Sarah, Irene, Cristina, Rita Daniel Valero 'Tigrillo'
Conviene reconocer que por estas mismas fechas del año 2013, cuando en las pantallas comenzó a aparecer un nuevo periódico digital llamado infoLibre, pocos se atrevían a asegurar que el proyecto no naufragara como tantos otros que surgieron en la nueva era de la información por internet. Más aún cuando se trataba de la única cabecera que llevaba casi todos sus contenidos cerrados porque apostaba por sostenerse a través de suscripciones. Y además pretendía publicar una revista mensual en papel, TintaLibre, para quienes siguen poniendo en valor la lectura reposada y la calidad narrativa en tiempos de velocidad a golpe de clic. “No se pueden poner puertas al campo. Nadie va a pagar ya nunca por informarse”, nos decían incluso los colegas que más nos apreciaban. Y aquí estamos, trece años después, orgullosos (disculpen el desahogo) de la buena salud de esta aventura. Gracias, sobre todo, al apoyo de miles de socias y socios que componen esta comunidad periodística y cívica.
Nos comprometimos desde el minuto uno a ser un medio transparente y participativo, y a estas alturas, cuando ya están vigentes las exigencias que impone el Reglamento Europeo de Libertad de Medios (ver aquí), podemos presumir de ir por delante y de aplicar los máximos niveles de transparencia en España, incluso aportando más información de la ya obligada aunque muy pocos medios la cumplan (ver aquí).
Datos clave en nuestro ejercicio de 2025: infoLibre ofrece un resultado positivo de 251.230 euros y alcanza la cifra de 16.207 suscriptores, con 213.187 registrados y una audiencia media mensual de 1.334.000 usuarios únicos. Llegamos a 2026 con estos números después de una inversión total de más de 1.600.000 euros, aportados por pequeños inversores, los propios periodistas fundadores y la Sociedad de Amigos de infoLibre. Un curso, por tanto, positivo que nos aboca a un 2026 clave para garantizar la solidez y sostenibilidad del proyecto.
Justo hace un año, en esta misma página, anunciábamos un cambio en la dirección del periódico y anticipábamos que la asumiría alguien “con experiencia, pasión por el buen periodismo y conocimientos máximos de la compleja realidad digital”. Se trataba de Virginia Pérez Alonso, que dejó poco después la dirección de Público para ponerse al frente de infoLibre y es hoy una de las dos únicas mujeres que dirigen un medio generalista de ámbito estatal (el otro es el Huffington Post). Una prueba más de lo mucho que aún queda por avanzar en igualdad, también en el periodismo. El primer curso –casi completo– de Virginia y su equipo de dirección e investigación ya se refleja en el crecimiento del periódico.
En este último año hemos asistido a un avance galopante de la desinformación y del uso venenoso de redes sociales y plataformas digitales con el objetivo político de aupar a movimientos de extrema derecha en toda Europa y al servicio de intereses crematísticos de los tecnomillonarios (o tecnojetas, como uno prefiere llamarlos) que ya empujaron a Trump a la Casa Blanca. Esa telaraña de poder global erosiona la democracia porque les molesta cualquier Gobierno dispuesto a regular, a poner límites y condiciones a la voracidad, prepotencia e impunidad con la que actúan. En ese escenario aparece también la amenaza de un uso perverso de la Inteligencia Artificial en el ecosistema informativo. Las caídas de audiencia de grandes medios provocadas por la integración de la IA en los principales motores de búsqueda en internet (ver aquí) ponen en valor precisamente modelos periodísticos como el de infoLibre, con una comunidad más fiel, mucho menos dependiente del tsunami de la IA y con sólidas perspectivas de crecimiento (ver aquí).
Vamos con los datos.
Basar el sostenimiento de un medio en la participación de lectoras y lectores no es sólo elegir una vía de ingresos complementaria a la publicidad (transparente) o la organización de eventos. Desde infoLibre llevamos trece años defendiendo que la apuesta por una comunidad de suscriptores define ya un criterio para distinguir lo que es un medio de información y lo que son (a miles) negocios de comunicación digital que se hacen pasar por “periodismo”, con fuentes de financiación opacas y volcados en lograr tráfico a golpe de clic.
En el último año se ha acentuado la práctica sobre la que ya advertimos en su día: grandes cabeceras compiten en ofertas que permiten suscribirse a un periódico por un precio mensual bastante más bajo de lo que cuesta un café. Esa práctica es puro dumping, porque resulta imposible sostener un diario, por modesto que sea, con tarifas de 50 céntimos al mes. Decir que muchos terminarán pagando bastante más es un futurible no contrastado (que yo sepa) con auditorías fiables y transparentes.
Quizás por eso grandes cabeceras intentan confundir a la hora de medir e informar sobre el número de suscriptores. No quieren distinguir lo que son socias y socios individuales, con nombres y apellidos, de las suscripciones colectivas, empresariales, gratuitas o de otros variados tipos. Lo cual incluye, obviamente, acuerdos con grandes empresas o bancos o multinacionales o grupos sanitarios o vaya usted a saber. Lo venimos diciendo y escribiendo desde hace años: respetamos que esa práctica se ejerza, pero sería deseable que hubiera transparencia sobre el tipo de suscripción y la tarifa correspondiente que cada cual aplica. No es difícil proclamar que uno tiene, por ejemplo, 300.000 suscriptores si de ellos 80.000 no pagan, otros 50.000 son clientes colectivos que suman esa cifra y otros 90.000 pagan tarifas por debajo de cualquier precio racional. Con una consecuencia aún más peligrosa: de nuevo entramos en la desvalorización completa de la materia prima que manejamos, un periodismo fiable ejercido por profesionales formados que trabajan con un salario y unas condiciones dignas. De modo que insistimos en reivindicar la transparencia total.
En el caso de infoLibre, todas y cada una de las 16.207 suscripciones al finalizar febrero son personalizadas e individuales. Son 508 suscriptores más que en el mismo mes de 2025. Es la mejor cifra en un mes de febrero de toda la historia de infoLibre.
Llevamos exactamente trece años reivindicando que la transparencia sobre las fuentes de ingresos de un medio permite a suscriptores y lectores conocer qué grado de dependencia tiene una cabecera de intereses privados y públicos. Es su derecho, pero además ya es una obligación de los medios en cumplimiento de las normas del Reglamento Europeo, que es de aplicación directa en todos los Estados miembros de la UE (ver aquí).
Después de múltiples dilaciones, por fin el pasado 24 de febrero el consejo de ministros aprobó el anteproyecto de ley que regulará (si el Congreso lo respalda) la publicidad del sector público. Un texto adelantado por infoLibre (ver aquí) que establece condiciones claras en la línea de evitar que pseudomedios dedicados a la propaganda o a la desinformación reciban financiación pública. Entre las novedades, establece un techo del 35% de la facturación anual por encima del cual un medio no podrá recibir publicidad de la Administración central, siempre que esa facturación supere los dos millones de euros y su audiencia no esté concentrada en un territorio de una comunidad autónoma o varias limítrofes. Es un intento de evitar, o al menos poner en evidencia, la usual práctica de gobiernos autonómicos o ayuntamientos que sostienen medios afines de manera hasta ahora opaca (ver aquí algún ejemplo). En cumplimiento de lo que establece el citado Reglamento Europeo de Libertad de Medios, la nueva ley exige que todo medio de información que quiera recibir publicidad estatal debe estar inscrito en el registro estatal o autonómico de medios (aún pendiente de crear), y en el que cada cabecera debe aportar los datos de su accionariado principal y sus fuentes y volumen de ingresos públicos.
No nos cansaremos de insistir: hágase la luz. Quienes desde las empresas periodísticas se escudan en la libertad de empresa o de expresión para resistirse a hacer públicos sus ingresos de procedencia institucional están trampeando la realidad. Estas normas no afectan en absoluto a la libertad de prensa, que está siendo precisamente atacada por quienes la utilizan para desinformar, difamar, sembrar odio… de forma impune y además con dinero de todos. La obligación –incluso constitucional, art. 20– de cualquier Gobierno o institución es garantizar la pluralidad y proteger el “derecho a una información veraz”. Avancemos, que ya es hora. Y señalemos a quienes se llenan la boca de la palabra “libertad” y bloquean o rechazan toda norma (europea o española) encaminada a cumplir ese mandato. A menos desinformación, más y mejor democracia.
Ya sabemos que quienes más gritan contra la tramitación parlamentaria de estas reformas intentan instalar que todos somos iguales, que si unos medios dependen de organismos dirigidos por la derecha, otros lo hacen de instituciones gobernadas por la izquierda. Con un poco de atención, es bastante sencillo comprobar cómo actúa cada cual. infoLibre no admite, desde su fundación, acuerdos comerciales opacos que comprometan la línea editorial, y facilitamos como cada año el desglose de nuestros ingresos, que será aportado en ese registro público pendiente de estreno.
Aquí está:
Ningún medio –como ninguna otra empresa– está obligado a detallar en qué gasta lo que ingresa, pero llevamos trece años practicando la transparencia también en este capítulo porque consideramos que los suscriptores tienen todo el derecho a conocer qué se hace exactamente con sus aportaciones y a comprobar que la gestión de “su” cabecera es rigurosa y fiable.
Dedicamos, por tanto, el grueso de nuestros recursos –un año más– a la materia prima de este oficio: el trabajo de periodistas y analistas que investigan y elaboran la información y la opinión. En este último ejercicio hemos seguido creciendo en la organización de eventos, y por tanto en el gasto que conllevan. Además de la segunda edición de los Premios Jóvenes infoLibre y la quinta de los Premios anuales infoLibre, también hemos organizado actos de debate y reflexión sobre asuntos relacionados con la vivienda, la memoria, la igualdad o la educación, entre otros, cuyo retorno en términos de proyección de marca y en comunicación de los principios que compartimos con la sociedad civil consideramos clave. (ver aquí o aquí).
El resultado del ejercicio de 2025 ha sido de 251.230 euros de beneficios. Es el mejor dato de nuestros trece años de vida, como ya ocurrió con el de 2024, cuando el beneficio alcanzó 155.083 euros. Veníamos de muchos años con pérdidas (alcanzamos el equilibrio en el décimo aniversario), lo que nos ha obligado y sigue obligando a ser muy prudentes y austeros con el fin de garantizar la sostenibilidad económica del proyecto. El resultado actual se explica por los ahorros ya citados en diferentes partidas y por un incremento de 215.000 euros en el total de los ingresos detallados, entre suscripciones, publicidad y derechos de publicación en distintas plataformas.
En total, infoLibre y TintaLibre han necesitado en estos trece años una inversión de más de 1.600.000 euros, sin recurrir nunca a créditos bancarios. Los resultados positivos han comenzado a compensar las pérdidas acumuladas en ejercicios anteriores.
Para ser sinceros, en estos tiempos de constante revolución tecnológica y de las formas de comunicación, dominados por la velocidad y por el gigantesco negocio de la desinformación, el simple hecho de cumplir trece años de vida es ya un éxito rotundo. El resultado de 2025 y la confianza de una comunidad de suscriptores estable que además sigue creciendo año tras año pese a todas las dificultades nos permiten confiar plenamente en la sostenibilidad del proyecto.
Hace ya más de un año –desde el 8 de febrero de 2025– entró en vigor en España una parte de las obligaciones de transparencia mediática aprobadas por el Parlamento Europeo. Entre ellas, la de incluir en la web, de forma “visible y detallada”, los datos de la composición de la propiedad. Cuatro meses después, prácticamente ningún medio cumplía esa obligación, y a finales de año, el suspenso general se mantenía (ver aquí).
Como saben nuestros suscriptores y lectores más antiguos, infoLibre trasladó a España el modelo empresarial de nuestro referente editorial francés, Mediapart, en el que comparten accionariado los periodistas fundadores, inversores que confían en el proyecto y todos aquellos ciudadanos y ciudadanas que quisieron ser propietarios de acciones a través de la Sociedad de Amigos de infoLibre. Este cauce de participación ciudadana –encabezado por personalidades de la cultura, la universidad o el periodismo– tiene 178 titulares y está presidido por Pilar del Río, periodista, traductora y presidenta también de la Fundación Saramago.
La última ampliación de capital en infoLibre, justo antes de la pandemia en 2020, fue cubierta en su mayor parte por dos núcleos de socios inversores, uno capitaneado por el productor audiovisual y catedrático de Comunicación José Miguel Contreras (44% del capital) y otro por el editor Daniel Fernández (16%), además de nuestro aliado editorial francés Mediapart (10%). El resto del accionariado sigue en manos del equipo fundador del periódico y de la Sociedad de Amigos. Los principales accionistas, junto al equipo directivo del periódico y la presidenta de la Sociedad de Amigos, componen nuestro consejo de administración. Desde el primer día existe, y se cumple escrupulosamente, un pacto entre socios por el que todas las decisiones editoriales y periodísticas dependen de la Dirección Editorial y la de Redacción.
En vísperas de la entrada en vigor del grueso de la EMFA –8 de agosto pasado–, infoLibre realizó un ejercicio de transparencia máxima que se adelantaba y superaba incluso las nuevas exigencias legales. Desde entonces, mantenemos bien visible en nuestra home la pestaña Transparencia total, en la que aparecen todos los detalles sobre accionariado e incluso las declaraciones de intereses de los principales directivos (ver aquí).
No debería ser tan difícil hacer públicos los datos que reflejen los intereses y la responsabilidad sobre la actividad de un medio de información. Sin embargo lo es, por parte incluso de muchos que no se cansan de exigir en sus editoriales –con razón– máxima transparencia a todas las instituciones públicas. Y, por supuesto, la resistencia es feroz por parte de las grandes plataformas tecnológicas y de redes sociales, vehículos principales de la desinformación, los bulos y los discursos de odio que alientan la ola reaccionaria a nivel global.
Los propietarios y directivos de esas tecnoempresas globales intentan por todos los medios seguir esquivando su responsabilidad sobre los contenidos que publican, una responsabilidad que sí asumimos quienes dirigimos cualquier medio de información. Es imprescindible seguir dando pasos para acabar con esa impunidad en la circulación de bulos, calumnias, difamaciones, delitos contra el honor y la intimidad, producción de manipulaciones de la imagen de cualquiera mediante inteligencia artificial o pornografía infantil. En cuanto un Gobierno anuncia reformas incluso penales para frenar esa impunidad, tecnojetas globales como Elon Musk o el presidente de Telegram fibrilan y lanzan insultos contra tal osadía. Ocurrió recientemente con Pedro Sánchez tras hacer pública su intención de poner puertas legales a ese campo minado e infinito de dudosas prácticas digitales (ver aquí).
Lo hemos escrito y seguiremos haciéndolo. Necesitamos regulación y transparencia, o transparencia y regulación. Urgentemente. Son armas democráticas útiles para reventar el macronegocio de esos tecnooligarcas que dedican sus recursos precisamente a debilitar la democracia y a respaldar sin pudor opciones autocráticas y neofascistas. Ahora que cada día escuchamos análisis que no descartan una tercera guerra mundial ante las aventuras bélicas de Trump, Netanyahu o Putin y los intereses globales de la superpotencia china, me atrevo a advertir que esa nueva guerra mundial empezó hace mucho tiempo. Sin disparar un solo misil ni hundir un barco ni secuestrar a un presidente bolivariano. Se llama DESINFORMACIÓN, está acabando a pasos agigantados con las democracias liberales y sus impulsores quieren repartirse el mundo mientras siembran el caos a lomos de la mentira. Van ganando. Quedarnos jugando con los móviles, aceptando la misteriosa opacidad de los algoritmos o dándole al clic como bots humanos no es una opción. Hay que actuar antes de que sea demasiado tarde.
Siempre hemos competido por la audiencia en inferioridad de condiciones los medios que por principio no nos ubicamos en la guerra del clic y que renunciamos a contenidos sensacionalistas. Apostar por la investigación contrastada, por el análisis crítico o por enfoques de mayor profundidad –con un acceso limitado a suscriptores que den valor a esa labor– no facilita una difusión masiva.
Por todo ello seguimos reivindicando que las audiencias sean medidas con criterios cuantitativos pero también cualitativos, comprobables y transparentes, que eviten y controlen las numerosas trampas que ya conocimos en los medios impresos y que no pocos actores del negocio mediático intentan trasladar a lo digital.
Estos son nuestros datos de audiencias auditados. Seguimos creciendo en todos los parámetros en un momento en que, como hemos señalado, la mayoría de los medios sufren caídas por el efecto de la aplicación de la IA en los motores de búsqueda.
En estos (primeros) trece años de vida, infoLibre ha atravesado etapas muy complejas, marcadas por la soledad en el modelo de suscripción, por la imparable revolución tecnológica y por la constante presión de distintos poderes con el fin de intimidar o amedrentar a esta Redacción de forma directa o a través de los tribunales. Estamos orgullosos de haber ganado hasta ahora todas las demandas interpuestas contra infoLibre por dirigentes políticos, empresarios o particulares sobre los que hemos informado acerca de asuntos de interés público. Es una prueba clara del cumplimiento escrupuloso de nuestro compromiso con la veracidad y el rigor que deben caracterizar este oficio. Y si nos equivocamos, rectificamos lo antes posible, porque creemos que corregir los errores refuerza la credibilidad de un medio o de un periodista. Más aún en esta era de la desinformación, en la que tantos se esfuerzan en sembrar la confusión entre errores y bulos, para meter en el mismo saco el periodismo y el intrusismo o el negocio del odio.
Abordamos nuestro año número catorce con la intención de reforzar los contenidos de nuestro periódico y nuestra revista con el objetivo de seguir siendo útiles para la comunidad de suscriptores y lectores y para hacerla crecer en un momento periodístico, cívico y político especialmente delicado.
La investigación y el análisis crítico son pilares esenciales en infoLibre. Por algo somos el único medio español que participa en tres de los principales consorcios internacionales de medios independientes: European Investigate Collaborations (EIC), Organized Crime and Corruption Reporting Project (OCCRP e Investigate Europe (IE). En este último año, esa apuesta por la investigación de calidad y de interés global nos ha permitido abordar en exclusiva para España trabajos en profundidad como el que ha desvelado que médicos inhabilitados en Europa se trasladan dentro del continente y ejercen en otros países poniendo en riesgo a los pacientes, también en España (ver aquí); o como el que revela por primera vez el funcionamiento interno del llamado “Departamento de Guerra Legal” del Ministerio de Justicia de Israel a través del análisis de más de dos millones de correos internos y documentos confidenciales filtrados (ver aquí).
Además, a lo largo de estos meses infoLibre ha empezado a trabajar también con la plataforma de investigación Follow the Money, con la que ha destapado que la extrema derecha en Europa (incluido Vox) se financia a través del banco húngaro MBH, propiedad en parte del Gobierno de Hungría de Viktor Orbán (ver aquí).
Y, por supuesto, hemos seguido dedicados a la investigación nacional, con el foco puesto en denunciar cualquier abuso de poder. Así, infoLibre ha analizado, entre otras cosas, el reparto de publicidad institucional de la Comunidad de Madrid y ha podido comprobar, con datos verificables, cómo Ayuso ha premiado a medios afines (incluidos pseudomedios) y ha castigado a los críticos (ver aquí).
A lo largo de este último año hemos sumado a la nómina de analistas y colaboradores de infoLibre y TintaLibre nuevas firmas que desde distintos ámbitos aportan claves de conocimiento para alentar un pensamiento crítico.
Y en los próximos meses dedicaremos el máximo esfuerzo a profundizar en la cobertura de las parcelas que creemos decisivas en la vida de la gente y en la calidad de los análisis que ayuden a la comunidad de socias y lectores de infoLibre a encarar sin derrotismos y con elementos para la esperanza estos tiempos inciertos y convulsos. Queremos ser diferentes y útiles, y reivindicamos una resistencia activa a través del periodismo para salvaguardar los principios democráticos, una actitud de combate (en el sentido más camusiano del término) frente a esa guerra mundial de la desinformación que pretende socavar los cimientos de la democracia y del Estado de bienestar.
En este camino, la investigación debe seguir siendo nuestra herramienta fundamental para desnudar a los antidemócratas, para sacar a relucir los intereses de los poderosos, para escrutar el uso que se hace del dinero público y denunciar sus malversaciones.
Pero para lograr este propósito y poder abordar las investigaciones que tenemos en cartera y otras que desearíamos poner en marcha, necesitamos que la comunidad que nos sostiene siga creciendo; necesitamos ser muchos y muchas más. Por eso os pido, como siempre, vuestra colaboración: corred la voz. Nos va en ello (sin exageración ninguna) el periodismo y la democracia. Y en nuestra modesta aportación al empeño, nos jugamos la consolidación de infoLibre y TintaLibre.
¡¡Gracias sinceras y abrazo!!
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