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    <title><![CDATA[infoLibre - El clima supera a la ficción]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/el-clima-supera-a-la-ficcion/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - El clima supera a la ficción]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Coches, combustibles fósiles y cambio climático: un cóctel explosivo para una dana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/montanas-coches-calles-claves-desastre-combustibles-fosiles-crisis-climatica_1_1889939.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7fe0735c-c45f-4ce9-aee1-9266d48e4d81_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Coches, combustibles fósiles y cambio climático: un cóctel explosivo para una dana"></p><p>Han muerto ya al menos noventa y cinco personas en las violentas inundaciones que asolaron la Comunitat Valenciana la noche del 29 de octubre. La cifra de muertos es provisional. Estas lluvias torrenciales han sido las peores en el país desde 1996.</p><p>En Francia <a href="https://www.mediapart.fr/journal/ecologie/181024/inondations-la-realite-climatique-rattrape-l-inaction-du-gouvernement" target="_blank">también han sido devastados</a> territorios enteros en las últimas semanas por crecidas sin precedentes. Mientras que las olas de calor y las terribles inundaciones <a href="https://www.mediapart.fr/journal/ecologie/310524/les-habitants-des-pays-du-sud-subissent-de-plein-fouet-l-intensification-du-chaos-climatique" target="_blank">sacudieron</a> a los habitantes de los países del hemisferio sur en la primavera de 2024, <strong>estos fenómenos climáticos extremos más cercanos ponen trágicamente de relieve</strong> lo que <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/090821/rapport-du-giec-le-changement-climatique-s-aggrave" target="_blank">el último informe del IPCC</a> subrayaba ya hace tres años: <strong>ni una sola región del planeta se libra hoy del caos climático.</strong></p><p>Frente a estas tragedias, y desde hace algunos años, suena una música de fondo en la opinión pública, en los círculos diplomáticos y en los ministerios responsables de la ecología de los países industrializados: frente a estos cataclismos crecientes, sin duda<strong> hay que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, pero también hay que adaptarse</strong>.</p><p>El pasado 25 de octubre, Agnès Pannier-Runacher, ministra francesa de Transición Ecológica, <a href="https://www.mediapart.fr/journal/ecologie/251024/france-4-c-le-gouvernement-lance-un-plan-bien-intentionne-mais-avec-peu-de-contraintes" target="_blank">anunció</a> un plan nacional de adaptación al cambio climático para preparar a Francia a un aumento de 4 ºC de aquí a finales de siglo. La próxima Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP29), que se celebrará en Azerbaiyán del 11 al 22 de noviembre, incluirá toda una ronda de negociaciones sobre la adaptación y su financiación a escala internacional. Además,<strong> el IPCC ha decidido que su próximo ciclo de trabajo, previsto para 2029, se centrará en la adaptación al calentamiento global.</strong></p><p>Pero es evidente que, a la vista de las terribles catástrofes provocadas por los trastornos climáticos en un mundo que ya se acerca a un incremento de 1,2ºC, <strong>cada vez parece menos realista que nos podamos adaptar a un planeta de 4ºC más</strong>.</p><p>En un escenario de calentamiento de +4°C, las lluvias decenales –acontecimientos que actualmente tienen una probabilidad entre diez de producirse cada año– ocurrirán casi <a href="//about:blank" target="_blank">tres veces más a menudo</a>, según el IPCC. Y el organismo de la ONU estima que <strong>la intensidad de esas precipitaciones extremas aumentará un 7% por cada grado de aumento de la temperatura</strong>. Un infierno diluviano en la Tierra.</p><p>Así pues, aunque es necesario adaptar nuestros territorios al calentamiento global, es aún más <strong>urgente reducir drásticamente nuestras emisiones</strong> para limitar el cambio climático a +1,5°C, tal y como prevé el Acuerdo de París sobre el Clima de 2015.</p><p>Además, para no quedar atrapados por las anteojeras políticas que pueden resultar de los discursos centrados únicamente en la adaptación, también es esencial recordar la historia intelectual de esta noción.</p><p>La idea de la adaptación se forjó <strong>en el crisol neoliberal americano de los años setenta</strong> como respuesta a la crisis climática. Como <a href="https://www.mediapart.fr/journal/ecologie/240124/avec-l-adaptation-le-capitalisme-utilise-le-climat-pour-etendre-son-emprise" target="_blank">señaló</a> a principios de año el politólogo Romain Felli, autor de <em>La Grande Adaptation. Climat, capitalisme et catastrophe</em> (edit. <em>Seuil</em>, 2016),<strong> los economistas americanos calcularon entonces que una reducción masiva de las emisiones era “una política demasiado costosa</strong>, porque implica cambiar la organización económica del capitalismo, que se basa en los combustibles fósiles”, y que “el esfuerzo que harían los países ricos para reducir sus emisiones beneficiaría a todas las naciones del mundo, lo que es inaceptable desde el punto de vista económico para los neoliberales”.</p><p>Además, esos economistas neoliberales argumentaban que “si <strong>las políticas de adaptación </strong>se despliegan localmente, benefician directamente al país”. A partir de los años 80, <strong>parecían ser la forma más razonable</strong>, desde el punto de vista económico, de responder a la emergencia climática.</p><p>“La adaptación tendrá prioridad sobre las políticas de reducción de emisiones, porque el aumento de éstas está intrínsecamente ligado a nuestro modelo de crecimiento”, afirma Romain Felli. “Exceptuando un cambio radical, la adaptación es la mejor respuesta al cambio climático, manteniendo el <em>business as usual</em>”.</p><p>Las primeras imágenes de España tras las inundaciones mostraban impresionantes pilas de coches en las calles inundadas, revelando tanto la magnitud del desastre como una pista sobre su causa fundamental: los combustibles fósiles.</p><p>Las medidas estatales para adaptarse al calentamiento global <strong>ocultan</strong> <strong>la fuerza motriz del cambio climático: la quema de carbón, petróleo y gas</strong>, origen <a href="https://essd.copernicus.org/articles/14/4811/2022/" target="_blank">de cerca del 90%</a> de las emisiones mundiales de CO2. Nos permiten además desviar nuestra atención política de la inacción climática internacional sobre el abandono de los combustibles fósiles.</p><p>De hecho, hemos tenido que esperar unos treinta años para que los países reunidos el año pasado en la COP28 de Dubai (Emiratos Árabes Unidos) hayan hecho un tímido “llamamiento a la transición para abandonar los combustibles fósiles”. Y este 28 de octubre, el Observatorio del Clima de la ONU <a href="https://unfccc.int/news/new-un-climate-change-report-shows-national-climate-plans-fall-miles-short-of-what-s-needed" target="_blank">ha calculado</a> que los actuales planes climáticos de <strong>los distintos Estados del planeta sólo conseguirán reducir nuestras emisiones en un 2,6% de aquí a 2030, cuando deben disminuir en un 43%</strong> para mantenerse por debajo del límite de + 1,5°C de calentamiento.</p><p>Y lo que es peor, <strong>los Emiratos Árabes Unidos,</strong> que organizaron la COP el año pasado, <strong>Azerbaiyán</strong>, que acoge este año las negociaciones internacionales sobre el clima,<strong> y Brasil</strong>, que acogerá la próxima COP30, <a href="https://www.oilchange.org/publications/the-cop-troika-fossil-fuel-champions-or-guardians-of-1-5c/" target="_blank"><strong>prevén colectivamente aumentar</strong></a><strong> su producción de petróleo y gas en un tercio de aquí a 2035.</strong> Eso podría poner en peligro el límite de + 1,5°C que se supone defienden en su calidad de presidentes de la COP y, en última instancia, guardianes del acuerdo climático de París.</p><p>La Unión Europea, históricamente la más ambiciosa en los foros diplomáticos internacionales, sufre el auge de la derecha conservadora y radical que amenaza el despliegue del Pacto Verde, la hoja de ruta para frenar el cambio climático galopante de aquí a 2050.</p><p>Y sólo en Francia, un país de los más comprometidos diplomáticamente con el abandono de los combustibles fósiles, el presupuesto para 2025 prevé un recorte de 1.900 millones de euros en las subvenciones públicas vinculadas al medio ambiente.</p><p>Todo apunta a un retroceso en las políticas públicas de transición ecológica, sacrificadas en nombre de la austeridad presupuestaria y la “ecología punitiva”. Pero esta incongruencia política no sirve para ocultar el hecho de que,<strong> a medida que el caos climático se intensifica ante nuestros ojos, lo que es punitivo es el capitalismo</strong>. Y frente a los cataclismos climáticos que ahora salpican nuestras vidas, cambiar el orden social es la única política de adaptación viable.</p><p> </p><p><strong>Traducción de Miguel López</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 31 Oct 2024 19:47:40 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mickaël Correia (Mediapart)]]></author>
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      <title><![CDATA[Sí, la ciencia puede manipular el clima y España ya lo hace]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/si-ciencia-manipular-clima-espana_1_1579845.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9d10d898-48e1-4df1-938e-244012d0688a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sí, la ciencia puede manipular el clima y España ya lo hace"></p><p>En la tarde del 18 de agosto de 1891 tuvo lugar el primer intento <em>oficial</em> del hombre para invocar a la lluvia. Fue cerca de la ciudad de Midland (Texas, EEUU) y el experimento lo llevó a cabo Robert G. Dyrenforth, un productor de patentes que creía –como muchos otros antes que él– que las explosiones generaban precipitaciones.<strong> Hizo volar un globo cargado con hidrógeno a 2.000 metros en una zona nublada y poco después dio corriente a unas cometas cargadas de dinamita</strong>. La explosión retumbó en la atmósfera y comenzó a llover a cántaros, según relata Kristine C. Harper, profesora de Historia en la Universidad de Florida, en su libro <em>Haz que llueva. El control estatal de la atmósfera en los Estados Unidos del siglo XX</em> (2017). La escritora revela que en realidad el experimento estaba "vacío de teoría meteorológica, metodología científica y asesoramiento experto", y que dos años después Dyrenforth ya era un personaje ridículo en Estados Unidos. </p><p>El ser humano ha tratado desde hace siglos de alterar el entrono para garantizarse el acceso al agua. Construir acequias para regar, levantar embalses, agujerear el suelo en busca de acuíferos y más recientemente, desalar el agua de mar o modificar la genética de las plantas para reducir su consumo de agua. José Luis Sánchez, el mayor experto en España en la manipulación de las nubes,<strong> cree que ya es el momento de mirar al cielo y buscar allí el agua </strong>que cada día escasea más en el planeta. </p><p>"Nos parece normal alterar los ríos, también el subsuelo, pero si lo intentamos con el cielo nos parece raro, cuando es igual de normal", opina el investigador, que ha trabajado cuatro décadas en proyectos de alteración de la lluvia en todo el mundo, también en España. "Lo que no se puede hacer es decir que la atmosfera no se toca, cuando <strong>nos están sobrevolando ríos de humedad </strong>en la atmósfera. Por lo menos habrá que estudiarlo para ver si nos merece la pena explotar esa vía", añade. </p><p>En realidad, la modificación de la atmósfera no es nueva en España. <strong>Se investiga desde mediados del siglo XX y se han desarrollado proyectos en Cataluña, País Vasco, La Rioja, Canarias, Ceuta… y todavía hoy es una realidad en Madrid y en Aragón</strong>. Aun así, la península tiene una apuesta muy pequeña en la modificación del clima en comparación con otros países. Francia lleva 80 años desarrollando métodos para reducir el daño del granizo, Emiratos Árabes Unidos tiene un programa muy avanzado para incrementar las precipitaciones y en Estados Unidos y Australia llevan años aumentando la potencia de las nevadas de manera artificial en zonas de montaña. China es otro de los países más avanzados en este campo, y el hecho de que un Gobierno no democrático sea una potencia en la manipulación de las nubes alimenta la conspiranoia.  </p><p>Sánchez, catedrático de Física de la Universidad de León, explica a<strong> infoLibre</strong> que en realidad la alteración del clima es mucho más sutil que lo que vemos en las películas de ciencia ficción, o lo que algunos seudocientíficos difunden. En este momento <strong>hay cuatro formas de manipular la atmósfera</strong>: disipar la niebla en un sitio concreto, incrementar (ligeramente) las lluvias en una zona donde haya nubes, intensificar las nevadas en lugares donde ya nieve y reducir la agresividad de las granizadas. Todo ello mediante un compuesto químico llamado yoduro de plata.  </p><p>Según relata José Luis Sánchez, en el interior de una tormenta estándar hay aproximadamente un millón de toneladas de agua y cuando llueve sobre nosotros realmente <strong>solo cae entre el 3% y el 5% de la carga de las nubes</strong>, pero la inmensa mayoría del agua permanece en el cielo y se mueve por la atmósfera en los llamados ríos atmosféricos. </p><p>¿Por qué solo cae una pequeña parte del agua? Porque el resto no tiene el suficiente peso para precipitar. Resulta que la mayoría de las gotas que forman una nube son minúsculas (menos de 10 micras) y flotan separadas entre sí en forma de vapor. Esas gotitas no son capaces de congelarse por sí solas si la temperatura es superior a los -39 grados, salvo que se peguen a una partícula llamada núcleo de congelación (una impureza del aire, como una sal o una bacteria).  </p><p>Así lo resume el experto: "<strong>La lluvia es en realidad un milagro.</strong> La formación de nubes no es complicada, pero es muy difícil que se creen zonas dentro de esa nube capaces de precipitar agua. Tienen que darse muchas condiciones para que primero se generen gotas mayores a 10 micras, que estas capten un núcleo y que la gota crezca lo suficiente para caer a la tierra. Por eso vemos tantas veces nubes, pero no llueve". </p><p>Una vez que el vapor de agua toca uno de estos núcleos, se congela al instante y comienza a atraer a más gotitas de su alrededor, formando una gota cada vez más grande. El proceso, describe Sánchez, es similar a cuando abrimos un congelador y el vapor de alrededor se convierte en escarcha. Una vez que la gota congelada pesa lo suficiente, se precipita a la tierra y se va descongelando a medida que cae.</p><p>Lo que propone la ciencia es <strong>ayudar a que las partículas de agua de una nube se junten entre sí para facilitar la lluvia. Es aquí donde entra en juego el yoduro de plata.</strong> En la atmósfera generalmente hay muy pocos núcleos congeladores que faciliten la formación de gotas grandes de agua, pero el yoduro es un químico que actúa como tal. Un gramo de este compuesto genera billones de núcleos congeladores. </p><p>El impacto de todo este proceso en la naturaleza es relativamente pequeño. Según el investigador, una nube que precipita el 5% por sí sola, aumenta al 6% con el yoduro. Pero eso supone un incremento del 20% en el agua desembalsada, por lo que sí supone un cambio importante en las tierras sobre las que llueve. El experto asegura que el yoduro de plata ha sido ampliamente estudiado en países como EEUU y Australia y <strong>los investigadores han concluido que no tiene impacto en el medioambiente</strong>. Esta técnica tampoco reduce las lluvias en los alrededores de la zona donde se ha esparcido el yoduro.</p><p>En 2021 el Instituto Geológico y Minero de España y el CSIC publicaron un estudio sobre las consecuencias del uso de yoduro de plata en Aragón, y los investigadores concluyeron que la presencia de ese químico aumentaba en la zona donde se había diseminado, pero por debajo de lo esperado, tras 50 años de uso. "Nuestros resultados muestran que las concentraciones de yoduro de plata en el agua y los suelos de las zonas cubiertas por las redes antigranizo<strong> son más elevadas que en otras zonas, aunque las concentraciones están por debajo de los umbrales legales</strong>. También hemos observado que la plata parece ser absorbida por las plantas y la biota, lo que actuaría como un flujo de salida de plata y podría contribuir a eliminarla de los ecosistemas", concluyeron los autores.</p><p>La modificación del clima se realiza en España desde mediados del siglo pasado. Los intentos para intensificar las lluvias han sido muy limitados y se remontan a los años 50 en Toledo y en Ceuta. También en los 80 finales se experimentó en el valle del Duero y Canarias. Pero lo más estudiado en España, como en muchos países del Mediterráneo, es la reducción del impacto de las granizadas, que causan estragos en la agricultura. José Luis Sánchez cita proyectos en Albacete, en Navarra, en Álava, en La Rioja, en Madrid y en Aragón. En estos dos últimos continúan todavía hoy, y<strong> en Madrid, asegura, acaban de modernizar su sistema –ubicado en el sur de la Comunidad– y es ahora un equipo puntero en Europa</strong>. Está compuesto por 14 quemadores (el químico se dispara desde tierra, no desde un avión), ubicados en la zona de Las Vegas y la Baja Campiña.</p><p>El funcionamiento de la alteración del granizo es similar al de la lluvia. Una tormenta de granizo produce gotas de agua muy gordas, de hasta un centímetro de grosor, y cuando se unen varias y se congelan, forman una pelota que cae a la tierra. Sin embargo, si se vierte sobre la zona yoduro de plata cuando las gotas están todavía separadas, es posible congelarlas y que no lleguen a unirse, de forma que cuando se precipitan el granizo es más pequeño. El proyecto desarrollado en Aragón concluyó que la fuerza de la tormenta de granizo se reduce entre un 30% y un 40% con este sistema. </p><p>La manipulación del clima ha dado pie desde hace décadas a las teorías de la conspiración. También en España, donde la Agencia de Meteorología recibe cada semana decenas de mensajes en Twitter acusando al organismo de manipular el clima con las estelas de los aviones. </p><p>"Cada vez nieva y llueve menos, hay más incendios y sequías donde antes no había problemas de agua. Llega más viento sur y calima. ¿Hasta cuándo pretenden seguir jugando con la naturaleza y nuestra salud", dijo una usuaria en abril, citando a este organismo.</p><p>La AEMET <a href="https://aemetblog.es/2016/09/30/aemet-al-margen-de-las-llamadas-avionetas-anti-lluvias/" target="_blank">explica a menudo</a> –con poco éxito– que <strong>ese vapor que se forma tras los aviones son estelas de condensación, o nubes heladas, que se forman por la condensación del vapor de agua contenido en las emisiones de los motores</strong>. "A veces, durante el despegue y el aterrizaje, también se forman otro tipo de estelas en la punta de las alas, por condensación del vapor atmosférico a causa de la bajada de presión y temperatura que se produce al paso del avión", afirman los meteorólogos de la agencia. Estas estelas pueden ser pasajeras, persistentes o incluso extenderse a lo ancho del cielo al interactuar con otras nubes, añaden. La AEMET confirma a este periódico que no tiene ningún proyecto de alteración del clima en España en este momento. Los que hay ahora en funcionamiento dependen de las comunidades autónomas. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 31 Aug 2023 18:06:48 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Daniel Lara]]></author>
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      <title><![CDATA[Los océanos alcanzan una temperatura récord este verano y el cambio climático no es el único responsable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/oceanos-tierra-alcanzan-temperatura-rectord-verano-cambio-climatico_1_1575556.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/edb9a26c-ffee-4ca3-a3f1-b8b7573b3d55_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los océanos alcanzan una temperatura récord este verano y el cambio climático no es el único responsable"></p><p>Quienes se bañaron en el Mediterráneo en julio comprobaron de primera mano cómo el agua estaba extremadamente caliente, y quienes vayan cada año al Levante quizás incluso se percataron de que ese calor nunca antes había sido tan exagerado, con temperaturas rondando los 30 grados. Esta ola de calor marina ha afectado también al resto de mares y océanos del mundo, <strong>comenzó a mediados de marzo y ha tocado techo esta semana</strong>. Este martes, la temperatura media de la superficie marítima en la Tierra era de 21,1 grados, casi un grado por encima de la media del periodo de referencia (1982-2011), según los datos recopilados por la plataforma Climate Reanalizer, de la Universidad de Maine (EE UU). </p><p>Aunque una desviación de un grado pueda parecer pequeña, se trata de una media planetaria, pero en muchas zonas del mundo la temperatura del agua está desbocada, con desviaciones de cinco y seis grados sobre lo normal. <strong>A comienzos de abril ya se alcanzó ese récord de 21,1 grados</strong> de media que se repite ahora, aunque en esa época del año es cuando las aguas de la Tierra son más cálidas. Mientras que en esta época del año suelen ser más frescas, por eso se ha registrado la mayor anomalía frente a la temperatura promedio desde al menos 1981. </p><p>El mayor desequilibrio en la temperatura del mar se ha producido en las zonas más frías: alrededor de Japón, en la costa norte de Rusia y en el extremo norte de Canadá.<strong> Aunque las aguas del Mediterráneo también registran estos días una temperatura entre tres y cuatro grados por encima</strong> de la media, especialmente en la costa Brava y la costa francesa. </p><p>El principal culpable de este fenómeno es el cambio climático. El aumento de la temperatura atmosférica —fruto de la contaminación humana— provoca que se caliente la superficie del agua. El problema añadido que presentan mares y océanos es que<a href="https://www.infolibre.es/medioambiente/temperaturas-mar-mediterraneo-cambio-climatico_1_1305295.html" target="_blank"> poco a poco ese calor se filtra hacia las capas profundas del mar, lo que provoca que el calentamiento del océano sea un proceso lento, pero de no retorno</a>. De hecho, en el último medio siglo los océanos <a href="https://www.nature.com/articles/s41467-022-32540-5" target="_blank">han absorbido el 89%</a> del exceso de energía provocada por el calentamiento global.  </p><p>El segundo gran motivo que explica esta situación es la llegada de El Niño, un fenómeno relacionado con los cambios en la atmósfera que provoca un aumento general de la temperatura del agua y del aire en el planeta y un aumento de las lluvias torrenciales y la sequía en diferentes regiones. Esta situación suele durar entre nueve y doce meses, y la última vez que ocurrió, en 2016,<strong> dejó el que es todavía hoy el año más cálido jamás registrado</strong>. </p><p>En todo caso, El Niño comenzó oficialmente el 4 de julio, por lo que los científicos por ahora discreparan sobre su impacto en el calentamiento reciente de los océanos, ya que la tendencia que comenzó mucho antes que este fenómeno atmosférico. "Este año, los debates sobre los océanos y el clima se han centrado en gran medida en el inicio de El Niño y su potencial para empujar las temperaturas globales a un territorio inexplorado a finales de 2023 y en 2024. Pero la realidad es que<a href="https://www.infolibre.es/temas/cambio-climatico/" target="_blank"> ya hemos entrado en territorio desconocido</a>", señalaron a comienzos de julio los técnicos del programa europeo Copernicus, que monitoriza la temperatura global del aire y el mar. </p><p>Manuel Vargas, investigador del Instituto Español de Oceanografía (IEO), coincide en que es prematuro atribuir las temperaturas récord del agua a este fenómeno. "Las olas de calor marinas son cada vez más frecuentes e intensas como consecuencia del calentamiento global. Ahora bien, ¿por qué este año en concreto se han producido estas olas de calor tan intensas y continuadas? <strong>No creo que haya todavía una hipótesis</strong>. Alguien te puede decir que es por el fenómeno de El Niño, pero hemos entrado en esa fase muy recientemente, y las temperaturas altas del Atlántico, el Mediterráneo, y todos los océanos en general, empezaron mucho antes de que empezara este fenómeno", explica el experto. </p><p>Los investigadores del servicio Copernicus también dijeron en julio que "todavía están investigando" por qué el Atlántico Norte alcanza temperaturas tan elevadas este año, que llegaron a ser 8 grados superiores a la media en julio. "Por ahora tenemos varios factores a tener en cuenta: <strong>la circulación atmosférica, la contaminación atmosférica y el cambio climático</strong>", añadieron. </p><p>Sobre la situación atmosférica, explican que en el mes de junio el anticiclón de las Azores fue extremadamente débil. La baja presión atmosférica redujo la velocidad del viento sobre el océano Atlántico y, al haber un menor movimiento del agua, las capas superficiales no se podían mezclar con las profundas y eso dificultó su enfriamiento.</p><p>El cambio climático debido a la contaminación humana, afirman, también es responsable del calentamiento del agua a largo plazo por el aumento de la temperatura de la Tierra. Sin embargo, también explican que recientemente las emisiones de efecto invernadero se han reducido en algunas regiones del planeta, y eso tiene también un efecto inesperado que calienta el agua. "Aunque la reducción de la contaminación es beneficiosa para el medio ambiente y la salud humana, <strong>una menor contaminación también podría repercutir en la cantidad de radiación solar que rebota al espacio</strong>, lo que provocaría un mayor calentamiento", dicen los expertos del servicio europeo. Es decir, las partículas contaminantes suspendidas en la atmósfera hacen rebotar la radiación antes de que llegue al agua, pero esas emisiones se están reduciendo poco a poco y ayudan a calentar los océanos ligeramente.</p><p>Por último, también citan los cambios en las corrientes oceánicas en el Atlántico Norte, que <a href="https://www.infolibre.es/medioambiente/ciencia-alerta-cambio-corrientes-oceanicas-inspiro-pelicula-dia-manana_1_1569043.html" target="_blank">los científicos ya han constatado que se están debilitando</a>. Estas autopistas submarinas regulan la temperatura de los océanos moviendo el agua de norte a sur, y viceversa, pero el cambio climático ralentiza poco a poco su funcionamiento. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Aug 2023 17:48:23 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Daniel Lara]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los océanos alcanzan una temperatura récord este verano y el cambio climático no es el único responsable]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El clima supera a la ficción,Medioambiente,Olas calor,verano,Cambio climático]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El argumento de 'El día de mañana' se acerca: la ciencia alerta sobre un cambio en las corrientes oceánicas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medioambiente/ciencia-alerta-cambio-corrientes-oceanicas-inspiro-pelicula-dia-manana_1_1569043.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/35aacded-6338-4234-af8a-5bb501ac6681_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El argumento de 'El día de mañana' se acerca: la ciencia alerta sobre un cambio en las corrientes oceánicas"></p><p>En este caso,<strong> </strong><a href="https://www.infolibre.es/temas/el-clima-supera-a-la-ficcion/" target="_blank">la realidad no supera a la ficción</a><strong> </strong>porque Roland Emmerich, director de <em>El día de mañana</em> (2004), puso el listón muy alto. Nueva York es devorada en minutos por una ola de doce metros, una tormenta gigante provoca cientos de tornados simultáneos por todo el planeta y en cuestión de horas el hemisferio norte se congela. Pero más allá de esas licencias que se toma la película –desmentidas por la ciencia– <strong>su origen no es descabellado</strong>, ya que narra cómo la contaminación humana y el cambio climático han <strong>terminado con la principal corriente oceánica</strong> encargada de regular la temperatura del agua, la llamada <strong>circulación de vuelco meridional del Atlántico</strong> (AMOC, por sus siglas en inglés). Y según los científicos, esta corriente ya da las primeras señales de un posible colapso, que podría llegar tan pronto como en <strong>2057</strong>. </p><p>La AMOC es un flujo de agua continuo que viaja <strong>desde la Antártida hasta el Polo Norte a través del Océano Atlántico</strong>. En el viaje de ida (sur-norte) se trata de una corriente superficial que lleva una ingente cantidad de agua caliente hacia el hemisferio norte y que a su paso aumenta la temperatura atmosférica. Una vez que llega al extremo norte, el agua se enfría y se sumerge, y regresa de vuelta, trasportando agua fría al hemisferio sur, como se muestra en esta imagen. </p><p>Ese flujo de calor y frío<a href="https://www.infolibre.es/temas/cambio-climatico/" target="_blank"> es esencial para modular la temperatura del planeta</a>, pero desde el año 2001 hay evidencias de que esta corriente<strong> se debilita poco a poco debido al impacto del cambio climático</strong>. La velocidad a la que esa corriente podría colapsar ha sido hasta ahora muy discutida, pero un informe publicado en julio en <a href="https://www.nature.com/articles/s41467-023-39810-w" target="_blank"><em>Nature</em></a> estima que ocurrirá este siglo, antes de 2095 y teóricamente en 2057. </p><p>Según los investigadores daneses Peter y Susanne Ditlevsen, dos hermanos que trabajan en la Universidad de Copenhague, el deshielo de los polos –debido a las emisiones de gases de efecto invernadero– aumenta la <strong>cantidad de agua dulce</strong> en el extremo norte de la corriente y desestabiliza el flujo de agua.  </p><p>El ciclo que mueve la AMOC funciona porque el agua que llega al Polo Norte se congela. La sal residual que queda de este proceso de congelación hace que el agua de la zona <strong>sea más pesada y se hunda </strong>hasta alcanzar de nuevo la<em> autopista</em> en dirección sur. Pero con el deshielo, el agua pierde salinidad poco a poco y tiene más dificultades para hundirse, hasta el punto de que se podría terminar rompiendo el círculo. </p><p>Además de regular la temperatura oceánica, esta corriente atlántica lleva agua fría a los polos para asegurar la formación de hielo, y <strong>transporta sal al hemisferio sur</strong>. Como el flujo de agua asciende y desciende a lo largo de la travesía, también sirve para llevar a la superficie los restos de animales muertos del fondo del océano y alimentar a los peces. </p><p>Aunque la corriente AMOC no es la principal corriente de agua en los océanos del mundo, sí <strong>es imprescindible para mantener un clima estable en la Tierra</strong>. Transporta unos 15 millones de metros cúbicos de agua por segundo y mueve la mayor parte del calor que llega al Atlántico, mucho más que la famosa corriente del Golfo, que es más grande que la AMOC –90 millones de metros cúbicos– pero que se mueve siempre en superficie y transfiere menos calor a las aguas del norte. </p><p>En todo caso, por ahora <strong>no hay un consenso</strong> científico en que la corriente atlántica pueda colapsar este siglo. Sí está claro de que la AMOC está en un proceso de debilitamiento debido al cambio climático y que se ralentizará a lo largo de las próximas décadas, pero no de que efectivamente se frene el flujo este siglo. </p><p>El IPCC –el panel de cambio climático de la ONU– <a href="https://www.ipcc.ch/srocc/" target="_blank">determinó en 2019</a> que es "muy probable que la AMOC se debilite a lo largo del siglo XXI, aunque el colapso es muy improbable". "No obstante, un debilitamiento sustancial del AMOC sigue siendo un escenario físicamente plausible", publicaron entonces los expertos de la ONU. Peter y Susanne Ditlevsen se hacen eco de los resultados del IPCC, pero creen que en ese modelo "existen sesgos" que "sobreestiman la estabilidad" del AMOC ante el impacto del aumento global de las temperaturas, y dan menos peso del adecuado a la salinidad y el deshielo. </p><p>Aunque la previsión del IPCC es esperanzadora para quienes todavía se aferran a ella, Stefan Rahmstorf, profesor de física oceánica en la Universidad de Postdam, publicó en julio <a href="https://www.realclimate.org/index.php/archives/2023/07/what-is-happening-in-the-atlantic-ocean-to-the-amoc/" target="_blank">un artículo</a> donde apuntaba a lo contrario. "Que el colapso de AMOC sea ‘muy improbable’, es decir, menos del 10% según la jerga del IPCC, no es nada tranquilizador para un riesgo que realmente deberíamos descartar con un 99,9% de probabilidad, <strong>dadas las devastadoras consecuencias</strong> que tendría”, dijo en la revista científica RealClimate. </p><p><strong>¿Cómo sería el mundo con una AMOC debilitada?</strong> Según el IPCC, "tendría un fuerte impacto en los sistemas naturales y humanos". Reduciría la cantidad de seres vivos en el Atlántico Norte, aumentaría las tormentas invernales en Europa, provocaría una reducción de las precipitaciones estivales en el Sahel y el sur de Asia y un aumento del nivel regional del mar alrededor del Atlántico, especialmente a lo largo de la costa noreste de América del Norte. </p><p>En todo caso, las situaciones surrealistas que se dan en <em>El día de mañana</em> están ampliamente desmentidas por la ciencia, incluso aunque colapse la corriente AMOC. Tras el estreno de la película, los científicos de <a href="https://www.whoi.edu/know-your-ocean/ocean-topics/climate-weather/abrupt-climate-change/whats-after-the-day-after-tomorrow/" target="_blank">la organización oceánica WHOI</a> analizaron si sus desastres naturales eran o no realistas. Para empezar, todo ocurre en cuestión de horas, cuando esos cambios ocurrirán “lo más rápido, en cuestión de décadas”.  </p><p>"El océano, debido a su inmenso volumen y a la lentitud con la que gana y pierde calor, no puede cambiar físicamente tan rápido como se muestra en la película. Las capas de hielo y los glaciares, también debido a su inmensa masa, no pueden derretirse en cuestión de semanas", resumen los expertos.  </p><p>Sobre el<strong> huracán inmenso y helado que desciende por la Tierra desde el Ártico</strong>, explican que es físicamente imposible porque los tornados se forman con la humedad y el calor de las zonas tropicales y no pueden formarse en el Ártico. Y el tsunami creado por el deshielo del Ártico que arrasa Nueva York es “extremadamente remoto”, por no decir imposible, porque apenas generaría olas en zonas muy localizadas. Además, “las plataformas de hielo (a diferencia de las capas de hielo) ya están flotando en el océano, por lo que cuando se rompen no provocan tsunamis ni aumentan el nivel del mar”, relataron entonces los científicos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Aug 2023 18:46:13 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Daniel Lara]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El argumento de 'El día de mañana' se acerca: la ciencia alerta sobre un cambio en las corrientes oceánicas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Medioambiente,Cambio climático,El clima supera a la ficción]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diario desde el infierno o cómo se vive en Phoenix a 43º durante un mes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/diario-infierno-vivieron-phoenix-ee-uu-43o-durante-mes_1_1568227.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4f02c29a-e9e0-41c2-b3fe-9c85357fcb1b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diario desde el infierno o cómo se vive en Phoenix a 43º durante un mes"></p><p>En julio, <strong>sentarse en el suelo a esperar el autobús mandaba al hospital,</strong> literalmente, a quienes vivían en la ciudad estadounidense de Phoenix. El asfalto superaba cada día los 70 y 80 grados de temperatura en las horas de más calor y la gente que lo rozaba —o incluso que se caía por un desmayo— se abrasaba la piel. </p><p>"Solo hace falta tocarlo una fracción de segundo para sufrir una quemadura muy grave. Por desgracia, muchos de nuestros pacientes acaban tendidos durante minutos, a veces incluso horas, y con quemaduras horribles. Y muchos de ellos terminan necesitando cirugía e injertos de piel", relató el 22 de julio Kevin Foster, director del Centro de Quemados del hospital Valleywise de Arizona, en una <a href="https://www.npr.org/2023/07/22/1189580623/extreme-heat-in-arizona-brings-the-risk-of-burns-heres-how-to-protect-yourself" target="_blank">entrevista</a> en la radio pública estadounidense NPR. </p><p>El testimonio es consecuencia de uno de los récords de temperaturas más salvajes alcanzados hasta ahora, que tuvo lugar hace solo unas semanas en Phoenix, la capital del Estado de Arizona, una región semidesértica del oeste de Estados Unidos. En esa ciudad se registraron <strong>31 días seguidos con máximas por encima de 110º Fahrenheit, o 43,3º centígrados</strong>, superando el anterior récord de 18 días seguidos de 1974. Durante ese mes se registraron además 17 días con una máxima de 46º o más, y tres días donde se alcanzaron los 48,3º. Este infierno acabó el 1 de agosto, aunque después se han vuelto a registrar esas temperaturas durante varios días sueltos.</p><p>La prensa local recogió toda clase de testimonios sobre las consecuencias de este episodio en los 1,6 millones de habitantes de Phoenix. Golpes de calor, problemas de riñón e hígado, y hasta decenas de fallecidos. Entre abril y agosto <a href="https://www.maricopa.gov/ArchiveCenter/ViewFile/Item/5673" target="_blank">murieron 59 personas</a> por altas temperaturas y se están investigando otras 345 víctimas. <strong>Más de un tercio de los fallecidos son sin hogar </strong>y más de la mitad del total habían consumido drogas, según el departamento de salud, lo que evidencia que la ciudad no dio respuesta a los más vulnerables. </p><p>Algunos centros que acogen a personas sin hogar tenían el aire acondicionado estropeado de tanto uso, según un <a href="https://www.nytimes.com/2023/07/31/us/phoenix-heat-july.html" target="_blank">reportaje</a> de <em>The New York Times</em>, que siguió a varias personas que buscaban cobijo de las altas temperaturas. El artículo relata que el incremento de los costes de la vivienda y de <strong>los desahucios en la ciudad ha dejado en la calle a decenas de familias en el peor momento</strong>, y les ha obligado a "vagar entre bibliotecas, supermercados y centros de ayuda durante el día, y dormir en moteles, coches o refugios por la noche". </p><p>Austin Davis, el encargado de un centro para sin techo, contó a ese periódico que tenía 268 mensajes sin leer porque no daba abasto. Muchos centros públicos de acogida estaban llenos y tenían listas de espera de meses y llamaban al suyo pidiendo una cama. <strong>"No sabes cuánta gente me ha llamado llorando, pidiendo una habitación de hotel, diciendo que no podía aguantar un día más así"</strong>, relató al periodista. </p><p>Para comprobar la temperatura real que vivieron los vecinos de Phoenix, la agencia Reuters envió durante la última semana de julio a un fotógrafo a recorrer las calles de la ciudad equipado con una cámara con sensor infrarrojo. Carlos Barria, <a href="https://www.reuters.com/investigates/special-report/usa-weather-phoenix/" target="_blank">el autor del artículo</a>, retrató un paso de peatones en el centro de la capital a las 12:24 horas del 26 de julio. La temperatura a esa hora era teóricamente de 33º, pero los viandantes estaban pisando <strong>un asfalto que en realidad estaba a 65º</strong>, lo que aumenta drásticamente la sensación térmica.</p><p>La exposición a estas temperaturas lleva el cuerpo humano al límite. Dos días después sacó una fotografía a las 12:10 horas en una construcción. Un obrero estaba rodeado de superficies que alcanzaban los 40º, vestido con casco y una sudadera,<strong> su cuerpo alcanzaba los 41º de temperatura</strong>.  </p><p>Trabajar en el exterior o hacer deporte a temperaturas muy altas impacta en todo el organismo. El cuerpo trata de bajar la temperatura a través del sudor, y la deshidratación daña los riñones y aumenta la probabilidad de desarrollar piedras o problemas en este órgano. También suben las pulsaciones porque el corazón trata de mover la sangre a las extremidades y la piel para sacar el calor fuera del cuerpo. </p><p>Por supuesto, la salud también está ligada a los ingresos de las familias para pagar la <strong>factura de la luz</strong> y encender el aire acondicionado. También a la capacidad de una ciudad para generar la energía suficiente para abastecer estos picos de consumo. En Texas, un Estado también famoso por su calor, se llegó a alcanzar en julio el<a href="https://www.reuters.com/business/energy/texas-power-use-hits-record-sixth-time-this-summer-heat-wave-lingers-2023-07-31/" target="_blank"> 90% de la capacidad</a> de la red. Sus casi 30 millones de habitantes llegaron a consumir un pico de 80 megavatios de luz, el doble de la demanda máxima de España en julio. En Phoenix también se alcanzaron dos <strong>récords de demanda eléctrica </strong>en julio. </p><p>Como curiosidad, en el periódico local <a href="https://eu.azcentral.com/story/opinion/op-ed/philboas/2023/07/20/report-considers-a-blackout-in-phoenix-during-heat-wave-and-its-ugly/70437325007/" target="_blank"><em>Arizona Central</em></a> citan una investigación que imagina qué ocurriría si la ciudad de Phoenix se quedase sin electricidad durante una ola de calor de cinco días.<strong> La tasa de mortalidad aumentaría más de un 700%</strong>, lo que supondría unas 13.250 muertes, casi el 1% de la población. Además, más de la mitad de los habitantes de la ciudad tendrían que ser hospitalizados.</p><p>El relato de Phoenix no es por desgracia una rareza en el mundo, y decenas de ciudades se enfrentan a situaciones parecidas o incluso más dramáticas. El mes de<strong> julio fue el más cálido de la historia en el planeta</strong>, y la temperatura global fue 1,5º superior a la media de la era preindustrial, por lo que ha tocado ese famoso techo establecido en la Cumbre de París de 2015. En esa conferencia se fijó que la temperatura global no debía subir más de 1,5º este siglo, y ya se ha alcanzado temporalmente en 2023. </p><p>Las previsiones apuntan a que la situación irá a peor. En el Mediterráneo, la probabilidad de que se registren temperaturas de más de 50º aumenta rápidamente a medida que aumenta el cambio climático. Un estudio publicado en<a href="https://www.nature.com/articles/s41612-023-00377-4" target="_blank"><em> Nature</em></a> en mayo, liderado por Nikolaos Christidis, de la agencia de meteorología británica, estima que en la era preindustrial era prácticamente imposible superar esa cota. Sin embargo, el impacto de la contaminación hará que a mediados de siglo se superen los 50º al menos un día por década en Arabia Saudí, Catar y Libia; y en el año 2100 esa probabilidad también se dará en Túnez, Egipto, Argelia y Marruecos.<strong> En España será habitual superar los 45º a finales de este siglo</strong>. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Aug 2023 18:27:49 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Daniel Lara]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Diario desde el infierno o cómo se vive en Phoenix a 43º durante un mes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Olas calor,Cambio climático,Medioambiente,Estados Unidos,El clima supera a la ficción]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La violencia por el control del agua aumenta a medida que las temperaturas globales baten récords]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/violencia-control-agua-aumentan-medida-mundo-entra-terreno-climatico-desconocido_1_1564368.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/21694041-2b0a-4255-8016-3920f02c0eb7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La violencia por el control del agua aumenta a medida que las temperaturas globales baten récords"></p><p>En 1964 el escritor británico J.B. Ballard publicó <a href="https://www.iberlibro.com/servlet/BookDetailsPL?bi=31574698962&searchurl=an%3Dballard%26sortby%3D17%26tn%3Dsequ%25EDa&cm_sp=snippet-_-srp1-_-title1" target="_blank"><em>La Sequía</em></a>, una novela sobre una Tierra distópica y polvorienta donde el agua prácticamente ha desaparecido —es inaccesible, en realidad— por culpa de la contaminación humana. El fin del ciclo del agua acaba con las nubes y el color del horizonte solo varía entre el amarillo y el naranja. Los ríos se convierten en caminos y la naturaleza desaparece rápidamente, dando paso a un paisaje de dunas. </p><p>"En los meses siguientes solo cayeron unos pocos centímetros de lluvia, y en el espacio de dos años esas tierras de cultivo se convirtieron en zonas devastadas. Una vez que las poblaciones se instalaban en algún otro sitio, <strong>estos nuevos desiertos quedaban abandonados para siempre</strong>", cuenta el narrador. </p><p>El relato de Ballard formó parte en su día del terreno de la ficción, donde la idea de un mundo sediento era remota a la par que llamativa para el cine y los libros. Pero en el siglo XXI cobra sentido a medida que un cambio climático desatado seca literalmente a la mitad del planeta. En algunas zonas, como Oriente Medio o el Mediterráneo, el paisaje es ya muy parecido al que describe la novela. </p><p>Alissa J. Rubin, una reportera de <em>The New York Times</em>, ha recorrido durante los últimos meses docenas de ciudades de <strong>Irak</strong> <a href="https://www.nytimes.com/2023/07/29/world/middleeast/iraq-water-crisis-desertification.html" target="_blank">para retratar</a> cómo un país que ha sido clave en el desarrollo de la agricultura gracias a sus canales boyantes de agua se ha transformado hoy en un desierto. Los ríos Tigris y Éufrates sedujeron tanto a los humanos que allí se asentaron los primeros sedentarios. Estos dos torrentes permitieron que naciese Mesopotamia, pero hoy su caudal se ha reducido tanto que <strong>los canales usados para regar el campo están prácticamente secos</strong>.</p><p>"Según algunos estudiosos, los ríos de este lugar alimentaban los legendarios Jardines Colgantes de Babilonia y convergían en el lugar descrito en la Biblia como el Jardín del Edén", recoge la periodista, que describe ahora el país como "un paisaje lunar" donde incluso las palmeras han perdido las hojas y sus troncos son ahora palos disecados.</p><p>El conocido como Creciente Fértil es uno de los puntos calientes del planeta donde el cambio climático <a href="https://www.infolibre.es/temas/sequia/" target="_blank">ha reducido drásticamente la lluvia</a> y las temperaturas récord aceleran la evaporación de la poca agua que queda en los embalses y ríos. Y a medida que la desertificación se acelera, los gobiernos de la región buscan acaparar este recurso para garantizar la estabilidad en sus ciudades.  </p><p>Turquía, el país más rico de la cuenca, fue el primero en mover ficha y desde los años 70 <strong>ha construido en el Tigris y el Éufrates más de veinte embalses</strong> para almacenar agua, entre ellos la famosa presa de Atatürk, la tercera más grande del mundo. La pared de hormigón creó un lago artificial de casi un millón de kilómetros cuadrados, <strong>el doble de la superficie de España</strong>, y al construirse sobre el curso alto del río ha reducido a la mitad del caudal del Éufrates a su paso por Irak y Siria. </p><p>La situación en esta zona no es excepcional. Los conflictos recientes sobre el control del agua surgen casi siempre porque <strong>un país quiere construir una presa sin consultar a sus vecinos</strong>. El 60% del agua dulce que circula en el planeta cruza al menos una frontera, por lo que estas tensiones son habituales. Las Naciones Unidas animan desde hace décadas a los gobiernos a firmar acuerdos para respetar el flujo de aguas transfronterizas, pero solo 24 países en el mundo tienen estos pactos de cooperación en todos sus ríos compartidos.</p><p>Un panel de expertos de esta organización <a href="https://www.un.org/pga/77/2023/02/07/press-release-conflicts-over-water-will-become-more-common-without-science-based-water-diplomacy-panel-tells-un-general-assembly/" target="_blank">reconoció en febrero</a> que las relaciones en torno a los recursos hídricos "se han tensado" y "las disputas parecen ir en aumento". En los últimos cincuenta años, una cuarta parte de los contactos entre países para gestionar el agua han sido hostiles, "desde insultos hasta acciones militares".</p><p>El pronóstico es que la situación empeore mucho más, no solo por el impacto del cambio climático, también por la demografía. Según los climatólogos del IPCC, se prevé que <strong>la población de las zonas áridas aumente aproximadamente el doble de rápido</strong> que la de las zonas no áridas, alcanzando los 4.000 millones de personas en 2050, debido a las mayores tasas de natalidad de estos países. </p><p>El Nilo es otro de los puntos calientes en la lucha por este bien esencial, después de que <strong>en 2011 Etiopía comenzase la construcción de la mayor presa hidroeléctrica del continente en el Nilo Azul</strong>, el río que se une con el Nilo Blanco para formar el río Nilo, que cruza después Sudán y Egipto. Estos dos países están río abajo y desde hace una década tratan de frenar el proyecto, <a href="https://www.infolibre.es/temas/egipto/" target="_blank">especialmente Egipto</a>, con más de 100 millones de habitantes y que depende del Nilo para abastecerse del 90% del agua dulce que consume. También usa sus aguas para producir un porcentaje importante de su electricidad. Por su parte, Etiopía defiende que es su turno para expandir la economía, ya que también supera los 100 millones de habitantes y la mitad no tienen electricidad. Por ahora <strong>la Gran Presa del Renacimiento Etíope</strong> solo funciona a una capacidad mínima porque no está terminada, aunque su construcción ya ha sido completada al 90%, según dijo el gobierno etíope en abril.</p><p>Las <strong>novelas y películas de ciencia ficción</strong> que abordan la sequía recogen siempre luchas por el control de lagos remotos o cavidades donde el agua permanece intacta, y en eso <strong>la realidad también ha alcanzado a los mundos apocalípticos</strong>. Poco después de que Etiopía comenzase a construir su presa inmensa, dos veces el tamaño de la Estatua de la Libertad, políticos egipcios pusieron sobre la mesa la opción de sabotearla para garantizar el agua en el resto del Nilo. </p><p>Sin embargo, la estrategia beligerante terminó dando paso a la política y <strong>Egipto y Etiopía se encuentran ya cerca de un acuerdo</strong> que debería llegar en los próximos cuatro meses, y que debería garantizar que el embalse no almacena agua por encima de sus posibilidades en épocas de sequía, cada vez más frecuentes.  </p><p>India y Pakistán, China con todos los países situados al sur... las disputas se dan a lo largo de todo el globo. <strong>Incluso dentro de Estados Unidos, el país más rico del mundo</strong>, no logran ponerse de acuerdo con la gestión del agua. El impacto de la sequía, el calor y el aumento de la población enfrentó esta primavera a Arizona, California y Nevada, tres estados que beben del río Colorado, cuyo caudal ha caído un tercio en los últimos años. Por ahora, han alcanzado un acuerdo temporal por el que los tres reducen su consumo a cambio de dinero del gobierno federal, aunque se espera que las tensiones regresen en los próximos años. <strong>España tampoco se libra </strong>con la disputa entre Castilla-La Mancha, Comunidad Valencia y Murcia por el agua del Tajo y <a href="https://www.infolibre.es/medioambiente/cifras-tajo-segura-embalse-funcionado-mitad-capacidad_1_1403870.html" target="_blank">la gestión del trasvase Tajo-Segura</a>.</p><p>El impacto del cambio climático y el aumento del poder adquisitivo en el mundo <strong>agravan sin duda las disputas internacionales </strong>sobre la gestión de este recurso, como demuestran los datos. La organización estadounidense <strong>World Water estudia la violencia por disputas por el agua </strong>y en los últimos años las cifras se han disparado. En la década de 2000 a 2009 recopilaron <strong>220 conflictos en todo el mundo,</strong> casi los mismos que entre los años 2020 y 2021 (195). </p><p>Ese mismo recuento demuestra que estas luchas son tan triviales como primitivas. Los académicos recogen la<a href="https://www.worldwater.org/conflict/list/" target="_blank"> primera disputa sobre el agua en el año 2500 a.C., entre Umma y Lagash</a>, dos ciudades estado sumerias ubicadas en el actual Irak, precisamente bañadas por los ríos Tigris y Éufrates. </p><p>En todo caso, los analistas de Naciones Unidas quisieron subrayar también en su carta publicada en febrero que la mayoría del planeta prefiere usar la vía del acuerdo y dos tercios de los contactos de los últimos sesenta años han sido para cooperar. "Episodios de violencia realmente hay muy pocos. Se han producido disputas menores, y <strong>hay que remontarse 4.500 años atrás hasta la última y única guerra documentada por el agua </strong>entre dos países [la que libraron Lagash y Umma]. Esos son los hechos", señaló Aaron Wolf, profesor de Geografía de la Universidad de Oregón y uno de los firmantes de la carta. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Aug 2023 18:43:13 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Daniel Lara]]></author>
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