Teatro

Atalaya recupera el onirismo poético de Lorca en el 80 aniversario de su asesinato

Atalaya y el onirismo poético de Lorca

La compañía de teatro Atalaya nació en Sevilla como apuesta creativa durante una época, los ochenta, de emociones contrapuestas. Por un lado, la euforia por dejar atrás el oscurantismo y caminar hacia una nueva etapa en lo político y lo artístico, y por otro la incertidumbre ante un futuro convulso. Han pasado 33 años desde que Ricardo Iniesta se embarcara en el proyecto teatral que más tarde se transformaría en una de las compañías más sólidas del panorama nacional y el único laboratorio de experimentación escénica de carácter privado.

Y nada mejor para celebrar el paso de los años que recordar el tiempo pasado, recuperarlo, repensarlo y readaptarlo. Para su trigésimo tercer cumpleaños, la agrupación regresa a sus orígenes. Desde el 1 de abril y hasta el 15 de mayo los actores y actrices de Atalaya interpretarán en el Centro Dramático Nacional de Madrid la pieza lorquiana Así que pasen cinco años, una de las primeras obras con la que empezaron a caminar y el impulso clave que les afianzó, en 1986, en lo más destacado del teatro español.

La agrupación aprovecha así, siguiendo con el hilo de aniversarios y memoria, para homenajear a García Lorca en el 80 aniversario de su asesinato, "un fusilamiento que nos privó de lo mejor" del autor andaluz, señala Ricardo Iniesta, quien no evita preguntarse "lo que podría habernos dado si no nos lo hubiera arrebatado la barbarie fascista".

Iniesta atribuye al poeta granadino "la obra de más magia y calidad poética onírica del teatro español", y probablemente, se aventura, del universal. La elección de Así pasen cinco años, confiesa el dramaturgo, es responsabilidad de Ernesto Caballero, director del Centro Dramático Nacional. Gracias a la propuesta de Caballero, la compañía se embarcó en el reto de volver a interpretar una obra que en su día se consideró irrepresentable y que forma parte del llamado teatro imposible lorquiano. Una pieza que los catapultó al éxito en sus inicios, y que ahora recuperan desde una perspectiva de "cambio colectivo y personal de cada uno", tal y como señala Carmen Gallardo, cofundadora de Atalaya y la única que repite en la obra que la llevó a ser actriz revelación en su estreno. 

Para ser fieles a la verdad, esta no es la segunda vez que Atalaya interpreta Así que pasen cinco años, sino la tercera. Aquella segunda olvidada ocasión surgió como "una versión de subsistencia", en palabras de Iniesta, producto de una crisis interna en la compañía. Iniesta admite que quiso agarrarse a la obra como "una tabla de salvación", pero el propio dramaturgo reconoce que no lo considera "un montaje serio de Atalaya". Obviar esta segunda interpretación, enterrarla hasta el punto de haberla hecho desaparecer de la memoria colectiva, elimina toda escala a la hora de hacer balance. Las comparaciones quedan limitadas, de este modo, a las dos versiones sí reconocidas: la de 1986 y la actual.

La evolución personal y profesional de quien estaba entonces y continúa hoy, como Carmen Gallardo, es evidente. Treinta años después ya no necesita "polvos de talco para simular un cabello canoso", pero además existe una "diferencia fundamental que no tiene que ver con las canas, sino con toda la sabiduría cosechada", señala Iniesta, quien entiende con optimismo el paso del tiempo como factor influyente "para bien, en casi todo".

En esta ocasión, además, el número de intérpretes es mayor que en 1986. La primera representación contaba con seis actores, cinco de los cuales tenían que multiplicarse para abarcar los 18 personajes dibujados por Lorca. Hoy, el número de actores y actrices asciende a nueve. Sin ir más lejos, Carmen Gallardo hacía entonces, cuando contaba con sólo 21 años, cinco personajes, frente a los dos a los que da vida hoy.

Pero el peso de los años no sólo ha recaído sobre los actores y su mundo interior, sino que los cambios en el escenario global también han afectado a la forma de entender e interpretar el texto. "La de 1986 era una visión mucho más naíf, mucho más ingenua", comenta Iniesta, quien establece una analogía con la España "más ilusionada" de 1986. La visión de un país "mucho más tenebroso, siniestro, inquietante y perturbador" de alguna manera "influye en la forma de ver el espectáculo" de sus protagonistas.

El tiempo parece ser además clave a la hora de revisar de forma minuciosa la obra y esclarecer algunos de los aspectos más recónditos de la misma. Lorca dijo ya en su momento que la pieza se entendería "dentro de 50 años", y fue precisamente pasado ese tiempo cuando la estrenó Atalaya. Tras esa primera representación, el mismísimo Alberti se apresuró en expresar sus impresiones más que reveladoras: "Coño, por fin entiendo este texto de Federico". Y hoy, asegura Iniesta, "se entiende mucho más".

Actrices y actores de Atalaya durante la representación

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La experiencia adquirida a lo largo de estos 33 años es otro elemento fundamental para la compañía. "No somos ni mejores ni peores… Pero somos diferentes", señala Iniesta al tiempo que dirige una mirada orgullosa al elenco de actrices que le acompañan. Lo son, justifica, porque han conseguido tener un laboratorio, y ello ha implicado "renunciar a hacer un teatro de campanilla, de fama, de televisión", apostando por un "equipo estable y fiel".

Y todo indica que la apuesta les ha llevado por el camino de la victoria. La compañía ha pisado suelo internacional en más de 35 países de los cinco continentes. El año pasado, consiguió ocho nominaciones a los Premios Max gracias a la obra Madre Coraje, y en 2008 fue galardonada con el premio Nacional de Teatro, reconocimiento que condecora el sudor de años de trabajo, y que deja un especial sabor de boca para "una compañía de provincias".

Precisamente, la garra y el esfuerzo blandidos por el camino son las principales reivindicaciones de Iniesta. Pese a reconocer la importancia de las ayudas recibidas, el dramaturgo destaca que el éxito de Atalaya, la voluntad por indagar en el mundo de la interpretación y de crear un estilo propio –basado en cuatro pilares: la tragedia griega, el teatro grotesco, el realismo expresionista y el lenguaje onírico–, no son producto de la suerte ni del apoyo, sino del trabajo duro. El hecho de que "a la mejor actriz de Andalucía –aludiendo a Carmen Gallardo– le cueste llegar a fin de mes, demuestra que no tenemos tanto apoyo", sentencia Iniesta, sutil pero rotundo. Y orgulloso, sobre todo, de los principios que durante más de tres décadas perduran en el seno de Atalaya.

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