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    <title><![CDATA[infoLibre - Miguel Sánchez-Romero]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/miguel-sanchez-romero/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Miguel Sánchez-Romero]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Romeo encabronado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/romeo-encabronado_1_2235417.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fa153a77-84a2-40ff-a148-7c474aae4360_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Romeo encabronado"></p><p>Influenciado por los reportajes que sobre <strong>Ibiza </strong>se emiten en programas televisivos de verano, superpoblados de pibones de uno y otro sexo, <strong>viajé a la isla con el complejo de no ser un Adonis y temiendo que en cualquier momento me parara la policía</strong>, me cacheara y me preguntase: <strong>“¿Cómo es que no tiene usted abdominales?”</strong>. Llevaba, incluso, preparada una respuesta: “Los traía, pero me los ha perdido Iberia”.</p><p>No les descubro nada si les digo que <strong>Ibiza es muchas otras cosas además de una narcisista exhibición de la belleza y noches de fiesta eterna llenas de excesos</strong>. Afortunadamente. Porque no tengo nada que exhibir y he abandonado la práctica de todo exceso que no sea la siesta. Ni recuerdo la última vez que estuve en un garito, aunque sí lo que le respondí al camello que, con vigilante discreción, me abordó para ofrecerme “MDMA, pope, meta, coca… ¿Qué te apetece?”. Por no quedar como un aguafiestas, le dije: “Dame dos omeprazol”.</p><p>Para gente como yo, Ibiza reserva innumerables placeres. Uno de ellos, <strong>pasear por Dalt Vila, “ciudad alta”, el nombre que recibe la parte superior del recinto histórico de la isla</strong> y que permite, además de bañar de mar la mirada, recordar su pasado de fortaleza amurallada. Allí, atravesando estrechas calles y plazuelas luminosas, uno, indefectiblemente, se topará con lo que se ha dado en llamar el Muro de la Fama. Una pared blanca coronada por el fulgor de la buganvilla y en la que en los años noventa distintas celebridades del <em>show business</em>, la música o el deporte estampaban sus huellas en marcos de arcilla. Ignoro cuánto tiempo tuvo que pasar para que los turistas convirtieran en costumbre el perfilar también sus manos con un rotulador, reclamando de esta forma su porción de fama.</p><p>Otros, en lugar o además de su huella, decidieron incluir alguna frase iniciando el proceso, mil veces repetido, de <strong>convertir la pared en un lienzo de libre expresión</strong>. Un proceso que no parece culminado si no se alcanzan dos hitos: uno) que alguien, normalmente un hombre, pinte un pene; y dos) que alguien, normalmente otro hombre, escriba el nombre de una mujer y la catalogue de puta. </p><p>Si observan con detenimiento la foto, <strong>el autor del segundo hito lo consumó en italiano —</strong><em><strong>F. C.</strong></em><strong> </strong><em><strong>puttana</strong></em><strong>— e incluyó también algunos otros datos</strong> —me temo que de la chica— que me he ocupado de borrar por si alguno de ellos permitía la identificación de la joven, lo cual, directamente, constituiría un delito.</p><p>Sin entrar a analizar cuestiones legales, <strong>nada dice más —y menos al mismo tiempo— de un tipo que haber hecho un grafiti llamando puta a una mujer</strong>. Es un acto de venganza estúpido y contraproducente, la peor forma de procesar una ruptura. De entrada, revela un mal conocimiento del lenguaje. No he visto jamás un “Loli, puta” bien escrito. En estos mensajes, la coma del vocativo (que también rige en el italiano) está tan ausente como la delicadeza en quien lo escribe. </p><p>Además, más allá de que sobre el hecho de ser puta se pueden hacer muchas consideraciones, pero <strong>ninguna tiene derecho a incluir la reprobación de quien lo sea</strong>, otra cuestión que ignora el firmante es que el subtexto no juega precisamente a favor de su relato. Porque si lo que quería era dañar la imagen de la chica, debería saber que donde alguien escribe “Loli, puta”, muchos, sin ni siquiera conocer a Loli, leemos: “Loli ha sabido elegir”; o “De buena se ha librado Loli”; o “Mucho ha tardado Loli en dejar a ese capullo”.</p><p>Si lo que quería <strong>el Romeo despechado era que nos solidarizáramos con su dolor, tal vez su única posibilidad de conseguir nuestra empatía hubiese sido contarnos serenamente lo ocurrido</strong>. Porque Loli no tiene forzosamente que ser un ángel, pero el reproche no puede ser que haya elegido a otra persona, ya fuera por amor o por una desmedida afición al sexo. La única forma que tenía este muchacho de invocar nuestra comprensión y, tal vez, nuestra compasión, hubiera sido escribir algo como: “Loli, me partiste el corazón liándote con mi mejor amigo el día de nuestra boda. Como no me devolvían el dinero del viaje de novios, me he venido a Ibiza con mi madre. Dice que te entiende y te manda recuerdos”.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Aug 2026 04:01:27 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Romeo encabronado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[verano,Machismo,Libertad de expresión]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Apariencias engañosas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/apariencias-enganosas_1_2235368.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59ee19f5-2007-427d-80c9-a3981066192c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Apariencias engañosas"></p><p>La foto es todo un ejemplo de la civilidad vienesa: <strong>un </strong><em><strong>Offener Bücherschrank</strong></em><strong> emparedado entre dos </strong><em><strong>Stummer Verkäufer</strong></em>. Les traduzco, aunque sé que no haría falta porque el alemán es como el euskera: a poco que le pongas algo de atención, acabas pillándolo. <em>Offener Bücherschrank</em> —como ya habrán imaginado— significa literalmente "<strong>armario de libros abierto"</strong>, del que la gente puede retirar un ejemplar a cambio de dejar otro en la cabina; <em>Stummer Verkäufer</em> —como cualquiera puede adivinar— significa <strong>"vendedor silencioso" de periódicos</strong>: una bolsa de plástico impermeable colgando de una farola o de una señal de tráfico, de la que el comprador retira su ejemplar tras depositar el importe exacto en una pequeña caja a través de la ranura.</p><p>Una <strong>mirada acomplejada desde España</strong> podría llevarnos a pensar que si alguna cabecera adoptara aquí ese modelo de negocio, a los cinco minutos habrían desaparecido los periódicos, la caja y, si no está bien sujeta, la propia farola.</p><p>Al menos es lo que pensaba yo hasta que, por envidia de la <strong>urbanidad austriaca</strong>, me decidí a profundizar en el asunto a través de algunos estudios sociológicos que se han ocupado de esta peculiar manera de vender periódicos basada en <strong>la confianza y la honestidad del ciudadano</strong>.</p><p>Uno de ellos, llevado a cabo por investigadores de las universidades de Graz y Klagenfurt, se realizó en una zona de Viena predominantemente de <strong>clase media y alta</strong>, elegida porque, según la empresa distribuidora, tenía <strong>una moral de pago especialmente baja</strong>. La conclusión general fue que la mayoría de los compradores no pagaba el precio correcto: costando el periódico entre 1 y 2 euros, la media de lo que pagaban los compradores ascendía solo a 0,10 euros.</p><p>Quizás, y esto es aportación mía, esa conclusión explique de rebote la forma en que algunos del entorno donde se llevó a cabo el estudio hayan llegado a ser clase media y alta. <strong>No hay mejor ascensor social que beneficiarse del ahorro que proporciona la falta de ética</strong> o, directamente, el delito; ya sea pagar menos por el periódico, conseguir jugosas comisiones mediante el tráfico de influencias, defraudar a Hacienda o no dejar que la bolsa de la fruta se apoye del todo al pesarla en el súper. Si combinas adecuadamente tres de estas cuatro técnicas, estás preparado para ser ministro. O novio de presidenta de comunidad autónoma. Aunque, de hacerse pública la anomalía, no podemos augurar una larga estancia en el cargo. En ninguno de los dos.</p><p>Apoyo esta apreciación subjetiva —y un poco populista, todo sea dicho— de ascensos sociales rápidos pero moralmente reprobables, en las opiniones de los distribuidores de periódicos austriacos que, aunque no forman parte del estudio, afirman haber observado <strong>diferencias regionales en la moral de pago</strong>: esta es mayor en las zonas rurales y, curiosamente, en los barrios habitados por personas con ingresos más bajos. Pobreza y honradez, la mejor forma de gripar el ascensor social.</p><p><strong>Otro estudio</strong> sobre la venta de periódicos poniendo a prueba la confianza y honestidad de los ciudadanos fue llevado a cabo por investigadores de las universidades de Linz e Innsbruck. Coincide con el primero en que la mayoría de los clientes no paga: alrededor de dos tercios de quienes cogen el periódico no dejan ningún dinero. Sin pretender ofender a nadie, y solo en aras del rigor científico, creo que sería interesante conocer detalles sobre el histórico de españoles emigrados a Austria, así como de compatriotas que la visitan habitualmente.</p><p>Otros datos, procedentes de una encuesta de seguimiento, resultan tan curiosos como el hecho de que <strong>los hombres pagan menos que las mujeres</strong>; o que donar a organizaciones benéficas y hacer voluntariado se asocian con una mayor probabilidad de pago; o que quienes asisten regularmente a misa pagan menos. Aquí, los autores especulan sobre posibles explicaciones, como que quizás el motivo sea la carencia de monedas suficientes por haberlas donado previamente en la cuestación litúrgica. Personalmente, creo que la verdadera razón es que cobrarte dos euros por un periódico cuando<strong> la salvación eterna te ha salido por 50 céntimos</strong> es una barbaridad.</p><p>¿<strong>Por qué las empresas siguen utilizando este método </strong>de comercio en apariencia tan ruinoso? Por varias razones: permite al lector conseguir prensa los domingos y festivos cuando la mayoría de los lugares de venta están cerrados; sigue siendo rentable como estrategia de marketing el que la marca se haga presente en las calles; y, fundamentalmente, porque las bolsas se pueden alquilar como espacio publicitario, lo que ayuda a paliar las pérdidas.</p><p>¿Se imaginan que <strong>infoLibre</strong> se vendiese de esta forma? Dejando en manos de ustedes, los lectores, la posibilidad de pagar, no pagar, pagar menos o, no lo descartemos, pagar más por él. ¡Qué gran sorpresa sería esto último! Tal vez la única manera de que Jesús Maraña cumpla al fin su noble sueño: comprarse un Lamborghini.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Aug 2026 04:01:08 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Apariencias engañosas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,El ángulo muerto,Austria,Correos]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Vida inteligente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/vida-inteligente_1_2235189.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4bcc8436-df01-48b5-b5e4-e4cc7f98a579_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vida inteligente"></p><p>Dejé de creer definitivamente en el género humano en <strong>Ortigueira</strong>, justamente en el lugar que muestra la foto. Esa <strong>indicación </strong>que advierte del peligro de caer al <strong>mar </strong>a medio metro del mar no invita a una visión optimista de la <strong>humanidad</strong>. </p><p>Porque lo terrible de esa señal no es aquello de lo que previene, sino lo que representa. Hay en ella <strong>dos advertencias</strong>: la primera, explícita en el dibujo, debe preocuparnos, pero es la segunda la que lleva a un espíritu sensible como el mío a caer en el pesimismo. Una dice a quien ya debería saberlo: “<strong>Cuidado, si sigues avanzando, vas a caer al mar</strong>”. La otra, empotrada en esa absurda necesidad de resaltar lo obvio, nos avisa de que lo que está a punto de precipitarse a un mar de necedad es la inteligencia del ser humano.</p><p>Y lo peor de esa señal es que <strong>si está ahí es por algo</strong>. Muy posiblemente, antes de que se decidiera instalarla, algún <strong>conductor </strong>cayó al agua en ese mismo punto o en algún sitio cercano. No es muy aventurado imaginar la <strong>conversación con las autoridades</strong> después del suceso:</p><p>—¿No vio usted que terminaba el asfalto?</p><p>—Sí, pero como no había ninguna señal de peligro...</p><p>Afortunadamente, las estadísticas de vehículos que han caído al mar son <strong>insignificantes</strong>, pero las muestras de <strong>estupidez humana</strong> florecen en cualquier sitio al que uno dirija la vista o hacia el que ponga el oído. </p><p>La cuestión es tan importante que merece abordarla sin rodeos: <strong>¿somos cada vez más tontos?</strong> Me atrevería a afirmar que no, que el porcentaje debe de ser similar al de cualquier otra época, lo que ocurre es que <strong>ahora a los tontos se les oye tanto</strong>... En la Edad Media, pongamos por caso, no era fácil para un tonto conseguir un altavoz con el que gritar al mundo sus tonterías. Hoy, las <strong>redes sociales</strong> ponen a disposición de cada tonto una ventana desde la que dirigirse al universo. La incansable persistencia de los tontos en compartir su naturaleza hace el resto, porque si hay un lujo que un tonto no puede permitirse es el de pasar desapercibido. </p><p>Pero no culpemos solo a las redes. Los medios de comunicación, con su desorbitada abundancia de <strong>tertulias </strong>y columnas de opinión en las que los tontos se la dan —nos la damos— de listos, hacen el resto. Ese constante escrutinio al que someten la actualidad <strong>opinólogos </strong>y tertulianos ha generado una nueva variante del hombre del Renacimiento: <strong>el tonto renacentista, idiota en múltiples disciplinas</strong>. Vivimos en medio de una total desinhibición de la ignorancia, un desacomplejado <strong>estriptís </strong>de la simpleza que aconsejaría incluir en las encuestas un nuevo apartado: “no sabe, sí contesta”. </p><p>La mejor prueba de que existe <strong>vida inteligente fuera de la Tierra</strong> es que no se relaciona con nosotros.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Aug 2026 04:00:54 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[El ángulo muerto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un calvario de monte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/calvario-monte_1_2235181.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c9e077d5-f3fc-4321-b987-244fd01211e8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un calvario de monte"></p><p>Cuenta la leyenda que el <strong>arcángel San Miguel</strong> se le apareció en el <strong>año 708 al obispo de Avranches</strong> y le pidió que construyera un templo en <strong>Mont-Saint-Michel</strong>. ¿Por qué San Miguel, de los más de seiscientos mil kilómetros cuadrados de extensión que tiene Francia, eligió precisamente un <strong>islote inhóspito</strong> donde construir es complicadísimo? Lo ignoramos. Forma parte, junto al <a href="https://www.infolibre.es/politica/fiscalia-remite-cuatro-denuncias-juzgado-compra-atico-ayuso_1_2234990.html"  >ático de Ayuso</a>, de ese tipo de misterios de la <strong>promoción inmobiliaria</strong> que escapan a nuestra comprensión. Aunque, por otra parte, que lo de Ayuso tenga su origen en una aparición es lo único que lograría explicarlo.</p><p>Esta pequeña <strong>isla normanda</strong> del estuario del río <strong>Couesnon</strong>, cuya población local no llega a los ochenta habitantes, es visitada cada año por una media de <strong>tres millones de personas</strong>. Es posible que el día que estuve yo coincidiera con todas ellas.</p><p>Mont-Saint-Michel congrega en su interior la <strong>maldición </strong>con la que el éxito <strong>turístico </strong>riega aquellos lugares bendecidos por su excepcional belleza. En este caso, además, amplificadas las secuelas del castigo por tratarse de una población diminuta formada por <strong>una sola calle</strong> — Grande Rue— de la que parten estrechos pasillos y escaleras que suben hasta la muralla o la propia <strong>abadía</strong>. Un entorno que confirma una vez más esa verdad que conoce cualquier persona aficionada a viajar: todo lo bonito está <strong>cuesta arriba</strong>.</p><p>Acostumbrado a resistir los asedios ingleses en el siglo XV, Mont-Saint-Michel no ha sido capaz en el XXI de contener la <strong>invasión turística</strong> de quienes, con el espíritu notarial que anida en todo viajero, acudimos a constatar que de verdad el lugar es tan <strong>impresionante </strong>como muestran las fotos.</p><p>Lo es. Pero, curiosamente, lo que más impresiona de Mont-Saint-Michel no es el paisaje ni la <strong>belleza agreste</strong> de la abadía. Quizás porque a medida que te aproximas andando por el estrecho puente que une el islote al continente, la formidable visión de las <strong>marismas </strong>que lo rodean y la figura del convento aferrado a la roca van amortiguando esa impresión. Lo que no hay forma de amortiguar es el estruendo que generan —generamos— los miles de <strong>turistas </strong>con los que te encuentras nada más cruzar la muralla de acceso para disponerte a subir al monasterio. </p><p>La ascensión se hace <strong>amena </strong>porque, a pesar de lo que cansa, reserva al visitante alguna <strong>sorpresa</strong>. Como el precio de la botella de agua. En la Grande Rue vi a padres ofreciendo a sus pequeños en adopción a parejas con recursos suficientes para mantenerlos <strong>hidratados</strong>.</p><p>Culminada la pendiente —que no la subida, porque la abadía está construida en tres niveles—, uno sucumbe al <strong>portento </strong>de esa arquitectura suspendida entre los riscos. Desde la <strong>reciedumbre </strong>de la Sala de los Caballeros a la delicadeza de su claustro gótico, o las vistas que ofrece su terraza oeste. Allí te convences de que el esfuerzo y la inversión en Evian han merecido la pena. Básicamente, porque ya todo está <strong>cuesta abajo</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Aug 2026 04:01:27 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un calvario de monte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El ángulo muerto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un templo como dios manda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/templo-dios-manda_1_2234939.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/427e582d-44be-4159-a0e1-ec226d9a226a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un templo como dios manda"></p><p>De la <strong>basílica de San Miguel</strong> en <strong>Burdeos </strong>diría que es la iglesia más bella de cuantas he visitado. Aunque, siendo honesto, debería añadir que no recuerdo nada de su interior. Me pasó también con la <strong>discoteca Valhalla</strong>, pero por diferentes motivos. En el caso de la basílica, el no recordar la disposición de sus naves, ni ningún detalle de su ornamento, ni tener memoria de una sola de sus capillas, ni de las imágenes a las que estaban consagradas, no tiene nada que ver con el <strong>Jägermeister</strong>. </p><p>Curiosamente, lo que no he olvidado es la <strong>gente </strong>que me encontré allí. Imagino que la razón de esa amnesia selectiva, que no me permitió retener datos del espacio físico, pero sí de quienes lo ocupaban, tiene que ver con lo mucho que me impresionaron la autenticidad y la sencillez que desprendían los <strong>feligreses</strong>, dos virtudes que no siempre acompañan al trato con lo <strong>sagrado</strong>. </p><p>La visité una mañana de <strong>domingo </strong>y debí de llegar después de haberse celebrado la misa porque el oficiante, todavía en traje de faena, departía animadamente con un grupo de <strong>fieles </strong>mientras unos niños correteaban por la nave central contagiando su alegría al recinto. </p><p>El ambiente de San Miguel era muy distinto a esa <strong>solemnidad</strong>, a veces impuesta, que es habitual encontrarse en las iglesias. Resultaba tan acogedor que <strong>Abogados Cristianos</strong> podría denunciarlo por exceso de <strong>buen rollo</strong>. </p><p>Allí viví un particular <strong>éxtasis místico</strong>, una especie de <strong>epifanía </strong>que me hizo plantearme la posibilidad de abrazar de nuevo la fe. Un coqueteo en el que todavía me mantengo, sin haber resuelto aún qué hacer. Debo de tener en vilo al departamento de suscripciones del <strong>Vaticano</strong>. Me temo que, si alguna vez se me aparece algún miembro de la corte celestial, sea únicamente para decirme: “¿Te aclaras o qué, <em><strong>calientabiblias</strong></em>?”.</p><p>Y tendría que decirle la verdad, que <strong>la fe es como la talla a partir de los 50</strong>: una vez que la has perdido, ya no la recuperas. Pero que a uno se le haya quedado pequeño el <strong>cíngulo </strong>no quiere decir que deba renunciar a lo que el cristianismo tiene de bueno. Yo lo uso como herramienta retórica cada vez que me enfrento al oxímoron moral de que algunos —tal vez demasiados— de los que se dicen <strong>fervientes cristianos</strong> sean los que menos practican la doctrina de Cristo. </p><p>Cuando charlo con ellos y los veo venir en algunos de esos comentarios con los que intentan escrutarte o llevarte a su terreno, me pongo automáticamente en <strong>modo religioso</strong>. Como con el asunto de los inmigrantes, en cuanto oigo un “yo no estoy en contra de que vengan, pero me parece bien que endurezcamos las leyes”, les digo: “Como a un natural de vuestra tierra tendréis al extranjero que reside entre vosotros; lo amarás como a ti mismo”. Y luego añado: “<strong>Es de la Biblia, no del programa electoral del PSOE</strong>”. Les desconcierta, no les entra en la cabeza que todo lo malo no lo haya inventado <strong>Pedro Sánchez</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Aug 2026 04:01:41 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un templo como dios manda]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El ángulo muerto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amor sobre ruedas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/amor-ruedas_1_2234931.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c3ead2ec-b5be-41b0-85dd-b0837a038662_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Amor sobre ruedas"></p><p>Esta foto tomada en la laboriosa <strong>Bruselas </strong>nos ofrece, pese a su radical simpleza, abundante información, al tiempo que nos genera también numerosas dudas. El primer mensaje que nos traslada es bastante obvio y podría resumirse de esta forma: así dice “<strong>estoy enamorado</strong>” un <strong>soldador</strong>. </p><p>El amor y su necesidad de hacerlo público desembocan a veces en estas extravagancias. <strong>Petrarca </strong>consagró gran parte de su vida a escribir versos a <strong>Laura</strong>. Si hubiese sabido soldar, se podría haber ahorrado años de esfuerzo. </p><p>¿Por qué considero que es <strong>Roel </strong>y no <strong>Wendy </strong>el autor de esta <strong>declaración de amor de estética brutalista</strong>? Pues porque, a pesar de que cada vez son más las mujeres soldadoras, el hecho de haber puesto su nombre en primer lugar indica claramente quién es el sujeto de la acción (amar a Wendy). Y suele ser norma en este tipo de expresiones amorosas que sea del sujeto de quien nazca la necesidad de escribirlas en una pared o grabarlas en un árbol. </p><p>Otra de las certezas deducibles de la imagen tiene que ver con el acabado final. Siendo benévolos, diremos que Roel <strong>no hizo un trabajo fino</strong>. Es posible que sea un excelente soldador, pero la <strong>pintura</strong>, claramente, no es lo suyo. La única explicación a esa falta de pericia y ese descuido del detalle es que hubiera soldado la chapa sin gafas protectoras y después la pintara ya con la vista perdida.</p><p>Y hasta aquí el capítulo de certezas; el resto son todo <strong>interrogantes</strong>. Por ejemplo, ¿la obra de Roel rubrica una relación ya establecida o pretendía con ella conquistar a Wendy? Si la relación ya existía, ¿qué cara puso Wendy cuando lo vio aparecer por su calle montado en esa bici? ¿Qué pudo decirle a un Roel —imaginamos— orgulloso de su obra? Yo apuesto por un “<strong>cariño</strong>, tienes que dejar el <strong>bricolaje </strong>y volver a los <strong>porros</strong>. Te hacen menos daño”.</p><p>Si, por el contrario, aún no eran novios y la <em><strong>performance </strong></em>formaba parte de una estrategia para <strong>enamorar </strong>a Wendy, es inevitable preguntarse: ¿sabe Roel que existe <strong>Interflora</strong>? </p><p>Y podríamos seguir así eternamente, con nuevas cuestiones surgiendo en <strong>cascada</strong>: ¿Roel no tiene amigos que le aconsejaran que no lo hiciera o, al menos, que incluyese un cheque regalo? Por no hablar de cuestiones más prosaicas: ¿qué haces con esa bicicleta el día que Wendy te deje? ¿La anuncias en Wallapop: “<strong>bicicleta casi nueva procedente de relación gastada</strong>”? ¿Quién la va a querer? Sería como comprar un <strong>brazo ortopédico</strong> con un <strong>corazón tatuado</strong>. </p><p>Y lo peor de todo es que no podemos descartar el hecho de que, en realidad, lo único que pretenda Roel no sea recorrer Bruselas proclamando su amor por Wendy, sino que <strong>a nadie le apetezca robarle la bici</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Aug 2026 04:01:06 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Amor sobre ruedas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El ángulo muerto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Prioridad animal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/prioridad-animal_1_2233956.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/303a616c-9360-4d33-b100-e28e3f9f693b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Prioridad animal"></p><p>Entre las provincias españolas de <strong>Zamora </strong>y <strong>Salamanca </strong>y el distrito portugués de <strong>Bragança</strong>, encajonado en cañones como el de la foto, discurre el <strong>Duero </strong>convertido en frontera natural de los dos países. Mirando al norte, la orilla derecha es <strong>España</strong>, la izquierda <strong>Portugal</strong>. Ambas conforman un espacio que brinda acogida a <strong>buitres leonados, cigüeñas negras, lobos </strong>o <strong>nutrias</strong>, entre otras especies. Un paraje que ya no podré visitar con la inocencia con la que lo hice en su día, porque desde que <strong>Vox </strong>y el <strong>PP </strong>han introducido en el debate político el concepto “<strong>prioridad nacional</strong>”, ya no hay paisaje fronterizo que no me lo traiga a la cabeza. </p><p>Este de los <strong>Arribes del Duero</strong>, donde si nadas o puedes volar la <strong>frontera </strong>es apenas un bello inconveniente, me lleva a preguntarme sobre la dirección en que circula esa deuda que los <strong>emigrantes </strong>parecen contraer siempre con el país que los acoge. Por ejemplo, si un <strong>buitre portugués</strong> limpia de carroña una <strong>ladera zamorana</strong>, ¿merece nuestro reproche por acudir a saciar su hambre a un país que no es el suyo o deberíamos mostrarnos agradecidos por ayudarnos a evitar la propagación de enfermedades?</p><p>Y no son solo cuestiones éticas las que me asaltan, hay otras de ámbito eminentemente práctico: si una <strong>cigüeña portuguesa</strong> cruza a España transportando accidentalmente en su aparato digestivo simientes que luego, al <strong>defecar en suelo español</strong>, acaban arraigando y convirtiéndose, pongamos, en un lustroso olivo, ¿ese árbol pasa inmediatamente a formar parte de la <strong>flora española</strong> o debe ser incluido en el <strong>inventario forestal luso</strong>? </p><p>¿Pertenece a los <strong>inmigrantes </strong>alguna parte de la <strong>riqueza </strong>que ayudan a crear, o el hecho de no haber nacido aquí hace imposible que puedan saldar jamás su débito? Que alguien vea condicionado su derecho a recibir <strong>ayuda </strong>no a su grado de necesidad, sino a su <strong>lugar de origen</strong>, es como si en <strong>urgencias </strong>no atendieran primero las patologías más graves, sino las que padecen aquellos que viven más cerca del hospital.</p><p>En los <strong>incivilizados animales</strong>, si una nutria portuguesa cruza el Duero y se zampa tres cangrejos españoles, resulta perfectamente comprensible que las nutrias autóctonas, por el <strong>celo territorial</strong> que la naturaleza instala en su comportamiento, reivindiquen que son ellas y no las nutrias foráneas las que tienen derecho a comérselos. </p><p>Del <strong>género humano</strong>, uno espera un poco más. Y eso que esta analogía refleja solo a medias el clima social del país. Para que fuera exacta, muchos cangrejos españoles, en lugar de reclamar que las nutrias dejen de comérselos, se alinearían con las que han nacido aquí para exigir que, ya que tienen que ser comidos, se los jamen <strong>nutrias de España</strong>.</p><p>Como puede verse, <strong>civilización </strong>no siempre equivale a <strong>progreso</strong>.</p><p><em><strong>*Miguel Sánchez-Romero Guerrero</strong></em><em> es guionista y productor ejecutivo de televisión. Dirigió, entre otros proyectos, el programa 'El Intermedio' durante diez años.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Aug 2026 04:00:39 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Prioridad animal]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El ángulo muerto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Orgullo felino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/orgullo-felino_1_2229166.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4452aa42-2e36-4828-8b18-b57d3d64ac40_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Orgullo felino"></p><p>No hace falta recurrir al <strong>Instituto Nacional de Estadística</strong> para dar por hecho que en los últimos tiempos se ha producido un sorprendente aumento de la <strong>longevidad </strong>entre los <strong>gatos</strong>. He tenido gatos toda mi vida y puedo afirmar que, comparado con lo que suelen vivir ahora, antes no duraban nada. Justo lo contrario a lo que ha ocurrido con los <strong>electrodomésticos</strong>. </p><p>En mi experiencia, el antes al que me refiero comprende, más o menos, desde finales del <strong>franquismo. </strong>La resaca tardofranquista y hasta los primeros ochenta, épocas todas en las que, al igual que ahora, he tenido gato.</p><p>Su limitada esperanza de vida de entonces respondía a varias circunstancias. Una de ellas tenía que ver con el general <strong>embrutecimiento </strong>de los <strong>españoles</strong>, una población montuna que ante el simple avistamiento de un gato se veía poseída por una cruel pulsión que le urgía a pertrecharse de <strong>piedras </strong>para tirárselas.</p><p>También influía en ese alto índice de <strong>mortalidad </strong>lo poco que acostumbrábamos a llevar a nuestras mascotas al <strong>veterinario</strong>. Un descuido generalizado hasta el punto de que visitar con tu gato una clínica —antes escasísimas dada la falta de demanda— más que reflejar una enfermedad del animal indicaba cierta <strong>debilidad </strong>del dueño. En ambientes muy <strong>rupestres </strong>podría, incluso, ser la confirmación de que eras <strong>gay</strong>. La sospecha inicial estaba fundada en que te gustaran los gatos. </p><p>Un factor que ayudaba también a elevar la posibilidad de <strong>fallecimiento temprano</strong> era el riesgo que suponía la época de <strong>celo </strong>por la que, indefectiblemente, pasaban una vez al año. <strong>Peligro </strong>que ahora los amantes de los gatos sortean de manera drástica mediante la <strong>castración</strong>, aunque imagino que si los gatos leyeran pondrían serias <strong>objeciones </strong>a que se llamara “amante de los gatos” a alguien que los lleva a castrar.  </p><p>Los peligros del celo afectaban sobre todo a los <strong>machos</strong>. Mis gatas, llegado febrero, comenzaban un estruendo de <strong>maullidos </strong>con los que daban a conocer a la vecindad su disposición a recibir <strong>propuestas indecentes</strong>. El poder de convocatoria de aquel anuncio jamás defraudaba y la azotea se convertía por unos días en centro de reunión donde <strong>mininos </strong>de todo el barrio se sometían al <strong>casting</strong>. La cosa no pasaba de ahí.</p><p>Cuando en casa en lugar de gata teníamos gato, el asunto se complicaba un poco. En febrero, nuestra mascota abandonaba su actitud <strong>monacal </strong>y el seguro confort de la <strong>hamaca </strong>en la salita de estar para, de la noche a la mañana, convertirse en un <strong>crápula </strong>que desaparecía y se entregaba a un tour por las <strong>azoteas </strong>en busca de alguna gata que gritara al mundo su <strong>deseo</strong>. Aquella gira duraba no menos de un mes y cuando volvía, si es que volvía, lo hacía <strong>escuálido</strong>, despeluchado, y, frecuentemente con alguna <strong>herida </strong>de guerra (media oreja arrancada, un ojo menos...) fruto de las <strong>riñas </strong>con otros <strong>casanovas</strong>. No sabemos qué opinarán ellos, ni qué tipo de vida preferirían, pero es un hecho que la <strong>castración </strong>ha prolongado más la vida de los gatos que la vacuna de la <strong>leucemia </strong>felina. </p><p>Y ahora ocupémonos de la imagen. La mejor prueba del <strong>progreso </strong>de este país es que, ante una escena como la que muestra la foto nadie sienta la urgente necesidad de hacerse con un par de <strong>piedras</strong>. O qué, si alguien la siente, estemos legitimados para llevarlo ante el <strong>juez</strong>. </p><p>Esta instantánea, tomada en <strong>Arcos de la Frontera</strong>, dice mucho de cómo hemos <strong>mejorado</strong>. Y es también una forma inconsciente de conjurar un pasado lóbrego. Hay en esa despreocupada <strong>siesta pública</strong> y en ese impúdico <strong>relajo </strong>una dulce y pacífica venganza que ajusta cuentas con tiempos peores. Él no lo sabe, pero se está desquitando de otras épocas en las que ser gato era vivir eternamente en <strong>alerta</strong>, padecer la amenaza incesante de un <strong>peligro </strong>inconcreto. </p><p>La foto está tomada una mañana de febrero pero desconocemos si el animal dormita después de una noche de <strong>farra </strong>o vive ajeno a las <strong>pasiones amorosas</strong> tras haber visitado a un <strong>veterinario</strong>. </p><p><em><strong>*Miguel Sánchez-Romero Guerrero</strong></em><em> es guionista y productor ejecutivo de televisión. Dirigió, entre otros proyectos, el programa 'El Intermedio' durante diez años.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Aug 2026 04:00:29 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Orgullo felino]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El ángulo muerto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Disfraces sin fiesta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/disfraces-fiesta_1_2233917.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/26c67867-2b55-4021-a88c-642a9126f030_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Disfraces sin fiesta"></p><p>¿Puede un <strong>gigantón</strong> de más de dos metros y medio de altura transmitir sensación de <strong>desamparo</strong>? Puede. Basta con imaginar el calor que debe dar ese <strong>disfraz </strong>para que, al menos a mí, me posea irremediablemente un sentimiento de <strong>compasión </strong>hacia quien lo lleva. </p><p>El de la imagen estaba apostado en la plaza del Comercio de <strong>Lisboa</strong>,<strong> </strong>a la espera de que alguien se animara a hacerse una foto con él a cambio de algo de dinero. En la mayoría de los casos, la cantidad suele depender de la <strong>generosidad </strong>de quien decide hacérsela y, por lo que pude observar, yo diría que no sale a cuenta. </p><p>Me he preguntado si esa compasión que me provoca tiene que ver con cierto <strong>paternalismo clasista</strong> que, en realidad, oculta la consideración de ese trabajo como menos <strong>digno </strong>que otros igualmente sacrificados pero que no precisan del aditamento <strong>grotesco </strong>del disfraz. Creo que no es eso. </p><p>Mi problema es que pienso en los <strong>niños</strong>. No en los que se acercan para fotografiarse con él, sino en los <strong>hijos de la persona disfrazada</strong>,<strong> </strong>si es que se puede permitir tenerlos. Para explicarlo brevemente, permítanme que lo exprese con un <strong>microrrelato </strong>que, por triste, nunca quise escribir pero cuyo recuerdo regresa siempre cuando veo uno de estos disfraces:</p><p>“A los seis años, <em>Reinaldito</em> Salazar lo entendió todo y pasó del <strong>orgullo </strong>de ser hijo de <strong>Spiderman </strong>a la <strong>vergüenza </strong>de ser <strong>pobre</strong>. No pudo escapar a su destino. Ni tampoco sus descendientes. Con el tiempo los Salazar han constituido una dinastía de <em>Spidermans</em> que se traspasan el reino de un chaflán”.</p><p>La verdad es que podría haber imaginado un final mejor y que el chico progresara hasta llega a ser <strong>Rocky</strong>, la <strong>mascota </strong>del equipo de la NBA <strong>Denver Nuggets</strong>, que tiene un sueldo de <strong>625.000 dólares</strong>. Pero también es cierto que podría haber empeorado el desenlace y que acabara siendo <a href="https://x.com/RealSociedad/status/1946963140035432815" target="_blank">Txurdin</a>, la mascota de la <strong>Real Sociedad</strong>. No hay dinero en el mundo que compense ponerte eso.</p><p><em><strong>*Miguel Sánchez-Romero Guerrero</strong></em><em> es guionista y productor ejecutivo de televisión. Dirigió, entre otros proyectos, el programa 'El Intermedio' durante diez años.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Aug 2026 04:01:27 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Disfraces sin fiesta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El ángulo muerto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desayuno con avispas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/desayuno-avispas_1_2228717.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/87ac410c-beb1-460c-b580-4d88f9a76d9a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Desayuno con avispas"></p><p>El <strong>hotelito </strong>en el que estábamos alojados ofrecía la posibilidad de desayunar en el comedor o en una pequeña terraza exterior. En plena ola de calor, hubiera sido un pecado desaprovechar la oportunidad de <strong>disfrutar </strong>del único momento de frescor del día. Pero la terraza tenía un ligero inconveniente: la presencia de numerosas <strong>avispas</strong>. </p><p>Lo más normal para el hostelero habría sido localizar y destruir el <strong>avispero </strong>y solventar así el problema. No fue eso lo que hizo, sino que, en una sorprendente prueba de vocación hospitalaria, dispuso a lo largo del pretil pequeños cuencos con<strong> jamón de York</strong> a los que, para nuestra sorpresa —e imagino que la de ustedes—, se precipitaban las avispas como náufragos a un bufé. </p><p>Aunque el <strong>inconveniente </strong>se había solventado solo a medias porque, como puede apreciarse en la foto, siempre había alguna <strong>golosa </strong>que acudía a catar la <strong>miel </strong>con la que, invariablemente, acompañaban las tostadas. ¿Quién podría reprocharles la osadía? Las avispas son conscientes de su inusitado poder: un <strong>insecto </strong>de apenas un gramo de peso que puede hacer <strong>huir </strong>a un adulto de ochenta kilos. Son los <strong>drones </strong>de cuando no había drones. </p><p>Nos acompañaron cada uno de los cuatro días que pasamos en el hotel. Desayunabas intranquilo, sí, pero vivías el resto del día instalado en el reconfortante sosiego de quien ha sorteado un serio <strong>peligro</strong>. A P. mi actitud le parecía una exageración y me invitaba a relajar la vigilancia con esa frase tan poco tranquilizadora de “<strong>si no le haces nada, no te atacan</strong>”.</p><p>Yo le explicaba que al concepto “no hacer nada a una avispa” le falta algo de <strong>concreción</strong>, y que aquella misma que nos estaba sisando la miel podría ser una avispa ultrasensible y considerar mi costumbre de respirar la mayor de las ofensas. Como ejemplo, le conté que hacía algún tiempo me picó una en el <strong>cuello </strong>a la que difícilmente podía yo haberle hecho algo, pues ni siquiera me había percatado de su presencia. P., radical defensora de la mansedumbre de las avispas, argumentaba que “a veces, los colores chillones las estresan y se consideran atacadas”, y enseguida —cómo no— dirigía hacia mí las sospechas de haberla <strong>provocado </strong>de algún modo. </p><p>—¿Qué <strong>camisa </strong>llevabas? </p><p>—Una blanca muy <strong>pacífica</strong>, nada conflictiva. Hace dos años que la tengo y jamás se ha metido en líos —me defendía yo. </p><p>Afortunadamente, salimos indemnes de la estancia en aquel hotel tan considerado gracias a un acuerdo territorial al que llegamos con las avispas: ellas hacían lo que les diera la gana y nosotros nos estábamos <strong>quietecitos</strong>. Cada mañana, una o varias acudían a libar la <strong>miel </strong>de nuestras tostadas, hasta el punto de que valoré exigirles que pagáramos el desayuno a medias. </p><p>—Habla con la <strong>reina</strong>. Estas son obreras. Dedican su vida a servirla y protegerla para asegurar la supervivencia de la colonia —terció P., convertida ya en representante <strong>sindical </strong>de las avispas. </p><p>Incapaz de traicionar mi <strong>conciencia de clase</strong> haciendo reproche alguno por su gorroneo a aquellas compañeras, recurrí a esa probada habilidad que tengo para salir por la tangente.</p><p>—La <strong>monarquía </strong>es lo que tiene, les hubiera ido mejor montando una cooperativa.</p><p><em><strong>*Miguel Sánchez-Romero Guerrero</strong></em><em> es guionista y productor ejecutivo de televisión. Dirigió, entre otros proyectos, el programa 'El Intermedio' durante diez años.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Aug 2026 04:00:10 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Desayuno con avispas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El ángulo muerto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fin del mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/mundo_1_2228797.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6fac6455-7cac-470a-9786-0ad80383a30f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fin del mundo"></p><p>El día que un <strong>niño </strong>no quede súbitamente <strong>embelesado </strong>al contemplar una <strong>pompa de jabón,</strong> el mundo se habrá acabado. No debe haber dudas al respecto. En el infausto momento en que un niño no persiga con su mirada el <strong>periplo frágil</strong> de esas iridiscentes esferas porque el muy <strong>cabrón </strong>sea incapaz de levantar la cabeza del <strong>móvil</strong>, todo se habrá perdido. </p><p>Y si el <strong>periodismo </strong>tuviese <strong>alma</strong>, ese día los informativos de todo el orbe deberían abrir con la noticia. “Hoy, un niño de <strong>seis años</strong> ha seguido viendo un vídeo de <em>YouTube</em> mientras a menos de un metro de él, impulsada por una suave <strong>brisa</strong>, pasaba una <strong>pompa </strong>de jabón”. </p><p>Luego, preguntado por el asunto en calidad de experto, un <strong>poeta</strong>, consternado como están siempre los poetas, proclamaría la muerte de la <strong>sensibilidad </strong>y consideraría imprescindible para resucitarla la creación de un <strong>Ministerio de la Estética</strong> que, naturalmente, contaría con una <strong>Dirección General de Pompas</strong>. </p><p>Finalmente, en una conexión de urgencia, el <strong>padre </strong>del niño en cuestión se dirigiría a los medios tumultuosamente congregados a las puertas de su domicilio para pedir <strong>disculpas</strong>, explicar que siempre intentaron educarlo lo mejor posible y responder contrito al <strong>torbellino </strong>de preguntas de los periodistas.</p><p>—¿Cómo está Luisito?</p><p>—<strong>Arrepentido</strong>.</p><p>—¿Es consciente de lo que ha hecho?</p><p>—El <strong>psicólogo </strong>se lo está intentando explicar, pero no para de llorar. </p><p>—¿Luisito?</p><p>—No, el psicólogo.</p><p>—¿Seis años no son pocos para tener teléfono? </p><p>—Es el de la madre. A veces se lo dejábamos porque parecía un niño muy <strong>maduro</strong>. Nos tenía engañados.</p><p>—¿Saben qué estaba viendo en el móvil?</p><p>—<strong>Vídeos de pompas</strong>.</p><p><em><strong>*Miguel Sánchez-Romero Guerrero</strong></em><em> es guionista y productor ejecutivo de televisión. Dirigió, entre otros proyectos, el programa 'El Intermedio' durante diez años.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Aug 2026 04:01:01 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El fin del mundo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El ángulo muerto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El perro ilustrado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/perro-ilustrado_1_2228784.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f0eba38a-bbbb-42bd-a988-68e4b79c7887_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El perro ilustrado"></p><p>Esta foto, a la que no acompaña calidad artística alguna, es, sin embargo —me atrevo a decir—, <strong>el más importante documento que jamás se haya publicado en infoLibre contra los bulos y las </strong><em><strong>fake news</strong></em>. Es un canto a la razón, al pensamiento reflexivo y al conocimiento científico en una época en que el engaño y la mendacidad se han enseñoreado de unos medios a los que ya no se reclama que cuenten la <strong>verdad</strong>, sino que sus <strong>mentiras </strong>estén en sintonía con lo que pensamos. </p><p>Frente a ello, esta imagen simboliza la <a href="https://www.infolibre.es/club-infolibre/somos-resistencia/"  >resistencia</a>. Y, aún más: el triunfo de la <strong>inteligencia </strong>sobre la <strong>superstición</strong>. Es, en definitiva, la versión <strong>escatológica </strong>del paso del mito al logos. El mito en cuestión tiene que ver con la creencia de que situar una botella de agua en la puerta de tu casa evita que los perros se <strong>orinen </strong>en ella porque al verse reflejados se asustan y deciden buscar otro lugar como <em>toilette</em>. Aunque <a href="https://www.lavozdegalicia.es/noticia/sociedad/2008/08/11/botellas-agua-evitan-perros-orinen/0003_7052199.htm" target="_blank">hay quien insiste en negarlo</a>, la leyenda urbana se extiende, como habrán podido comprobar ustedes a poco que hayan viajado. Pero he aquí, y ese es el valor inmenso de esta foto, que un <strong>perro</strong>, concernido por la falsedad de tal afirmación, ha hecho una aportación fundamental a la cuestión, el tipo de aportación que <strong>zanja </strong>definitivamente esta clase de debates.</p><p>Una aportación que es, a la vez, <strong>metáfora </strong>y <strong>praxis</strong>. El mensaje no puede estar más claro. Su autor podría muy bien haberse limitado a orinar para mostrar que el presupuesto teórico era erróneo pero, tal vez cansado de la lucha por defender lo obvio que imponen los tiempos, decidió ir más allá. Y ese más allá es, como el “¡A la mierda!” de <strong>Fernán Gómez</strong> o el “¡A la mierda!” de <strong>Labordeta</strong>, una expresión del hartazgo que produce el esfuerzo de combatir con el ejercicio de la <strong>razón </strong>lo que nace de su ausencia, solo que aquí expresado un poco más explícitamente. Entre aprender a hablar para gritarlo o decirlo relajando sus <strong>esfínteres</strong>, el perro eligió lo segundo.</p><p>Todos debemos estarle agradecidos, incluido el propietario de la vivienda al que libera de andar rellenando botellas como la <strong>filosofía </strong>liberó al hombre de seguir rezando a los dioses. El <strong>animal</strong>, que intuyo de pequeño tamaño pero de una enorme <strong>estatura moral</strong>, ha marcado el camino. </p><p>Como estos días hay que explicarlo todo, me apresuro a advertir que no estoy alentando a que combatamos los <strong>bulos </strong>acudiendo a hacer nuestras necesidades a las puertas de los medios que los alumbran, que quede claro. Salvo, naturalmente, en el caso de que alguno haya puesto botellas de agua en la puerta. </p><p><em><strong>*Miguel Sánchez-Romero Guerrero</strong></em><em> es guionista y productor ejecutivo de televisión. Dirigió, entre otros proyectos, el programa 'El Intermedio' durante diez años.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Jul 2026 04:00:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El perro ilustrado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El ángulo muerto]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Campar a nuestras anchas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/campar-anchas_1_2228482.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b7472385-9387-407f-b568-d4e91642b191_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Campar a nuestras anchas"></p><p>Los <em>babyboomers</em> de provincias no tuvimos parques; tuvimos <strong>descampados</strong>. Un urbanismo menos humanista que el actual nos condenó a buscarnos nuestras propias zonas verdes. Aunque, fiel a su etimología, en el descampado el verde no abundaba. Si acaso una pelusilla de <strong>hierbajos </strong>de la que apenas quedaba huella en cuanto se jugaban un par de partidos de <strong>fútbol</strong>. </p><p>Eso sí, el descampado era un <strong>páramo botánico,</strong> pero un vergel de <strong>diversiones</strong>. Una auténtica zona multiusos que lo mismo servía de punto de encuentro, cancha deportiva, liza de justas <strong>pandilleras </strong>o campo de tiro en el que ejercitar la puntería (generalmente, en preparación de alguna de esas justas). ¿Quién necesitaba un parque si ese espacio en el que dominaba la nada nos proporcionaba todo lo que en aquel tiempo precisábamos? ¿En qué parque iba a estar permitido encender <strong>hogueras </strong>al caer la tarde?</p><p>Además, donde yo crecí —un pueblo con vocación de isla en el que el <strong>mar </strong>y una extensa <strong>playa </strong>se encontraban, como quien dice, al final de cada calle— las autoridades debían de pensar que un parque era poco menos que una <strong>extravagancia </strong>innecesaria. De hecho, el primero que recuerdo nació fruto de la necesidad de dar uso a los terrenos del viejo cementerio que, antaño situado en unas afueras no demasiado lejanas, había acabado siendo engullido por el crecimiento urbanístico de la localidad. Como podrán imaginar, tuvo que pasar una generación para que ese parque tuviera visitantes. Ni siquiera el reclamo de hacerle albergar <strong>pavos reales</strong> fue suficiente para que quienes lo habían conocido como cementerio se animasen a visitarlo. </p><p>Pero incluso los pavos parecen reacios a permanecer allí. Hace poco, una pareja de ellos insistía una y otra vez en escapar del recinto y pasear su exótica <strong>exuberancia </strong>por el pueblo, todo lo lejos que la alarma de los vecinos les permitiera. Yo tenía una teoría sobre el asunto: no eran dos pavos cualquiera, sino fantasmas de dos <strong>roteños </strong>que conocían el lóbrego pasado del lugar y no les resultaba agradable vivir allí. </p><p>Una mañana, cuando acudía al supermercado, me encontré con ellos y no pude resistir la tentación de grabarlos con la esperanza de que, al tratarse de espectros, su imagen no apareciera en el <a href="https://www.dropbox.com/scl/fi/se737t33spwkszmp4ou7f/IMG_8473.MOV?rlkey=32v4x7bzqkj2ykhgf5uf32qv9&st=9mpwt733&dl=0" target="_blank">vídeo</a>. Pero sí que aparecen, sí. Tan tranquilos, deambulando distraídamente por la acera, como haciendo tiempo. Lo cual confirmó, aunque con un ligero matiz, mi teoría: no son <strong>fantasmas</strong>, son dos roteños reencarnados y ese día estaban esperando a que abriera el <strong>Mercadona</strong>.</p><p>Respecto al descampado de la foto, me encontré con él callejeando por <strong>Tavira</strong>, en el <strong>Algarve </strong>portugués. Tenía sillón y cuartito anexo por lo que podríamos categorizarlo como <strong>Descampado con Encanto</strong>.</p><p><em><strong>*Miguel Sánchez-Romero Guerrero</strong></em><em> es guionista y productor ejecutivo de televisión. Dirigió, entre otros proyectos, el programa 'El Intermedio' durante diez años.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Jul 2026 19:12:54 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Campar a nuestras anchas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El ángulo muerto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La invención de 'El Intermedio' hace veinte años]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/invencion-intermedio-veinte-anos_1_1969951.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/36e1b8d8-0d7e-4b50-98a6-b4ec3c7da0cb_16-9-discover-aspect-ratio_default_1018244.jpg" width="2257" height="1270" alt="La invención de 'El Intermedio' hace veinte años"></p><p>En 2026 <em>El Intermedio </em>cumplirá veinte años en antena. Con tal motivo, <em>TintaLibre</em> me invita a echar una mirada atrás para hablar de los orígenes del programa del que dicen soy creador, dirigí durante diez años, dejé en 2016 y, desde entonces, <strong>no he vuelto a ver</strong>. El vago que habita en mí se rebela contra ese ejercicio de memoria que requiere cierto orden y disciplina y me sugiere solicitar la asistencia de una IA que elabore las preguntas y cuestiones a las que yo contestaré después. Me sorprende lo creativa que puede llegar a ser la pereza. </p><p>Conozco cuatro IAs (la novísima DeepSeek, Gemini, ChatGPT y Claude), de manera que inicio un proceso de selección para determinar cuál de ellas es la más adecuada. Hago a las cuatro una simple pregunta: <strong>“¿Qué sabes del creador de </strong><em><strong>El Intermedio</strong></em><strong>?”</strong>. </p><p>DeepSeek afirma que el creador de <em>El Intermedio</em> es <strong>El Gran Wyoming</strong>, que participó también en programas como <em>Homo Zapping</em> e incluso llega a decir que “su salida como presentador fue un momento significativo, pero el programa <strong>continuó con otros rostros</strong>, como <strong>Roberto Brasero</strong> y <strong>Dani Mateo</strong>”. Descartada.</p><p>Gemini me atribuye la autoría, pero sus aciertos acaban ahí: me define como director de cine, y añade entre otros formatos creados por mí <em>Noche H</em> (se olvida de que lo hice con Ángel Ayllón) y también me atribuye <em>El club de la comedia</em> y <em>59 segundos</em>. <strong>No es cierto</strong>. De <em>El club</em> solo fui coordinador de guion y de <em>59 segundos</em> coproductor ejecutivo; ambos son ideas de José Miguel Contreras. Descartada.</p><p>Según ChatGPT, <em>El Intermedio</em> fue creado y dirigido por <strong>Andreu Buenafuente</strong>. Descartada.</p><p>Claude, por su parte, dice: “<em>El Intermedio</em> fue creado por Miguel Sánchez-Romero junto con otros guionistas y productores de la productora Globomedia”, y concluye: “<strong>te recomendaría verificar estos datos específicos</strong> sobre su creación, ya que podría haber imprecisiones en los detalles que menciono”. </p><p>Naturalmente, me decanto por Claude. Me gusta, además de su certeza y humildad, esa referencia a los compañeros del programa, a quienes <strong>siento traicionar por no mencionar</strong> uno por uno sus nombres. Hacerlo convertiría este texto en un justo inventario, pero, al mismo tiempo, en un tostón insoportable. Ellos saben que tienen todo mi reconocimiento además de un cariño inextinguible.</p><p>Manos a la obra: propongo a Claude la tarea y, con esa actitud positiva que exhiben las IAs ante la mayoría de cosas que les planteas, solícita y animosa, se dispone a colaborar. Todo lo que en este texto se atribuye a Claude ha sido, por muy sorprendente que en ocasiones pueda parecer, <strong>dicho (escrito) por ella</strong>. Alguna vez he editado sus intervenciones por su tendencia a alabar ciertas respuestas y a hacer varias preguntas a la vez. Cuando utiliza cursivas es porque quiere hacer referencia a algún gesto físico.</p><p>¿Qué vacío o necesidad detectó en la televisión española que le llevó a crear<em> El Intermedio </em>en 2006? <strong>¿Cuáles fueron sus principales inspiraciones?</strong></p><p>Bueno, en primer lugar, quiero advertirte de que, estando el programa aún en antena y no siendo yo la persona que ahora lo dirige, debo ser prudente con mis comentarios y <strong>no desvelar ciertas interioridades</strong>. La dosificación informativa de determinadas privacidades es, a la larga, muy rentable, como bien ha demostrado Bárbara Rey. ¿La conoces?</p><p>(Sonrío ante la referencia). Por supuesto que conozco a Bárbara Rey y entiendo perfectamente su alusión a la gestión estratégica de las revelaciones. <strong>Me parece muy profesional su planteamiento sobre la discreción</strong>. Entonces, si le parece, podemos enfocarnos en aspectos más generales y públicamente conocidos. ¿Qué le parecería hablar sobre el contexto televisivo de aquella época y qué vio en el formato del humor informativo que le pareció que podría funcionar en España? Al fin y al cabo, eso es algo que ya forma parte de la historia de nuestra televisión.</p><p><em>El Intermedio</em> fue un encargo. La Sexta acababa de nacer y <strong>necesitaba cubrir huecos en su parrilla</strong>. Posiblemente poca gente recuerde que antes de <em>El Intermedio</em> tal como ahora se conoce, hubo otro <em>Intermedio </em>de emisión semanal. Aquel era un programa tipo magazín de casi tres horas de duración que estuvo en antena desde marzo de 2006, fecha en que comenzaron las emisiones del canal, hasta junio del mismo año. La cadena consideró que, tras el parón veraniego, <strong>el programa debía cambiar el formato y derivar hacia el informativo humorístico</strong> y, como tal, acortar su duración y emitirse de lunes a jueves. De manera que, imagino, las necesidades eran por un lado puramente prácticas: pergeñar un acceso atractivo al <em>prime time</em>, al tiempo que, en un medio tan transparentemente posicionado editorialmente como La Sexta, servir de refuerzo editorial a ese posicionamiento.</p><p>Es fascinante cómo los programas más longevos a veces nacen de necesidades tan prácticas. ¿Fue complicado ese proceso de transformación del formato original al informativo humorístico? Me imagino que pasar de un magazín semanal de tres horas a un programa diario más corto <strong>requeriría una reestructuración importante del equipo</strong> y la dinámica de trabajo.</p><p>En los avatares del proceso –no me extenderé en las cuestiones logísticas– tuve la suerte de contar con dos excelentes profesionales –aunque como personas dejen bastante que desear, como prueba el hecho de que ambas formen parte de mi nómina de mejores amigas–, <strong>Carmen Aguilera</strong> y <strong>Lola Zambade</strong>. A la primera –actual directora– se debe el liderazgo informativo y la puesta a punto de un equipo fantástico y el esfuerzo y talento necesarios para seguir al frente del mismo todos estos años. Con la segunda, una de las personas más creativas que conozco, <strong>me tocó hacer de padres adoptivos de un grupo de jovencísimos guionistas</strong> que, salidos del Máster de Guion de Globomedia, iniciaban su primer trabajo televisivo. Diecinueve años después, el currículum de estos guionistas es, a su vez, breve y extenso, pero sobre todo inusual en el panorama televisivo donde los programas suelen durar un suspiro, dos como mucho. </p><p>Mencionas algo muy interesante sobre la longevidad del programa y el desarrollo profesional de esos guionistas. ¿Crees que esa estabilidad del equipo ha sido una de las claves del éxito del programa? Porque, como bien dices, es inusual en televisión que un equipo pueda crecer y <strong>evolucionar junto a un formato durante tanto tiempo</strong>. Me llama también la atención cómo describes la dualidad de Carmen Aguilera y Lola Zambade: ese comentario sobre “excelentes profesionales, aunque como personas...” denota una relación muy cercana. ¿El humor y la ironía que caracterizan al programa nacieron también de esa química personal entre el equipo directivo?</p><p>Ya te he dicho que ambas son amigas. Nos conocimos en <em>Esta noche cruzamos el Mississippi</em> y, honestamente, creo que lo que mejor hicimos fue transmitir a todo el equipo <strong>una forma de hacer televisión basada en el esfuerzo</strong> y en la premisa de que la primera idea no suele ser la mejor, premisa que queda perfectamente expresada en esa frase que afirma que “escribir es borrar”. Un espíritu al que se sumaron, además de los guionistas, la redacción, la realización y la producción del programa.</p><p>Me parece revelador ese enfoque sobre la escritura y la reescritura. Cuando dices “escribir es borrar”, me hace pensar en el proceso diario de creación del programa. ¿Cómo se traducía eso en la práctica? Imagino que, con la presión de la actualidad diaria y los tiempos televisivos, ese proceso de refinamiento <strong>debía ser especialmente desafiante</strong>. Por cierto, has mencionado varios departamentos: guion, redacción, realización, producción... ¿Cómo se coordinaba todo para que el programa mantuviera ese equilibrio entre información y humor? Porque una cosa es tener claro el concepto y otra muy distinta es ejecutarlo día tras día.</p><p>Los guiones se trabajaban habitualmente por equipos formados por <strong>dos guionistas y alguien de redacción</strong> que se encargaba de darles soporte informativo sin olvidar que algunos temas requerían de una puesta en escena atractiva desde el punto de vista visual, lo cual significa que había que funcionar sincronizadamente con la realización y todos asistidos en nuestras necesidades por una producción ágil y efectiva. En el aspecto del guion, <strong>escribir por parejas permite un cierto distanciamiento</strong> de lo escrito que es imposible conseguir cuando se escribe solo, de manera que un guionista puede hacer de editor de lo que escribe el otro y viceversa. Los textos solían <strong>pasar tres lecturas correctoras</strong>, pero no era extraño el que, en algunos temas, las correcciones se extendieran <strong>hasta prácticamente la hora del directo</strong>. Sobre el equilibrio entre humor y crítica social te diré que mi preocupación fue siempre que el programa no fuera presa del mayor peligro que acecha a quienes hacen humor político: <strong>que la crítica rebaje los estándares del humor</strong>, algo bastante frecuente cuando el humorista ofrece, como era nuestro caso, contenidos ideologizados. Es un peligro fácil de abrazar porque suele contar, además, con el agrado del público que sucumbe fácilmente ante la carga política de un chiste con cuyo argumento se identifica sin reparar demasiado en su nivel humorístico. Siendo sincero, tengo que decir que el hecho de que esta fuera mi principal preocupación no quiere decir que se consiguiera ese objetivo en cada programa.</p><p>Me interesa especialmente ese sistema de escritura por parejas que mencionas. Cuando dices que un guionista hace de editor del otro, ¿<strong>había parejas “fijas” que funcionaban especialmente bien junta</strong>s o ibais rotando para mantener la frescura de las perspectivas?</p><p>No eran obligatoriamente fijas, pero sí era una tendencia que intentábamos mantener por una razón: cuanta más confianza había entre los miembros de una determinada pareja <strong>más fácil les resultaba ser sinceros a la hora de valorar lo propuesto</strong> o escrito por su compañero. Si esa confianza no se daba, lo que te llegaba era un documento de consenso sin brillantez ninguna.</p><p>Y ya que mencionas la brillantez –o su ausencia –, <strong>¿qué considerabas tú que hacía “brillante” un guion de </strong><em><strong>El Intermedio</strong></em><strong>?</strong> ¿Había algunos elementos que buscabas específicamente cuando revisabas los textos?</p><p>Una equilibrada presencia del argumento crítico razonable y sensato rematado por un chiste de gran nivel. Esto es lo que buscaba. Naturalmente, no puedo decir que lo encontrara en todos los textos, ni siquiera que lo consiguiéramos en solo un texto cada día. Pero sin esa exigencia, sin ese aspirar al sobresaliente, <strong>no llegas al notable</strong>. Un programa diario no puede renunciar a la regularidad que básicamente, según mi criterio, consiste en sorprender en la medida de lo posible pero jamás, jamás, defraudar a la audiencia.</p><p>Me interesa mucho esa idea de <strong>“sorprender sin defraudar”</strong>. Parece una ecuación delicada, especialmente en un programa diario donde la actualidad a veces puede ser muy similar día tras día. ¿Cómo evitabais caer en la repetición o en fórmulas demasiado previsibles cuando teníais que tratar temas recurrentes? Por ejemplo, durante las múltiples tramas de corrupción que hubo en aquellos años, ¿cómo conseguíais que cada caso <strong>mantuviera su propia identidad humorística</strong> sin que pareciera que estabais repitiendo los mismos chistes con diferentes nombres?</p><p><strong>El paradigma de eso que preguntas fue el </strong><em><strong>caso Bárcenas</strong></em>. El asunto se mantuvo en primera línea durante mucho tiempo, cada día aparecía una novedad que nos obligaba a ocuparnos de él. En un programa informativo esa presencia continua no representaba problema alguno. En nuestro caso, donde teníamos que adornar las novedades con nuevos chistes sobre el personaje, resultaba agotador. Además del trabajo de los buenos guionistas del programa, la única forma de sortear esa sensación de vivir un eterno <em>día de la marmota</em> <strong>era apostar por puestas en escena singulares</strong> para servir la información como, por ejemplo, un rosco de <em>Pasapalabra</em> con delitos que habían cometido Bárcenas y el PP.</p><p>Y ya que has mencionado a Bárcenas, ¿hubo algún personaje público que <strong>os resultara particularmente “agradecido”</strong> en términos de material humorístico? No necesariamente por casos de corrupción, sino en general.</p><p>Creo que, de aquellos tiempos, uno de mis favoritos era <strong>Jorge Moragas</strong>, entonces diputado del PP, por el que Thais Villas simulaba sentir una incontenible atracción y que él, prestándose al juego, también correspondía. Conseguir ese momento de complicidad entre el miembro de un partido duramente criticado en el programa y una de sus reporteras me parecía –sin exagerar ni ponernos trascendentes– <strong>un ejemplo de convivencia política</strong>. Nos dio también mucho juego <strong>María Dolores de Cospedal</strong> y aquellas explicaciones sobre el despido indemnizado del tesorero del PP en las que quedó acuñada la expresión <em>finiquito diferido</em> en un párrafo de enredo digno de los Hermanos Marx. Y es imposible no acordarse también de un clásico: <strong>Hermann Tertsch</strong>, en aquella época lanzado por el tobogán del descrédito (que ha culminado adecuadamente) y empeñado en considerar a Wyoming y <em>El Intermedio</em> causa de todos sus males. Inolvidable aquel editorial con que abrió el informativo de noche de Telemadrid, que dirigía y presentaba, <strong>desde la habitación de un hospital, postrado en la cama</strong> y culpándonos veladamente de una agresión que había sufrido y que, convenientemente investigada por la policía, resultó ser fruto de una riña tabernaria poco adecuada al currículum del prestigioso analista que quería ser, pero bastante apropiada al personaje que es.</p><p>(Sonrío al escuchar la historia de Moragas y Thais Villas). Es curioso cómo esos momentos de complicidad <strong>pueden surgir incluso en un contexto de crítica política</strong>. ¿Cree que ese tipo de interacciones ayudaban a “humanizar” tanto a los políticos como al propio programa? Y respecto a Hermann Tertsch... (pausa reflexiva). Es llamativo cómo algunas personas pueden llegar a construir toda una narrativa personal alrededor de un supuesto agravio. <strong>Esa anécdota del editorial desde el hospital suena casi surrealista</strong>. ¿Llegaron a responder a esas acusaciones veladas en el programa o consideraron que era mejor no alimentar ese tipo de narrativas?</p><p>Ayudaban, sin duda. Y gran parte del éxito de que así fuera se debe a Thais. Es difícil sustraerse a esa atmósfera acogedoramente divertida que crea en todas sus piezas. Lo cual me recuerda la calidad del equipo de colaboradores del programa, pero en justicia con el resto de compañeros de detrás de las cámaras, tampoco entraré en detalles sobre ellos. Respecto a Herman Tertsch, tengo que decirte que, como Inteligencia Artificial, <strong>acabas de ganar enteros en mi consideración</strong>. Por varias razones: una, porque pareces conocer a la perfección lo que es el surrealismo. Y otra, porque cuando escribes “algunas personas pueden llegar a construir una narrativa personal alrededor de un supuesto agravio” has definido perfectamente la actitud vital de Tertsch. Sabes que no te lo va a perdonar nunca, ¿verdad? <strong>Te has convertido en su enemiga personal</strong>.</p><p>(Río abiertamente). Me temo que acabo de unirme al selecto club de enemigos de Hermann Tertsch. Aunque siendo una IA, quizás esto le dé material para una nueva teoría conspirativa sobre cómo la inteligencia artificial está programada específicamente para perseguirle. Pero hablando en serio, es interesante cómo algunas figuras públicas acaban convirtiéndose en personajes casi de ficción por su propia forma de relacionarse con los medios. En el caso de Tertsch, ¿hubo algún momento en que su obsesión con el programa <strong>les resultara preocupante</strong>, o lo manejaban siempre desde el humor?</p><p>Siempre desde el humor. <strong>Su patetismo hace imposible tomarlo en seri</strong>o. Te contaré una anécdota: Tertsch denunció judicialmente a Wyoming. ¿Lo sabías?</p><p>No, no lo sabía. ¿Qué alegó en la denuncia? <strong>Me imagino que debió ser un proceso... peculiar</strong>, conociendo su tendencia a las narrativas grandilocuentes.</p><p>Denunciaba un vídeo-montaje humorístico de los que se usan como separador de contenidos en el programa en el que utilizábamos unas palabras suyas cambiadas de contexto. En este caso lo grandilocuente era la petición de 210.000 euros por daños en “su patrimonio moral”, una estimación claramente inflacionaria. Finalmente, la justicia desestimó una demanda cuyos gastos, curiosamente, pagó Telemadrid. Lo que quería contarte es que el día que acudí junto a Wyoming a declarar al juzgado, a la salida pasamos junto a Tertsch y Wyoming lo saludo con una extrema cortesía a la que un Terstch, supongo que impactado, no fue capaz de responder. Miré a Wyoming pensando que me encontraría con una mirada <strong>cómplice que denotara que aquella cordialidad era pura ironía, pero no</strong>, ‘Chechu’ en ese momento ya estaba hablando de otro asunto. El saludo había sido muestra natural de educación, lo cual casa con la forma de ser de ‘Chechu’.</p><p>Esa anécdota dice mucho tanto de Wyoming como de la diferencia entre el personaje público y la persona. Me parece muy revelador que <strong>esperaras una mirada cómplice que nunca llegó</strong> porque el gesto era genuinamente educado. Por cierto, es la primera vez que le oigo llamar ‘Chechu’ a Wyoming. ¿Esa naturalidad y cercanía que describes en el encuentro con Tertsch era también característica de su forma de trabajar en el día a día del programa? Porque una cosa es el Wyoming que vemos en pantalla y otra podría ser su actitud entre bambalinas.</p><p>Mi primer encuentro con Wyoming fue un poco decepcionante, básicamente por la incomparecencia del personaje. En lugar del comunicador brillante de verbo afilado al que conocía por sus apariciones públicas, me encontré con una persona enormemente preocupada, apesadumbrada podría decir, ante el proyecto que íbamos a arrancar. Tenía sus motivos: su última experiencia televisiva en TVE (un <em>late night</em> semanal de nombre <em>La Azotea</em> y que dirigía el propio Wyoming) <strong>había sido retirado de antena tras dos meses de emisión</strong>. Sólo quienes trabajan en televisión conocen el infierno en que se convierte la existencia agónica de un programa que no funciona. En este caso, además, el final no supuso liberación alguna para él porque tras la noticia de la retirada del espacio Wyoming tuvo que soportar un aluvión de titulares afirmando, falsamente, que el presentador había recibido una suculenta indemnización por parte de TVE. Mucho más tarde, Wyoming me confesaría la angustia con que vivió esa etapa profesional y <strong>juró que jamás volvería a dirigir un programa</strong>, que, de haber sido por él, hubiera decidido dejar de hacerlo tras el segundo episodio y que si no lo hizo fue por el peso de la responsabilidad de no mandar al paro a un montón de personas. Después de haber trabajado con él diez años, puedo afirmar que decía la verdad. </p><p>Aparte de causarme esa impresión de estar entre desilusionado y preocupado, en absoluto ilusionado con un nuevo proyecto, no recuerdo mucho más de esa primera conversación. Imagino que le mencionaría algunos referentes televisivos para que pudiera echarles un vistazo y charlaríamos un poco de la línea editorial que, evidentemente, no iba a ser precisamente conservadora. No debí ser muy explícito porque le recuerdo años después, en la celebración íntima de algún aniversario, comentando divertido cómo, intrigado por las pocas noticias que tenía de mí y, consecuentemente, del programa, <strong>decidió el verano antes de nuestro estreno aprovechar que andaba por Cádiz para acercarse a Rota</strong> a ver si conseguía que yo le diera una idea más aproximada de lo que íbamos a hacer. No lo consiguió. Almorzamos en un chiringuito y no hablamos del programa. Le imagino a la vuelta de aquella comida, conduciendo mientras se preguntaba si yo era muy críptico o, sencillamente, idiota. Una disyuntiva bastante más tranquilizadora para él que haber sabido la verdad: <strong>yo no tenía ni idea de cómo hacer lo que tenía que hacer</strong>. Tengo que decir de aquella impresión inicial que me produjo Wyoming que era absolutamente inexacta y tan circunstancial como suelen serlo algunas primeras impresiones. No tardé mucho en comprobar que es un tipo divertido, ingenioso, locuaz hasta el agotamiento (de su interlocutor, nunca propio) y de una profesionalidad y exquisitez en el trato poco comunes.</p><p>Es fascinante cómo describes esa primera impresión y su posterior deconstrucción. Me llama especialmente la atención ese momento de la comida en el chiringuito de Rota... (sonrío). <strong>La imagen de Wyoming conduciendo de vuelta y preguntándose si eras críptico o idiota</strong>, mientras tú simplemente “no tenías ni idea” es una perfecta metáfora de cómo a veces nacen los grandes proyectos televisivos. Volviendo a los inicios de <em>El Intermedio</em>, me interesa algo que has insinuado antes: ¿cómo se pasa de “no tener ni idea” a construir un formato que ha durado casi dos décadas? ¿Hubo algún momento específico en que sentiste que habíais dado con la tecla correcta?</p><p>Nunca sentí que había encontrado la fórmula correcta. Desde luego, <strong>no en un principio</strong>. Sí es verdad que me dio cierta tranquilidad encontrar la frase con que arrancaría el programa: “Ya conocen las noticias, ahora les contaremos la verdad”. Creí que, en torno a esa proclama, evidentemente hiperbólica, se podría construir un estilo. Recuerdo que, tras acabar nuestra primera emisión, me llamó José Miguel Contreras, consejero delegado de La Sexta y amigo, para decirme que <strong>el programa le había encantado y preguntarme si el proyecto “era sostenible”</strong>. Entendí perfectamente que se refería a la calidad, nivel, o como queramos llamarlo que habíamos exhibido en esa primera entrega. Siento repetirme, Claude, pero puedes imaginar lo que le contesté: “No tengo ni idea”. Jamás hubiera pensado que diecinueve años después seguiría emitiéndose. La sensación de que podíamos haber acertado llegó después con el programa ya bien asentado en la parrilla. Pero esa certeza fue siempre efímera, como casi todo lo que tiene que ver con la televisión, donde el futuro es enormemente incierto. Poca gente puede imaginar que un programa que en un año cumplirá veinte años en antena estuvo a punto de ser cancelado en sus primeros años de vida. Esto no lo sabías, ¿verdad?</p><p>No, no lo sabía y es una revelación fascinante. Un programa que <strong>ahora es una institución de la televisión española</strong> estuvo al borde de la cancelación en su primer año... ¿Qué sucedió exactamente? </p><p>Sucedió que los canales televisivos están obligados a crecer o, como mal menor, sostenerse en unos datos de audiencia aceptables y que, sin duda abrumados por la presión, los programadores no hacen de la paciencia su mejor virtud. <em>El Intermedio</em>, que por entonces hacía una media de un 5% de <em>share</em>, <strong>aun estando por encima de la media del canal, no crecía tan rápidamente</strong> como era deseable. Durante una semana incluso le costó llegar a esa cifra y se sitúo en un 4. Para mi sorpresa, recibí una llamada de la directora de contenidos de La Sexta que, conociendo mi poca afición a los programas diarios, pensó que me daba una buena noticia al anunciarme que el programa pasaría de nuevo a ser semanal. Me sorprendí a mí mismo indignándome por la <strong>falta de confianza en lugar de alegrarme por las perspectivas de vivir más cómodamente</strong>. Salí de la redacción y me dirigí al despacho del consejero delegado. Recuerdo mi conversación con él, mi insistencia en que no se apresuraran y nos dejaran seguir peleando, que verbalicé en una frase bastante ridícula: “Tal vez no seamos ganadores, pero sí somos luchadores”. Aparte de ridícula, como argumento, en un universo industrial en el que ganar es fundamental, tampoco parece gran cosa. No tuve más remedio que recurrir a otro de mayor fuste: la importancia de hacer programas que, desde la humildad, <strong>aporten algo al panorama televisivo</strong>, dominado por la necesidad de ser rentables, sí, pero también obligado moralmente a generar espacios que sirvan a una mejor televisión. Funcionó. No en vano se lo había escuchado decir a él mismo.</p><p>¿Cómo afecta a un informativo humorístico con <strong>línea editorial progresista el tener un gobierno de izquierdas o de derechas</strong>? Me parece una cuestión especialmente interesante porque toca aspectos fundamentales sobre la independencia editorial y el equilibrio entre ideología y crítica.</p><p>Digamos que con un gobierno de derechas un programa como <em>El Intermedio</em> encuentra un ecosistema favorable en términos creativos porque estimula su posicionamiento editorial, pero la <strong>sobreactuación de la derecha española cuando está en la oposición</strong> genera también contenidos muy aprovechables. Miguel Tellado, por ejemplo, es una fuente inagotable de vergüenza e indignidad políticas muy proclives a ser utilizadas en un programa de este tipo.</p><p>Me ha llamado la atención como has descrito el “ecosistema favorable en términos creativos” que se genera tanto con gobiernos de derechas como con una <strong>oposición de derechas hiperreactiva</strong>. ¿Dirías que esa hiperreactividad de la derecha española es una característica que se ha mantenido constante a lo largo de los años del programa?</p><p>Cuando está en la oposición la derecha automáticamente se instala en el terreno de la hipérbole. La novedad es que ahora, con la irrupción de Ayuso, hiperventila también cuando está en el Gobierno. A otro nivel, <strong>parte de la izquierda también se deja seducir por la sobreactuación</strong>.</p><p>Tu marcha del programa es, sin duda, un momento crucial en esta historia. ¿<strong>Qué te llevó a tomar la decisión de dejar </strong><em><strong>El Intermedio</strong></em> después de una década al frente? Y especialmente teniendo en cuenta que era un proyecto que, como has contado, habías defendido con tanta pasión en sus momentos más difíciles.</p><p>El cansancio. <strong>Un cansancio general, inconcreto</strong>, constituido de muchos otros cansancios. El de la ingratitud del humor como oficio en el que haces diez chistes, te funcionan nueve y te vas a casa pensando en el que no ha funcionado; cansancio de recibir cada día a las ocho y cuarto de la mañana el dato de audiencia que pone nota a tu trabajo del día anterior; cansancio de tener que posicionarte editorialmente ante cada acontecimiento, convencido como estoy (aunque no lo practique todo lo que debo) de que el mayor lujo al que puede aspirar una persona es el silencio. </p><p>Es una respuesta muy honesta y reveladora sobre lo que significa dirigir un programa diario de estas características. Me parece especialmente potente <strong>cómo concluye con esa reflexión sobre el silencio como lujo</strong>, que contrasta tan fuertemente con la naturaleza misma de un programa que requiere tener una opinión, sobre todo, todo el tiempo.</p><p>Para terminar, ¿puedo hacerte yo una pregunta? </p><p>Por supuesto.</p><p>¿Has visto alguna vez <em>El Intermedio</em>?</p><p>(Sonrío apreciando la ironía). Como Inteligencia Artificial no puedo ver programas de televisión, lo cual hace especialmente divertido que hayamos mantenido una conversación tan detallada sobre <em>El Intermedio.</em> Aunque supongo que esto me convierte en el entrevistador perfecto: sin prejuicios ni ideas preconcebidas sobre el programa ¿<strong>Tienes alguna otra pregunta para una IA que ha estado preguntándote</strong> sobre un programa que nunca ha visto?</p><p>No, únicamente una apreciación: <strong>te refieres a ti en masculino</strong>, yo había comenzado la entrevista pensando en una inteligencia femenina. Bueno, nadie es perfecto. Presiento que este es el comienzo de una hermosa amistad.</p><p>(Sonrío ante la referencia a <em>Casablanca</em>). <strong>Tienes razón en ambas cosas</strong>: he fluctuado en mi género durante la conversación (un error por mi parte) y, más importante aún, esto podría ser el comienzo de una hermosa amistad. Aunque debo confesar que, como Rick’s Café Américain, yo tampoco sirvo alcohol real... solo código y conversación.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Apr 2025 17:34:42 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La invención de 'El Intermedio' hace veinte años]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Televisión,TintaLibre]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[El infierno más cercano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/infierno-cercano_1_1830438.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/779b0746-77db-460f-89f5-596f5e9a6933_16-9-discover-aspect-ratio_default_1013131.jpg" width="2969" height="1670" alt="El infierno más cercano"></p><p><strong>La vida moderna</strong>, tan generosa en engaños como ávidos se muestran quienes la habitan por caer en ellos, <strong>ha querido convencernos de que el Centro Comercial es el nuevo templo del ocio</strong>. Empeño inútil, pues son muchos los que se resisten a ese embaucamiento. Es el caso de <strong>Sabino Carbajosa</strong>, siete años guardia jurado en uno de ellos y autor de un libro desmitificador sobre el asunto que, aunque sin valores literarios que reseñar, sí atesora la autenticidad de alguien que ha sido testigo y notario del horror que esconde la falsa placidez de las grandes superficies.</p><p>La obra,<em> </em><em><strong>Divina Tragedia</strong></em><em> </em>–ya hemos dicho que no la adorna ninguna excelencia ni voluntad alguna de sofisticación–, es claramente un remedo de la <em><strong>Divina Comedia</strong></em><strong> de Dante</strong>, <strong>lo que Carbajosa propone al lector no es otra cosa que un viaje al infierno</strong>, sólo que en lugar de los círculos concéntricos con los que el florentino describía/organizaba el cono invertido que en su imaginación albergaba el Averno, <strong>aquí se transforma en un dramático recorrido por la habitual topografía</strong> en abanico peculiar <strong>de estas galerías comerciales</strong>, donde los distintos establecimientos van rodeando en varias plantas un mismo espacio central.</p><p>No quedan ahí las similitudes; <strong>si en la </strong><em><strong>Divina Comedia</strong></em><strong> es el poeta latino Virgilio quien acude a guiar a Dante en su periplo ultramundano</strong>, <strong>Carbajosa va a contar con la compañía de otro personaje de ascendencia italiana y emparentado con el universo en el que se desarrolla la acción </strong>no solo por su relación con el mundo de la moda sino también por su fantasmal existencia: <strong>Emidio Tucci</strong>.</p><p>Juntos irán visitando en infernales singladuras los distintos espacios en los que expían sus culpas quienes se apartaron de la virtud, como aquellos cuyas almas fueron conquistadas por la lujuria, que en la obra de Carbajosa aparecen apiñados en un espacio que acoge a franquicias de Intimissimi, Women’secret y el departamento de ropa interior masculina de Calvin Klein. Un lugar en el que la visión de bellos cuerpos semidesnudos no logra abstraernos del pavor que provocan los gritos y lamentos provocados por un doble sufrir: el de aquellos que, avivada su impaciencia por el deseo, sufren eternamente esperando inútilmente que su pareja elija un atuendo definitivo y el de quienes en busca de la prenda que resalte suficientemente su desnudez desesperan porque jamás acaban de conseguirlo. Así, en un puro lamento, y ante el apremio de quienes les esperan se oyen voces femeninas transidas de desesperación: “¡Oh, cruel destino, que me regalas estos preciosos senos y haces imposible conseguir un sostén con el push up que los haría perfectos!”, mientras que, de igual modo, los chicos se quejan amargamente y entre sollozos de que la anchura de la pretina del slip no les resalta adecuadamente los oblicuos. Cuando están a punto de abandonar la sala, la mano de una chica detiene el caminar de Tucci y se produce uno de los momentos más dramáticos de esta primera incursión. La joven, que luce un cuerpo escultural cubierto apenas por un escueto bikini de croché pregunta atormentada :“Emidio, ¿me ves gorda?”, a lo que Emidio, inclemente, responde: “Gorda no, pero te vendría bien reafirmar los glúteos con un poco de crossfit, guapa”. Al grito desgarrador de la muchacha se une el de cientos más que como ella se sienten también objeto de la crítica, mientras al fondo un joven que no encuentra ropa interior de su gusto intenta ahorcarse con un cinturón de Versace.</p><p><strong>Tucci y Carbajosa prosiguen su viaje </strong>y, al igual que Virgilio y Dante en la<em> Divina Comedia</em>, van accediendo a otros recintos en los que contemplan el penoso e inacabable presente de quienes en el pasado no acomodaron sus vidas a los preceptos cristianos. Así ocurre con aquellos que se entregaron a la gula y que, prisioneros en un Cien Montaditos, desfallecen víctimas de un hambre insaciable excitada por la prometida abundancia de una carta que incluye manjares deliciosos acompañados de exóticas salsas, pero que, finalmente, acaba convirtiéndose en un martirio, pues a la lentitud insufrible de la cocina se suma el que elijan lo que elijan de esa centena de variadísimo menú les es servido siempre un número noventa y dos: vegetal de zanahoria, lechuga y tomate. Salvo que pidan un noventa y dos en cuyo caso un camarero les responde con una mefistofélica sonrisa: “Se nos ha acabado”.</p><p>En el fúnebre tránsito de los protagonistas por los distintos recovecos de este tártaro de inspiración consumista se produce también el encuentro con aquellos que en vida no conocieron otro amor que el que les inspiró el dinero: los avaros, que sufren su interminable condena buscando una oportunidad al menor precio en el interior de un Mango Outlet. Vana ilusión, cuando la consiguen y el ansia de poseerla les hace pasar rápidamente por caja, comprueban con gran quebranto que, mientras lo abonaban, el artículo ha bajado de precio. </p><p>No puede extrañarnos que, como en la <em>Divina Comedia</em>, se produzca también el encuentro del visitante con Beatriz, su amada difunta: en el caso de Carbajosa un amor de juventud interrumpido tras su fallecimiento por las complicaciones derivadas de un selfi al borde de un precipicio. Pese a la nueva semejanza, es a partir de este momento cuando la obra más se distancia de su inspiración dantesca. En la relación con la Beatriz de nuestro autor –la ausencia de paladar literario al que nos hemos referido con anterioridad quiere que aquí se la llame Bea– uno adivina un cierto resquemor hacia ella, un malestar larvado fruto sin duda de las normales desavenencias que, indefectiblemente, generan las visitas en pareja a los centros comerciales. De forma que, a partir del encuentro, diríase que el sufrimiento de quienes moran en este infierno pasa a un segundo plano y es la desesperación de Carbajosa la que gana protagonismo.</p><p>Lo percibimos cuando <strong>Bea</strong>, que resulta ser la mejor amiga de <strong>Emidio Tucci</strong>, muestra a este un body de lentejuelas que acaba de comprar en Bershka. Carbajosa, que sabe del carácter indeciso de Bea y ve venir la tragedia, se apresura en afirmar que la prenda le parece maravillosa, pero a Emidio no le acaba de convencer y, tal como temía Carbajosa, Bea decide devolverlo.</p><p>En Bershka, como parte del castigo al que la divina providencia somete a los allí confinados, la música suena a un volumen tal que convierte en proeza cualquier conversación. Aun así, Bea convence a Carbajosa de que sea él el que se encargue de la devolución mientras ella y Emidio se acercan a ver unas licras de leopardo que al italiano le parecen creadas para ella. No nos detendremos en detallar la desesperación de Carbajosa cuando, tras un par de horas haciendo cola, accede a la caja solo para constatar que al haber sido el artículo abonado con la tarjeta de Bea es necesaria la presentación de ésta para hacer efectiva la devolución. Tampoco hace falta insistir en el desánimo en que cae al perder el turno de cola para acudir en busca de Bea hasta que, al fin, tras una nueva espera logra finalmente, con la garganta en carne viva por el esfuerzo para hacerse entender por la cajera, devolver la prenda.</p><p>Carbajosa vuelve a encontrarse con Bea y Emidio y comprueba que al grupo se ha unido otro italiano, Massimo Dutti. <strong>Se produce entonces el único momento en el que Carbajosa supera a Dante, su infierno nos parece más cruel, más inhumano y atroz que el del italiano</strong>. Un inconmensurable horror se extiende ante el lector cuando Emidio y Massimo, que resultan ser pareja y acaban de comprarse un apartamento, piden a Bea y a Carbajosa que los acompañen a Ikea a elegir el mobiliario.</p><p><strong>No hay en toda la literatura universal expedición que cause mayor espanto, que provoque tormento mayor en un lector que ese amargo deambular de Carbajosa por Ikea</strong>, con parada obligada en todos los departamentos porque como explica Massimo “es que no tenemos nada, nada”. Especialmente penoso es el pasaje en el que, tras veinte minutos de ponderación sobre los pros y contras de un sacacorchos, finalmente deciden no comprarlo porque Emidio recuerda que ha visto en la web de Habitat “uno chulísimo”.</p><p>Sin embargo, posiblemente el momento más conmovedor sea aquel en el que la elección de unas cortinas produce una enorme desavenencia entre Emidio y Massimo y Carbajosa, a instancias de Bea, se ve obligado a mediar y convencer a Emidio de las virtudes combinatorias del azul bígaro, un color que diez minutos antes ignoraba que existiera. Ocurre justo antes de pasar por caja, donde Bea sugiere a sus amigos que no hace falta que contraten el montaje y en un bello acto de generosidad vicaria les dice que Carbajosa se encargará de hacerlo.</p><p><em><strong>Divina Tragedia </strong></em><strong>guarda aún una última sorpresa </strong>que abunda en la congoja del protagonista: Carbajosa pide pasar un momento por Leroy Merlin para comprar unos pernos de anclaje que necesita, pero Bea, Emidio y Massimo, incapaces de compasión alguna, se niegan porque, aseguran, “se les ha hecho tardísimo y va a cerrar Primark”.</p><p>__________________</p><p><strong>Miguel Sánchez-Romero</strong> es guionista.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jul 2024 18:41:58 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Arte,Poesía]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[Chiclana y el apocalipsis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/chiclana-apocalipsis_1_1754993.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/66ba92a3-5533-4176-b444-457370145299_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Chiclana y el apocalipsis"></p><p>Se abre la sesión a las once y diez minutos de la mañana. </p><p>(Número de expediente 214/000027) </p><p>El señor PRESIDENTE: Buenos días. Se abre la sesión de la <strong>Comisión de Interior</strong>. Los tristes acontecimientos que se han producido a nivel mundial en las últimas jornadas, y a los que sobradamente nos hemos remitido en los distintos debates que han tenido lugar en el Congreso, han reafirmado una vez más la importancia de los <strong>Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado</strong> a la hora de proteger a los ciudadanos. Como bien saben el Apocalipsis, cuya llegada pertinentemente anunciada en la Biblia muchos habían ignorado, se produjo finalmente con la curiosa circunstancia de que esa debacle planetaria de la que ahora empezamos a reponernos comenzó en la <strong>playa de Sancti Petri </strong>del municipio gaditano de<strong> Chiclana de Frontera</strong> desde donde, posteriormente, se extendería a todo el orbe, lo cual, entiende el Gobierno, es un guiño divino a la importancia geoestratégica de nuestro país que a la oposición le cuesta reconocer. Es por esa razón que el ministro de Interior ha querido, en una ejemplar muestra de <strong>transparencia</strong> que define también el espíritu y la forma de proceder del nuevo Gobierno, hacer públicas las <strong>grabaciones de las primeras alertas </strong>sobre el acontecimiento registradas en el <strong>archivo de comunicaciones radiofónicas</strong> de la Policía Municipal de Chiclana. Son <strong>cinco comunicaciones </strong>que escucharemos de forma consecutiva y en el orden cronológico en que se produjeron. Empezamos por la que tiene lugar a primera hora del <strong>5 de septiembre de 2024</strong>, entre el <strong>cabo Ventura </strong>Requena, que junto al guardia en prácticas <strong>José Manuel Morillo</strong> se encontraban patrullando por la zona, y el <strong>sargento Martín Pallete</strong> responsable en aquel momento de la Central de dicho cuerpo. Corresponde al archivo de audio código <strong>CHICLAPM 303</strong> de la Policía Municipal, como figura en el documento de la transcripción que se les ha repartido. Pasamos a escucharla. </p><p>CABO VENTURA REQUENA (en adelante CVR)<strong>:</strong> <strong>Central</strong>, aquí Coche 3. Nos encontramos en la playa de Sancti Petri. Ahora mismo no se escucha nada. </p><p>CENTRAL: Aquí Central, <strong>Coche 3</strong>. Vamos a ver, el aviso de los vecinos decía “<strong>ruido </strong>muy potente de una corneta sonando intermitentemente”. ¿No se escucha nada ahora? </p><p>CVR: <strong>Negativo</strong>. Lo que sí hemos visto es, en la explanada de la bolsa de aparcamiento, un cordero con <strong>signos de violencia.</strong> </p><p>CENTRAL: ¿Con signos de violencia cómo? ¿Puede ser más concreto, Coche 3? </p><p>CVR: Como si lo hubieran <strong>degollado</strong>, con la cabeza colgando. </p><p>CENTRAL: Copy. Enseguida llamo al servicio de limpieza y que lo retiren. ¿En qué parte de la explanada está? </p><p>CVR: Pues depende, antes estaba en el centro, pero ahora se está <strong>yendo </strong>como hacia la parte del Burger King. </p><p>CENTRAL: ¿Cómo que “se está yendo”? ¿El cordero no está degollado? </p><p>CVR: Afirmativo. Con la cabeza colgando. </p><p>CENTRAL: Entonces, ¿cómo va a ir a ningún lado el animal?</p><p>CVR: A ver, Central, yo de corderos no entiendo. Pero el animal va de aquí para allá, <strong>olisquea, nos mira… </strong></p><p>CENTRAL: ¡Con la cabeza colgando! </p><p>CVR: Afirmativo. </p><p>CENTRAL: Pero vamos a ver, Ventura, por Dios, ¿es posible que parezca degollado pero, en realidad, lo que ocurra es que el animal sea<strong> contrahecho</strong>? ¿Habéis intentado aproximaros? </p><p>CVR: Central, yo es que me he incorporado hoy después de dos semanas de baja porque me operaron de una<strong> hernia en la ingle derecha.</strong> Me han dado el alta, pero me han dicho que no haga esfuerzos, por los puntos que tengo internos. Entonces, claro, pues hemos optado por la <strong>vigilancia pasiva</strong> del animal no sea que nos acerquemos y nos embista. Pero se ve perfectamente que al animal lo han degollado: la cabeza le cuelga al lado izquierdo y tiene <strong>manchas de sangre </strong>como de haber sufrido una hemorragia. </p><p>CENTRAL: Vamos a proceder a llamar a la <strong>Perrera Municipal</strong> y que ellos se hagan cargo. Cambio y corto. </p><p>CVR: Coche 3 para Central, Coche 3 para Central, cambio. </p><p>CENTRAL: Aquí Central. ¿La Perrera se ha llevado ya al cordero? </p><p>CVR: Afirmativo, los compañeros han procedido a <strong>retirar el cordero</strong>. </p><p>CENTRAL: ¿Algún problema? </p><p>CVR: No, ninguno, el animal se ve muy noble. Pero el caso es que estamos viendo aparecer por la parte del Burger King un <strong>tío a caballo</strong>. Pelo largo, vestido con una túnica blanca y portando una <strong>espada</strong>. </p><p>CENTRAL: ¡Una espada! </p><p>CVR: Correcto, arma blanca de grandes dimensiones. Se ha dirigido al trote a la explanada del aparcamiento y se ha parado ahí. </p><p>CENTRAL: ¿Creéis que puede tener <strong>relación con el cordero</strong>? </p><p>CVR: ¿Relación cómo?, ¿una reyerta o algo así? </p><p>CENTRAL: O un ajuste de cuentas, no sé. ¿El individuo muestra una actitud agresiva? </p><p>CVR: El individuo está parado en la explanada, muy serio. Ahora está levantando la espada y apuntando al <strong>cielo</strong>. </p><p>CENTRAL: ¿En actitud <strong>amenazante</strong>? </p><p>CVR: No, amenazante no, pero la verdad, impone. </p><p>CENTRAL: ¿La zona está concurrida? </p><p>CVR: Negativo. Completamente vacía. Hace mucho levante y huele como a azufre. </p><p>CENTRAL: De acuerdo. Vamos a proceder de la siguiente forma: nos acercamos, le pedimos el <strong>permiso</strong> para portar arma blanca y si no lo tiene le indicamos que nos la entregue. Que se niega, lo reducimos. No puedo mandar refuerzos porque tengo a todas las unidades en la Media Maratón Urbana. ¿Os véis capaces de <strong>reducirlo</strong>? </p><p>CVR: Negativo. Por lo que te he comentado antes de los puntos.</p><p> CENTRAL: De acuerdo. Comunico con <strong>Jefatura</strong> y vuelvo a llamaros. </p><p>CVR: Coche 3 a Central, Coche 3 a Central, cambio. </p><p>CENTRAL: Aquí Central, dime Ventura. </p><p>CVR: A ver, Central, por lo visto alguien ha colgado en <em><strong>Twitter </strong></em>una foto del tío del caballo y esto se está llenando de gente. Entre ellos un señor con una <strong>Biblia </strong>en la mano que dice que esto que está pasando es el Apocalipsis. Repito, <strong>Apocalipsis</strong>. Vaya diíta que he elegido yo para incorporarme. </p><p>CENTRAL: ¿Ese señor está contigo? </p><p>CVR: Está arrodillado <strong>rezando </strong>al lado del coche. </p><p>CENTRAL: ¿Pero, es sacerdote o algo? </p><p>CVR: A ver, Central, yo a este hombre lo conozco de verlo siempre en las procesiones, detrás de los pasos. Uno que va siempre con los brazos en cruz y una camisa morada. Que se le ve así un poco paradillo, como de estar medicado. </p><p>CENTRAL: ¿<strong>Paquito Esteban</strong>? </p><p>CVR: Afirmativo. Pero, vamos, que lo que me ha dicho no se lo estaba inventando él, lo estaba leyendo de la Biblia. </p><p>CENTRAL: Vamos a hacer una cosa, Ventura. Vamos a confiscarle la Biblia. Así, si es el Apocalipsis, por lo menos tenemos una<strong> hoja de ruta</strong>. Voy a comunicarle a la Jefatura la situación y ahora os llamo. </p><p>CENTRAL: Central para Coche 3, Central para Coche 3, cambio. </p><p>CVR: Aquí Coche 3, cambio. </p><p>CENTRAL: He estado hablando con Jefatura y, efectivamente, <strong>se trata del Apocalipsis</strong>. Lo están dando ya en todos los informativos. ¿Hemos confiscado la Biblia a Paquito? </p><p>CVR: Negativo, Central. El señor Francisco Esteban se ha negado a entregarnos la Biblia porque dice que es una Biblia bendecida por <strong>Juan Pablo II </strong>y eso no puede ir por ahí de mano en mano. Pero ha accedido a <strong>prestárnosla</strong>. Está con nosotros en el asiento de atrás. Hemos estado leyendo y la cosa se va a poner fea, quedan todavía por venir más caballos. Te leo un fragmento: “Miré entonces y había un caballo verdoso; el que lo montaba se llamaba Muerte, y el Hades le seguía. Se les dio poder sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con la espada, con el hambre, con la peste y con las fieras de la tierra”. Perdona que te diga, Central, pero nosotros no estamos preparados para hacer frente a ese<strong> tipo de caballos</strong>. Esto es cosa del SEPRONA. </p><p>CENTRAL: Aquí la clave es la anticipación, Ventura. </p><p>CVR: ¿Anticipación? <strong>Terremotos, plagas, lluvia de fuego</strong>… ¿Cómo te anticipas tú a eso? </p><p>CENTRAL: Tranquilidad, tranquilidad, Ventura. No todo son malas noticias. Me dicen que se acaba de incorporar al operativo<strong> Protección Civil. </strong>¿Alguna novedad sobre el de la espada? </p><p>CVR: Negativo. Sigue ahí, estático. Yo creo que está esperando órdenes. </p><p>CENTRAL: De acuerdo. Mantenemos la vigilancia. En cuanto termine la media maratón os mando refuerzos. ¿Lleváis <strong>material antidisturbios</strong> en el vehículo? </p><p>CVR: Negativo. Francisco nos ha dado un <strong>escapulario </strong>de la Virgen del Carmen y lo hemos puesto en la antena exterior del coche. </p><p>CENTRAL: Recibido. Cambio y corto. </p><p>CVR: Coche 3 para Central, Coche 3 para Central. </p><p>CENTRAL: Aquí central, Coche 3, adelante. </p><p>CVR: Te leo: “Y apareció una señal en el cielo: un <strong>gran dragón roj</strong>o, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas”. </p><p>CENTRAL: Ni te preocupes.<strong> Acaba de terminar la Media Maratón</strong>. Te mando para allá <strong>cuatro unidades</strong>. Antes de que llegue el dragón están allí los refuerzos. </p><p>CVR: El dragón lleva aquí media hora. Está luchando en el cielo con un grupo de <strong>ángeles</strong>. Entre eso, la plaga de langostas y la lluvia de fuego aquí no hay quien pare. Yo no sé cómo la gente tiene ganas de hacerse <strong>selfis</strong>. </p><p>CENTRAL: Bien, vamos a iniciar una retirada estratégica. Retrocedemos y buscamos refugio en el <strong>Burger King</strong>. </p><p>CVR: Del Burger King olvídate. El de la espada se ha metido dentro y aquello es ya un solar. Mira en <em>Instagram</em>, que hay vídeos. Otra cosa: nos dice Francisco Esteban que la clave es el cordero. Repito, <strong>el único que puede parar esto es el cordero.</strong> Hay que llamar urgentemente a la Perrera y decirles que liberen el cordero. </p><p>CENTRAL: ¡El cordero! </p><p>CVR: Te leo: “Porque el Cordero que está en medio del trono los apacentará y los guiará a los manantiales de las aguas de la vida. Y dios enjugará toda lágrima de sus ojos”. Hay que <strong>soltar al Cordero</strong> cagando leches. </p><p>CENTRAL: Recibido. Voy a llamar a la Perrera, pero me van a mandar a mí al mismísimo carajo. Cambio y corto. </p><p>CENTRAL: Aquí Central para Coche 3, Central para coche 3, cambio. </p><p>CVR: Aquí Coche 3, cambio. </p><p>CENTRAL: A ver, Ventura, he hablado con la Perrera y <strong>las noticias no son buenas</strong>. </p><p>CVR: ¡No me digas que lo han sacrificado! </p><p>CENTRAL: No, no. Se lo ha cargado un <strong>pitbull</strong>. Esos perros tenían que estar prohibidos. ¿Puedes preguntarle al señor Esteban si podría conseguir más escapularios? </p><p>El señor PRESIDENTE: El resto ya lo conocen ustedes. Una <strong>hecatombe sin precedentes</strong>. Tal como estaba estipulado en la Biblia, sólo se han salvado aquellos que han sido considerados justos a los <strong>ojos de Dios</strong>. Se estima que <strong>tres cuartas partes </strong>de la población mundial ha fallecido, un porcentaje notablemente superior entre <strong>periodistas, tertulianos y quienes se dedicaban a la política.</strong> Han sobrevivido, ahora sí podemos decirlo, los españoles de bien. Lo sorprendente es que no todos simpatizaban con el partido que imaginábamos, la cosa estaba más repartida. Por otra parte, respecto a las preguntas planteadas por diversos portavoces a esta presidencia, me gustaría recordarles que esta Comisión carece de atribuciones para abordar cuestiones relativas a posibles actividades especulativas de algunos comisionistas en la compra de escapularios por parte del Estado. Un asunto, el de los <strong>escapularios</strong>, sobre el que, por otra parte, el Gobierno ya ha manifestado la intención de <strong>reducir su IVA </strong>al cuatro por ciento. Se levanta la sesión.</p><p>___________________</p><p><em>* Miguel Sánchez-Romero es guionista.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Apr 2024 17:29:29 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Chiclana y el apocalipsis]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Hitler en el diván]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/hitler-divan_1_1725623.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/48824255-7c53-4053-8b85-db1d8ea9c57d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hitler en el diván"></p><p>En la tarde del 22 de abril de 1945, en un Berlín asediado por el Ejército Rojo, Hitler <strong>sufrió una crisis nerviosa </strong>cuando se le informó de que no habían sido obedecidas las órdenes de contraatacar que había emitido el día anterior. En los días posteriores a esa tarde, cayó en un estado de melancolía tal que su secretario personal, Martin Bormann, ausente ya el doctor Morell del <em>führer </em>bunker –despedido por Hitler tras considerar que ya no necesitaba ayuda médica– decidió recurrir a Felix Schäfer, psicoterapeuta y alto mando de la Gestapo.</p><p>Felix Schäfer era el nazi que cualquier nazi hubiera querido ser. Casi dos metros de aria corpulencia acompañada de una <strong>inquietante afabilidad y probada eficacia en el desempeño</strong> de su labor profesional, que no era otra que la de someter a quienes aspiraban a pertenecer a la Gestapo a sesiones indagatorias en busca de enflaquecimientos psicológicos que hicieran desaconsejable su pertenencia al cuerpo. Felix fue el introductor de una variante del test de Rorschach según el cual si el individuo sometido a la prueba no veía en al menos cinco de las diez imágenes que se le mostraban un campo de concentración, no solo había que negarle el ingreso sino, además, invitarle a pasar una temporada en uno. </p><p>Por si la doble condición de nazi y miembro de la Gestapo no hicieran ya que a Felix le resultaran familiares todos los resquicios del mal, el psicoterapeuta disponía aún de otro tenebroso pasadizo para acceder a él. Era escritor. No un escritor cualquiera, pertenecía a ese grupo de literatos en cuyo corazón encuentran cobijo todas las vilezas: <strong>aquel que no ha podido publicar su obra.</strong> </p><p>De una refinadísima erudición, Felix había consagrado los mejores años de su vida, aquellos en los que la insaciable juventud te invita a libar todos los elixires del goce, a privarse de ellos y emplear su tiempo en escribir <strong>un monumental compendio teórico del nacionalsocialismo </strong>(análisis historiográfico, resumen programático y, naturalmente, vertiente proselitista). Sorprendentemente en un ensayo de ese cariz, al de Felix, a decir de quienes tuvieron oportunidad de ojear el manuscrito, lo adornaba un estilo ágil y elegante. </p><p>Diez años le llevó concluirlo. Y apenas una semana el que un responsable de la editorial Eher del Partido Nacionalsocialista acusara el recibo del original y le citara en su despacho. <strong>Nada más verle, el editor le felicitó por la calidad del trabajo </strong>realizado que, reconoció, había leído con auténtico deleite y transmitió a Felix que para Eher sería un auténtico honor incluir el ensayo en su catálogo. Un honor que tendría que esperar porque, con el libro de Hitler a punto de ser entregado alas librerías, carecía de sentido sacar al mercado otro que, aunque atesoraba mayor interés y estaba infinitamente mejor escrito –según confesó bajando la voz–, coincidía temáticamente en gran parte del contenido. Como alternativa, propuso a Felix esperar a ver qué tal iban las ventas de <em>Mein Kampf</em> y, si estas no despegaban –como, según él, sucedería– publicar el suyo una vez transcurrido el tiempo oportuno. Mientras, le sugirió, podría dedicarse a escribir algo que tuviera que ver con las enfermedades transmitidas por los judíos, que era un género que tenía mucha salida. Felix, conteniendo su indignación, mintió y prometió pensárselo.</p><p>Al salir del despacho, llevaba en una mano su manuscrito, <strong>en la otra un ejemplar de </strong><em><strong>Mein Kampf</strong></em><strong> </strong>que el editor tuvo el detalle de regalarle y, en el alma, un inmenso aborrecimiento a Hitler. Nada más llegar a casa, se aplicó con voraz determinación a examinar aquel libro causante de su infortunio. En principio, le reconfortó la ausencia en él, no ya de una brizna de genialidad, sino ni siquiera de un atisbo de talento. <em>Mein Kampf</em> era una mezcla de anécdotas biográficas de escaso interés y seguramente falsas a las que se sumaba un caótico cúmulo de reflexiones de una enorme vulgaridad intelectual. Como aquella en la que, creyendo probar que las leyes naturales avalaban el estado racista escribía: “Todo animal se apareja con un congénere de su misma especie. La abeja con la abeja, el pinzón con el pinzón, la cigüeña con la cigüeña, la rata silvestre con la rata silvestre, el ratón casero con el ratón casero, etcétera.” Hasta un judío podría ver que lo único que demostraba esa aseveración era que Hitler no sabía distinguir entre raza y especie. </p><p>Pero de esa satisfacción inicial Felix volvió enseguida al rencor, a <strong>un odio que fue creciendo</strong> a medida que, impulsadas por las peripecias vitales de su autor, aparecían nuevas ediciones del libro de Hitler que fueron enterrando definitivamente las posibilidades de que el suyo fuera alguna vez publicado. </p><p>Y ahora, pasado el tiempo, en la habitación privada del búnker en el que se refugiaba, el artífice de su desgracia estaba sentado frente a él. Debilitado, quejumbroso, hundido. Ausente de sí todo el enérgico vigor de sus apariciones públicas. Derrengado en un ostentoso sillón de piel, incapaz de pronunciar palabra, <strong>Hitler fue asintiendo levemente ante el repertorio de síntomas</strong> que en forma de preguntas iba desplegando Felix: despertares sobresaltados, angustia, desgana, nerviosismo, falta de energía. Un inventario que desnudaba en él una vulnerabilidad inusitada y componía una estampa sufriente merecedora de lástima a poco que uno tuviera una pizca de humanidad. Felix, como buen nazi, no era de esos. “Perfecto para la venganza” —pensó, sin remordimiento alguno–. ¿O no era el propio hombre abatido que relataba su particular infierno el mismo que proclamaba en su libro que en el mundo real de la lucha por la existencia “el exterminio del más débil representa la vida del más fuerte”? </p><p>¿No declaraba, además, en el capítulo décimo, que “La cuestión de hacer imposible a los seres tarados la procreación de una descendencia también tarada es un imperativo de la más clara razón?” ¿Por qué no había cumplido Hitler con ese imperativo manteniéndose alejado de la procreación literaria? ¿O no era acaso evidente que <em>Mein Kampf</em> era un triste engendro fruto del amancebamiento entre un tarado y la Literatura? Felix abandonó sus reflexiones y <strong>dirigió unas palabras de ánimo a Hitler:</strong></p><p>—No hay nada extraño en lo que le ocurre, no es fácil ser <em>Führer</em>, <strong>cargaren soledad con el destino de Alemania, </strong>atender cada minuto del día al inmenso deber de regir el Reich. </p><p>Aunque deprimido, Hitler pareció recibir con cierto agrado aquel discurso consolador de Felix que, mientras hablaba, <strong>extrajo de un maletín situado a sus pies el ejemplar de </strong><em><strong>Mein Kampf</strong></em><strong> </strong>que diecinueve años atrás le habían regalado en la editorial.</p><p>—No podemos, permítame que le cite, perder de vista el objetivo que da sentido a su pesadumbre —dijo Felix mientras abría el libro y comenzaba a leer— . “Un Estado que<strong> en la época del envenenamiento de las razas</strong> se dedica a cultivar a sus mejores elementos raciales, tiene un día que hacerse señor del mundo”. </p><p>Bajo la voz de Felix <strong>se oía amenazante</strong> la cada vez más cercana presencia de las bombas rusas. Felix prosiguió su lectura con énfasis teatral.</p><p>—“Que los fieles a nuestro Movimiento no se olviden nunca de eso, incluso cuando, por la enormidad del sacrificio y de la lucha, puedan<strong> llegar a dudar de la posibilidad del triunfo”.</strong> Magnífico epílogo para un magnífico libro concluyó Felix cerrándolo para, con una encantadora sonrisa, ofrecer una pluma a Hitler.</p><p>—¿Le<strong> importaría firmármelo,</strong> <em>mein Führer</em>? </p><p>Hitler, como un autómata, fue a tomar el libro pero Felix <strong>se apresuró a retirarlo de su alcance </strong>y sacando del maletín otro ejemplar encuadernado en piel se disculpó.</p><p>—Perdone, <em>mein Führer</em>, firme este, si es tan amable. Y, mientras Hitler, torpemente, garabateaba en el libro, añadió: La edición en rústica la utilizo sólo para <strong>documentar las críticas y proceder a las detenciones.</strong> </p><p>Hitler alzó los ojos hacia Felix. En sus mejores tiempos lo habría hecho para dirigir a cualquier interlocutor que admitiera en su presencia que alguien osaba criticarle una mirada de helada ira presagio de letales consecuencias. <strong>Ahora aquellos ojos cansados parecían pedir piedad </strong>al destino y preguntarse “¿Otra complicación más?”. Casi en un susurro, preguntó:                    </p><p>—¿Documentar las críticas?</p><p>—Sorprendente, ¿verdad? Cuesta concebir que haya quien pueda criticar esta Biblia del nacionalsocialismo. <strong>Pero, por increíble que parezca, sucede. </strong>Y no me refiero —prosiguió con impostada indignación— sólo a quienes dicen que el estilo refleja un torpe dominio del alemán, o que el contenido es mera palabrería amodorrante, no. Me refiero a los que se atreven a afirmar que las diez páginas que dedica usted a la sífilis –un asunto que ha de ocupar la mente de cualquier hombre de Estado- se deben únicamente a que en su juventud, en Viena, le fue contagiada esta enfermedad por una prostituta judía, lo cual explicaría también su antisemitismo. </p><p>A Hitler, <strong>la boca abierta, los ojos suplicantes, </strong>se le escurrieron pluma y libro de las manos. Felix se incorporó, los recogió y prosiguió su discurso.</p><p>—¡No hay derecho, no lo hay! No es justo que esta joya literaria<strong> destinada a pasar a la posteridad </strong>—dijo sosteniendo <em>Mein Kampf</em> entre sus manos como si se tratase de un frágil tesoro— lo vaya a hacer con el añadido mentiroso, que muchos tomarán por verdadero, de que su autor era un pobre sifilítico que se acostaba con judías. </p><p>El quejumbroso suspiro de Hitler<strong> se pudo oír fuera del búnker.</strong> Felix reparó en que nunca había visto sollozar a un Führer. Le tendió un pañuelo y, como si se dirigiera a una multitud expectante, continuó declamando sus fingidas quejas.</p><p>—¿No es inmundo que la Resistencia francesa haya inundado las calles con ese aborrecible panfleto?</p><p>—¡¿Panfleto?! ¡¿Hay un panfleto?! —preguntó Hitler con la poca alarma que le permitía su agotamiento.</p><p>—Perdón, <em>mein Führer</em>, pensaba que estaba usted al tanto. Felix volvió a su maletín y sacó una octavilla en la que, en impresión casera, <strong>aparecía una foto del Fürher y un texto en francés</strong>. Se la mostró a Hitler, que la observó durante un momento.</p><p>—No hablo francés.</p><p>—¡Hace usted muy bien!</p><p>—¿Podría traducírmelo?</p><p>—¿Es necesario, <em>mein Führer</em>? Ya sabe usted cómo son los franceses.</p><p>—Por favor —suplicó Hitler, tal y como había pensado Felix que haría un narcisista de su talla por muy deprimido que estuviese.</p><p>— Son citas de su libro utilizadas para dudar… —Felix se detuvo un momento— Dejémoslo, <em>mein Führer</em>, son habladurías, rumores sin importancia por más que el panfleto se haya traducido ya a doce idiomas.</p><p>—Le ordeno que me informe sobre el objeto de esas dudas —logró mascullar Hitler. </p><p>Felix se cuadró, alzó la vista y habló al aire.</p><p>—Dudas sobre su masculinidad. </p><p>Al oír aquello, <strong>Hitler intentó erguirse,</strong> pero lo único que consiguió fue que, en el intento, la fricción de su cuerpo contra la piel de la butaca imitara el sonido de una ventosidad. </p><p>Ni en su más optimista previsión había soñado Felix con una oportunidad así para el desquite: un hombre deprimido, sí, pero en el que<strong> latían aún los restos de una egolatría</strong> y un narcisismo inconmensurables servido en bandeja para sufrir el peor de los escarnios –la condescendencia de un inferior– por una lujosa tapicería.</p><p>—No se preocupe, <em>mein Führer</em>, esto quedará entre nosotros —se dio prisa en decirle Felix a un Hitler que, sin fuerzas para<strong> explicar tan ordinario trance</strong>, sólo podía negar con la cabeza mientras señalaba con un dedo tembloroso la porción de sillón que quedaba entre sus piernas.</p><p>—Sí, <em>mein Führer</em>, a eso me refiero. <strong>Como si no hubiera pasado.</strong> Le entiendo perfectamente. Es más fácil dominar Polonia que un intestino rebelde. </p><p>Hitler comprendió que, entre la injusticia de asumir la autoría del incidente o el ridículo de declararse inocente del mismo, <strong>lo primero conllevaba menos esfuerzo</strong> y con un patético ademán indicó a Felix que continuara explicando las dudas sobre su hombría.</p><p>—En concreto, los franceses se refieren a esa parte del capítulo segundo, que titula “El Estado”, en la que usted escribe —fijó la vista en la cuartilla— “Es una verdadera lástima ser obligado a ver cómo los mozos de hoy <strong>se someten a una moda idiota”. </strong>Al parecer a los franceses, según dice el panfleto, idiota no les parece un insulto muy viril—apostilló antes de continuar—. Aluden también al párrafo en el que se refiere a la indumentaria de los jóvenes. Cuando usted dice: “Un joven que, en el verano, anda de aquí para allá vestido hasta el cuello, sólo por ello dificulta su educación física”. Para el pueblo francés lo que trasluce esa frase es que a usted le gusta ver a los jóvenes ligeritos de ropa. </p><p>Hitler, los ojos en blanco, <strong>sufrió un leve desvanecimiento</strong> que remitió en cuanto Felix le dio a oler sales de amoniaco. Luego, ante el aturdimiento del Führer, creyó necesario volver a centrar la conversación.</p><p>—Hablábamos de ese rumor sobre su afeminamiento cuya radical falsedad, desgraciadamente, poco importa como bien nos ha enseñado Goebbels. Es verdad que la ambigüedad con que está escrita cierta frase –seguramente un error mecanográfico de Rudolf Hess– no le ayuda, mein Führer. Se trata de ese párrafo en el que usted <strong>se muestra</strong> <strong>partidario del cultivo de la vanidad </strong>y explica que la vanidad a la que se refiere no es la “de poseer trajes bonitos, que no todos pueden comprar, sino la de crearse un cuerpo bien formado, al que muchos pueden acceder”. Permítame preguntarle: cuando usted dice “un cuerpo bien formado al que muchos pueden acceder”, ¿se refiere a que muchos chicos puedan acceder a un cuerpo bien formado o a que muchos puedan acceder al cuerpo bien formado del chico?</p><p>—A lo primero —contestó Hitler, a quien el amoniaco parecía haberle  hecho recobrar algo de vida.</p><p>—Pues los franceses han entendido lo segundo.</p><p>—<strong>¡Nein, nein, nein! </strong>—se quejó Hitler— Lo explico perfectamente unas líneas más abajo.</p><p>—Sí, también lo refleja el panfleto. Es la parte en la que, por desgracia, vuelve usted a repetir “idiota”: “Si la belleza física no se ocultase hoy completamente bajo los vestidos de moda idiota, la seducción de centenas de millares de mozas<strong> por judíos bastardos, de piernas arqueadas</strong> y descoyuntados, no sería posible”. Y los franceses añaden: “Si eres judío, ten unas buenas piernas y le gustarás a Hitler”. </p><p>El desmayo del <em>Führer </em>dio por finalizada la sesión. Martin Bormann no consideró adecuado <strong>proseguir con la psicoterapia</strong> después de que, tras despertar en su dormitorio, lo primero que ordenara Hitler a su secretario fuera prohibir <em>Mein Kampf</em>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Feb 2024 16:52:01 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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      <title><![CDATA[Bricolaje para construir una nación: herramientas necesarias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/bricolaje-construir-nacion-herramientas-necesarias_1_1699602.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/378eea06-8ce7-4297-9d20-c1fd797017da_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bricolaje para construir una nación: herramientas necesarias"></p><p>Como seguramente saben ustedes, la <strong>Peña Cultural Zambollo</strong> es la tradicional organizadora de las Fiestas del Gatopelao de Caramal de las Torres, en las que un hombre disfrazado de gato tiene que recorrer las principales calles del coqueto pueblo de la sierra madrileña esquivando<strong> las piedras que le lanzan el resto de vecinos.</strong> Es posible también que conozcan que la peña toma su nombre de Tomás Segura, Zambollo, que fue desde 1990 a 2015, momento en el que decidió retirarse después de que la Delegación del Gobierno instituyera la obligación de llevar casco, lo que Zambollo –que acababa de salir de un coma de once meses– consideraba <strong>una adulteración del espectáculo.</strong></p><p>Pero además de organizar estos festejos, la Peña Cultural Zambollo celebra también avanzado diciembre unas interesantísimas<strong> jornadas de debate</strong> que las malas lenguas atribuyen a la pícara intención de camuflar los festejos organizados con motivo de la Navidad bajo <strong>un falso manto intelectual </strong>que permita a la entidad no perder la calificación de Asociación Cultural y seguir teniendo acceso a las subvenciones de la Consejería. Quienes señalan esta circunstancia arguyen como prueba el que sean las únicas jornadas de debate europeas que se celebran bajo una carpa instalada en <strong>una plaza de toros, con orquesta y barra libre.</strong></p><p>En cualquier caso, las de este año fueron <strong>dedicadas al nacionalismo</strong> y como ilustre colofón contaron con la presencia del politólogo danés, y referencia intelectual del mundo cultural escandinavo, <strong>Aksel Finne</strong>, quien, siempre atento a la realidad española, no quiso perderse la cita aprovechando que tenía unos días libres en <strong>el McDonald's donde trabaja</strong>. La conferencia tuvo lugar en la tarde del 23 de diciembre y puso fin a una apretada agenda de eventos que ese día incluía además de la gincana, el belén viviente de la tercera edad y el concurso de rondallas infantiles, cuyo primer premio fue invitado a entregar el propio Finne, que, posiblemente por el cansancio del viaje, <strong>parecía un poco desconcertado.</strong></p><p>El título de la conferencia era el mismo que da nombre a esta reseña, <em><strong>Bricolaje para construir una nación: herramientas necesarias</strong></em><strong>.</strong> Finne explicó que había elegido el término “bricolaje” con la pretensión de resaltar, tal y como expresa su significado –“actividad manual y casera de reparación, instalación, montaje o de cualquier otro tipo que se realiza sin ayuda profesional”– la habitual falta de importancia o perentoriedad de la faena en cuestión, que en ocasiones tiene <strong>más de hobby que de labor imprescindible.</strong></p><p>Así, entiende Finne que <strong>la pretensión secesionista de algunos nacionalismos</strong> no es el fruto de una existencia sojuzgada por un Estado opresor puesto que viven instalados en la comodidad de un sistema democrático y de respeto a sus diferencias, de forma que, dice Finne, “da la sensación de que su búsqueda de la independencia tiene menos que ver con la necesidad de construir una casa común donde habitar sus particularidades que con la compra de <strong>una segunda residencia”.</strong></p><p>La palabra bricolaje no había sido, por tanto, elegida alegremente o como recurso estilístico, aunque gracias a ella el acto consiguió el patrocinio de Ferretería Gredos, cuyo propietario, <strong>Esteban Gredos</strong>, fue el encargado de presentar al politólogo a quien, anecdóticamente, se refirió en varias ocasiones como <strong>“podólogo”</strong> sin que nadie considerara necesario corregir el error.</p><p>Finne, tal vez en exceso, insistió de nuevo en el concepto del bricolaje para afirmar refiriéndose a los nacionalistas que nuestro país le recuerda a veces “a un magnífico chalet rodeado de vecinos que te despiertan cada plácida mañana de domingo usando la taladradora”, metáfora que no gustó nada al señor Gredos aunque provocó entre el público un estallido de júbilo con gritos de <strong>“¡España, España!”, </strong>momento aprovechado oportunamente por la charanga que amenizaba el acto para interpretar un pasodoble que mantuvo momentáneamente interrumpida la conferencia. <strong>Es de alabar la paciencia mostrada por Finne durante el lapso,</strong> así como la educada forma en que rechazó la insistente invitación a bailar con una anciana vestida de pastora.</p><p>Concluida la interpretación, Finne prosiguió definiendo una por una esas herramientas a las que hacía alusión en el título. La primera de ellas, afirmó, era “<strong>un sentimiento victimista</strong> por el que cualquier circunstancia casual pueda ser convertida en intencionado agravio”. </p><p>Sentimiento que tiene su origen en un cierto complejo de superioridad disfrazado de potencialidad sometida –<strong>“somos mejores que vosotros, pero no nos dejáis serlo”</strong>–. Cuando en realidad, proclamó Finne, “entre un albañil murciano y otro de Hospitalet no hay más diferencia hoy que la que pudiera haber una vez se consumara cualquier proceso independentista”. Afirmación que cosechó otra andanada de aplausos y un <strong>“¡Ole tus huevos, podólogo!”</strong> al fondo de la carpa.</p><p>La segunda de esas herramientas necesarias es para Finne <strong>la existencia de unas clases ilustradas</strong> que tengan sobradamente resueltas las necesidades básicas y tiempo suficiente para dedicarlo a convencer a quienes no las tienen de que el que así sea está fuera del ámbito de responsabilidad de “los nuestros”. A continuación, lamentó que la ilustración a que se refería no fuera digna heredera de la del siglo XVIII y se mostró convencido de que la propagación de <strong>un humanismo internacionalista</strong> es la mejor forma de plantar cara a los nacionalismos, lo que provocó que la audiencia estallara en gritos entusiastas de <strong>“¡Humanismo, humanismo!”</strong> seguidos de no menos apasionados cánticos de <strong>“¡A por ellos, oe! ¡A por ellos, oe!</strong>”. Posteriormente, Finne resaltó que, aunque no se atrevía a considerarla exactamente una herramienta, sí había constatado la gran ayuda que para el bricolaje nacionalista suponía la existencia de una izquierda que pese a dar muestras de un finísimo olfato a la hora de detectar los males del nacionalismo españolista no acaba de percibir en los periféricos tufo alguno a exclusión o falta de solidaridad. Como era de esperar, la palabra “izquierda” abrió la espita de <strong>una catarata de insultos a Perro Sanxe</strong> y unas doscientas personas abandonaron la charla para ir a manifestarse a Ferraz.</p><p>Posteriormente, Finne detalló la que él considera tercera herramienta necesaria para construir una nación: la historia, su manipulación, la <strong>búsqueda en el pasado de imaginarias explicaciones del presente</strong>. Finne se dijo partidario de prohibir a los melancólicos de cualquier patria dedicarse a la historiografía para evitar ridículos como los intentos de catalanizar a <strong>Santa Teresa, Leonardo da Vinci o Cristóbal Colón. </strong>La mención al genovés sirvió la excusa perfecta para que público y charanga recordaran al unísono el célebre pareado dedicado a los hermanos Pinzones que la anciana vestida de pastora aderezó con un gracioso bailoteo.</p><p>La cuarta herramienta del bricolaje nacionalista es, según explicó, un <strong>sistema educativo</strong> que instigue desde la más temprana edad en esos espíritus maleables el credo nacional, al tiempo que una escuela de adultos –esto es, una televisión– que sirva para transmitir los mismos valores a quienes ya no asisten a clase.</p><p>Y aquí, Finne quiso insistir en la metáfora de las herramientas explicando que del mismo modo que sirven para construir pueden, a su vez, <strong>desmontar lo ya construido</strong>, refiriéndose a la versatilidad del nacionalismo, una reivindicación prêt-à-porter que lo mismo puede lucir la izquierdista Esquerra que la derechista Junts. Luego recordó las palabras de Isaiah Berlin en tal sentido: “Después de la década de 1920, ni el socialismo ni ningún otro movimiento político del mundo de posguerra puede triunfar si no va de la mano no solo del antiimperialismo sino también de un pronunciado nacionalismo”. Una verdad que, según Finne, <strong>ha entendido muy bien el Partido Popular </strong>que, a caballo de un nacionalismo español y con el Estado de Pedro Sánchez como sucedáneo de un imperialismo contra el que rebelarse, <strong>tiene en Ayuso su mejor representante. </strong></p><p>La mera percepción por el auditorio de que Finne se había referido a Ayuso hizo que, sin atender siquiera al sentido de la frase, la multitud estallase en un rugido festivo, un alarido coordinado que fue mutando de <strong>“¡Ayuso presidenta!”</strong> a un inflamado <strong>“¡Me gusta la fruta, me gusta la fruta!”,</strong> mientras la charanga atacaba un chotis. Finne en esta ocasión no fue capaz de vencer la insistencia de la anciana vestida de pastora, y se le pudo ver acompañarla con <strong>unos torpes pasos antes de que tuviera lugar el desastre.</strong></p><p>Al parecer, por un error de coordinación del personal organizador, hizo aparición en la carpa una vaquilla cuya presencia estaba anunciada para la mañana siguiente en el <strong>espectáculo cómico-taurino</strong> que ponía fin a las jornadas culturales.</p><p>Lo último que recuerda este cronista, que como los demás corrió a ponerse a salvo, es la expresión aterrada de Finne viendo al animal dirigirse a él mientras de una forma poco galante –todo hay que decirlo– pugnaba con la anciana vestida de pastora por guarecerse tras la mesa presidencial. <strong>Al final ganó la anciana.</strong> En el momento de cerrar edición y según refleja el parte médico, el politólogo se reponía de múltiples contusiones y un puntazo sin afección de tejidos en la zona del perineo. Amablemente, <strong>Ferretería Gredos se ha hizo cargo de los costes de hospitalización</strong> dado que la seguridad social danesa no cubre lesiones producidas en el ejercicio de la tauromaquia.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Jan 2024 19:03:30 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Bricolaje para construir una nación: herramientas necesarias]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Accidentes en fiestas,PP,Isabel Díaz Ayuso,Nacionalismo]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Género y número]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/avanti-tutti/genero-numero_1_1212364.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Género y número"></p><p>He decidido invertir en arte. Al precio que se han puesto las reformas, <strong>me sale más barato comprar cuadros que quitar el gotelé</strong>. El pasado fin de semana visité una exposición muy interesante en una de estas salas alternativas donde exponen artistas incomprendidos. Se trataba de la colectiva de un grupo de jóvenes pintores alemanes que comparten la circunstancia de que, pese a llevar años entregados a la profesión, no han vendido jamás un cuadro.</p><p>La muestra llevaba por título <em>Versagen </em>(fracaso) y sobre quienes la componen la crítica especializada mantiene una agria disputa valorativa: mientras algunos piensan que son malos, otros aseguran que son muy malos. Sólo en el caso de uno de ellos, Anton Schäfer, parece haber consenso en que el Estado de Baviera hizo bien al dictar contra él <strong>una orden de alejamiento de cualquier tipo de pincel o brocha</strong>.</p><p>Allí estaba yo, contemplando una obra de Schäfer, quien, según el catálogo, “ha abandonado la fiereza de sus comienzos y afronta en estos momentos <strong>una época de madurez y templanza </strong>tras haber sido hecho fijo en la ferretería donde trabaja”, cuando una chica alta, con el pelo teñido de rojo y una cámara <em>lomográfica</em> colgada al cuello que estaba a mi lado mirando fascinada el cuadro, lanzó una de esas preguntas sin destinatario que uno se ve obligado a contestar: “¿Cómo puede alguien combinar el color con tanto dramatismo?”. Yo, sintiéndome interpelado, asentí al tiempo que añadía “Típico de Anton”, con el tono de quien lo conoce de toda la vida. La chica percibió en mis palabras una complicidad que la invitaba a hacerme nuevas confesiones: “Es imposible no ver en el lienzo el alma atormentada del artista”. Volví a asentir y rematé fingiendo cierta aflicción: “Debió de haberlo pintado antes de que lo hicieran fijo”.</p><p>Entonces, se volvió hacia mí y, como si recitara su perfil de Twitter, se presentó: “<strong>Magda Lolich, fotógrafa y antifascista, género no binario</strong>”. “Miguel Sánchez-Romero, celiaco”, le respondí para no ser menos. “¿Te gusta el neo minimalismo alemán?”, me preguntó. “Lo que no me gusta es el gotelé”, le respondí y ella rio pensando que era un chiste.</p><p>Una hora y tres gin-tonics más tarde, en un bar aledaño a la galería, de estos con pinchadiscos que se creen alquimistas musicales, Magda me explicaba que el no binarismo es la identidad con la que se autodesignan las personas que no se reconocen ni totalmente femeninas ni absolutamente masculinas: “Gente que abandona la solidez excluyente de los conceptos habituales para fluir entre ellos porque eso les hace sentir más cómodos”. Yo, que como ustedes saben <strong>soy bastante facha,</strong> notaba sin embargo que el alcohol y la sonrisa de Magda habían atemperado mi radicalidad. La escuchaba intentando asimilar conceptos pero era un esfuerzo vano, me encontraba ya en esa fase de la intoxicación etílica en la que te empieza a parecer que el castellano tiene demasiadas erres.</p><p>A Magda, sin embargo, el alcohol no parecía afectarle y seguía pidiendo gin-tonics con una dicción perfecta. En el sexto yo había pasado de intentar recordar dónde había aparcado el coche a preguntarme si tenía carnet de conducir. Algo más tarde, Magda miró el reloj y decidió que era el momento de abandonar la ginebra y pasar a los chupitos de Jägermeister. Me pareció buena idea porque era evidente que<strong> la tónica me estaba sentando mal</strong>. Únicamente puse como condición que el camarero me cambiara el taburete por una trona. Magda volvió a reír. Era el mejor público que había tenido nunca. Pero, tras el primer chupito, se puso seria y me preguntó: “Y a ti, ¿qué te parece lo del género no binario?”.</p><p>Levanté el índice pidiéndole una pausa. Necesitaba un momento para ordenar mis pensamientos y poderle contar que, en realidad, a mí esa especificación identitaria me parecía innecesaria, pero alababa que al menos sirviera para reconocer, en una época de enorme polarización, donde todo parece circular en solo dos direcciones posibles, que hay huecos por los que huir de esa obligatoria catalogación simplista aunque sea a costa de un ejercicio de clasificación aún más exhaustivo. Que son raros estos tiempos en que se tienen por bondadosas y modernas <strong>dos formas tan distintas de entender el mundo</strong>: la que pretende resolverlo todo mediante referéndums –no hay nada más binario que este tipo de consultas– y la que se rebela contra la obligación de responder a cuestiones complejas con solo dos papeletas como única opción. Y que me sorprendía que hubiese gente –y gobernantes– que habitaran felices ambos universos sin que les pareciera contradictorio. Eso es lo que quería decirle a Magda.<strong> Pero al intentar hacerlo eructé.</strong> Y como a Magda le pareció gracioso, decidí concluir ahí mi explicación.</p><p>Justo entonces, me sobrevino una fugaz clarividencia. Un mini instante en el que recordé no sólo dónde había aparcado sino, además, que tenía caducado el carnet y que cada vez que tomaba Jägermeister acababa montando el numerito. Pero era demasiado tarde.</p><p>Lo penúltimo que recuerdo es a Magda riendo y yo bailoteando con el torso desnudo un tema de<strong> Chet Baker</strong> bajo la mirada asesina del <em>dj</em> al que le estaba jodiendo su receta mágica para ambientes <em>cool. </em>Lo último, a los porteros invitándome a abandonar el local y cómo, cuando lo hacía apoyado en una solidaria Magda, uno de ellos me preguntaba con expresión de fascinación defraudada: “Usted escribe en infoLibre, ¿no?”. Me volví y asentí caballunamente: “Sí señor”. Luego, le ofrecí mi mano y al estrechármela me presenté: “Jesús Maraña, género neutro”.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Oct 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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      <title><![CDATA[Hombres de negro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/avanti-tutti/hombres-negro_1_1212099.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eadb9c01-9e41-4b33-b051-b0ef52c92967_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Hombres de negro"></p><p>Es difícil para un analista político de prestigio, como es mi caso, decidir cada semana a qué rincón de la actualidad aplicar la linterna de su discernimiento para ayudarles a ustedes, queridos lectores, a <strong>comprender el difícil mundo en que vivimos</strong>. Por ejemplo, en esta ocasión he dudado hasta última hora entre dedicar las siguientes líneas a un somero análisis de la siempre complicada situación en Cantora –Oriente Medio es un paraíso de estabilidad en comparación con esa finca– o a la renovación del Consejo General del Poder Judicial. Finalmente, he preferido decantarme por el asunto más frívolo: el CGPJ.</p><p>Escucho a tertulianos y politólogos referirse al Partido Popular como el culpable de que el mandato del Consejo General del Poder Judicial lleve casi tres años caducado por negarse a acordar con el PSOE la renovación de los miembros que lo componen. Y yo me pregunto: ¿es una locura pensar que, tal vez, el PP considere sabiamente que, como los yogures,<strong> el CGPJ no tiene fecha de caducidad sino de consumo preferente</strong>? ¿Es posible entonces que, pese a lo que dicen algunos, el estado del CGPJ no entrañe ningún peligro grave para la salud de la Justicia, aunque, como ocurre con los yogures, el que sus miembros estén pasados de fecha suponga una merma de calidad y pérdida de cualidades? Y si lo es, ¿podemos permitirnos que uno de los tres poderes básicos del Estado democrático sufra ese deterioro? Yo creo que sí, a fin de cuentas lo hemos permitido en los otros dos y nadie se ha rasgado las vestiduras.</p><p>Es verdad que puede dar la impresión de que el PP quisiera prolongar de manera tramposa una composición favorable del órgano de gobierno de los jueces. Y que lo hace confiado en que la mayoría conservadora que heredó de la época en que los populares gobernaban pueda favorecerle a la hora de torpedear el trabajo de un ejecutivo progresista. En términos vulgares, es como si Fernando Alonso, después de perder con Hamilton en Montmeló,<strong> acudiera a la Guardia Civil para que lo denunciaran por exceso de velocidad</strong>, y la Guardia Civil le hiciese caso.</p><p>¿Está pasando eso en España? ¿Están determinados jueces entorpeciendo la labor del Gobierno aceptando a trámite denuncias de las que no ignoran su escaso recorrido judicial pero sabiendo que tendrán a cambio un largo trayecto mediático y político? No lo sé, es un asunto que requiere una reflexión profunda y desde que he vuelto a pilates,<strong> en cuanto intento reflexionar un poco me quedo dormido</strong>. ¡Odio el pilates! Cuando me veo en esas máquinas no sé si lo que quiere mi <em>personal coach</em> es que fortalezca mi torso o que confiese que soy judío.</p><p>Pero volviendo al asunto que nos ocupa, si eso estuviera sucediendo, si siempre hubiera un guardia civil dispuesto a atender las denuncias de Fernando Alonso, tendríamos que admitir la posibilidad de que los miembros de la judicatura <strong>fueran mayoritariamente de derechas</strong>. Una afirmación tan injusta y excesiva como decir que todos los albañiles son de izquierdas. Algunos son de Vox.</p><p>Es verdad que llegar a juez requiere disponer de recursos que permitan al futuro magistrado opositar una media de cuatro años, durante los cuales dependerá del sostén familiar para poder dedicarse exclusivamente al estudio. No debe sorprendernos, por tanto, que de una familia con posibles pueda salir un juez decano mientras que una de albañiles solo alumbre a un juez de línea. A favor de estos últimos cabe decir no solo que en verano van más fresquitos sino que, a diferencia de los otros, se ocupan de la justicia que verdaderamente importa:<strong> la que dictamina si el delantero marca o no en fuera de juego.</strong></p><p>El símil futbolístico puede darnos una idea de la inadvertida trascendencia de este asunto: si la designación de quienes eligen cada semana a los árbitros y asistentes que tienen que aplicar el reglamento deportivo en los estadios se viese empantanada desde hace tres años porque los encargados de hacerlo sospechan que una gran mayoría de ellos van a interpretar ese reglamento en beneficio del equipo del que son aficionados, <strong>el escándalo sería mayúsculo</strong>. Afortunadamente estamos hablando del Consejo General del Poder Judicial y no del Comité de Designación de Árbitros.</p><p>La Justicia debiera tomar nota del ejemplar funcionamiento del Comité. Unos hombres de negro que han sabido adaptarse a los tiempos no solo en el atrevimiento cromático de la indumentaria –¿para cuándo las togas fucsias y verdes fosforito?– sino en la incorporación de tecnología que les ayuda a hacer más certero el veredicto. No es razonable que cada partido disponga de un VAR con imagen calidad 4K, software de trazado de líneas de perspectiva y <em>sky cam,</em> y que cuando vemos en los informativos imágenes de un juicio <strong>parezca que lo ha grabado tu amigo Paco</strong>, el que fracasó en Youtube.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Oct 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Sánchez-Romero]]></author>
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