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La distancia


Publicada 03/08/2013 a las 14:28 Actualizada 03/08/2013 a las 15:20    
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La distancia

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha mostrado hoy su escepticismo en la comparecencia de esta mañana ante el pleno del Congreso. "Vengo a frenar esa erosión de la imagen de España que algunos cultivan", ha señalado. En su opinión, "diga lo que diga" habrá quienes pidan su dimisión.

Los colaboradores o amigos más cercanos de Rajoy deberían sugerirle que siguiera la pista de "In Sickness and in Power" el libro del neurólogo y ex ministro David Owen, fundador del Partido Socialdemócrata británico. Y no se preocupen por la distancia ideológica, no es un libro de ciencia política; más bien, de política vista desde la ciencia.

Cocinero y fraile, el Doctor Owen, que fue ministro de Asuntos Exteriores y de Sanidad del Gobierno de su Majestad y ha estudiado en profundidad el cerebro humano, habla con evidente conocimiento de causa del que define como "síndrome de hybris", un "desorden de personalidad" que consiste en el paulatino aislamiento de los poderosos, más intenso cuanto más poder ostentan, que les lleva a un cambio de carácter y hasta de personalidad.

Se tornan arrogantes, insensibles, sordos a críticas o correcciones, no aceptan los fracasos, pierden el sentido de la realidad y se alejan de los ciudadanos hasta despreciar los estados de opinión publica cuando les son adversos: carecemos de su responsabilidad o su nivel de información y, por tanto, de fundamento para poner en cuestión sus decisiones. Owen habla claramente de enfermedad mental y alerta sobre el peligro que supone esta pérdida de la realidad por parte de quien tiene que decidir y gestionar los destinos de un país.

Como muy bien recuerda Pilar Cernuda en su último libro, años antes de que Owen otorgara carta de naturaleza científica a este "síndrome" en el año 2008, en España ya teníamos más que trillado el llamado "síndrome de la Moncloa", que había atacado a Suárez, a Calvo Sotelo, a Felipe González a José María Aznar y a José Luis Rodríguez Zapatero.

Se hablaba aquí, por tanto, de arrogancia y desconexión con la vida de la calle, de incapacidad para analizar la realidad cotidiana, de alejamiento de quienes llegaban a habitar aquel recinto.

El síndrome llevaba el nombre de La Moncloa, y hasta pudiera pensarse que la maldición estuviera en el Palacio ante la sorprendente reiteración de los síntomas comunes pese a la distancia ideológica, de talento y de carácter de los inquilinos. Pero no; parece que éste síndrome y el de hybris son primos hermanos y sacuden el ánimo de quienes alcanzan lo mas alto en la política: Owen estudió a los presidentes de Estados Unidos y primeros ministros del Reino Unido en los últimos cien años.

Esta semana hemos visto y escuchado a Rajoy en el Congreso. Ha llegado a decir lo que mas arriba se reproduce, que acudía a frenar la erosión de la imagen de España, a pesar de que es sabido que fue la oposición quien forzó la comparecencia, y que lo que hace daño a la imagen de España es hablar de corrupción, no la corrupción misma, cuando el diálogo, la crítica y el debate son la esencia misma del juego democrático. No dimite y mantiene que no hay comportamiento irregular ni siquiera reprochable en su partido, mientras las encuestas -que según la portavoz no afectan al gobierno- recogen cada vez más desapegos. ¿Estaremos entonces ante los síntomas de hybris o Moncloa? ¿Empezará a sufrir Rajoy el síndrome de los poderosos? ¿Será contagioso hacia sus mas próximos círculos de poder?

Es sólo una sugerencia bienintencionada y les aseguró que patriótica, realizada con todo respeto hacia el Presidente del Gobierno de mi país, pero quizá fuera razonable que alguien en Moncloa se informara sobre el recorrido de estos síndromes.

Más que nada por si lo de esta semana en el Senado son ya las primeras manifestaciones. Que quizá no, pero mejor estar atento por si acaso.


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1 Comentarios
  • 1 iiiiiniiiii 03/08/13 16:52

    Es evidente que como decía Lord Acton el poder corrompe, eso mezclado con las pocas responsabilidades que se exigen en España (raramente la gente cambia su voto) hace que los dirigentes se sientan aún más invencibles. Como dice Chris Hayes en Twilight of the Elites, la distancia social de los gobernantes con los ciudadanos (provocada por el propio sistema de meritocracia) además de provocar el efecto Hybris de superioridad ayuda a que no vean el impacto de sus decisiones. Como se explica si no que no quieran hablar con la gente que sufre sus decisiones, en su burbuja están mejor. www.tangledpolitics.wordpress.com

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