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Luces Rojas

¿Qué está pasando en Catalunya?

Publicada 23/04/2015 a las 06:00 Actualizada 24/04/2015 a las 18:38    
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Hace unas semanas, el barómetro de primavera del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO) levantó un gran revuelo mediático. Por primera vez en los últimos dos años, el instituto oficial de sondeos de la Generalitat de Catalunya encontraba una ventaja de los contrarios a la independencia sobre los partidarios. ¿Qué ha cambiado en los últimos meses en la opinión pública catalana? ¿Por qué parece que el independentismo se está erosionando mientras que los partidarios de mantenerse dentro de España crecen? Antes de sugerir algunas hipótesis más o menos basadas en la evidencia disponible, conviene que revisemos la propia evidencia, más allá de los titulares mediáticos.

¿Qué tendencias apuntan exactamente los datos? Si analizamos los Barómetros de Opinión Política del CEO de los últimos 12 meses y ponderamos los datos para corregir desviaciones en la muestra (véase la nota al final del artículo), observamos un pequeño descenso, de tres puntos, del apoyo a la independencia como opción preferida. Este descenso viene acompañado de un incremento de hasta 6 puntos de los que preferirían que Catalunya fuese un estado dentro de una España federal.

Los datos, pues, muestran un pequeño desgaste del independentismo, aunque de una magnitud muy moderada que, además, entra dentro de los márgenes de error de la encuesta. Sólo podemos decir con certeza que el apoyo al federalismo ha crecido en Catalunya en el último año, aunque se trata de un movimiento que, de momento, tiene una magnitud modesta.

Oficinas de Cinfa

Fuente: CEO. Datos ponderados por el autor a partir de la distribución de lengua inicial de la EULC 2013 para corregir sesgos en la muestra.

Sin embargo, lo que generó más titulares fue una pregunta binaria introducida por el CEO en su último barómetro en la que se preguntaba a los encuestados si "están de acuerdo" con que Catalunya sea un estado independiente. Al tratarse de una pregunta nueva, no podemos compararla con los datos anteriores, en los que se utilizaba la doble pregunta de la consulta del 9-N.

Aun así, si comparamos los porcentajes, lo que podemos suponer es que la gran mayoría de encuestados que en la pregunta del 9-N optaron por el sí-no, la abstención o el voto en blanco, aseguran ahora no estar de acuerdo con la independencia, mientras que el grupo de los que optaban por el doble en la consulta (alrededor del 40% del censo) sigue hoy, con poca variación, dando apoyo a la independencia.

Así pues, el diagnóstico parece confluir en la idea que el soberanismo se mantiene fundamentalmente estable, quizás con un pequeño desgaste, mientras que la oposición a la independencia crece, sobre todo de la mano del federalismo. ¿Cómo podemos interpretar estas tendencias?

Parece útil referirnos aquí al concepto reversion point de la politóloga británica Sara B. Hobolt: aunque formalmente los referéndums se plantean como una elección entre el statu quo y la alternativa que se pone a votación, a menudo los votantes perciben que el no no es equivalente al statu quo sino a otra situación, mejor o peor que la actual. Por eso, tanto en el caso del Quebec como de Escocia, los líderes unionistas prometieron una mayor descentralización si el no salía vencedor: se trataba de acercar el punto de reversión a la posición del votante mediano que, tanto en estos casos como en Catalunya, prefiere una mayor descentralización sin llegar a la independencia.

En la Catalunya estos últimos años, con la política recentralizadora impulsada por el PP desde su regreso al gobierno en 2011, la percepción general posiblemente haya sido que la alternativa a la independencia no era más, sino menos autogobierno para Catalunya. Por eso buena parte de los federalistas optaban, ante una pregunta binaria, por apoyar la independencia.

Sin embargo, probablemente las expectativas de un cambio político a nivel estatal –de la mano de Podemos o de una coalición de fuerzas de izquierdas– estén modificando esta percepción. Si existe una posibilidad razonable de que haya una reforma político-constitucional en España que pueda servir para ampliar el autogobierno catalán, junto con un gobierno español que sea percibido por la mayoría de la población catalana como menos hostil, el independentismo tendrá dificultades para conformar una mayoría sólida.

Por otro lado, que un 40% del censo se muestre consistentemente partidario de la independencia, si se estabiliza, supone un nivel de apoyo a la secesión difícil de ignorar en el medio plazo. Parece difícil sostener, ante este escenario, la negativa a un referéndum.

Además, representa un punto de partida suficiente para que, ante una frustración de las expectativas de cambio en España, se pueda agrupar una mayoría suficiente entorno a la propuesta independentista. No parece, pues, que el escenario que dibujan estos datos sea especialmente cómodo para el independentismo, pero aún menos para el statu quo.

(1) Nota aclaratoria: Presentamos los datos ponderados por lengua inicial para corregir sesgos en la muestra, que sobre-representa la población que se declara catalanoparlante o bilingüe, e infra-representa la que declara el castellano como lengua inicial. Sin esta ponderación, el nivel de apoyo a la independencia es mayor (entre el 40 y el 45%), pero hay razones para pensar que los porcentajes ponderados son más ajustados a la realidad. Dado que el CEO ha introducido algunas mejoras en su método de muestreo para reducir estas distorsiones –que se producen, fundamentalmente, debido a un problema de no-respuesta-, algunos cambios aparentes en sus encuestas lo son menos una vez descontamos los cambios metodológicos mediante las ponderaciones. Así pues, las ponderaciones nos sirven para distinguir cambios reales de cambios aparentes, por un lado, y para ofrecer resultados que probablemente sean más cercanos a la distribución de preferencias en la población por el otro. Para el cálculo de las ponderaciones a menudo se usa el recuerdo de voto, pero es un indicador que sufre muchos problemas de memoria, proyección y ocultación. Por eso preferimos usar la lengua inicial, puesto que es un indicador con menor error de medida y que está suficientemente correlacionado con las variables de interés para ser útil como factor de corrección. Tomamos como referencia los valores de la encuesta de usos lingüísticos del IDESCAT EULC 2013 para población mayor de 18 años con nacionalidad española.


Jordi Muñoz es investigador Ramón y Cajal en la Universidad de Barcelona. Es autor del libro La construcción política de la identidad española. ¿Del nacionalcatolicismo al patriotismo democrático? (CIS, 2012).
   
  
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5 Comentarios
  • 5 VDV 23/04/15 21:00

    phentium dijo...He leido con detenimiento tu comentario y creo que no puedes estar mas equivocado. Alemania es un estado federado y tienen exactamente los mismos problemas a la hora de repartir el percal entre landers, especialmente con Baviera. Año tras año. Eso de que "papa estado no interviene a menos que se lo solicite cualquier estado federado", no tiene ningun sentido, ninguno. El estado tiene estipulada su competencia, nadie tiene que pedir nada. Es mas. En un estado federado el techo competencial de todos sus comunidades o territorios debe ser el mismo. La asimetria en un estado federado no existe. Estais muy perdidos.

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  • 4 TOTOFREDO 23/04/15 20:21

    El auge del independentismo, estuvo ligado directamente a las actuaciones del ex-honorable Pujol, y su pretensión de no asumir ninguna responsabilidad por los hechos cometidos y que iban a conocer. Se envolvió en la bandera y lo que en su momento tenía un toque folclórico, se ha vuelto en su contra, porque los catalanes si algo no son es tontos. Todo ese entramado ha apoyado la causa secesionista "soñando que en una Catalunya Lliure, nadie les metería mano", pero la gente se esta espabilando y a TODOS los sinvergüenzas se les terminara pasando por la garlopa, judicial o social.

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  • 3 phentium 23/04/15 19:42

    (h)urgandoahí dijo..
    A ver.....en principio cambiaria en que papa estado no interviene a menos que se lo solicite cualquier estado federado. Economicamente esto implica, entre otras cosas que cada aautonomia-estado debe ser eso: AUTONOMA. Es decir, depende de sus propios recursos. ¿Quiere esto decir que las comunidades deficitarias dejaran de percibir dinero de las que tienen superavit?. Noooo. Pero se lo trajinaran entre ellas. Asi que si, pongamos Catalunya necesita mas financiacion se la uede pedir a cualquier otro estado-comunidad. Y esta ultima concedera esa financiacion en funcion de las condiciones y de las garantias que la otra ofrezca e imagino que de alguna cosilla mas. El sistema es mucho menos manipulable que el actual y nadie puede decir que "le roban". Si la comunidad deficitaria no encuentra otra comunidad que le financie, entonces si que dirige su mirada a papa estado. Y cuando hablo de financiar no me refiero al presupuesto total de la comunidad. Normalmente seria proyectos concretos.

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  • 2 (h)urgandoahí 23/04/15 08:47

    El día que alguien explique, lo que nadie  ha conseguido hasta la fecha, qué diferencia habría para Cataluña entre ser un "Estado dentro de una España federal" y la situación actual doblarán las campanas del Principat  (y de España y del Vaticano. Y hasta cantarán los almuédanos, según Margallo. Y se loará por los siglos de los siglos al exégeta). Por si  fuera pequeño el reto, ese alguien también debería ser capaz de explicar cómo va a conseguir que el resto de los "Estados federados" admitieran cualquier incremento del autogobierno catalán. Entonces se verían señales en los cielos y todos seríamos felices y hasta los peperos pagarían a Hacienda con gusto.

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  • 1 Artero 23/04/15 03:13

    Personalmente, no creo que el independentismo en Cataluña, haya conseguido mas apoyo, que el no independentismo, en ningún momento de la historia

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