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    <title><![CDATA[infoLibre - Beatriz Gimeno]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/beatriz-gimeno/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Beatriz Gimeno]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El clítoris, otra vez. A 50 años del 'Informe Hite']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/clitoris-vez-50-anos-informe-hite_129_2234893.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El clítoris, otra vez. A 50 años del Informe Hite"></p><p>El 8 de agosto se celebró el Día del Orgasmo Femenino, una de esas efemérides extrañas que no se sabe muy bien de dónde salen pero que acaban sirviendo para que, al menos un día al año, todo el mundo hable del asunto. Y justo por esas fechas, además, se cumplía medio siglo de la publicación del <em>Informe Hite</em>, el tratado sobre sexualidad femenina escrito por <strong>Shere Hite</strong>, aniversario, además, muy relacionado con lo anterior y del que pocos medios se hicieron eco. Sin embargo, <strong>el </strong><em><strong>Informe Hite</strong></em><strong> supuso una completa revolución en el acercamiento a la sexualidad femenina</strong>; una revolución que hoy sabemos inacabada.</p><p>Últimamente <strong>me andaba yo quejando de que al feminismo le pasa que siempre parece que empieza de cero</strong>. Las teóricas y las activistas escriben, enseñan, debaten, explican…y después el tiempo entierra la mayor parte de lo aprendido; se hace el silencio y, pasado un tiempo, se produce otra ola de feminismo, con sus características propias, se producen avances, redescubrimos lo anterior… y luego viene un retroceso. Sí, no nos tomemos a la ligera que hay un movimiento político que está discutiendo, en serio, la posibilidad de abolir el voto femenino. Nuestros saberes y experiencias siempre son frágiles y están bajo amenaza. Es fácil arrinconarlos en una esquina del sentido común y dejarlos convertidos en saberes minoritarios que alguna vez alguien volverá, quizá, a descubrir y sacar a la luz. </p><p>La feminista Ruby Rich es autora de una frase que yo siempre tengo presente: “Es imposible dar demasiada importancia a la sexualidad como problema para las mujeres”. Hablemos pues, de sexo, feminismo, y un poquito de mí misma, porque el <em>Informe Hite </em>no me lo leí, sino que prácticamente me lo bebí. Yo era, cuando se publicó y llegó a España, una feminista muy joven y muy aguerrida. <strong>El feminismo de los años 70 y 80 mantuvo, interna y externamente, una prodigiosa conversación sobre sexualidad</strong> que a las feministas de aquellos años nos hizo mucho más libres y felices, y que debería haber servido para sentar las bases de la sexualidad de las futuras generaciones de mujeres. Pero no. Mucho antes de que la reacción patriarcal se hiciera explícita con propuestas reaccionarias y contrarias a los avances de estos años, ya se había producido un retroceso o invisibilización cultural que nos sitúa casi en el punto de partida. No es este el espacio para desarrollar una teoría feminista sobre sexualidad, pero sí es el espacio para mencionar que nos falta una teoría feminista del deseo y una agenda sexual capaz de cuestionar los significados sexosimbólicos del patriarcado al tiempo que ofrezca placer y felicidad a las mujeres. Necesitamos volver a considerar el placer de las mujeres como una cuestión política, porque está desapareciendo en un magma de sexualidad androcéntrica y profundamente machista en donde nuestra sexualidad corre el riesgo de convertirse (si no lo ha hecho ya) en una performance para mayor gloria (y placer) de ellos. </p><p>Hace 50 años Shere Hite realizó una encuesta sexual a miles de mujeres y demostró que la inmensa mayoría de ellas (de nosotras) no obtienen placer con la penetración y que las pocas que lo obtienen suele ser porque, al mismo tiempo, reciben estimulación en el clítoris. Esto, que todas sabemos, no es un saber general ni socialmente aceptado. Y la culpa no es sólo del porno, el actual libro de texto sobre sexualidad de los adolescentes, sino que es lo que <strong>se nos enseña incluso en las representaciones sexuales más triviales y menos ofensivas</strong>: series, películas, novelas, representaciones gráficas, etc. Todas las representaciones sexuales heterosexuales que vemos y que no provienen del porno son del tipo: se encuentran, se besan, se acarician diez segundos, se la mete, se corren a la vez. Las variaciones más frecuentes son aquellas en las que ella se la chupa y entonces el que se corre es él. (Si hablamos de porno, entonces la cosa está en otro nivel). Me gustaría decir a los adolescentes, ellos y ellas, que no se crean nada de eso, que es mentira, que la cosa no funciona así. Ellos puede que no lleguen a saberlo nunca y ellas lo sabrán, pero para cuando se den cuenta seguramente piensen que es culpa suya, que hacen algo mal. </p><p>Siempre que digo esto se me echan encima varias mujeres que me dicen, “eso serás tú, yo tengo muchísimos orgasmos con Pepe”. Bueno, cada cual es cada cual y sí, hay de todo, pero no me cabe duda (a las investigadoras tampoco) de que hay una bolsa enorme y oculta de mujeres que se avergüenzan de reconocer que no se corren tanto como dicen. <strong>La verdad es que hay más orgasmos fingidos en este mundo que gotas en el mar y estrellas en el cielo</strong>. Diré más, y de esto estoy completamente segura y pondría las dos manos en el fuego: lo que primero aprendemos las mujeres del sexo es a fingir convincentemente un orgasmo. La primera vergüenza del sexo es la falta de orgasmo, que nos produce pudor cuando se supone que tenemos que tenerlo, igual que nos avergüenzan nuestros pelos púbicos, nuestra celulitis, nuestra menstruación y, en general, cualquier cosa nuestra que no se ajuste a lo que debemos ser y parecer en este sistema patriarcal. </p><p>Con los orgasmos femeninos y con la penetración pasa lo mismo. No, no está superado. El mundo de la sexualidad sigue girando en torno a la penetración y, en todo caso, a la absoluta imposibilidad de imaginar una relación heterosexual que no la incluya. Aprovechando el Día del Orgasmo Femenino aparecieron varios informes que revelaban que muchas chicas no saben identificar el clítoris ni saben siquiera asegurar si han tenido un orgasmo.<strong> No quiero ni pensar lo que sabrán ellos. ¿Superado? En absoluto, por eso volvemos a hablar de ello</strong>. Estamos redescubriendo el clítoris. He vuelto a ver, en las redes sociales, vídeos y post informativos en donde aparecen los dibujitos de la rajita rosada con su flor en el centro y he vuelto a leer explicaciones acerca de su utilidad y sobre el número de terminaciones nerviosas que tiene ese pedazo de carne (son muchas, muchísimas). Así que sí, volvemos a hablar del clítoris del que escribió tanto Shere Hite. Ahora, otra vez, muchas chicas entenderán por qué no se corren con un coito “normal” y dejarán de pensar que la culpa es suya. ¿Imagináis un mundo en el que, de tanto en tanto, nos olvidáramos todas y todos de cómo funciona sexualmente un pene? En mi época heterosexual y juvenil solía hacer bromas con eso, no siempre bien comprendidas, por cierto. </p><p>-¿Qué me dices que te gusta hacer con eso? — Era mi pregunta disruptiva preferida, y <strong>hay que decir que no siempre acababa bien</strong>. (El humor y el sexo es una combinación que no es para todos los paladares). </p><p>Pero, en serio: ¿y si nos olvidáramos de la centralidad de la penetración ineludible y ésta pasara a ser una práctica más, quizá minoritaria? ¿Y si nadie diera por hecho que el final de un calentón es un coito? ¿Y si en cada ocasión pudiéramos poner en común lo que más le gusta a cada uno y una, llegar a acuerdos placenteros y nada se diera por sabido antes de un encuentro sexual? <strong>¿Y si Broncano dejara de hacer preguntas absurdas y machistas?</strong></p><p>¿Qué pasaría en este mundo? Pues, aunque no lo pensemos en cada interacción sexual, y aun a riesgo de parecer una feminista loca de aquellas (bueno, soy un poco de esas), derribar la centralidad de la penetración supondría hacerle un agujero terrible al patriarcado. <strong>Porque han construido un mundo a su medida</strong>, a medida de un órgano que les supone placer, pero también poder; con el que follan con amor y cuidado pero también con el que violan. Con el que pretenden dar placer, pero con el que a veces les gusta castigar. Con el que se sienten poderosos, pero que les hace muy frágiles y sobre el que se construye una parte enorme de la subjetividad sexual masculina, que es como decir la subjetividad masculina, sin más.</p><p>Nada de esto es nuevo, ya está escrito, teorizado, discutido e incluso practicado. <strong>Ahora sólo queda que se sepa, que ellos lo sepan, que nosotras lo explicitemos</strong>, que la sexualidad nos ofrezca las mismas posibilidades de placer a unos y otras. Y para todo esto, nada como leer el <em>Informe Hite </em>50 años después y reconocer su inmensa aportación al conocimiento y a la libertad de las mujeres. Celebremos como se merece a una de las indiscutibles madres fundadoras del feminismo y honremos lo que aprendimos con ella. </p><p>_______________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno</strong></em><em> es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Aug 2026 16:57:23 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El clítoris, otra vez. A 50 años del 'Informe Hite']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mujeres,Igualdad,Salud]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El mundo arde y las redes pueden quemarnos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/mundo-arde-redes-quemarnos_129_2234413.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El mundo arde y las redes pueden quemarnos"></p><p>En el programa electoral del Partido Popular del 2008 (página 108) aparecía la siguiente promesa: <strong>“Aprobaremos la Ley Integral de Lucha contra el Cambio Climático”</strong>. En el del 2015 (página 61) aparece: “Estableceremos un marco reforzado para luchar contra el cambio climático”. A continuación, propone una Hoja de Ruta 2030 (que suena mucho a la agenda 20-30) donde se dice que quieren reducir los gases de efecto invernadero y fomentar las energías renovables y la eficiencia energética. Ahora mismo, <strong>el Partido Popular dice ya que el Cambio Climático no existe y que en la tierra siempre ha habido cambios de clima.</strong> Todavía no sabemos lo que opina el PP de las vacunas, pero ya vimos que estaba en contra del confinamiento…y de lo que haga falta.</p><p>No sé si para cuando este artículo se publique se habrán apagado los fuegos de Madrid y Ávila, pero mientras escribo arde Canadá, Inglaterra, Sicilia, Francia…y Zamora, Tarragona… El planeta siempre ha ardido, cierto, siempre ha habido rayos u hogueras mal apagadas, pero no siempre ha hecho este calor, no siempre han estado los montes en este estado, no siempre ha habido tan poca humedad en verano. <strong>Las casi 100.000 hectáreas calcinadas en España pueden ser, según los expertos, un millón cualquier día.</strong> Y no, no siempre han sido los incendios tan grandes y tan imposibles de apagar. El mundo parece cada vez más pequeño y más interconectado: lo que comemos, lo que respiramos, el calor o el frío que tenemos, las inundaciones, los huracanes...viajamos todos en el mismo barco frágil.</p><p><strong>El mundo arde de diversas maneras</strong>, no sólo con el fuego, sino también con un calor extremo que amenaza con hacer impracticables grandes áreas del planeta, y la derecha decide no sólo no hacer nada, sino afirmar que no pasa nada. Cualquier persona medianamente normal tiene que preguntarse por qué se ha producido este cambio de posición en el PP, desde una posición normal a otra enloquecida y contraria a la razón y la ciencia. Al fin y al cabo, cuando todo se queme, cuando todo arda, cuando no se pueda salir a la calle en verano, o cuando tengamos que migrar buscando áreas más frescas, eso les afectará también a ellos. Pero con un capitalismo desbocado y cada vez más desigual e injusto, es imprescindible que la gente no se dé cuenta de cuál es el problema y cuál sería la solución. Lo han aprendido de Trump. <strong>La mentira sale muy rentable electoralmente.</strong></p><p><strong>El capitalismo es un tren sin frenos.</strong> Sus defensores no pueden pensar en el futuro, sino en el beneficio inmediato; no pueden pensar en la autodestrucción, sino en el beneficio inmediato, no pueden pensar en aire limpio o en el agua, sino en el beneficio inmediato; no pueden pensar en la prevención del año que viene, sino en el beneficio inmediato; ni siquiera pueden pensar en que mañana mismo España, como destino turístico, estará muerta si hoy, esta tarde, aún pueden tener pingües beneficios con ese turismo destructor. <strong>Un planeta finito no puede soportar un crecimiento infinito</strong> pero los defensores del capitalismo sostendrán que sí hasta que el fuego arda a las puertas mismas de sus casas, pero eso tampoco les preocupa porque creen que entonces cogerán un cohete y se podrán ir a Marte, junto con Elon Musk. </p><p>El capitalismo no puede asumir que hay que invertir en prevención, que <strong>hay que invertir en desinvertir, en decrecer, que hay que hacer menos negocio para poder tener más vida</strong>. Los políticos de derechas son la voz de las petroleras, de las empresas contaminantes y por eso no sólo no van a hacer nada, sino que tienen que convencer a la gente de que lo ven que no existe y que el calor que tienen es normal. Por eso han pasado de asumir hace unos pocos años que el cambio climático es una realidad, cuando todavía no parecía necesario tomar medidas radicales, a mentir y echar la culpa precisamente a quienes se preocupan por la situación, cuando la gente empieza a exigir medidas.</p><p>Necesitan que la gente desconfíe de la ciencia, de la cultura, de la inteligencia, de las instituciones, de la democracia, de lo que dicen los responsables a cargo y también de los vecinos, no vaya a ser que crezca la solidaridad y la ayuda mutua. <strong>Al final, necesitan mentir respecto a todo.</strong> A la derecha le interesa un medio ambiente social tóxico, irrespirable, en donde verdad y mentira sean indistinguibles, donde todo el mundo se enfrente al vecino y en donde la violencia se expanda, siempre que no sea contra ellos. La estupidez les viene bien y el conocimiento les hace daño porque nos permite entender qué está pasando. Así que se suman con entusiasmo a cualquier mentira disruptiva: las vacunas, la Atlántida, el ciclo del agua (que ya hay negacionistas del ciclo del agua) los <em>chemtrails</em>… y son capaces de convertir a Iker Jiménez en un intelectual.</p><p>Y ahora, además, tenemos otro problema grave: <strong>las redes que han pasado a ser el medio por el que se informa la mayoría de la gente</strong>. Hay que meter mano a las redes ya, pero nadie sabe cómo hacerlo ni desde dónde. En medio de los incendios de Madrid y Ávila, ultraderechistas varios e influencers de toda calaña, inundaban las redes con vídeos falsos en los que se instaba a no hacer caso a la UME ni a los bomberos y en los que se aseguraba que todo era una conspiración del Gobierno, que quiere quemar el campo. <strong>No estamos lejos del momento en que haya personas que mueran por culpa de la información falsa.</strong> Habrá gente que se quemará en sus casas por no salir a tiempo, que se tirará por un barranco, que no se vacunará en medio de una pandemia mortal o que se empeñara en salir con su velero en medio de un tsunami porque se lo ha dicho un <em>influencer </em>o un político de ultraderecha. Incluso gente que quiere informarse bien puede que no sepa ya dónde hacerlo; todos nos tragamos ya bulos que son a veces indistinguibles de la realidad. Las consecuencias de esto son política y éticamente muy profundas.</p><p>El problema es que no es fácil solucionarlo. Alguien decía ayer que se puede, por ejemplo, dejar de insertar publicidad institucional en aquellos pseudomedios que difundan bulos. Pero la publicidad institucional la inserta un partido u otro, y entonces… ¿cómo se va a castigar un partido que difunde bulos a sí mismo? <strong>¿Quién decide qué es un bulo y qué no lo es? </strong>¿Quién decide qué es mentira y qué es verdad cuando no se acepta un suelo de conocimiento común; cuando, desde posiciones de poder, no se reconoce ciencia ni verdad, sino que, por el contrario, se embarulla, se miente, se confunde? ¿Qué se hace? ¿Quién lo hace? ¿Se deja que lo decida un juez? Upsss, mejor que no.</p><p><strong>En un mundo que ya está ardiendo, más nos vale saber que las redes también arden y que, por ahora, no sabemos cómo apagarlas.</strong></p><p>_______________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno</strong></em><em> es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Aug 2026 17:25:30 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,Incendios forestales,PP,desinformación,Redes sociales,Extrema derecha]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[No me importa quién dijo qué, ni quién hizo qué cosa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/no-importa-dijo-hizo-cosa_129_2231907.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No me importa quién dijo qué, ni quién hizo qué cosa"></p><p>El otro día escuché a un senador norteamericano decir que si los demócratas no recuperan el control de la Cámara de Representantes en noviembre perderán mucho más que unas elecciones<strong>, perderán el país por mucho tiempo y quién sabe si la posibilidad de volver a votar con unas mínimas garantías democráticas</strong>. Aseguraba que estas de noviembre eran, seguramente, las elecciones más importantes en la vida de quienes le estaban escuchando. Era un demócrata liberal de esos a los que, en condiciones normales, no se puede votar. En esta ocasión pensé que quizá –a falta de un candidato mejor– le votaría. Tengo una sensación parecida a la de este senador con las próximas elecciones generales cuando por fin se celebren, <strong>la de que nos jugamos mucho más que cuatro años de un gobierno de derechas</strong>.</p><p>Si pienso en lo que ocurrirá si gana la derecha iliberal que nos amenaza, lo primero en lo que pienso es en Palestina. <strong>Palestina, hoy, es el asunto central de cualquier posicionamiento político y moral sobre el mundo.</strong> Todo pasa por Palestina: el derecho internacional, un mundo sometido a reglas, la justicia, el rechazo de la crueldad, de la ley del más fuerte. Palestina es el genocidio de nuestro tiempo televisado en directo y ante el que nadie ha hecho nada. No soy ingenua y sé que el Gobierno de Sánchez no hace todo lo que podría, y hay que exigir más, pero quien niegue la importancia de la posición internacional de España es un hipócrita que no ha visto cómo reconocen esta posición los palestinos y el resto del mundo. La nuestra, con todo, es una postura muy minoritaria en el contexto mundial; es una grieta de resistencia ante el horror.<strong> Con el PP-Vox, España se alineará con Trump y esta pequeña luz se apagará.</strong></p><p>Hoy, sábado, cuando escribo esto, en Madrid no se puede respirar. La sierra de Madrid y el valle del Tiétar, nuestro pulmón, están desapareciendo bajo las llamas. Llueve ceniza. En El Bierzo, donde tengo una casa para cuando me jubile, hay otro incendio, y ya hubo uno terrible el año pasado. <strong>El negacionismo y la inacción climática deberían ser un crimen.</strong> El pacto de Estado contra el cambio climático es inexcusable como lo es tomar de una vez medidas duras y eficaces, pero la derecha ya ha dejado claro que está dispuesta a permitir que se desate el infierno antes que ponerle algún límite al capitalismo, antes que reconocer que es necesario apostar por lo público y defender lo común. <strong>Si ganan, las exiguas políticas medioambientales que se han ido levantado, caerán. </strong>Y en un país ya martirizado por décadas de desinterés, el destrozo que se hará de las costas, del paisaje, de los bosques, del territorio, puede ser irreversible. Van por todo y con todo.</p><p><strong>Que este Gobierno se vaya sin derogar la</strong><em><strong> ley mordaza</strong></em><strong> es una traición a quienes les votamos.</strong> Si ya hemos comprobado cómo están la policía y los jueces, podemos imaginar cómo va a ser cuando no se trate ya únicamente de impunidad, sino de afán de venganza y prisa por hacer contrarreformas. Tenemos raperos encarcelados, detienen a cómicos y multan a manifestantes pacíficos. Tengo amigas en los tribunales y con petición de cárcel por ir a una manifestación; tengo amigas condenadas a pagar multas enormes por acudir a concentraciones de apoyo a derechos básicos. Es sólo un aperitivo de lo que viene. Tienen la policía y los jueces; pueden juzgar a cualquiera por cualquier cosa, lo hemos comprobado. <strong>La represión no hace falta que sea violenta para ser muy efectiva</strong>, pero la represión violenta es cada vez mayor, en todo el mundo. El fascismo de Trump ha organizado una cumbre mundial que pone los pelos de punta. De estar PP-Vox en el Gobierno no sólo hubieran vuelto de allí con ETA en plena forma, sino hablando de<strong> reprimir el terrorismo de la izquierda,</strong> ese que es inexistente pero que servirá para organizar la represión a escala mundial.</p><p>El proyecto contra las mujeres, armado y preparado desde hace décadas, se pondrá en práctica. No es como antes, cuando existía cierto consenso, no es parecido a lo que pueda hacer una comunidad autónoma. Con todo el poder, con Vox haciéndose cargo de las competencias de Igualdad, se producirá la asfixia de las asociaciones de mujeres y se desmantelará toda la arquitectura levantada desde hace años para luchar por la igualdad y contra la violencia. Podemos encontrarnos con una ley, como la que se pretende aprobar en Argentina, que no sólo dificulte las denuncias por violencia machista, sino que las penalice. O sea, vamos a decirlo claramente, <strong>que se pueda perseguir a una mujer que denuncia a su maltratador. </strong>Retrocesos en todos los derechos civiles, también LGTBI, aumento de la violencia, la vuelta a los armarios, y el miedo.</p><p>Y los retrocesos en derechos laborales, sociales y económicos, en los servicios públicos, van a ser brutales. Feijóo ya lo ha anunciado. La sanidad y la educación pública están en los huesos, irán a peor.<strong> </strong>Recortes en pensiones, desempleo, bajas por enfermedad, aumento del tiempo de trabajo etc. El PP/Vox, como está haciendo la derecha reaccionaria en todo el mundo, atacará gravemente la cultura, la universidad, el periodismo libre; nos inundará de bulos y de noticias basura. Todo será como Telemadrid, y <strong>hay que ver Telemadrid un rato para entenderlo.</strong> Odian la cultura y la inteligencia, y ya no disimulan.</p><p>Y no es que no sea consciente de lo que debería haberse hecho y no se ha hecho: <strong>desmantelar el bloque reaccionario, depurar los sectores que quedaron intactos del régimen del 78, democratizar el Estado</strong>, todo lo que no se hizo en su momento; todo eso de lo que en esta legislatura hemos sido dolorosamente conscientes. Y políticas de izquierdas que hubieran blindado los servicios públicos, que hubieran impedido su venta a novios, hijos, amigos, empresas varias… No es que no sea consciente de las políticas timoratas, turnistas, social-liberales que ha aplicado tantas veces el PSOE y que, al igual que ha pasado con todos los partidos socialdemócratas europeos, nos han traído hasta aquí. <strong>Pero lo que viene no es el PP de siempre. </strong>Conformarse no es una opción, y me da miedo que haya tanta gente que no sea consciente de lo diferente de este momento. Seguro que mi edad influye en esta sensación de urgencia. No quiero vivir esta etapa de mi vida viendo cómo se desmantelan todos los derechos por los que he luchado, con tanta gente. Creo que aún estamos a tiempo, pero hay que hacerlo ya.</p><p>Sin embargo, mi urgencia no parece ser la de los partidos políticos de izquierdas, que siguen a los suyo. Leo a líderes y a militantes y veo mucho de lo de siempre: <strong>gente mirándose el propio ombligo, es decir el propio partido</strong>. Los partidos son artefactos diseñados para reproducirse, para reproducir la propia estructura. Funcionan agrandando las diferencias y fortificándose ante aquellos con los que tienen fronteras comunes. Lo sé, he estado dentro. Y comprendo muy bien todas las pasiones que laten en los pequeños y grandes odios que nos separan, que muchas veces he compartido y que en más de una ocasión pueden ser legítimos. Tengo y tenemos muchas heridas, algunas siguen sangrando cuando leo o veo algunas cosas. Podría hablar de gente con la que he compartido una parte del camino y a la que conozco bien. Y, aunque todo el mundo puede cambiar, he conocido a mujeres que se burlaban del feminismo y que hoy son las más feministas, así como a hombres que hacían chistes muy machistas. </p><p>Hoy todo el mundo habla de los cuidados, pero <strong>en los espacios que he conocido el maltrato era más que habitual. </strong>Puedo hablar de ambiciones personales desmedidas y de traiciones. Puedo hablar de lo que me hicieron y de lo que nos hicieron. Puedo hablar de cómo las cloacas destruyen los proyectos y a las personas, de la falta de solidaridad de quienes ahora están en la misma posición, de su cobardía cuando pudieron frenarlo o cambiarlo. Puedo hablar de los errores internos, de la falta de democracia real, de cómo casi siempre se prefiere el control al crecimiento, de la desconfianza enfermiza, de las paranoias, de todas las miserias que he visto en mi partido y, en la misma medida, en los otros. Pero a estas alturas reconozco que ya no me importa quién dijo qué, ni quién hizo qué cosa. No me importa nada lo que me hicieron, lo que vi hacer o lo que hicimos; no me interesa quién tuvo la culpa o quién traicionó a quién. </p><p>No me importa nada de eso. No me importan los errores, ni las miserias propias o ajenas, quiero altura de miras, generosidad y voluntad de ganar este futuro, quiero esperanza. Sé que el miedo al fascismo no hace ganar elecciones, ya lo sé, pero sin duda lo que hace que las elecciones no se ganen es no comparecer con todo a las mismas. <strong>No se trata de unir unas siglas, ni siquiera un programa, sino de unir una voluntad, un deseo real de que no gane la derecha.</strong> Eso que se llamó unidad en otras ocasiones, eso conseguido en el último minuto, con el colmillo afilado y las espadas en alto para descargarlas el día después, eso ahora ya no vale de nada. Tengo la esperanza de que por detrás de lo que nos llega esté habiendo movimientos serios para construir un bloque democrático, como quiera que se articule, como quiera que se llame, que sea generoso y que no excluya a nadie.</p><p>Siempre me ha molestado el desprecio con el que algunos llaman a otros <em>malmenoristas</em>. <strong>El llamado </strong><em><strong>malmenorismo </strong></em><strong>depende de cuál sea el mal mayor. </strong>Todos somos <em>malmenoristas </em>en según qué situaciones. Y las elecciones que vienen no van a ser cómo otras.<strong> </strong>Ni por el contexto mundial, ni por lo que nos jugamos. Los ciclos en política son cada vez más cortos. Trump es un payaso fascista que puede caer en cualquier momento o fortalecerse aún más, ya veremos. Sí, aunque algunos se ofendan mucho, estamos en modo resistencia y <strong>necesitamos cuatro años más para resistir o para armar lo que sea que se pueda</strong>; para demostrar que se pueden hacer otras políticas y que el capitalismo no es el oxígeno que respiramos obligatoriamente, sino un mal que sufrimos y que puede ser combatido. No soy nada optimista, no lo soy de naturaleza; pero nada está escrito.</p><p>_______________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno</strong></em><em> es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Jul 2026 19:13:30 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[No me importa quién dijo qué, ni quién hizo qué cosa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Izquierda,PP,Vox,Elecciones generales,Fascismo,Extrema derecha,Pedro Sánchez,Alberto Núñez Feijóo,Palestina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El aborto y el alma del feminismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/aborto-alma-feminismo_129_2224027.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El aborto y el alma del feminismo"></p><p>La Comunidad de Madrid ha aprobado una ley que <strong>reconoce al embrión como un miembro más de la unidad familiar</strong>. Feijóo dice que implantará esa misma ley en todo el Estado. Miguel Ángel Rodríguez puso su consabido tuit para molestar y para señalar por dónde va la cosa, por si a alguien se le había escapado: según los reaccionarios, esa célula que es el propio cuerpo de la mujer no es ella, sino <strong>una persona con derechos que la habita, incluso si es en contra de ella</strong>.</p><p>Al día siguiente aparecen todas las explicaciones sobre el tuit, sobre el significado de la ley y, finalmente, sobre el derecho al aborto en sí. Proliferan los artículos que afirman que más valía que se ocuparan de los niños nacidos que de los no nacidos, etc. Es decir, <strong>se insiste en aplicar racionalidad a determinadas políticas, en este caso, antifeministas</strong>. Se supone que, si desvelas la realidad, la gente lo entenderá, se dará cuenta de que los niños y las niñas que ya están en el mundo son más importantes que aquellos que no han nacido.</p><p>Lo malo es que no funciona así. Estoy convencida de que, en realidad, ni ellos mismos se creen que un óvulo fecundado sea una persona con derechos o, de lo contrario, tendrían que, por ejemplo, cerrar las clínicas de fecundación, donde hay miles de embriones fecundados sin derecho alguno, obviamente. Y podríamos meternos en discusiones bizarras acerca de qué hacer con los embriones abortados naturalmente y que se caen por el váter sin ninguna ceremonia; sin nombre, sin oración, sin culpa —a mí me pasó, que conste—.</p><p>Y, por supuesto, está la cuestión de que es metafísicamente imposible que a políticos que han demostrado con creces que no les importan los niños en absoluto —Madrid es una comunidad con más de 250.000 niños y niñas en riesgo de pobreza— les importen en realidad los no nacidos. Finalmente, si hay alguna persona inocente por ahí que se haya tragado verdaderamente eso del derecho a la vida, bla, bla, bla, a esa no la vamos a convencer con ningún argumento.</p><p><strong>Esto no va de argumentos. Esta discusión es una cuestión ideológica irreductible a cualquier razonamiento</strong>, como casi todo hoy en día: las personas trans, el cambio climático, las vacunas, el feminismo, tomar el sol, la maldad de Pedro Sánchez o, según nos vaya, los catalanes. Detrás de todo esto hay <strong>una lógica reaccionaria que manipula emociones y no razones</strong>, que manipula la ira, el descontento o el miedo; que busca culpables y los encuentra.</p><p>En el caso del aborto, además, esta es una discusión antigua que ha ido evolucionando y transformando sus argumentos según se hacía necesario. <strong>A más derechos de las mujeres, más presión sobre su autodeterminación</strong>. Hasta el siglo XIX, nada menos que hasta el XIX, la Iglesia consideraba que el feto masculino no era “persona” —que abortarlo no tenía importancia— hasta la sexta semana de embarazo. El femenino, en cambio, no era persona hasta la decimoprimera, fecha en que abortar ya era pecado. Las mujeres somos más lentas en la personificación, al parecer de la Iglesia.</p><p>No es el aborto, aunque no deje de serlo. <strong>Ahora mismo, la cuestión del aborto es la clave de bóveda de todos los derechos de las mujeres. Sin ese derecho, todos están en riesgo</strong>. Si una mujer no tiene derecho a decidir si quiere o no quiere continuar con un embarazo, entonces es que no es una ciudadana capaz de tomar decisiones sobre su propia vida.</p><p>Si no tiene derecho a tomar esa decisión, entonces es que su cuerpo —por tanto, su vida, ella misma— no le pertenece enteramente, sino que pertenece al Estado, a una ideología, a su marido, a Dios o a quien sea, pero no a ella misma. Y eso es equivalente a la expulsión del ámbito público, a la subordinación completa. Por lo mismo que para nosotras el aborto es importante, lo es para la ultraderecha, cuyo proyecto de sociedad pasa por <strong>volver a una sociedad indiscutiblemente patriarcal donde los hombres sean los cabezas de familia y las mujeres, las reproductoras sometidas</strong>.</p><p>En el año 2017 me reuní, en mi calidad de diputada de la Asamblea de Madrid, con representantes de EPF —European Parliamentary Forum for Sexual and Reproductive Rights—, el lobby encargado de luchar por los derechos reproductivos de las mujeres en Europa. Se trata de un conglomerado de asociaciones organizadas en torno al objetivo de trabajar políticamente en las instituciones europeas para <strong>que no se produzcan retrocesos en los derechos sexuales</strong> y reproductivos de las mujeres.</p><p>Estuvimos hablando de la emergencia de la extrema derecha en todo el mundo y del riesgo que eso podría suponer para el derecho al aborto, que es, desde hace décadas, el objetivo a batir por las derechas. Lo que aquella tarde de 2017 me trasladaron las personas del lobby europeo por los derechos reproductivos fue que <strong>el aborto iba a dejar de ser el centro de la estrategia de la extrema derecha. El centro de su estrategia, pero no su objetivo final</strong>.</p><p>La razón que me dieron entonces es que la extrema derecha había podido comprobar que el derecho al aborto <strong>ha arraigado fuertemente en la mayoría de las democracias europeas</strong>, hasta el punto de que ya no son únicamente los votantes progresistas los que lo defienden, sino que lo hacen incluso votantes conservadores, especialmente las mujeres, pero no solo ellas.</p><p>En definitiva, que se ha impuesto un sentido común que ya no pone el derecho al aborto en cuestión. <strong>La práctica en sí se ha desideologizado, ha dejado de estar relacionada con el feminismo y se ha normalizado socialmente</strong>. Ahora, en lugar del derecho al aborto, estos grupos de extrema derecha recomendaban centrarse en otras cosas —fundamentalmente, las leyes LGTB y trans— y, en todo caso, embarrar, dividir, crear un medio ambiente hostil al feminismo.</p><p>Por eso, ya no se dice que hay que prohibir el aborto. Simplemente, <strong>van a ir presentando al embrión como una persona con derechos</strong>. La estrategia se llama <em>fetal personhood</em>, o personalidad jurídica fetal. Si presentamos al embrión, a ese conjunto de células, como destinatario de políticas públicas, terminaremos entendiéndolo como un ser humano completo.</p><p>Da exactamente igual que, en realidad, no le demos ningún derecho porque legalmente, en el caso de España, no se pueda; da igual que sea impracticable, da igual que sea ridículo. <strong>Varios años hablando de personitas pequeñas con derechos y llegará el día en que una mujer que aborta sea una asesina</strong>. Antes hablábamos de un embrión, ahora decimos “concebido no nacido” y ahí ya han ganado, porque concebido parece algo que tiene vida propia.</p><p>Un embrión es un término médico, no tiene más vida que la de la mujer embarazada y es una célula o un conjunto de ellas. <strong>La palabra “concebido”, además, tiene importantes resonancias bíblicas y sagradas</strong>.</p><p>En varios estados de EE. UU. <strong>los embriones ya tienen personalidad jurídica plena</strong> y la policía puede entrar en una casa para ver si hay pruebas de que una mujer ha pretendido abortar, si ha comprado un medicamento abortivo; pueden controlar cuándo visita una embarazada al médico, lo que este le dice, pueden seguir el embarazo con ánimo de control, represión y castigo de cualquier intento de abortar.</p><p>También se restringe el derecho a la anticoncepción y cada vez hay más voces —y hay un movimiento— que claman por restringir el voto de las mujeres. <strong>No hace falta recordar Afganistán para entender lo rápido que puede ir esto</strong>. En Argentina, un proyecto de ley pretende castigar con cárcel las “denuncias falsas”, es decir, que impedirá denunciar la violencia machista. De ser uno de los países más feministas del mundo a meter en la cárcel a las mujeres que denuncian. <strong>Y en todo el mundo los derechos de las mujeres retroceden</strong>.</p><p>Si por un momento piensas que esto no puede pasar aquí, es que no has visto actuar a los líderes europeos delante de un bebé gigante, medio loco, francamente estúpido, violador y pedófilo, como es Trump. Sonrisas, buenas palabras, no se vaya a enfadar, sumisión, indignidad. <strong>¿Estas son las personas que van a defender los derechos de las mujeres europeas?</strong></p><p>¿Quién va a defender entonces los derechos de las mujeres? <strong>Nosotras, como siempre</strong>. Pero ahora, me temo, no estamos igual que cuando Gallardón quiso recortar el derecho al aborto y el rugido del feminismo lo escuchó hasta Rajoy, que tuvo que dar marcha atrás. Ahora sería difícil que hubiera unidad de acción ni siquiera en un asunto en el que estamos todas de acuerdo.</p><p><strong>El caballo de Troya es el “concebido no nacido”</strong>, pero antes de eso el caballo de Troya ha sido conseguir un medio ambiente feminista que nos impide mirarnos, escucharnos, solidarizarnos unas con otras cuando es necesario, entender los verdaderos peligros y resistirnos a las agresiones externas; que nos impide poner lo fundamental de lo que nos une por delante de lo que nos separa.</p><p>El lobby antiaborto es el que quiere acabar con los derechos de las mujeres, está muy bien financiado, tiene muchos medios de comunicación a su disposición, tiene universidades, tiene un objetivo claro, aliados importantísimos… Lo tienen todo. ¿Y nosotras? <strong>Nosotras estamos solas y puede que ahora ni siquiera nos tengamos a nosotras mismas</strong>.</p><p>No creo que haya nada más importante para el feminismo, para nosotras ahora, que <strong>ser capaces de parar cualquier retroceso en el derecho al aborto</strong>. Margaret Thatcher dijo que el objetivo de sus políticas no era solo cambiar la economía, sino “cambiar el corazón y el alma de la gente”; y a veces creo que el alma ya nos la han cambiado. <strong>Ojalá estemos a tiempo de recuperarla</strong>.</p><p>_______________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno</strong></em><em> es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Jul 2026 04:01:40 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El aborto y el alma del feminismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Aborto,Feminismo,Comunidad de Madrid,ultraderecha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Orgullo, otra vez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/orgullo-vez_129_2216588.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Orgullo, otra vez"></p><p>Cada año, desde que recuerdo, cuando llega el Orgullo, surgen dos tipos de críticas que vienen de nuestro lado. Y yo, cada año, las contesto (inútilmente) porque convivo con un bichito que no me permite desentenderme de algunas cuestiones. <strong>Las críticas son de dos tipos:</strong> no hay nada que celebrar porque la consecución de la igualdad legal (especialmente el matrimonio, pero no sólo) es una conquista de corte conservador (con sus correspondientes críticas a los colectivos “institucionalizados”) y <strong>el Orgullo se ha comercializado y no es reivindicativo.</strong> Es difícil responder a estas dos cuestiones de manera breve. Voy a intentarlo.</p><p><strong>1-</strong> ¿Hay que celebrar el matrimonio igualitario? Soy de la opinión de que <strong>las críticas al matrimonio son casi siempre anacrónicas, injustas y poco pensadas.</strong> Tradicionalmente el matrimonio servía, fundamentalmente, para tres cosas: asegurar la descendencia legítima y así transmitir la herencia, es decir, la propiedad privada; apropiarse del trabajo reproductivo y sexual de las mujeres y, por último, naturalizar y privilegiar la heterosexualidad. La lucha de las mujeres ha terminado con la identificación entre las dos primeras cosas y el contrato matrimonial. Ya no hay hijos matrimoniales ni no matrimoniales y la herencia se transmite por igual, sin que el matrimonio tenga importancia. Además, ahora se trata de un contrato civil formalmente igualitario entre hombres y mujeres y es fácilmente anulable. Por último, <strong>con el matrimonio igualitario cayó el privilegio heterosexual.</strong> Esto no quiere decir, obviamente, que se haya acabado con la propiedad privada, la herencia o la apropiación del trabajo y la sexualidad de las mujeres, sino que esto ya no se sustenta en el contrato, sino en la institución familiar, que puede ser matrimonial o no. Y de la que ya sabemos que, además de sustentada en las leyes, se apoya en un entramado emocional y de construcción subjetiva que es más difícil de romper que cualquier contrato.</p><p>Es evidente que cuando el contrato matrimonial dejó de ser útil se ha ido desdibujando y su influencia decayendo. Esto hace que haya ya países europeos en los que hay más parejas que conviven sin casarse que casadas y las familias, en todo caso, han sufrido un proceso de diversificación y ensanchamiento que sólo desde posiciones muy dogmáticas es criticable. <strong>Con el matrimonio se podrían hacer aún más cosas</strong> como permitir que lo puedan contraer más de dos personas o que pueda extenderse a relaciones que no sean sexoafectivas. Pero para que eso ocurra, tiene que haber demanda y activismo en ese sentido. Por ahora no ocurre, pero quién sabe mañana porque <strong>cuando se ensanchan los márgenes… se abre un enorme espacio.</strong></p><p>No creo que la misma gente que nos dice que no hay nada que celebrar en la consecución del matrimonio igualitario dijera eso mismo de la derogación de la prohibición del matrimonio interracial, por ejemplo, o de las leyes que permitieron que las mujeres pudieran conservar sus bienes al casarse o ser iguales ante el divorcio. <strong>No sé por qué razón siempre se exige a los colectivos más débiles ser el faro moral de la izquierda.</strong> Finalmente, creo que el hecho de que el matrimonio igualitario (después de décadas de avances de las mujeres) acabara con el privilegio de la heterosexualidad, que fuera una victoria tan rotunda y tan rápida, tiene mucho que ver con <strong>la reacción familiarista de la extrema derecha en todo el mundo.</strong> Estoy convencida de que no pensaban perder esta batalla de manera tan estrepitosa y tan rápidamente.</p><p><strong>2- </strong>El Orgullo de Madrid, que es estatal por decisión de los colectivos, es <strong>uno de los más reivindicativos del mundo.</strong> Y yo he estado en muchísimos. Sólo puede quejarse de lo contrario quien no ha visitado otros o si lo hace con mala fe. Sólo le ganan aquellos que se producen en condiciones de auténtica represión, como el de Budapest del año pasado. <strong>Es el que deja más espacio a los colectivos y asociaciones reivindicativas y a la política.</strong> Las asociaciones marchan siempre en primer lugar y constituyen el grueso de la manifestación. Después van asociaciones y ONG de derechos humanos. Luego van partidos políticos y, por fin, carrozas, unas asociadas a marcas comerciales y otras no. Cuando la cabecera, que siempre lleva un lema político, y donde marchan activistas y partidos políticos en señal de compromiso, llega al final se lee un manifiesto reivindicativo, político y consensuado. Antes de eso se han leído manifiestos reivindicativos en diversos actos. <strong>Todo esto no existe en la mayoría de los países que celebran orgullos.</strong></p><p><strong>3-</strong> Hay muchos orgullos y todos son necesarios. Los hay críticos, autonómicos, ciudadanos, de pueblo…Hoy estamos, de nuevo, en modo resistencia y, aun así, celebramos. <strong>La oposición reivindicación/celebración a estas alturas no tiene mucho sentido.</strong> No hay nada más político (y necesario) que seguir teniendo ese día para celebrar y echarnos a la calle. Celebrar lo que se ha conseguido, celebrar lo que somos, celebrar la memoria y la genealogía, celebrar que, al ser visibles y orgullosas, vencemos a la injuria, como decía el otro día Didier Eribon. <strong>Al celebrar, reivindicamos, desde la memoria de lo que hemos sido, al futuro de lo que queremos ser.</strong></p><p>Como activista que ha estado muchos años en primera línea, puedo asegurar que <strong>el Orgullo ha sido una herramienta fundamental de la lucha</strong> y que, si no hubiera sido por su masividad e internacionalización, algunas cosas hubieran sido mucho más difíciles. Ignorar ahora el contexto internacional y lo que se está preparando contra las personas LGTBI en todo el mundo, por parte de la extrema derecha, es un suicidio. <strong>La manifestación del Orgullo tiene la capacidad de convertirse en un muro frente al fascismo</strong>, ya lo ha sido en el pasado. Lo fue en Budapest en 2025.</p><p><strong>4-</strong> Las críticas al llamado activismo institucional siempre me han parecido <strong>injustas y un poco elitistas.</strong> Hay muchas maneras de ser activista y todas son necesarias, pero el activismo que trata con las instituciones, que las enfrenta, que negocia y arranca compromisos, que se manifiesta, sigue siendo necesario (no sólo LGTBI+, sino cualquier otro: ambiental, por la sanidad, la educación, los derechos laborales, el feminista etc.). <strong>Convivir con las instituciones es perfectamente compatible con estar en la calle</strong>, en la protesta permanente cuando es necesario y con mantener posturas muy críticas. Véase, por ejemplo, la lucha de los activistas gays contra el SIDA: barricadas y negociaciones a partes iguales. Alguien ha estado negociando con los partidos políticos para que presentaran, y finalmente saliera adelante, la ley que prohíbe con penas de cárcel las terapias de conversión de la semana pasada. Alguien trabaja día a día (y recordemos que los colectivos LGTBI españoles son de los pocos que no pagan sueldos a los activistas que se dedican a ello casi full time) para que salgan adelante medidas y leyes que hoy consideramos imprescindibles y de las que, posiblemente, también se beneficien las y los críticos. Francamente, a no ser que renunciemos a cualquier trato con las instituciones, a cualquier ley o mejora legal, que decidamos vivir sin eso y no usar nunca ninguno de los derechos conseguidos… alguien ha hecho por los demás ese trabajo. <strong>Merece, como poco, respeto.</strong></p><p><strong>5-</strong> Lo anterior está relacionado con cierta romantización de los márgenes en la que a veces caemos. <strong>La relación en política (y en la vida) entre centro y periferia, entre adentro y afuera, es compleja y no lineal.</strong> Los márgenes son lugares de creación y de potencia política, pero también de un enorme sufrimiento que nadie quiere para sí a no ser que tenga una llave de seguridad en el bolsillo para poder entrar en la ciudad cuando la cosa se pone difícil. La mayoría de la gente prefiere estar a cubierto que fuera, a la intemperie. La tensión entre la norma y los márgenes es en parte irresoluble porque cualquier lucha pro-derechos es una lucha por la integración. Sin entrar en debates filosóficos complejos, <strong>la batalla hoy es por ensanchar los márgenes lo más posible y diluir la tensión entre ambos espacios.</strong> Pero creo que hay que tener mucho cuidado con romantizar los márgenes desde posiciones de privilegio. Basta con viajar a países en donde las personas LGTBI están perseguidas o fuertemente discriminadas, donde viven en situación de enorme violencia, de peligro, para reconocer que <strong>la aspiración por vivir en la norma, por ser aceptados, queridos, por tener un trabajo y una vida dignas, es legítima.</strong></p><p><strong>6-</strong> Y por fin la eterna discusión sobre el Orgullo y el capitalismo…, esa hidra de mil cabezas que cuando crees que has cortado una, le crece otra. ¿Qué decir? <strong>Es cierto que el capitalismo lo coopta todo y que desactiva la radicalidad de las luchas.</strong> Cuando Disney incluye a una princesa negra entre sus personajes… ¿eso es una victoria del antirracismo y del derecho a la representación pública y el reconocimiento o es una derrota del anticapitalismo? Seguramente sea ambas cosas, pero es posible también que <strong>la victoria final esté hecha de pequeñas victorias parciales.</strong></p><p>Por otra parte… las marcas van y vienen, pero nosotras seguimos ahí. Las mismas marcas que sacaban las banderas arcoíris y forraban sus fachadas de colores, hoy han desaparecido. Y no, esta desaparición no es una victoria del anticapitalismo, sino de <strong>la extrema derecha que pone en riesgo nuestras vidas.</strong> En Budapest, el año pasado, con Orbán amenazando el Orgullo, se manifestaron un millón de personas y no hubo ni una sola carroza. Las marcas no están cuando la cosa se pone fea. Un año después, no está Orbán, pero ya hay carrozas en Budapest. <strong>Las marcas y la comercialización son más un síntoma del mundo en que vivimos que una derrota.</strong></p><p><strong>7-</strong> Termino diciendo que sé, porque he estado ahí, que <strong>organizar esa enorme manifestación y todo lo que conlleva es muy complicado</strong> y que hay cosas que no puedes mover sin que se te caiga todo el entramado. Hoy comparto muchas de las críticas que se le hacen y, si de mí dependiera, quizá intentaría cambiar cosas. Pero también sé que desde fuera es muy fácil decirlo. Es normal estar en desacuerdo con decisiones que toman otros; al fin y al cabo, <strong>los organizadores del Orgullo son organizaciones democráticas con diferentes liderazgos y formas de hacer las cosas.</strong> Es normal discrepar, incluso mucho, de algunas de ellas.</p><p>Pero el Orgullo sigue siendo un día en que salimos a la calle, juntas, para expresar que <strong>ponemos pie en pared ante cualquier retroceso</strong>, que somos muchas y visibles, que sabemos que en gran parte del mundo ser una persona LGTBI+ sigue siendo una condena y que mientras la igualdad, la libertad y la dignidad no lleguen a todas las personas, tenemos que seguir saliendo a reivindicar, y a celebrar también, que <strong>sin nosotras y nosotros no hay democracia ni la posibilidad siquiera de pensar en un mundo mejor.</strong></p><p>_______________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno</strong></em><em> es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Jun 2026 17:51:47 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Orgullo, otra vez]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Orgullo LGTBI,Matrimonio homosexual,Igualdad,Fascismo,Extrema derecha,Activismo LGTBI]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo malo, lo feo, lo cutre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/malo-feo-cutre_129_2209155.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0d519cd3-d1d9-4ae4-9591-3e774f8a2d21_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo malo, lo feo, lo cutre"></p><p>Seguramente no tenía que hablar de esto, con la que está cayendo… Pero no me resisto. Y no me resisto porque, a veces, lo menor desnuda a lo mayor. A veces, lo pequeño nos lleva a pensar en lo grande. Y eso me ha pasado a mí con el <strong>espectáculo que Madrid ofreció al papa en el Santiago Bernabéu… y su contraparte en Barcelona</strong>. Más allá de la broma fácil, esos dos espectáculos explican mucho de en qué se ha convertido Madrid en estos años. Y no, no es caer en la competición burda entre las dos ciudades. Es que lo de Madrid desvela la realidad de una ciudad/comunidad gobernada desde hace muchos años por la peor derecha. El acto con el papa en el Bernabéu, desgraciadamente, nos muestra un Madrid que conocemos bien quienes vivimos aquí; porque ha sido <strong>construido/destruido por un neoliberalismo que es también un movimiento cultural</strong> que lo impregna todo. Esta es la ciudad que consiguió hacer un tema de que Carmena osara vestir a un Rey Mago con un traje de fantasía. </p><p>Hay un dicho en Madrid que dice que esta ciudad nunca ha dejado de ser un poblachón manchego. Yo entiendo que con eso quiere decirse que es una <strong>población que se encuentra, física y simbólicamente, en un páramo</strong>; aislada de cualquier foco cultural relevante. Esto es así pero, además, podríamos añadir aquí que, debido a su capitalidad, Madrid tiene un evidente complejo de superioridad que le lleva a suponer que, con eso, es suficiente; por ello ha terminado siendo <strong>paleta y localista</strong>. En Madrid se pretende hacer todo a lo grande, pero “grande” no es bueno, ni bello, ni interesante, ni mejor. “Grande”, en el caso de la cultura, de un espectáculo, de una fiesta, no significa nada. </p><p>El acto que la Iglesia de Madrid montó en el Bernabéu, supongo que con mucho apoyo institucional, nos ha mostrado al mundo como el epítome de lo cutre, casposo, desfasado, hortera. Y no será por falta de recursos. El espectáculo que tuvimos la desgracia de contemplar sólo puede atribuirse a esa <strong>tradición por la que cualquier cosa que se haga en Madrid con dinero, con mucho dinero, está bien hecha</strong>. En Madrid hace mucho que se da un trumpismo <em>avant la lettre</em> que entiende que hay que dar la batalla contra la izquierda también en la cultura y esa idea, con el tiempo (y con muchas resistencias, naturalmente) ha ido impregnando mucho de lo relacionado con la cultura, las celebraciones populares, los espectáculos. </p><p>Hace mucho que <strong>el PP de Madrid presume de ignorancia y mediocridad</strong>, hace mucho que se ponen impedimentos a las fiestas populares, salidas de los barrios y de la gente; hace mucho que decidieron subvencionar los toros o espectáculos caducos y cutres antes que esforzarse por convertir esta ciudad en un foco cultural de vanguardia. No voy a decir que la cultura es de izquierdas porque, aunque en gran medida sí lo es, <strong>ha habido y hay grandes creadores de derechas, incluso dictadores terribles, que amaban la cultura y que eran cultos</strong>. Esa es otra discusión que no se da en la derecha neoliberal trumpista, donde una de sus características principales es hacer ostentación de ignorancia, de incultura, incluso de estupidez. Y no es sólo hacer ostentación de todo ello, sino que hay también una intención consciente por insensibilizar a la gente ante la belleza o la cultura. Supongo que piensan que cuanto más brutos sean los votantes más se sentirán representados por políticos ignorantes que se ríen de cualquier muestra de sensibilidad artística. <strong>La cultura es </strong><em><strong>woke</strong></em><strong>, la belleza es </strong><em><strong>woke</strong></em><strong>, la inteligencia es </strong><em><strong>woke</strong></em><strong>, ETA y comunismo</strong>. Incluso la bondad es <em>woke</em>. Es en ese sentido en el que la ceremonia de inauguración del Mundial de futbol que se celebró en EEUU, con todos los recursos posibles a su alcance, fue absolutamente cutre, pobre y aburrida. </p><p>Los espectáculos, tanto el del Bernabéu como el del Mundial, tienen ambos que ver con la mirada que esta derecha que padecemos proyecta sobre el mundo. Si Trump forra la Casa Blanca de oro porque un día vio el palacio de Versalles y le pareció de buen gusto, <strong>los organizadores del acto del Bernabéu han sido capaces de hacer un acto casi inexplicable</strong>. Dos locutores deportivos gritaban "GOOOOL" sin ton ni son mientras un cuerpo de baile sacado de un instituto daba patadas (flojitas) a un balón al tiempo que otros cuantos ¿bailarines? ¿voluntarios? ¿La juventud del papa? daban saltos desacompasados y absurdos celebrando esos falsos goles papales. No sé cuánto costó la broma, pero la cosa era muy parecida a la fiesta de fin de curso de un colegio y el guionista del engendro merece padecer los males del infierno. </p><p>En Barcelona no sólo hicieron un espectáculo lleno de belleza, sino que tuvieron el buenísimo gusto de que pareciera que <strong>todo iba dedicado a Gaudí</strong>, con lo que no sólo los católicos podían sentirse incluidos. Hicieron coincidir la bienvenida al papa con la presentación de una de las últimas torres que faltaban por concluir de la Sagrada Familia y <strong>los drones proyectaron en el cielo la imagen del arquitecto</strong>. Si eso se llega a hacer en Madrid, allí hubiéramos visto la cara iluminada del papa, o de Ayuso, quien sabe, o puede que de Nacho Cano. </p><p>Las fiestas y los espectáculos de Madrid son en demasiadas ocasiones así: cutres, casposos, baratos (aunque cuesten muchísimo dinero), grises, deprimentes y carentes de cualquier rasgo imaginativo o de modernidad; y dan un poco de vergüenza. <strong>Dijo Ayuso que el papa hablaba al mundo desde Madrid o Madrid se hablaba con el papa</strong>, <strong>o el papa hablaba para Madrid</strong>, porque todos somos uno… o varios. No se la entendió nada de lo que dijo en una de sus características entrevistas en las que le da por improvisar. Lo que sí se entendió es que Madrid es incapaz de montar un espectáculo digno porque hace mucho que los políticos que la gobiernan son como la cultura que imaginan y los espectáculos con los que se presentan al mundo: grises, tristes, casposos, cutres, desfasados, ignorantes. Para librarnos haría falta un fuerte y valiente impulso, sostenido en el tiempo, en la dirección contraria a aquella en la que vamos. </p><p>_______________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno</strong></em><em> es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Jun 2026 17:42:36 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Lo malo, lo feo, lo cutre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Madrid,Barcelona,Papa León XIV]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Estado de desecho]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/desecho_129_2201748.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Estado de deshecho"></p><p>Cuando este artículo salga yo estaré de viaje lejos de España. Cuando lo entregue, puede que se haya quedado viejo, pero… he querido ordenar algunas impresiones básicas que creo que no caducarán tan rápido.  </p><p>1. El 15M identificó muy bien que las <strong>puertas giratorias son una forma de corrupción sistémica</strong> y las llamadas consultorías no le andan lejos. No debería ser normal que alguien que se ha dedicado a la política acabe siendo millonario. Sí, es legal, pero para muchas personas de izquierdas no es ético. Por eso supuso un pequeño escándalo el anuncio de Alberto Garzón de que iría a trabajar a la consultoría de Pepe Blanco. Lo cierto es que muchas de las consultorías donde terminan la mayoría de quienes han sido altos cargos de la Administración son un <strong>engendro capitalista que no aporta ningún valor real</strong>; son montajes que sirven para el enriquecimiento de algunos y para aumentar la capacidad de influencia de quienes les contratan. A ello se dedican la mayoría de los expresidentes y altos cargos. Lo que venden son sus contactos, su agenda; nadie lo ha cuestionado y mucho menos investigado. Hasta ahora, hasta Zapatero.</p><p>2. Zapatero se convirtió en un referente moral porque planteó una idea de España que rompía en parte con la que se sostenía desde la transición: una <strong>España verdaderamente plurinacional</strong>, que reconociera la memoria histórica y que avanzara en derechos sociales. </p><p>Como activista feminista y LGTBI podría contar mis experiencias con los anteriores dirigentes del PSOE, capaces de hacer chistes homófobos y machistas en nuestra presencia. Sé muy bien que <strong>Zapatero se plegó a la Troika</strong>, que aumentó la edad de jubilación, que abrió la era de los recortes, que modificó la Constitución… Zapatero nos libró de la caspa, no del capitalismo. Allá quien pensara que en cuestiones económicas el PSOE era otra cosa que un partido social liberal dispuesto a hacer lo que fuera por salvar el capitalismo financiero. Por eso, hoy pueden ser un referente en lo que tiene que ver con Palestina, pero no puede abordar de ninguna manera el problema de la vivienda. Una cosa no quita valor a la otra. </p><p>3. Pero… el mundo ha cambiado desde que gobernaba Zapatero y hoy hay una ofensiva muy diferente a otras que hemos vivido. Ya no se trata de hacer recortes y acabar con los restos de la socialdemocracia, sino con la propia democracia. Los tecnooligarcas no están dispuestos a permitir que nada pueda poner límite a su poder, <strong>ningún límite a la destrucción del planeta, a la privatización de todos los servicios públicos</strong>, a la implantación de las inteligencias de la vigilancia, etcétera. Utilizan la crueldad, la represión, la fuerza, el desprecio por la ley y el conocimiento etc. Es fascismo (llámalo X) y da miedo. </p><p>4. Trump y el genocidio palestino han sacudido el tablero. <strong>En Palestina se juega el futuro ético de Europa y de la humanidad</strong>. Cualquiera que manifieste la más ligera oposición es un enemigo declarado. El papel de Sánchez en esta cuestión ha sido muy importante. No discuto si se han dejado de vender armas a Israel o no, puede que su oposición al genocidio haya sido simbólica pero lo simbólico es fundamental en un mundo que quiere negar que la matanza de palestinos se esté produciendo, que busca encarcelar y multar a quien pronuncie la palabra “genocidio”. Pronunciarse contra el genocidio y a favor de la legalidad internacional es <strong>ponerse en la diana de Israel</strong>, de EE. UU y de todos sus entramados de Inteligencia. A nadie se le escapa que EE. UU e Israel harán cualquier cosa para que España vuelva a ponerse incondicionalmente del lado de Israel. Esto no es ser conspiranoico, es política real. Quizá de todo lo que nos va a pasar si gana el PP/VOX esto sea lo que más me duele. </p><p>5. Todo lo que sabemos del sumario contra Zapatero es que <strong>no hay una sola prueba del delito de tráfico de influencias</strong> y que, si este no está, tampoco están los otros dos delitos de los que se le acusa. El juez Calama se ha limitado a copiar el informe de la UDEF que está lleno de errores y de alguna mentira. Lo hace destrozando una de las razones de ser de los jueces de instrucción, que debería ser la de ejercer cierto control sobre las investigaciones policiales. A estas alturas tenemos ejemplos claros de que <strong>la UDEF ha hecho antes informes falsos</strong> (hay altos cargos de la UDEF y de la UCO imputados por delitos varios) Sabemos que con estos indicios ningún otro presidente hubiera sido imputado (ni ningún cargo del PP). También parece evidente que hay un ataque mediático coordinado (incluido, a estas alturas, PRISA) para acabar con Sánchez.</p><p>6- Cuando lo de Zapatero parecía lo peor que le podía pasar al PSOE, aparece otra trama vinculada a la interna en la que se supone que diversos personajes parece que buscaban influir en (“desestabilizar”) los procesos judiciales. Más allá de que estas personas (Leire Díaz, Santos Cerdán…) <strong>ya están imputadas e investigadas</strong>, y si han cometido un delito que a nadie le quepa duda de que les van a condenar, la capacidad del PSOE para influir en la marcha de estos procesos (véase Begoña Gomez o David Sánchez) es nula por la propia naturaleza de lo verdaderamente existente: una judicatura cooptada en gran parte por la derecha y que considera que su papel es corregir la anomalía de que pueda gobernar la izquierda. La <strong>trama montada en el PSOE</strong> parece cosa de unos cuantos, pero también parece algo de Mortadelo y Filemón y más bien da cuenta de su incapacidad real para abordar uno de los problemas de esta democracia: la corrupción judicial.  </p><p>7- En mi opinión, se equivocan quienes pretenden equiparar todos los comportamientos con apelaciones genéricas a la defensa de la democracia que no hacen sino abonar la idea de que todos son iguales. <strong>Repetir como un mantra que hay que confiar en la justicia</strong> <strong>no va a hacer que la justicia española sea más confiable</strong>. Cualquiera sabe a estas alturas que no se puede confiar en esta justicia. Llevamos muchos años comprobando que una parte de la justicia está corrupta, así como una parte de la policía. Negar esto es ridículo y es hacer el juego a los corruptos. Y esta es una de las grandes limitaciones del PSOE para poder salir vivo de esto. No está genéticamente preparado para convertirse en antisistema. Recordemos que <strong>el PP ya dio un golpe en la Comunidad de Madrid con el </strong><em><strong>Tamayazo</strong></em> y que el PSOE se lo tragó. Ahora Esperanza Aguirre, que nunca fue imputada, se permite encabezar manifestaciones contra la corrupción. Recordemos también que cuando se ha perseguido judicialmente a otros partidos con informes evidentemente falsos, el PSOE no lo ha denunciado, sino que ha declarado esa confianza en la justicia; esa misma justicia que ahora se lo va a tragar. Y se lo va a tragar entre otras cosas porque pienso que una parte del PSOE estaría contenta de volver al bipartidismo y a la oposición, a sus escaños tranquilos en los que esperar a que cuando el PP y Vox se lo hayan cargado todo se les llame de nuevo a sus políticas moderadas, ya sin nadie a su izquierda. <strong>Hay una parte del PSOE que desea que acabe ya esta aventura</strong>. </p><p>8. Pero también creo que la izquierda que está a la izquierda del PSOE hace mal en tratar de sacar rédito de la situación porque lo que está en juego es mucho más grande que las próximas elecciones. Que hace mal en acogerse a esa falsa confianza en una justicia en la que no creemos. Aunque ahora le toque al PSOE que quiso sepultarnos, ya es hora de denunciar abiertamente que todo esto es un absoluto escándalo y que está en juego la democracia. Es un escándalo la <strong>imputación de Begoña Gómez y el juicio de David Sánchez</strong>; es un escándalo que Rajoy y Cospedal no estén imputados. Es un escándalo que haya audios de Villarejo hablando de que tiene al juez Pedraz, y no se sepa nada del asunto; que tampoco sepamos nada de Montoro; que Zaplana, qué tenía una enfermedad terminal, esté cada día más moreno por sus paseos por la playa; que Ayuso, su novio, su hermano y su madre se hayan hecho millonarios ante nuestras narices y las de los jueces. Comienzo a creer que no hay gran cosa en el caso “mascarillas” contra Ábalos y Koldo. <strong>Es un escándalo que el Tribunal Supremo dé crédito a un corrupto mentiroso como Aldama</strong>, y que este esté libre y, al parecer, también millonario. Escandaloso es que esté pasando mediáticamente desapercibido el mayor escándalo de corrupción política de la democracia española que es la <em>Kitchen</em>, que se haya programado un ruido atronador que no permite escuchar las grabaciones que se están ofreciendo (a puerta cerrada) en el juicio. <strong>Es un escándalo mayúsculo la condena a Álvaro García Ortiz</strong>, la madre de todos los escándalos, y que no fue más que la demostración de hasta dónde están dispuestos a llegar. Tenemos razones de sobra para poder afirmar que no tenemos por qué creernos nada de lo que dicen o hacen determinados jueces; que todo es una trama para tapar la corrupción del PP, para que este partido vuelva al poder como sea y para que la izquierda no vuelva a gobernar en 20 años. Cualquiera que ahora siga diciendo que confía en la justicia me parece o cómplice de la situación o muy ingenuo. </p><p>Recojo este párrafo en el que Siri Husvedt se refiere a lo que pensaría Paul Auster de la victoria de Donald Trump: “¿Y si las instituciones estuvieran hechas de jabón y no de granito? Entonces bastaría con abrir las mangueras y todo desaparecería”. Y <strong>eso es exactamente lo que está pasando ante nuestras narices</strong>, que el Estado de derecho está roto, es un desecho y lo están barriendo. A lo mejor es el momento de una contundente reacción ciudadana. </p><p>_______________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno</strong></em><em> es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jun 2026 18:42:47 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[José Luis Rodríguez Zapatero,PSOE,PP,Justicia,Democracia]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Las epidemias que vienen y el miedo que tenemos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/epidemias-vienen-miedo_129_2194843.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las epidemias que vienen y el miedo que tenemos"></p><p>Tenía mi artículo sobre las elecciones andaluzas, pero sobre esto hay ya muchos y, en cambio, esta mañana, tuve una interesante conversación con un compañero de oficina. La oficina es para mí un lugar privilegiado para observar la realidad porque es el único espacio en el que me relaciono cercanamente con gente que no piensa como yo; en el que <strong>puedo hablar con gente muy diferente desde un lugar no de confrontación</strong>, <strong>sino incluso de cercanía afectiva</strong>. Me llevo bien con este compañero, es buena gente, tiene sentido del humor y no es tonto en absoluto. Y esta mañana hemos hablado del brote de ébola en África y, claro, también del hantavirus. </p><p>Su opinión acerca del asunto es, simplificada, la siguiente: “Yo no creo en los virus, es un engaño, <strong>no creo en las vacunas, la OMS no sirve para nada</strong>, es otro engaño, y si viene otra epidemia no me volveré a poner la mascarilla. Además, no va a haber fuerza que consiga mantenerme en casa confinado”. Esto, junto a la opinión de Mariló Montero diciendo que Sánchez ha creado el hantavirus y que prepara una epidemia para 2027, es el resumen perfecto de esta época. Y no es una broma. </p><p><strong>El siglo XXI será el siglo de las epidemias</strong>. Lo será por el cambio climático; la globalización, que hace que millones de personas se estén moviendo de un lado al otro del planeta constantemente, penetrando en zonas antes remotas, presionando y destrozando los ecosistemas animales… por todo eso y que hay unos 10.000 virus desconocidos con capacidad de infectar a los humanos. Tendríamos que estar preparándonos, como humanidad, para sufrir una epidemia en cualquier momento… pero a la vista está que no lo estamos haciendo. Y si llega, <strong>será imposible de combatir tal como están las cosas</strong>. </p><p>En las palabras de mi compañero de oficina se concentran varios de los problemas que nos impedirían combatir con éxito una epidemia global: la <strong>desinformación, el ultraindividualismo, la desconfianza en la ciencia, en lo público y en las instituciones</strong>, el desprecio hacia cualquier forma de conocimiento experto… Justo todo lo que impediría librar un combate contra una epidemia sanitaria global y tener posibilidades de ganarlo. Las epidemias hoy sólo pueden combatirse con sistemas de salud pública potentes, cooperación científica y sanitaria internacional, sistemas de protección civil eficaces y bien dotados, y con la imprescindible colaboración ciudadana basada en la confianza en la ciencia y en las instituciones.</p><p>Pero todo eso se ha hecho añicos para una parte importante de la población, mucha más de lo que podemos pensar. Mi compañero y tanta gente piensa así porque, en la <strong>deriva neoliberal enloquecida hacia la concentración de la riqueza</strong> <strong>en cada vez menos manos</strong>, todo eso que es necesario para subsistir como especie está siendo meticulosamente destruido. Y, naturalmente, dicha destrucción, que es la ganancia de unos pocos, viene acompañada de la ideología correspondiente, que consigue gente convencida de remar hacia su propio mal. Si queremos tener posibilidades de vencer a los virus, tenemos que romper con la lógica neoliberal y con la cultura que lo justifica. Y, ya sabemos, no es un combate fácil ni en el que estemos en la misma posición de salida. </p><p>Nos bombardean con desinformación y bulos, el ultrasubjetivismo del “yo sé más”, con los <strong>influencers opinando muy seriamente de todo y convertidos en expertos</strong> de cualquier cosa, con la posibilidad que tiene cualquiera de acceder a toda la información disponible (aunque no la entienda), con el desprestigio de lo público y de las agencias internacionales… Todo esto nos está acercando a una situación en la que vivimos en una sociedad ultratecnificada pero, al mismo tiempo, casi medieval en muchos aspectos. Hace unos pocos años, cuando conocía a alguien que hablaba enfáticamente contra la posibilidad de vacunarse o ponerse la mascarilla, hacía bromas con mis amigas. Ahora ya no puedo mostrar ni siquiera asombro, porque en este momento, en cualquier grupo en que lo comente, es muy probable que <strong>haya personas que estén de acuerdo con esta postura</strong>. Y no es sólo que estas personas reticentes a lo racional están ya por todas partes, sino que me he dado cuenta de que esas personas podemos ser cualquiera de nosotros, de nosotras. Yo misma, me puede pasar a mí. La semana pasada tuve mi particular caída del caballo con este asunto. </p><p>Me ocurrió cuando fui al médico para tratarme de mi enfermedad neurológica. Cuando la doctora me preguntó si tomaba algún medicamento para el dolor, le dije que me tomaba una aspirina de 500 mg al día y que eso lo hago desde hace muchos años. "¿Por qué?", me preguntó. "¿Te la recetó alguien?". No se lo dije, pero la realidad es que la tomo porque tuve una tía abuela con la misma enfermedad. <strong>Ella se tomaba esa aspirina diaria y vivió 90 años</strong> en buenas condiciones. La médica me dijo que no me tomara más la aspirina, que la dosis que tomo es muy alta y que ahora mismo la aspirina ya no se recomienda excepto para determinadas situaciones médicas, que me puede producir una hemorragia… En fin, que mejor tome paracetamol. ¿Y yo qué hice? Hacer caso omiso y seguir tomando mi aspirina. Hay algo en ella que <strong>me proporciona una tranquilidad que no me ofrece el paracetamol</strong> y que no tiene nada que ver con su composición farmacéutica ni con el dolor. ¿Sé yo algo de medicina, de farmacia, de neurología? No. Pero tengo miedo, he leído dos artículos y me aferro a la magia. </p><p>Será que, a pesar de todos los avances, los humanos no podemos despojarnos de ese algo nuestro primitivo que nos impele a creer en lo mágico, en lo que “nos dice el corazón”, en percepciones, sensaciones, supersticiones que necesitamos para vencer un miedo que ningún avance científico nos puede quitar y que supongo que es el miedo a la muerte, enmascarado de mil formas diferentes. <strong>El miedo a lo inevitable no se vence con lo real</strong>, sino con lo sobrenatural, me temo. No somos tan diferentes de aquellos ancestros que se aterraban cuando se desencadenaba una tormenta. Ni toda la ciencia del mundo puede borrar de nuestro inconsciente el miedo cerval a lo desconocido, a lo incontrolable y a la muerte que la <strong>extrema derecha sabe aprovechar muy bien</strong>, pero que se esconde en cada uno de nosotros. Nos cuesta renunciar a combatir ese temor con las herramientas que la humanidad ha utilizado desde que es humanidad: la magia, lo divino, lo sobrenatural. Ese “yo no me pongo la mascarilla”, ese desprecio al conocimiento científico, no es más que un abrazo al lado oscuro que, en ocasiones, parece más acogedor que cualquier mascarilla ordenada por un poder tan terrenal, prosaico y desacreditado como un gobierno. <strong>No podemos reírnos de quienes se están deslizando por ese lado</strong>; no podemos combatir ese miedo sino desde el conocimiento de que todos somos susceptibles de caer en lo irracional que habita en lo más profundo de nosotras. </p><p>Y el fascismo es capaz de aprovechar cualquier miedo y de crear nuevos miedos en tiempos de incertidumbre porque, por otro lado, no somos capaces de presentar un mundo suficientemente deseable, suficientemente luminoso. <strong>Hay que esforzarse desde la política en ofrecer un mundo que la gente desee habitar</strong> y desprecie así las soluciones que el fascismo propone. Este artículo no puede proponer estas soluciones, pero, en definitiva, lo que quiera que sea pasa por la posibilidad de vivir vidas tan buenas que cualquier miedo se atenúe; vidas que nos ofrezcan la dignidad de no sentirnos menos que nadie, que nos ofrezcan sentido de pertenencia y libertad, vidas manifiestamente mejores, cualitativamente mejores para todas y todos. Vidas que cuenten, que pesen, que signifiquen, que merezcan la pena. De lo contrario a la larga estamos condenados, me temo. Nos matarán nuestros miedos. </p><p>_______________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 May 2026 18:07:32 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ayuso morirá en su casa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/ayuso-morira-casa_129_2187722.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ayuso morirá en su casa"></p><p>Hace exactamente un año que murió mi madre. </p><p>Mi madre vivía en una casa llena de libros y, en sus últimos años, cuando ya no podía leer, aun entonces, se levantaba con dificultad del sillón en el que pasaba sus días y se acercaba a las estanterías para <strong>pasar su dedo por los lomos de los libros</strong>, elegir uno, llevárselo con ella al sillón, abrirlo y mantener la mirada fija en las letras durante mucho rato. A veces, muy seria y concentrada, cogía un lápiz y subrayaba la lectura. Cuando sus hijos íbamos a ver qué había subrayado con tanto empeño, veíamos que eran palabras al azar, sin ninguna relación entre ellas. </p><p>Contratar a una trabajadora interna para que se ocupara de ella, de que no quemase la casa o de que no se cayese en el baño, fue muy dificultoso. Mi madre era muy independiente y solitaria, le gustaba vivir sola. Después de años de insistencia hubo un día en que aquello fue inevitable y aquel mismo día supimos lo que nos esperaba, a todos. Según vio que la señora llegaba con unas bolsas, mi madre se las tiró al descansillo y <strong>le cerró la puerta en las narices</strong>. Porfiamos con ella un buen rato llegando incluso al encontronazo físico, lo tiraba todo al suelo y, cada vez que abríamos la puerta, mi madre la cerraba de un golpe. Fui yo la que la senté en el sillón casi de un empujón y la grité: “Es así, mamá, tienes que aceptarlo” y ella, en un terrible arranque de lucidez, dijo: “Me habéis vencido”. Y la señora que venía a ayudarnos a cuidarla pudo entrar. Después, claro, fue empeorando, y ya no bastaba con una señora, necesitaba dos o tres, para todas las horas del día y de la noche. Y eso que sus hijos (tres) íbamos todos los días a pasar horas con ella y los fines de semana enteros. Pero llegó un momento en que no podíamos moverla, ni asearla, ni alimentarla, teníamos que trabajar y, además, todos sus hijos tenemos ya más de 60 años; estamos entrando en nuestras propias vejeces. Pagar más ayuda era ya impensable. Entonces hubo que llevarla a una residencia. Ese día, aun en su estado, luchó con fiereza. Me dio un bastonazo a mí y otro a mi hermano y prácticamente la tuvimos que llevar en volandas. Creo que ese fue un día para mí más triste que aquel en el que murió.</p><p>Llegó a la residencia con la cabeza bastante entera. Al entrar dijo:<strong> “Me traéis aquí para morir, ¿no?”</strong>. Le dijimos que no, que era para que se repusiera. Después, muchos días nos preguntaba que si nos estábamos ocupando de limpiar su casa, para cuando volviera, pero llegó el día en que comprendió que no iba a volver, y lloró desconsolada. En la residencia no duró siquiera un año. La residencia nos costaba más de 4.000 euros al mes, un dinero que salía de su pensión (alta) y de lo que aportábamos los tres hermanos. Se supone que era una buena residencia, pero yo querría morir antes de tener que pasar allí un solo día. <strong>Entiendo que mi madre tuviera prisa por morirse</strong> y, aunque no tuvimos más remedio, nunca me quitaré la culpa de no haber hecho algo más por intentar que pasara en su casa, con sus cosas, sus últimos días. </p><p>Pienso mucho en las vejeces que nos esperan desde entonces. Mi primera experiencia con una residencia me hizo entender que es en la vejez —y no en la juventud— cuando las diferencias de clase, si no más evidentes (siempre son evidentes), sí se hacen mucho más dolorosas. Son lugares terribles y <strong>sólo una sociedad que no piensa en la vejez ni en la muerte ha podido naturalizar el hecho de que nuestros viejos (nosotros y nosotras mismas) estén condenados a terminar sus días allí</strong>. En algunos países nórdicos las residencias son apartamentos individuales, atendidos por profesionales. También muchos ayuntamientos proporcionan ayuda profesional que acude a las casas. No una hora a la semana, como aquí, sino 24/7. Supongo que estos servicios estarán en recesión y bajo la tensión privatizadora que sufren los servicios públicos en todo el mundo. Pero aquí hemos pasado de no tener nada a tener lo peor; para quienes no pueden pagarse un cuidado adecuado, claro. La mayoría que no puede pagar el precio del cuidado digno que necesitan y merecen sus familiares, tendrá que vender esa ansiada vivienda de los padres que esperaban llegar a tener en herencia como único patrimonio… Eso si existe. </p><p>Mi madre murió en una residencia muy cara y se supone que muy buena. Tenían a los residentes muy atendidos, el servicio médico era bueno, la decoración era agradable y la comida (para quien podía comer) era apetecible. Las enfermeras y auxiliares eran cariñosas y los trataban bien. Pero <strong>pasó sus últimos días sentada en un corro con personas desconocidas cada una con su propia enfermedad mental o su propio grado de vejez</strong>. Una chillaba, otro señor insultaba e incluso agredía, muchos eran como muebles, otra cantaba a voces y muchas, muchas personas, lloraban. Nadie hablaba con nadie, los viejos son como islas inexpugnables para los demás excepto, quizá y sólo a veces, para sus hijos e hijas. Y no tenía nada suyo a su alrededor, nada que le recordara quién era o qué había sido; ni un objeto querido, nada a lo que aferrarse. Mi madre, que llegó allí hablando y reconociéndonos, se hundió en la negrura muy rápido y, lo peor de todo, muy triste. </p><p><strong>Pienso mucho en esos viejos que tienen que sufrir la avaricia y la maldad de las políticas de Ayuso</strong>. Pienso mucho en las residencias de Ayuso. Pienso en esas personas que, después de toda una vida luchando y viviendo con carencias, acaban sus días comiendo comida escasa y podrida; en esos ancianos que tienen hambre y que ni siquiera pueden protestar porque les amenazan con la expulsión. Pienso sin parar en tantas familias que no tienen más remedio que ingresar a sus familiares, a sus padres o madres, y que se los encuentran con el pañal mojado porque nadie se lo ha cambiado en horas; pienso en esas trabajadoras agobiadas, mal pagadas y que aun así intentan hacer su trabajo lo mejor posible, pero que no llegan. Pienso en las llagas sin curar, en los que murieron ahogados en las residencias porque no les desviaron a un hospital, adonde sí enviaron a quienes pagaban un seguro médico, pienso en los que se caen por la noche y nadie los recoge hasta el día siguiente. Pienso en que Ayuso riega con millones a la empresa de su novio (que también es la suya) mientras le quita el presupuesto al servicio de paliativos, el que ayuda a morir con dignidad y el menor dolor posible. </p><p>Sé que es natural que los jóvenes no piensen en la vejez y en la muerte. Pero esta es una sociedad de hijos únicos de padres mayores que se tendrán que hacerse cargo, ellos solos, de sus progenitores… o abandonarlos a este sistema cada vez más injusto, más inhumano. <strong>A mi hijo ya le he dicho que, cuando no pueda, que me dé una pastilla, que ya lo dejo yo preparado y escrito</strong>. Mientras llega el día, la verdad es que si hay un motivo para quemar las calles es este. Los viejos que son y los viejos que seremos no nos merecemos esto. <strong>Ayuso y su novio seguro que mueren en su casa con todo el cuidado necesario. Malditos sean</strong>.</p><p>_______________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 May 2026 17:57:15 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Ayuso morirá en su casa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Residencias de mayores,Isabel Díaz Ayuso,Ancianos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sarah Santaolalla y seguimos con el armario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/sarah-santaolalla-seguimos-armario_129_2180432.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sarah Santaolalla y seguimos con el armario"></p><p>Era imposible que no me ocupara del tuit de Santaolalla contra Vito Quiles porque este es un asunto del que he escrito mucho: el armario. Y porque estamos en la víspera del homenaje que el Gobierno va a ofrecerle a <a href="https://www.infolibre.es/igualdad/dolores-vazquez-recibe-perdon-27-anos-mayor-caso-lesbofobia-mediatica-judicial_1_2178838.html"  >Dolores Vázquez</a>, sobre cuyo caso escribí también un libro en el que sostenía precisamente que la <strong>causa de que la condenaran fue… el armario</strong>. No me ha sorprendido que haya personas heterosexuales que critiquen a la periodista por el tuit, no todo el mundo entiende que el armario es un mecanismo de opresión, pero sí que lo hagan asociaciones LGTB… gays… ¡a estas alturas!.</p><p>Sinceramente, me parece definitivamente bien que Sarah Santaolalla se defienda de un <strong>acoso intolerable del que la justicia no la ha defendido</strong>. Decir que Santaolalla es homófoba porque utiliza la homosexualidad para hacer daño a Vito Quiles es absurdo. Todos sabemos que no es homófoba, admito que quiere darle un puñetazo al individuo, mucha gente querría. En realidad, Santaolalla utiliza la homofobia de Quiles contra él mismo, no me parece mal. Estamos en una sociedad que no nos defiende de acosadores como este tipo, que permite que se insulte, se difame, se agreda. Los medios que tenemos para defendernos son escasos. Hay que poner dinero y <strong>hay que dar con un juez “normal” y no con un juez quintacolumnista</strong> de la derecha dura, que abundan. </p><p>El mecanismo del armario tiene su historia. En un primer momento, cuando la homosexualidad era un delito y visibilizarse como LGTBI podía costar muy caro o era impensable, el derecho al armario, al secreto en definitiva, era un mecanismo de protección básico. Los estados homófobos de la guerra fría usaban ese secreto (fuera cierto o no) para <strong>chantajear, amenazar y acabar con la vida civil de quien molestara</strong>, <strong>ya fuera un gay o un comunista</strong>. El armario servía, precisamente, para amenazar con sacar del armario a cualquier disidente, a cualquier peligroso social. Las personas homosexuales invocaron en ese momento el derecho a la privacidad frente a un Estado y frente a una concepción de la sociedad que usaba la homosexualidad como mecanismo de castigo y advertencia para todas. Una sociedad homogénea en lo sexual (homogéneamente heterosexual) era moralmente superior, se suponía que era una sociedad más sana y fuerte que cualquier contraparte del otro lado del telón de acero. Cualquier disidencia sexual suponía <strong>debilitar la democracia frente al comunismo</strong>, la homosexualidad era un peligro social; era la época de MacCarthy. </p><p>En un segundo momento, gracias a la lucha militante del movimiento LGTB y al fin de la guerra fría, la homosexualidad deja de ser un delito y la lucha cambia de sentido. <strong>Lo que el Estado quiere ahora no es sacar a la gente del armario, sino lo contrario, que nadie salga</strong>. El objetivo de esta maniobra es que las sexualidades no normativas no se visibilicen, aunque ya no sean delito. Se trata de mantener la ficción de que la ciudadanía es homogénea y está libre de taras. Ya no se quiere encarcelar o chantajear a las personas homosexuales, simplemente se pretende que desarrollen su existencia dentro de las paredes de su casa. El arma que se utiliza ahora ya no es la tortura o la cárcel, sino el <strong>estigma social, la burla, la injuria</strong>. El Estado ya no busca interferir en lo que se define como la intimidad de cada uno/a, sino impedir que uno/a mismo/a se autonombre desde la libertad; porque salir del armario políticamente significa afirmar el valor igual de la homosexualidad. El armario se refuerza y se convierte en una de las <strong>principales herramientas de la homofobia de los 90</strong>. A esta fase la llamamos el armario liberal. Es la base, entre otras, de la política de Clinton en el ejército, aquella de “no preguntes, no digas”. Se nos dice que si nos quedamos dentro podemos hacer lo que queramos, siempre en nuestra casa, en nuestra cama y mejor por la noche… pero ¡sorpresa!, no funciona así y, parafraseando a Audry Lorde, enseguida vamos a descubrir que el silencio no nos protege de nada, sino al contrario, nos vulnerabiliza. </p><p>Lo descubrimos con el sida. Es el secreto, el armario, lo que <strong>impide luchar efectivamente contra la enfermedad</strong> y sus consecuencias, así como desarrollar políticas de prevención. El silencio no es que no nos proteja, es que nos mata (a partir de los 90 aparece el lema 'silencio=muerte'). Descubrimos que, por guardar el secreto, no hemos conquistado derechos ni hemos adquirido una ciudadanía equiparable a la de los ciudadanos/as heterosexuales. Descubrimos que si no nos visibilizamos no podemos denunciar ni combatir la homofobia y el odio, que el estigma es un arma que entregamos en manos de quien nos quiere invisibles. Entonces comprendemos que la <strong>existencia homosexual tiene que ser tan pública como lo es la heterosexualidad</strong>, que si aquella no se visibiliza esta siempre se presume, por defecto. El derecho a la privacidad no puede ya ser invocado en un contexto en el que lo que se pretende es, justamente, obligarnos a llevar vidas privadas (únicamente a las personas homosexuales; la heterosexualidad es necesariamente pública). El derecho a la privacidad, antaño invocado, ahora se convierte en la reclamación del derecho a la igualdad y a la libertad. Siguiendo la <strong>estela del movimiento feminista</strong>, lo personal se hace político.  </p><p>El Estado, defensor a ultranza del heterosexismo, pugna por devolvernos al armario (como ocurrió en el caso de Dolores Vázquez), pugna por dificultar en lo posible la expresión pública de la existencia homosexual (y de las disidencias sexuales en general). Más o menos lo que hoy siguen diciendo en Vox: “No tengo nada contra ellos pero…¿Por qué tienen que contarlo?” Nos quieren dentro, pero nosotras hemos comprendido que la visibilidad es el arma más potente que tenemos. Cuando nos dejamos encerrar en el armario todas nos hacemos más vulnerables. El mecanismo del armario pretende evitar, mediante la violencia real o simbólica, que nos visibilicemos, es decir, que nos politicemos. <strong>Hace difícil salir y, cuando se sale, presiona constantemente para devolverte al interior</strong>, incluso aunque la persona no lo desee. Nunca se acaba de salir, la lucha es constante y diaria. Cada vez que en el trabajo o en cualquier sitio me preguntan por un marido o un novio, me están obligando a tomar una decisión política, no siempre fácil, que no todo el mundo puede enfrentar con la misma seguridad. Esta presión sólo terminará cuando hayamos destruido todos los armarios, cuando toda la diversidad sexual sea tan visible y legítima como la heterosexualidad. A estas alturas, desde un punto de vista progresista, <strong>no podemos asumir que exista un supuesto derecho al armario</strong>. </p><p>En estos días estamos recordando que lo que condenó a Dolores Vázquez no fue su lesbianismo, sino el manejo que los medios y el Estado hicieron del mecanismo del armario donde la sospecha se extendió como una falta monstruosa que nadie nombraba pero que, precisamente por eso, tuvo fácil conectar con miedos y prejuicios que sólo pueden combatirse desde la visibilidad. Si Dolores Vázquez hubiera podido posicionarse claramente fuera del armario en aquel momento (no tuvo la oportunidad), <strong>los prejuicios no hubieran prendido tan fácilmente</strong>; se la hubiera podido defender de aquello que no se nombraba y que contribuyó enormemente a condenarla.</p><p>No hay homofobia en decir que Vito Quiles es gay, decirlo no es algo que pueda criticarse porque lo contrario, defender que Vito Quiles tiene derecho a mantener ese secreto, sólo sirve para <strong>reforzar las paredes del armario</strong> que nos oprime a todos y todas y favorece el crecimiento de la homofobia. En general, no aparece la ocasión de mencionar que alguien es gay o deja de serlo, pero si dejamos de hacerlo por considerarlo un asunto privado estamos apelando a la tolerancia liberal y asumiendo un pacto reaccionario sobre la necesidad del secreto. </p><p>Si sacar del armario a un fascista le hace daño es porque esta persona se sitúa a sí mismo en u<strong>n contexto de defensa del machismo y de la homofobia</strong>. En lo que a mí respecta, bien por Sarah. </p><p>_______________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Apr 2026 18:23:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Sarah Santaolalla y seguimos con el armario]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Homofobia,Homosexualidad,Activismo LGTBI,Orgullo LGTBI]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La democracia menguante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/democracia-menguante_129_2173176.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La democracia menguante"></p><p>Suele pasar que enmascarados tras los grandes problemas se nos pasen aquellos que puede que no parezcan grandes pero que en realidad lo son. A menudo dejamos que las mareas vayan corroyendo los <strong>pilares fundamentales de la democracia</strong>, mientras miramos entre indignadas y estupefactas las matanzas por la televisión. Protestamos por las <strong>matanzas </strong>y nos movilizamos con dificultad contra ellas. Pero las matanzas son producto, entre otras cosas, de una <strong>degeneración democrática</strong> que viene de muy lejos y que continúa royendo a esta como una termita. </p><p>Israel aprueba una pena de muerte selectiva por motivos étnicos. Brutal. Pero el<strong> racismo cotidiano</strong>, el de nuestra escalera, es sin embargo algo que miramos de lejos y sin excesiva preocupación. Las redadas racistas existen en España, eso es un hecho indiscutible, aunque muchos medios no lo consideren ni preocupante y muchos políticos sigan empeñados en negarlo. Que el delegado del gobierno en Madrid, del PSOE, haya dicho que no existen, que <strong>Marlaska</strong> esté, como siempre, desaparecido, es insultante para quienes creemos que tiene que haber una reacción democrática contra la plaga del racismo sistémico. Las redadas racistas existen y muchas las hemos visto con nuestros ojos. En Lavapiés, en la estación de Atocha, cuando hay una operación “de comprobación” (¿de qué?) <strong>sólo detienen a negros</strong>. Pero desde que conozco a <strong>Serigne Mbayé</strong>, soy más consciente. Cada año le detienen unas cuantas veces, pero, además, como es un activista antirracista y algunos policías son nazis (no presuntos, que llevan la esvástica tatuada, que también lo he visto con mis ojos) ya no hace falta que se lo encuentren. Van a buscarle a su casa para detenerle, para asustarle, para humillarle, para <strong>sentirse ellos bien en sus comportamientos nazis</strong>. Esto es así, y al PSOE le da igual porque no es un partido que tenga voluntad de enfrentarse a los nazis que hay en la policía, que se lo digan a Marlaska. Esos que si ganan alguna vez irán a por Marlaska olvidando lo complaciente que fue con ellos. </p><p>Que hubo una <strong>operación policial para acabar con Podemos</strong> no lo puede dudar nadie ya, pero a muchos les gusta olvidarlo porque total… ese peligro ya pasó. Se acabó con Podemos de la misma manera que ahora se está ya tratando de acabar con La Francia Insumisa. <strong>Rima Hassan</strong>, diputada del Parlamento Europeo por LFI, fue detenida el jueves 2 de abril por llevar una pequeña cantidad de droga encima y por <strong>“apología del terrorismo”</strong> en un tuit en el que expresaba una opinión política sobre la <strong>resistencia palestina</strong>; una opinión que compartimos mucha gente de izquierdas por aquí. Algunas de las cosas que yo misma he escrito sobre Israel (y millones de personas más) serían consideradas apología del terrorismo en Alemania, en Francia o en algunos otros países, cada vez más. Hassan ha sido denunciada por organizaciones que hacen ellas mismas apología del terrorismo de Estado que practica Israel y <strong>apología del genocidio contra el pueblo palestino</strong>. (Ya está, ya he hecho apología del terrorismo yo también). Según leyes existentes en algunos países de la UE, decir que Israel es un Estado terrorista y genocida y que la resistencia palestina es legítima, incluso con armas, es un delito. España es un país mayoritariamente propalestino pero en varios países de la UE se está <strong>persiguiendo y criminalizando a periodistas </strong>por atreverse a disentir del relato oficial sobre Palestina. </p><p>En Francia han detenido a una parlamentaria por un <strong>delito de opinión</strong>. La opinión de una representante del pueblo en una democracia debería ser sagrada y por eso existe la inmunidad parlamentaria, pero ya vemos que si es de LFI no aplica. El delito de opinión introducido en Francia en 2014 no requiere siquiera un <strong>llamamiento explícito a la violencia</strong>, basta que un juez interprete que dicha opinión puede considerarse que defiende o alienta la violencia. La violencia de los que el poder determina que no tienen derecho a usarla, claro. No olvidemos que en España también hay gente en la cárcel por una opinión. Lo mismo que en el caso de la violencia, no todas las opiniones son igual de perseguibles porque esas que dicen <strong>“moros de mierda os vamos a colgar”</strong>, esas, escuchadas en los estadios o en disturbios racistas… esas nada. O las que conminan a colgar, fusilar, empalar o torturar a políticos de izquierdas… tampoco. A esa extrema derecha el Estado no la va a combatir, quitémonos esa idea de la cabeza, porque el Estado profundo siempre tiene un ramalazo por ese lado y porque los dueños del mundo tienen interés en combatir una y en fomentar a la otra. De seguir por este camino, <strong>llegará el día en que</strong> <strong>estar contra el capitalismo sea perseguido</strong>. Por cierto, soy muy consciente de que si las cosas no mejoran mundialmente, si algún día llega a gobernar la extrema derecha, todo esto que escribo, todo lo que he escrito a lo largo de mi vida, me puede pasar factura, nos pasará factura a muchos. </p><p>Tengo multitud de artículos denunciando esto porque la cuestión de la<strong> degeneración paulatina de las democracias</strong> me preocupaba muchísimo. Las democracias degeneran porque comienzan a <strong>asumir postulados antidemócratas </strong>ante la aquiescencia general, y para eso no es siquiera necesaria la existencia de una pujante extrema derecha. Poco a poco me di cuenta de que es complicado que la opinión pública se mantenga firme en la defensa del <strong>derecho a la libertad de expresión</strong> porque no todo el mundo lo entiende ni lo practica. Cada vez veo a más gente, demócrata, de izquierdas, que se comporta –sin saberlo, y sin que tenga el mismo efecto– como el Estado cuando cercena la libertad de expresión de algunas activistas o políticas. </p><p>Tengo amigas y compañeras que se pasan la vida <strong>dándose de baja de determinados medios</strong> porque se encuentran con un artículo que les indigna y entonces, según ellas, el articulista debería ser despedido. Incluso en ocasiones les ocurre que se encuentran con que un articulista con el que siempre están de acuerdo escribe algo que les indigna sobremanera. Inmediatamente, llega la desilusión y dicho señor o señora pasa a la lista de <strong>“enemigos”</strong> de los que ya no se puede creer nada, ni leer nada. Y eso impregna al medio y también a quienes defendemos el derecho de ese articulista a escribir lo que quiera o, peor aún, a quienes defendemos que no es tan importante estar de acuerdo siempre con un opinador para que leerlo pueda seguir valiendo la pena. </p><p>Los medios tienen su <strong>línea editorial</strong>, eso es así de siempre, pero hay que decir que esta idea del enemigo en la opinión es cada vez más común, de manera que los medios son cada vez más uniformes en lo que publican porque, al final, si una opinión se sale un poco de la que se le supone oficial, el medio en cuestión recibe tantos <strong>mensajes de indignación y de rabia</strong>, se producen tantas bajas de socios, que no siempre les compensa defender al opinador. Además, no nos engañemos, este clima social nos permea a todos. Es una manera de <strong>entender la convivencia</strong>, una manera perversa y antidemocrática, pero es lo que hay. </p><p>Al final, no es que los partidos no nos representen, que cada vez lo hacen menos. <strong>Es que nadie representa a nadie</strong>. El individualismo extremo está permeando toda la vida social de manera que <strong>si no encontramos una coincidencia total</strong> con quien se supone que nos tiene que representar en la política, en la opinión, en la organización, en la cultura, en el ocio, en cualquier ámbito… no somos capaces de aceptar esa diferencia en pro de un bien común que cada vez menos gente es capaz de imaginar; <strong>el bien común va siendo cada vez más pequeñito</strong>. Nadie puede representar a millones de individuos que están permanentemente llamando la atención sobre las diferencias y convirtiendo estas en abismos infranqueables. En fin. Es un asunto que primero me indignaba, luego me preocupaba mucho, después pasé a verlo desde lejos con cierto dolor y ahora ni eso. Me aburre. Me aburre la <strong>eterna queja</strong> de quienes no son capaces de aceptar la <strong>existencia de la diferencia con normalidad </strong>e incluso con curiosidad intelectual, de quienes no son capaces de verse reflejados en una humanidad común, en un bienestar mayoritario. Me aburren quienes se dejan llevar por sus odios particulares, tan mezquinos, tan pequeños, tan inútiles, y dejan que estos llenen lo que debería ser el campo de una voluntad y de una ilusión comunes. Hace poco leí el poema de <strong>Walt Whitman</strong> que contiene el verso <strong>“Soy grande, contengo multitudes”</strong> y pensé que ahora nadie contiene multitudes, sino cada uno/a a una personita pequeña que no se habla con el de al lado. Lo único grande ahora son las fortunas de unos pocos, los egos de muchos/as y el dolor de los desposeídos de todo. </p><p>Bueno, perdón por el desahogo, será la edad, estoy ya de vuelta. Será eso.  </p><p>___________________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2026 19:06:12 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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    </item>
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      <title><![CDATA[¿Qué votos necesita la izquierda para ganar?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/votos-necesita-izquierda-ganar_129_2166521.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué votos necesita la izquierda para ganar?"></p><p>Hace poco escribí <a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/resistir-dando-sentido-mundo_129_2126482.html" target="_blank">aquí mismo un artículo</a> donde sostenía que lo que está inclinando a los jóvenes a la extrema derecha no es lo material, sino una profunda disputa sobre el sentido de un mundo sumido en profundísimos y desconcertantes cambios. Después, <strong>Sánchez-Cuenca</strong> en <a href="https://elpais.com/opinion/2026-02-24/la-lenta-gestacion-de-la-extrema-derecha.html"  ><em>El País </em></a> explicaba con datos por qué, efectivamente, no es únicamente, ni siquiera principalmente, lo económico lo que propicia el crecimiento del fascismo. Por último, la semana pasada <strong>Pablo Batalla</strong> lo explicaba muy bonito también en<em> </em><a href="https://elpais.com/opinion/2026-03-18/el-debate-que-es-lo-que-impulsa-el-crecimiento-de-la-ultraderecha-en-espana.html"  ><em>El País</em></a><em>.</em> Sin embargo, cuesta mucho que los partidos de izquierdas asuman plenamente esta realidad que, en ningún caso, quiere decir que haya que olvidar las cuestiones económicas que, sin ninguna duda, determinan en gran medida la vida de la gente, aunque no tanto como suele creerse sus posiciones políticas. Hay quien afirma que vivimos en una <strong>sociedad post-materialista</strong>, aunque es evidente que los pilares de la propia existencia siguen dependiendo en gran parte de las condiciones materiales. En todo caso, lo que sí es evidente es que el cambio social que se ha producido en pocos años en el terreno de lo <strong>simbólico</strong>, en el terreno de las subjetividades, es tan grande que no es posible ignorarlo, como tampoco es posible ignorar que el miedo a que te ataquen por la calle y te den una paliza es muy material. En todo caso, veo a una parte de la izquierda más <strong>desorientada </strong>que la derecha en estas cuestiones. </p><p>Es posible que muchos jóvenes no sean conscientes personalmente de <strong>la transformación que se ha producido en el terreno de lo social </strong>en las últimas décadas porque muchos de ellos ya han nacido y crecido en medio del cambio, pero lo que sí es seguro es que sus referencias culturales y simbólicas siguen ancladas en aquel tiempo que quizá no conocieron, pero que sigue siendo aquel que fundamentalmente les apela. En este sentido, me ha resultado impactante ver la  serie <em>El monstruo de Florencia </em>en Netflix. La serie se anuncia casi como un <em>true crim</em>e pero si se analiza con los ojos del género, lo que se aprecia es que <strong>la sociedad europea de los años 60 era radicalmente otro mundo</strong>. Especialmente en lo que respecta a las relaciones entre mujeres y hombres y a la heterosexualidad como organizadora indiscutible de la vida. En el momento en que la serie se desarrolla yo ya había nacido y ese fue enteramente el mundo en el que mi madre vivió la mayor parte de su vida, para que nos hagamos una idea de que es <strong>un mundo nada lejano </strong>en cuanto al tiempo, aunque lejanísimo en nuestra percepción. </p><p>La transformación social que se ha producido desde entonces es una de las más profundas y radicales que ha vivido la humanidad en los últimos siglos,<strong> quizá la más radical</strong>. Y por primera vez, además, y debido a la globalización, los cambios afectan, si bien en distinta medida, a todos los países, y no sólo a los países occidentales. Estos cambios han producido<strong> heridas y desconcierto</strong> en muchas personas que ven tambalearse sus vidas; personas que han pasado de creerse instalados en la normalidad y lo previsible, a verse sacudidos por movimientos y marejadas sociales que les mueven el suelo bajo sus pies. Las heridas, el desconcierto, el miedo que esto produce, <strong>la derecha lo está sabiendo explotar muy bien</strong>. </p><p>La herida fundamental es la del <strong>género</strong>, porque afecta a la mitad de la humanidad.  El de hoy es un mundo en el que por primera vez masivamente <strong>las mujeres se niegan a ocupar el papel prescrito para ellas</strong>, lo que mueve todo el tablero. Los hombres (la mayoría de ellos) no quieren que nada se mueva, pero se ven casi empujados por la marea feminista. Además, <strong>las mujeres se han lanzado a denunciar</strong> (con muchísimos costes personales para ellas) que esa supuesta normalidad a la que los hombres se aferran está cimentada en gran parte en diferentes grados de violencia sexual. En definitiva, <strong>se dibuja un mundo que se ha dado la vuelta como un calcetín</strong> y que se presenta como completamente diferente del que ha sido los últimos… ¿4000 años? Es absurdo minimizar la importancia de esto. </p><p>Pero no es sólo el género. El mundo de ahora es uno en el que todos aquellos señalados como subalternos se niegan a serlo más.  Hemos vivido (aun vivimos) en una <strong>sociedad construida sobre la desigualdad de género</strong>, pero también de raza, de origen. Que las mujeres no quieran ser subalternas, que las ciudades se llenen de migrantes con derechos o que las personas racializadas exijan ser iguales a quienes siempre se han sabido superiores, supone heridas que derivan en posicionamientos políticos extremos. Lo mismo ocurre con el <strong>animalismo </strong>o el <strong>ecologismo</strong>. Venimos de sociedades que trataban a los animales y a la naturaleza como cosas para usar y tirar, para explotar. En muy pocos años, la conciencia sobre los animales y sobre la naturaleza dibuja <strong>nuevas maneras de relación con el mundo</strong>. Los animales son considerados seres sintientes con derechos y existen obligaciones no sólo éticas, sino legales respecto a ellos. Todo ello está rompiendo las costuras de muchas subjetividades que no son capaces de sumarse a ese cambio, especialmente quienes estaban en la cúspide de la pirámide y ahora sienten que todo se tambalea. Son estos, bastante parecidos entre sí, quienes tienden a inclinarse por partidos de extrema derecha.<strong> ¿Qué les ofrecen estos partidos?</strong> No tanto un programa económico como un programa de restauración de los privilegios perdidos:<strong> devolver a su lugar al hombre blanco heterosexual que dominaba el mundo</strong> y por tanto imponía como única su relación con las cosas y las personas. Volver a poner a la familia patriarcal en el centro de todo. </p><p>Vemos cómo la extrema derecha en todo el mundo tiene una obsesión con las <strong>personas trans</strong>, con acabar con ellas. Son el blanco inmediato más fácil, son las más vulnerables y <strong>son las más “raras” por poco conocidas</strong>; así ha aparecido un perfecto chivo expiatorio que permite a la derecha centrar sus políticas en acabar con esta minúscula minoría.  Fomentar el odio hacia una minoría insignificante desde el punto de vista numérico les está proporcionando réditos importantes y el PP ya se ha sumado entusiasta a la labor, desdiciéndose sin rubor de las políticas que ha votado y apoyado los últimos 10 años. <strong>¿Quién puede pedir coherencia a estas alturas?</strong> Pero, por supuesto no se detendrán aquí y el odio se despliega ya contra cualquier persona LGTBI. Sin embargo, el objetivo final, la pieza mayor, son los derechos de las mujeres, puesto que sólo cobrándose estos conseguirán los nuevos dueños del mundo restaurar la sociedad patriarcal que añoran. En algunos estados de EEUU ya se aplican penas mayores a mujeres que abortan (y ha habido un proyecto que pretendía aplicar la pena de muerte); se defiende sin pudor que no deben votar ni tener presencia pública y <strong>Putin quiere mandar al psiquiatra a las mujeres que no quieran ser madres</strong>. No todos los hombres están muy preocupados por este programa, quizá no lo estén la mayoría. Nosotras sí lo estamos, con razón. </p><p>La izquierda no puede dejar de ocuparse de las cuestiones materiales porque estas marcan la diferencia entre las vidas vivibles y las que no. Pero no sólo éstas. Tiene que poner el mismo énfasis en que las libertades y los derechos conquistados en las últimas décadas no tengan vuelta atrás, tiene que defenderlos sin titubeos o perderá, tiene que incluso buscar ampliarlos. La izquierda se equivocará mucho si se obsesiona con recuperar a esos chicos que van al gimnasio y están desorientados, como dijo <strong>Emilio Delgado</strong> en una reciente charla con <strong>Rufián</strong>. Se equivocará mucho si busca adaptar sus propuestas tratando de llegar a esos hombres que tienen miedo y están rabiosos. El problema de Emilio Delgado (y tantos líderes de izquierda) es que <strong>siguen pensando el mundo androcéntricamente</strong>; es decir, siguen pensando en un mundo en masculino blanco y heterosexual. El joven blanco hetero ya no es el centro del universo, pero, ojo, es que ni siquiera son mayoría. Y, aunque el androcentrismo impida a veces darse cuenta, las mujeres, las personas de la diversidad (grupo cada vez más numeroso) y las personas migrantes y racializadas (también cada vez más numerosas) <strong>somos muchos más</strong>. Y votamos. Y no votaremos a quien no de una batalla firme por nuestros derechos. </p><p>¿Cómo ha ganado <strong>Mamdani </strong>en Nueva York? Ofreciendo mejoras materiales de posible ejecución (a estas alturas la gente ya sabe cómo se hacen los programas electorales de máximos) pero sin hacer ni una sola cesión en su defensa de la igualdad de las mujeres y de las personas LGTBI, así como de las personas de origen migrante, racializadas y de las distintas religiones; <strong>visibilizando especialmente esa defensa</strong>. Y según los cálculos post electorales la diferencia de votos que ha hecho ganar a Mamdani tiene que ver con el numeroso voto LGTBI de Nueva York. ¿Cómo ha ganado La Francia Insumisa algunas alcaldías importantes y se ha consolidado como fundamental para que la izquierda siga gobernando en otras? Buscando el voto en los <strong>barrios racializados y migrantes</strong>, es decir, apelando a los derechos y a los sentimientos de las personas racializadas y de origen migrante; entendiendo que hoy, en Francia, esa es la clase más desfavorecida, entendiendo que son franceses y que votan ¿Y cómo se ha convertido <strong>Zack Polanski</strong> en la esperanza de la izquierda en Gran Bretaña? Sí, con un <strong>discurso económico rupturista</strong>, pero también con un discurso claramente enfocado a <strong>combatir la transfobia rampante de aquel país</strong>; entendiendo que este discurso es síntoma de una determinada concepción del mundo que en ningún caso puede apoyar la izquierda. Todos ellos han sabido leer los cambios sociales y han entendido, además, quiénes son sus votantes. </p><p>Por eso, la mejor manera de perder unas elecciones es irse a los gimnasios de barrio a buscar a los <em>gymbros </em>que, por ahora, no van a votar a la izquierda en ningún caso. Ni ellos ni tampoco los integrantes de la cofradía de Sagunto que han votado mayoritariamente, en una pequeña y <strong>miserable venganza patriarcal</strong>, contra la posibilidad de que las mujeres puedan salir en la procesión de su cofradía. <strong>No hay mucho que rascar ahí </strong>y si se intenta contentar a estos sectores de algún modo, llamarlos, entenderlos… se corre el riesgo cierto de perder los votos de quienes sí pueden inclinar la balanza hacia la izquierda. Somos más, pero <strong>no podemos permitirnos buscar en el lugar equivocado</strong>. </p><p>______________________</p><p> <em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Mar 2026 20:03:32 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué votos necesita la izquierda para ganar?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Igualdad,Feminismo,Política,Izquierda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Alguien se acuerda de Salma?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/alguien-acuerda-salma_129_2158462.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Alguien se acuerda de Salma?"></p><p>El domingo fue un<strong> 8 de marzo </strong>difícil para muchas de nosotras. Son tiempos de barbarie. Pero, en medio de los tambores negrísimos de la guerra y del fascismo, en un mundo cambiante y desconcertante que está provocando reacciones cada vez más violentas, me acordé de las historias de siempre, esas que no desaparecen por mucho que nos esforzamos, esas que parecen estar siempre ahí, <strong>debajo de todos los avances de las mujeres, </strong>debajo de las consignas, esas que parecen enraizadas en todos los tiempos y que tanto nos está costando arrancar. Y <strong>me acordé de Salma,</strong> ¿alguien se acuerda de Salma, de su historia, de lo que le ocurrió?</p><p>Salma es una mujer marroquí que tenía una <strong>pareja maltratador y traficante de drogas, Alberto,</strong> bien conocido por la policía. Salma desapareció un día y su familia denunció la desaparición. Estuvo <strong>desaparecida dos años </strong>durante los cuales nadie la buscó, nadie puso su fotografía en los periódicos ni su rostro salió en televisión. Podría haber muerto. De hecho, a punto estuvo de morir. Y si así hubiese sido nadie se hubiese enterado. Es razonable suponer que, si no la buscaron estando viva, nadie la hubiera buscado estando muerta. Si no hubiese conseguido fugarse, <strong>su familia nunca hubiese conocido la verdad</strong> y su torturador hubiese continuado con su vida como si nada. </p><p>Salma era pareja de Alberto y ambos vivían en una<strong> pedanía murciana de poco más de 2000 habitantes.</strong> La familia de Salma denunció su desaparición en abril de 2024. ¿Qué es lo que hace siempre la policía cuando desaparece una mujer? Investigar en su entorno más próximo. ¿Y si el novio o marido tiene antecedentes por violencia machista como es el caso? Investigarle a él de manera exhaustiva. En este caso no se hizo nada de esto. <strong>Estando ya secuestrada, Salma fue llevada al hospital </strong>por una amiga de Alberto porque este le había dado tal <strong>paliza </strong>que casi le saca el ojo de la órbita. En el hospital, al parecer, al ver a una mujer sin ojo y llena de cardenales <strong>nadie consideró apropiado activar un protocolo de violencia machista, </strong>ni de ninguna violencia. Nadie. Nadie llamó ni advirtió a la policía. Sólo era Salma.</p><p>No parece muy aventurado afirmar que, en realidad, en ningún momento desde la denuncia, <strong>la policía hizo absolutamente nada </strong>para buscar a Salma. Como si la vida de Salma no valiese nada. No tengo dudas de que si Alberto se hubiese llamado Mohamed y Salma se hubiese llamado Marta la policía la hubiese encontrado al segundo día desde la denuncia porque estaba ahí, delante de sus ojos. Delante de los ojos de todo el mundo. Pero Salma es musulmana, y su secuestrador se llama Alberto y es murciano y su historia demuestra el <strong>racismo institucional de siempre, </strong>el racismo que existe en la policía, ese que tanta gente niega que exista.</p><p>El racismo institucional y policial que todo el caso destila es espeluznante, no es un racismo difuso. Es muy concreto, tiene culpables, y ha sido el causante de que <strong>una mujer haya sido torturada durante 700 días. </strong>¿De verdad no va a haber una investigación? ¿No va a dimitir nadie? ¿No se va a pedir algún tipo de responsabilidad a la policía, a los médicos del centro de salud? ¿De verdad vamos a asumir que la vida de Salma no vale absolutamente nada? Este caso no nos permite la más <strong>mínima duda de que a Salma </strong>casi la mata el racismo policial. Dos años ha durado su tortura, una tortura fácilmente evitable. Estaba en casa de su pareja. Estaba en el primer lugar por el que hubiese comenzado cualquier investigación policial. Claro, cualquier investigación policial que considerara que<strong> Salma era una mujer que merecía ser salvada.</strong></p><p>Mientras la policía de Murcia metía en un cajón la denuncia por la<strong> desaparición de Salma</strong>, el DAO, el jefe máximo de la Policía Nacional, ha sido acusado de <strong>agresión sexual </strong>por una subordinada que, siendo ella misma policía, no acudió a sus compañeros a poner la denuncia: acudió a un <strong>Punto Violeta.</strong> No debía de tener mucha confianza en los protocolos ni en las actuaciones de la propia policía. También hemos conocido el caso del <strong>jefe de la policía de Torrejón </strong>acusado de <strong>agresión sexual</strong> y al que ni el PP ni la propia policía han considerado necesario cesar. Él mismo ha dimitido, aunque eso es mucho decir porque, en realidad, ha pedido su <strong>reincorporación a la policía de Alcalá de Henares, </strong>se cambia de comisaría. Supongo que las mujeres víctimas de delitos sexuales de Alcalá se lo pensarán mucho antes de acudir ahora a una comisaría a poner una denuncia por agresión sexual. También tenemos al comisario <strong>Emilio del Valle</strong>, un policía ascendido varias veces, y al que descubrimos como un (presunto) delincuente machista de la peor especie. Y un poco antes, nos enteramos también de que en Pamplona hubo policías que se encargaron de hacer desaparecer las pruebas de una agresión sexual; es decir, policías que han cometido un delito para <strong>proteger a un agresor sexual, </strong>tal y como acaba de sentenciar nada menos que el <strong>Tribunal Europeo de Derechos Humanos.  </strong></p><p>El PP, que encubre y protege a cualquier agresor sexual siempre que sea de los suyos, como hizo en el <em><strong>caso Nevenka,</strong></em><strong> </strong>pide sin ninguna vergüenza la dimisión de Marlaska por el caso del DAO. Yo también la pido, pero no porque piense que Marlaska conociera que el DAO es un (presunto) delincuente machista.<strong> Marlaska debería dimitir</strong> porque en todos los años que lleva de ministro del Interior no ha dado un solo paso para que el machismo y el racismo no campen a sus anchas dentro de la policía. Porque la vida de Salma ha estado en manos de la policía, pero <strong>el racismo institucional </strong>que anida en la misma impidió que la salvaran. Marlaska debería <strong>dimitir por permitir que racismo y machismo no se topen </strong>con ninguna barrera dentro de la policía, ni sean considerados internamente algo vergonzoso y a erradicar. Porque en todos los años que lleva como ministro no ha hecho lo suficiente para que las mujeres policías se sientan seguras, porque los protocolos están resultando inútiles, porque no hay filtros efectivos para impedir que machistas y racistas de la peor especie lleguen a ocupar los puestos de mayor responsabilidad dentro del cuerpo. </p><p>Si la policía –por su propia idiosincrasia, no nos engañemos– es<strong> proclive a albergar a individuos machistas y racistas,</strong> la labor de un ministro demócrata debería ser poner todo el empeño posible en que sean los menos, en que se sientan incómodos y presionados; en que los<strong> protocolos sean inflexibles</strong> y se cumplan; en que los filtros sean exhaustivos y los mandos, al menos, sean ejemplo y no una vergüenza para un país que, en muchas otras cosas, es un ejemplo feminista para el mundo.</p><p>Últimamente he pensado mucho en Salma, pero he pensado mucho también en todos los policías de esa comisaria murciana, en su dejadez racista; en su incompetencia, que ralla lo criminal. Y en la tortura de casi dos años que ha padecido una mujer por culpa de todo ello. Y parece que <strong>nadie va a pagar, </strong>que los culpables no tienen nombre. Por eso ahora, dos días después del 8M, yo quería acordarme del suyo, de Salma.  </p><p>______________________</p><p> <em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Mar 2026 19:36:36 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿Alguien se acuerda de Salma?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Feminismo,Racismo,Violencia machista,Violencia género,Policía]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Therian, medios de comunicación y extrema derecha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/therian-medios-comunicacion-extrema-derecha_129_2149970.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Therian, medios de comunicación y extrema derecha"></p><p>Resulta difícil recordar un <strong>ejemplo de viralidad </strong>inducida como el que hemos sufrido en la última semana con los <em><strong>therian</strong></em>. Desde que me salió en las redes la primera noticia sobre estos humanos haciendo de animales (el miércoles de la semana pasada) hasta hoy mismo, <strong>pareciera que estos seres han invadido nuestras ciudades</strong>, que se reúnen por cientos por todo el globo, que son una terrible amenaza… y que yo no tengo otro interés que ese. </p><p>En principio todo el asunto me pareció algo propio de pseudomedios de extrema derecha, de esos que encuentran… no sé, <strong>camareros con dos cabezas</strong>, gemelos que se casan con gemelas y, de paso, estudios que demuestran que las vacunas provocan autismo, todo ello ilustrado con <strong>vídeos falsos creados por IA</strong>. Me reafirmé en esta idea después de ver varias entrevistas en televisión. En <strong>Telecinco</strong>, por ejemplo, en estas semanas he podido ver a varios <em>therian</em> con pinta de querer convertirse en tertulianos, y en el caso de esta cadena en concreto, no ayudó a que el asunto pareciese serio el hecho de que después de entrevistar a un <em>therian </em>se dio paso a un señor que se había casado con un árbol y, por lo que vi en las imágenes, <strong>mantenía sexo </strong>con el tronco del mismo.</p><p>Pero empecé a pensar más en el asunto cuando me encontré con una noticia en <em>El País</em> que recogía el fenómeno desde un punto de vista supuestamente serio. Entonces lo investigué un poco mientras mis redes seguían ardiendo como si entre <strong>el macaco Punch, que es casi humano, y los </strong><em><strong>therian</strong></em><strong>, que son casi animales, no existiera nada más importante</strong>. Un amigo se molestó en hacer una búsqueda científica y, resumiendo mucho, encontró  que el término existe en la bibliografía científica, que hay al menos 62 <em>papers</em> que lo usan y que se han documentado unos 79 casos en total en todo el mundo. </p><p>Viendo lo que estaba pasando en la televisión se me ocurrió escribir a la Defensora del lector de <em>El País</em> cuestionando el texto publicado, que me parecía de una <strong>calidad periodística ínfima</strong>. A mi cuestionamiento respondió el propio redactor del artículo afirmando que se trata de un fenómeno que forma parte de la conversación pública en cada vez más países de <strong>América Latina</strong>. Me explica que se inició, o cobró relevancia, en Argentina con decenas de cuentas en redes sociales que fueron poco a poco viralizando su mensaje. Y que el fenómeno creció enseguida en <strong>México, Colombia y Chile</strong>.  Por último el hecho de que, según él, hubiera quedadas masivas le daba entidad al asunto. Es decir, justificó la publicación del artículo porque es un tema que <strong>aparece en muchas redes sociales</strong> y porque se ha hecho viral, así como en el hecho de que hay muchas quedadas. Pero ni se ha molestado en ver qué o quién está detrás de los mensajes de redes sociales, si hay personas de verdad, si son <em>bots</em>, si son vídeos creados por IA… y mucho menos se ha acercado a una de esas quedadas a ver qué ocurre. <strong>Vamos, lo que sería hacer periodismo</strong>. </p><p>Lo cierto es que las quedadas que el redactor de <em>El País</em> ofrece como motivo para darle entidad al fenómeno, no son reales… o sí, pero no son quedadas de <em>therian</em>, sino de otra cosa diferente. <strong>Se viraliza la quedada y la gente se lanza allí para ver a algún </strong><em><strong>therian</strong></em><strong>, que no aparece</strong>. Al momento siguiente lo que existe son quedadas ya no para ver a estos <em>therian</em>, sino para <strong>“cazarlos”</strong>: es decir, para perseguir y agredir a chavales que, como mucho, siguen modas “raras”, como en su día<strong> los</strong> <strong>emos</strong>, <strong>los góticos, los </strong><em><strong>furry</strong></em><strong> o los </strong><em><strong>hikikomori</strong></em>. Han existido quedadas de este tipo en <strong>Ferrol, Salamanca, Valladolid, Coruña o Barcelona</strong>,<strong> </strong>y todas ellas han sido recogidas con mucha seriedad por varios medios de comunicación. No han ido <em>therian</em>, pero sí fascistas que han aprovechado para gritar <strong>“Pedro Sánchez hijo de puta”</strong>, para torear a un supuesto <em>therian</em> con la bandera del aguilucho o para romper cosas. También persiguieron y agredieron a un chico que se acercó con una máscara de caballo y, aunque <strong>no sabemos si el chico en cuestión se disfrazó en serio o en broma</strong>, lo que sí fue serio es la persecución a una persona que no molestaba a nadie.  </p><p>Todas estas noticias, esta viralidad, lo que busca es crear <strong>sensación de caos</strong>; un caos que pretende demostrar que la sociedad se ha vuelto loca y está descontrolada. El miedo, el desconcierto, el odio, la inseguridad que todo esto genera… todo ello crea emociones que <strong>llevan a las personas a exigir actuaciones políticas de derechas</strong>. Primero creas de la nada el miedo y después ofreces la fórmula sencilla para acabar con aquello que lo provoca. La reacción a la <strong>inseguridad existencial</strong> (más que material, aunque a veces ambas confluyan) es un llamado a un sentido común que parece haberse evaporado y que es el suelo en el que posamos los pies. Se construye un mundo peligroso y delirante que exige que se intervenga, pero que no es real. <strong>Nada de esto es real, es una sensación creada por las redes que son instrumentos en manos de oligarcas fascistas</strong>, cosa que olvidamos permanentemente mientras las usamos. Y en esta sensación de peligro se incluye todo lo “raro”, lo nuevo, lo diferente, todo lo que produce cierta desazón existencial que nos lleva a pensar que hemos ido demasiado lejos con los cambios sociales de las últimas décadas. Aunque lo sabemos y lo repetimos, <strong>en la izquierda olvidamos permanentemente que nuestras posiciones políticas están construidas desde las emociones</strong> y que primero va la emoción y después la racionalidad. Y no al contrario. Y que si algo distingue a las redes es su inmensa capacidad para crear emociones de la nada y en muy poco tiempo. Estamos a dos segundos de vivir episodios medievales en los que una multitud enfervorizada se lanza contra la casa de una persona a la que en redes se ha acusado de beber sangre de niños pequeños… (esto ya ocurrió con el episodio del <em>Pizzagate</em> en EEUU, por cierto). Mientras, <strong>los verdaderos pederastas siempre estarán a cobijo </strong>porque ellos son los dueños de las redes que, cada vez más, construyen la percepción sobre la realidad que tiene la mayoría. </p><p><strong>Hemos dejado que</strong> <strong>las redes definan la realidad</strong> y ya nos parece más verdadero lo que aparece en pantalla que lo que de verdad define nuestras vidas. ¿A quién le va a interesar el estado de la sanidad pública cuando nos enteramos de que hay gatos humanos, millones de okupas, baños invadidos por trans violadoras, o miríadas de inmigrantes que traen una enorme inseguridad a los barrios? <strong>El mundo se está deshaciendo ante nuestros ojos</strong>, pero no por aquello que verdaderamente lo está deshaciendo, sino por miedos que son mucho más fácilmente manejables que la verdadera inseguridad, cuya solución es compleja y exige de una participación real de la gente. Para combatir este miedo simple parece que basta, en realidad, con salir a la calle y apalear a un par de <em>therian</em>, a dos migrantes ecologistas y una persona <em>trans</em> que tiene miedo de ir a un baño. Y no digamos lo fácil que es hacer un programa electoral o dar un mitin hablando de terminar con esta locura de mundo que nuestras pantallas nos meten en casa cada día. <strong>Trump nos ha enseñado cómo hacerlo</strong>. Hemos olvidado que las redes pertenecen y son instrumentos en manos de unos oligarcas fascistas que están librando una batalla contra la democracia y contra los derechos humanos y que lo hacen a través de estas redes. </p><p>La semana que viene seguramente no quedará ni un solo <em>therian,</em> pero no tenemos que preocuparnos porque, ayer mismo, me llegó una nueva tendencia. Los <em><strong>hobby dogging</strong></em><strong>”</strong>, gente que coge una correa y un collar de perro (sin perro) y lo lleva paseando por la calle. Dos vídeos de esta gente me han llegado ya. Puede que no queden <em>therian</em> pero sí que quedará en mucha gente esa sensación de que hay que retroceder mucho de lo avanzado para volver a un mundo reconocible y controlable. Esto es <strong>letal para la izquierda</strong> y quienes mandan lo saben perfectamente. No es que estemos perdiendo la batalla en las redes, es que, si no la sacamos de (estas) redes, va a ser difícil ganar.</p><p>_____________</p><p> <em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Feb 2026 19:31:05 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Therian, medios de comunicación y extrema derecha]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Extrema derecha,Democracia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cancelación, feminismo… y el tiempo que vivimos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/cancelacion-feminismo-tiempo-vivimos_129_2142536.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cancelación, feminismo…y el tiempo que vivimos"></p><p>Es difícil encontrar más palabras de las ya dichas acerca de los <strong>papeles de Epstein</strong>. Pocas veces he sentido tanto hartazgo y desesperación como en estas semanas. Los papeles de Epstein dejan al descubierto el sistema en su totalidad, cómo funcionan los dueños del mundo: <strong>sexismo, racismo, clasismo, crueldad, maldad</strong>. Y ya no hay casi nada que decir, muchas sentimos un estupor profundo, dolor, una cierta sensación de asfixia que nos impide incluso seguir comentando nada sobre el asunto. El presidente de EE.UU, financieros, ministros, actores, pensadores, autores, rectores de universidad, políticos, hombres de extrema derecha y también de izquierdas… <strong>¿qué tienen en común?</strong> La mayoría son muy ricos, porque hay que serlo para estar cerca del poder, pero hay grandes diferencias de dinero entre ellos. Lo que tienen en común es que son hombres y su consideración de que las mujeres son un objeto a su servicio, su disposición a usarlas. Si alguien se preguntaba qué es el <strong>pacto patriarcal</strong>: es esto. Un hilo que une a los hombres por encima de cualquier otra consideración, por encima del dinero, de la política, de la inteligencia, del origen social: su consideración de las mujeres como cosas y nunca como seres humanos iguales a ellos.</p><p>Los papeles de Epstein son el patriarcado a lo grande, pero estos días hemos tenido patriarcado para hartarnos: desde <strong>Julio Iglesias</strong> al alcalde de Móstoles y las “pequeñas” noticias cotidianas: mujeres asesinadas por sus parejas, padres que violan a sus hijas, violaciones, niños que desnudan a sus compañeras de clase con herramientas de IA, porno en los móviles de todos los niños del planeta. Puede que acabar con el capitalismo parezca difícil, pero <strong>acabar con el patriarcado lo parece mucho más</strong>, su capacidad para reinventarse, reconfigurarse y para construir subjetividades parece ilimitada. Me pregunté cómo estamos reaccionando las feministas ante uno de los momentos más peligrosos de la historia de esta lucha. Me miré a mí misma, que es algo que siempre hago antes de mirar a otro lado, y lo cierto es que hace tiempo que todas asumimos que estamos sumidas en un momento muy oscuro.</p><p>Nos cancelamos masivamente, nos acallamos, nos despreciamos, nos deshumanizamos… unas a otras. Menos mal que existe el libro de <strong>Antonio Gómez Villar</strong> “<em>Cancelar no es transformar</em>”, porque si no existiera ese libro yo no me atrevería a decir que sí, que existe la cancelación y que es una estrategia nefasta y sin salida.</p><p>Lo que no existe es la cancelación de la que habla con escándalo la derecha. Para cancelar de verdad hay que tener mucho poder. Es casi imposible cancelar del todo a los poderosos: <strong>Julio Iglesias, Plácido Domingo, Woody Allen….</strong> y la miríada de agresores sexuales y pederastas que conocemos cada día. Todas las personas señaladas siguen con sus vidas y es incluso posible que si se les señala como violadores, misóginos o pederastas, la derecha les vote aún más y les ofrezca nuevas y poderosas tribunas para expresarse. Que se demuestra que Woody Allen es un pederasta, pues <strong>Ayuso le contrata</strong>; que un determinado libro es un tratado de misoginia o de racismo, pues lo presentará alguna personalidad de la derecha. No existe la posibilidad de que la izquierda o el feminismo cancelen al verdadero poder. Desde el no-poder se puede hacer, como mucho, un <strong>cierto daño reputacional</strong>, justo y necesario, pero que no hunde a nadie importante.</p><p>Pero sí que existe una cancelación más cercana y muy dañina, y es la que describe Gómez Villar, esa que utilizamos constantemente entre nosotros y nosotras como <strong>estrategia política</strong>. En el feminismo, mi ámbito de trabajo principal se hace muy evidente. Miré mis propias redes, ¿cuándo fue la última vez que compartí o señalé con entusiasmo un artículo, un libro, una opinión de una compañera feminista? Lo he hecho con amigas, nada más. Pasamos sobre las otras como si no existieran, habitamos trincheras cada vez más pequeñas, nuestro horizonte está cada vez más cerca hasta el punto de convertirse en un muro que nos ciega. <strong>Las pequeñas diferencias nos ahogan</strong>.</p><p>En el feminismo siempre ha habido divisiones importantes, siempre ha habido rupturas dolorosas, trincheras, pero siempre ha habido, también, <strong>cuestiones comunes</strong>, como la de la violencia machista, y también solidaridad entre nosotras ante las agresiones y los ataques machistas. Y también una cierta conciencia común de estar del mismo lado que nos impedía despedazarnos. También han existido siempre debates fructíferos, conversaciones inacabables, escuchas atentas, amistades que estaban por encima de las diferencias. Todo eso se ha terminado y las consecuencias son <strong>devastadoras</strong>. Todo es ya una trinchera insalvable y cuando digo “todo” es, literalmente, todo. No compartimos un artículo que nos gusta porque se utiliza una palabra que se ha convertido en un <strong>tabú</strong>, no compartimos una opinión con la que estamos de acuerdo porque la autora dijo una vez algo que fue censurado por otras. No hablamos de un libro que nos parece excelente porque la autora es de otra corriente, de otro partido, de otra opinión, incluso en cuestiones que nada tienen que ver con el libro. <strong>Dejamos sola a cualquier víctima</strong> que no sea estrictamente de las nuestras. </p><p>La cancelación funciona cuando se busca acallar a quien mantiene una opinión diferente, pero también disciplina a quienes no quieren cancelar pero tienen miedo de ser ellas mismas canceladas si citan o si se relacionan con quien no deben. Finalmente ocurre que a veces no citamos a otras autoras <strong>por no hacerles daño</strong>. A mí me ha pasado que he compartido o citado opiniones, artículos o libros con los que estaba de acuerdo, que me gustaban o me parecían importantes, y las propias autoras me han pedido <strong>por privado </strong>que no lo haga porque cada una de nosotras se ha convertido en algo potencialmente contaminante para otras. Todas tenemos miedo de decir una palabra no apropiada, de mencionar a una autora no apropiada, de perder a nuestro público al intentar abrir la mirada un poco más allá. <strong>Se castiga cualquier disenso</strong>, cualquier matización, cualquier opinión original. Tenemos <strong>miedo </strong>de lo que dijimos un día en una charla sin pensar en que podían estar grabando, tenemos miedo de lo que dijimos un día en que no estuvimos finas, cuando nos llamaron para hacernos una entrevista e íbamos en el coche, cuando dimos una opinión sin haberla pensado lo suficiente, cuando alabamos a una persona que después resultó marcada o que resultó ser de este u otro partido…</p><p>Pero va más allá del feminismo, por supuesto. No compartimos artículos de periodistas señalados por los nuestros, aunque nos parezcan excelentes. <strong>Tenemos miedo incluso de dar un “like” inconveniente</strong>. Compartir un artículo, o un libro,  de un escritor vetado entre los tuyos, sean quienes sean los tuyos o las tuyas, tendrá como consecuencia que, en poco tiempo, desaparecerá el grupo más cercano de adscripción y si eres escritora, comunicadora… eso se paga. <strong>Y en el más pequeño ámbito del feminismo, se paga aún más</strong>. En el mejor de los casos se pierden lectoras, pero, en el peor, se pierden carreras profesionales. En realidad, lo que se pierde es la posibilidad de pensar en común y de hacer el feminismo más grande, lo empequeñecemos y lo empobrecemos. </p><p>La mayor victoria del fascismo es haber conseguido imponer un <strong>clima social irrespirable</strong>, repleto de suspicacias, sospechas, silencios, y, en definitiva, odio. Pero un <strong>odio </strong>que no se dirige hacia los auténticos merecedores de ese odio, sino hacia las semejantes, hacia aquellos que están más cerca sin ser lo mismo. Es más sencillo odiar a una compañera que sostiene una opinión diferente de la mía en alguna cuestión que a <strong>Trump</strong>, que está a mil galaxias de donde me encuentro y a quien nunca alcanzará nada de lo que yo haga o diga. En cambio, a mi compañera, a mi colega, con seguridad le va a alcanzar mi silencio, mi desprecio, mi opinión y eso –no vamos a engañarnos– nos produce una sensación de potencia que, en realidad, es completamente <strong>estéril</strong>, además de cruel. Utilizando prácticas de crueldad hemos asumido el marco del fascismo y estoy convencida de que por ahí no podemos ganar.</p><p>No se debería perder de vista que, en la<strong> lucha contra el fascismo</strong>, que es la batalla de este tiempo, marcharemos al lado de muchas de quienes ahora, llevadas por el odio pequeño estamos intentando silenciar. Y antes de que se me acuse… no, no hablo de equidistancia, ni de considerar que se puedan debatir todas las ideas. Tampoco estoy hablando aquí de la unidad de la izquierda, eso ya para otro artículo. Sin embargo, estoy convencida de que <strong>todo el mundo sabe de lo que estoy hablando </strong>porque la mayoría nos estamos ahogando y porque vemos cómo nuestro mundo se empequeñece y empobrece día a día.</p><p>La práctica canceladora da cuenta de una tremenda impotencia política porque ante las dificultades para encontrar una salida auténtica a la <strong>opresión</strong>; ante las dificultades para erosionar o señalar siquiera lo verdaderamente estructural, para hacer frente a la inmensa violencia que sufrimos, buscamos culpables que estén más a nuestro alcance, buscamos hacer daño a modo de victoria pírrica. Quien cancela, quien silencia, quien insulta o desprecia públicamente, quien utiliza <strong>bulos </strong>para ganar un debate, <strong>puede creer que ha ganado una batalla política</strong>, pero yo no veo más que impotencia y rédito para las derechas. No veo qué política, qué sujeto político, qué pensamiento o qué emancipación puede surgir de <strong>prácticas antidemocráticas y fascistas</strong>. Chapotear en el fango, tratar de borrar todo aquello que no nos da la razón, negarnos a considerar o a escuchar, incluso a leer, no libera ni política ni personalmente, produce angustia vital, una sensación de no salida que ahoga. Y en ningún caso va a producir avances concretos, materiales. En todos los años de militancias activas que he vivido no he conocido una oscuridad semejante a la de ahora y no es porque no hayamos vivido momentos oscuros, es porque ahora el aire que respiramos quienes luchamos cada día (y somos muchísimos) contra el<strong> neofascismo</strong> que ya está aquí, está vacío de esperanza, está <strong>contaminado</strong>. Para ganar hay que comenzar abriendo las ventanas, que corra el aire.</p><p>No creo que nada de esto tenga remedio sin una potente <strong>acción colectiva</strong>, sin una catarsis política. No se trata de negar las diferencias ni pensar que es posible <strong>destruir las falsas trincheras con las propias manos</strong>. Yo también tengo mis heridas, mis resentimientos, mis odios… pero los reconozco, los pienso y trato de limpiarme. No se puede hacer mucho, pero se puede resistir, al menos en la conciencia.</p><p>_____________</p><p> <em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Feb 2026 20:17:40 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Igualdad,Democracia,Fascismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trump, Carney y la grieta que se abre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/trump-carney-grieta-abre_129_2134140.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Trump, Carney y la grieta que se abre"></p><p>A mí sí me pareció importante el discurso de <strong>Mark Carney</strong> en<strong> Davos </strong>y creo que marca un punto de inflexión en el orden mundial. Pero también me pareció importante lo que dijo <strong>Trump </strong>cuando <strong>secuestró a Maduro</strong> o lo que hace ahora, cuando nos presenta sus <strong>planes para el resort </strong>que piensa construir en Gaza. En sentidos opuestos, ambos discursos comparten un<strong> fondo común,</strong> y es el de que nos muestran claramente el campo de batalla sobre el que la geopolítica mundial está disputando el terreno. En su discurso,<strong> Carney cita a Václav Havel </strong>cuando este explica que un régimen se sostiene mientras la gente está dispuesta a mantener la ficción de que está funcionando, aunque sepan que no. Me hizo gracia esa cita porque <strong>Mark Fisher, </strong>en <em><strong>Realismo capitalista, </strong></em>dice algo muy parecido, aunque con otra intención. Según Fisher, cuando se abre la grieta entre el discurso oficialmente aceptado por una parte y lo que todos saben y experimentan, pero que no se dice, por la otra, “cuando ya no puede mantenerse la ilusión de que el gran Otro no sabe, la trama incorpórea que mantiene unido el sistema social se resquebraja”. Siguiendo a Fisher, las palabras, tanto de Trump como de Carney, podrían ser comparables al<strong> discurso que hizo Krushev en 1965</strong> en el que admitía los <strong>crímenes estalinistas: </strong>el régimen soviético no se hundió ahí, pero parte de la izquierda mundial sí. </p><p>Asumir que este orden mundial era una ficción, que ya no le sirve a nadie, es un paso imprescindible si queremos construir otro. Cuando Trump admitió abiertamente que su intención es quedarse con el <strong>petróleo de Venezuela,</strong> estaba <strong>admitiendo</strong> lo que todos sabíamos sobre las <strong>guerras imperialistas</strong> de EEUU pero que <strong>nadie desde el poder, </strong>ni desde las instituciones internacionales, <strong>admitía abiertamente.</strong> Trump, en realidad, estaba dejando desnudos a los Aznar y los Blair, a los cómplices, a los buitres que fueron a Irak a robar con la excusa de la democracia, a todos aquellos que<strong> invaden y masacran</strong> pero que necesitan <strong>revestirse de una excusa moral </strong>para cometer sus crímenes (de ahí el enfado que tienen).  Los neofascistas de ahora no necesitan excusas: no importa asesinar a todo un pueblo si el yerno de Trump quiere hacer un resort de lujo en Gaza. </p><p>Y frente a esto, el discurso en Davos del Primer Ministro canadiense fue la demostración de que estamos en medio de una<strong> guerra entre élites: </strong>el <strong>antiguo orden,</strong> el surgido de la II Guerra Mundial, frente al nuevo<strong> (des)orden </strong>que se quiere desligar de aquel. Carney simplemente puso las cartas sobre la mesa, pero al hacerlo también desveló que aquel orden que ahora añoramos, basado supuestamente en ciertas reglas y en eso que llamamos <strong>derecho internacional, </strong>asentado en instituciones como la ONU…, todo eso era una<strong> ficción, </strong>una pantalla que ha permitido que fuera de eso que se ha llamado Occidente, imperara esa barbarie y esa falta de reglas de las que hasta ahora, nosotras y nosotros, europeos y norteamericanos, nos hemos sentido más o menos protegidos.<strong> Ese reconocimiento de Carney es rupturista </strong>en el sentido de que rompe con el discurso defendido por todos los gobiernos occidentales hasta ahora mismo: el de que existía algo así como un <strong>derecho internacional basado en los derechos humanos.  </strong></p><p>Digamos que Carney se ha adelantado a todos los gobiernos occidentales que siguen fijados en defender esa ficción y que se han mostrado completamente desarbolados ante las <strong>nuevas maneras de actuar (y decir) de los oligarcas milmillonarios</strong> que desprecian y quieren ignorar absolutamente a cualquier poder político porque el poder son ellos. Mientras el mundo se despeña hacia el fascismo, los gobernantes en Davos parecían seguir a sus cosas, y sus cosas no son las nuestras. Sus cosas son, precisamente, <strong>el mantenimiento de esa ficción </strong>en la que todos parecíamos atrapados. <strong>El discurso de Carney</strong> no es anticapitalista, no es siquiera izquierdista, es, como él mismo ha declarado, <strong>pragmático.</strong> En lugar de aferrarse a esa mentira que ya no puede sostenerse, ha venido a decir: “Se ha acabado, pasemos a otra cosa”. Y es en esa otra cosa donde hay que poner el foco, en la grieta que puede abrirse entre dos masas tectónicas que están chocando. El discurso de Carney no sirve para construir una narrativa anticapitalista pero sí para <strong>construir </strong><em><strong>otra</strong></em><strong> narrativa con respecto a esta </strong>en la que nos hemos movido hasta ahora. La posición a la que el canadiense quiere arrastrar a otros países puede servir para, por ejemplo, <strong>dar por roto definitivamente el vasallaje a los EEUU </strong>y el orden basado en la preminencia de este país.</p><p>Si el discurso de Carney es pragmático,<strong> el de Trump es el discurso del emperador del mundo </strong>que ya no se ve en la necesidad de disimular porque tiene prisa, <strong>lo quieren todo,</strong> pero también porque su ciudadela está asediada por nuevas potencias emergentes. Su imperio está declinando (también su mente, por cierto), y como bien nos enseñó<strong> Tucídides </strong>hablando de la democracia ateniense, <strong>cuando el imperio declina, la tiranía </strong>que antes se aplicó a los extranjeros<strong> termina por aplicarse en casa. </strong>Después sobreviene el desastre. Trump está en ese momento en que el tirano aplica a sus propios ciudadanos aquello que antes se aplicaba lejos. Cuando ahora estamos viendo a una Gestapo patrullando las calles de <strong>Minneapolis</strong> y vemos, por primera vez, que esa barbarie nos puede afectar; cuando vemos cómo en países como Alemania o Gran Bretaña se considera terroristas a quienes protestan pacíficamente por el genocidio en Gaza, simplemente nos estamos asomando a la vida que las potencias occidentales han impuesto antes en países como Afganistán, Gaza por supuesto, Irak o cualquier otro país que haya sido invadido y saqueado.  Antes de la Gestapo en Minneapolis existieron<strong> Abu Grahib y Guantánamo</strong> y ha existido <strong>Gaza</strong> y lo supimos, y los gobiernos del mundo lo supieron y los habitantes de Minneapolis también lo sabían.</p><p>En todo caso,<strong> la ficción se ha terminado </strong>y hay fuerzas, potencias, poderes, países… compitiendo entre ellos. Lo interesante, lo necesario, lo que tenemos que hacer desde la izquierda es tratar de agrandar la grieta que se ha abierto entre un mundo y otro porque, si bien puede acabar en desastre, también —si conseguimos que no nos trague— puede ser una oportunidad. Creo que no basta con decir que <strong>el discurso de Carney no es de izquierdas, </strong>hay que ser lo suficientemente inteligentes para ser capaces de ver qué, en cierto sentido, <strong>es revolucionario,</strong> para ver qué camino se abre por ahí y cómo podemos aprovecharlo. </p><p> _____________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Jan 2026 20:21:01 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Trump, Carney y la grieta que se abre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Estados Unidos,Davos,Mark Carney,Canadá,Relaciones internacionales,Opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Resistir dando un sentido al mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/resistir-dando-sentido-mundo_129_2126482.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Resistir dando un sentido al mundo"></p><p>No me parece útil darle alas a ninguna supuesta guerra generacional en la que haga un recuento de aquello en lo que me parece que mi generación (la <em>boomer</em>) estaba significativamente peor que la generación actual. O al revés, en qué cosas estábamos mucho mejor. Hay de ambas. Se ha hecho un tabú mencionarlo, como si discutir siquiera qué se ha ganado y qué se ha perdido fuera de por sí un pecado de melancolía o, peor aún, de reaccionarismo. Se me permite compararme con mis padres o abuelos, pero no con mis hijos. Y a los hijos apenas se les puede contradecir. Los jóvenes están rabiosos, nos dicen los analistas, porque añoran un pasado que nunca existió, un pasado dorado en el que se supone que todo era mejor y más fácil. <strong>Ni que decir que tal pasado dorado no existió nunca tal como lo imaginan</strong>. Lo material, si nos atenemos a los datos, no va tan mal o, al menos, no va peor en todos los indicadores, en algunos va mejor que hace años, en otros va claramente peor, como en la cuestión de la vivienda. Pero cada generación lidia con sus propias precariedades y carencias, aunque estas son socialmente manejadas y percibidas de maneras muy diferentes. Lo material necesita ser contado, concretado, explicado y políticamente manejado. Lo material ¿qué? ¿Lo material salario, lo material vivienda, lo material consumo, coches, viajes, ropa? ¿Lo material trabajo? ¿Lo material comida, que tanto les preocupó a nuestros abuelos? ¿Lo material pensiones? ¿Lo material comodidad? ¿Todo ello junto? ¿Lo material de España, de EEUU?</p><p>No es lo material lo que hace que crezca la extrema derecha, o al menos no es sólo lo material sin concretar, sino la manera en que el poder maneja el sentido de lo material y la manera en que la mayoría de la gente vive ese manejo. Así, lo material según las épocas y los contextos puede vivirse como poco, como muy poco, como suficiente o como fuente de eterna frustración.<strong> Lo que está en juego ahora mismo es el sentido del mundo</strong>, de un mundo que ha cambiado tan profundamente en las últimas décadas que no sabemos dónde poner los pies. Dudo que, a estas alturas, la izquierda pudiera ganar únicamente con políticas de redistribución potentes. Necesita ofrecer un sentido a un mundo desbocado.</p><p><strong>La democracia, tal como la conocemos, está rota</strong>. El orden internacional surgido de la II Guerra estaba sujeto con alfileres y ahora ha quedado desnudo. El poder no está al alcance de los votos, nunca estuvo tan lejos y fue tan invulnerable a estos. Nadie piensa que las cosas importantes puedan cambiar por medio del voto y esa sensación (basada en el conocimiento empírico) es letal para la democracia. Ciertamente, los que mandan no responden a ningún mandato representativo; estamos a merced de oligarcas que se han convertido en los dueños del mundo y a los que la democracia les supone un impedimento. Al fin y al cabo, la democracia no deja de ser algo que se consiguió arrancar con sangre, Hoy, con otra correlación de fuerzas la democracia ya no tiene sentido para las élites globales, no les es útil, pueden prescindir de ella.</p><p>El capitalismo es la única realidad posible. Si gane quien gane es imposible tocar el capitalismo, eso nos conduce a <strong>un horizonte de perpetua frustración</strong>. La política se convierte en un espectáculo de promesas que no se pueden cumplir y que, ante el vacío, exigen elevar el tono cada vez más. Además, la frustración no sólo tiene que ver con la imposibilidad política de ordenar el mundo, sino que el neoliberalismo es profundamente aspiracional. El abismo entre las vidas que se nos muestran como deseables y las que se nos ofrecen es cada vez más insalvable. Y esta frustración se produce al mismo tiempo que un cambio social casi antropológico.</p><p>Existe, por otra parte, un conflicto entre élites. Las élites oligarcas que todavía no mandan del todo y que son las que quieren acabar con la democracia liberal (los líderes empresariales y políticos de ultraderecha) contra las oligarquías y élites liberales que han controlado el mundo desde la segunda guerra mundial. Conflictos también entre las élites anglosajonas y las chinas, entre liberales y fascistas, entre tecnobarones empresarios y políticos tradicionales. Los cambios tecnológicos y sociales han roto el control social, económico y político que tenían las instituciones liberales. Pero se ha producido también un cambio antropológico en lo que hace a las subjetividades. La irrupción de internet y todo lo que ha conllevado, la victoria total del neoliberalismo y su manera completamente diferente de configurar las relaciones humanas y las subjetividades, todo eso nos ha llevado a una eclosión de nuevas identidades, nuevas ontologías, <strong>nuevos relatos existenciales </strong>que vacían de sentido los anteriores o que los reconfiguraran completamente.</p><p>Nunca en la historia se ha vivido un cambio social y subjetivo tan acelerado. Ahora, las mujeres pueden decidir qué hacer de sus vidas y pueden ser presidentas; incluso un negro puede serlo, los migrantes están por todas partes, las personas LGTBI viven con los mismos derechos, como si tal cosa, la familia se ha transformado, el sexo se ha transformado, las identidades personales se han transformado. Y eso significa <strong>pérdidas subjetivas para mucha gente</strong> que vivía su propia identidad como un privilegio; la pérdida de este provoca inseguridad y miedo. Y nadie maneja el miedo y su corolario, el odio, como la derecha. Verdaderamente estamos entre el mundo nuevo y el viejo que no acaba de morir y que, como suele ocurrir, amenaza con desaparecer haciendo sangre.</p><p>Y detrás de estas batallas entre el mundo viejo y el nuevo hay <strong>una estrategia muy pensada y muy bien financiada</strong>. Cuando se consigue crear la percepción de que el mundo cambiante y diferente que vivimos es un caos amenazante, la gente odia cualquier cosa que pueda poner en peligro aquello que les ofrecía cierta seguridad. La batalla en la que estamos inmersos es emocional y no racional. La gente que se ha radicalizado hacia la extrema derecha y vive con pánico el “comunismo” de Sánchez no lo hace porque viva mal o porque les vaya peor que antes. Lo hacen porque <strong>tienen mucho más miedo que antes</strong>.</p><p>A partir de ahí la creación de enemigos imaginarios, del enemigo interno, está funcionando como lo ha hecho siempre: perfectamente. El racismo, la transfobia, la misoginia y la xenofobia, están alimentadas por quienes pierden el poder y quieren recuperarlo. <strong>Cada país fomenta sus propios y ridículos odios</strong>, como el desatado contra “los catalanes” o contra una ETA inexistente, delirios todos ellos completamente funcionales para la derecha. Pedro Sánchez no es comunista ni lo parece, pero multitud de personas viven angustiadas porque el comunismo o un supuesto socialismo radical va a destruir su bienestar. En realidad,<strong> no importan los buenos datos, ni las buenas políticas </strong>(siempre demasiado timoratas, pero aun así claramente mejores para el bienestar que cualquier política que hiciera la derecha). Nada de esto importa mucho porque ahora mismo <strong>es el manejo del miedo y del odio, de la desconfianza y de la inseguridad lo que importa</strong>. Históricamente ha funcionado y sigue haciéndolo.</p><p>La izquierda a estas alturas no ganará únicamente presentando un programa político sino <strong>apelando a las emociones propias de la izquierda</strong> y ofreciendo la posibilidad de construir otro mundo radicalmente diferente; alentando un impulso vital que nos emocione y que nos haga salir de nuestros refugios individuales. En ese sentido, cualquier izquierda que asuma como propio cualquier aspecto del miedo de la derecha jamás podrá ganar. No es por ahí, sino por el lado contrario, por la radicalidad de la esperanza. Hay que exigir a los políticos que presenten <strong>narrativas potentes de esperanza y de ruptura con lo existente</strong>, promesas reales capaces de poner los cimientos de un mundo distinto. Y esas promesas pasan por acciones decididas de reforma y refuerzo de la democracia: derogar las leyes que restringen las protestas, la ley mordaza, combate duro contra la desinformación y el oligopolio mediático y de internet, reformas fiscales, reformas que recuperen la separación de poderes, democratización de la justicia, democratización de la empresa y las finanzas, apuesta muy decidida por lo público y contra la privatización (nada de colaboración público/privada)… pisar el acelerador sin miedo; plantarse ante los tiranos, <strong>acoger con pasión las causas justas</strong>, abandonar los cálculos supuestamente estratégicos y timoratos: así no ganarán. Ya no es posible pretender dar un poco con una mano mientras que con la otra se intenta gestionar unas mínimas sobras.</p><p>Y ¿qué podemos hacer nosotros? Sólo tenemos una ventaja y es que ya sabemos lo que es el fascismo, reconocerlo a tiempo es una ventaja. Tenemos la capacidad de resistirnos. En la calle, físicamente, somos millones, pero también moralmente. <strong>Nuestra resistencia tiene que basarse en la defensa de los otros/as</strong>, de cada otro u otra de nosotras mismas, de todos los otros y otras vulnerables; en la solidaridad radical con cualquiera que se encuentre en peligro. La solidaridad, la bondad, la empatía, el cuidado y el reconocimiento radical de la común humanidad, el reconocimiento de los mismos derechos a la misma vida nos puede ofrecer ahora mismo fuerza y valor, así como identidad común y pertenencia. Necesitamos empeñarnos en la creación de refugios reales, físicos en las ciudades, en los pueblos; refugios legales, refugios emocionales contra la deshumanización y la crueldad como espectáculo y dar todas las batallas que sean necesarias. <strong>Necesitamos recuperar el sentido de lo que somos</strong>, que la lucha contra la barbarie sea motivo de orgullo. Es por ahí o morimos.</p><p>________________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Jan 2026 20:29:52 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Resistir dando un sentido al mundo]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[No todos los hombres… pero cualquier hombre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/no-hombres-hombre_129_2120684.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No todos los hombres…pero cualquier hombre"></p><p>El otro día <strong>me ocurrió una cosa</strong> que primero me hizo mucha gracia, pero que después <strong>me dejó pensando.</strong></p><p>Estaba yo charlando con una <strong>mujer </strong>mayor que yo,<strong> nada feminista,</strong> que se quejaba de que <strong>ahora el feminismo pretenda castigar</strong> la memoria de <strong>Adolfo Suárez</strong> por algo ocurrido hace décadas y que, además, según ella, no es tan importante. Lo que me llamó la atención fue la explicación que me dio para justificar su posición. Me dijo: “¡Los hombres son todos unos salidos! Lo que pasa es que antes sabíamos lidiar con ello”. Me reí, pero luego pensé en que era un <em><strong>all men</strong></em><strong> en toda regla,</strong> pero formulado no precisamente por el feminismo. Entonces me di cuenta de que el famoso <em>all men</em> que los machistas achacan a las feministas <strong>no es algo que hayamos acuñado nosotras,</strong> sino que se trata más bien de un <strong>sentido común antiguo y patriarcal </strong>transmitido entre mujeres para<strong> defenderse </strong>y para poder vivir con un determinado estado de cosas. De este “todos los hombres” en el que quizá creían nuestras abuelas nadie ha protestado mientras ha sido transmitido en voz baja y más como justificación del estado de cosas que como protesta. <strong>Los hombres son así</strong> y no hay nada que hacer al respecto. Es precisamente <strong>el feminismo</strong> el que al cuestionar que eso deba ser una verdad inmutable ha puesto las bases para que, en adelante<strong>, los hombres ya no sean así.</strong></p><p><strong>Cuestionar </strong>precisamente<strong> la impunidad del poder sexual masculino,</strong> lo que ha hecho el feminismo, es la única manera de acabar con ese <em>all men</em>. Si ese estado de cosas a mi amiga le parecía normal, <strong>las mujeres que venimos detrás </strong>hemos hecho de la extensión y de esa <strong>impunidad</strong> un <strong>escándalo.</strong> Para los <strong>hombres</strong> es difícil ver cómo <strong>determinados privilegios les están siendo cuestionados</strong> o arrebatados, pero, para nosotras, mujeres feministas, es también doloroso comprobar cómo el hecho de ser un <strong>hombre progresista, </strong>de defender públicamente los derechos de las mujeres, de parecer un hombre igualitario… todo eso <strong>no impide que se ejerza y se aproveche esa desigualdad, </strong>ese poder sexual del que se dispone como un privilegio al que vemos cuánto les cuesta renunciar.</p><p>Lo hemos visto en los <strong>papeles de Epstein,</strong> pero también en la multitud de <strong>grandes y pequeños escándalos,</strong> en la multitud de denuncias más o menos públicas de las que vamos teniendo noticia. Estas vienen de todos los ámbitos: de la política, la cultura, la universidad, asociaciones diversas y, por supuesto, aquellos ámbitos menos “iluminados”, donde <strong>las mujeres tienen más difícil denunciar</strong> porque no hay famosos implicados, ni ellas disponen de ninguna protección, como en el <em><strong>caso Pelicot</strong></em> (que estos días ya ha encontrado réplicas en Gran Bretaña o Alemania). A estas alturas no nos hacemos ilusiones. El marido de Pelicot era, según ella, un buen marido. Así que si en la generación de mi amiga se decía que <strong>eran todos los hombres,</strong> que <strong>todos eran así, </strong>nosotras ya no pensamos que sean todos, pero sabemos que puede ser cualquiera, no importa lo que haya hecho o dicho. Y eso resulta especialmente perturbador.</p><p>Con los casos que están saliendo a la luz, que siempre han estado ahí, lo que se pone de manifiesto es que<strong> los hombres siguen utilizándonos </strong>como objeto de intercambio entre ellos, como mediación para repartirse cualquier clase de poder y dinero. Sabemos desde <strong>Levy Strauss</strong> y luego <strong>Gayle Rubin</strong> que la<strong> civilización </strong>se levanta sobre un <strong>pacto para repartirse a las mujeres</strong> y ejercer el poder a través de la cosificación femenina. El poder incluye siempre el poder sexual y en muchas ocasiones es <strong>a través de ese poder sexual </strong>cómo se establecen <strong>lazos duraderos</strong> que trascienden el ámbito de la sexualidad y alcanzan cualquier ámbito de la vida social. Lo que estamos comprobando es que esto no es un sistema mítico en vías de desaparición, sino que está vivo, aunque sí esté siendo atacado; que no es algo individual, sino <strong>estructural. </strong>De ahí que mi amiga pueda pensar que, en realidad, las cosas son así, siempre han sido así.</p><p>Hemos visto cómo <strong>a través del uso de las mujeres Epstein construye una red de contactos</strong> y complicidades que incluye a hombres de cualquier ideología y de cualquier origen social o cultural (todos ricos, eso sí, todos poderosos). Y todos ellos, inteligentes o idiotas, progresistas o reaccionarios, se sienten<strong> cómodos en ese ambiente</strong> y <strong>seguros en el secreto mutuo.</strong> Ninguno de ellos se cuidó de ser fotografiado con chicas en el regazo. Les vemos sonriendo a la cámara, abrazados a niñas. A ninguno de ellos le desagrada, no ya el uso explotador de las mujeres, sino siquiera estar en el mismo club que otros hombres de los que ideológica y públicamente parecían estar en las antípodas. </p><p>Los <strong>archivos de Epstein</strong> no sólo muestran una red de pederastia y abusos sexuales, sino también una red de negocios multimillonarios, <strong>una red de poder e influencia </strong>cuya denuncia pública define esta época.  No importa que no todos los hombres que andaban por ahí fueran pederastas. Es evidente que todos ellos buscaban la cercanía del poder y que el poder sexual estaba muy presente en aquellas casas, en aquellas fiestas… tuvieron que ver algo, saber algo, imaginar algo, pero<strong> a ninguno de ellos aquello les pareció ni denunciable ni asqueroso.</strong> En el club de Epstein no hay mujeres más allá de aquellas que son usadas, intercambiadas o que trabajan de alguna manera para el club masculino. Ahí nos encontramos a políticos de cualquier ideología, al bueno de <strong>Chomsky,</strong> al muy aparentemente serio y filántropo <strong>Bill Gates</strong> junto al rijoso <strong>Clinton</strong>, o al que fue un modelo de cierta intelectualidad y premio Príncipe de Asturias,<strong> Woody Allen.</strong> Es como si a través del <strong>uso de mujeres</strong> y de ese reparto de poder, todas las diferencias se diluyeran en una <strong>masculinidad común,</strong> mucho más fuerte que cualquier posición ideológica. Habitando esa masculinidad que los iguala, todos ellos pasan a ser simplemente hombres que usan a mujeres, hombres que hacen uso de un privilegio inmemorial y que ninguno de ellos ha tenido el valor de cuestionarse íntimamente. </p><p>Cuando otros hombres iguales a estos, esta vez no ricos, acudieron a violar a Giselle Pelicot lo hicieron<strong> confiados </strong>en que <strong>ningún otro hombre </strong>de los muchos que sabían lo que pasaba <strong>los iba a denunciar.</strong> No denunciaron ni siquiera aquellos que finalmente no la violaron. Ahora se ha conocido en<strong> Gran Bretaña</strong> un caso parecido al de Giselle Pelicot y aparecerán más. Hemos sabido también de <strong>chats</strong> donde decenas, cientos o miles de hombres exponen fotos de sus parejas o familiares, incluso hijas; donde intercambian literalmente a sus mujeres. Y todos ellos confían en la <strong>protección que proporciona ese mutuo intercambio:</strong> <em>yo subo la foto de mi hija, pero tú miras</em>.</p><p><strong>Los hombres nos miran como a cosas,</strong> como a posesiones intercambiables que sirven para forjar vínculos entre ellos. Y, según mi amiga, así son todos y así es el mundo. Lo que ha ocurrido en que nosotras <strong>nos hemos negado a seguir ocupando ese lugar</strong> de la mercancía que se intercambia y se usa. Y hemos empezado a mirarnos a nosotras mismas, unas a otras y a los hombres también. Cuando hablamos de un cambio de mirada sobre la violencia sexual queremos decir que ahora nosotras también miramos,<strong> </strong>que hemos hecho valer esta mirada. Estamos haciendo algo revolucionario: nosotras<strong> estamos mirando a los hombres</strong>, y ellos <strong>no aguantan bien esta mirada. </strong></p><p>Así que, en contra de aquello de lo que nos acusan los machistas, somos nosotras, las feministas, las que hemos <strong>abierto la puerta a la idea de que no son todos los hombres. </strong>Precisamente, es el feminismo el que cuestiona y planta cara a ese saber antiguo y a ese estado de cosas. Sabemos que <strong>no son todos aunque puede ser cualquiera.</strong> Pero también sabemos que nada de esto es inevitable, que podemos cambiar las cosas. </p><p>___________________________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Dec 2025 18:01:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[No todos los hombres… pero cualquier hombre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Feminismo,Mujeres,Machismo,Violencia machista,Abuso sexual]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Feminismo en los partidos. Por ahora no]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/feminismo-partidos-ahora-no_129_2114860.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Feminismo en los partidos. Por ahora no"></p><p>A Pedro Sánchez le perseguirán siempre unas palabras que, seguramente, él creyó que eran sensatas o, en el mejor de los casos, inocuas. <strong>Fue cuando dio que sus amigos de 40 y 50 años estaban molestos por ciertos discursos feministas demasiado radicales</strong>. Como ya hemos tenido ocasión de conocer a los amigos de Pedro Sánchez, no nos extraña nada que estuvieran molestos. La verdad es que el ambiente que debía reinar en el famoso Peugeot con el que Sánchez recorrió España buscando apoyos para retornar a la Secretaría General parece la recreación perfecta de una película de Fernando Esteso. Siempre he sentido curiosidad por saber de qué hablan los hombres <a href="https://www.infolibre.es/igualdad/negacionismo-reaccion-machista-cupula-mediaset-letra-pequena-guerra-rocio-carrasco_1_2109367.html"  >cuando no hay mujeres delante</a> y hasta ahora me costaba imaginar a Pedro Sánchez haciendo chistes de putas, pero ya todo es posible. </p><p>Como decía Victoria Rosell el otro día en un artículo, este es un tema en el que el “y tú más” resulta ridículo. Si en tu partido no salen agresores no es porque no haya, es porque el miedo pesa más, porque no hay cauces de denuncia y, sobre todo, porque no hay voluntad política de asumir esta cuestión. Saldrán más casos seguramente porque si hay tantas mujeres víctimas de agresiones sexuales como dicen las encuestas, eso supone que hay muchos más hombres de los que suponemos que son los perpetradores de dichas agresiones. En todo caso, una vez que se asume que el acoso sexual es estructural, sistémico, que se encuentra en todos los partidos, en todos los espacios, que es inaceptable, que las víctimas merecen todo el apoyo y los agresores todas las condenas… no se pueden ya aplicar en los partidos políticos los viejos remedios, o parches, de siempre porque no funcionan. <strong>La realidad es que una cosa es aprobar leyes feministas y otra es tener una organización feminista</strong>. Un partido no es diferente a la sociedad en la que se inserta y una sociedad machista no puede producir misteriosamente partidos feministas. Dice Amador Fernández Savater que estamos hablando de “formas de vida” de hábitos en un sentido profundo, y yo así lo creo. El feminismo propone un cambio cultural, una transformación social completa, no se trata de un cambio cosmético. Y seguir pensando que eso va a cambiar con un protocolo es ingenuo. </p><p>En el Partido Socialista alguien, alguien concreto, con nombres y apellidos, tomó la decisión de que las denuncias desaparecieran del canal, alguien tomó la decisión de no contactar con las víctimas, alguien tomó la decisión de buscar trabajo a Paco Salazar una vez este tuvo que irse, algunas personas tomaron la decisión de seguir contando con sus servicios, de salir a comer con él, de no contactar con él en cinco meses, de no protestar, y entre estos hay muchas mujeres. No escribo esto para culpar a ninguna mujer sino para recalcar que patriarcado nos sumerge a todas en una red de complicidades de la que resulta complicado escapar. <strong>“El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los oprimidos”</strong>, dijo Simone de Beauvoir. Y esto funciona como un reloj: en política esto significa que a las mujeres se nos pone en la tesitura de o ser cómplices o ser héroes, como en la vida misma. </p><p>Sé por experiencia que en los partidos se premia a las mujeres no feministas pero que <strong>también se coloca a mujeres feministas en puestos de poder para que allí estén atadas y calladas</strong>. No se cuenta con ellas, no tienen poder real, no tienen poder de veto y mantendrán esos puestos en la medida en que se ocupen sólo de su parcelita, olvidando que la perspectiva de género o se transversaliza a toda la estructura o no sirve de nada. Pero lo que no podrán olvidar es a quién deben su puesto y cómo mantenerlo: con el silencio. No es fácil hacer feminismo en un partido político porque el feminismo es lo contrario a la lógica masculinizada que impera en estas estructuras. Porque la lógica del poder individual y la competencia implica sumisión al orden establecido, no se puede pretender llegar al poder rompiendo las estructuras que lo crean y lo mantienen. No importa cuánto poder creas que tienes porque habrá un momento en que tendrás que dejar pasar algo, que ocultarlo, que callarte. Una mujer puede llegar a tener mucho poder en un partido político, pero no como feminista, entre otras cosas porque no hay poder feminista, por ahora, que pueda imponerse a los hombres poderosos. El poder va con ellos como una segunda piel, nosotras estamos siempre maniobrando; el poder, para nosotras, es un traje incómodo, que no se acaba de ajustar. </p><p>Un partido feminista sería aquel en el que las mujeres tuvieran poder real como feministas. Eso significa poder de veto respecto a determinadas políticas relacionadas con las mujeres, <a href="https://www.infolibre.es/igualdad/glosario-charos-odio-misogino-retuerce-lenguaje-atacar-mujeres_1_2108533.html"  >que la voz de las feministas sea escuchada</a> y respetada como autoridad, que se reconozca la importancia de aplicar transversalidad de género en todas las cuestiones. Pero significa también que en todo lo referente a las políticas de igualdad la voz de las representantes del feminismo no sólo se escuche, sino que obligue. No es soportable que el feminismo siga siendo una “María” dentro de los partidos políticos. En todos los partidos que conozco las representantes del feminismo apenas tienen capacidad para influir en las decisiones políticas del partido en su conjunto. Y, en realidad, ni siquiera en lo que hace a las políticas de Igualdad. </p><p>Una organización feminista debería significar que las representantes del feminismo tuvieran capacidad para desafiar con garantías al líder (o a la líder), sin miedo a ser defenestradas, que no sean unas mandadas, que no sean las encargadas de gestionar unos espacios que no sirven para nada o de gestionar las crisis cuando ya se han desencadenado. Significa, en definitiva, que la perspectiva de género impregne las estructuras del partido, que el miedo cambie de bando, que sean ellos los que tengan miedo de decir según qué cosas y mucho más de hacerlas, que se lo piensen; <a href="https://www.infolibre.es/igualdad/morir-asesinada-frente-hijos-torno-millon-medio-menores-conviven-violencia-machista_1_2109089.html"  >que desaparezca la vergüenza por denunciar</a>, que las agredidas tengan confianza. Que las representantes del feminismo sean elegidas y sostenidas por las representantes del feminismo interno, que no se las pueda cesar sin contar con las demás mujeres. Que las mujeres tengan capacidad, y eso es algo que nunca gusta en los partidos, de organizarse internamente hasta el punto de constituirse como una corriente con poder real, con poder incluso para llegar a poner en cuestión cualquier liderazgo no feminista. </p><p>La dimisión de Silvia Freire me resuena claramente. <strong>Mujeres que ocupan cargos de Igualdad que no sirven para nada</strong>, a las que no se escucha ni consulta, ni siquiera para temas que claramente son de su competencia. Me imagino la situación (es un suponer): se conoce el acoso del presidente de la Diputación de Lugo José Tomé, el líder del PSOE en Galicia se hace cargo de la gestión de la crisis dejando de lado a las representantes de Igualdad que pasan a ser un cero a la izquierda a las que no se consulta para nada, ni sobre cómo dar a conocer el caso, ni sobre qué decir al respecto, ni sobre las medidas a tomar, futuras o presentes. De repente, las mujeres designadas para influir —debería ser decidir—en las políticas de Igualdad, no cuentan. </p><p>En el fondo esto tiene que ver con el antiguo debate intrafeminista de la doble militancia o la militancia única en el feminismo. Mi opinión es que es un debate estéril. Se opine lo que se opine. la doble militancia va existir y debe existir porque las feministas estamos en todas partes, cómo no vamos a estar en partidos políticos. Y porque es ilusorio pensar que fuera de los partidos no tenemos otras ataduras. En todo caso, fuera o dentro, sólo hay una manera de torcer el brazo patriarcal, y es ser marea, dentro y fuera. Ser capaces, nosotras, de construir una red de apoyo que esté por encima de cualquier individualidad y que sea irrompible; ser capaces de establecer alianzas feministas, ser capaces de pactar entre nosotras, <strong>saber que juntas somos fuertes pero que por separado no podemos</strong>. Abrazar el pacto y la pluralidad para establecer un suelo mínimo que no se pueda horadar. Y desde ese suelo impulsarnos hacia arriba. Sólo así.</p><p>________________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Dec 2025 20:46:11 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Feminismo en los partidos. Por ahora no]]></media:title>
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      <title><![CDATA[M-A-M-D-A-N-I]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/m-m-d-n-i_129_2107096.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="M-a-m-d-a-n-i"></p><p>Por una vez me alegro de haber tenido tiempo de poder reposar la victoria de Mamdani en las elecciones a la alcaldía de Nueva York y no escribir el correspondiente artículo al día siguiente. No sólo para pensar yo en las causas y/o consecuencias de esta victoria, sino también para <strong>poder leer todo lo que se ha dicho</strong> en estos días. </p><p>Es verdad que Nueva York no es EEUU y es un feudo demócrata (aunque los demócratas han tenido, en esta ocasión, victorias en otros muchos lugares), así que la cuestión no es por qué Mamdani ha ganado en la era Trump, sino por qué <strong>ha ganado claramente al </strong><em><strong>establishment </strong></em><strong>del Partido Demócrata</strong>, a los cientos de millones donados para construir bulos contra él; por qué ha despertado esa ilusión o si su victoria puede replicarse en otros lugares. La cuestión es saber de qué está hecha esta victoria, en definitiva. En este sentido me ha sorprendido la prisa que se han dado algunos analistas en <strong>señalar que con Mamdani se ha terminado lo </strong><em><strong>woke</strong></em> (vamos a asumir esta simplificación de la realidad social y política creada como espantajo por la derecha y que ha terminado asumiendo una parte de la izquierda). También me ha sorprendido la reivindicación de la victoria de Mamdani hecha por <strong>Pedro Sánchez</strong> ante la Internacional (antaño) Socialista (IS). Yo creo que si aceptamos <em>woke</em>, Mamdani es el epítome orgulloso de lo <em>woke</em>. </p><p>Mamdani se llama a sí mismo socialista y lo hace en EEUU, sin miedo, sin disimulos: <strong>lo </strong><em><strong>woke</strong></em><strong> jamás desdeñó las luchas económicas</strong>. Aunque sus propuestas económicas fundamentales serían de corte socialdemócrata básico (ya sabemos dónde estamos), lo interesante es que señala perfectamente quiénes son los enemigos: los multimillonarios; y cómo hacerles frente: con impuestos y servicios públicos. <strong>El abaratamiento de la vivienda</strong> como propuesta fundamental identifica el principal problema de la gente en las ciudades de todo el mundo. No se puede ganar –y mucho menos generar ilusión– sin acometer esa cuestión. Aquí es donde <strong>Pedro Sánchez cita en vacío y no tiene nada que decir</strong>; ni él ni sus compañeros de la IS (algunos muchísimo más de derechas que él). No se podrán ganar elecciones si no se aborda la cuestión de la vivienda y, por ahora, el PSOE no tiene nada que apuntarse en ese sentido. Ni siquiera puede apuntarse la ilusión que el presidente reivindico el otro día ante los socialdemócratas europeos. </p><p>Pero las demás propuestas económicas importantes de Mamdani <strong>no son propuestas tradicionales</strong>, sino que se corresponden con eso que hemos señalado como el ámbito del cuidado. Son propuestas que provienen del universo político feminista, propuestas con perspectiva de género, y eso es novedoso y revolucionario: autobuses y escuelas infantiles gratuitos, así como supermercados baratos, son medidas que <strong>afectan de manera muy especial a las madres trabajadoras</strong> y, con ellas, a las familias, a niños y niñas. Mejorarán la vida de todos, pero por ser cuestiones consideradas tradicionalmente de mujeres no suelen ponerse en la lista de lo urgente. Mamdani ha situado la propuesta de congelar los alquileres al mismo nivel que la de ofrecer escuelas gratuitas infantiles. Quizá tenga algo que ver con esto el que haya puesto a cinco mujeres al frente de su equipo de transición. </p><p>Resulta estrambótico, como poco, leer algunos artículos que consideran que Mamdani <strong>ha priorizado las cuestiones sociales frente a las identitarias</strong>. Eso es justo lo que no ha hecho. Su campaña se ha centrado en proponer una vida vivible, pero no ha dado un solo paso atrás en cuanto a esas otras reivindicaciones, consideradas <em>woke</em>, identitarias, que ahora una parte de la izquierda <strong>quiere abandonar en su giro atribulado al centro</strong>, pero sin las que mucha gente no imagina ya poder vivir. En un momento en que por supuesto la derecha, pero también una parte de la izquierda, retrocede timorata con los derechos LGTBI, y no digamos feministas, Mamdani no sólo no los ha dejado de lado, <strong>sino que los ha radicalizado</strong>. No ha intentado justificar ni explicar esos derechos, <strong>simplemente los ha defendido como irrenunciables</strong>; el contenido de los mismos ya está aquilatado, no hacen falta más discusiones. No ha hecho la más mínima concesión, esas que el Partido Demócrata está haciendo por todo el país.</p><p>La victoria de Mamdani viene a demostrar que ese espantajo creado por la derecha para desacreditar algunas luchas exitosas e imprescindibles <strong>está dejando de ser efectivo</strong>. El enfrentamiento entre lo material y lo cultural es ficticio e inútil, la clase tiene que ver con lo identitario tanto como con lo material y, además, siempre fue así. La relación entre clase e identidad siempre ha estado ahí, aunque en el siglo XX se tratara de otra identidad diferente a las actuales. Recomiendo el libro <em>Retorno a Reims,</em> de <strong>Didier Eribón,</strong> para entenderlo. </p><p>En todo caso, Mamdani ha demostrado que esa oposición no tiene sentido y ha rechazado que sea una cuestión <em>espantavotos</em>. <strong>Aquí no hay un juego de suma cero</strong>; las identidades, las subjetividades, se construyen ahora de forma diferente, han cambiado y no tiene sentido aferrarse a identidades que se conciben como neutras, pero que nunca lo fueron. Hoy no se puede concebir una teoría y práctica emancipadora que <strong>no incorpore la diversidad humana, la raza y el género</strong>. No tiene sentido hablar de clase si no se tiene en cuenta que la clase está compuesta de individuos que son mayoritariamente de una raza, que son hombres o mujeres, y que <strong>eso determina de manera fundamental sus vidas</strong>. Quienes se empeñan en seguir calificando despectivamente de <em>woke</em> cualquier reivindicación de la diversidad están dificultando su victoria electoral y traicionando a la gente. Las cifras demuestran que Mamdani no hubiera ganado de no haber sido por el entusiasmo que su candidatura despertó en las personas LGTBIQ de Nueva York y en las mujeres. </p><p>Mamdani es un musulmán en una ciudad que vivió el 11S. <strong>No se esconde, ni pide perdón</strong>, se dirige a la población musulmana como uno de los suyos, pero al mismo tiempo, desafía todos los prejuicios: es de izquierdas, es defensor del feminismo y los derechos LGTB. Ha citado a <strong>Malcom X</strong> (un tabú para los demócratas) y ha ganado defendiendo claramente que en Gaza hay un genocidio, que a Netanyahu hay que detenerlo y juzgarlo si pone un pie en Nueva York, y lo ha hecho en la ciudad en la que hay más judíos fuera de Israel y en donde los lobbies sionistas tienen más poder. <strong>Ha abordado la diversidad cultural y étnica con decisión y sin complejos</strong>. Sus materiales han sido traducidos a todos los idiomas posibles, los voluntarios que iban casa por casa eran hablantes de la multitud de idiomas que se hablan en Nueva York, y en todo su discurso siempre había referencias a la diversidad, que no es algo diferente a la clase, sino que es la base de la clase en Nueva York. </p><p>Las propuestas de Mamdani <strong>no son radicales sino que han sido hegemónicas</strong> mucho tiempo en la izquierda. Mamdani ni es <em>woke</em> ni deja de serlo, es de izquierdas, de la izquierda del siglo XXI, esa que la derecha ha calificado, sí, de izquierda <em>woke</em> para desacreditarla. Lo que <strong>no ha hecho Mamdani ha sido </strong><em><strong>centrarse</strong></em><strong>, retroceder, no ha cedido terreno ni ha tenido miedo</strong>. Viene con una propuesta de reescritura del contrato social porque la sociedad ha cambiado. Mamdani hace una política que busca disolver el miedo y negar la existencia de “enemigos internos”: los verdaderos enemigos son los multimillonarios.  Y todo esto <strong>lo ha dicho con seriedad, pero también con simpatía</strong>. Usando el sentido del humor como un arma política más. Caer bien es imprescindible cuando las emociones ocupan un lugar fundamental a la hora de emitir el voto. Los políticos que nos regañan, nos dan ordenes o están siempre enfadados no caen bien. Y no hace falta demostrar todo el tiempo que se odia al adversario, basta con desafiar sus argumentos y saber defender los propios. El odio tiene un efecto contagio que lo oscurece todo y, especialmente, la esperanza.  </p><p>En los debates electorales, sus adversarios <strong>fingían no saber pronunciar su nombre</strong> para señalarlo como extranjero (como si en EEUU no hubiera nombres no anglosajones). Pero él contestaba deletreándolo. M-A-M-D-A-N-I . Está bien que <strong>Pedro Sánchez</strong> cite la esperanza que Mamdani ha concitado, pero mucho mejor estaría si <strong>aprendiera cómo lo ha logrado</strong>. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Dec 2025 19:34:42 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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