El periodismo sigue vivo, la IA acecha, en TintaLibre de junio
Ha llegado el momento; el momento en que la inteligencia artificial ya no es ninguna película de ciencia-ficción, ni una nueva empresa de Silicon Valley; su papel, ahora mismo, ocupa un lugar central en el mundo, no solo tecnológico sino cognitivo y cultural de la sociedad. Un papel, hay que decir, muy inquietante y cuyas ramificaciones y efectos en la comprensión del mundo solamente acaban de empezar. Ante este reto abrumador, TintaLibre de junio se ha puesto manos a la obra para tratar de explicar a nuestros lectores cómo afecta y subvierte las reglas de donde más nos duele: el periodismo.
Ekaitz Cancela, uno de los más reputados analistas del poder tecnológico, esboza de este modo la situación del paciente colectivo de esa transformación imparable: “La imprenta digital de Google y Meta ha colonizado los últimos reductos de la vida democrática: esa esfera donde el difunto Habermas situaba la conversación, el diálogo y la deliberación cotidiana. En los últimos años se han privatizado los mecanismos que sostenían la atención pública sobre lo que se cuenta”.
Quizás no hay mejor preámbulo para una realidad que escapa muchas veces hacia los límites de la propia irrealidad. Lo dice Marta Peirano: “Hasta el jefe de Instagram admite que no podemos creer nada de lo que vemos. La sensación es de colapso: si todo es mentira, todo es verdad”.
Centrando más el foco en la profesión que nos afecta (y nos desvela), Ismael Nafría, abunda en la verificación de un efecto que ya estamos notando todos los días en la prensa: “La IA generativa está ya provocando un aumento espectacular de la producción editorial realizada de manera automática por nuevos actores que, en la inmensa mayoría de los casos, no persiguen los objetivos del buen periodismo, sino simplemente generar negocio”.
Porque en gran medida se trata de negocio, simplemente de negocio y mucha codicia. Desde dentro de las tripas de la IA otro especialista en la materia, Raúl Novoa, cuenta un caso real que le ayudó a comprender cómo se las gasta el bicho, al mismo tiempo que la educaba acabó con su trabajo. “La IA ordenaba la portada, enviaba notificaciones y editaba. Nuestra misión era verificar que lo hiciera bien y entrenarla. ¿Un spoiler? No era capaz de titular, ni jerarquizar, ni de contrastar”.
Ya rueda el balón, en TintaLibre de mayo
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El colofón de nuestro amplio análisis sobre la IA lo ponen dos mujeres directoras de medios de comunicación en España, un dato sobre el que no hace falta ningún tipo de inteligencia androide para saber que son dos casos únicos. Esther Vera, directora del diario Ara, plantea un problema que trae desde hace tiempo de cabeza a las redacciones: “La irrupción de la IA generativa plantea ahora una amenaza más profunda. Ya no se trata solo de que las plataformas distribuyan contenidos ajenos. Se trata de que puedan absorberlos, reorganizarlos y devolvérselos al usuario sin necesidad de pasar por el medio que los produjo”. Virginia P. Alonso, directora de nuestro infoLibre, abre un interrogante situado en el ojo del huracán: “Tal vez la pregunta decisiva no sea qué impacto tendrá la IA en el periodismo, sino la pregunta es qué periodismo queremos defender ante los retos tecnológicos”.
Mientras Silicon Valley diseña nuestro futuro tecnológico a la carta y abre la puerta a un mundo incierto, por aquí abajo, en las redacciones honestas y las piezas escritas sin robots, seguimos pulsando la tecla del periodismo real. Y hay humor, tanto como que Miguel Sánchez-Romero se aventura esta vez en llevar al plató de Marc Giró al mismo Jesucristo (que nos sorprende con su dominio ante las cámaras), o también podemos comprobar en la crónica en primera persona de Miguel Saralegui como el Opus Dei sigue dando el cante, esta vez a cargo de ese grupo que tanto gusta a Ayuso que se llama Hakuna.
Pero si volvemos a hablar del periodismo lean por favor la laudatio que un correcaminos de la profesión como Xavier Vidal-Folch realizó sobre Soledad Gallego-Díaz con motivo del premio a la ética periodística concedido por la FAPE. Fue solo un mes antes de su fallecimiento. Va por ella.