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Haciendo la historia

Los años no tan dorados de Hollywood

  • El biopic del guionista Dalton Trumbo narra la persecución a los trabajadores de la industria cinematográfica en los albores de la Guerra Fría
  • ¿Cómo se cuenta el pasado? infoLibre analiza cine, literatura y arte que se ha construido sobre algún hecho histórico en el último año

Publicada 04/08/2016 a las 06:00 Actualizada 04/08/2016 a las 14:24    
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Trumbo en una de las escenas de la película.

Bryan Cranston como Trumbo en una de las escenas de la película.

El género biográfico siempre ha sido considerado como un filón importante en la industria cinematográfica estadounidense. Quizás por eso Trumbo: La lista negra de Hollywood (2015), se cobró unas cuantas nominaciones a los premios más destacados del gremio, como los Globos de Oro, los Oscar o los Bafta de la Academia británica.

Tras la Gran Depresión de los años veinte, el comunismo se convirtió en una atractiva alternativa para muchos norteamericanos, pero al solaparse este periodo con los albores de la Guerra Fría, la actitud de los contrarios al socialismo se volvió extremadamente hostigadora. A partir de ese momento, los rojos fueron perseguidos como enemigos y traidores a la patria, lo que desembocó en la conocida e inquisitoria caza de brujas, que desvalijó uno de los imperios más influyentes de la época y de la actualidad, el del cine de Hollywood.

La adaptación de la película de John McNamara parte de la biografía del guionista Dalton Trumbo –interpretado por Bryan Cranston (Walter White en la serie Breaking Bad), nominado a un Oscar al mejor actor por este trabajo– que se enmarca en el contexto de la caza de brujas de los años cincuenta en la llamada Tierra de la Libertad.  Trumbo muestra cómo se llevó a cabo la persecución de trabajadores de la industria cinematográfica al considerar que su pertenencia al Partido Comunista de Estados Unidos constituía un peligro para su país. La película narra pues, las peripecias del grupo conocido como "los diez de Hollywood" –ocho guionistas y dos directores– para seguir produciendo y demostrar así que su ideología no estaba ligada a la calidad de sus trabajos.



Dónde, cómo y quién

Tras salir victorioso de la II Guerra Mundial y enfangado Estados Unidos en la Guerra Fría, las tensiones políticas, el fanatismo y la paranoia llevaron al senador Joseph McCarthy a denunciar una conspiración comunista dentro del Departamento de Estado. Pero los temores de confabulaciones no se quedarían ahí, y gremios como la prensa, el espectáculo o la misma política se vieron perjudicados por las acusaciones del senador. Todo aquel sospechoso de ser espía o colaborador de la Unión Soviética estaría incluido en la famosa lista negra del mandatario, un hostigamiento que recibió el nombre de macartismo.

Debido a las presiones de McCarthy y del Comité de Actividades Antiestadounidenses, los estudios cinematográficos decidieron despedir a aquellos pertenecientes a la lista negra. Diez de ellos fueron llamados a declarar ante el Comité, pero, como se refleja en la película, se negaron a responder correctamente a las preguntas y terminaron siendo acusados de desacato. Los diez de Hollywood fueron Dalton Trumbo, Alvah Bessie, Herbert Biberman, Adrian Scott, Albert Maltz, Lester Cole, Samuel Ornitz, John Howard Lawson, Ring Larder Jr. y Edwar Dmytryk.

La película arranca en 1943, cuando Trumbo era el guionista mejor pagado de la industria. El protagonista nunca escondió su militancia comunista ni en la película –donde, en medio de toda la convulsión mediática, intenta explicar a su hija Nikola, con una sencilla moraleja, lo que para él supone el socialismo– ni en la realidad. La negativa de Trumbo a colaborar con el Comité le llevó, en 1950, a pasar once meses en una prisión , y fue vetado en la industria a menos que renegara, bajo juramento, del comunismo.

Tras su estancia en prisión, Trumbo se mudó a Ciudad de México, donde vivió dos años con su mujer e hijos, capítulo sobre el que la película pasa de puntillas: sólo cita la estancia en el país centroamericano cuando cuenta la anécdota de la corrida de toros en México, que más tarde se plasmaría en su película El bravo. En el largometraje, al salir de la cárcel simplemente se trasladan del campo a la ciudad.

La imagen más icónica del incansable escritor es en la que aparece en una bañera con su máquina de escribir y el cigarrillo que le acompaña en todas secuencias de la película. Sin duda, esta es la mejor representación de la faceta inagotable de Trumbo, que, durante los años en los que estuvo vetado, no vio disminuido su volumen de trabajo.

De hecho, la picaresca salvó la carrera del excéntrico guionista y la de sus colegas de la lista durante la caza comunista. Con astucia, sin descanso y bajo pseudónimos llegaron algunos de sus mejores guiones, entre ellos el ganador de un Oscar Vacaciones en Roma (William Wyler, 1953), con Gregory Peck y Audrey Hepburn. Este pudo salir a la luz gracias al trato entre Trumbo y el guionista Ian McLellan por el cual el nombre de este último sería el que apareciese en el guión. La historia se repetiría con el guión de El bravo (Irving Rapper, 1956) usando el nombre de Robert Rich, y sin poder de nuevo acudir a la ceremonia de entrega de los premios de la Academia para recoger su galardón.



Fieles y traidores de la época

En 1947, Edwar Dmytryk, justo después estrenar su película Encrucijada de odios (1947), fue convocado a un interrogatorio acusado de pertenecer al Partido Comunista, pero en esta ocasión también se negó a declarar. Un tiempo después, Dmytryk cedió a las presiones del macartismo y delató a algunos de sus colegas, algo que no pilló por sorpresa a Trumbo, que en la película reacciona impasible desde la prisión ante la traición de su compañero.

También existieron otros que colaboraron de buen grado con el Comité, entre los que se encuentran Walt Disney, el antiguo actor y posteriormente presidente Ronald Reagan, Gary Cooper, los productores Louis B. Mayer y Jack L. Warner o Lela Emogene, madre de la actriz Ginger Rogers, que contó la obstinada resistencia de su hija –cuando interpretaba el papel de la joven Jo Jones– a pronunciar la frase “compartirlo todo y por igual, en eso consiste la democracia” en Compañero de mi vida (1943), dirigida por Edward Dmytryk, y cuyo guión fue escrito por Dalton Trumbo.

Aunque en la cinta no se hace referencia a ello, no solo fueron los diez de la factoría hollywoodense los que, como Dalton Trumbo, se negaron a testificar y se fueron del país, o decidieron quedarse en Estados Unidos siendo víctimas de castigos, repudios, e incluso de largos periodos en prisión. Otros como Orson Welles –acusado de ser comunista e investigado por el FBI a pesar de simpatizar abiertamente con el Roosevelt– nunca traicionaron a sus colegas del sector. Según Welles, "las izquierdas no fueron destruidas por McCarthy. Fueron ellas mismas las que se demolieron, dando paso a una nueva generación de nihilistas". 

Coincidiendo en el tiempo con la odisea que vivieron Trumbo y sus colegas, Chaplin también sufrió por sus presuntos nexos con los comunistas. El protagonista de críticas proyecciones como El gran dictador (1940) o Tiempos modernos (1936), renunció a su residencia estadounidense cuando el FBI le retiró los permisos de entrada al país, cuando se econtraba promocionando una de sus películas por Europa y tras lo cual solo volvió una vez en 1972 para recibir un Oscar.

Realidad y ficción

La mayoría de críticas han aplaudido la fidelidad a la realidad que por entonces vivió el guionista, quizás gracias a las declaraciones de las hijas de Trumbo, Niki y Mitzi, que trabajaron estrechamente junto a McNamara todos los aspectos de la vida de su padre. Además, la película no solo se limita a relatar la caza de brujas, sino que dibuja un contexto de la coyuntura del momento, por ejemplo, a través de las protestas de segregación racial que proliferaron durante la posguerra, así como el contraste que existía entre la realidad social de los suburbios y la de las pomposas fiestas de la jet set de la época dorada del cine estadounidense.
 
La caracterización de los personajes también se ajusta a la realidad. En la proyección aparecen retratados grandes personajes de la historia del sector como John Wayne, adalid del Comité Especial de Actividades Antiestadounidenses gracias a su papel principal en películas propagandísticas anticomunistas; Hedda Hopper, periodista del mismo organismo y una de las columnistas más influyentes de la época; Kirk Douglas que le pide a Trumbo trabajar para Espartaco (Stanley Kubrick, 1960), película que el mismo Douglas protagonizó; Otto Preminger, director de Éxodo (1962); y a una versión reducida de los diez de Hollywood que están representados por la figura ficticia de Arlen Hird.

Las críticas hacia la película han sido varias y variopintas, pero las negativas radican, en su mayoría, en que la cinta demoniza a ciertos personajes como por ejemplo el de la cronista de cotilleos, Hedda Hopper. Pero, ideologías políticas aparte, la película ha gozado de un gran reconocimiento por su fidelidad a la vida del guionista.



Concretamente, entre las escenas más comentadas por su similitud con la realidad, se encuentra su comparecencia en Washington ante el Comité de Actividades Antiamericanas, cuando pronuncia la frase: “Las respuestas que constan de un sí o un no sólo pueden ser contestadas por un idiota o un esclavo”.





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