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    <title><![CDATA[infoLibre - David Uclés]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/david-ucles/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - David Uclés]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Praga. Mi próxima patria chica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/praga-proxima-patria-chica_1_2050610.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/aeab563b-e840-4e05-b7c7-41e3efc6c809_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Praga. Mi próxima patria chica"></p><p>Es curioso cómo <strong>un simple comentario</strong> puede hacerse más célebre que el resto de tu legado. <em><strong>Rojo y negro </strong></em>está considerada una obra maestra de la literatura universal, pero lo primero que suele venirme a la mente al nombrar a Stendhal es el síndrome, ese malestar físico abrupto que se sufre tras ser testigo de una<strong> belleza extrema. </strong>Stendhal lo padeció en la basílica de la Santa Cruz de Florencia. Yo he tenido muchos <em>stendhalazos</em>, gracias a Dios, pues me mudé mucho, una vez al año, y viajé bastante. En 2021, por ejemplo, <strong>sufrí decenas de síncopes por vivir en el centro de París aquel año,</strong> experiencias que compartía con el propio Stendhal. La casualidad quiso que su tumba estuviera a menos de doscientos metros de mi casa. Yo vivía en Montmartre, en la <em>rue d’Oslo</em>, y a espaldas de esta se encuentra el cementerio del barrio. <strong>Me echaba junto a su tumba, con cuidado, y le contaba esas experiencias.</strong> Naturalmente, no solo lo visité con este fin, pues no se lo habría tomado a bien. También empecé la lectura de <em>Le rouge et le noir </em>en francés frente a su lápida. Nunca lo terminé. <em>Desolé! </em></p><p>En cualquier caso, este artículo no surge como necesidad de exponeros mi relación con Stendhal, sino como <strong>confesión.</strong> Voy a compartir con vosotros el lugar que me ha provocado el mayor <em>stendhalazo </em>hasta la fecha, uno que nunca se me manifestó, en ninguna de las repetidas ocasiones, en forma de taquicardia, como al francés, sino en mareos que me obligaban a tener que cerrarme los ojos con los dedos y descansar la vista; <strong>a posar el rojo en el negro.</strong> Un <em>stendhalazo </em>que no brotó frente a un solo monumento o lugar, sino en todo el callejero de una ciudad: <strong>Praga.  </strong></p><p>Es probable que no sea muy original, pues esta ciudad embelesa a todo el mundo. <strong>Es mágica, es contundentemente bella, es especial y es notable su encanto.</strong> <em>Praga mágica </em>lleva por nombre, no de forma azarosa, el maravilloso libro que escribió el ensayista Angelo Maria Ripellino (Siruela, 2023). Pero una cosa es que te guste una ciudad para visitarla y otra es querer <strong>habitarla, pisarla, fundirte en ella, </strong>dormir en sus entresuelos, desaparecer en los bosques aledaños y hacer que tu cuerpo se alimente solo a base de <em>guláš</em>, carpas bañadas en mantequilla y sopas de ajo con patatas. ¡Y yo quiero todo eso y más! <strong>Quiero fundirme con la ciudad y llegar a quererla. </strong>Me ha pasado siempre que mis grandes amores no han sido hombres, sino ciudades. Y esta es una firme pretendienta. </p><p>Praga es la ciudad más melancólica que he visitado nunca. En sus laberínticas calles se mezclan edificios medievales y góticos, renacentistas, barrocos, neoclásicos, modernistas y decadentistas, y no son falsas reconstrucciones o cáscaras huecas de fachadas suspendidas e interiores reconstruidos, <strong>sino escenarios reales de otras épocas. </strong></p><p>Que se haya mantenido casi de una pieza desde hace tantos siglos se debe a que <strong>no fue apenas dañada durante las dos guerras mundiales, </strong>salvo cuando fue bombardeada por los americanos por error –y alguna que otra vez por los soviéticos–.  </p><p>Creo que las ciudades que logran <strong>engendrar a grandes artistas adquieren la forma de las obras</strong> literarias, musicales, pictóricas o espirituales de sus hombres y mujeres virtuosos. Así, una urbe que ha tenido como máximo representante de las letras a un dramaturgo será, muy probablemente, rica en teatros. Praga tiene ese<strong> aire decadente y misterioso</strong> que la hace única por numerosas causas. Enumero las diez más evidentes: </p><p>1. <strong>Las ciencias ocultas. </strong>El rey Rodolfo II se obsesionó con la alquimia y la ciudad siguió durante siglos <strong>una gran tradición ocultista. </strong>Por ello es el <em>Orloj </em>el mayor tesoro de la ciudad, el reloj astronómico lleno de numerología y astrología que descansa en la pared sur del Ayuntamiento de la Ciudad Vieja. El reloj astronómico más antiguo del mundo que aún sigue funcionando. </p><p>2. <strong>Kafka. </strong>Su literatura no se entiende sin Praga, y viceversa. Conforman una simbiosis total. <strong>La misma opresión bella de los textos de Kafka la sientes en la ciudad:</strong> la oscuridad, el sabor metálico, los pasos sobre adoquines resbaladizos, la pérdida del estado del tiempo, las arquitecturas que se vuelcan hacia ti… </p><p>3. <strong>Compositores postrománticos. </strong>La tríada que conforman los nombres de <strong>Smetana, Dvořák y Janáček</strong> —este último algo más tardío— dota al país de un ambiente que casa con el cielo encapotado, los bosques oscuros y las calles húmedas y retorcidas. No es de extrañar que, de las mismas entrañas del país, aunque en Brno, naciera Kundera; y también Rilke y Jan Neruda, y el escritor que más me hizo reír, Jaroslav Hašek, autor de <em>Las aventuras del buen soldado Švejk, </em>novela que modeló el<strong> espíritu de la ciudad</strong> casi tanto como el Ulises en Dublín.  </p><p>4. <strong>Las marionetas. </strong>Estas ya tenían una presencia notable en la cultura checa en la época medieval, cuando eran usadas para crear sátiras y entretener a la población. Si bien, esta tradición se consolidó en el siglo XIX. Con el auge de los nacionalismos, hacer teatro de títeres en checo era una forma de <strong>proteger la lengua </strong>ante las imperantes fuerzas alemanas. Uno de mis directores de cine preferidos, el nonagenario<strong> Jan Švankmajer,</strong> cultivó este arte en sus películas. </p><p>5. <strong>El teatro negro. </strong>La compañía <strong>Laterna Magika</strong> hizo popular esta técnica en la que todo está a oscuras en el escenario salvo las luces negras (ultravioletas) que se reflejan en las marionetas, en el decorado y en los actores.  </p><p>6. <strong>La herencia judía. </strong>Los judíos no solo dejaron en el corazón de la ciudad un inmenso cementerio de más de doce mil tumbas apiladas las unas contra las otras, sino también parte de su<strong> folclore musical y cierta atmósfera mística.</strong> No habría podido surgir si no en sus calles la leyenda del Gólem, en el mismísimo gueto de Josefov. </p><p>7. <strong>Influencia jesuita. </strong>Estos religiosos proveyeron a la ciudad de <strong>música sacra</strong> y de una de las bibliotecas más bellas y valiosas del mundo: la <strong>Clementinum.</strong> Aunque también se mostraron intransigentes y su estela política algo tuvo que ver con la guerra de los Treinta Años. ¡Y para qué! Si Chequia es el país con más ateos del mundo.  </p><p>8.<strong> El corazón de Europa. </strong>Si Praga no es el <strong>corazón neurálgico de Europa,</strong> no lo es ninguna otra ciudad. Es un milagro que, estando en el centro de tantas guerras, disputas nacionalistas y cambios espirituales, la ciudad haya sobrevivido arquitectónicamente.  </p><p>9.<strong> Sombra comunista. </strong>Otro milagro: la ciudad sobrevivió a décadas de arquitectura socialista funcional. Y dicha influencia soviética propició la <strong>Primavera de Praga,</strong> un referente social y político.  </p><p>10. <strong>Humor negro. </strong>Lo comparten <strong>Švejk </strong>en la célebre novela, los actores de la <em>nueva ola checa </em>cinematográfica y mi único amigo praguense: Ondřej, cuyo nombre es totalmente impronunciable. Y un millón y medio de praguenses.  </p><p>Lo único que no me gusta de la cultura checa son los <strong>cristales de bohemia.</strong> ¡Son horribles y horteras! Prefiero mil veces la vajilla unicolor de Duralex.  </p><p>Total, que en cuanto se me despeje la agenda —allá por 2027—, <strong>me iré a vivir a Praga con los ojos cerrados.</strong> Y seré feliz visitando el barrio de la Malá Strana, por mucha gentrificación que esté sufriendo; y tocaré el acordeón sobre el puente de Carlos IV, con los pies sobre el Vltaya, que corta la ciudad de norte a sur; y me refugiaré del frío bajo la torre de la Pólvora o bajo algún tejado verde claro de cobre oxidado. Por cierto, gracias, <strong>Jesús Mantilla,</strong> por haberme hecho de cicerone por esta ciudad que tan bien conoces.  </p><p><strong>Brzy na viděnou, Praha.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 Aug 2025 18:06:07 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Uclés]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Libros,Literatura,Literatura europea,Literatura española,República Checa,Viajes literarios]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La maravillosa ciudad de los cerros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/david-ucles-maravillosa-ciudad-cerros_1_2017851.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/42d5bb84-d1b1-4bd2-b192-c27cd0dea9ed_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La maravillosa ciudad de los cerros"></p><p>Los <strong>últimos tres años</strong> de mi vida los he pasado <strong>durmiendo en hoteles</strong>. He recorrido ya casi <strong>cincuenta mil kilómetros</strong> por todo el país para terminar y promocionar <a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/david-ucles-si-ahora-hay-golpe-mayor-miedo-vecino-le-caigo-mal-ajuste-cuentas_1_1940387.html"  >mi última novela</a>. Y he apreciado algo que es común a todo íbero: cierto <strong>chovinismo regional</strong>. ¡Para cualquier peninsular, <strong>su pueblo es el mejor</strong>! Y no duda en exaltarlo cada vez que puede. Esto me <strong>irrita </strong>un poco, pero es cierto que permite que los <strong>lugareños</strong>, considerando su villa la mejor del mundo, acaban <strong>cuidándola </strong>y engrandeciéndola.</p><p>A mí, como <strong>nómada</strong>, este comportamiento me habría de resultar <strong>ajeno</strong>, de no ser porque tengo la mala suerte de haber nacido en una <strong>ciudad bellísima</strong>, no quedándome otra opción más que ser más <strong>papista </strong>que el papa y gritar a los cuatro vientos las virtudes de mi tierra y su unicidad. ¡Me hubiera encantado provenir de una población nada llamativa y ser ciudadano del mundo! Pero no ha sido el caso. </p><p>Lo reconozco y lo asumo: <strong>Úbeda es preciosa</strong>. Y lo es por muchas razones.</p><p>Por ejemplo, he visto ciudades cuyos habitantes se pliegan y orientan alrededor del <strong>monumento más emblemático</strong>, que capta toda la atención. En mi ciudad, el <strong>casco viejo alberga tantas joyas arquitectónicas</strong> y tantos lugares de ensueño que no nos aglomeramos en un solo espacio. De ahí que sea un dolor de cabeza enseñar la ciudad por primera vez a los amigos <strong>forasteros</strong>; es casi imposible trazar una ruta que pase por todos los lugares de interés sin <strong>caminar horas</strong> y horas.</p><p>Hay mucho que ver y, con un buen <strong>Cicerone</strong>, también que escuchar: la historia de una <strong>mujer emparedada</strong>, que recogió el paisano <a href="https://www.infolibre.es/cultura/antonio-munoz-molina-premio-cedro-2023-cultura-contribuye-riqueza-bienestar-comun_1_1483493.html"  >Muñoz Molina</a> en <em>El jinete polaco</em>; del <strong>lagarto gigante</strong> que te devora si no eres capaz de comerte una granada bajo un arco concreto sin que se te caiga un solo grano al suelo; de un <strong>hombre ahorcado a plena luz del día</strong> y delante del pueblo para reponer el honor mancillado de una pareja… ¡incluso la de una <strong>mujer que casi reinó el país</strong>! Como es el caso de la <strong>Beltraneja</strong>, de padre ubetense.</p><p>¿Qué hace única la ciudad, aparte de albergar en mitad del <strong>mar de olivos decenas de joyas renacentistas</strong> repartidas por los barrios de las <strong>tres culturas</strong>? Como el <strong>Hospital de Santiago</strong>, llamado 'Escorial andaluz', y el templo más bello de todo el renacimiento español, la <strong>Sacra Capilla del Salvador</strong>. Probablemente el hecho de que no solo el amplísimo escenario resulta atractivo, sino también sus actores: los <strong>alfareros de la calle Valencia</strong>, la casi perdida tradición de los <strong>esparteros</strong>, los hosteleros que te ponen de forma gratuita una <strong>tapa </strong>con cada consumición, con suerte un platito de <strong>andrajos con hierbabuena</strong>; los <a href="https://www.infolibre.es/opinion/ojala-volvamos-vernos-joaquin-sabina-nativel-preciado_129_1999846.html"  ><em><strong>sabineros</strong></em></a><em><strong> </strong></em>que se reúnen en el bar dedicado al maestro de la canción, <strong>Calle Melancolía</strong>, donde la voz quebrada del ubetense suena día y noche… ¡O los <strong>festivales </strong>que avivan el arte! El dedicado a la danza, a los cuentos, a la novela histórica, al cine, al flamenco, a la música antigua, al teatro, a Joaquín, al Renacimiento… Por no hablar de que el <strong>turismo </strong>no asfixia sus calles. <strong>Milagro divino</strong>: aún no proliferan en exceso las tiendas de suvenires y no hay colas eternas para visitar los enclaves más célebres.</p><p>Se puede ir a Úbeda, atisbar los <strong>lejanos cerros</strong> y darse una simple vuelta general, o quedarse y buscar sus <strong>secretos</strong>: el sol y la luna en una <strong>fachada alquimista</strong>, las <strong>casas judías</strong> en pie desde hace tantos siglos; la única <strong>sinagoga </strong>del mundo levantada junto a la casa del <strong>inquisidor </strong>—que conserva todavía el escudo—; los detalles <strong>paganos </strong>en la fachada del templo principal, <strong>El Salvador</strong>: las escenas de <strong>Hércules con el Centauro</strong> o los dioses romanos en las <strong>arquivoltas </strong>de la puerta principal; el túnel que conecta los sótanos de los conventos o el san Juanito, la<strong> única escultura de Miguel Ángel en España</strong> que muy pronto volverá a exponerse en mi ciudad tras años de restauración y negociaciones; el <strong>fresco majestuoso </strong>en el techo de la escalinata principal que conecta las dos plantas del hospital de Santiago; el cristo arqueado de la <strong>iglesia de Santa María;</strong> las calles estrechas del barrio judío por donde paseaba el místico <strong>San Juan de la Cruz</strong> antes de morir; las exposiciones y los conciertos que alberga la <strong>iglesia de San Lorenzo</strong>, convertida en centro cultural; la música de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/musica/zahara-companeros-escena-les-digo-no-hay-mujeres-festivales-responden-ah-si-no-habia-fijado_1_1951983.html"  >Zahara</a> o <strong>Guadalupe Plata</strong> en un local underground: en la Tetería, el 31, la Beltraneja, la Copla…</p><p>La <strong>mejor época del año</strong> para visitarla es el otoño o el invierno, por la <strong>bruma </strong>que cubre la ciudad, proveniente de la niebla que nace en la vecina <strong>Baeza</strong>, también <strong>bellísima</strong>, algo más medieval y recogida. O en primavera, pues su <strong>Semana Santa </strong>es una de las mejores del país y la gran fiesta de la ciudad, que hace que Úbeda reluzca entre gentes venidas de toda la península, familias emigradas y nuevos curiosos en busca de los <strong>incensarios</strong>, las melodías <strong>postrománticas </strong>y los rostros a la luz de las velas, entre balcones de esquina y <strong>atlantes </strong>y <strong>cariátides </strong>de quinientos años, acompañados por una <strong>centuria romana</strong> y una virgen que suben corriendo por una cuesta los obreros del pueblo… </p><p>¡Y no se vaya el viajero sin una bolsa de <strong>ochíos</strong>! El <strong>pan </strong>que tomamos en ambas ciudades renacentistas. Una <strong>torta </strong>formada con la octava parte de una barra de pan -de ahí su nombre- y pintada con <strong>sal gorda, aceite de oliva y pimentón</strong>. Este último ingrediente fue siempre el factor de que los <strong>polos blancos del colegio de monjas</strong> en el que estudié llegaran cada día naranjas a casa y mi madre pillara un <strong>berrinche </strong>ante tanta lavadora y deseara que su hijo hubiera nacido <strong>alérgico </strong>al pimentón.</p><p>Estoy seguro, pese a ser <strong>oriundo</strong>, que <strong>Úbeda </strong>os ofrecerá lo mismo que me produjo ver por primera vez <strong>Albarracín, Trujillo, Teixido, Girona</strong> o <strong>Mundaka</strong>. Un buen <em><strong>stendhalazo</strong></em>.</p><p>No dejéis de visitarla. Su gente es buena, generosa y trabajadora. Junto a <strong>Quesada</strong>, hogar de mi familia, no conozco tanto a un pueblo. Son mi familia y hacen de la ciudad un lugar apacible, un <strong>tesoro oculto</strong> en el desconocido <strong>paraíso interior</strong> que es <strong>Jaén</strong>. Una <strong>joya arquitectónica</strong> en la tierra con más castillos del mundo después de <strong>Palestina</strong>.</p><p>El corazón neurálgico del <strong>olivar del mundo</strong>. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Jul 2025 04:01:01 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Uclés]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Viajes literarios]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El letraherido de las dos caras. Gloria y losa del Nobel peruano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/letraherido-caras-gloria-losa-nobel-peruano_129_1978632.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ccb1d759-14a8-4218-939c-e3f03e6fe9b4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El chivo de las dos caras. Gloria y losa del Nobel peruano"></p><p><em>¿Cómo </em>Pascual Duarte<em> o </em>La colmena<em> han podido ser escritas por una mente conservadora?</em>, se pregunta Jesús Ruiz Mantilla en su último libro, <em>Franco y yo</em>. Y llega a esta conclusión: <em>comprendí, con el tiempo, la máxima de Milan Kundera: </em><em><strong>las novelas son más inteligentes que quienes las escriben</strong></em><em>.</em> </p><p>Por esta razón, hace un par de semanas, y a petición propia, le hizo llegar Juan Cruz mi última novela, <em>La península de las casas vacías</em>, a Mario Vargas Llosa. Con el tiempo, he aprendido <strong>a separar la obra del autor</strong>, aunque respetando siempre una misma condición: no retribuyo ni un solo euro al trabajo de autores que me desagradan, siempre que estén vivos. Así, desde las declaraciones de Lars von Trier sobre Hitler, veo sus películas en Internet y no en el cine, y eché un vistazo a las nuevas obras de Houellebecq o de Mario en las bibliotecas para no tener que adquirir los ejemplares, por mucho que me sedujeran. </p><p>Una parte de mí deseaba que Mario leyera el libro, ya que <em>La fiesta del chivo</em> me influenció mucho en la construcción de mi <em>Península</em>, de cara a montar desacomplejadamente una novela con gran profusión de datos históricos, crudos y reales; pero también quería que no lo hiciera, porque una frase suya habría sido gloria y losa. <strong>Gloria</strong> por saber que podría bucear en mi <em>Macondo</em> íbera uno de los pocos hispanos que se encuentra traducido en la prestigiosa biblioteca francesa de <em>La Pléiade</em>; y <strong>losa</strong> porque su nombre, políticamente, venía unido, desde hace ya décadas, a personajes que siguen aplicando algo que él siempre repudió: el populismo. </p><p>Porque Ayuso, antes que muchos calificativos que la persiguen, es aire: es una marioneta, una burbuja que habla y que, si explotara, mostraría el vacío total. No alcanzo a pensar en ningún otro gobernante más superfluo y vacío que ella, y Mario la respaldó. ¿Y qué le llevó a estrechar afectos con Aznar, quien<strong> tanto daño provocó a este país</strong>? Creo que el peruano se olvidó del pueblo llano español, que se movió solo entre las estatuas preciosas de la Gran Vía y poco en Carabanchel.</p><p>Por todo esto, en mi próxima novela, donde es personaje, lo describo así: <strong>un escritor confundido</strong> que decide operarse para cambiarse el corazón del lado izquierdo al derecho. </p><p>Te seguiré leyendo, Mario, porque tus libros —curiosamente aquellos que ideaste el siglo pasado— están entre los mejores escritos nunca, sobre todo <em>Conversación en La Catedral</em>, <em>La guerra del fin del mundo</em>, <em>La fiesta del chivo</em> y <em>La ciudad y los perros, </em>pero, por mucho que te respete y que alabe tu obra, <strong>no me acercaré a tu tumba a charlar contigo </strong>—vaya que me encuentre allí con gente innoble y espuria. </p><p>______________________</p><p><em><strong>David Uclés</strong></em><em> es escritor, autor de la novela 'La península de las casas vacías'</em>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Apr 2025 16:06:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[David Uclés]]></author>
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