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Muerte de Botín

Muere el banquero con más poder de España

  • Botín, miembro de una saga de banqueros, ha dirigido el Santander durante 28 años, ocho menos que su padre
  • El banquero bregó contra su fama de tosco y deja la entidad como la más grande de la zona euro por capitalización bursátil
  • Demostró su influencia en el control de las informaciones sobre la fortuna familiar oculta en Suiza

Publicada 10/09/2014 a las 09:29 Actualizada 10/09/2014 a las 23:35    
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Emilio Botín

Fotografía de archivo del presidente del Grupo Santander, Emilio Botín, fallecido este miércoles a los 79 años.

EFE
Emilio Botín Sanz de Sautuola ha muerto de un infarto a los 79 años. Desaparece el primer banquero del país, el hombre con más poder real, un duro nacido en Santander en 1934 que comenzó en el negocio familiar a los 26 años y que sólo con el tiempo logró zafarse de la fama de tosco y poco hábil con la que comenzó su carrera. Emilio Botín, presidente del primer banco de la zona euro por capitalización bursátil, ha dirigido el Banco Santander durante 28 años, ocho años menos de los que estuvo al frente de la entidad su padre Emilio Botín Sanz de Sautuola López.

Botín, deportista, exigente, capaz de convocar reuniones de trabajo en Nochebuena, supo maniobrar para colocar al Banco Santander entre las 10 primeras entidades del mundo por valor en Bolsa, más allá de los 90.000 millones de euros. Sin complejos -como demostraban sus presentaciones en idioma inglés- Botín pilotó la expansión de la entidad con mano firme. Emprendió una política de expansión, dentro y fuera de España sin pactos. Estableció alianzas con la portuguesa Banca Champalimaud, la francesa Société Générale, la británica The Royal Bank of Scotland (acabó vendiendo su participación en 2005 obligado por la autoridad de competencia británica tras comporar Abbey), el alemán Commerzbank, el italiano San Paolo y el marroquí BCM.

Bajo su dirección, el banco ha invertido en el continente americano. Compró bancos en Argentina, Chile, Colombia, Brasil, Perú, Venezuela y México. También llegó a ser el principal accionista del estadounidense First Fidelity, pero vendió su participación tras la fusión con el First Union. 

La compra de Banesto (1994) y la fusión con el Banco Central Hispano (1999) -una operación de la que se fueron cayendo letras del acrónimo SCH hasta quedar sólo Santander, toda una metáfora- elevaron a Botín a la cúspide del sistema bancario nacional e internacional.

Las zonas oscuras

La acción empresarial de Botín ha sido siempre agresiva. Sobre todo en los primeros años de su mandato, lo que generó zonas oscuras en la gestión. Dos acciones fueron clave: las supercuentas y las cesiones de crédito. El Santander lanzó las supercuentas en 1989 con remuneraciones de hasta el 11% anual. Lo hizo para erosionar las cuentas de sus competidores. Gracias a ellas, el Santander duplicó la cuota de mercado.

Otra acción clave fueron las polémicas cesiones de crédito. El banco cedía créditos de un cliente a otro. Era una forma de captar capitales que, entre 1988 y 1999, en apenas 16 meses, le reportó depósitos por valor de más de 2.600 millones Muchos de ellos eran opacos, no declarados a Hacienda. Para Botín supuso captación de capital en unas condiciones de competencia desleal  ya que ese capital no tenía que pasar por coeficiente de caja y por lo tanto, podía rentabilizarse al 100%. Las cesiones aumentaron la distancia con sus competidores.

Además, Botín protagonizó todas las polémicas que han afectado al conjunto de las entidades financieras, como el caso de la estafa de las acciones preferentes. Con una diferencia. por información y olfato, el presidente del Santander decidió acabar con el problema y lanzó en 2011 un programa (1.966 millones) de canje de preferentes por acciones que calmó las protestas.

Capaz de actuar como anfitrión del Rey de España en pantalón corto y zapatos de golf, toda una exhibición de confianza y de poder, Botín ha sido un personaje polémico por su forma de actuar; las revelaciones sobre la fortuna familiar y la influencia demostrada más allá del sector financiero, tanto en el especio de la política como en los medios de comunicación.

Exhibición de poder

La exhibición de poder de Botín quedó clara hace tres años cuando la Audiencia Nacional dio cuenta de una investigación sobre Emilio Botín y cinco de sus hijos, entre ellos la expresidenta de Banesto y dirigente del Santander en Reino Unido, Ana Patricia Botín, por mantener una cuenta milmillonaria (el cálculo apuntó a 2.000 millones) en el HSBC -sin declarar- que finalmente fue regularizada con el pago a Hacienda de 200 millones de euros. La mayor parte de la prensa informó del hecho con sordina, sin dar relevancia a la ocultación.

La cuenta en el HSBC estaba a nombre de Emilio Botín, así como de su hermano, Jaime Botín, y también cinco de sus hijos.Todos aparecían entre los 659 contribuyentes españoles que ocultaron más de 6.000 millones en la filial suiza del banco HSBC, el HSBC Private Bank.

La familia, pillada in fraganti, explicó que fue Emilio Botín Sanz de Sautuola y López, el padre de Emilio Botín III, quien colocó el dinero en el exterior. Emilio Botín padre salió de España en diciembre de 1936 tras el estallido de la Guerra Civil. En aquellas fechas, el banco había sido intervenido, lo que en opinión de la familia creó una "grave situación" en el Santander. Emilio Botín II, se trasladó durante unos meses a Londres y, después, a Basilea, Suiza, hasta septiembre de aquel año. El dinero quedó a resguardo y a la espera de un escándalo que fue bien controlado.

El indulto de Sáenz

Nada fue capaz de minar el poder de Botín, ni las polémicas en torno a la gestión del grupo bancario -preferentes y cesiones crédito incluidas- ni la acción de los jueces sobre sus colaboradores, caso que del vicepresidente y consejero delegado de la entidad, Alfredo Sáenz. El banquero vizcaíno, condenado por el Tribunal Supremo en 2011 por presentar una denuncia falsa cuando presidió Banesto tras su intervención en 1993, fue indultado en 2011. Lo hizo el Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero al borde del fin de la legislatura.

Fue una nueva exhibición de poder. Sáenz, condenado a tres meses de prisión y de inhabilitación para ejercer funciones en banca por un delito de acusación falsa, continuó como si nada hubiera sucedido hasta 2013, cuando el Supremo revocó el indulto. Saénz dejó la entidad en abril de 2013 tras 19 años al servicio del hombre más poderoso del país.







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