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Y sin embargo se mueve

La hipocresía transgénica en Europa

Publicada 14/01/2016 a las 06:00 Actualizada 21/01/2016 a las 10:58    
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Europa vive sumergida en la hipocresía. Son muchos los países que prohíben cultivar transgénicos en sus tierras y, a la vez, importan al año millones de toneladas. ¿Por qué no cultivarlos pero sí consumirlos? El miedo de los políticos a la opinión pública tiene mucho que ver con este entierro de la ciencia y alzamiento de la incoherencia.

Los cultivos modificados genéticamente son impopulares. Muchos ciudadanos arrastrados por las viscerales soflamas ecologistas creen que son peligrosos para la salud y destruyen el medioambiente. Lo cierto es que los transgénicos no dañan la salud. Una abrumadora evidencia científica demuestra que son seguros como alimentos. Llevamos consumiéndolos más de 20 años y no ha pasado nada. Tampoco han producido ningún mal en el medioambiente más allá del habitual cambio del paisaje natural que produce cualquier tipo de agricultura. Que puedan cruzarse con variedades silvestres o provocar resistencias a pesticidas no es algo exclusivo de la siembra de estas semillas. La agricultura tradicional también tiene esos riesgos.

Pasar la mano por el lomo de los grupos antitransgénicos evita conflictos. Darles la razón da buena imagen y combina de manera muy satisfactoria con otras razones más fundamentadas. Cada país tiene las suyas. Los hay que no tienen interés por la variedad que se quiere introducir porque no funciona bien en sus terrenos. Otros, como Italia, porque tienen unas políticas agrarias que se centran en el fomento de las variedades locales y la agricultura más tradicional. Francia para esquivar a los ecologistas ha vetado los transgénicos con la condición de que no ataquen la energía nuclear. Son muy pocos a los que les compensa el inmerecido descrédito que supone cultivar transgénicos. Tan solo lo hacen Portugal, República Checa, Eslovaquia, Rumania y España.

España vamos a la cabeza. En 2015 un total de 107.749,24 hectáreas fueron sembradas con MON 810, de Monsanto, un transgénico resistente al taladro gracias a un gen de bacteria con el que logra segregar sustancias tóxicas para el insecto. Este cultivo supone el 31,6% del total de maíz sembrado en el país. Tiene éxito porque esta plaga ha afectado con severidad los cultivos tradicionales. Con el transgénico los agricultores usan menos insecticidas y reducen costes. Este maíz está destinado al ganado, aunque también lo podríamos comer los humanos. Es inocuo. Tampoco supone ningún riesgo para el medioambiente puesto que no existen especies silvestres de maíz con las que hipotéticamente pueda cruzarse. La humanidad domesticó el maíz hace tantos miles de años que ya nada tiene que ver con la pequeña planta de teosinte de la que proviene.

Para justificar el no cultivo de transgénicos sin dar la cara la UE se ha inventado un mecanismo que atrapa a las compañías en un atasco burocrático que roza la parodia. Para que un transgénico sea aprobado debe recorrer un proceso con tirabuzón doble interminable. El panel de transgénicos de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) analiza las solicitudes de nuevos transgénicos. Tras explorar y contrastar la información científica proporcionada por la compañía que solicita la aprobación, la EFSA emite su veredicto. Hasta la primavera del año pasado, la normativa permitía que los países miembros pudieran cuestionar la decisión con cualquier objeción relacionada con la salud o el medioambiente aunque no tuviera fundamento. La agencia tenía la obligación de considerarla y analizarla. A través de una cláusula de salvaguarda, el país podía establecer una moratoria en el cultivo de transgénicos hasta tener una conclusión. Como consecuencia, la EFSA se veía envuelta en una maraña sin fin de investigaciones y las empresas gastar millones de euros para realizar los experimentos requeridos para demostrar la inocuidad de su transgénico.

Hasta ahora tras años de trabajo la conclusión ha sido siempre la misma: los transgénicos son seguros. Sin embargo, la decisión final la tienen los comités políticos, que nunca logran la mayoría necesaria para dar luz verde al nuevo producto. Así, la UE ha llegado a acumular décadas de retrasos en la aprobación de transgénicos que tienen el visto bueno de la EFSA. La mayoría de las empresas se han retirado. Las pocas que han podido resistirlo son las más adineradas, como Monsanto o Syngenta, demonizadas por los ecologistas por poseer la mayor parte del negocio. Como salto mortal final, hace unos meses la normativa se ha modificado en favor de la trampa. Ahora permite a los países prohibir los transgénicos por cualquier motivo no científico.

Tal y como tenemos planteada la agricultura hoy en día, no nos da para abastecernos. Por eso para alimentar al ganado que nos comemos, nos vemos obligados a importar soja y maíz transgénicos de países como Estados Unidos o Brasil, donde la inmensa mayoría de estos cultivos son modificados porque dan más beneficios al agricultor. Necesitamos estos productos, entre otras cosas, porque desde la crisis de las vacas locas el ganado no puede alimentarse con proteínas de origen animal. La mejor fuente vegetal de proteína de calidad es la soja y el maíz. También podríamos comerlos nosotros, pero si en la etiqueta figura que es transgénico suele ser rechazado por el consumidor, que sigue con el falso mensaje grabado a fuego que dicta que los transgénicos son venenosos.

Dentro de unas décadas cuando seamos 9000 millones de bocas que alimentar en el planeta los países que no se preparen con nueva tecnología agraria, como la transgénica, estarán perdidos. Para entonces, seguro que aquellos políticos que rechazan los transgénicos ahora los masticarán en público a dos carrillos.
LA AUTORA


10 Comentarios
  • 25 PFP 20/01/16 17:45

    Madre mía...¡Qué artículo tan simplista! ¡Qué análisis tan parcial y sesgado! Lo más llamativo es que obvia por completo el tema de "las patentes". Parece escrito desde, por lo menos, un conocimiento bastante limitado del asunto. No sólo se trata de cuestiones de salud o respeto de la biodiversidad (aspectos de por sí importantes), sino de un debate mucho más amplio y complejo relacionado con la libertad de poder decidir la forma de producir, comercializar y consumir productos agrarios. Al igual que alguien apunta más abajo, yo también soy ingeniera agrónoma.

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  • 24 Juan I. 19/01/16 19:54

    Parece que la defensa de los transgénicos con una sola corriente de información está de moda en la prensa digital ( Vease también el diario.es) por parte de estos comunicadores. Creo que se puede defender con conocimientos pero no con desconocimiento.  Además aporta el artículo una jerga de la caverna impropia de un medio como infolibre. Las soflamas de los ecologistas?. Falsos mensajes...transgénicos venenosos?. Y alegato final para los países que no cultiven transgénicos. Prepárense. Un poco más de información por favor. Parece que es un artículo de encargo de las farmacéuticas. 

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  • 23 JMLARRA 17/01/16 09:53

    Soy ingeniero agrónomo y también he sido investigador, antes de jubilarme. Estoy totalmente de acuerdo con América, punto por punto. Pareciera que, para Europa, los transgénicos fueran como los inmigrantes. ¡Todo un ejemplo de hipocresía, sí señora!

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  • 22 fmb1605 16/01/16 18:50

  • 21 alpitran 16/01/16 07:35

    Total desacuerdo con este art., una defensa a la Dictadura de los Mercados, me huele mal, y no comprendo como salen en este medio. La Libertad no es el Derecho a mentir, manipular y ocultar información. Decepcionante. 

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  • 20 mealjo 15/01/16 21:38

    El asunto de los transgénicos debe abordarse desde varios puntos de vista, no puede hacerse un debate puramente científico, porque hay mucho más que el hecho de que sean o no perjudiciales para la salud. Digamos que pasa lo mismo que con la clonación de humanos, no puede abordarse exclusivamente desde un punto exclusivamente científico puesto que tiene implicaciones éticas, ecológicas económicas... Sobre la inocuidad para la salud habría mucho que discutir, no me atrevería a afirmarlo en el caso del maíz contra el barrenillo, por ejemplo, que produce una toxina bacteriana que acaba con el insecto barrenador. ¿Alguien puede poner la mano en el fuego por la inocuidad a largo plazo sobre los humanos de esa toxina? Sobre las consecuencias ecológicas también habrá bastante que discutir. Estamos toqueteando algo que no sabemos muy bien como funciona a largo plazo, la información genética de los organismos. Está por ver las consecuencias que esas variedades transgénicas puedan tener sobre las variedades locales que no lo son, en el caso de que las haya. Por otra parte, decir que con los transgénicos se tendrá soberanía alimentaria es una cantaleta antigua ¿a qué me suena eso? Ah sí, la revolución verde de los años 60, que le pregunten a los agricultores y habitantes en general de los países del tercer mundo la soberanía alimentaria que les proporcionó una revolución puramente mercantilista, y esta de los transgénicos también lo es. Pero el hambre del mundo podría acabarse con los millones de toneladas de alimentos que se tiran en el primer mundo porque comercialmente no merecen la pena. Por favor que no se utilice un argumento tan falso en favor de los transgénicos. No me imagino a los consejos de administración de estas grandes empresas pensando en el hambre en el mundo. Por otra parte, que alguien me diga las ventajas de los un solo transgénico para los consumidores, porque lo único que se busca son mayores beneficios en la comercialización. Con todo, lo que más me preocupa es que una empresa se haga con la propiedad, como quien no quiere la cosa, de una especie animal o vegetal. ¿Se imaginan el panorama? A mí me da escalofríos.

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  • 19 JOSE VICENTE 15/01/16 20:39

     En este video un renombrado científico canadiense refuta toda la supuesta evidencia de que los transgénicos son saludable  https://www.youtube.com/watch?v=beSwPYRTAGA 

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  • 18 Lpaussie 15/01/16 17:59

    Transgénicos: El prontuario criminal de Monsanto (El mundo según Monsanto. En español y completo.) http://sastamente.blogspot.com.es/2010/10/transgenicos-el-prontuario-criminal-de.html

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  • 17 javiordel 15/01/16 16:56

    Creo que, como ocurre en tantos otros temas, se cruzan dos debates distintos pero, por desgracia, estrechamente conectados allí donde hay, por un lado, libre mercado (más bien capitalismo, pues identificarlos supone desvirtuar la realidad) y, por otro lado, sociedades civiles con movimientos poderosos (que tampoco cabe confundir con lo primero, aunque muchos liberales se afanan en ello). El desarrollo de la tecnología transgénica es, sin duda un avance muy importante y sería una lástima no ser capaces de articular mecanismos que permiten su aprovechamiento. Sin embargo, parece que quienes toman estas decisiones son empresas que únicamente piensan en su cuenta de resultados y no en las necesidades de los diferentes grupos de la población. Un enfoque distinto, basado en la soberanía alimentaria de la población, podría ser una alternativa provechosa.

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  • 16 eliazarroman 15/01/16 15:06

    Nadie sabe si los transgénicos son beneficiosos para la humanidad o perjudiciales, como siempre depende del color del cristal con el que se mira. Lo que si esta claro es a quien le interesa económicamente el desarrollo de esas semillas, a las grandes compañías que invierten y esperan sacar los máximos beneficios posibles, lo que tenemos que ver es a quien perjudica esa tecnología y me temo que como siempre a los que no disponen de los medios para acceder a esas semillas, países enteros ja están sufriendo las consecuencias. No creo que estas semillas se diseñen para beneficio de la gente, se crean solo y exclusivamente para hacer un buen negocio caiga quien caiga. Con el tiempo se sabrá si también perjudican a la naturaleza, personalmente estoy convencido de que si, perjudican. Los humanos ya tenemos una historia detrás y lo que se dice beneficios a nuestro planeta, pocos por no decir ninguno , quien se crea que estas semillas aportan algo bueno es un iluso o un interesado en este negocio.

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