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García Márquez: lo que da sentido a nuestra vida

Publicada 18/04/2014 a las 22:21 Actualizada 18/04/2014 a las 22:55    
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El legado de García Márquez

15 años le estuvo rondando a Gabriel García Márquez ese Macondo imaginario. Una pequeña aldea de 20 casas de barro, que en realidad escondía su Aracataca natal. Su infancia con sus abuelos: el coronel Nicolás y la supersticiosa Tranquilina. Vivencias que plasmó en sus primeras obras: 'La Hojarasca' o 'El coronel no tiene quien le escriba'. Y pronto le llegó su gran éxito: 'Cien años de soledad', obra cumbre de la literatura hispanoamericana. Una auténtica locura fue cómo se vivió en Colombia su Nobel de Literatura. Una ceremonia protocolaria que él rompió con ese traje de lino blanco típico del Caribe. Porque Gabo nunca tuvo miedo al qué dirán. De ahí su polémico alegato en contra de la ortografía. O su estrecha amistad con Fidel Castro. Colombiano errante, vivió en Nueva York, París, Barcelona y fijó su residencia en México. Periodista antes que escritor, su obra abarca más de medio centenar de relatos. Toda una vida narrando, plasmando ese realismo mágico en miles y miles de páginas. Toda una vida viviendo y dispuesto a contárnoslo.

Lo escribo como lo recuerdo en este instante: "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella remota tarde en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos." Lo reproduzco desde la memoria afectiva más profunda y antigua, desde una adolescencia decididamente influida por aquella obra inmensa que me abrió la puerta al universo mágico de la mejor literatura en lengua castellana e inclinó mis pasos vitales a la que ha sido y es mi profesión.

Cien años de soledad, que leí en el metro mientras iba a clase, acaso sea para el mundo la obra cumbre de García Marquez; lo es. Para mí supone el momento más decisivo de mi vida, ese en el que las cosas cambian para siempre porque tu universo interior y el mundo que lo rodea se diluyen, se transforman, modifican su rumbo y te hacen otro.

No fui consciente entonces, y creo que no lo he sido hasta la muerte de García Marquez esta semana.

Lo sé, porque lo primero que sentí al conocer la noticia fue la incómoda certeza de que jamás le entrevistaría, jamás podría decirle a él lo mucho que había supuesto para mí Macondo, su atmósfera, sus personajes, su forma de contarlo. No llegué a conocerle. Este privilegio que a veces te otorga nuestro oficio de tratar y conversar con personas objetiva y subjetivamente importantes no alcanzó su figura. Y lo sentí. Como también, inmediatamente después, la intensidad cierta del dolor por la muerte de alguien cercano, querido.

Supongo que ese adiós inesperadamente triste está conectado a esa realidad de identificar al autor con la obra que tanto me trajo. Aquel adolescente curioso e indeciso, tímido y despierto, fue descubriendo en los trayectos a clase y en alguna noche de sorprendido insomnio, un mundo que nunca pensó, contado con luces, colores y sabores tangibles, que se coló en su interior hasta quedar prisionero en la memoria y el corazón dictando desde allí ideas y caminos nuevos, admiración por el arte literario, deseo de emular, de buscar la perfección, fe en lo bien hecho y bien trabajado —me fascinaba su técnica de pulir poco a poco las frases, como el agua a los huevos prehistóricos del fondo del río— y una curiosidad por el periodismo, sus herramientas y sus valores, que me llevó a esto de contar lo que pasa como oficio de placer y compromiso.

Seguí leyendo, seguí aprendiendo, me dediqué a lo de informar y no dejé de buscar la forma y el fondo de lo que empecé a admirar entonces. Y ahí sigo: viviendo y aprendiendo. Creyendo y disfrutando del arte de contar.

Desde hoy con una muesca en el alma por la muerte de quien me abrió sin saberlo mi camino. Y nunca lo sabrá.

O quizá si, porque quizá ese sea el secreto de los que tienen el poder de la magia literaria: cambiar el mundo empezando por dar la vuelta a la realidad con la herramienta de ponernos ante el espejo; penetrar en nuestra esencia, en el corazón de la condición humana para enseñarnos lo que en realidad somos, lo que da sentido a nuestra vida.
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2 Comentarios
  • 2 359gcu 19/04/14 19:07

    Dicen que los estrategas se acuerdan de viejas campañas, cuando empiezan una nueva. En honor a Gracia Marquez va : Mi querida. España, eras una niña demócrata y feliz. Pero te fuiste con. Rajoy. Y te as vuelto una adolescente insoportable.

    Responder

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  • 1 359gcu 19/04/14 18:55

    El coronel no tiene quien le Escriva. Espero que un día melquiades entre la moncloa con los manuscritos descifrados de la historia de España y todo se diluya y desaparezca esta pesadilla maldita, mentirosa y re escrita. Eras el tío mas legal y correpto de R3. VALE

    Responder

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