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    <title><![CDATA[infoLibre - Historias de periodismo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/historias-de-periodismo/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Historias de periodismo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Simone de Beauvoir resucitada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/simone-beauvoir-resucitada_1_2045106.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0366a3be-f75c-4e00-9f3a-a7e8dbc0ee1a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Simone de Beauvoir resucitada"></p><p>La historia que cuento debió de ocurrir a principios de <strong>1988</strong>. Uno era demasiado <strong>joven </strong>para ser <strong>redactor jefe de Cultura</strong> y mi entonces jefa demasiado osada para ejercer como tal. Era la época dorada (como negocio) de los <strong>semanarios </strong>de información general en España. La voracidad de los editores por <strong>vender centenares de miles de ejemplares </strong>cuando ya los periódicos diarios competían cada fin de semana en los géneros de investigación y de crónica política llevó a encumbrar a quienes más capaces eran de atrapar compradores (dudo mucho que lectores). Lo mismo daba que la portada descubriera los <strong>desamores </strong>de un <strong>banquero </strong>que el <strong>adulterio </strong>de una <strong>aristócrata</strong>. Con veintitantos años uno tenía mucho que aprender, para bien y para mal. Con aquella inmediata superior, cada semana era una caja de sorpresas.</p><p>Una mañana de lunes me llama a su despacho para comentar las propuestas para la sección de <strong>Cultura</strong>. Y servidor empieza a recitar: se inaugura tal exposición, hablamos con tal músico, nos envía una crónica el corresponsal en Los Ángeles sobre los rodajes del año en <strong>Hollywood</strong>… y se presenta en Madrid una biografía de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/simone-beauvoir-mujer-quiso_1_2028840.html"  >Simone de Beauvoir</a>. “Ya, pero ¿<strong>tenemos entrevista con ella</strong>? Si no hay entrevista no tiene el menor interés”. Recuerdo quedarme con cara de <strong>idiota</strong>, en la duda de si me está tomando el pelo o la cosa es más seria. Balbuceo… “es que Simone de Beauvoir <strong>murió</strong> hace un par de años, creo”. </p><p>Me mira, efectivamente, como a un idiota: “El que murió fue '<strong>Sastre'</strong>, su marido, que no te enteras”. No me atreví a <strong>corregir </strong>esa letra que habría indignado a <strong>Sartre</strong>, pero insistí tímidamente, “que no, que están muertos ambos…” Y entonces grita: “¡Nekane (su paciente secretaria), llama al archivo! Pregunta si se ha muerto Simone de Beauvoir”. La espera en <strong>silencio </strong>se me hizo dos vidas. Cuando Nekane asomó por la puerta y musitó “me dicen que murió en abril del 86”, yo no sabía adónde mirar. Del otro lado de la mesa, la jefa tomaba notas… “Vale –por fin accedió, enfadada–, pero habla con las agencias y pide fotos inéditas”. </p><p>¡Joder! Salí del despacho con <strong>complejo</strong> de no saber <strong>valorar </strong>una <strong>noticia cultural</strong>. Me había pasado el fin de semana enfrascado en una lectura diagonal de <em>El segundo sexo </em>y<em> Los mandarines</em>, por recomendación de mi compañera y sin embargo amiga <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/nativel-preciado-retorno-autoritarismo-autocracia-perder_1_2007621.html"  >Nativel Preciado</a>. Me acerqué a su mesa y le conté el encuentro. Se <strong>descojonaba</strong>, y después me sugirió: “Pídele a <strong>Anciones </strong>un retrato de Simone de Beauvoir y dile a aquélla que es un dibujo inédito, en exclusiva”. No me atreví, por supuesto. Finalmente la biografía solo mereció una página y una columna, por mi meridiana <strong>incapacidad </strong>para encontrar instantáneas exclusivas de la ilustre <strong>feminista</strong>.</p><p>Cuando algún colega de mi misma edad sostiene que <strong>cualquier periodismo anterior fue mejor</strong>, uno se obliga a recordar unos cuantos sucedidos como este. No. En todas las épocas ha habido <strong>buen y mal periodismo</strong>, buenos y malos jefes, magos y magas de las ventas, directivos ignorantes, y estupendos y estupendas cronistas a menudo despreciadas por no abducir a masas de lectores. </p><p>Me ahorro el nombre de la <strong>susodicha </strong>no sólo porque aún vive y no quiero disgustarla –finalmente mantuvimos una relación mejor que soportable–, sino porque su <strong>osadía </strong>es una broma en comparación con lo que uno se encuentra hoy cada mañana en redes sociales (o en más de una portada de medios renombrados) con apariencia de información. No resucitan a Simone de Beauvoir (¡ojalá!), pero lo mismo <a href="https://www.infolibre.es/cultura/muertos-vivos-efecto-aramburu-matan-tienes-desmentirlo_1_1909215.html"  >matan a José Luis Perales que a Juan José Millas o a Joaquín Sabina</a>. <strong>Consiguen millones de clicks y jamás rectifican</strong>. O lo que es peor: van <strong>sembrando odios a base de bulos</strong> y a toda velocidad. Que Elon Musk les conserve la inquina. Los demás gritemos ‘¡<strong>Nekane</strong>!’ y echémosle una pensada antes de matar o resucitar con un click.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Aug 2025 16:48:46 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jesús Maraña]]></author>
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      <title><![CDATA[La transparencia hizo que me ofrecieran chicas en un 'spa' y me llamaran de bares de toda Cataluña]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/transparencia-hizo-ofrecieran-chicas-supuesto-spa-llamaran-bares-cataluna_1_2044250.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/64d57c3c-fd83-42fd-8f5b-4ea8c502f914_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La transparencia hizo que me ofrecieran chicas en un 'spa' y me llamaran de bares de toda Cataluña"></p><p>"Lo tenemos ya todo solucionado. Ven una tarde y lo compruebas. <strong>Te presento a nuestras chicas</strong>". Así pretendía convencerme la jefa de un supuesto <em>spa</em> en Madrid del buen estado higiénico-sanitario del lugar. Todo empezó con <strong>una obsesión periodística que tuve hace unos años: las inspecciones</strong> a los establecimientos públicos.</p><p>Llevo años trabajando dentro del periodismo en una cara poco conocida de la profesión: <strong>la transparencia y el derecho de acceso a la información pública</strong>. Básicamente, me dedico a realizar solicitudes a gobiernos y administraciones para conseguir información que tienen guardada y poder hacerla pública.</p><p>¿Qué tiene que ver esto con las inspecciones? Bastante. En ciudades como<strong> Nueva York, Oslo</strong> o <strong>Londres </strong>cuando se acude a un establecimiento público —como bares o restaurantes— en la puerta se puede consultar el resultado de la última inspección que le han realizado las autoridades sanitarias, pero ninguna ciudad española hace lo mismo. </p><p>Ante esa falta de transparencia en nuestro país —que, por desgracia, está a mucha distancia en esta materia de los anglosajones o los nórdicos—, <strong>allá por 2018 me puse a solicitar información y datos sobre las inspecciones</strong>. Comencé por la ciudad más poblada: Madrid. </p><p>Estos controles en la capital los realiza el organismo municipal Madrid Salud y los califica como inspecciones higiénico-sanitarias. <strong>Se realizan periódicamente para vigilar la salubridad de establecimientos</strong> como bares y restaurantes o piscinas y gimnasios, pero los ciudadanos de la capital —entre los que me incluyo— no pueden conocer los resultados.</p><p>Basándome en la ley de transparencia, realicé solicitudes de información dirigidas a Madrid Salud pidiendo, por ejemplo, los datos y resultados de las inspecciones en los bares y restaurantes de la ciudad y los de las piscinas. <strong>No fue fácil conseguir que el organismo accediera a dar la información</strong>. Se negó a ello, pero el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno, que en aquel momento tenía las competencias sobre Madrid —<a href="https://datos.madrid.es/portal/site/egob/menuitem.c05c1f754a33a9fbe4b2e4b284f1a5a0/?vgnextoid=6626d8e1d1e66810VgnVCM2000001f4a900aRCRD&vgnextchannel=374512b9ace9f310VgnVCM100000171f5a0aRCRD&vgnextfmt=default" target="_blank">ahora la comunidad tiene un Consejo de Transparencia propio que apenas nunca da la razón a los ciudadanos</a>— estimó mis reclamaciones. Tras mucho tiempo de espera, nuevas solicitudes, e incluso reuniones con Madrid Salud, finalmente se me entregó la información.</p><p>Ahí empieza el análisis de los datos: quién suspende y quién aprueba las inspecciones, quién saca peores resultados, qué tipos de establecimientos son, en qué zonas de la ciudad se encuentran… Y tras ello, la investigación tradicional. Así que procedo junto a algunos compañeros a indagar y a contactar con los lugares que peores notas sacaban. </p><p>En el caso de las inspecciones a las piscinas nos dimos cuenta de que <strong>había una serie de locales en los que se practica sexo</strong> —como los clubs de <em>swingers</em> o las saunas, tan nombradas últimamente— <strong>que disponían de espacios de baño y también eran objeto de las inspecciones</strong>. El resultado nos sorprendió poco: las piscinas de estos locales eran las que peores resultados sacaban.</p><p>Es ahí cuando desde uno de ellos, que operaba con una licencia de <em>spa</em> urbano, <strong>parece que me invitan a consumir prostitución</strong>. Llamo para preguntar por el suspenso de la piscina del local en la inspección y la jefa me asegura que está todo perfecto y solucionado y me anima a ir a conocer su local y a que me presente a 'sus chicas'. "Te pueden hacer un masaje para que te relajes", me decía.</p><p>No acudí. Tampoco a un céntrico hotel madrileño, desde el que justificaban su suspenso en que el día de la inspección había llovido en Madrid y eso había desestabilizado los valores de cloro y pH de su piscina. Los datos que habíamos conseguido de Madrid Salud incluían la fecha en la que se había realizado la inspección y actualmente existen multitud de registros meteorológicos históricos <em>online</em>. Ese día no cayó ni una gota de lluvia en la capital. <strong>Las excusas de unos y otros para justificar los suspensos eran realmente imaginativas</strong>.</p><p>Mejor aún fue la que le dio un club de <em>swingers</em>, que también había suspendido la inspección, a mi compañero José Molina. Según la inspección, se había revisado la salubridad de "un vaso de hidromasaje con agua recirculada". Lo que se conoce como un <em>jacuzzi</em>. Pero <strong>el dueño del local replicaba que él no había suspendido ninguna inspección porque ni siquiera tenía un </strong><em><strong>jacuzzi</strong></em><strong> en el local, sino que contaba con un "estanque decorativo"</strong> en el que los clientes no se podían bañar. Las imágenes del local hablan por sí solas.</p><p>El local del supuesto estanque sigue abierto y se ha reformado. Según indican en su sitio web, ahora cuentan con una piscina. ¿<strong>Cómo le va con las inspecciones</strong>? No lo sabemos. </p><p>Todo aquel trabajo acabó publicado en <a href="https://maldita.es/malditodato/20200129/una-de-cada-cuatro-piscinas-de-madrid-suspendieron-las-inspecciones-sanitarias/" target="_blank">una investigación en </a><a href="https://maldita.es/malditodato/20200129/una-de-cada-cuatro-piscinas-de-madrid-suspendieron-las-inspecciones-sanitarias/" target="_blank"><em>Maldita.es</em></a>, medio en el que trabajaba por ese entonces. También la que hicimos <a href="https://maldita.es/malditodato/20191011/el-44-de-los-bares-y-restaurantes-madrilenos-inspeccionados-en-2019-tienen-problemas-de-higiene/" target="_blank">sobre los bares y restaurantes</a>. Sobre los locales de restauración también publicaron <a href="https://civio.es/transparencia/2019/10/10/consulta-los-locales-de-tu-barrio-que-suspendieron-en-la-ultima-inspeccion-sanitaria/" target="_blank">una los compañeros de la </a><a href="https://civio.es/transparencia/2019/10/10/consulta-los-locales-de-tu-barrio-que-suspendieron-en-la-ultima-inspeccion-sanitaria/" target="_blank"><em>Fundación Civio</em></a>. Las tres datan del periodo entre finales de 2019 y principios de 2020. Desde entonces no se han vuelto a publicar resultados de las inspecciones en Madrid.</p><p>Cuando me reuní con <strong>Madrid Salud en 2019</strong>, antes de conseguir que facilitaran los datos, aseguraban que se estaban preparando para en un futuro no muy lejano poder publicar los resultados de las inspecciones directamente en su página web, al igual que pasa en otras ciudades del mundo. Pero <strong>más de seis años después no hay ni rastro</strong> de esa iniciativa.</p><p>De hecho, parece que, en lugar de avanzar, <strong>en algunos aspectos vamos atrás en cuanto a transparencia</strong>. Madrid Salud no solo no publica los datos por su propia cuenta sino que el organismo y el propio Ayuntamiento de la capital se niegan a volver a facilitar ese tipo de datos ante solicitudes de información similares. </p><p>Aunque por aquel entonces tampoco fue una tarea <strong>sencilla</strong>, se consiguieron revelar los resultados de las <strong>inspecciones</strong>. Pero ya había algunos problemas con la transparencia. </p><p>A raíz de la publicación de la investigación sobre las <strong>inspecciones </strong>de los bares y restaurantes madrileños, intentamos conocer la misma información para otras zonas del Estado. Las competencias en esta materia acostumbran a ser <strong>municipales </strong>en las ciudades más grandes y autonómicas en el resto de municipios. </p><p>Realicé una solicitud a la Generalitat de Cataluña para conocer los resultados de las inspecciones en aquella comunidad. La Generalitat, en lugar de facilitarme los datos de los locales de los municipios en los que dispone de competencias, decidió derivarla a los <strong>947 pueblos</strong> y ciudades catalanes. </p><p>La locura fue absoluta. <strong>No había día en el que no me llegaran múltiples mails, SMS y notificaciones de Ayuntamientos de toda Cataluña</strong>. El alcalde de un pequeño pueblo me llamó un día para preguntarme qué información quería. "Aquí solo teníamos un bar y cerró hace unos años, no hacemos ninguna inspección porque no hay <strong>nada que inspeccionar</strong>". </p><p>El nivel de comunicaciones era prácticamente inabarcable. La treta de la Generalitat les podía funcionar. Como es lógico, era imposible reclamar después más de <strong>900 posibles resoluciones</strong> si los Ayuntamientos catalanes optaban por no entregar la información.</p><p>No es más que una de las <strong>trabas </strong>que en muchas ocasiones nos ponen a los periodistas y ciudadanos que acostumbramos a utilizar el recurso, por desgracia aún poco extendido, de solicitar información a través de la ley de transparencia. </p><p>Uno de los motivos que esgrimen en muchas ocasiones las Administraciones para no entregar información es la <strong>protección </strong>de datos personales. Pero, en cambio, no les preocupan igual los datos de las personas que han realizado las solicitudes.</p><p>Desde Cataluña no solo me llamó aquel <strong>alcalde</strong>. Algunos Ayuntamientos pensaron que antes de decidir si entregarme o no la información debían recabar la posición de los dueños de bares y restaurantes. Una decisión acertada, pero mal ejecutada. Les facilitaron directamente una copia de mi solicitud, donde <strong>se recogían todos mis datos personales: DNI, nombre completo, correo electrónico, teléfono móvil...</strong> </p><p>Es entonces cuando empezaron a llamarme de varios bares de algunas ciudades catalanes. <strong>"¿Por qué has solicitado información sobre las inspecciones de mi restaurante"</strong>, me preguntó un día un propietario. En otra ocasión me llamó un ciudadano de origen chino, con el que no conseguí entenderme por las <strong>barreras idiomáticas</strong>. Al día siguiente quien me contactó fue su abogado preguntando por mi solicitud de información. Tuve que aclararle que no era una investigación sobre el caso concreto del bar de su representado. </p><p>Finalmente <strong>aquella información nunca vio la luz</strong>. Todas esas llamadas se hicieron a principios de 2020. También se produjeron en ese entonces las resoluciones de los Ayuntamientos catalanes a la solicitud que había realizado y les había derivado la Generalitat.</p><p>Poco tiempo después, ese mes de marzo, llegó una pandemia, que mantuvo los bares y restaurantes cerrados durante meses porque lo primordial era reducir los contagios. La <strong>pandemia </strong>también acabó posponiendo o incluso acabando con muchas investigaciones periodísticas porque lo primordial en los medios era informar sobre la misma. Aún así, a día de hoy muchos seguimos haciendo solicitudes de información a Gobiernos y Administraciones públicas. Porque, aunque a algunas les cueste entenderlo, <strong>la información de las Administraciones nos pertenece a todos</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Aug 2025 16:24:47 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sergio Sangiao]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Transparencia,Ley Transparencia,Bares,Ayuntamiento de Madrid,Historias de periodismo]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Un parloteo extraño con Aznar en La Moncloa y una grabadora que no funcionó (a traición) con Dani Martín]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/parloteo-extrano-aznar-moncloa-grabadora-no-quiso-grabar-dani-martin_1_2040580.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6e48b165-fb75-40ab-8b49-731552575d5e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un parloteo extraño con Aznar en La Moncloa y una grabadora que no funcionó (a traición) con Dani Martín"></p><p>Allá por <strong>febrero de 2003</strong>, en otra vida, <strong>José María Aznar</strong> era presidente del Gobierno y estaba empeñado en sumarse a la invasión de <strong>Irak </strong>liderada por Estados Unidos. Para apuntalar su discurso y tratar de calar en una opinión pública desfavorable, decidió conceder una <strong>entrevista a Europa Press,</strong> la agencia de noticias para la que por aquel entonces yo pateaba las calles. Literalmente, pues ejercía como reportero de la sección de Informativos de Televisión, encargada de proporcionar material (declaraciones de expertos, de políticos —lo que en el oficio llamamos 'canutazos'—, ruedas de prensa, imágenes y también textos escritos por lo general en el coche) a todas las cadenas.</p><p>Cayó aquella entrevista como una bomba de <strong>euforia </strong>en la redacción, por el <strong>personaje </strong>y por el <strong>momento</strong>. Había que prepararlo todo bien y conseguir 'vender' el máximo contenido posible a todos los medios, a la sazón nuestros clientes, claro, en prensa, radio, televisión y el incipiente universo digital. Como la cita era el <a href="https://archive.ph/qKWlt" target="_blank" >domingo 2 de febrero de 2003</a> y por aquel entonces yo trabajaba los domingos, me tocó acudir. Básicamente para ayudar a <strong>cargar los bultos</strong> a los dos <strong>camarógrafos </strong>(a la par que amigos, Pedro Pedreño y Juan Merchán), minutar la conversación y mantenerme invisible para todo lo demás. Para todos los demás, mejor dicho.</p><p>Por eso, cuando Aznar entró en el<strong> despacho de La Moncloa</strong> donde habíamos preparado todo y se puso a darme conversación, pude sentir el <strong>pánico </strong>a mi alrededor. Sus motivos tendría para no hablar más con los <strong>directores </strong>de la agencia entonces, Ángel Expósito y Paulino Guerra, a los que saludó con normalidad institucional, para acto seguido sentarse en la silla y centrarse en mí, un veinteañero (hace no tanto becario) que <strong>pasaba por allí</strong>, seguramente algo resacoso por una noche de sábado innecesariamente alargada por ahí, con estos, por los bares y <a href="https://www.infolibre.es/cultura/leonera-aranoa-relevancia-parques_1_2038474.html"  >parques</a> de <strong>Carabanchel</strong>. No esperaba yo estar unas pocas (muy pocas) horas después hablando con el presidente del Gobierno de mi país, vaya.</p><p>Como en las pelis<strong>, a cámara lenta,</strong> el tiempo se detuvo en la habitación mientras el presidente del Gobierno me decía (imaginémoslo, insisto, a cámara muy lenta, pues estoy seguro de que así lo vieron los demás). "¿Y tú? <strong>Qué joven eres, ¿no?"</strong> Como, efectivamente, era el ser humano de menor edad allí plantado, por algún motivo supuse que me tocaba levantar la cabeza del cuaderno, sentado como estaba detrás de las cámaras, convenientemente en un segundo (o tercer o cuarto o quinto plano). "No creas, tengo 24 ya", acerté a responder, por supuesto <strong>tuteando</strong>, para acrecentar el <strong>pavor</strong>.</p><p>Pude escuchar todos los cuellos girándose hacia a mí con una única súplica unitaria: "Por favor, <strong>no la cagues</strong>". "Pues pareces mucho más joven, fíjate", continuó Aznar, todavía con intención de alargar la agonía de los jefes un poquito más: <strong>"¿Y tienes novia?</strong>" Ahí yo ya sabía perfectamente que los cámaras se estaban aguantando la risa, mientras Aznar sonreía con complacencia. "Sí que tengo, desde el instituto, además". "Anda, mira. <strong>¿Y es rubia o morena</strong>?" (El diálogo, insistamos, sigue a velocidad <strong>muuuuy lenta</strong>). "Morena y muy guapa", respondí, provocando ya sí las <strong>carcajadas nerviosas </strong>de todos, después de que el propio Aznar fuera el primero en reírse sonoramente. </p><p>"Pues pareces muy joven, pero me parece muy bien eso", remató, mientras el ambiente plomizo de la habitación se hacía <strong>respirable </strong>de nuevo, el mundo volvía a girar a la velocidad normal y yo volvía rápidamente a mi estado natural: <strong>invisible</strong>. No es verdad del todo, porque al final de la entrevista volvió Aznar a despedirme efusivo y mandarle recuerdos a mi novia guapa, pero ahí ya estábamos en otra pantalla. </p><p>Podría perfectamente <strong>haberme cargado la entrevista</strong> más importante de Europa Press en quien sabe cuanto tiempo, la más importante que jamás allí se ha hecho, pero según salimos a la calle ya sí que empezó de verdad el <strong>cachondeo </strong>de todos, multiplicado cuando se corrió la voz por la redacción los días siguientes. La entrevista había ido bien, los jefes tenían buenos titulares y yo una desconcertante historia que contar ahora, <strong>22 años y medio después</strong>.</p><p>No fui, ni era, ni seré yo nunca nada (pero nada) de Aznar. De hecho, no es que la política me llamara especialmente así que en cuanto pude me cambié a <strong>Cultura</strong>. Un rollo totalmente diferente, en el que pasan cosas distintas. Sí que recuerdo siempre, y lo voy a contar por cambiar de tercio y confesar, aquella mañana en la que yo <strong>pensaba que estaba grabando la charla</strong> que mantenía con Dani Martín, pero no. <strong>La grabadora se rebeló</strong>, si así lo queremos ver.</p><p>Andaba el madrileño promocionando su tercer disco en solitario, <em>La montaña rusa</em> (2016), en una de esas <strong>jornadas maratonianas</strong> que les preparan las <strong>discográficas </strong>los días previos al lanzamiento, para salir a la vez en la mayor cantidad posible de medios. Quedamos en la Escuela de Interpretación de Cristina Rota, en <strong>Lavapiés</strong> y todo estuvo normal. Una entrevista más, otra de tantas (se hacen millones en Cultura). Todo bien, hasta el momento final, justo cuando recogí la grabadora de la mesita que teníamos entre ambos, y vi que estaba parada. "Qué calor hace aquí de repente, ¿no?", pensé. <strong>Sofoco instantáneo</strong>.</p><p>Dani me hablaba, las chicas de prensa de Sony Music me hablaban, pero yo ya no escuchaba nada. Ni oía. El silencio. La nada. Igual <strong>pensaron que me estaba dando un ictus</strong>, porque yo ya solo podía pensar una cosa: "No me jodas". Media hora de entrevista que ya solo estaba en mi cabeza. La grabadora, por cierto, era de <strong>cinta de casete</strong>, pues me empeñé hasta hace no tanto en seguir utilizándolas por fiabilidad, por estética y porque sí, en definitiva. Acerté a despedirme, salí a la calle y venga a <strong>rebobinar </strong>y a echar para delante, pero ahí no había nada. </p><p>"Pues nada, vámonos corriendo". Desde Lavapiés hasta Plaza Castilla,<strong> montado en el 27</strong>, anotando frases sueltas que recordaba. Es pasmoso lo complicado que resulta a veces poner por escrito una conversación que acabas de tener con alguien. Leyendo mis propias preguntas fui reimaginando, quizás un poco <strong>inventando</strong>, hasta ver ahí unos cuantos <strong>párrafos</strong>. Ni que decir tiene que me pasé de parada y acabé en la última (me tenía que apear en la antepenúltima). Para cuando llegué, me puse a escribir, sin hablar con nadie, con una concentración casi diría que inédita. <a href="https://www.europapress.es/cultura/musica-00129/noticia-dani-martin-exito-no-focos-ser-verdad-20160921155025.html" target="_blank" >Y la saqué adelante</a>.</p><p>Por fortuna, una entrevista promocional con un <strong>cantante </strong>no es lo mismo que otra con un <strong>presidente del Gobierno</strong> a punto de empezar una guerra en contra de buena parte del país. No había cámaras con Dani Martín, algo que me habría salvado de los <strong>sudores fríos</strong> y los dolores en las sienes. Que no se te grabe una entrevista es una <strong>pesadilla </strong>recurrente (quien lo probó lo sabe), como que te falta todavía algún crédito para licenciarte y tienes que <strong>volver a la facultad de Periodismo</strong>. Ser incapaz de escribir Andrés Calamaro y poner reiteradamente <strong>Andrés Calamardo</strong> en los tiempos en los que era editor y llevaba las redes sociales los fines de semana de la Rolling Stone no es una pesadilla al mismo nivel como tal, pero sí una <strong>tara mental</strong> propia que tengo y que... os contaré otro día.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Aug 2025 17:40:06 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Gallardo]]></author>
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