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Desde la tramoya

Mayorías silenciosas, espirales de silencio y silenciosas reuniones

Publicada 13/09/2013 a las 06:00 Actualizada 13/09/2013 a las 01:07    
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Cientos de personas participan en la cadena humana entre las localidades de Avinyonet del Penedès y Cantallops.

Cientos de personas participan en la cadena humana entre las localidades de Avinyonet del Penedès y Cantallops.

SUSANNA SÁEZ
Dice el Gobierno que hay una “mayoría silenciosa” de catalanes que no se ha manifestado durante la Diada en esa cadena humana impresionante que ha recorrido Cataluña de Norte a Sur. Se trata del típico argumento que, siendo objetivamente verdadero, resulta sin embargo falaz y, sobre todo, poco inteligente. Desde la explosión independentista de la Diada del año pasado, que sorprendió por su volumen al resto de España, hay pocas cosas tan ciertas como que en Cataluña ha ido creciendo el sentimiento colectivo de que el país –como allí se denominan sin el más mínimo problema, en contraste con el uso de “el Estado” o “España” para denominar a la otra parte– tiene por primera vez la ocasión de decidir sobre su futuro. Sin duda, serán siempre más los que se queden en casa –por pereza, por fuerza mayor o por discrepancia ideológica– que los que salgan a la calle a manifestarse por la independencia, pero todas las encuestas, las haga quien las haga, dan ya mayoría a la opción independentista en caso de referéndum. De manera que sí, cierto, una “mayoría silenciosa” no se manifestó el miércoles, pero muy probablemente esa misma mayoría silenciosa votaría “sí” a la independencia si se le planteara la decisión.

Dicen otros que los defensores de la permanencia de Cataluña en España están sometidos a la famosa “espiral del silencio”: callados, con temor a manifestar su opinión, que sienten minoritaria o menos prestigiosa socialmente. Y es verdad también. Las banderas esteladas, las camisetas amarillas del miércoles, las pegatinas independentistas y los comentarios de café dentro del universo “España nos roba”, son mucho más locuaces y visibles que un hoy increíble y poco prestigioso mensaje que dijera “Viva España” o “Cataluña sin España es menos”. Pero el liderazgo político consiste precisamente en crear –o mejor, recrear y reforzar– esas corrientes de opinión. Y nadie puede negar hoy habilidad a los independentistas, que han encontrado el ansiado momentum, los argumentos sencillos, los símbolos fáciles y los procedimientos adecuados para que los catalanes, en una mayoría cada vez más notable, sientan que nadie debería hurtarles el “derecho a decidir”. La pérdida estrepitosa de apoyo a CiU en las últimas elecciones no hace sino confirmar ese hecho. Las encuestas y sus analistas explican que la sociedad catalana se ha polarizado naturalmente entre las opciones más nítidas, dejando en una posición más precaria a los partidos más centrales, CiU y PSC particularmente. Es esta una de esas ocasiones en las que las posiciones más moderadas, del “no pero sí” o del “sí pero no”, como la vía federal planteada por el PSC, no logran apoyo suficiente, fagocitadas por las propuestas maximalistas, del “no” o el “sí” sin matices. Por eso, una opción tramposa en una consulta que ya parece inevitable, en la forma de una pregunta con tres opciones, o haciendo contorsionismo con la pregunta, resulta ya poco probable, porque con seguridad el Gobierno catalán no la aceptaría.

Es una lástima observar lo mal que el Gobierno español ha afrontado en los últimos años, incluidos los de Zapatero, este desafío. Conviene recordar que todo empieza con un gobierno autónomo de Maragall, que no por socialista dejaba de ser, como mínimo, filo-independentista. Que la cosa siguió luego con la complicidad inteligente de Zapatero, que permitió una negociación amplia y generosa inicialmente del nuevo Estatuto catalán. Revisitar hoy las sesiones de control al Gobierno en que se preguntaba a Zapatero de manera insidiosa si estaba de acuerdo con que Cataluña fuera declarada nación, resulta enternecedor pero triste. Finalmente, ya en época de Montilla, que también desempeñó el papel de líder de una nación maltratada, al Estatut se le pasó el peine, con un Zapatero que de pronto cede a las posiciones más centralistas, intuyendo lo que luego ocurriría: que el Tribunal Constitucional prácticamente anularía los cambios estatutarios. Aunque con seguridad la inmensa mayoría de los catalanes no sabrían decir en qué quedó demediado su texto, o cuántos miles de millones de euros se perdieron luego en la negociación también frustrante de su financiación, prácticamente todos saben que “España” negó sus pretensiones y recortó sus dineros. Lo que parecía una solución inteligente, una España federal con una Cataluña con más competencias y una identidad reforzada, finalmente quedó en una gran decepción.

Añadamos a eso una crisis económica brutal, que incrementa de manera automática el patriotismo y el egoísmo, y un Gobierno del PP en España que cuanto más se empeña en demostrar que “le gusta Cataluña” más constata que en realidad no sabe cómo tratarla, y ya tenemos el ansiado momentum: de pronto aparecen esas imágenes emocionantes de padres llevando a sus hijos en la bicicleta enarbolando la bandera catalana, o de niños y mayores dándose la mano en una inmensa cadena, de portentoso atractivo mediático. Todos en pos de un objetivo común e inspirador: una nación que se emancipa. En estos casos, es bueno mirar la prensa internacional, siempre menos implicada emocionalmente, y lo cierto es que lo que el mundo ve es simple y llanamente, un proceso pacífico de emancipación nacional.

Esa enorme ola nada silenciosa, pacífica, democrática, lúdica, irresistible, contrasta con la imagen que solo podemos intuir, porque la reunión o reuniones fueron secretas, de los dos líderes de las dos naciones reunidos tratando de negociar una salida. Lamentablemente, nos imaginamos a Rajoy como un hombrecito pequeño e incapaz frente a esa cadena humana inmensa. Las pataletas de los medios conservadores, de los analistas de la derecha más rancia, y, no digamos, de unos cuantos imbéciles exaltados y violentos, no hacen sino incrementar la fuerza de los líderes independentistas, las ganas de hablar de esa “mayoría silenciosa”, y la impotencia de quienes creemos que España debería ser un Estado federal.

A algunos nos parece hoy mucho más probable que ayer que Rajoy pase a la historia como el presidente bajo el cual España se rompió en pedazos. Ironías del destino: “España está en estado de disolución”, nos decía Aznar hace cuatro años, cuando las pulsiones independentistas eran aún minoritarias y mucho menos locuaces y centrales que hoy. Yo siento que al designado de Aznar le falta estatura para mantener unidas las débiles costuras de España que, ahora sí, se les rompen sin que sepan siquiera por dónde empezar a coser.


7 Comentarios
  • 7 diaspora 14/09/13 19:32

    Debo de ser un bicho raro, en esta Catalunya, donde andar por las calles es peligroso y hablar castellano más peligroso aun. Andaluz de procedencia, con hijos y nietos catalanes, aun no he vivido los problemas que algunos pintan de Catalunya y son 50 años viviendo en este país, no concibo tanta tontería, es mas fácil la democracia es votar. Sin miedo que permitan la consulta a los catalanes, y a partir de hay que cada parte los del Si y los del No expliquen con la verdad por delante lo bueno y lo malo de cada cosa el quedarse o el irse, y entonces una vez que cada uno haya disipado sus dudas, que vote en conciencia, al fin y al cabo eso es la democracia.

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  • 6 Jhal 14/09/13 13:13

    Todo empieza por un '¿Y por qué no?. 'Invito al resto de pueblos de España a sumarse a la iniciativa de Cataluña. No hace mucho las iniciativas propuestas en el nuevo Estatut de Catalunya fueron copiadas por otras comunidades españolas.  Cataluña recibió palos de la caverna, pero Madrid y Andalucía quisieron tambien aplicar algunos artículos.  ¿Y por qué no?, pensad que sin Madrid, las cosas suelen ir mejor. Os recuerdo las 23!!! 'suspensiones de pagos históricas' de nuestros amigos centralistas':  Carlos I en 1519, Felipe II en 1557 y 1596, Felipe III en 1607, Felipe IV en 1627 y en 1662, Carlos II en 1666, Carlos IV en 1799 y 1809, Fernando VII 1814 y 1820, Isabel II en 1866, Amadeo I 1872,  Afonso XII en 1882, ; el dictador Franco en 1939.  

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  • 5 Belley 14/09/13 12:06

    Si nos ponemos en lo peor, es decir, que Catalunya se independice gracias a la inmensa torpeza del españolismo central (que, por ejemplo, considera una fascistada la obligación de que los hijos de familias castellanohablantes estudien en catalán si viven en Lleida o Badalona, pero ni se plantea que una niña de familia catalanohablante pueda acceder sin problemas a estudiar en su lengua si vive en Almería o Salamanca), lo único que veo de positivo del probable desmembramiento de lo que hasta ahora ha sido España es que la monarquía desaparecería también, víctima del agravio comparativo que sufriría frente a una República de Catalunya y una Euskal Errepublika ya liberadas de garrapatas borbónicas. O quizá la solución estaría en que antes de ese cataclismo los españoles nos diésemos una Tercera República que nos acogiese a todos (vascos, gallegos, catalanes, andaluces, murcianos, etc.) como iguales en nuestra diversidad. ¡Hermoso y probablemente imposible sueño en este país de chorizos!

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  • 4 Maria garcia 13/09/13 23:36

    Cuando se organiza una manifestación, hay muchos que no van porque no pueden: trabajadores por turnos, enfermos crónicos, madres con niños, gentes que no pueden pagarse el transporte..Estos no son pocos..La Convocatoria dura un par de horas, y no se avisa con tanta antelación. Además, hay grupos revienta manifestaciones.. Habría que multiplicar los asistentes por un coeficiente de correlación..Para mí, el hecho de que los votos en las pasadas elecciones estuvieran más repartidos, es positivo.. España fue una invención de los monarcas en su día. Y su reino se extendía por medio mundo..Para muchos, representa la continuidad del statu quo, o sea, ser nietos, hijos y padres de ricos. Y todavía con títulos "nobiliarios"..

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  • 3 Antonio Roca 13/09/13 13:46

    Me gustaria presentar una propuesta de consulta que leí en un periodico de Barcelona. El Estado podría hacer una consulta sobre la Independencia. Solo se sentaría a negociar la independencia con un 60% del voto a favor de la independencia contado sobre el CENSO (el porcentaje en el referendum constitucional fue del 61 por ciento sobre el Censo y el 91% sobre los votantes) y mas del 50% en cada provincia y en Barcelona capital tambien contado sobre el CENSO. Un debate de 6 meses y la dirección de los Servicios de Television y radios publicas catalanes en manos de una comisión neutral (Hoy es propaganda independentista) Mayorías menores sobre una cuestión que no es un cambio de Gobierno sino que es trascendental en la vida y nacionalidad de las personas no se pueden permitir. Para romper España y convertirlo en lo que queda de España no son tolerables 50% de los votantes. Para hacer un estado independiente e irreversible para las personas que no quieren cambiar de nacionalid tampoco.

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  • 2 Miju33 13/09/13 11:57

    ...continuación...se habla de una mayoría silenciosa no independentista. No sé su número, pero sí sé que sí colgará una bandera española en mi balcón podría tener problemas. También se comenta sobre la extrema derecha española. Por favor, denuncien también a la extrema nazionalista catalana, que la hay. Averigüen de dónde salen los ingentes recursos de que dispone la ANC. Identifiquen a miembros de estas "pacíficas" organizaciones, muchos de ellos antiguos miembros de Terra llore y organizaciones similares. Y el gobierno de Madrid, que espabile, que explique bien en términos económicos y políticos lo que significaría la independencia para Catalunya.

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  • 1 Miju33 13/09/13 11:47

    Detrás de esa "enorme ola nada silenciosa..." existe un Movimiento nada pacífico, más bien radical, hostil con el diferente. Durante toda mi vida, 66 años, hasta ahora en Barcelona uno hablaba el idioma en que era interpelado fuera castellano o catalán. Hoy te diriges a alguien en castellano y te responden en catalán. 

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