El argumento de 'El día de mañana' se acerca: la ciencia alerta sobre un cambio en las corrientes oceánicas

Fragmento de la película 'El día de mañana'

En este caso, la realidad no supera a la ficción porque Roland Emmerich, director de El día de mañana (2004), puso el listón muy alto. Nueva York es devorada en minutos por una ola de doce metros, una tormenta gigante provoca cientos de tornados simultáneos por todo el planeta y en cuestión de horas el hemisferio norte se congela. Pero más allá de esas licencias que se toma la película –desmentidas por la ciencia– su origen no es descabellado, ya que narra cómo la contaminación humana y el cambio climático han terminado con la principal corriente oceánica encargada de regular la temperatura del agua, la llamada circulación de vuelco meridional del Atlántico (AMOC, por sus siglas en inglés). Y según los científicos, esta corriente ya da las primeras señales de un posible colapso, que podría llegar tan pronto como en 2057

La AMOC es un flujo de agua continuo que viaja desde la Antártida hasta el Polo Norte a través del Océano Atlántico. En el viaje de ida (sur-norte) se trata de una corriente superficial que lleva una ingente cantidad de agua caliente hacia el hemisferio norte y que a su paso aumenta la temperatura atmosférica. Una vez que llega al extremo norte, el agua se enfría y se sumerge, y regresa de vuelta, trasportando agua fría al hemisferio sur, como se muestra en esta imagen. 

Ese flujo de calor y frío es esencial para modular la temperatura del planeta, pero desde el año 2001 hay evidencias de que esta corriente se debilita poco a poco debido al impacto del cambio climático. La velocidad a la que esa corriente podría colapsar ha sido hasta ahora muy discutida, pero un informe publicado en julio en Nature estima que ocurrirá este siglo, antes de 2095 y teóricamente en 2057. 

Según los investigadores daneses Peter y Susanne Ditlevsen, dos hermanos que trabajan en la Universidad de Copenhague, el deshielo de los polos –debido a las emisiones de gases de efecto invernadero– aumenta la cantidad de agua dulce en el extremo norte de la corriente y desestabiliza el flujo de agua.  

El ciclo que mueve la AMOC funciona porque el agua que llega al Polo Norte se congela. La sal residual que queda de este proceso de congelación hace que el agua de la zona sea más pesada y se hunda hasta alcanzar de nuevo la autopista en dirección sur. Pero con el deshielo, el agua pierde salinidad poco a poco y tiene más dificultades para hundirse, hasta el punto de que se podría terminar rompiendo el círculo. 

Además de regular la temperatura oceánica, esta corriente atlántica lleva agua fría a los polos para asegurar la formación de hielo, y transporta sal al hemisferio sur. Como el flujo de agua asciende y desciende a lo largo de la travesía, también sirve para llevar a la superficie los restos de animales muertos del fondo del océano y alimentar a los peces. 

Aunque la corriente AMOC no es la principal corriente de agua en los océanos del mundo, sí es imprescindible para mantener un clima estable en la Tierra

Aunque la corriente AMOC no es la principal corriente de agua en los océanos del mundo, sí es imprescindible para mantener un clima estable en la Tierra. Transporta unos 15 millones de metros cúbicos de agua por segundo y mueve la mayor parte del calor que llega al Atlántico, mucho más que la famosa corriente del Golfo, que es más grande que la AMOC –90 millones de metros cúbicos– pero que se mueve siempre en superficie y transfiere menos calor a las aguas del norte. 

En todo caso, por ahora no hay un consenso científico en que la corriente atlántica pueda colapsar este siglo. Sí está claro de que la AMOC está en un proceso de debilitamiento debido al cambio climático y que se ralentizará a lo largo de las próximas décadas, pero no de que efectivamente se frene el flujo este siglo. 

El IPCC –el panel de cambio climático de la ONU– determinó en 2019 que es "muy probable que la AMOC se debilite a lo largo del siglo XXI, aunque el colapso es muy improbable". "No obstante, un debilitamiento sustancial del AMOC sigue siendo un escenario físicamente plausible", publicaron entonces los expertos de la ONU. Peter y Susanne Ditlevsen se hacen eco de los resultados del IPCC, pero creen que en ese modelo "existen sesgos" que "sobreestiman la estabilidad" del AMOC ante el impacto del aumento global de las temperaturas, y dan menos peso del adecuado a la salinidad y el deshielo. 

Aunque la previsión del IPCC es esperanzadora para quienes todavía se aferran a ella, Stefan Rahmstorf, profesor de física oceánica en la Universidad de Postdam, publicó en julio un artículo donde apuntaba a lo contrario. "Que el colapso de AMOC sea ‘muy improbable’, es decir, menos del 10% según la jerga del IPCC, no es nada tranquilizador para un riesgo que realmente deberíamos descartar con un 99,9% de probabilidad, dadas las devastadoras consecuencias que tendría”, dijo en la revista científica RealClimate. 

¿Cómo sería el mundo con una AMOC debilitada? Según el IPCC, "tendría un fuerte impacto en los sistemas naturales y humanos". Reduciría la cantidad de seres vivos en el Atlántico Norte, aumentaría las tormentas invernales en Europa, provocaría una reducción de las precipitaciones estivales en el Sahel y el sur de Asia y un aumento del nivel regional del mar alrededor del Atlántico, especialmente a lo largo de la costa noreste de América del Norte. 

La película no consultó a la ciencia 

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En todo caso, las situaciones surrealistas que se dan en El día de mañana están ampliamente desmentidas por la ciencia, incluso aunque colapse la corriente AMOC. Tras el estreno de la película, los científicos de la organización oceánica WHOI analizaron si sus desastres naturales eran o no realistas. Para empezar, todo ocurre en cuestión de horas, cuando esos cambios ocurrirán “lo más rápido, en cuestión de décadas”.  

"El océano, debido a su inmenso volumen y a la lentitud con la que gana y pierde calor, no puede cambiar físicamente tan rápido como se muestra en la película. Las capas de hielo y los glaciares, también debido a su inmensa masa, no pueden derretirse en cuestión de semanas", resumen los expertos.  

Sobre el huracán inmenso y helado que desciende por la Tierra desde el Ártico, explican que es físicamente imposible porque los tornados se forman con la humedad y el calor de las zonas tropicales y no pueden formarse en el Ártico. Y el tsunami creado por el deshielo del Ártico que arrasa Nueva York es “extremadamente remoto”, por no decir imposible, porque apenas generaría olas en zonas muy localizadas. Además, “las plataformas de hielo (a diferencia de las capas de hielo) ya están flotando en el océano, por lo que cuando se rompen no provocan tsunamis ni aumentan el nivel del mar”, relataron entonces los científicos.

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