Canto de Aurora
Oración de la lluvia - Carmen María López
Ediciones Rialp. Madrid, 2026. Premio Adonáis 2025
La incontenible senda del Premio Adonáis, página central del espacio lírico contemporáneo, incorpora a su prestigioso historial tres nuevas voces: Rocío Angulo Dorado, Jorge Ortega Marcos —ambos, accésits de la última convocatoria con las entregas Los geranios descosíos y Poliquetos— y Carmen María López, autora de Oración de la lluvia, libro reconocido con el Premio Adonáis 2025.
Nacida en Caravaca de la Cruz (Murcia) en 1991, profesora universitaria e investigadora del legado narrativo de Javier Marías, Carmen María López ha publicado hasta el momento dos títulos de poesía: Yo también anochezco (2023) y La madre de nadie (2024). Son pasos iniciales de una poética forjada con un sello de singularidad y conocimiento de las dispersas raíces de la tradición.
A juicio del relevante jurado, Oración de la lluvia se define “por su emoción creciente, que atraviesa el tiempo, las generaciones y las herencias literarias con un lirismo a la vez hondo y luminoso”. Con citas de Jorge Luis Borges y Natalia Litvinova comienza un discurrir que tiene como pórtico el poema “Îtaca”, sin duda un conocido referente literario. El nombre establece una amplia carga connotativa con el desplazamiento y el viaje existencial, pero también con magisterios del canon, como el poeta helénico Cavafis. La semántica de la composición viaja al pasado para reivindicar vivencias de la infancia y establecer los indicios de una manera de mirar y sentir, desde la pureza del canto de aurora; desde el renacer de un tiempo sin mácula.
Organizado en dos tramos, la primera parte se titula “Lo divino”. El expresivo título añade a la condición del yo poético la baliza orientadora de una poderosa presencia exterior que invita a la contemplación y al canto. Pero la percepción sensorial no se despliega hacia fuera. Busca dentro. Abre pupila a la consistente plenitud de la belleza; no solo sondea una belleza física y tangible, sino también el enraizado despliegue que siembra, entre los surcos de los días, plasmaciones artísticas, culturales y musicales. Las sensaciones del yo alzan arquitecturas de luz. Crean conciencia de los dones que, cada día, se aposan en un territorio de vida y esperanza, capaz de borrar el óxido y la herrumbre de las cosas, mientras conceden oxigenación al respirar diario.
La entrega poética de Carmen María López se apuntala con un rico registro intelectual. Se celebra la música de Johann Sebastian Bach, como refugio intacto en el que se cobija lo divino. Retornan la intuición visionaria y la confianza en los estratos simbólicos de la poesía de César Vallejo. Y afloran, como claves secretas que necesitasen mostrar sus hilos de sol, ecos de Goethe y Antonio Machado. Lo divino se acerca para idealizar el entorno cotidiano. Para despertar emociones que hilvanan la esencia interior del canto.
Si el ser continuo de la voluntad creadora es orear la tierra del lenguaje y abrir surcos “para que crezcan ramas nuevas”, la escritura de Oración de la lluvia completa el apartado “Lo divino” con un desdoblamiento. Titula “Lo humano” los poemas integrados en la segunda parte. La sección ubica como umbral citas de José Ángel Valente, Carmen Verde Arocha y Julio Tizzani y pone la mirada en lo cercano y en el primer núcleo de convivencia: la familia. El tránsito diario se define siempre entre contraluces vivenciales, pero será siempre el cálido refugio de la infancia. Es también un espejo certero de materia humana, las líneas tenues de una semilla que empieza a crecer y se hace cuerpo. En el incansable discurrir llegan las carencias y la desposesión, ese estar que abandona en los rincones una larga estela de pérdidas y ausencias que, de cuando en cuando, retornan al poema, como restos de tiza en la pizarra.
El hermoso poema “Variaciones en torno a un poema de Chus Pato” se resuelve con una poética plena de lirismo y carga emocional: “La poesía es mi ofrenda a los difuntos, / un jardín con espliego, un bosque de palabras”.
Si en la senda inicial de “Lo divino” prevalecía la preocupación estética, que hacia de la belleza una veta nutricia, la selección lírica cobijada en “Lo humano” disemina en las tramas una mayor reflexión metalingüística y una lluvia de afectos. Se busca la razón del poema para descubrir cómo afecta esa realidad oculta del lenguaje a la propia condición de ser.
Con luz y lumbre
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En el interior del poema se localizan también los estratos sentimentales: las calcinadas sombras de la infancia, la condición transitoria del estar y el amor al yo plural femenino. Emociona la composición “Oración de la lluvia”, un hermoso texto marcado por la espera y la evocación. Los versos intentan comprender la lengua del silencio y luchan contra la desmemoria.
El recuerdo perdura, más allá de la ausencia. Desvela el canto y el homenaje afectivo, hecho brizna de permanencia, “habitación de carne o de misterio”, círculo orbital de amanecida.
*José Luis Morante es escritor y crítico literario. Su último libro es Viajeros sedentarios (La Garúa, 2025).