<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[infoLibre - Vacaciones con el emérito]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/de-vacaciones-con-el-emerito/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Vacaciones con el emérito]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <item>
      <title><![CDATA[La traca final]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/traca-final_1_1306693.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9beae328-ebfc-4cdb-bf95-60d1644c6943_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La traca final"></p><p>El jet de los saudíes recogería a don Juan Carlos después de almorzar. <strong>Tan pronto el rey bajó a desayunar, toda la maquinaria palaciega se puso en marcha para preparar su equipaje</strong>. Camisas, bañadores fosforitos, un par de rifles, su reciente colección de ortopedia fantástica y el iPad para ver <em>The Crown</em> en el avión.</p><p>Me inquietaba que su majestad <strong>no hubiese intentado ninguna finta para quedarse en el país</strong>. ¡No me cogería con la guardia baja! Durante las últimas semanas, sacando un rato de aquí y de allá, había redactado un plan de operaciones que solucionase las opciones más previsibles. El rey me miraba y yo lo miraba a él: éramos contrincantes en una despiadada batalla de ingenio.</p><p>—Joaquín, ¿qué harás mañana, cuando me haya ido?</p><p>—Pedir el subsidio de desempleo, majestad, como un buen español.</p><p>—Hombre, no quiero hacerte eso…, quizás podría alargar mi estancia unos días más.</p><p>—Oh, no se preocupe, señor. Si a mí no me gusta trabajar. Usted me entiende, ¿verdad?</p><p>¡Uf! Por los pelos. Oía el pitidito del telégrafo en mi despacho. A los funcionarios de Zarzuela no les quedaban uñas que morderse. "Que no se quede STOP por la gloria de tu madre STOP Don Felipe va tibio de orfidales STOP <strong>La infanta Elena pregunta qué es una infanta</strong> STOP".</p><p>Contesté apresuradamente y seguí a lo mío. Don Juan Carlos se estaba tomando un vermú con aceitunas y se entretenía mirando cómo el servicio correteaba de un lado para otro. Noté que barruntaba alguna treta. El astuto jubilado no me hizo esperar. Fingió que se levantaba y lanzó un alarido de dolor. <strong>"¡Maldita cadera! Así no puedo ir a ningún lado…"</strong>. Salí corriendo y volví con una jeringa con una aguja que ríete tú de las de tricotar. "No se preocupe, señor, tenemos este calmante intramuscular superdoloroso en el botiquín. Voy a ver si acierto en el sitio". Don Juan Carlos puso cara de espanto y se repuso inmediatamente. Me miró con unos ojos que decían "habrás ganado esta batalla, pero no la guerra".</p><p>A medida que avanzaba la mañana, sus artimañas y maquinaciones subían de nivel. Fingía haber perdido algo importantísimo sin lo cual no podía marcharse, nos fustigó con la pantomima de una<strong> aparición de la virgen e incluso amagó con prestarse a declarar ante la fiscalía</strong>. Resolví aquellas situaciones con una maestría condecorable, así que espero que el rey reinante lea estas columnas y me haga comendador de la Orden del Santo Sepulcro o algo así. En fin, llegada la hora nos apresuramos a montar la famosa comitiva real (ya saben, el Seat Ibiza, la C15 y los húsares en Vespino) y nos dirigimos al aeródromo privado de Madrid Barajas Adolfo Suárez La Parte Contratante De La Primera Parte. Mientras las azafatas subían las maletas de su majestad, el rey quiso despedirse de mí con su última jugarreta.</p><p>—Verás, Joaquín, es mi real deseo quedarme un poco más por aquí.</p><p>—Oh, excelente noticia, señor. Acabo de recibir una nota de la reina Letizia, que le encantaría que la acompañase a…</p><p>—Bueno, bueno, bueno, mejor no hacer esperar al piloto.</p><p>Subió al avión como si le quemase el suelo de la pista. Mientras recogían la escalerilla, agité mi pañuelo. Con lágrimas en los ojos, vi que me acababa de llegar la transferencia de Zarzuela.</p><p><em><strong>Au revoir</strong></em><strong>, majestad. Nos volveremos a encontrar</strong>.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[bca79f8b-ea47-4eb9-9148-0635934141e6]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Sep 2022 17:30:29 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/9beae328-ebfc-4cdb-bf95-60d1644c6943_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="784898" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/9beae328-ebfc-4cdb-bf95-60d1644c6943_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="784898" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La traca final]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/9beae328-ebfc-4cdb-bf95-60d1644c6943_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Juan Carlos I,Vacaciones con el emérito]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La barbacoa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/barbacoa_1_1306692.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/deb56c8a-a354-4ae1-8338-3b294791a2fd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La barbacoa"></p><p>Don Juan Carlos se zambulló en las procelosas aguas de la piscina de Villa Conchita, el coqueto chalé de Seseña que logramos alquilar con nuestro raquítico presupuesto. Su majestad pidió una cerveza con sombrillita e hizo que le <strong>trajeran un flotador de las tortugas ninja</strong>. Quería relajarse antes de que llegasen sus invitados: el rey iba a dar una barbacoa.</p><p>Al cabo de un rato, su majestad salió de la piscina y caminó, chorreante, hasta la parrilla. Retiró las rejillas y comenzó a amontonar carbón, leña de encina, palés viejos, periódicos y todo cuanto ardiese en cinco kilómetros a la redonda. "Este es el secreto de un buen asado, Joaquín". Mientras el emérito intentaba que aquella mastaba se mantuviese en pie, el agua que le bajaba por las pantorrillas había formado un charquito que yo me esforzaba en sortear. "Señor, creo que con tanto combustible tendrá que empezar a cocinar la semana que viene…". <strong>El rey soltó una carcajada mientras levantaba una garrafa de 50 litros de gasolina</strong>. "Más vale maña que fuerza".</p><p>Su majestad empapó el montículo y le lanzó una cerilla. La columna de fuego podía divisarse desde Burgos. Satisfecho, el rey pidió una sangría y se puso a remojo. Pasada media hora, con el fuego aún a dos metros de altura, el chambelán anunció la llegada de los primeros invitados. <strong>"Estábamos perdidos, pero hemos seguido el humo"</strong>. Su majestad se desternillaba. Los saludó con tanto énfasis que acabaron empapados. Poco a poco, el jardín se fue llenando de señores que tenían cara de ricos de toda la vida, gente que había cobrado su primera comisión el día de su comunión. Don Juan Carlos les disparaba con una pistola de agua y les reñía por no haberse traído el bañador. "El agua está buenísima", etcétera, etcétera.</p><p>Hay que reconocer que su majestad es un anfitrión extraordinario, siempre que cuente con la ayuda de dos cocineros, dieciocho camareros y un mayordomo. El propio rey había compuesto un menú que consistía en <strong>cerveza, choripán y pacharán</strong>. Con las llamas levantando un par de palmos, don Juan Carlos arrojó el chorizo inaugural, que comenzó a silbar amenazadoramente sobre el calor abrasador. A los pocos segundos, casi envuelto en fuego, el chef borbónico lo metió entre dos trozos de pan. Quemado por fuera, frío por dentro y chorreando grasa: bocatto di cardinale.</p><p>El rey se retiró de las brasas y ordenó a los cocineros que preparasen el embutido según aquellas sabias indicaciones. <strong>Bufando, se pusieron manos a la obra</strong>. A los pocos minutos, toda la concurrencia mordisqueaba el bocadillo intentando que no les goteara en los zapatos. Don Juan Carlos se entretenía repitiendo a las muchachas que comiesen, que estaban muy delgadas, y bailoteaba al ritmo del <em>Megamix Verano 99</em>.</p><p>A la tercera o cuarta ronda de choripanes, el pacharán se hizo imperativo. Empezaron a circular copas y vasitos, que la gente se empinaba con tal de lubricar el gaznate. Aquello fue la muerte de los modales y la hidalguía. Con el estómago lleno de sangre y la cabeza hasta las trancas de alcohol, <strong>el personal empezó a caerse al agua a medio vestir o a vomitar entre los setos</strong>. Cuando me iba, el rey pescaba, entre risotadas, varios zapatos que flotaban en el agua con el quitabichos.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[93cae3b8-a819-4427-91dc-9a944abcb4d2]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 31 Aug 2022 19:15:21 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/deb56c8a-a354-4ae1-8338-3b294791a2fd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1132541" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/deb56c8a-a354-4ae1-8338-3b294791a2fd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1132541" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La barbacoa]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/deb56c8a-a354-4ae1-8338-3b294791a2fd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Juan Carlos I,Vacaciones con el emérito]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una tarde de compras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/tarde-compras_1_1306684.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/122c705d-9b1d-4756-bd8a-8eab5a8e94df_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una tarde de compras"></p><p>A primera hora de la mañana llegó un motorista con una <em>misiva</em> para don Juan Carlos. El agilísimo jubilado se hizo con ella antes de que pudiese interceptarla; cuando llegué, la leía con fruición. "El marqués de Pocafrente me invita a una montería". <strong>Creo que no se le veía tan contento desde que consiguió colar </strong><em><strong>la inviolabilidad</strong></em><strong> en la Constitución</strong>. Servidor resoplaba, por el disgusto y por la carrera. El rey, peligrosamente animado, se levantó de la silla y me dio unas palmaditas en el hombro: "Joaquín, tienes que llevarme de compras: no tengo qué ponerme".</p><p>Escuché aquellas palabras como el preludio de una serie incontable de desgracias. Por supuesto, su majestad quería organizar un desfile triunfal que subiese por la Castellana hasta la calle Serrano, donde planeaba pasearse por las tiendas de la "milla de oro" al dulcísimo son de una ovación popular. Raudo, convoqué al gabinete de crisis en el cuarto de contadores: don Juan Carlos no podía cruzar el perímetro de la M30 costase lo que costase. Entre los generales del Estado Mayor, dos agrimensores y un primo segundo del electricista <strong>trazamos un osado plan de evasión</strong>.</p><p>Paso uno: montaríamos al rey en el Seat Ibiza de los domingos. Detrás, en la C15, los escoltas. Delante, dos húsares del regimiento de la princesa a lomos de un Vespino. Segundo: a los cinco minutos, el chófer pondría la radio. Sonaría una grabación en la que Carlos Herrera y Susanna Griso discutirían sobre el sobrevenido y gravísimo socavón producido en el centro de Madrid. Tercero: <strong>apremiaríamos al rey para cambiar de destino</strong>. La montería apremiaba y tenía que preparar su ajuar.</p><p>A los veinte minutos, nuestro coche se adentraba en el aparcamiento de un suntuoso centro comercial de la nobilísima villa de Alcobendas. Diseñadas por un interiorista borracho aficionado a las películas de Walt Disney, una veintena de galerías se desplegaban ante nosotros. Tiendas de libros, relojes, hamburguesas de baja calidad, telefonía, armas, plantas de interior, tacos de dudosa mexicanidad y carcasas para móviles ofrecían su mercancía bajo un cielo de molduras de escayola pintadas de color pastel. Su majestad oscilaba entre la incredulidad y el entusiasmo. <strong>Lo montamos en uno de esos carritos para obesos y nos lanzamos a la aventura</strong>. Don Juan Carlos se fue derecho a una tienda de golosinas y compró una bolsita llena de caramelos grandes como puños. Los chupaba con un brío admirable, haciendo un sonido parecido al de un chipirón fuera del agua. Luego puso rumbo a la armería, que hubiésemos dejado sin existencias si no se hubiese cruzado en nuestra ruta el centelleante neón de <em>Ortopedia Fermín</em>, probablemente el protésico más osado del último siglo. Bastones serigrafiados, bragueros con lentejuelas y los orinales más rocambolescos que la imaginación pueda concebir se disponían en unas repisas color esparadrapo. Era una visión asombrosa, una capilla sixtina geriátrica.</p><p>Los escoltas no daban abasto cargando bolsas. El emérito encabezaba la comitiva con una sonrisa de oreja a oreja. <strong>Felizmente, se había olvidado de los rifles, el chaleco acolchado y los cartuchos de escopeta</strong>. Subimos a los coches y emprendimos regreso. En el asiento del copiloto, tecleé rápidamente una excusa regia y la envié al frustrado marqués <em>cazagamos</em>. Los ciervos y los jabalíes estarán siempre en deuda con aquel audaz vendedor de plantillas y camas reclinables.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[419a40d0-dc7b-40e3-bb39-5ba92c3db8be]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Aug 2022 19:17:08 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/122c705d-9b1d-4756-bd8a-8eab5a8e94df_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1310683" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/122c705d-9b1d-4756-bd8a-8eab5a8e94df_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1310683" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Una tarde de compras]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/122c705d-9b1d-4756-bd8a-8eab5a8e94df_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Juan Carlos I,Vacaciones con el emérito]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Conspiraciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/conspiraciones_1_1306025.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/37c7976e-23f3-4205-9427-908412d03810_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Conspiraciones"></p><p>"¡Están entre nosotros!". Su majestad zarandeaba al mayordomo mientras repetía la cantinela. El servicio, atónito, huía por las rendijas. Cuando subí, el rey se ajustaba un capirote de papel de aluminio; una capa de malla metálica le cubría los hombros, llevaba unas cajas de pañuelos por zapatos y fumigaba a los presentes con un flusflús relleno de limonada. Era, según me dijo, para <strong>desenmascarar a los alienígenas camuflados</strong>. Aham.</p><p>Cuando se tranquilizó, me confesó que se había pasado la noche viendo<strong> vídeos de conspiranoia y que se los había creído todos</strong>. Temía que la Tierra estuviese hueca, que los hombres topo iniciasen una guerra contra los anunnaki que acabase con la vida humana y que la casa estuviese llena de micrófonos de la NSA. Le dije que no se preocupase, que me ocuparía de todo.</p><p>Se agazapó en un silloncito del patio y se entretuvo lanzando miradas furtivas al personal. "Yo sé quién es QAnon", murmuraba. Llamé a Zarzuela y tuvimos un destacamento del Centro Nacional de Inteligencia tocando a la puerta en menos de lo que se tarda en pronunciar <em>inviolabilidad</em>. Hice que se cuadrasen delante de su majestad y les ordené, pomposamente, que <strong>peinasen la casa en busca de criaturas del inframundo y micrófonos</strong>. El rey se paseó entre ellos, disparándoles con su nebulizador. Como ninguno comenzó a retorcerse ni a mudar la piel, se dio por contento.</p><p>Los espías se dispersaron en tromba y empezaron a arrastrar muebles y escrutar rodapiés. Tras varias horas, <strong>solo habían encontrado a Villarejo agazapado en la despensa</strong>. Les dije que no se preocupasen, que se colaba cada día disfrazado de panadero y que yo solía dejarlo pulular un cuarto de hora antes de sacarlo a escobazos. <strong>¿Marcianos? Ni rastro.</strong></p><p>Llevé a su majestad al comedor y le di una tacita de tila. "Joaquín", me decía, "ahora lo entiendo todo. Corinna es una reptiliana… ¡menuda lagarta!". "Claro, claro", le respondí procurando calmarlo: ingenuo de mí. Volví a mis quehaceres y acompañé al destacamento del CNI hasta la salida. No había terminado de echar el cerrojo cuando el ama de llaves bajó espantada. El rey se había tirado encima varios kilos de cubertería para comprobar que no se le quedaba adherida ninguna cucharilla de café. "El covid lo inventaron los chinos conchabados con Bergoglio, que es el falso profeta, el precursor del anticristo". La madre que nos parió a todos. Intenté convencer al emérito de que <strong>todo aquello no eran más que paparruchas</strong>, pero no hacía más que repetirme <em>verdades</em> absurdas. Quería ir a Roswell y pedía insistentemente a uno de sus secretarios que le trajese el número de teléfono de George Bush para preguntarle si aquello del <em>PizzaGate</em> iba en serio. "Letizia, ¡Letizia está en el ajo!". Ya estamos todos.</p><p>Me pasé la tarde intentando <strong>desmontar cada majadería que había visto en YouTube, pero no sirvió de mucho</strong>. A la hora de la cena no paró de repetir que quería contratar a un catador, que no se fiaba un pelo de las triquiñuelas del <em>estado profundo</em>. Ojalá alguien me hubiese dicho que a los reyes no se les puede mojar, ni alimentar después de medianoche, ni dejarles tener Telegram ni acceso a 4Chan.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[9a5ccd2d-fb1b-453b-af41-a7babba74a64]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Aug 2022 17:25:39 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/37c7976e-23f3-4205-9427-908412d03810_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="7174419" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/37c7976e-23f3-4205-9427-908412d03810_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="7174419" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Conspiraciones]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/37c7976e-23f3-4205-9427-908412d03810_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Juan Carlos I,Vacaciones con el emérito]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aventurillas nocturnas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/aventurillas-nocturnas_1_1304607.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b131eb68-2301-4a0a-811d-e6b3509365c2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aventurillas nocturnas"></p><p>Serían las tres de la mañana cuando me levanté buscando un vaso de agua. En la quietud de la casa, un parloteo bajaba desde el primer piso. Como no había ninguna luz encendida, ni se veía a nadie deambulando, <strong>cogí una sartén y emprendí, valeroso, la caza del intruso</strong>.</p><p>Sigilosamente, llegué al despachito del que provenía aquella farfolla. Pegué la oreja contra la puerta: "En esta noche tan familiar quiero compartir el orgullo y satisfacción que la reina y yo…". <strong>¡Miserables! ¡Roban a su majestad mientras se burlan de él!</strong> Delicadamente, giré el pomo con la mano izquierda; con la derecha, preparé el sartenazo justiciero. Pero en aquella estancia no había golfos apandadores, sino el mismísimo don Juan Carlos que, sonámbulo, ensayaba un discurso de navidad.</p><p>Desde aquella noche persigo al rey en sus aventurillas nocturnas. Me acuesto con un ojo abierto y al primer ruidillo brinco de la cama, me ajusto el batín y recorro el edificio con mis sigilosísimas babuchas. Hace unos días me lo encontré muy quieto, de perfil, balbuceando que <strong>no quería que le sacasen papada en las monedas de euro</strong>. A comienzos de mes nos desmanteló media casa cortando, entre ronquido y ronquido, todos los cables del edificio soñando que inauguraba autovías y embalses. Otra noche, arrancó las cortinas de toda una planta porque, supongo, estaba descubriendo placas conmemorativas.</p><p>No hay problemas siempre que sus sueños se mantengan en la <em>agenda institucional</em>. Las aficiones regias siempre han sido un tanto peliagudas y me preocupa que alguna noche lance a alguien por la borda del barco o se líe a tiros con los platos del patio. Verán. Ayer noche escuché ruidos en el aseo de la segunda planta. Al entrar, me encontré a su majestad balanceándose dentro de una bañera. "Arriad el cabo de mesana", decía, "jarcias adujadas, foques a la cornamusa". Me quedé un rato observando cómo giraba violentamente un timón imaginario: era enternecedor. Cuando estaba por irme, don Juan Carlos ordenó a la batería de babor disparar una andanada. ¡Caramba! No era una regata, sino una batalla naval. "Que los guardiamarinas batan la cubierta del enemigo. ¡Disparad el cañón de ocho libras!" Intenté averiguar si estábamos en Trafalgar, el Caribe o comandando la Armada invencible, pero el parloteo juancarlista no me daba pistas. El combate parecía furibundo y su majestad agitaba los brazos valerosamente, cepillándose enemigos con un sable onírico. Tras ordenar el abordaje, se quedó en silencio y muy quieto. Yo lo miraba ojiplático: solo me faltaban las palomitas. <strong>Entonces, saltando y levantando las manos, el rey gritó: "Goooooooooooooooooooool"</strong>.</p><p>Me giré sobre los talones y volví calladamente a mi habitación. "Pobre hombre", pensé, <strong>"tiene el subconsciente como un piso de estudiantes"</strong>.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[78947114-a5c2-473e-8102-0d37c2c18e36]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Aug 2022 19:23:40 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/b131eb68-2301-4a0a-811d-e6b3509365c2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="8450332" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/b131eb68-2301-4a0a-811d-e6b3509365c2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="8450332" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Aventurillas nocturnas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/b131eb68-2301-4a0a-811d-e6b3509365c2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Juan Carlos I,Vacaciones con el emérito]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adulación terapéutica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/adulacion-terapeutica_1_1303001.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/be676361-2b4f-43e0-ab6d-f891e5ecdb4a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Adulación terapéutica"></p><p>El chambelán bajó preocupado: de los aposentos del emérito salían penosos alaridos de autocompasión. "¡Lo he arruinado todo!", berreaba, <strong>"la Historia se burlará de mí</strong>". Intenté tranquilizar al servicio explicándoles que sería el ciclo lunar o la intromisión de la constelación de leo en la casa de acuario. <strong>Las chorradas astrológicas funcionan muy bien en la corte</strong>. Al tercer día, la situación era insoportable.</p><p>Entré en mi despacho (¿recuerdan ese cuartucho lleno de humedades donde tengo una caja de frutas dada la vuelta?) y telegrafié a palacio. "Progenitor lastimero STOP servicio soliviantado STOP ansiolíticos machacados en el café insuficientes STOP". Al rato llegaron unos pizpiretos pitiditos de respuesta. "Inicie el protocolo Good Bye Lenin STOP". ¡Cáspita! <strong>De repente, mi vida era una de esas películas de espías</strong> que cruzan el telón de acero. Fui a la caja fuerte, localicé el sobre de marras y rompí el sello. Un ujier, que me seguía preocupado, me preguntó ansioso: ¿qué dice?</p><p>***</p><p>Siguiendo puntillosamente las instrucciones, convocamos al coro de aduladores. <strong>La prudencia y la Audiencia Nacional me impiden revelar sus identidades</strong>. Varios locutores de radio, una presentadora de matinales rubia, toda la sección de opinión del diario <em>Abc</em>, seis o siete clérigos preconciliares, la plana mayor en la reserva de los ejércitos de tierra, mar y aire y todos esos tarados que se llaman a sí mismos <em>constitucionalistas</em> llegaron a la hora prevista, envueltos en unas túnicas largas con capucha. Con una agilidad insospechada, como si fuese algo que practicaban habitualmente, formaron un corro de la patata y comenzaron a girar lentamente. Pasados unos minutos, don Juan Carlos se asomó por la barandilla con cara de funeral. Seguía mascullando <strong>reproches contra sí mismo</strong> que, todo sea dicho, eran de lo más atinado.</p><p>Le colocamos una poltrona en el centro del círculo de encapuchados y, tan pronto se sentó, el personal inició una danza torpe y monótona que iba, poco a poco, aumentando la velocidad. Cuando se pusieron a tono, uno, que ejercía de corifeo, dio la voz de alerta: "¡<strong>Transición ejemplar</strong>!". Los encapuchados se enardecieron y empezaron a proferir gemidos de placer. Al instante, otro añadió: "Héroe del 23F". No se imaginan cómo se restregaban las manos por la cara, cómo aullaban de gusto. La comitiva aceleraba su rotación a medida que<strong> se jaleaban los triunfos del monarca</strong>. "Garante de la unidad del Estado", ¡uf!, "el mejor embajador", ¡aaah!, "pequeños errores personales que no ensombrecen su talla histórica", ¡oh, síiii!, "Semental dinástico", ¡más!</p><p>El aquelarre se sucedió durante varias horas. Los encapuchados bailaban, gritaban y se autoestimulaban a costa del régimen del 78, las Olimpiadas del 92, las inversiones extranjeras y los discursos de navidad. Poco a poco, <strong>los aduladores se fueron desmayando, no sé si por el gustirrinín o por el esfuerzo</strong>, y, de entre ellos, como un titán colosal y redivivo, emergió don Juan Carlos, con las mejillas rubicundas, los cuatro pelos de la cocorota erizados y el pecho henchido.</p><p>Corrí a telegrafiar a Zarzuela, no sin antes darme una de esas duchas que uno toma sentado, agarrándose las rodillas junto al pecho. <strong>"Emérito vigorizado STOP A ver quién lo aguanta ahora</strong> STOP Solicito refuerzos o presento la dimisión".</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[299b59c6-8e87-4810-afd9-654dbd8185fc]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Aug 2022 16:58:36 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/be676361-2b4f-43e0-ab6d-f891e5ecdb4a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1088589" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/be676361-2b4f-43e0-ab6d-f891e5ecdb4a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1088589" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Adulación terapéutica]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/be676361-2b4f-43e0-ab6d-f891e5ecdb4a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Vacaciones con el emérito,Juan Carlos I]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los bingueros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/bingueros_1_1301311.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7e2a7eef-ac8c-4841-8ae5-14971b511840_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los bingueros"></p><p>«¡Me aburro!». Su majestad rezongaba incasablemente. Para mi desgracia, todas sus apetencias incluían tumultos, pólvora o cabareteras. <strong>Ni una idea sensata se cruzaba por las meninges reales: en mala hora acepté este trabajo</strong>. Queriendo ahuyentar el recuerdo de Robespierre, salí a la terraza a fumarme un pitillo. Allí, frente a mis narices, un letrero de neón parpadeaba con la solución: Bingo Torrehermosa.</p><p>Le expliqué a su majestad que podría divertirse jugando y bebiendo. La idea le entusiasmó. «Iremos de incógnito». El CNI me había facilitado un<strong> kit de caracterización</strong>: un baúl lleno de bigotes adhesivos, zapatones, pelucas de colores y sombreros con brillantina. Conseguí encontrar una gorra oscura, unas gafas de esas que traen la nariz colgando y un fular de colores lisérgicos. <strong>No lo reconocería ni la madre que lo parió</strong>.</p><p>Bajamos hasta la calle y entramos en el establecimiento. El paisanaje era de lo más variado: ancianas con tufillo a ginebra, señores con braguero y jóvenes que hacían todo irónicamente. El mayordomo mayor y el capellán real acomodaron a su majestad en una mesa retirada y yo me acerqué a comprar unos cartones. Llegando a la mesa, <strong>el rey se divertía con uno de esos típicos rotuladores gordos intentando plantarle un lunar en la frente a uno de sus acompañantes</strong>. «No quiere ser Gandhi», me dijo. Sonriendo, le coloqué tres cartones por delante.</p><p>A los pocos minutos, un <em>speaker </em>gangoso dio comienzo a la ronda. El 27, el 34, etcétera.<strong> Su majestad no estaba en racha, pero se divertía</strong>. De cuando en cuando, alguno de nosotros le traía un platito de altramuces y alguna copichuela. Pasada una hora ocurrió la desgracia. El rey estaba a punto de cantar línea cuando una agilísima anciana se le adelantó. <strong>El emérito, contrariado, golpeó ruidosamente la mesa</strong>. Entonces (no me creerán, pero pasó tal como lo cuento), la jugadora se levantó de su mesa, cogió su andador y se plantó frente a nosotros. ¡Era la guerra! Don Juan Carlos la miraba con odio tras las gafas de plastiquete. La vieja, sosteniéndole la mirada, jugaba con la dentadura postiza.</p><p>No se ha visto una rivalidad igual desde Kárpov y Kaspárov. Los competidores tachaban violentamente los números, apuñalando los cartones con el marcador. <strong>«Desde el corazón del averno, te asesto esta daga»</strong>, masculló la señora. «Si fueras un elefante…», oí murmurar a su majestad.</p><p>Poco a poco, un pequeño corrillo de octogenarios se congregó alrededor de nuestra mesa. Se mascaba la tragedia y ninguno de los presentes podía hacer nada por remediarlo. «El 62, el 8, 56, 21…». Los números se amontonaban como los escalones de un patíbulo. En el boleto real quedaba un hueco, en el de su contrincante, dos. <strong>Don Juan Carlos acariciaba la victoria</strong> con la yema de los dedos cuando, de repente, la astuta binguera se ajustó las gafas bifocales y dijo con asombro: «Pero no será usted…». En ese momento grité «¡extracción!» y media docena de boinas verdes rompieron la claraboya lanzando gas lacrimógeno. Cuando el humo se disipó, no quedaba ni rastro del emérito. <strong>Fue una tarde animadísima, lástima que mandásemos a tanta gente al hospital</strong>.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[8de5940b-4946-401d-8378-d7030bdb2911]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Aug 2022 18:28:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/7e2a7eef-ac8c-4841-8ae5-14971b511840_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="682507" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/7e2a7eef-ac8c-4841-8ae5-14971b511840_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="682507" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los bingueros]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/7e2a7eef-ac8c-4841-8ae5-14971b511840_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Juan Carlos I,Vacaciones con el emérito,Monarquía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aficiones ocultas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/aficiones-ocultas_1_1300665.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b131eb68-2301-4a0a-811d-e6b3509365c2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aficiones ocultas"></p><p>"Es <em>leviosa</em>, ¡no <em>leviosá</em>!". Don Juan Carlos correteaba por el primer piso varita en ristre, agitando una capa. El servicio no daba crédito: <strong>el monarca, con unas gafas redondas y un rayito en la frente, les lanzaba conjuros impronunciables</strong>. <em>¡Expelliarmus! ¡Alohomora! ¡Simsalabim!</em></p><p>Los servicios de inteligencia han gastado cientos de millones y la vida de algunos de sus mejores agentes en <strong>ocultar esta extravagante afición real</strong>. A mediados de los setenta, Torcuato Fernández Miranda reunió en el Pardo a los padres de la Constitución: tenían que tratar las querencias de don Juan Carlos. La Institución de Opinión Pública había hecho sus investigaciones:<strong> el pueblo soportaría el latrocinio o el adulterio, pero no tragaría a un rey que se disfraza de elfo</strong>. Desde entonces, los escarceos reales con los enanos de la Tierra Media han sido secreto de Estado.</p><p>Don Juan Carlos posee <strong>una de las mejores colecciones de </strong><em><strong>cosplays</strong></em> (que es como la gente que se disfraza llama a sus disfraces para darse importancia) del occidente cristiano. Compró, usando fondos reservados, todo el vestuario de las películas del <em>Señor de los Anillos</em> y consiguió que los mismos sastres que trabajaron en las adaptaciones cinematográficas de <em>Harry Potter</em> le hiciesen trajecitos a su medida. Para satisfacer este <em>hobby</em>, la Casa Real tuvo que forjar <strong>una trama de testaferros, abogados sin escrúpulo y hombres de paja</strong> que hiciesen las compras desviando la atención del usuario final. Desde finales de los ochenta, la mitad del ala privada de Zarzuela estuvo destinada a albergar la colección real de Warhammer y los escenarios en los que su majestad jugaba con sus amigotes (calvos con coleta, en su mayoría). Los españoles creen que las infidelidades distanciaron el matrimonio real, pero si doña Sofía se instaló en una planta separada de palacio fue porque<strong> no soportaba ver a su marido haciendo como que luchaba contra los orcos de Mordor</strong>. Luego, a finales de los noventa, la colección de funkos dio la puntilla a la relación.</p><p>En fin, que allí estaba él, lanzando encantamientos a diestro y siniestro y enfadándose porque el mayordomo no se hacía el petrificado. Decidí intervenir para que la cosa no fuera a mayores. Me embutí en un hábito de la orden de Malta que estaba colgado en el zaguán y me petreché con un palillo chino que había sobrado de la cena. Subí ominosamente las escaleras y encaré al joven mago senil. Dijo algo y agitó su varita contra mí. Yo, haciendo un aspaviento y sin decir una palabra, fingí desviar su conjuro. Volvió a intentarlo y repetí la treta. Entonces, abriendo muchísimo los ojos, don Juan Carlos dijo: <strong>"Oh, no, eres Merlín, el más grande de todos los hechiceros. ¡Frenas mis encantamiento sin ningún esfuerzo!"</strong>. Engolé la voz y asentí solemnemente. El emérito huyó como alma que lleva el diablo. Yo le seguía caminando con gravedad, que es como imagino se mueve un nigromante poderosísimo. "¡Plus ultra!", vociferaba agitando el palito. "In dubio pro reo, totum revolutum, ecce homo, ¡carpe diem!".</p><p>Su majestad se había encerrado en su dormitorio y, desde el otro lado de la puerta, se le oía decir: "No puedes atravesar los mágicos dinteles de esta alcoba, un poderoso maleficio los defiende". Dije otro porrón de latinajos hasta darme por vencido.</p><p>Uno de los funcionarios de palacio me miraba maravillado. Me quité el sayo y se lo puse sobre los brazos. "Hágame el favor de colgarlo o lo convierto en sapo".</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[d732d894-a0c1-4604-a1af-85967a441741]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Aug 2022 17:33:59 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/b131eb68-2301-4a0a-811d-e6b3509365c2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="8450332" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/b131eb68-2301-4a0a-811d-e6b3509365c2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="8450332" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Aficiones ocultas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/b131eb68-2301-4a0a-811d-e6b3509365c2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Juan Carlos I,Vacaciones con el emérito,Monarquía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Católica, pija y sentimental]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/catolica-pija-sentimental_1_1298471.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8772e0bc-6c20-4268-8a61-6fc016587750_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Católica, pija y sentimental"></p><p>Cuando don Juan Carlos aceptó pasar la tarde con una joven rica y soltera, <strong>no esperaba encontrarse con Tamara Falcó</strong>. El monarca se había engalanado con el seductor modelito que conquistó a <strong>Corinna</strong>: gorra beige, camisa celeste a cuadros, bañador amarillo fosforito y mocasines marrones de ante. Con una barbacoa por delante hubiese estado arrebatador. La marquesa de Griñón se había vestido con el salario semestral de tres familias de inmigrantes. Se reunieron en una de las fincas recién heredadas por la muchacha: un paraje bucólico entre olivares y viñedos donde nadie puede oír tus gritos.</p><p>Al ver las peludas piernas del venerable monarca asomar por la puerta del coche, Falcó se acercó corriendo a hacer la reverencia preceptiva. No encuentro palabras para describir la cara de pasmo que pusieron ambos, pero, como nobleza obliga, <strong>la intrépida </strong><em><strong>influencer</strong></em><strong> agasajó al rey con esa verborrea nasal tan propia de los pijos</strong>; Don Juan Carlos boqueaba como una sardina recién pescada. </p><p>Cuando volvió en sí, Tamara le ofrecía un pareo para taparse las rodillas y un cuenquito con agua bendita. Pretendía meterlo en una capilla: el emérito no daba crédito. "Señoooor, en casaaa rezamos muuuchooo por sus majestadeees". Aham. "Así que he pensadooo que le gustaríaaa participar en la <em>macrofiestaaa</em> (¡un brillo de ilusión cruzó las pupilas del monarca!) del rosario" (y se estrelló contra el muro de la beatería).</p><p>El rey se había sentado en uno de esos mortificantes bancos de iglesia y recordó con espanto que había dejado la muleta apoyada junto a la puerta. ¡Estaba perdido! Después de tropecientos avemarías y sus respectivos padrenuestros, la joven ayudó al soberano a ponerse en pie. <strong>Sonó como una armadura oxidada cayéndose por las escaleras.</strong> Había organizado una cena con mamá, Mario y unos amigos <em>súper ideales de la muerte</em>. Bajaron al comedor principal y un ejército de mojamas esperaba alrededor de una gran mesa. Contando rápido, me pareció sumar al menos setecientos años entre la concurrencia. Era como estar dentro de una <em>vanitas</em>, uno de esos cuadros barrocos con flores marchitas y calaveras.</p><p>Tan pronto sacaron el vino, don Juan Carlos abrevó como si lo fuesen a prohibir. Aún llevaba el pareo atado a la cintura, así que no había dignidad que mantener. Vargas Llosa agasajaba insistentemente al invitado con uno de sus famosos discursos de los riesgos de la democracia. <strong>"El pueblo, como sabe su majestad, no sabe lo que el conviene"</strong>. No sé si don Juan Carlos asentía o simplemente cabeceaba. Hacia los postres, Isabel relató las innumerables similitudes entre su hija y el Borbón jubilado. "Los dos han conseguido todo lo que tienen por su esfuerzo personal". Una sonora carcajada estalló entre el servicio. La reunión de <strong>fósiles </strong>se miró espantada. Fue un momento hermoso.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[e01757d0-8833-441a-b59e-d0bdaf4d628d]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Aug 2022 17:57:43 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/8772e0bc-6c20-4268-8a61-6fc016587750_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1526125" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/8772e0bc-6c20-4268-8a61-6fc016587750_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1526125" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Católica, pija y sentimental]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/8772e0bc-6c20-4268-8a61-6fc016587750_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Juan Carlos I,Monarquía,España,Vacaciones con el emérito]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Blanca Navidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/blanca-navidad_1_1298470.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7441148f-e007-4271-902c-7fc902e9e0bf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Blanca Navidad"></p><p>"Telegrama de palacio".<strong> </strong>Estaba sentado en mi despacho (un cuarto escobero donde he colocado una mesa plegable y una caja de frutas dada la vuelta) cuando un escudero me trajo un papelote. "Gracias", dije, mientras el chaval se giraba con solemnidad. Rasgué el sobrecillo y leí con estupor. "Nos ha llegado información preocupante STOP <strong>Mi padre quiere volver en Navidad</strong> STOP Intención intolerable STOP Evítelo a toda costa STOP".</p><p>Lo que faltaba: no habíamos terminado con unas vacaciones y me estaban empantanando con las próximas. "Debo ser el primer idiota del que se aprovecha la Corona", me dije, mientras echaba humo por las orejas. Para colmo de desdichas, la bombilla del cuchitril empezó a tintinear. "Eso es", me dije aliviado. "<strong>¡Luces!"</strong></p><p>Llamé al intendente y en un par de horas toda la maquinaria palaciega estaba en marcha.<strong> ¿Su majestad quería espíritu navideño? Le daríamos dos tazas. </strong>Al día siguiente, mientras don Juan Carlos migaba unos sobaos en el café con leche, el mayordomo mayor anunció la agenda real: viaje a Vigo. Al emérito le salieron percebes en la mirada. Había mordido el anzuelo: la famosa afición a la gota de los monarcas españoles jugaba a mi favor.</p><p>Tras unas horas de coche llegamos a destino. En la entrada de la ciudad nos esperaba una simpática comitiva, presidida por el alcalde de la villa. Mientras don Juan Carlos bajaba del coche, un coro de niños se arrancó con el <em>Adestes fideles</em>. 10 de agosto, cuatro de la tarde. La bienvenida noqueó al monarca. Antes de que le diese tiempo a reaccionar, Abel Caballero lo agarraba por los brazos y lo aturullaba con su verborrea. </p><p>Cuando quiso darse cuenta, don Juan Carlos estaba montado en un trenecito y, rodeado de elfos con cascabeles, cruzaba lentamente una avenida decorada por el discípulo más hortera de Tim Burton. Esa <strong>espantosa versión navideña de Las Vegas</strong> sobrecogió al monarca, que hacía señas a su séquito para que lo sacasen de allí. En un pispás, el <em>munícipe por antonomasia</em> nos había colocado delante un belén viviente. A San José le bajaban chorros de sudor por la frente. A la virgen santísima estaba a punto de darle una lipotimia. El canto de las chicharras acompañaba los villancicos.</p><p>Abel Caballero, que no había cerrado el pico ni un solo instante, retenía al emérito con todas sus fuerzas. <strong>Le prometía tallar un seto con su imagen en la rotonda más concurrida de la ciudad</strong>. A los pocos minutos, se acercó un ordenanza con un interruptor de esos de tebeo: una palanca herrumbrosa que podría resucitar a Frankenstein. "Majestad, le vamos a encender las luces". Empleados del ayuntamiento nos repartieron gafas de soldador y, vista desde fuera, la estampa tenía que parecerse a la de una prueba nuclear. </p><p>Accionó aquella manivela y <em>¡floas!</em>, un resplandor cegador galvanizó nuestras retinas. "Las luces de navidad de Vigo se ven desde el espacio", decía el alcalde, satisfecho. Hacía 38 grados a la sombra y sonaba <em>Jingle bells</em> a todo trapo. Don Juan Carlos me miraba horrorizado cuando estuvo a punto de caerse: algún temerario le había cambiado la muleta por un bastón de caramelo.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[e2367442-b34e-40ac-8d13-d6ff7a7f5a1d]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Aug 2022 19:09:33 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/7441148f-e007-4271-902c-7fc902e9e0bf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="424392" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/7441148f-e007-4271-902c-7fc902e9e0bf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="424392" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Blanca Navidad]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/7441148f-e007-4271-902c-7fc902e9e0bf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Juan Carlos I,Casa del Rey,Vacaciones con el emérito,Monarquía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómicos de la legua]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/comicos-legua_1_1297309.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/70eec8b4-122d-4744-a1aa-5f207da28207_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómicos de la legua"></p><p>Metido en un <strong>Seat León</strong>, don Juan Carlos atraviesa España. A primera hora ha abandonado su particular <em>villa Giralda</em>: el primoroso motel Doña Dolores, en el kilómetro 86 de la Nacional Cuarta. ¿Destino? La famosa paella de <em>chez</em> Arévalo. El humorista ha reunido a la cuadrilla: Bertín el bravo, el más feo de los hermanos Rivera Ordóñez, dos o tres camisas viejas, Joaquín el del Betis (que cuenta unos chistes buenísimos), el rubio de Cruz y Raya y un volquete de jamelgas para alegrar la vista.</p><p><strong>Su majestad parece entusiasmado</strong>. Charla animadamente con la infanta Elena, que pregunta si la paella es eso que se hace con arroz. Nos acercamos al chalé y vemos que el simpático humorista ha izado el pabellón real en señal de bienvenida. Don Juan Carlos se siente en casa. La infanta, llevándome aparte y señalando el banderón, me pregunta cómo hemos llegado a Canadá por carretera.</p><p>En la finca, todo es alegría y camisas a medio abotonar. El anfitrión sale a saludar ataviado con uno de esos delantales que tienen dibujado un cuerpo apolíneo. ¡Festival del humor! Don Juan Carlos lo abraza y la cabeza del cómico se espachurra contra el ombligo real. Problemillas con la escala. Se desata una<strong> orgía de colesterol en el villorrio valenciano</strong>: morcillas fritas, jamón a diestro y siniestro, huevos fritos y longanizas de todo pelaje. Bertín ha traído picos, salmorejo y latas de atún etiquetadas con su cara. Cada cinco minutos, el showman repite: "Esto no se lo dan a usted en los emiratos, ¿eh?". Todos ríen. Lo que es gracioso una vez, puede serlo cincuenta y siete. En ocasiones alternas, el diestro convidado afirma con solemnidad: "Como en España no se come en ningún lado".</p><p>Por fin salió el cocinero pequeñín con un paellón gigante. Todos alaban su maestría en el fogón y se sorprenden de que no se haya quemado las cejas. Mientras sirven el almuerzo, la infanta pide una ración pequeña, porque no le entusiasman las lentejas. Corre el jerez y el patriotismo. Bertín se ha acercado a la gramola y ha puesto una de sus inmortales baladas, para regocijo de la audiencia. "Buenas noches, señora, buenas noches señoraaa…". Los heroicos comensales <strong>ponen al emérito al tanto de las fechorías bolcheviques </strong>que asolan el reino desde que el valedor de todas las libertades abandonase la patria. "Ahora los piropos son machistas", se queja Juan Muñoz con los ojos brillantitos. Don Juan Carlos menea la cabeza con preocupación. "Uno no puede hacerse fotos con banderas fascistas sin que lo llamen fascista", puntualiza el torero. Usa la misma palabra dos veces en la frase porque es un gran orador. "Entonces", pregunta el rey, "¿qué ha pasado con los chistes de maricas y gangosos?".</p><p>Una pena hondísima se apoderó de la concurrencia. Se hizo el silencio y todos vieron como una lágrima bajaba por la horrenda perilla de Arévalo. En este momento, su majestad golpeó la mesa y dijo con voz profunda: "¡No mientras viva!". En la otra punta de la mesa, Joaquín pega un brinco: "Dicen que iba un bujarrón tartamudo…".</p><p>Durante horas, se suceden los<strong> chascarrillos más denigrantes</strong> que han visto los siglos. Haría falta un Núremberg del humor para aclarar las responsabilidades de lo que se dijo allí. Todos reían como posesos y a alguno se le escapó el gintonic por las narices. En ese momento, me dispuse a hacer mutis. Mientras caminaba hacia la salida, escuché que alguien decía: "Con Franco teníamos más libertad".</p><p>La madre que los parió.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[6ec1086a-628f-45fd-8ed2-3ace8c456810]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Aug 2022 18:42:12 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/70eec8b4-122d-4744-a1aa-5f207da28207_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2784372" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/70eec8b4-122d-4744-a1aa-5f207da28207_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2784372" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cómicos de la legua]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/70eec8b4-122d-4744-a1aa-5f207da28207_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Vacaciones con el emérito,Juan Carlos I,Monarquía,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tiro al blanco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/vacaciones-emerito-juan-carlos-i-casa-real-borbones-familia-real_1_1294283.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c0dd6592-c017-40ef-b183-bf3301542bfb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tiro al blanco"></p><p>Su majestad se levantó rumboso: "Quiero disparar a algo". Raudo llamé a Zarzuela. "Ni hablar". Pues ya estamos todos. <strong>Mientras controlaba el impulso de cometer regicidio por partida doble, se me encendió la bombilla</strong>.</p><p>–Señor, deje de berrear y baje, ya está todo organizado.</p><p>Lo subí al coche y di al chófer la dirección: <strong>Paintball Las Rozas</strong>. Tan pronto vio los carteles, don Juan Carlos torció el gesto. Que qué era aquel despropósito, <em>blablablá</em>, etcétera, etcétera. Le miré fijamente y dije, agravando la voz: "Sire, los cotos de caza están incendiados y, salvo que quiera carbonizarse, es imposible. Pero aquí puede disparar a personas". <strong>Inmediatamente, una sonrisa infantil se dibujó en el borbónico rostro</strong>.</p><p>De mejor humor, se bajó trabajosamente del vehículo. Le introdujimos discretamente en los cambiadores y, entre varios, le colocamos el mono de camuflaje, el chaleco y el casco. Una vez uniformado, era imposible distinguirle de cualquier otro jubilado aficionado a la ortopedia. Nos cambiamos nosotros (el caballerizo mayor, el sumiller de corps, dos gentileshombres y yo) y fuimos al arsenal.<strong> Allí, don Juan Carlos, con fuerzas renovadas, nos arengó valerosamente y nos aconsejó disparar cerca y a la cara. "Es", dijo, "la tradición familiar"</strong>.</p><p>Entonces ocurrió algo prodigioso. Tan pronto salió al campo de batalla, a su majestad se le olvidó la cadera positrónica, la rodilla de hojalata y el triple baipás. <strong>Una fortaleza campechana parecía apropiarse de él y otorgarle unas habilidades hasta entonces desconocidas</strong>. Rodaba por el suelo, saltaba como un gamo, reptaba y disparaba sin perder el resuello. Sus acompañantes nos miramos desconcertados, pero él nos reclamó inmediatamente: "¡una vez más a la brecha!".</p><p>La pintura se desparramaba por el cuerpo inerte de sus adversarios. <strong>Unos lloraban, otros huían, pero todo era inútil ante la furia emérita. "¡Traedme más!", gritaba</strong>. Volvimos a las posiciones de salida y nos miramos con preocupación. ¿Y si le daba un <em>parraque</em>? Uno de sus oficiales se acercó e intentó, calmadamente, pedir al rey que se lo tomase con calma. Pero él, ebrio de violencia, cogió una granada de su cinturón y amenazó con metérsela en la boca si volvía a decir alguna estupidez parecida.</p><p>Entró un nuevo batallón de jugadores y cuando quise darme cuenta ya había perdido de vista al soberano. <strong>Como por arte de magia, había conseguido flanquearlos y, mientras nosotros disparábamos de frente, él los acribillaba por la espalda</strong>.</p><p>"Un elefante, ¡ahora un elefante!". Los gestores del asunto nos dijeron que debíamos descansar media hora. El rey entró en la sala de avituallamiento y súbitamente comenzó a cojear. Solo el ardor militar y la humillación de sus enemigos le retornaban las fuerzas de su juventud. <strong>"¿Sabéis a quién le hubiese encantado esto? ¡A Franco!"</strong>. Un silencio pudoroso se hizo en la sala. Él, riéndose groseramente, me miró diciéndome: "Tú, gordo, si quieres el marquesado más te vale disparar más rápido". Le miré furiosamente por encima de las gafas y a punto estuve de quitar el seguro de la pistolita. Uno de los acompañantes me sujetó el brazo y dijo "oh, vaya, los siguiente son niños de escuela".</p><p>Don Juan Carlos brincó como si tuviese un resorte en las posaderas. <strong>"Estupendo", bramó, "¡como en los viejos tiempos!"</strong>.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[59788f83-a54f-4ae6-9e2b-a7c9857f4c98]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Aug 2022 16:01:23 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/c0dd6592-c017-40ef-b183-bf3301542bfb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="87642" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/c0dd6592-c017-40ef-b183-bf3301542bfb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="87642" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Tiro al blanco]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/c0dd6592-c017-40ef-b183-bf3301542bfb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Vacaciones con el emérito,Juan Carlos I,España,Monarquía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un tierno reencuentro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/tierno-reencuentro_1_1294275.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cf1137e2-3bb3-4c58-a538-03f6e456ff14_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un tierno reencuentro"></p><p>"Tienes que contarme lo de ese tiroteo, Froilán". La reunión familiar iba como la seda. Don Juan Carlos compartía batallitas con su nieto favorito. <strong>"Desde que me pegué el tiro en el pie, pito siempre en el control de los aeropuertos"</strong>. Su majestad se mondaba de la risa mientras se señalaba, socarronamente, la cadera protésica. La infanta Elena sonreía y asentía, como si los entendiese.</p><p>Día estupendo en el club de campo. Habíamos conseguido citar a buena parte de la familia y a un puñado de viejos amigos. Para evitar calamidades, se habían apostado entre los pinos un batallón de enfermeros armados con las reservas nacionales de Sintrom y un comando de geriatras. <strong>Mientras vigilaba que Mario Conde no robase la cubertería, hizo su aparición Victoria Federica a lomos de un rinoceronte</strong>. La envolvía un nubarrón de fotógrafos y media docena de expertos en Photoshop fichados por la NASA. Tras ella, el chambelán (un estudiante de arte dramático al que le compré una gorguera en Disfraces Paco) fue anunciando la llegada de una procesión de fantasmas de las navidades pasadas: presidentes del Gobierno, expresidiarios de todo pelaje, periodistas de voz engolada y demás pelotas del reino.</p><p><strong>El emérito estaba en su salsa: pestazo a Brummel, chistes verdes y jamón pagado con el dinero del contribuyente</strong>. Todos comentaban la tremenda injusticia que se estaba cometiendo con el <em>timonel de la transición</em>. Los lamentos eran tan unánimes que pudieron oírse hasta en las provincias colindantes. Al terminar los aperitivos, Fernando Ónega se rajó la camisa y enseñó a todos el retrato de don Juan Carlos que se había tatuado entre las tetillas. Un par de marquesas se desmayaron, pero Rouco Varela aplaudió entusiasmado.</p><p>Se sirvió un menú españolísimo y cristiano: carrilleras en salsa, toda clase de embutidos de cerdo, queso manchego, vino de Rioja, patatas con huevo al estilo Lucio, cogote de merluza y gambas con gabardina (que es lo único que come la infanta Elena). Al final, Raúl del Pozo pronunció un elogio de los valores tradicionales y <strong>Alfonso Ussía dijo unas cosas horribles sobre los rojos. Felipe González vitoreó enardecido</strong>.</p><p>En ese momento, el chambelán anunció la llegada de doña Sofía. La sorpresa fue mayúscula. <strong>"¡Una gran profesional!", gritó Peñafiel, interrumpiendo por un momento su proceso de momificación</strong>. Por la esquina apareció una mujer embutida en un traje de liquidador de Chernóbil. "Su majestad tiene COVID, pero aun así no ha querido perderse esta extraordinaria reunión". Saludó, se giró y se fue. (¿Puede que le pagase cincuenta euros al <em>winidepú</em> de la puerta del Sol para que se cambiase el traje? ¡No se sabe!).</p><p>Tras el coñac y el puro, don Juan Carlos quiso soltar una vaquilla. Le advertí que aquello podría terminar en escabechina pero él, girándose a la concurrencia, preguntó: <strong>"¿Es que somos mariquitas o qué?"</strong>.</p><p>Sus compinches lo jalearon fanáticamente. Encontré uno de esos cuernos con ruedas con los que entrenan los toreros y lo saqué al jardín. <strong>Carlos Herrera lo empuñó brioso y comenzó a perseguir a Rajoy, que puso pies en polvorosa andando raro</strong>. Pasadas unas horas, Pilar Urbano quiso sacar la ouija para hablar con Adolfo Suárez. En ese momento, educadamente, decidí retirarme.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[bafc8bc6-dea3-4b4d-8a92-52714c510a0d]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Aug 2022 19:14:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/cf1137e2-3bb3-4c58-a538-03f6e456ff14_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1811340" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/cf1137e2-3bb3-4c58-a538-03f6e456ff14_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1811340" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Un tierno reencuentro]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/cf1137e2-3bb3-4c58-a538-03f6e456ff14_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Vacaciones con el emérito,Juan Carlos I,España,Monarquía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Le ruego discreción"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/vacaciones-emerito-juan-carlos-i_1_1293688.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a79e683d-679d-46f6-9536-1a972a6c4a28_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=""Le ruego discreción""></p><p>–Majestad…, ¡majestad! Hemos llegado.</p><p>Don Juan Carlos abrió los ojos y contempló la indescriptible belleza del pantano de la Serena.</p><p>–Mira, no sé yo.</p><p>–Señor, desde que vuestra majestad marchó a Abu Dabi, las cosas han cambiado mucho por aquí. <strong>Ibiza y Marbella </strong>dejaron de ser <em>chic</em>; ahora, la <em><strong>jet set</strong></em><strong> </strong>se va de<strong> pantanos</strong>. Créame, la costa está insoportable con tanto populacho, pero esto… ¡mire qué despejadito!</p><p>El emérito asomó la cabeza por la ventanilla y vio a media Diputación de la Grandeza en chanclas y bermudas: <strong>el duque de Alba s</strong>e ajustaba una gorra de la <strong>Caja Rural, </strong>media docena de<strong> Hohenlohes</strong> jugaban con un<strong> balón de Nivea</strong> y el conde de <strong>Salvatierra </strong>churruscaba unas chistorras en una de esas barbacoas endebles. Al reconocer al jubilado, todos comenzaron a vitorear.</p><p>Mientras sucedía el <strong>sainete</strong>, en mi cabeza resonaba aquella reunión unos días antes en  Zarzuela:</p><p>–Mi padre está empeñado en regresar a España durante las vacaciones y <a href="https://www.infolibre.es/politica/frente-hacienda-presion-casa-real-moncloa-frenan-espectaculo-emerito-sanxenxo_1_1253859.html" target="_blank" >lo de Sanxenxo no puede repetirse</a>.</p><p>–Lo entiendo majestad, pero…</p><p>–Tiene que mantenerlo entretenido lejos de la prensa. Es de vital importancia. Le ruego la mayor de las discreciones.</p><p>–Ya, pero es que…</p><p>–Por favor, es nuestra única esperanza. No hemos reparado en gastos: aquí tiene treinta cheques comedor, las llaves de una Citroën C15, el teléfono de un funcionario que trabaja a media jornada y dos carnés de alberguistas. <strong>¡El destino de la corona está en sus manos!</strong></p><p>***</p><p>Cuando me quise dar cuenta, don Juan Carlos se había lanzado al agua pertrechado con unos <strong>manguitos rojigualdas</strong>. Allí, se entretenía mojando el cardado a unas señoras que, por las pintas, habrían conocido a Fernando el Católico en sus tiempos mozos. "Mirad, ¡la cosa del pantano!", voceaba.</p><p>Aliviado, me senté en una silla plegable y cogí una de esas repugnantes <strong>cervezas </strong>con limón de la neverita de algún marqués que pasaba por allí. Estaba sorprendido con la convocatoria. Me figuré que <strong>Casa Real</strong> debía de haberlos amenazado con requisarles el título. Al cabo de media hora, vi acercarse al <strong>rey</strong>, zampándose un bocadillo de filetes empanados.</p><p>–¿Lo pasa bien, señor?</p><p>–Son unos <strong>cachondos </strong>–dijo, con una carcajada– pero, ¿es que no vamos a regatear o qué?</p><p>–Está todo previsto. Mire.</p><p>Señalé dos <strong>hidropedales </strong>fastuosos, uno rojo Ferrari y el otro blanco inmaculado. Don Juan Carlos gritó: "¡Para mí el del <strong>tobogán</strong>!". Agarró por el brazo a dos <em>ricoshombres </em>que me miraron con consternación y los arrastró hasta las barcazas.</p><p>–¡No se olvide el <strong>protector </strong>solar!, grité, mientras se alejaba.</p><p>Volví a sentarme y escribí un SMS a Zarzuela: <strong>"progenitor neutralizado"</strong>. Pasados unos segundos, recibí contestación: tres pulgares hacia arriba.</p><p>Su majestad surcaba el embalse con gallardía. Perseguía al otro bote que, espantado, huía del intento de abordaje. "Esta noche <strong>dormirá como un bendito</strong>", me dije. Unos metros más allá, unos condes empujaban a otro al agua. "Esperad, esperad", protestaba el desdichado, "¡que se me moja el <strong>toisón</strong>!". Abrí una latita de aceitunas con anchoas y recliné la <strong>tumbona </strong>con la satisfacción del deber cumplido.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[287a48eb-8cff-4716-a28c-49eb8d9e0ce9]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Aug 2022 20:56:07 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/a79e683d-679d-46f6-9536-1a972a6c4a28_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1772639" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/a79e683d-679d-46f6-9536-1a972a6c4a28_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1772639" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["Le ruego discreción"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/a79e683d-679d-46f6-9536-1a972a6c4a28_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Juan Carlos I,España,Abu Dhabi,La Zarzuela,Vacaciones con el emérito]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
