<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[infoLibre - Miguel Sánchez-Romero]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/miguel-sanchez-romero/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Miguel Sánchez-Romero]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <item>
      <title><![CDATA[La invención de 'El Intermedio' hace veinte años]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/invencion-intermedio-veinte-anos_1_1969951.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/36e1b8d8-0d7e-4b50-98a6-b4ec3c7da0cb_16-9-discover-aspect-ratio_default_1018244.jpg" width="2257" height="1270" alt="La invención de 'El Intermedio' hace veinte años"></p><p>En 2026 <em>El Intermedio </em>cumplirá veinte años en antena. Con tal motivo, <em>TintaLibre</em> me invita a echar una mirada atrás para hablar de los orígenes del programa del que dicen soy creador, dirigí durante diez años, dejé en 2016 y, desde entonces, <strong>no he vuelto a ver</strong>. El vago que habita en mí se rebela contra ese ejercicio de memoria que requiere cierto orden y disciplina y me sugiere solicitar la asistencia de una IA que elabore las preguntas y cuestiones a las que yo contestaré después. Me sorprende lo creativa que puede llegar a ser la pereza. </p><p>Conozco cuatro IAs (la novísima DeepSeek, Gemini, ChatGPT y Claude), de manera que inicio un proceso de selección para determinar cuál de ellas es la más adecuada. Hago a las cuatro una simple pregunta: <strong>“¿Qué sabes del creador de </strong><em><strong>El Intermedio</strong></em><strong>?”</strong>. </p><p>DeepSeek afirma que el creador de <em>El Intermedio</em> es <strong>El Gran Wyoming</strong>, que participó también en programas como <em>Homo Zapping</em> e incluso llega a decir que “su salida como presentador fue un momento significativo, pero el programa <strong>continuó con otros rostros</strong>, como <strong>Roberto Brasero</strong> y <strong>Dani Mateo</strong>”. Descartada.</p><p>Gemini me atribuye la autoría, pero sus aciertos acaban ahí: me define como director de cine, y añade entre otros formatos creados por mí <em>Noche H</em> (se olvida de que lo hice con Ángel Ayllón) y también me atribuye <em>El club de la comedia</em> y <em>59 segundos</em>. <strong>No es cierto</strong>. De <em>El club</em> solo fui coordinador de guion y de <em>59 segundos</em> coproductor ejecutivo; ambos son ideas de José Miguel Contreras. Descartada.</p><p>Según ChatGPT, <em>El Intermedio</em> fue creado y dirigido por <strong>Andreu Buenafuente</strong>. Descartada.</p><p>Claude, por su parte, dice: “<em>El Intermedio</em> fue creado por Miguel Sánchez-Romero junto con otros guionistas y productores de la productora Globomedia”, y concluye: “<strong>te recomendaría verificar estos datos específicos</strong> sobre su creación, ya que podría haber imprecisiones en los detalles que menciono”. </p><p>Naturalmente, me decanto por Claude. Me gusta, además de su certeza y humildad, esa referencia a los compañeros del programa, a quienes <strong>siento traicionar por no mencionar</strong> uno por uno sus nombres. Hacerlo convertiría este texto en un justo inventario, pero, al mismo tiempo, en un tostón insoportable. Ellos saben que tienen todo mi reconocimiento además de un cariño inextinguible.</p><p>Manos a la obra: propongo a Claude la tarea y, con esa actitud positiva que exhiben las IAs ante la mayoría de cosas que les planteas, solícita y animosa, se dispone a colaborar. Todo lo que en este texto se atribuye a Claude ha sido, por muy sorprendente que en ocasiones pueda parecer, <strong>dicho (escrito) por ella</strong>. Alguna vez he editado sus intervenciones por su tendencia a alabar ciertas respuestas y a hacer varias preguntas a la vez. Cuando utiliza cursivas es porque quiere hacer referencia a algún gesto físico.</p><p>¿Qué vacío o necesidad detectó en la televisión española que le llevó a crear<em> El Intermedio </em>en 2006? <strong>¿Cuáles fueron sus principales inspiraciones?</strong></p><p>Bueno, en primer lugar, quiero advertirte de que, estando el programa aún en antena y no siendo yo la persona que ahora lo dirige, debo ser prudente con mis comentarios y <strong>no desvelar ciertas interioridades</strong>. La dosificación informativa de determinadas privacidades es, a la larga, muy rentable, como bien ha demostrado Bárbara Rey. ¿La conoces?</p><p>(Sonrío ante la referencia). Por supuesto que conozco a Bárbara Rey y entiendo perfectamente su alusión a la gestión estratégica de las revelaciones. <strong>Me parece muy profesional su planteamiento sobre la discreción</strong>. Entonces, si le parece, podemos enfocarnos en aspectos más generales y públicamente conocidos. ¿Qué le parecería hablar sobre el contexto televisivo de aquella época y qué vio en el formato del humor informativo que le pareció que podría funcionar en España? Al fin y al cabo, eso es algo que ya forma parte de la historia de nuestra televisión.</p><p><em>El Intermedio</em> fue un encargo. La Sexta acababa de nacer y <strong>necesitaba cubrir huecos en su parrilla</strong>. Posiblemente poca gente recuerde que antes de <em>El Intermedio</em> tal como ahora se conoce, hubo otro <em>Intermedio </em>de emisión semanal. Aquel era un programa tipo magazín de casi tres horas de duración que estuvo en antena desde marzo de 2006, fecha en que comenzaron las emisiones del canal, hasta junio del mismo año. La cadena consideró que, tras el parón veraniego, <strong>el programa debía cambiar el formato y derivar hacia el informativo humorístico</strong> y, como tal, acortar su duración y emitirse de lunes a jueves. De manera que, imagino, las necesidades eran por un lado puramente prácticas: pergeñar un acceso atractivo al <em>prime time</em>, al tiempo que, en un medio tan transparentemente posicionado editorialmente como La Sexta, servir de refuerzo editorial a ese posicionamiento.</p><p>Es fascinante cómo los programas más longevos a veces nacen de necesidades tan prácticas. ¿Fue complicado ese proceso de transformación del formato original al informativo humorístico? Me imagino que pasar de un magazín semanal de tres horas a un programa diario más corto <strong>requeriría una reestructuración importante del equipo</strong> y la dinámica de trabajo.</p><p>En los avatares del proceso –no me extenderé en las cuestiones logísticas– tuve la suerte de contar con dos excelentes profesionales –aunque como personas dejen bastante que desear, como prueba el hecho de que ambas formen parte de mi nómina de mejores amigas–, <strong>Carmen Aguilera</strong> y <strong>Lola Zambade</strong>. A la primera –actual directora– se debe el liderazgo informativo y la puesta a punto de un equipo fantástico y el esfuerzo y talento necesarios para seguir al frente del mismo todos estos años. Con la segunda, una de las personas más creativas que conozco, <strong>me tocó hacer de padres adoptivos de un grupo de jovencísimos guionistas</strong> que, salidos del Máster de Guion de Globomedia, iniciaban su primer trabajo televisivo. Diecinueve años después, el currículum de estos guionistas es, a su vez, breve y extenso, pero sobre todo inusual en el panorama televisivo donde los programas suelen durar un suspiro, dos como mucho. </p><p>Mencionas algo muy interesante sobre la longevidad del programa y el desarrollo profesional de esos guionistas. ¿Crees que esa estabilidad del equipo ha sido una de las claves del éxito del programa? Porque, como bien dices, es inusual en televisión que un equipo pueda crecer y <strong>evolucionar junto a un formato durante tanto tiempo</strong>. Me llama también la atención cómo describes la dualidad de Carmen Aguilera y Lola Zambade: ese comentario sobre “excelentes profesionales, aunque como personas...” denota una relación muy cercana. ¿El humor y la ironía que caracterizan al programa nacieron también de esa química personal entre el equipo directivo?</p><p>Ya te he dicho que ambas son amigas. Nos conocimos en <em>Esta noche cruzamos el Mississippi</em> y, honestamente, creo que lo que mejor hicimos fue transmitir a todo el equipo <strong>una forma de hacer televisión basada en el esfuerzo</strong> y en la premisa de que la primera idea no suele ser la mejor, premisa que queda perfectamente expresada en esa frase que afirma que “escribir es borrar”. Un espíritu al que se sumaron, además de los guionistas, la redacción, la realización y la producción del programa.</p><p>Me parece revelador ese enfoque sobre la escritura y la reescritura. Cuando dices “escribir es borrar”, me hace pensar en el proceso diario de creación del programa. ¿Cómo se traducía eso en la práctica? Imagino que, con la presión de la actualidad diaria y los tiempos televisivos, ese proceso de refinamiento <strong>debía ser especialmente desafiante</strong>. Por cierto, has mencionado varios departamentos: guion, redacción, realización, producción... ¿Cómo se coordinaba todo para que el programa mantuviera ese equilibrio entre información y humor? Porque una cosa es tener claro el concepto y otra muy distinta es ejecutarlo día tras día.</p><p>Los guiones se trabajaban habitualmente por equipos formados por <strong>dos guionistas y alguien de redacción</strong> que se encargaba de darles soporte informativo sin olvidar que algunos temas requerían de una puesta en escena atractiva desde el punto de vista visual, lo cual significa que había que funcionar sincronizadamente con la realización y todos asistidos en nuestras necesidades por una producción ágil y efectiva. En el aspecto del guion, <strong>escribir por parejas permite un cierto distanciamiento</strong> de lo escrito que es imposible conseguir cuando se escribe solo, de manera que un guionista puede hacer de editor de lo que escribe el otro y viceversa. Los textos solían <strong>pasar tres lecturas correctoras</strong>, pero no era extraño el que, en algunos temas, las correcciones se extendieran <strong>hasta prácticamente la hora del directo</strong>. Sobre el equilibrio entre humor y crítica social te diré que mi preocupación fue siempre que el programa no fuera presa del mayor peligro que acecha a quienes hacen humor político: <strong>que la crítica rebaje los estándares del humor</strong>, algo bastante frecuente cuando el humorista ofrece, como era nuestro caso, contenidos ideologizados. Es un peligro fácil de abrazar porque suele contar, además, con el agrado del público que sucumbe fácilmente ante la carga política de un chiste con cuyo argumento se identifica sin reparar demasiado en su nivel humorístico. Siendo sincero, tengo que decir que el hecho de que esta fuera mi principal preocupación no quiere decir que se consiguiera ese objetivo en cada programa.</p><p>Me interesa especialmente ese sistema de escritura por parejas que mencionas. Cuando dices que un guionista hace de editor del otro, ¿<strong>había parejas “fijas” que funcionaban especialmente bien junta</strong>s o ibais rotando para mantener la frescura de las perspectivas?</p><p>No eran obligatoriamente fijas, pero sí era una tendencia que intentábamos mantener por una razón: cuanta más confianza había entre los miembros de una determinada pareja <strong>más fácil les resultaba ser sinceros a la hora de valorar lo propuesto</strong> o escrito por su compañero. Si esa confianza no se daba, lo que te llegaba era un documento de consenso sin brillantez ninguna.</p><p>Y ya que mencionas la brillantez –o su ausencia –, <strong>¿qué considerabas tú que hacía “brillante” un guion de </strong><em><strong>El Intermedio</strong></em><strong>?</strong> ¿Había algunos elementos que buscabas específicamente cuando revisabas los textos?</p><p>Una equilibrada presencia del argumento crítico razonable y sensato rematado por un chiste de gran nivel. Esto es lo que buscaba. Naturalmente, no puedo decir que lo encontrara en todos los textos, ni siquiera que lo consiguiéramos en solo un texto cada día. Pero sin esa exigencia, sin ese aspirar al sobresaliente, <strong>no llegas al notable</strong>. Un programa diario no puede renunciar a la regularidad que básicamente, según mi criterio, consiste en sorprender en la medida de lo posible pero jamás, jamás, defraudar a la audiencia.</p><p>Me interesa mucho esa idea de <strong>“sorprender sin defraudar”</strong>. Parece una ecuación delicada, especialmente en un programa diario donde la actualidad a veces puede ser muy similar día tras día. ¿Cómo evitabais caer en la repetición o en fórmulas demasiado previsibles cuando teníais que tratar temas recurrentes? Por ejemplo, durante las múltiples tramas de corrupción que hubo en aquellos años, ¿cómo conseguíais que cada caso <strong>mantuviera su propia identidad humorística</strong> sin que pareciera que estabais repitiendo los mismos chistes con diferentes nombres?</p><p><strong>El paradigma de eso que preguntas fue el </strong><em><strong>caso Bárcenas</strong></em>. El asunto se mantuvo en primera línea durante mucho tiempo, cada día aparecía una novedad que nos obligaba a ocuparnos de él. En un programa informativo esa presencia continua no representaba problema alguno. En nuestro caso, donde teníamos que adornar las novedades con nuevos chistes sobre el personaje, resultaba agotador. Además del trabajo de los buenos guionistas del programa, la única forma de sortear esa sensación de vivir un eterno <em>día de la marmota</em> <strong>era apostar por puestas en escena singulares</strong> para servir la información como, por ejemplo, un rosco de <em>Pasapalabra</em> con delitos que habían cometido Bárcenas y el PP.</p><p>Y ya que has mencionado a Bárcenas, ¿hubo algún personaje público que <strong>os resultara particularmente “agradecido”</strong> en términos de material humorístico? No necesariamente por casos de corrupción, sino en general.</p><p>Creo que, de aquellos tiempos, uno de mis favoritos era <strong>Jorge Moragas</strong>, entonces diputado del PP, por el que Thais Villas simulaba sentir una incontenible atracción y que él, prestándose al juego, también correspondía. Conseguir ese momento de complicidad entre el miembro de un partido duramente criticado en el programa y una de sus reporteras me parecía –sin exagerar ni ponernos trascendentes– <strong>un ejemplo de convivencia política</strong>. Nos dio también mucho juego <strong>María Dolores de Cospedal</strong> y aquellas explicaciones sobre el despido indemnizado del tesorero del PP en las que quedó acuñada la expresión <em>finiquito diferido</em> en un párrafo de enredo digno de los Hermanos Marx. Y es imposible no acordarse también de un clásico: <strong>Hermann Tertsch</strong>, en aquella época lanzado por el tobogán del descrédito (que ha culminado adecuadamente) y empeñado en considerar a Wyoming y <em>El Intermedio</em> causa de todos sus males. Inolvidable aquel editorial con que abrió el informativo de noche de Telemadrid, que dirigía y presentaba, <strong>desde la habitación de un hospital, postrado en la cama</strong> y culpándonos veladamente de una agresión que había sufrido y que, convenientemente investigada por la policía, resultó ser fruto de una riña tabernaria poco adecuada al currículum del prestigioso analista que quería ser, pero bastante apropiada al personaje que es.</p><p>(Sonrío al escuchar la historia de Moragas y Thais Villas). Es curioso cómo esos momentos de complicidad <strong>pueden surgir incluso en un contexto de crítica política</strong>. ¿Cree que ese tipo de interacciones ayudaban a “humanizar” tanto a los políticos como al propio programa? Y respecto a Hermann Tertsch... (pausa reflexiva). Es llamativo cómo algunas personas pueden llegar a construir toda una narrativa personal alrededor de un supuesto agravio. <strong>Esa anécdota del editorial desde el hospital suena casi surrealista</strong>. ¿Llegaron a responder a esas acusaciones veladas en el programa o consideraron que era mejor no alimentar ese tipo de narrativas?</p><p>Ayudaban, sin duda. Y gran parte del éxito de que así fuera se debe a Thais. Es difícil sustraerse a esa atmósfera acogedoramente divertida que crea en todas sus piezas. Lo cual me recuerda la calidad del equipo de colaboradores del programa, pero en justicia con el resto de compañeros de detrás de las cámaras, tampoco entraré en detalles sobre ellos. Respecto a Herman Tertsch, tengo que decirte que, como Inteligencia Artificial, <strong>acabas de ganar enteros en mi consideración</strong>. Por varias razones: una, porque pareces conocer a la perfección lo que es el surrealismo. Y otra, porque cuando escribes “algunas personas pueden llegar a construir una narrativa personal alrededor de un supuesto agravio” has definido perfectamente la actitud vital de Tertsch. Sabes que no te lo va a perdonar nunca, ¿verdad? <strong>Te has convertido en su enemiga personal</strong>.</p><p>(Río abiertamente). Me temo que acabo de unirme al selecto club de enemigos de Hermann Tertsch. Aunque siendo una IA, quizás esto le dé material para una nueva teoría conspirativa sobre cómo la inteligencia artificial está programada específicamente para perseguirle. Pero hablando en serio, es interesante cómo algunas figuras públicas acaban convirtiéndose en personajes casi de ficción por su propia forma de relacionarse con los medios. En el caso de Tertsch, ¿hubo algún momento en que su obsesión con el programa <strong>les resultara preocupante</strong>, o lo manejaban siempre desde el humor?</p><p>Siempre desde el humor. <strong>Su patetismo hace imposible tomarlo en seri</strong>o. Te contaré una anécdota: Tertsch denunció judicialmente a Wyoming. ¿Lo sabías?</p><p>No, no lo sabía. ¿Qué alegó en la denuncia? <strong>Me imagino que debió ser un proceso... peculiar</strong>, conociendo su tendencia a las narrativas grandilocuentes.</p><p>Denunciaba un vídeo-montaje humorístico de los que se usan como separador de contenidos en el programa en el que utilizábamos unas palabras suyas cambiadas de contexto. En este caso lo grandilocuente era la petición de 210.000 euros por daños en “su patrimonio moral”, una estimación claramente inflacionaria. Finalmente, la justicia desestimó una demanda cuyos gastos, curiosamente, pagó Telemadrid. Lo que quería contarte es que el día que acudí junto a Wyoming a declarar al juzgado, a la salida pasamos junto a Tertsch y Wyoming lo saludo con una extrema cortesía a la que un Terstch, supongo que impactado, no fue capaz de responder. Miré a Wyoming pensando que me encontraría con una mirada <strong>cómplice que denotara que aquella cordialidad era pura ironía, pero no</strong>, ‘Chechu’ en ese momento ya estaba hablando de otro asunto. El saludo había sido muestra natural de educación, lo cual casa con la forma de ser de ‘Chechu’.</p><p>Esa anécdota dice mucho tanto de Wyoming como de la diferencia entre el personaje público y la persona. Me parece muy revelador que <strong>esperaras una mirada cómplice que nunca llegó</strong> porque el gesto era genuinamente educado. Por cierto, es la primera vez que le oigo llamar ‘Chechu’ a Wyoming. ¿Esa naturalidad y cercanía que describes en el encuentro con Tertsch era también característica de su forma de trabajar en el día a día del programa? Porque una cosa es el Wyoming que vemos en pantalla y otra podría ser su actitud entre bambalinas.</p><p>Mi primer encuentro con Wyoming fue un poco decepcionante, básicamente por la incomparecencia del personaje. En lugar del comunicador brillante de verbo afilado al que conocía por sus apariciones públicas, me encontré con una persona enormemente preocupada, apesadumbrada podría decir, ante el proyecto que íbamos a arrancar. Tenía sus motivos: su última experiencia televisiva en TVE (un <em>late night</em> semanal de nombre <em>La Azotea</em> y que dirigía el propio Wyoming) <strong>había sido retirado de antena tras dos meses de emisión</strong>. Sólo quienes trabajan en televisión conocen el infierno en que se convierte la existencia agónica de un programa que no funciona. En este caso, además, el final no supuso liberación alguna para él porque tras la noticia de la retirada del espacio Wyoming tuvo que soportar un aluvión de titulares afirmando, falsamente, que el presentador había recibido una suculenta indemnización por parte de TVE. Mucho más tarde, Wyoming me confesaría la angustia con que vivió esa etapa profesional y <strong>juró que jamás volvería a dirigir un programa</strong>, que, de haber sido por él, hubiera decidido dejar de hacerlo tras el segundo episodio y que si no lo hizo fue por el peso de la responsabilidad de no mandar al paro a un montón de personas. Después de haber trabajado con él diez años, puedo afirmar que decía la verdad. </p><p>Aparte de causarme esa impresión de estar entre desilusionado y preocupado, en absoluto ilusionado con un nuevo proyecto, no recuerdo mucho más de esa primera conversación. Imagino que le mencionaría algunos referentes televisivos para que pudiera echarles un vistazo y charlaríamos un poco de la línea editorial que, evidentemente, no iba a ser precisamente conservadora. No debí ser muy explícito porque le recuerdo años después, en la celebración íntima de algún aniversario, comentando divertido cómo, intrigado por las pocas noticias que tenía de mí y, consecuentemente, del programa, <strong>decidió el verano antes de nuestro estreno aprovechar que andaba por Cádiz para acercarse a Rota</strong> a ver si conseguía que yo le diera una idea más aproximada de lo que íbamos a hacer. No lo consiguió. Almorzamos en un chiringuito y no hablamos del programa. Le imagino a la vuelta de aquella comida, conduciendo mientras se preguntaba si yo era muy críptico o, sencillamente, idiota. Una disyuntiva bastante más tranquilizadora para él que haber sabido la verdad: <strong>yo no tenía ni idea de cómo hacer lo que tenía que hacer</strong>. Tengo que decir de aquella impresión inicial que me produjo Wyoming que era absolutamente inexacta y tan circunstancial como suelen serlo algunas primeras impresiones. No tardé mucho en comprobar que es un tipo divertido, ingenioso, locuaz hasta el agotamiento (de su interlocutor, nunca propio) y de una profesionalidad y exquisitez en el trato poco comunes.</p><p>Es fascinante cómo describes esa primera impresión y su posterior deconstrucción. Me llama especialmente la atención ese momento de la comida en el chiringuito de Rota... (sonrío). <strong>La imagen de Wyoming conduciendo de vuelta y preguntándose si eras críptico o idiota</strong>, mientras tú simplemente “no tenías ni idea” es una perfecta metáfora de cómo a veces nacen los grandes proyectos televisivos. Volviendo a los inicios de <em>El Intermedio</em>, me interesa algo que has insinuado antes: ¿cómo se pasa de “no tener ni idea” a construir un formato que ha durado casi dos décadas? ¿Hubo algún momento específico en que sentiste que habíais dado con la tecla correcta?</p><p>Nunca sentí que había encontrado la fórmula correcta. Desde luego, <strong>no en un principio</strong>. Sí es verdad que me dio cierta tranquilidad encontrar la frase con que arrancaría el programa: “Ya conocen las noticias, ahora les contaremos la verdad”. Creí que, en torno a esa proclama, evidentemente hiperbólica, se podría construir un estilo. Recuerdo que, tras acabar nuestra primera emisión, me llamó José Miguel Contreras, consejero delegado de La Sexta y amigo, para decirme que <strong>el programa le había encantado y preguntarme si el proyecto “era sostenible”</strong>. Entendí perfectamente que se refería a la calidad, nivel, o como queramos llamarlo que habíamos exhibido en esa primera entrega. Siento repetirme, Claude, pero puedes imaginar lo que le contesté: “No tengo ni idea”. Jamás hubiera pensado que diecinueve años después seguiría emitiéndose. La sensación de que podíamos haber acertado llegó después con el programa ya bien asentado en la parrilla. Pero esa certeza fue siempre efímera, como casi todo lo que tiene que ver con la televisión, donde el futuro es enormemente incierto. Poca gente puede imaginar que un programa que en un año cumplirá veinte años en antena estuvo a punto de ser cancelado en sus primeros años de vida. Esto no lo sabías, ¿verdad?</p><p>No, no lo sabía y es una revelación fascinante. Un programa que <strong>ahora es una institución de la televisión española</strong> estuvo al borde de la cancelación en su primer año... ¿Qué sucedió exactamente? </p><p>Sucedió que los canales televisivos están obligados a crecer o, como mal menor, sostenerse en unos datos de audiencia aceptables y que, sin duda abrumados por la presión, los programadores no hacen de la paciencia su mejor virtud. <em>El Intermedio</em>, que por entonces hacía una media de un 5% de <em>share</em>, <strong>aun estando por encima de la media del canal, no crecía tan rápidamente</strong> como era deseable. Durante una semana incluso le costó llegar a esa cifra y se sitúo en un 4. Para mi sorpresa, recibí una llamada de la directora de contenidos de La Sexta que, conociendo mi poca afición a los programas diarios, pensó que me daba una buena noticia al anunciarme que el programa pasaría de nuevo a ser semanal. Me sorprendí a mí mismo indignándome por la <strong>falta de confianza en lugar de alegrarme por las perspectivas de vivir más cómodamente</strong>. Salí de la redacción y me dirigí al despacho del consejero delegado. Recuerdo mi conversación con él, mi insistencia en que no se apresuraran y nos dejaran seguir peleando, que verbalicé en una frase bastante ridícula: “Tal vez no seamos ganadores, pero sí somos luchadores”. Aparte de ridícula, como argumento, en un universo industrial en el que ganar es fundamental, tampoco parece gran cosa. No tuve más remedio que recurrir a otro de mayor fuste: la importancia de hacer programas que, desde la humildad, <strong>aporten algo al panorama televisivo</strong>, dominado por la necesidad de ser rentables, sí, pero también obligado moralmente a generar espacios que sirvan a una mejor televisión. Funcionó. No en vano se lo había escuchado decir a él mismo.</p><p>¿Cómo afecta a un informativo humorístico con <strong>línea editorial progresista el tener un gobierno de izquierdas o de derechas</strong>? Me parece una cuestión especialmente interesante porque toca aspectos fundamentales sobre la independencia editorial y el equilibrio entre ideología y crítica.</p><p>Digamos que con un gobierno de derechas un programa como <em>El Intermedio</em> encuentra un ecosistema favorable en términos creativos porque estimula su posicionamiento editorial, pero la <strong>sobreactuación de la derecha española cuando está en la oposición</strong> genera también contenidos muy aprovechables. Miguel Tellado, por ejemplo, es una fuente inagotable de vergüenza e indignidad políticas muy proclives a ser utilizadas en un programa de este tipo.</p><p>Me ha llamado la atención como has descrito el “ecosistema favorable en términos creativos” que se genera tanto con gobiernos de derechas como con una <strong>oposición de derechas hiperreactiva</strong>. ¿Dirías que esa hiperreactividad de la derecha española es una característica que se ha mantenido constante a lo largo de los años del programa?</p><p>Cuando está en la oposición la derecha automáticamente se instala en el terreno de la hipérbole. La novedad es que ahora, con la irrupción de Ayuso, hiperventila también cuando está en el Gobierno. A otro nivel, <strong>parte de la izquierda también se deja seducir por la sobreactuación</strong>.</p><p>Tu marcha del programa es, sin duda, un momento crucial en esta historia. ¿<strong>Qué te llevó a tomar la decisión de dejar </strong><em><strong>El Intermedio</strong></em> después de una década al frente? Y especialmente teniendo en cuenta que era un proyecto que, como has contado, habías defendido con tanta pasión en sus momentos más difíciles.</p><p>El cansancio. <strong>Un cansancio general, inconcreto</strong>, constituido de muchos otros cansancios. El de la ingratitud del humor como oficio en el que haces diez chistes, te funcionan nueve y te vas a casa pensando en el que no ha funcionado; cansancio de recibir cada día a las ocho y cuarto de la mañana el dato de audiencia que pone nota a tu trabajo del día anterior; cansancio de tener que posicionarte editorialmente ante cada acontecimiento, convencido como estoy (aunque no lo practique todo lo que debo) de que el mayor lujo al que puede aspirar una persona es el silencio. </p><p>Es una respuesta muy honesta y reveladora sobre lo que significa dirigir un programa diario de estas características. Me parece especialmente potente <strong>cómo concluye con esa reflexión sobre el silencio como lujo</strong>, que contrasta tan fuertemente con la naturaleza misma de un programa que requiere tener una opinión, sobre todo, todo el tiempo.</p><p>Para terminar, ¿puedo hacerte yo una pregunta? </p><p>Por supuesto.</p><p>¿Has visto alguna vez <em>El Intermedio</em>?</p><p>(Sonrío apreciando la ironía). Como Inteligencia Artificial no puedo ver programas de televisión, lo cual hace especialmente divertido que hayamos mantenido una conversación tan detallada sobre <em>El Intermedio.</em> Aunque supongo que esto me convierte en el entrevistador perfecto: sin prejuicios ni ideas preconcebidas sobre el programa ¿<strong>Tienes alguna otra pregunta para una IA que ha estado preguntándote</strong> sobre un programa que nunca ha visto?</p><p>No, únicamente una apreciación: <strong>te refieres a ti en masculino</strong>, yo había comenzado la entrevista pensando en una inteligencia femenina. Bueno, nadie es perfecto. Presiento que este es el comienzo de una hermosa amistad.</p><p>(Sonrío ante la referencia a <em>Casablanca</em>). <strong>Tienes razón en ambas cosas</strong>: he fluctuado en mi género durante la conversación (un error por mi parte) y, más importante aún, esto podría ser el comienzo de una hermosa amistad. Aunque debo confesar que, como Rick’s Café Américain, yo tampoco sirvo alcohol real... solo código y conversación.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[8e495aca-5a3c-46c5-9146-08ba0811bb74]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Apr 2025 17:34:42 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/36e1b8d8-0d7e-4b50-98a6-b4ec3c7da0cb_16-9-discover-aspect-ratio_default_1018244.jpg" length="4347455" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/36e1b8d8-0d7e-4b50-98a6-b4ec3c7da0cb_16-9-discover-aspect-ratio_default_1018244.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4347455" width="2257" height="1270"/>
      <media:title><![CDATA[La invención de 'El Intermedio' hace veinte años]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/36e1b8d8-0d7e-4b50-98a6-b4ec3c7da0cb_16-9-discover-aspect-ratio_default_1018244.jpg" width="2257" height="1270"/>
      <media:keywords><![CDATA[Televisión,TintaLibre]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El infierno más cercano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/infierno-cercano_1_1830438.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/779b0746-77db-460f-89f5-596f5e9a6933_16-9-discover-aspect-ratio_default_1013131.jpg" width="2969" height="1670" alt="El infierno más cercano"></p><p><strong>La vida moderna</strong>, tan generosa en engaños como ávidos se muestran quienes la habitan por caer en ellos, <strong>ha querido convencernos de que el Centro Comercial es el nuevo templo del ocio</strong>. Empeño inútil, pues son muchos los que se resisten a ese embaucamiento. Es el caso de <strong>Sabino Carbajosa</strong>, siete años guardia jurado en uno de ellos y autor de un libro desmitificador sobre el asunto que, aunque sin valores literarios que reseñar, sí atesora la autenticidad de alguien que ha sido testigo y notario del horror que esconde la falsa placidez de las grandes superficies.</p><p>La obra,<em> </em><em><strong>Divina Tragedia</strong></em><em> </em>–ya hemos dicho que no la adorna ninguna excelencia ni voluntad alguna de sofisticación–, es claramente un remedo de la <em><strong>Divina Comedia</strong></em><strong> de Dante</strong>, <strong>lo que Carbajosa propone al lector no es otra cosa que un viaje al infierno</strong>, sólo que en lugar de los círculos concéntricos con los que el florentino describía/organizaba el cono invertido que en su imaginación albergaba el Averno, <strong>aquí se transforma en un dramático recorrido por la habitual topografía</strong> en abanico peculiar <strong>de estas galerías comerciales</strong>, donde los distintos establecimientos van rodeando en varias plantas un mismo espacio central.</p><p>No quedan ahí las similitudes; <strong>si en la </strong><em><strong>Divina Comedia</strong></em><strong> es el poeta latino Virgilio quien acude a guiar a Dante en su periplo ultramundano</strong>, <strong>Carbajosa va a contar con la compañía de otro personaje de ascendencia italiana y emparentado con el universo en el que se desarrolla la acción </strong>no solo por su relación con el mundo de la moda sino también por su fantasmal existencia: <strong>Emidio Tucci</strong>.</p><p>Juntos irán visitando en infernales singladuras los distintos espacios en los que expían sus culpas quienes se apartaron de la virtud, como aquellos cuyas almas fueron conquistadas por la lujuria, que en la obra de Carbajosa aparecen apiñados en un espacio que acoge a franquicias de Intimissimi, Women’secret y el departamento de ropa interior masculina de Calvin Klein. Un lugar en el que la visión de bellos cuerpos semidesnudos no logra abstraernos del pavor que provocan los gritos y lamentos provocados por un doble sufrir: el de aquellos que, avivada su impaciencia por el deseo, sufren eternamente esperando inútilmente que su pareja elija un atuendo definitivo y el de quienes en busca de la prenda que resalte suficientemente su desnudez desesperan porque jamás acaban de conseguirlo. Así, en un puro lamento, y ante el apremio de quienes les esperan se oyen voces femeninas transidas de desesperación: “¡Oh, cruel destino, que me regalas estos preciosos senos y haces imposible conseguir un sostén con el push up que los haría perfectos!”, mientras que, de igual modo, los chicos se quejan amargamente y entre sollozos de que la anchura de la pretina del slip no les resalta adecuadamente los oblicuos. Cuando están a punto de abandonar la sala, la mano de una chica detiene el caminar de Tucci y se produce uno de los momentos más dramáticos de esta primera incursión. La joven, que luce un cuerpo escultural cubierto apenas por un escueto bikini de croché pregunta atormentada :“Emidio, ¿me ves gorda?”, a lo que Emidio, inclemente, responde: “Gorda no, pero te vendría bien reafirmar los glúteos con un poco de crossfit, guapa”. Al grito desgarrador de la muchacha se une el de cientos más que como ella se sienten también objeto de la crítica, mientras al fondo un joven que no encuentra ropa interior de su gusto intenta ahorcarse con un cinturón de Versace.</p><p><strong>Tucci y Carbajosa prosiguen su viaje </strong>y, al igual que Virgilio y Dante en la<em> Divina Comedia</em>, van accediendo a otros recintos en los que contemplan el penoso e inacabable presente de quienes en el pasado no acomodaron sus vidas a los preceptos cristianos. Así ocurre con aquellos que se entregaron a la gula y que, prisioneros en un Cien Montaditos, desfallecen víctimas de un hambre insaciable excitada por la prometida abundancia de una carta que incluye manjares deliciosos acompañados de exóticas salsas, pero que, finalmente, acaba convirtiéndose en un martirio, pues a la lentitud insufrible de la cocina se suma el que elijan lo que elijan de esa centena de variadísimo menú les es servido siempre un número noventa y dos: vegetal de zanahoria, lechuga y tomate. Salvo que pidan un noventa y dos en cuyo caso un camarero les responde con una mefistofélica sonrisa: “Se nos ha acabado”.</p><p>En el fúnebre tránsito de los protagonistas por los distintos recovecos de este tártaro de inspiración consumista se produce también el encuentro con aquellos que en vida no conocieron otro amor que el que les inspiró el dinero: los avaros, que sufren su interminable condena buscando una oportunidad al menor precio en el interior de un Mango Outlet. Vana ilusión, cuando la consiguen y el ansia de poseerla les hace pasar rápidamente por caja, comprueban con gran quebranto que, mientras lo abonaban, el artículo ha bajado de precio. </p><p>No puede extrañarnos que, como en la <em>Divina Comedia</em>, se produzca también el encuentro del visitante con Beatriz, su amada difunta: en el caso de Carbajosa un amor de juventud interrumpido tras su fallecimiento por las complicaciones derivadas de un selfi al borde de un precipicio. Pese a la nueva semejanza, es a partir de este momento cuando la obra más se distancia de su inspiración dantesca. En la relación con la Beatriz de nuestro autor –la ausencia de paladar literario al que nos hemos referido con anterioridad quiere que aquí se la llame Bea– uno adivina un cierto resquemor hacia ella, un malestar larvado fruto sin duda de las normales desavenencias que, indefectiblemente, generan las visitas en pareja a los centros comerciales. De forma que, a partir del encuentro, diríase que el sufrimiento de quienes moran en este infierno pasa a un segundo plano y es la desesperación de Carbajosa la que gana protagonismo.</p><p>Lo percibimos cuando <strong>Bea</strong>, que resulta ser la mejor amiga de <strong>Emidio Tucci</strong>, muestra a este un body de lentejuelas que acaba de comprar en Bershka. Carbajosa, que sabe del carácter indeciso de Bea y ve venir la tragedia, se apresura en afirmar que la prenda le parece maravillosa, pero a Emidio no le acaba de convencer y, tal como temía Carbajosa, Bea decide devolverlo.</p><p>En Bershka, como parte del castigo al que la divina providencia somete a los allí confinados, la música suena a un volumen tal que convierte en proeza cualquier conversación. Aun así, Bea convence a Carbajosa de que sea él el que se encargue de la devolución mientras ella y Emidio se acercan a ver unas licras de leopardo que al italiano le parecen creadas para ella. No nos detendremos en detallar la desesperación de Carbajosa cuando, tras un par de horas haciendo cola, accede a la caja solo para constatar que al haber sido el artículo abonado con la tarjeta de Bea es necesaria la presentación de ésta para hacer efectiva la devolución. Tampoco hace falta insistir en el desánimo en que cae al perder el turno de cola para acudir en busca de Bea hasta que, al fin, tras una nueva espera logra finalmente, con la garganta en carne viva por el esfuerzo para hacerse entender por la cajera, devolver la prenda.</p><p>Carbajosa vuelve a encontrarse con Bea y Emidio y comprueba que al grupo se ha unido otro italiano, Massimo Dutti. <strong>Se produce entonces el único momento en el que Carbajosa supera a Dante, su infierno nos parece más cruel, más inhumano y atroz que el del italiano</strong>. Un inconmensurable horror se extiende ante el lector cuando Emidio y Massimo, que resultan ser pareja y acaban de comprarse un apartamento, piden a Bea y a Carbajosa que los acompañen a Ikea a elegir el mobiliario.</p><p><strong>No hay en toda la literatura universal expedición que cause mayor espanto, que provoque tormento mayor en un lector que ese amargo deambular de Carbajosa por Ikea</strong>, con parada obligada en todos los departamentos porque como explica Massimo “es que no tenemos nada, nada”. Especialmente penoso es el pasaje en el que, tras veinte minutos de ponderación sobre los pros y contras de un sacacorchos, finalmente deciden no comprarlo porque Emidio recuerda que ha visto en la web de Habitat “uno chulísimo”.</p><p>Sin embargo, posiblemente el momento más conmovedor sea aquel en el que la elección de unas cortinas produce una enorme desavenencia entre Emidio y Massimo y Carbajosa, a instancias de Bea, se ve obligado a mediar y convencer a Emidio de las virtudes combinatorias del azul bígaro, un color que diez minutos antes ignoraba que existiera. Ocurre justo antes de pasar por caja, donde Bea sugiere a sus amigos que no hace falta que contraten el montaje y en un bello acto de generosidad vicaria les dice que Carbajosa se encargará de hacerlo.</p><p><em><strong>Divina Tragedia </strong></em><strong>guarda aún una última sorpresa </strong>que abunda en la congoja del protagonista: Carbajosa pide pasar un momento por Leroy Merlin para comprar unos pernos de anclaje que necesita, pero Bea, Emidio y Massimo, incapaces de compasión alguna, se niegan porque, aseguran, “se les ha hecho tardísimo y va a cerrar Primark”.</p><p>__________________</p><p><strong>Miguel Sánchez-Romero</strong> es guionista.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[fde66fa9-9cc2-46ed-9fe5-09b5528b28c7]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jul 2024 18:41:58 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/779b0746-77db-460f-89f5-596f5e9a6933_16-9-discover-aspect-ratio_default_1013131.jpg" length="6107531" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/779b0746-77db-460f-89f5-596f5e9a6933_16-9-discover-aspect-ratio_default_1013131.jpg" type="image/jpeg" fileSize="6107531" width="2969" height="1670"/>
      <media:title><![CDATA[El infierno más cercano]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/779b0746-77db-460f-89f5-596f5e9a6933_16-9-discover-aspect-ratio_default_1013131.jpg" width="2969" height="1670"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Arte,Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Chiclana y el apocalipsis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/chiclana-apocalipsis_1_1754993.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/66ba92a3-5533-4176-b444-457370145299_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Chiclana y el apocalipsis"></p><p>Se abre la sesión a las once y diez minutos de la mañana. </p><p>(Número de expediente 214/000027) </p><p>El señor PRESIDENTE: Buenos días. Se abre la sesión de la <strong>Comisión de Interior</strong>. Los tristes acontecimientos que se han producido a nivel mundial en las últimas jornadas, y a los que sobradamente nos hemos remitido en los distintos debates que han tenido lugar en el Congreso, han reafirmado una vez más la importancia de los <strong>Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado</strong> a la hora de proteger a los ciudadanos. Como bien saben el Apocalipsis, cuya llegada pertinentemente anunciada en la Biblia muchos habían ignorado, se produjo finalmente con la curiosa circunstancia de que esa debacle planetaria de la que ahora empezamos a reponernos comenzó en la <strong>playa de Sancti Petri </strong>del municipio gaditano de<strong> Chiclana de Frontera</strong> desde donde, posteriormente, se extendería a todo el orbe, lo cual, entiende el Gobierno, es un guiño divino a la importancia geoestratégica de nuestro país que a la oposición le cuesta reconocer. Es por esa razón que el ministro de Interior ha querido, en una ejemplar muestra de <strong>transparencia</strong> que define también el espíritu y la forma de proceder del nuevo Gobierno, hacer públicas las <strong>grabaciones de las primeras alertas </strong>sobre el acontecimiento registradas en el <strong>archivo de comunicaciones radiofónicas</strong> de la Policía Municipal de Chiclana. Son <strong>cinco comunicaciones </strong>que escucharemos de forma consecutiva y en el orden cronológico en que se produjeron. Empezamos por la que tiene lugar a primera hora del <strong>5 de septiembre de 2024</strong>, entre el <strong>cabo Ventura </strong>Requena, que junto al guardia en prácticas <strong>José Manuel Morillo</strong> se encontraban patrullando por la zona, y el <strong>sargento Martín Pallete</strong> responsable en aquel momento de la Central de dicho cuerpo. Corresponde al archivo de audio código <strong>CHICLAPM 303</strong> de la Policía Municipal, como figura en el documento de la transcripción que se les ha repartido. Pasamos a escucharla. </p><p>CABO VENTURA REQUENA (en adelante CVR)<strong>:</strong> <strong>Central</strong>, aquí Coche 3. Nos encontramos en la playa de Sancti Petri. Ahora mismo no se escucha nada. </p><p>CENTRAL: Aquí Central, <strong>Coche 3</strong>. Vamos a ver, el aviso de los vecinos decía “<strong>ruido </strong>muy potente de una corneta sonando intermitentemente”. ¿No se escucha nada ahora? </p><p>CVR: <strong>Negativo</strong>. Lo que sí hemos visto es, en la explanada de la bolsa de aparcamiento, un cordero con <strong>signos de violencia.</strong> </p><p>CENTRAL: ¿Con signos de violencia cómo? ¿Puede ser más concreto, Coche 3? </p><p>CVR: Como si lo hubieran <strong>degollado</strong>, con la cabeza colgando. </p><p>CENTRAL: Copy. Enseguida llamo al servicio de limpieza y que lo retiren. ¿En qué parte de la explanada está? </p><p>CVR: Pues depende, antes estaba en el centro, pero ahora se está <strong>yendo </strong>como hacia la parte del Burger King. </p><p>CENTRAL: ¿Cómo que “se está yendo”? ¿El cordero no está degollado? </p><p>CVR: Afirmativo. Con la cabeza colgando. </p><p>CENTRAL: Entonces, ¿cómo va a ir a ningún lado el animal?</p><p>CVR: A ver, Central, yo de corderos no entiendo. Pero el animal va de aquí para allá, <strong>olisquea, nos mira… </strong></p><p>CENTRAL: ¡Con la cabeza colgando! </p><p>CVR: Afirmativo. </p><p>CENTRAL: Pero vamos a ver, Ventura, por Dios, ¿es posible que parezca degollado pero, en realidad, lo que ocurra es que el animal sea<strong> contrahecho</strong>? ¿Habéis intentado aproximaros? </p><p>CVR: Central, yo es que me he incorporado hoy después de dos semanas de baja porque me operaron de una<strong> hernia en la ingle derecha.</strong> Me han dado el alta, pero me han dicho que no haga esfuerzos, por los puntos que tengo internos. Entonces, claro, pues hemos optado por la <strong>vigilancia pasiva</strong> del animal no sea que nos acerquemos y nos embista. Pero se ve perfectamente que al animal lo han degollado: la cabeza le cuelga al lado izquierdo y tiene <strong>manchas de sangre </strong>como de haber sufrido una hemorragia. </p><p>CENTRAL: Vamos a proceder a llamar a la <strong>Perrera Municipal</strong> y que ellos se hagan cargo. Cambio y corto. </p><p>CVR: Coche 3 para Central, Coche 3 para Central, cambio. </p><p>CENTRAL: Aquí Central. ¿La Perrera se ha llevado ya al cordero? </p><p>CVR: Afirmativo, los compañeros han procedido a <strong>retirar el cordero</strong>. </p><p>CENTRAL: ¿Algún problema? </p><p>CVR: No, ninguno, el animal se ve muy noble. Pero el caso es que estamos viendo aparecer por la parte del Burger King un <strong>tío a caballo</strong>. Pelo largo, vestido con una túnica blanca y portando una <strong>espada</strong>. </p><p>CENTRAL: ¡Una espada! </p><p>CVR: Correcto, arma blanca de grandes dimensiones. Se ha dirigido al trote a la explanada del aparcamiento y se ha parado ahí. </p><p>CENTRAL: ¿Creéis que puede tener <strong>relación con el cordero</strong>? </p><p>CVR: ¿Relación cómo?, ¿una reyerta o algo así? </p><p>CENTRAL: O un ajuste de cuentas, no sé. ¿El individuo muestra una actitud agresiva? </p><p>CVR: El individuo está parado en la explanada, muy serio. Ahora está levantando la espada y apuntando al <strong>cielo</strong>. </p><p>CENTRAL: ¿En actitud <strong>amenazante</strong>? </p><p>CVR: No, amenazante no, pero la verdad, impone. </p><p>CENTRAL: ¿La zona está concurrida? </p><p>CVR: Negativo. Completamente vacía. Hace mucho levante y huele como a azufre. </p><p>CENTRAL: De acuerdo. Vamos a proceder de la siguiente forma: nos acercamos, le pedimos el <strong>permiso</strong> para portar arma blanca y si no lo tiene le indicamos que nos la entregue. Que se niega, lo reducimos. No puedo mandar refuerzos porque tengo a todas las unidades en la Media Maratón Urbana. ¿Os véis capaces de <strong>reducirlo</strong>? </p><p>CVR: Negativo. Por lo que te he comentado antes de los puntos.</p><p> CENTRAL: De acuerdo. Comunico con <strong>Jefatura</strong> y vuelvo a llamaros. </p><p>CVR: Coche 3 a Central, Coche 3 a Central, cambio. </p><p>CENTRAL: Aquí Central, dime Ventura. </p><p>CVR: A ver, Central, por lo visto alguien ha colgado en <em><strong>Twitter </strong></em>una foto del tío del caballo y esto se está llenando de gente. Entre ellos un señor con una <strong>Biblia </strong>en la mano que dice que esto que está pasando es el Apocalipsis. Repito, <strong>Apocalipsis</strong>. Vaya diíta que he elegido yo para incorporarme. </p><p>CENTRAL: ¿Ese señor está contigo? </p><p>CVR: Está arrodillado <strong>rezando </strong>al lado del coche. </p><p>CENTRAL: ¿Pero, es sacerdote o algo? </p><p>CVR: A ver, Central, yo a este hombre lo conozco de verlo siempre en las procesiones, detrás de los pasos. Uno que va siempre con los brazos en cruz y una camisa morada. Que se le ve así un poco paradillo, como de estar medicado. </p><p>CENTRAL: ¿<strong>Paquito Esteban</strong>? </p><p>CVR: Afirmativo. Pero, vamos, que lo que me ha dicho no se lo estaba inventando él, lo estaba leyendo de la Biblia. </p><p>CENTRAL: Vamos a hacer una cosa, Ventura. Vamos a confiscarle la Biblia. Así, si es el Apocalipsis, por lo menos tenemos una<strong> hoja de ruta</strong>. Voy a comunicarle a la Jefatura la situación y ahora os llamo. </p><p>CENTRAL: Central para Coche 3, Central para Coche 3, cambio. </p><p>CVR: Aquí Coche 3, cambio. </p><p>CENTRAL: He estado hablando con Jefatura y, efectivamente, <strong>se trata del Apocalipsis</strong>. Lo están dando ya en todos los informativos. ¿Hemos confiscado la Biblia a Paquito? </p><p>CVR: Negativo, Central. El señor Francisco Esteban se ha negado a entregarnos la Biblia porque dice que es una Biblia bendecida por <strong>Juan Pablo II </strong>y eso no puede ir por ahí de mano en mano. Pero ha accedido a <strong>prestárnosla</strong>. Está con nosotros en el asiento de atrás. Hemos estado leyendo y la cosa se va a poner fea, quedan todavía por venir más caballos. Te leo un fragmento: “Miré entonces y había un caballo verdoso; el que lo montaba se llamaba Muerte, y el Hades le seguía. Se les dio poder sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con la espada, con el hambre, con la peste y con las fieras de la tierra”. Perdona que te diga, Central, pero nosotros no estamos preparados para hacer frente a ese<strong> tipo de caballos</strong>. Esto es cosa del SEPRONA. </p><p>CENTRAL: Aquí la clave es la anticipación, Ventura. </p><p>CVR: ¿Anticipación? <strong>Terremotos, plagas, lluvia de fuego</strong>… ¿Cómo te anticipas tú a eso? </p><p>CENTRAL: Tranquilidad, tranquilidad, Ventura. No todo son malas noticias. Me dicen que se acaba de incorporar al operativo<strong> Protección Civil. </strong>¿Alguna novedad sobre el de la espada? </p><p>CVR: Negativo. Sigue ahí, estático. Yo creo que está esperando órdenes. </p><p>CENTRAL: De acuerdo. Mantenemos la vigilancia. En cuanto termine la media maratón os mando refuerzos. ¿Lleváis <strong>material antidisturbios</strong> en el vehículo? </p><p>CVR: Negativo. Francisco nos ha dado un <strong>escapulario </strong>de la Virgen del Carmen y lo hemos puesto en la antena exterior del coche. </p><p>CENTRAL: Recibido. Cambio y corto. </p><p>CVR: Coche 3 para Central, Coche 3 para Central. </p><p>CENTRAL: Aquí central, Coche 3, adelante. </p><p>CVR: Te leo: “Y apareció una señal en el cielo: un <strong>gran dragón roj</strong>o, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas”. </p><p>CENTRAL: Ni te preocupes.<strong> Acaba de terminar la Media Maratón</strong>. Te mando para allá <strong>cuatro unidades</strong>. Antes de que llegue el dragón están allí los refuerzos. </p><p>CVR: El dragón lleva aquí media hora. Está luchando en el cielo con un grupo de <strong>ángeles</strong>. Entre eso, la plaga de langostas y la lluvia de fuego aquí no hay quien pare. Yo no sé cómo la gente tiene ganas de hacerse <strong>selfis</strong>. </p><p>CENTRAL: Bien, vamos a iniciar una retirada estratégica. Retrocedemos y buscamos refugio en el <strong>Burger King</strong>. </p><p>CVR: Del Burger King olvídate. El de la espada se ha metido dentro y aquello es ya un solar. Mira en <em>Instagram</em>, que hay vídeos. Otra cosa: nos dice Francisco Esteban que la clave es el cordero. Repito, <strong>el único que puede parar esto es el cordero.</strong> Hay que llamar urgentemente a la Perrera y decirles que liberen el cordero. </p><p>CENTRAL: ¡El cordero! </p><p>CVR: Te leo: “Porque el Cordero que está en medio del trono los apacentará y los guiará a los manantiales de las aguas de la vida. Y dios enjugará toda lágrima de sus ojos”. Hay que <strong>soltar al Cordero</strong> cagando leches. </p><p>CENTRAL: Recibido. Voy a llamar a la Perrera, pero me van a mandar a mí al mismísimo carajo. Cambio y corto. </p><p>CENTRAL: Aquí Central para Coche 3, Central para coche 3, cambio. </p><p>CVR: Aquí Coche 3, cambio. </p><p>CENTRAL: A ver, Ventura, he hablado con la Perrera y <strong>las noticias no son buenas</strong>. </p><p>CVR: ¡No me digas que lo han sacrificado! </p><p>CENTRAL: No, no. Se lo ha cargado un <strong>pitbull</strong>. Esos perros tenían que estar prohibidos. ¿Puedes preguntarle al señor Esteban si podría conseguir más escapularios? </p><p>El señor PRESIDENTE: El resto ya lo conocen ustedes. Una <strong>hecatombe sin precedentes</strong>. Tal como estaba estipulado en la Biblia, sólo se han salvado aquellos que han sido considerados justos a los <strong>ojos de Dios</strong>. Se estima que <strong>tres cuartas partes </strong>de la población mundial ha fallecido, un porcentaje notablemente superior entre <strong>periodistas, tertulianos y quienes se dedicaban a la política.</strong> Han sobrevivido, ahora sí podemos decirlo, los españoles de bien. Lo sorprendente es que no todos simpatizaban con el partido que imaginábamos, la cosa estaba más repartida. Por otra parte, respecto a las preguntas planteadas por diversos portavoces a esta presidencia, me gustaría recordarles que esta Comisión carece de atribuciones para abordar cuestiones relativas a posibles actividades especulativas de algunos comisionistas en la compra de escapularios por parte del Estado. Un asunto, el de los <strong>escapularios</strong>, sobre el que, por otra parte, el Gobierno ya ha manifestado la intención de <strong>reducir su IVA </strong>al cuatro por ciento. Se levanta la sesión.</p><p>___________________</p><p><em>* Miguel Sánchez-Romero es guionista.</em></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[ba7f5d3a-f254-4489-a799-1b29cc3c8683]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Apr 2024 17:29:29 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/66ba92a3-5533-4176-b444-457370145299_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="7275949" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/66ba92a3-5533-4176-b444-457370145299_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="7275949" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Chiclana y el apocalipsis]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/66ba92a3-5533-4176-b444-457370145299_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hitler en el diván]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/hitler-divan_1_1725623.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/48824255-7c53-4053-8b85-db1d8ea9c57d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hitler en el diván"></p><p>En la tarde del 22 de abril de 1945, en un Berlín asediado por el Ejército Rojo, Hitler <strong>sufrió una crisis nerviosa </strong>cuando se le informó de que no habían sido obedecidas las órdenes de contraatacar que había emitido el día anterior. En los días posteriores a esa tarde, cayó en un estado de melancolía tal que su secretario personal, Martin Bormann, ausente ya el doctor Morell del <em>führer </em>bunker –despedido por Hitler tras considerar que ya no necesitaba ayuda médica– decidió recurrir a Felix Schäfer, psicoterapeuta y alto mando de la Gestapo.</p><p>Felix Schäfer era el nazi que cualquier nazi hubiera querido ser. Casi dos metros de aria corpulencia acompañada de una <strong>inquietante afabilidad y probada eficacia en el desempeño</strong> de su labor profesional, que no era otra que la de someter a quienes aspiraban a pertenecer a la Gestapo a sesiones indagatorias en busca de enflaquecimientos psicológicos que hicieran desaconsejable su pertenencia al cuerpo. Felix fue el introductor de una variante del test de Rorschach según el cual si el individuo sometido a la prueba no veía en al menos cinco de las diez imágenes que se le mostraban un campo de concentración, no solo había que negarle el ingreso sino, además, invitarle a pasar una temporada en uno. </p><p>Por si la doble condición de nazi y miembro de la Gestapo no hicieran ya que a Felix le resultaran familiares todos los resquicios del mal, el psicoterapeuta disponía aún de otro tenebroso pasadizo para acceder a él. Era escritor. No un escritor cualquiera, pertenecía a ese grupo de literatos en cuyo corazón encuentran cobijo todas las vilezas: <strong>aquel que no ha podido publicar su obra.</strong> </p><p>De una refinadísima erudición, Felix había consagrado los mejores años de su vida, aquellos en los que la insaciable juventud te invita a libar todos los elixires del goce, a privarse de ellos y emplear su tiempo en escribir <strong>un monumental compendio teórico del nacionalsocialismo </strong>(análisis historiográfico, resumen programático y, naturalmente, vertiente proselitista). Sorprendentemente en un ensayo de ese cariz, al de Felix, a decir de quienes tuvieron oportunidad de ojear el manuscrito, lo adornaba un estilo ágil y elegante. </p><p>Diez años le llevó concluirlo. Y apenas una semana el que un responsable de la editorial Eher del Partido Nacionalsocialista acusara el recibo del original y le citara en su despacho. <strong>Nada más verle, el editor le felicitó por la calidad del trabajo </strong>realizado que, reconoció, había leído con auténtico deleite y transmitió a Felix que para Eher sería un auténtico honor incluir el ensayo en su catálogo. Un honor que tendría que esperar porque, con el libro de Hitler a punto de ser entregado alas librerías, carecía de sentido sacar al mercado otro que, aunque atesoraba mayor interés y estaba infinitamente mejor escrito –según confesó bajando la voz–, coincidía temáticamente en gran parte del contenido. Como alternativa, propuso a Felix esperar a ver qué tal iban las ventas de <em>Mein Kampf</em> y, si estas no despegaban –como, según él, sucedería– publicar el suyo una vez transcurrido el tiempo oportuno. Mientras, le sugirió, podría dedicarse a escribir algo que tuviera que ver con las enfermedades transmitidas por los judíos, que era un género que tenía mucha salida. Felix, conteniendo su indignación, mintió y prometió pensárselo.</p><p>Al salir del despacho, llevaba en una mano su manuscrito, <strong>en la otra un ejemplar de </strong><em><strong>Mein Kampf</strong></em><strong> </strong>que el editor tuvo el detalle de regalarle y, en el alma, un inmenso aborrecimiento a Hitler. Nada más llegar a casa, se aplicó con voraz determinación a examinar aquel libro causante de su infortunio. En principio, le reconfortó la ausencia en él, no ya de una brizna de genialidad, sino ni siquiera de un atisbo de talento. <em>Mein Kampf</em> era una mezcla de anécdotas biográficas de escaso interés y seguramente falsas a las que se sumaba un caótico cúmulo de reflexiones de una enorme vulgaridad intelectual. Como aquella en la que, creyendo probar que las leyes naturales avalaban el estado racista escribía: “Todo animal se apareja con un congénere de su misma especie. La abeja con la abeja, el pinzón con el pinzón, la cigüeña con la cigüeña, la rata silvestre con la rata silvestre, el ratón casero con el ratón casero, etcétera.” Hasta un judío podría ver que lo único que demostraba esa aseveración era que Hitler no sabía distinguir entre raza y especie. </p><p>Pero de esa satisfacción inicial Felix volvió enseguida al rencor, a <strong>un odio que fue creciendo</strong> a medida que, impulsadas por las peripecias vitales de su autor, aparecían nuevas ediciones del libro de Hitler que fueron enterrando definitivamente las posibilidades de que el suyo fuera alguna vez publicado. </p><p>Y ahora, pasado el tiempo, en la habitación privada del búnker en el que se refugiaba, el artífice de su desgracia estaba sentado frente a él. Debilitado, quejumbroso, hundido. Ausente de sí todo el enérgico vigor de sus apariciones públicas. Derrengado en un ostentoso sillón de piel, incapaz de pronunciar palabra, <strong>Hitler fue asintiendo levemente ante el repertorio de síntomas</strong> que en forma de preguntas iba desplegando Felix: despertares sobresaltados, angustia, desgana, nerviosismo, falta de energía. Un inventario que desnudaba en él una vulnerabilidad inusitada y componía una estampa sufriente merecedora de lástima a poco que uno tuviera una pizca de humanidad. Felix, como buen nazi, no era de esos. “Perfecto para la venganza” —pensó, sin remordimiento alguno–. ¿O no era el propio hombre abatido que relataba su particular infierno el mismo que proclamaba en su libro que en el mundo real de la lucha por la existencia “el exterminio del más débil representa la vida del más fuerte”? </p><p>¿No declaraba, además, en el capítulo décimo, que “La cuestión de hacer imposible a los seres tarados la procreación de una descendencia también tarada es un imperativo de la más clara razón?” ¿Por qué no había cumplido Hitler con ese imperativo manteniéndose alejado de la procreación literaria? ¿O no era acaso evidente que <em>Mein Kampf</em> era un triste engendro fruto del amancebamiento entre un tarado y la Literatura? Felix abandonó sus reflexiones y <strong>dirigió unas palabras de ánimo a Hitler:</strong></p><p>—No hay nada extraño en lo que le ocurre, no es fácil ser <em>Führer</em>, <strong>cargaren soledad con el destino de Alemania, </strong>atender cada minuto del día al inmenso deber de regir el Reich. </p><p>Aunque deprimido, Hitler pareció recibir con cierto agrado aquel discurso consolador de Felix que, mientras hablaba, <strong>extrajo de un maletín situado a sus pies el ejemplar de </strong><em><strong>Mein Kampf</strong></em><strong> </strong>que diecinueve años atrás le habían regalado en la editorial.</p><p>—No podemos, permítame que le cite, perder de vista el objetivo que da sentido a su pesadumbre —dijo Felix mientras abría el libro y comenzaba a leer— . “Un Estado que<strong> en la época del envenenamiento de las razas</strong> se dedica a cultivar a sus mejores elementos raciales, tiene un día que hacerse señor del mundo”. </p><p>Bajo la voz de Felix <strong>se oía amenazante</strong> la cada vez más cercana presencia de las bombas rusas. Felix prosiguió su lectura con énfasis teatral.</p><p>—“Que los fieles a nuestro Movimiento no se olviden nunca de eso, incluso cuando, por la enormidad del sacrificio y de la lucha, puedan<strong> llegar a dudar de la posibilidad del triunfo”.</strong> Magnífico epílogo para un magnífico libro concluyó Felix cerrándolo para, con una encantadora sonrisa, ofrecer una pluma a Hitler.</p><p>—¿Le<strong> importaría firmármelo,</strong> <em>mein Führer</em>? </p><p>Hitler, como un autómata, fue a tomar el libro pero Felix <strong>se apresuró a retirarlo de su alcance </strong>y sacando del maletín otro ejemplar encuadernado en piel se disculpó.</p><p>—Perdone, <em>mein Führer</em>, firme este, si es tan amable. Y, mientras Hitler, torpemente, garabateaba en el libro, añadió: La edición en rústica la utilizo sólo para <strong>documentar las críticas y proceder a las detenciones.</strong> </p><p>Hitler alzó los ojos hacia Felix. En sus mejores tiempos lo habría hecho para dirigir a cualquier interlocutor que admitiera en su presencia que alguien osaba criticarle una mirada de helada ira presagio de letales consecuencias. <strong>Ahora aquellos ojos cansados parecían pedir piedad </strong>al destino y preguntarse “¿Otra complicación más?”. Casi en un susurro, preguntó:                    </p><p>—¿Documentar las críticas?</p><p>—Sorprendente, ¿verdad? Cuesta concebir que haya quien pueda criticar esta Biblia del nacionalsocialismo. <strong>Pero, por increíble que parezca, sucede. </strong>Y no me refiero —prosiguió con impostada indignación— sólo a quienes dicen que el estilo refleja un torpe dominio del alemán, o que el contenido es mera palabrería amodorrante, no. Me refiero a los que se atreven a afirmar que las diez páginas que dedica usted a la sífilis –un asunto que ha de ocupar la mente de cualquier hombre de Estado- se deben únicamente a que en su juventud, en Viena, le fue contagiada esta enfermedad por una prostituta judía, lo cual explicaría también su antisemitismo. </p><p>A Hitler, <strong>la boca abierta, los ojos suplicantes, </strong>se le escurrieron pluma y libro de las manos. Felix se incorporó, los recogió y prosiguió su discurso.</p><p>—¡No hay derecho, no lo hay! No es justo que esta joya literaria<strong> destinada a pasar a la posteridad </strong>—dijo sosteniendo <em>Mein Kampf</em> entre sus manos como si se tratase de un frágil tesoro— lo vaya a hacer con el añadido mentiroso, que muchos tomarán por verdadero, de que su autor era un pobre sifilítico que se acostaba con judías. </p><p>El quejumbroso suspiro de Hitler<strong> se pudo oír fuera del búnker.</strong> Felix reparó en que nunca había visto sollozar a un Führer. Le tendió un pañuelo y, como si se dirigiera a una multitud expectante, continuó declamando sus fingidas quejas.</p><p>—¿No es inmundo que la Resistencia francesa haya inundado las calles con ese aborrecible panfleto?</p><p>—¡¿Panfleto?! ¡¿Hay un panfleto?! —preguntó Hitler con la poca alarma que le permitía su agotamiento.</p><p>—Perdón, <em>mein Führer</em>, pensaba que estaba usted al tanto. Felix volvió a su maletín y sacó una octavilla en la que, en impresión casera, <strong>aparecía una foto del Fürher y un texto en francés</strong>. Se la mostró a Hitler, que la observó durante un momento.</p><p>—No hablo francés.</p><p>—¡Hace usted muy bien!</p><p>—¿Podría traducírmelo?</p><p>—¿Es necesario, <em>mein Führer</em>? Ya sabe usted cómo son los franceses.</p><p>—Por favor —suplicó Hitler, tal y como había pensado Felix que haría un narcisista de su talla por muy deprimido que estuviese.</p><p>— Son citas de su libro utilizadas para dudar… —Felix se detuvo un momento— Dejémoslo, <em>mein Führer</em>, son habladurías, rumores sin importancia por más que el panfleto se haya traducido ya a doce idiomas.</p><p>—Le ordeno que me informe sobre el objeto de esas dudas —logró mascullar Hitler. </p><p>Felix se cuadró, alzó la vista y habló al aire.</p><p>—Dudas sobre su masculinidad. </p><p>Al oír aquello, <strong>Hitler intentó erguirse,</strong> pero lo único que consiguió fue que, en el intento, la fricción de su cuerpo contra la piel de la butaca imitara el sonido de una ventosidad. </p><p>Ni en su más optimista previsión había soñado Felix con una oportunidad así para el desquite: un hombre deprimido, sí, pero en el que<strong> latían aún los restos de una egolatría</strong> y un narcisismo inconmensurables servido en bandeja para sufrir el peor de los escarnios –la condescendencia de un inferior– por una lujosa tapicería.</p><p>—No se preocupe, <em>mein Führer</em>, esto quedará entre nosotros —se dio prisa en decirle Felix a un Hitler que, sin fuerzas para<strong> explicar tan ordinario trance</strong>, sólo podía negar con la cabeza mientras señalaba con un dedo tembloroso la porción de sillón que quedaba entre sus piernas.</p><p>—Sí, <em>mein Führer</em>, a eso me refiero. <strong>Como si no hubiera pasado.</strong> Le entiendo perfectamente. Es más fácil dominar Polonia que un intestino rebelde. </p><p>Hitler comprendió que, entre la injusticia de asumir la autoría del incidente o el ridículo de declararse inocente del mismo, <strong>lo primero conllevaba menos esfuerzo</strong> y con un patético ademán indicó a Felix que continuara explicando las dudas sobre su hombría.</p><p>—En concreto, los franceses se refieren a esa parte del capítulo segundo, que titula “El Estado”, en la que usted escribe —fijó la vista en la cuartilla— “Es una verdadera lástima ser obligado a ver cómo los mozos de hoy <strong>se someten a una moda idiota”. </strong>Al parecer a los franceses, según dice el panfleto, idiota no les parece un insulto muy viril—apostilló antes de continuar—. Aluden también al párrafo en el que se refiere a la indumentaria de los jóvenes. Cuando usted dice: “Un joven que, en el verano, anda de aquí para allá vestido hasta el cuello, sólo por ello dificulta su educación física”. Para el pueblo francés lo que trasluce esa frase es que a usted le gusta ver a los jóvenes ligeritos de ropa. </p><p>Hitler, los ojos en blanco, <strong>sufrió un leve desvanecimiento</strong> que remitió en cuanto Felix le dio a oler sales de amoniaco. Luego, ante el aturdimiento del Führer, creyó necesario volver a centrar la conversación.</p><p>—Hablábamos de ese rumor sobre su afeminamiento cuya radical falsedad, desgraciadamente, poco importa como bien nos ha enseñado Goebbels. Es verdad que la ambigüedad con que está escrita cierta frase –seguramente un error mecanográfico de Rudolf Hess– no le ayuda, mein Führer. Se trata de ese párrafo en el que usted <strong>se muestra</strong> <strong>partidario del cultivo de la vanidad </strong>y explica que la vanidad a la que se refiere no es la “de poseer trajes bonitos, que no todos pueden comprar, sino la de crearse un cuerpo bien formado, al que muchos pueden acceder”. Permítame preguntarle: cuando usted dice “un cuerpo bien formado al que muchos pueden acceder”, ¿se refiere a que muchos chicos puedan acceder a un cuerpo bien formado o a que muchos puedan acceder al cuerpo bien formado del chico?</p><p>—A lo primero —contestó Hitler, a quien el amoniaco parecía haberle  hecho recobrar algo de vida.</p><p>—Pues los franceses han entendido lo segundo.</p><p>—<strong>¡Nein, nein, nein! </strong>—se quejó Hitler— Lo explico perfectamente unas líneas más abajo.</p><p>—Sí, también lo refleja el panfleto. Es la parte en la que, por desgracia, vuelve usted a repetir “idiota”: “Si la belleza física no se ocultase hoy completamente bajo los vestidos de moda idiota, la seducción de centenas de millares de mozas<strong> por judíos bastardos, de piernas arqueadas</strong> y descoyuntados, no sería posible”. Y los franceses añaden: “Si eres judío, ten unas buenas piernas y le gustarás a Hitler”. </p><p>El desmayo del <em>Führer </em>dio por finalizada la sesión. Martin Bormann no consideró adecuado <strong>proseguir con la psicoterapia</strong> después de que, tras despertar en su dormitorio, lo primero que ordenara Hitler a su secretario fuera prohibir <em>Mein Kampf</em>.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[dde1e51f-8caa-4ab0-bbf6-d48ace49e60e]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Feb 2024 16:52:01 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/48824255-7c53-4053-8b85-db1d8ea9c57d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1194390" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/48824255-7c53-4053-8b85-db1d8ea9c57d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1194390" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Hitler en el diván]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/48824255-7c53-4053-8b85-db1d8ea9c57d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Adolf Hitler,Judíos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bricolaje para construir una nación: herramientas necesarias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/bricolaje-construir-nacion-herramientas-necesarias_1_1699602.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/378eea06-8ce7-4297-9d20-c1fd797017da_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bricolaje para construir una nación: herramientas necesarias"></p><p>Como seguramente saben ustedes, la <strong>Peña Cultural Zambollo</strong> es la tradicional organizadora de las Fiestas del Gatopelao de Caramal de las Torres, en las que un hombre disfrazado de gato tiene que recorrer las principales calles del coqueto pueblo de la sierra madrileña esquivando<strong> las piedras que le lanzan el resto de vecinos.</strong> Es posible también que conozcan que la peña toma su nombre de Tomás Segura, Zambollo, que fue desde 1990 a 2015, momento en el que decidió retirarse después de que la Delegación del Gobierno instituyera la obligación de llevar casco, lo que Zambollo –que acababa de salir de un coma de once meses– consideraba <strong>una adulteración del espectáculo.</strong></p><p>Pero además de organizar estos festejos, la Peña Cultural Zambollo celebra también avanzado diciembre unas interesantísimas<strong> jornadas de debate</strong> que las malas lenguas atribuyen a la pícara intención de camuflar los festejos organizados con motivo de la Navidad bajo <strong>un falso manto intelectual </strong>que permita a la entidad no perder la calificación de Asociación Cultural y seguir teniendo acceso a las subvenciones de la Consejería. Quienes señalan esta circunstancia arguyen como prueba el que sean las únicas jornadas de debate europeas que se celebran bajo una carpa instalada en <strong>una plaza de toros, con orquesta y barra libre.</strong></p><p>En cualquier caso, las de este año fueron <strong>dedicadas al nacionalismo</strong> y como ilustre colofón contaron con la presencia del politólogo danés, y referencia intelectual del mundo cultural escandinavo, <strong>Aksel Finne</strong>, quien, siempre atento a la realidad española, no quiso perderse la cita aprovechando que tenía unos días libres en <strong>el McDonald's donde trabaja</strong>. La conferencia tuvo lugar en la tarde del 23 de diciembre y puso fin a una apretada agenda de eventos que ese día incluía además de la gincana, el belén viviente de la tercera edad y el concurso de rondallas infantiles, cuyo primer premio fue invitado a entregar el propio Finne, que, posiblemente por el cansancio del viaje, <strong>parecía un poco desconcertado.</strong></p><p>El título de la conferencia era el mismo que da nombre a esta reseña, <em><strong>Bricolaje para construir una nación: herramientas necesarias</strong></em><strong>.</strong> Finne explicó que había elegido el término “bricolaje” con la pretensión de resaltar, tal y como expresa su significado –“actividad manual y casera de reparación, instalación, montaje o de cualquier otro tipo que se realiza sin ayuda profesional”– la habitual falta de importancia o perentoriedad de la faena en cuestión, que en ocasiones tiene <strong>más de hobby que de labor imprescindible.</strong></p><p>Así, entiende Finne que <strong>la pretensión secesionista de algunos nacionalismos</strong> no es el fruto de una existencia sojuzgada por un Estado opresor puesto que viven instalados en la comodidad de un sistema democrático y de respeto a sus diferencias, de forma que, dice Finne, “da la sensación de que su búsqueda de la independencia tiene menos que ver con la necesidad de construir una casa común donde habitar sus particularidades que con la compra de <strong>una segunda residencia”.</strong></p><p>La palabra bricolaje no había sido, por tanto, elegida alegremente o como recurso estilístico, aunque gracias a ella el acto consiguió el patrocinio de Ferretería Gredos, cuyo propietario, <strong>Esteban Gredos</strong>, fue el encargado de presentar al politólogo a quien, anecdóticamente, se refirió en varias ocasiones como <strong>“podólogo”</strong> sin que nadie considerara necesario corregir el error.</p><p>Finne, tal vez en exceso, insistió de nuevo en el concepto del bricolaje para afirmar refiriéndose a los nacionalistas que nuestro país le recuerda a veces “a un magnífico chalet rodeado de vecinos que te despiertan cada plácida mañana de domingo usando la taladradora”, metáfora que no gustó nada al señor Gredos aunque provocó entre el público un estallido de júbilo con gritos de <strong>“¡España, España!”, </strong>momento aprovechado oportunamente por la charanga que amenizaba el acto para interpretar un pasodoble que mantuvo momentáneamente interrumpida la conferencia. <strong>Es de alabar la paciencia mostrada por Finne durante el lapso,</strong> así como la educada forma en que rechazó la insistente invitación a bailar con una anciana vestida de pastora.</p><p>Concluida la interpretación, Finne prosiguió definiendo una por una esas herramientas a las que hacía alusión en el título. La primera de ellas, afirmó, era “<strong>un sentimiento victimista</strong> por el que cualquier circunstancia casual pueda ser convertida en intencionado agravio”. </p><p>Sentimiento que tiene su origen en un cierto complejo de superioridad disfrazado de potencialidad sometida –<strong>“somos mejores que vosotros, pero no nos dejáis serlo”</strong>–. Cuando en realidad, proclamó Finne, “entre un albañil murciano y otro de Hospitalet no hay más diferencia hoy que la que pudiera haber una vez se consumara cualquier proceso independentista”. Afirmación que cosechó otra andanada de aplausos y un <strong>“¡Ole tus huevos, podólogo!”</strong> al fondo de la carpa.</p><p>La segunda de esas herramientas necesarias es para Finne <strong>la existencia de unas clases ilustradas</strong> que tengan sobradamente resueltas las necesidades básicas y tiempo suficiente para dedicarlo a convencer a quienes no las tienen de que el que así sea está fuera del ámbito de responsabilidad de “los nuestros”. A continuación, lamentó que la ilustración a que se refería no fuera digna heredera de la del siglo XVIII y se mostró convencido de que la propagación de <strong>un humanismo internacionalista</strong> es la mejor forma de plantar cara a los nacionalismos, lo que provocó que la audiencia estallara en gritos entusiastas de <strong>“¡Humanismo, humanismo!”</strong> seguidos de no menos apasionados cánticos de <strong>“¡A por ellos, oe! ¡A por ellos, oe!</strong>”. Posteriormente, Finne resaltó que, aunque no se atrevía a considerarla exactamente una herramienta, sí había constatado la gran ayuda que para el bricolaje nacionalista suponía la existencia de una izquierda que pese a dar muestras de un finísimo olfato a la hora de detectar los males del nacionalismo españolista no acaba de percibir en los periféricos tufo alguno a exclusión o falta de solidaridad. Como era de esperar, la palabra “izquierda” abrió la espita de <strong>una catarata de insultos a Perro Sanxe</strong> y unas doscientas personas abandonaron la charla para ir a manifestarse a Ferraz.</p><p>Posteriormente, Finne detalló la que él considera tercera herramienta necesaria para construir una nación: la historia, su manipulación, la <strong>búsqueda en el pasado de imaginarias explicaciones del presente</strong>. Finne se dijo partidario de prohibir a los melancólicos de cualquier patria dedicarse a la historiografía para evitar ridículos como los intentos de catalanizar a <strong>Santa Teresa, Leonardo da Vinci o Cristóbal Colón. </strong>La mención al genovés sirvió la excusa perfecta para que público y charanga recordaran al unísono el célebre pareado dedicado a los hermanos Pinzones que la anciana vestida de pastora aderezó con un gracioso bailoteo.</p><p>La cuarta herramienta del bricolaje nacionalista es, según explicó, un <strong>sistema educativo</strong> que instigue desde la más temprana edad en esos espíritus maleables el credo nacional, al tiempo que una escuela de adultos –esto es, una televisión– que sirva para transmitir los mismos valores a quienes ya no asisten a clase.</p><p>Y aquí, Finne quiso insistir en la metáfora de las herramientas explicando que del mismo modo que sirven para construir pueden, a su vez, <strong>desmontar lo ya construido</strong>, refiriéndose a la versatilidad del nacionalismo, una reivindicación prêt-à-porter que lo mismo puede lucir la izquierdista Esquerra que la derechista Junts. Luego recordó las palabras de Isaiah Berlin en tal sentido: “Después de la década de 1920, ni el socialismo ni ningún otro movimiento político del mundo de posguerra puede triunfar si no va de la mano no solo del antiimperialismo sino también de un pronunciado nacionalismo”. Una verdad que, según Finne, <strong>ha entendido muy bien el Partido Popular </strong>que, a caballo de un nacionalismo español y con el Estado de Pedro Sánchez como sucedáneo de un imperialismo contra el que rebelarse, <strong>tiene en Ayuso su mejor representante. </strong></p><p>La mera percepción por el auditorio de que Finne se había referido a Ayuso hizo que, sin atender siquiera al sentido de la frase, la multitud estallase en un rugido festivo, un alarido coordinado que fue mutando de <strong>“¡Ayuso presidenta!”</strong> a un inflamado <strong>“¡Me gusta la fruta, me gusta la fruta!”,</strong> mientras la charanga atacaba un chotis. Finne en esta ocasión no fue capaz de vencer la insistencia de la anciana vestida de pastora, y se le pudo ver acompañarla con <strong>unos torpes pasos antes de que tuviera lugar el desastre.</strong></p><p>Al parecer, por un error de coordinación del personal organizador, hizo aparición en la carpa una vaquilla cuya presencia estaba anunciada para la mañana siguiente en el <strong>espectáculo cómico-taurino</strong> que ponía fin a las jornadas culturales.</p><p>Lo último que recuerda este cronista, que como los demás corrió a ponerse a salvo, es la expresión aterrada de Finne viendo al animal dirigirse a él mientras de una forma poco galante –todo hay que decirlo– pugnaba con la anciana vestida de pastora por guarecerse tras la mesa presidencial. <strong>Al final ganó la anciana.</strong> En el momento de cerrar edición y según refleja el parte médico, el politólogo se reponía de múltiples contusiones y un puntazo sin afección de tejidos en la zona del perineo. Amablemente, <strong>Ferretería Gredos se ha hizo cargo de los costes de hospitalización</strong> dado que la seguridad social danesa no cubre lesiones producidas en el ejercicio de la tauromaquia.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[1284b9ba-64ff-48bb-ba31-33837bbb8298]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Jan 2024 19:03:30 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/378eea06-8ce7-4297-9d20-c1fd797017da_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1427594" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/378eea06-8ce7-4297-9d20-c1fd797017da_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1427594" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Bricolaje para construir una nación: herramientas necesarias]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/378eea06-8ce7-4297-9d20-c1fd797017da_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Accidentes en fiestas,PP,Isabel Díaz Ayuso,Nacionalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Género y número]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/avanti-tutti/genero-numero_1_1212364.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Género y número"></p><p>He decidido invertir en arte. Al precio que se han puesto las reformas, <strong>me sale más barato comprar cuadros que quitar el gotelé</strong>. El pasado fin de semana visité una exposición muy interesante en una de estas salas alternativas donde exponen artistas incomprendidos. Se trataba de la colectiva de un grupo de jóvenes pintores alemanes que comparten la circunstancia de que, pese a llevar años entregados a la profesión, no han vendido jamás un cuadro.</p><p>La muestra llevaba por título <em>Versagen </em>(fracaso) y sobre quienes la componen la crítica especializada mantiene una agria disputa valorativa: mientras algunos piensan que son malos, otros aseguran que son muy malos. Sólo en el caso de uno de ellos, Anton Schäfer, parece haber consenso en que el Estado de Baviera hizo bien al dictar contra él <strong>una orden de alejamiento de cualquier tipo de pincel o brocha</strong>.</p><p>Allí estaba yo, contemplando una obra de Schäfer, quien, según el catálogo, “ha abandonado la fiereza de sus comienzos y afronta en estos momentos <strong>una época de madurez y templanza </strong>tras haber sido hecho fijo en la ferretería donde trabaja”, cuando una chica alta, con el pelo teñido de rojo y una cámara <em>lomográfica</em> colgada al cuello que estaba a mi lado mirando fascinada el cuadro, lanzó una de esas preguntas sin destinatario que uno se ve obligado a contestar: “¿Cómo puede alguien combinar el color con tanto dramatismo?”. Yo, sintiéndome interpelado, asentí al tiempo que añadía “Típico de Anton”, con el tono de quien lo conoce de toda la vida. La chica percibió en mis palabras una complicidad que la invitaba a hacerme nuevas confesiones: “Es imposible no ver en el lienzo el alma atormentada del artista”. Volví a asentir y rematé fingiendo cierta aflicción: “Debió de haberlo pintado antes de que lo hicieran fijo”.</p><p>Entonces, se volvió hacia mí y, como si recitara su perfil de Twitter, se presentó: “<strong>Magda Lolich, fotógrafa y antifascista, género no binario</strong>”. “Miguel Sánchez-Romero, celiaco”, le respondí para no ser menos. “¿Te gusta el neo minimalismo alemán?”, me preguntó. “Lo que no me gusta es el gotelé”, le respondí y ella rio pensando que era un chiste.</p><p>Una hora y tres gin-tonics más tarde, en un bar aledaño a la galería, de estos con pinchadiscos que se creen alquimistas musicales, Magda me explicaba que el no binarismo es la identidad con la que se autodesignan las personas que no se reconocen ni totalmente femeninas ni absolutamente masculinas: “Gente que abandona la solidez excluyente de los conceptos habituales para fluir entre ellos porque eso les hace sentir más cómodos”. Yo, que como ustedes saben <strong>soy bastante facha,</strong> notaba sin embargo que el alcohol y la sonrisa de Magda habían atemperado mi radicalidad. La escuchaba intentando asimilar conceptos pero era un esfuerzo vano, me encontraba ya en esa fase de la intoxicación etílica en la que te empieza a parecer que el castellano tiene demasiadas erres.</p><p>A Magda, sin embargo, el alcohol no parecía afectarle y seguía pidiendo gin-tonics con una dicción perfecta. En el sexto yo había pasado de intentar recordar dónde había aparcado el coche a preguntarme si tenía carnet de conducir. Algo más tarde, Magda miró el reloj y decidió que era el momento de abandonar la ginebra y pasar a los chupitos de Jägermeister. Me pareció buena idea porque era evidente que<strong> la tónica me estaba sentando mal</strong>. Únicamente puse como condición que el camarero me cambiara el taburete por una trona. Magda volvió a reír. Era el mejor público que había tenido nunca. Pero, tras el primer chupito, se puso seria y me preguntó: “Y a ti, ¿qué te parece lo del género no binario?”.</p><p>Levanté el índice pidiéndole una pausa. Necesitaba un momento para ordenar mis pensamientos y poderle contar que, en realidad, a mí esa especificación identitaria me parecía innecesaria, pero alababa que al menos sirviera para reconocer, en una época de enorme polarización, donde todo parece circular en solo dos direcciones posibles, que hay huecos por los que huir de esa obligatoria catalogación simplista aunque sea a costa de un ejercicio de clasificación aún más exhaustivo. Que son raros estos tiempos en que se tienen por bondadosas y modernas <strong>dos formas tan distintas de entender el mundo</strong>: la que pretende resolverlo todo mediante referéndums –no hay nada más binario que este tipo de consultas– y la que se rebela contra la obligación de responder a cuestiones complejas con solo dos papeletas como única opción. Y que me sorprendía que hubiese gente –y gobernantes– que habitaran felices ambos universos sin que les pareciera contradictorio. Eso es lo que quería decirle a Magda.<strong> Pero al intentar hacerlo eructé.</strong> Y como a Magda le pareció gracioso, decidí concluir ahí mi explicación.</p><p>Justo entonces, me sobrevino una fugaz clarividencia. Un mini instante en el que recordé no sólo dónde había aparcado sino, además, que tenía caducado el carnet y que cada vez que tomaba Jägermeister acababa montando el numerito. Pero era demasiado tarde.</p><p>Lo penúltimo que recuerdo es a Magda riendo y yo bailoteando con el torso desnudo un tema de<strong> Chet Baker</strong> bajo la mirada asesina del <em>dj</em> al que le estaba jodiendo su receta mágica para ambientes <em>cool. </em>Lo último, a los porteros invitándome a abandonar el local y cómo, cuando lo hacía apoyado en una solidaria Magda, uno de ellos me preguntaba con expresión de fascinación defraudada: “Usted escribe en infoLibre, ¿no?”. Me volví y asentí caballunamente: “Sí señor”. Luego, le ofrecí mi mano y al estrechármela me presenté: “Jesús Maraña, género neutro”.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[3993bd28-b80f-4222-99a1-20e05297601a]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Oct 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" length="295420" type="image/png"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" type="image/png" fileSize="295420" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Género y número]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hombres de negro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/avanti-tutti/hombres-negro_1_1212099.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Hombres de negro"></p><p>Es difícil para un analista político de prestigio, como es mi caso, decidir cada semana a qué rincón de la actualidad aplicar la linterna de su discernimiento para ayudarles a ustedes, queridos lectores, a <strong>comprender el difícil mundo en que vivimos</strong>. Por ejemplo, en esta ocasión he dudado hasta última hora entre dedicar las siguientes líneas a un somero análisis de la siempre complicada situación en Cantora –Oriente Medio es un paraíso de estabilidad en comparación con esa finca– o a la renovación del Consejo General del Poder Judicial. Finalmente, he preferido decantarme por el asunto más frívolo: el CGPJ.</p><p>Escucho a tertulianos y politólogos referirse al Partido Popular como el culpable de que el mandato del Consejo General del Poder Judicial lleve casi tres años caducado por negarse a acordar con el PSOE la renovación de los miembros que lo componen. Y yo me pregunto: ¿es una locura pensar que, tal vez, el PP considere sabiamente que, como los yogures,<strong> el CGPJ no tiene fecha de caducidad sino de consumo preferente</strong>? ¿Es posible entonces que, pese a lo que dicen algunos, el estado del CGPJ no entrañe ningún peligro grave para la salud de la Justicia, aunque, como ocurre con los yogures, el que sus miembros estén pasados de fecha suponga una merma de calidad y pérdida de cualidades? Y si lo es, ¿podemos permitirnos que uno de los tres poderes básicos del Estado democrático sufra ese deterioro? Yo creo que sí, a fin de cuentas lo hemos permitido en los otros dos y nadie se ha rasgado las vestiduras.</p><p>Es verdad que puede dar la impresión de que el PP quisiera prolongar de manera tramposa una composición favorable del órgano de gobierno de los jueces. Y que lo hace confiado en que la mayoría conservadora que heredó de la época en que los populares gobernaban pueda favorecerle a la hora de torpedear el trabajo de un ejecutivo progresista. En términos vulgares, es como si Fernando Alonso, después de perder con Hamilton en Montmeló,<strong> acudiera a la Guardia Civil para que lo denunciaran por exceso de velocidad</strong>, y la Guardia Civil le hiciese caso.</p><p>¿Está pasando eso en España? ¿Están determinados jueces entorpeciendo la labor del Gobierno aceptando a trámite denuncias de las que no ignoran su escaso recorrido judicial pero sabiendo que tendrán a cambio un largo trayecto mediático y político? No lo sé, es un asunto que requiere una reflexión profunda y desde que he vuelto a pilates,<strong> en cuanto intento reflexionar un poco me quedo dormido</strong>. ¡Odio el pilates! Cuando me veo en esas máquinas no sé si lo que quiere mi <em>personal coach</em> es que fortalezca mi torso o que confiese que soy judío.</p><p>Pero volviendo al asunto que nos ocupa, si eso estuviera sucediendo, si siempre hubiera un guardia civil dispuesto a atender las denuncias de Fernando Alonso, tendríamos que admitir la posibilidad de que los miembros de la judicatura <strong>fueran mayoritariamente de derechas</strong>. Una afirmación tan injusta y excesiva como decir que todos los albañiles son de izquierdas. Algunos son de Vox.</p><p>Es verdad que llegar a juez requiere disponer de recursos que permitan al futuro magistrado opositar una media de cuatro años, durante los cuales dependerá del sostén familiar para poder dedicarse exclusivamente al estudio. No debe sorprendernos, por tanto, que de una familia con posibles pueda salir un juez decano mientras que una de albañiles solo alumbre a un juez de línea. A favor de estos últimos cabe decir no solo que en verano van más fresquitos sino que, a diferencia de los otros, se ocupan de la justicia que verdaderamente importa:<strong> la que dictamina si el delantero marca o no en fuera de juego.</strong></p><p>El símil futbolístico puede darnos una idea de la inadvertida trascendencia de este asunto: si la designación de quienes eligen cada semana a los árbitros y asistentes que tienen que aplicar el reglamento deportivo en los estadios se viese empantanada desde hace tres años porque los encargados de hacerlo sospechan que una gran mayoría de ellos van a interpretar ese reglamento en beneficio del equipo del que son aficionados, <strong>el escándalo sería mayúsculo</strong>. Afortunadamente estamos hablando del Consejo General del Poder Judicial y no del Comité de Designación de Árbitros.</p><p>La Justicia debiera tomar nota del ejemplar funcionamiento del Comité. Unos hombres de negro que han sabido adaptarse a los tiempos no solo en el atrevimiento cromático de la indumentaria –¿para cuándo las togas fucsias y verdes fosforito?– sino en la incorporación de tecnología que les ayuda a hacer más certero el veredicto. No es razonable que cada partido disponga de un VAR con imagen calidad 4K, software de trazado de líneas de perspectiva y <em>sky cam,</em> y que cuando vemos en los informativos imágenes de un juicio <strong>parezca que lo ha grabado tu amigo Paco</strong>, el que fracasó en Youtube.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[7a6f4fcd-a105-404a-8a22-f7fd1a9ea85d]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Oct 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" length="295420" type="image/png"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" type="image/png" fileSize="295420" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Hombres de negro]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Autos de fe cum laude]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/avanti-tutti/autos-fe-cum-laude_1_1211811.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Autos de fe cum laude"></p><p><strong>Bright Sheng </strong>es un compositor, director y pianista de origen chino con una brillante carrera artística en Estados Unidos que le ha llevado a ser en dos ocasiones finalista del apartado musical del premio Pulitzer. Es también profesor de la Escuela de Música, Teatro y Danza de la Universidad de Michigan, y en el desempeño de esta actividad ha cometido un error. "¿Qué tipo de error?", se preguntarán ustedes enormemente interesados por un tema que mezcla asuntos tan sabrosos como la música clásica, un pianista chino y la Universidad de Michigan.</p><p>Pues el peor de los errores: ha puesto a los alumnos de un seminario sobre Otelo, el personaje de Shakespeare, una película de 1965 en la que Laurence Olivier interpretaba al moro de Venecia con la cara pintada de negro, una práctica ya en desuso que en Estados Unidos se denomina <strong>blackface y es considerada racista</strong><em>blackface</em>. En su origen, durante el siglo XIX, fue utilizada para recrear sobre los escenarios personajes negros bobalicones y estereotipos negativos de esta raza como objeto de burlas. Los andaluces sabemos algo de este tipo de encasillamiento, pues solíamos aparecer siempre en la ficción reflejados como sujetos serios, sesudos y amantes del trabajo. En otras palabras, los alemanes del sur.</p><p>Sheng, que finalmente se ha visto obligado a dejar de impartir el seminario, fue denunciado por algunos alumnos que consideraron que<strong> el pase de la película lesionaba gravemente su derecho a disfrutar de lo que en el ámbito universitario norteamericano se denomina "espacio seguro", safe space</strong><em>safe space</em>. <em>Safe space</em> es un concepto complejo, impulsado en un principio como medida de autoprotección del alumnado para evitar discursos de odio, y al que su uso hipersensible e indiscriminado ha convertido en una especie de censura en aras de la corrección política. Íntimamente relacionado con la cultura de la cancelación, niega a determinados oradores presencia en los espacios universitarios hurtando a estas instituciones de una parte fundamental del objeto de su existencia: el debate contrastado de ideas por muy dispares que puedan ser. No es extraño que, en 2016, el decano de estudiantes de la Universidad de Chicago, John Ellison, en su escrito de bienvenida a los nuevos alumnos, incluyera este párrafo: "Nuestro compromiso con la libertad académica implica que […] no cancelamos a oradores invitados porque sus temas puedan resultar controvertidos, y no toleramos la creación de 'espacios seguros' intelectuales donde las personas puedan evitar el contacto con ideas y perspectivas en desacuerdo con las suyas".</p><p>Sheng, que afirma haber elegido la película objeto de la polémica por<strong> ser una de las más fieles a Shakespeare</strong> y porque pensaba "que tanto la obra como la ópera retrataban a Otelo como a un héroe que es víctima de los blancos", pidió perdón por correo electrónico al grupo de alumnos del seminario: "Me gustaría disculparme sinceramente por actuar equivocadamente al reproducir la versión teatral de 1965 del video de Otelo. Soy plenamente responsable del error". Aunque señalaba que el recurso al tinte por parte de Olivier no tenía la intención de degradar a los afroamericanos como se hacía siglos atrás y, por tanto, no cabía ninguna intención discriminatoria.</p><p>Luego añadía que se había dado cuenta de que "<strong>la profundidad del racismo era, y sigue siendo, una parte peligrosa de la cultura estadounidense</strong>", especialmente presente en la industria del entretenimiento, y que constituía "una tradición que discrimina y degrada a los afroamericanos y su cultura".</p><p>El profesor Sheng finalmente aludía a sus antecedentes culturales –recordemos que es chino–, mencionaba varias ocasiones en las que había recomendado o contratado a artistas negros e incluso, en la espiral de ridículo que suele ser habitual en este tipo de arrepentimientos, relataba que el pasado verano su hija fue invitada por el rapero negro Kanye West a actuar en Las Vegas y Atlanta.<strong> Ni su contrición ni sus explicaciones sirvieron de nada.</strong></p><p>Los alumnos –que conocen mejor a Sheng que el propio Sheng– dieron por hecho que lo que el profesor quería decir era que esos artistas le debían a él su éxito profesional y, en lugar de apaciguarse, la polémica se avivó. Entre esos alumnos estaba <strong>Sammy Sussman</strong>. Sammy –el bueno de Sammy– tiene <a href="https://sammybsussman.medium.com/playing-a-blackface-video-isnt-fireable-it-shouldn-t-be-okay-61083d6f74b9" target="_blank">un blog</a> con nueve seguidores y en él narra en primera persona el incidente. Lo hace bajo una foto de Laurence Olivier caracterizado de Otelo pero con la cara convenientemente <em>pixelada</em>, seguramente para no ofender la sensibilidad de sus posibles lectores. En el blog, Sammy nos cuenta el "dolor" que él y sus compañeros sintieron mientras miraban el vídeo. <strong>Sammy es blanco, pero al contrario que Olivier, ha pintado su alma de negro </strong>y eso le permite igualar su sufrimiento contemplando el vídeo al que sintieron millones de esclavos negros secuestrados en África para ser explotados inmisericordemente en otro continente. Lo podríamos llamar la negritud del converso e incluso podríamos tachar la actitud de Jimmy como apropiación cultural del dolor negro, pero yo prefiero observarla como un canto a la esperanza y luego les explicaré el porqué.</p><p>Sammy afirma también que "debería estar horrorizado por la forma lenta e ineficaz" con la que la universidad estaba abordando el asunto en un primer momento. Se refiere al consejo que le dio el director del departamento en respuesta a sus quejas: "Respetuosamente, creo que primero debería discutir este asunto con el profesor Sheng. [El profesor] ​​debería poder responder a sus preguntas antes de acusarlo". <strong>¡Qué vergüenza! ¡Pedir explicaciones antes de acusar a alguien! </strong>Hemos visto suficientes películas norteamericanas para saber que en ese país tienes que acusar a la gente rápido. Si les das tiempo, se acogen a la segunda enmienda y adiós a la silla eléctrica.</p><p>Es normal que semejante conducta por parte del director del departamento sumiera a Sammy en una triste desesperanza: "Así es como comienza el sistema de silencio" -se quejaba. "Un estudiante […] impotente se ve obligado a elegir entre infligir daño a la reputación del departamento o permanecer en silencio sobre una decisión inaceptable tomada por un miembro poderoso de la facultad". Mientras lee uno estas líneas, puede imaginarlo paseando por un campus otoñal con su alma de negro desbordada por la pena, sentado en un banco con la mirada perdida mientras recuerda otras ofensas de Sheng de las que también da cuenta en su blog: "En una reunión del departamento al aire libre hace unos años […] el profesor Sheng se sentó entre los estudiantes y miró videos en su teléfono móvil. Lo hizo mientras sus colegas se sentaron en sillas frente al grupo y hablaban sobre sus planes para el próximo año escolar. <strong>Recuerdo que me sorprendió que el profesor Sheng ignorara descaradamente a sus colegas y estudiantes. </strong>El significado estaba claro. Mientras el resto de profesores se sentaban delante, el profesor Sheng lo hacía de manera diferente. Ninguna de las reglas parecía concernirle".</p><p>Así es Sheng. <strong>Un canalla que se sienta donde le da la gana. </strong>No deberían hacer falta más pruebas para demostrar su falta de cualificación profesional, pero Sammy aporta alguna otra: "Nunca olvidaré lo que hizo durante mi entrevista para el programa de composición. Yo tenía 17 años en ese momento, un estudiante de último curso de secundaria emocionado por tener la oportunidad de compartir su música con el distinguido cuerpo docente de la universidad. Estaba respondiendo detalladamente a una pregunta sobre el lenguaje armónico de mi quinteto de instrumentos de viento cuando el profesor Sheng salió abruptamente de la habitación. No dio ninguna explicación para esta repentina salida". ¿Qué me dicen ahora? ¿Queda alguien entre ustedes que aún defienda al señor Sheng? ¡Hay que ser un malnacido para salir de la habitación justo cuando Sammy está respondiendo a una pregunta sobre el lenguaje armónico de su quinteto de instrumentos de viento! Daría mi brazo derecho por haber estado presente durante esa respuesta. Y ofrezco el izquierdo a quien me diga si está grabada en vídeo y puedo verla en Youtube.</p><p>Sammy concluye su relato afirmando que <strong>la experiencia ha reforzado la valentía de sus compañeros de estudios</strong> "y el poder de nuestro activismo colectivo. Seremos la generación valiente que desafíe estas prácticas. Seremos la generación valiente que cambie la dinámica de poder de la industria en general".</p><p>No seas modesto, Sammy. Seréis mucho más que eso. Seréis quienes desde el progresismo ayudéis a resucitar la Inquisición. Habéis demostrado que vivís el mismo espíritu intransigente que siempre ha sido seña del conservadurismo radical. Que los errores –incluso el simple malentendido– ya no son subsanables, que toda disculpa puede ser empleada en tu contra, que la mirada sucia puede ahora blandirse como ejemplo de limpieza. Habéis demostrado que los autos de fe vuelven, solo que ahora se celebran en la plaza pública de las redes. Los fanáticos del dogma –entre quienes orgullosamente me cuento– estamos de enhorabuena. Nos queda únicamente acordar qué herejías vamos a perseguir. <strong>Sueño con el día en que en España consigamos definitivamente ese acuerdo y nos pongamos manos a la obra. </strong>Un consenso entre ciudadanos de todas las sensibilidades, clases e ideologías. Que ilusione del mismo modo al empresario que al trabajador, al rico que al pobre, a las élites y al lumpen. Más o menos como el que hemos alcanzado con la afición a la cocaína.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[7fd04696-391e-4857-aab5-1feb69a09b7a]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Oct 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" length="295420" type="image/png"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" type="image/png" fileSize="295420" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Autos de fe cum laude]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Salud, dinero y 'offshore']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/avanti-tutti/salud-dinero-offshore_1_1211561.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Salud, dinero y 'offshore'"></p><p>Esa y no otra es la fórmula de la felicidad para <strong>los muy ricos. </strong>El amor ha sido desplazado de la ecuación. A diferencia del amor, con el dinero tu pareja no se enfada si decides ingresar en otro sitio el que no gastas con ella.</p><p><strong>Son unos yonquis de la pasta. </strong>El tipo de personas que en la misma semana en que ganan el Euromillón volverían a jugar a la primitiva. El dinero es su debilidad y esa enfermiza necesidad de atesorarlo les iguala un poco a los pobres, solo que en los ricos, por innecesaria, es una tremenda vulgaridad. Si te lo puedes permitir —y ellos podrían— no hay nada más elegante que tener al dinero poco aprecio. Hay más glamour en la forma en que algunos ricos se arruinan que en la manera con que muchos otros defienden su riqueza.</p><p>Cuando un potentado, sea supermodelo, estrella musical o premio Nobel, inventa triquiñuelas para pagar menos —o nada— al fisco, queda automáticamente convertido en poco más que un <em>youtuber</em> andorrano. No hay diferencia entre crear Lion Trust Limited Company en las Seychelles y tirar un poco de la bolsa hacia arriba cuando pesas la fruta en el Mercadona. Es más, <strong>al precio que están los aguacates es más cutre lo de las Seychelles.</strong></p><p>La mayor ventaja de poseer una gran fortuna es que te permite dejar de ser materialista. Si aun teniéndola sigues siéndolo, eres solo un miserable acaudalado. Antes de las elecciones norteamericanas de 2020, diecinueve multimillonarios norteamericanos pidieron que la nueva administración que resultara de estas aumentara sus impuestos como medida para hacer más justa la carga impositiva del país. Hay quien contempló esa extraña petición como un ejemplo magnífico de solidaridad. A mí me pareció algo más: <strong>un gesto de distinción, algo así como verter unas gotas de Chanel en la declaración de la renta.</strong></p><p>En todo caso, <strong>los Pandora Papers han aportado a día de hoy pocas sorpresas</strong><em>Pandora Papers</em>, lo cual no significa que su investigación carezca de interés. Pero en estos asuntos pasa como con la lista de convocados de Luis Enrique, que más llamativas que la presencia de los incluidos en ella, suelen ser las ausencias de quienes todos imaginaríamos que iban a estar. No nos asombra, por ejemplo, que en la relación de trileros figure <strong>Dominique Strauss-Khan</strong>. De este hombre podríamos esperarnos cualquier maldad, incluso que no recicle. Y tampoco nos ha parecido raro que aparezca <strong>Elton John.</strong> Cuando alguien pasa de ser un icono pop a parecer esa tía soltera que no ha perdido la esperanza de dejar de serlo, es que está tramando algo.</p><p>Respecto a esas ausencias inconcebibles, lo verdaderamente sorprendente de esta lista es que <strong>pese a estar en ella Corinna Larsen, no aparezca Don Juan Carlos. </strong>Es posible que, incluso a él mismo le haya sorprendido. Extraña que no esté porque hay un empeño perverso en mezclarlo en todo tipo de asuntos turbios. Hace poco, The Economist publicaba un artículo en el que incluía al rey emérito en un exclusivo grupo de mandatarios residentes en Emiratos que eran sospechosos de haber cometido irregularidades en sus respectivos países. Entre ellos, el ex presidente de Pakistán Perverz Musharraf o el ex primer ministro tailandés Thaksin Shinawatra. <em>The Economist</em> daba a entender, subrepticiamente, que la estancia de estos personajes en el emirato estaba directamente relacionada con la falta de interés del país en ayudar a la justicia internacional, circunstancia que lo había convertido en “refugio preferido para los blanqueadores de dinero, los traficantes de armas y los gobernantes sospechosos”. El semanario no especificaba a qué categoría pertenecen cada uno de los mencionados en el artículo. Lo que parece claro es que, para <em>The Economist</em>, <a href="https://www.economist.com/middle-east-and-africa/2021/08/26/why-afghan-officials-have-washed-up-in-the-united-arab-emirates" target="_blank">Abu Dabi es una especie de moderno Maracaibo</a> donde recalaban piratas que, adaptados a los tiempos, en lugar de patas de palo portan caderas de titanio.</p><p>Afortunadamente, si los rumores acerca de que la Fiscalía del Supremo pretende cerrar las investigaciones abiertas contra Don Juan Carlos son ciertos, en breve podrá finalmente regresar a España, al tiempo que la institución monárquica sale de este asunto felizmente fortalecida. A fin de cuentas, Don Juan Carlos está siendo investigado únicamente por el presunto delito de <strong>haber cobrado comisiones</strong> en la construcción del AVE a la Meca, <strong>indicios de cohecho, prevaricación y tráfico de influencias</strong>, pero —lo que verdaderamente importa a la hora de juzgar la trayectoria de un monarca— ¿puede alguien decir de él que no recicle?</p><p>Es verdad que el cierre no borra las acciones del rey, pues los motivos del final del recorrido judicial son la prescripción del supuesto delito en unos casos y la inviolabilidad del monarca cuando las llevó a cabo en otros, pero <strong>de su reprobable comportamiento solo hay una responsable: Corinna. </strong>El rey solo es culpable de haberse enamorado de la persona equivocada (por segunda, tercera o cuarta vez). Para ese loco maravilloso que es Don Juan Carlos sigue vigente la receta tradicional de la felicidad: salud, dinero y amor. Y es por amor por lo que nuestro rey se lo ha jugado todo. Don Juan Carlos es solo un prisionero de Cupido, un amoroso Robin Hood que si hizo lo que se supone que hizo fue para mantener el trepidante tren de vida de la alemana. La mala es ella, que tiene un agujero en la mano. No veo yo a Corinna levantándose a las tres de la mañana para ahorrar luz poniendo la lavadora en hora valle.<strong> Corinna tiene pinta de poner lavadoras a lo loco. Y con el bombo medio vacío.</strong></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[6d973a06-8479-4749-a3d2-d0c6178bcd7c]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Oct 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" length="295420" type="image/png"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" type="image/png" fileSize="295420" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Salud, dinero y 'offshore']]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Juan Carlos I,Corinna zu Sayn-Wittgenstein,Papeles de Pandora]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diputados volcánicos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/avanti-tutti/diputados-volcanicos_1_1211289.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Diputados volcánicos"></p><p>La presidenta del Congreso, Meritxell Batet, ha exigido a los diputados acabar con “las ofensas y los insultos”. Sería un error que lo hicieran, eso les obligaría a practicar el parlamentarismo de verdad, lo que convertiría a este país en uno de los más aburridos del mundo. ¿Concitarían las lomas de Cumbrevieja la misma atención que han conseguido en las últimas semanas si permaneciesen en callado reposo? No. Hace ya tiempo que <strong>la política española se ha convertido en un volcán y el parlamento en el cráter por el que expele el magma incendiario</strong> que calienta el clima político. Lo siento pero no he podido resistirme a hacer la metáfora.</p><p>No es culpa mía. La reflexión que la presidenta del Congreso compartía con sus señorías refiriéndose al clima de tensión que vive el hemiciclo era una clara invitación a hacerla: “Yo me pregunto –decía Batet–, y me imagino que ustedes también lo hacen a menudo, si somos conscientes de lo que estamos proyectando hacia fuera, de lo que estamos trasladando sobre todo a los jóvenes”. ¿Cómo sustraerse a la tentación de comparar ese “lo que estamos proyectando hacia afuera” con la colada destructora que recorre las laderas de La Palma? Aunque, para tranquilidad de la señora presidenta, no debiera de preocuparse por los jóvenes. <strong>Es muy posible que ni se hayan enterado porque estén todos de botellón.</strong></p><p><strong>La vulcanización del Congreso no es culpa solo de Vox</strong>, aunque las últimas y más vistosas erupciones correspondan a este grupo político en consonancia con la efervescencia hormonal de que hace gala la formación –hay más testosterona en un solo tuit de Macarena Olona que en todo el vestuario del Real Madrid–.</p><p>Tal y como hemos visto en las últimas semanas en televisión, donde<strong> los vulcanólogos han reemplazado a los epidemiólogos</strong> en la cotización de colaboradores estrellas, un volcán no nace de un día para otro. Antes ha de darse un proceso interno que, en el caso del Congreso, pasó primero por transformar el templo de la palabra a la que alude su nombre –Parlamento– en algo así como un escenario donde determinados políticos llevaban a cabo sus performances. Como todo el mundo sabe, una vez abierto un teatro es imposible asegurar que sobre sus tablas no se representen escenas bochornosas. En este caso muchas de ellas protagonizadas por esa clac enfurecida en que se convierte la derecha cuando es apeada del Gobierno.</p><p>Es superior a nosotros, en cuanto tenemos que abandonar el Consejo de Ministros,<strong> sacamos a pasear el gamberro que llevamos dentro.</strong> En ocasiones, ni siquiera estando en el poder somos capaces de resistir nuestra afición a la pirotecnia verbal que, a diferencia de la otra, prescinde del apoyo estético de la luminosidad para centrarse solo en el ruido. Eso explica, por ejemplo, que un tipo como Rafael Hernando accediera a la portavocía del grupo parlamentario del PP. Hernando, que unos años antes de su nombramiento había intentado agredir a Rubalcaba en los pasillos del Congreso, carecía como orador de grandes virtudes si exceptuamos el asombro que producía escuchar hablar a alguien que parecía tener siempre la boca seca. Afortunadamente, <strong>su tono chulesco y su carácter tabernario paliaban esas carencias.</strong></p><p>Luego llegó la modernidad, que exigía despojar a la institución de la escasa sacralidad que aún le quedaba. Sagaces políticos detectaron enseguida que vivíamos tiempos en los que el espectáculo debía presidirlo todo. Descubrimos entonces que un meme vale más que mil palabras y que, si bien estas requieren cierta habilidad y esfuerzo a la hora de saber usarlas, una camiseta con una leyenda propagandística puede llevarla cualquiera. Es verdad que más que en un político eso te convierte en Santiago Segura, pero no fue inconveniente para que las sesiones plenarias se poblaran de diputados <strong>luciendo camisetas con los más variados lemas reivindicativos</strong>.</p><p>Las camisetas con mensaje supusieron para el Congreso el primer paso de una moda tan dañina e imperecedera como el pantalón pirata. Luego, estos gestos se acompañaron de otros más sofisticados y de más complejo simbolismo como<strong> el de Carolina Bescansa acudiendo al Congreso con su bebé</strong> que, al tiempo de proclamar el derecho de las madres a criar a sus hijos “como puedan y como quieran”, parecía denunciar también la falta de canguros. La foto de la diputada con su pequeño no era nueva y había tenido ya lugar en otros parlamentos europeos. Sí lo fue la de Pablo Iglesias con el bebé en brazos. Hasta ahora estábamos acostumbrados a ver a políticos besando a niños en campaña, la nueva política nos había traído también la posibilidad de verlos sosteniéndolos en el regazo en un parlamento. No fue ésta la foto más comentada de Iglesias que nos sorprendió a todos <strong>el día en que besó en la boca a Xavier Domènech</strong> cuando éste descendía de la tribuna de oradores tras concluir su intervención. Iglesias ni siquiera pudo esperar a que Domènech pasara por su lado de camino a su escaño y bajó a recibirlo donde, tal vez, los abundantes medios gráficos pudieran conseguir un mejor encuadre para la instantánea. Poco después, Domènech decidió abandonar la política sin que, hasta ahora, se haya podido vincular la relación entre ambos hechos.</p><p>El <strong>proceso de teatralización del Congreso </strong>sufrió un avance definitivo cuando los políticos descubrieron el atrezo. Así, en una sola intervención, <strong>Albert Rivera</strong> mostraba, con la sobreactuación propia de los malos actores, un trozo de adoquín con denominación de origen “Disturbios de Barcelona”, el máster encuadernado de Pedro Sánchez y una foto enmarcada de Pedro Sánchez con Quim Torra. Ese día, quienes habíamos criticado a Rivera porque su carisma político nos parecía más propio de un jefe de planta de El Corte Inglés que de un posible presidente de Gobierno tuvimos que reconocer que estábamos equivocados. No pasaba de dependiente de un chino.</p><p>Y en el inventario de pequeños sismos y fumarolas que precedieron y presagiaron la aparición del volcán parlamentario <strong>no podemos olvidarnos de Rufián</strong>. Rufián comparte con el ex diputado del PP Vicente Martínez-Pujalte y el de Vox José María Sánchez García una situación que les hermana: ser los tres únicos diputados expulsados del Parlamento en cuarenta y tantos años de democracia. Rufián es, además de experto en invocar la trascendencia cada vez que habla sin que ésta acuda nunca a la cita, poseedor de un enorme trastero que le surte de los complementos necesarios para apuntalar su discurso, se trate de una impresora, unas esposas o cualquier otra cosa que puedas encontrar en eBay. De hecho, circula un rumor que afirma que, en realidad, es dueño de la plataforma y todos los objetos que se venden en ella le pertenecen.</p><p>Así estaban las cosas <strong>hasta que Vox entra en escena y pasamos de las fumarolas a los piroclastos. </strong>No es culpa de Vox. ¿Qué pueden hacer ellos para lograr en la escena parlamentaria el protagonismo que te asegure luego el consiguiente rédito mediático? Llamar bruja a una diputada puede parecer excesivo, salvo que hayas querido llamarla alquimista. A fin de cuentas, podría pensar José María Sánchez cuando reculó a medias, qué era Marie Curie sino una bruja con estudios.</p><p>El problema es que para un partido de sus características no hay muchas opciones. Abascal ya copió a Rivera la escena del adoquín luciendo uno recogido durante su mitin en Vallecas. Pero, aparte de eso, no hay muchas alternativas. ¿Un plumas reivindicativo? ¿El <em>Loden</em> pancarta? Porque, ¿no creerán ustedes que van a imitar lo del beso de Pablo Iglesias? ¿Se imaginan al líder de Vox esperando que Ortega Smith baje de la tribuna para besarle? Si lo hiciese, <strong>lo único que conseguiría Abascal es que Ortega Smith apoyase el #metoo.</strong><em>#metoo</em></p><p>Paradójicamente, las únicas que respetan el Congreso son las chicas de <a href="https://femenspain.org/" target="_blank">Femen</a>. Solo ellas lo contemplan aún revestido de esa sacralidad que pretenden subvertir apareciendo en él con el torso desnudo. Si no lo creyeran merecedor de esa respetabilidad, sus acciones disruptivas no tendrían sentido. Y <strong>es posible que en breve deje de tenerlo si los diputados volcánicos siguen haciéndoles la competencia.</strong></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[e420db08-f049-40a7-a662-0bb55f5bee02]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Oct 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" length="295420" type="image/png"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" type="image/png" fileSize="295420" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Diputados volcánicos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carta abierta a los doscientos de Chueca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/avanti-tutti/carta-abierta-doscientos-chueca_1_1209554.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Carta abierta a los doscientos de Chueca"></p><p>Solo erais doscientos. Lástima que no hubierais podido reunir a cien más. <strong>Trescientos es un número más apropiado para vuestra gesta.</strong> En la película homónima un grupo de espartanos al mando del rey Leónidas intentaba, apostándose en un angosto desfiladero del paso de las Termópilas, impedir que el ejército persa invadiera Grecia. Por el desfiladero de Chueca nos ha invadido lo peor, la ruina de este país: hombres que son capaces de distinguir entre el verde jade y el verde lima y a los que solo importa España cuando concursa en Eurovisión.</p><p>Es verdad que no erais muchos, que, <strong>por utilizar la métrica del barrio, escasamente llegaríais a llenar una carroza. </strong>Pero, aun así, el impacto de vuestros recios y <em>anabolizados</em> argumentos consiguió que la convocatoria fuera liberada de ser sometida a ese baremo que mide el éxito en este tipo de citas: el número de participantes. Si doscientas personas se hubieran reunido gritando en contra de la Agenda 2030 y 2050, que era el lema con que fue comunicada la marcha para engañar a las autoridades, <strong>la palabra fracaso habría resumido el resultado de la manifestación.</strong></p><p>Pero vosotros recorriendo esa nueva Sodoma <strong>al grito de "fuera maricas de nuestro barrio" y "fuera sidosos de Madrid" </strong>no erais una manifestación al uso sino, más bien, una expedición de machos alfa adueñándose de un territorio. No me atrevo a asegurar de qué especie porque, como seguramente sabéis, muchos animales practican la homosexualidad, lo cual me invita a sugeriros una visita al zoo de Madrid bajo el lema "fuera maricas de nuestras jaulas". En cuanto a lo de proscribir enfermos, yo echaría también a los asmáticos. El asma es un síntoma intolerable de debilidad. Se empieza inhalando Ventolin y se acaba de decorador de interiores.</p><p>Respecto a vuestra estrategia, tengo que reconocer que lo del engaño burocrático ha sido una jugada maestra. Aunque deberíais revisar vuestras filas: un detalle de tan astuta malicia como ese solo puede ser obra de la mente perversa de un gay. Cuidado con los infiltrados, compañeros. No es difícil desenmascararlos, basta con proponer entre vuestras bases una quema de libros. <strong>El que sepa dónde encontrarlos es el topo.</strong></p><p>Os confieso que me hubiese gustado asistir, pero <strong>con ese lema de las agendas no fui capaz de intuir de qué iba la cosa. </strong>Podría haber vislumbrado algo si al "No a la agenda 2030 y 2050" le hubierais añadido un "Sí a la agenda siglo XIII".</p><p>A la próxima no solo no faltaré sino que iré preparado. Me acabo de hacer un injerto capilar en las axilas para reafirmar mi virilidad. Ahora, cuando hago el saludo nazi parece que tengo a un rastafari acampado en el sobaco. Por no hablar de mis ingles. Les he aplicado lo que el Seprona denomina "técnica de repoblación intensiva". Vais a flipar cuando os las enseñe. Porque eso es lo que hacemos los súper heteros en los ratos libres, ¿no? <strong>Comparar marcas de esteroides, hacer abdominales y gastarnos bromas que incluyan enseñar los genitales. </strong>Al menos así es como yo entiendo la camaradería macho <em>premium</em>.</p><p>Pero, antes de la siguiente quedada, conviene reflexionar sobre la reacción de los partidos a vuestra hazaña. Sé que reflexionar no es lo nuestro, no nos sale bien, nos atascamos como un Panzer en la estepa rusa. ¡Y lo que duele reflexionar! Esa punzada en las sienes que parece que te va a estallar la cabeza. <strong>Me han dicho que es por los esteroides, pero yo creo que es un efecto secundario de ser tan hombres.</strong></p><p>El caso es que la condena de todas las formaciones excepto Vox era algo esperado. Aunque lo de Vox ha sido peor. <strong>¿Quién podía esperar que Santiago Abascal dijera de vosotros que sois "una banda de locos y de fanáticos gritando barbaridades que no representan a ningún español?". </strong>Comprendo vuestro previsible desconcierto. Os imagino preguntándoos: "Pero, ¿no decía Santi que hay un <em>lobby</em> gay que está imponiendo su ideología? ¿Pero no había prometido derogar la ley que permite que se casen? ¿No era partidario de que las parejas gais tuvieran trabas a la hora de adoptar? ¿No estaba en contra de que en las escuelas se enseñe a los niños que un gay tiene los mismos derechos que alguien normal? ¿No quería sacar la fiesta del Orgullo del centro porque molesta a muchos madrileños? Pues en eso estamos. Lo que ocurre es que son enunciados demasiado largos para gritarlos en una manifestación. Nosotros, menos dados a las florituras, condensamos el mensaje y queda así: Fuera maricas de nuestro barrio".</p><p>¡Ay, compañeros! Si para gente como nosotros reflexionar no llevara aparejada esa insoportable cefalea que nos impide profundizar en cualquier asunto, las palabras de Abascal podrían entenderse como un ejercicio supino de cinismo o como prueba de la magnitud de nuestra derrota. O como ambas cosas. <strong>Si hasta Vox, aunque no condene el acto, se ve obligado a desligarse tan groseramente de él, la guerra está perdida. </strong>La han ganado los gais y la malévola modernidad que los apoya. Podemos simular que no es así con esporádicas escaramuzas, pero estamos bien jodidos. Metafóricamente, claro. Por ahí detrás ni el bigote de una gamba.</p><p>Y, encima, habéis tenido que soportar que Santi, al que considerabais un colega, diga que vuestra marcha "apesta a cloaca socialista". <strong>Pobres. No se me ocurre mayor insulto. </strong>Tenéis todo mi apoyo y comprensión si, con el martilleo de la punzada reflexiva en la mollera, os asalta la duda: "¿Para esto me he jugado yo la vida en Chueca arriesgándome a que un gay me tire un beso y me dé?".</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[44e39c34-1b73-4b5e-a5f9-31ab6093dc08]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Sep 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" length="295420" type="image/png"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" type="image/png" fileSize="295420" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Carta abierta a los doscientos de Chueca]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Activismo LGTBI,Fascismo,Nazismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tanto buscas, tanto vales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/avanti-tutti/buscas-vales_1_1209286.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Tanto buscas, tanto vales"></p><p><strong>No les descubro nada si les digo que nos espían.</strong> Lo afirma Joseph Turow, profesor de Industrias y Sistemas de Medios de la Universidad de Pensilvania y autor de<em> Los cazadores de voces: cómo escuchan los especialistas en marketing para sacar provecho de sus sentimientos, su privacidad y su cartera</em>. El libro, que está escrito en inglés, aún no se ha traducido al castellano, por lo que <strong>en España solo podrá ser leído por uno de cada siete presidentes de Gobierno.</strong></p><p>Turow explica algunas de las conclusiones de su estudio en un artículo publicado en el <em>New York Times</em> (el equivalente norteamericano a <em>La Razón</em> de Marhuenda). Al parecer, la inteligencia artificial ha encontrado en la voz humana, mediante el acceso a ella que ofrecemos al consentir que se nos grabe o a través de lo que escuchan algunos de nuestros dispositivos, una mina de información para conseguir afinadísimos perfiles de los ciudadanos. A la hora de identificar a un sujeto, explica Turow,<strong> la voz es más poderosa que las huellas digitales o el ADN </strong>porque los datos que de él ofrece son más relevantes. Así, el tono o la forma en que nos expresamos pueden dar pistas sobre nuestra procedencia geográfica, formación, estatus social, carácter o estado de ánimo. Todo ello con la intención de generar valor comercial catalogándonos como posibles clientes a los que ofrecer publicidad personalizada. Es lo que se ha dado en llamar capitalismo de vigilancia.</p><p>La capacidad clasificadora de estas empresas recolectoras de datos es tal que algunas ya se ofrecen a las marcas para, tras cotejar de manera inmediata toda la información que posee del cliente que se ha puesto en contacto telefónico con ellos, dirigirlo hacia el agente comercial más en sintonía con su personalidad. Así que si llama a un servicio telefónico y acaba pensando que le ha atendido un chaval poco espabilado, sepa que <strong>es la misma opinión que Google tiene de usted.</strong></p><p>El profesor Turow cuenta también en su artículo que, a principios de año, Spotify accedió a una tecnología capaz de identificar el estado emocional, el género, la edad, el acento y "muchas otras características" de un individuo con el objetivo de recomendar música basada en su análisis de esos factores. Tengo un amigo, amante de la música clásica y obseso de la ciberseguridad, que está empeñado en torpedear estas deducciones de la plataforma mezclando en sus <em>playlists</em> óperas y música de cámara con temas de Chiquetete. Debe de ser <strong>la única persona a la que la Spotify le ofrece como descubrimiento semanal Pelléas et Mélisande de Debussy y Soy un perro callejero de Los Chunguitos.</strong><em>Pelléas et Mélisande </em><em>Soy un perro callejero</em></p><p>En mayo, un grupo de músicos, organizaciones de derechos humanos y gente como el profesor Turow que veían en <strong>ese avance tecnológico una amenaza a la intimidad</strong>, firmaron una carta pidiendo a Sporify que se abstuviera de usar esa tecnología porque supondría "manipular nuestras emociones con fines de lucro". Spotify ha declarado que no tiene planes para hacerlo pero los firmantes de la carta exigen que se comprometa públicamente. Al parecer, Los Chunguitos no firmaron la carta porque no se fían de firmar nada que esté en inglés.</p><p>"Pero,<strong> ¿cuánto valen nuestros datos?</strong>", se estarán preguntando ustedes que, aunque de izquierdas, no le harían ascos a ganar pasta especulando con su propia intimidad. Pues bien, imaginemos que alguien estuviera interesado en hacer llegar publicidad a un grupo sociológico como el que ustedes forman por considerarlos clientes potenciales. Por ejemplo, una empresa que fabricara camisetas del Che. El precio que pagaría por la información que en sus horas de navegación hayan ustedes ido ofreciendo gratis a las empresas que se encargan de recabarla equivaldría a una media de 12 céntimos al año por persona. Existen ligeras variaciones que atienden a factores como la edad, ingresos, estado de salud, hábitos de consumo o la raza en países multirraciales. Si están interesados en conocer su valor comercial, el <em>Financial Times </em>tiene <a href="https://ig.ft.com/how-much-is-your-personal-data-worth/#axzz2z2agBB6R" target="_blank">una calculadora</a> donde tras introducir determinados parámetros personales se ofrece una estimación. Es gratis, incluso ustedes pueden permitírselo.</p><p>Aunque, tal vez, la pregunta crucial no es cuánto cuestan nuestros datos sino<strong> cuánto estaríamos dispuestos a pagar para que nos los devolvieran y nos dejaran tranquilos. </strong>Como saben, soy bastante partidario del capitalismo, sea normal, salvaje o de vigilancia, pero hay uno que no soporto, el capitalismo coñazo. Hace unas semanas, decidido a hacer una reforma de mobiliario, busqué en Internet un aparador. Mis gustos son sencillos: quería algo de diseño sobrio aunque con un toque de sofisticación, en madera natural y, tal vez, pomos de metal, con puertas correderas, no muy bajo pero tampoco tan alto como para que, sentado desde el sofá, se viera el rodapié, y a un precio asequible. En fin, el típico aparador que encuentras navegando un par de horas, durante un mes.</p><p>Pues bien, <strong>desde esa búsqueda cada página que visito me aparece repleta de todo tipo de aparadores</strong>: minimalistas, coloniales, neoclásicos… A veces, Google me da un respiro y, en lugar de aparadores, me muestra "complementos ideales para decorar aparadores". O, en otras ocasiones, suma a la sugerencia la de alguna otra búsqueda reciente que haya hecho y me ofrece lo que el algoritmo cree el culmen de todos mis deseos: "Aparadores en Soria".</p><p>Es el problema del algoritmo: <strong>el hijo de puta no descansa. </strong>Es implacable. Si un día se te ocurre buscar un aparador no parará de mostrártelos hasta que des de baja la ADSL. He descubierto que haciendo clic en cierta parte del anuncio puedes indicarle a Google que ya no te interesan los aparadores. Cuando lo haces, Google <strong>–</strong>que no tira la toalla, el muy cabrón<strong>–</strong> te pregunta por qué y te ofrece una serie de opciones. Yo pulso en la que me parece más convincente para que deje de mostrármelos: "ya lo he comprado". Pero es inútil. Como no ha registrado ninguna transacción comercial en mi historial, Google sabe que le he mentido y a las pocas horas vuelve a la carga. Yo diría que incluso le ofende que intente engañarlo porque cada vez me los enseña más feos.</p><p>Qué triste paradoja que estas empresas capaces de observarlo todo reduzcan su visión del ser humano, no ya a la mera condición de clientes, sino a la de uno que quiere comprar un aparador. Creo estar en el derecho de reivindicar que soy algo más que eso. <strong>Quiero recordar a Google que mi vida es más diversa, que mis intereses son más amplios. </strong>No se limitan únicamente al deseo puntual de comprar ese aparador. Necesito también una mesita auxiliar. Funcional pero no muy grande. A ser posible en madera. Roble o bambú, nogal no porque no casa con el tono del sofá.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[dca8a660-ff6e-40db-895f-ff865898b347]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Sep 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" length="295420" type="image/png"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" type="image/png" fileSize="295420" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Tanto buscas, tanto vales]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Chipiona de Barrameda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/avanti-tutti/chipiona-barrameda_1_1209028.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Chipiona de Barrameda"></p><p>Hola de nuevo. <strong>No han sido unas buenas vacaciones</strong>. Niza comienza a aburrirme y en Montecarlo el desembarco de multimillonarios rusos ha puesto el caviar a precio de kilovatio/hora. Y por si fuera poco, lo de Chipiona.</p><p>No sé si saben que Chipiona, donde nació Rocío Jurado, está a dieciséis kilómetros de Rota, <strong>donde nací yo.</strong> La geografía tiene a veces estos caprichos y, como ocurre en ocasiones con el Gordo de navidad, concentra en un breve espacio físico el alumbramiento de grandes personalidades.</p><p>Para los roteños de cierta edad, el Googlemaps de nuestra adolescencia no iba más allá de Jerez, Cádiz, los Puertos (Real y de Santa María), Sanlúcar y Chipiona. Con Chipiona teníamos además, por cercanía y tamaño, una especial relación de vecindad que, como ustedes no ignoran tratándose de municipios limítrofes, consistía básicamente en una secreta competencia –nunca resuelta– sobre cuál de los dos lugares era mejor. Solo que, al tratarse de Andalucía, esa rivalidad adquiría tintes más drásticos y se transformaba en<strong> cuál de los dos era el mejor lugar del mundo.</strong></p><p>Los roteños estamos convencidos de que se trata de Rota, pero aceptamos que los chipioneros piensen lo contrario porque somos exquisitamente respetuosos con su derecho a estar equivocados.</p><p>Pese a esta soterrada disputa, no faltaba cariño en nuestra relación. Recorrer a pie por la playa los doce kilómetros que nos separan de Chipiona constituía para los roteños una ineludible aventura adolescente. A mitad de camino era obligado bañarse en la playa de La Ballena, <strong>ahora convenientemente urbanizada y convertida en Costa Ballena</strong>, lugar donde frecuentemente recalan madrileños masoquistas que, tal vez hastiados del oasis de libertad en que ha convertido Ayuso la comunidad, quieren experimentar qué tal se vive bajo la tiranía gaditana del sol y la sal. O, como la llaman los expertos en ciencia política, la dictadura del cazón en adobo.</p><p>Pues bien, ese cariño, esa <em>entente cordiale</em> entre estos dos pueblos puede haber saltado por los aires. A finales de agosto, el alcalde de Chipiona, Luis Mario Aparcero, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=7K04pYw6cPM" target="_blank">apareció en la televisión local </a>comunicando solemnemente a sus ciudadanos que había encargado un estudio para arrojar luz sobre un asunto acerca del cual<strong> no sabíamos que se cerniera oscuridad alguna</strong>: la desembocadura del Guadalquivir. El informe pretende dilucidar si el río desemboca en Sanlúcar de Barrameda, como se había creído hasta ahora, o si lo hace seis kilómetros y pico más al este, en Chipiona, como al parecer sospechan algunos chipioneros con su alcalde a la cabeza.</p><p>Luis Mario Aparcero hizo especial hincapié en que el estudio se llevaría a cabo de manera gratuita. Lo hizo seguramente porque teme que alguien pueda recriminarle el gasto de dinero público en él. Un error estratégico: advertir que un asunto que consideras tan relevante como para interrumpir el descanso veraniego y anunciarlo a bombo y platillo no merece un euro de inversión es, precisamente, dar cuenta de su irrelevancia. Es como si apareces en televisión señalando la importancia de <strong>usar mascarillas y mantener la distancia social</strong>, y luego<a href="https://www.diariodecadiz.es/costa-noroeste/el-alcalde-chipiona-aparcero-bailando-sin-mascarilla-chiringuito-covid_0_1574844085.html" target="_blank"> te graban bailando sin ella en un chiringuito</a>, que es, también precisamente, lo que le ocurrió hace poco a Luis Mario Aparcero.</p><p>En el vídeo –por el que <a href="http://https://www.youtube.com/watch?v=B1x4sdow9WA" target="_blank">pidió posteriormente disculpas</a>– se apreciaba que, pese a ser alcalde, Aparcero no baila bien. Le pone ganas, muchas, pero le falta juego de cadera. Es posible, incluso, que lo que le falte sea la cadera directamente. Eso sí, consciente de sus carencias en el terreno de la danza, intenta sorprender al público con <strong>efectivas coreografías </strong>que recuerdan un poco al Circo del Sol si el Circo del Sol estuviera integrado exclusivamente por enfermos de artrosis.</p><p>En el terreno de la política Aparcero se maneja como en la pista de baile: sabe que la gestión no es nada sin el golpe de efecto. Que incluso la nada se transforma en algo gracias a él. Es un heterodoxo, un revolucionario que observa el mundo desde la perspectiva única de los genios. Por ejemplo, lo normal tratándose de informes suele ser encargarlos y luego hacer públicos los resultados, pero no, Aparcero ha entendido perfectamente que el cargo de alcalde no solo le dispensa de respetar el orden natural de los acontecimientos, sino que le obliga a crear acontecimientos a destajo. El equivalente a lo que ha hecho Aparcero sería ver a una <em>celebrity</em> aparecer en el <em>Hola</em> no para presentarnos a su hijo recién nacido, sino para <strong>anunciar que ha dejado de tomar la píldora</strong>. Ese es Luis Mario Aparcero y por eso me gusta.</p><p>Me gusta también porque ha entendido que el momento revisionista que vivimos obliga a revisar todo lo que pueda ser revisado siempre que de ello pueda obtenerse algún rédito político: ya se trate de si lo de Franco en el 36 fue un golpe de estado o –como yo creo– <strong>una invitación a debatir que se nos fue de las manos</strong>, o si el Guadalquivir desemboca en Sanlúcar.</p><p>Aparcero es alcalde con el apoyo de PSOE e Izquierda Unida y pertenece a la formación Unidos por Chipiona. No sé si ocurre igual en el resto de España, pero en Andalucía no hay localidad que se libre de la existencia de <strong>un grupo político que use en sus siglas el nombre o el gentilicio de la población</strong>. Es una especie de minifundismo nacionalista que tal vez sea lo que dificulte el pasar a otro a escala regional. ¿Cómo vamos a abonarnos al nacionalismo andaluz si estamos ocupados en aclarar cuál de nuestros pueblos es “lo mejor del mundo”?</p><p>Los nacionalismos, por muy grande que sea el ámbito geográfico al que se remitan, están <strong>siempre conectados con lo pequeño, con la aldea y el terruño</strong>, y la grandilocuencia con que lanzan sus proclamas nunca está libre de caer en lo excéntrico cuando bajan a lo concreto, ya se trate de la catalanidad de Cervantes o el <em>chipionerismo</em> de la desembocadura del Guadalquivir. El verdadero nacionalismo no puede permanecer eternamente en el terreno de lo etéreo, como hasta ahora habíamos hecho roteños y chipioneros convencidos cordial y recíprocamente de nuestra propia superioridad. Tiene que dar el paso a lo tangible. Por eso la patria no está en el alma, que es solo idea, sino en las tripas. Lo cual explica alguna mala digestión del concepto.</p><p>Y mientras Luis Mario Aparcero planea anexionar a Chipiona la desembocadura del Guadalquivir, ¿qué hace el alcalde de Rota? Nada, no hace nada. No puede, por tanto, extrañarle que los roteños hayamos empezado a preguntarnos de qué sirve un alcalde que ni encarga estudios ni baila sin mascarilla en los chiringuitos. Si alguien tiene que poner orden en una zona que podría deslizarse peligrosamente hacia la balcanización, es él. Tal como yo lo veo, bastaría con que apareciera en Telechipiona y advirtiera a Aparcero: “<strong>Tenemos una base americana y sabemos cómo usarla</strong>”.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[0adf487b-5ea7-4201-81f6-7fc0337411a8]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Sep 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" length="295420" type="image/png"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" type="image/png" fileSize="295420" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Chipiona de Barrameda]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A favor del dopaje]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/avanti-tutti/favor-dopaje_1_1207883.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="A favor del dopaje"></p><p>Durante el tiempo que viví en Algeciras, el alijo de tabaco proveniente de Gibraltar en las playas de La Línea era noticia frecuente. De algunos de ellos fui testigo presencial pues, en ocasiones, se producían a plena luz del día. La mecánica era siempre la misma: una lancha procedente del Peñón y repleta de cajas de un tamaño considerable arribaba a la playa de La Atunara, al tiempo que, con sincronizada precisión, alguien se situaba en mitad de la carretera colindante y detenía el tráfico. Una vez detenido y con los conductores, entre ellos yo, como alucinados espectadores, un grupo de personas cruzaban corriendo en dirección a las casas cercanas portando todos al hombro una de las cajas. <strong>Lo hacían a tal velocidad que lo único que pensé la primera vez que tuve ocasión de contemplar la maniobra fue que aquel esfuerzo merecía ser deporte olímpico</strong>. Las autoridades deportivas españolas tenían que dejar de invertir en el esquí de fondo y dedicarse a promocionar la práctica de los mil metros caja.</p><p>Lo más sorprendente de todo era que, si reparabas en aquellos individuos previamente a la llegada de la lancha, nada te hubiera hecho sospechar que se trataba de atletas. Es verdad que muchos de ellos vestían chándal, pero quién podría imaginar a un grupo de velocistas fumándose un cigarro y compartiendo alegremente unas litronas mientras espera el inicio de la prueba. Sin embargo, les bastaba sentir el contacto del cartón sobre sus espaldas para que una fuerza interior les propulsara, algunos con el cigarro aún en la comisura de los labios, transformándolos en gacelas fuera de la ley.</p><p><strong>Un guardia civil de la zona me confesaba una vez que jamás había conseguido alcanzar a alguno. Yo bromeaba y le preguntaba si había probado a ponerse él también una caja en el hombro</strong>. Su compañero, sin embargo, me contaba que en una ocasión había conseguido atrapar a uno, pero la historia tenía trampa: se trataba de un chico al que un problema en una de sus piernas le hacía cojear ostensiblemente. Además, confesaba, tuvo que dejarlo ir cuando una turba de vecinos se le echó encima recriminándole –con toda razón– la falta de equidad de una carrera que sólo habría podido ser equilibrada si al joven le hubiera perseguido un guardia civil paralímpico.</p><p>No creo que el barón De Coubertin pusiera pega alguna a que un recinto deportivo diera cobijo a una prueba de este tipo. Seis tipos, uno por cada calle del tartán, fumando distraídamente un pitillo en la línea de salida hasta que, a modo del pistoletazo de rigor, alguien les coloca una caja en el hombro y echan a correr entre los gritos de ánimo del público. <strong>Como ocurre con Kenia y las carreras de fondo, España podría ser la reina de esta disciplina.</strong></p><p>Es posible que los puristas del ejercicio opinen que una competición como esta iría contra el espíritu deportivo por considerar dopaje el que los participantes fueran de nicotina hasta las trancas. No les faltaría razón, y en aras de la concordia y el <em>fair play</em> tendríamos que aceptar sus reticencias para, a continuación, mandarlos a la mierda a ellos y a su espíritu deportivo. <strong>¡Queremos espectáculo! Ver, repantingados ante nuestro televisor, cómo se pulverizan récords. </strong>Cómo esos portentosos atletas exprimen al máximo sus capacidades físicas a cambio de conseguir la admiración de quienes para bajar de un primer piso utilizamos el ascensor.</p><p>Nos da igual cómo lo consigan. En 1904, en la prueba de maratón de los juegos olímpicos de San Luis (USA), el corredor estadounidense Thomas Hicks tuvo un desfallecimiento a poca distancia de la meta y sus asistentes le inyectaron una pequeña dosis de estricnina y brandy para reanimarlo. Hicks quedó segundo por detrás de otro norteamericano, Fred Lorz, pero fue finalmente declarado ganador por la descalificación de Lorz. "¿Qué se habría metido Lorz?", se estarán preguntando ustedes con la malicia habitual de los lectores de infoLibre. Nada, simplemente se descubrió que había recorrido unos quince quilómetros en el coche de su entrenador. Eso es hacer trampas, lo de que te inyecten estricnina y brandy es solo una ayudita, además de la única forma de acercar a Keith Richards a la práctica del maratón.</p><p><strong>El dopaje está mal visto, sí, pero sin exagerar. </strong>En 2019, tras salir a la luz un sistema general de dopaje patrocinado por el Gobierno ruso, la agencia mundial que lucha contra esta práctica prohibió a Rusia participar en competiciones internacionales por espacio de cuatro años. "Entonces –seguirán preguntándose ustedes maliciosamente–, ¿por qué gente empadronada en Moscú o San Petersburgo siguen ganando medallas en Tokio?". La respuesta es que el COI, en una ejemplar muestra de firmeza y mano dura, les deja participar pero<strong> prohíbe el uso de la bandera y el himno y obliga a referirse a ellos como "atletas del COR", es decir del Comité Olímpico Ruso. </strong>Incluso les prohíbe expresamente desglosar el acrónimo: solo puedes decir <em>COR</em>, nunca la palabra <em>ruso</em> ni <em>Rusia</em>. Básicamente, es como si la única sanción que pudiese imponerse a los alijadores de La Línea fuera el tener que llamarlos corredores del COA: Comité Olímpico de la Atunara.</p><p>En los setenta, mi madre y todas mis tías, pioneras como el resto de amas de casa de la época del dopaje doméstico, tomaban Optalidón. Eran unas pastillas rosas que, pese a tener entre sus compuestos un barbitúrico, eran dispensadas sin receta médica hasta que fueron retiradas por provocar adicción. El Optalidón constituía una ayuda inestimable para hacer frente con mejor ánimo a las tareas de un hogar huérfano de la mayoría de electrodomésticos que hoy conocemos. <strong>Estar contra el dopaje sería deshonrar la memoria de todas esas madres, tías y abuelas a las que la química rosa hizo más llevaderos obligaciones y esfuerzos apenas reconocidos.</strong></p><p>Recuerdo a mi madre comentando con mis tías y vecinas cómo gracias a los <em>optalidones</em> la cuesta del arranque de la jornada se aplanaba y cuando, avanzada la tarde, se empinaba otra vez, una nueva dosis volvía a allanarla. El Optalidón era la sororidad de los tiempos en que no sabíamos que esa palabra existía.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[49c12ebc-c057-481d-9493-194fb6c9f9fa]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jul 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" length="295420" type="image/png"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" type="image/png" fileSize="295420" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[A favor del dopaje]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un día de furia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/avanti-tutti/dia-furia_1_1207666.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Un día de furia"></p><p>Quisiera confesarles algo: no soy de fiar. Debo dinero. Una empresa cuyo nombre omitiré me reclama 217,80 euros. Les ahorraré los detalles del desencuentro que me llevó a dejar de atender los recibos que giraban a mi banco pero les aseguro que <strong>tengo más razón que un santo</strong>. De hecho, es muy posible que muchos santos no lo fueran hoy si hubieran tenido que bregar con la empresa en cuestión.</p><p>Debo pasta, sí, no me avergüenza decirlo. Es más, estoy orgulloso de ello. Esa deuda se ha convertido para mí en una causa ideológica. La derecha radical, a la que semanalmente represento en este panfleto progre, también puede ser revolucionaria.<strong> Creo en el poder subversivo del hecho de deber dinero</strong>. Si el Che viviera sabría que en los tiempos que corren la mayor muestra de rebeldía no es estar en el fichero de objetivos de la CIA sino en uno de morosos.</p><p>La historia no ha sido justa con quienes no pagamos. <strong>La escritura nació como método de control del débito en tiempos pretéritos</strong>. El mundo sería otro si el ser humano siempre hubiera liquidado sus compras al instante. Deber dinero fue en su día un acicate civilizador. La escritura respondía a la necesidad de guardar una memoria física de los compromisos comerciales: “Apúntame tres escudillas de trigo y una hoz para cortarle el cuello a mi vecino”; “Tengo a mi mujer en cinta. Si me das un caballo te entrego a mi primogénito. Pero no le digas nada a ella que no entiende de negocios”; “Has arrasado mi propiedad y has matado a tres de mis hijos. Como estamos en promoción te apunto solo dos. El rubito te sale gratis”.</p><p>Pese a lo mucho que la historia nos debe a quienes debemos,<strong> no es fácil vivir así</strong>. Tal como suele ser habitual, la firma que me reclama esos poco más de doscientos euros ha encargado a una empresa de cobros extrajudiciales —llamémosla <em>Cobropró</em>— la tarea de convencerme de que les pague. <em>Cobropró</em> lo intenta mediante correos electrónicos, mensajes SMS y llamadas telefónicas. Muchas llamadas, infinitas llamadas. <em>Cobropró</em> debe tener <strong>la madre de todas las tarifas planas</strong> o es imposible que el negocio sea rentable.</p><p>Yo, con la firme determinación de los héroes, las atiendo todas amable y pacientemente, les explico que carecen de parte de la información, les ofrezco las razones por las que me niego a pagar, les pregunto si están grabando mi conversación y, ante sus titubeos, les recuerdo que no pueden hacerlo <strong>si no me piden antes permiso</strong>. Ellos arguyen que estaban a punto de pedirlo y solicitan que me identifique a través del DNI o directamente me cuelgan. Lo de que me cuelguen es lo que peor llevo porque acabo teniendo la sensación de que<strong> el pesado soy yo</strong>.</p><p>Por otra parte, las llamadas de <em>Cobropró</em> están mermando mi ya escasa confianza en la capacidad de entendimiento del género humano. Desde el primer día les advertí que mi negativa a pagar era tajante y así se lo reitero cada una de las muchas ocasiones en que tengo la oportunidad de hablar con ellos. Pero, o no escuchan <strong>o son las personas más optimistas del mundo</strong>. ¿En qué momento alguien que me oye decir una y otra vez “No voy a pagar de ninguna de las maneras” percibe en esa frase alguna fisura en mi determinación? ¿Qué tipo de perversa evolución ha sufrido el castellano en <em>Cobropró</em> para que <strong>treinta noes</strong><em>noes</em> les suene como un “me lo estoy pensando”?</p><p>Hay veces en las que se despiden de mí como si esa llamada fuera la última: “muy bien, pues yo le traslado al cliente su negativa y ya se lo reclamarán por otra vía”, me dicen con tono sutilmente amenazador mientras yo ruego que esa “otra vía”<strong> haya nacido en Sicilia y acabemos de una vez por todas con este martirio</strong>.</p><p>Pero no, un día después el teléfono vuelve a sonar y son ellos: <em>Cobropró</em>. No entienden que mi empeño en no pagar tiene que ver más con una particular y elevada concepción de <strong>la desobediencia civil antes que con la vulgar avaricia o falta de saldo</strong>. He estado tentado de explicarles que deberían agradecerme el no pagar porque si no existieran tipos como yo no habría necesidad de trabajos como el de ellos. Pero es un argumento que requiere cierto desarrollo y procuro hablar con frases cortas para no darles tiempo a que me cuelguen.</p><p>He barajado también la posibilidad de poner en marcha una estrategia destinada a ablandarles. Pensé en pedir a mi hermano que me prestara alguno de sus nietos para que atendiera las llamadas de <em>Cobropró</em> con la intención de hacer que el niño, entre toses, les dijera algo así como <strong>“Mi papá no está. Ha salido a robar para comprarnos las medicinas”</strong>. Desgraciadamente, tuve que descartar la idea porque mi hermano tiene a todos sus nietos ocupados respondiendo al teléfono para solucionar sus propios marrones.</p><p>Hay, además, un tufillo a ilegalidad en todo esto. Estoy seguro de que debe de existir algún tipo de normativa que regule los límites de esa insistencia rayana en el acoso. Me sorprende que tenga soporte legal molestar tanto a un ciudadano tan solo porque una empresa le ha señalado como acreedor, sin tener en cuenta<strong> si ha habido o no razones justificadas para que dejara de pagar</strong>. Si me ampara la ley nunca lo sabré. Pierdo tanto tiempo atendiendo a <em>Cobropró</em> que para informarme tendría que dejar de trabajar o pedir una excedencia.</p><p>Lo que, al parecer, ya no está permitido es el señalamiento público del moroso mediante acciones como hacer que<strong> lo siga el Cobrador del frac o un pollo gigante</strong><em>Cobrador del frac</em>. Sí, han leído bien: ahora, por mucho que debas, ninguna empresa de cobro te puede hacer seguir por un pollo gigante. Posiblemente, se dieron cuenta de que lo del pollo era un error estratégico. ¿Qué cosa puede haber más divertida que el que te siga permanentemente un pollo gigante? Sales de tu casa con un mal día, lo ves ahí, esperándote en el portal, y se te pasa todo. Te acercas y le dices: “Hoy no cojas tu coche. Vamos juntos en el mío, que se ha muerto mi padre y en el tanatorio se aparca fatal”.</p><p>Todo va a peor. Ahora te machacan a llamadas y ni siquiera te mandan al pollo. Pues, en el improbable caso de que <em>Cobropró</em> esté suscrito a infoLibre, les hago saber que no pago en defensa propia. <strong>No soy un Youtuber que se marcha a Andorra para evadir sus obligaciones</strong><em>Youtuber</em>. Tan sólo exijo que las grandes compañías de este país cumplan con las suyas. Que si llamas a Endesa porque tienes un problema no tengas que hacerlo diez días, varias veces cada uno de ellos, sin lograr hablar con un humano en todo ese tiempo hasta que, por fin, alguien se digna llamarte: justo el día después de haberte hecho cliente de Iberdrola porque ha prometido solucionártelo. Y que si Iberdrola te promete solucionarlo lo haga y no tengan que pasar <strong>más de seis meses</strong> sin que aún lo haya conseguido. Y que cuando te pones en contacto con Naturgy para ver si ellos podrían lograr arreglártelo —efectivamente, es lo que piensan<strong>: he coqueteado con todas las grandes eléctricas</strong>— y te dicen que no, pero te ofrecen la posibilidad de vengarte de Iberdrola contratando con ellos tu suministro y quedan en llamarte el lunes, te llamen el lunes. O el martes, o el miércoles —no seamos exigentes—, pero que te llamen.</p><p>Así es mi relación con los gigantes económicos de este país: <strong>Cobropró no deja de llamarme y Naturgy no me manda ni un wasap</strong><em>Cobropró</em><em>wasap</em>.</p><p>Soy liberal, creo en el capitalismo y voy a muerte con JPMorgan pero <strong>estoy hasta los cojones del IBEX35</strong>. Sobre todo de sus servicios de atención al cliente. Estoy harto de llamar a sitios donde todos los operadores están ocupados mientras que siempre hay un robot libre para atenderte. No hay manera de librarse de que alguno de ellos te haga sentir ridículo contestando en voz alta a su menú de opciones. No sé hablar con máquinas. No estoy preparado para mantener conversaciones con ellas. Cuando lo hago utilizo una entonación extraña, con inflexiones de voz que no recuerdo haber usado nunca. Digo “Cuenta nómina”o “Fusión Plus” pero no me reconozco, es como si lo dijera otro. Al final, acabo insultándolas y pidiendo a gritos que me atienda un operador: “¡Operador! ¡Operador! ¡Operador, me cago en tu puta madre!”.</p><p>Es mentira que los robots vinieran a quitarnos el trabajo. A mí me tienen agotado. No sólo los telefónicos. Me paso el día detrás de la <em>Roomba</em> para desatascarla. Cuando no se atranca con el borde de la alfombra lo hace bajo la butaca de patas de estrella. <strong>Mi Roomba podría perfectamente tener acceso a la Ley de Dependencia</strong><em>Roomba</em>.</p><p>Aun así, con respecto a <em>Cobropró</em>, mi sensación es que por ahora voy ganando yo. Hace unos días me han ofrecido a través de correo electrónico un descuento del cincuenta por ciento si accedo a pagar mi deuda. Un error, porque me ha hecho sospechar con carácter retroactivo<strong> que durante el tiempo que pagaba podría haber conseguido lo mismo por la mitad</strong>.</p><p>Han dado con el moroso equivocado.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[7356d0d1-9201-4470-a0f6-e944ed3545bb]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jul 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" length="295420" type="image/png"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" type="image/png" fileSize="295420" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Un día de furia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[IBEX 35]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Entendéis ahora a los ñus?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/avanti-tutti/entendeis-ahora-nus_1_1207216.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="¿Entendéis ahora a los ñus?"></p><p>Cada año, cuando se acerca el mes de mayo y las lluvias se despiden de la llanura infinita del Serengueti, los ñus deciden cambiar de aires. Los ñus son esos parientes de los antílopes que, por su cornamenta y sus largas patas, <strong>parecen toros que jugaran a baloncesto</strong>. Más de un millón de ellos huyen de la temporada seca dirigiéndose al norte para buscar mejores pastos en uno de los espectáculos más sorprendentes que puede contemplar el ojo humano, si exceptuamos las camisas estampadas de <strong>El Gran Wyoming</strong>.</p><p>Hay que estar ciego para no ver el enorme simbolismo que encierra esa especie de operación salida donde los cocodrilos hacen de Guardia Civil. Ciego o intoxicado por la propaganda darwinista que pretende hacernos creer que el hombre desciende del mono. No, inocentes lectores de infoLibre, no. Como muy bien sabemos los creacionistas, el hombre desciende del ñu. Dios jamás nos hubiera humillado haciéndonos cargar con la vergüenza de tener entre nuestros antepasados a un animal tan ridículo. Y es un error pensarlo solo porque ambas especies coincidamos en<strong> la autoexploración sexual</strong> como forma de matar el tiempo.</p><p>Si han visto ustedes algún documental sobre los ñus, si han sido capaces de permanecer despiertos más allá del momento en que el narrador pronuncia las palabras Serengueti y Ngorogoro –ambos vocablos mágicos que, automáticamente, inducen al sueño– se habrán dado cuenta de que el ñu es <strong>un calco del ser humano.</strong> Sobre todo en nuestros defectos, que es lo que de verdad define un carácter.</p><p>Si han tenido la fortaleza de no sucumbir a la modorra sabrán que año tras año, cuando los ñus se disponen a cruzar el río, un grupo de cocodrilos poco partidarios del veganismo los espera para darse a costa de ellos el gran festín. Esa es<strong> la razón del fracaso de audiencia</strong> de este tipo de documentales. En cuanto un cocodrilo se zampa a un ñu, el espectador que aún sigue despierto piensa “este ya lo he visto” y cambia de canal. Sorprender al público no es, precisamente, la característica más señalada de los ñus y de ahí deriva su escaso poder de convocatoria televisivo. Los ñus son tan previsibles que si votaran hasta el CIS sería capaz de acertar los resultados.</p><p>Observado con la suficiente perspectiva, el ser humano tampoco es una caja de sorpresas. Hasta el punto de que leer periódicos atrasados se convierte en la mejor forma de asomarse al futuro. Estamos condenados a repetir nuestros errores porque nuestra esencia es equivocarnos. Errar no es humano, errar es <em>lo</em> humano. <strong>Fue así desde el origen</strong>. En un principio, el plan divino era crear solo al hombre. La mujer es la primera rectificación de Dios. La segunda, como saben los teólogos, fue extinguir a los dinosaurios para ganar espacio en los zoos.</p><p>En la política esa insistencia en el error se nota más porque cada político se parece al anterior en lo fundamental: <strong>la sensación de creerse único</strong>. Además, cada cierto tiempo, como sucede ahora, una nueva generación de adanes se empeña en que las cosas ocurren por primera vez (la crispación, el señalamiento, las amenazas...), que es como decir que las cosas solo acontecen de verdad cuando nos pasan a nosotros.</p><p>Basta echar un vistazo a la hemeroteca para comprobar el eterno bucle en el que vivimos. Día 9 de julio de 2001, la misma fecha de hoy pero veinte años atrás. Tres titulares y un editorial del diario <em>El País:</em> “La Generalitat prevé multas de hasta 500 millones a las eléctricas que no eviten apagones”; “Aznar indultará a los cinco agentes condenados por las <em>escuchas del Cesid</em>”; “La violencia racial entre asiáticos y neonazis se extiende por el Reino Unido”; Editorial: “El fracaso de la vivienda”. Empresas energéticas campando a sus anchas, indultos polémicos, racismo, precios desorbitados de los alquileres… ¿<strong>Le suenan estos temas</strong>? Bucear en la hemeroteca es como explicar a un hámster el mecanismo de la rueda en la que corre. Le has jodido la vida porque le descubres que su único destino es la eterna repetición. “<strong>Todo se repite de distinto mod</strong>o”, decía Heráclito refiriéndose no se sabe si a la nueva política o a las riñoneras.</p><p>La pandemia nos está ofreciendo un palco desde el que contemplar cómo la obstinación que lleva a los ñus a cruzar cada año el río por el tramo donde, invariablemente, están apostados los cocodrilos es, precisamente, lo que los hace tan humanos.</p><p>Afrontamos la quinta ola de covid y nadie puede asegurar que vaya a ser la última. Si lográramos dar a los ñus el entendimiento suficiente como para comprender que atravesando el río por donde cada año lo hacen se exponen a un gran peligro, <strong>los ñus recapacitarían y…</strong> volverían a hacer lo mismo. Como nosotros. Lo único que nos diferencia es que ellos nos llevan ventaja en el número de olas. Veo a ñus cruzando el río y pienso: “Si aprendieran a hacerse un selfi mientras lo cruzan podrían ser perfectamente mi sobrino y sus amigos”.</p><p>Y me siento orgulloso porque ese heroico empecinamiento no es otra cosa que <strong>el poder atávico de la costumbre</strong>, el amor a las raíces, el respeto a la tradición. La obediencia ciega a la llamada de nuestros ancestros que nos reclaman ser impulsivos e imprudentes ñus en lugar de pacientes y sensatos cocodrilos.</p><p>¿Por qué permitir que una simple pandemia nos impida celebrar el sagrado rito cultural que encierra una despedida de soltero? ¿Qué gobierno que no esté en manos de un dictador sin escrúpulos sería capaz de prohibir a un grupo de alegres muchachos festejar la futura boda de uno de ellos vestidos de toreros? ¿Qué nuevo Stalin tendría el valor de impedir que, en otra parte de la ciudad, la novia y sus amigas, todas disfrazadas de <em>majorettes</em>, ejercieran también el inalienable derecho ciudadano a enfermar gravemente? ¿Quién puede hurtarles a ambos cónyuges una de las alegrías –tal vez la mayor– que ofrece el matrimonio? La muerte no es amenaza suficiente para hacerlo. Además, si la muerte fuera esa cosa horrible que dicen habría alguna reseña negativa en TripAdvisor: algo como “<strong>Túnel estrecho y solo iluminado al fondo</strong>” o “Demasiada luz a la salida. No vuelvo más.”.</p><p>Somos ñus ante el río de la vida. Dispuestos a sumergirnos en él al grito de “¡<strong>Cocodrilo el último</strong>!”.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[6ce1baf7-9404-40ab-bf86-62585fc4d4a5]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Jul 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" length="295420" type="image/png"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" type="image/png" fileSize="295420" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Entendéis ahora a los ñus?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El método Toninsky]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/avanti-tutti/metodo-toninsky_1_1206967.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="El método Toninsky"></p><p>Isabel Díaz Ayuso ha creado la Oficina del Español. ¡Bien hecho! Estaba TripAdvisor llenito de <strong>reseñas de turistas que, más o menos, venían a decir que sí, que Madrid muy bien, pero que echaban de menos una oficina del español</strong>. Por ejemplo, Dimitar Velikova, un búlgaro que tras pasar dos días en la capital se marchó asegurando que no volvería a Madrid si no se creaba la citada oficina. Pues bien, Dimitar acaba de confirmar que llega el martes. Lo hizo a través de una reserva en el Hotel-Fonda José Luis, un elitista establecimiento que ha manifestado al señor Velikova que le acogerán con los brazos abiertos siempre y cuando le acompañen en su vuelta las dos toallas que se llevó.</p><p>La decisión de crearla fue anunciada en rueda de prensa por Enrique Ossorio –consejero de Educación y portavoz del gobierno autonómico–, quien afirmó que la intención de tal medida era "convertir a Madrid en la capital europea del español", lo cual no parece difícil habida cuenta de que <strong>es la única capital europea donde se habla</strong>. Personalmente, creo que en Düsseldorf lo tendrían más complicado, pero no puedo asegurarlo.</p><p>Ossorio, preguntado por el cometido de la institución, <strong>pudo dar la equivocada impresión de que podría tratarse de un chiringuito a través del cual compensar a Toni Cantó </strong>–su futuro director– por haberse quedado fuera de las listas del PP. Sobre todo cuando dijo que la oficina se entregaría a la búsqueda de "sinergias" con "entidades culturales internacionales" para "realizar acciones de puesta en valor" del idioma y la gestión de "informes" y "encuentros" que "fomenten" el "debate" en torno a la "potencialidad" del español. Ossorio debería saber que, en comunicación política, si juntas en un mismo párrafo términos como "sinergias", "puesta en valor", "potencialidad" e "informes", no hace falta tener la nariz del perfumista de Dior para percibir el aroma a chiringuito.</p><p>Afortunadamente, la sospecha carece de fundamento si tenemos en cuenta que Ayuso expresaba manifiestamente en el programa electoral con el que concurría a las elecciones –página 64, punto 108–, <strong>su intención de fomentar "el estudio del español</strong> […] potenciando la Comunidad de Madrid como destino para aprender español y espacio de referencia del Servicio Internacional de Evaluación de la Lengua Española". O, lo que es lo mismo, Ayuso pretende que en un par de años <strong>los turistas extranjeros que acudan a Madrid sepan pedir hasta quince bebidas alcohólicas en castellano.</strong></p><p>¿Podemos culparla por cumplir algo que anunciaba en su programa? No. Aunque habrá quien se pregunte por qué el punto 108 adquiere de repente una prioridad que no parecen tener los 107 restantes. Me temo que es una pregunta sin respuesta. La privilegiada cabeza de<strong> Ayuso </strong>–<strong>o, como yo la llamo, la Hipatia de Chamberí</strong>–forma parte de un universo libre, conservadoramente anárquico, donde no son bien vistas las imposiciones, ni siquiera la del orden numérico. Lo que Ayuso nos está diciendo es "puede que en tu vida el 7 vaya antes que el 8, pero la verdadera libertad es ponerlo después". Inapelable.</p><p>En todo caso, descartada la hipótesis de que la Oficina del Español sea un chiringuito, la segunda cuestión que preocupa a medios como este donde escribo mientras encuentro algo mejor es:<strong> ¿ha acertado Ayuso poniendo al frente de la oficina a un actor en lugar de un filólogo? Plenamente.</strong></p><p>Quienes critican en Toni sus veleidades ideológicas y la facilidad con que cambia de partido buscando figurar en un puesto de relevancia ignoran, precisamente, que es actor. <strong>No persigue el cargo, sino el personaje.</strong> Nadie se hace actor para interpretar a Reinaldo, el criado de Polonio. Ni siquiera para hacer de Polonio. Uno se hace actor para dar vida a Hamlet. O a su equivalente en la vida real, el director de la Oficina del Español. Toni ha luchado como nadie por conseguir ese papel.</p><p>Los castings son duros. Y en política mucho más porque trascienden el entorno cerrado de una sala. El aspirante tiene, además, que emplearse a fondo en la esfera pública. Así lo ha hecho Toni desde hace meses. Consciente de que ni sus aptitudes, ni su formación, ni su currículum son los más indicados para optar al papel en juego, se ha decantado por ese otro método que, en ocasiones, te facilita entrar en el elenco: la perseverancia. <strong>En este caso, perseverancia en la adulación.</strong></p><p>Toni se ha volcado en el elogio a Díaz Ayuso. No había día en el que en Twitter no piropeara su gestión, no celebrara una declaración de la presidenta o se entregara sin pudor a enaltecerla. Toni hubiera matado por el papel de director de la Oficina del Español. <strong>Ayuso lo sabía y se lo ha dado para evitar la muerte de un filólogo.</strong></p><p>Hay quienes afean a Toni que vaya a embolsarse algo más de setenta y cinco mil euros anuales por desempeñar el cargo. En julio de 2016 tuve ocasión de asistir al Festival de Teatro de Mérida (capital europea del calor) y verlo en el montaje de <em>Aquiles, el hombre. </em><strong>Créanme, si logras mantenerle alejado del teatro, setenta y cinco mil euros no es dinero. Yo llegaría a los cien mil.</strong></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[bc375106-2ee6-4844-8070-0ed276ff1837]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Jul 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" length="295420" type="image/png"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" type="image/png" fileSize="295420" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El método Toninsky]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Toni Cantó,Isabel Díaz Ayuso]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Malas noticias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/avanti-tutti/malas-noticias_1_1206695.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Malas noticias"></p><p>A partir de este sábado los españoles podrán prescindir del uso de mascarillas en sitios abiertos. Una desgracia para quienes descubrimos en ellas<strong> la oportunidad de reafirmar nuestro patriotismo estampándoles una bandera en el lateral (preferiblemente el derecho)</strong>. Ahora, los auténticos patriotas no vamos a saber cómo reconocernos por culpa de un nuevo bandazo del Gobierno que nos obliga, prácticamente, a pasar a la clandestinidad.</p><p>La mascarilla con la bandera española era el DNI de los patriotas, nuestro saludo de <em>Star Trek</em>. Bastaba echar un vistazo a la mejilla del otro para tener la seguridad de que quien la llevaba era uno de los nuestros. Y si, por casualidad, esa persona había elegido el color caqui de fondo, podías apostar a que además era aficionado a los himnos antiguos y las <em>playlists</em> de la Legión. <strong>Tengo un amigo daltónico sin ningún interés por la política que por culpa de la mascarilla ha acabado de concejal de Vox</strong>.</p><p>La mascarilla servía de guía en tus relaciones con extraños. Cruzarte en la calle con alguien que llevaba en ella la bandera te permitía suponer que compartíais un ideal, una visión del mundo, unos valores que iban desde el “¡Gibraltar español!” a la certeza científica de que hay dos formas de hacer frente a un virus:<strong> una de izquierdas y la correcta, la de derechas</strong>.</p><p>La primera, una concepción cobarde de la medicina que ante una simple febrícula gripal advierte al doctor: “No prolongue mi vida innecesariamente. Si paso de los treinta y ocho aplíqueme la eutanasia”. La otra, más arrojada y varonil, que <strong>únicamente considera ensañamiento médico la prescripción de supositorios</strong>.</p><p>¿Estoy diciendo que todo aquel que llevaba impresa la enseña nacional en la mascarilla pertenece, como yo, a la derecha radical? No. Desgraciadamente, no todos han entendido el compromiso que conlleva portar una bandera. Pero era más fácil imaginar ciertas complicidades con algunos de los que la lucían. Como, por ejemplo, el convencimiento de que su verdadera utilidad no es reunir en torno a un símbolo a un grupo humano sino, más bien, unirlo en contra de otro. Quienes somos expertos en banderas sabemos que, en realidad,<strong> la tela es solo una forma de adornar el palo, que es lo verdaderamente importante. </strong>Si lo llevas sin adorno se te ven un poco las intenciones.</p><p>Una multitud de gente blandiendo palos, ya sea en una concentración en la plaza de Colón o en la celebración de la Diada, daría pistas a las autoridades de<strong> lo que nos apetece hacer con quienes nos llevan la contraria</strong>.</p><p>Personalmente, soy muy partidario de <strong>la guerra de banderas</strong> porque es la única forma de que dos hombres puedan partirse la cara por diferencias cromáticas sin que se dude de su virilidad. El equivalente hetero a Karl Lagerfeld y John Galiano llegando a las manos por un rojo valentino.</p><p>Desafortunadamente, las guerras de banderas solo tienen un ganador: <strong>una empresa china.</strong> Por lo general, <a href="https://www.niusdiario.es/internacional/asia/ciudad-china-hace-banderas-vendidas-espana_18_2835270248.html" target="_blank">radicada en Yiwu</a>. Es en esa ciudad del este del país donde se fabrican la mayoría de las banderas españolas, esteladas o republicanas que luego, por un módico precio, lucen enfrentados quienes las exhiben. Allí podemos imaginarlas antes de su envío a España, apiladas todas juntas en un almacén de algún polígono industrial, descansando en aparente concordia mientras se odian en secreto.</p><p>En la cámara de comercio de Yiwu siguen atentamente el devenir de la política española porque saben que su economía depende de las fluctuaciones del mercado ideológico español. <strong>Cada vez que Losa Díez o Glabiel Lufian </strong><em>Losa Díez</em><em>Glabiel Lufian</em>–<strong>en la pronunciación autóctona</strong>–<strong> publican un tuit, un gerente chino levanta el teléfono y pide nuevas remesas de tejidos. </strong>Por su parte, las escuelas de negocios de la ciudad enseñan a los futuros empresarios que solo hay una cosa que guste más a un español que comprar una bandera para manifestar su apego a una causa: que se la den gratis.</p><p>Las banderas han sido siempre mi pasión. <strong>Antes de hacerme de derechas, soñaba con ir a una final de Roland Garros y agitar como un loco una republicana al tiempo que gritaba “¡Vamos Rafa!”</strong>. Me parecía una buena forma de poner a prueba su concentración. Si no lo hice fue por respeto a la memoria de Azaña. Él era más de Wimbledon.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[2298f9c7-2586-42d0-a674-de75896781fc]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Jun 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" length="295420" type="image/png"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" type="image/png" fileSize="295420" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Malas noticias]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Khaleesi era Díaz Ayuso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/avanti-tutti/khaleesi-diaz-ayuso_1_1206458.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Khaleesi era Díaz Ayuso"></p><p>Admiro a Ayuso. La admiro porque veo en ella a <strong>la hija que hubieran podido tener Donald Trump y Esperanza Aguirre</strong>. Que aun hoy podrían tener si las parejas gais de famosos no tuvieran copados todos los vientres de alquiler de medio mundo. De todas formas, pese a mi ferviente devoción por ella, tengo que admitir que últimamente <strong>Ayuso me preocupa</strong>.</p><p>Hubo un tiempo en que el manual de estrategia y análisis político de uno de los actores fundamentales de la política española –Podemos– <strong>tomó cuerpo</strong> en la serie de éxito del momento,<strong> Juego de Tronos.</strong><em>Juego de Tronos</em> El propio Pablo Iglesias, entonces eurodiputado, aprovechaba una visita de Felipe VI al Parlamento Europeo en 2015 para <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2015/04/15/pablo_iglesias_regala_juego_tronos_rey_31367_1012.html" target="_blank">regalar al monarca</a> los <em>deuvedés</em> de la adaptación televisiva de la obra de George R.R. Martin, que ese año andaba por la sexta de sus ocho temporadas. Se rumorea que su majestad le confesó que la tenía en su lista de deseos de Amazon pero aún no se había decidido a comprarla porque, al no ser don Felipe <em>prime</em>, era reacio a pagar gastos de envío.</p><p>Según el propio Iglesias, el sentido del regalo era que, de alguna manera,<em> Juego de Tronos</em> podía servir para <strong>entender la crisis política que atravesaba nuestro país</strong>. Me lo creí. Yo en esa época era de izquierdas y estaba altamente comprometido con el cambio social que vivía España, y me lo creí. Ahí se me jodió la serie.</p><p>Comencé a recriminarme la superficialidad con que había contemplado un documento esencial para comprender el devenir político español. Me decía: "¡¿Eres idiota?! ¡¿Cómo has podido ser tan frívolo?! ¡¿Cómo has podido ver en una serie de aventuras épico fantástica solo una serie de aventuras épico fantástica?! <strong>¡¿Cómo cojones no has visto en la decapitación de Ned Stark el intento del Ibex35 por reducir el poder de los sindicatos?!</strong>"</p><p>Empecé a odiarme a mí mismo por no haber sabido apreciar <strong>el esfuerzo de George R.R. Martin al trasladar a una intriga pseudomedieval la realidad española.</strong> Me esforzaba por intuir qué paralelismo se escondía detrás de cada escena. En "la boda roja", una secuencia en la que son asesinados todos los invitados que habían acudido a un enlace matrimonial, vi una posible propuesta de solución por parte del autor al problema de los pisos turísticos. En la figura de Khaleesi, madre de tres dragones, quise ver el apoyo de Martin a la familia monoparental fruto de una relación no binaria. Y en el chico que iba en silla de ruedas veía claramente un alter ego de Pablo Echenique, aunque cuando desapareció de las tramas durante cuatro capítulos lo descarté. Cuatro capítulos es un periodo excesivo para que Echenique estuviera sin tuitear.</p><p>El caso es que ya no volví a ser el mismo. Ver <em>Juego de Tronos</em>, que antes había constituido para mí el placer descuidado de sumergirme en los enredos de un relato apasionante, se convirtió en un suplicio. <strong>Lo hacía tomando notas en mi libreta Moleskine</strong>. Cuando las repaso ahora y veo lo que escribía recuerdo el sinvivir de aquellos tiempos. Por ejemplo, una referencia a los Dothraki –los guerreros nómadas con lengua propia– seguida de la anotación "¿nacionalismos periféricos?"; o en otra página, subrayado varias veces para resaltar su importancia, el recordatorio "¡Ojo! Revisar <em>Cateto a babor</em>. Es posible que esconda una crítica al franquismo"; o la desesperación patente en la pregunta escrita en mayúsculas "¿Quién coño puede ser Theon Greyjoy?"</p><p>No puedo culparme por el intento de ver en todo lo que ocurría en la serie una referencia al vibrante acontecer político de esos días. El propio Iglesias afirmaba que, aunque con reservas, <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2015/04/16/pablo_iglesias_quot_podemos_identifica_con_khaleesi_quot_31423_1012.html" target="_blank">Podemos se identificaba mucho con Khaleesi</a>. Tenía sentido, <strong>Khaleesi era una aspirante al Trono de Hierro</strong> que buscaba alianzas estratégicas para conformar un ejército con el que poder luchar por instalarse en él y reinar de una manera más justa.</p><p>O, al menos, era así en la sexta temporada. Porque en la octava, en su capítulo final, cuando se está produciendo el asalto definitivo a la capital del reino para derrocar a la malvada Cersei Lanister –para mí entonces la directora del FMI, Christine Lagarde– en un imprevisible giro, Khaleesi, que hasta ese instante había sido icono de la justicia democrática, monta en uno de sus dragones –un animal nervioso y bastante irascible, siete toneladas de carne voladora con el carácter de Luis Enrique– y, como si estuviera pilotando un helicóptero de combate, provoca una masacre efectivamente democrática<strong>: no hubo familia en la que no se cargara a alguno</strong>.</p><p>Yo no podía creer lo que estaba pasando. Era como ver a Lenin con un Lacoste. Al tiempo que los inocentes ciudadanos capitalinos perecían calcinados o sepultados tras el derrumbe de sus torreones, <strong>a mí se me derrumbaba la confianza en la ciencia política aplicada a las series</strong>.</p><p>Me equivoqué. Y conmigo todos los que renegaron del valor de<em> Juego de Tronos </em>como representación de la vida política española. Un error de apreciación nos hizo ver a Khaleesi como una reencarnación de la heroína de izquierdas y resulta que no era así. <strong>Khaleesi era Díaz Ayuso</strong>. Entiéndase en el sentido metafórico de que, a lomos de su dragón particular –Miguel Ángel Rodríguez– vomita llamaradas sin tener en cuenta si, en su descontrolada expansión, el incendio afecta por igual a propios y a extraños. George R.R. Martin afinó mucho al disponer que la moraleja política de<em> Juego de Tronos</em> fuera que Casado podía acabar quemado por el fuego amigo.<strong> No lo vio venir ni Iván Redondo</strong>.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[51fad6df-fc3e-4318-8b47-512fd8d1d684]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Jun 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" length="295420" type="image/png"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" type="image/png" fileSize="295420" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Khaleesi era Díaz Ayuso]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Isabel Díaz Ayuso,Juego de tronos']]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¡¿Negarle una vacuna a Pedri?!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/avanti-tutti/negarle-vacuna-pedri_1_1198804.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="¡¿Negarle una vacuna a Pedri?!"></p><p>¿Qué le pasa a la izquierda con el fútbol? ¿Por qué a una parte de ella le parece mal que se vacune a la selección española? ¿Qué quieren? ¿Que vacunemos a la de ajedrez? <strong>Eso sería tirar el dinero. Pensar no es lo nuestro. Es cosa de alemanes.</strong> Y así les va. Son una potencia mundial, una sociedad avanzada con una envidiable estabilidad política y un sólido estado del bienestar, pero sólo tienen ocho Copas de Europa. Nosotros dieciocho. ¿Creen que si los alemanes pudieran elegir entre ser el país de Kant, Schopenhauer y Heidegger o tener dieciocho “orejonas” elegirían lo primero? El propio Heidegger, según biografía no autorizada, se quejaba amargamente en su lecho de muerte del uso que había dado a su sesera: “He indagado cuestiones fundamentales de la fenomenología, he arrojado luz al sentido del ser, pero me voy sin haber marcado un solo gol de cabeza”.</p><p>¿Qué tiene la izquierda contra el fútbol? ¿Qué tiene en contra de que un grupo humano —es verdad que poblado de egos— se una en un esfuerzo solidario para pelear por conseguir una victoria, con la tranquilidad de que si pierde siempre puede culpar a otro de la derrota? <strong>En esencia, el fútbol es la izquierda.</strong></p><p>Y sin embargo, <strong>a la progresía le parece mal que vacunemos a nuestros muchachos para que defiendan a España en el terreno en el que ahora se libran las guerras modernas</strong>: el césped de un estadio. La izquierda no entiende que el fútbol es la continuación de la guerra por otros medios. Actualmente, no hay un solo país en guerra que tenga una buena selección. La única forma de convertir a los talibanes en un grupo pacífico sería una buena política de fichajes y dejarles participar en el mundial de clubes.</p><p>A la izquierda —a una parte de ella al menos— <strong>le parece mal que vacunemos a estos soldados del deporte porque, según ellos, no son trabajadores esenciales</strong>. Os diré una cosa: mi concepto de trabajador esencial cambió radicalmente el día que tuve que montar solo una estantería Holstöm. La UCI no puede ser peor que eso. Cuando terminé, mi nivel de concentración de oxígeno en sangre estaba por debajo del de la llave Allen.</p><p>Algún tertuliano, militante de la pureza ideológica y boina verde en todas las causas posibles, arguye en un artículo urgente —no sea que durante quince minutos no sepamos qué opina sobre algo— que lo fundamental no es el hecho en sí de utilizar cincuenta y dos vacunas del <em>stock</em> nacional sino que<strong> se trata de una cuestión ética, de un dilema moral.</strong> ¿Un dilema moral? ¡Estamos hablando de fútbol, <em>motherfucker</em>! Baja el listón. El único que ha utilizado el concepto dilema en un vestuario fue Benzema cuando dudaba entre comprarse el Lamborghini <em>Huracán</em> o el Lamborghini <em>Veneno</em>. Al final tomó la decisión correcta y se compró los dos.</p><p><strong>Vacunar a nuestros muchachos es un acto de humanidad.</strong> ¿Alguien de esa izquierda intensa, eternamente indignada y empeñada en convertir en trascendente hasta lo más insignificante, se ha molestado en contemplar la carita de Pedri? Si Pedri no estuviera en la selección podría estar perfectamente en un anuncio de Save The Children. Hay que ser un desalmado para poder mirar a los ojos a Pedri y decirle: “No, Pedri, para ti no hay. Pero te hemos puesto hidrogel en el banderín de córner”. ¡Coherencia, por favor! ¡Quien niega una vacuna a Pedri no puede defender a un mena!</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[e7f419c6-154c-445a-9881-9add9e7ad3be]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Jun 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" length="295420" type="image/png"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" type="image/png" fileSize="295420" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¡¿Negarle una vacuna a Pedri?!]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Vacunas,Crisis del coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
