Accede a todos los contenidos de infoLibre durante 15 días por 1. | El periodismo tiene un valor

infolibre Periodismo libre e independiente

¿Quiénes somos? Sociedad de Amigos
Buscador de la Hemeroteca

Hazte socio
Iniciar sesión Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Has olvidado
tu contraseña?
Secciones

Regístrate en infoLibre Comenta las noticias y recibe las últimas novedades sobre nosotros.

Gracias por registrarte en infoLibre Si además de comentar noticias quieres hacerte socio, sigue este enlace: Hazte socio
Formulario de Registro
¿Qué es Nombre público?

Es el nombre que se mostrará cuando hagas un comentario en infoLibre.es



Verso Libre

Los premios literarios

Publicada 14/06/2015 a las 06:00 Actualizada 14/06/2015 a las 11:35    
Facebook Twitter Mas Redes

Envíalo a un amigo Imprimir Comentarios 5

A Pedro Zerolo

Me lo contó un amigo sacerdote. Ocurrió en la capilla del tanatorio de Motril. Oficiaba un funeral solitario. La muerte había sorprendido en el sur de España a un hombre del norte mientras viajaba con su mujer por la costa de Andalucía. En la capilla sólo estaban la viuda, el féretro y el sacerdote. Sin el ropaje de la familia, los amigos y la cercanía de la tierra propia, la tristeza del funeral duplicaba el peso de la desolación sobre los bancos vacíos. Era un trámite solitario camino del crematorio, las cenizas, la carretera y el desamparo.

Antes de la última oración, el sacerdote pensó en hacer partícipe de la ceremonia a la viuda y le preguntó si quería decir algo. La mujer se levantó, se acercó al féretro y murmuró: “Aquí / no es diaria ni justa la existencia. / Bésame y resucita si es posible”. El nombre del poeta y las explicaciones de la cita literaria sorprendieron a mi amigo. Escribió para contármelo. Unos versos míos escritos en 1981 servían en el 2013 para que alguien habitase con sus recuerdos una capilla vacía y una oscuridad demasiado llena.

Hace algunos años, en la feria del libro de El Retiro, se acercaron a la caseta en la que firmaba un hombre moreno y un hombre rubio. Me pidieron que no escribiese la dedicatoria en la portada, sino en un poema titulado Aunque tú no lo sepas. Pregunté el motivo y me contaron su historia. Habían mantenido durante meses una relación de amistad sin que ninguno de los dos se atreviese a hablar de amor. El hombre moreno decidió un día dar el paso. Aprovechando que el hombre rubio salía de viaje hacia Alicante, lo acompañó a la estación de Atocha y le dio un sobre, pidiendo que no lo abriese hasta que el tren estuviera en marcha. Dentro del sobre había un poema que hablaba del amor callado, silencioso, el deseo que vive de un modo cotidiano encerrado en la imaginación por miedo a que la realidad se llene cristales rotos.


El hombre rubio se bajó en la primera estación, compró un billete de vuelta a Madrid y fue en busca de su amor. Pedro Zerolo casó a la pareja años más tarde. Unos versos de 1994 interrumpieron un viaje en 2001, sirvieron para cambiar las vías de una historia y fueron recitados en una boda en 2005. Las palabras de un libro pertenecen a los lectores tanto como a los autores. Los sueños de los luchadores se hacen realidad al convertirse en un patrimonio común de la gente.

Estoy ahora en Quito, en un festival de poesía. Un joven poeta ecuatoriano me confiesa una deuda. Mientras leía un poema mío en la biblioteca de la Universidad, una muchacha se sentó a su lado. Al cabo de unos minutos iniciaron una conversación tímida, ella preguntó qué estaba leyendo y él recitó el poema. Unas semanas después ella volvió a recitarle el poema, ahora en el oído, justo antes de darle el primer beso: “…date por muerto, amor; / es un atraco, / tus labios o la vida”.

El único premio literario importante lo recibe un escritor cuando tiene la suerte de comprobar que forma parte de la educación sentimental, la memoria y la vida de sus lectores.

Uno escribe versos y hace ficción por amor a la verdad. No hay belleza poética que no responda a la verdad. No me refiero, claro está, a la Verdad de los dogmas y las afirmaciones absolutas. Se trata de una versión más modesta: el respeto a uno mismo, la necesidad de no mentir, de no mentirnos, de definir un lugar más allá del cinismo, un espacio en el que no tenga sentido el juego de la relatividad.

El verdadero premio literario acontece cuando esa verdad deja de ser sólo nuestra para configurarse en la vida de los otros, allí donde se cumplen los destinos personales del amor y la muerte. El tiempo pasa de forma irremediable y las palabras con las que intentamos contener la vida también están llamadas a arder. Es así y es triste. Pero todo se da por bien empleado si el fuego encendido sirve para dar calor.
Relacionados


5 Comentarios
  • 5 Maria garcia 20/06/15 08:58

    IUCM tiene una via, que tomaron antes otros: Alistarse dentro del PSOE..Alli son bienvenidos siempre. 

    Responder

    Denunciar comentario

  • 4 Maria garcia 14/06/15 23:16

    Los Premios, para hundir al espíritu Libre..Que pena, que dolor, y tristeza..los que mueren para que su familia y amigos no sean esclavos..Acaso eran tontos en tiempo de Antonio y de Federico. 

    Responder

    Denunciar comentario

  • 3 Agar 14/06/15 17:40

    Qué hermoso artículo. Qué bálsamo tonificante para el espíritu. Gracias, Luis.

    Responder

    Denunciar comentario

  • 2 Irenepaz 14/06/15 16:34

    ¡Algunas personas hacen el mundo mejor!. ¿Que seria de nosotros, si vivieramos la vida sin la poesia?. Pase por el nacimiento y la muerte . La alegria y el dolor, el cielo y el infierno. Y al fin reconocí que yo estoy en todo y todo esta en mí. (Hazrat inayat khan). Dedicado a Zerolo. Un abrazo. 

    Responder

    Denunciar comentario

  • 1 Macrons 14/06/15 10:37

    “Las palabras de un libro pertenecen a los lectores tanto como a los autores.” Lo escrito, cuando es más mensaje que ruido, hace vibrar con distintos armónicos, según la sensibilidad del receptor. Algunos podrían sentir lo transmitido con más fuerza que lo sintió el autor, y en ese sentido, algo escrito, una vez comunicado, puede ser más del lector que del autor. “El tiempo pasa de forma irremediable y las palabras con las que intentamos contener la vida también están llamadas a arder. Es así y es triste. Pero todo se da por bien empleado si el fuego encendido sirve para dar calor.” Somos en el espacio-tiempo y en él nos vamos disolviendo hasta desaparecer. Atrás dejamos la estela de nuestras obras, de lo que dimos a otros sin esperar recompensa, por el mero placer de dar. Algunos, los más afortunados como Ud., legan a la humanidad lo escrito, para hacernos vibrar, para calentarnos el alma. Para engañar la soledad. Gracias.

    Responder

    Denunciar comentario

Lo más...
 
Opinión
Oferta anticrisis
 
Sociedad de amigos

Ya puedes ser accionista de infoLibre

Cargando...
Cualquier ciudadana o ciudadano interesado en sostener un periodismo independiente como garantía democrática puede participar en la propiedad de infoLibre a través de la Sociedad de Amigos de infoLibre.
facebookLibre