Sarah, Irene, Cristina, Rita Daniel Valero 'Tigrillo'
Este era el lema que se podía leer en la pancarta que un grupo de muchachos de ultraderecha, con el símbolo de Falange al lado, querían colgar en la Facultad de Ciencias Políticas, Sociología y Trabajo Social de la Universidad Complutense de Madrid el pasado viernes 6 de marzo, en vísperas de las celebraciones del 8M. A su paso, como se describe en este comunicado de la propia facultad, causaron numerosos daños y destrozaron lo que encontraron en su camino. En especial, en el aula social del estudiantado, donde se encontraban materiales, carteles y trabajos varios para celebrar el día de las mujeres.
Los daños no fueron mayores porque los trabajadores del centro y parte del equipo decanal presentes en ese momento en la facultad lo impidieron, pero lo que dicen es muy significativo: “Lamentablemente, la acción violenta sufrida este viernes no responde a un hecho aislado. Nuestras facultades, al igual que buena parte de las universidades públicas, está siendo objeto de una ofensiva sistemática y prolongada por parte de grupos de ultraderecha que tratan de negar derechos y libertades, que promueven discursos de odio y que utilizan en los últimos tiempos especialmente nuestro centro como diana de sus ataques.”
El incidente es todo un símbolo del momento en que vivimos. Mientras siguen produciéndose agresiones de todo tipo contra las mujeres y mientras se constata que a la igualdad le queda mucho para ser considerada tal, fuerzas de la ultraderecha reaccionan con todo su odio frente al avance del feminismo. Lo hacen porque el avance es incontestable y de fondo, porque se están cuestionando los roles de género y con ellos el reparto del poder.
Lo más preocupante no es el discurso de la ultraderecha, que no puede sorprender a ningún observador, sino el eco que encuentra entre sectores de la población, especialmente los más jóvenes. Una parte de ellos en primer lugar, y otra de ellas últimamente, están viendo en el feminismo un discurso autoritario, consideran que “se ha ido demasiado lejos”, y vuelven –como antaño– a decir que abogan por la igualdad, pero no por el feminismo (ver aquí). Retrocedemos a aquello de “ni feminismo ni machismo: igualdad”.
Chicos despistados, descolocados, inseguros y rabiosos. Carne de cañón para quienes, desde la ultraderecha, les tranquilizan y reconfortan con una proclama: “vuelve a la familia tradicional”
En la misma línea apunta el informe Juventud y género 2025 de la FAD (ver aquí). Si en 2021 la mitad de los y las jóvenes se identificaban con el feminismo, en 2025 esa cifra se ha reducido al 38,4%, y el 52,8% de ellos creen que las políticas de igualdad “han llegado demasiado lejos” y que los discriminan a ellos.
En los últimos días han aparecido diferentes estudios que apuntan a posibles causas de este retroceso. El crecimiento de la ultraderecha y sus postulados, o el retroceso que sigue a todo avance en derechos, son el telón de fondo. Tampoco la comunicación por las redes sociales ayuda, ya que perpetúa los sesgos, como refleja el estudio Espejismo de igualdad, elaborado por LlyC (ver aquí).Pero hay más. Según el último informe de Ipsos Día Internacional de la mujer 2026 (ver aquí), España encabeza el ranking europeo con el porcentaje más alto de ciudadanos (49%) que sienten que los avances en igualdad implican discriminación contra los hombres.
Chicos, generalmente jóvenes, que ven cómo ellas les adelantan, sacan mejores notas, acceden a las carreras más exigentes y aprueban antes las oposiciones. Chicos que sienten que pierden poder y privilegios, y que sus compañeras les piden un cambio en los roles de género que no saben cómo abordar. Chicos que carecen de referentes en los que mirarse, chicos a los que cada vez les cuesta más relacionarse con chicas. Chicos despistados, descolocados, inseguros y rabiosos. Carne de cañón para quienes, desde la ultraderecha, les tranquilizan y reconfortan con una proclama: “vuelve a la familia tradicional”. O lo que es lo mismo, “Rechaza el feminismo, abraza la feminidad”.
El movimiento feminista ha sido capaz de superar muchos obstáculos. Hasta hace apenas ocho años no era ni sombra de lo que es ahora. El desafío hoy no es pequeño, pero se podrá abordar si se consigue entender las causas profundas de esta reacción y se les da respuesta. Para ello, hay un superpoder imprescindible: la empatía. Porque, chicos, en una sociedad feminista, vosotros también viviréis mejor.
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