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    <title><![CDATA[infoLibre - Arte]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/]]></link>
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    <language><![CDATA[es]]></language>
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      <title><![CDATA[El arte de lo previsible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/arte-previsible_1_2207801.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bfac5d40-9544-4dc4-8951-b932820de65b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El arte de lo previsible"></p><p>De todas las controversias generadas por el <em>Debí tirar más fotos World Tour</em> (que si la estrechez de la zona vip, que si las mozas de La Casita), me ha dado que pensar la menos publicitada. <strong>Parece que hay quien va al concierto sin saberse las canciones</strong>. Los fans, indignados. ¿Cómo se atreven? La ignorancia ha causado algún equívoco simpático: una doña se grabó vociferando una letrilla de Ozuna (otro reguetonero puertorriqueño) sobre las armonías de Bad Bunny. El tres por cuatro te aguanta lo que sea.</p><p>La polémica, lo reconozco, no da para grandes titulares. 12 conciertos, medio millón de asistentes: la estadística obliga. Me interesan, con todo, las reacciones que los advenedizos han causado entre los simpatizantes más rigoristas. <strong>Muchas se justifican por el mero rencor</strong>: hay quien, por más que se sepa las rimas al dedillo, se ha quedado sin entrada por la voracidad de los del <em>no me lo pierdo</em>. En otras, sin embargo, se trasluce un posicionamiento más revelador. "Tendría que haber puesto las entradas un poco más caras en este país", decía un comentarista del otro lado del Atlántico, "para que la gente que realmente quiera ir vaya". Si obviamos la gansada económica, la consideración es interesante: el concierto —atiendan— <strong>es un evento destinado al "fan verdadero"</strong>, esto es, a quienes saben de antemano lo que van a recibir. </p><p>Reconozco que me fascina el cliché, y puede que por eso no lleve demasiado mal la ruindad descarada de <strong>una industria cultural que quiere atiborrarnos con la enésima repetición de lo mismo</strong>. Las tropecientas versiones <em>live action</em> de las películas animadas de Disney, las series de Netflix cortadas por el mismo patrón, los <em>hits </em>indistinguibles, la prosa calcada. La treta no es nueva: Adorno y Horkheimer le hicieron el traje en <em>La dialéctica de la Ilustración</em>, un librito sorprendentemente actual para haber sido publicado en 1944. </p><p>Puede que un concierto de masas no sea el lugar adonde mayoritariamente se acude a descubrir algo nuevo (más, cuando la entrada cuesta lo que un Seat de segunda mano), pero <strong>me inquieta que la posibilidad quede completamente desterrada</strong>. Llevándomelo a la clásica, ambiente mucho más dado al talmudismo y la exégesis, pensaba en cuántos conciertos me habré tragado sin conocer el menú. "Sonata para violín y gaita en si menor", tóquela usted. ¿Una ópera de un compositor checoslovaco donde una mujer se transforma en balalaika? Probemos suerte. No quiero decir que el público de los teatros esté más abierto a la novedad que el de los estadios, porque les estaría mintiendo: he visto demasiados auditorios vaciarse en el entreacto y decenas de montajes mínimamente desempolvados han terminado entre abucheos y pitidos porque el <em>regista </em>había racaneado en el cargamento miriñaques que esperaba el respetable. Uno puede ir a la Scala a "escuchar de memoria" (la expresión se la escuché una vez a Joan Matabosch) y enfurruñarse porque la soprano no mete el mismo vibrato que la diva de tu tocadiscos. Pero manda narices que sean los ámbitos en los que huele a alcanfor donde a uno no le asalte un reportero en la cola para preguntarle si se sabe de carrerilla el segundo monólogo de Segismundo. </p><p>En tanto que los bienes culturales son bienes de consumo, resulta esperable que el "cliente" exija que se ajusten a sus estándares. La coca cola no varía de sabor y quiero que me den el refresco por el que he pagado. Pero, por comprensible que resulte esta demanda pobre y perezosa, me sorprende verla reconvertida en un galardón. "Si no te sabes las canciones, no vengas". "Soy un verdadero fan, ¡nada puede sorprenderme!". <strong>Por favor, señor, suélteme el brazo</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Jun 2026 04:01:10 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El arte de lo previsible]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Felix Gonzalez-Torres en el Reina Sofía: la deuda sin saldar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/felix-gonzalez-torres-reina-sofia-deuda-saldar_1_2203985.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/10370848-2ba0-41bf-aa01-ffa31a27a01a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Felix Gonzalez-Torres en el Reina Sofía: la deuda sin saldar"></p><p>La carrera de <strong>Felix Gonzalez-Torres</strong> (Cuba, 1957-Miami, 1996) duró apenas una década: la que va entre mediados de los 80 y los 90. Sus obras, vistas sin detenimiento, pueden parecer frívolas: pilas de papel, montañas de caramelos, cortinas o retahílas de acontecimientos escritos sobre la pared. Y, sin embargo, hablamos de <strong>uno de los mayores artistas del siglo XX</strong>.</p><p>La liviandad, por cierto, es deliberada: nada de solemnidades ni materiales epatantes. "Quiero trabajar dentro de las contradicciones del sistema e intentar crear un mundo mejor. <strong>Creo que las revoluciones fueron una muy buena idea en el siglo XIX</strong> y en la primera parte de este siglo, pero debemos tener en cuenta los avances tecnológicos que se están produciendo en estos mismos momentos. Los cambios tecnológicos están teniendo lugar en un mundo que se ha vuelto muy frágil y también muy pequeño". El Reina Sofía acaba de inaugurar <a href="https://www.museoreinasofia.es/exposicion/felix-gonzalez-torres" target="_blank"><em>Dulce venganza</em></a>, la primera exposición "a gran escala" de la obra de Gonzalez-Torres en Madrid. Por más que la muestra se haya presentado como una "deuda saldada" (qué obsesión, caramba), los comisarios de la muestra (<strong>Alejandro Cesarco</strong> y <strong>Nancy Spector</strong>) no disimulan las dificultades que un proyecto de esta naturaleza —artista tótem, obra icónica— trae aparejadas: "Como suele ocurrir al presentar exposiciones dedicadas a artistas que han ingresado en el canon de la historia del arte […] surge inevitablemente la pregunta: <strong>¿por qué Felix Gonzalez-Torres otra vez?</strong>, ¿por qué aquí y ahora? La urgencia de nuestro momento geopolítico actual, sus resonancias con el conservadurismo neoliberal de finales de los años 80 y 90, y la manera en que su obra nos permite reconsiderar, replantear y posicionarnos frente a esas condiciones, es una forma de justificar la re-presentación de su trabajo".</p><p>Vayamos a la muestra. <em>Dulce venganza</em> expone una cincuentena de obras (un número escasísimo para una exposición "a gran escala") que se nos presentan tras aclararnos, cartela mediante, la "metodología" del artista. Los títulos, se nos dice, son bicéfalos: <em><strong>Untitled</strong></em><strong> [Sin título]</strong>, seguido de otro entre paréntesis. <strong>El público puede interactuar con la mayoría de las obras</strong>, que <strong>son infinitamente reponibles</strong>. También pueden desaparecer, consumidas, durante el transcurso de su exhibición. Los retratos escritos (una suerte de biografías que incluyen hitos y fechas) pueden ser modificados por la institución que los exhibe (aquí, por ejemplo, se han hecho añadidos a <em>Untitled (Portrait of Austrian Airlines) </em>(1993), sumándole los años en que salieron a bolsa las compañías Amazon o NVIDIA.</p><p><strong>La propuesta "metodológica"</strong>, admitámoslo, <strong>sigue desconcertándonos 30 años después</strong>: el museo es ese lugar donde uno espera ser abroncado si se acerca demasiado a las obras o si no les brinda la debida reverencia. También, por cuanto desmantela la idea de autor heredada del Romanticismo y aún operante. Pero,<strong> ¿cómo va a ser el público quien termine la obra?</strong> Valéry había anticipado el giro hermenéutico con aquello de "mis versos tienen el sentido que se les da", pero llevarse la obra a casa o comérsela es otro cantar.</p><p>Tras la debilidad autoral y material de la obra de Gonzalez-Torres subyacen muchas tensiones que deben comprenderse a la luz de las circunstancias que le tocó vivir: la de ser migrante latino en los Estados Unidos, las convulsiones sociopolíticas del último tercio del siglo XX, su homosexualidad indisimulada, la eclosión de la epidemia del SIDA y su condición de seropositivo. También, la muerte a causa de complicaciones derivadas del VIH de su pareja, Ross Laycock, en 1991, cuya enfermedad y duelo impregnaría su obra con un aura fúnebre. Famosos son algunos de sus trabajos a este respecto, como <em><strong>Sin título (Retrato de Ross en Los Ángeles) </strong></em><strong>(1991)</strong>, una montaña de caramelos de 69 kilogramos (el peso de Laycock) que<strong> va desvaneciéndose según el público la va consumiendo</strong> (el caramelo, elemento ingenuo y colorido, la continua ingestión —la imagen es casi sacramental— del cuerpo enfermo transmutado en una pila arrinconada contra la pared constituyen una de las metáforas más emocionantes y perfectas de la historia del arte). También, la conocida valla publicitaria (<em>Sin título, </em>1991) en la que se reproduce una cama vacía y desecha, con el hueco que dos cuerpos han ahormado sobre el colchón y las almohadas; o <em>Sin título</em> <em>(Perfect lovers)</em> (1991), compuesta por dos relojes de pared que van perdiendo sincronía poco a poco. Sobre esta pieza, el artista escribió:</p><p>"<strong>No temas a los relojes, son nuestro tiempo, y el tiempo ha sido muy generoso con nosotros</strong>. Hemos marcado el tiempo con el dulce sabor de la victoria. Hemos vencido al destino al encontrarnos en un momento determinado, en un lugar determinado. Somos producto del tiempo, por eso le damos el reconocimiento que se merece: al tiempo.<strong> Estamos sincronizados, ahora y para siempre. Te quiero</strong>".</p><p>Tristemente, <strong>quien visite la exposición del Reina Sofía no encontrará ninguna de estas obras</strong>. Sí algunos retratos escritos, instalados en los frisos de las salas, algunas cortinas de cuentas (el umbral y los elementos que lo perfilan aparecen una y otra vez), pilas de papeles muy elocuentes, varias guirnaldas de bombillas que logran transformar la sala —casi sin esfuerzo— en una pequeña verbena, alfombras de caramelos, un par de murales, pequeños puzles plastificados e instalados sobre la pared e incluso un vídeo que, aunque anunciado en una cartela, no se expone: <em>Additional Material</em> (ca. 1979).</p><p>Aunque estas obras representan bien muchos de los temas recurrentes del trabajo del artista (por ejemplo, una pieza constituida por dos espejos de cuerpo entero separados por una mínima cesura, estrecho espacio irreductible entre dos reflejos, alegoría de dos tumbas paralelas, soporte efímero de la imagen de pareja, etcétera) y en ellas se mantenga intacta la potencia poética y política de Gonzalez-Torres (la intimidad que logra generar un mero rectángulo delimitado con bombillas pasma al más escéptico), cabe preguntarse si la exposición, tan escueta en obras y tan desprovista de algunos trabajos fundamentales, logra saldar esa deuda que la propia institución reconoce.</p><p>También, si el diseño expositivo, que (afortunadamente, conste) nos permite <strong>deambular a nuestro aire sin restricciones </strong>y saltar de cartela en cartela sin imposiciones, consigue verdaderamente contextualizar y explicar adecuadamente la obra de un artista tan rotundo o si, como me temo,<strong> la muestra ha quedado convertida (muy a su pesar) en una gincana de recuerditos</strong>, en la que el visitante salta de pila de papel en pila de papel enrollando <em>memorabilia </em>sin detenerse a mirar qué recoge y haciendo dibujitos (corazones, nombres, muñecos) sobre las alfombras de caramelos con total indolencia. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jun 2026 04:01:55 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Museo Reina Sofía,Ferias y exposiciones,Arte]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El crítico fan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/critico-fan_1_2200561.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a278801d-ada2-42fc-8e2a-f0e511a8ba2b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El crítico fan"></p><p>No me lo negarán: pocas cosas tan seductoras como <em>un gran evento</em>. El "yo estuve allí", muesquita en el revólver, <strong>marchamo en el pasaporte de la aristocracia sociocultural</strong>. El galardón, conste, lo dan en todos los gremios: la tarde en que se retiró Morante, el día que Los Javis triunfaron en Francia o la noche en que Kaufmann biseó en Viena; usted escoja. </p><p>También, en cualquiera de los 27 conciertos históricos que lleva Rosalía esta temporada. Aunque su música no me interese, <strong>sigo sus progresos con verdadera devoción</strong>. <em>Si no fuera tan maravillosa</em>, me digo, <em>no tendríamos una crónica de cada estornudo</em>. Recuerdo los titulares. "Deslumbra", "resucita", "apabulla"; "El público entró en trance", "sus fans levitan". Créanme: con lo complicadísimo que es encontrar hueco en las páginas de Cultura, tiene mérito lograr que los grandes diarios te envíen corresponsales cada noche a ver si varías una corchea.</p><p>No me atreveré a cuestionar la pertinencia informativa del asunto (lo ignoro todo en esa materia), pero me interesa en el estilo de los textos resultantes. Crónicas inflamadas, relatos sobreactuados y excelentes ejemplos de esa termita que devora a la prensa cultural: <strong>el emotivismo</strong>. Menciono la gira de <em>Lux</em> por paradigmática, pero de ejemplos vamos sobrados. El otro día, los guasones de <em>El Mundo Today</em> resumían concisamente el estado de la cuestión: "Un avión lleno de críticos de cine aterriza en Cannes y el piloto recibe dos horas de aplausos". Con Bad Bunny a punto de aterrizar, tiéntese las ropas.</p><p>Entiendo la fascinación. En un oficio cada vez más irrelevante, y en muchas ocasiones tedioso, ¿quién no querría participar de los grandes acontecimientos de su tiempo?<strong> Ya que el jornal no da para pagar facturas, al menos que nos componga una biografía envidiable</strong>. Tiene lógica: en vez de tragarme la enésima novelucha de la subsección "realismo mágico", comprenderán que prefiera las pruebas de imprenta del próximo <em>Ulises</em>. Dicho así, no hay quien ponga un pero. Ir, ver y contar, labor periodística de manual. La cosa, sin embargo, se tuerce cuando a uno ya no le envían (o no va) a juzgar tal artefacto cultural, <strong>sino a participar en ese sucedáneo de lo religioso</strong> y lo turístico que llamamos "experiencia", denominador común de todos los productos de la industria cultural y sustituto de lo que hasta hace nada conocíamos como "obra de arte".</p><p>Clavadito en la memoria: "Oscar para Joaquin Phoenix, Joaquin Phoenix es Dios". Entre los oropeles y las lisonjas de un festival veneciano, ¿quién no se dejaría anonadar por el entusiasmo? ¡Pues los críticos, que para eso se les paga! Lo contrario sabemos a qué conduce: a ser incorporados en los mecanismos promocionales de una industria a la que no le interesan espectadores cualificados y autónomos, sino <strong>prescriptores embelesados indistinguibles de un </strong><em><strong>influencer</strong></em>. Un sujeto que "reaccione" a las películas, a los conciertos o a los libros con el mismo desparpajo que un <em>youtuber</em>: con grandes exclamaciones y consignas inflamadas destinadas a excitar la pulsión consumista de su parroquia en cualquiera de sus formas.</p><p>Puede que sea un agorero, pero sospecho que todos esos artículos que titulan sobre la serie del año, la película de la semana, lo descomunal, devastador, inmenso, soberbio que está tal o cual artista en su último bolo no hacen más que clavetear el bien sellado ataúd de la prensa cultural y de la independencia crítica. <strong>Mire adonde mire, solo veo anuncios</strong>.</p><p>Verán, uno de los argumentos que suelen usarse para detectar el conflicto de intereses es el de la direccionalidad. Si sobre tal fulano solo puedes escribir a favor (por amiguismo) o a la contra (por rencores), entonces es mejor que no escribas en ninguno de los sentidos. Propongo añadir una nueva clausula a este procedimiento: <strong>si tras asistir a un evento regresas con el culo hecho pesicola, mejor aléjate del teclado</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 May 2026 04:00:55 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El crítico fan]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Conciertos,Arte,Cine]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Sincretismo y pájaros: Omar Castillo Alfaro y la permeabilidad cultural en la Conquista de América]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/sincretismo-pajaros-omar-castillo-alfaro-permeabilidad-cultural-conquista-america_1_2197052.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2624d6a1-1672-4e05-88df-52f9d7391906_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sincretismo y pájaros: Omar Castillo Alfaro y la permeabilidad cultural en la Conquista de América"></p><p>Las águilas, al entrar en la cuarentena, se arrancan el pico y se despluman. En ello insiste la leyenda popular, por más que sea mentira. La historieta, bien mirada, tiene su hermosura: librándose de las viejas costras y de las uñas recrecidas, la rapaz descansa hasta que todo lo perdido aflore nuevamente. Luego, alzando el vuelo, goza de una segunda juventud.</p><p>Quienes acudan en la<strong> </strong><a href="https://salapicnic.com/" target="_blank"><strong>galería Picnic</strong></a><strong> de Madrid</strong> para visitar <em><strong>Amantecas</strong></em><strong> </strong>podrán creer que se internan en ese recoveco fabuloso donde las aves van a expurgarse. En su interior, siete bustos de pájaro resueltos en piedra penden del techo y las paredes. Sus picos, ensartados o enhebrados, rematan cadenas armadas con eslabones puntiagudos de perfil caligráfico. El suelo está cubierto de arena y la luz es azul.</p><p>En este ambiente pretendidamente onírico (la intención escenográfica es evidente) se desarrolla esta exposición de <strong>Omar Castillo Alfaro</strong> (México, 1991). La muestra se asienta sobre la mezcolanza de tradiciones estéticas y culturales del país de origen del artista, una hibridación que esta propuesta reivindica sin disimulos. "Si esa permeabilidad no existió", se pregunta el comisario Gabriel Pons Olives en el texto introductorio, "¿por qué Luis Meléndez introdujo la cerámica Tonalá en sus magníficos bodegones? ¿No impresionó al pontífice Clemente VII la mitra obrada en plumas que trajo un fraile dominico desde los talleres amantecas? ¿No escribió fray Bartolomé de las Casas […] que el arte plumario 'parece sin duda exceder todo ingenio humano'?".</p><p>Lógicamente, ni la exposición ni las obras pueden establecer una genealogía mínimamente completa de estas idas y venidas marcadas por el sincretismo, la inculturación, la violencia colonial y la innegable fascinación que debieron sentir los europeos por las artes que hallaron del otro lado del Atlántico; pero sí logra, mediante las muchas capacidades técnicas de Castillo Alfaro, proponer una <strong>discusión discreta sobre las implicaciones de esa "permeabilidad" que el artista rastrea en su propio árbol familiar</strong>, compuesto por artesanos de la arcilla, la cera, las plumas y la cantería.</p><p>El resultado es una experiencia estética que sucede en varios compases. El primero produce un cierto desasosiego. El visitante entra en una sala cianótica (hay filtros que cubren las ventanas y las lámparas), llena de bultos colgantes de garfios filosos. El suelo, enarenado, cede blandamente bajo los pies. El segundo es de una tímida fascinación. En la piedra, pulida a veces, desbastada otras, se entrevén las intimidades del mineral (alabastro, esteatita y obsidiana); el perfil de los aceros —a cuya fiereza nos hemos habituado— empieza a revelar sus dibujos. Para este momento, con el ojo ya aclimatado, el espectador repara en dos pequeños cuadritos fabricados con plumas. Uno de ellos, que dibuja el perfil de un personaje de manga (cada época tiene sus referentes), gravita sobre un gran lienzo dieciochesco que representa —a su vez— a un personaje emplumado. No es Quetzalcoatl, sino Sealtiel, un arcángel del montón que sujeta, en una de sus manos, un escudo en cuyo blasón adivinamos un látigo y unas cadenas. La inclusión es inteligentísima: de un lado, cierra y aterriza el discurso que vertebra la exposición con un ejemplo concreto (<em>facta, non verba</em>); de otro, añade el único elemento no fabricado por las manos del artista, que sirve de contrapunto temporal, material y autoral en la lógica de la muestra.</p><p><em>Amantecas</em> es una muestra sencilla pero hábilmente planteada, que nos ofrece un puñado de piezas plásticamente interesantes dentro de unas coordenadas discursivas estimulantes. Termina con un giro inesperado: al salir de la galería, con el ojo atiborrado de azul, el mundo le resulta a uno groseramente anaranjado. <strong>En pocas ocasiones se topa uno con una escenografía eficaz</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 May 2026 04:01:01 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Daniel Jacoby en la galería Maisterra: aves de mal agüero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/daniel-jacoby-galeria-maisterra-aves-mal-aguero_1_2193315.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/806c2bbc-d7a4-4909-8207-c3e078b8e86d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Daniel Jacoby en la galería Maisterra: aves de mal agüero"></p><p>"Los clubes elegantes", escribe Bourdieu, "protegen su homogeneidad sometiendo a los pretendientes a unos procedimientos muy estrictos: acta de candidatura, recomendación […], pagos de derechos de entrada a veces extremadamente altos. En realidad, <strong>sería inútil tratar de determinar si las reglas formales que sirven sobre todo para proteger al grupo frente al exterior</strong> —no tanto frente a las otras clases, excluidas de antemano, como frente a las otras fracciones de clase o frente a los advenedizos de la propia fracción— están hechas para disimular la arbitrariedad de la elección o si, por el contrario, <strong>la arbitrariedad pregonada, que deja a un tacto indefinible el cuidado de la elección</strong>, está hecha para disimular las reglas oficiales".</p><p>Recordé esta cita de <em>La distinción </em>mientras veía <em>Gallinazo</em> (2026), el vídeo que vertebra la exposición <a href="https://maisterra.com/exhibitions/55-daniel-jacoby-cathartes/" target="_blank"><em><strong>Cathartes</strong></em></a><a href="https://maisterra.com/exhibitions/55-daniel-jacoby-cathartes/" target="_blank"><strong> de Daniel Jacoby (Lima, 1985) en la galería Maisterra</strong></a>. La pieza escoge un mismo emplazamiento —un club, con sus sombrillas de paja, sus tumbonas adocenadas, sus personajes bronceados y sus embarcaciones de pitiminí— como escenario de un relato diacrónico: <strong>tres etapas de la vida del narrador y las andanzas de un naturalista europeo empeñado en clasificar la flora y fauna de aquella provincia alejada del imperio.</strong></p><p>"Un lugar. El mismo lugar. El mismo lugar al que viniste ayer, anteayer y el día anterior. El mismo lugar al que has venido casi diariamente desde que tienes uso de memoria". La salmodia hace de preámbulo en cada episodio: la niñez idílica, la juventud y sus azares y la madurez,<strong> momento en que descubre la presencia ominosa de un gallinazo, un ave carroñera cuya aparición desconcierta a los burgueses</strong> (el avistamiento coincide con el desclasamiento del protagonista, que regresa como <em>invitado</em>). Después, la narración se retrotrae unos siglos. Recién desembarcado, un botánico se desploma en la playa. <strong>En su agonía, recibe la visita del dichoso buitre americano </strong>(otro de los nombres con los que se conoce al pajarraco). Vendrá a devorarme, se dice el estudioso; pero el ave despliega una facultad inesperada y neutraliza las toxinas que enferman al erudito.<strong> "No se alimenta de la muerte, sino que la purifica"</strong>. (¿Qué será eso?). Sorprendido por el hallazgo, el naturalista se entristece: querría enmendar la descripción de la especie, pero sus notas ya viajan rumbo a Europa y el malentendido quedará fijado en la bibliografía científica.</p><p>Con un montaje ambiguo, en el que se entremezcla el punto de vista del narrador con el del pájaro, <strong>el vídeo de Jacoby explora, mediante la reiteración y la metáfora, las fricciones que los caprichos de la burguesía</strong> (la playa privada, el velerito, la grosera reproducción social del capital) causan: una membresía que valga la pena debe ser exclusiva; es decir, debe negársele a muchos. Y es ese límite, necesariamente existente,<strong> el que se hace evidente cuando aparece en escena </strong><em><strong>algo que no debiera estar aquí</strong></em>; algo que, como sucede al final del metraje, nos arrastra a <em>las afueras</em> con él.</p><p><em>Cathartes</em> (el título está tomado de la taxonomía del animal) <strong>también puede leerse como una réplica a </strong><em><strong>Los gallinazos sin plumas</strong></em><strong> (1955)</strong>, célebre cuento de Julio Ramón Ribeyro protagonizado por dos chiquillos a los que su abuelo obliga a recolectar basuras —de los contenedores de los barrios ricos y en los vertederos— <strong>con los que alimentar al voraz cerdo familiar</strong>, único destinatario de los desvelos del viejo, al que acabará merendándose. También los niños actúan en un ámbito fronterizo: <strong>"la hora celeste",</strong> <strong>las inmediaciones del alba en la que los noctámbulos corren a casa "envueltos en sus bufandas y en su melancolía"</strong> y las beatas "se arrastran" hasta las iglesias buscando su dosis de espiritualidad. La exposición se completa con un conjunto de cinco esculturas de bronce que representan —muy libremente— al pájaro de marras. El display es decididamente efectista: <strong>instaladas sobre pedestales elevados, un foco las ilumina teatralmente</strong>. Además, el interior de la galería está forrado con rafia azul.</p><p>Aunque la propuesta de Jacoby me resulte interesante (especialmente el vídeo, no sé qué tal funcionarían las esculturas sin tanto artificio), <strong>me pregunto en qué clave propone el artista que leamos su obra</strong>: en si, al llenar el burguesísimo espacio de la galería (de esta o de cualquiera) con rapaces aficionadas a los desechos, está emparentando al visitante con los socios de aquel club tan <em>fancy</em>. <strong>Esta osadía me parecería elogiable</strong>. Porque, por más que en su relato el gallinazo sea un ave prodigiosa, en la naturaleza (y sin literatura) actúan como cualquier buitre.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[386aa029-6e10-4cd6-aca2-5dd857a7160d]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 May 2026 04:00:52 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Daniel Jacoby en la galería Maisterra: aves de mal agüero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Ferias y exposiciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué está pasando con la Bienal de Venecia?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/pasando-bienal-venecia_1_2189798.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/90e08716-da72-4909-b232-17e3074a0e13_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué está pasando con la Bienal de Venecia?"></p><p>Aunque su inauguración está prevista para el 9 de mayo, hace días que tenemos noticias sobre qué encontrarán los visitantes de la sexagésima primera edición de la <strong>Bienal de Venecia</strong>. Lo sabemos, claro, porque no hay director de museo, jefe de suplemento, comisario de renombre, galerista con posibles o coleccionista ambicioso que no haya desembarcado en la ciudad de los canales a comienzos de semana para asistir a los fastos previos a la apertura oficial. En el mundo del arte vale la consigna de la granja: "Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros".</p><p>La Bienal es un evento singular. Fundada en 1895, su estructura responde a una concepción nacionalista del arte: cada país participante tiene un pabellón (una <em>embajadita</em>) desde el que mostrar al mundo las excelencias del arte patrio. El modelo, como sospecharán, viene mostrando fatiga de materiales desde hace décadas, aunque sus patologías parecen haberse agudizado en esta edición a causa de una tormenta perfecta. Al inesperado fallecimiento de <strong>Koyo Kouoh</strong>, comisaria encargada del pabellón central (exposición considerada el <em>plato fuerte</em> del programa), se le han sumado otras deserciones imprevistas: la<strong> incomparecencia del representante iraní </strong>(anunciada este lunes) y la <strong>dimisión en pleno del jurado que debía conceder el León de Oro </strong>—premio autóctono al mejor pabellón— acontecida nueve días antes de comenzar el evento. ¿La razón? <strong>Sus miembros se negaron a valorar las propuestas de países sobre cuyos líderes pesan órdenes de detención emitidas por la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad</strong>. La objeción fue desechada por el presidente de la organización, <strong>Pietrangelo Buttafuoco</strong>, escritor de querencias extremoderechistas y autor de la edificante novela <em><strong>Los cinco funerales de la señora Göring</strong></em>, donde se narra la preciosa historia de amor entre el <em>reichsmarschall</em> y su primera esposa. Entre los jurados dimisionarios figura, por cierto, una española: <strong>Elvira Dyangani Ose</strong>, directora saliente del MACBA y reciente fichaje de la Bienal de Arte Público de Abu Dabi, conocido paraíso de los derechos humanos.</p><p>La controversia ha sido respondida por los aludidos con los resortes habituales. Lloriqueos del representante israelí ("Deberían tratarme como a un artista en igualdad, y no deberían discriminarme por mi raza, por ser judío, ni por mi nacionalidad o pasaporte. Tienen que verme como soy. Soy un artista que quiere mostrar su arte, y tengo derecho a ser evaluado") y la defensa de Rusia por la boca ajena del propio Buttafuoco, a quien la inclusión de los enviados de Putin (recordemos, esto es un certamen de propaganda nacional con barniz artístico) le parece una oportunidad maravillosa para celebrar la libertad artística. La jugada no parece haber causado mucho entusiasmo ni en el Gobierno italiano ni en la Comisión Europea, que ha amenazado con retirar la subvención millonaria que presta para su mantenimiento.</p><p><strong>Ninguna de estas polémicas parece haber desanimado a los convidados a la fiesta</strong>, que se están dejando fotografiar con el entusiasmo acostumbrado por los Giardini y el Arsenale (lugares en los que se emplazan los pabellones) y a través de cuyas publicaciones en redes sociales nos enteramos de que, por ejemplo, los austríacos han llevado una propuesta en la que una mujer se cuelga del interior de una campana para alertar —tolón tolón mediante— de la subida de los mares que, a cuenta de la crisis climática, terminará por sumergir la ciudad. El repiqueteo se completa con otra performance en la que <em>performers</em> desnudas bucean en un tanque lleno con orina reciclada proveniente de las vejigas de los visitantes: "Una metáfora de un orden global que deja a los vulnerables como residuo del poder". Imagino que el requiebro habrá conmocionado a los tantísimos VIPs que estos días atiborran una ciudad apolillada por el turismo (por más de pitiminí que sean sus visitantes): seguro que la huella de carbono que han causado entre todos de camino a la cita ineludible (también la de Florentina Holzinger, encargada de este proyecto agitaconciencias) les habrá quitado el sueño, por más mullidas que sean las almohadas en los hoteles multiestrellados.</p><p>Suma y sigue. Al pabellón ruso han respondido las <strong>Pussy Riots y Femen</strong>, cantando con el dedo levantado al grito de <strong>"Disfruta del show e ignora el mundo"</strong>. Combatir el espectáculo espectacularmente, apagar el fuego con fuego. Pero quedan esperanzas: cuando parecería que el modelo está al borde del colapso, nos enteramos de que hay nuevos candidatos para apuntalarlo. El Gobierno vasco está esforzándose por conseguir su propio espacio, privilegio del que ya gozan los representantes catalanes. Con tantas buenas intenciones podemos augurar una larga vida al bienalismo, quintaesencia del noble quehacer del bombero-pirómano.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 May 2026 04:00:45 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué está pasando con la Bienal de Venecia?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Venecia,Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aurèlia Muñoz en el Reina Sofía, una retrospectiva sesgada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/aurelia-munoz-reina-sofia-retrospectiva-sesgada_1_2186429.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8e099890-0540-40e8-80ba-368e4fa27819_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aurèlia Muñoz en el Reina Sofía, una retrospectiva sesgada"></p><p>Coincidiendo con el centenario de su nacimiento (qué nos gusta una efeméride), el Reina Sofía acaba de inaugurar <strong>“la retrospectiva más ambiciosa” </strong>jamás dedicada a Aurèlia Muñoz (Barcelona, 1926-2011). La muestra, coproducida con el MACBA, <strong>podrá visitarse hasta comienzos de septiembre</strong>, fecha tras la cual emprenderá viaje hacia el museo barcelonés.</p><p>En su planteamiento, <em>Entes</em> es una exposición conservadora: propone un repaso cronológico y temático por las distintas etapas del trabajo de Muñoz a través de un centenar y medio de obras, <strong>dispuestas en un recorrido en el que se alternan trabajos monumentales con otros más discretos</strong> (como maquetas, dibujos o fotografías producidas como documentación de sus procesos artísticos).</p><p>La propuesta comienza con una selección de tapices fechados en las inmediaciones de la década del sesenta, muy deudores de una estética medieval (la artista, leemos, sintió una revelación frente al tapiz de la Creación de la catedral de Girona), <strong>del estilo de Paul Klee y del constructivismo de Joaquín Torres-García</strong>. Tras estos trabajos –de un colorido magnético y de una composición elegantísima–, Muñoz iría desligándose paulatinamente de una concepción del textil como “pintura de aguja” hacia una decidida tridimensionalidad –aquí llamada “escultura anudada”–: <strong>volúmenes formidables armados con fibras trenzadas que levitan en mitad de la sala</strong>.</p><p>En los ochenta, la artista concibió su gran serie de los <em>pájaros-cometa</em>: <strong>unas esculturas “voladoras” cuyo perfil recuerda a ciertos dibujos de Leonardo </strong>y que, suspendidas, transmiten una gracilidad embaucadora. La muestra incluye la reconstrucción de algunas de las maquetas preparatorias (los originales se perdieron), elaboradas para la ocasión por el taller de conservación y restauración del MACBA siguiendo la documentación existente sobre ellas (que por más que sean reproducciones, son maravillosas). <strong>Finalmente, la exposición concluye con un conjunto de piezas realizadas en papel</strong>: dibujos, exploraciones formales en torno a la idea de libro (algunos, con las páginas abiertas como si fueran un gran erizo; otros que saltan por los aires; e incluso algunos que, desencuadernados, exhiben sus pliegos formando como una barrera)<strong> y ejercicios en los que las páginas –rasgadas y pintadas–</strong> adquieren el aspecto de una escama o el del cuerpecito de algún animal marino.</p><p>La pertinencia de una exposición como <em>Entes</em> <strong>parecería estar fuera de toda duda</strong>. Y no es porque Aurèlia Muñoz necesitase ningún “rescate” (afición institucional un tanto odiosa, casi tanto como la de ufanarse por apuntarse “la primera exposición” de alguien): <strong>durante su vida, la artista gozó de una notable atención </strong>(considerando, claro, las limitaciones impuestas que sufrían las mujeres de su época). Por ejemplo, sus <em>pájaros-cometa</em> se mostraron en una exposición individual acontecida en el Palacio de Cristal. <strong>Tras su muerte, su obra tampoco ha dejado de mostrarse</strong>, valga mencionar la colectiva en la que la incluyó el MoMA, que guarda algunas de sus piezas en colección. También el contexto patrio, <strong>la galería madrileña José de la Mano,</strong> le ha dedicado un par de muestras en los últimos años. Con todo, y teniendo la percha del redondísimo cumpleaños, se agradecen las pretensiones de una retrospectiva que logra, capítulo a capítulo, ofrecernos <strong>una buena selección de obras articuladas en capítulos redondos y accesibles</strong>: lo aéreo, lo marino, la escultura anudada, el taller y los libros.</p><p>Más preocupante me parece, sin embargo, <strong>el indisimulado entusiasmo que trasluce en los textos </strong>que instruyen al lector en cada una de estas secciones, porque pareciera que los comisarios (Manuel Cirauqui, Rosa Lleó y Sílvia Ventosa, hija y responsable del archivo) prefieren ejercer como admiradores. Algunos apuntes son claros a este respecto: la artista se nos presenta como alguien <strong>“autodidacta e intuitiva”</strong> que, sin embargo, estudió técnicas textiles en la Escuela Massana de Barcelona; o que desde joven “mostró una profunda sensibilidad hacia la naturaleza” y<strong> hacia “los derechos vitales” de las piedras, las aves o los árboles</strong>. Los “bordados de los años setenta reinventan la pintura”, suma y sigue. Luego, la cosa empeora: hay esculturas anudadas que “desafían la noción de unidad ontológica” y otras que (uno diría que como cualquier obra geométrica) <strong>conforman una “cosmología poblada por figuras plurales sin género definido que desafían el binarismo”</strong> y otras que, como “personajes a medio camino entre lo humano y lo animal habitan un espacio interespecie”. Por buena que sea, <strong>no se me ocurre ninguna obra que pueda estar a la altura de semejantes exigencias metafísicas.</strong></p><p>Además, la documentación y las cartelas establecen machaconamente en una doble aurificación de las piezas: la artista no solo hizo el objeto, también los materiales que lo componen. Aquí y allá se nos insiste:<strong> “papel hecho a mano por la artista”,</strong> <strong>“cuerdas teñidas por la artista y guijarros”</strong>, suponemos que encontrados por otros. Esta fetichización de los procesos contrasta con una de las consignas que atraviesan el planteamiento curatorial: la de que el trabajo de Aurèlia Muñoz “<strong>trasciende con creces los ámbitos del arte textil</strong> y la artesanía contemporánea”, condición que debe parecer pobre a los comisarios salvo cuando los mismos métodos de colado o teñido son realizados por un artista capaz de transmutarlos.</p><p>Ya ocurrió con la exposición de Maruja Mallo, cuando nos la presentaron como una señora con querencias <a href="https://www.instagram.com/reels/DQt21_qjdxV/" target="_blank">“ecofeministas”</a>. Entiendo el noble afán de vincular a artistas a los que admiramos con<strong> preocupaciones del presente para así mantenerlos vigentes</strong>, pero en pocas ocasiones esto funciona más allá de la consigna publicitaria o de la interpretación interesada. En una entrevista reciente, Ventosa reconocía que su madre jamás se había considerado feminista, por más que le podamos suponer tal ideología. <strong>Ignoro si le interesó la gresca ontológica, pero sospecho que tanta farfolla nos distrae del verdadero potencial plástico </strong>y semántico que se despliega, eso sí, en la pura materialidad de su obra. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 May 2026 04:01:45 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Aurèlia Muñoz en el Reina Sofía, una retrospectiva sesgada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Ferias y exposiciones,Museo Reina Sofía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Artista, diga “patata”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/artista-diga-patata_1_2182708.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/130620c1-e733-4429-8c62-04052b2eed0a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Artista, diga “patata”"></p><p>En 1827, Joseph Nicéphore Niépce arrimó una cámara oscura a una ventana. Quitó la tapa del objetivo y dejó que el invento funcionara ocho horas. Al terminar, extrajo de su interior una placa metálica recubierta de betún. Sobre su superficie, la exposición prolongada había fijado el perfil de unos edificios y un paisaje brumoso.</p><p>Puede que la foto en cuestión (<a href="https://fr.wikipedia.org/wiki/Point_de_vue_du_Gras" target="_blank"><em>Point de vue du Gras, en francés todo sueaa chic</em></a>) no impresione mucho, pero créanme: <strong>esa imagen imprecisa y fantasmagórica cambió para siempre la historia del arte</strong>. Algunas de sus consecuencias son más o menos evidentes: al disponer un nuevo invento capaz de retratar marquesas y burgueses, los pintores se vieron liberados de la tediosa tarea de fijar el rostro de los poderosos para la eternidad y pudieron dedicarse a sus experimentos. Pero, sobre todo, la popularización de la imagen fotográfica supuso un doble cambio en el régimen de la visión. De una parte, porque la cámara (cuyo "modo de ver" se parece bastante al del ojo humano) destapó un engaño que las bellas artes habían practicado durante siglos: <strong>el mundo no está tan enfocado como en los cuadros de Brueghel o Velázquez</strong>. De otra, porque la fotografía amplió los márgenes de lo representable: pobres, lugares destartalados y hechos intrascendentes se sumaron al repertorio de fotógrafos aficionados y profesionales. </p><p>Como imaginarán, los artistas del siglo XIX se pirraron por esta novedad técnica, y ellos mismos se apresuraron a colocarse frente a cuanta lente encontraran. Una<strong> exposición en el Museo del Prado</strong> recupera algunas de estas imágenes, procedentes de los fondos del museo. <a href="https://www.museodelprado.es/actualidad/exposicion/el-universo-del-artista-ante-la-camara/b581a759-4ab0-b459-f3d4-8168c84923f2" target="_blank"><em>El universo del artista ante la cámara</em></a><em>: retratos, estudios y creación artística en la segunda mitad del XIX y primeras décadas del XX</em> da lo que promete el título: multitud de pintores haciendo de sí mismos, con poses en general afectadas o calculadamente contestatarias. Algunas tienen detalles entre tiernos e irritantes, como la enorme aglomeración de personajes retratados en el gabinete de Ángel Alonso Martínez, en el que un montón de señores con cara solemne posan junto a una reproducción del <a href="https://www.museivaticani.va/content/museivaticani/es/collezioni/musei/museo-pio-clementino/Cortile-Ottagono/laocoonte.html" target="_blank">Laocoonte</a> y unos pinceles: que se note el oficio (en el marco de papel, alguien ha dibujado la pose de Raimundo Madrazo, para que se le distinga). </p><p><strong>La excentricidad de estos bohemios es otra de las constantes de la exposición</strong>, como evidencia el grupito de artistas españoles retratados en Roma, que alternan sombreros de copa con túnica, capucha y boina; o esa tarjeta en la que los pintores Jaime Morera y Agustín Lhardy salen disfrazados de cocineros. </p><p>Más allá de la foto grupal, el otro gran asunto de la muestra es el tema de "<strong>el artista en su taller</strong>", tropo bien explorado en la historia de la pintura que ahora viene a representarse en la fotografía, sabiendo que la escenografía resultaría más verosímil al que la contemplase porque, como se sabe (y la de problemas que esto nos ha traído) <strong>una imagen vale más que mil palabras</strong>. Concebido hasta bien entrado el siglo XX como una suerte de gruta de las maravillas o una caverna de las musas, el taller del artista debía reunir cuanto artefacto necesitase el artífice para "dopar" su inspiración. Algo así parecen ilustrar las fotografías que componen esta sección: el orientalizado estudio de Fortuny o el gran salón de Madrazo presidido por un globo terráqueo. <strong>Los escultores, sin embargo, prefieren ser cogidos con las manos en la masa</strong>. Así aparece Agustín Querol rematando el frontón de la Biblioteca Nacional, o Miguel Blay. Quizás, la imagen más curiosa y autoconsciente de todas sea la de <strong>la pintora María Luisa de la Riva en su estudio de París</strong>, quien, para reivindicarse contra las acusaciones de "aficionada", se hace retratar rodeada de caballetes, con la paleta cruzada en la mano, el tiento en ristre y expresión ensimismada. </p><p><em>El universo del artista ante la cámara</em> es una exposición diminuta (ocupa apenas la sala 60 del museo, dedicada a estas exhibiciones de los fondos del XIX) pero realmente interesante: <strong>nos muestra un buen puñado de documentos que reflejan bien el espíritu de una época </strong>en la que los modos de mirar, de representar y de ser representado comienzan a cambiar. Un instante en el que señores con bigotes imposibles posan con el semblante de un personaje de Tiziano; mientras, otros tantos, hacen morisquetas.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Apr 2026 04:01:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Artista, diga “patata”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Fotografía,Museo del Prado]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Regina Silveira, perfil y sombra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/regina-silveira-perfil-sombra_1_2178912.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fa2b4cf3-6982-4bc3-8501-9b53cace84e6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Regina Silveira, perfil y sombra"></p><p>En su <em>Tratado de la pintura</em>, <strong>Leonardo da Vinci</strong> dedica un epígrafe a<strong> "las sombras que no concuerdan con el objeto iluminado"</strong>. "Todos los cuerpos envían su semejanza por todo el aire circundante, como es probado por la perspectiva". Aunque la prosa nos suene literaria, el <em>Tratado</em> es un libro esencialmente técnico, que enseña a los neófitos <strong>cómo representar "correctamente" el mundo según las reglas (exactas y matemáticas) de la "ciencia de la pintura"</strong>. El propósito parece benigno, pero hay que desconfiar de cualquier proyecto totalizador. Uno contempla cualquiera de esas ciudades ideales que tanto gustaban en el <em>Quattrocento</em> y se dice: claro, así es el mundo. Pregúntense, sin embargo, cuántas veces han visto que las calles de algún villorrio (por más que lo hayan diseñado con escuadra y cartabón) converjan tan ordenadamente en un punto de fuga. O cuándo se ha topado con un paisaje que se parezca en su estructura al que representan los pintores. La perspectiva (siento ser yo quien les dé la noticia) es, como cualquier otra convención representativa, una imposición sobre el mundo:<strong> una arbitrariedad</strong>. Un intento por establecer una ortodoxia en la mirada.</p><p>Pensaba en cómo habría encajado el buen Leonardo las obras de <strong>Regina Silveira</strong> (Brasil, 1939) que se reúnen en <em><strong>Timeline</strong></em>. La exposición, elegantísima, que puede verse en la madrileña <strong>galería La oficina</strong> hasta el <strong>9 de mayo</strong>, reúne una selección de trabajos fechados entre 1980 y 2025 y nos brinda la oportunidad de acercarnos a una creadora poco divulgada en el ámbito patrio. Volviendo al pintor florentino, la referencia no es caprichosa. Valga decir que la artista llegó a España en 1967 trayendo en la mochila una sólida formación como pintora y grabadora. Venía a proseguir su camino riguroso como estudiante de la <strong>Real Academia de Bellas Artes de San Fernando</strong>, donde cualquier modernez ha de dejarse en las taquillas. Sin embargo, mucho pasó desde entonces, como puede apreciarse en los trabajos de esta muestra. En casi todos predomina un uso de la sombra y la silueta, entre juguetón y contestatario.</p><p>Lo notamos, por ejemplo, en <em>Secret</em> (1997), unas cajas de madera sobre las que se ha dibujado una mano negra que recubre parte del frontal y de la tapa. Dispuestas entreabiertas, el espectador descubre que en su interior la expresión se bifurca: en el exterior, el gesto es plano; dentro, una peineta, unos cuernos o unos dedos cruzados. El motivo de las manos negras se repite en varios de los trabajos. Por ejemplo, en el enorme vinilo <em>Touch #1, 2, e 3</em> (2021), en el que se reproducen las palmas como entintadas, apretadas con gran fuerza contra la pared. También en los fotograbados <em>Plugged 1 y 3</em> (2011): dos manos oscuras, de un negro profundísimo, accionan un interruptor y sostienen una bombilla.</p><p>Volviendo a las sombras, en esta exposición las encontramos en dos vertientes. De una parte, el juego de perspectivas forzadas, en las que un elemento colocado sobre un fondo blanco e iluminado con una luz imperiosa deja tras de sí una silueta histriónica (<em>Símile 1, 3, 4</em>, 1983). De otra, aquellos en los que se pierde el referente: una tenaza que produce un peine (<em>ENIGMA III</em>, 1996) o unas zapatillas que dejan tras de sí el perfil de unas tenazas (T<em>opo-sombra 2</em>, 1983). Pero la artista no solo practica estas deformaciones y sustituciones como un ejercicio formal; también como instrumento de crítica política: personajes uniformados o trajeados que dejan tras de sí un rastro ominoso, a veces el propio (<em>Os grandes, serie dilatáveis</em>, 1981) y otras simbólico, como en <em>ENCUENTRO</em> (1991) en el que un corrillo de lo que suponemos líderes políticos o económicos aparece rodeado de los perfiles gigantescos de un tornillo, varias sierras, un sacacorchos, unas tijeras, un revólver y un tirachinas. (Mirando estas piezas, uno recuerda —aunque sea como contraparte— las <em>Auras anónimas</em> de Beatriz González).</p><p>Esta vertiente crítica también se manifiesta en los dos cuerpos de obras que completan la exposición. En el díptico <em>São Paulo turístico</em> y <em>Madrid turístico</em> (2025) la metáfora es clara: montañas de coches desguazados se superponen sobre dos imágenes típicas de la ciudad. En las protagonizadas por insectos se entrevé el contexto, aunque nos lo confirma una anécdota: la artista propuso para la Bienal de São Paulo una proyección en la que una mosca recorriera incansablemente la fachada del edificio de Niemeyer. Previsiblemente, la organización se negó.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[bdd5adc4-b1b3-4341-8b21-d8dd31eb6ce9]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Apr 2026 05:50:07 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Regina Silveira, perfil y sombra]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Ferias y exposiciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El 'Guernica' trashumante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/guernica-trashumante_1_2174893.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3ab0920a-d150-4ad4-ae0c-10ad1e4e3c50_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El 'Guernica' trashumante"></p><p>Acaloradísimo debate a cuenta de un cuadro: esto no se ve todos los días. Lo habrán leído: el <a href="https://www.infolibre.es/politica/gobierno-vasco-insiste-guernica-sacaron-franco-tumba-no-son-capaces-traer-cuadro_1_2172985.html"  >Gobierno Vasco quiere que le presten el ‘Guernica</a>’. Otra vez. Ibone Bengoetxea, vicelehendakari y consejera del ramo, ha pedido al ministerio de Cultura que les explique "cuáles serían las condiciones óptimas para que pudiera venir a casa". Los conservadores del museo, raudos y veloces, han respondido lo mismo que en 1987, 2004 y 2007: que <strong>esas condiciones no existen.</strong></p><p>La precariedad de la célebre obra de Picasso se conoce desde 1957, año en el que el MoMA —donde entonces estaba alojado— acordó con el propio artista dejar quietecito el cuadro no sea que, al terminar la dictadura, no hubiese nada que devolver a España. Demasiados viajes: <strong>don Pablo lo pintó en 1937 a petición de la República</strong>, que quería exhibirlo en el pabellón español de la Exposición Internacional de París con la intención de recabar el apoyo internacional en su guerra contra los sublevados. Clausurado el evento, la obra partió hacia destinos escandinavos (Paul Rosenberg, marchante de Picasso, lo incluyó en una exposición itinerante en la que también participaron Matisse y Braque). De ahí, a Inglaterra (a la búsqueda de financiación para el Comité de Ayuda a los Refugiados Españoles), Francia, Estados Unidos (San Francisco, Chicago, Nueva York, Filadelfia, Columbus, Cambridge…), Brasil (para la Bienal), Italia (retrospectiva milanesa), tourné centroeuropea (Alemania, Bélgica, Paises Bajos y Dinamarca) y regreso a las américas. Finalmente, <strong>en 1981, el cuadro llega por primera vez a España</strong> y se expone en el Casón del Buen Retiro (dependiente del Museo del Prado) hasta su traslado definitivo al Reina Sofía, donde reside desde 1992.</p><p>Viendo el periplo, me pregunto a qué "casa" se refiere la vicelehendakari. ¿Al MoMA? Pues miren, también les dieron nones cuando lo solicitaron en el 2000. Lo mismo al Royal Ontario Museum en 2006, al Grupo Fuji (sí, la cadena de televisión) en el 2009 o al Gwangju Museum of Art (sito en Corea del Sur) en 2012, como puede <strong>comprobarse en el </strong><a href="https://recursos.museoreinasofia.es/Colecci%C3%B3n/PETICIONES_GUERNICA%20.pdf"  ><strong>histórico de peticiones</strong></a> publicado por el Reina Sofía. También, en la web del museo pueden consultarse los estudios de conservación de la obra acompañados con imágenes en rayos X, luz ultravioleta e infrarroja y luz visible en altísima resolución (ampliando, se ve hasta la trama del lienzo).</p><p>Más allá de si el cuadro soportaría un enésimo traslado (los restauradores <a href="https://www.infolibre.es/cultura/arte/cultura-rechaza-trasladar-guernica-obligacion-garantizar-proteccion_1_2173893.html"  >tienen claro que no</a>) por más que esta vez no se lo enrolle (así es como ha viajado siempre, dadas sus dimensiones colosales), conviene preguntarse por qué tendría que prestarse el <em>Guernica</em> para que lo colgasen en el Guggenheim (es decir, a treinta y cinco kilómetros de la villa bombardeada). Como decíamos, <strong>la única relación que tiene la obra con la localidad vizcaína es el tema</strong>. Por lo demás, la cabriola es elocuente: fue pintada por un malagueño afincado en París por encargo de un dramaturgo hispanomexicano (Max Aub) —empleado en el servicio diplomático de la Segunda República— con el objetivo de contribuir al esfuerzo propandístico-bélico en un evento internacional ocurrido en la capital de Francia. Quiero decir, no dista mucho de lo que el <em>Carlos V en la batalla de Mühlberg</em> de Tiziano tenga que ver con Brandeburgo, o el <em>Juramento de los Horacios</em> con las peleas por lindes en el Lacio. </p><p>"Sería una buena forma de avanzar en la <strong>reparación al pueblo vasco</strong>; a la memoria democrática", declaró el lehendakari Pradales, justo antes de rematar su arenga con una perfecta estupidez: "¿Sacaron a Franco de su tumba y no son capaces de traer el <em>Guernica</em> desde Madrid?". Si pasamos por alto las butades (y en esta trifulca las hay a paladas), parecería se está jugando tramposamente la carta de "los mármoles del Partenón": reclamar un bien expoliado que en justicia les pertenece. La treta es grosera, pero no nueva: en 2007, <strong>Juan José Ibarretxe ya le solicitó al ejecutivo de Zapatero que el cuadro les fuese donado</strong> <strong>"para siempre"</strong> y que el Gobierno se disculpase por las tropelías de los sublevados. Recordando, como recordamos, el asuntillo del Pacto de Santoña, mejor no ponerse estupendos.</p><p>Con todo, y por aclararnos en este maremágnum de dimes y diretes, convendría aclarar cómo funciona el espinoso asunto de los préstamos institucionales, porque parecería que estos trámites se resuelven en una reunión entre políticos, que si están de humor levantan el teléfono y obligan a la institución de turno a pasar por el aro. El procedimiento habitual es tal que así: el solicitante motiva su petición, que ha de llegar en tiempo y forma (habitualmente, no menos de seis meses) al prestador. Se reúne el patronato o la instancia que corresponda, que <strong>evalúa la solicitud atendiendo a la pertinencia</strong>, a si la sala receptora cumple con las necesidades de conservación y seguridad que la pieza requiere, al propio calendario de la institución y a su política de préstamos. Con todo ello, los conservadores emiten un dictamen que sirve para motivar la decisión. Servidor, en sus andanzas curatoriales, ha recibido calabazas de museos arqueológicos, centros de arte contemporáneo, colecciones privadas y museos de bellas artes por las razones más diversas: a veces, porque íbamos con demasiadas prisas, otras porque el proyecto no justificaba —a juicio de los prestadores— el roto que les hacíamos. Además, no todas las obras son susceptibles de ser prestadas. <strong>El Louvre no presta </strong><em><strong>La Gioconda</strong></em><strong> ni El Prado </strong><em><strong>Las meninas</strong></em>, por más que el transporte no les fuese a causar desperfectos. Siendo que el Reina Sofía se ha construido en torno a esta obra insignia, se comprende que no les haga ilusión empaquetarla y mandarla de paseo.</p><p>Hasta donde sé, los responsables de exposiciones del Guggenheim (qué nombre poco euskaldún, ya que estamos) <strong>no se han comunicado con sus colegas</strong> <strong>del Reina Sofía</strong>, así que parecería que los responsables del Gobierno autonómico están exigiendo al ministro Urtasun que fuerce a una institución autónoma a proceder en contra de los criterios de sus conservadores y resuelva deliberaciones del patronato mediante un ordeno y mando. Todo para celebrar los noventa años del primer gobierno vasco (evento extraartístico, no me negarán) y adelantarse al aniversario de los criminales desmanes de la Legión Cóndor. Malas maneras para una operación que se engalana con tanta farfolla democrática.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Apr 2026 19:56:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El 'Guernica' trashumante]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[País Vasco,Cultura,Museo Reina Sofía,Museos,Guggenheim Bilbao]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cultura rechaza trasladar el 'Guernica' porque su obligación es garantizar su protección]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/cultura-rechaza-trasladar-guernica-obligacion-garantizar-proteccion_1_2173893.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2c946e4d-5198-4fff-af78-fd001d5d7be3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cultura rechaza trasladar el 'Guernica' porque su obligación es garantizar su protección"></p><p>El titular de Cultura, <a href="https://www.infolibre.es/temas/ernest-urtasun/"  >Ernest Urtasun</a>, ha asegurado este martes que su obligación como ministro es <strong>garantizar la protección del patrimonio</strong>, para lo que “hay que escuchar siempre a los técnicos” y <strong>garantizar que el </strong><em><strong>Guernica</strong></em><strong> de Pablo Picasso “pueda cumplir 90 años más”</strong>.</p><p>“En cuestiones como esta, hay que escuchar siempre a los técnicos y particularmente a aquellos que llevan más de 30 años cuidando la obra para conservarla como es debido”, ha dicho Urtasun en la sesión de control al Gobierno en el Senado.</p><p>Urtasun ha asegurado que su “obligación como ministro es garantizar el acceso a la cultura, pero también garantizar la protección del patrimonio” y preservar la integridad del cuadro para que “pueda cumplir 90 años más y que <strong>siga explicando a las generaciones futuras el horror de la guerra y del fascismo que Picasso quiso denunciar</strong>”.</p><p>El ministro ha señalado que su intención es<strong> “mostrar respeto institucional y empatía”</strong>, y ha reconocido que la petición “representa para Euskadi una demanda importante”, así como ha señalado que es partidario de “acercar el patrimonio a la ciudadanía cuando eso es posible”.</p><p>Pero ha subrayado que el <em>Guernica</em> “no es un cuadro cualquiera, es probablemente <strong>una de las obras más frágiles y complejas de conservar del siglo XX</strong>” y que “todos los técnicos y restauradores coinciden en el diagnóstico: <strong>no someter la obra a más estrés</strong>”.</p><p>Por eso, ha zanjado el debate asegurando que “los técnicos del museo que llevan más de 30 años custodiando el cuadro tienen, como comprenderá, toda mi confianza”.</p><p>El ministro ha respondido así en la <strong>sesión de control al Gobierno en el Senado</strong> a la petición del PNV de que se permita el traslado de la obra al <strong>Museo Guggenheim de Bilbao</strong> con motivo de la exposición por los 90 años del primer Gobierno vasco y del bombardeo de la localidad vizcaína.</p><p>El senador <strong>Igotz López </strong>ha asegurado que el Gobierno vasco no está pidiendo el traslado definitivo del <em>Guernica</em>, sino una <a href="https://www.infolibre.es/politica/gobierno-vasco-insiste-guernica-sacaron-franco-tumba-no-son-capaces-traer-cuadro_1_2172985.html"  >“cesión excepcional y temporal de nueve meses”</a> de una obra que ya ha tenido “más de 40 traslados, que ha viajado por todo el mundo y que nunca jamás ha aterrizado ni en Guernica, ni en Euskadi”.</p><p>López ha asegurado que su grupo no pone en duda los informes técnicos de los conservadores del <strong>Museo Reina Sofía</strong>, que desaconsejan el traslado, sino que piden la creación de un grupo de trabajo entre los técnicos del Reina, del Guggenheim y expertos internacionales que puedan determinar “realmente si es posible o no el traslado y en qué condiciones se debería hacer para garantizar siempre la seguridad y la integridad” de la obra.</p><p>“Para este análisis, señor ministro,<strong> lo único que hace falta es voluntad política</strong>”, ha subrayado ante la negativa del ministro. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Apr 2026 17:19:09 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Ernest Urtasun,Ministerio de Cultura,Gobierno vasco,Arte,País Vasco,Pablo Ruiz Picasso,Guerra Civil española]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Chico-Trópico, el colectivo artístico que reivindica el uso del espacio público sin consumo: "El arte es juego"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/chico-tropico-colectivo-artistico-reivindica-espacio-publico-consumo-arte-juego_1_2171229.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2dd89d12-f6a1-40c9-9595-122071ed6237_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Chico-Trópico, el colectivo artístico que reivindica el uso del espacio público sin consumo: "El arte es juego""></p><p><a href="https://chicotropico.com/" target="_blank" >Chico-Trópico</a> es un colectivo de artistas multidisciplinar centrado en la música. Formado por Sara Brito y Pedro Buschi, tiene como meta establecer un diálogo con el espacio público y quien lo habita —bebés, niños y humanos con el pelo blanco—  a través del juego, la experimentación y el disfrute.</p><p>Uno de sus proyectos es La C.O.S.A. (el Centro Organizado de Sonido Ambulante), una caravana convertida en estudio de grabación que va recorriendo barrios, festivales y centros culturales de todo el país. En su viaje recogen todo lo necesario para crear un archivo sonoro: las historias de vecinos y vecinas, sus risas, el ladrido de sus perros y los gritos de los niños, y con todo ello consiguen crear discos, miniclips, y todo tipo de experimentos audiovisuales.</p><p>Actualmente tienen un disco experimental en <a href="https://quintadelsordo.com/portfolio/exposicion-canada-en-el-centro/" target="_blank" >la exposición "Cañada en el centro"</a>, creado con niños de la Cañada Real. La muestra, expuesta en el Centro de Creación Contemporánea Quinta del Sordo, fue visitada recientemente por el ministro de Cultura <a href="https://www.infolibre.es/temas/ernest-urtasun/" target="_blank" >Ernest Urtasun</a>.</p><p><strong>¿Qué les impulsó a formar Chico-Trópico? Se definen como “centralita de acciones artísticas”, ¿qué es una acción artística?</strong></p><p><strong>Sara</strong>: Chico-Trópico surgió en 2010 como un festival en Casa América en torno a los nuevos sonidos latinoamericanos<strong> </strong>que en aquella época todavía no se conocían demasiado. La cumbia o nueva cumbia, electrónica, psicodelias… desde un lado experimental.  Empezamos a combinar eso con programación de artistas y a generar procesos participativos, entendiendo los eventos culturales como un lugar donde no solo se va como observador, sino donde las personas del público también pueden generar. Eso conecta con lo de centralita de acciones artísticas, donde la acción puede ser de cualquier ámbito, si bien nosotros nos especializamos en sonido y música. Desarrollamos cuestiones que tienen que ver con el arte de acción, con la performance y con procesos donde sobre todo se pone en relieve el carácter participativo y experimental de la cultura. </p><p><strong>Entre otras acciones, tienen el proyecto de La C.O.S.A., ¿cómo funciona y por qué creen que es importante?</strong></p><p><strong>S</strong>: La idea primera de La C.O.S.A. es crear música y trabajar el sonido en el espacio público, donde este espacio no es solo de paso o de consumo, que es lo que ha pasado en las últimas décadas, sino también un espacio de encontrarse y de crear juntos y juntas.</p><p><strong>Pedro</strong>: La importancia es la posibilidad de llegar a poblaciones que no tienen un acceso a esos instrumentos. La materia prima es la gente, porque todos venimos de distintos lados y tenemos mucho que ofrecer. Es un trabajo de escucha, no solo de música. Un proceso compositivo basado en la realidad de otra gente que no tiene nada que ver contigo, y que puede ser un ejercicio muy bueno para el ego.</p><p><strong>S</strong>: En ese sentido creo que hacemos lo contrario de La Voz o de este tipo de concursos, los que llevan la idea de que solo pueden pasar los que cantan bien. Cuando juntas a la gente del mismo barrio, que quizás se conocen pero no en ese contexto creativo vivo, es muy bonito, y no estás en un bar. Creemos que es un valor que tiene la cultura más allá del consumo cultural, la creación y el quitarle toda la patraña de “solo unos pocos son los que pueden hacer”. Lo que hacemos tiene mucho que ver con desacralizar el hacer artístico, y sobre todo empoderar a la gente e invitarla a jugar. Al final La C.O.S.A. y todas las cosas que hacemos son espacios para jugar. El arte es juego. Es interesante que la gente vuelva a jugar.</p><p><strong>¿Por qué creen que es importante que se incorpore el “jugar” también en la etapa adulta de la vida?</strong></p><p><strong>S</strong>: El espacio que nosotros llamamos juego es un espacio de probar, de quitarte el miedo a hacer, e incluso quitarte el miedo al error y al resultado final. El objetivo es disfrutar de los procesos.</p><p><strong>P</strong>: Por ejemplo, en el último taller que hicimos cogimos unos microscopios digitales, hacíamos fotos a un musgo, lo proyectábamos y pintábamos sobre la proyección. Si te planteas esto como una cosa de perfección, no funciona. </p><p><strong>S</strong>: Es sobre todo incorporar el disfrute en las prácticas, en los procesos. Ahí es donde empiezas a jugar. En la vida en general y ojo, que luego en casa de herrero, cuchara de palo. Muchas veces no juegas en tu día a día, pero es importante seguir recordándolo y seguir generando momentos en los que eso sucede, sobre todo en grupo. Ahí aparece un espacio de libertad y de disfrute que hay que reivindicar, sobre todo en los tiempos tan serios y tan terribles en los que estamos.</p><p><strong>Han dicho que su intención es habitar el espacio público más allá del consumo. ¿En qué se traduce?</strong></p><p><strong>S</strong>: Ya solamente poniendo una caravana en medio de una plaza, un espacio para hacer música, estás provocando un cambio en el espacio público y generando un espacio de juego. Uno de los talleres que hemos hecho en diferentes lugares de España y que vamos a hacer en Matadero en mayo y en junio es un trabajo con <em>walky talkies</em>. Te coordinas, te pones en el mismo canal y empezamos a generar un relato colectivo basado en la observación. Ahí estás activando el espacio público de una manera que no es el consumo, sino con la creación.</p><p>Casi todos los talleres y las experiencias que hacemos van por ahí. Espacio público, juego, y creación. Y ahí hay un empoderamiento de la gente sobre la ciudad y sobre el disfrute.</p><p><strong>En todos estos años de actividad, ¿han notado una evolución en la dificultad de esta tarea?</strong></p><p><strong>S</strong>: En España hay una hiperlegislación del espacio público y una burocratización de su uso que es evidente. Nos pasa no solo a nosotros, sino a un montón de artistas y personas que trabajan así. Nosotros llevamos 16 años, y sobre todo trabajamos en ciudades. En Madrid se vio una evolución a una mayor legislación, donde todo pasa por una ultra seguridad. Hay una cuestión desde las instituciones, pero el ser humano siempre busca grietas por donde poder activar el espacio público. Ahí hay una lucha.</p><p><strong>P</strong>: Yo creo que la juventud sí que hace uso del espacio público. Lo podemos ver con los bailes o las batallas de gallos, que tienen un ambientazo y son cosas totalmente autogestionadas. </p><p><strong>¿Cómo puede la gente estar al tanto de sus actividades? </strong></p><p><strong>S</strong>: En nuestro Instagram (<a href="https://www.instagram.com/chico.tropico/" target="_blank">chico.trópico</a>) vamos compartiendo siempre todas las actividades que hacemos. También en <a href="https://chicotropico.com/" target="_blank">nuestra web</a>.</p><p>En abril La C.O.S.A. va a estar en varios lugares de Madrid. El día 16 vamos a estar en la Universidad UDIT siendo parte de un proyecto con colectivos independientes. El 25 y el 26 estaremos también con La C.O.S.A. en 21 Distrititos, uno de los festivales que realiza el programa del Ayuntamiento de Madrid, 21 Distritos. Haremos música y canciones con la gente. Está pensado para familias, pero puede venir quien quiera. En mayo vamos a estar en la celebración de los 100 años del Círculo de Bellas Artes. Estaremos grabando música y haciendo acciones sonoras allí. Hay multitud de oportunidades que iremos compartiendo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Apr 2026 04:01:15 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alba Meseguer Alacid]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Chico-Trópico, el colectivo artístico que reivindica el uso del espacio público sin consumo: "El arte es juego"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Madrid,Matadero Madrid,Libertad de expresión,Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una estafa piramidal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/estafa-piramidal_1_2172157.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4d89690b-e3b7-4801-9b21-5503c00eaf84_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una estafa piramidal"></p><p>"No me puedo quejar: estoy trabajando de lo que me apasiona, estoy, por así decirlo, cumpliendo mi sueño". Lo confesaba la otra tarde <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/sorrentino-huye-grazia-le-sorrentino-logra-mejores-peliculas_1_2170535.html"  >Alberto Corona</a>, crítico de cine (al que también pueden leer en esta casa) en el episodio 59 de Comentario de texto, un podcast que emite en <a href="https://youtu.be/6sGIkMdq2wU?si=Q9YI6UkwL8JSWot8&t=2280"  >YouTube</a> junto a Marta Trivi. "¿Quieres hablar un poco de esas condiciones envidiables?" <strong>Dos críticas semanales, entre noventa y cien euros el jornal</strong>, y otro empleo que le financie el trabajo soñado.</p><p>Como si se hubiesen alineado los astros, a los pocos días me cayó en las manos un artículo de <a href="https://www.google.com/url?sa=t&source=web&rct=j&opi=89978449&url=https://www.infolibre.es/autores/marta-garcia-miranda/&ved=2ahUKEwiq1OXot8-TAxUCWqQEHV6dMfgQFnoECBUQAQ&usg=AOvVaw3ArAH618rqUD-bqrEJ6a_N"  >Marta García Miranda</a>, crítica de escénicas y —también— compañera en estas páginas, en el que relataba cómo, tras ser despedida de la SER, había aceptado despachar en <em>elconfidencial.com </em>una crítica teatral a la semana. En su texto, una <strong>brillante argucia armada con las réplicas de algunos de sus damnificados</strong>, García Miranda también mienta sus emolumentos: ciento cincuenta machacantes (antes de impuestos, seguridades sociales y demás lindezas).</p><p>No quisiera empantanar estos <em>asuntos artísticos </em>con metacomentarios y miserias de consumo interno, pero es sorprendente que ninguno de mis compañeros perseverase en la crítica porque, sencillamente, les diese de comer. Corona, ya lo mentamos, resiste por razones románticas; García Miranda, porque viéndose en el paro le ofrecieron curro de reseñista. <strong>Lo cultural se presta al chantaje</strong>. De tanto en tanto, alguien se te acerca en alguna inauguración y te felicita por la sagacidad de un articulito. ¡Qué rato más bueno! Oh, el prestigio; ah, la influencia. “Te leemos todos”, me aseguraba un amigo al verme apesadumbrado. <strong>Ignoro si habrá otros oficios en los que la gente se contente tan fácilmente con simulacros</strong>: si en el gremio de charcuteros o contables soportan soldadas de miseria y periodicidades cojeantes so pretexto de “la vocación”, la pervivencia de las artes o vaya usted a saber qué milonga.</p><p>Oigan, que <strong>el declive de las tarifas no es el único escollo</strong>. La prensa renquea (¡extra, extra!), pero conserva maneras de sus tiempos mozos, y aunque ningún colaborador pueda subsistir de una sola cabecera, publicar allá te descarta acullá. Competencias directas (¡pero si no nos lee ni el tato!), rivalidades históricas, líneas editoriales contrapuestas y demás espantajos. Además, conviene considerar el famoso conflicto de intereses. Hará no mucho, un galerista me preguntaba si no me resultaba problemático completar la nómina escribiendo ensayos de los que se publican en el catálogo de una exposición. Le dije que no, porque <strong>todos mis trabajos se divulgan</strong> y cualquiera puede escrutarlos a la caza de tejemanejes. También, porque mis reseñas se parecen a mis ensayos lo que un huevo a una castaña y porque me impongo <strong>períodos de incompatibilidad entre colaboraciones</strong> para que nadie sospeche. Y, para terminar, porque yo no sacaba nada de que a un artista, marchante o museo le fuese bien, mal o regular. “Es un asunto delicado”, sentenció, ceñudo. En realidad, querría haber dicho: si alguna vez escribes algo que no me convenga, sé qué espantajo invocar para desactivarte. (Algún día me gustaría que alguien me aclarase por qué los críticos son los únicos conflictuados. Por qué no los padecen las galerías que comercian con las instituciones, los comisarios apesebrados, los artistas en nómina oficiosa, ciertos agentes o los alumnos de tal colegio que ríete tú de la francmasonería; pero este es otro asunto).</p><p>En el podcast citado, y discutiendo sobre el <strong>último desplante de Santiago Segura</strong> a la prensa especializada, Marta Trivi replicaba a Corona, que se quejaba de que la crítica “hubiese aceptado esas normas de juego”. “Los críticos no hemos aceptado nada, los críticos no tenemos ningún poder, salvo el de dejarlo”. Últimamente pienso mucho en esto: en si no estaremos desgastándonos en una <strong>empresa estéril que ni tiene influencia ni nos paga las facturas</strong>. Si no convendría retirarnos a nuestros menesteres, sacarnos una oposición y tener las tardes libres para leer al solecito sin tener que despachar, a toda prisa y en caliente, una recesión del librito de marras.</p><p>Hará unos meses, discutiendo mis tarifas con un posible empleador que nunca fue, me replicaron que no podían pagarme más porque esos temas “no tenían tantas visitas”. Tuve que morderme la lengua: <strong>si lo que quieres son visitas, despacha a los redactores y monta un OnlyFans</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2026 10:02:57 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Una estafa piramidal]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Cultura,Periodismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los otros Guernicas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/guernicas_1_2168883.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2ab3e319-ce3c-4bd7-b626-cdac944ed07b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los otros Guernicas"></p><p>Una vez, paseando por <a href="https://www.infolibre.es/temas/salamanca/" target="_blank" >Salamanca</a>, choqué con una campaña turística en la que la ciudad se vendía como <strong>"la Florencia española"</strong>. La metáfora me recordó a aquel capítulo de Los Simpsons en el que Marge consuela a Lisa diciéndole que no se preocupe: si la rechazan las universidades de la Ivy League siempre podrá ir a McGill,<strong> "el Harvard de Canadá"</strong>. "Cuando algo es el algo de algo… es que es el nada de nada".</p><p>El <a href="https://www.infolibre.es/temas/museo-reina-sofia/" target="_blank" >Museo Reina Sofía</a> acaba de inaugurar <em>La historia no se repite, pero rima</em>, un ciclo de "yuxtaposiciones" en las que el <em>Guernica</em> se enfrentará a sus "equivalentes" <strong>de otros tiempos y espacios</strong>. El primero de estos encuentros (ubicados en una salita frente al gran cuadro de Picasso) lo protagoniza una obra del artista sudafricano <strong>Dumile Feni </strong>(1942-1991) cuyo título viene al pelo: <em><strong>Guernica africano</strong></em><strong> </strong>(1967). El dibujo está realizado en carboncillo sobre papel de periódico y mide casi dos metros por lado:<strong> un formato casi cuadrado</strong> cuyo ecuador surca la unión indisimulada de las dos grandes tiras de papel con las que el artista formó el soporte.</p><p>Exhibida por primera vez en <strong>la Gallery 101</strong> de Johannesburgo el mismo año de su realización —en un contexto sociopolítico marcado por<strong> la segregación racial</strong>— la obra nos muestra una escena agitada: en<strong> un espacio indiferenciado</strong> por el que pululan vacas y pájaros, unos personajes contrahechos y electrizados se agitan <strong>en poses inquietantes</strong>. El dibujo, cargado de esos manierismos que <strong>un espectador occidental </strong>puede reconocer como "africanos", está resuelto con maestría; y la velocidad de los trazos y el habilidoso sombreado dotan a la escena de <strong>un dinamismo contagioso</strong>. Cuando más se mira, menos se entiende <strong>qué hacen aquellos hombrecillos</strong>: ¿qué espera el tipo trajeado en su mesita con mantel? ¿Qué se susurra la pareja que se rodea con los brazos? ¿A dónde galopa el jinete del cucharón que monta <strong>un toro de ojos vacíos</strong>? ¿Qué provoca las contorsiones gritonas del señor con tres piernas? ¿Nadie atenderá al niño de ojos negros <strong>que se aferra a una ubre</strong>? Como si el dibujo fuera inagotable, la acción se prolonga hacia el margen superior en una multitud de personajes ensombrecidos <strong>cuya actividad apenas intuimos</strong>.</p><p>La exposición se completa con otras cinco piezas de Feni: <em><strong>Decir no</strong></em>, 1967 (un grupito trata de dar sepultura a alguien que parece escapar de su ataúd), <em><strong>El aula</strong></em>, 1965 (una composición vertical construida como en espejo, de modo que los retratados de la sección inferior aparecen cabeza abajo), <em><strong>Hector Pieterson</strong></em>, 1987 (un hombre plantado de frente, que nos clava la mirada mientras porta lo que parece un niño muerto entre los brazos), <em><strong>Mujer y niño</strong></em><strong> </strong>(obra no datada en la que un personaje femenino, de rostro similar a una máscara, sujeta a un homúnculo con su brazo raquítico) y <em><strong>No conocerías a Dios ni aunque te escupiera en un ojo</strong></em>, 1975 (un enorme dibujo enrollado lleno de rostros angulosos).</p><p>En el cuadernito que el museo ha editado para la ocasión, la comisaria<strong> Tamar Garb</strong> nos explica (en un texto plagado de groseros errores de redacción) que la vinculación entre la célebre obra de Picasso y la de Feni <strong>es menos directa</strong> de lo que cabría esperar a tenor de la propuesta. Posiblemente, el artista conocía <em>Guernica</em>, pero no hay constancia que <strong>él le diera ese título</strong>, por más que aceptase que el galerista se lo endosase. "Picasso […]", leemos, "<strong>nunca supuso una “influencia”</strong> o fuente directa. Dumile era un creador <strong>demasiado independiente e idiosincrático</strong>. Al mismo tiempo, la forma en que recurrió en <em>African Guernica</em> al enmascaramiento facial y a la simplificación corporal, al tono monocromático y a la iluminación dramática […] para producir una obra<strong> a escala monumental </strong>no puede dejar de hacer pensar en el <em>Guernica</em>, obra a la que además apunta en el título". </p><p>Entonces, <strong>sí, pero no</strong>. Como el interés de Picasso por "el arte africano" (así, en general; <strong>África, ese gran país</strong>, etcétera), mencionada en el texto que presenta la exposición como <strong>una "temprana dependencia"</strong>, sin mayores consideraciones que profundicen en su fascinación exotizante y en el modo en el que este "arte" circulaba por Europa<strong> en vehículos perfectamente coloniales</strong> como El Museo del Hombre de París. Esta <strong>calculada</strong> <strong>ambigüedad</strong> (que ya se presagia en el título del ciclo, tomado de una cita ¡apócrifa! de Twain) me parece el problema más subrayable de esta nueva propuesta del Reina Sofía. Si, como parece, el museo quiere aprovechar <strong>su principal reclamo turístico</strong> (cuando uno sale del ascensor en la segunda planta, lo primero que ve es un cartelito que le indica en qué dirección está el <em>Guernica</em>) para presentarnos obras desconocidas y vinculaciones inesperadas —propósito elogiable, conste— convendría (ya que todos vamos a morder el anzuelo) que nos echásemos a nadar<strong> sin necesidad de guardar la ropa</strong>. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Mar 2026 05:01:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los otros Guernicas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Pablo Ruiz Picasso,Pintura,Sudáfrica,Museo Reina Sofía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Laia Estruch en Ehrhardt Flórez: ahora le toca a usted]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/laia-estruch-ehrhardt-florez-ahora-le-toca_1_2165030.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5565f81f-52fc-442a-a95a-5161c55712c2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Laia Estruch en Ehrhardt Flórez: ahora le toca a usted"></p><p>Nunca es fácil "exponer" a un performer. <strong>La culpa</strong>, me temo, es de la propia disciplina. "La única vida de la performance reside en el presente", escribió <strong>Peggy Phelan </strong>en su célebre <em>Unmarked: The Politics of Performance</em>. "No puede guardarse, grabarse, documentarse ni participar de ningún modo en la circulación de representaciones de representaciones: en cuanto lo hace, <strong>deja de ser una performance</strong>".</p><p>No todos los artistas están conformes con esa definición. Hace quince años, <strong>Marina Abramović </strong>montó en el MoMA <em>The Artist Is Present</em> [La artista está presente], una de esas exposiciones que marcan época. El planteamiento tenía su gracia, porque aunque Abramović anduviese presente —ustedes recordarán <a href="https://vimeo.com/72711715" target="_blank">aquella acción</a> en la que permanecía sentada en el costado de una mesa mientras, por el otro extremo iban desfilando voluntarios que tomaban asiento y <strong>le sostenían un rato la mirada</strong>— la mayoría de las obras que componían la muestra fueron interpretadas por actores entrenados por doña Marina. "Las performances recreadas en la exposición del MoMA son <strong>producto de un contexto</strong> que en su día las convirtió en transgresoras, poéticas o, simplemente, las dotó de intensidad, pero que ahora<strong> ya no existe</strong>. Y, sin que sea culpa de los intérpretes, las piezas dan la sensación de ser restos: insulsas, cumplidoras; meros artefactos", leemos en la crítica que <strong>Holland Cotter </strong>escribió en <em>The New York Times</em>.</p><p>Hasta finales de abril, puede visitarse <em><strong>Carrau</strong></em><strong> </strong>en la <a href="https://ehrhardtflorez.com/es/" target="_blank">galería Ehrhardt Flórez</a> (Madrid), una exposición de <strong>Laia Estruch</strong> (Barcelona, 1981) inaugurada hace un par de semanas. La artista vive un momento dulce: en los últimos años ha encadenado exposiciones en instituciones tan destacadas como el <a href="https://www.museunacional.cat/es/trena-laia-estruch" target="_blank">Museo Nacional de Arte de Cataluña</a> o el mismísimo <a href="https://www.museoreinasofia.es/exposicion/laia-estruch" target="_blank">Museo Reina Sofía</a>, que le dedicó una retrospectiva clausurada hace apenas unos meses. Estas muestras se articularon en torno al <strong>conjunto de esculturas</strong> que la artista utiliza en sus acciones: flotadores, estructuras metálicas de las que suspenderse o abrevaderos hechos para la ocasión. También este fue el planteamiento con el que se formalizó <a href="https://ehrhardtflorez.com/es/exposiciones/residua/" target="_blank"><em>Residua</em></a>, su anterior muestra en la galería, en la que la sala principal fue colonizada por dos formidables <strong>pasarelas azules</strong> que Estruch recorría (trepándolas, colgándose o reposando sobre ellas) mientras practicaba un ejercicio de <strong>extenuación vocal</strong>.</p><p>Padecían, me temo, <strong>una misma deficiencia</strong>: cuando nadie <em>actúa</em> ("activación la exposición", concepto horripilante), el visitante deambulaba por un escenario fantasmal que solo ofrece una porción de la obra: en el mejor de los casos, su dimensión escultórica; en el peor, <strong>una tramoya</strong>. Sin embargo, en <em>Carrau</em>, se nos propone una treta admirable. ¡Un habilidoso cambio de tornas! En vez de vérselas con esas estructuras, Estruch decide pasar el testigo <strong>al visitante</strong>. Para ello, la artista ha cerrado los tres espacios de la galería con unos coloridos artefactos neumáticos que <strong>bloquean </strong>blandamente los accesos. Conos colosales, un costillar rectilíneo y una terna de mandorlas o vaginas (usted escoja). La maniobra es astuta: al toparse con las puertas franqueadas, <strong>el espectador </strong>debe escoger entre quedar como un timorato o, con arrojo, animarse a traspasarlas dejándose en el lance cuanta<strong> dignidad y elegancia </strong>crea poseer.</p><p>"El umbral", escribe Cirlot en su <em>Diccionario</em>, "simboliza la transición y <strong>la trascendencia</strong>". Estruch replica a estas solemnidades con una apuesta indisimuladamente lúdica: un juego que custodia el acceso a la nada misma: tras las brazadas y los refregones, el abnegado "activador" se topa con <strong>una sala vacía</strong>; le aguardan, como único premio a su valentía, unas fotos recosidas el interior de la estructura en la que la artista aparece en tribulaciones similares.</p><p>En pocas ocasiones uno encuentra planteamientos tan ingeniosos y <strong>tan inteligentemente ejecutados</strong>. En estos tiempos pesados, Dios bendiga <strong>la liviandad</strong>. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Mar 2026 05:00:56 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Laia Estruch en Ehrhardt Flórez: ahora le toca a usted]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Estados Unidos,Nueva York]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Puede el arte enseñarnos algo de la guerra?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/arte-ensenarnos-guerra_1_2160964.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2c7fdc07-5303-46b4-b2ed-6cccbdef3feb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Puede el arte enseñarnos algo de la guerra?"></p><p>"La guerra es una maestra severa", escribió Tucídides. "Arrebata el bienestar de la vida cotidiana y modela las inclinaciones de acuerdo a las necesidades imperantes". Aunque nunca es mal momento para acordarse de <em>La guerra del Peloponeso</em>, la cita me vino a la memoria a cuenta de <em><strong>Pedagogías de guerra</strong></em>, una exposición que puede verse en el <strong>Museo Thyssen-Bornemisza</strong> hasta comienzos del mes de junio.</p><p>La muestra, coproducida con TBA21 (fundación que dirige <strong>Francesca Thyssen-Bornemisza</strong>) y comisariada por <strong>Chus Martínez</strong>, reúne cuatro instalaciones audiovisuales realizadas por <strong>Roman Khimei</strong> (Ucrania, 1992) y <strong>Yarema Malashchuk</strong> (Ucrania, 1993), todas ellas producidas tras la <strong>invasión rusa de su país de origen</strong>. El proyecto "se inscribe en el compromiso a largo plazo con los artistas en situaciones de conflicto".</p><p>En la primera, titulada <em>The Wanderer </em>[El caminante] (2022), los artistas "posan" sobre los pedruscos de los Cárpatos remedando la postura de soldados rusos caídos en el frente. La videoinstalación se compone de varias pantallas en las que vemos a Khimei y Malashchuk <strong>ajustar sus cuerpos para imitar del modo más preciso posible las fotos de cadáveres</strong> que (intuimos) consultan en su ordenador portátil. La documentación de la exposición nos informa de que el título de la obra referencia al célebre cuadro de Friedrich (<em>Caminante sobre el mar de nubes</em>, 1817) y satiriza la concepción romántica del paisaje como lugar de lo sublime. También, a la serie fotográfica <em>Si yo fuera alemán</em> (1994), en la que los miembros del colectivo artístico ucraniano Fast Reaction Group (cuya existencia ignoraba, <em>mea culpa</em>) <strong>recrearon las acciones del ejército alemán</strong> durante la ocupación de Járkov. La cartela nos dice que asistimos a un acto de "venganza simbólica que rompe con el tabú de mostrar los cuerpos de los muertos". El redactor, intuyo, ha de ser alguien <strong>crédulo y benigno</strong>: no solo confunde <em>hacerse el muerto</em> con <em>estar cadáver</em>, sino que vive en un mundo en el que nadie se desayuna con seis matanzas distintas en el informativo matinal.</p><p>La segunda pieza, titulada <em>Open World</em> [Mundo abierto] (2025), está protagonizada por un <strong>perro robótico</strong> (una máquina de combate) que es dirigido en remoto por un joven desplazado a causa de la guerra. Sirviéndose del artefacto, el muchacho recorre su colegio, las calles de su barrio y los parajes por donde solía hacer la vida. El vídeo oscila entre lo ominoso (el robot produce unos sonidos espeluznantes al desplazarse), lo tierno y lo paradójico (usar un artefacto militar para visitar, en <em>streaming</em>, a los amigos). Impresionado por la amabilidad con la que los paisanos de un país invadido recibían al robot belicoso, <strong>asumí que la obra estaba actuada</strong>. Que los artistas habían pedido a los lugareños que interactuasen con aquel engendro del valle inquietante como si tal cosa y que por eso no salían despavoridos. Se trata, sin embargo, de un documental en el que los artistas siguen, cámara en mano, <strong>las aventuras del cánido mecánico</strong>.</p><p>La tercera obra, <em>You Shouldn’t Have to See This</em> [No deberías tener que ver esto] (2024), nos muestra a un grupo de niños durmiendo o despertándose: sus protagonistas <strong>fueron víctimas de traslados forzosos a territorio ruso</strong>, de los que luego pudieron regresar. Finalmente, la exposición se cierra con <em>We Didn’t Start This War</em> [Nosotros no empezamos esta guerra] (2026), un vídeo en tres pantallas en el que se reproducen <strong>escenas de la cotidianidad de Kiev</strong>: en un país en guerra, la gente también baja a comprar el pan.</p><p>Apartándonos por un momento de la espinosa cuestión de la solidaridad sectorial (en una guerra, ¿deben los museos apoyar a los artistas y los fruteros a los hortelanos?), <em>Pedagogías de guerra</em> nos ofrece un puñado de obras que, por más que sean interesantes o estén plásticamente bien resueltas, <strong>resultan entre problemáticas y estériles</strong>. Me pregunto para qué servirá actuar como un soldado muerto mientras caen, diariamente, soldados en el frente. También, si la escenificación irónica de la "gamerización" de la guerra (el perro robot y su piloto a distancia) no es más que una estetización ingeniosa e inane de los ergonómicos métodos de aniquilación contemporánea o si la <strong>exhibición de niños en el duermevela denuncia algo</strong> (la obra no se entiende sin leer la cartela) o ejecuta la enésima vulneración de la intimidad de esas criaturas. Es sorprendente: uno puede espantarse más profundamente mirando <em>Los desastres de la guerra</em> del buen Goya que con las barbaridades que le despacha el telediario. Si algo nos enseñan estas "pedagogías" (maestra severa…) es el <strong>poder que han perdido la representación</strong> y las imágenes.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Mar 2026 05:01:10 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿Puede el arte enseñarnos algo de la guerra?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Museos,Museo Thyssen Bornemisza,Guerra,Ucrania,Guerra en el este de Europa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[ARCO 2026: una edición conservadora en la que el futuro se ha quedado viejo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/arco-2026-edicion-conservadora-futuro-quedado-viejo_1_2156011.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2eb2e8d2-e307-4116-b234-11bcb060160c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="ARCO 2026: una edición conservadora en la que el futuro se ha quedado viejo"></p><p>Este miércoles se ha inaugurado la cuadragésima quinta edición de <a href="https://www.infolibre.es/temas/arco/" target="_blank" >ARCO</a>. En lo geopolítico, la feria abre sus puertas mientras <strong>la guerra desatada por Estados Unidos e Israel</strong> en el golfo Pérsico escala de manera imprevisible: cerrado el estrecho de Ormuz, el gas duplica su cotización y los hidrocarburos amenazan una nueva escalada inflacionaria a nivel mundial. En lo material, esta edición comparte el recinto de Ifema con el "World Olive Oil Exhibition" y con "Expodental", foro privilegiado para ortodoncistas y sacamuelas. La vida <strong>está llena de contrastes</strong>.</p><p>Un año más, los pabellones siete y nueve acogen el tradicional batiburrillo de galerías. En esta ocasión son<strong> doscientas once</strong>, vienen de treinta países y se reparten entre el programa general (ciento setenta y cinco) y las secciones comisariadas. A saber, "Opening" (compuesto por diecinueve galerías jóvenes que aspiran a integrarse en el general), "Perfiles | Arte latinoamericano" (once proyectos protagonizados por once artistas procedentes de esa región) y "ARCO2045: el futuro, por ahora", concepto que —sorprendentemente— repite en la tarea de <strong>llenar el espacio </strong>otrora dedicado a un país invitado.</p><p>Esta nueva revisión del porvenir (el primer advenimiento del "futuro" ocurrió en 2018) está comisariada por<strong> Magali Arriola y José Luis Blondet</strong> y consiste en una concatenación desvaída de obras variopintas y feúchas que nos presagian un destino lleno de monigotes con ramitas (Liv Schulman), escenas comiqueras a lo Robert Crumb (José Luis Sánchez Rull), criaturas grotescas con cabeza de caballito de mar (Heike Kabisch), pinturitas naives en estilo secuencial (Akira Ikezoe) o una revisitación en formato cutre de la <strong>Judith y Holofernes de Caravaggio</strong> (Thomas Hirschhorn). Para colmo, el conjunto se envuelve con unos visillos vaporosos que hacen de separadores; ya me perdonarán que<strong> no me entusiasme</strong>.</p><p>En general, no les diría que estemos ante una edición <strong>apasionante</strong>, quizás porque muchas de las galerías nacionales han optado por llenar sus stands con remanentes de sus últimas exposiciones. En F2, por ejemplo, podemos reencontrarnos con los cuadros sobre terciopelo mostrados por <a href="https://www.infolibre.es/cultura/arte/jorge-diezma-f2-terciopelo-horripilante_1_2128631.html" target="_blank">Jorge Diezma en</a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/arte/jorge-diezma-f2-terciopelo-horripilante_1_2128631.html" target="_blank"><em> Montonera</em></a>; y en Alarcón Criado con un fragmento de la instalación <a href="https://www.infolibre.es/cultura/arte/valioso-murmullo-cristina-mejias-matadero_1_2093622.html" target="_blank"><em>Lengua en coro, cuenta </em></a><a href="https://www.infolibre.es/cultura/arte/valioso-murmullo-cristina-mejias-matadero_1_2093622.html" target="_blank">de Cristina Mejías</a>, donde también hallamos esculturas de las últimas muestras de Mercedes Pimiento o de Pedro G. Romero en la galería sevillana. En este mismo sentido, en <strong>ArtNueve </strong>rescatan una instalación de gran formato de Christian Lagata (una suerte de columna cilíndrica que enhebra un conjunto de elementos horizontales); en <strong>Juan Silió</strong> cuadros de Philipp Fröhlich y esculturas de Carlos Irijalba o en <strong>Rafael Ortiz</strong> unos cuadros predominantemente <em>dibujísticos</em> de Curro González que pudimos ver unos meses atrás en su fantástica exposición en la <strong>Sala Santa Clara</strong> de <a href="https://www.infolibre.es/temas/sevilla/" target="_blank" >Sevilla</a>. Lo digo, claro, como una constatación, no como un reproche: ARCO es una feria internacional y es de esperar que muchos de sus visitantes <strong>no hayan tenido ocasión </strong>de ver estas obras con anterioridad (y, por supuesto, no podemos exigir a los artistas que satisfagan alegremente nuestro <strong>afán de novedades</strong>).</p><p>Yendo a los géneros, diría que en esta edición se mantiene un cierto <strong>auge de lo textil </strong>(en un sentido amplio). Por citar algunas: las piezas trenzadas de Teresa Pereda en la galería bonaerense <strong>Herlitzka & co</strong>., los tejidos de maguey de Antonio Pichillá en la carioca <strong>Portas Vilaseca</strong>; las tramas de Olaf Holzapfel en<strong> Livie Gallery</strong> (Zúrich), las columnas de lona y cartón, y los lienzos bordados de Julia Huete en <strong>Nordés</strong> (A Coruña), los redondeles de fibra de agave de Klára Kutcha en <strong>ACB</strong> (Budapest), los grandes textiles de Josep Grau-Garriga en <strong>Sabrina Amrani</strong> (Madrid), las esteras de Sonia Navarro en <strong>T20 </strong>(Murcia) o los seres acolchados de Selva De Carvalho en la galería<strong> Krinzinger</strong> (Viena). También, de los materiales pobres: las ropas de cartón de Sandra Poulson en <strong>ChertLüdde </strong>(Berlín), las azadas oxidadas en forma de arbolito de Nuno Nunes-Ferreira en <strong>Juan Silió </strong>(Madrid) y una buena ración de obras en papel.</p><p>Igualmente, prevalece una inclinación en las galerías por representar ampliamente a sus escuderías artísticas, lo que necesariamente se traduce en <strong>un poco de todo y un mucho de nada</strong>. Para combatir esta dispersión se ha hecho popular una fórmula híbrida, consistente en adosar (al escaparate atiborrado de firmas) un espacio dedicado al proyecto individual de algún artista o, como mucho, a un diálogo <strong>más o menos pausado</strong>. En esta categoría, me han interesado especialmente el de <strong>Miriam Cahn y June Crespo</strong> organizado por las galerías Ehrhardt Flórez y Meyer Riegger, el solo de <strong>Nadia Barkate</strong> en Maisterra, y el de Amparo de la Sota en Galería Alegría (más textil) y las ya mentadas de Curro González, por más que las conociese.. Sin embargo, hay quien apuesta directamente por este formato más expositivo y menos ferial, como han hecho en esta ocasión la galería Belmonte con una interesante propuesta protagonizada por <strong>Andrés Izquierdo y Ángela Suárez</strong>, la W-Galería con los trabajos de Seba Calfuqueo sobre evangelización y sincretismo en el pueblo mapuche, la propuesta de El Chico (Irene Anguita y Estefanía B. Flores) y Spiritvessel (Víctor Jaenada) para su stands del opening o el sensacional estand de The Ryder Project, en el que hábilmente (retórica y formalmente) se han puesto a dialogas las obras de <strong>Miguel Benlloch y Ana Laura Aláez</strong>; probablemente, el espacio <strong>mejor articulado y más interesante </strong>de la feria.</p><p>ARCO 2026 no pasará a la historia como una edición especialmente <strong>contestataria ni arriesgada</strong>, por más que haya alguna obrita vocinglera, como la orgía de políticas de Kubra Khademi o el barril Brent que Eugenio Merino ha adornado con <a href="https://www.infolibre.es/temas/derechos-humanos/" target="_blank" >Declaración Universal de los Derechos Humanos</a>. Estando como está el mundo como está, ambas resultan <strong>como poco infantiles</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Mar 2026 05:01:18 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[ARCO 2026: una edición conservadora en la que el futuro se ha quedado viejo]]></media:title>
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      <title><![CDATA[¿Qué es realmente ARCO? Pequeña guía para no sucumbir al sensacionalismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/realmente-arco-pequena-guia-no-sucumbir-sensacionalismo_1_2152347.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/80eb4b07-1cc7-4587-ba9e-33af2dbc9954_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué es realmente ARCO? Pequeña guía para no sucumbir al sensacionalismo"></p><p>En menos de una semana, <a href="https://www.infolibre.es/temas/madrid/" target="_blank" >Madrid</a> se llenará de galeristas, <em>collectors</em> y artistas venidos desde todas las provincias del imperio. ¿Su destino? El páramo de <strong>IFEMA</strong>, donde un año más está por inaugurarse <strong>ARCO</strong>, la feria de arte contemporáneo más importante de cuantas se celebran en nuestro país.</p><p>Aunque no soy pitoniso (ya me gustaría), puedo imaginarme los titulares: "La gran cita del arte", "La semana del arte en Madrid", "Epicentro del<strong> arte contemporáneo</strong>", etcétera, etcétera. Lamento discrepar: ir a <a href="https://www.infolibre.es/temas/arco/" target="_blank" >ARCO</a> para ver arte es como irse de vacaciones a Fitur o salir a cenar en Madrid Fusión. Y no lo digo para quitarles mérito o interés, sino para centrar el tiro y evitar decepciones; ya lo siento, pero las ferias no son grandes eventos culturales, sino un lugar de encuentro <strong>para profesionales del sector</strong>.</p><p>Imagino que los medios lo hacen de buena fe: tras meses sin colar en la parrilla un minutito dedicado a la plástica, llega ARCO con sus banderolas, sus <strong>coleccionistas estrafalarios</strong> y su racimito de obras histriónicas y no hay telediario que no aproveche para saldar la deuda. Precios desorbitados, crónicas al estilo <em>National Geographic</em> y dos o tres anecdotillas sobre aquel nuevo rico que se gastó un potosí en <strong>un plátano pegado con cinta americana</strong>; y, ale, hasta el año que viene.</p><p>Bien mirada, la centralidad de ARCO en el calendario informativo ilustra bastante a las claras la idea general que, sobre <em>eso del arte contemporáneo</em>, tiene el respetable: un zoco en el que <strong>gente excéntrica</strong> compra objetos pintorescos y absurdamente caros. El chiste de cada año: un visitante se olvida un paraguas en un <em>stand </em>y al intentar recuperarlo descubre que se ha vendido por <strong>varios miles de euros</strong>. Todos ríen y cae el telón. Conste, cuando digo que es para profesionales no quiero decir que los aficionados estén proscritos. Todo lo contrario: la feria ofrece entradas a cincuenta y dos machacantes, tres veces y pico más caras de lo que cuesta la del Prado y más del cuádruple que las del Reina Sofía. ¿Y qué obtendrán a cambio? No un itinerario jalonado con materiales pedagógicos en el que se expone una colección coherente, sino <strong>una sucesión de cubículos </strong>en los que galerías de distinto pelaje exhiben obras de sus artistas con la intención de venderlas a coleccionistas privados e institucionales. </p><p>Describo, no juzgo. A mí, que me dedico a la crítica de arte, me interesa asistir a una feria de tanto en tanto, porque puedo <strong>tomarle el pulso al sector</strong> y curiosear por qué artistas o disciplinas apuesta cada cual. Con suerte, descubro algo que se me había pasado desapercibido y, en el mejor de los casos, me vuelvo a casa con <strong>una docena de contactos</strong> que me vendrán maravilla en mi desempeño laboral. Porque uno no va a una feria solamente para ver arte, sino a saludar y ser saludado, cotillear en los corrillos, que te presenten a <em>nosequién </em>y a reencontrarse con colegas que se juntan en la ciudad con motivo del ilustre acontecimiento. </p><p>Habrá quien piense que<strong> el mercado</strong> desprestigia el noble propósito del arte, como si los Médici no hubiesen financiado a Miguel Ángel. Miren, si les indigna que los artistas contemporáneos quieran ganar dinero, revisen <strong>la contabilidad de Velázquez</strong>, ya verán qué sorpresa. Sospecho, claro, que el artículo nos queda más redondo si enfatizamos las obras llamativas (claro que las hay, ¿saben ustedes lo difícil que es captar la atención en ese bosque de pladur?, ¡que son<strong> dos pabellones</strong> alicatados hasta las molduras!) y narramos el asunto en una clave equivocada: como si las ferias fuesen la quintaesencia del arte de nuestro tiempo y como si el resto del año no hubiese ni una triste exposición que echarse a la boca. A efectos prácticos, las ferias de arte no se diferencian mucho de<strong> las de libros</strong> (o, si me apuran, de las de alarmas, antigüedades o automóviles), aunque la cobertura mediática <strong>sea más benévola</strong> con los vendedores de novelas que con los de cuadros.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Feb 2026 19:47:02 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué es realmente ARCO? Pequeña guía para no sucumbir al sensacionalismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[ARCO,Ferias y exposiciones,Bellas artes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La nueva colección del Reina Sofía: ¿Qué nos dice el museo sobre la contemporaneidad?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/nueva-coleccion-reina-sofia-dice-museo-contemporaneidad_1_2148509.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2f8c9caa-a058-4104-bd0a-26c3ade77c01_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La nueva colección del Reina Sofía: ¿Qué nos dice el museo sobre la contemporaneidad?"></p><p>Ya se habrán enterado del asunto artístico de la semana: el <a href="https://www.infolibre.es/temas/museo-reina-sofia/" target="_blank" >Reina Sofía</a> inaugura la reordenación de sus colecciones empezando por el final. Desde 1975 hasta el presente: lo más coetáneo de lo contemporáneo. Los capítulos siguientes (y, a la vez, precedentes) se irán presentando a planta por año, hasta que, en 2028, la institución concluya la presentación de esta<strong> nueva relectura de sus fondos</strong>.</p><p>Ahora, pasados unos días tras la novedad, y habiendo podido encadenar alguna que otra visita (el crítico siempre llama dos veces), conviene analizar qué nos muestra esta propuesta que, más que una exposición, es la afirmación que el museo de arte contemporáneo <strong>más importante de nuestro país </strong>hace sobre el estado de su negociado.</p><p>Como saben, la muestra está estructurada en <strong>veintiún capítulos</strong> ordenados en tres itinerarios más una introducción. El 64% de las obras son inéditas, el 35% están firmadas por mujeres y el 77% son de autores españoles (para los números y otros datos de interés les remito <a href="https://www.infolibre.es/cultura/manuel-segade-mata-padre-reconfigura-reina-sofia-poner-centro-arte-espanol_1_2146573.html" target="_blank">al completo artículo</a> que, en este mismo periódico, publicó Marta García Miranda). El recorrido propuesto comienza con un cuadro de Genovés y la portada que Chumy Chúmez publicaba en el <em><strong>Hermano Lobo </strong></em>del 22 de noviembre de 1975, situando al visitante en los albores del cambio de régimen, cuyas complejidades (en lo estético) se exploran en el primer capítulo de la mentada introducción, llamada "estructuras afectivas de la Transición". Dentro, nos encaramos con<strong> un cuadro quemado de Miró </strong>que dialoga elocuentemente con una serie de grabados de la <em>Suite Vollard </em>de Picasso vandalizados por los Guerrilleros de Cristo Rey (un grupo paramilitar de extrema derecha activo en la década de los 70) durante su exhibición en la galería Theo de Madrid. Desde ahí, la muestra avanza por el <em>totum revolutum </em>de la "contracultura material" (donde se alternan unos tableros del bar La Vaquería con marcas de balazos con un retrato pop de <strong>Carmen Polo</strong> firmado por Las Costus, joyas de Chus Burés o el fabuloso altar de la <em>Asunción gloriosa</em> de Ocaña hecho en papel maché) y termina con los primeros intentos de institucionalización cultural, sustanciado en la pieza no construida por <strong>Richard Serra </strong>en la plaza de Callao, cuyas aberturas se consideraron peligrosas: en plena crisis de la heroína, la escultura podría amanecer una y otra vez como un receptáculo de cadáveres.</p><p>A continuación, la muestra comienza el primero de sus "itinerarios": "Una historia de los afectos en el arte contemporáneo", en el que se suceden capítulos sobre<strong> feminismos y lo </strong><em><strong>queer</strong></em> (Ana Mendieta, Esther Ferrer, Dorothy Iannone, Julujama, Mapplethorpe, Tom of Finland o Judith Chicago),<strong> la heroína</strong> (Iván Zulueta, la conmovedora fotografía de Alberto García-Alix en la que retrata <em>en ausencia</em> a su hermano Willy, víctima de una sobredosis, a través de la camisa que llevaba el día de su muerte) y <strong>la pandemia de sida</strong> (las célebres jaulas de Pepe Espaliú o sus <em>Diez últimos dibujos</em>, la instalación <em>Ajuares</em> de Pepe Miralles —una gran vitrina que contiene un sinfín de artículos sanitarios y personales utilizados por el artista en el cuidado de su amigo Juan Guillermo— o la serie fotográfica <em>Utopía </em>de Cabello/Carceller, una serie fotográfica de piscinas descuidadas y melancólicas —contraparte de las perfectas pintadas por Hockney— realizada tras una residencia en San Francisco, epicentro de las <strong>reivindicaciones de la comunidad gay </strong>para entonces convertido en un páramo comercial").</p><p>Tras ello, comenzamos el segundo recorrido, dedicado a<strong> la escultura</strong>, quizás la apuesta más decidida de esta relectura. El primer capítulo comienza con la gran mesa (pieza formidable) de Navarro Baldeweg sobre la que se sintetizan elementos de su gramática escultórica, y prosigue con obras de Susana Solano, Carmen Calvo, Sergi Aguilar o Anthony Caro. De ahí pasamos a <strong>"las auras frías"</strong>, concepto acuñado por el crítico José Luis Brea (es destacable que durante el recorrido se mencionen a algunos teóricos cuyas aportaciones también conforman la historia del arte) bajo el que se exponen obras de Juan Luis Moraza, Susi Gómez, Espaliú (de nuevo), Jordi Colomer o Ángeles Marco. Y desde ahí, enfilamos los <strong>"nuevos materialismos"</strong> y las <strong>"relacionalidades"</strong>, sección en la que <em>debutan</em> un buen puñado de jóvenes valores de la escultura patria, como Teresa Solar (1985), June Crespo (1982), Mònica Planes (1992), Elena Alonso (1981), Nora Aurrekoetxea (1989) o Rubén Grilo (1981); en compañía de nombres más asentados como Ana Laura Aláez, Sergio Prego o Ángela de la Cruz.</p><p>Finalmente, en el tercer itinerario se resumen, de un modo deslavazado y perezoso (hay un momento en el que uno se pregunta si los comisarios de la institución estaban cansados y resolvieron sin mucho interés), las <strong>prácticas pictóricas</strong> (apenas una sala con una docena de cuadros), <strong>lo fotográfico </strong>(Ouka Leele, García Rodero, Chema Madoz o Manuel Vilariño, aderezados por una pieza de Belén Rodríguez en la categoría de "renovadora de la práctica pictórica"), la institucionalización y el mercado (una salita con un poco de documentación), <strong>"lo afro está en el centro"</strong> relegado a un rincón con poca obra, y el remate de prácticas de género, ahora sin intersecciones con otros movimientos, que, como culminación y por exiguo, resulta un tanto anticlimático.</p><p>Despachada la estructura, quisiera detenerme en algunos asuntos, con dos precauciones previas. La primera es que desconocemos cómo quedarán articulados los capítulos que <strong>precederán a este.</strong> La segunda es que esta es una muestra "de la colección", por tanto, de un depósito heredado y de unos fondos que, aunque susceptibles de completarse con las compras venideras, <strong>tienen sus limitaciones</strong>. Dicho esto, la propuesta del actual equipo del museo ha preferido librarse de la documentación, disonancia notable con los modos del anterior director de la institución, Manuel Borja-Villel. Si bien es apreciable que la exposición no pretenda que el visitante <strong>se deje las pestañas </strong>escudriñando recortes tras una vitrina, me pregunto a cuánta complejidad se renuncia si nos quedamos solo con las obras apoyadas en el auxilio de las cartelas, por muy bien escritas que estas estén (que lo están). Con un recorrido que atraviesa periodos <strong>tan históricamente complejos</strong>, se corre el riesgo de que las obras (y los temas) queden aplanadas sin materiales que las contextualicen y que, en buena medida, permitan al visitante confrontar el relato que la institución le ofrece mediante el montaje. Más aún cuando la institución aspira a <strong>"socializar" ese discurso </strong>y a revisarlo tras ese proceso.</p><p>Por muy hospitalario que el Museo Nacional quiera enunciarse en sus planteamientos,<strong> </strong><em><strong>Colección. Arte contemporáneo 1975-presente</strong></em> es la expresión de un canon, por más que este pueda enmendarse en los años venideros. Sorprende, yendo por ejemplo al capítulo escultórico, la instauración de algunas genealogías estéticas (la escuela vasca o la catalana) frente a la completa desatención a otras <strong>(como la andaluza)</strong>. También, la preponderancia de ciertas disciplinas (como les digo, la desatención a la pintura es notable), lo que, supongo, debe leerse como una afirmación: hay unas prácticas que son capitales en el arte del último medio siglo y otras que, en el mejor de los casos, <strong>son colaterales</strong>.</p><p>Yendo al <em>display</em>, se nos dice que se ha querido <strong>huir del cubo blanco</strong> con una propuesta que firman el artista Xabier Salaberria y el arquitecto Patxi Eguiluz, consistente en aportar un punto de color sutil a alguna transición y en un panelado (a veces suspendido por cables, otras con perfiles vistos) un tanto a la moda. No creo que consigan la hazaña propuesta, aunque hay que reconocerles la astucia de insertar, en esa absurda rampa de la planta cuarta, un minicine en el que sentarse a ver <em><strong>Arrebato</strong></em>.</p><p>Otro de los asuntos dignos de discusión es si la inclusión de artistas con <strong>carreras aún incipientes </strong>en un artefacto tan gravoso como "la colección" (en su exposición, no en los fondos) es precipitada, faltándonos la distancia necesaria como para comprender cómo esos trabajos se van a articular en una escena que <strong>apenas está construyéndose</strong>. A uno puede emocionarle encontrarse con colegas de generación en una plaza tan señera, pero su elección se antoja un poco arbitraria.</p><p>Leo en algunos análisis que, con esta apuesta, Manuel Segade <strong>enmienda la plana</strong> a Borja-Villel. No sé si es lo que se pretende, pero no repetir los gestos de los predecesores<strong> no implica combatirlos</strong>. Cada director tiene derecho a plasmar su visión del arte de su momento y las aspiraciones que le confiere a la institución. En este caso, el resultado es meridianamente claro: se prioriza un relato contado a través de obras y se achican los pormenores de la discusión. Se atienden conflictos<strong> no muy desarrollados hasta ahora</strong> (el sida, lo <em>queer</em>, etcétera) y se parcela la visita en una sucesión de ítems a tratar. Se aumenta el número de los representados, se privilegian algunas genealogías bien establecidas y <strong>apenas se problematiza nada</strong>. En fin, enseñar más que confrontar.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Feb 2026 05:01:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La nueva colección del Reina Sofía: ¿Qué nos dice el museo sobre la contemporaneidad?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Museo Reina Sofía,Arte,Museos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manuel Segade 'mata al padre' y reconfigura el Reina Sofía para poner en el centro el arte español]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/manuel-segade-mata-padre-reconfigura-reina-sofia-poner-centro-arte-espanol_1_2146573.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/07bcffca-2b7b-4cf5-afc5-bf3dd750236b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Manuel Segade 'mata al padre' y reconfigura el Reina Sofía para poner en el centro el arte español"></p><p>Dos años y medio después de llegar a la dirección del <strong>Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía</strong> (MNCARS), Manuel Segade <em>mataba</em> al padre y presentaba la primera entrega de la reordenación de la colección permanente del principal museo de arte moderno y contemporáneo español. La última fue en 2021, a cargo de su antecesor, <strong>Manuel Borja-Villel</strong>, al frente de la institución durante quince años. Este lunes, Segade se sometía a su mayor reto como director del museo y lo hacía atendiendo la principal demanda del sector artístico (y parte del mediático), que echó en cara a Borja-Villel la escasa representación de <strong>artistas españoles </strong>en sus salas y que, en ocasiones, criticó un relato supuestamente complejo y excesivamente críptico. En la colección permanente construida por Segade y su equipo entran Guillermo Pérez Villalta, Joan Fontcuberta, Santiago Sierra o Miquel Barceló. Sale el 15M o el relato cronológico y se mantienen ausencias como la de <strong>Jaume Plensa</strong>. Pero no solo. </p><p>Con cartelas en papel y un lenguaje más didáctico y claro, luces led y un recorrido circular (más sencillo, pero sin escapatoria) que intenta evitar esa sensación de laberinto que dicen sentir muchos de sus visitantes, el nuevo relato expositivo del <a href="https://www.infolibre.es/temas/museo-reina-sofia/" target="_blank" >Reina Sofía</a> recorre 50 años de historia del arte, desde la Transición hasta la actualidad con el título <em><strong>Colección. Arte contemporáneo: 1975-Presente</strong></em><em>. </em>Lo hace a través de 403 obras de 224 artistas, expuestas en los tres mil quinientos metros cuadrados de la cuarta planta del edificio Sabatini. El 64% de las piezas que podrá ver el público a partir del 18 de febrero son inéditas,<strong> el 77% del total </strong>(137) pertenece a artistas de nacionalidad española y, entre los extranjeros, el 31% es de origen latinoamericano. De los 224 artistas expuestos, 198 son individuales y 26 colectivos. Del conjunto de artistas individuales, 129 (65%) son hombres y 69 (35%) mujeres. La nueva colección del museo incluye, además, adquisiciones recientes y trabajos actuales de jóvenes artistas, muchas de ellas mujeres, con una especial atención al <strong>panorama artístico español</strong>, como Laia Abril, Mònica Planes, June Crespo, Teresa Solar, Elena Alonso, Sahatsa Jauregi o Nora Aurrekoetxea.</p><p>El proceso de reordenación <strong>se completará en 2028 </strong>y ocupará, en fases sucesivas, la segunda y tercera planta del edificio Sabatini. Las obras de esta primera fase se dividen en una introducción y tres itinerarios que acogen 21 capítulos y, aunque se trata de un recorrido ordenado, no sigue criterios cronológicos. “Más que una reorganización expositiva es una relectura crítica que busca contextualizar las prácticas artísticas en diálogo con los procesos sociales, <strong>políticos y culturales</strong> que han marcado estas cinco décadas”, señalaba la presidenta del Patronato del Museo, Ángeles González Sinde, en una presentación con la presencia del ministro de Cultura, <strong>Ernest Urtasun</strong>, que calificaba la nueva reordenación como “un acontecimiento cultural de primera magnitud que refuerza el arte contemporáneo, con el que se abre el foco y se recogen más voces, más miradas y especialmente <strong>más miradas femeninas</strong>”.</p><p>Junto a Urtasun, la subdirectora artística del Reina, <strong>Amanda de la Garza</strong>, destacaba el objetivo de lograr “un museo más habitable y generoso, con criterios de ecología y sostenibilidad” y apuntaba, además, los cambios que se han realizado en torno al diseño museográfico: “Todos estamos acostumbrados al cubo blanco, instaurado en los siglos XX y XXI como el lenguaje clásico de instalación del arte moderno y contemporáneo, pero en este caso hemos desarrollado otro tipo de lenguaje de la mano del artista <strong>Xabier Salaberría</strong>, un creador de origen vasco que a través de su obra escultórica y de un pensamiento material y espacial muy específico acompaña el diseño museográfico junto con el arquitecto <strong>Patxi Eguiluz</strong>”. </p><p>En la nueva colección del Reina <strong>conviven artistas consagrados </strong>como Picasso, Miró, Dalí, Juan Genovés, Juan Muñoz, Cristina Iglesias, Juan Navarro Baldeweg, Esther Ferrer, Cristina García Rodero o Andy Warhol; creadores vinculados a la Transición y la Movida como Guillermo Pérez Villalta, Ocaña, Ouka Leele, Ceesepe, Nazario, Iván Zulueta o Alberto García-Alix; artistas con una práctica<strong> atravesada por género </strong>como Judy Chicago, Barbara Hammer, Eulàlia Grau, David Wojnarowicz, Pilar Albarracín o Cabello/Carceller; figuras clave en la <strong>representación del sida</strong> como Pepe Espaliú y Pepe Miralles; artistas que articulan sus propuestas en el marco de <strong>la crítica de la representación</strong> como Joan Fontcuberta o Dora García y aquellos que se han aproximado en su obra a<strong> la identidad afro </strong>como Pocho Guimaraes, Agnes Essonti o Rubén H. Bermúdez.</p><p>“Hemos abierto muchos relatos muy distintos en la (cuarta) planta y me parece que el fundamental ha sido el de intentar entender cómo, a pesar de la importancia de lo internacional<strong>, el arte español</strong> tiene que estar en el centro. El arte contado desde aquí, que<strong> incluye voces de Latinoamérica</strong> indisolublemente relacionadas con nuestra propia comunidad hispanohablante y que también deberían formar parte central del relato”, explicaba Manuel Segade sobre una propuesta que salda deudas pendientes con el sector artístico español. “Si me preguntarais qué quiero conseguir es que alguien que llegue aquí sin tener ni idea de arte español contemporáneo ni de qué pasó en España en los últimos 50 años pueda salir, al menos, con algunos iconos visuales que le permitan reconocer de qué hablamos cuando hablamos de arte español contemporáneo. Y esa deuda,<strong> conseguir que la propia escena se identifique</strong> con su propio relato, me parece que es fundamental”. </p><p>Más mensajes de apoyo al sector: “(Esta colección) pretende construir múltiples relatos y discutir el canon, eso es lo importante. Las actividades públicas que anunciaremos buscan ser espacios de discusión y de debate en los que escuchar también a nuestra escena, en los que podamos recomponer la colección y sus ausencias con respecto a la voz de una escena que <strong>quiere sentirse representada y que lo merece.</strong> Creo que eso es muy importante y será un trabajo de escucha futuro muy importante del museo”.</p><p>Y ese relato, Segade lo articula a partir de una pregunta que atraviesa todo su proyecto de reordenación de la colección: “¿Cómo se llega al pasado <strong>desde el presente</strong>?”. El director del Reina Sofía explicaba que su propuesta no defiende un relato único y unidireccional sino “abierto y permanentemente revisable que no trata de releer el pasado para encontrar en él un espejo donde se mire nuestra sociedad actual, sino de permitir que las preocupaciones del presente encuentren en el pasado<strong> una multitud de respuestas</strong> que permitan comprender que el hoy no es algo dado, sino un llegar a ser de construcción <strong>necesariamente colectiva</strong>.”</p><p>“En épocas inciertas como las que vivimos —añadía— no pretendemos solo imaginar futuros, sino intentar reconocer en el pasado y en el presente aquellos futuros deseables que<strong> ya estaban o están aquí</strong>. Creemos que esa es la tarea fundamental a la que nos enfrentamos como museo”. En esa búsqueda de futuros deseables se incorpora la obra de artistas que, explica Segade, no formaban parte de la colección del museo: “<strong>Lo afroespañol</strong>, Rubén Bermúdez, Agnes Essonti o Pocho Guimaraes <strong>no tenían representación</strong>. Miquel Barceló estaba vinculado a un relato diferente al suyo propio, Joan Fontcuberta tampoco había sido mostrado antes, los cuadros de Picasso rotos también son inéditos, aunque él sí estaba en la colección, pero sobre todo está la obra de <strong>mujeres más jóvenes</strong> como Marina Vargas, Mónica Planes, June Crespo o Teresa Solar que no había sido mostrada hasta el momento”. </p><p>Entre las ausencias que comparte con la colección de Borja-Villel, la de Jaume Plensa. ¿Por qué? “Hay muchos artistas importantes del siglo XXI que no están todavía en la colección porque no hay piezas lo suficientemente<strong> llamativas o interesantes</strong> para contar su relato o que encajen en los relatos que aquí estamos componiendo. En el futuro esperamos poder contar con obras que sean realmente relevantes y que encajen en lo que queremos contar”. Tampoco hay, en esta primera entrega de la reordenación, obras del Grupo El Paso, de Antonio López o del <strong>realismo madrileño</strong>, pero apunta Segade que espera poder incluirlas en la siguiente entrega. </p><p>También es significativa la ausencia de un relato acerca de los movimientos sociales desde 1975 hasta el presente o de <strong>aquel 15M</strong> al que Manuel Borja-Villel dio protagonismo en su colección. “Creo que están los mismos movimientos sociales, pero están representados en modos de arte. Esa es la diferencia. Esta planta está demostrando una confianza extrema en el arte para hablar de los <strong>problemas sociales y políticos</strong>, pero el documento pasa a segundo plano. Aquí convertimos la obra de arte en el vehículo para contar la historia de su tiempo y confiamos en ella para que haga su trabajo. La obra de arte en sí misma dice mucho más que cualquier documento que podamos plantar en sala”.</p><p>— ¿Con qué presupuesto ha contado para esta reordenación, cuánto ha costado?</p><p>— Eso no me lo sé de memoria. Son partidas muy distintas, de muchos equipos diferentes que no te puedo decir exactamente. </p><p>Segade, que asumió la dirección del Reina Sofía en junio de 2023 tras resultar seleccionado en un concurso público, señaló en la presentación de su proyecto que el relato museográfico de Manuel Borja-Villel <strong>estaba “caducado”</strong>. “Hablé de un discurso caducado porque habían cerrado ya las plantas de colección con tres capítulos de <em>Vasos comunicantes</em>. Esa era mi forma de entender la caducidad. No era porque el discurso estuviese caduco, había caducado porque <strong>ya no estaba en las salas</strong> y cuando yo llegué ya no teníamos los ocho capítulos sino el tres, el seis, el cinco, el ocho. Tenías un bingo que no te permitía contar lo que realmente era la historia porque se utilizaban unas salas de exposiciones temporales que hacían difícil el mantenimiento. De ahí venía la caducidad del museo”. </p><p>Sobre si le preocupa la injerencia y/o <strong>influencia política </strong>en los discursos y relatos del Reina Sofía, Segade señalaba que “el arte <strong>es político per se</strong>, evidentemente, pero creo que lo que<strong> </strong>no debería tener un museo nacional<strong> es una tendencia política determinada. </strong>Estas colecciones se componen colectivamente durante muchas generaciones, es la historia de 40 años del propio museo… ¿Cómo nos van a inquietar los cambios políticos respecto a la lectura de una colección cuando la colección en sí misma es lo que está aquí? El museo no ha hecho que el feminismo sea central en el arte contemporáneo porque es el arte contemporáneo el que tiene al feminismo como pauta central. No es que nos hayamos levantado un día por la mañana y nos interesen las cuestiones sociales afrodescendientes, es que el arte contemporáneo <strong>está trabajando </strong>desde ese punto de vista”. </p><p>— ¿Le preocupa que en 2027, en un hipotético escenario de<strong> triunfo de la derecha</strong>, se interrumpa todo el proceso de reordenación de la colección?</p><p>— No. He trabajado en múltiples ocasiones con gobiernos de derechas que han sido hiperrespetuosos con los discursos artísticos, por ejemplo en el Centro de Arte 2 de Mayo (CA2M) de Madrid o en el Centro Galego de Arte Contemporáneo (CEGAC), en Galicia. Creo que, por suerte, tenemos un espacio cultural <strong>lo suficientemente maduro</strong> para representar las cosas de otra manera. Es un ‘veremos’, evidentemente, pero creo que el Reina Sofía tiene un concurso modélico desde la época que le dio la dirección a Manolo Borja, en el que se respetan los códigos de buenas prácticas y como Museo Nacional Central del Arte Contemporáneo y Moderno Español creo que es fundamental que siga así y se respete esa parte. Por ahora hay una <strong>entente cordial</strong> muy buena con el ministerio y nos han ayudado mucho en las adquisiciones que queríamos para la colección en estos años, pero sin meterse en el contenido que nosotros proponíamos desde la dirección artística y desde los diferentes equipos del museo. </p><p>El director del Reina Sofía explicaba que la colección permanente “es<strong> permanentemente revisable</strong>, como las condenas de nuestro país, y la idea es que la planta sea flexible, pero no lo vamos a cambiar nada en los próximos tres años, a no ser que haya una causa de fuerza mayor, porque queremos que el equipo se centre en las otras dos plantas de la colección. Esta es una primera tentativa que tendrá <strong>muchísimas declinaciones futuras</strong> y que tiene que ir cambiando progresivamente, hay relatos que se mantendrán, otros que se transformarán, y nos encantaría mantener una galería de escultura y que crezca la colección de instalaciones, por ejemplo”. </p><p>En esta primera tentativa, el recorrido se abre con un prólogo que inaugura la obra <em><strong>Documento nº… (1975)</strong></em><em>,</em> de Juan Genovés, la imagen de un hombre solo, sentado, con los ojos cubiertos y las manos esposadas, a la espera de un interrogatorio o una ejecución. Junto a ella, aquella viñeta titulada<em> </em><em><strong>El futuro </strong></em><strong>(1975</strong><em><strong>)</strong></em> que dibujó Chumy Chúmez para la portada de <em>Hermano lobo</em> tras la muerte de Franco. Ambas obras se erigen en la puerta de entrada a tres espacios o capítulos: <em>Estructuras afectivas de la Transición, Contracultura material </em>y<em> Tentativas</em> <em>y límites de un régimen institucional para el arte en democracia</em>. </p><p>En ellas, obras de Rafael Canogar o de Joan Miró, la <strong>visibilización de la censura</strong> en la pieza <em>Seguimiento de una noticia</em>, de Concha Jerez; varios grabados de Picasso dañados tras un atentado de los Guerrilleros de Cristo Rey en la galería Theo de Madrid (1971) o el cortometraje <em>Hotel</em>, de Iván Zulueta, con música de Jota, de Los Planetas. También Ocaña, Ceesepe, Nazario, Almodóvar, Guillermo Pérez Villalta, la contracultura, la música, el video o el cómic, la Movida o el diseño de moda o de joyas. </p><p>Y después, los tres itinerarios posibles. El primero de ellos, <em><strong>Una historia de los afectos en el arte contemporáneo</strong></em>, y cuenta “una lectura emocional de estos últimos 50 años y de <strong>los usos de los afectos</strong> como herramientas de transformación social y construcción de comunidad”. El segundo, <em><strong>Los poderes de la ficción: escultura, nuevos materialismos y estéticas relacionales</strong></em>, propone “una revisión de la escultura y de la cultura material del arte contemporáneo”, además de un borrado de esa barrera existente entre la obra y el visitante, entre la ficción y la realidad. El tercero,<em><strong> La institución, el mercado y el arte que los excede a ambos</strong></em>, recoge la explosión de la nueva figuración en la pintura española, manifestaciones de arte contemporáneo que abordan sus propuestas desde posiciones políticas y en el marco de la crítica de la representación, la identidad afro o las prácticas de género de las décadas más recientes. También, por primera vez,<strong> la genealogía del Museo</strong>, “un relato de la institucionalización paulatina que cuenta por primera vez con el propio museo como parte de su colección, es decir, el museo se mira el ombligo y explica qué ha hecho”, explica Segade.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Feb 2026 20:31:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta García Miranda]]></author>
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