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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 222]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-222/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 222]]></description>
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      <title><![CDATA[Juegos de guerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/juegos-guerra_1_1194211.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/096608ee-c751-456a-9f77-3ccee29b097a_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Juegos de guerra"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos 'Liebre por gato' está coordinada por Fernando Valls y Gemma Pellicer. Esta nueva entrega recoge tres textos de Miguel Ángel Molina.</em></p><p>_____</p><p><strong>Juegos de guerra</strong></p><p>Vestido con un traje caqui, el niño despliega los soldaditos por el mapa de su libro de historia. Derriba con onomatopeyas a los enemigos que le salen al paso, mientras nota cómo en su pelo se dibuja una raya a la derecha. De forma impetuosa invade y arrasa un país tras otro y cuando ya está a punto de alcanzar la estepa soviética, siente brotar bajo la nariz una pelusilla con forma cuadrada. Segundos después empiezan a aporrear su puerta. Al escuchar cómo unas voces desconocidas, con marcado acento ruso, gritan su nombre decide tomar la pastilla que cada noche le deja su madre para dormir.</p><p><strong>Desconectados</strong></p><p>Allí nunca han visto a un repartidor de Amazon, no hay cobertura para móviles y poder conectarse a Internet es una quimera. Las compañías telefónicas continúan intentándolo, pero siempre surge algún problema que evita que llegue ese progreso del que ya disfrutan otras poblaciones cercanas.</p><p>Mientras tanto, sus habitantes siguen confiando en Nemesio, el arriero, que con tres mulas viejas satisface las necesidades básicas y los caprichos de los más jóvenes. Lo mismo carga una fanega de arroz o una arroba de aceite, que el nuevo libro de Pérez-Reverte o el último éxito de Rosalía. Por la noche, al terminar el reparto, Nemesio se acerca hasta las instalaciones de los repetidores de telefonía donde se afana en arrancar unos cables e intercambiar la posición de otros.</p><p><strong>¡Las doce y sereno!</strong></p><p>Comienza la última ronda acompañando sus pasos con el golpe del chuzo y el tintineo del llavero. Entre aviso y aviso, cierra portales mientras acompaña a los últimos borrachos y a los amantes más apasionados. Después extingue el alumbrado para marchar al cuchitril donde pernocta. Allí apaga el farol y guarda gorra, pito, chuzo... A continuación, cuelga el manojo de llaves y, con la satisfacción del trabajo bien hecho, acciona desde la cama el interruptor secreto que le permite dejar Madrid paralizada durante horas. Desconoce que solo es un personaje en la mente de ese estudiante advenedizo apellidado Galdós.</p><p><em>_____</em></p><p><em>Miguel Ángel Molina (Madrid, 1969) es licenciado en Química y se dedica a la enseñanza. Empezó a escribir microrrelatos hace diez años, con la peculiaridad de que siempre tengan 99 palabras. Durante este tiempo, algunos de sus textos han aparecido en distintas revistas literarias y en antologías colectivas. Ha publicado dos libros: </em><strong>Miguel Ángel Molina</strong>99x99, microrrelatos a medida<em> (Baile del Sol, 2016) y </em>Diluvio personal<em> (La Kermesse Heroica de Legados Ediciones, 2019). En la actualidad ha terminado de escribir dos novelas cortas.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Ángel Molina]]></author>
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      <title><![CDATA[Balance generacional del 68]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/balance-generacional-68_1_1194200.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3d155679-fd5f-4b07-bea0-053a6d123aa5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Balance generacional del 68"></p><p><strong>La escapada</strong></p><p><strong>Gonzalo Hidalgo Bayal</strong></p><p><strong>Tusquets</strong></p><p><strong>Barcelona</strong></p><p><strong>2019</strong></p><p>La superproducción editorial de nuestro país nos obliga incluso a quienes seguimos sus letras al día a postergar nuevas obras de autores acreditados. Tal me ha sucedido con <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-escapada/289390" target="_blank">La escapada</a>, de <strong>Gonzalo Hidalgo Bayal</strong>, y eso que el libro tiene el aliciente añadido de inscribirse en el amplio censo de ficciones centradas en un aspecto relevante de nuestro pasado cercano, el análisis crítico de la generación del 68. Los escritores de este grupo, al que pertenece el autor cacereño, nacidos entre muy finales de la guerra y mediados del pasado medio siglo, han sido propicios a revisar la experiencia vital de su promoción. Lo han hecho —y seguro que no agoto la nómina— <strong>Manuel Vázquez Montalbán, Rafael Chirbes, Esther Tusquets</strong>, ya fallecidos, <strong>José María Merino, Vicente Molina Foix, Félix de Azúa, Mariano Antolín Rato, Ana Puértolas</strong> o más recientemente, persistiendo en dicha significativa meditación, <strong>José María Conget</strong>.</p><p>De las novelas de estos escritores se desprende, sin parar en detalles ni atender a necesarios matices, la lección del desaliento y del fracaso, de no haber remontado hasta las cimas ideales de libertad y cambio —en la política, en el sexo, en la cultura— que buscaban en la edad joven. Y al considerar con mirada retrospectiva las antiguas ambiciones suelen cargar las tintas en los malos derroteros que tomaron las urgencias políticas ilusionantes del ocaso franquista.</p><p>A una conclusión negativa parecida llega Hidalgo Bayal en <em>La escapada</em>, pero se diferencia de esos relatos de revisión generacional por un factor básico. En lugar de centrarse en lo público, en la situación colectiva, en el activismo ideológico contra la dictadura o en los aires modernizadores de la sociedad y de la misma literatura (recuérdese que fue la promoción que defendía el formalismo y cultivó los experimentos radicales: el <strong>Julián Ríos</strong> de <em>Larva</em> o el <strong>J Leyva</strong> de <em>Heautontimorumenos</em>), se enroca en la dimensión privada de los universitarios de hacia 1975. Solo una vez, y de refilón, aparece en su novela un elemento tan característico del paisaje urbano-estudiantil de aquellos años como las cargas de los <em>grises</em>.</p><p>Hidalgo recrea en <em>La escapada</em> la vida cotidiana de los alumnos de filología de la Complutense con detallismo casi costumbrista galvanizado con altas dosis de culturalismo. La estampa de época no constituye, sin embargo, un fin en sí misma. Nada más busca mostrar el humus donde fraguó una educación sentimental y en el que crecieron las semillas que germinaron las flores del desaliento, el conformismo y, en última instancia, de la derrota. Que en la conclusión de la novela superan el valor de marcas generacionales e históricas y se convierten en fenómenos atemporales. Haciendo buena la doctrina del autor-narrador expuesta en el libro, la novela va de lo particular a lo general, de unos casos concretos a un diagnóstico de la condición humana.</p><p>Los casos específicos son los del propio autor que aparece como tal en la novela y el de un compañero de "filologías", alias <em>Foneto</em>. Con los habituales tics de la llamada autoficción, Hidalgo Bayal condensa su biografía —licenciatura, docencia de literatura en enseñanza media y jubilación—, se refiere a su propia obra, en la que, señala, ya ha hablado en otras ocasiones del tal camarada, y agrega interesantes opiniones sobre el género novelesco, la literatura y el cine. Un encuentro casual con el condiscípulo a quien había perdido de vista hace cuarenta años propicia una larga jornada de evocaciones durante la cual, al hilo de tapeos y paseos madrileños, se reconstruyen ambas vidas, sobre todo la del condiscípulo.</p><p>De resultas de las intermitentes charlas sale una completa etopeya de Foneto, muy singular personaje. Tipo extraño, libre, despierto y exigente, renunció a cualquier proyecto profesional relacionado con sus habilidades lingüísticas que refleja el apodo y vino a dar en quiosquero de prensa perpetuo. Consumó así el "síndrome de Segismundo" que le amagaba desde la infancia. Con esta feliz etiqueta define Hidalgo la inclinación radical de Foneto a la soledad, rasgo medular de su carácter que se constituye en el objetivo temático de la novela. El quiosco y la ralentizada actividad del quiosquero durante tediosas jornadas se convierten en la base real, material y visual, de una metáfora del aislamiento. Y, a la vez, el carácter genérico de un asunto abstracto tiene el contrapeso de preocupante actualidad —reforzada por el dato exacto del encuentro, diciembre de 2017, vísperas de Navidad— de la decadencia de la prensa impresa y la amenaza sobre esos puestos callejeros que la airean ("tienen los días contados", se profetiza).</p><p><em>La escapada</em> recoge un bucle ensortijado de emociones y sentimientos: soledad, abatimiento, melancolía, elegía, desilusión, ataraxia, fracaso, conformismo lúcido, aceptación senequista del destino, insignificancia existencial... Una mirada cálida y comprensiva sobre nuestra especie, sin ampulosidades dostoieveskianas y con pinceladas humorísticas, atempera el mensaje triste y pesimista de esta novela de arqueo generacional emotiva, ligera e intensa, amena y profunda.</p><p>_____</p><p><strong>Santos Sanz Villanueva</strong> es crítico literario y catedrático de Literatura española de la Universidad Complutense de Madrid.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Santos Sanz Villanueva]]></author>
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      <title><![CDATA[Quisimos tanto a Atticus Finch]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/quisimos-atticus-finch_1_1194197.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3fdf44af-b36b-4e4e-885f-315a6f900a69_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Quisimos tanto a Atticus Finch"></p><p><strong>Nosotros que quisimos tanto a Atticus Finch</strong></p><p><strong>Javier de Lucas</strong></p><p><strong>Tirant lo Blanch</strong></p><p><strong>Valencia</strong></p><p><strong>2020</strong></p><p>Recomiendo muchísimo la lectura de <a href="https://editorial.tirant.com/es/ebook/nosotros-que-quisimos-tanto-a-atticus-finch-javier-de-lucas-9788413780986" target="_blank">esta pequeña joya</a> que firma mi admirado <strong>Javier de Lucas </strong>sobre la figura de Atticus Finch, el protagonista de <em>Matar a un ruiseñor</em>. El personaje de la novela y de la película adquiere nuevos significados cuando se lee dentro de la siguiente novela de <strong>Nelle Harper Lee</strong>, que en realidad es anterior y, de algún modo, abarca o incluye a esta.</p><p>Es la historia de un hombre de derecho, demócrata íntegro y honesto, que se enfrenta al cerrado racismo de una pequeña localidad del profundo sur de los Estados Unidos, para defender a un negro injustamente acusado de violación. El abogado se convirtió en un modelo de conducta para generaciones de progresistas y gentes del derecho.</p><p>Pero la autora de la novela, Harper Lee, publicó mucho después <a href="https://www.harpercollinsiberica.com/harpercollins/narrativa/ve-y-pon-un-centinela-detail" target="_blank">Ve y pon un centinela</a>, como secuela de aquella mítica primera entrega, y ahí descubrimos que, veinte años después, nuestro héroe se mostrará incapaz de escapar al sistema de castas del mundo rural en que ha crecido y <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2015/07/17/pon_centinela_perdida_inocencia_35484_1026.html" target="_blank">se ha convertido, él mismo, en un supremacista</a> perfectamente camuflado en el paisaje sureño. Ese sistema de castas es el fundamento social, la razón estructural del pecado original de la primera democracia del mundo moderno: el racismo, el supremacismo y la segregación estaban inscritos en el ADN de aquella Constitución de granjeros de 1775 y no desapareció del todo con la derrota del sur esclavista en la Guerra Civil.</p><p>Las dos novelas nos hablan de este abogado de provincias, pero sabemos que la autora no había concebido dos, sino una sola historia, y solo razones editoriales, probablemente acertadas, la convencieron de separar la obra de ese modo, en dos tiempos con veinte años de distancia. Ambas contadas desde los ojos de Scout, la hija de Atticus. Es ella quien desgrana, en <em>Matar a un ruiseñor</em>, sus recuerdos de infancia como testigo de aquel juicio que su padre perdió. Y también es ella quien nos cuenta, en <em>Ve y pon un centinela</em>, el choque que le produce volver a encontrarle, veinte años después, cuando ella se ha convertido, siguiendo el recuerdo mitificado de su padre, en una activista de los derechos civiles, mientras él ha acabado acomodándose al espeso clima y al feo supremacismo de ese inmóvil sur.</p><p>Fue la editorial quien convenció a la autora de que, en la primera parte de esa historia, la de los recuerdos infantiles de Scout, había una novela de éxito, a condición de suprimir la segunda con su decepcionante reencuentro. Y era cierto, la novela y luego la película marcaron el imaginario de varias generaciones.</p><p>Es así como nos convertimos todos en admiradores de un mito, del que se nos había ocultado una sombra. Y, sin embargo, la verdadera enseñanza estaba en la sombra que no veíamos. Si la novela y la película <em>Matar a un ruiseñor</em> proyectaban un modelo cívico admirable, la precuela <em>Ve y pon un centinela</em> contenía, en realidad, un aviso que se nos había hurtado: la advertencia de que el monstruo estaba tan vivo que se encarnaba en nuestro héroe, porque su constitucionalismo de la primera hora, su democratismo <em>jeffersoniano</em>, incluía el designio de una segregación inspirada en el principio de “iguales, pero separados”.</p><p>Atticus había defendido al negro injustamente acusado, no porque viera en él la causa de la justicia racial, sino porque, como hombre de derecho, creía en la igualdad ante la ley. La América de Atticus, pese a su ropaje jurídico, era un mundo de blancos pobres que sostienen su autoestima sobre el maltrato a los negros, casi cien años después de abolida la esclavitud.</p><p>Ese es el pecado original de América. El pecado que denunciaba el movimiento por los derechos civiles, encabezado por el doctor <strong>Luther King</strong> en los cincuenta y sesenta. El movimiento que hizo evidente, para quien quiso verlo, que la sociedad americana aún debía el pago íntegro del “cheque sin fondos” que se le había extendido a los afroamericanos en tiempos del gran <strong>Lincoln</strong>. Ese impago sigue siendo, aún hoy, el principal reto de los norteamericanos y del mundo global que ellos encabezan. En eso ha consistido, en el fondo, la batalla electoral que acaba de suceder en Estados Unidos. La batalla que ha perdido <strong>Donald Trump</strong>, la persona que mejor representa la melancolía de aquella clase de granjeros que, en la novela de Harper Lee, intentan linchar al negro y tropiezan con la inocencia de una niña que admira la valentía de su padre abogado. Esta batalla electoral y la lucha del <em>Black Lives Matter</em>, que la precedió, pueden verse como una prolongación de los grandes movimientos de los cincuenta y sesenta por los derechos civiles. Ojalá la derrota del supremacista Trump signifique el comienzo del sueño americano de la igualdad y no un nuevo aplazamiento de la deuda.</p><p>Con sabiduría, Lucas nos conduce desde el mito del modélico defensor de la igualdad, que habíamos visto en <em>Matar a un ruiseñor</em>, hasta el descubrimiento de las profundas raíces del supremacismo que, en su intento por prevalecer en un mundo global y diverso, amenaza con suprimir la democracia. Nosotros que quisimos tanto a Javier de Lucas, agradecemos que nos lo cuente.</p><p>_____</p><p><strong>Pepe Reig Cruañes </strong>es historiador y profesor de Periodismo. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pepe Reig Cruañes]]></author>
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      <title><![CDATA[Cantos que adelantan la primavera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cantos-adelantan-primavera_1_1194187.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6a53ae2e-13fd-4959-822c-2516e34930e9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cantos que adelantan la primavera"></p><p>La muerte de <strong>Joan Margarit</strong> <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2021/02/19/he_pensat_voste_tots_nosaltres_116903_1821.html" target="_blank">nos ha dejado huérfanos de su sabiduría</a>, pero no de sus versos, que se enriquecen en cada lectura. Y mientras, este febrero loco, que pasa de los hielos a los soles, nos adelanta cantos con resonancias de primavera. El jerezano <strong>José Mateos</strong> sigue salvando la luz en poemas esenciales, casi transparentes, ahora en la editorial Milenio. También <strong>José María Álvarez</strong> sigue ahondando en sus constantes, extrayendo una inimitable intensidad de sus viajes, sus relecturas y sus citas. Además, por fin tenemos la ocasión de leer más despacio a la australiana <strong>Judith Writhgt</strong>, una mujer que defendió el planeta y las culturas aborígenes al tiempo que escribía una poesía poderosa. Tampoco paran de llegarnos poemas inéditos en español de la polaca <strong>Szymborska</strong>, esta vez poemas juveniles que nunca llegó a publicar en libro pero que apuntan el talento que iría puliendo hasta merecer el Nobel.</p><p><strong>Primavera, año cero</strong></p><p><strong>José Mateos</strong></p><p><strong>Milenio</strong></p><p><strong>Lleida</strong></p><p><strong>2020</strong></p><p>"Y cómo / le cuesta al alma ahora / aprender lo que sabe". José Mateos (Jerez de la Frontera, 1963) sigue en su persecución de lo esencial un camino que ha ido describiendo en libros anteriores: en <em>Otras canciones</em> (2016) o en <em>Un sí menor</em> (2019), donde aún aparecían escenarios urbanos, como un hotel, un hospital. En <em>Primavera, año cero</em>, le sobran la ciudad y todas sus razones. Apela a los elementos: "No la zarza o el muro; / el agua que resbala entre las manos". Las palabras parecen resonar directamente desde la naturaleza, prescindiendo de intermediarios: "Ya solo sé decir palabras sin sentido. / (…) Ya solo sé decir lo que me pierde, / lo que me hiere / al borde del camino, entre la brisa / de esas hojas de un álamo". Pero antes de abandonarse, Mateos ha ido dejando las emociones enredadas en árboles y en animales libres: en el pájaro que "se atreve / a cantarte, / recóndita, / suavísima alegría", o en el Guadalete, "río de pocas palabras / y certezas. Río hecho / de olvido, con esa calma / de lo que pasa por dentro", o "en este balcón alto, ante un paisaje / de interminables viñas que bajan del ocaso, / siendo feliz casi sin darme cuenta". La felicidad es ese raro abandono, esa falta de afán que a veces sorprende cuando no se la espera, y entonces hay que fijarla con palabras en el poema para que se comparta y se difunda. La familia asoma como una prolongación de la naturaleza. Lo que resalta es precisamente lo que tiene de incontrolable. Así en "Genética" dice: "A veces me sorprendo oliendo a ti. // O me asusta tener no sé qué gesto / que yo recuerdo idéntico a uno tuyo". Y, al igual que en el libro anterior había un poema estremecedor, memorable, dedicado a su madre, en este hay uno que se titula "Madre" y es también muy expresivo, muy verdadero en su aparente sencillez, en su sentido que va escapándose de las manos como el agua del río. Al final "Todos / se van. 'Todos nos vamos / más temprano o más tarde', / nos decían las nubes / raudas y el ciprés recto / a cada instante. / Y cómo / le cuesta al alma ahora / aprender lo que sabe".</p><p><strong>Poemas escogidos</strong></p><p><strong>Judith Wright</strong></p><p><strong>Pre-Textos</strong></p><p><strong>Valencia</strong></p><p><strong>2021</strong></p><p>"Cuando se pierdan la hoja y el pájaro postreros / como un árbol perdure mi pensamiento aquí". En el tiempo de devolver la voz a las mujeres que nos perdimos, es obligatorio referirse a Judith Wright, que luchó toda su vida por preservar los ecosistemas amenazados y los derechos de los aborígenes como si fueran una misma cosa. Y lo hizo con ensayos ardientes y certeros pero también con poemas de una contundencia cristalina. Cuando hablaba del planeta, hablaba sin tapujos, y cada día lleva más razón: "celebro el torbellino, la sequía inaudita, / el arroyo agostado, el furioso animal / que aguarda retador, / pues nos destruye aquello que matamos". Nacida en Nueva Gales del Sur en 1915, la australiana Wright tuvo que ganarse su derecho a ser oída antes de defender con sus versos el planeta cercado: "la sangre que me late es la que me legaron / y mi pecho es la casa donde ellos se disputan el poder, / todos con el deseo de salvarme, / de transformar mi ser en el de otros". El pecho del que habla en el original inglés es su propio corazón, casi comestible en manos de los patriarcas. Qué difícil traducir esa potencia a pesar de la digna traducción de <strong>José Luis Fernández Castillo</strong>, que ha agavillado y vertido una selección de los poemas de Wright para que por fin la conozcamos. Solo la enorme distancia física que nos separa de nuestras antípodas y tal vez la hegemonía política de los que no quieren que nada cambie pueden explicar que haya tardado tanto en llegar a nosotros esta voz. Físicamente la poeta murió en Canberra en el año 2000, pero mientras vivamos sabremos por ella que "el escritor en el cuarto encendido / ni es un solitario ni está solo" y que "el tiempo nos confina en nuestra mente, / pero nos deja una ventana abierta: el arte". La poesía de Wright funde el ser con el paisaje, por ejemplo encarna febril a las cigarras: "esta es la luz salvaje que nuestros sueños anunciaron / mientras, inconscientes, formábamos ojos y alas, / mientras en nuestro sueño aprendíamos la canción del mundo. / Cantad ahora, hermanas; trepad hacia ese oro insoportable".</p><p><strong>Música para el funeral de la libertad</strong></p><p><strong>José María Álvarez</strong></p><p><strong>Renacimiento</strong></p><p><strong>Sevilla</strong></p><p><strong>2020</strong></p><p>"El esplendor del sol se ha ido / como una succión / que me lleva nadie sabe a dónde". El cartagenero José María Álvarez (1942) vuelve fiel a sus citas con el atardecer, con la nostalgia de un mundo de relecturas y viajes: "Y eso es todo lo que el Arte pide. / ¿Qué importa su creador? / Solo si merece ser amado. / Si ha hecho mejor el mundo". Ni siquiera parecen preocuparle los títulos. Este poemario se llama <em>Música para el funeral de la Libertad</em>, que suena grandilocuente, excesivo en su decadencia. Porque hay en la poesía de Álvarez muchos días pasados y muchos atardeceres exóticos que se parecen entre sí, y cada vez más desencanto y rabia por un presente que no le gusta, cada vez más un refugiarse entre los clásicos, en citas escogidas como flores del jardín de la memoria. "Ojalá / pudiéramos mirar nuestra vida / así, hecha de pedazos que ya ni sabemos / de dónde vienen, pero bañados por una luz / de dicha, de aventura, eternos, porque nos dicen / lo que de verdad somos: la imaginación, el / deseo / de ver, gozar, sentir lo extraordinario". Álvarez nos sigue abriendo estancias de rara belleza, como el poema "Última imagen en aquella librería", donde evoca a su madre, o también otro titulado con un latinajo interminable, que coparía el artículo, y que dedica a su propia librería, a esos libros que el último sol acaricia una vez más y cuyo porvenir, más allá de su vida, ensueña con dolor. De vuelta de todo, Álvarez recuerda, despide y agradece: "Cómo agradezco / haber estado aquella tarde allí / y que me visite ahora". También rinde homenajes, le aconseja a un joven poeta: "Acepta la Soledad. / Lee a los antiguos. / Ten pocas cosas: lo que quepa en tu maleta. / No tengas otra patria que la literatura. / Jamás discutas con el Destino". Álvarez se muestra siempre fiel a las reglas y a sí mismo, y despreocupado por lo que puedan pensar quienes lo lean: "Sólo existe la página en blanco / la desesperación ante la belleza inalcanzable // La / Poesía / como Hamlet decía de la Muerte / Esas tierras inexploradas / de cuyas fronteras ningún viajero / ha vuelto".</p><p><strong>Canción negra</strong></p><p><strong>Wislawa Szymborska</strong></p><p><strong>Nórdica</strong></p><p><strong>Madrid</strong></p><p><strong>2020</strong></p><p>"Antes de que el jardín se mueva hacia la sombra / tengo que cambiar mis ojos por palabras". La historia de <em>Canción negra</em> es sencilla y delicada, como todas las historias de amor. El libro lo componen poemas dispersos de una veinteañera, los poemas con los que Wislawa Szymborska (1923-2012) fue condensando la voz que la llevaría a merecer el Nobel de Literatura en 1996. Poemas por tanto imperfectos, de aprendizaje, en los que imitaba sin darse cuenta y no dominaba aún la rima ni las virtudes que la encumbrarían. Es más que probable que la propia Szymborska le hubiera dedicado en su consultorio de la revista <em>Vida literaria</em> algunos dardos envenenados si la autora hubiera sido otra<em>.</em> De hecho, nunca entregó el libro a la imprenta. Fue su exmarido, el también poeta <strong>Adam Wlodek</strong>, quien reunió los poemas para regalárselos en 1970. Un regalo cariñoso, sentimental, una cosa entre ellos. Pero después la polaca ganó el Nobel y, una vez fallecida, le fueron sacando de los cajones todo lo que guardaba. También <em>Canción negra</em>, que ahora se suma a las obras en castellano de Szymborska en uno de esos primorosos libros de la editorial Nórdica, que <strong>Kike de la Rubia</strong> se ha encargado de ilustrar. A pesar de que son poemas de iniciación, contiene perlas. Aquí y allá encontramos atisbos del talento de Szymborska, su ambicioso abarcar: "Nuestro botín de guerra es el conocimiento del mundo: / es tan grande que cabe en el cuenco de unas manos, / tan complejo que es posible describirlo con una sonrisa, / tan extraño como el eco de viejas verdades en una oración". Encontramos también versos aforísticos: "los pensamientos son como el viento en una casa vacía". Y esa misteriosa ironía de bruja que jugando condensaba la verdad: «quiero —antes de pasar a ser Ayer— echar una ojeada. / Quiero —antes de pasar a ser Mañana— hacerme una idea". Encontramos sobre todo un poema magnífico, "Cumbre", plenamente logrado. Los traductores <strong>Abel Murcia</strong> y <strong>Katarzyna Moloniewicz</strong> se han encargado de verter al castellano estos versos juveniles desde el polaco original. Un libro para fanes y para coleccionistas, que también pueden disfrutar los lectores pacientes.</p><p>_________</p><p><em>Arturo Tendero es periodista y poeta. Su último libro es </em><strong>Arturo Tendero</strong><a href="https://laisladesiltola.es/catalogo/siltola-poesia/el-otro-ser/" target="_blank">El otro ser</a> <em> (La Isla de Siltolá, 2018). Estas reseñas y otras más de poesía pueden encontrarse en su blog </em><a href="http://articulosdearturotendero.blogspot.com/" target="_blank">El mundanal ruido.</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Cantos que adelantan la primavera]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Poesía,Los diablos azules número 222]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El revés del cielo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/reves-cielo_1_1194186.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/642f6de7-0bab-4439-b69d-14cf2f0025ec_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El revés del cielo"></p><p>Soñar el paraíso y convocar el infierno, esa parece la maldición del género humano según un recordado aserto del <em>Hiperión</em><em> </em>de <strong>Hölderlin</strong>. Después del éxito de la sobrecogedora <em>Temporada de huracanes</em><em>,</em> la mexicana <strong>Fernanda Melchor </strong>(1982) publica su nueva novela, <a href="https://www.megustaleer.com/libros/paradais/MMX-011063" target="_blank">Páradais</a> (Random House, 2021), y con ella vuelve a situarse en la órbita de escritores que, como <strong>Juan Carlos Onetti</strong>, <strong>José Emilio Pacheco </strong>y en especial <strong>José Donoso</strong>, nos hablan de la sordidez y la desesperanza, y también en la de otros que, como <strong>Virgilio Piñera</strong>, <strong>Griselda Gambaro</strong> o <strong>Alejandra Pizarnik</strong>, recurrieron al sentido crítico o catártico de la escritura de la crueldad.</p><p>El título, que nombra la urbanización de lujo donde trabaja como jardinero el protagonista, no deja de ser una ironía, un paraíso impostado que ni siquiera se contempla como un sueño posible. Páradais es una creación artificial rodeada de una vegetación selvática que pugna por entrometerse en su orden, y está cerca del Jamapa, un río cenagoso que para ese trabajador, llamado Polo, representa el sueño perdido de navegarlo con la barca que iba a construir su abuelo antes de morir.</p><p>La historia se nos cuenta desde el final, como en la novela anterior, aunque al contrario que aquella —que era polifónica y nos ofrecía las sucesivas miradas de una galería de personajes—, nos muestra siempre el punto de vista de Polo, un muchacho desquiciado que vive aplastado por el sentimiento de la rabia y la frustración, y que cada día al concluir su trabajo acostumbra a reunirse con otro adolescente, al que detesta, el gordo Franco Andrade —hijo rico de un “abogánster”, que dedica su tiempo a devorar dulces y ver telerrealidad y pornografía digital—, para emborracharse hasta perder el sentido de un mundo que también detesta. Mientras Franco se obsesiona con poseer a su atractiva vecina Marián Maroño —una habitual, con su marido e hijos, de las revistas del corazón—, Polo solo piensa en alejarse de su prima Zorayda —cuyo embarazo le produce un arduo conflicto— y de su madre, que lo domina y hasta le maneja el dinero. Poco a poco se irán entreviendo otros perfiles, como el del primo Milton y su vínculo con los narcos, y también el jefe odiado, y los vigilantes y criadas que pululan por esa urbanización de ricos con la que contrasta Progreso, nombre también irónico de la población donde vive el protagonista, separada de Páradais por el turbio Jamapa, y el conjunto refleja en su microcosmos la dramática desigualdad social imperante.</p><p>Para quienes han leído la celebrada <em>Temporada de huracanes </em>puede resultar familiar cierta recurrencia en los personajes de <em>Páradais</em>: el drogadicto Luismi espejea en el alcohólico Polo; la adolescente embarazada Norma, en su doble, Zorayda; la Bruja, a su modo, en la artificiosa Condesa Sangrienta. Y hasta había antes un motel llamado Paradiso, cuyo nombre regresa en este Páradais. En ambos libros hallamos además el protagonismo del crimen, el cinismo, la corrupción y la violencia, y una sexualidad instintiva que nada tiene que ver con el sentimiento. En los dos llama además la atención, en especial por estar situadas en México, que esas adolescentes preñadas —una por su padrastro, otra por su primo— se buscan ellas solas los conflictos con sus juegos perversos y provocaciones.</p><p><em>Páradais</em><em> </em>se nos ofrece como una riada verbal que actúa sobre nosotros como actúan los tragos sobre el protagonista: nos narcotiza con su arrastre, con su selva barroca, donde la autora vuelve a mostrar su virtuosismo en el dominio de la oralidad y en la representación de la sordidez y la barbarie. Los personajes y las situaciones están creados con los cinco sentidos y son casi tangibles —aunque pueden rozar lo caricaturesco—, y esa riada fluye en extensos pasajes sin pausas que apenas permiten un respiro al lector y que contribuyen a intensificar la sensación de ahogo que viven los propios protagonistas, cuyas vidas vegetativas están hundidas en una ciénaga de la que no pueden escapar.</p><p>El nombre inglés de la urbanización evoca el despojo frente al imperio del norte, y el gesto de transcribirlo según su pronunciación castellana habla de aquellos a los que ni siquiera las palabras les pertenecen. Melchor vuelve a escribir un buen libro, capaz de arrancarle lirismo a la vulgaridad y de atraparnos con ese vendaval de palabras malsonantes que traducen el resentimiento y la náusea, aunque la maraña barroca puede sentirse como un tanto reiterativa o forzada a veces: lo soez se repite hasta el aturdimiento, con una monotonía que noquea al lector en la sucesión desmedida de elementos repugnantes y palabras gruesas, que hace que la aparente naturalidad delate paradójicamente su artificio<em>. </em></p><p>Por otra parte, la insistencia en la podredumbre puede resultar monolítica, es decir, si todo es podredumbre, deja de haber podredumbre, porque no hay con qué dimensionarla, y da una sensación de falseamiento, de inverosimilitud: las gárgolas de una catedral son lo que son porque también hay ángeles. Esos monstruos fueron por cierto una referencia para ese reconocido maestro de Melchor que fue Donoso, un escritor que se empeñó en retratar la descomposición social pero que en su técnica expresionista incluía atisbos de salida, sea por la vía de la literatura, sea por cierta compasión hacia el patetismo de sus personajes. El mejor ejemplo quizá sea esa entrañable travesti, la Manuela, que protagoniza <em>El lugar sin límites</em> —otra figuración del infierno, tal y como lo nombra <strong>Marlowe</strong> en su <em>Fausto</em>— y que se empeña en mantener la ilusión y la fantasía en medio del derrumbe.</p><p>En Melchor hallamos en algún momento un indicio de esa compasión en <em>Temporada de huracanes</em>, por ejemplo en ese enterrador que les habla a los cadáveres para consolarlos, y también en <em>Páradais</em><em>,</em> en la mención de ese río donde el protagonista pescaba de madrugada con su abuelo, pero aquí el infierno es literalmente un <em>lugar sin límites</em>, la carcoma del mal lo corroe todo, no hay porvenir ni rendijas de luz, no se salva nada, todo es deleznable y nauseabundo. De este modo, la novela invita a confirmar que la distopía, tan frecuentada en los últimos años, es ciertamente una formulación conservadora que solo puede llevar a la resignación: no hay futuro ni salida, así que puedes permanecer quieto frente a tus pantallas consumiendo tu dinero y tu tiempo en ese eterno presente sin remedio porque cualquier movimiento es inútil. Melchor reproduce —y señala— un doble síntoma de nuestro tiempo: ese barroco que inunda de caos las pantallas y de tatuajes los cuerpos para encubrir el vacío agazapado detrás, y esa adicción a las sensaciones fuertes y sin medida para la violencia, trivializada en forma de signos y píxeles inacabables, como si detrás de ella, también, estuviera solo el vacío.</p><p>Con su escritura desasosegante, <em>Páradais</em><em> </em>nos obliga a mirarnos como sociedades enfermas, cuya desigualdad social impulsa una barbarie alucinatoria. Esa barbarie ha sido delatada con maestría en films recientes como <em>Parásitos</em> de <strong>Bong Joon-ho</strong> o <em>Joker</em><em> </em>de <strong>Todd Phillips</strong>, y mucho antes, en ese clásico del teatro que es <em>Los invasores</em> de <strong>Egon Wolff</strong>: en esas tres piezas, una inesperada y siniestra reacción de los desposeídos rompe las costuras del orden establecido y convoca un horror posible que nunca antes se quiso ver. En <em>Paradáis</em>, en cambio, es otra la llamada de atención sobre nuestra era convulsa, donde la fascinación por las emociones intensas puede llevar a ver la crueldad real como una fabulación que solo nos atrapa con su morbo y violencia durante un instante fugaz, y que apenas nos conmueve por repetida y acostumbrada.</p><p>_____</p><p><strong>Selena Millares</strong> es escritora.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Selena Millares]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El revés del cielo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 222]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fernanda Melchor: "Me dedico a contar un mundo que no te proporciona un futuro"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fernanda-melchor-dedico-contar-mundo-no-proporciona-futuro_1_1193844.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/aa621965-e0b9-47dc-b5bf-9754b90ff90e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fernanda Melchor: "Me dedico a contar un mundo que no te proporciona un futuro""></p><p>A sus 38 años, <strong>Fernanda Melchor</strong> es uno de los nombres al alza en la literatura mexicana actual. Tiene premios como el Anna Seghers en Alemania o el Internacional de Literatura de Berlín, ambos en 2019. En 2020 fue finalista del Booker Internacional con <a href="https://www.megustaleer.com/libros/temporada-de-huracanes/MMX-008597" target="_blank">Temporada de huracanes</a>, su segunda novela, considerada por <em>The New York Times</em> entre los cien mejores libros de ese año. Utiliza un lenguaje social y sexual desnudo y descarnado, que repite en su nueva obra, <a href="https://www.megustaleer.com/libros/paradais/MMX-011063" target="_blank">Páradais</a><em> </em>(Literatura Random House).</p><p><strong>Pregunta. ¿Quién es Fernanda Melchor?</strong></p><p><strong>Respuesta</strong>. [Ríe] Pues soy yo. Una escritora mexicana para la que la escritura es su vida. Ahora no hago otra cosa que escribir.</p><p><strong>P. ¿De dónde le viene?</strong></p><p><strong>R.</strong> Desde muy chica me gustó muchísimo la literatura, las novelas sobre todo, y supongo que es natural querer hacer lo que uno ama o admira. Pasa mucho en los escritores. Uno es lector antes que escritor.</p><p><strong>P. Hay una generación coetánea suya, en torno a los 40 años, de escritoras mexicanas como usted, Orfa Alarcón, Susana Iglesias… ¿A qué cree que se debe este boom?</strong><em>boom</em></p><p><strong>R. </strong>Siempre ha habido mujeres que escriben, pero no es hasta recientemente que estamos empezando a ser más publicadas. Muchas mujeres no pasaron el rasero de las editoriales, no lograban interesar a los editores o se dedicaban a géneros que económicamente no eran redituables, como la poesía. No considero que haya más mujeres escritoras ahora. Creo que es bueno que haya más mujeres que se publican y que están siendo leídas.</p><p><strong>P. Páradais es un retrato despiadado de la doble cara de una sociedad: la opulencia enfrentada a la miseria. Pero en el fondo todos los personajes son perdedores. ¡Qué optimismo!</strong><em>Páradais</em></p><p><strong>R. </strong>Estoy muy de acuerdo con esa lectura que has hecho. Aunque aparentemente pareciera que uno de los personajes, Franco, <em>El Gordo</em>, es privilegiado, porque lo ha tenido todo en su vida, también es marginal por mil motivos, porque su vida familiar es atípica. Se trata de un adolescente preso de obsesiones porque no logra integrarse con gente de su edad. Polo, el otro personaje, también lo es, no propiamente por su condición socioeconómica, sino más bien porque rehúsa seguir el destino de los muchachos de su barrio, de su pueblo, que es convertirse en narcos, volverse narcotraficantes. Es algo que siempre me ha interesado escribir. Desde que publiqué mi primera novela en 2013, <em>Falsa liebre</em>, me he dedicado a contar cómo es vivir en un mundo que no te proporciona un futuro, cómo es ser joven y sentirte podrido, sentir que uno tiene nulas perspectivas, y qué hace eso en el interior de una persona, de una familia, de un pueblo o de un barrio.</p><p><strong>P. Dice que le interesa el realismo literario y que trabaja mucho con el cuerpo. Si es por el cuerpo, en este libro lo ha dado todo. Pura fisicidad.</strong></p><p><strong>R. </strong>Sí [ríe]. Siento que mi relación con el realismo ha ido cambiando. Ahora estaba leyendo la <em>Historia personal del ‘boom’</em>, de José Donoso, un escritor que admiro tremendamente. He estado trabajando mucho en leerlo, porque voy a hacer un prólogo para uno de sus libros, lo cual es un gran honor para mí. Donoso está teniendo como una suerte de resurrección, porque creo que, del <em>boom</em><em>,</em> ha sido de los menos leídos. Tuvo su época de gran auge con su <em>El obsceno pájaro de la noche</em> y de repente se le dejó de leer o se conoce poco el resto de su obra. Él decía que a veces en Latinoamérica —no sé si esto pasa en España— se piensa que, para que un libro tenga gran calidad, debe reproducir fielmente la realidad social de un país. Y eso es algo que, por supuesto, a mí me interesa, pero creo que siempre hay que ir más allá y tratar de experimentar en la forma sobre todo, que es lo que intenté en <em>Páradais</em>. Algo totalmente vertiginoso. En Latinoamérica se piensa que una buena novela tiene que cumplir con los presupuestos del realismo social y hablar de problemas de hoy que sean urgentes y que motiven la conciencia de las personas. Todo eso para mí es importante, pero no siento que sea la única finalidad. Hay algo que a mí me interesa reproducir y creo que se pierde un poco a veces en el misterio que supone una novela incluso para su mismo autor.</p><p><strong>P. ¿Hasta qué punto sus protagonistas, dos adolescentes, reflejan el México de hoy?</strong></p><p><strong>R. </strong>Se trata de jugar con polos opuestos. Uno dota a los personajes de estas ideas. Son cosas que conozco bien. Yo me he criado en un hogar de clase media, ambos padres trabajaban, así que casi siempre mi hermano y yo estábamos solos en casa. Y, sin embargo, iba a un colegio privado. Tenía amigos que tenían cancha de fútbol en su casa y otros que estaban becados y cuya madre era la persona del servicio y vivían en la casa de los patrones. Conocí un poco de todo, y, al estar en el medio, me resulta un poco fácil escribirlo.</p><p><strong>P. El poder y la violencia están en el centro de sus libros. ¿Ha mamado violencia?</strong></p><p><strong>R. </strong>Yo creo que tiene que ver con haber crecido como mujer en una familia disfuncional y también con haber experimentado la violencia masculina desde muy joven. A mí me acosaban en la calle a los 11 años y siempre ha sido un misterio el porqué, por qué los hombres hacen eso. Escribir estas cosas es, para mí, como tratar de entender y también exorcizar el terror que sentía. Ahora ya no lo siento. Ahora un tipo me dice algo y le suelto una bofetada. ¿Cómo podemos hoy en día escribir de la violencia, que es algo que parece rodearnos por todas partes en un país como México? Aunque España no es tan diferente. La violencia contra las mujeres sigue siendo una cosa soterrada en Europa, pero en España se han dado el lujo de poder hablar de ello.</p><p><strong>P. Y de legislar contra ello, aunque falte aún tanto para erradicarlo.</strong></p><p><strong>R. </strong>Y de legislar, exactamente, porque ha habido presión social. En México es algo más difuso, algo que todavía se experimenta más como con impunidad y sin control. Como ciudadanos sentimos que hay menos que hacer. ¿Cómo poder hablar de esto? Una de las maneras que he encontrado, y a esto me refería cuando decía que no se trata solo de reproducir la realidad, sino de encontrar nuevas formas, es meter el cuerpo, hacer de la lectura una experiencia, de tal forma que el lector se vea invadido, que se sienta poseído, atacado. De esta forma es imposible la distancia intelectual y emocional. Es como un procedimiento. Lo sórdido, por ejemplo. Pienso en <em>Temporada de huracanes, </em>mi novela anterior, en la que hay partes muy fuertes. También en<em> </em><em>Páradais</em>, por supuesto, pero aquí el lenguaje es un poco más atemperado. En <em>Temporada…</em> es más crudo. De repente digo: ¿Yo escribí eso? ¡Dios mío, qué horror!</p><p><strong>P. Me imagino cuando vuelve a casa con esa lengua, con esa pluma.</strong></p><p><strong>R. </strong>Qué te puedo decir. Yo les digo: “Les regalo mi libro, pero no lo lean”. Mi madre siempre los lee. Queda muy asustada, pero…</p><p><strong>P. …Piensa qué habrán hecho para que la niña haya salido así.</strong></p><p><strong>R. </strong>Exactamente. </p><p><strong>P. Pues habrá atemperado el lenguaje en esta novela, pero cuando relata la violencia sexual, imaginada o cumplida, deja poco a la imaginación.</strong></p><p><strong>R. </strong>Al principio en la novela pasaban las cosas, <em>El Gordo</em> espiaba a la señora. Y me di cuenta de que una persona como él no podía hacer eso. Al final se trata de crear a tus personajes de forma tal que les obligas a hacer algo y ellos se resisten, porque su misma naturaleza es incapaz. Yo quería hablar de la cobardía de un tipo que ni siquiera es capaz de hablar con una mujer. Y quería hablar de cómo la obsesión puede terminar en una tremenda violencia.</p><p><strong>P. Pasar de ser un pendejillo a un asesino en potencia.</strong></p><p><strong>R. </strong>Exactamente. Durante mucho tiempo me han interesado mucho los asesinos en serie. Creo que es parte de mi generación, que vivimos en los ochenta, noventa. Pero yo nunca había caído en cuenta, hasta que fui mayor, de que los asesinos en serie son criminales sexuales, que la mayor parte de su motivación para matar es el sexo. Me puse a investigar al respecto, y alguna vez leí el testimonio de un asesino que decía que el primer crimen que cometió en realidad no fue un crimen y no lo cometió. Estaba obsesionado con la vecina, entró en su casa, trató de amenazarla para violarla y la mujer lo abofeteó y lo corrió. Así se empieza. Y yo quería ver cómo son esas primeras etapas de una persona que va por mal camino, como es el caso de Franco, <em>El Gordo</em>.</p><p><strong>P. ¿La imaginación es más poderosa que la realidad? </strong></p><p><strong>R. </strong>Sí, pero yo soy muy neurótica. Me era muy difícil dejar volar la imaginación para dedicarme a otra cosa. Tuve que pasar por un proceso de depuración.</p><p><strong>P. Ha escrito sobre los feminicidios y el narcotráfico en México. ¿Son hoy los problemas principales del país?</strong></p><p><strong>R. </strong>México tiene muchos problemas. Pero lo principal y lo que une a estos dos que citas es la impunidad. El hecho de que se cometen crímenes y nada ocurre. O la misma autoridad está coludida. A veces no hay una distinción entre narco y Estado: no sé cuál es la participación de los gobernadores, de los presidentes municipales. El hecho de que llegue un grupo criminal a controlar una zona y haya toda una repartición de poder. Y en cuanto al feminicidio es un poco lo mismo. Es la cultura del machismo, cuyo extremo final y letal es el feminicidio, que se ve, además, agravado por la cuestión de la impunidad, por el hecho de que una mujer pueda morir en México sin que nada ocurra. </p><p><strong>P. Habla de las mujeres, de la prostitución, de la violencia y las violencias. ¿No se avanza contra la impunidad?</strong></p><p><strong>R. </strong>Yo diría que vamos por buen camino en eso, aunque es algo que no podemos dejar a un lado ni abandonar pensando que ya está todo hecho. Me preguntaban por el feminismo de la cuarta ola en México, y yo decía que es un poco difícil pensar en el feminismo de la cuarta ola cuando en México aún estamos peleando por la segunda ola, por la cuestión de los derechos reproductivos y la igualdad en el trabajo. Creo que hay muchos feminismos en México y la carrera es un poco desigual. No es lo mismo ser una mujer de clase media que vive en Ciudad de México que una mujer indígena. O ser una mujer de la costa. O una madre soltera. Creo que no podemos dar por cumplido todo. Es una lucha constante, porque parece que el mundo va involucionando. La derecha crece, la gente se vuelve más reaccionaria. Esto de la pandemia ha hecho que mucha gente quiera solo encerrarse en un caparazón y preocuparse solo por su familia y lo suyo. Creo que la pandemia puede suponer un retroceso en muchos niveles.</p><p><strong>P. La pandemia puede unirse como problema a feminicidios y narcotráfico. Pero parece más fácil de solucionar. Según el presidente López Obrador, el covid se cura con estampitas, escapularios y amuletos.</strong></p><p><strong>R. </strong>Es terrorífico lo que se vive aquí en México. No estoy en redes sociales diciendo lo que se debería hacer: una, porque no tengo redes sociales, y dos, porque no tengo ni idea de lo que se debería hacer. Para mí, la única forma en la que vamos a salir de esto es a través de la ciencia. También el mismo presidente dijo que la pandemia nos venía como anillo al dedo. Esto es bastante preocupante. Con escapularios no se cura, definitivamente no. De hecho, esta semana murió un amigo muy querido de nuestra edad y andamos un poco devastados. </p><p><strong>P. Engloba a los pandilleros que secuestran y extorsionan bajo la expresión “Aquellos”. No sé si es solo un recurso literario, pero me recuerda a Andrea Camilleri, que, escribiendo siempre sobre Sicilia, rara vez llama por su nombre a la Mafia.</strong></p><p><strong>R. </strong>“Aquellos” era como se llamaba a los narcos en la época de su mayor poder en Veracruz, de 2009 a 2011. No podías nombrarlos, daba miedo, porque no sabías quién podía escuchar. Usamos ese tipo de eufemismos para referirnos a los narcos, porque no podías decir Los Zetas. Era impronunciable ese nombre. Ahora se puede decir porque es un grupo que ya no existe. Hay un libro muy interesante de Oswaldo Zavala que se llama <em>El narco no existe</em>, que dice que la imagen que tenemos del narco es una mitificación, porque no podemos distinguir quién lo es y quién no, y quién es policía, y quién es bueno y quién es malo. Una de las cosas que aprendes en México, y una de las ventajas, pocas, de la existencia del narco es que la gente ya no es tan violenta cuando maneja, porque no sabes si al tipo que le gritas “imbécil” va a resultar ser un narco y te va a sacar una pistola.</p><p><strong>P. ¿La presidencia de Biden puede cambiar las cosas?</strong></p><p><strong>R. </strong>Parece esperanzador. Al menos ya no se van a botar a la basura todos los acuerdos para evitar el cambio climático. Y el hecho de que haya elegido mujeres, y de color, personas de color en su gabinete, es prometedor. Pero mira, si algo hemos aprendido los mexicanos es que con los gringos nunca sabemos. Nunca hubo tantas deportaciones de mexicanos como con Obama. No encerró niños en jaulas, pero estuvo a punto.</p><p><strong>P. Después de describir tanta violencia, tanta miseria, tanta sordidez, ¿no se escribiría una novela rosa, para darnos un respiro?</strong></p><p><strong>R. </strong>[Ríe] Pues no precisamente rosa, pero siento que con <em>Páradais</em> se cumple como un ciclo. Hace casi una década que empecé a publicar y siento que con esto se acaba no mi interés en Veracruz, pero sí en los <em>angry young men</em>, en los jóvenes enojados. Quiero escribir otras cosas, apostar por ficción más breve todavía. Ya me demostré que pudo escribir una novela larga y ahorita no me interesa tanto eso. No tengo la menor idea de para dónde voy, pero estoy trabajando ya en cosas. </p><p>_____</p><p><em>Esta entrevista está publicada en el número de febrero de </em>tintaLibre<em>, a la venta en quioscos. Puedes suscribirte a la revista en papel aquí o leer online todos sus contenidos aquí</em><a href="https://www.infolibre.es/index.php/mod.usuarios/mem.detallesuscripcion" target="_blank">aquí</a><em>online</em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/tinta_libre/portada/" target="_blank">aquí</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Karmentxu Marín]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Fernanda Melchor: "Me dedico a contar un mundo que no te proporciona un futuro"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,TintaLibre,Los diablos azules número 222]]></media:keywords>
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