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    <title><![CDATA[infoLibre - Xulio Ríos]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/xulio-rios/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Xulio Ríos]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Xi-Trump: entre la estabilización y la rivalidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/xi-trump-estabilizacion-rivalidad_129_2193706.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fab2bd23-8a8c-45a9-af9e-406b97219626_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Xi-Trump: entre la estabilización y la rivalidad"></p><p>La reciente cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump dejó una sensación ambivalente, con abundancia de gestos, retórica constructiva y anuncios económicos, pero escasa concreción estratégica en los asuntos de fondo. Ambas partes parecen compartir una idea central consistente en la necesidad de estabilizar la relación bilateral en un momento de creciente tensión internacional. Sin embargo, también reconocen implícitamente que no existe espacio político ni estratégico para un gran acuerdo histórico capaz de reconducir <a href="https://www.infolibre.es/politica/china-eeuu-reunen-madrid-cerrar-acuerdo-aranceles_1_2062471.html"  >la rivalidad estructural</a> entre China y Estados Unidos.</p><p>En el plano económico, la cumbre reprodujo una dinámica relativamente conocida. Trump regresó exhibiendo una ampliación de la “factura china” mediante anuncios de grandes compras: carne de vacuno, soja, petróleo, aeronaves de Boeing y otros compromisos comerciales que permiten a la Casa Blanca presentar resultados tangibles ante su electorado y sus sectores empresariales.</p><p>Beijing parece haber aceptado esa escenificación como el precio a pagar por una cierta distensión temporal. De hecho, ambas partes insistieron en que todavía existe margen para mejorar los vínculos económicos y evitar una espiral de desacoplamiento absoluto. <strong>La fuerte presencia de empresarios en torno a la cumbre fue interpretada como señal de esa voluntad constructiva</strong>, aunque conviene relativizar su excepcionalidad; de hecho, la participación empresarial en este tipo de encuentros forma parte desde hace años del ritual diplomático sino-estadounidense, aunque en este caso haya habido un nivel especialmente cualificado.</p><p>Más significativo resultó otro detalle menos comentado:<strong> la presencia en la mesa de negociación del secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth</strong>, y del ministro chino de Defensa Nacional, Dong Jun. La inclusión simultánea de responsables militares de tan alto nivel apunta a una preocupación creciente por la gestión estratégica de la competencia con foco en el control de crisis, seguridad militar, armas nucleares y, sobre todo, Taiwán.</p><p>Porque incluso cuando se anuncian compras multimillonarias y se evocan oportunidades económicas, la desconfianza estratégica sigue dominando el trasfondo de la relación.</p><p>Fue precisamente en el asunto taiwanés donde Xi mostró un tono más contundente. Su advertencia sobre las consecuencias de una mala gestión de la cuestión dejó claro que Taiwán continúa siendo el núcleo más sensible y potencialmente explosivo de la relación bilateral.</p><p>El liderazgo chino considera que las acciones recientes de Washington alimentan las posiciones independentistas en la isla, algo que Beijing define como “incompatible con la paz”. El mensaje fue especialmente relevante porque provino directamente del propio Xi y en términos inhabitualmente explícitos. En la lógica política china, ignorar públicamente una advertencia formulada de manera tan clara por el máximo dirigente podría interpretarse internamente como una pérdida de credibilidad o incluso una pérdida de “cara” para el liderazgo.</p><p>La Casa Blanca insiste en que <a href="https://www.infolibre.es/internacional/china-reafirma-no-renunciara-fuerza-hacerse-control-taiwan_1_2167674.html"  >nada ha cambiado en su posición oficial</a>. Sin embargo, algunos movimientos sugieren intentos discretos de evitar una escalada inmediata. Entre ellos destaca <strong>el retraso por parte de Trump de la aprobación final de un importante paquete de armas para Taiwán</strong> con el fin de facilitar el desarrollo de la cumbre sin sobresaltos.</p><p>La incógnita es hasta dónde puede llegar ese ajuste táctico. ¿Está dispuesto Trump a limitar realmente la implicación estadounidense en determinados ámbitos sensibles? ¿Renunciaría Washington a los beneficios económicos y estratégicos derivados de las ventas de armas? Las versiones ofrecidas por ambas partes difieren notablemente y, como suele ocurrir en este tipo de diplomacia, parte de los entendimientos podrían permanecer deliberadamente ambiguos.</p><p>Lo que sí parece claro es que Taiwán se consolida como la variable capaz de condicionar cualquier mejora futura en otros ámbitos de cooperación. Taiwán asoma como la frontera real de cualquier cooperación. </p><p>En el terreno internacional, Xi lanzó mensajes conciliadores orientados a reforzar la idea de una gestión compartida de los grandes desafíos globales. Cambio climático, estabilidad financiera, conflictos regionales o gobernanza tecnológica fueron presentados como ámbitos donde las dos grandes potencias deberían cooperar pese a sus diferencias.</p><p>Sin embargo, China sigue mostrando cautela ante cualquier interpretación que sugiera un auténtico G2 o una cogobernanza formal del sistema internacional junto a Estados Unidos. A Beijing le interesa promover un “nuevo paradigma” de relaciones entre grandes potencias, pero sin asumir un esquema que implique corresponsabilidad plena en un orden internacional todavía muy marcado por la hegemonía estadounidense.</p><p>La dificultad radica en que la cooperación convive con divergencias profundas sobre comercio, tecnología, seguridad, cadenas de suministro o la propia arquitectura del orden global. La rivalidad no desaparece; simplemente se intenta administrar. </p><p>El balance final de la cumbre deja así una sensación de estabilización provisional más que de auténtica reconciliación estratégica. Mucha retórica y, probablemente, poca sustancia transformadora.</p><p>Ambas partes parecen haber asumido que la prioridad inmediata consiste en gestionar la tensión sin agravarla. Ni Washington ni Beijing desean una ruptura descontrolada, especialmente en un contexto económico y geopolítico internacional cada vez más incierto.</p><p>Aun así, persisten límites estructurales difíciles de superar. La visión estratégica china tiene vocación de largo plazo, mientras que Trump encara un horizonte político reducido y condicionado por la volatilidad interna estadounidense. Incluso si ciertos consensos avanzaran ahora, un futuro cambio de administración podría alterarlo todo nuevamente.</p><p>Se insiste con frecuencia en la supuesta debilidad de Trump <strong>debido a sus múltiples frentes internos</strong>. Existe parte de verdad en ello. Pero Beijing sabe también que Estados Unidos continúa siendo una potencia extraordinariamente fuerte en términos militares, tecnológicos y financieros. Del mismo modo, los elogios reiterados de Trump hacia Xi difícilmente pueden interpretarse como mera admiración personal pues forman parte también de una táctica negociadora destinada a generar confianza, bajar la guardia del interlocutor y obtener concesiones.</p><p>Por eso, más allá de las fotografías, las declaraciones amables y los anuncios comerciales, la realidad objetiva sigue apuntando hacia una intensificación de la competencia estratégica. Lo hablado en Beijing quizá no represente el inicio de una nueva era, pero sí la constatación de una necesidad compartida, la de evitar que la rivalidad chino-estadounidense termine desbordándose antes de tiempo. </p><p>En esta ocasión, los líderes chinos llevaron a Trump al Templo del Cielo y no a la Ciudad Prohibida.  Sin duda, la elección tiene una carga casi diplomático-cultural queriendo enfatizar que si bien no existe reconocimiento de una igualdad imperial, sí hay espacio ritual para la armonía. Parafraseando al agustino Juan González de Mendoza, en esto del simbolismo, los chinos también parten el cabello.</p><p>Quizá el verdadero resultado de la cumbre no sean los acuerdos anunciados, <strong>sino los límites tácitos que ambos intentan fijar</strong> para evitar accidentes estratégicos. </p><p> ___________________________</p><p><em><strong>Xulio Ríos</strong></em><em> es asesor emérito del Observatorio de la Política China.</em> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 May 2026 11:45:30 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Xulio Ríos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Xi-Trump: entre la estabilización y la rivalidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relaciones internacionales,Donald Trump,Xi Jinping]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La política china en tiempo de los 'mishu']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/politica-china-tiempo-mishu_129_2180271.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9f9a1153-fca1-4d33-848c-f5fe2fc9c914_16-9-discover-aspect-ratio_default_1021855.jpg" width="5979" height="3363" alt="La política china en tiempo de los 'mishu'"></p><p>El horizonte del <strong>XXI Congreso del PCCh (2027) </strong>ya está aquí. Parece claro que <strong>Xi Jinping continuará al frente de la Secretaría General</strong>. No obstante, los cambios serán muchos a otros niveles, con relevos importantes en el Comité Permanente y en el Buró Político, los máximos órganos de dirección. Más allá de los nombres, sujetos a muchos vaivenes en los próximos meses, importa prestar atención a la relevancia creciente de los <em>mishu</em> o secretarios privados en el organigrama de la gobernanza china. El <em>mishu</em> suele ser <strong>un “hombre de confianza” </strong>formado en el entorno de un líder.</p><p>Cabe recordar que de los siete miembros actuales del <strong>Comité Permanente del Buró Político del PCCh,</strong> tres han sido <em>mishu</em> en algún momento de su trayectoria. Es el caso del propio <strong>Xi Jinping,</strong> también de Ding Xuexiang o Li Xi. Incluso podríamos asegurar que si bien <strong>Li Qiang</strong> y <strong>Cai Qi</strong> no han sido <em>mishu</em> en sentido formal, sí constituyen parte reconocible del entorno de confianza de Xi. </p><p>En el <em>xiísmo</em>, el sistema político chino evoluciona desde un modelo de promoción burocrático-institucional a uno relacional-centralizado, donde el <em>mishu</em> actúa como dispositivo clave de reproducción de élites. Ese patrón evolutivo podemos apreciarlo con un somero repaso al signo de las trayectorias de los máximos dirigentes chinos durante el denguismo (1978-2012). </p><p>Incluso en el <strong>interregno post-Mao</strong> (1976-1978), <strong>Hua Guofeng</strong> manifiesta un perfil de ascenso “territorial”, es decir, su carrera política se forma y asciende en estructuras locales y provinciales, especialmente en Hunan, pasando por cargos como vicegobernador, primer secretario provincial, etc. Dio el salto al centro durante la <strong>Revolución Cultural, </strong>entrando en el <strong>Comité Central (1969) </strong>y luego en el <strong>Buró Político (1973). </strong>No aparece en ningún momento vinculado a un líder como secretario personal o asistente directo, que es el canal típico de promoción de los <em>mishu</em>. <strong>Mao Zedong</strong> confió en él y acabó designándolo sucesor, pero esa confianza se construye tardíamente (años 70) y, al menos en teoría, apelando a una lógica de equilibrio político.</p><p><strong>Hua Guofeng </strong>es un caso interesante porque representa un tipo de promoción “organizativa” característica de esa etapa, sin redes propias, lo cual también ayuda a explicar su debilidad posterior frente a figuras como <strong>Deng Xiaoping</strong>, que sí articulaban redes más densas.</p><p>Ya propiamente en el <em>denguismo</em>, el caso de <strong>Hu Yaobang</strong> sigue una línea similar: no fue <em>mishu</em> de ningún alto dirigente. Pero aquí hay un matiz importante porque su trayectoria sí roza ese mundo de proximidad política, aunque sin encajar del todo en la figura clásica del <em>mishu</em>. Hu se incorporó muy joven al Partido y destacó en <strong>la Liga de la Juventud Comunista</strong>. Durante los años 40-50 trabajó en estructuras organizativas centrales y llega a ser un cuadro importante en el aparato del Partido, no en la órbita privada de un líder. Por tanto, su promoción es organizativa e institucional, no como asistente personal.</p><p>No obstante, Hu estuvo políticamente vinculado a <strong>Deng Xiaoping</strong>, especialmente tras la caída de la <strong>Banda de los Cuatro</strong>, aunque sin una relación cotidiana de dependencia personal sino sobre todo política e ideológica (reformista). Es más bien un cuadro con identidad propia temprana y su legitimidad proviene de su papel en el Partido.</p><p>Su sucesor, <strong>Zhao Ziyang</strong>, tampoco fue <em>mishu</em> en ningún momento de su trayectoria. Pero su caso es especialmente interesante porque, a diferencia de <strong>Hua Guofeng</strong> o <strong>Hu Yaobang</strong>, sí muestra una combinación más sofisticada de vías de promoción. Zhao asciende fundamentalmente <strong>a través de trabajo en provincias clave</strong> (sobre todo Guangdong y luego Sichuan), avalado por una gestión económica con resultados visibles (reformas agrícolas, liberalización parcial). Es el típico caso de promoción desde la periferia al centro basada en la eficacia de su desempeño.</p><p>Su vínculo con Deng es clave, pero se basa en el <strong>éxito reformista en Sichuan</strong>. Deng lo “descubre” y lo promociona al centro. No hay entre ellos una relación previa de subordinación personal tipo <em>mishu</em>. Es decir, <strong>Zhao entra en la órbita de Deng como talento político, </strong>no como hombre de confianza formado desde abajo. Llega ya con capital político propio, con una base territorial y una reputación independiente. Su autoridad no depende de una relación personal exclusiva.</p><p>El siguiente, <strong>Jiang Zemin, </strong>tampoco fue <em>mishu</em> en su trayectoria. El ascenso sigue un patrón bastante distinto: formación como ingeniero eléctrico, carrera en el sector industrial (especialmente en el Ministerio de Industria y maquinaria), experiencia internacional (en la URSS) y <strong>promoción política a través de la gestión, no de la cercanía personal. </strong>Por tanto, pertenece al arquetipo del <strong>cuadro tecnocrático</strong> de la era reformista temprana. Su verdadero salto se produce cuando se convierte en alcalde y luego <strong>secretario del Partido en Shanghái</strong>, ganando visibilidad por su gestión y por mantener la estabilidad durante la severa crisis de 1989. Desde ahí es elevado al centro como figura de consenso, lo cual le permite crear una red propia (el llamado <em>clan de Shanghái</em>).</p><p>En el <em>denguismo</em> tardío, <strong>Hu Jintao tampoco fue </strong><em><strong>mishu</strong></em>. Encaja muy bien en la lógica de promoción de la China de los 80-90: formación como ingeniero hidráulico, carrera inicial en el aparato técnico y luego en la Liga de la Juventud Comunista, promoción a través de posiciones en provincias difíciles (Guizhou, Tíbet) e incorporación temprana al núcleo dirigente (Comité Permanente en 1992).  Hu es promovido por Deng, pero <strong>como parte de una estrategia de renovación generacional, </strong>no como alguien formado en su círculo íntimo. Es un caso bastante “limpio” de selección desde arriba por criterios de edad, lealtad y perfil técnico.</p><p>El <em>mishu</em> fue durante décadas un instrumento de poder secundario, pero no una vía directa a la cúspide. La élite que gobierna China en el <em>denguismo</em> no se reproduce principalmente vía <em>mishu</em>. Ningún líder supremo antes de Xi pasó por la vía <em>mishu</em>, al menos de forma clara y documentada. El <em>modelo mishu</em> como vía dominante de acceso a la élite es más característico de la China post-Deng, no tanto de la generación revolucionaria o inmediatamente posterior.</p><p>Xi, por contra, ya pertenece a una generación donde el paso por la oficina de un dirigente empieza a ser políticamente más rentable. El patrón cambia cuando se institucionaliza más <strong>el trabajo de oficina del líder </strong>y aumenta el peso de la confianza personal en entornos más cerrados. Es entonces cuando el paso por <em>mishu</em> sí es clave.</p><p>Con Xi (y su generación), empieza a convertirse en un canal estructural de reproducción de élites dejando de ser marginal. El propio Xi, <em>mishu</em> de Geng Biao, es un ejemplo claro. <strong>Geng fue una figura destacada del aparato militar y diplomático chino,</strong> ejerciendo como secretario general y miembro del Comité Permanente de la Comisión Militar Central.</p><p><strong>Ding Xuexiang</strong>, número 6 en la jerarquía, es el caso más claro y paradigmático. Fue <strong>jefe de la oficina general de Xi </strong>(en esencia, su <em>mishu</em> principal). Hoy es miembro del Comité Permanente. Es el ejemplo perfecto de cómo el <em>mishu</em> se convierte en puerta de entrada al máximo poder.</p><p>Cai Qi, número 5, no es <em>mishu</em> en sentido estricto clásico, pero ha trabajado muy cerca de Xi desde Zhejiang y forma parte de su círculo de confianza más estrecho. Hoy dirige el aparato del Partido. La proximidad personal prolongada le provee de un <strong>perfil híbrido</strong>, sin etiqueta formal de <em>mishu</em>, pero funcionalmente similar.</p><p><strong>Li Qiang,</strong> número 2, trabajó con Xi en Zhejiang y Shanghái. Tampoco fue <em>mishu</em> formal, pero<strong> su relación es de alta confianza política</strong>. Otro tipo de <em>mishu</em> sin serlo institucionalmente.</p><p><strong>Li Xi</strong>, número 7, vinculado a redes de confianza de Xi, ofrece una <strong>trayectoria más territorial</strong>, pero integrado en su círculo. Aquí el patrón <em>mishu</em> se mezcla con redes personales y lealtades políticas.</p><p>En el <em>denguismo</em>, la promoción al liderazgo discurría por tres niveles principales: <strong>la tecnocracia, la Liga de la Juventud o la gestión territorial. </strong>El <em>mishu</em> no era un trampolín. Ahora (era Xi) en la promoción, la confianza personal directa desempeña un papel de especial relevancia. El <em>mishu</em> (o su equivalente funcional) se convierte en un <strong>mecanismo de selección política</strong> basado en la gestión de la intimidad operativa con el líder.</p><p>Bajo Xi Jinping, el sistema político chino evoluciona<strong> desde un modelo de promoción burocrático-institucional a uno relacional-centralizado,</strong> donde el mishu actúa como dispositivo clave de reproducción de élites. No todos los promovidos son <em>mishu</em>, pero todos los <em>mishu</em> relevantes son promovidos y casi todos los promovidos han pasado por relaciones de proximidad intensa con Xi. El <em>mishu</em> es ahora un <strong>patrón relacional dominante</strong> y una figura a la que prestar atención para <strong>adivinar el organigrama final</strong> que pueda resultar del XXI Congreso del PCCh.</p><p>___________________________</p><p><em><strong>Xulio Ríos</strong></em><em> es asesor emérito del Observatorio de la Política China. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Apr 2026 04:00:54 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Xulio Ríos]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,China,Xi Jinping,Relaciones internacionales]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El viaje de Cheng Li-wun y el reflotamiento de la “tercera cooperación”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/viaje-cheng-li-wun-reflotamiento-tercera-cooperacion_129_2172121.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fab2bd23-8a8c-45a9-af9e-406b97219626_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El viaje de Cheng Li-wun y el reflotamiento de la “tercera cooperación”"></p><p>La presidenta del Kuomintang (KMT), Cheng Li-wun, viajará a China continental entre el 7 y 12 de abril para encontrarse con Xi Jinping. En lo personal, es un viaje de alta significación porque Cheng fue la portavoz de Lien Chan en el viaje que este realizó a China en abril de 2005 para reunirse con Hu Jintao. Aquel encuentro dio inicio a la <strong>“tercera cooperación” entre el KMT y el PCCh</strong>, tras las convulsas de los años 20 y 30 del pasado siglo. Aquella reunión, celebrada tras 60 años de ruptura, fue “histórica”, ¿lo será esta también?</p><p>Cheng asumió el cargo en <strong>noviembre de 2025</strong> con un programa político centrado en la defensa del Consenso de 1992, que incorpora el principio de una sola China, y el rechazo al independentismo taiwanés.</p><p>Desde aquel lejano 2005, el KMT ha tenido una sucesión de liderazgos bastante significativa, marcada por derrotas electorales, intentos de renovación interna y el reajuste de su posición frente a China continental. Ma Ying-jeou (2005–2007) ejercía entonces la presidencia de la formación nacionalista y <strong>lideró la recuperación del partido tras la derrota de 2000</strong>, consumada con la victoria en las elecciones presidenciales de 2008 que le reaupó también a la presidencia del KMT tras la breve transición de Wu Poh-hsiung (2007–2009). La etapa de Ma Ying-jeou estuvo marcada por una densa política de acercamiento a China continental. </p><p>Tras la dimisión de Ma en 2014, <strong>le sucedió al frente del partido Eric Chu</strong>, brevemente, entre 2014–2015, si bien retomaría el cargo desde 2021, intentando modernizar el partido y mejorar su atractivo electoral. En ese interregno entre 2014 y 2021, el KMT aun debió digerir tres presidencias. Primero, la de Hung Hsiu-chu (2016–2017), la primera mujer en liderar el KMT, abogando por una relación estrecha con China, de infausto recorrido electoral. Le siguió el ex primer ministro Wu Den-yih (2017–2020), que intentó reconstruir el partido tras las derrotas de 2016. Por último, Johnny Chiang (2020–2021) representante de una generación más joven, quien exploró una nueva identidad del partido y su relación con China. El regreso de Eric Chu en 2021 se produjo en un contexto de competencia intensa con el <strong>soberanista Partido Democrático Progresista</strong> (PDP) y una creciente presión geopolítica.</p><p>Esta es la trayectoria que debe enderezar ahora Cheng Li-wun. Sus apoyos dentro del Kuomintang no responden a una única “facción cerrada”, sino a una <strong>coalición bastante heterogénea</strong>, transversal, lo cual explica tanto su victoria como sus límites. Cheng encaja bien en el núcleo histórico del KMT por su defensa de una identidad cultural china y de la distensión en el Estrecho, pero no puede calificarse de “figura orgánica del viejo aparato”. Ese sector ve en ella continuidad ideológica aunque recela de su condición híbrida. Por otra parte, su perfil atípico (ex militante independentista en las filas del Partido Democrático Progresista) le confiere una imagen de figura puente con los sectores reformistas que urgen una renovación. </p><p>Su línea de <strong>diálogo y cooperación</strong> con el continente conecta bien con la agenda política del PCCh. Por otra parte, defiende mantener vínculos con EEUU, pero sin dependencia excesiva, lo que atrae a votantes más escépticos con Washington. </p><p>A los equilibrios entre las <strong>facciones internas del KMT y entre China continental y EEUU</strong>, Cheng debe sumar la gestión de la relación con el Partido Popular de Taiwán (PPT) con quien coopera instrumentando una mayoría legislativa opositora que a menudo pone contra las cuerdas al presidente Lai Ching-te, en minoría en el Yuan Legislativo.  </p><p>Navegar en tantas aguas agitadas y a la vez avanzar en la resolución de la crisis identitaria del KMT propiciando un regreso a la presidencia de Taiwán, que no toca desde 2016, no es un reto menor, pero no pocos creen que si alguien puede lograr la cuadratura del circulo, esa es Cheng Li-wun.</p><p>El <a href="https://www.infolibre.es/internacional/plan-dominarlos-proyecto-chino-cinco-anos_1_2169725.html"  >liderazgo chino</a> otorga gran importancia a esta visita. Muy probablemente estaba programada para realizarse después de la cumbre con Donald Trump y su aplazamiento no ha alterado la agenda. Por otra parte, se resalta la dimensión partidaria -y no gubernamental- de la invitación por parte del “CC del Partido y de su Secretario General".</p><p>La cumbre, celebrada diez años después del <strong>encuentro de Hung Hsiu-chu con Xi Jinping</strong>, se inserta de lleno en el calendario político taiwanés en cuya ayenda sobresalen dos temas principales.</p><p>De una parte, el plan de compras militares del gobierno con una propuesta a cinco años que suma cerca de 40.000 millones de dólares. Lai Ching-te necesita el apoyo de la oposición para sacar adelante la iniciativa que cuenta con un fuerte respaldo de EEUU, su principal beneficiario. Oficialmente, el KMT ha respondido con una contrapropuesta que rebaja dicha cifra a la cuarta parte. Beijing ha condenado estos planes y confía en que el KMT no los secunde a pies juntillas.</p><p>Las elecciones locales de noviembre son muy importantes para la oposición. Algunos <strong>líderes locales del KMT temen repercusiones negativas</strong> de un excesivo acercamiento a Beijing que facilitaría el juego del PDP de presentarles como “submarinos” del PCCh. Cheng, por el contrario, piensa que esa interlocución les beneficia a muy larga distancia del empeño del PDP de ofrecer una alianza con un Trump en caída libre en términos de credibilidad. Según encuestas recientes, no es de fiar para el 54,5% de los taiwaneses. Pero el KMT no se siente cómodo si el debate local se desplaza a estos temas.</p><p>Cheng espera de esta cumbre que le sirva para consolidar su liderazgo interno, que fundamenta en una estrategia para la paz en el Estrecho. Según ha anunciado, tiene previsto presentar al público taiwanés un “<strong>marco para la paz” antes de las elecciones de 2028</strong>, o incluso antes. </p><p>Entretanto, la estrategia pasa por frenar en seco el desacoplamiento que pretende el PDP apelando a los socios con “ideas afines” que, en rigor, están bastante agrietadas desde la llegada de Trump. Las capacidades institucionales del KMT abogarán por un <strong>alineamiento activo con la estrategia</strong> establecida en el <a href="https://www.infolibre.es/internacional/plan-dominarlos-proyecto-chino-cinco-anos_1_2169725.html"  >XV Plan Quinquenal</a> (2026-2030) aprobado recientemente por la Asamblea Popular Nacional en China. </p><p>Ambas dinámicas, cruciales, deben ser cuidadosamente co-gestionadas con el PPT, pues de su buena relación depende la recuperación del gobierno en Taipéi. En verdad, solo así puede resultarle verdaderamente útil al PCCh para avanzar en la reunificación.</p><p>La segunda pieza de este escenario es el viaje de Donald Trump a Beijing. Se espera que Xi Jinping le presione para que modere sustancialmente las ventas de armas a Taiwán y que modifique el lenguaje diplomático, cuidadosamente elaborado y lleno de matices, que Estados Unidos ha utilizado durante décadas en relación con la soberanía de la isla. </p><p>Ahora Xi podría usar también el viaje de Cheng como argumento para <strong>lograr que EEUU se posicione con claridad</strong> en contra de la independencia de la isla significando la existencia de una mayoría social que desea la paz y la reunificación.</p><p>Es posible que Cheng visite EEUU en las siguientes semanas.</p><p>Desde la visita del expresidente del KMT, Lien Chan, a China en 2005, en el marco de su "Viaje de Paz", hasta los ocho años de gobierno del expresidente Ma Ying-jeou, de 2008 a 2016, el KMT se adhirió estrictamente al "Consenso de 1992" y se opuso a la independencia de Taiwán. Esta sigue siendo la base principal de la “tercera cooperación” entre ambas formaciones, históricamente antagónicas. </p><p><strong>Cheng Li-wun es reconocida en China continental por su perseverancia y determinación</strong>. Aun así, es probable que le cueste vencer el escepticismo de los líderes chinos que no pasan por alto ni que fue firmante de la plataforma del movimiento independentista de Taiwán en 1996, ni que su partido sigue asediado por las divisiones internas. La alcaldesa de Taichung, Lu Shiow-yen, por ejemplo, una de las firmes aspirantes a la presidencia en 2028, guarda distancias con Cheng en asuntos clave. </p><p>Pese a todo, el KMT sigue siendo un punto de apoyo importante para la estrategia del PCCh. Cheng puede tender un puente de confianza y recuperar la “tercera cooperación”, tal como ha hecho ya con el foro entre ambos partidos celebrado en febrero último. Ese parece ser su empeño, siempre supeditado a esa prueba del éxito electoral con la que el PCCh no tiene que lidiar.</p><p>_________________________</p><p><em><strong>Xulio Ríos</strong></em><em> es asesor emérito del Observatorio de la Política China.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2026 04:01:12 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Xulio Ríos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El viaje de Cheng Li-wun y el reflotamiento de la “tercera cooperación”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[China]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[China en modo 2035]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/china-2035_129_2162642.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1ff97e2-29a9-43d4-a908-7774b29608d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="China en modo 2035"></p><p>Con todas las miradas puestas en la <strong>guerra contra Irán </strong>y sus consecuencias, han pasado prácticamente inadvertidas las sesiones macroparlamentarias chinas de este año. Naturalmente, también sobre ellas ha planeado la tensión en Oriente Medio pero, una vez más, se cumple en cierta medida aquella sentencia dictada por el ex ministro de Asuntos Exteriores de Singapur, <strong>George Yeo</strong>: “China siempre ha sido un universo en sí misma, y a veces casi se tiene la sensación de que <strong>puede seguir adelante incluso si el resto del mundo desapareciera</strong>”. No quiere esto decir que sea indiferente o hasta inmune, pero mientras la agenda de su principal competidor estratégico apunta a poner el mundo patas arriba, al parecer condición <em>sine qua non</em> para recuperar el <strong>aliento imperial perdido</strong>, los dirigentes chinos se afanan en hacer sus deberes internamente. </p><p>Durante años, el interés exterior en el singular debate parlamentario chino se resumía en dos cifras de crecimiento: economía y defensa. En esta ocasión, los dos a la baja. Pero esta forma de ver las cosas ha pasado a mejor vida, en paralelo a la liquidación del viejo modelo de desarrollo. Para este año se decidió fijar un <strong>objetivo de crecimiento del PIB real de entre el 4,5% y el 5,0%</strong>. Es la primera vez desde 1991 que la cifra objetivo baja del 5%, como han apuntado muchos observadores.</p><p>El contexto de este dato es más importante que la cifra misma. Desde 2020, el objetivo fijado es que China se convierta en una <strong>economía de nivel medio para 2035</strong>, el primer gran escalón de la hoja de ruta definida por <strong>Xi Jinping </strong>con el horizonte de 2049, centenario de la fundación de la <strong>República Popular China</strong>. Según la definición del <strong>Banco Mundial</strong>, esto supondría que para entonces la renta per cápita china debe situarse en los 20.000 dólares. Y eso significaría, en la práctica, duplicar el valor del PIB per cápita en 15 años. Es evidente que está en camino de lograrlo, ya que la renta per cápita de China “solo” tendría que crecer a una tasa media anual de alrededor del 4,17% a partir de ahora. Suponiendo que China tenga una tasa media de crecimiento anual del PIB real per cápita de alrededor del 4,5% a partir de ahora, <strong>superará la premisa del Banco Mundial en 2034</strong>. Y aun así, el PIB per cápita de China seguiría representando <strong>solo el 27% del de Estados Unidos</strong> (suponiendo que el PIB per cápita de Estados Unidos crezca a una tasa media del 1,5% a partir de ahora).</p><p>La insistencia en los ingresos de la población es un hábito relativamente nuevo. Durante gran parte del <em>denguismo</em>, hasta el tramo final del mandato de <strong>Hu Jintao</strong> y su invocación de la armonía, las cifras de crecimiento de la economía y de los ingresos discurrían por vías distintas. Es a consecuencia de ello que <strong>China muestra un alto nivel de desigualdad de ingresos </strong>según los estándares internacionales, aunque sigue siendo inferior al de muchas otras economías emergentes. Según las últimas estimaciones, <strong>el 1% de los más ricos de China posee el 31% de toda la riqueza personal</strong>, frente al 58% en Rusia, el 50% en Brasil, el 41% en la India (y el 35% en Estados Unidos). Los <strong>millonarios y multimillonarios</strong> que hay en China siguen siendo relativamente escasos: aproximadamente uno por cada 200 adultos, es decir, el 0,5% frente al 3% de los adultos en  España o más del 8% en Estados Unidos. </p><p>China todavía tiene un largo camino por recorrer. Al final del nuevo plan quinquenal aprobado, <strong>el nivel de vida de los hogares medios habrá mejorado significativamente</strong>, pero los niveles de renta per cápita y productividad de China seguirán estando muy por debajo de los de las economías del G7. </p><p>La economía china no puede permitirse el lujo de ralentizarse o estancarse. La fórmula elegida para evitarlo apunta a una amplia transformación del modelo de crecimiento, destacando la <strong>importancia de las inversiones tecnológicas</strong>, no ya los productos manufacturados de bajo valor o las inversiones improductivas. Es verdad que sobre ella pesan las amenazas de la deuda, el colapso del mercado inmobiliario y el <strong>descenso del crecimiento de la productividad</strong>, pero no debiéramos infravalorar las capacidades endógenas. </p><p>En el último plan, de los aproximadamente 20 indicadores que incluye, el énfasis se ha desplazado hacia la mejora del nivel de vida, aspecto sustancial para incrementar la significación de la demanda interna, y menos hacia el desarrollo económico en términos clásicos. Pero también en esto, con la <strong>ingente transformación de su industria</strong>, el poder de la innovación, la insistencia en la apertura al exterior y el acento en el desarrollo ecológico con el <strong>ambicioso objetivo de reducir la intensidad de carbono en un 65% para 2030</strong>, nos aguardan lecciones. Por eso que la idea de centrarse en los asuntos internos y en la calidad del crecimiento es coherente con la naturaleza de los principales desafíos que connotan su transición. Mientras, el mundo mira hacia otro lado. </p><p>_________________________</p><p><em><strong>Xulio Ríos</strong></em><em> es asesor emérito del Observatorio de la Política China.</em></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[15cb50b5-dacc-4ba7-a223-50d888f58ab3]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Mar 2026 05:01:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Xulio Ríos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[China en modo 2035]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[China,Política,Economía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Irán, otra prueba de fuego del poder global chino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/iran-prueba-fuego-global-chino_129_2149881.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a948cc38-de4c-424a-846d-8b573265d6ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Irán, otra prueba de fuego del poder global chino"></p><p>La intensificación de las <strong>amenazas militares de Estados Unidos contra Irán </strong>reabre una pregunta incómoda para Beijing: si Washington decide golpear, <strong>¿qué hará China?</strong> La cuestión no es retórica. En un contexto en el que Donald Trump ha recuperado una estrategia de <strong>presión máxima</strong> y en el que Benjamin Netanyahu mantiene una<strong> línea dura frente a Teherán, </strong>un eventual ataque podría alterar significativamente el equilibrio regional y afectar intereses chinos de manera directa.</p><p>Para China, el escenario más desfavorable no es necesariamente el bombardeo en sí, sino su<strong> éxito político. </strong>Si una acción militar estadounidense desembocara en un cambio de régimen –ya sea abrupto o gradual–, el resultado probablemente iría en detrimento de sus intereses estratégicos. Irán es hoy un <strong>socio incómodo pero útil:</strong> sancionado, necesitado de inversión, políticamente distanciado de Occidente y, por tanto, más permeable a la cooperación con China. Un Teherán reconfigurado bajo tutela o influencia estadounidense reduciría ese margen.</p><p>En ese sentido, los reveses internacionales de China se cobrarían una nueva e importante pieza. Tras la guerra en Gaza y la reactivación del protagonismo estadounidense en Oriente Medio,<strong> una derrota estratégica iraní ilustraría las limitaciones</strong> –al menos a corto plazo– <strong>de China para encarar un entorno internaciona</strong>l que Washington todavía puede modificar a su antojo y en su beneficio. Nada de ello afectaría a las ventajas estructurales de China en términos industriales o comerciales, pero tampoco sería neutral: todo desplazamiento del equilibrio regional hacia Estados Unidos erosiona, aunque sea indirectamente, la ambición china de configurar un orden más multipolar.</p><p>Irán no es un aliado formal de China, pero sí un<strong> socio relevante </strong>en varios planos. En el<strong> ámbito energético, </strong>ha sido un proveedor significativo de <strong>petróleo, </strong>especialmente en contextos de sanciones en los que los descuentos compensan riesgos reputacionales. No obstante, conviene relativizar este hecho ya que <strong>China ha diversificado su matriz energética</strong> y ningún proveedor individual resulta indispensable. La relación es importante, pero no existencial.</p><p>Más significativa es la<strong> dimensión geopolítica.</strong> El acuerdo de cooperación estratégica a 25 años firmado en 2021 simboliza una<strong> convergencia política </strong>frente a la presión occidental. China considera a Irán una <strong>potencia relevante en Oriente Medio, </strong>con capacidad de influencia regional y peso demográfico y militar propios. Beijing apuesta por la<strong> estabilidad de esa relación </strong>y, sobre todo, no está interesada en abrir el melón de una desestabilización profunda que pueda incendiar el Golfo o afectar las rutas marítimas.</p><p>En el<strong> plano militar,</strong> la cooperación existe pero es cuidadosamente calibrada. Para <strong>Teherán, </strong>la <strong>defensa es la prioridad absoluta;</strong> para <strong>Beijing,</strong> el cálculo es más<strong> frío</strong>. China evita compromisos que puedan desencadenar sanciones secundarias masivas o tensiones directas con Estados Unidos. Apoya diplomáticamente, comercia cuando puede, pero se abstiene de asumir riesgos estratégicos mayores.</p><p>Desde la perspectiva iraní, China representa tres cosas: <strong>mercado, inversión y legitimidad internacional.</strong> En un entorno de sanciones, vender petróleo a China es vital. En términos simbólicos, mantener una relación estratégica con una potencia global alternativa ofrece a Teherán la narrativa de que no está aislado.</p><p>Sin embargo, esa dependencia es asimétrica. China necesita a Irán;<strong> Irán necesita mucho más a China. </strong>Esta asimetría condiciona cualquier respuesta futura.</p><p>La respuesta más probable es que no, al menos no en términos militares<strong>. China condenaría el uso de la fuerza, </strong>apelaría a la soberanía y a la estabilidad regional, y activaría canales diplomáticos. Pero <strong>no está en disposición</strong> –ni parece tener voluntad– de <strong>confrontar militarmente a Estados Unidos</strong> por Irán. La lógica china sería no arriesgar recursos militares en un conflicto ajeno, proteger sus lazos con Irán mediante diplomacia y economía y <strong>evitar tensiones </strong>que perjudiquen su comercio internacional.</p><p>Un ataque estadounidense pondría de relieve las limitaciones del poder político chino en la región. La mediación exitosa entre Arabia Saudita e Irán generó <strong>expectativas sobre un “nuevo actor clave”</strong> en Oriente Medio. Sin embargo, la guerra en Gaza y la reactivación estratégica de Washington devolvieron a China a su zona de confort destacando como gran actor económico, inversor relevante, pero con capacidades políticas limitadas.</p><p>Los datos lo confirman. <strong>Oriente Medio </strong>representa una<strong> fracción </strong>relativamente <strong>modesta del comercio exterior chino </strong>y una proporción aún menor de su inversión directa global. Su presencia es real, pero no decisiva. Y en un entorno de tensión, pocos países de la región dejarán de calcular el coste que tendría para ellos un alineamiento económico profundo con China si ello deteriora su relación con Washington.</p><p>Un conflicto abierto podría afectar a la <strong>cumbre entre Xi Jinping y Trump</strong> anunciada para finales de marzo. Existen dos escenarios plausibles.</p><p>El primero: la escalada<strong> imposibilita o retrasa el encuentro, </strong>en un clima de recriminaciones mutuas. China denunciaría el unilateralismo estadounidense; Washington acusaría a Beijing de respaldar indirectamente a Teherán.</p><p>El segundo, más pragmático: <strong>Trump,</strong> necesitado de mostrar logros diplomáticos antes de las elecciones de noviembre,<strong> podría buscar un entendimiento parcial con China</strong> -comercial o financiero- que contribuya a aislar aún más a Irán. En ese caso, la presión sobre Teherán sería un elemento de negociación indirecta.</p><p>Ambos escenarios revelan la misma realidad: China no controla los tiempos ni la dinámica de la crisis, pero debe adaptarse a ellos.</p><p>El episodio también pondría a prueba de nuevo la <strong>cohesión de los BRICS.</strong> Si el bloque aspira a proyectarse como alternativa sistémica, su silencio o ambigüedad frente a crisis sensibles debilita esa pretensión. Las divergencias internas y las prioridades nacionales prevalecen sobre cualquier narrativa común.</p><p>Este escenario, con su creciente complejidad internacional, estará inevitablemente presente en las “Dos Sesiones” de marzo, tras el <strong>Año Nuevo chino, </strong>el macroencuentro parlamentario que define la agenda. La política exterior china atraviesa un<strong> momento delicado,</strong> con un ministro de Exteriores en funciones desde 2023 tras la abrupta caída del efímero Qin Gang. <strong>La estabilidad,</strong> principio rector del discurso oficial, <strong>se enfrenta a un entorno cada vez más volátil.</strong></p><p>En definitiva, si Estados Unidos ataca Irán, <strong>China no entrará en guerra.</strong> Pero podría perder margen, influencia y quizá parte de la narrativa de ascenso inexorable que ha cultivado en la última década. Su poder económico permanecerá intacto; su capacidad política quedará nuevamente bajo escrutinio; su peso estratégico, cotizando a la baja. Y, una vez más,<strong> Oriente Medio</strong> recordará que la<strong> arquitectura de seguridad regional </strong>sigue dependiendo, en última instancia, <strong>de Washington más que de Beijing.</strong></p><p>_______________________________________________</p><p><em><strong>Xulio Ríos</strong></em><em> es asesor emérito del Observatorio de la Política China.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Feb 2026 05:00:27 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Xulio Ríos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Irán, otra prueba de fuego del poder global chino]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Irán,China,Estados Unidos,Xi Jinping,Donald Trump,Oriente Medio,Relaciones internacionales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Venezuela y China: el día después]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/venezuela-china-dia-despues_129_2123353.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1ff97e2-29a9-43d4-a908-7774b29608d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Venezuela y China: el día después"></p><p>China se confesó “conmocionada” por la captura y secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte de tropas de EEUU, una acción calificada de<strong> “extremadamente reprobable”</strong>. </p><p>La interpretación de Beijing de lo sucedido confirmaría la percepción de que la Casa Blanca está dispuesta a todo con tal de <strong>reafirmar su hegemonía en la región y en el mundo</strong>. En el caso de Venezuela, sin duda, China ve peligrar sus intereses directos pero en la medida en que las capitales de la región le habrán visto las orejas al lobo, es su estrategia para la zona en su conjunto la que está ahora sujeta a múltiples interrogantes. El propio tercer documento de política para América Latina y el Caribe, dado a conocer hace unas semanas, podría quedar en papel mojado, al menos en aspectos sustanciales, pendiente de que, a la postre, EEUU apruebe o rechace tal o cual operación. El propio marco de las exportaciones petroleras de Venezuela a China, su cliente más importante, se verá afectado: a priori, podrían seguir comprando el crudo pero pagando en dólares y no en yuanes y a saber qué pasa con los préstamos pendientes. Por más que Beijing hable de “continuidad”, dificilmente las cosas volverán a ser como antes. </p><p>Hasta ahora, se admitía que el campo de batalla decisivo en la competencia entre EEUU y China se situaba en la economía y las tecnologías de vanguardia (IA, cuántica, biotecnología..). Lo seguirá siendo, muy probablemente (el último caso, de hace unos días, es el HieFo-Emcore, una compra vetada por preocupaciones de seguridad nacional relacionadas con China). EEUU promoverá la reconstrucción de la capacidad industrial y de defensa para ampliar la brecha de capacidades con el tiempo. <strong>Pero el factor estratégico desempeñará un papel crucial</strong>. La flamante estrategia de seguridad de la Casa Blanca se ha diseñado para permitir que Estados Unidos se recupere, reconstruya y regrese con mayor capacidad. Es por ello que seguirá presionando a los aliados, alineándolos con sus tesis y modelando gobiernos interfiriendo activamente —también en Europa— en todo tipo de procesos —también los electorales— para cerrar filas,  mientras endurece la disuasión en el Indo-Pacífico. En este contexto, la clave es <strong>no perder de vista </strong>la movilización de los subyugados “aliados” para limitar a China económica, tecnológica y militarmente. La política estadounidense seguirá teniendo como blanco a China, también en Venezuela.</p><p>Lo ocurrido, por tanto, marcará un punto de inflexión en la relación de China con América Latina. Sus estrategias y operaciones se verán afectadas. La “expulsión” de China pasa de ser una retórica a una exigencia activa y los gobiernos de la zona tendrán que auscultar sus inversiones y reconsiderar su futuro al albur de las <strong>sensibilidades estadounidenses.</strong> Hasta donde pueda, China protegerá sus intereses, pero ¿quién osará enfrentarse a EEUU haciendo negocios con esa China a la que Trump ha mostrado la tarjeta roja? El reconocido pragmatismo oriental buscará su propio acomodo al tiempo que se afanará en evidenciar ante el mundo los contrastes de su política con la de EEUU. Pero podría saber a poco ante el duro intento de reducir su participación económica global, objetivo del contraataque estadounidense. América Latina, como otros espacios geopolíticos, se ve arrastrada de lleno a la rivalidad.</p><p><strong>¿Hará China con Taiwán lo mismo que EEUU con Venezuela? </strong></p><p>Trump ansía llegar a abril próximo, cuando visite Beijing, con los deberes hechos, un alto poder de negociación y con las bases instituidas para un nuevo <strong>equilibrio estratégico</strong> que le confiera el poder de plácet en el hemisferio occidental. ¿Se lo reconocerá Xi Jinping? No es ese el juego de China y esa fragmentación del mundo a tres bandas es una quimera. </p><p>China y Estados Unidos llevan tiempo auscultando la posibilidad de alcanzar un gran acuerdo. Washington necesita tiempo para poner orden en sus asuntos. China exige a la administración Trump que reconozca y acepte la legitimidad de su sistema político y que respete el conjunto de sus intereses centrales. Un problema clave sigue siendo Taiwán. </p><p>La Estrategia Nacional de Seguridad de EEUU contempla el reforzar su primacía en el entorno inmediato de China, reafirma la primera cadena de islas  y el papel de Taiwán, al tiempo que transfiere costos a Japón, Corea y Australia a través de la venta de armas, utilizando a Taiwán como palanca y aumentando el riesgo de una escalada. China no puede aceptar que la incorpore a su arquitectura de seguridad del Indopacífico, transformando la isla en un aliado de facto.</p><p>Un acuerdo amplio con EEUU, dificil en la gestión y no menos problemático en la ejecución, <strong>podría convenir a China</strong> para centrarse en lo que considera más importante: su desarrollo, el fortalecimiento de su poder económico, convencida de que hoy EEUU, pese a las insolentes chulerías de Trump, es un gigante con pies de barro. Pero esa estabilización de las relaciones bilaterales es compleja por no decir imposible si no incorpora sus intereses en el ajuste de la estrategia de seguridad de la administración Trump, incluido el freno all renovado militarismo nipón de la mano de Sanae Takaichi. </p><p>Estos días, muchos en las redes sociales chinas apelaron al modelo para manejar el problema, sin descartar una “decapitación” de Lai Ching-te al estilo Maduro. Nadie duda que lo sucedido <strong>sienta un precedente</strong> que argumentar para alterar el statu quo mediante el uso de la fuerza.</p><p>En su discurso de Año Nuevo, el presidente Xi volvió a insistir en lo inevitable de la <strong>reunificación</strong>. Las últimas maniobras militares se desarrollaron más cerca de Taiwán que ejercicios anteriores. Ahora también podría incautar aquellos barcos que llevan armas para Taiwán y conducirlos a sus puertos, ¿con qué autoridad podría criticar eso Trump o incluso esta deprimente UE? </p><p>China seguirá manteniendo sus ejercicios militares en el Estrecho, cada vez más incisivos, pero no parece probable que lo ocurrido con Venezuela <strong>altere su visión de largo plazo</strong>. El marco de la Ley Antisecesión, aprobada en 2008, sigue vigente. Por el momento, apuesta porque el soberanismo abandone el poder en 2028 y, externamente, que las tendencias internacionales confirmen su fortaleza nacional. Si hay cambios de guión que precipiten acontecimientos no será por Venezuela sino por motivos internos o porque EEUU ha infravalorado la determinación china en este aspecto. </p><p>¿Puede Taiwán <strong>fiarse de Trump</strong>? Sí, en la medida en que siga suponiendo un buen negocio (ventas de armas, multimillonarias inversiones, relocalización industrial, altos aranceles, etc). Lo cual equivale a un no, si hay otra transacción que estime más jugosa. </p><p>________________</p><p><em><strong>Xulio Ríos</strong></em><em> es asesor emérito del Observatorio de la Política China.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Jan 2026 05:00:53 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Xulio Ríos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Venezuela y China: el día después]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De Caracas al largo cálculo de Beijing]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/caracas-calculo-beijing_129_2117327.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/03584861-10d6-409a-8865-89d6f7f0f1b1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De Caracas al largo cálculo de Beijing"></p><p>De los narcóticos a la energía, en su <strong>escalada contra Caracas</strong> la última iniciativa de la <strong>Administración Trump</strong> ha sido la orden de bloqueo total y completo de los petroleros “sancionados” que entran y salen de Venezuela. El ministro de Exteriores chino, <strong>Wang Yi,</strong> expresó su apoyo a Miraflores en una conversación con su homólogo venezolano, <strong>Yván Gil,</strong> respaldando la solicitud de una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU. En Washington, por su parte, se alardea de los supuestos <strong>vínculos directos con China</strong> del petrolero incautado recientemente.</p><p>En América Latina, <strong>Venezuela es un socio comercial relevante para China.</strong> Desde el inicio del chavismo, esa relación —pese a los altibajos— se ha consolidado tanto en sus potencialidades como en sus límites, no sin generar importantes quebraderos de cabeza. China es el <strong>mayor comprador de crudo venezolano </strong>y habría concedido al país más de<strong> 60.000 millones de dólares</strong> en préstamos y líneas de crédito respaldados por petróleo. Venezuela figura asimismo entre los tres principales receptores de financiación china para el desarrollo y, entre 2010 y 2020, absorbió cerca del 86% de las ventas de armas chinas a América Latina.</p><p><strong>No es Venezuela</strong> —por más que ambicione sus recursos— <strong>ni tampoco Maduro</strong> —por más que se le persiga— el verdadero objetivo de esta estrategia. <strong>El foco está en China</strong> y en la pretensión de remodelar el panorama geopolítico regional, eliminándola como actor significativo. Trump lo dejó claro poco después de asumir la presidencia al presionar a Panamá, llegando incluso a insinuar una <strong>acción militar</strong> para recuperar el <strong>control del Canal.</strong> Su plan pasa por actuar país por país, colocando piezas afines para satisfacer sus objetivos estratégicos. Esta hoja de ruta queda sintetizada en la Estrategia de Seguridad Nacional dada a conocer recientemente.</p><p>¿Cómo protegerá China sus intereses? Algunos analistas sostienen que, de producirse una agresión armada abierta contra Caracas, <strong>Beijing </strong>podría reaccionar frente a Estados Unidos con un <strong>énfasis inusitado, </strong>subrayando así su nuevo estatus global. Es cierto que China respondería, pero también lo es que existen líneas rojas que difícilmente traspasará, aun a costa del disgusto que pueda causarle la repetición de escenarios críticos ya vividos en otras regiones donde <strong>sus intereses se han visto comprometidos.</strong></p><p>El reciente documento de política china para América Latina persevera en una visión conceptual orientada a ampliar una <strong>dinámica constructiva</strong> en la relación con la región, inspirada de forma paralela en el principio de no injerencia. En ese marco, el texto sugiere<strong> una disposición a tensar la relación con Washington,</strong> pero resulta más que dudoso que Beijing esté dispuesto a sostener ese pulso si ello exige un respaldo sustancial al Gobierno de Maduro.</p><p>Cabe imaginar que China podría advertir a Estados Unidos del uso de algunas de sus <strong>ventajas estratégicas</strong> —a modo de sanciones— en caso de un ataque armado. Sin embargo, esta opción parece poco probable, ya que previsiblemente arruinaría la frágil tregua comercial vigente y aceleraría un desacoplamiento que no responde a sus intereses. Lo más probable es que <strong>China condene los hechos, </strong>apele al respeto del derecho internacional y, sobre todo, <strong>vele por sus intereses materiales inmediatos.</strong> Lo observado en el Canal de Panamá (Hutchison Ports) o en los Países Bajos (Nexperia) indica que no se amilana en la defensa de sus activos, pero la no injerencia directa continúa siendo el hilo conductor de su diplomacia desde el maoísmo hasta la actualidad. Cuando este principio ha sido ignorado —como en la pugna sino-soviética en África—, <strong>el balance interiorizado dista de ser positivo.</strong></p><p>Ahora que Santiago vuelve a estar de actualidad, conviene recordar el <strong>tránsito de Allende a Pinochet.</strong> Entonces, el primer ministro Zhou Enlai envió un telegrama de condolencias a la viuda de Allende, aunque lo hizo a título personal. Oficialmente, <strong>la actitud china</strong> —a diferencia de la mayoría de los países socialistas del bloque soviético, con la excepción de Rumanía— estuvo marcada por la<strong> prudencia</strong> y la <strong>ambigüedad.</strong> China no reconoció a Guaidó; pero si Maduro cayera, la incógnita permanece abierta.</p><p>¿Cabe un intercambio de concesiones? <strong>La única guerra que China contempla librar </strong>—y solo como último recurso— <strong>es por Taiwán</strong>. La preocupación en Beijing aumenta a la vista de las recientes declaraciones protaiwanesas de la primera ministra japonesa, <strong>Sanae Takaichi.</strong> Desde Washington se emiten señales contradictorias. Este Trump no es el de su primer mandato y, pese a las previsiones estratégicas que subrayan la centralidad de la isla, cualquier <strong>concesión de la Casa Blanca, </strong>incluso de carácter semántico, sería muy valorada por los dirigentes chinos. En esa dirección se trabaja. Habrá que observar qué sucede en abril próximo, con la visita prevista a China. No deben descartarse giros abruptos de guion.</p><p>A medida que <strong>Estados Unidos </strong>incrementa la <strong>presión sobre Nicolás Maduro</strong> mediante la intimidación militar, <strong>Beijing</strong> podría aspirar a una <strong>mayor “tolerancia” estadounidense</strong> frente a un eventual bloqueo equivalente en el Estrecho de Taiwán. El clima político en la isla se complica, con una oposición mayoritaria en el Yuan Legislativo alentando un proceso de <em>impeachment</em> contra el presidente Lai, tan inviable jurídicamente como potencialmente desestabilizador.</p><p><strong>China no es la antigua URSS </strong>ni aspira, muy al contrario, a ese G2 que Trump parece querer resucitar para repartirse hipotéticas áreas de influencia. Su horizonte es estratégico y de largo plazo. Confía en que el tiempo reordene las piezas. El pragmatismo chino no equivale a desideologización, pero sí apela a una<strong> vocación constructiva </strong>como eje del incremento de su influencia global. Y pocas cosas resultarían menos constructivas que quedar atrapada en crisis que, aun afectándole de manera significativa, <em>stricto sensu</em> no considera propiamente suyas.</p><p>______________________________________________</p><p><em><strong>Xulio Ríos </strong></em><em>es asesor emérito del Observatorio de la Política China. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Dec 2025 05:01:02 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Xulio Ríos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[De Caracas al largo cálculo de Beijing]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,China,Venezuela,Estados Unidos,Donald Trump,Nicolás Maduro,Xi Jinping,Petróleo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los anónimos del aula: un reconocimiento incompleto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/anonimos-aula-reconocimiento-incompleto_129_2098918.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1ff97e2-29a9-43d4-a908-7774b29608d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los anónimos del aula: un reconocimiento incompleto"></p><p>Que un país decida homenajear a sus pioneros siempre es una buena noticia. Que lo haga sin mencionarlos, ya es otra cosa. La reciente inauguración de una <strong>placa en China en honor a los primeros profesores de español </strong>—figuras decisivas en la gestación del hispanismo chino contemporáneo— ha generado un sentimiento tan extraño como comprensible: <strong>¿Cómo puede existir un homenaje sin homenajeados?</strong></p><p>La ceremonia tiene algo de virtuosa… <strong>pero vacía</strong>. Como si alguien hubiera preparado el salón, abrillantado las copas, colocado las flores y, justo al abrirse las puertas, hubiese olvidado invitar a los protagonistas. Sí, allí está la placa, solemne y reluciente, indicando que hubo unos <strong>“profesores pioneros”</strong> y reconociendo su empeño en la enseñanza y divulgación de la lengua, contribuyendo decisivamente a tender puentes culturales entre dos mundos. Pero sus nombres —reales, concretos, biográficos, humanos— <strong>han sido pulidos hasta desaparecer, sustituidos por una fórmula abstracta</strong>, casi burocrática, que los convierte en una categoría antes que en personas.</p><p>El homenaje sin nombres tiene una lógica funcional: evita polémicas, elude debates históricos, preguntas, riesgo de olvidos y hasta reduce cualquier riesgo político. Pero también tiene un coste: <strong>diluye la memoria</strong>. Y la memoria, cuando se diluye, acaba convirtiendo vidas reales en sombras decorativas, muy útiles para el protocolo, pero nulas como reconocimiento verdadero.</p><p>El caso es aún más llamativo si se tiene en cuenta que el grupo de aquellos profesores fue reducidísimo: <strong>Alfonso Graíño, Quintina Calvo Casado, Ataulfo Melendo, María Lecea, José Castedo Carracedo, Mercedes Rosúa....</strong> No hablamos de cientos de docentes dispersos en décadas, sino de un puñado de precursores que literalmente inauguraron una tradición docente donde no había nada. Borrar su identidad, en este contexto, no es un gesto neutral:<strong> es una omisión tan visible que parece estar gritando su propia ausencia.</strong></p><p>Es posible —y aquí conviene admitirlo— que el proceso para incluir los nombres estuviera plagado de obstáculos administrativos, sensibilidades políticas o simples despistes organizativos. Pero incluso si fuera así, el resultado sigue irradiando un cierto mensaje: <strong>el homenaje importa más como gesto que como contenido. </strong>Basta con que exista la placa; lo que diga, o lo que deje de decir, es secundario.</p><p>El problema es que los símbolos vacíos no honran a nadie. A lo sumo sirven <strong>para que los responsables puedan declararse satisfechos, convencidos de haber cumplido con la tarea. </strong>Sin embargo, cualquier reconocimiento que no reconoce, cualquier memoria que no nombra, deja a los homenajeados tal y como estaban: invisibles.</p><p>Y no se trata solo de justicia histórica. Se trata también de pedagogía pública. Las nuevas generaciones de estudiantes chinos de español, al pasar frente a esa placa, merecen saber quiénes fueron aquellos profesores y por qué su trabajo merece un recuerdo institucional. <strong>Sin nombres, la placa se convierte en un recordatorio genérico de que algo pasó, pero sin permitir entender qué, cómo, cuándo ni quiénes lo hicieron posible.</strong></p><p>Quizá aún se esté a tiempo de corregirlo. Las placas, al fin y al cabo, pueden rehacerse, ampliarse, completarse. <strong>La memoria también.</strong> Lo que no debería mantenerse indefinidamente es esta suerte de homenaje amnésico que pretende celebrar a unos pioneros y, al mismo tiempo, mantenerlos en la penumbra.</p><p>Homenajear sin nombrar <strong>puede ser una práctica institucional más o menos habitual, pero es un paso a medias.</strong> Y los que abrieron camino merecen algo mejor que una elegante omisión grabada en metal.</p><p>_____________________</p><p><em><strong>Xulio Ríos</strong></em><em> es asesor emérito del Observatorio de la Política China.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Nov 2025 05:01:08 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Xulio Ríos]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[China,Política]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El secreto mejor guardado de Pepe Castedo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/secreto-mejor-guardado-pepe-castedo_129_2080970.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/370aae84-9f36-4991-bd71-92930426759b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1020260.jpg" width="1080" height="608" alt="El secreto mejor guardado de Pepe Castedo"></p><p>Un halo de cierto misterio ha rodeado siempre la figura de <strong>Pepe Castedo</strong> (1914-1982). Tan locuaz como enigmático, su arribo a la China de Mao, a las puertas de la Revolución Cultural, cuando medio mundo de solidaridad <strong>había hecho las maletas unos años antes</strong> tras el punto álgido de la controversia chino-soviética, desataba inevitablemente las especulaciones.</p><p>Ese primer Castedo con el que uno se encuentra es el <strong>pedagogo autodidacta</strong>, quien se vuelca a tope, a partir de cero, con sus estudiantes y colegas, sin mimbres apenas, para capacitar en español a quienes debían desempeñar altas responsabilidades en los más diversos campos del mandarinato. Castedo supo ingeniárselas para <strong>despertar el afecto de sus alumnos</strong> y, a la vez, adiestrarlos en el óptimo y hábil manejo de la lengua. Todo ello con altas dosis de generosidad, sacrificio y compromiso personal.</p><p>Ese Castedo, no necesariamente maoísta, era también el republicano, <strong>el que había participado y sufrido la guerra civil española</strong>, con visible huella en su aspecto físico, lo que aportaba ante terceros un plus de heroicidad y coherencia que generaba simpatía y respeto por igual, desde luego entre la comunidad china militante pero también entre la compungida y limitada comunidad extranjera que en aquellos años pululaba por una China de nuevo encerrada en los límites de la Gran Muralla.</p><p>Podíamos explicar esa rara deriva oriental de Castedo en función de una <strong>militancia republicana, progresista, no comunista ni filosoviética</strong>, que, por casualidades de la vida, le habría catapultado de París a Beijing en 1964. A ese París habría llegado unos años antes huyendo de la asfixia franquista, que tanto podría interpretarse como irrespirable per se en atención a la ausencia de libertades básicas como simplemente amenazante a título personal en primer término. <strong>Y seguía huyendo, con el franquismo pisándole los talones</strong> como abundan algunos testimonios relevantes y documentados.</p><p>Su extraña muerte, <strong>suicidio según algunos, envenenamiento criminal según otros</strong>, hacía oscilar su tránsito vital entre la decepción que había connotado su vida (la pérdida de la guerra, el agrio reencuentro con la España posfranquista cuando regresó en 1979, el olvido de la China posmaoísta cuando se planteó volver...) y el ajuste de unas cuentas que otros nunca le habían perdonado. Esos otros serían los mismos que identificado le tenían y que <strong>no le habrían dejado en paz ni en Madrid ni en París</strong> y que, finalmente, le obligarían a alejarse aún más de los suyos, su esposa y sus dos hijos.</p><p>¿A qué tanto enigma? Aquel exiliado, aquel profesor, aquel de apariencia irreverente tenía, no obstante, un secreto que podría explicar su impulso existencial tras la guerra, finalizada cuando apenas tenía 25 años. <strong>La filiación en el SIEP, el Servicio de Inteligencia Especial Periférico</strong>, adscrito al Estado Mayor Central del ejército republicano, donde sirvió como Teniente de Ingenieros, un servicio bastante clandestino involucrado en múltiples operaciones relacionadas con el espionaje táctico y estratégico, podría explicar mucho. </p><p>Los miembros del SIEP gozaban de una alta consideración. <strong>Muchos fueron capturados y ejecutados sumariamente</strong>. Es comprensible que Castedo temiera por su vida. Castedo, a fin de cuentas, sabía –no sabemos exactamente qué, pero sabía...–. Y mantuvo el silencio hasta el final. ¿Le costó la vida? Podría ser. </p><p>_________________________________</p><p><em><strong>Xulio Ríos</strong></em><em> es autor de ‘Pepe Castedo. Vida y Azares’ (Teófilo edicións, 2019). </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Oct 2025 04:00:28 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Xulio Ríos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El secreto mejor guardado de Pepe Castedo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[China,Franquismo,Memoria histórica,profesores]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La Gran Revocación taiwanesa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/gran-revocacion-taiwanesa_129_2029551.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1ff97e2-29a9-43d4-a908-7774b29608d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Gran Revocación taiwanesa"></p><p>La estabilidad política de Taiwán está íntimamente relacionada con<strong> la agenda de seguridad en la región del Indo-Pacífico</strong>. Las especulaciones en torno a la apertura de un “tercer frente” de conflicto (tras Ucrania y Oriente Medio) tiene en la isla su principal referente, más aún que las tensiones en el mar de China meridional (Filipinas).</p><p>Tras las elecciones de enero de 2024, que brindaron al PDP cuatro años más a sumar a los ocho precedentes para seguir adelante con su proyecto, el mapa político de Taiwán<strong> reiteró su fragmentación en dos bloques antagónicos</strong>: el soberanismo controla la presidencia y el ejecutivo; el unionismo (con China continental), el legislativo. En la práctica, esto ha permitido el establecimiento de muchas condicionalidades a la acción de gobierno en un momento en que las relaciones Washington-Taipéi exigen decisiones rápidas e implementables en ámbitos sustanciales como la defensa, el comercio o las inversiones.</p><p>En los últimos meses, constatándose cualquier imposibilidad de consenso, el soberanismo ha desarrollado una intensa campaña pública de asociación de la oposición con los intereses continentales, <strong>presentándola como una bien avenida quintacolumna del Partido Comunista de China</strong> para sembrar el caos y entregarle en bandeja la isla a Beijing. Ahora, impulsa una acción decisiva para corregir los resultados electorales de 2024, proveyendo la mayoría absoluta que entonces negaron las urnas. Lo que está en juego es el control inmediato del parlamento pero, en realidad, es el propio futuro de la legislatura, inmersa en una lucha de poder con la presidencia y el ejecutivo.</p><p>El movimiento de revocación masiva de diputados de la oposición, afectando simultáneamente a decenas de legisladores, constituye un fenómeno inédito en las democracias liberales. La posibilidad de revocar un mandato fue diseñada originalmente para dar a la sociedad un mecanismo para eliminar a malos actores individuales. <strong>Nadie anticipó que se utilizaría para atacar a los legisladores de todo un partido</strong>. Un político revocado con éxito debe dimitir el día del anuncio de los resultados, y deben celebrarse elecciones parciales en un plazo de tres meses. El político revocado no podrá presentarse a las elecciones parciales. Si 12 de las revocatorias actuales tienen éxito, el PDP mantendrá la mayoría legislativa al menos hasta la conclusión de las elecciones parciales, de las cuales necesita seis victorias para asegurar una mayoría duradera ya que ahora cuenta con 51 diputados del total de 113. Esto será difícil. Las elecciones parciales involucrarán a todo el electorado, no solo al 25% necesario para que se lleven a cabo las revocatorias. Existe una probabilidad razonable de que nuevos candidatos del KMT se presenten para reemplazar a los revocados, quizá más sólidos de los que el PDP pueda presentar. La maniobra es arriesgada. Por el momento, hay votaciones revocatorias previstas para el 23 de julio y el 23 de agosto.</p><p>No es la primera vez que Taiwán da muestras de un vigor democrático genuino. Ello se explica, en parte, por la existencia de una sociedad civil muy dinámica y particularmente bien conectada con el soberanismo. El actual movimiento es tranversal. <strong>No es solo cosa del soberanismo partidario sino también del soberanismo cívico</strong>, ese amplio movimiento que expresa un magma colectivo en oposición a la idea de reunificación con el continente y que agrupa a generaciones de jóvenes, redes civiles y plataformas varias y cuenta con apoyos significativos en algunas élites empresariales como es el caso, por ejemplo, de Robert Tsao, quien promovió la “Liga de Proteción de Taiwán de Voluntarios Anticomunistas”.</p><p>La actual campaña gira en lo político en torno a los discursos del presidente Lai Ching-te, quien lo apuesta todo a la soberanía ratificándolo con una elevación sustantiva del compromiso con la defensa, <strong>en línea con lo reclamado por la Administración Trump</strong>. A la par que mítines, concentraciones y demás panoplias al uso, ha dispuesto los mayores ejercicios militares de la historia de Taiwán para probar, dice, las capacidades de respuesta ante una hipotética invasión del ejército continental e implementar “las lecciones aprendidas de la guerra en Ucrania”. Los entrenamientos tienen lugar en espacios públicos, como escuelas, templos o carreteras, muy televisados, contribuyendo a generar una psicosis pública que puede arbitrar una atmosfera electoralmente conveniente, especialmente si contribuye a rebajar la indiferencia y activar la participación (las elecciones deben cumplir con un umbral del 25 por ciento de los votantes elegibles para ser legítimas). Finalizarán una semana antes de las votaciones.</p><p><strong>La prevalencia de un enfoque circunscrito cada vez más a la dimensión militar</strong> agravará las tensiones entre ambos lados del estrecho de Taiwán. Puede que beneficie la expectativas inmediatas de Lai pero cuanto más se instale en el poder y haga avanzar su agenda, mayor es el riesgo de que en China continental se instale la creencia de que solo la fuerza puede resolver ese complejo legado de la historia china reciente.</p><p>Otros países, grandes y pequeños, y sobre todo de la región, que a la mínima se pronuncian sobre cuestiones de terceros, <strong>debieran actuar preventivamente para hacer más manejables los riesgos</strong>, so pena de verse involucrados en nuevas crisis que si bien pueden no ser inminentes si podrían llegar a ser reales de no empeñarse en una desescalada responsable.</p><p>__________________________________________</p><p><em><strong>Xulio Ríos</strong></em><em> es asesor emérito del Observatorio de la Política China.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Jul 2025 04:00:49 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Xulio Ríos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La Gran Revocación taiwanesa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Relaciones internacionales,Oriente Medio,China,Comunismo,Donald Trump]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Los desafíos de la China del conejo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/desafios-china-conejo_1_1396524.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9317793a-122c-4324-9928-1a84ea854a63_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los desafíos de la China del conejo"></p><p>“El árbol preferiría la calma, pero el viento no cesa”, reza una milenaria expresión china. Quizá el presidente <strong>Xi Jinping</strong> se las prometía muy felices tras la celebración del XX Congreso del Partido Comunista de China (PCCh) el pasado octubre. Entonces, podría decirse que obtuvo una victoria política rotunda. Con su inusual tercer mandato asegurado –y, probablemente, habrá más–, tanto en la definición de su estrategia como en la cohesión política alcanzada en los órganos dirigentes, no hay duda del vigor de su impronta. Y sin embargo, tras la finalización de tan importante cónclave, paradójicamente, se ha instalado en el ambiente un alto nivel de<strong> escepticismo respecto al futuro inmediato</strong> del país. Quizá por eso, el apelo a la recuperación dela confianza se ha convertido en la principal palabra de orden que emana de sus autoridades.</p><p>En <strong>China</strong>, la principal preocupación política nos remite siempre a la estabilidad. Esta se ha visto empañada por las manifestaciones de noviembre en varias ciudades del país en protesta por las duras restricciones derivadas de la estrategia seguida contra la pandemia, la famosa <em>covid 0</em>. Unas semanas antes, ya el gobierno había dado señales de una cierta moderación de las medidas al uso, conminando a las autoridades locales a ser más flexibles. La <strong>movilización social fue rápidamente desactivada</strong>, en parte por la actuación policial, pero más aun por el vertiginoso giro de 180 grados en la estrategia pandémica. El repentino y abrupto cambio de discurso ha tenido ya importantes consecuencias sanitarias en forma de explosión de las cadenas de transmisión que se calibrarán adecuadamente en los próximos meses, pero también un alto nivel de desconcierto en la sociedad.</p><p>Más allá de razones estrictamente sanitarias, en especial la menor virulencia de las actuales variantes del covid-19, todo parece indicar que la preocupación principal de las autoridades es el <strong>estado de la economía,</strong> que se ha resentido más de lo deseable en virtud de la política de <em>covid 0</em>. A la reducción del crecimiento (en 2022 quedará bien lejos del objetivo del 5,5 %) se suman las dificultades estructurales derivadas, de una parte, del cambio en el modelo de desarrollo, pero también de las numerosas burbujas (desde la inmobiliaria a la financiera) que exigen sin demora una respuesta. La necesidad de cohesión política urgida por Xi al marginar a otras sensibilidades internas en la dirección del país podría justificarse apelando a lo enérgico de las decisiones a tomar, pero persiste<strong> cierta desconfianza </strong>respecto tanto a la idoneidad de los elegidos como al hecho mismo de que la ausencia de contrapesos conduzca a la adopción de decisiones precipitadas y hasta erróneas.</p><p>El primer trimestre de 2023 nos dará a conocer el nuevo perfil institucional del Partido y del Estado, un proceso que debe culminarse en las macro sesiones parlamentarias de marzo. Se podrá comprobar entonces si las señales emitidas por el XX Congreso se reafirman en la <strong>conformación de las instituciones del Estado</strong>, especialmente en el gobierno. Li Qiang, el actual número dos del PCCh, debiera convertirse en el sustituto de Li Keqiang pero a diferencia de este su experiencia en el Consejo de Estado es prácticamente nula. Este hecho alimenta también la incertidumbre, que podría reforzarse a la vista del escalafón de viceprimeros ministros y ministras. Si la lealtad prima sobre la competencia, <strong>el escepticismo seguirá creciendo.</strong></p><p>Existe un claro vínculo entre la transformación de la economía china y los <strong>desafíos estratégicos del país.</strong> El hilo conductor son las nuevas tecnologías y su mayor concreción, los semiconductores, sector clave dela revolución industrial en ciernes. El año próximo estaremos a punto de hacer un pre-balance del programa <em>Made in China</em> 2025, que dio la alerta en Washington sobre las ambiciones tecnológicas de China: no se contentaba con ser la fábrica del mundo, quería ser la vanguardia tecnológica mundial. Pero EEUU se lo pone cada vez más difícil a China en este aspecto, cercenando sus posibilidades en el ámbito bilateral y también indisponiendo a terceros países (desde Japón a Holanda, pongamos por caso). En el cara a cara Biden-Xi en Bali en el marco de la cumbre del G20, Xi recordó al titular de la Casa Blanca que también en su día la URSS trató de trabar, sin éxito, su avance en la tecnología nuclear, dando a entender que ahora ocurriría exactamente lo mismo. Está por ver, naturalmente. De entrada, con las multimillonarias inversiones de la taiwanesa TSMC en Arizona, la autosuficiencia estadounidense tiene<strong> más probabilidades de llegar antes que la china</strong>. Y, de paso, convierte la defensa de Taiwán en un suculento negocio para su complejo militar-industrial.</p><p>Con el inicio del año, la visita del secretario de Estado Antony Blinken a Beijing supondrá también el comienzo de esa<strong> nueva exploración diplomática</strong> para conformar un marco de encauzamiento de las tensiones de todo tipo entre ambos países. El catálogo de discrepancias bilaterales no hace sino crecer, amenazando con desbordarse.</p><p>Cabe tener en cuenta que el deterioro de esas relaciones es prácticamente irreversible. Se trata de un hecho de capital importancia ya que todo el periodo del denguismo, de aplicación de la reforma y apertura, se sustanció con la cooperación bilateral como corriente principal. Con <strong>Trump</strong>, el discurso del vicepresidente Mike Pence en el Instituto Hudson (2018) selló el cambio de rumbo: la confrontación ha pasado a primer plano al no aceptar China<strong> integrarse en las redes de dependencia de EEUU.</strong> La Administración Biden milita en el mismo afán. Ese contexto, que marca un punto de inflexión cualitativo y quiebra el rumbo de los últimos 40 años, nutre el discurso de la reedición de la Guerra Fría, del desacoplamiento, de la renovación y ampliación de las alianzas militares y de inteligencia, de las llamadas a capítulo entorno a la defensa de los valores comunes y del orden internacional basado en normas (y la principal de todas es preservar la hegemonía estadounidense), etc.</p><p>También será un año clave para el <strong>futuro de la paz </strong>y la estabilidad en<strong> el estrecho de Taiwán</strong>. Las elecciones locales del 26 de noviembre en la isla fortalecieron las opciones políticas de los unionistas (Kuomintang)de cara a la decisiva contienda de enero de 2024. EEUU seguirá jugando la carta de Taiwán para inquietar –y, si puede, desestabilizar– a Beijing. Xi dejó claro a Biden que esta es “la más roja de las líneas rojas” de China. Pese a la institucionalización del diálogo oficial al máximo nivel, cabe esperar que el año resulte especialmente convulso. Las relaciones entre Taipéi y Washington se estrecharán todavía más. Beijing, por su parte, tratará de influir en la sociedad taiwanesa dejando en claro que el voto a los soberanistas intensifica el riesgo de un conflicto abierto y que el voto a su viejo rival guomindanista, por el contrario, aleja el horizonte de <strong>una guerra que todos temen.</strong></p><p>En resumen, el del conejo será para China un <strong>año decisivo </strong>en muchos aspectos, pero sobre todo un ejercicio en el que se juega de nuevo <strong>la credibilidad exterior </strong>y la propia confianza interna. Bien es verdad que dispone de un importante margen de holgura y cuenta con importantes resortes para estimular la economía; no obstante, las tensiones de todo tipo que amenazan la estabilidad global le señalan como referente de convulsiones de gran calado cuya gestión no será nada fácil. Todo pasa, en primer lugar, por cerrar sin grandes contratiempos el capítulo de la pandemia y<strong> retomar el pulso normal del crecimiento,</strong> disipando las dudas sobre su futuro inmediato, el signo de las reformas y la vuelta a cierto sosiego en su relación con el exterior. En ese futuro, por cierto, la Unión Europea debe elegir qué quiere ser de mayor, si abraza o no la autonomía estratégica que esbozó con Trump o si aquello no pasó de ser una nube de verano en ese supuesto idilio atlántico que mal disfraza la inmutabilidad de los imperativos geopolíticos.</p><p><em>*</em><em><strong>Xulio Ríos</strong></em><em> es asesor emérito del Observatorio de la Política China.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Jan 2023 18:37:29 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Xulio Ríos]]></author>
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