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      <title><![CDATA[El periodismo sigue vivo, la IA acecha, en TintaLibre de junio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/periodismo-sigue-vivo-ia-acecha-tintalibre-junio_1_2199713.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4f1e3a23-e2fc-49f0-a026-59d9f427441f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El periodismo sigue vivo, la IA acecha"></p><p>Ha llegado el momento; el momento en que la inteligencia artificial ya no es ninguna película de ciencia-ficción, ni una nueva empresa de Silicon Valley; su papel, ahora mismo, ocupa un lugar central en el mundo, no solo tecnológico sino cognitivo y cultural de la sociedad. Un papel, hay que decir, muy inquietante y cuyas ramificaciones y efectos en la comprensión del mundo solamente acaban de empezar. Ante este reto abrumador, <em>TintaLibre </em>de junio se ha puesto manos a la obra para tratar de explicar a nuestros lectores cómo afecta y subvierte las reglas de donde más nos duele: el periodismo. </p><p><strong>Ekaitz Cancela</strong>, uno de los más reputados analistas del poder tecnológico, esboza de este modo la situación del paciente colectivo de esa transformación imparable: “La imprenta digital de Google y Meta ha colonizado los últimos reductos de la vida democrática: esa esfera donde el difunto Habermas situaba la conversación, el diálogo y la deliberación cotidiana. En los últimos años se han privatizado los mecanismos que sostenían la atención pública sobre lo que se cuenta”.</p><p>Quizás no hay mejor preámbulo para una realidad que escapa muchas veces hacia los límites de la propia irrealidad. Lo dice <strong>Marta Peirano</strong>: “Hasta el jefe de Instagram admite que no podemos creer nada de lo que vemos. La sensación es de colapso: si todo es mentira, todo es verdad”.</p><p>Centrando más el foco en la profesión que nos afecta (y nos desvela), <strong>Ismael Nafría</strong>, abunda en la verificación de un efecto que ya estamos notando todos los días en la prensa: “La IA generativa está ya provocando un aumento espectacular de la producción editorial realizada de manera automática por nuevos actores que, en la inmensa mayoría de los casos, no persiguen los objetivos del buen periodismo, sino simplemente generar negocio”.</p><p>Porque en gran medida se trata de negocio, simplemente de negocio y mucha codicia. Desde dentro de las tripas de la IA otro especialista en la materia, <strong>Raúl Novoa</strong>, cuenta un caso real que le ayudó a comprender cómo se las gasta el bicho, al mismo tiempo que la educaba acabó con su trabajo. “La IA ordenaba la portada, enviaba notificaciones y editaba. Nuestra misión era verificar que lo hiciera bien y entrenarla. ¿Un <em>spoiler</em>? No era capaz de titular, ni jerarquizar, ni de contrastar”.</p><p>El colofón de nuestro amplio análisis sobre la IA lo ponen dos mujeres directoras de medios de comunicación en España, un dato sobre el que no hace falta ningún tipo de inteligencia androide para saber que son dos casos únicos. <strong>Esther Vera,</strong> directora del diario <em>Ara,</em> plantea un problema que trae desde hace tiempo de cabeza a las redacciones: “La irrupción de la IA generativa plantea ahora una amenaza más profunda. Ya no se trata solo de que las plataformas distribuyan contenidos ajenos. Se trata de que puedan absorberlos, reorganizarlos y devolvérselos al usuario sin necesidad de pasar por el medio que los produjo”. <strong>Virginia P. Alonso</strong>, directora de nuestro <em>infoLibre</em>, abre un interrogante situado en el ojo del huracán: “Tal vez la pregunta decisiva no sea qué impacto tendrá la IA en el periodismo, sino la pregunta es qué periodismo queremos defender ante los retos tecnológicos”.</p><p>Mientras Silicon Valley diseña nuestro futuro tecnológico a la carta y abre la puerta a un mundo incierto, por aquí abajo, en las redacciones honestas y las piezas escritas sin robots, seguimos pulsando la tecla del periodismo real. Y hay humor, tanto como que <strong>Miguel Sánchez-Romero</strong> se aventura esta vez en llevar al plató de Marc Giró al mismo Jesucristo (que nos sorprende con su dominio ante las cámaras), o también podemos comprobar en la crónica en primera persona de <strong>Miguel Saralegui</strong> como el Opus Dei sigue dando el cante, esta vez a cargo de ese grupo que tanto gusta a Ayuso que se llama Hakuna. </p><p>Pero si volvemos a hablar del periodismo lean por favor la <em>laudatio</em> que un correcaminos de la profesión como <strong>Xavier Vidal-Folch</strong> realizó sobre <strong>Soledad Gallego-Díaz </strong>con motivo del premio a la ética periodística concedido por la FAPE. Fue solo un mes antes de su fallecimiento. Va por ella.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 May 2026 17:25:49 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[TintaLibre,Inteligencia artificial]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Lo que la IA no sabe hacer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/ia-no_1_2202225.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e87da5c6-912e-462b-a1ac-ef0b80f7eaed_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que la IA no sabe hacer"></p><p>Cuando Isaac Asimov escribió <em>Yo Robot</em> en 1950 elaboró las tres leyes para garantizar la seguridad humana frente a la tecnología. <strong>Un robot no hará daño a un ser humano ni tampoco permitirá que lo sufra</strong>; obedecerá las órdenes dadas por los humanos excepto si entra en conflicto con la anterior ley y un robot protegerá su propia existencia, siempre y cuando esa protección no entre en conflicto con alguna de las leyes anteriores. Un estudio del FMI alerta de que en torno al 60% de los empleos podrían perderse por culpa de la inteligencia artificial en economías avanzadas. Otro informe de la OCDE avisa de que un 27,4% de los empleos en España están en riesgo por la IA generativa. El robot estaría incumpliendo la primera ley ética del escritor y bioquímico ruso. </p><p>El <em>Wall Street Journal</em> y la BBC alertaron en 2023 de que <strong>la IA podría reemplazar hasta 300 millones de trabajos entre Estados Unidos y Europa</strong>. Las grandes corporaciones parecen moverse al respecto. Hace unas semanas Meta confirmó un recorte de 8.000 trabajadores y la congelación de 6.000 contrataciones; Amazon despidió a unos 30.000 empleados de oficina en el cambio de 2025 a 2026; Ebay ha despedido al 6% de su plantilla, Pinterest a un 15% y Block –la compañía financiera del fundador de Twitter– ha echado a 4.000 empleados. ¿El motivo? No lo esconden: las crecientes capacidades de la IA. “Un equipo significativamente más pequeño, con las herramientas que estamos desarrollando, puede hacer más y mejor. Y las capacidades de la IA se multiplican cada semana”, reconoció Jack Dorsey, de Block. </p><p>El miedo surge casi espontáneo cuando vemos a una máquina agilizar tareas complejas para los humanos. Pero se debe evitar el ludismo. Esclavizar a los robots debería ser una forma de emancipación humana. Pasar menos tiempo trabajando y más disfrutando de la vida. “Estoy a favor de que una máquina haga cosas aburridas que no tienen sentido para mí. Me parece estupendo que los robots realicen tareas de camarero, repartan botellas de agua en un comedor, limpien…”, detalla Margot Rot, filósofa y escritora de <em>Infoxicación</em> (Paidós, 2023). La cuestión, para ella, es “que se crea que una IA pueda traducir mejor un poema de Ashbery que una persona”. El problema de la implementación tecnológica no es tanto su capacidad sino <strong>la elección que hacemos sobre al servicio de qué ponemos esa capacidad</strong>. Mención aparte a la recopilación de datos personales que hacen empresas como OpenAI o su falta de criterios éticos respecto a cuestiones de salud pública como el suicidio. </p><p>Las predicciones laborales de las grandes empresas tecnológicas responden también a sus intereses ideológicos. Otro estudio hecho por economistas del Laboratorio de Presupuestos de la Universidad de Yale y del centro de estudios Brooking Institution contradice a los líderes de las tecnológicas. Indican que desde que OpenAI lanzó el popular ChatGPT en noviembre de 2022, la IA generativa no ha tenido un efecto más drástico sobre el empleo que los avances tecnológicos anteriores. Tampoco encuentran evidencias directas de que estos <em>chatbots</em> estén dejando a la gente sin trabajo. “<strong>No nos encontramos ante un apocalipsis laboral</strong> que afecte a toda la economía; la situación es, en su mayor parte, estable. Ese debe ser el mensaje”, incidió Martha Gimbel, coautora del estudio en su presentación. </p><p>¿Por qué se alimenta el relato de que la IA se <em>come</em> nuestros puestos de trabajo? Si bien es cierto que los empleos repetitivos y de poca complejidad (cajeros, administrativos, operadores…) sí tienen riesgo de ser automatizados, hay voces que lo identifican como <em><strong>AI washing</strong></em>. Esto es, el uso interesado del mito que se ha creado alrededor de esta tecnología para justificar despidos o subidas de precios que iban a hacerse de igual manera. Amazon ha reconocido en varias ocasiones que “sobredimesionó” su plantilla durante el covid y despide a empleados desde 2022. Un exjefe de recursos humanos de Block reconoció a <em>The New York Times</em> que la propia Block había pasado por rondas de despidos durante 2024 y 2025.</p><p>Parece que más que un cambio de modelo de empleabilidad hay un <strong>cambio cultural</strong>. En concreto de intenciones publicitarias. “Desde ChatGPT muchas personas y empresas usan y anuncian su conocimiento en IA para demostrar un alto grado de especialización y actualización tecnológica. Se trata de una exageración de conocimientos”, valora César Fieiras, investigador especialista en las repercusiones transversales de la IA en el sector de la comunicación en la Universidad de Santiago de Compostela. Transformar los recortes en innovaciones tecnológicas suaviza el impacto de los despidos y disminuye la responsabilidad en ellos. </p><p><strong>¿Qué pasa con el periodismo?</strong></p><p>Aunque el periodismo rehúye la primera persona, voy a usarla: durante meses, entrené a una inteligencia artificial para un medio extranjero en el que trabajaba y <strong>acabó quitándome el trabajo</strong>. Mis jefes de entonces nos pidieron que supervisáramos y corrigiésemos las torpes noticias que un robot creaba a partir de teletipos y fotos creadas por un <em>prompt</em>. La IA ordenaba la portada, enviaba notificaciones y editaba las noticias. Nuestra misión era verificar que lo hiciese bien y enseñarla. ¿Un espóiler? No era capaz de titular, jerarquizar ni contrastar. </p><p>Mi caso no es aislado. La lógica del <em>AI slop</em>, el contenido basura que genera en cadena una Inteligencia Artificial, se está colando en más medios. Un ejemplo es el de <em>Quartz</em>, una revista de negocios. En 2024, todos los redactores, excepto el editor jefe y el editor ejecutivo, fueron despedidos. La producción de noticias quedó en manos de una IA bautizada como Quartz Intelligence Newsroom. No solo falla en la veracidad de sus noticias, sino que el robot también ha llegado a usar como fuente principal a Devdiscourse, otro sitio de <em>slop</em> evidente. </p><p>“<strong>El peor uso de la IA es el que se está haciendo en periodismo</strong>. Es una vergüenza absoluta que la profesión esté en semejante decadencia”, critica Margot Rot. “Es curioso cómo al usar la IA en el periodismo se trata de esconder y hay connotaciones negativas y estigmas”, explica Javier Mayoral, profesor e investigador de Periodismo en la UCM. En marzo de este año, <em>The New York Times</em> despidió a un periodista por usar inteligencia artificial. Eso dice el titular, pero lo echaron porque se había ayudado de ella para escribir una reseña de un libro con similitudes de otra reseña del <em>The Guardian</em> británico. Vamos, lo echaron por plagio, no por usar la IA.</p><p>Un estudio publicado por Javier Mayoral analiza cómo perciben la IA los periodistas en España. Casi el 75% de ellos dice que su empresa no le ha ofrecido formación en IA generativa y seis de cada diez afirman que ni siquiera se ha debatido internamente su uso. Más del 85% señala alguna contribución de la inteligencia artificial a sus tareas cotidianas. Otro informe de la Universidad de Stanford señala que la IA facilita mucho el trabajo de los periodistas senior, pero sí dificulta la puerta de entrada a los nuevos. “Cuando directores, editores o jefes de sección hablaban con nosotros se subrayaba lo positivo y se insistía especialmente en que la IA no iba a eliminar puestos de trabajo. Esas mismas personas reconocían que la visión de los redactores era más pesimista, que había mucho miedo”, destaca Mayoral. “<strong>La introducción de la IA en las redacciones no ha sido un proceso dialogado y transparente</strong>, con una planificación consensuada con los trabajadores y con sesiones formativas previas”. </p><p>Las grandes cabeceras de medios de comunicación <strong>no esconden el uso de la IA</strong>. Sería ilógico negarnos a una herramienta que puede organizar datos, transcribir entrevistas, aportar ideas o detectar faltas de ortografía. El británico <em>The Guardian</em> publicó en marzo un editorial detallando su política editorial sobre el uso de esta tecnología en el periodismo. El principio central establece que el periodista es siempre responsable de lo que firma. Cualquier uso extraño de la IA generativa en una noticia debe contar con la aprobación explícita del editor y estar destacada para el lector. Según el documento, “las audiencias tienen derecho a esperar que lo que aparece bajo una firma fue escrito por un periodista”. </p><p>En el estudio de Mayoral los periodistas consideran una línea roja recurrir a la inteligencia artificial generativa para crear un primer borrador de un texto. En España, <em>El País</em> ha puesto en marcha una IA para automatizar tareas repetitivas y de escaso valor dentro del trabajo periodístico para que, dicen, los redactores destinen más esfuerzos a elaborar información propia. “Esto redundará en un enriquecimiento de las noticias”, auguran. </p><p>“Este tipo de regulaciones internas en los medios son muy importantes”, destaca Fieiras. “Incluso podríamos abogar por una ley específica del uso de la IA en el periodismo. El conflicto ético siempre estará ahí”. Lo importante estará siempre en el criterio editorial. “Es importantísima la supervisión y la iteración. <strong>La IA no deja de ser un intermediario</strong>. Es una herramienta potentísima, pero un intermediario más para conseguir algo”, subraya. La IA de forma autónoma y, aún menos sin supervisión, jamás podrá hacer todas las tareas de jerarquizar, sintetizar, contrastar o consultar. “Los medios que consigan gobernarla y hacerla suya, trasladando el criterio ético y periodístico a la producción del día a día, serán aquellos diferenciales”, defiende el investigador.</p><p>Si se sustituyera a los periodistas por máquinas para automatizar las tareas <strong>disminuiría la calidad periodística, la creatividad o la empatía</strong>. Pero también el control, la comprobación o la verificación. “¿Cuántas veces nos ha dicho algo falso o impreciso una herramienta de inteligencia artificial sin el menor atisbo de duda (porque la IA no está pensada para dudar) y luego, cuando le hemos mostrado el error, nos ha reconocido que su dictamen anterior no era verdad? ¿Qué podemos esperar que ocurra si dejamos a la inteligencia artificial a los mandos, sin ningún control humano?”, cuestiona Mayoral.</p><p>El periodismo observa, analiza, busca enfoques y luego desarrolla una historia única. <strong>La inteligencia artificial parte de algo ya creado por la humanidad.</strong> “La IA no llama a una fuente, no es capaz de convencer a una persona para que ofrezca su testimonio, no tiene intuición para descubrir nada nuevo en sentido estricto”, subraya Mayoral. No obstante, si el trabajo periodístico se basa en copiar y pegar un robot sí sabe hacerlo. </p><p>La pregunta del millón: <strong>¿Qué va a suceder con los empleos periodísticos?</strong> “Si los medios de comunicación quieren producir piezas a bajo coste, se perderán puestos de trabajo. Si los medios de comunicación no buscan abaratar costes, sino mejorar la calidad, se implantará progresivamente la IA sin una pérdida sustancial de empleos, porque los periodistas dejarán de hacer algunas tareas, pero asumirán nuevas funciones”, responde Mayoral. “Los medios podrán ofrecer servicios de valor que partan de informaciones humanas, pero con una mayor calidad. Incluso puede ayudar a generar puestos de trabajo técnicos. <strong>Poder centrarse más en el periodismo que en la productividad</strong>”, añade Fieiras. El futuro depende de los intereses empresariales.</p><p>¿Y mi conclusión sobre el paso por aquella empresa? La IA no parece capaz de sustituir a los periodistas, aunque en ese caso sí lo haya logrado. <strong>No tiene curiosidad, no distingue y no contrasta</strong>. Ese medio es uno sintético. Por ahora el periodismo está relativamente a salvo siempre y cuando los medios de comunicación apuesten por él. Por ahora, las leyes sobre robótica que Asimov imaginó hace casi 100 años aún aguantan. </p><p><em>*</em><em><strong>Raúl Novoa </strong></em><em>es periodista y guionista.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Jun 2026 04:01:08 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Raúl Novoa]]></author>
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      <title><![CDATA[La IA no destruirá el periodismo, pero puede volverlo invisible]]></title>
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      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1f52a921-ff97-40a5-ba69-bf47e2774fd6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La IA no destruirá el periodismo, pero puede volverlo invisible"></p><p>Hubo un momento, hace apenas dos décadas, en que los periódicos comprendieron que <strong>Internet había roto para siempre el viejo equilibrio entre información, publicidad y poder</strong>. La prensa perdió entonces el monopolio de la distribución, pero conservó algo esencial: seguía siendo quien producía la información original que alimentaba el ecosistema digital.</p><p>Durante la mayor parte de la historia moderna del periodismo, la relación entre los medios y el público fue relativamente directa. Los lectores compraban un periódico, encendían la radio o visitaban una página web. Los límites entre productor y consumidor eran claros, incluso cuando existían intermediarios de distribución. <strong>Hoy esa relación está cambiando</strong>.</p><p>La irrupción de la inteligencia artificial generativa plantea ahora una amenaza más profunda. Ya no se trata solo de que las plataformas distribuyan contenidos ajenos. Se trata de que puedan absorberlos, resumirlos, reorganizarlos y devolvérselos al usuario sin necesidad de pasar por el medio que los produjo.</p><p>Cada vez más personas <strong>acceden a la información no buscando directamente un medio concreto</strong>, sino interactuando con sistemas que agregan y sintetizan contenidos. Una pregunta escrita en una interfaz de IA puede generar una respuesta elaborada a partir de múltiples fuentes, condensada en un único texto coherente. El trabajo periodístico original sigue siendo esencial –sin él no habría nada que resumir–, pero su origen se vuelve menos visible. El periodista, en cierto modo, sigue presente, pero deja de ocupar el centro y esa no es una cuestión tecnológica sino que atraviesa las conversaciones sobre negocio, democracia, audiencias, suscripciones, credibilidad y futuro de las redacciones. La sensación dominante es de cambio de era. El periodismo ha entrado silenciosamente en una segunda gran crisis digital y la diferencia es decisiva.</p><p>Si Google y Facebook todavía enviaban tráfico a los medios, los asistentes conversacionales aspiran, en cambio, a sustituir parcialmente la experiencia misma de lectura. El usuario pregunta. La IA responde. Y el periódico desaparece del recorrido. Es lo que Reuters Institute ha definido como <strong>el paso de la </strong><em><strong>economía del clic</strong></em><strong> a la </strong><em><strong>economía de las respuestas</strong></em>. Es una fórmula aparentemente técnica, pero describe una mutación enorme. Durante años, los medios compitieron por atraer lectores hacia sus portadas digitales. Ahora temen que la conversación informativa ocurra directamente dentro de sistemas como ChatGPT, Gemini o Claude, sin visita, sin publicidad y, sobre todo, sin vínculo con la marca periodística.</p><p>El gran miedo de las redacciones no es únicamente perder tráfico. <strong>Es perder relevancia cultural</strong>. Quizá estamos asistiendo al fin de la portada como centro organizador de la vida pública. Durante más de un siglo, los periódicos jerarquizaron el mundo. Decidían qué abría el día, qué era importante, qué merecía atención colectiva. La IA fragmenta esa experiencia en millones de respuestas individualizadas. Cada usuario recibe una realidad ligeramente distinta.</p><p><strong>Concentración de poder</strong></p><p>La consecuencia no es solo económica. También democrática. Lo más importante es que se erosiona la posibilidad de una conversación pública compartida y ello incide directamente sobre los consensos imprescindibles para la salud de la democracia y la cohesión social. <strong>Sin una noción compartida de la realidad estamos desnudos frente a los </strong><em><strong>deepfakes</strong></em><strong> y la manipulación sintética</strong>.</p><p>Detrás de esa transformación aparece otra cuestión todavía más delicada: la concentración de poder informativo en manos de unas pocas grandes empresas tecnológicas estadounidenses. Nunca antes en la historia contemporánea un número tan reducido de compañías había tenido tanta capacidad para ordenar el acceso global a la información, definir qué contenidos circulan, qué medios son visibles y bajo qué condiciones económicas. La Unión Europea empieza a comprender que la discusión sobre la IA no es únicamente tecnológica ni comercial, sino también política y democrática. El European Union Artificial Intelligence Act, la Digital Services Act o la European Media Freedom Act responden precisamente a ese temor: <strong>que el espacio público europeo quede subordinado a algoritmos</strong>, modelos lingüísticos y plataformas privadas cuyo funcionamiento escapa al control democrático. Es una cuestión de soberanía. Soberanía informativa, cultural y tecnológica. Porque si Europa no es capaz de poner límites regulatorios a las grandes plataformas, corre el riesgo de que buena parte de su conversación pública quede mediada por actores privados que no responden ni a criterios editoriales ni a intereses democráticos europeos.</p><p>Sin embargo, el mismo fenómeno que amenaza al periodismo puede reforzar su valor. Si la IA convierte la información básica en una mercancía abundante y casi gratuita, entonces lo verdaderamente escaso pasa a ser otra cosa: la confianza. Como en una inundación, lo realmente valioso es el agua potable. La abundancia de texto, de ruido, hace más escasa y más valiosa la credibilidad. La paradoja es fascinante. Nunca hubo tanta capacidad para producir contenido. Y quizá <strong>nunca fue tan importante distinguir qué contenido merece ser creído y leído</strong>.</p><p>De entrada, la IA en las redacciones se está utilizando como una nueva herramienta del oficio. Las aplicaciones prácticas ya están transformando las redacciones con las transcripciones automáticas, las traducciones, la subtitulación de vídeos, la búsqueda de documentación, el análisis masivo de datos, la detección de patrones, la verificación audiovisual y la ordenación y recuperación de archivos. <strong>No ha habido un momento único de disrupción</strong>, ninguna línea clara que separe la vieja redacción de la nueva. La tecnología se ha ido instalando casi imperceptiblemente en las rutinas diarias de los periodistas. Un reportero sube una transcripción y recibe un resumen estructurado. Un editor prueba titulares alternativos generados en segundos. Un equipo de producto experimenta con nuevas maneras de recomendar artículos a los lectores a partir de sus hábitos de consumo. Todas estas herramientas, que hace tres años parecían futuristas, ahorran hoy horas de trabajo rutinario y mecánico que se pueden dedicar a dotar nuestra información de valor añadido: investigar, contextualizar, contrastar y narrar. La IA abarata el contenido <em>commodity</em>, pero aumenta el valor del análisis, la interpretación y la autoridad editorial.	</p><p><strong>Dinámicas de optimización</strong></p><p>El riesgo es emborracharse si la jerarquización, el enfoque narrativo o la selección editorial <strong>dejan de depender del criterio profesional y pasan a estar excesivamente condicionados por métricas</strong>, algoritmos y dinámicas de optimización. Un titular puede seguir siendo escrito por un editor, pero probablemente estará influido por datos sobre rendimiento y comportamiento de audiencia. Una historia puede seguir seleccionándose por criterios periodísticos, pero esos criterios conviven cada vez más con analíticas y objetivos de visibilidad. La inteligencia artificial ayuda a llegar al lector e intensifica estas dinámicas porque las vuelve más rápidas, más precisas y más omnipresentes.</p><p>El problema aparece si la lógica industrial invade o ahoga el núcleo editorial. El gran temor académico y profesional es que la automatización no se limite a tareas auxiliares, sino <strong>que empuje hacia un periodismo más rápido, más barato y más homogéneo</strong>. La inteligencia artificial puede ayudar a producir información. Pero no puede asumir la responsabilidad pública. No se puede olvidar qué merece ser explicado, cuál es el contexto, cuáles son las consecuencias y quién somete a verificación.</p><p>La palabra clave es <em>confianza</em>. Necesita una defensa feroz de la propiedad intelectual, conscientes de que nuestro principal activo ya no es solo la información, sino <strong>la confianza acumulada durante décadas</strong>. La IA puede asistir, pero el juicio editorial sigue siendo irreductiblemente humano.</p><p><strong>Es importante que los medios se doten de códigos éticos para la utilización de la IA</strong>. En el caso de <em>Ara</em> somos conscientes de que muchas herramientas de IA procesan información en sus servidores y pueden utilizarla para entrenar modelos. Por ello, solo pueden utilizarse herramientas corporativas autorizadas para trabajar con material sensible, y queda prohibido introducir en ellas datos que identifiquen fuentes confidenciales, investigaciones en curso o documentos reservados. En materia de verificación, el código recuerda que los modelos de IA pueden inventar datos, citas o referencias. Por ello, ninguna información generada por IA puede publicarse sin contraste independiente y acceso a fuentes verificables.</p><p>En el fondo, el debate actual recuerda una vieja intuición de la historia del periodismo: cada revolución tecnológica destruye parte del ecosistema anterior, pero también <strong>redefine el valor diferencial del buen periodismo</strong>. La IA tampoco hará desaparecer automáticamente el periodismo. Pero probablemente sí eliminará parte del periodismo indiferenciado, repetitivo y puramente agregador.</p><p>El gran interrogante es quién sobrevivirá económicamente durante la transición. Porque<strong> la cuestión decisiva sigue siendo el negocio</strong>. ¿Por qué alguien pagará una suscripción si una IA puede resumir gratuitamente las noticias del día? Esta es la pregunta que obsesiona hoy a directivos y editores. Los más pesimistas creen que la IA destruirá el tráfico y reducirá la disposición a pagar. Los más optimistas sostenemos exactamente lo contrario: que cuanto más ruido automatizado exista, más valor tendrán las marcas capaces de ofrecer criterio, profundidad, honestidad intelectual y que sean capaces de crear una comunidad construida por una relación de confianza con sus lectores.</p><p>El verdadero cambio de era no consiste solo en la aparición de una nueva tecnología. Consiste en el desplazamiento del valor. Durante años, el valor estuvo en distribuir información rápidamente. Ahora vuelve a desplazarse hacia algo más antiguo y más difícil de automatizar: <strong>el criterio, la verificación, la interpretación, la reputación y la confianza pública</strong>. En una época en la que cualquiera podrá producir contenido casi ilimitado, quizá el periodismo recupere precisamente aquello que lo hizo indispensable desde el principio: la capacidad de distinguir lo verdadero de lo simplemente verosímil.</p><p><em>*</em><em><strong>Esther Vera</strong></em><em> es directora del diario ‘Ara’.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Jun 2026 04:00:48 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Esther Vera]]></author>
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      <title><![CDATA[Periodismo frente al expolio algorítmico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/periodismo-frente-expolio-algoritmico_1_2202689.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/68f7aaf9-75f8-49f8-9efc-0ecfe5a1cbcf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Periodismo frente al expolio algorítmico"></p><p>El periodismo siempre ha cambiado cuando cambiaron sus herramientas. Forma parte de su esencia, aunque en apenas un cuarto de siglo estas nos hayan dado la vuelta como un calcetín. Tengo 53 años y he vivido suficientes mudanzas tecnológicas en la profesión como para desconfiar tanto de la nostalgia como del entusiasmo hacia cada nueva innovación. Empecé a trabajar con máquina de escribir. En la primera redacción que pisé, los teletipos se rasgaban en los cantos de las mesas y se repartían en mano. He grabado en radio con magnetófonos de bobina abierta, he visto a documentalistas en archivos de papel encontrar en minutos lo que hoy un buscador devuelve en milésimas de segundo (y no siempre con más inteligencia). También he vivido <strong>el salto a internet</strong>, la promesa de la abundancia y del procomún –¡ja!–, el vértigo del tiempo real, la ruptura del modelo de negocio, la conversión del lector en usuario y del periódico en una portada sin fin.</p><p>La digitalización de archivos, los gestores de contenido, las bases de datos, las alertas automáticas, las transcripciones asistidas o la edición digital no han destruido por sí mismas el oficio; en muchos casos lo han hecho menos ingrato y más ambicioso. <strong>Internet abrió puertas extraordinarias</strong> y, al mismo tiempo, arrasó los cimientos económicos de buena parte de la prensa. Ocurrió porque<strong> la tecnología nunca llega sola</strong>: llega acompañada de una cultura empresarial que casi siempre opera en la misma dirección, la de capturar valor y redistribuir poder hacia quien ya lo tiene. Lo que viene siendo el capitalismo.</p><p>En relación muy directa con esto último, la <strong>inteligencia artificial generativa</strong> ha colonizado un espacio crítico de la esfera pública: el umbral entre los lectores y el periodismo. Ahí, justo antes del <em>clic</em>, antes de la lectura y antes del reconocimiento de una firma, ofrece respuestas limpias, rápidas y convincentes, pero construidas con materiales que periodistas tuvieron antes que seleccionar, buscar, investigar, verificar, editar y de los cuales se hicieron responsables en el mismo momento de darle al botón de publicar. La IA no pisa la calle, no habla con fuentes, no recibe burofaxes, no rinde cuentas ni desde luego paga redacciones. Pero depende de todo ello para existir. </p><p>No estamos ante una herramienta que escribe más deprisa, sino ante <strong>una tecnología capaz de suplantar una responsabilidad reconocible</strong> –la que, en buena parte, otorga la credibilidad– a través de una voz que suena plausible y que parece tener autoridad. Por eso, la disputa entre IA y periodismo es por el valor, la autoría y la confianza pública. Es económica, jurídica y democrática. La cuestión, entonces, no es tanto si la inteligencia artificial generativa es capaz de acabar ella sola con el periodismo, como a quiénes interesa que eso ocurra y por qué. </p><p>No es casual que la UNESCO y Reporteros Sin Fronteras hayan entrado de lleno en este debate. Cuando organismos dedicados desde hace décadas a la libertad de prensa han salido a la palestra, es porque han entendido que <strong>aquí no se discute sobre innovación</strong>, sino sobre las condiciones de posibilidad de esa esfera pública como espacio donde se juega también la democracia.</p><p>El periodismo es una industria extraña: produce <strong>un bien público con un modelo de ingresos privado y frágil</strong>. Su sostenibilidad depende de una combinación inestable de publicidad, suscripciones, prestigio, tráfico y paciencia empresarial. Por tanto, cuando las plataformas de IA contestan dentro de sus propios entornos con materiales obtenidos del trabajo periodístico, capturan el valor sin soportar el coste de producirlo. La demanda de <em>The New York Times </em>contra OpenAI y Microsoft refleja bien esa tesitura: el periódico sostiene que sus contenidos fueron usados para construir productos que compiten con él, desvían audiencia y erosionan el incentivo económico que hace posible el periodismo original.</p><p>Pero esta historia también la hemos vivido antes. Durante años, las plataformas prometieron a los medios visibilidad a cambio de dependencia. El precio fue alto: empobrecimiento del vínculo directo con los lectores y subordinación del criterio editorial a la lógica –o ilógica– del algoritmo. <strong>La IA amenaza con llevar ese ciclo a una fase superior</strong>. El Reuters Institute lo formula con claridad inquietante: los buscadores se están convirtiendo en “motores de respuesta”, y los responsables de medios encuestados esperan que el tráfico procedente de buscadores caiga más de un 40% en los próximos tres años.</p><p>Hasta hace nada, los medios escribían para aparecer en buscadores. En la era de la IA, lo hacen para ser absorbidos, resumidos y citados –con suerte– por sistemas conversacionales. Antes, el buscador mostraba un enlace y el medio podía recibir una visita que le generara unos ingresos, aunque fueran irrisorios. Ahora, el sistema ofrece una respuesta compuesta de tal forma que el usuario ni siquiera siente la necesidad de salir de esa página para ir a la del medio. <strong>El periodismo queda convertido en combustible para una caldera</strong> que no calienta a nadie, pero llena la habitación de gases tóxicos.</p><p>La primera emanación, y quizá la más dañina, es la <strong>degradación de la verdad factual</strong>. Los modelos de lenguaje producen frases convincentes con una desenvoltura que confunde incluso a lectores entrenados. Su habilidad para sintetizar convive con una incapacidad estructural para distinguir entre lo verificado y lo inventado. Pueden resumir una investigación y, en la misma operación, deslizar un matiz falso, atribuir una frase a quien no la dijo o enlazar a una página que no existe. Y eso sin entrar en fotos que captan algo que no ha sucedido, audios que recogen frases que nadie ha pronunciado o vídeos en los que un dirigente dice lo contrario de lo que dijo.</p><p>La desinformación ya era una industria financiada, profesional y con intereses geopolíticos. La IA generativa la alimenta. Y el periodismo, que durante décadas fue el oficio de contrastar, se ve obligado ahora a demostrar que lo real es real. Esa<strong> inversión de la carga de la prueba</strong> –antes había que probar la mentira, ahora hay que probar la verdad– es una de las transformaciones más serias de nuestro tiempo.</p><p>Una investigación del Tow Center for Digital Journalism (de la Escuela de Periodismo de Columbia) sobre ChatGPT Search concluye, además, que los medios están expuestos a que su contenido sea mal atribuido o mal representado (más allá de que permitan o no el rastreo de sus contenidos por OpenAI; es decir, su canibalización a cambio de un generoso pago). El lector recibe una respuesta envuelta en una pretendida autoridad mientras la fuente original aparece desfigurada, desplazada o directamente desaparece. El mismo centro analizó en otra ocasión ocho herramientas de IA generativa, entre ellas ChatGPT, Perplexity, Gemini y Grok. Más del 60% de las respuestas contenían<strong> errores en la identificación de artículos periodísticos, autores o enlaces originales</strong>. Y con frecuencia generaban hipervínculos a páginas de error o dominios falsos. </p><p>Hay otro frente donde el extractivismo de la IA respecto al periodismo se vuelve casi obsceno: <strong>el plagio</strong>. En junio de 2024, <em>Forbes</em> acusó a Perplexity de republicar partes de exclusivas con atribución insuficiente. La controversia creció cuando otros medios denunciaron prácticas semejantes y, meses después, Dow Jones y <em>New York Post</em> demandaron a la empresa alegando infracción de <em>copyright</em> y un <em>metadaño</em>: la invención de noticias falsas atribuidas a cabeceras reales.</p><p>Más recientemente, una red local impulsada por IA, <em>Nota News</em>, que se presentaba como remedio para los desiertos informativos de Estados Unidos, cerró sus webs tras descubrirse decenas de casos de plagio. Axios y Poynter documentaron que sus páginas habían copiado citas, frases e incluso fotos de medios locales. La promesa, noble en apariencia, terminó devorando aquello que decía venir a salvar. </p><p>Europa ha empezado a entender que <strong>esta discusión no puede quedar a merced de contratos privados</strong> entre gigantes tecnológicos y grandes cabeceras. El caso Like Company contra Google Ireland, pendiente de resolución por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, deberá responder si un <em>chatbot</em> como Gemini puede vulnerar derechos de autor al resumir o reproducir contenido periodístico protegido, y si el entrenamiento de modelos con publicaciones de prensa puede quedar amparado por las excepciones de minería de textos y datos.</p><p>Entre tanto, la homogeneización formal y estilística es una amenaza menos aparatosa que el plagio, pero de propagación más rápida. Los modelos generativos tienden a escribir con corrección, incluso con cierta elegancia, pero <strong>su inclinación natural es hacia la mediocridad verosímil</strong>. El periodismo suele nacer de lo contrario: de una anomalía, una frase que no encaja, un matiz que obliga a reenfocar la pieza. La IA puede ordenar el mundo según patrones, pero es el periodista quien debe desconfiar de ellos.</p><p>Y ahí se juega también una pérdida de calidad literaria. Porque <strong>una crónica no solo informa</strong>: guía al lector a través de una experiencia. Una investigación no es una acumulación de pruebas: es una arquitectura levantada sobre esas pruebas. Una prosa neutra e intercambiable huele a muerto; está en las antípodas de lo que debería ser el periodismo: frescura, viveza, vivencia, ingenio, profundidad.</p><p>La Fundación Gabo ha señalado otra mutación inquietante: la <strong>IA generativa está saturando Internet con contenido de baja calidad</strong>, producido masivamente y sin supervisión humana. Se lo conoce como <em>AI Slop</em> –<em>slop</em> significa bazofia–. Textos, imágenes o vídeos diseñados para engañar algoritmos, atraer <em>clics</em> y generar ingresos publicitarios, más que para informar. Esta, discúlpenme, <em>mierdificación</em> dificulta distinguir la información verificada de la falsa o irrelevante, devalúa el trabajo periodístico y debilita la credibilidad de medios y autores.</p><p>A todo esto hay que sumar que<strong> la IA ya funciona como argumento para recortar plantillas</strong>. <em>Fortune </em>despidió aproximadamente al 10% de su redacción aludiendo, entre otros factores, al advenimiento de la IA y la caída del tráfico web. Associated Press ha ofrecido bajas incentivadas a más de 120 periodistas en Estados Unidos mientras se aleja del periodismo escrito y busca nuevas fuentes de ingresos, incluida la IA. Sería ingenuo atribuir cada despido únicamente a esta tecnología. La prensa lleva años adelgazando plantillas por causas que la preceden: fuga de publicidad, concentración del mercado, captura de la atención por plataformas, precarización de las redacciones. Pero la IA entra en esa crisis como un acelerador.</p><p>Por si fuera poco, el Comité para la Protección de los Periodistas alertó ya en 2025 sobre el plan del Estado de Maharashtra, en India, para usar <strong>inteligencia artificial con el fin de monitorizar la cobertura mediática </strong>y responder a informaciones que el Gobierno clasifique como “negativas”. Una estrategia perfecta para alimentar la autocensura y disuadir de coberturas críticas.</p><p>En este punto conviene recordar algo elemental: <strong>el periodista no es solo un productor de texto, es una cadena de responsabilidades humanas</strong>. La IA es una herramienta de procesamiento estadístico; el periodismo, un ejercicio ético, de campo y de confianza pública, basado en la selección de historias y enfoques, en la investigación laboriosa, la edición con criterio, la responsabilidad legal y la firma como compromiso. Elementos, todos ellos, que requieren de la intervención de mujeres y hombres. </p><p>Tal vez por eso la <strong>pregunta decisiva</strong> no sea qué impacto tendrá la inteligencia artificial en el periodismo, sino <strong>qué periodismo queremos defender frente a la inteligencia artificial</strong>. Si aceptamos que la información es un bien público, hay que exigir condiciones a empresas y gobiernos y también imponérnoslas a nosotros mismos: desde la transparencia radical en su uso, la protección efectiva de la autoría o la adopción de reglas de atribución hasta el establecimiento de límites al entrenamiento extractivo. </p><p>Porque en el fondo<strong> la disputa</strong> no es entre humanos y máquinas. Es <strong>entre un periodismo que responde por lo que difunde y una industria que absorbe contenido</strong>, lo recombina y lo devuelve sin asumir los costes de producirlo ni las consecuencias de publicarlo. La IA ya nos está poniendo a prueba: nos obliga a elegir entre responsabilidad y extractivismo, entre un bien público y un residuo procesable. Y de esa prueba podemos salir más fuertes o con los pies por delante. De nosotros depende.</p><p><em>*Virginia P. Alonso es directora de ‘infoLibre’.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Jun 2026 04:01:23 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Virginia P. Alonso]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Periodismo frente al expolio algorítmico]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[TintaLibre,Inteligencia artificial,Periodismo]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La prueba definitiva para el periodismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/prueba-definitiva-periodismo_1_2201320.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4eeee797-ff86-4c54-9fc2-c56c7f248c73_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La prueba definitiva para el periodismo"></p><p>En la nueva era de la inteligencia artificial –escrito así, en minúsculas, porque no es un nombre propio (solo las siglas IA sí se escriben en mayúsculas)– <strong>el periodismo se está jugando su ser o no ser</strong>. Y, con ello, todas las personas nos estamos jugando que el periodismo pueda seguir ejerciendo el rol esencial que ha tenido, durante décadas, en la vida democrática de nuestra sociedad y de nuestras naciones.</p><p>Dada la intensidad de los desarrollos de la IA, parece que ha pasado ya una eternidad desde que la IA generativa irrumpiera en nuestras vidas con la promesa de revolucionarlo todo. Pero, en realidad, <strong>han pasado solo tres años y medio</strong> desde que OpenAI anunciara al mundo, el 30 de noviembre de 2022, el lanzamiento de una herramienta con un nombre muy poco atractivo, ChatGPT, pero que en este tiempo ha conseguido hacerse un hueco en el imaginario colectivo y atraer a casi mil millones de usuarios semanales.</p><p>Como ha sucedido anteriormente con otras revoluciones, son muchas las voces que anuncian que ya nada va a ser como era antes, que todo va a cambiar de manera radical, que quien no se adapte al nuevo entorno estará acabado y que debemos abrazar esta nueva tecnología casi sin cuestionárnosla.</p><p>Pero creo que lo que debemos hacer es muy distinto. De hecho, la IA estará bien utilizada en el periodismo<strong> si sirve para potenciar el trabajo humano y diferencial de los periodistas</strong>, para mejorar nuestra capacidad para descubrir y explicar historias, para apoyar nuestro criterio a la hora de decidir qué es noticia y qué no, o qué es relevante para nuestras audiencias y para la sociedad en general. En definitiva, si nos ayuda a crear medios más solventes y útiles para los usuarios, y más rentables para sus propietarios, porque eso será lo que asegurará su continuidad en las mejores condiciones posibles.</p><p><strong>Riesgos de la IA</strong></p><p>Pero el uso de la IA encierra también numerosos riesgos para la actividad periodística.</p><p>La IA generativa está ya provocando un aumento espectacular de la producción editorial, realizada de manera automática por numerosos actores que, en la inmensa mayoría de los casos, no persiguen los objetivos del buen periodismo, sino simplemente<strong> generar negocio con la producción y explotación comercial de contenidos sin que importe su calidad</strong> o veracidad.</p><p>Estos contenidos no aportan realmente valor, pero sí un ruido cada vez más ensordecedor en el mercado de la información. Además, las herramientas de IA generativa se alimentan, para sus respuestas, de lo que otros han publicado. Si la base de contenidos se deteriora, se generará una espiral negativa de retroalimentación que empobrecerá las respuestas y la información facilitada a los usuarios. Este es un punto crucial: <strong>sin creadores de calidad, la IA perderá su materia prima</strong> para ofrecer un producto realmente bueno.</p><p>Por otra parte, al menos de momento, se ha demostrado que la IA no es fiable al 100%. De hecho, las propias herramientas de IA se encargan de recordárnoslo cada vez que las utilizamos, y por eso <strong>nos piden que verifiquemos la información con fuentes solventes</strong>. Es un tema realmente sorprendente, que supone un riesgo claro de que muchos usuarios puedan tomar por correctas informaciones que son total o parcialmente falsas. Varios estudios realizados por entidades diversas así lo demuestran. Por ejemplo, la Unión Europea de Radiodifusión y la BBC revelaron en un amplio estudio que el 45% de las respuestas sobre noticias facilitadas por algunas de las principales herramientas de IA –ChatGPT, Copilot, Gemini y Perplexity– contenían errores serios.</p><p>Por otra parte, algunos medios que han creído ver en la IA generativa una opción para generar contenidos de manera rápida y barata han sufrido dolorosas consecuencias para su credibilidad cuando han publicado errores o se ha descubierto que hacían pasar por creaciones humanas lo que eran artículos escritos 100% por la IA. Si un medio utiliza la IA sin criterio ni supervisión, <strong>puede poner en grave riesgo su reputación y, por tanto, su supervivencia</strong>. Sin el valioso e imprescindible activo de la credibilidad, un medio o un periodista tienen muy poco que aportar.</p><p><strong>El pago por el periodismo que entrena y usa la IA</strong></p><p>A todo esto debemos sumar uno de los elementos más conflictivos en la relación que mantienen las compañías de IA con los medios de comunicación: el uso de los contenidos de los medios para entrenar a las herramientas de IA y para elaborar respuestas a las consultas de los usuarios. </p><p>Esta relación se está desarrollando de manera simultánea en varios escenarios de signo muy distinto. Por un lado, las compañías de IA y principales medios de comunicación de distintos países, generalmente líderes o jugadores destacados en su mercado o sector, han firmado acuerdos millonarios que contemplan los mencionados usos y que implican remuneraciones económicas relevantes para los medios, a veces por períodos de varios años. </p><p>Por otro lado, algunos medios han denunciado ante los tribunales a las compañías de IA por <strong>vulnerar sus derechos de autor</strong> al hacer uso, sin permiso, de sus contenidos. El caso emblemático es la denuncia presentada a finales de 2023 por el diario <em>The New York Times</em> contra OpenAI –propietaria de ChatGPT– y Microsoft. El caso está todavía en los tribunales, y de lo que se decida puede depender en buena parte el modelo en el que se basará esta relación entre medios y tecnológicas en el futuro. O no solo entre medios y tecnológicas, sino entre toda la industria creativa –escritores, compositores, periodistas, artistas…– y las empresas de IA.</p><p><em>The New York Times </em>entiende que se han infringido sus derechos al utilizar sin permiso ni remuneración sus contenidos, publicados durante años, para entrenar a las herramientas de IA y ofrecer un servicio de información a los usuarios. Servicio que, además, compite directamente con la misión informativa del <em>Times</em>. El principal argumento de las compañías de IA es que están protegidas por la doctrina del “uso legítimo” establecida en la legislación sobre los derechos de autor de Estados Unidos y que los datos públicos utilizados, incluyendo las noticias del <em>NYT</em>, son para un uso transformativo que consideran legal. Las empresas de IA entienden que el <em>Times</em> pretende limitar la innovación al oponerse a ese uso.</p><p>Personalmente, espero que los tribunales den la razón al <em>NYT</em>. Coincido con sus argumentos, expresados también en el eslogan de la campaña <em>Stealing Isn’t Innovation</em> (<em>www.stealingisntinnovation.com</em>) impulsada por la coalición internacional Human Artistry Campaign, que pide un uso responsable y ético de la IA que respete los derechos de todos los creadores.</p><p>Un tercer escenario es el que están intentando crear diversas iniciativas que proponen distintos sistemas de uso y remuneración de los contenidos de los medios y periodistas por parte de las compañías de IA. Estas iniciativas han surgido, sobre todo, para atender las necesidades de los miles de medios de todo el mundo que nunca podrán llegar a firmar acuerdos con las grandes empresas de IA. </p><p>Un informe publicado en abril de 2026 por el Open Markets Institute, titulado <em>Same Gatekeepers, New Tollbooths</em>, pone de manifiesto las miles de consultas que los robots de la IA realizan a páginas web para consultar contenidos y poder así ofrecer respuestas sin que eso se traduzca luego en números mínimamente relevantes de visitas de usuarios a esos medios, como sí sucedía anteriormente con los resultados de búsqueda de Google y otros buscadores. Se está imponiendo, al menos por ahora, lo que se ha llamado un comportamiento de <em>zero-click</em>, sin visitas hacia los editores, porque <strong>las respuestas ofrecidas por la IA son ya suficientes para los usuarios</strong>. Y esto está afectando más a los medios pequeños y medianos que a los grandes.</p><p>Ante este escenario, y mientras no existan otras reglas más justas para los medios, se me hace especialmente incomprensible que los medios cometan el error de trabajar para las herramientas de IA intentando optimizar sus contenidos para ellas, con el objetivo de ser utilizados y citados. Pero, ¿citados para qué? ¿Con qué beneficios? A día de hoy, prácticamente con ninguno, salvo que el medio haya firmado un acuerdo individual con la tecnológica correspondiente. </p><p>Además, una simple compensación por tráfico de referencia no creo que sea la solución justa, porque sería dejar en manos de las tecnológicas el ponerle precio al periodismo realizado por los medios. La contribución de los periodistas y medios de comunicación al desarrollo de la IA va mucho más allá; incluye el entrenamiento de los modelos de IA, el ajuste fino de los mismos, la verificación y actualización de los hechos o la aportación de credibilidad a las respuestas, entre otros elementos. La pregunta que considero que los medios y periodistas debemos hacernos es la siguiente: “¿Estamos trabajando para nosotros y nuestra audiencia, a la que nos debemos, o para las tecnológicas?” <strong>Optimizar nuestros contenidos para la IA generativa sin una remuneración justa y clara</strong>, sin un beneficio real y tangible a cambio, no tiene ningún sentido. </p><p><strong>Apostar por lo que la IA no puede replicar</strong></p><p>Uno de los descubrimientos que más me han llamado la atención al analizar a fondo, durante años, la actividad de un medio como <em>The New York Times</em>, es su incuestionable apuesta por la calidad de la información, no por la cantidad. El <em>NYT</em> cuenta actualmente con algo más de 2.300 periodistas. A pesar de ello, el número de piezas periodísticas publicadas cada día es de solo unas 200. Infinidad de medios de todo el mundo con redacciones muchísimo más pequeñas publican esa misma cantidad de noticias, o incluso muchas más, cada día. Cada pieza periodística del <em>Times</em>, por la que los usuarios juzgarán la calidad y el valor del medio, tiene un valor muy elevado. <strong>Esta línea de publicar poco y bien se ha relevado muy rentable para el </strong><em><strong>NYT</strong></em>, convertido en el medio del mundo con un mayor número de suscriptores de pago: más de 13 millones a finales de marzo de 2026. La misma estrategia exitosa, basada en apostar por pocas piezas, pero diferenciales, la están aplicando medios como <em>Le Monde</em> en Francia o <em>The Times</em> en el Reino Unido, entre otros. Publicar menos, pero muy bien, se ha traducido en crecimiento de la audiencia y de los suscriptores.</p><p>La apuesta de los periodistas y de los medios debe ser por la información diferencial, aquella que solo existe cuando los profesionales la trabajan sobre el terreno, la contrastan, la contextualizan, la dotan de testimonios y fuentes relevantes, aplicando un criterio profesional desarrollado durante años. <strong>Son productos que la IA no puede fabricar.</strong></p><p>Creo que esto encierra una lección clave para el futuro del periodismo en la era de la IA: la apuesta de los periodistas y de los medios debe ser por la información diferencial, aquella que solo existe cuando los profesionales la trabajan sobre el terreno, la contrastan, la contextualizan, la dotan de testimonios y fuentes relevantes, aplicando un criterio profesional desarrollado durante años. Son productos que la IA no puede fabricar. Y son productos originales por cuyo valor y precio los medios podrán luchar frente a cualquier actor, ya sea su propia audiencia o las empresas de IA que quieran dar también el mejor servicio a sus usuarios. </p><p>El auge de los creadores digitales nos da también una pista muy relevante: los usuarios buscan y aprecian la autenticidad, la conexión humana, el criterio, la voz propia. Elementos que difícilmente tendrán un origen algorítmico. Paradójicamente, la IA nos deja claro cuál es el valor esencial del periodismo: el juicio humano, la ética, la verificación, el uso adecuado de fuentes, la originalidad, el contexto o la responsabilidad. Estoy convencido de que los medios y periodistas que intenten competir con la IA en velocidad y volumen <strong>perderán la batalla</strong>. Los que apuesten por lo que la IA no puede ofrecer, son los que tienen futuro. Y un futuro brillante. </p><p><em>*Ismael Nafría es periodista, editor y consultor especializado en medios digitales. Autor de la newsletter ‘Tendenci@s’ y de los libros ‘La reinvención de The New York Times’ y ‘Clarín, actualizado’, entre otros.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jun 2026 04:01:43 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ismael Nafría]]></author>
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      <title><![CDATA[Por una inteligencia colectiva. Cómo rescatar las imprentas digitales de Silicon Valley]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/inteligencia-colectiva-rescatar-imprentas-digitales-silicon-valley_1_2200425.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/38e3f454-a19e-4dc8-a405-cea4b01f53b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por una inteligencia colectiva. Cómo rescatar las imprentas digitales de Silicon Valley"></p><p>El futuro tecnológico que dicta Silicon Valley no está escrito en piedra. Cientos, miles, quizá millones de plumillas harán falta para contar una historia distinta sobre el siglo XXI. Créanme, <strong>el fin del trabajo no es la utopía socialista anhelada</strong>: alguien tendrá que narrar lo que venga después, y a nuestras máquinas de escribir inteligentes no les quedan tantos años de energía. Pero parece que a muchos periodistas se nos ha olvidado, entre el ritmo cacofónico del capitalismo lingüístico del <em>clickbait</em>, que las palabras crean mundos. Fue en algún momento entre la crisis de las puntocom y el <em>crash</em> financiero global que se nos extravió la concepción material de nuestra práctica. En la era en la que las plataformas han roturado el suelo sobre el que se cuentan los sucesos, los periodistas somos formalmente libres de escribir cualquier cosa y de hacerla llegar al planeta entero. Pero solo si esa información genera <em>engagement social</em>, si se vuelve viral, es decir, si en último término produce interacciones que <strong>maximizan el beneficio y abaratan el coste</strong> de cada artículo. Más impactos, más <em>feedback</em>, más publicidad dirigida vendida. </p><p>No es solo que hayamos perdido el poder sobre las imprentas, es que las imprentas se han convertido en oleoductos tecnológicos, y los periodistas en los operarios que extraen el crudo para que los <em>tech bros</em> lo refinen de la manera en que mejor se adapte a su visión del mundo. Y así seguirá siendo mientras las infraestructuras que organizan la opinión pública –los servidores, los algoritmos, las métricas, los sistemas de reputación e identidad, las redes neuronales– pertenezcan a Google y a Meta. La imprenta digital de estas empresas ha colonizado los últimos reductos del mundo de la vida democrática; esa esfera donde el difunto Habermas situaba la conversación, el diálogo y la deliberación cotidiana. En los últimos años se han <strong>privatizado los mecanismos que sostienen la atención pública </strong>sobre lo que se cuenta. La racionalidad sistémica del dinero y del poder tecnológico ha dejado de presionar desde fuera a los guardianes de la información para censurar artículos: el periodismo del <em>caso Watergate</em> murió para siempre en 2007 y ahora su herencia se reparte entre patrimonios construidos en la nube. </p><p>Jeff Bezos compró el <em>Washington Post</em> por 250 millones y, una década después, su lema pasó de “la democracia muere en la oscuridad” a una defensa de “las libertades personales y el libre mercado”. Patrick Soon-Shiong adquirió <em>Los Angeles Times</em>, y poco después una inteligencia artificial reetiquetaba los artículos de opinión según el “sesgo” del accionista. Elon Musk pagó 44.000 millones por Twitter para que sus algoritmos ocultaran los enlaces a la prensa progresista. El hijo de Larry Ellison –fundador de Oracle, cuarto hombre más rico del mundo– se sienta sobre el accionariado de CBS News. Marc Benioff, CEO de Salesforce, compró <em>Time</em> y la convirtió en púlpito de su “capitalismo de <em>stakeholders</em>”. Los ejemplos son interminables: Laurene Powell Jobs con <em>The Atlantic</em>, John Henry con el <em>Boston Globe</em>, Joe Mansueto con las revistas <em>Fast Company</em> e <em>Inc</em>. </p><p>Si los medios de comunicación han sucumbido a los magnates tecnológicos es porque fueron los primeros en <strong>caer en el fetiche de que la digitalización era sinónimo de innovación</strong>. Esa es la conclusión del libro <a href="https://www.akal.com/libro/despertar-del-sueno-tecnologico_50513/" target="_blank"><em>Despertar del sueño tecnológico</em></a>, que escribí en 2019. La crisis económica no solo se llevó por delante a millones de editores, corresponsales, cronistas, colaboradores de toda índole, sino también el modelo de negocio que los sostenía. La<strong> ideología solucionista de Silicon Valley</strong> predicó un futuro tecnológico ante el cual las redacciones debían someterse para no quedar fuera del nuevo siglo, mientras les entregaba sus poderosas herramientas de analítica, <em>engagement</em>, optimización y embudos de conversión. Pongamos los ejemplos del Digital News Innovation Fund (DNI) / Google News Initiative y del Facebook Journalism Project. Presentados como ejercicios de filantropía para combatir la desconfianza hacia los medios, funcionaron como un caballo de Troya para “capturar el periodismo”. El gran capital tecnológico –no los directores de las cabeceras, ni mucho menos los sindicatos de periodistas– decidió qué problemas merecían solución y en qué términos. Por eso la única condición para acceder a las becas de Silicon Valley era que las tecnologías fueran monetizables. Y <strong>progresivamente se transformó la naturaleza institucional de los periódicos</strong>. Las redacciones se convirtieron en laboratorios de I+D y los periodistas en científicos de datos.</p><p>El <em><strong>Washington Post</strong></em><strong> </strong>desplegó Heliograf, un sistema que en su primer año publicó 850 artículos automatizados. <em><strong>The New York Times</strong></em><strong> </strong>delegó parte de la moderación de sus comentarios en Perspective API, un algoritmo de Google que decide si las intervenciones del lector son admisibles en el debate público. <em><strong>El Mundo</strong></em><strong> </strong>recibió financiación de Google para implementar Content Intelligence, un modelo de aprendizaje automático diseñado para maximizar los ingresos publicitarios de cada artículo. <em><strong>Público</strong></em> desarrolló el Transparent Journalism Tool, un sistema que cuantificaba el coste exacto de producir cada pieza para luego recibir micropagos. La <strong>agencia británica Press Association</strong> construyó RADAR, un servicio capaz de generar 30.000 historias locales automatizadas al mes a partir de bases de datos públicas, distribuidas hoy a cientos de medios regionales que en su mayoría han ido prescindiendo de los reporteros en los últimos años. Incluso los periodistas que recibían dinero para proyectos de test A/B en Google Analytics alimentaron durante años los modelos lingüísticos que terminarían sustituyéndolos. Detrás de todo también está el trabajo gratuito del ejército de periodistas precarios que labran su marca <em>online</em> produciendo contenido viral en las redes sociales de Meta, y el trabajo invisible de las redacciones que rellenan el cuadro de indexación para aumentar el tráfico en el motor de Google.</p><p><strong>Las cosas no mejorarán con la llegada de la IA</strong>. Los estudios confirman que la dependencia de las redacciones respecto a las plataformas no desaparecerá. Se volverá “invisible”. Más que en algoritmos inmateriales, la imprenta digital se sostiene en cables submarinos, puntos de intercambio, CDNs, centros de datos y servicios <em>cloud</em>. Hasta el prestigioso <em>Columbia Journalism Review</em> concluye que la complejidad técnica de la IA está generando nuevos <em>lock-ins</em> donde los medios grandes consiguen acuerdos especiales para acceder al desarrollo de los modelos de frontera mientras los medios locales, pequeños y del Sur Global quedan rezagados, lo que reduce la diversidad de los contenidos y de los modelos futuros. Según el consenso de las revistas académicas especializadas en periodismo, el giro hacia la IA monopolizará para siempre el poder de definir qué es una noticia. Las respuestas a los problemas de los medios no vendrán de Palo Alto, y tampoco las soluciones. Debemos liberarnos del mito originario de la inteligencia artificial.</p><p>Al fin y al cabo, como polemizó <a href="https://www.theguardian.com/commentisfree/2023/mar/30/artificial-intelligence-chatgpt-human-mind" target="_blank">Evgeny Morozov en </a><a href="https://www.theguardian.com/commentisfree/2023/mar/30/artificial-intelligence-chatgpt-human-mind" target="_blank"><em>The Guardian</em></a><a href="https://www.theguardian.com/commentisfree/2023/mar/30/artificial-intelligence-chatgpt-human-mind" target="_blank">,</a> “<strong>la inteligencia artificial no es ni inteligente ni artificial</strong>”. No hay ejemplo que mejor ilustre esto que una redacción periodística. Todo sistema inteligente necesita del trabajo creativo de los plumillas, así como de las instituciones culturales y mediáticas que se han ido construyendo en los últimos siglos de historia. <strong>La “inteligencia artificial” es siempre “inteligencia colectiva”</strong>: el archivo acumulado de periódicos y revistas, los criterios de edición, las relaciones con autores, los rituales de presentación, el diseño tipográfico reconocible, la disposición física de los periódicos en los quioscos, el hábito de los lectores. Todo ese conjunto material y social incorpora <strong>una forma de ver el mundo</strong> que no se almacena en ninguna superinteligencia. Vive en la práctica comunicativa de seleccionar, editar y distribuir; exige ciertos gestos y excluye otros, produce sentido donde antes no había más que palabras sueltas. </p><p>Para salir del fetichismo de la IA generativa y de la excepcionalidad algorítmica, el filósofo brasileño Álvaro Vieira Pinto nos invita a pensar que ninguna tecnología es meramente moderna. No existe un salto cualitativo entre el escriba medieval, el linotipista del siglo XIX, el ludita del <em>Washington Post</em> que en los setenta saboteó las rotativas industriales y la red neuronal entrenada con el archivo digitalizado de un periódico que escribe los artículos automáticamente. <strong>Los humanos, y también los periodistas, siempre hemos sido tecnológicos</strong>: observamos la realidad y reflexionamos sobre las fuerzas naturales, nos abstraemos creando formas de conocimiento y desarrollando métodos para transmitirlos, y lo aplicamos sistemáticamente para transformar el mundo mediante proyectos tan ambiciosos como lo fue la imprenta de Gutenberg.</p><p>Las máquinas son siempre extensiones del poder creativo, reflexiona Vieira Pinto. Lo único que las vuelve deshumanizadoras son las relaciones sociales en las que se inscriben, la división del trabajo intelectual y la propiedad privada. Es por eso que debemos recuperar la lección del periodismo ilustrado: la profundidad del lenguaje, el pensamiento conceptual y el uso de la palabra son tecnologías de creación de mundos. Pero solo si renunciamos a que el mercado sea la única institución para codificarlos en la esfera pública. La información no puede ser una mercancía, los regímenes de verdad no pueden estar sometidos a la competencia. Como decía Raymond Williams, “una sociedad libre requiere que los <strong>medios de comunicación sean elementos de educación extendidos</strong>, infraestructuras democráticas que van más allá de la mera transmisión de mensajes entre emisor y receptor”. La comunicación es siempre un proceso de comunidad: compartir significados, actividades y finalidades comunes; proponer, recibir y comparar nuevos significados, que llevan a los logros del progreso social. </p><p>Pensar la inteligencia artificial requiere hacerlo fuera del modelo hegemónico de las plataformas. Recordemos el debate sobre el Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación que ocupó a la UNESCO y al Movimiento de Países No Alineados durante los años setenta y ochenta. Una comisión experta, presidida por el premio Nobel Seán MacBride, elaboró una serie de recomendaciones para <strong>democratizar el orden informativo mundial,</strong> promover la paz y el desarrollo humano. El informe resultante, <em>Many Voices, One World</em>, defiende que los medios tienen nuevas tareas sociales, que el acceso a la información es un recurso esencial para construir un mundo interdependiente, respetuoso con las identidades culturales y los derechos individuales, y que la comunicación es un derecho democrático fundamental. </p><p>Este proyecto fracasó estrepitosamente por culpa de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, pero sentó las bases para muchas otras formas de entender las tecnologías. <strong>Indymedia</strong> fue el primer ensayo planetario de periodismo ciudadano construido desde los movimientos de alterglobalización, donde la lucha por el <em>software</em> libre se entrelazaba con la batalla por el conocimiento abierto. <strong>WikiLeaks</strong> demostró que la información puede emplearse para revelar elementos de la realidad que muchas veces la propiedad privada del conocimiento esconde. <strong>Wikipedia</strong> nació con un gesto similar, pero recordando que las bibliotecas y archivos existen desde hace siglos al margen de las leyes de la propiedad intelectual. </p><p>La tarea utópica en el presente es construir un nuevo <em>stack</em>: mapear los experimentos del pasado y del presente que han creado nuevos mundos, desarrollar las herramientas necesarias para diseñar qué tipo de vida en común queremos y, sobre ese mapa, <strong>levantar una pila de instituciones radicalmente distinta </strong>a la que la Costa Oeste estadounidense nos ha vendido durante quince años. Aplicado al periodismo y a la inteligencia artificial, ese <em>stack</em> pasa, en primer lugar, por modelos de propiedad alternativos. </p><p>Existen al menos <strong>29 cooperativas periodísticas internacionales</strong> donde los lectores tienen voto sobre la línea editorial y existen tecnologías de deliberación democrática como Decidim para debatir sobre los temas que merecen ser narrados y con qué enfoques. Frente a la falsa dicotomía entre rentabilidad y servicio público, caben plataformas digitales en propiedad de los trabajadores, los usuarios o ambos. Imaginemos además que cada ciudadano dispone, junto con su renta básica y cesta de servicios digitales gratuitos, de un crédito anual destinado a financiar los medios cooperativos que él mismo elija.</p><p>Pasa, en segundo lugar, por construir infraestructuras públicas e internacionales de innovación tecnológica que socialicen las herramientas de visualización, investigación y creación. Fondos que faciliten el florecimiento de iniciativas individuales, que permitan escalar las más sostenibles con servidores y archivos comunes y sobre los cuales se levanten las imprentas digitales. La creación de consorcios internacionales de investigación para publicar exclusivas mundiales sobre corrupción prueba que el modelo en red multiplica la capacidad del periodismo, siempre y cuando se construya sobre la solidaridad y el reparto de la visibilidad entre medios de comunicación. </p><p>Pueden desarrollarse, también, <em><strong>small language models</strong></em><strong> de código abierto </strong>(menos de 10.000 millones de parámetros) alojados en centros de datos de titularidad pública y entrenados con datos verificados. Muchas informaciones importantes en los últimos diez años han salido de redes mixtas de investigación forense ciudadana donde un arquitecto, un programador, un vecino y un periodista reconstruyen bombardeos, masacres, accidentes industriales con imágenes abiertas. Hasta pueden fomentarse materiales pedagógicos y culturales colaborativos, lo que evitaría que cada redacción tenga que pagar cantidades millonarias a Silicon Valley por <em>token </em>usado.</p><p>Los medios públicos como “infraestructura crítica democrática” requieren redes federadas interdisciplinares –ya bosquejadas en el Fediverso, Mastodon, Lemmy, Peertube o en decenas de protocolos como ActivityPub– capaces de curar la esfera pública sin necesidad de algoritmos de estandarización ni publicidad dirigida (como hace <em><strong>The Syllabus</strong></em>), lo que además devolvería al lector la posibilidad de descubrir lo genuino y al periodista la libertad creativa. Los servidores interoperables permiten que cada instancia se autogobierne, que el <strong>lector deje de ser un espectador y pase a ser productor</strong>, transformando así las condiciones técnicas en las que la información se produce y distribuye. Si el algoritmo es, además, modificable, se adaptará a las decisiones que vayan tomando las distintas comunidades. Sobre esa base podrían levantarse escuelas populares de OSINT, de uso de IA, de archivos digitales y de redacción.</p><p>Ese <em>stack</em> alternativo pasa por institucionalizar lo invisible de la comunicación cotidiana: que un artículo escrito por el periodista de cualquier medio pueda dialogar con un archivo público de libros, con una <strong>base de datos científica abierta</strong>, con otra crónica local, con conversaciones grabadas en museos, bibliotecas y espacios autogestionadas, o con el enorme ecosistema de pódcasts. Y todo con un modelo lingüístico entrenado sobre el procomún que permita a cada ciudadano llevar a cabo ese viaje, si quiere como lector, pero también con las capacidades adquiridas para tomar la palabra. Solo entonces podrán convivir las tecnologías y los periodistas, cuando las prácticas que ya están naciendo dejen de ser experimentos aislados y se nombren y se compartan para generalizarse. </p><p>Las prácticas que harán posible la <strong>convivencia entre tecnología y periodismo</strong> ya existen. Falta nombrarlas, compartirlas y multiplicarlas hasta que dejen de ser algo excepcional. </p><p><em>*Ekaitz Cancela es escritor, investigador y editor. Autor de ‘Utopías digitales. Imaginar el fin del capitalismo’ (Verso Libros, 2023).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Jun 2026 04:01:08 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ekaitz Cancela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Por una inteligencia colectiva. Cómo rescatar las imprentas digitales de Silicon Valley]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[TintaLibre,Periodismo,Tecnología digital,Estados Unidos,Inteligencia artificial]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Perder la ilusión de realidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/perder-ilusion-realidad_1_2201317.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2a836203-ddf8-4108-addc-2f702ed97ccf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Perder la ilusión de realidad"></p><p><strong>Las imágenes</strong> <strong>sintéticas alteran nuestra percepción de la realidad</strong>. Los periódicos publican fotos de hospitales bombardeados sin tiempo de verificar su origen. Los jefes de Estado comparten escenas de arrestos que no han tenido lugar. La propaganda se mezcla con el fotorreportaje en redes sociales administradas por algoritmos optimizados para amplificar el impacto, favoreciendo lo emocionante por encima de lo real. Hasta el jefe de Instagram admite que no podemos creer nada de lo que vemos. La sensación es de colapso: <strong>si todo es mentira, todo es verdad</strong>. Todo se desmorona, como en el poema que escribió Auden en 1919: “<em>El centro no se sostiene (…) los mejores carecen de toda convicción y los peores están llenos de pasión intensa</em>”. ¿Hay esperanza de certeza después del túnel o seremos arrollados por el tren de la inteligencia artificial?  </p><p>Los humanos somos criaturas del mundo. Estamos como dice Heidegger <em>in-der-Welt-sein</em>, en el mundo mismo, atrapados en él. Vemos y percibimos el universo sentados en una de sus ramas, y el mundo se revela desde nuestra perspectiva, <strong>un punto de vista que es único porque es el nuestro</strong>, necesariamente subjetivo y por lo tanto ideológico. Pero tenemos la certeza de que fuera de nosotros hay algo llamado realidad que, como dice Philip K. Dick, es aquello que no desaparece cuando dejamos de creer en ella, y tampoco desaparece cuando dejamos de existir. Para eso inventamos el lenguaje; para nombrar esto y aquello y estar seguros de que hablamos de las mismas cosas y, uniendo nuestras diferentes perspectivas, reconstruir la realidad. Pero el lenguaje es una herramienta imperfecta. Nuestra percepción interna, un proceso de interpretación que depende de nuestras células y sensores, pero también nuestros recuerdos y el estado de nuestra población intestinal es tan inestable que ni siquiera vemos los colores de la misma forma. Hasta Terence Tao, el matemático más importante de nuestro tiempo, suspendía exámenes por describir el mundo de la forma que consideramos intuitiva. “Me pidieron escribir sobre mi casa y no supe qué querían decir así que hice una lista de las habitaciones y de todos los muebles que había en cada una”. Por eso inventamos objetos técnicos capaces de describir el mundo desde fuera de nuestra subjetividad. Entre ellos, la fotografía ocupa un lugar único.</p><p>Tenemos relojes para medir el tiempo porque sabemos que es relativo. Una hora puede ser un suspiro o una eternidad dependiendo de cómo y con quién estamos. Tenemos termómetros para detectar la fiebre con independencia de nuestra propia temperatura corporal. Usamos metros para que un cuarto tenga las mismas dimensiones para los muy altos como para los bajitos. Sabemos que vivimos en mundos diferentes pero compartimos una realidad, con la sagrada convicción de que los ojos no mienten. Que nuestra retina registra lo que sucede realmente, aunque luego no acertemos a describirlo exactamente y <strong>la fotografía es la prueba literal de algo que pasó “de verdad”</strong>.</p><p><strong>Una imagen vale más que mil palabras</strong></p><p>Hasta hace poco, la foto era una prueba literal de la realidad retratada. La luz rebota sobre la superficie del mundo y la imagen reflejada entra por el ojo de la cámara, y se quema sobre un material sensible, dejando una copia exacta de sí misma que amplificamos al imprimir sobre un papel. Por eso la sentimos más “objetiva” que una descripción verbal o un registro sonoro. Que los ojos no mienten es una convicción que comparten todas las culturas. Que las palabras engañan, también. Por supuesto que la fotografía puede ser artística y reflejar emociones pero en general pensamos que hacer bien una foto es captar de forma literal lo que captura el ojo, antes de ser procesado por nuestro cuerpo, produciendo subjetividad. Que <strong>la cámara no interpreta el mundo, sólo lo registra.</strong> Es plateada y exacta, como dice el poema de Sylvia Plath, y no tiene prejuicios.</p><p><em>Todo lo que veo me lo trago inmediatamente</em></p><p><em>tal como es, sin empañarlo de amor ni rechazo.</em></p><p><em>No soy cruel, solo soy veraz,</em></p><p><em>el ojo de un pequeño dios.</em></p><p>Como consecuencia de su objetividad irreprochable, adquiere más autoridad como memoria que la nuestra, tan imperfecta. Guardamos fotos, películas y otras pruebas forenses de la realidad en archivos, museos y bibliotecas como una memoria expandida y colectiva de lo que realmente pasó. Naturalmente que la ilusión es inestable. Como explica Sontag en su famoso ensayo sobre la fotografía, las imágenes fotográficas también son una manera de organizar, seleccionar y dar sentido a esa realidad. La prueba más sangrante está en los archivos coloniales y la imposibilidad de reconstruir la historia de los que fueron conquistados, silenciados y, a menudo, exterminados. Pero, si incluso esa legitimidad está siendo destruida por las imágenes generadas por IA, es porque la traición había empezado mucho antes. La cámara digital no era una simple continuación de la anterior, sino que <strong>reemplaza el instrumento fotográfico por un sistema que interpreta la luz interpolando datos</strong>. Los algoritmos no son testigos de un hecho sino que proyectan una nueva subjetividad.</p><p><strong>Corregir la Luna</strong></p><p>En algún momento de 2022, <strong>Samsung decidió </strong><em><strong>corregir</strong></em><strong> la Luna</strong>. El fabricante de móviles coreano observó que es prácticamente imposible capturar una noche de luna sin acabar con una mancha borrosa porque es una forma retroiluminada rodeada de oscuridad. Demasiado contraste. Entonces integró un programa dentro del <em>software</em> de la cámara que detectaba la Luna y, comparándola con una base de datos de imágenes de lunas, interpoló la mancha con un compuesto de detalles lunares apropiados, como cráteres y texturas, generando una luna perfecta en alta resolución.</p><p>Samsung aseguró que era la misma luna, pero optimizada con una “mejora computacional basada en múltiples exposiciones y aprendizaje”. Es seguro que se parecía más a la que quería retratar el fotógrafo. En ese sentido, se acercaba más a la realidad. Pero a los usuarios no les gustó nada porque, al alterar sus fotos, Samsung estaba manipulando la realidad. La luna que habían retratado, aunque borrosa e imperfecta, era la suya, y había sido alterada sin permiso por el fabricante. Me gusta esta anécdota aparentemente banal porque es la prueba de un cambio, no de tecnología sino de paradigma: la cámara es un instrumento que refleja los movimientos del fotógrafo. Podemos aprender a manejarla porque es predecible. La cámara digital es un sistema que parece una cámara, pero que proyecta una interpretación del mundo que es dictado desde el servidor de una empresa, por un <em>software</em> que cambia su comportamiento de forma invisible para el usuario. Ya no es un reflejo fiable, pero seguimos sacando fotos y pensando que sí lo es.                                              </p><p><strong>La fotografía digital manipula la realidad sin que nos demos cuenta</strong>. Cada vez que Samsung –o Apple– actualiza su <em>software</em>, la lente fotográfica altera su proyección de la realidad. Si la cámara digital manipula la imagen que entra por la lente antes de que se registre en el servidor, la IA se desvincula completamente de la realidad. Es como el <em>ángel de la historia</em> de Walter Benjamin, que sólo puede mirar el mundo hacia atrás. Contempla una única y gigantesca realidad que acumula dato sobre dato, y con ellos construye una realidad convincente que nos arrastra. Como explica astutamente Carissa Veliz en su último libro, esa proyección estadística de una realidad probable funciona como una forma moderna de adivinación. El contenido sintético es una profecía que borra la distancia entre pasado y futuro para organizar el presente, alterando nuestra visión. No hace falta que sea inteligente. Si un algoritmo calcula que alguien tiene “alto riesgo” de impago, probablemente no reciba el préstamo y su riesgo de impago se convierte en realidad. Por la misma lógica, borra la distancia entre lo imaginado y lo sucedido. Si calcula que un candidato a un trasplante es susceptible de morir en el quirófano, probablemente no reciba el órgano y muera, ratificando la tesis de que estaba demasiado débil para sobrevivir al quirófano, sin que podamos saber realmente si el resultado de su cálculo estaba bien. Desde un punto de vista filosófico, <strong>la inestabilidad de la realidad podría ser un problema fundacional de nuestro siglo</strong>. Tenemos ansia de certeza, pero, cuanto más sabemos, más tiembla el universo bajo nuestros pies.</p><p>“El principal acontecimiento de la era moderna es la conquista del mundo como una imagen”, dice Heidegger en 1938. Está señalando una alteración profunda de la realidad. El cambio de siglo ha sido un momento de enorme efervescencia científica, con la física liderando un cambio de perspectiva fundacional. Gracias al conocimiento derivado de los instrumentos técnicos, <strong>vemos por primera vez el mundo como un objeto que podemos conocer, calcular, medir y predecir</strong>. Su perspectiva es positiva. En <em>Un verdor terrible</em>, el autor chileno Benjamín Labatut lo describe como una catástrofe existencial: “el momento en el que dejamos de comprender el mundo”, porque la profundidad y el alcance de la ciencia, derivado de los objetos técnicos, nos ofrece una explicación del mundo muy diferente a nuestra experiencia de la realidad. El universo percibido de los objetos y fenómenos visibles es una tapadera para un universo de partículas subatómicas que no se rigen por las leyes de la física, pero que rigen sobre todo lo que hay. Nos pareció ver el mundo desde lo alto de una rama, pero la física cuántica nos devolvió a la cueva. La realidad se expande y se esponja como los pulmones metálicos de un acordeón.</p><p>Tenemos más datos que nunca, pero <strong>naufragamos en la desinformación</strong>. Quizá porque los datos no nos sirven. “Tenemos acceso a más información que cualquier otro ser humano en la historia de la humanidad y la usamos para pelear con desconocidos en pequeños rectángulos luminosos propiedad de multimillonarios calvos, que descubrieron que podían monetizar la miseria humana, la vanidad y la inestabilidad emocional –dijo recientemente la activista ambiental australiana Natalie Kyriacou–. Teníamos datos científicos sólidos y los usamos para formar teorías de conspiración, negar el cambio climático y perfeccionar técnicas de cirugía estética. Construimos un sistema económico que prosperó gracias a los derrames de petróleo, la guerra, el cáncer, la adicción a las drogas, el juego, las adicciones y las crisis de salud mental, pero no tuvimos en cuenta la salud humana o ambiental”. Las instituciones que se dedican a verificar los acontecimientos del mundo desarrollan protocolos forenses para determinar el origen de las imágenes, para seguir componiendo una visión objetiva del mundo. Creando nuevos protocolos y consorcios de verificación, fabricantes, programadores e instituciones colaboran en la creación de sellos, marcas de agua y algoritmos que registran el historial de cambios que sufre una imagen en cadenas de <em>blockchain</em>. Son soluciones técnicas pensadas para mantener una ilusión de certeza del mundo, sin alterar su enfermedad: no somos criaturas racionales que viven de acuerdo con la realidad del mundo. Colaboramos voluntariamente con la manipulación.</p><p>Un ejemplo fácil. El <em>software</em> que corrige la luna en los móviles de Samsung es idéntico al algoritmo que suaviza nuestras ojeras y nos hace más atractivos en los selfis, y que funciona en todos los teléfonos modernos, sin permiso y sin agitación. Sin embargo, no sentimos que nuestra imagen haya sido manipulada, sino que ha habido un proceso de selección genética. Que, de todas las partículas de luz que han reflejado nuestro rostro, la cámara ha elegido simplemente la mejor versión. Eso es porque la imagen propia es parte de la proyección del ego, y el ego es un gran manipulador de realidad. Por eso somos tan vulnerables a la propaganda sintética: <strong>cuando niega nuestra percepción del mundo es propaganda. Cuando la confirma, es la verdad</strong>.</p><p><em>*Marta Peirano es periodista especializada en relaciones entre poder y tecnología informática. Su último ensayo es ‘Contra el futuro. Resistencia ciudadana frente al feudalismo climático’ (Debate, 2022).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Jun 2026 04:01:10 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta Peirano]]></author>
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      <title><![CDATA[El tsunami de la IA: TintaLibre presenta su número de junio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/tsunami-ia-tintalibre-presenta-numero-junio_1_2202844.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1285d89-3de2-45e7-a9ef-3f28ce2a9631_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El tsunami de la IA: TintaLibre presenta su número de junio"></p><p>Una nueva realidad está naciendo tras la irrupción de la inteligencia artificial (IA) en la vida cotidiana. El cambio ya no es solo en el sector tecnológico, sino que, poco a poco, <strong>la IA se está convirtiendo en una herramienta fundamental en aspectos que no imaginábamos</strong>. La forma de trabajar, pensar, aprender o incluso hacer la lista de la compra ya se ve influida por ella. También el periodismo. El número de junio de <strong>TintaLibre</strong>,<a href="https://www.infolibre.es/tintalibre/periodismo-sigue-vivo-ia-acecha-tintalibre-junio_1_2199713.html" target="_blank"> </a><a href="https://www.infolibre.es/tintalibre/periodismo-sigue-vivo-ia-acecha-tintalibre-junio_1_2199713.html" target="_blank"><em>La IA y el periodismo profesional</em></a>, recoge el análisis de <a href="https://www.infolibre.es/tintalibre/ia-periodismo-profesional_1_2199716.html" target="_blank">distintos pensadores</a> sobre los efectos y posibles consecuencias de esta tecnología para la profesión en un futuro que ya es presente.</p><p>Este martes, el evento ha repetido escenario en la Sala Azul del Espacio Ronda, en Madrid. Diversas voces expertas se han repartido los micrófonos para presentar la revista acompañados de medio centenar de socios. Entre ellas, se encontraban Jesús Maraña, director editorial de infoLibre y codirector de <strong>TintaLibre</strong>; Jordi Gracia, escritor, catedrático y la otra mitad de la dirección de la revista; Virginia P. Alonso, directora de <strong>infoLibre</strong>; Ekaitz Cancela, escritor, investigador y editor; y Marta Gesto, directora general del periódico.</p><p>Los profesionales, portadores de análisis concienzudos y, en ocasiones, discordantes con los de su compañero de debate, han sido presentados por Maraña, que ha asegurado que el fin de este número es<strong> analizar “la parte oscura y la menos oscura” de la IA</strong>: “Sus luces y sombras”. </p><p>Gracia, con una energía contagiosa y una locución similar a la del mejor comentarista, ha abierto  el debate asegurando que “el instinto conspiratorio es necesario para pensar”. “Es decir, conjeturar, imaginar, ponerse en el papel de los malos”, ha sostenido. Pese a los peligros de la IA, el escritor ha defendido que la única mirada no es la del miedo, y que “<strong>no puede ser la mirada progresista la única que teme a la inteligencia artificial</strong>”. </p><p>P. Alonso, tras él, ha añadido algunos matices. La directora de <strong>infoLibre </strong>ha recordado cómo, en sus comienzos en la profesión, apenas existía internet, y ha comparado aquella aparición con la irrupción actual de la IA para explicar sus temores: “Internet provocó un cataclismo en el periodismo”. Sin embargo, y pese a advertir que el uso actual de la inteligencia artificial por parte de la ciudadanía perjudica a la profesión, ha asegurado: “Vamos a tener que encontrar la manera de convivir con todo esto, y para mí l<strong>a manera es hacer el mejor periodismo posible</strong>”.</p><p>Cancela, experto en esta materia y autor del libro <em>Utopías digitales</em>, ha defendido que, entendiendo la tecnología como una extensión humana, todas las épocas son tecnológicas. “<strong>Es importante politizar la IA. </strong>Hay que reivindicar la tecnología como extensión de la creatividad”. El escritor ha incidido en la idea de que la inteligencia humana, y fundamentalmente el periodismo, es la fuente que alimenta la IA, y que sin ella no existiría. “El derecho de autor ha muerto”, ha asegurado. Con gran ímpetu, Cancela ha defendido su uso como una herramienta para “mapear la realidad”, frente al riesgo de que estas tecnologías están subdesarrollando las capacidades creativas y analíticas de la ciudadanía, a favor del neoliberalismo: “La IA solo va a beneficiar a la ultraderecha”. Esta idea, mencionada por todos los asistentes y presente a lo largo del debate, ha despertado el murmullo y las afirmaciones del público, visiblemente preocupado por esta nueva realidad.</p><p>P. Alonso ha lanzado la reflexión: “¿A quién beneficia esto? A quien interesa que desaparezca el periodismo. Hay algunos muy concretos a los que ahora les interesa mucho quitar la capa de pensamiento crítico que existe en el periodismo de verdad”. “<strong>La IA no te da ese pensamiento crítico</strong>”. Y Gesto ha reafirmado esa narrativa de vigilancia a los poderosos: “La IA tiene pinta de que puede ser un tsunami”. “Creo que los medios de comunicación y la sociedad en general nos estamos entreteniendo con unos fuegos artificiales que alguien ha construido, mientras que por detrás están pasando un montón de cosas”, ha advertido.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 02 Jun 2026 19:42:16 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alba Meseguer Alacid]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El tsunami de la IA: TintaLibre presenta su número de junio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[TintaLibre,Inteligencia artificial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La IA y el periodismo profesional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/ia-periodismo-profesional_1_2199716.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4f1e3a23-e2fc-49f0-a026-59d9f427441f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La IA y el periodismo profesional"></p><p><em>Múltiples perturbaciones</em>, por Jordi Gracia.</p><p><em>Por una inteligencia colectiva. Cómo rescatar las imprentas digitales de Silicon Valley</em>, por Ekaitz Cancela.</p><p><em>Perder la ilusión de la realidad</em>, por Marta Peirano.</p><p><em>La prueba definitiva para el periodismo</em>, por Ismael Nafría.</p><p><em>Lo que la IA no sabe hacer</em>, por Raúl Novoa.</p><p><em>La IA no destruirá el periodismo, pero puede volverlo invisible</em>, por Esther Vera.</p><p><em>Periodismo frente al expolio algorítmico</em>, por Virginia P. Alonso.</p><p><em>Ríos voladores. La ruta migratoria del Darién</em>, por Lina M. Moros.</p><p><em>El cante católico con toque integrista: Hakuna y el Opus Dei</em>, por Miguel Saralegui.</p><p><em>Parábola de Jesucristo y Marc Giró</em>, por Miguel Sánchez-Romero.</p><p><em>El caso Tucker Carlson</em>, por Carlos C. Pérez.</p><p><em>Soledad Gallego-Díaz, maestra en ética periodística</em>, por Xavier Vidal-Folch.</p><p><em>Obra en marcha. Meter a los amigos dentro de un libro</em>. Poemas de Elisa Fernández Guzmán.</p><p><em>Historia privada de una fotografía. Patti Smith, la musa despeinada</em>, por Ramón Reboiras.</p><p>Puedes leer los números anteriores <a href="https://www.infolibre.es/suplementos/historico-tintalibre/" target="_blank"><strong>aquí</strong></a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jun 2026 04:01:22 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La IA y el periodismo profesional]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[TintaLibre,Periodismo,Inteligencia artificial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘La IA y el periodismo profesional’, el reto democrático que TintaLibre presenta este martes en Madrid]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/ia-periodismo-profesional-reto-democratico-tintalibre-presenta-miercoles-madrid_1_2201040.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4f1e3a23-e2fc-49f0-a026-59d9f427441f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La IA y el periodismo profesional’, el reto democrático que TintaLibre presenta este miércoles en Madrid."></p><p>La inteligencia artificial ya no pertenece a la ciencia ficción, ni es una nueva promesa de Silicon Valley; su papel ocupa un lugar central no solo en el mundo <strong>tecnológico,</strong> sino también en nuestra forma de informarnos, trabajar, pensar y relacionarnos con la realidad. Un lugar, además, muy inquietante cuyas ramificaciones y efectos en la comprensión del mundo solamente acaban de empezar. Ante este reto abrumador,<em> </em>el número de junio de <em><strong>TintaLibre</strong></em><strong> </strong>se ha puesto manos a la obra para tratar de explicar a los lectores cómo la IA afecta y subvierte las reglas de lo que más nos duele: el periodismo.</p><p>El encuentro para presentar el nuevo número de <em><strong>TintaLibre</strong></em><em>,</em> <em><strong>La IA y el periodismo profesional, </strong></em>tendrá lugar <strong>este martes 2 de junio</strong>, a las 19:00 h, en la <strong>Sala Azul del Espacio Ronda</strong>, situado en el centro de Madrid. El espacio cuenta con una capacidad máxima para 50 personas. Las socias y socios podrán asistir al acto previa inscripción a través de <a href="https://www.tickettailor.com/events/infolibre/2234875" target="_blank" >este enlace</a>. ¡Y si no eres socio, <a href="https://usuarios.infolibre.es/hazte_socio/" target="_blank" >pinchando aquí</a> puedes remediarlo!</p><p>La presentación estará a cargo de <strong>Jesús Maraña</strong>, director editorial de<em> </em><strong>infoLibre</strong>. A continuación, tendrá lugar una mesa redonda centrada en el <strong>impacto y la irrupción de la inteligencia artificial</strong>. El encuentro, moderado por <strong>Jordi Gracia</strong>, codirector de<em> </em><em><strong>TintaLibre</strong></em><em>, </em>buscará abrir un diálogo plural sobre cómo la IA está transformando la producción informativa, los modelos de negocio y<strong> la relación con la verdad</strong>.</p><p>El coloquio contará con la presencia de <strong>Ekaitz Cancela</strong>, escritor, investigador y editor, que en el número de junio esboza el diagnóstico del paciente colectivo de esta transformación imparable: “La imprenta digital de Google y Meta ha colonizado los últimos reductos de la vida democrática”. También intervendrá <strong>Virginia P. Alonso</strong>, directora de <strong>infoLibre</strong>, que en la revista plantea un interrogante situado en el ojo del huracán: “Tal vez la pregunta decisiva no sea qué impacto tendrá la IA en el periodismo, sino qué periodismo queremos defender ante los retos tecnológicos”. La mesa contará, además, con la presencia de <strong>Marta Gesto</strong>, directora general de <strong>infoLibre </strong>y <a href="https://www.infolibre.es/el-cuarto-de-maquinas/"  >articulista</a> en este medio precisamente sobre IA y nuestra relación con ella.</p><p>Este número incluye un emotivo homenaje <em>in memoriam</em> a <strong>Soledad Gallego-Díaz</strong>, en un texto de <strong>Xavier Vidal-Folch</strong> con el que <em><strong>TintaLibre </strong></em>recuerda su trayectoria y reivindica su compromiso con el rigor informativo y el periodismo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jun 2026 04:01:21 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sara Carrasco]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘La IA y el periodismo profesional’, el reto democrático que TintaLibre presenta este martes en Madrid]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[TintaLibre,Periodismo,Inteligencia artificial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Principio, medio, fin]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/obra-marcha-principio-medio_1_2188275.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/406b62ef-1fe8-4488-acf0-254ceb40f2b9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Principio, medio, fin"></p><p><strong>ÍNDICE DE CONTENIDOS: </strong>En el principio eran una madre y una hija. Después, por ahí de la mitad, habría otras madres e hijas, algunos hombres, otras personas en general. Pero por ahora somos solo ella y yo, y un haz de luz entra a la recámara por la ranura entre las cortinas, y la luz cruza el aire humoso y espeso y pega en la cama, donde se esparce por las arrugas de las sábanas dibujando su silueta entera –pies, piernas, torso, cuello– hasta que se dispersa en su cara descubierta, y está dormida, y le toco la frente con la palma de la mano y la despierto.</p><p>Llevaba un rato buscando algo así como un nuevo comienzo. Injusto o extraño, quizás, pedirle eso al tiempo: la posibilidad de empezar, de empezar de nuevo. Lo único que tenía que hacer, o eso creía entonces, era responder a una pregunta: ¿cómo lo reinvento todo: nuestra historia, nuestras vidas cotidianas, nuestra forma de estar en el mundo? Por ahora íbamos a ser solo ella y yo.</p><p>Me hacía falta estar en otra parte, en otro momento de vida, lejos de donde estaba entonces. Había terminado un libro, luego un proyecto demandante grabando paisajes sonoros y testimonios en la frontera entre México y Estados Unidos, y después había pasado por un divorcio lento, difícil, enmarañado. Esa constelación –terminar, terminar, terminar– me había dejado como astronauta: circunflotando, encapsulada, ante todo ausente. </p><p>Pasaron las semanas y luego los meses, la rotación incesante del calendario, pero me encontraba siempre como en el mismo sitio. Durante un buen tiempo después de esos finales, estuve trastabillando de un falso principio a otro. No había podido empezar a escribir nada nuevo, apenas notas dispersas, no había construido nada que se asemejara a una relación amorosa, no había encontrado esa sensación –que tantos y tantas describían– de que la vida, después de un final, vuelve también a empezar. </p><p>Ahora, después de casi un año, el libro estaba por publicarse en varios países europeos, y yo había aceptado todas las invitaciones que enviaron a mi agencia. Incluso le había pedido a mi agente que por favor buscara más, lo que fuera: lecturas, conferencias, talleres, círculos de lectura. Un amigo opinó: </p><p>Eres como esas personas que se comen toda la comida en el avión nomás porque es gratis. </p><p>Saqué a mi hija de la secundaria unos meses antes del final del ciclo escolar y la registré como estudiante a distancia. Logré encontrar inquilinas ideales: una pareja de medievalistas canadienses. Se quedarían de abril a septiembre, pagarían a tiempo, cuidarían nuestras plantas, no se robarían mis libros. No le respondí nada a ese amigo, pero durante días, en mi cabeza, le estuve diciendo: Ya nada es gratis en los aviones, cabrón.</p><p>Dos maletas: una gris, una verde. Nos fuimos de Nueva York cuando empezaba la primavera. El plan original: mudarnos de ciudad en ciudad, las veces que fuera necesario, de vida en vida, maletas ligeras, hasta que las cosas volvieran a caer en su lugar.</p><p>Durante abril y mayo nos movimos cada dos o tres días, de un lugar a otro, hoteles casi siempre, pueblos chicos y ciudades, lecturas públicas, charlas, entrevistas. En Suiza y Austria, todos los lectores que asistieron a mis eventos eran octogenarios o septuagenarios, circunstancia a la vez conmovedora y un poco preocupante. Hubo estancias breves en París y Lyon, Varsovia, Estambul, Atenas, Londres y Berlín. En Múnich, una ginecóloga me extrajo un DIU. En un café en Praga, mi hija perdió una muela, la penúltima, adentro de un plato de sopa. </p><p>La observaba con atención, tal vez con demasiada atención desde que nos volvimos solo ella y yo. Sus comportamientos, un espejo extraño de mi capacidad o incapacidad para criarla. Adonde fuéramos, se compraba postales, escribía cosas en sus reversos, pero después se negaba a mandarlas por correo a nadie. No importa dónde estuviéramos, lo único que quería hacer era leer por su cuenta o jugar al ajedrez conmigo.</p><p>En Berlín, le traté de enseñar a andar en bicicleta: imposible, pedaleaba siempre en reversa. Intenté no pensarlo como metáfora de nada. </p><p>En un pueblo costero cerca de Ámsterdam, estuvimos un buen rato paradas en una playa, frente al mar gris, donde un grupo de adolescentes aprendían a nadar con zapatos. Cada que una ola se aproximaba a la orilla, los adolescentes se lanzaban contra la corriente, sus zapatos y botas visibles en la espuma de la superficie revuelta, sus patadas breves y veloces. La escena le pareció inquietante, y se negó a volver al mar durante semanas enteras después de eso. </p><p>Unos días más tarde, en la Rambla del Raval de Barcelona, se puso a llorar desconsolada cuando vimos a una mujer, tal vez joven o tal vez vieja, posiblemente pordiosera, balbuceándole insultos a una pared. Cuando pasamos junto a ella, la mujer abrió una mochila y vació sus contenidos sobre la banqueta: un reguero de libros antiguos. Luego tomó uno, lo abrió, leyó unas palabras incomprensibles, nos volteó a ver directo a los ojos y con una sonrisa vaga, anunció:</p><p><em>¡Omnes fines mundi!</em></p><p>¿Qué es volver a empezar? ¿Dónde está el principio? Tal vez las cosas no caen nunca en su lugar, pero cuando llegó el mes de junio y terminé con todos mis compromisos de trabajo, y tomamos un avión que aterrizó una noche en el aeropuerto de Catania, tuve la sensación, por primera vez en mucho tiempo, de que por fin habíamos llegado a alguna parte, de que por fin íbamos a poder asentarnos. </p><p>Mi abuela materna, la Nanna, era de un pueblito no muy lejos de Catania. Y aunque murió cuando yo aún era niña, y yo nunca había venido a su isla natal, en cuanto bajamos por las escalerillas del avión y vi sobre nosotras el cielo cuajado de estrellas, tuve una sensación muy clara de pertenencia –pasada o futura, no sé–. Mi hija se detuvo al pie de las escalerillas, apuntó hacia el horizonte, donde la silueta negra del volcán Etna apenas se distinguía del cielo tan oscuro, y dijo: </p><p>Mira, Ma, viene un bostezo celeste. </p><p>¿Un qué? </p><p>Un bostezo celeste. </p><p>¿Qué es eso? </p><p>Nada, no importa. </p><p>O tal vez no tanto una sensación de pertenencia, sino un eco de la pertenencia: memorias prestadas, rumores heredados. Leí alguna vez que la palabra eco viene del griego antiguo <em>oikos</em>, que significa <em>casa</em>. Y si eso es cierto, tal vez el eco y la pertenencia están más estrechamente ligados de lo que se suele pensar. Era, por supuesto, un proyecto imposible: movernos, mudarnos, ir de vida en vida hasta que algo por fin cayera en su lugar, porque nada simplemente cae por sí solo en su sitio. Una idea liberadora, pero un proyecto imposible. Con el tiempo, pensé, tendría un plan más claro y concreto. Con el tiempo, sin embargo, tuvimos que movernos por motivos muy distintos a los que nos impulsaban en un inicio, pero eso vino después, y en ese momento no intuíamos nada todavía.</p><p><em><strong>II</strong></em></p><p>En el taxi del aeropuerto, el señor en la radio anuncia que esta mañana el Etna emitió una fumarola de gas y ceniza, pero que hasta ahora no se reportan daños. También dice que habrá un eclipse lunar antes del amanecer, y que al mismo tiempo el levante entrará desde el este. Mi hija me pregunta: </p><p>¿Qué es el Etna? </p><p>Un volcán. </p><p>¿Peligroso? </p><p>No, en absoluto.</p><p>¿Y qué es el levante? </p><p>No sé, amor. </p><p>Pero el taxista sí que sabe. Hay dos estirpes de taxistas: los que dicen que no saben nada y los que lo saben absolutamente todo. Nos explica que el levante es un buen viento, uno de los muchos que recorren la isla. Aquí son tantos y tan constantes los vientos, dice, que los griegos pensaban que era en uno de los acantilados de los alrededores que el dios Eolo los albergaba a todos, dispensándolos a su antojo: del norte, el <em>maestrale</em> frío y seco, y también el <em>grecale</em> y la tramontana; del sur y suroeste los cálidos <em>libeccio</em> y <em>mezzogiorno</em>; del oeste, el <em>ponente</em>, que trae cielos despejados y aguas quietas; del sur y sureste, el <em>bestial</em>, ardiente e insoportable <em>scirocco</em>, que trae arenas desde el Sáhara y pinta el cielo de rojo y llena a la gente de rabia, ansiedad y locura. Y, por fin, este suave y húmedo levante, que está por llegar desde el este, y que traerá a las corrientes marinas un azul mucho más profundo, y traerá también brisas más frescas y tal vez un poco de lluvia. Los marineros lo prefieren a cualquier otro viento, termina el taxista con entusiasmo lírico, porque los empuja hacia altamar con soplos constantes y ráfagas de popa. </p><p>Pienso que debe ser un buen augurio, llegar con el levante, ráfagas de popa. ¿O estoy confundiendo popa con proa y esta ráfaga es propicia para irse y no para llegar? En todo caso es aquí, en esta isla, con esta llegada, durante este verano, que quiero que ella y yo encontremos por fin un nuevo principio. Solo tengo que buscar una nueva rutina, una cotidianidad sostenida, una nueva forma de ser madre. Quizás incluso un reencuentro con la escritura, poner orden a mis notas y terminar un nuevo libro. </p><p>Pregunta, así que durante el resto del camino al departamento le cuento cosas que recuerdo de su bisabuela, la Nanna: empezó a fumar a los doce años y se fumaba un paquete y medio de cigarros Camel todos los días, nació en un poblado en el mero corazón de la isla, un poblado con el nombre casi mitológico de Philosophiana, era campesina, recia de carácter pero llena de calidez y sentido del humor, a los veintiuno se vistió de hombre para que la contrataran como jornalera en una campaña de excavaciones arqueológicas cerca de su casa, formó parte de un equipo de excavadores que encontró ruinas importantes, pero un día descubrieron que era mujer y la corrieron, decidió migrar a las Américas, aprendió a leer y escribir a bordo del barco y fue una lectora voraz el resto de su vida, sobrevivió a un naufragio cerca de Veracruz, jugaba al ajedrez, era inconvenientemente guapa, ojos miel botticellianos, piel morena, melena china, dientes desastrosos, era en extremo supersticiosa, nunca aprendió a pronunciar la jota, le gritaba <em>pinches pendecos</em> a los malos conductores, a los hombres poco caballerosos, <em>pendecos deficientes</em>, a los políticos en la tele, <em>pinches pendecos cretinos del cazzo</em>, cocinaba pésimo, le encantaba el fútbol. Perdió la memoria a los setenta y algo. Murió en un asilo para enfermos de la mente en la Ciudad de México en los años ochenta. </p><p>Mi hija y yo compartimos varias de sus características: los malos dientes, el amor por los libros y la afición por el ajedrez. Heredamos también supersticiones: nunca pasar la sal de mano en mano, no mirarse a los ojos en el reflejo de una ventana mientras llueve, pellizcarse y pedir un deseo a las 11:11 de la mañana y a las 11:11 de la noche. Yo heredé la pasión por la nicotina y la pasión por el fútbol. Mi hija tiene su belleza leonina –melena envidiable, toda rizos– y sus ojos botticellianos, más oscuros que los de mi abuela, color miel de <em>maple</em>. Tal vez todas esas cosas puedan considerarse ecos de una persona, en el sentido de la repetición y la reverberación, pero también en el sentido de que nuestros cuerpos son casas, espacios físicos en donde los rastros de quienes vinieron antes siguen viviendo y rebotando. </p><p>Piazza Manganelli 16, un arco barroco enmarcado por pilastras, decorado con querubines de yeso, un portón pesado de madera, patio interior, escaleras de mármol, primer piso, llaves debajo del tapete, departamento número dos. </p><p>El departamento le pertenece a un hombre que conozco, pianista. Les dejo las llaves, me dijo, siéntanse como en su casa. Iba a estar de gira todo el mes. Regresaría a inicios de julio, y si queríamos quedarnos más tiempo, con gusto nos hospedaría. </p><p>Nos habíamos conocido hacía más o menos un año, en Nueva York, mientras daba una temporada de conciertos. Tuvimos un breve y febril encuentro después de mi divorcio y seguimos en contacto remoto todo este tiempo, escribiéndonos casi diario, a veces hablando por teléfono a horas absurdas del día o de la noche, hablando sobre todo acerca de los divorcios (él llevaba dos a cuestas, así que tenía consejos, aunque no siempre buenos), hablando de la maternidad y la paternidad (él no tenía hijos, así que la conversación, de su lado, era sobre todo especulativa), hablando de nuestros planes, los suyos, los míos, por separado, sus conciertos, mis proyectos, y también de los planes que podríamos hacer juntos, tal vez, un día, en el futuro, tal vez. </p><p>Dejamos nuestros zapatos, maletas, mochila y portafolio en el vestíbulo. Vamos directo a la cocina y nos sentamos a la mesa, una mesa larga de madera rústica, esperando a que el agua hierva para hacer una pasta. Mi madre me escribe un mensaje de texto para preguntar si llegamos bien. Cuando mi mamá envía mensajes escritos, parece que está entregando al mismo tiempo un horóscopo y una predicción climática, y muchas veces firma el mensaje al final, como si no tuviera yo su contacto almacenado, como si estuviera mandándome un fax desde una máquina pública. En este mensaje, confirma y redobla lo que dijo la radio hace rato, solo que en sus palabras las predicciones suenan ominosas: </p><p>Eclipse penumbral ¡Vienen tormentas! Tiempos de cambio. Besos, Mamá, Manuela. </p><p>Menos convencida de que un eclipse penumbral seguido de tormentas sea buen presagio, seguimos las instrucciones de mi madre, por si acaso, y recogemos tres dientes de un enjambre de cabezas de ajo que cuelgan junto a la estufa, y los plantamos con los pulgares izquierdos bajo la luz de la luna en una maceta de romero moribundo en el balcón de la cocina.</p><p>Mi hija se cuelga su portafolio al hombro y arrastra su maleta verde al cuarto más chico; yo me cuelgo mi mochila y arrastro la maleta gris al cuarto más grande, ambas recámaras en extremos opuestos de una gran sala. </p><p>Mi maleta sobre la cama, la lenta coreografía de desempacar. Aquí, en su cuarto, el cuarto del pianista, no desempaco como lo suelo hacer: contenido entero de la maleta vertido sobre la cama y luego poco a poco distribuido en cajones y clóset. Aquí, trato de desempacar como si fuera él, un hombre sistemático y de rutinas fijas. Saco una cosa a la vez, de maleta a clóset, maleta a clóset. Hay un cuento de Antonio Di Benedetto, ‘El abandono y la pasividad’, sobre una mujer que abandona a un hombre, pero nunca vemos a la mujer y nunca vemos al hombre. Solo vemos una maleta abandonando un cuarto, y un vaso de agua en la mesita de noche, debajo del cual hay una nota escrita a mano cuyo contenido nunca se muestra al lector. Lo único que hay en el cuento es un cuarto vacío, nunca ningún humano ni ser viviente, salvo por una mosca, que aparece a la mitad del cuento: “Por su inercia cobra vigencia una mosca, entre un sol y otro, entre un sol y otro, pero no más de dos”. Nunca he entendido del todo esa línea: ¿una mosca que vive cuarenta y ocho horas? ¿O algo enteramente distinto sobre el patrón de vuelo de las moscas? </p><p>Todos los objetos en su clóset parecen elegidos por la mano templada del método: zapatos, corbatas, cinturones, pantalones, camisas, sacos, pocas camisetas. Cuelgo y doblo mis cosas junto a las suyas. Todas las suyas: negras o azul marino. Las mías: un revoltijo de colores. Cuelgan juntos, suspendidos en el aire, un vestido mío y un saco suyo: una danza afantasmada, extraña, un encuentro de los dos <em>in absentia</em>.</p><p><em>*Extracto de la ‘Primera parte (Levante)’ de la novela de Valeria Luiselli, ‘Principio, medio, fin’ (Barcelona, Feltrinelli Editores, 2026).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 May 2026 04:01:27 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Valeria Luiselli]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Principio, medio, fin]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[TintaLibre,Fútbol]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La nueva etapa de TintaLibre cumple un año celebrando la misión de “ganar espacio para la libertad”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/nueva-etapa-tintalibre-cumple-ano-celebra-mision-ganar-espacio-libertad_1_1878234.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b471a2d0-6633-491c-b9b9-eecd3dcba9e3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La nueva etapa de TintaLibre cumple un año celebrando la misión de “ganar espacio para la libertad”"></p><p>Entre miles de libros, estanterías, y un inconfundible olor a papel recién impreso, la revista <a href="https://www.infolibre.es/tintalibre/" target="_blank"><strong>TintaLibre</strong></a> ha celebrado en la Librería Antonio Machado de Madrid <strong>el primer aniversario de su nueva etapa</strong>. Una alianza entre <strong>infoLibre</strong> y <em>El País</em> que <strong>cumple este mes de octubre un año</strong> con un número dedicado a Donald Trump, el trumpismo y a las elecciones de Estados Unidos del próximo 5 de noviembre. En doce ediciones han pasado por sus páginas Gabriel García Márquez, el humor, la inteligencia artificial o el colonialismo, siempre desde una perspectiva reflexiva y <strong>apoyándose en las mejores firmas</strong> del periodismo y la cultura como Maruja Torres, Elvira Lindo, Martín Caparrós, Javier Cercas, Edurne Portela o Bernat Castany, entre otros. </p><p>Para celebrar la efeméride, la revista no podía haber elegido otro lugar que el hogar del pensamiento, una librería. Allí se han reunido los dos codirectores de la publicación:  <strong>Jesús Maraña</strong>, director editorial de <strong>infoLibre </strong>y <strong>Jordi Gracia</strong>, adjunto a la directora de <em>El País.</em> Ambos han conversado con una escritora muy cercana a TintaLibre, <strong>Lara Moreno</strong>, que colabora en el número de octubre con un artículo donde disecciona el “trumpismo castizo” de la presidenta de la Comunidad de Madrid, <strong>Isabel Díaz Ayuso</strong>. Moreno es además es autora de libros como <em>La ciudad</em> o <em>Por si se te va la luz</em>.</p><p>El acto ha comenzado con una bienvenida por parte de Gracia, que ha recordado <strong>cómo se gestó la alianza de ambos medios</strong> para generar “una revista de pensamiento” que todavía tuviera cabida en una sociedad caracterizada por la prisa. A Gracia le ha seguido Maraña, que ha enfatizado la importancia de las revistas ya que se han convertido en una plataforma de competición con la velocidad de los tiempos actuales. “<strong>Queremos pelear por el papel, por la cultura, por mantener la llama de lo escrito</strong>. Hacer eso es pico y pala y luchar contra los elementos, pero la existencia de TintaLibre demuestra que se pueden seguir haciendo este tipo de publicaciones”, ha explicado el director editorial de <strong>infoLibre</strong>.</p><p>Tras sus intervenciones, ha tomado la palabra Moreno, que ha relatado el <strong>privilegio que es para ella poder, gracias a TintaLibre, pararse a pensar</strong> y salirse del bucle eterno de la actualidad. “Escribir un artículo para la revista no requiere lo mismo que una tribuna para el periódico. Cuando lo haces para TintaLibre sabes que <strong>esa pieza tiene que tener un recorrido mucho más largo</strong>”, ha comentado la escritora sobre el propósito de la publicación de permanecer mucho tiempo después del momento en el que sale a la venta en los quioscos. </p><p>Moreno ha continuado haciendo referencia a la alegría que le transmite tocar las hojas de la revista ahora que los periódicos se leen a través de una pantalla. “Estamos tan acostumbrados a leer en digital que <strong>hemos periodo la conexión con el papel</strong>. No puedes ni siquiera visualizar algo tan básico como cuánto de largo es un texto. Para mí, como amante de las novelas, que TintaLibre sea en papel y tenga ese tamaño <strong>me remite a los 90, a cuando  iba a la universidad</strong>”, ha recordado la escritora.</p><p>Sobre esto, Maraña también ha subrayado algo que, en su opinión, es fundamental para una revista de este tipo: <strong>no buscar el clic</strong>. “Quien lee TintaLibre lo hace con otra actitud. Hay un salto a partir de la revolución digital en el que se produce una obsesión por las audiencias millonarias. Todo el mundo presume de millones de visualizaciones. Pero <strong>no se trata del clic, sino de quién lo hace y cuánto lee</strong>. La obsesión no puede ser esa, sino tener un compromiso que sirva en el debate público”, ha explicado Maraña.</p><p>Por su parte, Gracia ha calificado la revista como un “complemento perfecto” a los periódicos diarios. “<strong>Es mirar la actualidad de una forma diferente</strong>, algo que no solo está ligado a la inmediatez. No me parece ninguna insensatez <strong>pensar que este enfoque diferente tiene un espacio propio, aunque sea minoritario</strong>. Hay más actualidad que la que hay en la <em>home </em>de un periódico. La revista por encima de todo debe mantener el hilo rojo con los <strong>temas que están en la discusión familiar pero que no ocupan sitio en los medios</strong> de cada día”, ha defendido el adjunto a la directora de <em>El País</em>.</p><p>También ha ocupado una buena parte del debate la libertad y la autocensura a la hora de escribir para una determinada publicación. “Desde TintaLibre <strong>queremos ganar espacio para la libertad</strong>”, ha comentado Jesús Maraña. Algo que han enfatizado tanto Moreno como Gracia. “Debemos usar una libertad intelectual no amputada ni autoamputada. Tengo la sensación de que muchas veces ponemos muy bajo el listón de lo socialmente aceptable, cuando en verdad <strong>la sociedad es más permeable y tolerante a la discrepancia</strong> de lo que pensamos. El papel de la revista en todo esto es empujar los límites de la libertad de expresión”, ha comentado Gracia. </p><p>Por su parte, Moreno ha comentado su experiencia a la hora de colaborar para TintaLibre: “La permanencia en el tiempo de la tinta sorprende y pone una presión extra. Al escribir a veces pienso: <strong>¿puedo decir esto que va a quedar fijo para dentro de tanto tiempo?</strong>”. Además, la escritora ha hecho referencia a la libertad no solo de quien escribe sino también de quien lee. “La revista se parece a un libro en que en <strong>ambos tienes que ir a leerlos tú por propia voluntad</strong>. La revista no viene a ti, tienes que pararte y decidir sentarte un tiempo para leerla”, ha enfatizado Moreno. </p><p>Por último, los tres han debatido sobre lo que significa la heterodoxia y la ortodoxia en la actualidad. “<strong>Parece que la ultraderecha es la rebeldía actualmente</strong>. Ayuso se dedica a propagar una falsa heterodoxia para no responder a responsabilidades concretas como las residencias en la pandemia o la vivienda", ha defendido Maraña, que cree que actualmente la izquierda tiene un <strong>gran déficit para transmitir sus ideas con emoción, no sólo apelando a la razón</strong>, algo que la derecha y la extrema derecha sí parecen usar a la perfección. </p><p>“Ahora es heterodoxo reivindicar el Estado de bienestar, <strong>algo tan elemental parece que se sale del discurso</strong>”, ha respondido Gracia. También Moreno ha mostrado su preocupación por la capitalización que hace la ultraderecha de este tipo de discursos heterodoxos, pero sobre todo ha explicado que cree que para que la izquierda se vuelva a emocionar <strong>necesita “un motivo fuerte” y un sentimiento de comunidad</strong> que ahora mismo no ve en la sociedad. Quizás la respuesta para ello esté, precisamente, en algunos de los miles de libros que rodeaban la conversación. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Oct 2024 19:17:47 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Mortera Franco]]></author>
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      <title><![CDATA[La corrupción en democracia: un conversatorio con Neus Tomàs y Soledad Gallego-Díaz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/corrupcion-democracia-conversatorio-neus-tomas-soledad-gallego-diaz_7_2050326.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3501811a-8dd3-4ee9-8e13-9e49945f317a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La corrupción en democracia: un conversatorio con Neus Tomàs y Soledad Gallego-Díaz"></p><p><strong>JESÚS MARAÑA</strong>: El índice de percepción de la corrupción de 2024, el que elabora de forma independiente ‘Transparencia Internacional’, otorgaba a España 56 puntos sobre 100, que es un aprobado justito. Y empeoraba seis puntos con respecto al informe del año anterior. Es más que probable que ese índice vuelva a empeorar en el balance de 2025 después de los últimos estallidos. ¿Consideráis que la corrupción se sitúa de nuevo como problema prioritario para la democracia?</p><p><strong>NEUS TOMÀS</strong>: La corrupción debe ser siempre un problema prioritario en la democracia. La manera de luchar contra ella creo que es un elemento fundamental de la democracia, porque la corrupción se produce, es obvio, y lo hace en todos los lados, lo importante es poder detectarla y juzgarla lo más rápidamente posible. El problema en España es que se tarda en detectar y juzgar, pero, al final, creo que en España los casos de corrupción se terminan detectando.</p><p><strong>JM</strong>: Cuando decía problema prioritario de la democracia me refiero no solo a la corrupción, sino a la percepción de la corrupción. Que eso sí influye probablemente en que la gente se aleja de la política, se aleja de la información, provoca desafección…</p><p><strong>SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ</strong>: Yo creo que existe una desconfianza en la política, muchas veces en los partidos, pero lo más preocupante, también en las instituciones. Mirando este índice de transparencia, si te fijas, España sale peor que en el índice anterior, pero también algunos países cercanos: le pasa a Francia, le pasa a Italia, les pasa a países nórdicos, esos que siempre tenemos como referencia a efectos de transparencia y otras medidas, con lo cual creo que hablar de índice de corrupción o de percepción de la corrupción va también vinculado a esa desconfianza que estamos viendo en muchos países y a la cual España no es ajena. Por lo tanto, ahí seguramente tendríamos que preguntarnos también qué provoca esa desconfianza. Y creo que no son solo casos de corrupción, que evidentemente los hay y aparecen en las portadas y de distintos partidos, sino esa percepción de que la política o las instituciones no acaban de resolver determinados problemas y que, desgraciadamente–no solo aquí, lo vemos también en países vecinos– se acaba traduciendo en unos votos preocupantes.</p><p><strong>NT</strong>.- El problema de la percepción de la corrupción es también alentado por determinados grupos como una manera de provocar esa desconfianza en las instituciones, y dicho ataque a la confianza es muy peligroso en democracia, porque provoca una reacción. Pero creo que eso es intencionado, o sea, que no es algo que se produzca espontáneamente, sino que se provoca por parte de determinados grupos que intentan crear esa sensación de caos, de que las instituciones son incapaces de hacer frente a los problemas que se plantean.</p><p><strong>SGD</strong>.- Hay una parte evidentemente incentivada. Una parte que se aprovecha de ese malestar, que no necesariamente está incentivada desde el punto de vista partidista. Quiero decir, y ahora salto un momento en el listado de problemas de la ciudadanía, probablemente el de la corrupción volverá a salir en el CIS o en índices de satisfacción, pero, en realidad, la mayor insatisfacción en este país es por la vivienda. O porque los incrementos de los salarios no van equiparados a la inflación o al coste de la vida. Entonces, ese malestar que es muy difícil de calcular y muy difícil de combatir, es el que algunos partidos intentan aprovechar y muchas veces lo consiguen. </p><p><strong>JM</strong>.- Incluso como estrategia política.</p><p><strong>SGD</strong>.- Como estrategia, pero luego hay una parte del malestar que existe más allá de los partidos, y aquí el problema es cómo darle respuesta.</p><p><strong>NT</strong>.- El principal motivo de malestar se produce a raíz de la crisis económica de 2008. Ahí es donde se empieza a fastidiar el Perú, donde se empieza a joder la situación en las democracias occidentales. Una crisis económica brutal resuelta de una manera que hace que las clases medias y las clases más inferiores se sientan directamente olvidadas.</p><p><strong>JM</strong>.- Sí, porque se demostró una especie de impotencia democrática, ¿no? De impotencia ante lo que parecía que no tenía más solución que la que se ejecutaba.</p><p><strong>NT</strong>.- Claro. </p><p><strong>JM</strong>.- Y eso ha alejado mucho a la ciudadanía. ¿Y os parece que hemos avanzado lo suficiente en legislación contra la corrupción política? Se han hecho cosas, se han creado nuevas normativas, etcétera, pero, claro, van surgiendo casos que, además, nos recuerdan a otros que vivimos hace 30 años. Se trata casi siempre de capturar recursos públicos para beneficio privado o, en algunos casos incluso, para financiación política. Hay mucho por hacer en legislación para prevenir, como decías tú, Sol, la corrupción. </p><p><strong>SGD</strong>.- Yo no sé si la legislación actual es mala. Yo creo que no, que la legislación actual permite perseguir la corrupción, siempre se puede perfeccionar, por supuesto, y habrá muchos casos. Pero la legislación es suficiente, puesto que permite detectar los casos de corrupción en la administración. Los concursos públicos de la administración –estatal y autonómica– pasan por una serie de controles de interventores, que tienen mecanismos para intentar garantizar la limpieza de esos procesos. Lo que sí que resulta muy chocante es que una vez que se detectan los casos de corrupción, se tarde veinte años en resolverlos. Que la justicia no tenga ni medios ni capacidad para investigar y sentenciar los casos de corrupción con muchísima más rapidez, porque si tú miras ahora la lista de casos de corrupción que están pendientes de resolución, se te cae el alma a los pies, porque es que hay casos que llevan 15 años dando vueltas de un juzgado a otro, de un juez que se jubila a otro que llega, en fin, una serie de mecanismos de la justicia que funcionan mal.</p><p><strong>NT</strong>.- No me voy a poner filosófica, pero ¿qué es corrupción? Corrupción son estos casos que podemos tener en la cabeza, que comenta Soledad y que son instrucciones larguísimas y que implican una investigación compleja. O sea, los casos de los millones de euros o de centenares de miles de euros. Pero luego hay enchufismos, fraudes, fragmentación de contratos más o menos justificados, malversaciones de más calibre o menos. Todo eso también es corrupción. Por tanto, creo que aquí hay una cuestión que es cultural. Desde el ciudadano que prefiere pagar sin IVA al cargo público que acaba con casos que parecerían de los años 80 y que vuelven a producirse. Entonces, cuando dices “la legislación es suficiente”, yo creo que, en transparencia, por ejemplo, se podría hacer más y pongo un ejemplo concreto. En <em>elDiario</em> intentamos ver cuántos cargos eventuales, para que la gente nos entienda, asesores, hay en el Gobierno y en los ministerios. No lo conseguimos, y Civio, que hace un gran trabajo en transparencia, ha luchado muchísimo en esa materia; tienes que recurrir, volver a recurrir, es decir, en las administraciones todavía no tienen asumido que la transparencia es obligatoria, no es porque decidan que “esta vez te doy los datos y mañana no te los doy”. No, es obligatorio. El registro de <em>lobbies, </em>por ejemplo. Los <em>lobbies</em> está bien que existan, existen. Lo que la ciudadanía debe saber es quién está actuando de <em>lobby</em> en determinada ley, a qué intereses está defendiendo, porque eso también redunda en que los ciudadanos puedan tener una mayor confianza. Entonces no basta solo con si hay que castigar más o menos la malversación. Luego, comentaba muy bien Soledad, la gente que está investigando casos, incluso los policías –no estoy hablando tampoco de <em>jueces estrella</em>– se quejan muchas veces de que faltan medios, de que a veces están con varios casos a la vez, complejos. Por lo tanto, no sé si la legislación funciona más o menos, pero que hay cosas que serían fáciles de hacer y todavía no tenemos conciencia…</p><p><strong>SGD</strong>.- De la cuestión cultural, por un lado, es completamente cierto que puede existir un “si no pago el IVA mejor”, pero eso pasa en España, Italia, Francia… no es un problema <em>cultural</em> español el que la gente quiera escaquearse, por decirlo de alguna manera. Lo que sí que es cierto es que la administración no funciona con los niveles de transparencia que debería funcionar. Y eso sí que es lamentable, porque se puede exigir, eso sí que es una <em>cuestión cultural</em> de la administración, y debe ser consciente de que está obligada a lo contrario: como tú dices, no es que me haga un favor dándome un dato, es que su obligación es dármelo, y si no lo hace tendrá que dar muchísimas explicaciones.</p><p><strong>NT</strong>.- Cuando hablamos del tema <em>cultural</em>, hay una parte que es la prevención, es decir, hay oficinas antifraude en determinadas comunidades que una de las cosas que hacen es cursos, o sea, concienciar a la gente, desde los cargos de ayuntamientos, pero también a estudiantes, a universitarios, de lo importante que es que no haya corrupción. Entonces, igual que a veces hablamos de la necesidad de alfabetizar y que la gente entienda cómo funcionan los medios, también hay que explicar cómo funciona, por ejemplo, la administración y qué cosas están bien y qué cosas no.</p><p><strong>JM</strong>.- En ese sentido se está imponiendo más la educación en asuntos financieros que en justicia fiscal o en la importancia de lo colectivo y de contribuir a los bienes públicos. Esa parte es de educación, pero a mí hay una cosa que me asombra y me parece que hemos evolucionado poco. La mayoría de los casos de corrupción se descubren desde fuera de las administraciones, bien por investigaciones periodísticas, por filtraciones… Mejoraría mucho, creo, la percepción sobre la corrupción si fueran las propias administraciones las que descubrieran los casos y los denunciaran, sea un ministerio, sea un partido político, sea una administración autonómica, pero no suele ser así. ¿Quizá lo fundamental es la transparencia? Es decir, que si un político se reúne con un ‘lobby’ empresarial, lo primero es que tienen que conocerse los contactos y el contenido que se trata.</p><p><strong>SGD</strong>.- Eso es una de las cosas más lamentables. Que en el Congreso no haya existido un control de quién se reúne con quién. </p><p><strong>JM</strong>,- Sí, está pendiente todavía la ley que lo regula.</p><p><strong>SGD</strong>.- Si alguien va a ver a un diputado, tiene que registrarse y constar para qué lo hace. Para que todo sea más transparente y público.</p><p><strong>JM</strong>.- Tú, Sol, estuviste en Bruselas de corresponsal y hace ya tiempo que en Bruselas está más regulada la actividad de los ‘lobbies’.</p><p><strong>SGD</strong>.- Muchísimo más regulada, y en casi todo el mundo salvo en España. Y además eso son cosas relativamente fáciles de poner en marcha, porque no es tan difícil obligar a esa transparencia.</p><p><strong>NT</strong>.- Cosas muy fáciles: las agendas, por ejemplo. Es verdad que, en el caso de la Generalitat de Cataluña hace tiempo que las agendas tienen que ser públicas, tú puedes pedirlo y te lo tienen que dar. Luego pueden mentir, evidentemente, pero cuando son reuniones institucionales tienen que explicártelo. Una cosa en la que sí creo que se ha evolucionado para bien es en el tema de los regalos. Ya no estoy hablando de los regalos a los ministros o <em>consellers</em> o lo que sea, sino directores generales, asesores, el <em>sotogobierno</em>, que se dice. Cuando yo empecé en información política te explicaban que cuando llegaba la campaña de Navidad empezaban a llegar paquetes y paquetes que a lo mejor no tenían por qué ser una gran inversión en regalos, pero bueno, ¿por qué una empresa de cualquier ámbito, una ingeniería, una constructora, tiene que hacerle un regalo a un director general? Es raro. Y en eso yo creo que sí se ha evolucionado porque ya no se hace. O al menos en teoría, los que están en las consejerías o en los ministerios te dicen que ahora no, y esto hace 20 años pasaba siempre. </p><p><strong>SGD</strong>.- Y en los medios de comunicación también llegaba la campaña de Navidad y aparecían furgonetas con regalos para los periodistas…</p><p><strong>JM</strong>.- De algunas secciones especialmente.</p><p><strong>SGD</strong>.- En <em>El País</em> se puso como norma que no se podía recibir como regalo algo que no pudieras consumir en el día. E incluso, al final, yo creo que han terminado por desaparecer directamente.</p><p><strong>JM</strong>.- De forma que incluso el simbólico jamón, tan castizo… </p><p><strong>SGD</strong>.- ¡Pero el jamón en un día no te lo comes!</p><p><strong>JM</strong>.- ¿Están suficientemente protegidos los denunciantes de la corrupción? Me refiero sobre todo a los propios funcionarios, técnicos, profesionales de las administraciones que no se atreven a denunciar o, cuando denuncian, sufren represalias. Hay normativas, en Europa se ha regulado también la protección de los denunciantes. Pero asociaciones cívicas que están combatiendo permanentemente la corrupción se quejan de que no hay una suficiente protección.</p><p><strong>NT</strong>.- Bueno, te voy a poner un ejemplo. Hay una arquitecta municipal en el Ayuntamiento de Barcelona, que se llama Lourdes Conesa, que es un caso inédito en España, porque tuvo que llevar a los tribunales al propio Ayuntamiento porque ella había denunciado, junto a Itziar González, que además es concejal del Ayuntamiento y preside un Observatorio de lucha contra la corrupción, denunciaron, creo que en 2008, una trama de pisos turísticos ilegales en la zona de Ciutat Vella de Barcelona. Ahora ha estado de moda la palabra <em>mafia</em>, ahí sí que actuaban como una mafia, extorsionando incluso a cargos públicos. Y ellas lo denunciaron. y tuvieron tal desamparo de la propia administración –que era la más interesada en que eso no pasase– que lo llevaron a los tribunales y acabaron ganando. Les dieron la razón en que la administración no la había amparado pese a ser una de las personas fundamentales para denunciar esa trama. Lo hemos visto también en el <em>caso Gürtel</em>, algunos de los denunciantes lo han afirmado. Por lo tanto, no puede ser que las personas que se atreven a denunciar lo que están viendo o que existe un presunto caso de corrupción tengan que ser unos valientes. No podemos exigir a los funcionarios o, es igual, a los periodistas, este intento permanente de amedrentarnos a base de burofax, de intimidarte para que no publiques y, una vez has publicado, para que no sigas publicando. Incluso hay despachos de abogados que se están especializando en eso. No debería pasar, y en cambio tengo la sensación de que en nuestro gremio pasa cada vez más, pero luego en las administraciones, cuando ves casos como estos… Lourdes, esta chica que comento, estuvo diez años siendo ella la perseguida.</p><p><strong>SGD</strong>.- Eso es terrible, creo que uno de los peores fallos es el de no proteger al informante. Los grandes casos de corrupción muchas veces se descubren gracias al informante interno que lo cuenta. Las corrupciones de los bancos, por ejemplo, salen a la luz gracias a informantes internos a los que se les da un beneficio por denunciar, no solamente se les protege, sino que se les recompensa por la denuncia de actos ilegales. En España no están protegidos los informantes y eso también es algo que podría resolverse mucho más fácilmente. Quiero decir, que la mayoría de las cosas que hay que hacer no son tan complicadas de resolver. Ahora bien, tiene que haber voluntad política y los partidos deben ponerse de acuerdo en los mínimos necesarios para reunir una mayoría que respalde las medidas a tomar.</p><p><strong>NT</strong>.- Están también los llamados <em>buzones ciegos</em>, los que recogen denuncias anónimas. Hacer realmente que los canales que ya están creados funcionen, es decir, que cuando una persona denuncia y además, por ejemplo, en los ayuntamientos pequeños, es mucho más fácil señalarla, aunque sea anónima. Deberíamos conseguir, o deberían conseguir las administraciones, que sea realmente anónima. Estas personas no tienen que ser héroes, tienen que poder estar protegidas y las administraciones entender que juegan a favor de la administración, no en su contra.</p><p><strong>JM</strong>.- Hablando de los partidos políticos, creo que coincidimos en que todo el mundo sabe que la corrupción va a estar ahí siempre, siempre va a haber intentos de corrupción, la clave estriba en cómo se responde, en cómo se gestiona. ¿Percibís avances en la reacción de los partidos políticos ante los casos de corrupción? Y segundo, ¿veis diferencias entre unos partidos y otros a la hora de gestionar las corrupciones? </p><p><strong>SGD</strong>.- El problema básicamente es que la percepción que se tiene es que los partidos denuncian la corrupción del contrario, pero no denuncian la propia, y por supuesto no ponen los mecanismos necesarios para detectar y cortar de cuajo la corrupción interna. Yo creo que eso es un rasgo lamentable de la actuación de los partidos políticos españoles. No sé si eso se produce igual en todos los países del mundo, me imagino que no, que habrá países que tengan una tradición en los partidos de funcionamiento más democrático interno que les impida actuar así, pero en España, la verdad es que los partidos políticos se movilizan contra la corrupción en el caso de que esta afecte al contrario; si es propia, procuran que pase desapercibida y no responsabilizarse. Suelen decir que son casos aislados, son <em>setas</em>…</p><p><strong>NT</strong>.- A lo mejor habría que diferenciar cómo actúan antes de que se sepa y cómo actúan una vez se sabe. Y ahí probablemente sí que puede haber algún matiz. Quiero decir, Pablo Casado en el PP cayó por decir: “Oye, que igual esto de la presidenta Ayuso…”, y no solo no se investigó, sino que le costó el cargo. En el caso del PSOE, yo creo que, probablemente, en la fase previa, pues son <em>setas</em>. La cuestión es, una vez aparece, ¿cómo responden? Y quiero pensar que han sido más diligentes a la hora de tomar medidas. No en todos los casos, porque es el tópico, pero yo creo que es cierto que el electorado de izquierdas, o al menos una parte, es mucho más sensible ante la corrupción, no quiere corrupción en sus partidos y, en cambio, cuando los partidos de derechas han caído, estoy pensando en el caso de Convergencia en Catalunya, pero en Madrid podría ser el PP, no es porque ellos asumiesen que la corrupción les estaba minando, sino aquí porque hubo una moción de censura, o en Cataluña porque se lió con los recortes y el <em>procés</em> y todo lo demás.</p><p><strong>JM</strong>.- Y después de condenas firmes.</p><p><strong>SGD</strong>.- Claro, hay partidos condenados. El PP está condenado, Convergencia está condenada, Unió Democrática, en su momento, también. Quiero decir que diferenciaría entre qué hacen antes y qué hacen después. Si después lo hacen porque se lo creen o porque saben que tiene más coste electoral, eso ya cada uno que lo valore.</p><p><strong>JM</strong>.- Me parece preocupante cuando igualar conductas se convierte incluso en estrategia política. Quiero decir, se iguala, por ser gráfico, un hurto con un asesinato. Se dice, “todo es corrupción”. Y es una técnica política que, a mi juicio, puede servir en la disputa, digamos, electoral, pero daña mucho la democracia, daña mucho el prestigio de un sistema y de sus instituciones.</p><p><strong>SGD</strong>.- Por ejemplo, en el caso del PP de la Comunidad de Madrid, la acumulación de casos de corrupción que ha tenido durante una temporada larguísima es pasmosa. Pasmosa. La cantidad de consejeros y miembros de ayuntamientos que están procesados y condenados, tanto en la Comunidad de Madrid como en la Comunidad Valenciana, creo que debería haber llevado al Partido Popular a hacer un examen interno muy profundo, a decir, “¿qué nos ha pasado?, ¿cómo es posible que hayamos albergado este nivel tan grande de corrupción en dos lugares tan evidentes?”. O incluso en el caso de Cataluña, ¿cómo es posible que Convergencia no fuera capaz de darse cuenta de la cantidad de casos de corrupción que se iban detectando?</p><p><strong>JM</strong>.- Son situaciones que han durado décadas.</p><p><strong>NT</strong>.- Por ejemplo, en el caso de Madrid que ahora citabas, creo que sin analizar el ecosistema mediático propio de Madrid no se puede explicar. Es decir, que es un elemento fundamental para que el PP o algunos cargos del PP hayan podido actuar con esta impunidad porque, probablemente, tampoco se le ha dado la importancia que merecían a nivel mediático, y no hablo solo de los medios que lo hayan podido denunciar, que algunos lo hemos hecho evidentemente, sino a nivel de que sea un elemento central del debate en la conversación pública. Por tanto, tendríamos que hablar también de la publicidad institucional, de las subvenciones, de las relaciones…</p><p><strong>JM</strong>.- Yo lo considero otro tipo de corrupción, es decir, hay una opacidad absoluta, o se pretende que sea absolutamente opaca esa dependencia que muchos medios tienen de la publicidad institucional de las administraciones. Y cómo eso crea una dependencia también en lo informativo, en la valoración…</p><p><strong>NT</strong>.- Claro, porque si tú al final no lo das en portada, no lo priorizas informativamente, no te preguntas quién ha pagado un ático o cómo fue posible un determinado fraude, si tú no te lo preguntas, y por lo tanto no transmites a tus lectores, oyentes, espectadores que ahí hay una información relevante, a mucha gente no se lo parecerá.</p><p><strong>SGD</strong>.- Hay medios que están especializados en hacer que esas cosas mueran rápidamente. Colocando otras en su lugar, esos <em>pseudomedios</em>, que están financiados de una manera completamente opaca, son superexpertos en conseguir lanzar inmediatamente otros temas que desvían la atención y que nos obligan a todos a mirar hacia otro lado.</p><p><strong>NT</strong>.- No son solamente los <em>pseudomedios</em>, hay cabeceras y emisoras que no han nacido hoy y está pasando…</p><p><strong>SGD</strong>.- Estoy de acuerdo.</p><p><strong>NT</strong>.- Lo importante es que, más allá de la línea editorial que tiene cada uno, que todos tenemos una línea, la que sea, cuando hay un caso de corrupción o presunta corrupción, sea del nivel que sea, puede ser la alta corrupción o el nepotismo, al que antes te referías, tú lo denuncies con la misma contundencia. </p><p><strong>SGD</strong>.- Pero eso no existe. En este momento, en los grandes medios no tienen ese criterio.</p><p><strong>NT</strong>.- El camino es ese.</p><p><strong>SGD</strong>.- El camino es ese, no tengo ninguna duda, pero a ver cómo se les exige que respeten eso.</p><p><strong>JM</strong>.- Esperemos que las medidas que van avanzándose como la aplicación del Reglamento Europeo de Medios, la creación de un registro que obliga a desvelar qué ingresos de dinero público tiene un medio, quiénes son sus accionistas, habrá que ir viendo si se cumplen y qué efectos tienen.</p><p><strong>NT</strong>.- Incluso la propia definición de qué es un medio.</p><p><strong>JM</strong>.- Sí, diferenciar lo que es un medio y lo que son otro tipo de negocios. Vamos a ver si eso va dando resultados. Pero tiene que ver con lo que comentáis, ¿tienen la misma penalización, el mismo castigo, los corrompidos que los corruptores? Y no me refiero solo al castigo judicial, sino también en términos mediáticos, la posibilidad de avergonzar a quien comete una corrupción o participa de ella. Creo que se focaliza todo en los políticos, pero muy poco en las grandes empresas o empresarios que corrompen, y que consiguen recursos públicos y negocios muy importantes a base de sobornar, regalar, etcétera. Esa descompensación me parece que también supone un desgaste democrático. Hay un desequilibrio, y siempre desfavorable hacia la política honesta.</p><p><strong>SGD</strong>.- Hay países en los que ya existe legislación para que empresas que participan en la corrupción, incluso en otros países distintos, sean sancionadas, multadas y enviados a la cárcel en el país de origen. Es decir, empresas, por ejemplo, francesas que han favorecido la corrupción en un país africano, cuando eso llega a manos de un juez, sanciona al corruptor, al que está pagando. Yo creo que eso es muy importante, porque no se trata de avergonzarlos. Yo creo que a ellos se la trae al fresco que les avergüencen. Ahora, si se demuestra que tú has pagado por conseguir un contrato público, un soborno, una mordida, que eso tenga consecuencias o una multa es otra cosa.</p><p><strong>JM</strong>.- Disuasoria.</p><p><strong>SGD</strong>.- Exactamente, o en una condena del responsable de vigilar que eso no suceda dentro de una empresa, porque dentro de las empresas lo primero es que debiera haber personas, ejecutivos encargados de vigilar que esas cosas no ocurran.</p><p><strong>JM</strong>.- Aquí, sin embargo, la impresión es que grandes casos de corrupción, donde han aparecido también grandes empresas, desde luego han seguido y siguen algunas de ellas dirigidas por las mismas personas.</p><p><strong>SGD</strong>.- Claro, y a pesar de haberse demostrado su participación. Ha habido avances en el sentido de que no reciban contratos públicos quienes han utilizado de esa manera los recursos, pero sin embargo la forma de actuar, cambiando nombres de empresas, creando sociedades nuevas, etcétera, encuentra cauces para que siga exactamente igual. </p><p><strong>NT</strong>.- Bueno, y porque luego los medios siempre señalamos, y hacemos bien, a los políticos, pero nos cuesta mucho más señalar a las empresas y ahí volveríamos al tema de los ingresos, porque algunas de estas grandes empresas también son grandes anunciantes. En casos conocidos, como el del 3% en Cataluña, los principales donantes fueron constructoras, ¿a nadie le llamó la atención?, ¿por qué una constructora tiene interés en ayudar a financiar una fundación de un partido? Bueno, entre otras cosas, luego se cambió la legislación, pero porque las fundaciones tenían un sistema fiscal mucho más opaco de lo que pueden tener los partidos. Y de esto hace cuatro días, tampoco hace tanto. De ahí la reflexión que debemos hacer también todos los que tenemos una interlocución o una voz pública y es hasta qué punto tendríamos que insistir más en eso, en dar los nombres de las empresas y de qué han hecho, y no siempre lo hacemos, eso es así. </p><p><strong>JM</strong>.- Para ir terminando, la desinformación generalizada, las redes sociales, esta dependencia mediática de ingresos no siempre transparentes ni mucho menos, todo esto facilita que esa percepción de la corrupción dependa de cada burbuja, de forma que la de los míos me importa menos y, por lo tanto, les voy a seguir votando igual. Pongo un ejemplo: Trump ganó las elecciones habiendo sido condenado por más de treinta delitos y unos cuantos de ellos claramente de corrupción. Volvemos a la impotencia democrática, es decir, cuando esto llega a ocurrir y no ha tenido ningún coste político actuar de una manera ilegal y absolutamente falta de ética, ¿qué podemos hacer para que ese desgaste democrático pueda frenarse? </p><p><strong>SGD</strong>.- Para llegar al caso de Trump, seguramente han pasado muchas cosas antes en Estados Unidos. Trump no es algo que haya surgido de la nada, sino que también es consecuencia de un deterioro profundo del modelo de vida norteamericano, de Estados Unidos, y esa especie de frustración tan enorme que tiene una gran parte de la población con respecto a lo que se le ha enseñado como el paradigma de lo que es su país y lo que se encuentra en el día a día. O sea, yo creo que Trump es también consecuencia de eso y cuando se llega a que Trump gane las elecciones es también porque hay una parte de esa población que está completamente enfurecida y vota y le da igual que lo que vota es por alguien que diga lo contrario.</p><p><strong>JM</strong>.- Vota más con las tripas.</p><p><strong>SGD</strong>.- Exacto. Vamos a ver qué pasa ahora cuando vayan pasando estos cuatro años de Trump y hasta qué punto la sociedad estadounidense reacciona. Vamos a ver porque no es tan fácil, todos pensamos: bueno, está ahí, se va a quedar ahí, va a hacer lo que le da la gana, vamos a verlo, porque la sociedad estadounidense es bastante más activa de lo que nosotros pensamos. Yo creo que se está produciendo ya una reacción bastante más grande y que a su vez provoca una reacción todavía más autoritaria de Trump. Y eso también va a provocar más reacción, porque si cada vez es más autoritario, cada vez va a haber más protestas contra ese autoritarismo. Y en cuanto a la percepción de la corrupción, como decías tú, el votante de izquierda perdona mucho menos la corrupción. El votante a lo mejor no vota a la derecha porque haya corrupción en su partido, pero se queda en casa. </p><p><strong>JM</strong>.- La desafección es mucho más evidente.</p><p><strong>SGD</strong>.- Y eso pasa mientras que el votante de derecha, por el motivo que sea, no le da tanta importancia y acude a votar sin especial problema moral.</p><p><strong>NT</strong>.- Está muy relacionado con el tema de las <em>burbujas</em>, que a mí es un tema que me obsesiona mucho desde hace mucho tiempo, y que además si lo estudias un poco, después de la pandemia ha ido a más, a muchísimo más. Aquí hay desde el mecanismo casi psicológico, el sesgo de confirmación: siempre es más fácil que te creas a alguien que es de los tuyos y que además te reafirma en tu ideología, tu pensamiento… entonces eso ya es un reto. Que alguien te haga pensar que a lo mejor tú estás equivocado o no tienes toda la razón, o te falta información. Si estás en la <em>burbuja</em> es mucho más complicado, por lo tanto, de entrada. Lo dice Daniel Innerarity, hay que tener una dieta informativa variada y no solo leer artículos de opinión de gente que te da la razón.</p><p><strong>JM</strong>.- Salir de la burbuja. </p><p><strong>NT.</strong>- Eso una. Dos, y esto lo comentabas antes de los <em>pseudomedios</em>, ¿qué hace Trump?, y no solo Trump, lo hizo Bolsonaro, lo hizo Salvini, no estamos hablando de hoy, utilizan métodos de comunicación, que no de información, que no tienen nada que ver con los tradicionales, no hay ningún tipo de confirmación, no son ni periodistas. Los que tenemos hijos sabemos la influencia que tienen muchos <em>youtubers</em>, muchos canales de información. </p><p><strong>JM</strong>.- Son técnicas de captación.</p><p><strong>NT</strong>.- Son técnicas muy pensadas y muy trabajadas. Entonces, combatir eso es complicadísimo, porque implica razonar, buscar argumentos, dedicarle más de 20 segundos a una respuesta. El panorama es desolador, sobre todo si ves las encuestas: de 18 a 35, de 18 a 44, cuál es la fórmula, los métodos de información… ¿Por qué ahora resulta que ser antisistema es estar cerca de la extrema derecha? Es preocupante, pero sí, hay que salir de esas burbujas.</p><p><strong>JM</strong>.- Por quedarme con un mensaje, no digo optimista, pero esperanzador y sobre todo clarificador, supongo que compartimos que la corrupción es un problema en democracia, pero la corrupción es sobre todo un rasgo de los autoritarismos. En democracia podemos reaccionar, podemos denunciar y debemos mejorar los resortes contra la corrupción. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 Aug 2025 21:09:06 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La corrupción en democracia: un conversatorio con Neus Tomàs y Soledad Gallego-Díaz]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Un conversatorio con los magistrados Lourdes García Ortiz y Miguel Pasquau moderado por Jordi Gracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/conversatorio-magistrados-lourdes-garcia-ortiz-miguel-pasquau-moderado-jordi-gracia_7_2000929.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3e4f1f59-5333-434b-9779-9287e7f33293_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jordi Gracia (moderador), con Lourdes García Ortiz y Miguel Pasquau durante la grabación del Conversatorio de TintaLibre."></p><p>Cuando el poder judicial está en la conversación pública es que algo no marcha bien en él: un juez con la autoridad y el poder de Manuel Marchena acaba de esparcir un decálogo tácito de críticas al Gobierno –nada menos que titulado<em> </em><a href="https://www.infolibre.es/politica/derecha-interpreta-amenaza-profunda-reforma-judicial-emprendida-sanchez_1_1998148.html" target="_blank" ><em>La justicia amenazada</em></a>– cuando algunos creen que parte de las amenazas proceden de su propio poder en la magistratura. Para pensar sobre todo ello, y al margen de Marchena, hemos invitado a dos jueces que trabajan fuera de la órbita madrileña, <strong>Lourdes García Ortiz</strong>, presidenta en funciones de la Audiencia Provincial de Málaga, y <strong>Miguel Pasquau</strong>, magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y autor reciente, y en buena medida causa de este conversatorio, de un libro publicado en la editorial Debate titulado <a href="https://www.penguinlibros.com/es/economia-politica-y-actualidad/370428-libro-el-oficio-de-decidir-9788410433779" target="_blank"><em>El oficio de decidir</em></a>, y subtitulado de manera casi tan provocativa como el propio título: <em>Dudas y certezas de un juez en activo</em>.</p><p><strong>JORDI GRACIA</strong>.- ¿Cuánto de verdad hay en la percepción social de que algo no funciona bien en el poder judicial? ¿Son apreciaciones deformadas, son exageradas?</p><p><strong>LOURDES GARCÍA ORTIZ</strong>.- Tenemos una justicia lenta y tenemos que mejorar muchas cosas. La estructura judicial también es necesario reformarla, de hecho, tenemos una reforma que ha entrado recientemente en vigor de cara a esa finalidad. En la percepción deformada que puedan tener las personas, la ciudadanía, de la justicia, yo distinguiría la justicia del día a día, que son los miles y miles de asuntos que resolvemos los jueces y las juezas todos los días, de esos casos más mediáticos que son los que determinan la visión de toda la Justicia. Y no es así, porque realmente en la justicia de cada día hay muchos más asuntos que esos casos particulares que trascienden a la prensa y que nos hacen pensar en que hay una politización o una deformación que no es, a lo mejor, lo que cada día vivimos los jueces de a pie.</p><p><strong>JG</strong>.-Está claro, Miguel.</p><p><strong>MIGUEL PASQUAU</strong>.- Yo creo que la percepción ciudadana sobre la Justicia está bastante distorsionada y está distorsionada en dos sentidos: creo que es demasiado buena y creo que es demasiado mala. Se mezcla primero una cierta actitud casi reverencial: “Si lo ha dicho un juez es por algo”, “esto es palabra de juez”, que tiene que ver con el misterio con el que se producen las cosas en la justicia. De ahí sale un producto que alguna vez es comprensible, otras incomprensible, que agrada, que no agrada, pero ahí hay algo casi reverencial, sacerdotal, misterioso que genera cierta fascinación. Por otro lado, hay una percepción despectiva, desconfiada, despreciativa: no nos enteramos de la realidad, estamos en nuestras cosas, somos unos tiquismiquis, somos ineficientes, tardamos mucho en decir nada, devolvemos a la sociedad los conflictos casi peor que como llegaron a nosotros, estamos politizados… </p><p>Esa mezcla no ayuda nada, yo creo que hay que desacralizar la Justicia y, por otro lado, hay que encontrar maneras de suscitar algo de confianza. Somos muy malos comunicadores y me parece que la manera buena no es el argumento de autoridad con el que el discurso oficial corporativo de los jueces quiere ganarse a los ciudadanos. “No se te ocurra dudar de mí, que yo soy independiente, que yo soy imparcial, que yo estoy sometido sólo al imperio de la ley”, y casi regañan a los ciudadanos porque algunas veces no confíen en los jueces. </p><p><strong>JG</strong>.- ¿Tú lo compartes, Lourdes?</p><p><strong>LGO</strong>.- Comparto el planteamiento, ciertamente. Lo que sí diría es que, por un lado, hay efectivamente ese respeto y, por otro lado, esa crítica, pero también es verdad que la ciudadanía acude constantemente a la justicia, es decir, incluso diría que hay un abuso excesivo de judicializar los conflictos y confiar en que los jueces nos los resuelvan. Pero es importante poner en valor otros medios, alternativos y adecuados, de resolución de conflictos que pueden ser paralelos al proceso y en ello está esta reforma. Eso que llaman MARC, los Medios Alternativos de Resolución de Conflictos, nos pueden llevar a una justicia más dialogada, a una justicia donde las partes sean más protagonistas, donde puedan acudir a la mediación, a unos dictámenes de un experto independiente, a una conciliación. Son alternativas que, además, con la Ley Orgánica de Eficiencia Digital se han implantado en los procesos civiles como requisito de procedimiento exigido. Va a ser una nueva forma de justicia que nos puede a lo mejor descongestionar un poco muchos procesos. </p><p><strong>JG</strong>.- Pero es verdad que la justicia es noticia con mucha frecuencia en los medios profesionales. La renovación del Consejo General del Poder Judicial no parece haber iniciado una auténtica nueva etapa y algunas decisiones del Tribunal Supremo parecen enfrentarlo a leyes aprobadas en el Parlamento, como la de la amnistía. Parece que haya un ejercicio del Poder Judicial, no sé si más allá de sus funciones reales o quizá con un nivel de militancia a la que no estamos demasiado acostumbrados, o cuando menos resulta realmente chocante.</p><p><strong>MP</strong>.- Es normal que los medios periodísticos serios miren, escruten, se fijen en lo que pasa en la justicia, porque es un poder y se juegan cosas muy importantes en la justicia. Y sin un Poder Judicial en regla no hay ciudadanía. Es normal que os fijéis en lo que pasa en el mundo judicial y en el Poder Judicial. Y también es normal que lo hagáis con actitud de sospecha, ¿por qué no? Igual que no tenemos por qué creernos que el Gobierno va a hacer las cosas de entrada bien y que las leyes que van a salir del Parlamento van a ser todas maravillosas, ¿cómo vamos a evitar que haya planteamientos críticos alrededor de lo que hacen los jueces? El problema es que no hay criterios fáciles, manejables, para determinar cuándo hacemos bien las cosas. Es muy difícil, todo es discutible. Va a ser muy difícil encontrar alguna resolución judicial, salvo casos absolutamente anecdóticos, en que no haya discrepancia de pareceres sobre si han acertado o no han acertado los jueces. Los dos ejemplos que has puesto van un poco por ahí porque el juez instructor es una persona que paradójicamente tiene mucho poder, toma decisiones importantísimas que afectan inmediatamente a las personas que tienen una trascendencia pública y mediática tremenda, pero es el menos juez de los jueces.</p><p><strong>JG</strong>.- Pero es verdad que. una vez tomada la decisión del instructor, y con la repercusión mediática e inmediata que tiene esa decisión, el daño está hecho.</p><p><strong>MP</strong>.- Sí, ese es el problema. Hay controles, recursos, un juego de pesos, contrapesos, instancias, deliberaciones, pero ese primer momento del juez de instrucción es buscado con frecuencia. Genera en sí mismo efectos y al juez instructor le falta lo que da fortaleza, digamos, a la figura del juez o a la decisión judicial, que es que el juez decide sin necesidad de haber oído un debate o una contradicción entre las partes. El juez decide él. </p><p><strong>LGO</strong>.- Porque el juez de instrucción investiga, está en la fase de investigación y, en esa fase, no estamos hablando ni siquiera de imputados. El principio de presunción de inocencia opera mientras no te han condenado, y ahí es donde la labor del juez de instrucción tiene que estar bien hecha, es decir, que le lleguen unos datos suficientes que justifiquen la intromisión incluso de derechos, como pueda ser las comunicaciones telefónicas, el domicilio, etc., pero tiene que haber una base justificada que permita adoptar eso. No es un juez que hace lo que quiere y ya está, y no le pasa nada. No, es más, todas sus resoluciones son recurribles.</p><p><strong>JG</strong>.- ¿Y si hace lo que quiere y no pasa nada?</p><p><strong>LGO</strong>.- Toda resolución que tome un juez de instrucción es recurrible ante la Audiencia Provincial, en lo que es la base de los juzgados de este país, con lo cual nos llega a la Audiencia una medida cualquiera que tenemos que ver con celeridad para decidir si esa medida se mantiene o no, o si esa resolución es correcta o no lo es.</p><p><strong>MP</strong>.- ¿No te parece, Lourdes, que sería más fácil, más visible, más fácilmente transmisible o perceptible esa separación entre la investigación y el enjuiciamiento, si de una vez diéramos la instrucción al fiscal? Ahora parece que el fiscal es el que controla al juez instructor recurriendo a la Audiencia, parece que hace de garante frente a las decisiones del juez. Ocurre en no pocos casos. Si la investigación la dirige el fiscal, que no es juez, no hay nada que se parezca a una imputación judicial. Pienso que eso arreglaría bastantes más problemas que los que traería.</p><p><strong>LGO</strong>.- Ese es el proyecto que hay, y se viene barajando hace tiempo, pero tiene un escollo y es que a la vez que se reforma la Ley de Enjuiciamiento Criminal en ese sentido, se debería reformar también el Estatuto Fiscal con una mayor garantía de independencia absoluta o de conseguir una independencia suficiente. Las ventajas las has puesto tú, está claro, y está en el programa legislativo que se viene trabajando hace tiempo. De hecho, en nuestro entorno hay otros países que lo tienen así. No seríamos nosotros los únicos.</p><p><strong>JG</strong>.- Y apelando a otros países, algunos jueces federales en Estados Unidos están siendo el dique de contención a algunas de las decisiones más autocráticas de Trump, algunos jueces han frenado algunas de las medidas más despiadadas de Meloni en términos de inmigración. ¿Sucede lo mismo en España? ¿Está funcionando de otra manera el poder judicial?</p><p><strong>LGO</strong>.- Yo creo que no, aunque puede haber alguna diferencia en casos muy determinados y más conectados con la política, pero aquí llevamos ya muchos años instruyendo muchos casos importantes, incluidos los de corrupción, con plenas garantías y de forma muy eficaz. Yo pondría en valor el trabajo de todos estos años.</p><p><strong>MP</strong>.- Hablabas de la percepción de una justicia española quizás que no cumple su labor de contrapoder o una cierta politización. La cuestión está en que la politización de los jueces o del Poder Judicial es algo que solo se puede ver desde fuera. Yo no conozco a ningún juez, a ninguno, que diga: “Yo estoy politizado.” No conozco a ninguno que lo diga ni que lo sienta.</p><p><strong>LGO</strong>.- Es que, para empezar, los asuntos no va uno a buscarlos, nos corresponden por unos turnos de reparto. Es algo completamente aleatorio y te toca y dentro de la profesionalidad de cada uno, aisladamente, alguien puede adoptar una resolución en la que se extralimite o no, y para eso están los recursos, para corregirlo, en cualquier caso, si se cree que ha pasado esto.</p><p><strong>JG</strong>.- Creo que era por donde iba Miguel.</p><p><strong>MP</strong>.- Eso que dice Lourdes es fundamental, es una de las garantías, de los mecanismos que impiden el juego del voluntarismo político en la Justicia. Hay muchísimos pesos, contrapesos, equilibrio, garantías y tenemos que estar orgullosos de eso. Ojalá lográramos ir transmitiendo que aquello en lo que pueden confiar los ciudadanos no es tanto en los jueces como en el sistema judicial. ¿Estamos politizados, no estamos politizados, estamos menos que los franceses, más que los italianos? Es muy difícil determinar eso y precisamente porque es tan difícil, lo que no podemos es decir que no, pero tendemos corporativamente a decir “¿cómo me críticas que el Poder Judicial español esté politizado?” Oye, pues a lo mejor lo está. Si estuviéramos hablando de Sildavia, un país imaginario, lo veríamos fácilmente desde fuera, pero hacia dentro es muy difícil. No podemos decir no, lo que hay que hacer es saber limpiar las maneras de determinar hasta qué punto esto es así, y poder identificar actitudes, y para eso no hay nada mejor que la transparencia, someterse a la crítica, y que la crítica no esté capitalizada por la polarización política, es decir, que en la crítica y en la mirada a los jueces también haya expertos, también haya gente capaz de dar argumentos, de atreverse a decir: “No me convence esto, propongo esto…”.</p><p><strong>LGO</strong>.- Pero es que la crítica no debe ser al juez como tal, sino a su resolución por sesgada o incorrecta aquí o allá, y hay que poder opinar, por supuesto. No estamos dentro de una urna en la que no nos pueden tocar, eso es un corporativismo trasnochado.</p><p><strong>JG</strong>.- Pero algo de corporativismo debe quedar, ¿no? Miguel apuntaba a esa idea.</p><p><strong>LGO</strong>.- Tenemos que tener muy claro que somos servidores públicos y que trabajamos para la ciudadanía y lo primero es ver que estamos haciendo un trabajo de calidad. No creo que tengamos que pensar que todo lo hacemos bien. Hay incluso que someterse a la autocrítica y decir: “A ver, no perder nunca de vista que somos servidores y que tenemos que mejorar constantemente nuestra atención, en la forma de trabajar, de tratar a las personas, de resolver, nuestra manera de estudiar muy bien las cosas”.</p><p><strong>JG</strong>.- Las funciones que está desempeñando desde su renovación el Consejo General del Poder Judicial, ¿están a la altura de lo que puede exigir una democracia madura?</p><p><strong>LGO</strong>.- Acaba de empezar y por lo pronto hemos sufrido un atasco y una paralización de muchísimo tiempo, con el tapón de cargos jurisdiccionales de libre designación que tenían que renovar. Tenemos que esperar un poco para valorar este Consejo. Está ahora el Observatorio de Violencia de Género, la Comisión de Igualdad, la Comisión Disciplinaria, los informes, la Comisión Internacional, la Comisión Informática y están llamándonos a trabajar en esas distintas comisiones.</p><p><strong>JG</strong>.- ¿Tú, Miguel, eres un poco más impaciente?</p><p><strong>MP</strong>.- Soy un poco más impaciente. Creo que hay que darle un voto de confianza, pero está dando ya indicios de que no va a ser muy diferente de los anteriores. Con los nombramientos se está reproduciendo el que para mí es el gran problema del Consejo General del Poder Judicial, que es un órgano jurídico-político y, por tanto, tiene que estar presente el pluralismo ideológico. No es ningún problema que haya un componente ideológico; el problema está, desde mi punto de vista, en las asociaciones judiciales que están demasiado presentes en la lógica de las decisiones. Suelen hacerse nombramientos buenos, pero muy marcados por una negociación entre dos asociaciones que reparten. Criticamos a los partidos políticos porque tienen un sistema de cuotas en el nombramiento de vocales del Poder Judicial, pero es que los vocales del Poder Judicial marcados por asociaciones judiciales tienen un sistema de reparto de cuotas que estadísticamente se está viendo con estos nombramientos. </p><p><strong>JG</strong>.- ¿Y compartís este prejuicio, o juicio, que muchos sectores mantienen de una especie de sentido patrimonial por parte de la derecha del Poder Judicial? </p><p><strong>MP</strong>.- Seguramente si hubiera una manera de medir la ideología de los jueces, probablemente, a mí me da la impresión de que sí, de que estaría un poco más escorada a la derecha que la del Parlamento, que la social, por tanto. ¿Pero eso es grave? Yo creo que no. Yo creo que ese no es el problema. El problema no es la ideología, siempre que haya un componente de pluralismo que asegure que juegan equilibrios, que hay una deliberación en la que no se puede decir cualquier cosa, que hay un recurso en el que un argumento puramente de voluntarismo político no cuela. Ahí están las garantías.</p><p><strong>JG</strong>.- Una manifestación con togas es un asunto grave. Tuvimos una hace relativamente pocos meses.</p><p><strong>MP</strong>.- Eso efectivamente sí que plantea un problema, que tiene que ver con algo que has dicho tú antes. La Ley de Amnistía tensionó mucho las cosas y ha producido una reacción que a mí me parece excesiva, un poco como si algunos jueces se han creído garantes de la Constitución frente al legislador. Eso es una perversión absoluta. Nadie nos ha dado una competencia para defender la Constitución frente al legislador. Si nosotros tenemos duda de que una ley roza o es inconstitucional, tenemos que preguntar a quien sí tiene la competencia, que es el Tribunal Constitucional. ¿Qué ocurre? Que hay desconfianza en el Tribunal Constitucional también por su sistema de nombramiento. Aquí es donde tenemos un <em>agujero negro </em>que tenemos que tapar porque si no nos fiamos de la última palabra, es decir, del Tribunal Constitucional, que es el que puede resolver determinados conflictos que son fundamentales, los de la dialéctica entre Poder y Derecho, Poder y Constitución, entra vértigo. Y lo tenemos un poco a nivel social por un incremento de desconfianza, por un lado, en el Tribunal Constitucional, que estaría manejado por unos, y por otro lado, el Tribunal Supremo, que parecería que estuviese, como tú has dicho, patrimonializado por otros. Frente a eso no hay más táctica o estrategia que valorar el argumento y criticar los argumentos, no si este es de estos o de los otros, aparte que el Tribunal Supremo tiene una altísima calidad técnica y el Tribunal Constitucional tiene un equipo de letrados espectacular. Lo que puede salvar el Estado de Derecho es señalar con el dedo argumentos que produzcan sonrojo. Eso es la última defensa, la última barrera defensiva del Estado de Derecho. Tú puedes tener ideología, pero tienes que embutirla en argumentos presentables. Con lo que transparencia y, por favor, crítica, pero como hemos dicho antes, crítica no fullera, no de polarización política.</p><p><strong>LGO</strong>.- En cuanto a la ideología, es verdad que hay un porcentaje alto de compañeros y compañeras que son más conservadores en su forma de ver la sociedad y la vida en general. Pero yo creo que, a la hora de trabajar en el día a día, fuera de casos cuestionables que puedan llevarse en el Supremo, los compañeros trabajamos en tribunales colegiados, por ejemplo, que es donde tenemos que estar combinando los criterios.</p><p><strong>JG</strong>.- Miguel en el libro subraya mucho eso y es un capítulo muy divertido.</p><p><strong>LGO</strong>.- Llevo 25 años en la Audiencia Provincial de Málaga con el orden penal y he trabajado con compañeros que prácticamente ninguno estaba en la misma asociación que yo. A la hora de enjuiciar un caso no ha influido, no ha afectado. Somos jueces, valoramos pruebas y a menudo ni reparamos en qué partido gobierna el ayuntamiento al que estábamos investigando.</p><p><strong>MP</strong>.- Me encanta eso que estás diciendo y es a lo que me refiero yo con evidenciar, con trasladar que, en realidad, el voluntarismo no tiene mucho espacio, mucha <em>chance</em> en el sistema. Y que lo que puede generar confianza es saberlo, darse cuenta. Cuando se va a tomar una decisión influyen tantas cosas que no hay una decantación automática de derechas, o conservadora o progresista, y dejo al margen la figura de los jueces instructores en casos mediáticos, políticos, etcétera, porque eso es otra cosa. Pero, en general, a la hora de tomar una decisión intervienen tantos mecanismos que son la fortaleza principal del sistema judicial.</p><p><strong>JG</strong>.- Y pese a ello algunos jueces siguen aceptando causas a través de la acusación popular y con una documentación o una fundamentación de la causa de una precariedad asombrosa, a pesar de la jurisprudencia y del resultado negativo de muchas de esas causas anteriores. ¿Qué pasa con la acusación popular? ¿Qué estamos haciendo mal?</p><p><strong>LGO</strong>.- La acusación popular está regulada en el artículo 120.5 de la Constitución y, en principio, también es una salvaguarda para que puedan acceder todos los ciudadanos a un proceso. Lo que también es verdad, por contra, es que esa investigación se tiene que hacer, como he dicho antes, con una seriedad y con unas bases y con unos indicios. Un auto de admisión a trámite de una querella es inmediatamente recurrible. Esa acusación popular presenta aquella denuncia, se admite por el juez de instrucción, adopta la resolución de acordar determinadas diligencias de investigación y todas las resoluciones que adopta son recurribles ante un órgano colegiado que va a ver si aquello tiene una base o no la tiene.</p><p><strong>MP</strong>.- Y, sin embargo, Lourdes, hay trastornos. Yo creo que la acusación popular hay que defenderla, porque está en la Constitución y cumple su papel. Pero probablemente el problema está en la admisión casi automática de querellas sin un filtro. Esto se mejoraría mucho, de nuevo, si el instructor fuese un fiscal, porque durante un tiempo no hay un juez que haya dicho: “Venga, pum, venga, pam”, sino que se está investigando y colabora la acusación popular. Pero hay problemas, claro que es recurrible todo, pero como ha dicho antes Jordi, muchas veces el daño ya está hecho. Se acuerda una medida de examen, de intervención de todos los dispositivos del Fiscal General del Estado, y que puede ser correcta, o puede no serlo. Imagínate que no lo fuera, imagínate que finalmente se decide que no lo fuera: ya está hecha.</p><p><strong>LGO</strong>.- Eso es un daño irreversible.</p><p><strong>MP</strong>.- Por eso digo que, en el ámbito de la instrucción, hay que mirar con recelo porque el instructor toma decisiones rápidas y ahí sí cabe un poco más de voluntarismo, más celo investigador o menos, aunque también puede ser malo que haya poco, o más, no sé: “Tengo un asunto que trata de una persona cuyo nombre es Beatriz y entonces voy a investigar todo lo que empieza por B y lo que acaba por I...”</p><p><strong>LGO</strong>.- Hablas de las investigaciones prospectivas generales, las inquisiciones.</p><p><strong>MP</strong>.- Eso hace mucho daño. </p><p><strong>JG</strong>.- Pero las tenemos.</p><p><strong>LGO</strong>.- Sí, pero no puede ser, es disfuncional. La jurisprudencia nos lo dice constantemente. Hay que atinar y hay que saber lo que uno busca y buscarlo con las medidas garantistas correspondientes. No se puede ir a ver si encuentro algo en una investigación general.</p><p><strong>JG</strong>.- Y si sucede algo así, ¿hay alguna previsión jurídica o legal para castigar, penalizar o que asuma responsabilidades quien ha actuado de esa manera? ¿Eso existe?</p><p><strong>LGO</strong>.- Uno puede poner a un juez una reclamación disciplinaria, se le puede poner una querella a su vez. A cualquier juez se le puede poner una querella por cualquier ciudadano afectado por una resolución y el Tribunal Superior de Justicia va a examinar si tiene algún sentido o alguna base para iniciar una investigación.</p><p><strong>MP</strong>.- Pero, aún así, no tenemos un portero y una defensa absolutamente eficaz, nos pueden meter algún gol. ¿Por qué? Porque el delito de prevaricación es un delito extremo, las desviaciones no siempre, o no necesariamente, casi nunca son dolosas a propósito, sino que siguen una corriente que, en principio, se puede revestir de argumentos y es muy difícil identificar. Aquí ha habido puro voluntarismo contrario a la ley. Es algo que no está mal que genere tensión. Esto es a lo que yo me refiero. No pasa nada porque se nos diga: “No me quedo tranquilo del todo con lo que pasa en la Justicia”, es algo que nos tiene que preocupar y que nuestra defensa no puede ser decir: “Hombre, no desconfiéis, somos independientes, somos imparciales y sólo estamos sometidos al imperio de la ley”.</p><p><strong>JG</strong>.- Sobre todo cuando hay demasiados indicios acumulados que dicen lo contrario.</p><p><strong>MP</strong>.- O no, a lo mejor no ha pasado nada. Y es simplemente que hay muchas decisiones judiciales perfectamente acordes a la ley que son contraintuitivas. Y parece que es un disparate. Cuando un titular de prensa diga o presente una sentencia como disparatada, si la leemos en un cuarto de hora con un ciudadano normal y la explicamos, vemos que puede haber discrepancia, pero no tan burda, ¿no es verdad? Cuando se habla de algo disparatado, hay una explicación que luego hace que sí, que se pueda disentir, pero en un matiz más estrecho.</p><p><strong>LGO</strong>.- Muchas veces no se entienden las resoluciones, quizás nos falta una mejor comunicación. Lo hemos hablado en muchas reuniones para que haya unas personas en gabinetes de comunicación que estudian esa sentencia como juristas y jueces y que luego la puedan explicar simplemente, con palabras que se entiendan, y por qué de repente esta persona que parecía culpable, ha sido absuelta. Lo han absuelto por esto y por esto, porque el juego de las reglas legales nos ha llevado a este tribunal profesional a esta decisión, y que la gente lo entienda. Los jueces somos nuestras propias conciencias y queremos dormir por las noches, parece muy básico, pero es que es así. Y hacemos el trabajo en un número inmenso de compañeros con la intención de hacerlo lo mejor posible.</p><p><strong>JG</strong>.- Si estuviese en vuestra mano impulsar una reforma estructural importante que creyeseis central o indispensable en el sistema tal y como funciona ahora ¿cuál sería por la que apostaríais o la que impulsaríais?</p><p><strong>LGO</strong>.- Ahora estamos en ciernes de una reforma importante que elimina los juzgados. Ya no vamos a poder hablar de juzgados porque desaparecen como tales para convertirse en tribunales de instancia, con una estructura de trabajo mucho más colegiada y con la oficina judicial en un trabajo más homogeneizado, en un modelo más de gran oficina. Pero no basta, desde mi punto de vista, esa ley en sí misma y la aplicación con los medios que tenemos, sino que hay que seguir invirtiendo y para mí creo que es muy importante, dada la ratio de jueces que tenemos en este país, muy inferior en comparación con otros, el incrementar, pero de forma clave, el número de jueces. Hay que ampliar las plazas judiciales en muchos sitios que están muy sobrecargados y hay que potenciar esos otros medios también alternativos de resolución de conflictos para aligerar, hay que homogeneizar criterios para poder ir más rápido en aquellas causas que son todas iguales y dedicar el tiempo necesario a las causas más complejas y más diferentes. Vale la reforma, creo que puede ayudar bastante, pero con la inversión necesaria de medios humanos para que esto sea posible realmente.</p><p><strong>MP</strong>.- Suscribo todo lo que has dicho y me pongo en la situación en la que tengo aquí al ministro de Justicia, y tengo aquí a la presidenta del Consejo General del Poder Judicial, y si digo algo incluso me van a escuchar ¿Qué les diría? Al ministro le diría que revisase el sistema de acceso a la carrera judicial, las oposiciones. Vamos a pensar, pero de verdad, sin prisas, qué criterios son los mejores para estimular a las buenas cabezas para ser jueces y seleccionar a las personas que reúnen las cualidades que más falta harán en la Justicia de los años que vienen. Segundo, el fiscal, la instrucción. Como eso ya lo hemos dicho, por favor, acelere ahí porque es importante. Y, por último, al ministro le diría que crease una comisión de codificación permanente, es decir, cada ley importante que se apruebe al año tiene que estar revisada para promover las reformas en torno a lo que no haya funcionado para que tengamos un sistema ágil de reforma de las leyes recién aprobadas.</p><p>En cuanto a la presidenta del Consejo, le diría que el tema político en el fondo no lo veo tan importante, excepto para los nombramientos, pero sí que pensase en una estrategia importante para hacer de la imparcialidad del juez no una premisa, sino un objetivo. Pero imparcialidad no frente a Sánchez o frente a Feijóo, imparcialidad frente a Jordi, frente a los medios de comunicación que a veces nos presionan, imparcialidad frente al compañero, frente al presidente, frente al entorno en el que te muevas, es decir, el ser capaz de no dictar una sentencia o no firmar una sentencia con la que no estás de acuerdo jurídicamente. Hacer de la imparcialidad un objetivo diario. Y otro punto, más artesanal, y que no van a dejar de hacer, se lo diga yo o no se lo diga, es una reflexión profunda sobre cómo utilizar la Inteligencia Artificial en la Justicia porque eso lo va a cambiar casi todo, si es que no lo está cambiando ya. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 May 2025 19:42:26 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[TintaLibre, Jordi Gracia]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un conversatorio con los magistrados Lourdes García Ortiz y Miguel Pasquau moderado por Jordi Gracia]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Los poderes de Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/conversatorio-arancha-gonzalez-laya-pepa-bueno-josep-borrel_7_1983088.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/61c847c2-84df-4de2-803c-4631f868a3ba_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los poderes de Europa"></p><p>La ruptura frontal de las alianzas que ha impuesto la Administración Trump ha obligado casi de un día para otro a la Unión Europea a calibrar de otro modo su propio futuro no solo en defensa y seguridad sino en la totalidad de su proyecto de integración en marcha. La siguiente conversación entre Josep Borrell y Arancha González Laya, moderada por Pepa Bueno, no rebaja la gravedad de este cambio histórico de la posición de Estados Unidos, pero carece de melancolía o pesimismo. La fortaleza de la UE se ha probado siempre por la vía de los hechos, las grandes crisis y las decisiones comprometidas, sobre la base de un conjunto de intereses y creencias que han hecho de ella el mejor invento de paz civil y prosperidad civilizatoria de los últimos cien años. Las contradicciones, sin embargo, son muy agudas, en particular con el doble rasero que casi todos, pero no todos, los miembros de la UE han aplicado a la guerra de Ucrania y al exterminio en marcha de Gaza.</p><p><strong>PEPA BUENO</strong>: En este momento, lo saben muy bien, hay quienes cuestionan los poderes de Europa. ¿Cuáles son sus fortalezas? ¿Cuáles son sus debilidades? ¿Qué debe y puede hacer Europa en este contexto lleno de incertidumbre? Nos acompañan para contestar a estas preguntas dos personas con unas biografías tan abigarradas, tan densas, que lo han hecho todo en espacios nacionales y multilaterales: Josep Borrell, ex Alto representante de la Unión Europea para los Asuntos Exteriores y la Política de Seguridad y Arancha González Laya, Decana de la Escuela de Asuntos Internacionales de París dependiente de Science Po. Durante la larguísima campaña electoral estadounidense, en el tiempo transcurrido desde las elecciones de noviembre hasta el presente, prácticamente todo lo que está ocurriendo había sido explicitado por el propio protagonista, el nuevo presidente de Estados Unidos. Había documentos de las fundaciones, de las organizaciones ultraconservadoras que han acompañado esta vuelta al poder de Donald Trump y sin embargo, aún perdura la duda de si estamos ante una suma de decisiones, ocurrencias algunas trasnochadas, otras novedosas, de un personaje excéntrico o ante un programa que va cumpliendo hitos y que conduce a ese nuevo orden mundial en todos los términos, económicos y políticos, del que no paramos de hablar. ¿Ante qué estamos realmente?</p><p><strong>JOSEP BORRELL</strong>.- No lo había dicho todo; sabíamos y temíamos que Trump iba a hacer de Trump, pero no lo había dicho todo. En la campaña electoral no había expresado sus ambiciones territoriales sobre Groenlandia, ni hacer de Canadá un Estado de la Unión, ni reivindicar el canal de Panamá, ni quizá lo más grave, suprimir toda la ayuda al desarrollo y a la agencia USAID que administra 60.000 millones de dólares en beneficio de los más pobres de la Tierra, y eso es, en mi opinión, lo más grave de todo lo que ha hecho sin previo aviso, overnight, de un día para el otro. Eso son centenares de miles de muertos. Lo de los aranceles nos preocupa porque nos afecta, pero no nos moriremos de hambre. En cambio, la gente que va a pagar los platos rotos de esta decisión sí va a morir de hambre y de enfermedades, o sea que no, Trump es Trump, pero es un Trump al cubo y en algunas cosas sin previo aviso.</p><p><strong>PB</strong>.-El peor escenario posible de lo que estaba esbozado, Arancha.</p><p><strong>ARANCHA GONZÁLEZ LAYA</strong>.- Creo que ahora lo que vemos es la suma de todos los elementos y algunos que, como dice Josep, no estaban en la lista. Lo que vemos es una administración estadounidense predatoria. Eso yo creo que es la manera de entender a quién tenemos delante. Y predatoria, ¿por qué? Porque no le basta con que gane Estados Unidos, tienen que perder los demás. La Unión Europea tiene que fracasar, Ucrania tiene que arrodillarse. En Gaza tienen que dejar paso a que allí se construya un Mar-a-Lago junto al Mediterráneo. Los chinos, por supuesto, tienen que caerse. Es un régimen predatorio que tiene una mentalidad de juego de suma cero. Para que yo gane todos los demás tienen que perder y ese es un mundo muy hostil. Eso es el nihilismo. Y eso es lo que, a nosotros, que estamos en las antípodas de ese modelo y de esa manera de pensar, nos tiene que preocupar. Porque esa no es nuestra receta.</p><p><strong>PB</strong>.- Ya veo que estáis los dos en la tesis de “no todo estaba anunciado”. Yo discrepo un poco, creo que todo estaba, todo se podía intuir, no explicitado, como muy bien decía Borrell, de la manera en que a partir del 20 de enero nos lo hemos encontrado, pero se podía intuir en el Proyecto 2025, por ejemplo, buena parte de lo que está ocurriendo. No con nombre y apellidos, no qué tipo de aranceles, pero que se iba a una etapa proteccionista estaba clarísimo. La importancia que le concedían a Groenlandia estaba clarísima. Aunque no tanto que se fueran a quedar con Groenlandia en cualquier circunstancia, que es lo que vienen diciendo ahora.</p><p><strong>AGL</strong>.- Hay una pequeña diferencia.</p><p><strong>PB</strong>.- Desde luego. Pero puestos en este escenario, el peor de los posibles, que es el que estáis describiendo, ¿cuál es el núcleo a vuestro juicio de lo que cambia de la relación de Estados Unidos con Europa? ¿Qué es lo que nos trae aquí hoy? ¿Qué es lo más preocupante?</p><p><strong>JB.</strong>- Arancha lo ha dicho muy claro, es un problema no de America First, sino de America Only. O sea, yo soy el poder. Yo os dicto las reglas. Yo os pongo aranceles, ahora venís y negociáis conmigo. Yo reclamo vuestros territorios. Yo autorizo a que sigan los bombardeos. Yo impongo la paz en Ucrania sin pedirle la opinión ni a Ucrania ni a los europeos con el permiso de Putin. Eso es un ejercicio con resabio neoimperialista al estilo del siglo XIX.</p><p><strong>AGL</strong>.- Yo creo que es despertar y darte cuenta de que quien tú has considerado tu aliado, con quien has tejido una complicidad muy importante, con quien has construido un sistema internacional de reglas, de pesos y contrapesos, con quien has construido el sistema de seguridad y de defensa del Atlántico Norte, con quien intercambias 4.400 millones de euros todos los días, ayer, hoy, mañana, que este aliado tuyo ya no lo es. Y ya no es que sea un competidor, es que él considera que tú eres su rival. Y que eres un rival al que hay que cortarle las alas, porque no puedes volar demasiado alto, porque tú puedes tener la capacidad para construir una alternativa. Y eso no funciona. En su mentalidad de juego de suma cero tú eres el pájaro al que hay que cortarle las alas. Y esto es muy difícil para nosotros, los europeos, sobre todo cuando, además, tenemos la guerra en nuestro continente, la tenemos en Ucrania, pero la tenemos también en el resto del continente de otra manera. Trump corta las alas a Europa, pero empodera a Rusia. Esto es una situación para nosotros muy diferente de la que tuvimos en su primer mandato y que nos obliga a un ejercicio de reordenar y reinvertir de una manera muy seria en quiénes somos nosotros.</p><p><strong>PB</strong>.- ¿Y tenemos esa capacidad de construir la alternativa que, según dices, teme Estados Unidos? ¿Nos hemos equivocado al ofrecernos solo como la reserva humanista ilustrada del mundo y en no poner en valor nuestra capacidad comercial, que la tenemos desde luego, y nuestro potencial industrial abandonado pero recuperable? ¿Nos equivocamos ahí en elegir una única marca, los bien ponderados siempre valores europeos de los que no debemos renunciar? ¿Pero señalar solo una de nuestras potencialidades ha sido un error? ¿Hoy tenemos capacidad de ser esa alternativa que puede temer Donald Trump?</p><p><strong>AGL</strong>.- A mí no me gustaría que Europa se trumpizase. La vía no es convertirse al trumpismo. Nosotros no somos predatorios. Nuestro proyecto es distinto. Nosotros somos un proyecto que nace de la paz, de la reconciliación de un territorio roto por guerras que han durado siglos. Nosotros somos la idea de tener menos soberanía nacional para ser más soberanos a nivel europeo. Somos el antimodelo al trumpismo y no creo que debamos renunciar al nuestro. Pero va a ser muy difícil mantener con vida este modelo en un momento en el que el trumpismo tiene mucho espacio también dentro de la Unión Europea. ¿Y cómo lo tenemos que hacer? Con confianza, con enormes dosis de confianza. A mí, Pepa, me choca mucho, y yo creo que lo hemos hablado varias veces, esta capacidad que tenemos nosotros para minusvalorarnos y sobrevalorar a los demás. Sobrevaloramos a Estados Unidos y su solidez, a los chinos y la suya. Sobrevaloramos la capacidad de Putin, que es un país económicamente del tamaño de Italia. Y minusvaloramos las nuestras. Yo creo que necesitamos defender hoy y ser capaces de defender, incluso con las armas, nuestro proyecto de paz desde la confianza de que somos un modelo distinto.</p><p><strong>JB</strong>.- Esto que dice Arancha nace de nuestro sentido crítico de la vida, somos racionalistas, somos hijos de la Ilustración y por lo tanto miramos las cosas desde el prisma de la razón, que impone límites, aunque sean intelectuales, a nuestras propias capacidades. Siempre he pensado que Europa se sentía feliz siendo la Atenas de Washington. Roma tenía su Atenas y nosotros había quien pensaba que siendo la Atenas de Washington ya podíamos ir tirando. Y para eso no hacía falta un ejército ni tener capacidades defensivas propias. De Gaulle hace ya mucho tiempo lo dijo: “Un día los americanos se irán de Europa y nos dejarán solos frente a...”, él no podía decir Rusia, sino a la Unión Soviética, que hoy en día no existe. Y ese día ha llegado y no porque nosotros lo hayamos querido. Sí, y todavía hay, Arancha, muchos colegas, muchos países europeos que ven en Trump la imagen del maltratador dentro de la pareja al que hay que soportar porque no le puedes abandonar. “No te vayas todavía. Por favor, no te vayas, no me dejes solo porque solo no me valgo”. Incluso el país que más esfuerzo militar está haciendo para rearmarse, Polonia. Los países bálticos hacen mucho, pero son pequeñitos, pero Polonia con el 4,5% del PIB te dice: “Yo me rearmo todo lo que puedo, pero sin Estados Unidos no puedo nada”. O sea, no te vayas, por favor, como dice la canción, te necesito. Sin ti me puede pasar como en 1939, que Francia y Reino Unido declararon la guerra a Alemania, pero se quedaron tomando el café detrás de la línea Maginot, sin mover un dedo. No me puedo fiar más que de la gran potencia que me pueda ayudar en caso de necesidad. Este sentimiento al este de –no sé si decir París o al este de Berlín–, es dominante. En el occidente, nosotros no lo vivimos así, porque tampoco vivimos la amenaza rusa de una manera tan existencial, y hay muchos españoles que me preguntan, “Oye, ¿pero de verdad, Rusia es una amenaza? ¿Por qué tengo yo que gastar el dinero que necesito para cosas más urgentes, la vivienda, por ejemplo, en construir una capacidad militar que no voy a usar?”. Ese sentimiento está en nuestras sociedades, que se han –y esto es muy positivo–, acostumbrado a la paz. Como decía Arancha, Europa es un proyecto de paz. Es la renuncia al poder, a la fuerza. Y eso está muy bien, salvo que tengas enfrente a alguien que no solo no ha renunciado, sino que pretende usarla.</p><p><strong>AGL</strong>.- Pero yo discrepo con que nosotros hayamos renunciado a la fuerza. No hemos renunciado a la fuerza, pero sí tenemos una relación complicada con la fuerza. Y esta viene también de nuestra historia, donde esa fuerza la hemos utilizado muchas veces los unos contra los otros dentro de nuestro continente. Yo sí creo que ahora necesitamos hacer un esfuerzo muy grande, de debatir democráticamente con nuestros ciudadanos, hacerlo en Varsovia, en Berlín, en París, también en España, porque no lo hemos hecho. Empezar debatiendo cuáles son las amenazas hoy al proyecto y al modelo de sociedad que es la Unión Europea. Y a partir de estas amenazas ver de qué manera las podemos defender y cómo y con qué financiación. Pero me temo que hemos empezado esta discusión por el final. La casa por el tejado.</p><p><strong>PB</strong>.- Sí, ese discurso político es el que se echa en falta en este tiempo. Efectivamente, como decíais los dos, venimos de décadas, afortunadamente, de un paréntesis en la historia en suelo europeo, varias generaciones educadas en la paz como un valor absoluto, a la que prácticamente sin transición se la pone a discutir cuánto gastamos en armamento. Y se echa en falta un discurso de transición, un discurso político que señale efectivamente las necesidades y por qué, y cómo se complementa con no perder nuestra seña de identidad con Europa como proveedora de bienestar a sus ciudadanos. Borrell, que suele hablar muy claro, ha dicho: “Dicen que no se va a tocar la inversión social”. Pues de algún sitio tiene que salir el dinero.</p><p><strong>JB.</strong>- De momento del endeudamiento, que es lo que propone la Comisión.</p><p><strong>PB</strong>.- Que tendrá que pagar alguna generación en algún momento.</p><p><strong>JB</strong>.- Es que esto es el trabajo de una generación. Y vamos a rebatirnos un poco, si no esta cosa no tiene picante. Yo te entiendo, Arancha, y tú me entiendes, pero cuando yo presenté el Strategic Compass, la brújula estratégica para la defensa europea, propuse la creación de una fuerza de reacción rápida, modesta. 5.000 hombres, 5.000 efectivos, capaces de desplegarse conjuntamente para hacer una operación como, por ejemplo, evacuar un aeropuerto y Dios sabe si hemos evacuado aeropuertos en los últimos años, desde Kabul hasta Sudán.</p><p><strong>PB</strong>.- ¿Y lo propusiste cuándo, Borrell?</p><p><strong>JB</strong>.- Tres meses antes de que empezara la guerra de Ucrania. Y cuando lo presenté, la reacción de los colegas fue decir, ¿fuerza?, ¿Rapid Reaction Force? Ah, no, no, no. Fuerza no. No le podemos llamar fuerza, nosotros no usamos la fuerza. Y después de muchas discusiones la llamamos capacity. Rapid Deployment Capacity, porque así todo el mundo se quedó contento de que no era una fuerza, cuando era exactamente lo mismo, 5.000 efectivos militares capaces de actuar conjuntamente, pero la palabra fuerza creó un anticuerpo intelectual. Poco tiempo después estalló la guerra en Ucrania y Dios sabe si hemos tenido que ayudar a Ucrania a usar la fuerza, ¿con qué?, con capacidades, fuerzas… Estamos hablando de lo mismo, pero las palabras importan y la reacción originaria de mis colegas era doble. Por una parte, no usar la palabra fuerza, caramba, fuerza no. Y, en segundo lugar, el sentimiento de que no deberíamos hacer nada que fuera una excusa para que los americanos nos dejaran solos creyendo que ya somos mayores. No debemos hacer nada que haga que los Estados Unidos se vayan. Y si ven que ya tenemos capacidades propias, a lo mejor se van. Y eso de ninguna manera. Ese sentimiento lo tienen los que, en el fondo, creen que su única garantía de seguridad viene de Estados Unidos.</p><p><strong>AGL</strong>.- Lo tienen también porque Estados Unidos ha cultivado esa mentalidad con muchos de nuestros Estados miembros durante muchas décadas. Por eso esto es una relación de interdependencia, no nos engañemos, por eso nosotros compramos el grueso de nuestro armamento y material de defensa de Estados Unidos. Hay una relación, había –quiero ponerlo en pasado porque me parece que esto ha cambiado muy velozmente de manera bastante permanente porque nos hemos dado cuenta de lo frágil de nuestra postura–, una dependencia de un país que ahora nos considera como su rival y que no tiene ninguna dificultad en llamar directamente a Putin, que ha invadido otro estado europeo, ha obliterado sus fronteras, le está haciendo la guerra, nos la está haciendo también a nosotros. Llamemos a las cosas por su nombre: destruye nuestras infraestructuras, nos lanza amenazas híbridas, nos somete a ciberataques, interfiere en nuestros procesos electorales, todo esto es lo que está ocurriendo…</p><p><strong>JB</strong>.- Y en España hemos vivido esta interferencia.</p><p><strong>AGL</strong>.- Así es, y ahora todo esto ha llegado en el mismo momento y ha llegado con Estados Unidos dándole la mano a Putin y expulsándonos a nosotros del terreno de la negociación, cuestionando nuestra democracia, enalteciendo a las fuerzas antieuropeas dentro de la Unión Europea y haciéndonos la guerra comercial unilateral, a nosotros y al resto del mundo también, pero ya empieza a ser un poco demasiado. Yo creo que lo interesante de este momento es que tenemos una oportunidad histórica. Quizás haya que agradecerle a Donald Trump que nos dé la fuerza más grande que la Unión Europea ha tenido para integrarse desde los padres fundadores de la Unión Europea. Démosle las gracias.</p><p><strong>PB</strong>.- ¿Y qué deberíamos estar haciendo que no estamos haciendo? Porque luego hay que ganar elecciones, una vez que se inicia ese camino, y elecciones en los ámbitos nacionales. Cada opinión pública con su propia historia a cuestas y con sus creencias. ¿Qué deberíamos estar haciendo que no estamos haciendo para que esas amenazas que relatabas y que están perfectamente identificadas, sean identificadas por los ciudadanos que se resisten a dar ese salto entre un pacifismo estructural e institucional europeo, porque ha sido así, y una realidad que exige incrementar el gasto en defensa y en seguridad y por lo tanto cierta incertidumbre sobre cómo se organizará nuestra vida, nuestro modo de vida, en el futuro? Porque efectivamente de momento es la deuda, pero de algún sitio tiene que salir el dinero. Tratar a los ciudadanos como adultos parece una cosa sensata, ¿no?</p><p><strong>JB</strong>.- De momento saldrá del endeudamiento, que es lo que ha dicho la Comisión. La Comisión no ha dado nada. Ha dicho: “Les autorizo a que gasten más”. No, para gastar más no hace falta que te autoricen. Les autorizo a que tengan más déficit, que es distinto, a que dentro de la disciplina presupuestaria le añadan un punto y medio más de PIB al año durante cuatro años. Y de aquí salen los famosos 650.000 millones. Y eso es endeudamiento. Si los estados miembros no quieren hacerlo, nadie les puede obligar a ello.</p><p><strong>PB</strong>.- ¿Qué deberíamos estar haciendo con las opiniones públicas que no estemos haciendo? Para transmitir esto que aquí se está contando con tanta claridad y que luego no vayamos por la calle y nos digan: “Os habéis hecho unos alarmistas, estáis militarizando Europa, los valores europeos los tiráis a la basura”. Esto forma parte del día a día, especialmente en las sociedades del sur, y en España en particular y en amplios sectores de la izquierda, mucho más. ¿Qué se debería estar haciendo que no se está haciendo?</p><p><strong>AGL</strong>.- Yo creo que democracia. La democracia empieza por debate, por discusión, por diálogo, por poner estas cuestiones sobre la mesa. Hemos<strong> </strong>sido muy prudentes en no ponerlas sobre la mesa porque fastidia hablar de estas cosas. Claro que fastidia. Porque fastidia hablar de que uno tenga enemigos que quieran que uno fracase. Es que eso duele, molesta, asusta, genera inquietud. Pero si no se trata es una enfermedad que acaba apoderándose de nosotros. Yo creo que lo que necesitamos son grandes dosis de democracia, diálogo, debate, llamar a las cosas por su nombre, identificarlas y tratarlas. Yo confío muchísimo en la sabiduría del ciudadano y de la ciudadana de nuestro país, que entiende cuando hay un problema, que lo identifica y lo siente. Ahora, los ciudadanos están inquietos porque ven que hay algo que no está funcionando. Hablémoslo y hagamos de esto un gran debate nacional, que yo creo que es lo que nos va a ayudar a tratar esta enfermedad llamada el embrutecimiento del mundo.</p><p><strong>JB</strong>.- Sin caer tampoco en alarmismos innecesarios. Hay que hacer un debate con serenidad, sin histerias, informando a la gente y que los ciudadanos reflexionen, discutan y se pronuncien, pero también hay que evitar los kits de emergencia que hemos de tener todos en casa por si acaso nos cae una bomba atómica mañana. Hay que evitar esas cosas, no creo que contribuyan a un debate sereno. Por otra parte, Arancha, en el fondo, y de eso hago un poco mea culpa, el threat analysis, el análisis de las amenazas que pesan sobre Europa, es un ejercicio que todos los años se hacía desde los servicios de acción exterior y además se llama así, threat analysis. Y todos los servicios de Inteligencia de los estados miembros unían sus fuerzas y producían un documento que se llama así, análisis de las amenazas. Ese documento se llevaba al Consejo, el Consejo decía: “Ah, muy bien, muchas gracias”, sin ir más al fondo y no se hacía público, porque claro, poner sobre la mesa las amenazas es señalar con el dedo al amenazante o al amenazador. Pero el análisis existía, y lo que nos puede ocurrir, porque hay agentes que están dispuestos a crearnos problemas, lo sabemos y los servicios de Inteligencia de los estados miembros lo saben de sobra, y te pueden hacer y de hecho existe ese documento que nunca se ha hecho público, pero que los responsables políticos tenían la obligación de conocer.</p><p><strong>PB</strong>.- Esa oportunidad a Europa se le puede estar dando el trumpismo porque Europa se crece y se construye en las crisis, ante crisis</p><p>insalvables siempre ha acabado dando un paso adelante. Pero ¿se puede hacer con los tratados actuales? Aludo a aquel viejo temor a la ‘doble velocidad’, era temible pensar en una Europa de dos velocidades y ahora ya asumimos no solo como no amenazante, sino como única posibilidad el que haya una coalición de voluntarios, distintas velocidades en esta integración que es imprescindible para que Europa pese en el mundo. ¿Hay que resignarse a operar fuera de los tratados en algunas cuestiones?</p><p><strong>JB</strong>.- Bueno, cuando tuvimos la crisis del euro la solución la buscamos fuera de los tratados e hicimos uno nuevo, intergubernamental, para crear lo que se llamó el salvaestados, el European Stability Mechanism, que no era un tratado de la Unión, porque dentro de la Unión había quienes no querían. Entonces se decidió hacer uno desde fuera, que era un tratado de algunos estados, no todos, pero era el instrumento de salvamento de un Estado que pudiera tener una dificultad financiera, como las hubo. No sería descabellado pensar que hubiera que hacer algo parecido porque hoy los tratados actuales ya dicen que la Unión puede avanzar hacia una Unión de la defensa por unanimidad y esa unanimidad no la va a haber. Entonces, o recurrimos a lo que en la jerga comunitaria llamamos una cooperación reforzada, que también existe como figura, y significa que unos cuantos que quieren hacer algo más deprisa se unan, o si queremos ser más ágiles y más rápidos, salir definitivamente del tratado y crear una estructura jurídica nueva. La podemos llamar como queramos, pero en el fondo sería una mancomunidad de capacidades defensivas. Si todos los ejércitos europeos multiplican por X sus capacidades actuales, cada uno de acuerdo con sus estructuras y sin tener en cuenta lo que hace el de al lado, eso sería un enorme despilfarro de dinero. Seguiríamos teniendo las mismas duplicaciones que tenemos, solo que más, y no habríamos corregido las carencias reales.</p><p><strong>PB</strong>.- Pero el ‘Libro Blanco de la Defensa’ es muy nacional, al menos en lo conocido hasta el momento.</p><p><strong>JB</strong>.- Sí, porque se limita a la estructura industrial de la defensa, que es lo que la Comisión puede hacer. Pero para avanzar en una capacidad común de defensa, hay que avanzar en la integración política, porque yo conozco Estados que no tienen ejército, pero no conozco un ejército que no tenga un Estado. Los ejércitos son una emanación de los Estados y responden frente a un poder político. Cuanto avancemos en la integración de las capacidades defensivas tiene que ir acompañado de una integración política mayor. De lo contrario, será una pieza floja, pero eso es probablemente más difícil que una moneda.</p><p><strong>AGL</strong>.- Pero tampoco es tan complicado. En Defensa ya hay un grupo que está fuera de los tratados que se llaman los miembros de la OTAN. Que tienen una organizativa, unas capacidades, un armamento, una práctica, una táctica y lo hacen a geometría variable con respecto al resto de la Unión Europea. Y hay que ver ahora, y creo que es lo más importante de todas las discusiones que tenemos enfrente, qué capacidades necesitamos, cómo las vamos a financiar y cuál va a ser nuestra estructura de organización.</p><p><strong>JB</strong>.- A eso me refiero.</p><p><strong>AGL</strong>.- Hoy la OTAN es un problema porque la llave última de la OTAN, el botón último, no lo tenemos los europeos, lo tienen los estadounidenses. Pero luego no olvidemos que tenemos mucha tarea que hacer en otros temas en los que funcionamos con mayoría cualificada. Para profundizar el mercado único europeo, para integrar nuestra energía, nuestras tecnologías, nuestro mercado de capitales, para avanzar haciendo más acuerdos comerciales con países terceros… para todo eso no tenemos que cambiar los tratados: necesitamos grandes dosis de energía política de nuestros Estados miembros y sobre todo tener un sentimiento de urgencia, porque ahora estamos en modo de urgencia, no estamos en modo de velocidad de crucero, estamos en un momento de urgencia donde tenemos que tomar decisiones muy rápidas en toda una serie de temas que se han quedado pospuestos porque eran los más complicados, era la cara norte de la integración europea que ahora tenemos que resolver y a la que tenemos que poner toda la energía política, de eso va también la supervivencia no solo de nuestra cuestión defensiva y de seguridad, sino de la prosperidad económica y la solidaridad. No olvidemos que esos son también los pilares fundamentales de funcionamiento de la Unión Europea.</p><p><strong>JB</strong>.- Porque la Unión Europea se hizo por aquí, por la economía, por las estructuras productivas, por las relaciones comerciales, los intercambios, todo eso que dice Arancha y tiene mucha razón. Es un edificio inconcluso, incompleto, donde algunas tuberías no empalman con las otras. Pero todo eso pertenece a lo que podíamos llamar la esfera civil, la economía, la tecnología, la organización social, y luego hay otro mundo, al que yo me refería, que son las estructuras de mando y control. Yo en la Unión Europea tenía un Estado Mayor con más de 200 oficiales de todos los ejércitos, que estaban allí en Bruselas programando y haciendo funcionar las misiones militares que tenemos por el mundo. Y creo haber adivinado, aunque todavía no haya llegado a ser un experto, la complejidad y las inercias que hay a la hora de poner juntas las capacidades defensivas de diferentes ejércitos, que tienen su cultura, sus formas de organización propias, sus recelos… Por ejemplo, hay que hacer que la industria de la defensa no esté tan fragmentada y aunque naturalmente tenga algunos actores de mayor capacidad, de lo contrario nunca podremos competir con Estados Unidos, todos los Estados miembros van a querer tener su industria de la defensa. En Estados Unidos, da igual dónde estén las fábricas de armamento, pueden estar en Alaska o en Miami. Nadie siente por eso que mañana vaya a estar en peligro ni Alaska ni Miami. Pero en Europa sí. Si yo mañana le digo a un país: “Para evitar la fragmentación, tú no tendrás industria de la defensa, porque la voy a agrupar toda en algún otro sitio”. Su respuesta va a ser: “Ah, un momento, no, yo necesito tener mi industria de la defensa, pequeñita, ineficiente, pero la mía”. Y superar este sentimiento es el problema. La defensa es el último resorte de la soberanía nacional, los ejércitos son la última expresión de la capacidad del poder de un Estado. Eso requiere mucho debate político, no solamente interior de cada país, sino a nivel de la Unión.</p><p><strong>PB</strong>.- Necesita una integración política real… ¿para la que debemos estar dispuestos a señalar la puerta de salida a algún país? ¿Merece la pena pagar ese precio?</p><p><strong>JB</strong>.- Es que no podemos.</p><p><strong>PB</strong>.- Ya sé que no podemos, pero tantas cosas no podíamos…</p><p><strong>JB</strong>.- Sí, pero aquí sí tendrías que modificar los tratados. Le puedes quitar el derecho a participar en la vida política, al voto, pero expulsarlo que yo sepa no.</p><p><strong>AGL</strong>.- Sí, pero podemos ser un poquito más claros. Y yo creo que, en estos momentos además de gran conflictividad también dentro de la Unión Europea, es el momento para ser claros. A ningún Estado miembro de la Unión Europea le obligan a ser miembro de la Unión Europea. Los países lo deciden voluntariamente, y cuando firman, firman un acuerdo que dice prosperidad, solidaridad y derechos y libertades individuales. Y esto último es también parte del paquete. Yo creo que hay veces que hay que decirlo y hay que poner esto sobre la mesa. Nadie obliga a ningún Estado miembro a quedarse dentro de la Unión Europea y en realidad ha habido uno que ha decidido marcharse. Ahora, el precio que ha pagado el que se ha marchado es tan alto que ha puesto el listón muy alto a todos los demás. Ahora el juego no es ese. El juego ahora es cambiar la Unión Europea desde dentro. Bueno, pero vamos a ver. Pongamos estas cosas un poquito más claras sobre la mesa.</p><p><strong>PB</strong>.- Hablamos de Hungría, clara y directamente. ¿Qué se le dice a Hungría?</p><p><strong>AGL</strong>.- Y no solamente de Hungría. Hablamos de las fuerzas políticas dentro de la Unión Europea que no quieren integración europea, que quieren más nacionalismo nacional. Bueno, pues es que todos están en el lugar equivocado.</p><p><strong>JB.</strong>- Están en el lugar equivocado y siguen queriendo estar en el lugar equivocado. Es decir, el Brexit hubo un momento en que se pensó que podía provocar una epidemia y en vez de ser una epidemia ha sido una vacuna, porque a la vista de lo visto nadie quiere pasar por esta experiencia. Como dice Arancha, ¿para qué me voy a ir y perder toda capacidad de influencia cuando desde dentro puedo condicionar el sistema? Y si no se habla más claro, como dice Arancha, y no se ponen los puntos sobre las íes, una dinámica de boicot interno es lo que nos espera. Por ejemplo, Hungría, un país que ha firmado el acuerdo que ha creado la Corte Penal Internacional, invita a Netanyahu a que les visite. La Corte Penal Internacional ha dictado una orden de arresto contra Netanyahu y, en teoría, si pone los pies en un territorio europeo, tiene que ser detenido. No solamente no es detenido, sino que es invitado a que les visite y no pasa nada. Que yo sepa, nadie ha levantado la voz contra Hungría, ha sido Hungría quien ha dicho: “Bueno, ya que me comporto así, por decencia torera, me voy a ir de la Corte Penal Internacional”. Pero no ha habido en el Consejo Europeo una voz airada de los demás diciendo: “Pero tú qué haces”. ¿Por qué? Porque probablemente más de uno estaría tentado de hacer lo mismo. Entonces, hoy por ti y mañana por mí, a Hungría no se le dice nada y eso sí que ha sido una violación flagrante del compromiso europeo con el Derecho Internacional. Si Europa hace eso a la Corte Penal Internacional, si mañana viene Putin y visita otro país europeo, ¿tampoco se le va a detener? Ese es el gran riesgo que corremos de que el uno por el otro dejemos que se deshilache aquello que nos identifica frente al resto del mundo, como los que defendemos un orden basado en reglas, que se respeten los derechos humanos. Nuestro silencio en Gaza es atronador, atronador, España y algunos más, pocos, han hecho oír su voz al respecto, pero en su conjunto el resto del mundo nos acusa y con bastante razón de doble rasero.</p><p>PB.- Sí, quería terminar justo hablando de esto, de Gaza, de esta herida insoportable que va a quedar ya para siempre, en la que Europa se ha mostrado bastante inútil, salvo voces aisladas muy honestas y claras durante todo este tiempo, como la de Borrell o posiciones como la de España. En este momento en el que la guerra comercial, la coyuntura estadounidense obliga a Europa a mirar en todas las direcciones y a buscar aliados en otros lugares, ¿cuánto puede pesarnos ese doble rasero que hemos vivido además simultáneamente? Pocas veces la historia nos sirve un doble rasero tan claramente vivido de forma simultánea como la guerra de Ucrania y la limpieza étnica en Gaza, ¿cuánto puede pesarle a Europa en esta etapa que necesariamente tiene que abrir a partir de ahora?</p><p>AGL.- Le pasa mucha factura fuera y yo creo que dentro también, porque es una cuestión de principios, y en los principios lo más importante es la coherencia, dentro y fuera. Y creo que es una incoherencia que además no es irresoluble. Esa coherencia es posible, nosotros tenemos que ser capaces de decir: “No al terrorismo de Hamás y no al exterminio de la población civil de Gaza”, y tenemos que poder reivindicar nuestro derecho a decirlo sin sonrojarnos y sin que los demás nos acusen. Y creo que ahí es donde tenemos que poner el cursor. Europa en este tema está muy presa de su pasado, que es cierto, es un pasado muy doloroso, que es el pasado del Holocausto, que tuvo lugar en el continente llamado Europa, pero hasta que nosotros no seamos capaces de reivindicar el nunca jamás esto y en defensa siempre de la humanidad, allá donde la humanidad sea cuestionada, seguiremos atrapados en el pasado.</p><p>PB.- De alguna manera dos traumas históricos alemanes han condicionado</p><p>dos grandes crisis europeas de este siglo: la respuesta a la gran crisis de 2008, el miedo a la inflación, y el recuerdo del Holocausto, la falta de una posición europea clara y nítida de conjunto frente a lo que estaba pasando en Gaza.</p><p>JB.- Pero no tenemos el derecho de hacer pagar a los demás nuestras culpas. Los palestinos no mataron a los judíos, no fueron ellos. Responsabilizarles de algo que nos incumbe a nosotros es profundamente injusto.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Apr 2025 18:30:06 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Josep Borrell, Arancha González Laya y Pepa Bueno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los poderes de Europa]]></media:title>
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