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Mensaje de Navidad del rey

El rey centra su discurso en Cataluña: “Quiero reiterar un mensaje de confianza en la continuidad de España”

  • El monarca alertó contra el "error" que supone la "ruptura de la ley" o "la imposición de un proyecto de unos sobre la voluntad de los demás españoles"
  • Sostuvo que en la España constitucional "caben todas las formas de sentirse español" y apostó por fortalecer el "proyecto común de convivencia"
  • La desigualdad y las consecuencias de la crisis apenas ocuparon unos segundos en un mensaje sin grandes referencias a cuestiones como la corrupción

Publicada 24/12/2015 a las 21:13 Actualizada 24/12/2015 a las 21:29    
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Felipe VI durante su discurso de Nochebuena.

Felipe VI durante su discurso de Nochebuena.

EFE
El rey Felipe VI dedicó este año la mayor parte de su tradicional dicurso de Nochebuena a la cuestión catalana... aunque sin citar ni una sola vez la palabra Cataluña. El monarca quiso trasladar "un mensaje de confianza en la unidad y continuidad de España" y alertó contra el "error" que, a su juicio, supondría "la ruptura de la ley" o "la imposición de un proyecto de unos sobre la voluntad de los demás españoles". En su mensaje [ver íntegro en PDF] también sostuvo que en la España constitucional "caben todas las formas de sentirse español" y apostó por fortalecer el "proyecto común de convivencia", mientras que apenas dedicó unos segundos a hablar de las desigualdades, "la dureza" de la crisis económica o de problemas como la corrupción.

En su segundo discurso de Nochebuena –el del año pasado fue el primero, tras su proclamación en junio de 2014–, Felipe VI compareció sentado en uno de los sillones del Salón del Trono del Palacio Real. El rey mencionó, ya en los primeros compases del mensaje, su deseo de que "la voluntad de entendimiento" y el "espíritu fraternal" estén "siempre" presentes en la "convivencia" de la sociedad española. "Vivimos tiempos en los que es más necesario que nunca reconocernos en todo lo que nos une", dijo el monarca quien, además, calificó de "necesario" poner en valor "lo que hemos construido juntos a lo largo de los años" y "ensalzar todo lo que somos, lo que nos hace ser y sentirnos españoles".

El jefe del Estado argumentó, como ya hiciera en su discurso de proclamación, que "en la España constitucional caben todos los sentimientos y sensibilidades", "las distintas formas de sentirse español", y subrayó que la nación española representa una "realidad histórica, actual y de futuro". De esa España dijo que es una "gran nación definida por una cultura que ha traspasado tiempos y fronteras" así como por "una lengua común" que, "junto a las demás lenguas de España", explican "nuestra identidad". "Tenemos, tengo, muchas razones para poder afirmar esta noche que ser y sentirse español, querer, admirar y respetar a España, es un sentimiento profundo, una emoción sincera, y es un orgullo muy legítimo", resumió.

Defensa de la Constitución

A lo largo de algo más de 12 minutos, el rey realizo una defensa de la Constitución de 1978. Afirmó que la "solidez" del Estado se basa precisamente en los "valores constitucionales que compartimos" y en las "reglas comunes de convivencia que nos hemos dado y que nos unen". Agregó que reconoce la "diversidad" y que es "el fundamento de nuestra vida en libertad", y mencionó expresamente la facultad de "autogobierno" de "nuestras nacionalidades y regiones". Con ese marco como telón de fondo, Felipe VI apostó por administrar con "responsabilidad" el "gran legado" que se ha recibido y por "fortalecer nuestra cohesión nacional" para "impulsar nuestro progreso político" y "nuestro proyecto común de convivencia".

El monarca hizo un llamamiendo a la responsabilidad y al respeto al orden constitucional, porque "hace décadas el pueblo español decidió, de una vez por todas y para siempre, darse la mano y no la espalda". "Ahora –pidió–, lo que nos debe importar a todos, ante todo, es España y el interés general de los españoles". Fue en ese punto cuando advirtió de los peligros que conllevaría "la ruptura de la Ley" o "la imposición de una idea o de un proyecto de unos sobre la voluntad de los demás españoles". El jefe del Estado subrayó que esa clase de aventuras "sólo nos han conducido en nuestra historia a la decadencia, al empobrecimiento y al aislamiento". "Ese es un error de nuestro pasado que no debemos volver a cometer", enfatizó.

De cara al futuro subrayó muy especialmente que únicamente caben el "entendimiento, la convivencia y la concordia en democracia y libertad", y lanzó un "mensaje de esperanza" ya que, en su opinión, "la reflexión serena, el contraste sincero y leal de las opiniones" y el "respeto" a la realidad social y a los intereses de todos los españoles alimentarán "la vigencia de nuestro mejor espíritu constitucional". Y para no dejar ninguna duda, remachó: "Esta noche quiero reiterar un mensaje de serenidad, de tranquilidad y confianza en la unidad y continuidad de España; un mensaje de seguridad y defensa de nuestra Constitución".

Desafíos futuros

Al margen del reto soberanista en Cataluña, Felipe VI abordó otras cuestiones, aunque de forma más breve. Sobre la crisis económica dijo que la "mejora" de la situación es "una prioridad para todos". Por ello, consideró, las instituciones tienen un deber "con los ciudadanos, las familias y especialmente los más jóvenes", quienes deben "recuperar" la "tranquilidad" y la "estabilidad" para afrontar el futuro, así como la "ilusión" por un "proyecto de vida hacia el mañana". Fue apenas un renglón en las más de 1.600 palabras de discurso aunque, eso sí, el monarca mencionó brevemente su deseo de un "crecimiento económico sostenido" que cree "empleo digno" y que permita fortalecer la sanidad y la educación y "permita reducir desigualdades acentuadas por la dureza de la crisis económica".

Menores incluso fueron las referencias al drama de los refugiados, la lucha contra el cambio climático o el combate al terrorismo yihadista. De los primeros dijo que "todos nos hemos conmovido" ante su "drama", mientras que en torno a la amenaza del islamismo radical quiso apuntar que supone un ataque a "nuestro modelo de convivencia y a los más elementales valores humanos". Para afrontar todas estas materias, concluyó, es necesario que "la voz de España se haga oír en la Unión Europea y en las instituciones internacionales". El mundo de hoy, añadió, exige "naciones fuertes, responsables, solidarias y leales a sus compromisos con sus socios y aliados y con el conjunto de la comunidad internacional".

La España postelectoral

Finalmente, el rey abordó la situación tras las elecciones generales del pasado domingo, que se tradujeron en un escenario muy fragmentado y sin mayorías claras en el Congreso de los Diputados. Felipe VI se limitó a ensalzar la "pluralidad política expresada en las urnas", pues "aporta sin duda sensibilidades, visiones y perspectivas diferentes; y conlleva una forma de ejercer la política basada en el diálogo, la concertación y el compromiso". Consciente también del nuevo escenario, apeló a "los esfuerzos" y "las energías" de todas las instituciones para "adecuar" el progreso político a la sociedad española de hoy.

En esa línea, apostó por unas "instituciones dinámicas" que acompañen el "paso del pueblo español" y que no hagan caso omiso de "la demandas de rigor, rectitud e integridad que exigen los ciudadanos para la vida pública". Esa frase, prácticamente al final de todo su discurso, fue la única referencia a la corrupción. Entre los detalles llamativos, cabe destacar la despedida del monarca en el mensaje grabado, pues además del castellano empleó el euskera, el catalán y el gallego para desear felices fiestas a los ciudadanos tras expresar su "confianza" en el futuro de España. El gesto, la despedida en las cuatro lenguas, lo realizó ya en su discurso de Nochebuena de 2014 y también en el de proclamación.

El discurso televisado, en lo que respecta a los gestos, se acompañó de varias imágenes. Felipe VI apareció sentado en el Salón del Trono del Palacion Real, un espacio finalizado en 1722 y que conserva la decoración original de la época. Entre otros elementos, manifestaron fuentes de la Casa del Rey, están presentes los símbolos de los reinos peninsulares –Andalucía, Cataluña, Castilla y Granada–, así como una docena de consolas con marcos de espejo, de estilo rococó. Segundos antes de su intervención se proyectó una fotografía aérea del Palacio Real sobre la que ondeó la bandera española, así como imágenes de varios salones del palacio donde se han dispuesto este año un Belén y un árbol de Navidad.

Finalmente, tras el mensaje del monarca, cuatro instantáneas acompañaron al himno nacional. En la primera, tomada en el Palacio de Marivent en agosto de este mismo año, aparecieron el rey, la reina Letizia, la princesa Leonor y la infanta Sofía sentados en el jardín. En la segunda los protagonistas fueron el jefe del Estado y la reina, entrando en Zarzuela, también durante el verano. Las dos restantes mostraron a Felipe VI y a Letizia saludando a ciudadanos. Él durante una visita a Asturias, en el mes de octubre. Ella en un acto en la pasada primavera en Valladolid, acompañada por un grupo de niños.


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