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Maltrato animal

Los hipermercados franceses se rebelan ante la industria del huevo y animalistas reclaman que España tome ejemplo

  • Algunas de las cadenas de distribución más importantes del país anuncian que dejarán de vender huevos procedentes de gallinas enjauladas
  • El cofundador de Igualdad Animal entiende que la medida "responde a una tendencia mundial y preocupación por el maltrato que sufren los animales"

Publicada 11/01/2017 a las 06:00 Actualizada 10/01/2017 a las 22:01    
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Imagen de gallinas en jaulas.

Imagen de gallinas en jaulas.

Igualdad Animal
Las organizaciones animalistas francesas vienen trabajando desde hace años por frenar la comercialización de los huevos que provienen de gallinas enjauladas –conocidos como de categoría tres– en las cadenas de distribución. El último movimiento en esta dirección evidencia el éxito de su lucha: la tercera cadena de supermercados del país, Les Mousquetaires, ha anunciado este lunes que dejará de distribuir huevos de categoría tres a partir del 2025.

Se trata de una decisión "fruto del trabajo realizado por la organización francesa L214, dentro de la coalición Open Wing Alliance, fundada por The Humane League" cuyo cometido es acabar con la cría de gallinas en jaulas, tal y como explica Javier Moreno, cofundador de Igualdad Animal, en conversación con infoLibre.

El cambio en España

En enero de 2002 entró en vigor la Directiva 1999/75 de la Unión Europea, que establece normas mínimas relativas a la protección de las gallinas ponedoras en los sistemas de cría. A través del Real Decreto 3/2002, la legislación española asumió las exigencias de la norma, que fija un espacio mínimo para cada gallina de al menos 750 cm2 de superficie por cubículo. A juicio de Silvia Barquero, presidenta del Pacma, la norma "sigue siendo una ligera mejora, eliminando las jaulas en las que las gallinas no se podían ni mover, pero del todo insuficiente para asegurar su bienestar". Pese a la laxitud de la ley, España ha sido expedientada por la Comisión Europea como consecuencia de incumplir los parámetros de bienestar animal marcados.

El creciente interés ciudadano, en sintonía con el trabajo de las organizaciones animalistas, abre camino a un posible cambio en el país. Los resultados del Eurobarómetro publicado en octubre del 2016 muestran la inquietud de los españoles por el bienestar de los animales de granja. En el 2006 el 71% de los ciudadanos opinaban que el bienestar y protección de los animales de granja era importante o muy importante. Diez años después la cifra ha subido hasta el 94%. Además el 71% de los ciudadanos encuestados expresó su voluntad por saber más sobre cómo se trata a los animales en las granjas industriales, cifra que en el 2006 rondaba el 61%.

"Afortunadamente, hay un interés creciente en el horror que se esconde detrás de los muros de granjas industriales y mataderos", sostiene Barquero. En este sentido, entiende que España debería imitar los pasos del país galo, "porque ya la UE obligaba a eliminar las granjas de batería que incumplen la normativa europea".

Juan Carlos del Olmo, secretario general de la plataforma WWF, apuesta por "avanzar hacia un comportamiento más ético con los animales". En esta tarea, un cambio en la alimentación se torna esencial para alcanzar "grandes cambios en la sociedad, tanto en el impacto ambiental como en lo relativo al sufrimiento animal". Los consumidores, por tanto, tienen un "papel vital para lograr un consumo y forma de producción más responsables", algo que considera beneficioso "para las personas, para los animales y para el planeta".

El cofundador de Igualdad Animal, también valora el paso dado en Francia como un avance "importante" que "responde a una tendencia mundial y preocupación creciente de la ciudadanía sobre el maltrato que sufren los animales". Subraya, además, la labor de su organización "para conseguir estos avances en España" pese a existir "un contexto de sensibilización menor" que en otros países de su entorno.

Voluntad política y responsabilidad de las cadenas

"A nivel político no se le da la suficiente importancia al bienestar animal, que no está en la agenda política", critica Barquero. Por ello, lamenta que dada la dificultad de erradicar festejos como la tauromaquia, la posibilidad de rebelarse contra la industria del huevo resulta remota: "Es una análisis político que demuestra la triste situación de este país", admite.

Junto a la voluntad política por impulsar un cambio en este sentido, el papel de las empresas que toman parte en el asunto resulta fundamental. En Francia, grandes compañías como Carrefour, Lidl o Aldi se han sumado a la iniciativa, aunque sus centros en el territorio español no han mostrado intención de seguir el ejemplo del país vecino. Fuentes de Carrefour en España aseguran que se trata de una cuestión "normativa de Francia", mientras que la Asociación Nacional de Grandes Empresas de Distribución (ANGED) interpreta que la iniciativa parte de las propias empresas. En cuanto a la producción, el grupo gallego Coren decidió en abril del 2012 dejar de producir huevos procedentes de gallinas enjauladas, inclinándose por la cría de aves el libertad.

Javier Moreno demanda, ante esta situación, que "las compañías estén receptivas al cambio que se está produciendo a nivel global" y muestren un "mayor interés para estar en sintonía con esa preocupación creciente de los consumidores".

Respecto a la diferencia de precio entre los huevos de gallinas criadas en libertad –de un importe superior– y los que proceden de gallinas enjauladas, Barquero señala que el consumidor "no está pagando por el precio justo por los productos" a los que accede. "De la misma manera que tratamos de fomentar el comercio justo, tenemos que entender que si se paga un poco más es porque se está teniendo en cuenta el bienestar de los animales", argumenta.

"Una de las prácticas más crueles"

Javier Moreno subraya que la cría de gallinas en jaulas es "una de las prácticas más crueles y que más sufrimiento genera en la ganadería industrial". Igualdad Animal ha denunciado en reiteradas ocasiones que, de forma generalizada, la industria del huevo no sólo "transforma la vida natural de las gallinas" sino que además "vulnera sus necesidades de socialización, espacio y alimentación"

Para lograr que la producción de huevos sea mayor, censura la organización, "las prácticas comunes en granjas intensivas consisten en alterar los ciclos de luz y oscuridad de las gallinas y someterlas a la mutilación de su pico". En el proceso "las gallinas permanecen hacinadas en el menor espacio posible, durante más de dos años, en jaulas de batería", las mismas que ahora rechazan los supermercados franceses y que los animalistas aspiran a erradicar también en España.


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