publicado poco antes del estallido de la pandemia.</p><p>La autora argentina regresa al género negro que ya le ha dado títulos como <em>Las grietas de Jara</em> (2009) o <em>Betibú</em> (2011). El primero le valió el Premio Sor Juana Inés de la Cruz. Y regresa también a la clase media (y alta) que tan bien ha sabido retratar, desde los monstruos que guardan en los sótanos de sus urbanizaciones hasta la tragicomedia de sus normas y costumbres. <em>Catedrales</em> es una novela llena de hipocresía. Pero también de amor y de lealtad: los que hacen que treinta años más tarde el recuerdo de Ana no se haya desvanecido y que quienes la quisieron sigan empeñados en reparar una injusticia. En la novela se habla de memoria, del peso de la moral católica, del aborto (recién legalizado en Argentina). Y ese crimen ficticio del pasado resuena con fuerza en la realidad del presente. </p><p><strong>Pregunta. En anteriores libros ha usado también la novela negra como vehículo de investigaciones sobre la naturaleza del ser humano y de la sociedad. ¿Por qué le sigue siendo útil el género?</strong></p><p><strong>Respuesta</strong>. Creo que la novela negra refleja muy bien el estado de las cosas. Debe suceder lo mismo en todos los países, pero en Latinoamérica te pones a contar determinadas historias y en seguida aparece un delito, un crimen, y particularmente el cuerpo de una mujer. No es que quisiera contar una historia negra, sino que quería contar la historia de Ana y de su familia, que queda desmembrada totalmente cuando ella aparece muerta. Para mí era la historia de una familia, pero en la familia pasan a veces cosas terribles. Con Carlos Zanón, que es también amigo, hablamos de que escribimos sobre familias en las que pasan cosas horrorosas y bromeamos: “¡Claro, como en todas las familias!”.</p><p><strong>P. De hecho, en esta novela negra, el elemento policial aparece bien avanzada la trama.</strong></p><p><strong>R.</strong> En general, lo que sucede en la novela negra es que aparece un cadáver. A partir de ahí hay dos líneas: la de la investigación policial y la de quién lo mató y por qué. Cuando Carlos Zanón ganó el Gijón [el Premio Hammet, entregado en la Semana Negra de esta ciudad] por <a href="https://www.rbalibros.com/rba-bolsillo/fui-johnny-thunders-bolsillo_3961" target="_blank">Yo fui Johnny Thunders</a>, y cuando Marcelo Luján lo ganó por <a href="https://www.saltodepagina.com/libro/subsuelo-4a-edicion/" target="_blank">Subsuelo</a>, son novelas que son negras, pero que están forzando totalmente el género, si es que lo circunscribimos al quién la mató y por qué. Acá se subvierte en cuál es el presente del relato, que suele arrancar cuando aparece el cadáver. Aquí empezamos a contar la historia 30 años después, cuando ya casi todo el mundo ha perdido la esperanza de averiguar ese quién la mató y por qué. En Argentina hemos vivido durante mucho tiempo y seguimos viviendo crímenes o muertes de mujeres que son inexplicables y de los que nunca se aclara la autoría. Pensaba en el padre de una de ellas, <a href="https://www.infobae.com/sociedad/policiales/2020/10/27/crimen-de-paulina-lebbos-prorrogaron-la-prision-preventiva-a-un-condenado-por-encubrimiento/" target="_blank">en el padre de Paulina Lebbos</a> [asesinada en 2006, a los 22 años]. Cuando a ella la mataron no existía siquiera la figura penal del feminicidio.</p><p><strong>P. En Catedrales hay dos temas centrales en la trama, que son también dos pilares sociales: la familia y la Iglesia católica —podríamos sumar el patriarcado—. ¿Por qué se interesa por ellos?</strong><em>Catedrales</em></p><p><strong>R.</strong> Me interesaban narrativamente porque son todos construcciones absolutas de algo que hay que respetar. La familia y la religión hay gente a la que le funcionan muy bien y que no siente ninguna necesidad de cambiarlo. Pero hay otra gente para la que no es así y que encuentra mucha resistencia a cambiarlo. Con la religión, cuando a vos te enseñan que solo hay una verdad, y que el que está fuera de esa verdad es malvado, eso produce cosas en una sociedad. Es lo que ha pasado con el tema del aborto en Argentina. En el caso de la familia, lo mismo: somos familia, esto hay que aguantárselo porque somos familia. ¿Ahí entra un padre que viola a sus hijos, un marido que maltrata a su mujer? Durante mucho tiempo, eso se ha aguantado. Hay que poder romper con esos absolutos.</p><p><strong>P. Son dos instituciones, la familia y la Iglesia, que también se refuerzan y se retroalimentan.</strong></p><p><strong>R.</strong> Absolutamente. Y el patriarcado también está en la Iglesia, porque cuando yo hablo de religión no hablo de la fe de las personas. Una cosa es Cristo y lo que una pueda creer o no con respecto a Cristo, y otra cosa son los preceptos que impone una Iglesia formada por varones.</p><p><strong>P. Este es un libro coral en el que intervienen las voces de casi todos los implicados, pero no está la de Ana, de la víctima. Usted explica que no quería crear la fantasía de que las asesinadas pueden hablar.</strong></p><p><strong>R.</strong> Es una decisión poética, literaria. Uno puede decidir dar su voz a los muertos, como hace Dolores Reyes en <a href="https://www.sigilo.com.ar/productos/cometierra-dolores-reyes/" target="_blank">Cometierra</a>, donde hay una vidente que conoce el destino de los desaparecidos comiendo la tierra que hay junto a sus cadáveres. Pero otra decisión es la de asumir que si las matamos, esas mujeres ya no tienen voz. Que eso es algo que se pierde. Y si queremos reconstruir lo que pasó, no se puede hacer con ellas, sino con su entorno. De ahí esa expresión coral. Pero también sabía que todos los personajes de esta novela, además de contar su verdad, tenían que hacerse cargo de la parte de responsabilidad que tienen en la historia.</p><p><strong>P. En la novela hay un personaje, el de Marcela, que tiene problemas de memoria. En un país como Argentina —y leído en un país como España—, las alusiones a la memoria tienen unas connotaciones poderosas.</strong></p><p><strong>R.</strong> El personaje de Marcela viene a preguntarnos qué hacemos con lo que nos pasó. En Argentina los hemos revisado, tuvimos un juicio civil que fue modelo en el mundo, y eso nos dio la posibilidad de enfrentarnos a ello. Ustedes han tenido otra vivencia y están ahora mismo iniciando. El problema es que los testigos se nos mueren. Hay una desesperación en Marcela: cómo dejo memoria de lo que he vivido si yo no tengo memoria. Porque ella recuerda lo que pasó ese día, el día en que murió Ana, pero no recuerda lo que hizo en la mañana, lo que hizo ayer. Tiene como un afán de usar libretas y formas de anotación. Es lo que se llama amnesia anterógrada, lo vimos muy bien en la película <em>Memento</em> o en el libro de Oliver Sacks <em>El hombre que confundió a su mujer con un sombrero</em>. A mí me impresionó escribir este personaje. Tuve que descubrir su forma de hablar, cuando va a buscar un dato y no lo tiene, por ejemplo. Porque cualquier cosa que suceda con el lenguaje tiene que ver con la memoria; si yo quiero contar algo, tengo que poder recordar no solo ese algo, sino otros elementos periféricos. Sin memoria, es muy difícil hablar, tener voz.</p><p><strong>P. Cada capítulo del libro se abre con una cita. En una de ellas se menciona a Bertolt Brecht, que habla de los “verdaderos acontecimientos” que se ocultan detrás de “los acontecimientos que nos comunican”. ¿Cuáles son los verdaderos acontecimientos que cree que han marcado el debate sobre el aborto en Argentina?</strong></p><p><strong>R.</strong> Cuando se estudia cómo se aprobó el aborto en distintos países, hay que mirar qué se pudo decir y qué no. A Simone Veil [feminista francesa bajo cuyo Ministerio se legalizó el aborto en Francia] cierto feminismo le reclamó que siempre usara el argumento de la salud pública, y no se hablara de la libertad de los cuerpos de las mujeres. Y aquí pasó lo mismo. Porque si hablabas de la libertad de la mujer para decidir sobre su cuerpo, lo menos que te decían era puta. Antes de la aprobación de la nueva ley, se aceptaba que una mujer que fue violada pudiera abortar, mientras que se ponía el argumento de la vida, de la vida del embrión, sobre la mujer no violada. La diferencia entre el caso de una mujer violada y el de una mujer no violada es que una tuvo sexo consentido y la otra no, que una tuvo placer y otra no.</p><p>Hay otros temas por detrás del debate sobre el aborto que también tienen que ver con el lugar del patriarcado en el capitalismo. La mujer hace muchas labores gratuitamente, y el PIB de los países se sostiene en parte sobre ese trabajo no remunerado. Ese tema tiene que ver también con la maternidad, con el poner a la mujer obligatoriamente en el rol de tener que ser madre, de tener que atender a tu marido, a tus hijos... Y eso solo es posible si se le quita a la mujer la autonomía sobre su cuerpo y sobre sí misma.</p><p><strong>P. El aborto se ha legalizado, pero Catedrales señala una trama machista en la sociedad que no desaparece con los votos y que afecta gravemente a la libertad de las mujeres. ¿Qué más tiene que cambiar?</strong><em>Catedrales</em></p><p><strong>R.</strong> Estos son cambios que se dan de a poco en la sociedad. En el 2018, por más que no se ganó la ley, se habló de aborto, y ese tema entró en las familias, lo escucharon los chicos. Eso ya fue un cambio fundamental. Yo he recorrido el país con otras militantes y cuando terminan las charlas se te acercan mujeres de cincuenta años que te cuentan que abortaron pero que nunca pudieron contarlo, que lo están contando por primera vez. La clandestinidad, la posibilidad de ir presa... Eso desde 2018 se empezó a mover. Ahora tenemos algo fundamental, claro, que es que no nos tengamos que llamar secretamente para preguntarnos a dónde poder ir para que te practiquen un aborto clandestino, que eso esté dentro de las prácticas de la salud pública y que el Estado responda y se responsabilice. Yo no tengo duda de que rápidamente las modificaciones legales van a pasar a ser modificaciones sociales. Pasó con la ley del divorcio, con el matrimonio igualitario, y ahora pasará lo mismo con el aborto. Creo que hay gente de buena fe preocupada por que la legalización del aborto pudiera hacerle daño a la sociedad, y cuando vean que no se acaba el mundo, que no se va a empezar a usar el aborto como método anticonceptivo, eso va a tranquilizarles.</p><p><strong>P. La cita de Brecht de la que hablábamos antes viene de El compromiso en literatura y arte. Usted ha hablado a menudo de su militancia feminista y por la memoria de las víctimas de la dictadura. ¿En qué se traduce este compromiso como escritora?</strong><em>El compromiso en literatura y arte</em></p><p><strong>R.</strong> Los temas que aparecen en esta novela están ahí desde mi primera novela. Está presente el tema del aborto, de la hipocresía, de las familias disfuncionales, de la violencia contra la mujer... Porque son los temas que me preocupan, como me preocupa el encierro, o el silencio. Lo que pasó en mi país a partir de 2018 es que hubo más posibilidad de debate público en torno a este tema y yo tuve más posibilidad de exponerme. Llegó un momento en que los diputados no escuchaban ni a los abogados ni a los médicos, no querían escuchar a nadie. Entonces las compañeras de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito nos pidieron a actrices, escritoras, etcétera, que habláramos, porque quizás, aunque solo fuera por esnobismo, a nosotras nos escuchaban. Así empezamos a aparecer muy activamente en el debate público, y a partir de ahí vos tenés una responsabilidad. En 2018 me tocó abrir la Feria del Libro de Buenos Aires, donde se supone que corresponde hacer un discurso literario, pero yo me preguntaba si era posible hacer un discurso literario sin abordar el espacio del escritor en la sociedad. Defiendo que el escritor maneja una serie de herramientas que puede aportar a la sociedad, como saber analizar un discurso, o saber cómo te están robando una palabra —cuando los antiabortistas se llamaban provida, ¿estaban diciendo que las feministas somos promuerte?—. Y una, como escritora, tiene que tomar la decisión de plantarse ahí o no.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Jan 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <title><![CDATA[José María Merino: misterios de la identidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/jose-maria-merino-misterios-identidad_1_1192891.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/752e8f7e-ec7c-4216-9394-9e11c3450ea3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="José María Merino: misterios de la identidad"></p><p><strong>Dobles</strong></p><p><strong>José María Merino</strong></p><p><strong>M. A. R. Editor</strong></p><p><strong>Madrid</strong></p><p><strong>2020</strong></p><p>Se recogen <a href="http://www.mareditor.com/narrativa/dobles_jose_maria_merino.html" target="_blank">en este libro</a> tres relatos que ya conocíamos, pues estaban incluidos en libros anteriores del autor. Los dos primeros, “El hechizo de Iris” y “El misterio Vallota”, proceden de <em>Cuatro nocturnos</em> (1999), y el tercero, “El regreso del cometa”, de los <em>Cuentos de los días raros </em>(2004), aunque entonces se titulaba “Papilio Síderum”, título que me parece menos afortunado que el actual. Según me comenta el propio <strong>Merino</strong>, todas las narraciones han sido retocadas para esta edición. También es nuevo dar juntos tres relatos que comparten el motivo del doble. Y eso nos lleva al título del conjunto, pues dicho motivo aparece también en otros textos de Merino, como en la <em>Novela de Andrés Choz</em> (1976) y en <em>La orilla oscura</em> (1985), así como en el cuento “El derrocado”, por solo citar unos pocos ejemplos que nos sirven para dar testimonio de su sostenido interés por el doble. Asimismo, además, el autor le ha dedicado un artículo: “La relación con el doble” (<em>República de las Letras</em>, núm. 46, 1995). Por lo que se refiere a la denominación del primer libro, del que proceden las dos primeras narraciones, quizá no sea inútil recordar que los <em>nocturnos</em> son piezas musicales que surgieron durante el romanticismo, además de un tipo de poesía que cultivó el Modernismo a ambos lados del Atlántico, con el colombiano <strong>José Asunción Silva</strong> a la cabeza.</p><p>Por su parte, el título del libro que nos ocupa anuncia ya de manera inequívoca su contenido, el motivo del doble, al que <strong>Rebeca Martín</strong> le dedicó su excelente tesis doctoral, parcialmente publicada. Merino prefiere encuadrar estas narraciones suyas en la estética de lo misterioso, en vez de adscribirla a la literatura fantástica, como habrán hecho los especialistas.</p><p>En “El hechizo de Iris”, una novela corta de estructura compleja pero de lectura grata y sencilla, si se hace con atención, que comparte algunos de sus componentes con <em>La orilla oscura</em> (1985), una de las mejores novelas del autor, se relata el reencuentro en un lugar remoto, quizás en una selva centroamericana, tras un accidente de avión, de dos personajes que se conocieron quince años atrás, durante un verano, en Maya, un pueblo de la costa, con playa, cuando ambos eran muy jóvenes. Laura, quien ahora es una médica casada que trabaja en un hospital de la zona, reconoce a Javier, el narrador de la historia, y durante la noche que pasan juntos, esperando un nuevo vuelo, rememoran tiempos pasados.</p><p>Laura tenía una hermana gemela, Iris, con la que Javier se había iniciado en el sexo, enamorándose perdidamente. Sin embargo, la relación se frustró tras la muerte de Fernandito, el hermano impedido de Javier que estaba a su cuidado, por la negligencia de los jóvenes enamorados. Transcurrido el tiempo, Javier se da cuenta de que no la ha olvidado e intenta saber qué fue de Iris. Contar más sería destripar la narración, algo que irrita a algunos lectores, pero sí puede decirse que la novela corta utiliza el motivo del doble, el tema de la identidad y los posibles desdoblamientos.</p><p>En suma, Merino nos presenta un caso, la necesidad que podamos tener de ser otros, distintos de los que somos, en determinados momentos de la existencia; o cómo pueden convivir en un mismo individuo diferentes personalidades que afloran en un momento dado. El caso es que Iris se desdoblaba en Laura, cuando era joven, y como tal reaparece quince años después. Toda esta historia, con sus descubrimientos, se la cuenta Javier por escrito a Nacho, el amigo que perdió en la juventud, al alejarse de él debido a la fascinación que sentía por Iris.</p><p>“El misterio Vallota” es un buen ejemplo de cómo la estética de lo fantástico puede ser también el vehículo de una visión crítica de la realidad. Aquí se trata en esencia de un relato oral, en el que un personaje innominado le cuenta en un bar a un periodista, mientras se toma cuatro cañas de cerveza, el caso Vallota (¿inspirado en <strong>Mario Conde</strong>?): su encarcelamiento y huida, así como los negocios sucios en que se vio implicado con la complicidad de los gobernantes del momento. Pero sobre todo se plantea el misterio que envuelve la doble existencia del personaje, que parece haber alcanzado el don de la ubicuidad. En el relato, la apenas apreciable presencia de un individuo de escasa ética, como es Vallota, se identifica con el frío, y con “ese hedor de las descomposiciones domésticas”, como ocurría también en “Imposibilidad de la memoria”, otra de las narraciones de Merino en donde se vale del mismo motivo.</p><p>También puede leerse como la historia de un singular triángulo amoroso, compuesto por el narrador, la abogada Tinca Echea y Vallota, amigos y algo más desde los años universitarios. El <em>misterio</em> a que se refiere el título de esta novela corta tiene que ver con la duplicidad del personaje, que parece llevar vidas paralelas, como si se hubiera desdoblado en dos seres idénticos, cuya existencia transcurre simultáneamente en lugares separados. Sin embargo, el misterio parece resolverse con una explicación (dejo que la descubran los lectores), aunque a aquellos que tengan menos tragaderas que el narrador, me temo que les quedarán serias dudas sobre su verosimilitud. Si bien, en el relato, tal y como está planteada la historia y se cuenta, resulta verosímil. El narrador, a quien llaman Poe, no por el célebre autor norteamericano, sino por la contracción de poeta, género que ha cultivado con incierta fortuna, ha trabajado para Vallota, corrigiendo informes más dudosos que útiles.</p><p>En suma, al margen del motivo de la identidad, del doble, de la sombra, este relato trata de los trapicheos de algunos protagonistas de la vida política y económica española, durante los años ochenta y noventa del pasado siglo. La idea que se nos proporciona del narrador, coprotagonista de la historia, quien cuenta para entender mejor el caso, es la de un ser hueco, sin atributos, sin sustancia, por utilizar conceptos que pusieron en circulación en la literatura <strong>T.S. Eliot</strong>, <strong>Robert Musil </strong>y, entre nosotros,<strong> Álvaro Pombo</strong>. Se trata, en suma, de una historia absurda —así se tacha— que el narrador nunca llegó a comprender del todo, aunque en el terreno económico e incluso erótico le resultó muy provechosa, a pesar de las humillaciones que tuvo que padecer. Pero como decía Vallota, “la solución del misterio solo podía ser razonable si, paradójicamente, se aceptaba una hipótesis fantástica” (p. 123).</p><p>Por último, el tema de “El regreso del cometa” es la huida, de qué modo unos seres se atreven a abandonar una realidad insatisfactoria, mientras que a otros no les resulta posible hacerlo. El texto se presenta como el relato escrito por un profesor de universidad cuya tesis versa nada menos que sobre la lógica de la imaginación. Su vida ha estado marcada por el cometa: nació en la fecha de su aparición, y veintiséis años después, al regresar de nuevo el astro, fue cuando le sucedieron las extrañas experiencias que desea contar. Así, en la narración se enlazan pasado y presente; el Valle, en las tierras del noroeste (<strong>Antonio Pereira</strong> y su estirpe se consideraron escritores del Noroeste), y la ciudad; la historia del tío Álvaro y su novia Trude, desaparecida misteriosamente el año del cometa, y cómo el hecho volvió a repetirse más tarde, con la no menos enigmática ausencia de Elisa. Ambas mujeres, según le ocurre a Albina en “Sinara, cúpulas malvas”, otro cuento de Merino, se atrevieron a escapar, a volver al lugar que pertenecían, al origen, pero sin embargo sus parejas no se sintieron capaces. No menos significativa resulta la relación que se establece entre el clásico relato brevísimo de <strong>Chuang Tzu</strong> (Merino le dedica un comentario en su libro <em>Ficción continua</em>), el célebre microrrelato de <strong>Monterroso</strong>, “El dinosaurio”, y el inicio de <em>La metamorfosis</em>, de <strong>Kafka</strong>. El narrador los analiza y compara, pero además le sirve para mostrar la transformación de los protagonistas en hombres-mariposa, una manera de explicar que la literatura puede ayudar a entender mejor la realidad, ya que los sueños solo alcanzan su consistencia y sentido cuando se les da forma y un orden al relatarlos.</p><p>Sin embargo, en esta ocasión tenemos que leer “El regreso del cometa” en <em>Dobles</em> de otra manera, porque en el libro del 2004, del que formaba parte, aparecía situado en el centro del volumen, y no solo era el cuento más logrado del conjunto, sino que también se trataba del semillero de todos los demás, tanto desde el punto de vista narrativo como teórico, relaciones que ahora no podemos captar, sino remitiendo al libro original.</p><p>Junto al microrrelato, el cuento y la novela corta son territorios propicios para lo fantástico, para la experimentación literaria, en la estela de <em>La metamorfosis</em>, de Kafka. Estas narraciones que ahora nos ocupan tratan del misterio de la identidad, del primer amor, de la iniciación a la sexualidad, de los compincheos de los empresarios con el poder político, de la corrupción, en suma. En todas ellas es importante el escenario, la situación: un accidente de avión, un lugar en medio de la selva, cercano a un lago, en un islote del Caribe, y el pueblo de veraneo, junto al mar, durante la juventud, en la primera novela corta; los encuentros en la Facultad, en una tertulia poética, una habitación para las citas amorosas (con ecos de <em>El apartamento</em>, de <strong>Billy Wilder</strong>), la llamada agencia (en minúscula) y una isla del Pacífico, en la segunda narración; y una casona en el Valle, en la tercera. El misterio, la extrañeza y la sorpresa, o —como dice Merino— “el amor como alucinación”, podrían ser otros elementos comunes a las distintas piezas.</p><p>Ha sido un acierto reunirlas, darles nueva vida a la luz del clásico motivo del doble, pues ahora nos invita y permite relacionarlas y entenderlas mejor.</p><p>_____</p><p><em>Fernando Valls es profesor de Literatura Española Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona y crítico literario.</em><strong>Fernando Valls </strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Jan 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[José María Merino: misterios de la identidad]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El "paisaje de los afectos"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/paisaje-afectos_1_1192889.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/01171c38-a941-4e74-9589-06886b482652_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El "paisaje de los afectos""></p><p><strong>Utilidad de las desgracias</strong></p><p><strong>Fernando Aramburu</strong></p><p><strong>Tusquets</strong></p><p><strong>Barcelona</strong></p><p><strong>2020</strong></p><p><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-utilidad-de-las-desgracias/320630" target="_blank">Utilidad de las desgracias</a><em> </em>(Tusquets) recoge una serie de artículos publicados por <strong>Fernando Aramburu</strong> en el periódico <em>El Mundo</em><em> </em>y se divide en siete partes temáticas: "Recordar una vida", "No olvidar el dolor de los demás", "Disfrutar del presente", "Entregarse a un oficio", "Apasionarte con la lectura", "Creer en la educación" y "Extraer algunas certezas". De lectura sumamente grata, el libro reflexiona sobre cuestiones muy diversas, unidas por un hilo sutil que podría remitir, en palabras del autor, al "paisaje de los afectos" vital, moral y literario.</p><p>Así, en la primera parte el escritor revisita su niñez, su adolescencia y los años universitarios. La segunda, "No olvidar el dolor de los demás", agrupa reflexiones clarividentes sobre el terrorismo de ETA ("No existe la bondad armada", leemos en "ETA y su narrativa"), el complejo y doloroso proceso del perdón y un artículo dedicado a los "adoquines de la memoria", concebidos en 1992 por el artista <strong>Gunter Demnig</strong> para recordar, en distintos países y ciudades, a las víctimas del nazismo. La tercera parte, "Disfrutar del presente", discurre sobre cuestiones como el necesario arte de saber estar solo cuando la soledad es deseada y no impuesta ("Confieso que no me alcanza la imaginación para concebir al hombre culto que no domine el arte de la soledad voluntaria […], la capacidad de acogerse en cualesquiera circunstancias a un mundo interior propio") e incluye algunos artículos absolutamente deliciosos acerca del goce que provoca una buena comida: "Un respeto al ojo" (no puedo estar más de acuerdo), "Apología de la pera" y, sobre todo, "Crónica de un desayuno", cuya sola lectura solucionaría de inmediato cualquier problema de inapetencia.</p><p>Se me figura que la comida es central en <em>Utilidad de las desgracias</em>, cuya cuarta parte, una meditación sobre el oficio de escribir, se abre con "La hora crucial de la manzana". Suscribo por completo la defensa de la "base gozosa" de la escritura, incluso cuando los asuntos tratados son dolorosos. "Apasionarte con la lectura" abarca reflexiones sobre las obras de distintos escritores ya clásicos y contemporáneos y empieza con "Una vida en libros", que analiza el vínculo entre ciertos libros y escenas fundamentales del paisaje vital y afectivo de Aramburu. Destaca también la importancia y la ternura de la amistad en los retratos dedicados a escritores como <strong>Ramón Pinilla, Francisco Irazoki</strong> o <strong>Álvaro Valverde</strong>, entre otros. En la quinta parte, "Creer en la educación", el autor, docente durante muchos años en Alemania, revisita su infancia y a sus profesores. Y en "Extraer algunas certezas", que cierra el libro, el escritor se define como "lector omnívoro" y avanza unas reflexiones muy atinadas sobre la incompatibilidad entre el placer de la lectura y el pensamiento dogmático: "A mi juicio, se hace un pésimo favor intelectual quien limite sus lecturas a los libros con los que sabe de antemano que estará de acuerdo".</p><p>Atravesado en varias ocasiones por un sentido del humor fino, nunca hiriente, y por un sostenido vitalismo, <em>Utilidad de las desgracias</em><em> </em>se revela como un libro estupendo del gran novelista que es Fernando Aramburu.</p><p>_____</p><p><strong>Ioana Gruia</strong> es escritora y profesora de Literatura. Su último libro es <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/10/07/expediente_albertina_ioana_gruia_55880_1821.html" target="_blank">El expediente Albertina</a><em> (Edhasa, 2016).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Jan 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ioana Gruia]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El "paisaje de los afectos"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Los diablos azules número 218]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[Esa feliz posibilidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/feliz-posibilidad_1_1192886.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1ffe268-f64f-4e34-9c69-fd84d93d3ce9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Esa feliz posibilidad"></p><p><strong>Antes del Paraíso</strong></p><p><strong>Pedro Ugarte</strong></p><p><strong>Páginas de Espuma</strong></p><p><strong>Madrid</strong></p><p><strong>2020</strong></p><p>Los relatos de <strong>Pedro Ugarte</strong> (Bilbao, 1963) incluyen todas esas posibilidades que caracterizan a la narrativa breve, acción y consecuencias que se entrelazan, una sucesión de los hechos contados que devienen en un único final, y los elementos que incluye el narrador se relacionan y funcionan como evidencia del argumento esgrimido; además, Ugarte presume de un estilo contenido y caleidoscópico porque la estructura de sus relatos necesita de una prosa precisa, hermética y, al mismo tiempo, evocadora. En los cuentos de <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/antes-del-paraiso/" target="_blank"><em>Antes del Paraíso</em></a> (2020), tras <em>Nuestra historia</em> (2016) que vuelve a editar Páginas de Espuma, sobresale el complejo tema de la paternidad desde distintos ángulos o desde una variopinta mirada y la contradictoria forma en cómo los hombres y las mujeres de hoy son capaces de sumergirse en el verdadero sentido de la vida. En su mayor parte, todos los protagonistas de las ocho historias narradas pretenden ser felices, luchan frente a obstáculos y problemas insalvables que les impiden esa dichosa actitud vital y, en ocasiones, solo les queda el mínimo atisbo de la esperanza, matrimonios fracasados, escritores frustrados, esa falsa felicidad, o esa permanente y sórdida creencia que provoca tantas debilidades como fracasos.</p><p>El relato que abre el volumen, “Antes del paraíso”, nos cuenta la vida de una familia infeliz que sobrevive durante años envuelta en ese aura de desventura que, pese a todo, les mantiene unidos y les procura algo de venturosa dicha pese a la zozobra de una vida familiar monótona y repetitiva. El personaje protagonista, el padre, es un oficinista de la universidad por las mañanas y, cuando termina su jornada laboral, se afana en convertir el resto de su existencia en la de un escritor, aunque como señalará en un futuro el hijo, su padre escribía por las noches, pero arrastraba un lastre invisible que le impedía convertirse en autor. No, no era escritor, aunque en casa pasaba la mayor parte del tiempo leyendo y escribiendo. Se afanaba construyendo edificios de palabras, o visitando los edificios que otros habían construido antes, o incluso muchos siglos antes que él, y un buen día le confiesa a su hijo, Jorge, que siempre escribe lo mismo, y hubo un tiempo en que creyó que tanto trabajo serviría para algo, aunque es evidente que no ha pasado nada, nunca ha pasado nada; y, además, el joven confirma que su padre leía en sus vigilias nocturnas, y al día siguiente estaba tan cansado que no se acordaba de nada.</p><p>Esta especie de teoría psicoanalítica freudiana que muestra la pulsión de un sujeto para llevar a cabo una acción con el fin de satisfacer una tensión interna y, en apariencia, absurda aunque ineludible para quien la practica, la repetirá Ugarte en otros cuentos, como en “Viejo cuchillo, filo oxidado”, una curiosa historia que se prolonga en el tiempo y muestra cómo un nieto renuncia a una enojosa herencia familiar: las fotos y el resto de recuerdos del día en que su abuela conoció a los reyes de Bélgica, <strong>Balduino</strong> y <strong>Fabiola</strong>, en San Sebastián, un hecho que se convirtió para ella en la jornada más significativa de su vida, perpetuada en el tiempo con muchas de las fotos que colgaban de las paredes del hogar familiar, una obsesión abrumadora para sus hijos y nietos, revivir y recordar miles de veces aquel día, algunas indefectibles conversaciones banales sobre las confidencias de los reyes a la abuela, la sonrisa de Fabiola, la exquisita educación monárquica de Balduino, así que para la abuela esos momentos fueron, sin duda, un paraíso artificial, irreal, inalcanzable de riqueza y afectación que su nieto quiere destruir. Y el concepto de familia que tan extraordinariamente retrata Pedro Ugarte, como paraíso o edén, pese a sus muchas contradicciones y problemas, frente a la propia hipocresía, o incluso a la falsedad del mundo exterior, también está presente en un cuento como “El ancla”.</p><p>El resto de relatos ofrecen una lograda factura estética y una técnica narrativa de aire limpio y preciso, retratan la fugacidad de esas vidas estranguladas por el vértigo de unas relaciones familiares que resultan siempre problemáticas y difíciles, y nos encontramos a un matrimonio al que le corroe la duda sobre si a una pareja amiga le ha tocado la lotería, en “El premio”, y además dilatado en el tiempo; o un padre que forja la relación con su hijo visitando una sucesión interminable de concesionarios de coches, “Cliente fantasma”; o el no menos curioso y edificante “Pequeñas cosas tristes”, donde la lucha por el poder y la figura del perdedor terminan por ser descritas con un humanismo nada convencional que muestra cómo la literatura redime, de alguna manera, algunas actuaciones y se convierte en esa otra tabla de salvación. El relato “La familia de Erasmo” cuenta una historia coral, y ofrece una reflexión sobre los arquetipos de esos hijos únicos y niños mimados a los que se les amontonan los regalos en los cumpleaños y encarnan los sueños, o tal vez las frustraciones, de las generaciones mayores que navegan en esa absoluta ignorancia que presupone la inhumana soledad; y en “Tarde para un adiós”, con una óptica narrativa alejada del dramatismo y, de nuevo, un evidente humanismo que subraya la visión del narrador, se retrata el adiós de una mujer a su marido, sin juzgar, sin ensañarse en las imprevisibles consecuencias que un paso de tal calado podría producir en la existencia familiar o personal.</p><p>Una vez leído <em>Antes del Paraíso</em>, la realidad del conjunto de estas historias nos hace pensar que, para Pedro Ugarte, la felicidad no existe, y que para él este sentimiento se convierte en una esperanza que entreteje todos los cuentos de la colección; pese a la sordidez y esperanza de alguno de ellos.</p><p>____</p><p><span id="div-gpt-ad-roba-c-mv"></span><strong>Pedro M. Domene </strong>es escritor.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Jan 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro M. Domene]]></author>
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      <title><![CDATA[Sobre saltar y dar brincos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/saltar-dar-brincos_1_1192880.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/244b9e9a-2128-4b25-95c5-9ed7ff6d31e5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sobre saltar y dar brincos"></p><p><strong>Yolanda Castaño</strong> (Santiago de Compostela, 1977) lleva años publicando su obra en gallego y traducida por ella misma al castellano, pero es ahora, con este libro, cuando la autora nos presenta una antología de todos sus libros anteriores en formato bilingüe, y lo hace de la mano de Editorial Milenio, una nueva aventura emprendida, junto a otros, por el poeta <strong>Josep María Rodríguez</strong>, a quien hay que felicitar por esta iniciativa y desear un largo recorrido a la colección recién inaugurada.</p><p>Decir que Yolanda Castaño es la poeta gallega más representativa del momento actual es decir poco, pues aunque la afirmación es del todo cierta, habría que añadir que es una de las poetas mas significativas de su generación en España, sin circunscribir su calidad a su lengua materna, sino a cualquier idioma de los que hablamos en este país nuestro, y que de manera afortunada ha quedado patente con los recientes premios nacionales a una poeta que escribe en catalán o a <a href="https://www.rtve.es/noticias/20201015/olga-novo-premio-nacional-poesia-2020/2045680.shtml" target="_blank">una que lo hace en gallego en el mismo año 2020</a>, y así debe ser, sin reduccionismo alguno, la defensa de todas las lenguas del Estado.</p><p>"Sobre saltar y dar brincos", título de esta reseña, está extraído del prólogo que <strong>Adam Zagajewski</strong> ha escrito para esta antología, y resume a la perfección el sentido no solo del libro sino de la obra de Yolanda. Sin citar la procedencia de los poemas incluidos aquí, la autora nos regala a los lectores poemas en prosa, poemas breves o de mayor extensión, haikus, etc. utilizando imágenes siempre sugerentes que van desde la observación minuciosa de la naturaleza al recuerdo de viajes y ciudades —quienes la conocen o la siguen saben que Yolanda es una incansable viajera que ha llevado su poesía por casi cualquier rincón del mundo—, de amores pasados o buscados, de la decepción por todo lo que nos rodea a la alegría de encuentros inesperados. Y nos habla también de la propia poesía, del destino del los árboles convertidos finalmente en papel que la poeta llenará de palabras, o de cómo escribir en un folio usado mientras detrás de las nuevas palabras se traspapelan las del reverso de la hoja, dándoles nueva vida con un nuevo poema; y del lenguaje, de lo difícil que es a veces entender o entenderse a uno mismo en otro idioma ("Y yo aprendo a diferenciar entre una barba y un pájaro / más allá de que levante el vuelo / si trato de atraparla / entre las manos "), o como vemos en los poemas "Logopedia", "Piedra papel tijera" o "Fisioterapia", por citar sólo algunos, en los que esa difícil utilización del lenguaje se mezcla con el sentimiento y el significado que cada palabra puede aportar según cómo se pronuncie; y la poeta lo hace sin renunciar nunca, en casi ninguno de sus poemas a un doble sentido que se esconde en muchos versos, cargados de una sutil ironía que los hace todavía más apetecibles, en unos poemas cargados de metáforas que siempre suenan nuevas, diferentes, alejadas de cualquier repetición de lo que ya hayamos leído.</p><p>Escuché a alguien decir lo bueno que es admirar a quien quieres, pero que es todavía mejor querer a quien admiras, y eso ocurre siempre con la poeta Yolanda Castaño, que uno la admira al leerla e irremediablemente se ve abocado a quererla cuando la conoce, pues en este caso la persona que hay detrás de su obra es fiel reflejo de la obra misma, lo que no ocurre siempre con los escritores que uno encuentra en su camino.</p><p>La obra de Yolanda Castaño ha sido traducida a más de veinticinco idiomas, extendiéndose más allá de la poesía a libros infantiles, cómic, y hasta libros de cocina, además de desarrollar un imparable activismo cultural organizando talleres de traducción, lecturas, intercambios y todo tipo de actos que ayuden a difundir la poesía en cualquier lugar y en cualquier lengua.</p><p>La invitación a leer esta primera antología bilingüe de Castaño es meridiana en las palabras del Premio Princesa de Asturias que firma el prólogo: "Leer los versos de Yolanda Castaño me hace pensar que ha encontrado una interesante y muy personal manera de sortear varias categorizaciones, esos setos en los jardines de la poesía colocados ahí por críticas, teóricos y otra gente aburrida". Yolanda sabe saltar esos "setos" y sorprendernos con poemas protagonizados por un coche, por una palabra que nunca dijo, por una exhaustiva lista de flores que la acompañan aunque no las vea o lanzando al amante preguntas sobre las que todos deberíamos pararnos a pensar ( "Y tú / que tanto has viajado por el mundo, / ¿acaso no has visto lo que viene / siendo todavía / una mujer?").</p><p>Yolanda Castaño nos ofrece aquí, en fin, una luminosa muestra de su obra, que seguirá creciendo a partir de esta antología con nuevos libros que sus lectores siempre esperamos, tratando de descifrar esos significados sospechosos que se esconden bajo este cobertizo rebosante de poesía, de buena poesía.</p><p>_____</p><p><strong>Javier Bozalongo </strong>es poeta y editor. Su último libro es <a href="https://www.todostuslibros.com/libros/concavo-y-convexo_978-84-17680-14-5" target="_blank">Cóncavo y convexo</a><em>, junto a Carmen Canet (Esdrújula, 2019). </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Jan 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Bozalongo]]></author>
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