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Plaza Pública

La urgencia de la pobreza: medidas contra la indiferencia


Florent Marcellesi Publicada 24/02/2014 a las 19:56 Actualizada 25/02/2014 a las 11:12    
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Manifestantes protestan para pedir luz a precio justo, en Santiago de Compostela este 1 de febrero.  EFE

Manifestantes protestan para pedir luz a precio justo, en Santiago de Compostela este 1 de febrero. EFE

¿Cómo no indignarse ante un mundo donde unas pocas personas son cada vez más ricas y una gran mayoría es cada vez más pobre? La realidad es que tan sólo el 1% de la población del planeta acapara hoy más que nunca: la mitad de la riqueza mundial. Tan sólo diez personas de Europa tienen en sus manos más dinero que el inyectado a la economía en medidas de estímulo público para salir de la crisis. Tan sólo veinte españoles tienen el mismo dinero que el 20% de los españoles con menos ingresos. Mientras tanto, desde el inicio de la crisis, más de cinco millones de personas caen cada año en la pobreza en Europa...

Por supuesto, esta situación se ceba primero con los grupos sociales más vulnerables. Por ejemplo, el paro juvenil alcanza el 20% en el conjunto de la Unión Europea (UE) y más del 50% en España donde además el 25% de la población por debajo de 30 años no ha terminado los estudios obligatorios. Es una verdadera bomba de relojería social ya que, a falta de su inserción en el mercado laboral, este colectivo sobrevive gracias a la solidaridad familiar, que muchas veces es de por sí precaria por el desempleo o la reducción de las pensiones. Por otra parte, ha aumentado peligrosamente el riesgo de exclusión social de las mujeres que son las que ocupan principalmente puestos a tiempo parcial, precarios y de economía sumergida. El fin de la Ley de Dependencia ha sido tristemente decisivo para que muchas de ellas vuelvan a ver limitadas sus opciones de entrar al mercado laboral por tener cargas familiares o acumular de forma insostenible e injusta a la vez empleo y tareas de cuidado.

Por si fuera poco, hoy por hoy la pobreza es también no poder permitirse encender la luz o la calefacción. Con el aumento de los precios de la energía sobre todo en los países más castigados por la crisis (un 9% en España, 11% en Italia, 15% en Grecia o 21% en Chipre) y los ajustes de las políticas de recortes, uno de cada seis hogares en España sufre de “pobreza energética”. Estos hogares son incapaces de satisfacer sus necesidades domésticas básicas o se ven obligados a destinar una parte excesiva de sus ingresos a pagar las facturas energéticas de sus viviendas. Como bien sentencia el Comité Económico y Social Europeo en un informe recientemente publicado, “la energía es un bien común esencial, debido a su papel indispensable en todas las actividades cotidianas, que permite a cada ciudadano tener una vida digna, mientras que carecer de él provoca dramas. La pobreza energética mata física y socialmente”.

Es evidente que esta situación de emergencia se debe en gran parte a las políticas de recortes, principales responsables de que hoy personas enfermas no puedan tener acceso a sus medicamentos o de que niños no puedan acceder a los comedores escolares. Para terminar con este empobrecimiento generalizado, lo primero es, por tanto, terminar ya con las políticas de austeridad impuestas por la Troika (Banco Central Europeo + Comisión Europea + Fondo Monetario Internacional) y los gobiernos nacionales. Al mismo tiempo, necesitamos actuar ya con un plan de emergencia social europeo que incluya:

  • Fondos suficientes para la "Garantía Juvenil Europea". Esta garantía, luchada desde hace años por parte de Los Verdes Europeos, tiene como objetivo que todas y todos los jóvenes de hasta 25 años reciban una buena oferta de empleo, educación continua, formación de aprendiz o período de prácticas en un plazo de 4 meses, tras quedar desempleados o acabar la formación formal. El actual plan de la UE para acabar con el paro juvenil está dotado con 6.000 millones de euros cuando según la Organización Internacional del Trabajo son necesarios al menos 20.000.
  • Fomento de los empleos verdes que a la vez protegen el medio ambiente y crean utilidad social: rehabilitación de edificios, energías renovables, agricultura ecológica, economía de cuidados, movilidad sostenible, gestión de residuos, etc. Según numerosos estudios, ¡podrían llegar a representar hasta 2 millones de empleos para 2020 en España!
  • Políticas de igualdad que faciliten la conciliación familiar y reduzcan el impacto del trabajo a tiempo parcial en el empleo de las mujeres. Se debería incluir políticas específicas de apoyo a familias monoparentales, facilitar la reincorporación de la mujer al mercado laboral y asegurar la capacidad adquisitiva de las pensiones no contributivas.
  • Un “Compromiso Europeo de Seguridad y Solidaridad Energéticas” para proteger a la ciudadanía frente a la pobreza energética e impedir su exclusión social, tomar medidas para garantizar a cualquier persona en Europa un acceso fiable y uniforme a la energía a precios razonables y estables, y, en paralelo, garantizar la transición hacia una sociedad libre de carbono y de petróleo.
  • A medio plazo, una “seguridad social europea” como mecanismo de solidaridad y redistribución entre países de la UE, la implementación de un salario mínimo europeo igual a 60% del salario medio de cada país y, a largo plazo, la puesta en marcha de una Renta Básica de ciudadanía europea.
La buena noticia es que los recursos necesarios para todo ello ya existen en Europa: el coste social de la corrupción en Europa asciende a 140 mil millones (más que el presupuesto de la UE), mientras que el fin de los paraísos fiscales supondría 1 billón de euros más para las arcas públicas a nivel europeo, es decir ¡2.000 euros por cada ciudadano europeo al año! La lucha contra la pobreza también se financia repartiendo la riqueza de los que más ganan y más contaminan: impuesto sobre las transacciones financieras en Europa, tasa de carbono para internalizar los costes reales del CO2, renta máxima europea (por ejemplo siguiendo los pasos de la iniciativa del salario máximo “1:12” en Suiza) y consumo energético máximo permitido.

La pobreza no es una fatalidad. Es consecuencia de un sistema social y económico que privilegia los beneficios de unos pocos sobre el bienestar de la mayoría y que, en tiempos de crisis, agudiza aún más esa desigualdad. Frente a ello, hay soluciones basadas en la justicia social y ambiental para que todos podamos gozar de una buena calidad de vida sin perjudicar a nadie ni hipotecar a las generaciones futuras. Desde la ecología política, este es mi compromiso para reinventar Europa.
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Florent Marcellesi, activista, investigador y candidato a las primarias de Equo para las elecciones europeas. 


1 Comentarios
  • 1 baldos 15/04/14 16:55

    Magnificas utopía para países desarrollados, pero hay que tener en cuenta que estamos en España y que tardaremos poco, en ser una prolongación de África, respecto a la pobreza, ya que el Sur de Europa, interesa bien poco al Norte de este mismo Continente.

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Opinión
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