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El año 2020, paradigma del mayor desastre de la Historia moderna

Antonio Agar

El año 2020 ha quedado registrado en la Historia como uno de los más trágicos y apocalípticos de la era moderna que ha removido los cimientos de nuestro status social y económico, transformando los hábitos vitales como individuo y como sociedad por el terrible azote de la pandemia del coronavirus, superando los peores augurios de la crisis del 2008.

Todo esto se une a la finalización del bipartidismo como sistema de gobierno, arribando a una democracia fragmentada que convierte el Parlamento en un infierno en vez de un ágora de debate para mejorar la Sociedad. Una institución reconocida constitucionalmente como la monarquía parlamentaria está siendo sacudida por radicales de izquierdas y partidos independentistas que aún no han asumido todavía que en los pactos de la Moncloa de 1977 se cimentaron los pilares de la reconciliación de las dos Españas y se puso en marcha la democracia con una nueva Constitución.

Por muy legítimo que pueda parecer el derecho de algunos ciudadanos a pensar diferente y aspirar en su día a que España vuelva a ser gobernada por un sistema republicano, deben primero priorizar su respeto por las vigentes leyes constitucionales y buscar en su afán diario como gobernante el empeño y el esfuerzo de encontrar el consenso y la unidad entre todos los partidos del arco parlamentario por superar la enorme crisis que tenemos ya encima y que estamos obligados a seguir combatiendo durante al menos 2021 y 2022, para llegar a los niveles de normalidad económica y social de antes.

Son en estos momentos donde echamos de menos las figuras de estadistas como Adolfo Suárez y el gran economista Enrique Fuentes Quintana, muñidores de la democracia de la que hoy gozamos.

En términos globales los efectos del coronavirus, guarda una cierta concomitancia con los desastres de las dos guerras mundiales del siglo XX, con la mal llamada gripe española que diezmó a millones de personas y con nuestra guerra civil.

Nunca aprenderemos de los grandes pensadores como Ortega y Gasset que en su obra reconocida internacionalmente de Una España Invertebrada abandonó su noble intento de construir una República moderna capaz de integrarse en Europa y que tuvo que denunciar en el parlamento con su famosa frase de despedida: ¡No es esto! No es esto, no es la base y el fundamento de una democracia republicana.

A estos mediocres gobernantes que solo emplean la provocación, el fallo en el adversario y el exabrupto, debemos de recordarles el pensamiento de un gran filosofo como fue el británico John Donne: “Ningún hombre (Partido) es una Isla, algo completo en sí mismo. Todo hombre, toda formación ideológica por mucho acopio que tenga de lo social y de la transformación de una sociedad, en sí misma no deja de ser un fragmento del conjunto nacional (Del continente)". Esto nos conlleva irremediablemente a otro aforismo de este gran pensador John Donne: “Pueden amar y promulgar deseos de solidaridad los pobres, los locos y hasta los falsos, pero nunca los hombres ocupados”. Estos últimos buscan afanosamente solo conseguir el PODER al precio que sea.

Antonio Agar  es socio de infoLibre

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