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Muros sin Fronteras

De París a Bruselas, los mismos errores

Publicada 24/03/2016 a las 06:00 Actualizada 24/03/2016 a las 12:16    
EL AUTOR
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En una foto de la agencia Reuters en Idomeni, un menor herido en un brazo sostiene un cartel que reza: "Sorry for Brussels" (lo siento por Bruselas). Es un recordatorio de la existencia de decenas de miles de refugiados que la UE expulsa desde esta semana en dirección a Turquía, y quién sabe si a Siria después. Ellos y nosotros estamos en el mismo bando: los refugiados también son víctimas. Conviene no olvidar por qué los hechos son parte de la solución de un problema que no entendemos.

Nada esencial ha cambiado desde los ataques de París: seguimos dando palos de ciego. Es cierto que con tanto bombardeo sobre Siria, el Daesh (Estado Islámico) ha retrocedido en varias zonas del país, pero ha sido debido a los ataques rusos, cuyo fin es reforzar al régimen aliado de Basar el Asad, un criminal de guerra y responsable de miles de muertes, no por la política de Occidente.

Llevamos meses bombardeando aire, sin saber cuáles son los objetivos y quiénes los aliados locales en el terreno. De momento, si tenemos en cuenta las políticas de la UE, se deducen dos certezas: los enemigos son el Daesh y los civiles los que los padecen. Es un despropósito que viene de lejos.



Los servicios de espionaje estaban convencidos de que habría un ataque en Bélgica; lo esperaban en cualquier momento. Pese a este convencimiento no se ha podido evitar. Es cierto que resulta casi imposible defenderse de alguien que está dispuesto a morir. Si las medidas de protección hubiesen sido óptimas en el aeropuerto, el atentado habría sido en un supermercado. Buscan matanzas, necesitan publicidad.

Viñeta atentado Bélgica


Uno de los déficits de la respuesta político-policial (en España es clarísimo) es que se basa en el conocimiento acumulado en la lucha contra un terrorismo clásico, por definirlo de alguna manera: gente que desea atentar, salvar su vida y escapar. Las reuniones del pacto antiyihadista, como rémora de los pactos antiETA, son la prueba de que no sabemos a qué nos enfrentamos.



La célula que mató a 130 personas en noviembre en la capital francesa procedía del barrio de Molenbeek, en Bruselas; en el que se concentran los islamistas radicales. Para una operación de la envergadura de París se necesitaron más de siete suicidas y un octavo atacante que en el último instante decidió no auto inmolarse. Esta célula podría estar compuesta por una veintena de militantes, posiblemente la mayoría con pasaporte belga que pertenecen a la segunda o tercera generación; algunos pueden tener experiencia militar en Siria. No vienen de fuera, están entre nosotros.



La captura en Bruselas, el pasado fin de semana, del octavo atacante de París, Salah Abdeslam, puede haber sido la razón que ha activado a la célula. Abdeslam es la pieza débil, dos veces falso suicida: en París y en su captura. Puede ser una mina de información, alguien que nos ayude a comprender mejor el mundo radical.

Se ha repetido punto por punto la reacción de París: los directos de las televisiones, las declaraciones de los políticos, las viñetas emotivas en las redes sociales, la Torre Eiffel iluminada con los colores del país afectado (solo si es occidental), los túmulos de flores en homenaje a los muertos, los expertos en contraterrorismo diciendo lo que no dijeron antes.

Incluso ha salido a la palestra Manuel Valls, primer ministro de Francia, reclamando al Parlamento Europeo medias excepcionales, como el control de pasajeros, como si los tres presuntos atacantes del aeropuerto, a los que se ha reconocido en una foto de una videocámara de vigilancia –dos de ellos hermanos y suicidas, y un tercero oculto bajo una gorra y gafas– tuvieran intención de volar. Hay agendas políticas que no pierden una oportunidad.

Cuando suceden hechos tan terribles, aprobar leyes en caliente, recortar libertades y bombardear Raqqa (la capital del Estado Islámico) son muestras de incapacidad, no de fortaleza. Son la prueba de que no sabemos qué hacer. Bélgica habla de control de fronteras, pero el hecho es que los atacantes estaban dentro porque la mayoría son belgas. Las medidas excepcionales aprobadas en EEUU tras el 11-S, además de la invasión de dos países, no han traído más seguridad. Es mejor la reacción española al 11-M: se aplicaron las leyes, se capturaron a los criminales. No se ha podido acabar con las teorías de la conspiración porque algunos comen de ellas.



He aquí algunos puntos claves:

- Coordinación policial. En Bélgica hay dos cuerpos de policía: uno estatal dividido en policía flamenca y valona, y dos locales con la misma división étnico-lingüística. La realidad es que se trata de cuatro policías que compiten entre sí. Quien ha vivido en Bruselas sabe que allí se debió inventar la chapuza. Bélgica es un país ineficaz.

La Guardia Civil y la Policía Nacional compiten entre sí y a menudo no comparten la información de la que disponen. En España hay que sumar las policías autonómicas y las locales. Este galimatías se multiplica por 28 países cuando hablamos de policías europeas. ¿Para qué aprobar leyes de excepción si el problema esencial es la falta de coordinación, de un centro de mando y el intercambio de información?



¿Dónde está Europa? La UE solo está presente cuando se trata del dinero: el euro, los ajustes exigidos al Sur con tono de madrastra y la sobreprotección de la industria alemana aunque falsee las emisiones de los motores diesel.

No existe una política común de seguridad ni de inmigración ni fiscal. Si el terrorismo islamista es un problema europeo, como proclamó el presidente de Francia, François Hollande, ¿por qué no se buscan soluciones europeas más allá de suspender o no el tratado de Schengen? Otra prueba de ineficacia supina es convocar una cumbre de jefes de Estado y de Gobierno para salir en las televisiones y no aprobar nada, como es habitual cuando no se tiene ni idea de qué hacer. Lo más decente, las lágrimas de la ministra de Exteriores de la UE, Federica Mogherini.



Más eficacia, menos teatro. Antes que proponer Patriot Acts de bolsillo se debería evaluar la eficacia de las leyes existentes, conocer su aplicación, desarrollo y las posibilidades de mejora. Antes de cercenarnos libertades con la excusa del terror es necesario saber por qué no fluye la información entre policías y jueces de los países de la UE y aprender la mejor manera de luchar contra este tipo de terrorismo suicida.

¿Cómo pudo volar a Siria Abdelhamid Abaaoud, el presunto jefe de los ataques de París, y regresar a Europa si estaba condenado a 20 años de cárcel, sin que nadie le detuviese pese a existir una orden de busca y captura?

Las reacciones políticas tras un atentado de gran impacto, como el del martes, solo buscan simular seguridad; que parezca que las autoridades están trabajando. Una vez que la urgencia de la disimulación desaparece, se esfuma también la necesidad de realizar un trabajo eficaz y constante. Cuando se apagan los focos todo regresa a la desidia y a la incompetencia habitual.

Tener un plan político y militar. Si el enemigo es Daesh, que ocupa partes de Siria e Irak, ¿por qué no existe un plan para derrotarlo? ¿Cuáles son las alternativas para formar gobiernos en Siria e Irak que ofrezcan confianza y seguridad a sus habitantes?

Los últimos avances en Siria, cuya sostenibilidad no parece sólida sin aviones rusos en el aire, han reforzado la presencia de Daesh en Libia. Aún no hemos resuelto el problema en Siria y ya tenemos otro nuevo al otro lado de la costa europea.

¿Hay algún plan para evitar que Daesh se haga con el control de Libia? El ex director de la CIA, general David Petraeus, propone pactar con Al Qaeda para que sean ellos quienes luchen contra Daesh. En Siria, Al Qaeda es el Frente al Nusra. Petraus ya realizó esta jugada como responsable militar en Irak en 2007: comprarse la insurgencia iraquí que luchaba contra EEUU para lanzarla contra la insurgencia foránea. Después, los dejó abandonados su suerte ante un Gobierno chií sectario.

¿Aún vendemos armas a los países del Golfo a sabiendas de que muchas acaban en Siria? ¿Qué y cuánto vende España, ministro Morenés? ¿Cómo pretendemos acabar con Daesh si les estamos armando? ¿Existe algún plan para quebrar el Cibercalifato, una herramienta muy eficaz con la que captan combatientes en el extranjero?

¿Qué futuro laboral ofrecemos a los miles de jóvenes europeos de origen árabe que se sienten desplazados e ignorados? ¿Tenemos ojos y oídos suficientes en los barrios donde se hacinan los radicales para diferenciarlos de la gente normal? ¿Sabemos cómo y por qué se están radicalizando? ¿Sabemos dónde están las mezquitas que les envenenan, las que predican el odio y la muerte? ¿Formamos imanes en los valores europeos o dejamos que nos los manden de fuera sin conocer sus credenciales? ¿Algún plan en España para frenar a los obispos católicos que fomentan el machismo y la violencia?

Además de fastidiar a los pasajeros con decenas de medidas poco útiles, y las que se aplicarán en breve, están los controles de armas y explosivos pasivos, esos que usted no ve al cruzar por una puerta. Es esencial el uso inteligente de la información. Para ello se necesitan manos: ¿cómo han afectado los recortes a la policía y a sus mejores especialistas? Existen muchas más posibilidades de éxito en la prevención que en la persecución. Ahorra dinero y vidas.



#OpenTheBorders. Si usted ve un accidente y no se detiene a socorrer a la víctima le pueden condenar por denegación de auxilio. Las leyes internacionales nos obligan a acoger a aquellas personas que solicitan asilo.

Es necesario identificarlas, comprobar si tienen derecho al estatuto de refugiado, es decir, si no se trata de criminales de guerra, y resolver en un tiempo razonable su petición. Lo mejor es que este proceso se realice en los campos de refugiados que ya existen en Líbano, Turquía o Jordania, y que una vez resuelto a su favor viajen en avión a Europa, donde se les asigne una vivienda y unos medios, por ejemplo, el aprendizaje del idioma, para agilizar su incorporación al mercado laboral. Si trabajan, pagan impuestos, son rentables. Los migrantes no son un problema, son la solución de una Europa envejecida. Ese debería ser el punto de vista.



El éxito de la integración dependerá del aprendizaje mutuo, y de respetar las leyes europeas fundamentales, por ejemplo las referidas a los derechos de la mujer. De momento vamos en dirección contraria: expulsamos a las víctimas y no tenemos ni idea de quién son los hijos de puta que viven entre nosotros.

Somos sociedades egoístas que no preguntamos de dónde procede nuestro confort, quién lo paga y a qué coste, no de dinero, sino de desgracias para los demás. El odio es la base del terrorismo, quizá deberíamos empezar por erradicarlo. Para eso serán necesarios líderes políticos capaces y periodistas que hagan su trabajo: no comprar los cuentos al poder.




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