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    <title><![CDATA[infoLibre - Beatriz Gimeno]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/beatriz-gimeno/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Beatriz Gimeno]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Lo malo, lo feo, lo cutre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/malo-feo-cutre_129_2209155.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0d519cd3-d1d9-4ae4-9591-3e774f8a2d21_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo malo, lo feo, lo cutre"></p><p>Seguramente no tenía que hablar de esto, con la que está cayendo… Pero no me resisto. Y no me resisto porque, a veces, lo menor desnuda a lo mayor. A veces, lo pequeño nos lleva a pensar en lo grande. Y eso me ha pasado a mí con el <strong>espectáculo que Madrid ofreció al papa en el Santiago Bernabéu… y su contraparte en Barcelona</strong>. Más allá de la broma fácil, esos dos espectáculos explican mucho de en qué se ha convertido Madrid en estos años. Y no, no es caer en la competición burda entre las dos ciudades. Es que lo de Madrid desvela la realidad de una ciudad/comunidad gobernada desde hace muchos años por la peor derecha. El acto con el papa en el Bernabéu, desgraciadamente, nos muestra un Madrid que conocemos bien quienes vivimos aquí; porque ha sido <strong>construido/destruido por un neoliberalismo que es también un movimiento cultural</strong> que lo impregna todo. Esta es la ciudad que consiguió hacer un tema de que Carmena osara vestir a un Rey Mago con un traje de fantasía. </p><p>Hay un dicho en Madrid que dice que esta ciudad nunca ha dejado de ser un poblachón manchego. Yo entiendo que con eso quiere decirse que es una <strong>población que se encuentra, física y simbólicamente, en un páramo</strong>; aislada de cualquier foco cultural relevante. Esto es así pero, además, podríamos añadir aquí que, debido a su capitalidad, Madrid tiene un evidente complejo de superioridad que le lleva a suponer que, con eso, es suficiente; por ello ha terminado siendo <strong>paleta y localista</strong>. En Madrid se pretende hacer todo a lo grande, pero “grande” no es bueno, ni bello, ni interesante, ni mejor. “Grande”, en el caso de la cultura, de un espectáculo, de una fiesta, no significa nada. </p><p>El acto que la Iglesia de Madrid montó en el Bernabéu, supongo que con mucho apoyo institucional, nos ha mostrado al mundo como el epítome de lo cutre, casposo, desfasado, hortera. Y no será por falta de recursos. El espectáculo que tuvimos la desgracia de contemplar sólo puede atribuirse a esa <strong>tradición por la que cualquier cosa que se haga en Madrid con dinero, con mucho dinero, está bien hecha</strong>. En Madrid hace mucho que se da un trumpismo <em>avant la lettre</em> que entiende que hay que dar la batalla contra la izquierda también en la cultura y esa idea, con el tiempo (y con muchas resistencias, naturalmente) ha ido impregnando mucho de lo relacionado con la cultura, las celebraciones populares, los espectáculos. </p><p>Hace mucho que <strong>el PP de Madrid presume de ignorancia y mediocridad</strong>, hace mucho que se ponen impedimentos a las fiestas populares, salidas de los barrios y de la gente; hace mucho que decidieron subvencionar los toros o espectáculos caducos y cutres antes que esforzarse por convertir esta ciudad en un foco cultural de vanguardia. No voy a decir que la cultura es de izquierdas porque, aunque en gran medida sí lo es, <strong>ha habido y hay grandes creadores de derechas, incluso dictadores terribles, que amaban la cultura y que eran cultos</strong>. Esa es otra discusión que no se da en la derecha neoliberal trumpista, donde una de sus características principales es hacer ostentación de ignorancia, de incultura, incluso de estupidez. Y no es sólo hacer ostentación de todo ello, sino que hay también una intención consciente por insensibilizar a la gente ante la belleza o la cultura. Supongo que piensan que cuanto más brutos sean los votantes más se sentirán representados por políticos ignorantes que se ríen de cualquier muestra de sensibilidad artística. <strong>La cultura es </strong><em><strong>woke</strong></em><strong>, la belleza es </strong><em><strong>woke</strong></em><strong>, la inteligencia es </strong><em><strong>woke</strong></em><strong>, ETA y comunismo</strong>. Incluso la bondad es <em>woke</em>. Es en ese sentido en el que la ceremonia de inauguración del Mundial de futbol que se celebró en EEUU, con todos los recursos posibles a su alcance, fue absolutamente cutre, pobre y aburrida. </p><p>Los espectáculos, tanto el del Bernabéu como el del Mundial, tienen ambos que ver con la mirada que esta derecha que padecemos proyecta sobre el mundo. Si Trump forra la Casa Blanca de oro porque un día vio el palacio de Versalles y le pareció de buen gusto, <strong>los organizadores del acto del Bernabéu han sido capaces de hacer un acto casi inexplicable</strong>. Dos locutores deportivos gritaban "GOOOOL" sin ton ni son mientras un cuerpo de baile sacado de un instituto daba patadas (flojitas) a un balón al tiempo que otros cuantos ¿bailarines? ¿voluntarios? ¿La juventud del papa? daban saltos desacompasados y absurdos celebrando esos falsos goles papales. No sé cuánto costó la broma, pero la cosa era muy parecida a la fiesta de fin de curso de un colegio y el guionista del engendro merece padecer los males del infierno. </p><p>En Barcelona no sólo hicieron un espectáculo lleno de belleza, sino que tuvieron el buenísimo gusto de que pareciera que <strong>todo iba dedicado a Gaudí</strong>, con lo que no sólo los católicos podían sentirse incluidos. Hicieron coincidir la bienvenida al papa con la presentación de una de las últimas torres que faltaban por concluir de la Sagrada Familia y <strong>los drones proyectaron en el cielo la imagen del arquitecto</strong>. Si eso se llega a hacer en Madrid, allí hubiéramos visto la cara iluminada del papa, o de Ayuso, quien sabe, o puede que de Nacho Cano. </p><p>Las fiestas y los espectáculos de Madrid son en demasiadas ocasiones así: cutres, casposos, baratos (aunque cuesten muchísimo dinero), grises, deprimentes y carentes de cualquier rasgo imaginativo o de modernidad; y dan un poco de vergüenza. <strong>Dijo Ayuso que el papa hablaba al mundo desde Madrid o Madrid se hablaba con el papa</strong>, <strong>o el papa hablaba para Madrid</strong>, porque todos somos uno… o varios. No se la entendió nada de lo que dijo en una de sus características entrevistas en las que le da por improvisar. Lo que sí se entendió es que Madrid es incapaz de montar un espectáculo digno porque hace mucho que los políticos que la gobiernan son como la cultura que imaginan y los espectáculos con los que se presentan al mundo: grises, tristes, casposos, cutres, desfasados, ignorantes. Para librarnos haría falta un fuerte y valiente impulso, sostenido en el tiempo, en la dirección contraria a aquella en la que vamos. </p><p>_______________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno</strong></em><em> es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Jun 2026 17:42:36 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Lo malo, lo feo, lo cutre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Madrid,Barcelona,Papa León XIV]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Estado de desecho]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/desecho_129_2201748.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Estado de deshecho"></p><p>Cuando este artículo salga yo estaré de viaje lejos de España. Cuando lo entregue, puede que se haya quedado viejo, pero… he querido ordenar algunas impresiones básicas que creo que no caducarán tan rápido.  </p><p>1. El 15M identificó muy bien que las <strong>puertas giratorias son una forma de corrupción sistémica</strong> y las llamadas consultorías no le andan lejos. No debería ser normal que alguien que se ha dedicado a la política acabe siendo millonario. Sí, es legal, pero para muchas personas de izquierdas no es ético. Por eso supuso un pequeño escándalo el anuncio de Alberto Garzón de que iría a trabajar a la consultoría de Pepe Blanco. Lo cierto es que muchas de las consultorías donde terminan la mayoría de quienes han sido altos cargos de la Administración son un <strong>engendro capitalista que no aporta ningún valor real</strong>; son montajes que sirven para el enriquecimiento de algunos y para aumentar la capacidad de influencia de quienes les contratan. A ello se dedican la mayoría de los expresidentes y altos cargos. Lo que venden son sus contactos, su agenda; nadie lo ha cuestionado y mucho menos investigado. Hasta ahora, hasta Zapatero.</p><p>2. Zapatero se convirtió en un referente moral porque planteó una idea de España que rompía en parte con la que se sostenía desde la transición: una <strong>España verdaderamente plurinacional</strong>, que reconociera la memoria histórica y que avanzara en derechos sociales. </p><p>Como activista feminista y LGTBI podría contar mis experiencias con los anteriores dirigentes del PSOE, capaces de hacer chistes homófobos y machistas en nuestra presencia. Sé muy bien que <strong>Zapatero se plegó a la Troika</strong>, que aumentó la edad de jubilación, que abrió la era de los recortes, que modificó la Constitución… Zapatero nos libró de la caspa, no del capitalismo. Allá quien pensara que en cuestiones económicas el PSOE era otra cosa que un partido social liberal dispuesto a hacer lo que fuera por salvar el capitalismo financiero. Por eso, hoy pueden ser un referente en lo que tiene que ver con Palestina, pero no puede abordar de ninguna manera el problema de la vivienda. Una cosa no quita valor a la otra. </p><p>3. Pero… el mundo ha cambiado desde que gobernaba Zapatero y hoy hay una ofensiva muy diferente a otras que hemos vivido. Ya no se trata de hacer recortes y acabar con los restos de la socialdemocracia, sino con la propia democracia. Los tecnooligarcas no están dispuestos a permitir que nada pueda poner límite a su poder, <strong>ningún límite a la destrucción del planeta, a la privatización de todos los servicios públicos</strong>, a la implantación de las inteligencias de la vigilancia, etcétera. Utilizan la crueldad, la represión, la fuerza, el desprecio por la ley y el conocimiento etc. Es fascismo (llámalo X) y da miedo. </p><p>4. Trump y el genocidio palestino han sacudido el tablero. <strong>En Palestina se juega el futuro ético de Europa y de la humanidad</strong>. Cualquiera que manifieste la más ligera oposición es un enemigo declarado. El papel de Sánchez en esta cuestión ha sido muy importante. No discuto si se han dejado de vender armas a Israel o no, puede que su oposición al genocidio haya sido simbólica pero lo simbólico es fundamental en un mundo que quiere negar que la matanza de palestinos se esté produciendo, que busca encarcelar y multar a quien pronuncie la palabra “genocidio”. Pronunciarse contra el genocidio y a favor de la legalidad internacional es <strong>ponerse en la diana de Israel</strong>, de EE. UU y de todos sus entramados de Inteligencia. A nadie se le escapa que EE. UU e Israel harán cualquier cosa para que España vuelva a ponerse incondicionalmente del lado de Israel. Esto no es ser conspiranoico, es política real. Quizá de todo lo que nos va a pasar si gana el PP/VOX esto sea lo que más me duele. </p><p>5. Todo lo que sabemos del sumario contra Zapatero es que <strong>no hay una sola prueba del delito de tráfico de influencias</strong> y que, si este no está, tampoco están los otros dos delitos de los que se le acusa. El juez Calama se ha limitado a copiar el informe de la UDEF que está lleno de errores y de alguna mentira. Lo hace destrozando una de las razones de ser de los jueces de instrucción, que debería ser la de ejercer cierto control sobre las investigaciones policiales. A estas alturas tenemos ejemplos claros de que <strong>la UDEF ha hecho antes informes falsos</strong> (hay altos cargos de la UDEF y de la UCO imputados por delitos varios) Sabemos que con estos indicios ningún otro presidente hubiera sido imputado (ni ningún cargo del PP). También parece evidente que hay un ataque mediático coordinado (incluido, a estas alturas, PRISA) para acabar con Sánchez.</p><p>6- Cuando lo de Zapatero parecía lo peor que le podía pasar al PSOE, aparece otra trama vinculada a la interna en la que se supone que diversos personajes parece que buscaban influir en (“desestabilizar”) los procesos judiciales. Más allá de que estas personas (Leire Díaz, Santos Cerdán…) <strong>ya están imputadas e investigadas</strong>, y si han cometido un delito que a nadie le quepa duda de que les van a condenar, la capacidad del PSOE para influir en la marcha de estos procesos (véase Begoña Gomez o David Sánchez) es nula por la propia naturaleza de lo verdaderamente existente: una judicatura cooptada en gran parte por la derecha y que considera que su papel es corregir la anomalía de que pueda gobernar la izquierda. La <strong>trama montada en el PSOE</strong> parece cosa de unos cuantos, pero también parece algo de Mortadelo y Filemón y más bien da cuenta de su incapacidad real para abordar uno de los problemas de esta democracia: la corrupción judicial.  </p><p>7- En mi opinión, se equivocan quienes pretenden equiparar todos los comportamientos con apelaciones genéricas a la defensa de la democracia que no hacen sino abonar la idea de que todos son iguales. <strong>Repetir como un mantra que hay que confiar en la justicia</strong> <strong>no va a hacer que la justicia española sea más confiable</strong>. Cualquiera sabe a estas alturas que no se puede confiar en esta justicia. Llevamos muchos años comprobando que una parte de la justicia está corrupta, así como una parte de la policía. Negar esto es ridículo y es hacer el juego a los corruptos. Y esta es una de las grandes limitaciones del PSOE para poder salir vivo de esto. No está genéticamente preparado para convertirse en antisistema. Recordemos que <strong>el PP ya dio un golpe en la Comunidad de Madrid con el </strong><em><strong>Tamayazo</strong></em> y que el PSOE se lo tragó. Ahora Esperanza Aguirre, que nunca fue imputada, se permite encabezar manifestaciones contra la corrupción. Recordemos también que cuando se ha perseguido judicialmente a otros partidos con informes evidentemente falsos, el PSOE no lo ha denunciado, sino que ha declarado esa confianza en la justicia; esa misma justicia que ahora se lo va a tragar. Y se lo va a tragar entre otras cosas porque pienso que una parte del PSOE estaría contenta de volver al bipartidismo y a la oposición, a sus escaños tranquilos en los que esperar a que cuando el PP y Vox se lo hayan cargado todo se les llame de nuevo a sus políticas moderadas, ya sin nadie a su izquierda. <strong>Hay una parte del PSOE que desea que acabe ya esta aventura</strong>. </p><p>8. Pero también creo que la izquierda que está a la izquierda del PSOE hace mal en tratar de sacar rédito de la situación porque lo que está en juego es mucho más grande que las próximas elecciones. Que hace mal en acogerse a esa falsa confianza en una justicia en la que no creemos. Aunque ahora le toque al PSOE que quiso sepultarnos, ya es hora de denunciar abiertamente que todo esto es un absoluto escándalo y que está en juego la democracia. Es un escándalo la <strong>imputación de Begoña Gómez y el juicio de David Sánchez</strong>; es un escándalo que Rajoy y Cospedal no estén imputados. Es un escándalo que haya audios de Villarejo hablando de que tiene al juez Pedraz, y no se sepa nada del asunto; que tampoco sepamos nada de Montoro; que Zaplana, qué tenía una enfermedad terminal, esté cada día más moreno por sus paseos por la playa; que Ayuso, su novio, su hermano y su madre se hayan hecho millonarios ante nuestras narices y las de los jueces. Comienzo a creer que no hay gran cosa en el caso “mascarillas” contra Ábalos y Koldo. <strong>Es un escándalo que el Tribunal Supremo dé crédito a un corrupto mentiroso como Aldama</strong>, y que este esté libre y, al parecer, también millonario. Escandaloso es que esté pasando mediáticamente desapercibido el mayor escándalo de corrupción política de la democracia española que es la <em>Kitchen</em>, que se haya programado un ruido atronador que no permite escuchar las grabaciones que se están ofreciendo (a puerta cerrada) en el juicio. <strong>Es un escándalo mayúsculo la condena a Álvaro García Ortiz</strong>, la madre de todos los escándalos, y que no fue más que la demostración de hasta dónde están dispuestos a llegar. Tenemos razones de sobra para poder afirmar que no tenemos por qué creernos nada de lo que dicen o hacen determinados jueces; que todo es una trama para tapar la corrupción del PP, para que este partido vuelva al poder como sea y para que la izquierda no vuelva a gobernar en 20 años. Cualquiera que ahora siga diciendo que confía en la justicia me parece o cómplice de la situación o muy ingenuo. </p><p>Recojo este párrafo en el que Siri Husvedt se refiere a lo que pensaría Paul Auster de la victoria de Donald Trump: “¿Y si las instituciones estuvieran hechas de jabón y no de granito? Entonces bastaría con abrir las mangueras y todo desaparecería”. Y <strong>eso es exactamente lo que está pasando ante nuestras narices</strong>, que el Estado de derecho está roto, es un desecho y lo están barriendo. A lo mejor es el momento de una contundente reacción ciudadana. </p><p>_______________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno</strong></em><em> es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jun 2026 18:42:47 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[José Luis Rodríguez Zapatero,PSOE,PP,Justicia,Democracia]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Las epidemias que vienen y el miedo que tenemos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/epidemias-vienen-miedo_129_2194843.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las epidemias que vienen y el miedo que tenemos"></p><p>Tenía mi artículo sobre las elecciones andaluzas, pero sobre esto hay ya muchos y, en cambio, esta mañana, tuve una interesante conversación con un compañero de oficina. La oficina es para mí un lugar privilegiado para observar la realidad porque es el único espacio en el que me relaciono cercanamente con gente que no piensa como yo; en el que <strong>puedo hablar con gente muy diferente desde un lugar no de confrontación</strong>, <strong>sino incluso de cercanía afectiva</strong>. Me llevo bien con este compañero, es buena gente, tiene sentido del humor y no es tonto en absoluto. Y esta mañana hemos hablado del brote de ébola en África y, claro, también del hantavirus. </p><p>Su opinión acerca del asunto es, simplificada, la siguiente: “Yo no creo en los virus, es un engaño, <strong>no creo en las vacunas, la OMS no sirve para nada</strong>, es otro engaño, y si viene otra epidemia no me volveré a poner la mascarilla. Además, no va a haber fuerza que consiga mantenerme en casa confinado”. Esto, junto a la opinión de Mariló Montero diciendo que Sánchez ha creado el hantavirus y que prepara una epidemia para 2027, es el resumen perfecto de esta época. Y no es una broma. </p><p><strong>El siglo XXI será el siglo de las epidemias</strong>. Lo será por el cambio climático; la globalización, que hace que millones de personas se estén moviendo de un lado al otro del planeta constantemente, penetrando en zonas antes remotas, presionando y destrozando los ecosistemas animales… por todo eso y que hay unos 10.000 virus desconocidos con capacidad de infectar a los humanos. Tendríamos que estar preparándonos, como humanidad, para sufrir una epidemia en cualquier momento… pero a la vista está que no lo estamos haciendo. Y si llega, <strong>será imposible de combatir tal como están las cosas</strong>. </p><p>En las palabras de mi compañero de oficina se concentran varios de los problemas que nos impedirían combatir con éxito una epidemia global: la <strong>desinformación, el ultraindividualismo, la desconfianza en la ciencia, en lo público y en las instituciones</strong>, el desprecio hacia cualquier forma de conocimiento experto… Justo todo lo que impediría librar un combate contra una epidemia sanitaria global y tener posibilidades de ganarlo. Las epidemias hoy sólo pueden combatirse con sistemas de salud pública potentes, cooperación científica y sanitaria internacional, sistemas de protección civil eficaces y bien dotados, y con la imprescindible colaboración ciudadana basada en la confianza en la ciencia y en las instituciones.</p><p>Pero todo eso se ha hecho añicos para una parte importante de la población, mucha más de lo que podemos pensar. Mi compañero y tanta gente piensa así porque, en la <strong>deriva neoliberal enloquecida hacia la concentración de la riqueza</strong> <strong>en cada vez menos manos</strong>, todo eso que es necesario para subsistir como especie está siendo meticulosamente destruido. Y, naturalmente, dicha destrucción, que es la ganancia de unos pocos, viene acompañada de la ideología correspondiente, que consigue gente convencida de remar hacia su propio mal. Si queremos tener posibilidades de vencer a los virus, tenemos que romper con la lógica neoliberal y con la cultura que lo justifica. Y, ya sabemos, no es un combate fácil ni en el que estemos en la misma posición de salida. </p><p>Nos bombardean con desinformación y bulos, el ultrasubjetivismo del “yo sé más”, con los <strong>influencers opinando muy seriamente de todo y convertidos en expertos</strong> de cualquier cosa, con la posibilidad que tiene cualquiera de acceder a toda la información disponible (aunque no la entienda), con el desprestigio de lo público y de las agencias internacionales… Todo esto nos está acercando a una situación en la que vivimos en una sociedad ultratecnificada pero, al mismo tiempo, casi medieval en muchos aspectos. Hace unos pocos años, cuando conocía a alguien que hablaba enfáticamente contra la posibilidad de vacunarse o ponerse la mascarilla, hacía bromas con mis amigas. Ahora ya no puedo mostrar ni siquiera asombro, porque en este momento, en cualquier grupo en que lo comente, es muy probable que <strong>haya personas que estén de acuerdo con esta postura</strong>. Y no es sólo que estas personas reticentes a lo racional están ya por todas partes, sino que me he dado cuenta de que esas personas podemos ser cualquiera de nosotros, de nosotras. Yo misma, me puede pasar a mí. La semana pasada tuve mi particular caída del caballo con este asunto. </p><p>Me ocurrió cuando fui al médico para tratarme de mi enfermedad neurológica. Cuando la doctora me preguntó si tomaba algún medicamento para el dolor, le dije que me tomaba una aspirina de 500 mg al día y que eso lo hago desde hace muchos años. "¿Por qué?", me preguntó. "¿Te la recetó alguien?". No se lo dije, pero la realidad es que la tomo porque tuve una tía abuela con la misma enfermedad. <strong>Ella se tomaba esa aspirina diaria y vivió 90 años</strong> en buenas condiciones. La médica me dijo que no me tomara más la aspirina, que la dosis que tomo es muy alta y que ahora mismo la aspirina ya no se recomienda excepto para determinadas situaciones médicas, que me puede producir una hemorragia… En fin, que mejor tome paracetamol. ¿Y yo qué hice? Hacer caso omiso y seguir tomando mi aspirina. Hay algo en ella que <strong>me proporciona una tranquilidad que no me ofrece el paracetamol</strong> y que no tiene nada que ver con su composición farmacéutica ni con el dolor. ¿Sé yo algo de medicina, de farmacia, de neurología? No. Pero tengo miedo, he leído dos artículos y me aferro a la magia. </p><p>Será que, a pesar de todos los avances, los humanos no podemos despojarnos de ese algo nuestro primitivo que nos impele a creer en lo mágico, en lo que “nos dice el corazón”, en percepciones, sensaciones, supersticiones que necesitamos para vencer un miedo que ningún avance científico nos puede quitar y que supongo que es el miedo a la muerte, enmascarado de mil formas diferentes. <strong>El miedo a lo inevitable no se vence con lo real</strong>, sino con lo sobrenatural, me temo. No somos tan diferentes de aquellos ancestros que se aterraban cuando se desencadenaba una tormenta. Ni toda la ciencia del mundo puede borrar de nuestro inconsciente el miedo cerval a lo desconocido, a lo incontrolable y a la muerte que la <strong>extrema derecha sabe aprovechar muy bien</strong>, pero que se esconde en cada uno de nosotros. Nos cuesta renunciar a combatir ese temor con las herramientas que la humanidad ha utilizado desde que es humanidad: la magia, lo divino, lo sobrenatural. Ese “yo no me pongo la mascarilla”, ese desprecio al conocimiento científico, no es más que un abrazo al lado oscuro que, en ocasiones, parece más acogedor que cualquier mascarilla ordenada por un poder tan terrenal, prosaico y desacreditado como un gobierno. <strong>No podemos reírnos de quienes se están deslizando por ese lado</strong>; no podemos combatir ese miedo sino desde el conocimiento de que todos somos susceptibles de caer en lo irracional que habita en lo más profundo de nosotras. </p><p>Y el fascismo es capaz de aprovechar cualquier miedo y de crear nuevos miedos en tiempos de incertidumbre porque, por otro lado, no somos capaces de presentar un mundo suficientemente deseable, suficientemente luminoso. <strong>Hay que esforzarse desde la política en ofrecer un mundo que la gente desee habitar</strong> y desprecie así las soluciones que el fascismo propone. Este artículo no puede proponer estas soluciones, pero, en definitiva, lo que quiera que sea pasa por la posibilidad de vivir vidas tan buenas que cualquier miedo se atenúe; vidas que nos ofrezcan la dignidad de no sentirnos menos que nadie, que nos ofrezcan sentido de pertenencia y libertad, vidas manifiestamente mejores, cualitativamente mejores para todas y todos. Vidas que cuenten, que pesen, que signifiquen, que merezcan la pena. De lo contrario a la larga estamos condenados, me temo. Nos matarán nuestros miedos. </p><p>_______________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 May 2026 18:07:32 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Enfermedades]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ayuso morirá en su casa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/ayuso-morira-casa_129_2187722.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ayuso morirá en su casa"></p><p>Hace exactamente un año que murió mi madre. </p><p>Mi madre vivía en una casa llena de libros y, en sus últimos años, cuando ya no podía leer, aun entonces, se levantaba con dificultad del sillón en el que pasaba sus días y se acercaba a las estanterías para <strong>pasar su dedo por los lomos de los libros</strong>, elegir uno, llevárselo con ella al sillón, abrirlo y mantener la mirada fija en las letras durante mucho rato. A veces, muy seria y concentrada, cogía un lápiz y subrayaba la lectura. Cuando sus hijos íbamos a ver qué había subrayado con tanto empeño, veíamos que eran palabras al azar, sin ninguna relación entre ellas. </p><p>Contratar a una trabajadora interna para que se ocupara de ella, de que no quemase la casa o de que no se cayese en el baño, fue muy dificultoso. Mi madre era muy independiente y solitaria, le gustaba vivir sola. Después de años de insistencia hubo un día en que aquello fue inevitable y aquel mismo día supimos lo que nos esperaba, a todos. Según vio que la señora llegaba con unas bolsas, mi madre se las tiró al descansillo y <strong>le cerró la puerta en las narices</strong>. Porfiamos con ella un buen rato llegando incluso al encontronazo físico, lo tiraba todo al suelo y, cada vez que abríamos la puerta, mi madre la cerraba de un golpe. Fui yo la que la senté en el sillón casi de un empujón y la grité: “Es así, mamá, tienes que aceptarlo” y ella, en un terrible arranque de lucidez, dijo: “Me habéis vencido”. Y la señora que venía a ayudarnos a cuidarla pudo entrar. Después, claro, fue empeorando, y ya no bastaba con una señora, necesitaba dos o tres, para todas las horas del día y de la noche. Y eso que sus hijos (tres) íbamos todos los días a pasar horas con ella y los fines de semana enteros. Pero llegó un momento en que no podíamos moverla, ni asearla, ni alimentarla, teníamos que trabajar y, además, todos sus hijos tenemos ya más de 60 años; estamos entrando en nuestras propias vejeces. Pagar más ayuda era ya impensable. Entonces hubo que llevarla a una residencia. Ese día, aun en su estado, luchó con fiereza. Me dio un bastonazo a mí y otro a mi hermano y prácticamente la tuvimos que llevar en volandas. Creo que ese fue un día para mí más triste que aquel en el que murió.</p><p>Llegó a la residencia con la cabeza bastante entera. Al entrar dijo:<strong> “Me traéis aquí para morir, ¿no?”</strong>. Le dijimos que no, que era para que se repusiera. Después, muchos días nos preguntaba que si nos estábamos ocupando de limpiar su casa, para cuando volviera, pero llegó el día en que comprendió que no iba a volver, y lloró desconsolada. En la residencia no duró siquiera un año. La residencia nos costaba más de 4.000 euros al mes, un dinero que salía de su pensión (alta) y de lo que aportábamos los tres hermanos. Se supone que era una buena residencia, pero yo querría morir antes de tener que pasar allí un solo día. <strong>Entiendo que mi madre tuviera prisa por morirse</strong> y, aunque no tuvimos más remedio, nunca me quitaré la culpa de no haber hecho algo más por intentar que pasara en su casa, con sus cosas, sus últimos días. </p><p>Pienso mucho en las vejeces que nos esperan desde entonces. Mi primera experiencia con una residencia me hizo entender que es en la vejez —y no en la juventud— cuando las diferencias de clase, si no más evidentes (siempre son evidentes), sí se hacen mucho más dolorosas. Son lugares terribles y <strong>sólo una sociedad que no piensa en la vejez ni en la muerte ha podido naturalizar el hecho de que nuestros viejos (nosotros y nosotras mismas) estén condenados a terminar sus días allí</strong>. En algunos países nórdicos las residencias son apartamentos individuales, atendidos por profesionales. También muchos ayuntamientos proporcionan ayuda profesional que acude a las casas. No una hora a la semana, como aquí, sino 24/7. Supongo que estos servicios estarán en recesión y bajo la tensión privatizadora que sufren los servicios públicos en todo el mundo. Pero aquí hemos pasado de no tener nada a tener lo peor; para quienes no pueden pagarse un cuidado adecuado, claro. La mayoría que no puede pagar el precio del cuidado digno que necesitan y merecen sus familiares, tendrá que vender esa ansiada vivienda de los padres que esperaban llegar a tener en herencia como único patrimonio… Eso si existe. </p><p>Mi madre murió en una residencia muy cara y se supone que muy buena. Tenían a los residentes muy atendidos, el servicio médico era bueno, la decoración era agradable y la comida (para quien podía comer) era apetecible. Las enfermeras y auxiliares eran cariñosas y los trataban bien. Pero <strong>pasó sus últimos días sentada en un corro con personas desconocidas cada una con su propia enfermedad mental o su propio grado de vejez</strong>. Una chillaba, otro señor insultaba e incluso agredía, muchos eran como muebles, otra cantaba a voces y muchas, muchas personas, lloraban. Nadie hablaba con nadie, los viejos son como islas inexpugnables para los demás excepto, quizá y sólo a veces, para sus hijos e hijas. Y no tenía nada suyo a su alrededor, nada que le recordara quién era o qué había sido; ni un objeto querido, nada a lo que aferrarse. Mi madre, que llegó allí hablando y reconociéndonos, se hundió en la negrura muy rápido y, lo peor de todo, muy triste. </p><p><strong>Pienso mucho en esos viejos que tienen que sufrir la avaricia y la maldad de las políticas de Ayuso</strong>. Pienso mucho en las residencias de Ayuso. Pienso en esas personas que, después de toda una vida luchando y viviendo con carencias, acaban sus días comiendo comida escasa y podrida; en esos ancianos que tienen hambre y que ni siquiera pueden protestar porque les amenazan con la expulsión. Pienso sin parar en tantas familias que no tienen más remedio que ingresar a sus familiares, a sus padres o madres, y que se los encuentran con el pañal mojado porque nadie se lo ha cambiado en horas; pienso en esas trabajadoras agobiadas, mal pagadas y que aun así intentan hacer su trabajo lo mejor posible, pero que no llegan. Pienso en las llagas sin curar, en los que murieron ahogados en las residencias porque no les desviaron a un hospital, adonde sí enviaron a quienes pagaban un seguro médico, pienso en los que se caen por la noche y nadie los recoge hasta el día siguiente. Pienso en que Ayuso riega con millones a la empresa de su novio (que también es la suya) mientras le quita el presupuesto al servicio de paliativos, el que ayuda a morir con dignidad y el menor dolor posible. </p><p>Sé que es natural que los jóvenes no piensen en la vejez y en la muerte. Pero esta es una sociedad de hijos únicos de padres mayores que se tendrán que hacerse cargo, ellos solos, de sus progenitores… o abandonarlos a este sistema cada vez más injusto, más inhumano. <strong>A mi hijo ya le he dicho que, cuando no pueda, que me dé una pastilla, que ya lo dejo yo preparado y escrito</strong>. Mientras llega el día, la verdad es que si hay un motivo para quemar las calles es este. Los viejos que son y los viejos que seremos no nos merecemos esto. <strong>Ayuso y su novio seguro que mueren en su casa con todo el cuidado necesario. Malditos sean</strong>.</p><p>_______________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 May 2026 17:57:15 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Ayuso morirá en su casa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Residencias de mayores,Isabel Díaz Ayuso,Ancianos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sarah Santaolalla y seguimos con el armario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/sarah-santaolalla-seguimos-armario_129_2180432.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sarah Santaolalla y seguimos con el armario"></p><p>Era imposible que no me ocupara del tuit de Santaolalla contra Vito Quiles porque este es un asunto del que he escrito mucho: el armario. Y porque estamos en la víspera del homenaje que el Gobierno va a ofrecerle a <a href="https://www.infolibre.es/igualdad/dolores-vazquez-recibe-perdon-27-anos-mayor-caso-lesbofobia-mediatica-judicial_1_2178838.html"  >Dolores Vázquez</a>, sobre cuyo caso escribí también un libro en el que sostenía precisamente que la <strong>causa de que la condenaran fue… el armario</strong>. No me ha sorprendido que haya personas heterosexuales que critiquen a la periodista por el tuit, no todo el mundo entiende que el armario es un mecanismo de opresión, pero sí que lo hagan asociaciones LGTB… gays… ¡a estas alturas!.</p><p>Sinceramente, me parece definitivamente bien que Sarah Santaolalla se defienda de un <strong>acoso intolerable del que la justicia no la ha defendido</strong>. Decir que Santaolalla es homófoba porque utiliza la homosexualidad para hacer daño a Vito Quiles es absurdo. Todos sabemos que no es homófoba, admito que quiere darle un puñetazo al individuo, mucha gente querría. En realidad, Santaolalla utiliza la homofobia de Quiles contra él mismo, no me parece mal. Estamos en una sociedad que no nos defiende de acosadores como este tipo, que permite que se insulte, se difame, se agreda. Los medios que tenemos para defendernos son escasos. Hay que poner dinero y <strong>hay que dar con un juez “normal” y no con un juez quintacolumnista</strong> de la derecha dura, que abundan. </p><p>El mecanismo del armario tiene su historia. En un primer momento, cuando la homosexualidad era un delito y visibilizarse como LGTBI podía costar muy caro o era impensable, el derecho al armario, al secreto en definitiva, era un mecanismo de protección básico. Los estados homófobos de la guerra fría usaban ese secreto (fuera cierto o no) para <strong>chantajear, amenazar y acabar con la vida civil de quien molestara</strong>, <strong>ya fuera un gay o un comunista</strong>. El armario servía, precisamente, para amenazar con sacar del armario a cualquier disidente, a cualquier peligroso social. Las personas homosexuales invocaron en ese momento el derecho a la privacidad frente a un Estado y frente a una concepción de la sociedad que usaba la homosexualidad como mecanismo de castigo y advertencia para todas. Una sociedad homogénea en lo sexual (homogéneamente heterosexual) era moralmente superior, se suponía que era una sociedad más sana y fuerte que cualquier contraparte del otro lado del telón de acero. Cualquier disidencia sexual suponía <strong>debilitar la democracia frente al comunismo</strong>, la homosexualidad era un peligro social; era la época de MacCarthy. </p><p>En un segundo momento, gracias a la lucha militante del movimiento LGTB y al fin de la guerra fría, la homosexualidad deja de ser un delito y la lucha cambia de sentido. <strong>Lo que el Estado quiere ahora no es sacar a la gente del armario, sino lo contrario, que nadie salga</strong>. El objetivo de esta maniobra es que las sexualidades no normativas no se visibilicen, aunque ya no sean delito. Se trata de mantener la ficción de que la ciudadanía es homogénea y está libre de taras. Ya no se quiere encarcelar o chantajear a las personas homosexuales, simplemente se pretende que desarrollen su existencia dentro de las paredes de su casa. El arma que se utiliza ahora ya no es la tortura o la cárcel, sino el <strong>estigma social, la burla, la injuria</strong>. El Estado ya no busca interferir en lo que se define como la intimidad de cada uno/a, sino impedir que uno/a mismo/a se autonombre desde la libertad; porque salir del armario políticamente significa afirmar el valor igual de la homosexualidad. El armario se refuerza y se convierte en una de las <strong>principales herramientas de la homofobia de los 90</strong>. A esta fase la llamamos el armario liberal. Es la base, entre otras, de la política de Clinton en el ejército, aquella de “no preguntes, no digas”. Se nos dice que si nos quedamos dentro podemos hacer lo que queramos, siempre en nuestra casa, en nuestra cama y mejor por la noche… pero ¡sorpresa!, no funciona así y, parafraseando a Audry Lorde, enseguida vamos a descubrir que el silencio no nos protege de nada, sino al contrario, nos vulnerabiliza. </p><p>Lo descubrimos con el sida. Es el secreto, el armario, lo que <strong>impide luchar efectivamente contra la enfermedad</strong> y sus consecuencias, así como desarrollar políticas de prevención. El silencio no es que no nos proteja, es que nos mata (a partir de los 90 aparece el lema 'silencio=muerte'). Descubrimos que, por guardar el secreto, no hemos conquistado derechos ni hemos adquirido una ciudadanía equiparable a la de los ciudadanos/as heterosexuales. Descubrimos que si no nos visibilizamos no podemos denunciar ni combatir la homofobia y el odio, que el estigma es un arma que entregamos en manos de quien nos quiere invisibles. Entonces comprendemos que la <strong>existencia homosexual tiene que ser tan pública como lo es la heterosexualidad</strong>, que si aquella no se visibiliza esta siempre se presume, por defecto. El derecho a la privacidad no puede ya ser invocado en un contexto en el que lo que se pretende es, justamente, obligarnos a llevar vidas privadas (únicamente a las personas homosexuales; la heterosexualidad es necesariamente pública). El derecho a la privacidad, antaño invocado, ahora se convierte en la reclamación del derecho a la igualdad y a la libertad. Siguiendo la <strong>estela del movimiento feminista</strong>, lo personal se hace político.  </p><p>El Estado, defensor a ultranza del heterosexismo, pugna por devolvernos al armario (como ocurrió en el caso de Dolores Vázquez), pugna por dificultar en lo posible la expresión pública de la existencia homosexual (y de las disidencias sexuales en general). Más o menos lo que hoy siguen diciendo en Vox: “No tengo nada contra ellos pero…¿Por qué tienen que contarlo?” Nos quieren dentro, pero nosotras hemos comprendido que la visibilidad es el arma más potente que tenemos. Cuando nos dejamos encerrar en el armario todas nos hacemos más vulnerables. El mecanismo del armario pretende evitar, mediante la violencia real o simbólica, que nos visibilicemos, es decir, que nos politicemos. <strong>Hace difícil salir y, cuando se sale, presiona constantemente para devolverte al interior</strong>, incluso aunque la persona no lo desee. Nunca se acaba de salir, la lucha es constante y diaria. Cada vez que en el trabajo o en cualquier sitio me preguntan por un marido o un novio, me están obligando a tomar una decisión política, no siempre fácil, que no todo el mundo puede enfrentar con la misma seguridad. Esta presión sólo terminará cuando hayamos destruido todos los armarios, cuando toda la diversidad sexual sea tan visible y legítima como la heterosexualidad. A estas alturas, desde un punto de vista progresista, <strong>no podemos asumir que exista un supuesto derecho al armario</strong>. </p><p>En estos días estamos recordando que lo que condenó a Dolores Vázquez no fue su lesbianismo, sino el manejo que los medios y el Estado hicieron del mecanismo del armario donde la sospecha se extendió como una falta monstruosa que nadie nombraba pero que, precisamente por eso, tuvo fácil conectar con miedos y prejuicios que sólo pueden combatirse desde la visibilidad. Si Dolores Vázquez hubiera podido posicionarse claramente fuera del armario en aquel momento (no tuvo la oportunidad), <strong>los prejuicios no hubieran prendido tan fácilmente</strong>; se la hubiera podido defender de aquello que no se nombraba y que contribuyó enormemente a condenarla.</p><p>No hay homofobia en decir que Vito Quiles es gay, decirlo no es algo que pueda criticarse porque lo contrario, defender que Vito Quiles tiene derecho a mantener ese secreto, sólo sirve para <strong>reforzar las paredes del armario</strong> que nos oprime a todos y todas y favorece el crecimiento de la homofobia. En general, no aparece la ocasión de mencionar que alguien es gay o deja de serlo, pero si dejamos de hacerlo por considerarlo un asunto privado estamos apelando a la tolerancia liberal y asumiendo un pacto reaccionario sobre la necesidad del secreto. </p><p>Si sacar del armario a un fascista le hace daño es porque esta persona se sitúa a sí mismo en u<strong>n contexto de defensa del machismo y de la homofobia</strong>. En lo que a mí respecta, bien por Sarah. </p><p>_______________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Apr 2026 18:23:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Sarah Santaolalla y seguimos con el armario]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Homofobia,Homosexualidad,Activismo LGTBI,Orgullo LGTBI]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La democracia menguante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/democracia-menguante_129_2173176.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La democracia menguante"></p><p>Suele pasar que enmascarados tras los grandes problemas se nos pasen aquellos que puede que no parezcan grandes pero que en realidad lo son. A menudo dejamos que las mareas vayan corroyendo los <strong>pilares fundamentales de la democracia</strong>, mientras miramos entre indignadas y estupefactas las matanzas por la televisión. Protestamos por las <strong>matanzas </strong>y nos movilizamos con dificultad contra ellas. Pero las matanzas son producto, entre otras cosas, de una <strong>degeneración democrática</strong> que viene de muy lejos y que continúa royendo a esta como una termita. </p><p>Israel aprueba una pena de muerte selectiva por motivos étnicos. Brutal. Pero el<strong> racismo cotidiano</strong>, el de nuestra escalera, es sin embargo algo que miramos de lejos y sin excesiva preocupación. Las redadas racistas existen en España, eso es un hecho indiscutible, aunque muchos medios no lo consideren ni preocupante y muchos políticos sigan empeñados en negarlo. Que el delegado del gobierno en Madrid, del PSOE, haya dicho que no existen, que <strong>Marlaska</strong> esté, como siempre, desaparecido, es insultante para quienes creemos que tiene que haber una reacción democrática contra la plaga del racismo sistémico. Las redadas racistas existen y muchas las hemos visto con nuestros ojos. En Lavapiés, en la estación de Atocha, cuando hay una operación “de comprobación” (¿de qué?) <strong>sólo detienen a negros</strong>. Pero desde que conozco a <strong>Serigne Mbayé</strong>, soy más consciente. Cada año le detienen unas cuantas veces, pero, además, como es un activista antirracista y algunos policías son nazis (no presuntos, que llevan la esvástica tatuada, que también lo he visto con mis ojos) ya no hace falta que se lo encuentren. Van a buscarle a su casa para detenerle, para asustarle, para humillarle, para <strong>sentirse ellos bien en sus comportamientos nazis</strong>. Esto es así, y al PSOE le da igual porque no es un partido que tenga voluntad de enfrentarse a los nazis que hay en la policía, que se lo digan a Marlaska. Esos que si ganan alguna vez irán a por Marlaska olvidando lo complaciente que fue con ellos. </p><p>Que hubo una <strong>operación policial para acabar con Podemos</strong> no lo puede dudar nadie ya, pero a muchos les gusta olvidarlo porque total… ese peligro ya pasó. Se acabó con Podemos de la misma manera que ahora se está ya tratando de acabar con La Francia Insumisa. <strong>Rima Hassan</strong>, diputada del Parlamento Europeo por LFI, fue detenida el jueves 2 de abril por llevar una pequeña cantidad de droga encima y por <strong>“apología del terrorismo”</strong> en un tuit en el que expresaba una opinión política sobre la <strong>resistencia palestina</strong>; una opinión que compartimos mucha gente de izquierdas por aquí. Algunas de las cosas que yo misma he escrito sobre Israel (y millones de personas más) serían consideradas apología del terrorismo en Alemania, en Francia o en algunos otros países, cada vez más. Hassan ha sido denunciada por organizaciones que hacen ellas mismas apología del terrorismo de Estado que practica Israel y <strong>apología del genocidio contra el pueblo palestino</strong>. (Ya está, ya he hecho apología del terrorismo yo también). Según leyes existentes en algunos países de la UE, decir que Israel es un Estado terrorista y genocida y que la resistencia palestina es legítima, incluso con armas, es un delito. España es un país mayoritariamente propalestino pero en varios países de la UE se está <strong>persiguiendo y criminalizando a periodistas </strong>por atreverse a disentir del relato oficial sobre Palestina. </p><p>En Francia han detenido a una parlamentaria por un <strong>delito de opinión</strong>. La opinión de una representante del pueblo en una democracia debería ser sagrada y por eso existe la inmunidad parlamentaria, pero ya vemos que si es de LFI no aplica. El delito de opinión introducido en Francia en 2014 no requiere siquiera un <strong>llamamiento explícito a la violencia</strong>, basta que un juez interprete que dicha opinión puede considerarse que defiende o alienta la violencia. La violencia de los que el poder determina que no tienen derecho a usarla, claro. No olvidemos que en España también hay gente en la cárcel por una opinión. Lo mismo que en el caso de la violencia, no todas las opiniones son igual de perseguibles porque esas que dicen <strong>“moros de mierda os vamos a colgar”</strong>, esas, escuchadas en los estadios o en disturbios racistas… esas nada. O las que conminan a colgar, fusilar, empalar o torturar a políticos de izquierdas… tampoco. A esa extrema derecha el Estado no la va a combatir, quitémonos esa idea de la cabeza, porque el Estado profundo siempre tiene un ramalazo por ese lado y porque los dueños del mundo tienen interés en combatir una y en fomentar a la otra. De seguir por este camino, <strong>llegará el día en que</strong> <strong>estar contra el capitalismo sea perseguido</strong>. Por cierto, soy muy consciente de que si las cosas no mejoran mundialmente, si algún día llega a gobernar la extrema derecha, todo esto que escribo, todo lo que he escrito a lo largo de mi vida, me puede pasar factura, nos pasará factura a muchos. </p><p>Tengo multitud de artículos denunciando esto porque la cuestión de la<strong> degeneración paulatina de las democracias</strong> me preocupaba muchísimo. Las democracias degeneran porque comienzan a <strong>asumir postulados antidemócratas </strong>ante la aquiescencia general, y para eso no es siquiera necesaria la existencia de una pujante extrema derecha. Poco a poco me di cuenta de que es complicado que la opinión pública se mantenga firme en la defensa del <strong>derecho a la libertad de expresión</strong> porque no todo el mundo lo entiende ni lo practica. Cada vez veo a más gente, demócrata, de izquierdas, que se comporta –sin saberlo, y sin que tenga el mismo efecto– como el Estado cuando cercena la libertad de expresión de algunas activistas o políticas. </p><p>Tengo amigas y compañeras que se pasan la vida <strong>dándose de baja de determinados medios</strong> porque se encuentran con un artículo que les indigna y entonces, según ellas, el articulista debería ser despedido. Incluso en ocasiones les ocurre que se encuentran con que un articulista con el que siempre están de acuerdo escribe algo que les indigna sobremanera. Inmediatamente, llega la desilusión y dicho señor o señora pasa a la lista de <strong>“enemigos”</strong> de los que ya no se puede creer nada, ni leer nada. Y eso impregna al medio y también a quienes defendemos el derecho de ese articulista a escribir lo que quiera o, peor aún, a quienes defendemos que no es tan importante estar de acuerdo siempre con un opinador para que leerlo pueda seguir valiendo la pena. </p><p>Los medios tienen su <strong>línea editorial</strong>, eso es así de siempre, pero hay que decir que esta idea del enemigo en la opinión es cada vez más común, de manera que los medios son cada vez más uniformes en lo que publican porque, al final, si una opinión se sale un poco de la que se le supone oficial, el medio en cuestión recibe tantos <strong>mensajes de indignación y de rabia</strong>, se producen tantas bajas de socios, que no siempre les compensa defender al opinador. Además, no nos engañemos, este clima social nos permea a todos. Es una manera de <strong>entender la convivencia</strong>, una manera perversa y antidemocrática, pero es lo que hay. </p><p>Al final, no es que los partidos no nos representen, que cada vez lo hacen menos. <strong>Es que nadie representa a nadie</strong>. El individualismo extremo está permeando toda la vida social de manera que <strong>si no encontramos una coincidencia total</strong> con quien se supone que nos tiene que representar en la política, en la opinión, en la organización, en la cultura, en el ocio, en cualquier ámbito… no somos capaces de aceptar esa diferencia en pro de un bien común que cada vez menos gente es capaz de imaginar; <strong>el bien común va siendo cada vez más pequeñito</strong>. Nadie puede representar a millones de individuos que están permanentemente llamando la atención sobre las diferencias y convirtiendo estas en abismos infranqueables. En fin. Es un asunto que primero me indignaba, luego me preocupaba mucho, después pasé a verlo desde lejos con cierto dolor y ahora ni eso. Me aburre. Me aburre la <strong>eterna queja</strong> de quienes no son capaces de aceptar la <strong>existencia de la diferencia con normalidad </strong>e incluso con curiosidad intelectual, de quienes no son capaces de verse reflejados en una humanidad común, en un bienestar mayoritario. Me aburren quienes se dejan llevar por sus odios particulares, tan mezquinos, tan pequeños, tan inútiles, y dejan que estos llenen lo que debería ser el campo de una voluntad y de una ilusión comunes. Hace poco leí el poema de <strong>Walt Whitman</strong> que contiene el verso <strong>“Soy grande, contengo multitudes”</strong> y pensé que ahora nadie contiene multitudes, sino cada uno/a a una personita pequeña que no se habla con el de al lado. Lo único grande ahora son las fortunas de unos pocos, los egos de muchos/as y el dolor de los desposeídos de todo. </p><p>Bueno, perdón por el desahogo, será la edad, estoy ya de vuelta. Será eso.  </p><p>___________________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2026 19:06:12 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La democracia menguante]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[¿Qué votos necesita la izquierda para ganar?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/votos-necesita-izquierda-ganar_129_2166521.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué votos necesita la izquierda para ganar?"></p><p>Hace poco escribí <a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/resistir-dando-sentido-mundo_129_2126482.html" target="_blank">aquí mismo un artículo</a> donde sostenía que lo que está inclinando a los jóvenes a la extrema derecha no es lo material, sino una profunda disputa sobre el sentido de un mundo sumido en profundísimos y desconcertantes cambios. Después, <strong>Sánchez-Cuenca</strong> en <a href="https://elpais.com/opinion/2026-02-24/la-lenta-gestacion-de-la-extrema-derecha.html"  ><em>El País </em></a> explicaba con datos por qué, efectivamente, no es únicamente, ni siquiera principalmente, lo económico lo que propicia el crecimiento del fascismo. Por último, la semana pasada <strong>Pablo Batalla</strong> lo explicaba muy bonito también en<em> </em><a href="https://elpais.com/opinion/2026-03-18/el-debate-que-es-lo-que-impulsa-el-crecimiento-de-la-ultraderecha-en-espana.html"  ><em>El País</em></a><em>.</em> Sin embargo, cuesta mucho que los partidos de izquierdas asuman plenamente esta realidad que, en ningún caso, quiere decir que haya que olvidar las cuestiones económicas que, sin ninguna duda, determinan en gran medida la vida de la gente, aunque no tanto como suele creerse sus posiciones políticas. Hay quien afirma que vivimos en una <strong>sociedad post-materialista</strong>, aunque es evidente que los pilares de la propia existencia siguen dependiendo en gran parte de las condiciones materiales. En todo caso, lo que sí es evidente es que el cambio social que se ha producido en pocos años en el terreno de lo <strong>simbólico</strong>, en el terreno de las subjetividades, es tan grande que no es posible ignorarlo, como tampoco es posible ignorar que el miedo a que te ataquen por la calle y te den una paliza es muy material. En todo caso, veo a una parte de la izquierda más <strong>desorientada </strong>que la derecha en estas cuestiones. </p><p>Es posible que muchos jóvenes no sean conscientes personalmente de <strong>la transformación que se ha producido en el terreno de lo social </strong>en las últimas décadas porque muchos de ellos ya han nacido y crecido en medio del cambio, pero lo que sí es seguro es que sus referencias culturales y simbólicas siguen ancladas en aquel tiempo que quizá no conocieron, pero que sigue siendo aquel que fundamentalmente les apela. En este sentido, me ha resultado impactante ver la  serie <em>El monstruo de Florencia </em>en Netflix. La serie se anuncia casi como un <em>true crim</em>e pero si se analiza con los ojos del género, lo que se aprecia es que <strong>la sociedad europea de los años 60 era radicalmente otro mundo</strong>. Especialmente en lo que respecta a las relaciones entre mujeres y hombres y a la heterosexualidad como organizadora indiscutible de la vida. En el momento en que la serie se desarrolla yo ya había nacido y ese fue enteramente el mundo en el que mi madre vivió la mayor parte de su vida, para que nos hagamos una idea de que es <strong>un mundo nada lejano </strong>en cuanto al tiempo, aunque lejanísimo en nuestra percepción. </p><p>La transformación social que se ha producido desde entonces es una de las más profundas y radicales que ha vivido la humanidad en los últimos siglos,<strong> quizá la más radical</strong>. Y por primera vez, además, y debido a la globalización, los cambios afectan, si bien en distinta medida, a todos los países, y no sólo a los países occidentales. Estos cambios han producido<strong> heridas y desconcierto</strong> en muchas personas que ven tambalearse sus vidas; personas que han pasado de creerse instalados en la normalidad y lo previsible, a verse sacudidos por movimientos y marejadas sociales que les mueven el suelo bajo sus pies. Las heridas, el desconcierto, el miedo que esto produce, <strong>la derecha lo está sabiendo explotar muy bien</strong>. </p><p>La herida fundamental es la del <strong>género</strong>, porque afecta a la mitad de la humanidad.  El de hoy es un mundo en el que por primera vez masivamente <strong>las mujeres se niegan a ocupar el papel prescrito para ellas</strong>, lo que mueve todo el tablero. Los hombres (la mayoría de ellos) no quieren que nada se mueva, pero se ven casi empujados por la marea feminista. Además, <strong>las mujeres se han lanzado a denunciar</strong> (con muchísimos costes personales para ellas) que esa supuesta normalidad a la que los hombres se aferran está cimentada en gran parte en diferentes grados de violencia sexual. En definitiva, <strong>se dibuja un mundo que se ha dado la vuelta como un calcetín</strong> y que se presenta como completamente diferente del que ha sido los últimos… ¿4000 años? Es absurdo minimizar la importancia de esto. </p><p>Pero no es sólo el género. El mundo de ahora es uno en el que todos aquellos señalados como subalternos se niegan a serlo más.  Hemos vivido (aun vivimos) en una <strong>sociedad construida sobre la desigualdad de género</strong>, pero también de raza, de origen. Que las mujeres no quieran ser subalternas, que las ciudades se llenen de migrantes con derechos o que las personas racializadas exijan ser iguales a quienes siempre se han sabido superiores, supone heridas que derivan en posicionamientos políticos extremos. Lo mismo ocurre con el <strong>animalismo </strong>o el <strong>ecologismo</strong>. Venimos de sociedades que trataban a los animales y a la naturaleza como cosas para usar y tirar, para explotar. En muy pocos años, la conciencia sobre los animales y sobre la naturaleza dibuja <strong>nuevas maneras de relación con el mundo</strong>. Los animales son considerados seres sintientes con derechos y existen obligaciones no sólo éticas, sino legales respecto a ellos. Todo ello está rompiendo las costuras de muchas subjetividades que no son capaces de sumarse a ese cambio, especialmente quienes estaban en la cúspide de la pirámide y ahora sienten que todo se tambalea. Son estos, bastante parecidos entre sí, quienes tienden a inclinarse por partidos de extrema derecha.<strong> ¿Qué les ofrecen estos partidos?</strong> No tanto un programa económico como un programa de restauración de los privilegios perdidos:<strong> devolver a su lugar al hombre blanco heterosexual que dominaba el mundo</strong> y por tanto imponía como única su relación con las cosas y las personas. Volver a poner a la familia patriarcal en el centro de todo. </p><p>Vemos cómo la extrema derecha en todo el mundo tiene una obsesión con las <strong>personas trans</strong>, con acabar con ellas. Son el blanco inmediato más fácil, son las más vulnerables y <strong>son las más “raras” por poco conocidas</strong>; así ha aparecido un perfecto chivo expiatorio que permite a la derecha centrar sus políticas en acabar con esta minúscula minoría.  Fomentar el odio hacia una minoría insignificante desde el punto de vista numérico les está proporcionando réditos importantes y el PP ya se ha sumado entusiasta a la labor, desdiciéndose sin rubor de las políticas que ha votado y apoyado los últimos 10 años. <strong>¿Quién puede pedir coherencia a estas alturas?</strong> Pero, por supuesto no se detendrán aquí y el odio se despliega ya contra cualquier persona LGTBI. Sin embargo, el objetivo final, la pieza mayor, son los derechos de las mujeres, puesto que sólo cobrándose estos conseguirán los nuevos dueños del mundo restaurar la sociedad patriarcal que añoran. En algunos estados de EEUU ya se aplican penas mayores a mujeres que abortan (y ha habido un proyecto que pretendía aplicar la pena de muerte); se defiende sin pudor que no deben votar ni tener presencia pública y <strong>Putin quiere mandar al psiquiatra a las mujeres que no quieran ser madres</strong>. No todos los hombres están muy preocupados por este programa, quizá no lo estén la mayoría. Nosotras sí lo estamos, con razón. </p><p>La izquierda no puede dejar de ocuparse de las cuestiones materiales porque estas marcan la diferencia entre las vidas vivibles y las que no. Pero no sólo éstas. Tiene que poner el mismo énfasis en que las libertades y los derechos conquistados en las últimas décadas no tengan vuelta atrás, tiene que defenderlos sin titubeos o perderá, tiene que incluso buscar ampliarlos. La izquierda se equivocará mucho si se obsesiona con recuperar a esos chicos que van al gimnasio y están desorientados, como dijo <strong>Emilio Delgado</strong> en una reciente charla con <strong>Rufián</strong>. Se equivocará mucho si busca adaptar sus propuestas tratando de llegar a esos hombres que tienen miedo y están rabiosos. El problema de Emilio Delgado (y tantos líderes de izquierda) es que <strong>siguen pensando el mundo androcéntricamente</strong>; es decir, siguen pensando en un mundo en masculino blanco y heterosexual. El joven blanco hetero ya no es el centro del universo, pero, ojo, es que ni siquiera son mayoría. Y, aunque el androcentrismo impida a veces darse cuenta, las mujeres, las personas de la diversidad (grupo cada vez más numeroso) y las personas migrantes y racializadas (también cada vez más numerosas) <strong>somos muchos más</strong>. Y votamos. Y no votaremos a quien no de una batalla firme por nuestros derechos. </p><p>¿Cómo ha ganado <strong>Mamdani </strong>en Nueva York? Ofreciendo mejoras materiales de posible ejecución (a estas alturas la gente ya sabe cómo se hacen los programas electorales de máximos) pero sin hacer ni una sola cesión en su defensa de la igualdad de las mujeres y de las personas LGTBI, así como de las personas de origen migrante, racializadas y de las distintas religiones; <strong>visibilizando especialmente esa defensa</strong>. Y según los cálculos post electorales la diferencia de votos que ha hecho ganar a Mamdani tiene que ver con el numeroso voto LGTBI de Nueva York. ¿Cómo ha ganado La Francia Insumisa algunas alcaldías importantes y se ha consolidado como fundamental para que la izquierda siga gobernando en otras? Buscando el voto en los <strong>barrios racializados y migrantes</strong>, es decir, apelando a los derechos y a los sentimientos de las personas racializadas y de origen migrante; entendiendo que hoy, en Francia, esa es la clase más desfavorecida, entendiendo que son franceses y que votan ¿Y cómo se ha convertido <strong>Zack Polanski</strong> en la esperanza de la izquierda en Gran Bretaña? Sí, con un <strong>discurso económico rupturista</strong>, pero también con un discurso claramente enfocado a <strong>combatir la transfobia rampante de aquel país</strong>; entendiendo que este discurso es síntoma de una determinada concepción del mundo que en ningún caso puede apoyar la izquierda. Todos ellos han sabido leer los cambios sociales y han entendido, además, quiénes son sus votantes. </p><p>Por eso, la mejor manera de perder unas elecciones es irse a los gimnasios de barrio a buscar a los <em>gymbros </em>que, por ahora, no van a votar a la izquierda en ningún caso. Ni ellos ni tampoco los integrantes de la cofradía de Sagunto que han votado mayoritariamente, en una pequeña y <strong>miserable venganza patriarcal</strong>, contra la posibilidad de que las mujeres puedan salir en la procesión de su cofradía. <strong>No hay mucho que rascar ahí </strong>y si se intenta contentar a estos sectores de algún modo, llamarlos, entenderlos… se corre el riesgo cierto de perder los votos de quienes sí pueden inclinar la balanza hacia la izquierda. Somos más, pero <strong>no podemos permitirnos buscar en el lugar equivocado</strong>. </p><p>______________________</p><p> <em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Mar 2026 20:03:32 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Igualdad,Feminismo,Política,Izquierda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Alguien se acuerda de Salma?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/alguien-acuerda-salma_129_2158462.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Alguien se acuerda de Salma?"></p><p>El domingo fue un<strong> 8 de marzo </strong>difícil para muchas de nosotras. Son tiempos de barbarie. Pero, en medio de los tambores negrísimos de la guerra y del fascismo, en un mundo cambiante y desconcertante que está provocando reacciones cada vez más violentas, me acordé de las historias de siempre, esas que no desaparecen por mucho que nos esforzamos, esas que parecen estar siempre ahí, <strong>debajo de todos los avances de las mujeres, </strong>debajo de las consignas, esas que parecen enraizadas en todos los tiempos y que tanto nos está costando arrancar. Y <strong>me acordé de Salma,</strong> ¿alguien se acuerda de Salma, de su historia, de lo que le ocurrió?</p><p>Salma es una mujer marroquí que tenía una <strong>pareja maltratador y traficante de drogas, Alberto,</strong> bien conocido por la policía. Salma desapareció un día y su familia denunció la desaparición. Estuvo <strong>desaparecida dos años </strong>durante los cuales nadie la buscó, nadie puso su fotografía en los periódicos ni su rostro salió en televisión. Podría haber muerto. De hecho, a punto estuvo de morir. Y si así hubiese sido nadie se hubiese enterado. Es razonable suponer que, si no la buscaron estando viva, nadie la hubiera buscado estando muerta. Si no hubiese conseguido fugarse, <strong>su familia nunca hubiese conocido la verdad</strong> y su torturador hubiese continuado con su vida como si nada. </p><p>Salma era pareja de Alberto y ambos vivían en una<strong> pedanía murciana de poco más de 2000 habitantes.</strong> La familia de Salma denunció su desaparición en abril de 2024. ¿Qué es lo que hace siempre la policía cuando desaparece una mujer? Investigar en su entorno más próximo. ¿Y si el novio o marido tiene antecedentes por violencia machista como es el caso? Investigarle a él de manera exhaustiva. En este caso no se hizo nada de esto. <strong>Estando ya secuestrada, Salma fue llevada al hospital </strong>por una amiga de Alberto porque este le había dado tal <strong>paliza </strong>que casi le saca el ojo de la órbita. En el hospital, al parecer, al ver a una mujer sin ojo y llena de cardenales <strong>nadie consideró apropiado activar un protocolo de violencia machista, </strong>ni de ninguna violencia. Nadie. Nadie llamó ni advirtió a la policía. Sólo era Salma.</p><p>No parece muy aventurado afirmar que, en realidad, en ningún momento desde la denuncia, <strong>la policía hizo absolutamente nada </strong>para buscar a Salma. Como si la vida de Salma no valiese nada. No tengo dudas de que si Alberto se hubiese llamado Mohamed y Salma se hubiese llamado Marta la policía la hubiese encontrado al segundo día desde la denuncia porque estaba ahí, delante de sus ojos. Delante de los ojos de todo el mundo. Pero Salma es musulmana, y su secuestrador se llama Alberto y es murciano y su historia demuestra el <strong>racismo institucional de siempre, </strong>el racismo que existe en la policía, ese que tanta gente niega que exista.</p><p>El racismo institucional y policial que todo el caso destila es espeluznante, no es un racismo difuso. Es muy concreto, tiene culpables, y ha sido el causante de que <strong>una mujer haya sido torturada durante 700 días. </strong>¿De verdad no va a haber una investigación? ¿No va a dimitir nadie? ¿No se va a pedir algún tipo de responsabilidad a la policía, a los médicos del centro de salud? ¿De verdad vamos a asumir que la vida de Salma no vale absolutamente nada? Este caso no nos permite la más <strong>mínima duda de que a Salma </strong>casi la mata el racismo policial. Dos años ha durado su tortura, una tortura fácilmente evitable. Estaba en casa de su pareja. Estaba en el primer lugar por el que hubiese comenzado cualquier investigación policial. Claro, cualquier investigación policial que considerara que<strong> Salma era una mujer que merecía ser salvada.</strong></p><p>Mientras la policía de Murcia metía en un cajón la denuncia por la<strong> desaparición de Salma</strong>, el DAO, el jefe máximo de la Policía Nacional, ha sido acusado de <strong>agresión sexual </strong>por una subordinada que, siendo ella misma policía, no acudió a sus compañeros a poner la denuncia: acudió a un <strong>Punto Violeta.</strong> No debía de tener mucha confianza en los protocolos ni en las actuaciones de la propia policía. También hemos conocido el caso del <strong>jefe de la policía de Torrejón </strong>acusado de <strong>agresión sexual</strong> y al que ni el PP ni la propia policía han considerado necesario cesar. Él mismo ha dimitido, aunque eso es mucho decir porque, en realidad, ha pedido su <strong>reincorporación a la policía de Alcalá de Henares, </strong>se cambia de comisaría. Supongo que las mujeres víctimas de delitos sexuales de Alcalá se lo pensarán mucho antes de acudir ahora a una comisaría a poner una denuncia por agresión sexual. También tenemos al comisario <strong>Emilio del Valle</strong>, un policía ascendido varias veces, y al que descubrimos como un (presunto) delincuente machista de la peor especie. Y un poco antes, nos enteramos también de que en Pamplona hubo policías que se encargaron de hacer desaparecer las pruebas de una agresión sexual; es decir, policías que han cometido un delito para <strong>proteger a un agresor sexual, </strong>tal y como acaba de sentenciar nada menos que el <strong>Tribunal Europeo de Derechos Humanos.  </strong></p><p>El PP, que encubre y protege a cualquier agresor sexual siempre que sea de los suyos, como hizo en el <em><strong>caso Nevenka,</strong></em><strong> </strong>pide sin ninguna vergüenza la dimisión de Marlaska por el caso del DAO. Yo también la pido, pero no porque piense que Marlaska conociera que el DAO es un (presunto) delincuente machista.<strong> Marlaska debería dimitir</strong> porque en todos los años que lleva de ministro del Interior no ha dado un solo paso para que el machismo y el racismo no campen a sus anchas dentro de la policía. Porque la vida de Salma ha estado en manos de la policía, pero <strong>el racismo institucional </strong>que anida en la misma impidió que la salvaran. Marlaska debería <strong>dimitir por permitir que racismo y machismo no se topen </strong>con ninguna barrera dentro de la policía, ni sean considerados internamente algo vergonzoso y a erradicar. Porque en todos los años que lleva como ministro no ha hecho lo suficiente para que las mujeres policías se sientan seguras, porque los protocolos están resultando inútiles, porque no hay filtros efectivos para impedir que machistas y racistas de la peor especie lleguen a ocupar los puestos de mayor responsabilidad dentro del cuerpo. </p><p>Si la policía –por su propia idiosincrasia, no nos engañemos– es<strong> proclive a albergar a individuos machistas y racistas,</strong> la labor de un ministro demócrata debería ser poner todo el empeño posible en que sean los menos, en que se sientan incómodos y presionados; en que los<strong> protocolos sean inflexibles</strong> y se cumplan; en que los filtros sean exhaustivos y los mandos, al menos, sean ejemplo y no una vergüenza para un país que, en muchas otras cosas, es un ejemplo feminista para el mundo.</p><p>Últimamente he pensado mucho en Salma, pero he pensado mucho también en todos los policías de esa comisaria murciana, en su dejadez racista; en su incompetencia, que ralla lo criminal. Y en la tortura de casi dos años que ha padecido una mujer por culpa de todo ello. Y parece que <strong>nadie va a pagar, </strong>que los culpables no tienen nombre. Por eso ahora, dos días después del 8M, yo quería acordarme del suyo, de Salma.  </p><p>______________________</p><p> <em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Mar 2026 19:36:36 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Feminismo,Racismo,Violencia machista,Violencia género,Policía]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Therian, medios de comunicación y extrema derecha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/therian-medios-comunicacion-extrema-derecha_129_2149970.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Therian, medios de comunicación y extrema derecha"></p><p>Resulta difícil recordar un <strong>ejemplo de viralidad </strong>inducida como el que hemos sufrido en la última semana con los <em><strong>therian</strong></em>. Desde que me salió en las redes la primera noticia sobre estos humanos haciendo de animales (el miércoles de la semana pasada) hasta hoy mismo, <strong>pareciera que estos seres han invadido nuestras ciudades</strong>, que se reúnen por cientos por todo el globo, que son una terrible amenaza… y que yo no tengo otro interés que ese. </p><p>En principio todo el asunto me pareció algo propio de pseudomedios de extrema derecha, de esos que encuentran… no sé, <strong>camareros con dos cabezas</strong>, gemelos que se casan con gemelas y, de paso, estudios que demuestran que las vacunas provocan autismo, todo ello ilustrado con <strong>vídeos falsos creados por IA</strong>. Me reafirmé en esta idea después de ver varias entrevistas en televisión. En <strong>Telecinco</strong>, por ejemplo, en estas semanas he podido ver a varios <em>therian</em> con pinta de querer convertirse en tertulianos, y en el caso de esta cadena en concreto, no ayudó a que el asunto pareciese serio el hecho de que después de entrevistar a un <em>therian </em>se dio paso a un señor que se había casado con un árbol y, por lo que vi en las imágenes, <strong>mantenía sexo </strong>con el tronco del mismo.</p><p>Pero empecé a pensar más en el asunto cuando me encontré con una noticia en <em>El País</em> que recogía el fenómeno desde un punto de vista supuestamente serio. Entonces lo investigué un poco mientras mis redes seguían ardiendo como si entre <strong>el macaco Punch, que es casi humano, y los </strong><em><strong>therian</strong></em><strong>, que son casi animales, no existiera nada más importante</strong>. Un amigo se molestó en hacer una búsqueda científica y, resumiendo mucho, encontró  que el término existe en la bibliografía científica, que hay al menos 62 <em>papers</em> que lo usan y que se han documentado unos 79 casos en total en todo el mundo. </p><p>Viendo lo que estaba pasando en la televisión se me ocurrió escribir a la Defensora del lector de <em>El País</em> cuestionando el texto publicado, que me parecía de una <strong>calidad periodística ínfima</strong>. A mi cuestionamiento respondió el propio redactor del artículo afirmando que se trata de un fenómeno que forma parte de la conversación pública en cada vez más países de <strong>América Latina</strong>. Me explica que se inició, o cobró relevancia, en Argentina con decenas de cuentas en redes sociales que fueron poco a poco viralizando su mensaje. Y que el fenómeno creció enseguida en <strong>México, Colombia y Chile</strong>.  Por último el hecho de que, según él, hubiera quedadas masivas le daba entidad al asunto. Es decir, justificó la publicación del artículo porque es un tema que <strong>aparece en muchas redes sociales</strong> y porque se ha hecho viral, así como en el hecho de que hay muchas quedadas. Pero ni se ha molestado en ver qué o quién está detrás de los mensajes de redes sociales, si hay personas de verdad, si son <em>bots</em>, si son vídeos creados por IA… y mucho menos se ha acercado a una de esas quedadas a ver qué ocurre. <strong>Vamos, lo que sería hacer periodismo</strong>. </p><p>Lo cierto es que las quedadas que el redactor de <em>El País</em> ofrece como motivo para darle entidad al fenómeno, no son reales… o sí, pero no son quedadas de <em>therian</em>, sino de otra cosa diferente. <strong>Se viraliza la quedada y la gente se lanza allí para ver a algún </strong><em><strong>therian</strong></em><strong>, que no aparece</strong>. Al momento siguiente lo que existe son quedadas ya no para ver a estos <em>therian</em>, sino para <strong>“cazarlos”</strong>: es decir, para perseguir y agredir a chavales que, como mucho, siguen modas “raras”, como en su día<strong> los</strong> <strong>emos</strong>, <strong>los góticos, los </strong><em><strong>furry</strong></em><strong> o los </strong><em><strong>hikikomori</strong></em>. Han existido quedadas de este tipo en <strong>Ferrol, Salamanca, Valladolid, Coruña o Barcelona</strong>,<strong> </strong>y todas ellas han sido recogidas con mucha seriedad por varios medios de comunicación. No han ido <em>therian</em>, pero sí fascistas que han aprovechado para gritar <strong>“Pedro Sánchez hijo de puta”</strong>, para torear a un supuesto <em>therian</em> con la bandera del aguilucho o para romper cosas. También persiguieron y agredieron a un chico que se acercó con una máscara de caballo y, aunque <strong>no sabemos si el chico en cuestión se disfrazó en serio o en broma</strong>, lo que sí fue serio es la persecución a una persona que no molestaba a nadie.  </p><p>Todas estas noticias, esta viralidad, lo que busca es crear <strong>sensación de caos</strong>; un caos que pretende demostrar que la sociedad se ha vuelto loca y está descontrolada. El miedo, el desconcierto, el odio, la inseguridad que todo esto genera… todo ello crea emociones que <strong>llevan a las personas a exigir actuaciones políticas de derechas</strong>. Primero creas de la nada el miedo y después ofreces la fórmula sencilla para acabar con aquello que lo provoca. La reacción a la <strong>inseguridad existencial</strong> (más que material, aunque a veces ambas confluyan) es un llamado a un sentido común que parece haberse evaporado y que es el suelo en el que posamos los pies. Se construye un mundo peligroso y delirante que exige que se intervenga, pero que no es real. <strong>Nada de esto es real, es una sensación creada por las redes que son instrumentos en manos de oligarcas fascistas</strong>, cosa que olvidamos permanentemente mientras las usamos. Y en esta sensación de peligro se incluye todo lo “raro”, lo nuevo, lo diferente, todo lo que produce cierta desazón existencial que nos lleva a pensar que hemos ido demasiado lejos con los cambios sociales de las últimas décadas. Aunque lo sabemos y lo repetimos, <strong>en la izquierda olvidamos permanentemente que nuestras posiciones políticas están construidas desde las emociones</strong> y que primero va la emoción y después la racionalidad. Y no al contrario. Y que si algo distingue a las redes es su inmensa capacidad para crear emociones de la nada y en muy poco tiempo. Estamos a dos segundos de vivir episodios medievales en los que una multitud enfervorizada se lanza contra la casa de una persona a la que en redes se ha acusado de beber sangre de niños pequeños… (esto ya ocurrió con el episodio del <em>Pizzagate</em> en EEUU, por cierto). Mientras, <strong>los verdaderos pederastas siempre estarán a cobijo </strong>porque ellos son los dueños de las redes que, cada vez más, construyen la percepción sobre la realidad que tiene la mayoría. </p><p><strong>Hemos dejado que</strong> <strong>las redes definan la realidad</strong> y ya nos parece más verdadero lo que aparece en pantalla que lo que de verdad define nuestras vidas. ¿A quién le va a interesar el estado de la sanidad pública cuando nos enteramos de que hay gatos humanos, millones de okupas, baños invadidos por trans violadoras, o miríadas de inmigrantes que traen una enorme inseguridad a los barrios? <strong>El mundo se está deshaciendo ante nuestros ojos</strong>, pero no por aquello que verdaderamente lo está deshaciendo, sino por miedos que son mucho más fácilmente manejables que la verdadera inseguridad, cuya solución es compleja y exige de una participación real de la gente. Para combatir este miedo simple parece que basta, en realidad, con salir a la calle y apalear a un par de <em>therian</em>, a dos migrantes ecologistas y una persona <em>trans</em> que tiene miedo de ir a un baño. Y no digamos lo fácil que es hacer un programa electoral o dar un mitin hablando de terminar con esta locura de mundo que nuestras pantallas nos meten en casa cada día. <strong>Trump nos ha enseñado cómo hacerlo</strong>. Hemos olvidado que las redes pertenecen y son instrumentos en manos de unos oligarcas fascistas que están librando una batalla contra la democracia y contra los derechos humanos y que lo hacen a través de estas redes. </p><p>La semana que viene seguramente no quedará ni un solo <em>therian,</em> pero no tenemos que preocuparnos porque, ayer mismo, me llegó una nueva tendencia. Los <em><strong>hobby dogging</strong></em><strong>”</strong>, gente que coge una correa y un collar de perro (sin perro) y lo lleva paseando por la calle. Dos vídeos de esta gente me han llegado ya. Puede que no queden <em>therian</em> pero sí que quedará en mucha gente esa sensación de que hay que retroceder mucho de lo avanzado para volver a un mundo reconocible y controlable. Esto es <strong>letal para la izquierda</strong> y quienes mandan lo saben perfectamente. No es que estemos perdiendo la batalla en las redes, es que, si no la sacamos de (estas) redes, va a ser difícil ganar.</p><p>_____________</p><p> <em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Feb 2026 19:31:05 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Therian, medios de comunicación y extrema derecha]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Extrema derecha,Democracia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cancelación, feminismo… y el tiempo que vivimos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/cancelacion-feminismo-tiempo-vivimos_129_2142536.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cancelación, feminismo…y el tiempo que vivimos"></p><p>Es difícil encontrar más palabras de las ya dichas acerca de los <strong>papeles de Epstein</strong>. Pocas veces he sentido tanto hartazgo y desesperación como en estas semanas. Los papeles de Epstein dejan al descubierto el sistema en su totalidad, cómo funcionan los dueños del mundo: <strong>sexismo, racismo, clasismo, crueldad, maldad</strong>. Y ya no hay casi nada que decir, muchas sentimos un estupor profundo, dolor, una cierta sensación de asfixia que nos impide incluso seguir comentando nada sobre el asunto. El presidente de EE.UU, financieros, ministros, actores, pensadores, autores, rectores de universidad, políticos, hombres de extrema derecha y también de izquierdas… <strong>¿qué tienen en común?</strong> La mayoría son muy ricos, porque hay que serlo para estar cerca del poder, pero hay grandes diferencias de dinero entre ellos. Lo que tienen en común es que son hombres y su consideración de que las mujeres son un objeto a su servicio, su disposición a usarlas. Si alguien se preguntaba qué es el <strong>pacto patriarcal</strong>: es esto. Un hilo que une a los hombres por encima de cualquier otra consideración, por encima del dinero, de la política, de la inteligencia, del origen social: su consideración de las mujeres como cosas y nunca como seres humanos iguales a ellos.</p><p>Los papeles de Epstein son el patriarcado a lo grande, pero estos días hemos tenido patriarcado para hartarnos: desde <strong>Julio Iglesias</strong> al alcalde de Móstoles y las “pequeñas” noticias cotidianas: mujeres asesinadas por sus parejas, padres que violan a sus hijas, violaciones, niños que desnudan a sus compañeras de clase con herramientas de IA, porno en los móviles de todos los niños del planeta. Puede que acabar con el capitalismo parezca difícil, pero <strong>acabar con el patriarcado lo parece mucho más</strong>, su capacidad para reinventarse, reconfigurarse y para construir subjetividades parece ilimitada. Me pregunté cómo estamos reaccionando las feministas ante uno de los momentos más peligrosos de la historia de esta lucha. Me miré a mí misma, que es algo que siempre hago antes de mirar a otro lado, y lo cierto es que hace tiempo que todas asumimos que estamos sumidas en un momento muy oscuro.</p><p>Nos cancelamos masivamente, nos acallamos, nos despreciamos, nos deshumanizamos… unas a otras. Menos mal que existe el libro de <strong>Antonio Gómez Villar</strong> “<em>Cancelar no es transformar</em>”, porque si no existiera ese libro yo no me atrevería a decir que sí, que existe la cancelación y que es una estrategia nefasta y sin salida.</p><p>Lo que no existe es la cancelación de la que habla con escándalo la derecha. Para cancelar de verdad hay que tener mucho poder. Es casi imposible cancelar del todo a los poderosos: <strong>Julio Iglesias, Plácido Domingo, Woody Allen….</strong> y la miríada de agresores sexuales y pederastas que conocemos cada día. Todas las personas señaladas siguen con sus vidas y es incluso posible que si se les señala como violadores, misóginos o pederastas, la derecha les vote aún más y les ofrezca nuevas y poderosas tribunas para expresarse. Que se demuestra que Woody Allen es un pederasta, pues <strong>Ayuso le contrata</strong>; que un determinado libro es un tratado de misoginia o de racismo, pues lo presentará alguna personalidad de la derecha. No existe la posibilidad de que la izquierda o el feminismo cancelen al verdadero poder. Desde el no-poder se puede hacer, como mucho, un <strong>cierto daño reputacional</strong>, justo y necesario, pero que no hunde a nadie importante.</p><p>Pero sí que existe una cancelación más cercana y muy dañina, y es la que describe Gómez Villar, esa que utilizamos constantemente entre nosotros y nosotras como <strong>estrategia política</strong>. En el feminismo, mi ámbito de trabajo principal se hace muy evidente. Miré mis propias redes, ¿cuándo fue la última vez que compartí o señalé con entusiasmo un artículo, un libro, una opinión de una compañera feminista? Lo he hecho con amigas, nada más. Pasamos sobre las otras como si no existieran, habitamos trincheras cada vez más pequeñas, nuestro horizonte está cada vez más cerca hasta el punto de convertirse en un muro que nos ciega. <strong>Las pequeñas diferencias nos ahogan</strong>.</p><p>En el feminismo siempre ha habido divisiones importantes, siempre ha habido rupturas dolorosas, trincheras, pero siempre ha habido, también, <strong>cuestiones comunes</strong>, como la de la violencia machista, y también solidaridad entre nosotras ante las agresiones y los ataques machistas. Y también una cierta conciencia común de estar del mismo lado que nos impedía despedazarnos. También han existido siempre debates fructíferos, conversaciones inacabables, escuchas atentas, amistades que estaban por encima de las diferencias. Todo eso se ha terminado y las consecuencias son <strong>devastadoras</strong>. Todo es ya una trinchera insalvable y cuando digo “todo” es, literalmente, todo. No compartimos un artículo que nos gusta porque se utiliza una palabra que se ha convertido en un <strong>tabú</strong>, no compartimos una opinión con la que estamos de acuerdo porque la autora dijo una vez algo que fue censurado por otras. No hablamos de un libro que nos parece excelente porque la autora es de otra corriente, de otro partido, de otra opinión, incluso en cuestiones que nada tienen que ver con el libro. <strong>Dejamos sola a cualquier víctima</strong> que no sea estrictamente de las nuestras. </p><p>La cancelación funciona cuando se busca acallar a quien mantiene una opinión diferente, pero también disciplina a quienes no quieren cancelar pero tienen miedo de ser ellas mismas canceladas si citan o si se relacionan con quien no deben. Finalmente ocurre que a veces no citamos a otras autoras <strong>por no hacerles daño</strong>. A mí me ha pasado que he compartido o citado opiniones, artículos o libros con los que estaba de acuerdo, que me gustaban o me parecían importantes, y las propias autoras me han pedido <strong>por privado </strong>que no lo haga porque cada una de nosotras se ha convertido en algo potencialmente contaminante para otras. Todas tenemos miedo de decir una palabra no apropiada, de mencionar a una autora no apropiada, de perder a nuestro público al intentar abrir la mirada un poco más allá. <strong>Se castiga cualquier disenso</strong>, cualquier matización, cualquier opinión original. Tenemos <strong>miedo </strong>de lo que dijimos un día en una charla sin pensar en que podían estar grabando, tenemos miedo de lo que dijimos un día en que no estuvimos finas, cuando nos llamaron para hacernos una entrevista e íbamos en el coche, cuando dimos una opinión sin haberla pensado lo suficiente, cuando alabamos a una persona que después resultó marcada o que resultó ser de este u otro partido…</p><p>Pero va más allá del feminismo, por supuesto. No compartimos artículos de periodistas señalados por los nuestros, aunque nos parezcan excelentes. <strong>Tenemos miedo incluso de dar un “like” inconveniente</strong>. Compartir un artículo, o un libro,  de un escritor vetado entre los tuyos, sean quienes sean los tuyos o las tuyas, tendrá como consecuencia que, en poco tiempo, desaparecerá el grupo más cercano de adscripción y si eres escritora, comunicadora… eso se paga. <strong>Y en el más pequeño ámbito del feminismo, se paga aún más</strong>. En el mejor de los casos se pierden lectoras, pero, en el peor, se pierden carreras profesionales. En realidad, lo que se pierde es la posibilidad de pensar en común y de hacer el feminismo más grande, lo empequeñecemos y lo empobrecemos. </p><p>La mayor victoria del fascismo es haber conseguido imponer un <strong>clima social irrespirable</strong>, repleto de suspicacias, sospechas, silencios, y, en definitiva, odio. Pero un <strong>odio </strong>que no se dirige hacia los auténticos merecedores de ese odio, sino hacia las semejantes, hacia aquellos que están más cerca sin ser lo mismo. Es más sencillo odiar a una compañera que sostiene una opinión diferente de la mía en alguna cuestión que a <strong>Trump</strong>, que está a mil galaxias de donde me encuentro y a quien nunca alcanzará nada de lo que yo haga o diga. En cambio, a mi compañera, a mi colega, con seguridad le va a alcanzar mi silencio, mi desprecio, mi opinión y eso –no vamos a engañarnos– nos produce una sensación de potencia que, en realidad, es completamente <strong>estéril</strong>, además de cruel. Utilizando prácticas de crueldad hemos asumido el marco del fascismo y estoy convencida de que por ahí no podemos ganar.</p><p>No se debería perder de vista que, en la<strong> lucha contra el fascismo</strong>, que es la batalla de este tiempo, marcharemos al lado de muchas de quienes ahora, llevadas por el odio pequeño estamos intentando silenciar. Y antes de que se me acuse… no, no hablo de equidistancia, ni de considerar que se puedan debatir todas las ideas. Tampoco estoy hablando aquí de la unidad de la izquierda, eso ya para otro artículo. Sin embargo, estoy convencida de que <strong>todo el mundo sabe de lo que estoy hablando </strong>porque la mayoría nos estamos ahogando y porque vemos cómo nuestro mundo se empequeñece y empobrece día a día.</p><p>La práctica canceladora da cuenta de una tremenda impotencia política porque ante las dificultades para encontrar una salida auténtica a la <strong>opresión</strong>; ante las dificultades para erosionar o señalar siquiera lo verdaderamente estructural, para hacer frente a la inmensa violencia que sufrimos, buscamos culpables que estén más a nuestro alcance, buscamos hacer daño a modo de victoria pírrica. Quien cancela, quien silencia, quien insulta o desprecia públicamente, quien utiliza <strong>bulos </strong>para ganar un debate, <strong>puede creer que ha ganado una batalla política</strong>, pero yo no veo más que impotencia y rédito para las derechas. No veo qué política, qué sujeto político, qué pensamiento o qué emancipación puede surgir de <strong>prácticas antidemocráticas y fascistas</strong>. Chapotear en el fango, tratar de borrar todo aquello que no nos da la razón, negarnos a considerar o a escuchar, incluso a leer, no libera ni política ni personalmente, produce angustia vital, una sensación de no salida que ahoga. Y en ningún caso va a producir avances concretos, materiales. En todos los años de militancias activas que he vivido no he conocido una oscuridad semejante a la de ahora y no es porque no hayamos vivido momentos oscuros, es porque ahora el aire que respiramos quienes luchamos cada día (y somos muchísimos) contra el<strong> neofascismo</strong> que ya está aquí, está vacío de esperanza, está <strong>contaminado</strong>. Para ganar hay que comenzar abriendo las ventanas, que corra el aire.</p><p>No creo que nada de esto tenga remedio sin una potente <strong>acción colectiva</strong>, sin una catarsis política. No se trata de negar las diferencias ni pensar que es posible <strong>destruir las falsas trincheras con las propias manos</strong>. Yo también tengo mis heridas, mis resentimientos, mis odios… pero los reconozco, los pienso y trato de limpiarme. No se puede hacer mucho, pero se puede resistir, al menos en la conciencia.</p><p>_____________</p><p> <em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Feb 2026 20:17:40 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Cancelación, feminismo… y el tiempo que vivimos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Igualdad,Democracia,Fascismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trump, Carney y la grieta que se abre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/trump-carney-grieta-abre_129_2134140.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Trump, Carney y la grieta que se abre"></p><p>A mí sí me pareció importante el discurso de <strong>Mark Carney</strong> en<strong> Davos </strong>y creo que marca un punto de inflexión en el orden mundial. Pero también me pareció importante lo que dijo <strong>Trump </strong>cuando <strong>secuestró a Maduro</strong> o lo que hace ahora, cuando nos presenta sus <strong>planes para el resort </strong>que piensa construir en Gaza. En sentidos opuestos, ambos discursos comparten un<strong> fondo común,</strong> y es el de que nos muestran claramente el campo de batalla sobre el que la geopolítica mundial está disputando el terreno. En su discurso,<strong> Carney cita a Václav Havel </strong>cuando este explica que un régimen se sostiene mientras la gente está dispuesta a mantener la ficción de que está funcionando, aunque sepan que no. Me hizo gracia esa cita porque <strong>Mark Fisher, </strong>en <em><strong>Realismo capitalista, </strong></em>dice algo muy parecido, aunque con otra intención. Según Fisher, cuando se abre la grieta entre el discurso oficialmente aceptado por una parte y lo que todos saben y experimentan, pero que no se dice, por la otra, “cuando ya no puede mantenerse la ilusión de que el gran Otro no sabe, la trama incorpórea que mantiene unido el sistema social se resquebraja”. Siguiendo a Fisher, las palabras, tanto de Trump como de Carney, podrían ser comparables al<strong> discurso que hizo Krushev en 1965</strong> en el que admitía los <strong>crímenes estalinistas: </strong>el régimen soviético no se hundió ahí, pero parte de la izquierda mundial sí. </p><p>Asumir que este orden mundial era una ficción, que ya no le sirve a nadie, es un paso imprescindible si queremos construir otro. Cuando Trump admitió abiertamente que su intención es quedarse con el <strong>petróleo de Venezuela,</strong> estaba <strong>admitiendo</strong> lo que todos sabíamos sobre las <strong>guerras imperialistas</strong> de EEUU pero que <strong>nadie desde el poder, </strong>ni desde las instituciones internacionales, <strong>admitía abiertamente.</strong> Trump, en realidad, estaba dejando desnudos a los Aznar y los Blair, a los cómplices, a los buitres que fueron a Irak a robar con la excusa de la democracia, a todos aquellos que<strong> invaden y masacran</strong> pero que necesitan <strong>revestirse de una excusa moral </strong>para cometer sus crímenes (de ahí el enfado que tienen).  Los neofascistas de ahora no necesitan excusas: no importa asesinar a todo un pueblo si el yerno de Trump quiere hacer un resort de lujo en Gaza. </p><p>Y frente a esto, el discurso en Davos del Primer Ministro canadiense fue la demostración de que estamos en medio de una<strong> guerra entre élites: </strong>el <strong>antiguo orden,</strong> el surgido de la II Guerra Mundial, frente al nuevo<strong> (des)orden </strong>que se quiere desligar de aquel. Carney simplemente puso las cartas sobre la mesa, pero al hacerlo también desveló que aquel orden que ahora añoramos, basado supuestamente en ciertas reglas y en eso que llamamos <strong>derecho internacional, </strong>asentado en instituciones como la ONU…, todo eso era una<strong> ficción, </strong>una pantalla que ha permitido que fuera de eso que se ha llamado Occidente, imperara esa barbarie y esa falta de reglas de las que hasta ahora, nosotras y nosotros, europeos y norteamericanos, nos hemos sentido más o menos protegidos.<strong> Ese reconocimiento de Carney es rupturista </strong>en el sentido de que rompe con el discurso defendido por todos los gobiernos occidentales hasta ahora mismo: el de que existía algo así como un <strong>derecho internacional basado en los derechos humanos.  </strong></p><p>Digamos que Carney se ha adelantado a todos los gobiernos occidentales que siguen fijados en defender esa ficción y que se han mostrado completamente desarbolados ante las <strong>nuevas maneras de actuar (y decir) de los oligarcas milmillonarios</strong> que desprecian y quieren ignorar absolutamente a cualquier poder político porque el poder son ellos. Mientras el mundo se despeña hacia el fascismo, los gobernantes en Davos parecían seguir a sus cosas, y sus cosas no son las nuestras. Sus cosas son, precisamente, <strong>el mantenimiento de esa ficción </strong>en la que todos parecíamos atrapados. <strong>El discurso de Carney</strong> no es anticapitalista, no es siquiera izquierdista, es, como él mismo ha declarado, <strong>pragmático.</strong> En lugar de aferrarse a esa mentira que ya no puede sostenerse, ha venido a decir: “Se ha acabado, pasemos a otra cosa”. Y es en esa otra cosa donde hay que poner el foco, en la grieta que puede abrirse entre dos masas tectónicas que están chocando. El discurso de Carney no sirve para construir una narrativa anticapitalista pero sí para <strong>construir </strong><em><strong>otra</strong></em><strong> narrativa con respecto a esta </strong>en la que nos hemos movido hasta ahora. La posición a la que el canadiense quiere arrastrar a otros países puede servir para, por ejemplo, <strong>dar por roto definitivamente el vasallaje a los EEUU </strong>y el orden basado en la preminencia de este país.</p><p>Si el discurso de Carney es pragmático,<strong> el de Trump es el discurso del emperador del mundo </strong>que ya no se ve en la necesidad de disimular porque tiene prisa, <strong>lo quieren todo,</strong> pero también porque su ciudadela está asediada por nuevas potencias emergentes. Su imperio está declinando (también su mente, por cierto), y como bien nos enseñó<strong> Tucídides </strong>hablando de la democracia ateniense, <strong>cuando el imperio declina, la tiranía </strong>que antes se aplicó a los extranjeros<strong> termina por aplicarse en casa. </strong>Después sobreviene el desastre. Trump está en ese momento en que el tirano aplica a sus propios ciudadanos aquello que antes se aplicaba lejos. Cuando ahora estamos viendo a una Gestapo patrullando las calles de <strong>Minneapolis</strong> y vemos, por primera vez, que esa barbarie nos puede afectar; cuando vemos cómo en países como Alemania o Gran Bretaña se considera terroristas a quienes protestan pacíficamente por el genocidio en Gaza, simplemente nos estamos asomando a la vida que las potencias occidentales han impuesto antes en países como Afganistán, Gaza por supuesto, Irak o cualquier otro país que haya sido invadido y saqueado.  Antes de la Gestapo en Minneapolis existieron<strong> Abu Grahib y Guantánamo</strong> y ha existido <strong>Gaza</strong> y lo supimos, y los gobiernos del mundo lo supieron y los habitantes de Minneapolis también lo sabían.</p><p>En todo caso,<strong> la ficción se ha terminado </strong>y hay fuerzas, potencias, poderes, países… compitiendo entre ellos. Lo interesante, lo necesario, lo que tenemos que hacer desde la izquierda es tratar de agrandar la grieta que se ha abierto entre un mundo y otro porque, si bien puede acabar en desastre, también —si conseguimos que no nos trague— puede ser una oportunidad. Creo que no basta con decir que <strong>el discurso de Carney no es de izquierdas, </strong>hay que ser lo suficientemente inteligentes para ser capaces de ver qué, en cierto sentido, <strong>es revolucionario,</strong> para ver qué camino se abre por ahí y cómo podemos aprovecharlo. </p><p> _____________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Jan 2026 20:21:01 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Trump, Carney y la grieta que se abre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Estados Unidos,Davos,Mark Carney,Canadá,Relaciones internacionales,Opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Resistir dando un sentido al mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/resistir-dando-sentido-mundo_129_2126482.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Resistir dando un sentido al mundo"></p><p>No me parece útil darle alas a ninguna supuesta guerra generacional en la que haga un recuento de aquello en lo que me parece que mi generación (la <em>boomer</em>) estaba significativamente peor que la generación actual. O al revés, en qué cosas estábamos mucho mejor. Hay de ambas. Se ha hecho un tabú mencionarlo, como si discutir siquiera qué se ha ganado y qué se ha perdido fuera de por sí un pecado de melancolía o, peor aún, de reaccionarismo. Se me permite compararme con mis padres o abuelos, pero no con mis hijos. Y a los hijos apenas se les puede contradecir. Los jóvenes están rabiosos, nos dicen los analistas, porque añoran un pasado que nunca existió, un pasado dorado en el que se supone que todo era mejor y más fácil. <strong>Ni que decir que tal pasado dorado no existió nunca tal como lo imaginan</strong>. Lo material, si nos atenemos a los datos, no va tan mal o, al menos, no va peor en todos los indicadores, en algunos va mejor que hace años, en otros va claramente peor, como en la cuestión de la vivienda. Pero cada generación lidia con sus propias precariedades y carencias, aunque estas son socialmente manejadas y percibidas de maneras muy diferentes. Lo material necesita ser contado, concretado, explicado y políticamente manejado. Lo material ¿qué? ¿Lo material salario, lo material vivienda, lo material consumo, coches, viajes, ropa? ¿Lo material trabajo? ¿Lo material comida, que tanto les preocupó a nuestros abuelos? ¿Lo material pensiones? ¿Lo material comodidad? ¿Todo ello junto? ¿Lo material de España, de EEUU?</p><p>No es lo material lo que hace que crezca la extrema derecha, o al menos no es sólo lo material sin concretar, sino la manera en que el poder maneja el sentido de lo material y la manera en que la mayoría de la gente vive ese manejo. Así, lo material según las épocas y los contextos puede vivirse como poco, como muy poco, como suficiente o como fuente de eterna frustración.<strong> Lo que está en juego ahora mismo es el sentido del mundo</strong>, de un mundo que ha cambiado tan profundamente en las últimas décadas que no sabemos dónde poner los pies. Dudo que, a estas alturas, la izquierda pudiera ganar únicamente con políticas de redistribución potentes. Necesita ofrecer un sentido a un mundo desbocado.</p><p><strong>La democracia, tal como la conocemos, está rota</strong>. El orden internacional surgido de la II Guerra estaba sujeto con alfileres y ahora ha quedado desnudo. El poder no está al alcance de los votos, nunca estuvo tan lejos y fue tan invulnerable a estos. Nadie piensa que las cosas importantes puedan cambiar por medio del voto y esa sensación (basada en el conocimiento empírico) es letal para la democracia. Ciertamente, los que mandan no responden a ningún mandato representativo; estamos a merced de oligarcas que se han convertido en los dueños del mundo y a los que la democracia les supone un impedimento. Al fin y al cabo, la democracia no deja de ser algo que se consiguió arrancar con sangre, Hoy, con otra correlación de fuerzas la democracia ya no tiene sentido para las élites globales, no les es útil, pueden prescindir de ella.</p><p>El capitalismo es la única realidad posible. Si gane quien gane es imposible tocar el capitalismo, eso nos conduce a <strong>un horizonte de perpetua frustración</strong>. La política se convierte en un espectáculo de promesas que no se pueden cumplir y que, ante el vacío, exigen elevar el tono cada vez más. Además, la frustración no sólo tiene que ver con la imposibilidad política de ordenar el mundo, sino que el neoliberalismo es profundamente aspiracional. El abismo entre las vidas que se nos muestran como deseables y las que se nos ofrecen es cada vez más insalvable. Y esta frustración se produce al mismo tiempo que un cambio social casi antropológico.</p><p>Existe, por otra parte, un conflicto entre élites. Las élites oligarcas que todavía no mandan del todo y que son las que quieren acabar con la democracia liberal (los líderes empresariales y políticos de ultraderecha) contra las oligarquías y élites liberales que han controlado el mundo desde la segunda guerra mundial. Conflictos también entre las élites anglosajonas y las chinas, entre liberales y fascistas, entre tecnobarones empresarios y políticos tradicionales. Los cambios tecnológicos y sociales han roto el control social, económico y político que tenían las instituciones liberales. Pero se ha producido también un cambio antropológico en lo que hace a las subjetividades. La irrupción de internet y todo lo que ha conllevado, la victoria total del neoliberalismo y su manera completamente diferente de configurar las relaciones humanas y las subjetividades, todo eso nos ha llevado a una eclosión de nuevas identidades, nuevas ontologías, <strong>nuevos relatos existenciales </strong>que vacían de sentido los anteriores o que los reconfiguraran completamente.</p><p>Nunca en la historia se ha vivido un cambio social y subjetivo tan acelerado. Ahora, las mujeres pueden decidir qué hacer de sus vidas y pueden ser presidentas; incluso un negro puede serlo, los migrantes están por todas partes, las personas LGTBI viven con los mismos derechos, como si tal cosa, la familia se ha transformado, el sexo se ha transformado, las identidades personales se han transformado. Y eso significa <strong>pérdidas subjetivas para mucha gente</strong> que vivía su propia identidad como un privilegio; la pérdida de este provoca inseguridad y miedo. Y nadie maneja el miedo y su corolario, el odio, como la derecha. Verdaderamente estamos entre el mundo nuevo y el viejo que no acaba de morir y que, como suele ocurrir, amenaza con desaparecer haciendo sangre.</p><p>Y detrás de estas batallas entre el mundo viejo y el nuevo hay <strong>una estrategia muy pensada y muy bien financiada</strong>. Cuando se consigue crear la percepción de que el mundo cambiante y diferente que vivimos es un caos amenazante, la gente odia cualquier cosa que pueda poner en peligro aquello que les ofrecía cierta seguridad. La batalla en la que estamos inmersos es emocional y no racional. La gente que se ha radicalizado hacia la extrema derecha y vive con pánico el “comunismo” de Sánchez no lo hace porque viva mal o porque les vaya peor que antes. Lo hacen porque <strong>tienen mucho más miedo que antes</strong>.</p><p>A partir de ahí la creación de enemigos imaginarios, del enemigo interno, está funcionando como lo ha hecho siempre: perfectamente. El racismo, la transfobia, la misoginia y la xenofobia, están alimentadas por quienes pierden el poder y quieren recuperarlo. <strong>Cada país fomenta sus propios y ridículos odios</strong>, como el desatado contra “los catalanes” o contra una ETA inexistente, delirios todos ellos completamente funcionales para la derecha. Pedro Sánchez no es comunista ni lo parece, pero multitud de personas viven angustiadas porque el comunismo o un supuesto socialismo radical va a destruir su bienestar. En realidad,<strong> no importan los buenos datos, ni las buenas políticas </strong>(siempre demasiado timoratas, pero aun así claramente mejores para el bienestar que cualquier política que hiciera la derecha). Nada de esto importa mucho porque ahora mismo <strong>es el manejo del miedo y del odio, de la desconfianza y de la inseguridad lo que importa</strong>. Históricamente ha funcionado y sigue haciéndolo.</p><p>La izquierda a estas alturas no ganará únicamente presentando un programa político sino <strong>apelando a las emociones propias de la izquierda</strong> y ofreciendo la posibilidad de construir otro mundo radicalmente diferente; alentando un impulso vital que nos emocione y que nos haga salir de nuestros refugios individuales. En ese sentido, cualquier izquierda que asuma como propio cualquier aspecto del miedo de la derecha jamás podrá ganar. No es por ahí, sino por el lado contrario, por la radicalidad de la esperanza. Hay que exigir a los políticos que presenten <strong>narrativas potentes de esperanza y de ruptura con lo existente</strong>, promesas reales capaces de poner los cimientos de un mundo distinto. Y esas promesas pasan por acciones decididas de reforma y refuerzo de la democracia: derogar las leyes que restringen las protestas, la ley mordaza, combate duro contra la desinformación y el oligopolio mediático y de internet, reformas fiscales, reformas que recuperen la separación de poderes, democratización de la justicia, democratización de la empresa y las finanzas, apuesta muy decidida por lo público y contra la privatización (nada de colaboración público/privada)… pisar el acelerador sin miedo; plantarse ante los tiranos, <strong>acoger con pasión las causas justas</strong>, abandonar los cálculos supuestamente estratégicos y timoratos: así no ganarán. Ya no es posible pretender dar un poco con una mano mientras que con la otra se intenta gestionar unas mínimas sobras.</p><p>Y ¿qué podemos hacer nosotros? Sólo tenemos una ventaja y es que ya sabemos lo que es el fascismo, reconocerlo a tiempo es una ventaja. Tenemos la capacidad de resistirnos. En la calle, físicamente, somos millones, pero también moralmente. <strong>Nuestra resistencia tiene que basarse en la defensa de los otros/as</strong>, de cada otro u otra de nosotras mismas, de todos los otros y otras vulnerables; en la solidaridad radical con cualquiera que se encuentre en peligro. La solidaridad, la bondad, la empatía, el cuidado y el reconocimiento radical de la común humanidad, el reconocimiento de los mismos derechos a la misma vida nos puede ofrecer ahora mismo fuerza y valor, así como identidad común y pertenencia. Necesitamos empeñarnos en la creación de refugios reales, físicos en las ciudades, en los pueblos; refugios legales, refugios emocionales contra la deshumanización y la crueldad como espectáculo y dar todas las batallas que sean necesarias. <strong>Necesitamos recuperar el sentido de lo que somos</strong>, que la lucha contra la barbarie sea motivo de orgullo. Es por ahí o morimos.</p><p>________________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Jan 2026 20:29:52 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Resistir dando un sentido al mundo]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[No todos los hombres… pero cualquier hombre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/no-hombres-hombre_129_2120684.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No todos los hombres…pero cualquier hombre"></p><p>El otro día <strong>me ocurrió una cosa</strong> que primero me hizo mucha gracia, pero que después <strong>me dejó pensando.</strong></p><p>Estaba yo charlando con una <strong>mujer </strong>mayor que yo,<strong> nada feminista,</strong> que se quejaba de que <strong>ahora el feminismo pretenda castigar</strong> la memoria de <strong>Adolfo Suárez</strong> por algo ocurrido hace décadas y que, además, según ella, no es tan importante. Lo que me llamó la atención fue la explicación que me dio para justificar su posición. Me dijo: “¡Los hombres son todos unos salidos! Lo que pasa es que antes sabíamos lidiar con ello”. Me reí, pero luego pensé en que era un <em><strong>all men</strong></em><strong> en toda regla,</strong> pero formulado no precisamente por el feminismo. Entonces me di cuenta de que el famoso <em>all men</em> que los machistas achacan a las feministas <strong>no es algo que hayamos acuñado nosotras,</strong> sino que se trata más bien de un <strong>sentido común antiguo y patriarcal </strong>transmitido entre mujeres para<strong> defenderse </strong>y para poder vivir con un determinado estado de cosas. De este “todos los hombres” en el que quizá creían nuestras abuelas nadie ha protestado mientras ha sido transmitido en voz baja y más como justificación del estado de cosas que como protesta. <strong>Los hombres son así</strong> y no hay nada que hacer al respecto. Es precisamente <strong>el feminismo</strong> el que al cuestionar que eso deba ser una verdad inmutable ha puesto las bases para que, en adelante<strong>, los hombres ya no sean así.</strong></p><p><strong>Cuestionar </strong>precisamente<strong> la impunidad del poder sexual masculino,</strong> lo que ha hecho el feminismo, es la única manera de acabar con ese <em>all men</em>. Si ese estado de cosas a mi amiga le parecía normal, <strong>las mujeres que venimos detrás </strong>hemos hecho de la extensión y de esa <strong>impunidad</strong> un <strong>escándalo.</strong> Para los <strong>hombres</strong> es difícil ver cómo <strong>determinados privilegios les están siendo cuestionados</strong> o arrebatados, pero, para nosotras, mujeres feministas, es también doloroso comprobar cómo el hecho de ser un <strong>hombre progresista, </strong>de defender públicamente los derechos de las mujeres, de parecer un hombre igualitario… todo eso <strong>no impide que se ejerza y se aproveche esa desigualdad, </strong>ese poder sexual del que se dispone como un privilegio al que vemos cuánto les cuesta renunciar.</p><p>Lo hemos visto en los <strong>papeles de Epstein,</strong> pero también en la multitud de <strong>grandes y pequeños escándalos,</strong> en la multitud de denuncias más o menos públicas de las que vamos teniendo noticia. Estas vienen de todos los ámbitos: de la política, la cultura, la universidad, asociaciones diversas y, por supuesto, aquellos ámbitos menos “iluminados”, donde <strong>las mujeres tienen más difícil denunciar</strong> porque no hay famosos implicados, ni ellas disponen de ninguna protección, como en el <em><strong>caso Pelicot</strong></em> (que estos días ya ha encontrado réplicas en Gran Bretaña o Alemania). A estas alturas no nos hacemos ilusiones. El marido de Pelicot era, según ella, un buen marido. Así que si en la generación de mi amiga se decía que <strong>eran todos los hombres,</strong> que <strong>todos eran así, </strong>nosotras ya no pensamos que sean todos, pero sabemos que puede ser cualquiera, no importa lo que haya hecho o dicho. Y eso resulta especialmente perturbador.</p><p>Con los casos que están saliendo a la luz, que siempre han estado ahí, lo que se pone de manifiesto es que<strong> los hombres siguen utilizándonos </strong>como objeto de intercambio entre ellos, como mediación para repartirse cualquier clase de poder y dinero. Sabemos desde <strong>Levy Strauss</strong> y luego <strong>Gayle Rubin</strong> que la<strong> civilización </strong>se levanta sobre un <strong>pacto para repartirse a las mujeres</strong> y ejercer el poder a través de la cosificación femenina. El poder incluye siempre el poder sexual y en muchas ocasiones es <strong>a través de ese poder sexual </strong>cómo se establecen <strong>lazos duraderos</strong> que trascienden el ámbito de la sexualidad y alcanzan cualquier ámbito de la vida social. Lo que estamos comprobando es que esto no es un sistema mítico en vías de desaparición, sino que está vivo, aunque sí esté siendo atacado; que no es algo individual, sino <strong>estructural. </strong>De ahí que mi amiga pueda pensar que, en realidad, las cosas son así, siempre han sido así.</p><p>Hemos visto cómo <strong>a través del uso de las mujeres Epstein construye una red de contactos</strong> y complicidades que incluye a hombres de cualquier ideología y de cualquier origen social o cultural (todos ricos, eso sí, todos poderosos). Y todos ellos, inteligentes o idiotas, progresistas o reaccionarios, se sienten<strong> cómodos en ese ambiente</strong> y <strong>seguros en el secreto mutuo.</strong> Ninguno de ellos se cuidó de ser fotografiado con chicas en el regazo. Les vemos sonriendo a la cámara, abrazados a niñas. A ninguno de ellos le desagrada, no ya el uso explotador de las mujeres, sino siquiera estar en el mismo club que otros hombres de los que ideológica y públicamente parecían estar en las antípodas. </p><p>Los <strong>archivos de Epstein</strong> no sólo muestran una red de pederastia y abusos sexuales, sino también una red de negocios multimillonarios, <strong>una red de poder e influencia </strong>cuya denuncia pública define esta época.  No importa que no todos los hombres que andaban por ahí fueran pederastas. Es evidente que todos ellos buscaban la cercanía del poder y que el poder sexual estaba muy presente en aquellas casas, en aquellas fiestas… tuvieron que ver algo, saber algo, imaginar algo, pero<strong> a ninguno de ellos aquello les pareció ni denunciable ni asqueroso.</strong> En el club de Epstein no hay mujeres más allá de aquellas que son usadas, intercambiadas o que trabajan de alguna manera para el club masculino. Ahí nos encontramos a políticos de cualquier ideología, al bueno de <strong>Chomsky,</strong> al muy aparentemente serio y filántropo <strong>Bill Gates</strong> junto al rijoso <strong>Clinton</strong>, o al que fue un modelo de cierta intelectualidad y premio Príncipe de Asturias,<strong> Woody Allen.</strong> Es como si a través del <strong>uso de mujeres</strong> y de ese reparto de poder, todas las diferencias se diluyeran en una <strong>masculinidad común,</strong> mucho más fuerte que cualquier posición ideológica. Habitando esa masculinidad que los iguala, todos ellos pasan a ser simplemente hombres que usan a mujeres, hombres que hacen uso de un privilegio inmemorial y que ninguno de ellos ha tenido el valor de cuestionarse íntimamente. </p><p>Cuando otros hombres iguales a estos, esta vez no ricos, acudieron a violar a Giselle Pelicot lo hicieron<strong> confiados </strong>en que <strong>ningún otro hombre </strong>de los muchos que sabían lo que pasaba <strong>los iba a denunciar.</strong> No denunciaron ni siquiera aquellos que finalmente no la violaron. Ahora se ha conocido en<strong> Gran Bretaña</strong> un caso parecido al de Giselle Pelicot y aparecerán más. Hemos sabido también de <strong>chats</strong> donde decenas, cientos o miles de hombres exponen fotos de sus parejas o familiares, incluso hijas; donde intercambian literalmente a sus mujeres. Y todos ellos confían en la <strong>protección que proporciona ese mutuo intercambio:</strong> <em>yo subo la foto de mi hija, pero tú miras</em>.</p><p><strong>Los hombres nos miran como a cosas,</strong> como a posesiones intercambiables que sirven para forjar vínculos entre ellos. Y, según mi amiga, así son todos y así es el mundo. Lo que ha ocurrido en que nosotras <strong>nos hemos negado a seguir ocupando ese lugar</strong> de la mercancía que se intercambia y se usa. Y hemos empezado a mirarnos a nosotras mismas, unas a otras y a los hombres también. Cuando hablamos de un cambio de mirada sobre la violencia sexual queremos decir que ahora nosotras también miramos,<strong> </strong>que hemos hecho valer esta mirada. Estamos haciendo algo revolucionario: nosotras<strong> estamos mirando a los hombres</strong>, y ellos <strong>no aguantan bien esta mirada. </strong></p><p>Así que, en contra de aquello de lo que nos acusan los machistas, somos nosotras, las feministas, las que hemos <strong>abierto la puerta a la idea de que no son todos los hombres. </strong>Precisamente, es el feminismo el que cuestiona y planta cara a ese saber antiguo y a ese estado de cosas. Sabemos que <strong>no son todos aunque puede ser cualquiera.</strong> Pero también sabemos que nada de esto es inevitable, que podemos cambiar las cosas. </p><p>___________________________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Dec 2025 18:01:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[No todos los hombres… pero cualquier hombre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Feminismo,Mujeres,Machismo,Violencia machista,Abuso sexual]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Feminismo en los partidos. Por ahora no]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/feminismo-partidos-ahora-no_129_2114860.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Feminismo en los partidos. Por ahora no"></p><p>A Pedro Sánchez le perseguirán siempre unas palabras que, seguramente, él creyó que eran sensatas o, en el mejor de los casos, inocuas. <strong>Fue cuando dio que sus amigos de 40 y 50 años estaban molestos por ciertos discursos feministas demasiado radicales</strong>. Como ya hemos tenido ocasión de conocer a los amigos de Pedro Sánchez, no nos extraña nada que estuvieran molestos. La verdad es que el ambiente que debía reinar en el famoso Peugeot con el que Sánchez recorrió España buscando apoyos para retornar a la Secretaría General parece la recreación perfecta de una película de Fernando Esteso. Siempre he sentido curiosidad por saber de qué hablan los hombres <a href="https://www.infolibre.es/igualdad/negacionismo-reaccion-machista-cupula-mediaset-letra-pequena-guerra-rocio-carrasco_1_2109367.html"  >cuando no hay mujeres delante</a> y hasta ahora me costaba imaginar a Pedro Sánchez haciendo chistes de putas, pero ya todo es posible. </p><p>Como decía Victoria Rosell el otro día en un artículo, este es un tema en el que el “y tú más” resulta ridículo. Si en tu partido no salen agresores no es porque no haya, es porque el miedo pesa más, porque no hay cauces de denuncia y, sobre todo, porque no hay voluntad política de asumir esta cuestión. Saldrán más casos seguramente porque si hay tantas mujeres víctimas de agresiones sexuales como dicen las encuestas, eso supone que hay muchos más hombres de los que suponemos que son los perpetradores de dichas agresiones. En todo caso, una vez que se asume que el acoso sexual es estructural, sistémico, que se encuentra en todos los partidos, en todos los espacios, que es inaceptable, que las víctimas merecen todo el apoyo y los agresores todas las condenas… no se pueden ya aplicar en los partidos políticos los viejos remedios, o parches, de siempre porque no funcionan. <strong>La realidad es que una cosa es aprobar leyes feministas y otra es tener una organización feminista</strong>. Un partido no es diferente a la sociedad en la que se inserta y una sociedad machista no puede producir misteriosamente partidos feministas. Dice Amador Fernández Savater que estamos hablando de “formas de vida” de hábitos en un sentido profundo, y yo así lo creo. El feminismo propone un cambio cultural, una transformación social completa, no se trata de un cambio cosmético. Y seguir pensando que eso va a cambiar con un protocolo es ingenuo. </p><p>En el Partido Socialista alguien, alguien concreto, con nombres y apellidos, tomó la decisión de que las denuncias desaparecieran del canal, alguien tomó la decisión de no contactar con las víctimas, alguien tomó la decisión de buscar trabajo a Paco Salazar una vez este tuvo que irse, algunas personas tomaron la decisión de seguir contando con sus servicios, de salir a comer con él, de no contactar con él en cinco meses, de no protestar, y entre estos hay muchas mujeres. No escribo esto para culpar a ninguna mujer sino para recalcar que patriarcado nos sumerge a todas en una red de complicidades de la que resulta complicado escapar. <strong>“El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los oprimidos”</strong>, dijo Simone de Beauvoir. Y esto funciona como un reloj: en política esto significa que a las mujeres se nos pone en la tesitura de o ser cómplices o ser héroes, como en la vida misma. </p><p>Sé por experiencia que en los partidos se premia a las mujeres no feministas pero que <strong>también se coloca a mujeres feministas en puestos de poder para que allí estén atadas y calladas</strong>. No se cuenta con ellas, no tienen poder real, no tienen poder de veto y mantendrán esos puestos en la medida en que se ocupen sólo de su parcelita, olvidando que la perspectiva de género o se transversaliza a toda la estructura o no sirve de nada. Pero lo que no podrán olvidar es a quién deben su puesto y cómo mantenerlo: con el silencio. No es fácil hacer feminismo en un partido político porque el feminismo es lo contrario a la lógica masculinizada que impera en estas estructuras. Porque la lógica del poder individual y la competencia implica sumisión al orden establecido, no se puede pretender llegar al poder rompiendo las estructuras que lo crean y lo mantienen. No importa cuánto poder creas que tienes porque habrá un momento en que tendrás que dejar pasar algo, que ocultarlo, que callarte. Una mujer puede llegar a tener mucho poder en un partido político, pero no como feminista, entre otras cosas porque no hay poder feminista, por ahora, que pueda imponerse a los hombres poderosos. El poder va con ellos como una segunda piel, nosotras estamos siempre maniobrando; el poder, para nosotras, es un traje incómodo, que no se acaba de ajustar. </p><p>Un partido feminista sería aquel en el que las mujeres tuvieran poder real como feministas. Eso significa poder de veto respecto a determinadas políticas relacionadas con las mujeres, <a href="https://www.infolibre.es/igualdad/glosario-charos-odio-misogino-retuerce-lenguaje-atacar-mujeres_1_2108533.html"  >que la voz de las feministas sea escuchada</a> y respetada como autoridad, que se reconozca la importancia de aplicar transversalidad de género en todas las cuestiones. Pero significa también que en todo lo referente a las políticas de igualdad la voz de las representantes del feminismo no sólo se escuche, sino que obligue. No es soportable que el feminismo siga siendo una “María” dentro de los partidos políticos. En todos los partidos que conozco las representantes del feminismo apenas tienen capacidad para influir en las decisiones políticas del partido en su conjunto. Y, en realidad, ni siquiera en lo que hace a las políticas de Igualdad. </p><p>Una organización feminista debería significar que las representantes del feminismo tuvieran capacidad para desafiar con garantías al líder (o a la líder), sin miedo a ser defenestradas, que no sean unas mandadas, que no sean las encargadas de gestionar unos espacios que no sirven para nada o de gestionar las crisis cuando ya se han desencadenado. Significa, en definitiva, que la perspectiva de género impregne las estructuras del partido, que el miedo cambie de bando, que sean ellos los que tengan miedo de decir según qué cosas y mucho más de hacerlas, que se lo piensen; <a href="https://www.infolibre.es/igualdad/morir-asesinada-frente-hijos-torno-millon-medio-menores-conviven-violencia-machista_1_2109089.html"  >que desaparezca la vergüenza por denunciar</a>, que las agredidas tengan confianza. Que las representantes del feminismo sean elegidas y sostenidas por las representantes del feminismo interno, que no se las pueda cesar sin contar con las demás mujeres. Que las mujeres tengan capacidad, y eso es algo que nunca gusta en los partidos, de organizarse internamente hasta el punto de constituirse como una corriente con poder real, con poder incluso para llegar a poner en cuestión cualquier liderazgo no feminista. </p><p>La dimisión de Silvia Freire me resuena claramente. <strong>Mujeres que ocupan cargos de Igualdad que no sirven para nada</strong>, a las que no se escucha ni consulta, ni siquiera para temas que claramente son de su competencia. Me imagino la situación (es un suponer): se conoce el acoso del presidente de la Diputación de Lugo José Tomé, el líder del PSOE en Galicia se hace cargo de la gestión de la crisis dejando de lado a las representantes de Igualdad que pasan a ser un cero a la izquierda a las que no se consulta para nada, ni sobre cómo dar a conocer el caso, ni sobre qué decir al respecto, ni sobre las medidas a tomar, futuras o presentes. De repente, las mujeres designadas para influir —debería ser decidir—en las políticas de Igualdad, no cuentan. </p><p>En el fondo esto tiene que ver con el antiguo debate intrafeminista de la doble militancia o la militancia única en el feminismo. Mi opinión es que es un debate estéril. Se opine lo que se opine. la doble militancia va existir y debe existir porque las feministas estamos en todas partes, cómo no vamos a estar en partidos políticos. Y porque es ilusorio pensar que fuera de los partidos no tenemos otras ataduras. En todo caso, fuera o dentro, sólo hay una manera de torcer el brazo patriarcal, y es ser marea, dentro y fuera. Ser capaces, nosotras, de construir una red de apoyo que esté por encima de cualquier individualidad y que sea irrompible; ser capaces de establecer alianzas feministas, ser capaces de pactar entre nosotras, <strong>saber que juntas somos fuertes pero que por separado no podemos</strong>. Abrazar el pacto y la pluralidad para establecer un suelo mínimo que no se pueda horadar. Y desde ese suelo impulsarnos hacia arriba. Sólo así.</p><p>________________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Dec 2025 20:46:11 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Feminismo en los partidos. Por ahora no]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Machismo,Violencia,Violencia machista]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[M-A-M-D-A-N-I]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/m-m-d-n-i_129_2107096.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="M-a-m-d-a-n-i"></p><p>Por una vez me alegro de haber tenido tiempo de poder reposar la victoria de Mamdani en las elecciones a la alcaldía de Nueva York y no escribir el correspondiente artículo al día siguiente. No sólo para pensar yo en las causas y/o consecuencias de esta victoria, sino también para <strong>poder leer todo lo que se ha dicho</strong> en estos días. </p><p>Es verdad que Nueva York no es EEUU y es un feudo demócrata (aunque los demócratas han tenido, en esta ocasión, victorias en otros muchos lugares), así que la cuestión no es por qué Mamdani ha ganado en la era Trump, sino por qué <strong>ha ganado claramente al </strong><em><strong>establishment </strong></em><strong>del Partido Demócrata</strong>, a los cientos de millones donados para construir bulos contra él; por qué ha despertado esa ilusión o si su victoria puede replicarse en otros lugares. La cuestión es saber de qué está hecha esta victoria, en definitiva. En este sentido me ha sorprendido la prisa que se han dado algunos analistas en <strong>señalar que con Mamdani se ha terminado lo </strong><em><strong>woke</strong></em> (vamos a asumir esta simplificación de la realidad social y política creada como espantajo por la derecha y que ha terminado asumiendo una parte de la izquierda). También me ha sorprendido la reivindicación de la victoria de Mamdani hecha por <strong>Pedro Sánchez</strong> ante la Internacional (antaño) Socialista (IS). Yo creo que si aceptamos <em>woke</em>, Mamdani es el epítome orgulloso de lo <em>woke</em>. </p><p>Mamdani se llama a sí mismo socialista y lo hace en EEUU, sin miedo, sin disimulos: <strong>lo </strong><em><strong>woke</strong></em><strong> jamás desdeñó las luchas económicas</strong>. Aunque sus propuestas económicas fundamentales serían de corte socialdemócrata básico (ya sabemos dónde estamos), lo interesante es que señala perfectamente quiénes son los enemigos: los multimillonarios; y cómo hacerles frente: con impuestos y servicios públicos. <strong>El abaratamiento de la vivienda</strong> como propuesta fundamental identifica el principal problema de la gente en las ciudades de todo el mundo. No se puede ganar –y mucho menos generar ilusión– sin acometer esa cuestión. Aquí es donde <strong>Pedro Sánchez cita en vacío y no tiene nada que decir</strong>; ni él ni sus compañeros de la IS (algunos muchísimo más de derechas que él). No se podrán ganar elecciones si no se aborda la cuestión de la vivienda y, por ahora, el PSOE no tiene nada que apuntarse en ese sentido. Ni siquiera puede apuntarse la ilusión que el presidente reivindico el otro día ante los socialdemócratas europeos. </p><p>Pero las demás propuestas económicas importantes de Mamdani <strong>no son propuestas tradicionales</strong>, sino que se corresponden con eso que hemos señalado como el ámbito del cuidado. Son propuestas que provienen del universo político feminista, propuestas con perspectiva de género, y eso es novedoso y revolucionario: autobuses y escuelas infantiles gratuitos, así como supermercados baratos, son medidas que <strong>afectan de manera muy especial a las madres trabajadoras</strong> y, con ellas, a las familias, a niños y niñas. Mejorarán la vida de todos, pero por ser cuestiones consideradas tradicionalmente de mujeres no suelen ponerse en la lista de lo urgente. Mamdani ha situado la propuesta de congelar los alquileres al mismo nivel que la de ofrecer escuelas gratuitas infantiles. Quizá tenga algo que ver con esto el que haya puesto a cinco mujeres al frente de su equipo de transición. </p><p>Resulta estrambótico, como poco, leer algunos artículos que consideran que Mamdani <strong>ha priorizado las cuestiones sociales frente a las identitarias</strong>. Eso es justo lo que no ha hecho. Su campaña se ha centrado en proponer una vida vivible, pero no ha dado un solo paso atrás en cuanto a esas otras reivindicaciones, consideradas <em>woke</em>, identitarias, que ahora una parte de la izquierda <strong>quiere abandonar en su giro atribulado al centro</strong>, pero sin las que mucha gente no imagina ya poder vivir. En un momento en que por supuesto la derecha, pero también una parte de la izquierda, retrocede timorata con los derechos LGTBI, y no digamos feministas, Mamdani no sólo no los ha dejado de lado, <strong>sino que los ha radicalizado</strong>. No ha intentado justificar ni explicar esos derechos, <strong>simplemente los ha defendido como irrenunciables</strong>; el contenido de los mismos ya está aquilatado, no hacen falta más discusiones. No ha hecho la más mínima concesión, esas que el Partido Demócrata está haciendo por todo el país.</p><p>La victoria de Mamdani viene a demostrar que ese espantajo creado por la derecha para desacreditar algunas luchas exitosas e imprescindibles <strong>está dejando de ser efectivo</strong>. El enfrentamiento entre lo material y lo cultural es ficticio e inútil, la clase tiene que ver con lo identitario tanto como con lo material y, además, siempre fue así. La relación entre clase e identidad siempre ha estado ahí, aunque en el siglo XX se tratara de otra identidad diferente a las actuales. Recomiendo el libro <em>Retorno a Reims,</em> de <strong>Didier Eribón,</strong> para entenderlo. </p><p>En todo caso, Mamdani ha demostrado que esa oposición no tiene sentido y ha rechazado que sea una cuestión <em>espantavotos</em>. <strong>Aquí no hay un juego de suma cero</strong>; las identidades, las subjetividades, se construyen ahora de forma diferente, han cambiado y no tiene sentido aferrarse a identidades que se conciben como neutras, pero que nunca lo fueron. Hoy no se puede concebir una teoría y práctica emancipadora que <strong>no incorpore la diversidad humana, la raza y el género</strong>. No tiene sentido hablar de clase si no se tiene en cuenta que la clase está compuesta de individuos que son mayoritariamente de una raza, que son hombres o mujeres, y que <strong>eso determina de manera fundamental sus vidas</strong>. Quienes se empeñan en seguir calificando despectivamente de <em>woke</em> cualquier reivindicación de la diversidad están dificultando su victoria electoral y traicionando a la gente. Las cifras demuestran que Mamdani no hubiera ganado de no haber sido por el entusiasmo que su candidatura despertó en las personas LGTBIQ de Nueva York y en las mujeres. </p><p>Mamdani es un musulmán en una ciudad que vivió el 11S. <strong>No se esconde, ni pide perdón</strong>, se dirige a la población musulmana como uno de los suyos, pero al mismo tiempo, desafía todos los prejuicios: es de izquierdas, es defensor del feminismo y los derechos LGTB. Ha citado a <strong>Malcom X</strong> (un tabú para los demócratas) y ha ganado defendiendo claramente que en Gaza hay un genocidio, que a Netanyahu hay que detenerlo y juzgarlo si pone un pie en Nueva York, y lo ha hecho en la ciudad en la que hay más judíos fuera de Israel y en donde los lobbies sionistas tienen más poder. <strong>Ha abordado la diversidad cultural y étnica con decisión y sin complejos</strong>. Sus materiales han sido traducidos a todos los idiomas posibles, los voluntarios que iban casa por casa eran hablantes de la multitud de idiomas que se hablan en Nueva York, y en todo su discurso siempre había referencias a la diversidad, que no es algo diferente a la clase, sino que es la base de la clase en Nueva York. </p><p>Las propuestas de Mamdani <strong>no son radicales sino que han sido hegemónicas</strong> mucho tiempo en la izquierda. Mamdani ni es <em>woke</em> ni deja de serlo, es de izquierdas, de la izquierda del siglo XXI, esa que la derecha ha calificado, sí, de izquierda <em>woke</em> para desacreditarla. Lo que <strong>no ha hecho Mamdani ha sido </strong><em><strong>centrarse</strong></em><strong>, retroceder, no ha cedido terreno ni ha tenido miedo</strong>. Viene con una propuesta de reescritura del contrato social porque la sociedad ha cambiado. Mamdani hace una política que busca disolver el miedo y negar la existencia de “enemigos internos”: los verdaderos enemigos son los multimillonarios.  Y todo esto <strong>lo ha dicho con seriedad, pero también con simpatía</strong>. Usando el sentido del humor como un arma política más. Caer bien es imprescindible cuando las emociones ocupan un lugar fundamental a la hora de emitir el voto. Los políticos que nos regañan, nos dan ordenes o están siempre enfadados no caen bien. Y no hace falta demostrar todo el tiempo que se odia al adversario, basta con desafiar sus argumentos y saber defender los propios. El odio tiene un efecto contagio que lo oscurece todo y, especialmente, la esperanza.  </p><p>En los debates electorales, sus adversarios <strong>fingían no saber pronunciar su nombre</strong> para señalarlo como extranjero (como si en EEUU no hubiera nombres no anglosajones). Pero él contestaba deletreándolo. M-A-M-D-A-N-I . Está bien que <strong>Pedro Sánchez</strong> cite la esperanza que Mamdani ha concitado, pero mucho mejor estaría si <strong>aprendiera cómo lo ha logrado</strong>. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Dec 2025 19:34:42 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[M-A-M-D-A-N-I]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Nueva York,Estados Unidos,Izquierda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Yo sí sé qué hacía Mazón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/si-mazon_129_2099173.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Yo sí sé qué hacía Mazón"></p><p>Cuando se lea esto ya habrá comparecido Mazón en la Comisión de la Dana del Congreso y, seguramente, <strong>se seguirá ignorando qué estaba haciendo</strong> en ese tiempo en el que estuvo inencontrable en aquella aciaga tarde. Sin embargo, yo creo tener el secreto de lo que estaba haciendo: nada. <strong>No hacía nada de interés</strong>, nada que se pueda contar o recordar. Es decir, quizá charló un poco más con <strong>Maribel Villaplana</strong>, quizá regresó paseando al Palau de la Generalitat, quizá se detuvo en un par de escaparates, quizá se sentó en un banco porque la comida le había dejado satisfecho y quería rememorarla, quizá deseaba planificar sus próximos pasos; quizá <strong>se entretuvo mirando las nubes</strong> o se fijó en un coche que pasaba y que pensó en comprar. Mientras, la gente moría ahogada. </p><p>Quienes no han contemplado la posibilidad de que Mazón estuviera haciendo nada, quienes quieren llenar esos momentos con alguna actividad delictiva en sí misma o, al menos, condenable… pero desde luego inteligible… están dejando de lado una de las características principales de los políticos del PP: <strong>su absoluta irresponsabilidad y dejación</strong> en todo lo que tiene que ver con el manejo del interés general y el bien público. </p><p>Esto no lo digo de manera retórica, <strong>lo sé fehacientemente porque les conozco</strong>. He convivido con ellos, sé cómo actúan, qué les mueve en la vida. Por eso creo que es muy posible que Mazón no estuviera haciendo nada reseñable, sino que lo reseñable es que <strong>mientras la gente moría, él estaba haciendo… nada</strong>. No se estaba ocupando de la gestión activa de la catástrofe porque los políticos del PP no piensan en esos términos de su trabajo. No piensan en términos de servicio público por mucho que juren que lo hacen. </p><p>Los políticos y políticas del PP <strong>llegan a las instituciones para parasitarlas</strong>, para privatizar, transferir rentas desde lo público a lo privado, para garantizarse ellos mismos una salida de la política muy lucrativa, para hacer negocios, hacer relaciones, contratar a familiares y amigos, hacer favores de los que luego pidan retorno… en fin, para <strong>aumentar significativamente su patrimonio</strong>, el de sus familiares y para construirse redes de poder e influencia que les garanticen un buen aterrizaje cuando salgan de las instituciones. Esto puede hacerse delinquiendo (muchísimos delinquen) pero puede hacerse sin cometer delitos. <strong>Es su manera de entender la política y, desde luego, es un trabajo</strong>. Vagos no son, siempre están ocupados en sus cosas y, entre estas, no están los asuntos públicos en lo que tiene que ver con el bien común, y esto lo digo sin ironía; es una realidad que he podido constatar. No digo que hace años no pudieran existir políticos conservadores con valores morales, pero hoy eso no existe. </p><p>Y por eso, cuando ocurre cualquier cosa que requiere una dirección activa, una diligencia particular, <strong>no están al mando, no están ni siquiera presentes</strong>; cuando ocurre algo que no estaba previsto, desde una tragedia a algo más cotidiano fruto de la falta de cuidado… nunca reaccionan con eficiencia. Después, cuando se ha desencadenado el desastre, <strong>jamás reconocen ninguna culpa</strong> porque eso sería reconocer que estaban a otra cosa y podría servir para que la gente terminara por darse cuenta de qué clase de políticos son. El Prestige, el Yak 42, el metro de Valencia, el accidente de Angrois, el covid-19, los cribados en Andalucía (ahora en Madrid), Filomena, los incendios… Da igual. El patrón es el mismo: ellos o ellas <strong>no estaban, no hicieron nada, no sabían</strong>, habían desmantelado la prevención, lo llevaba una empresa, no lo llevaba nadie, no había nada preparado. Siempre es lo mismo: negación, culpabilización de las víctimas, culpabilización de cualquier otro, mentir hasta el final, victimización de ellos mismos, ETA y Venezuela. <strong>Jamás reconocer un error, un mal funcionamiento, jamás pedir perdón</strong>. No importa de qué se trate ni quiénes sean las víctimas ni el sufrimiento que hayan tenido que enfrentar. </p><p>Y en este negar la verdad, aunque sea evidente, se emplean a fondo y pueden <strong>llegar a demostrar una crueldad y una falta de principios inusitada</strong>. Han acusado y culpabilizado a víctimas de ETA que no se plegaron a defender el relato que le interesaba al PP; destruyeron a <strong>Pilar Manjón</strong>, una mujer que perdió a su hijo, porque se negó a creer en las mentiras con las que el PP pretendía intoxicar a la población. Ahora <strong>Moreno Bonilla está dispuesto a culpabilizar a Amama</strong> por haberse dado cuenta de que la sanidad andaluza no las ha avisado a tiempo de que podían tener un cáncer. Ya han comenzado el proceso de destrucción de esa asociación, el mismo proceso que han seguido Mazón y el PP valenciano, el mismo que ha seguido Ayuso con las víctimas de las residencias. </p><p>No es casualidad, es el patrón. Y es doloroso ver cómo, desastre tras desastre, <strong>consiguen que les dé resultado</strong>. La gente sigue votándoles.  Los políticos del PP no están para mejorar la vida de nadie, ni para que nada público funcione bien. Su irresponsabilidad en lo público, su dejación y desinterés en lo que tiene que ver con el interés general, es absoluta. Ellos y ellas están siempre a otra cosa: <strong>a los negocios, a sus negocios, los que sean</strong>. Mazón, aquella tarde, estaría a sus cosas, las que quiera que fuesen. Lo más probable es que decidiera acercarse dando un agradable paseo al Palau. Al fin y al cabo, por ese día, él ya había trabajado suficiente. Le habían molestado un poco durante la comida con los whatsap y ahora, encima, le querían para la foto. Se merecía un descanso. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Nov 2025 19:53:12 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Yo sí sé qué hacía Mazón]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Carlos Mazón,PP,Alerta por la DANA,Catástrofes,Generalitat Valenciana,Derecha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pasaron los incendios, vamos a publicidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/pasaron-incendios-publicidad_129_2091634.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pasaron los incendios, vamos a publicidad"></p><p>A veces un artículo que bulle en la cabeza se va retrasando porque <strong>las noticias “enormes” de la actualidad lo van arrinconando</strong>. También porque una sabe ya lo que se lee y lo que se pasa por encima con cierto gesto de hastío o desinterés. Es, quizá, el caso de este artículo que quería escribir desde que terminó la temporada de incendios. Estos tienen que ver no sólo con el cambio climático (que se ha convertido ya en otro de esos temas que sólo parecen interesar a los ecologistas) sino con el <strong>abandono del campo y de sus habitantes</strong>. </p><p>Hace poco más de un mes se produjo en Madrid otra manifestación de las que los habitantes de esta España vaciada convocan periódicamente. Se han convertido en parte del paisaje, <strong>nadie les hace mucho caso</strong> porque no son una amenaza inmediata para nadie, para ningún partido, para el orden público, para ningún bien material. Vienen, se manifiestan, ocupan dos líneas en los medios y se vuelven. Pero <strong>la desaparición de lo rural es una amenaza</strong> para todos y todas, aunque nadie quiere verlo ni ponerle remedio. </p><p>Hemos abandonado lo rural materialmente, pero también lo hemos olvidado. Es como que no existiera. Habitantes de las ciudades, imbuidos de la <strong>sensación de invulnerabilidad propia de este capitalismo salvaje e individualista</strong>, hemos olvidado que aún dependemos del campo, aunque sea de un campo cada vez más lejano. Lo que comemos, el agua, la electricidad, el esparcimiento, el aire, la posibilidad de refugio en caso de pandemia, el espacio en un mundo hacinado, gran parte de la cultura de un país, de su cohesión social… todo eso sigue dependiendo del campo. Pero no se trata únicamente de esas cosas más o menos materiales, se trata también de derechos: los habitantes de la España vaciada <strong>tienen los mismos derechos que los habitantes de las grandes ciudades</strong> aun cuando dichos derechos son conculcados sistemáticamente, quizá porque se piensa que esas personas tienen cada vez menos peso electoral.  Ese es un asunto que nadie quiere abordar en serio mientras el país se vacía y se hace más y más dependiente de países que prestan más atención a su mundo rural. </p><p>Como diputada fui portavoz en una llamada Comisión de Despoblación y Reto Demográfico, una comisión que me sacaba de quicio. Aquí era más cierto que nunca eso de que <strong>si quieres “matar” políticamente un tema haz una Comisión parlamentaria</strong>. Tardes y más tardes en las que todo el mundo hablaba del problema y de las soluciones. Pero el problema del campo o de la España vaciada es sencillo de diagnosticar y de solucionar: <strong>servicios públicos</strong>. No hace falta más, pero eso es lo que nadie quiere atender porque cuesta un dinero que se supone que no tiene retorno. Todos los planes gubernamentales o autonómicos que consisten en dar <strong>500 o 1000 euros a las familias que se instalen allí</strong>, e incluso proporcionarles viviendas, no sirven de nada si no hay servicios de ningún tipo. Porque en el campo sobran viviendas, lo que no hay es posibilidad de habitarlas. </p><p>La obsesión por el AVE <strong>ha dejado sin tren a una parte importante de las ciudades pequeñas y medianas</strong>. Me han invitado a dar una charla a Soria y he descubierto que ya no se puede ir en tren. El AVE es un tren para ejecutivos y turistas, pero los ciudadanos tenemos otras necesidades de transporte. En gran parte de Europa los trenes recorren y cohesionan todo el territorio facilitando que los habitantes de ciudades medianas y pequeñas no tengan que emigrar. En España, ahora además, les están quitando también los autobuses. Hace poco he viajado por Aragón y he atravesado varios pueblos llenos de pancartas en las que pedían que <strong>no se les retirara la línea de autobuses</strong>, único transporte público del que disponen para todo. Nadie lee esas pancartas y a nadie le importa esa reivindicación. El Ministerio de Transportes, del inefable <strong>Óscar Puente</strong>, tiene muchas preocupaciones pero una de ellas debería ser garantizar que la gente que vive en las zonas rurales pueda desplazarse. <strong>Lo mismo vale para los gobiernos autonómicos</strong>. Por el contrario, el ministro ha decidido suprimir las paradas que no alcancen un número determinado de pasajeros por año. Pero el transporte, como la sanidad o la educación, no puede depender únicamente de que sea rentable, <strong>es un servicio público, es un derecho</strong>. Esos pueblos están llenos de gente mayor que, de un día para otro, ya no pueden ir al médico, los niños a la escuela o la gente a otro pueblo mayor. Se quedan aislados, dependientes del coche privado para todo. Puente sabe que esta desatención apenas le va a pasar factura. </p><p>Vivir en ciudades pequeñas se ha convertido en un acto heroico. En los pueblos desaparecen los servicios, los médicos, los institutos, los cajeros, los bares, las tiendas… Los pueblos se convierten en lugares que sólo viven, si tienen suerte, <strong>del turismo y para los turistas</strong>. Sólo hay tiendas de souvenirs, hoteles y restaurantes para gente que está siempre de paso. Pero los pueblos así concebidos <strong>se convierten en decorados sin gente</strong> y esa visión empobrece el país y supone una amenaza ante el cambio climático, los incendios y la cultura. </p><p>Siento decir que ha sido Ayuso la que, por ahora, ha conseguido que haya al menos <strong>un cajero en aquellos pueblos que hasta ahora no tenían</strong>. Ya es más de lo que han hecho muchos otros (y me duele decir esto).</p><p>Las políticas agrarias que se aplican parecen pensadas más para <strong>incitar a la gente a que abandone la agricultura</strong> o la ganadería que a apoyar dichas formas de vida. Son políticas que apoyan únicamente a las grandes empresas y desasisten a los pequeños o medianos agricultores o ganaderos. Se entiende lo rural como zonas de desecho en las que <strong>instalar industrias contaminantes que no se permitirían en lugares con mayor densidad</strong> de población. Las administraciones no encuentran problemas en poner macrogranjas de cerdos que contaminen el agua y la tierra o que den malos olores. Las protestas de los afectados, pueblos enteros unánimemente levantados contra estas decisiones, nunca son escuchadas. Esa gente no importa. </p><p>Se nos deshace el paisaje, <strong>se muere una parte de nuestra cultura</strong>; aquella parte que sabía cómo evitar los incendios, esa parte que produce electricidad, agua, comida, aire limpio, que guarda el espacio que quizá necesitaremos más temprano que tarde. Se <strong>abandona a millones de personas que pagan impuestos</strong>, se las deja sin transportes, sin médicos, ni bancos, ni escuelas. </p><p>Y podría dedicar un artículo a hablar de las mujeres rurales, quienes todos los estudios señalan como las <strong>encargadas de fijar la población al territorio</strong>. Si una mujer se va, se va la familia entera. Soportan discriminaciones históricas, que todavía son legales, como la no propiedad de la tierra que trabajan, y soportan altos niveles de abandono y desatención por parte de los organismos de igualdad y de las administraciones. <strong>No hay programas ni apoyos específicos para ellas</strong> a pesar de que se sabe que si alguien puede levantar el territorio son ellas. </p><p>Hace poco hemos podido ver unos anuncios del Ministerio de la Vivienda que han levantado enormes críticas. Se mostraba a varias personas jubiladas compartiendo piso. Costaba creer que el Ministerio de Vivienda <strong>se hubiera hecho un anuncio contra sí mismo</strong>. Un anuncio para mostrar la inexistencia de políticas de vivienda efectivas. Se produjo un pequeño escándalo. Pues esos mismos días también salieron unos anuncios del Ministerio de Agricultura que parecían hechos por la misma agencia. En los anuncios, personas muy sonrientes aparecían haciendo, con aparente alegría, cosas “campestres” mientras una voz en off decía: <strong>“me quedo en el campo”</strong>. Y ya está.  Desde mi experiencia política ya sé que todos los programas, todas las políticas presupuestadas, suelen incorporar un dinero para publicidad que hay que gastar. El problema es cuando hay más dinero para publicidad que para políticas reales. Eso ocurre demasiadas veces. </p><p>_________________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Nov 2025 20:27:46 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Pasaron los incendios, vamos a publicidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Población rural,España Vaciada,Mujeres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ojalá que una 'big' y 'beautiful' ola se los lleve por delante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/ojala-big-beautiful-ola-lleve-delante_129_2083562.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ojalá que una 'big' y 'beautiful' ola se los lleve por delante"></p><p>Un loco, un idiota, un “cuñao” superlativo está <strong>al frente de una superpotencia nuclear y económica</strong>. No es tan extraño, si lo pensamos. Hitler era ridículo y, visto ahora, daba entre risa y vergüenza, y Franco y Mussolini, ahí le andaban. Como nos demostró Chaplin, Hitler era ridículo pero lo idiota y lo ridículo no le quitó ni un ápice de lo asesino. </p><p>Hoy todo es posible, incluso lo impensable, porque todo lo que Trump dice o hace no es que sea irracional sino que es propio de <strong>la racionalidad y emocionalidad de un niño mimado de 10 años</strong> o, a veces, de <strong>un adolescente consentido, maleducado e ignorante de 13</strong>: narcisista, simple, plano, testosterónico y machista. <em>Yo soy bueno, el mejor y el más grande, sobre todo grande. Tú eres malo, el peor ser humano sobre el planeta tierra y soy EL PRESIDENTE y hago lo que quiero porque soy EL PRESIDENTE, y así no se habla al PRESIDENTE y te voy a meter en la cárcel porque eres malo y mis leyes son bonitas y grandes.  Mi despacho es precioso porque está lleno de oro y Biden era el peor ser humano del planeta y merezco el Nobel de la Paz, lo dicen cientos de miles de periodistas y estadistas porque he parado muchas guerras en Furtikistán y en Albanistán. El cambio climático es la mayor estafa, la más grande, porque el clima es bonito y no hay cambio ninguno; y las enfermedades las causa la aspirina pero a mí no me atacan las enfermedades porque soy grande y bebo Fairy. Que hermosa es la reina de Inglaterra y la mujer del presidente, qué hermosa, qué hermosa su mujer y las mujeres. Qué gran tipo el rey de Inglaterra que da vida a los riachuelos y planta árboles, que gran y bonito trabajo. Orwell, Kipling, Tolkien… increíbles personas, ¡Increíbles! ¡Que metan en la cárcel al de la escalera mecánica y al del ascensor que son los peores seres humanos! ¡Qué gran tipo el presidente de Brasil que está haciendo un gran gran trabajo, un gran y bonito trabajo. Vamos a acabar con Antifa y las transexuales porque son los grupos terroristas más grandes que hay y están matando a nuestras grandes y bonitas familias. España, gran trabajo... España merece castigo.  </em>Todo así. </p><p>No es tanta broma como parece. Son frases que ha dicho el sujeto (o muy parecidas). Algunas de ellas las ha dicho sentado en su trono dorado mientras<strong> algunos líderes europeos le escuchaban muy serios, sentados en sillitas más bajas</strong>, y en completo silencio porque el adolescente tonto es ahora el jefe; o todos detrás, mientras el jefe pasaba lista. Y, como dijo el pelota de Rutte (más o menos): <em>Donald, eres muy grande y haces un big y beautiful trabajo y mereces no uno sino dos premios Nobel, y el mundo te estará siempre y siempre agradecido. </em></p><p>Este es el nivel. Es lo que hay y con lo que lidia el mundo. Pero, como en el caso de los dictadores ridículos, y como explica muy bien Mark Bray, exiliado político de EEUU, Trump tiene <strong>un plan fascista que busca exportar</strong>. Está sacando al ejército de EEUU contra sus ciudadanos, está secuestrando a gente y haciéndola desaparecer, deteniendo sin garantías, imponiendo la censura, amenazando y presionando a cualquier adversario, adueñándose de los tribunales y juzgando a adversarios políticos. ¿Quién se le opone en EEUU? Trump ha servido también para demostrar <strong>lo podrido que está el aparato del partido demócrata </strong>(con excepciones muy esforzadas). Un partido paralizado, incapaz de conectar con el sentimiento popular anti-Trump, incapaz de articular un discurso opositor mínimamente propositivo, que ofrezca o diga algo sugerente. Las figuras más conocidas del partido demócrata, glamourosas, bien educadas y cosmopolitas, siguen con sus presentaciones de libros y sus conferencias muy bien pagadas, como si no pasara nada. Hace mucho que los gobiernos del partido demócrata en EEUU son <strong>incapaces de oponer una mínima resistencia</strong> a los intereses de las grandes corporaciones, de las farmacéuticas, de los constructores, de los fondos buitre, del lobby de las armas, de los millonarios, en definitiva. Los tuits que algunas de las “estrellas” demócratas han venido poniendo a propósito del genocidio palestino demuestran lo <strong>lejos que están estas personas del sentir de la mayoría del pueblo norteamericano</strong> que no se identifica con la derecha salvaje de Trump. </p><p>Estoy siguiendo con interés la campaña por la alcaldía de Nueva York donde un socialista musulmán puede ganar claramente. Quizá sea <strong>el momento de un cambio en los EEUU</strong> en donde llamarse socialista y ganar deje de ser impensable. Que una parte del partido prefiera que gane Andrew Cuomo, ese personaje corrupto hasta la médula y acosador sexual, antes que Mamdani, explica muy bien que no se trata únicamente de ganar a Trump, sino que <strong>es necesario limpiar todo un ecosistema político que es el que ha permitido que este ganara</strong>. No está sólo Mamdani y vamos viendo aires de cambio, necesario, en el esclerotizado aparato demócrata. Bien está. </p><p>Sólo puedo dejar aquí por escrito dos deseos: que gane Mamdani y que <strong>una </strong><em><strong>big</strong></em><strong> y </strong><em><strong>beautiful</strong></em><strong> ola</strong> se lleve a los Trump, los Rutter, los políticos cobardes y serviles, los fascistas, los acomodaticios, los corruptos… que se los lleve por delante. Como tengo los pies en la tierra creo que es posible que Mamdani gane y que abra una esperanza no sólo en EEUU sino en todo el mundo respecto de la política que es necesario hacer para ganar a la derecha: sin complejos, sin miedo, sin pretender agradar a todo el mundo, yendo a lo esencial sin abandonar causas pequeñas, pero necesarias, en el camino. Respecto a la ola vengadora… la única ola verdadera será la que <strong>formemos nosotras y nosotros, el pueblo</strong>, como podamos y mejor sepamos. </p><p>_______________________________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno</strong></em><em> es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Oct 2025 18:42:20 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Ojalá que una 'big' y 'beautiful' ola se los lleve por delante]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Donald Trump,Estados Unidos,Política,Partido Demócrata EE UU,Extrema derecha,Relaciones internacionales,Palestina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El plan: ni justicia ni paz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/plan-justicia-paz_129_2075352.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El plan: ni justicia ni paz"></p><p>El plan de <strong>Trump e Israel para Palestina</strong> no es un plan de paz; es un <strong>plan neocolonial</strong> que pretende “pacificar” Gaza sin contar con los palestinos, sin ofrecerles ninguna garantía de nada y que convierte todos los sufrimientos padecidos hasta ahora en inútiles; ni siquiera les garantiza que el sufrimiento acabe. Tampoco busca la paz como un bien necesario, sino que su objetivo real es <strong>apropiarse de la franja y sus recursos</strong> para que algunos millonarios, entre ellos <strong>Jared Kushne</strong>r, el yerno de Trump y uno de los dos autores del plan, se hagan mucho más ricos. No hay nada en este plan que ofrezca autodeterminación al pueblo palestino, ni participación de ningún modo en su destino, que es la única manera de hacer justicia. Y no puede haber paz sin justicia. Pero el plan es, sobre todo, <strong>un chantaje difícil de rechazar</strong>; si no aceptan, a los palestinos no les espera más que <strong>la aniquilación</strong>. Entiendo que acepten, pero no habrá paz para nadie.</p><p>Hay algunas cosas definitivamente grotescas en este plan. En primer lugar, resucitar a un tan siniestro como <strong>Blair</strong>, que merece estar en el basurero de la historia. Nada en lo que esté él involucrado puede ser bueno. Lo segundo es pensar que <strong>Netanyahu </strong>es controlable y que va a cumplir algún acuerdo que a él le perjudique en su carrera para mantener el poder a toda costa y evitar la cárcel. Sentado en el despacho oval no tuvo problema en humillarse haciendo una ridícula llamada a Qatar para disculparse por un bombardeo. En ese momento parecía el alumno que ha sido sorprendido haciendo una travesura y al que el maestro obliga a llamar a su amiguito para pedir perdón. <strong>La imagen de los dos personajes es inenarrable</strong>, con Trump en el papel del maestro, sosteniendo un teléfono fijo y cara de niño enfurruñado.  </p><p>Sin embargo, a pesar de que este no es un plan de paz,<strong> los países árabes y europeos </strong>se han apresurado a saludar, casi con entusiasmo, esta propuesta inútil. Da la impresión de que hubieran fingido entusiasmo casi con cualquier cosa. La razón es que, en las últimas semanas, los gobiernos europeos <strong>se han visto obligados a moverse mínimamente de sus posiciones</strong> y a multiplicar las buenas palabras, los gestos y las declaraciones de buenas intenciones debido a la presión de sus respectivas opiniones públicas. Pero no había nada real, no había solidaridad real con Palestina detrás de los gestos y las palabras, sino la conciencia de que resulta <strong>imposible seguir manteniendo un divorcio tan absoluto con sus respectivas ciudadanías</strong>. El plan ha sido saludado con entusiasmo porque los gobiernos europeos lo ven como la posibilidad de volver al cauce de complicidad con Israel y sumisión a EE.UU que no quieren de ninguna manera abandonar. </p><p>Lo cierto es que las protestas populares contra el genocidio han posibilitado que se organice lo que puede ser considerado <strong>una rebelión de los pueblos contra sus élites</strong>. En ese sentido, la propuesta de Trump, condenada al fracaso, supone oxígeno para los gobiernos en un momento en que la ciudadanía está escalando en la contestación política como hacía tiempo que no sucedía, y eso siempre asusta a las élites. La relatora de la ONU por la libertad de expresión ya ha avisado de que a cuenta de las manifestaciones a favor de Palestina puede producirse <strong>una represión generalizada y un recorte en las libertades</strong>. En <strong>Gran Bretaña </strong>esto es muy evidente con un gobierno reaccionario, aunque se llame laborista, que primero ha calificado legalmente de terrorista a una organización pacífica pro Palestina y después, visto que eso no ha impedido las protestas, se dispone a restringir el derecho de manifestación. Es evidente que los gobiernos europeos tienen la esperanza de que el llamado plan sirva para <strong>paralizar la contestación social</strong>; por ejemplo, ya está sirviendo para detener los proyectos que estaban en marcha para expulsar a Israel de las competiciones y foros internacionales. </p><p>Palestina se ha convertido en<strong> la causa de la humanidad que quiere otro mundo</strong>, que sueña con otro mundo; es una reivindicación de justicia global, de reivindicación de derechos humanos y de esperanza en un momento en que muchos de nuestros gobiernos están dando pasos atrás y en el que vivimos con el fascismo a las puertas. Incluso votantes de derechas exigen a sus gobiernos, según las encuestas, acciones políticas contra el genocidio. El movimiento por Palestina es, en todo el mundo, un movimiento de resistencia frente a quienes nos gobiernan desde la crueldad y la indiferencia por las vidas de la gente. Millones de personas no quieren resignarse a que este pequeño pueblo siga siendo masacrado en nombre del <strong>racismo, el colonialismo y el cálculo político y económico</strong>; en nombre del beneficio de unos pocos. En la causa Palestina está el futuro de los palestinos, pero también el nuestro, el de los derechos y la humanidad. Palestina es <strong>la utopía de este siglo</strong>, como en el pasado pudo serlo la guerra civil española. </p><p>A <strong>los y las integrantes de la Flotilla</strong> les diría que gracias, que ellos y ellas son los representantes de la dignidad de la parte de la humanidad (la mayoría) que a pesar de la propaganda y de las amenazas ha decidido insubordinarse <strong>contra un orden injusto, cruel y asesino</strong>. Han sido nuestra esperanza. Y no nos rendimos, la ciudadanía que creemos en la justicia y estamos dispuestos a defenderla, seguimos. Habrá más flotillas, tiene que haber una marea. Palestina merece ser libre y <strong>el mundo no merece a gobernantes tan mediocres</strong>, tan crueles y tan alejados de la voluntad y los anhelos reales de la gente.</p><p>______________________________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno</strong></em><em> es exdirectora del Instituto de las Mujeres.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Oct 2025 18:39:45 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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      <title><![CDATA[Kirk y la derrota de la democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/kirk-derrota-democracia_129_2067250.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/81403765-0fbc-4e71-a15b-5b93bca3bbb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="KIRK y la derrota de la democracia"></p><p>El domingo pasado se celebró en EE.UU. un <strong>gran homenaje a Charles Kirk,</strong> pero antes de eso se votó en el Senado declarar un día al año como “Día Nacional en Recuerdo de Charlie Kirk”. Aunque todavía no es ley, lo significativo del asunto es que tal propuesta <strong>se aprobó por unanimidad;</strong> es decir, con el voto favorable de los demócratas. Fuera de EE.UU., también en el Parlamento europeo hubo un intento de dedicarle un<strong> minuto de silencio, </strong>afortunadamente abortado con patadas y abucheos. Esos abucheos y patadas salvan mínimamente <strong>la dignidad de las instituciones europeas. </strong>Tengo las redes llenas de comentarios de gente progresista que me censura porque me he mostrado no sólo contraria a cualquier homenaje, sino dispuesta a recordar que Kirk era un fascista (como poco un fascista eterno o primordial, según la denominación de Umberto Eco). Hemos podido leer, incluso, artículos en medios progresistas que mostraban cierto respeto por Kirk. Todo esto, así como el voto de los demócratas norteamericanos, me parece el síntoma más evidente de la <strong>profunda derrota política de los demócratas,</strong> del colapso moral en que nos encontramos y de la desorientación e <strong>impotencia de una parte de la izquierda. </strong></p><p>Los argumentos que he leído y escuchado son que <strong>Kirk ha muerto por sus ideas, </strong>que hacía política, que fomentaba el debate de ideas, que confrontaba dialécticamente allí donde le llamaran, que escuchaba a sus adversarios; que se puede estar en desacuerdo con él, pero que su contribución al debate político es indudable. De hecho, el 14 de octubre, el Día de Charles Kirk, será un día “para que los estadounidenses reflexionen sobre las contribuciones de Kirk al debate público y al compromiso cívico”, según se dice en la resolución que se ha aprobado en el Senado norteamericano.  El argumento definitivo es que <strong>Kirk hacía uso y defensa de su libertad de expresión,</strong> un valor superior en cualquier democracia. </p><p>No, <strong>Kirk no ha muerto por sus ideas</strong> porque le ha matado un trastornado sin ninguna idea y <strong>producto de la misma América que Trump y los suyos</strong> (entre ellos Kirk) <strong>quieren extender: </strong>ignorante, paranoica, reaccionaria, agresiva, armada hasta los dientes, burdamente religiosa, racista y misógina; <strong>defensora de la crueldad</strong> además de económicamente injusta y profundamente desigual. Esta combinación genera una <strong>violencia ciega</strong> que no defiende ninguna idea en particular y que cayó sobre Kirk. Pero no sólo sobre él. A Kirk le ha matado esa América inmersa en la violencia política: en junio, fue asesinada Melissa Hortman, congresista de Minnesota. En abril Josh Shapiro, gobernador de Pensilvania, sufrió el incendio de su casa. En diciembre, Brian Thompson, director ejecutivo de United Healthcare, fue asesinado. El propio Donald Trump sufrió un atentado en campaña. El marido de la presidenta del Congreso norteamericano, Nancy Pelosi, fue agredido en su casa; <strong>el Congreso de los EE.UU fue atacado por una horda de fanáticos</strong> que querían matar a quien se pusiera por delante. Steve Scalise, actual líder de la mayoría en la Cámara de Representantes, recibió un disparo en 2017. Gabby Giffords, congresista de Arizona, recibió un disparo en 2011. Eso sin contar los <strong>tiroteos en escuelas y lugares públicos</strong> que han matado a cientos de miles de personas.  Y, por cierto, cuando el anciano marido de Nancy Pelosi fue agredido en su casa, Kirk sólo tuvo palabras de alabanza para el agresor.  </p><p>Kirk no hacía uso de su libertad de expresión, sino de su privilegio, de su <strong>posición de poder </strong>en un sistema que le permitía hacer afirmaciones que una democracia real debería tratar de silenciar o dificultar y en ningún caso alabar o contribuir a expandir. Afirmaciones que sus adversarios no pueden contradecir sin que les caiga encima la censura que está imponiendo Trump, como hemos visto en estos días. La supuesta defensa de la libertad de expresión de Kirk no es más que un<strong> instrumento para acabar con la verdadera libertad de expresión</strong> en EE.UU. </p><p>Kirk <strong>no fomentaba ni respetaba el debate</strong> porque para debatir hace falta reconocer al adversario y asumir un terreno común. Hay cuestiones que en una democracia no se pueden debatir porque<strong> la democracia se caracteriza por fijar los términos de los debates </strong>dentro de un marco de respeto al otro, de <strong>respeto del pluralismo</strong> y de reconocimiento de los derechos de la ciudadanía y de las minorías. Si el debate consiste en decir que los negros son inferiores a los blancos, o que las mujeres no deben votar, eso no es un debate político. Eso es una <strong>opinión antidemocrática </strong>que hay que combatir.</p><p>Kirk, por citar algunas de sus opiniones, estaba a favor de eliminar la libertad religiosa, a favor de que la pena de muerte fuera pública, rápida (sin posibilidad de recursos) y patrocinada por las marcas comerciales, estaba en contra de que las mujeres tuvieran vidas profesionales y autónomas, de que las personas LGTB tuvieran presencia pública, de meter en instituciones psiquiátricas a las personas trans, y sostenía que la esclavitud tuvo muchas cosas buenas. Kirk, como los trumpistas, como los fascistas, era <strong>partidario de usar la democracia mientras le fuera útil,</strong> pero siempre con la idea de ir menoscabándola hasta acabar con ella. En EE.UU. caminan muy rápido hacia el momento en que ya se pueda dar por finiquitada, y declarar a Kirk héroe nacional es un paso importante en ese camino. Además, demuestra la<strong> absoluta desorientación de aquellos que se suponen demócratas</strong> y que no están siendo capaces, salvo algunas excepciones, de hacer una oposición que merezca ese nombre. </p><p>Si bien está claro que Kirk no merecía la muerte por sus opiniones, estas sí merecían ser<strong> silenciadas con la ley y la voluntad democrática. </strong>El mundo merece estar libre de opiniones como las de Kirk y los que son como él. Nada de lo que decía merecía ningún respeto y mucho menos respeto institucional. La idea de que el Parlamento Europeo guardara por él un minuto de silencio es estrambótica. Cualquier signo de respeto institucional por Kirk sólo sirve para <strong>degradar la democracia misma. </strong>No sólo hay que estar en contra de honrarle, sino que es un deber moral decir que alguien como él tendría que estar fuera de la arena política. </p><p>Lo que hacía Kirk, lo que está haciendo la extrema derecha en todo el mundo, lo que hace el trumpismo, es tratar de <strong>borrar la diferencia entre lo que entendemos por bondad y maldad,</strong> por bien y mal.  Extender la defensa de la desigualdad, de la crueldad y el odio como necesarios, inevitables y útiles porque sólo así podrán borrar los límites que aún encuentran para hacerse con todo, para robarlo todo, para extender su poder y sus beneficios. Para ellos, para sus políticas, la empatía, la bondad, la solidaridad o la compasión son rasgos humanos que es necesario eliminar. El objetivo es<strong> socavar la democracia,</strong> socavar cualquier baremo moral con el que nos hemos manejado desde hace cientos de años. Aún no tienen claro cómo hacerlo y se contradicen.  Milei, por ejemplo, reivindica abiertamente la crueldad mientras que JD Vance simplemente declara que Kirk era un hombre bondadoso. <strong>Trump defiende abiertamente el odio a los adversarios políticos.</strong> Ese mismo <strong>odio que mata. </strong>El fascismo nunca se ha caracterizado por su coherencia. Pero esto y no otra cosa es lo que hace Aznar cuando dice que hay que desterrar la emocionalidad de la política. ¿Cómo si no sería posible defender un genocidio televisado? </p><p>Todo el mundo dice que necesitamos una derecha democrática, todos echamos de menos una derecha a la que poder mirar a la cara, pero eso ya no existe, y sentir melancolía por esa derecha nos lleva a desvaríos como defender los homenajes a Kirk. Esa derecha, en este momento, no puede existir porque<strong> al sistema neoliberal le sobra la democracia.</strong> Todo lo que esta representa (protección de las minorías, derechos humanos, convivencia dentro de un marco político, separación de poderes etc.) se presenta hoy como izquierdismo peligroso. Hoy la batalla es entre <strong>democracia o autoritarismo</strong> y <strong>no existe una derecha</strong> (no al menos organizada) <strong>que se haya puesto claramente del lado de la democracia.</strong> Estos son los mimbres que tenemos. </p><p><strong>La democracia hay que defenderla con ferocidad,</strong> y honrar a Kirk de cualquier manera es negarse a librar esa batalla y darla por perdida de antemano. Que lo haga Trump es normal, que algunos demócratas entren en ese juego es terrible. </p><p>____________________________</p><p><em><strong>Beatriz Gimeno </strong></em><em>es exdirectora del Instituto de las Mujeres. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Sep 2025 19:14:02 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Beatriz Gimeno]]></author>
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