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    <title><![CDATA[infoLibre - Geopolítica]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/geopolitica/]]></link>
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      <title><![CDATA[Ceuta en la zona gris]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/ceuta-zona-gris_129_2234730.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/16201efd-319d-4765-886b-40dd2305a890_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ceuta en la zona gris"></p><p>Hay guerras que nadie declara y conflictos que nunca llegan a convertirse formalmente en una guerra. Entre ambos extremos se extiende un espacio cada vez más determinante en la geopolítica contemporánea: la denominada <strong>zona gris</strong>. Un terreno donde Estados y actores no estatales compiten mediante instrumentos híbridos con el objetivo de modificar el equilibrio estratégico <strong>sin cruzar el umbral de la confrontación militar abierta</strong>. Ciberataques, campañas de desinformación, coerción económica, sabotajes, presión diplomática o instrumentalización de los movimientos migratorios forman parte de un repertorio diseñado para explotar la ambigüedad. <strong>Las acciones existen, pero los responsables rara vez aparecen con claridad</strong>. Y esa incertidumbre dificulta enormemente cualquier respuesta política o jurídica.</p><p>La crisis vivida estos días en Ceuta constituye un ejemplo de esta nueva forma de competencia. No tanto porque pueda demostrarse una intervención deliberada de Marruecos —algo que exige prudencia analítica—, sino porque alrededor de la llegada masiva de personas migrantes se ha desplegado un <strong>complejo ecosistema de desinformación, polarización política y utilización geopolítica de los hechos</strong>. La difusión de rumores sobre supuestos cambios normativos, amplificados por redes sociales y aplicaciones de mensajería, evidencia hasta qué punto la desinformación actúa hoy como multiplicador de las dinámicas propias de la zona gris.</p><p>La experiencia de 2021 demostró que<strong> Rabat está dispuesto a utilizar la gestión de los flujos migratorios como instrumento de presión política cuando considera afectados sus intereses estratégicos</strong>. La apertura de la frontera tras la acogida en España del líder del Frente Polisario difícilmente admite otra interpretación. Sin embargo, convertir automáticamente cualquier incremento de la presión migratoria en una operación planificada por Marruecos simplifica un fenómeno mucho más complejo y <strong>alimenta precisamente la incertidumbre que caracteriza a la zona gris</strong>. La duda permanente forma parte de la estrategia.</p><p>Pero sería igualmente insuficiente interpretar la crisis únicamente desde la perspectiva migratoria.<strong> Ceuta ocupa uno de los espacios geográficos más sensibles del planeta</strong>. El estrecho de Gibraltar constituye uno de los principales cuellos de botella del comercio marítimo mundial. Por él transitan cada año decenas de miles de buques que conectan el Atlántico con el Mediterráneo y, a través del canal de Suez, con Asia. Proyectar influencia sobre ese espacio significa adquirir una enorme relevancia estratégica.</p><p>En este contexto, Marruecos lleva años desarrollando una política exterior mucho más ambiciosa de lo que a menudo se percibe desde Europa. Bajo el liderazgo de Mohamed VI ha consolidado una relación privilegiada con Estados Unidos. El reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental en 2020, mantenido posteriormente por Washington, alteró el equilibrio regional. Los Acuerdos de Abraham reforzaron además la normalización con Israel, inaugurando una etapa de intensa cooperación política, tecnológica y militar.</p><p>Esa cooperación ha adquirido una dimensión estratégica difícil de ignorar. Marruecos ha incorporado tecnología israelí en vigilancia fronteriza, inteligencia, defensa antiaérea y sistemas de drones, incluidas municiones merodeadoras. La modernización acelerada de las Fuerzas Armadas Reales no responde únicamente al conflicto del Sáhara Occidental; refleja también la aspiración de Rabat de convertirse en la <strong>principal potencia militar del Magreb</strong> y en un socio indispensable para la arquitectura de seguridad occidental en el norte de África.</p><p>Esta evolución altera inevitablemente la posición relativa de España. Mientras Madrid continúa apostando por preservar una relación estable con Rabat, el margen de maniobra español se reduce a medida que Marruecos amplía su interlocución directa con Washington e Israel. A la tradicional asimetría diplomática comienza a añadirse una creciente asimetría estratégica.</p><p>El problema no reside únicamente en el fortalecimiento militar marroquí. También ha cambiado el contexto internacional. La competencia entre grandes potencias, la creciente militarización del Mediterráneo, la importancia de las rutas energéticas y el protagonismo creciente del norte de África convierten al estrecho de Gibraltar en un espacio de enorme valor geopolítico. <strong>Ceuta y Melilla dejan de ser únicamente dos ciudades autónomas para convertirse en piezas de un tablero mucho más amplio</strong>.</p><p>Precisamente por ello, la instrumentalización política de la crisis resulta especialmente preocupante.<strong> En España, los flujos migratorios se presentan como amenaza para la seguridad nacional</strong>. Desde algunos sectores se reclama incluso la declaración de una supuesta emergencia nacional, pese a que el ordenamiento jurídico español reserva esa figura para catástrofes naturales o accidentes de extraordinaria gravedad, no para movimientos migratorios. Se consolida así un marco que identifica movilidad humana e inseguridad, reforzando la lógica securitaria que desde hace años impregna las políticas migratorias europeas. Y todo ello a un año escaso de las elecciones generales.</p><p>Esta securitización beneficia a numerosos actores. Alimenta la polarización interna, fortalece los discursos construidos sobre el miedo y desplaza el debate desde la gestión racional de la migración hacia un marco de confrontación permanente. Pero también proyecta al exterior la imagen de una Unión Europea incapaz de gestionar colectivamente sus fronteras sin depender crecientemente de terceros países.<strong> La externalización del control migratorio constituye, de hecho, una de las principales vulnerabilidades estratégicas europeas</strong>. Durante años, Bruselas ha delegado buena parte de la gestión de sus fronteras en países vecinos mediante incentivos financieros, cooperación policial y acuerdos políticos. Ese modelo reduce los incentivos para construir una verdadera política común de inmigración y asilo y, al mismo tiempo, incrementa la capacidad de influencia de quienes ejercen como guardianes exteriores de Europa. Cuando la seguridad depende de decisiones adoptadas fuera de la Unión, la autonomía estratégica se convierte en un objetivo difícilmente alcanzable.</p><p>Ceuta simboliza esa contradicción. No es únicamente una frontera entre España y Marruecos. <strong>Es una frontera entre Europa y África</strong>, entre el Atlántico y el Mediterráneo, y entre distintas formas de ejercer el poder en un mundo crecientemente híbrido. Reducir lo sucedido estos días a un simple episodio migratorio equivale a ignorar la profundidad del cambio geopolítico que atraviesa nuestro entorno inmediato. </p><p>Mientras España y la Unión Europea reaccionan crisis tras crisis, <strong>Marruecos continúa acumulando activos estratégicos</strong>. Ha consolidado una relación privilegiada con Washington, se ha convertido en el principal socio regional de Israel tras los Acuerdos de Abraham y avanza en la modernización de sus capacidades militares y tecnológicas. Todo ello incrementa su capacidad de influencia sobre un espacio tan sensible como el estrecho de Gibraltar.</p><p>El verdadero problema para España no es únicamente la creciente fortaleza de Marruecos, sino <strong>la ausencia de una estrategia propia para un Mediterráneo que ha dejado de ser una periferia para convertirse en uno de los principales escenarios de la competencia geopolítica global</strong>. Durante demasiado tiempo se ha confiado en que la estabilidad podía garantizarse mediante cooperación policial y acuerdos migratorios. Sin embargo, la lógica de la zona gris demuestra que la estabilidad ya no depende únicamente de la buena voluntad de los vecinos, sino de la capacidad para reducir vulnerabilidades, reforzar la autonomía estratégica y comprender que la competencia geopolítica comienza mucho antes de que estalle una crisis visible.</p><p>__________________</p><p><em><strong>Ruth Ferrero-Turrión</strong></em><em> es doctora internacional por la UCM y MPhil en Estudios de Europa del Este (UNED). Profesora de Ciencia Política en la UCM.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Aug 2026 17:26:42 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ruth Ferrero-Turrión]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Ceuta,España,Marruecos,Geopolítica,Conflictos fronterizos,Opinión]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El reto digital de Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/reto-digital-europa_129_2227821.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b7dc48b0-d9a3-4e21-a112-bd29bd48e65d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El reto digital de Europa"></p><p><strong>Quizá el mayor reto geopolítico que afronta Europa sea su competencia en la Red.</strong> La Red se ha convertido en el condensador de las grandes inversiones. Para analizar qué conexiones existen entre las grandes tecnológicas, las grandes corporaciones de la Red y todo el entramado económico que vehícula, hay que comenzar por conocer qué se juega en cada una de las capas de internet.</p><p>Internet se suele descomponer en seis niveles, cada uno de los cuales cumple ciertas funciones y acumula cierto valor. Una primera capa responde a la pregunta <strong>¿por dónde circulan los datos?</strong> Esta capa tiene carácter físico y se limita a transportar físicamente paquetes de bits de un punto a otro. Se trata de la primera infraestructura: <strong>cable submarino, cable terrestre, satélites e infraestructura de soporte de estas líneas</strong>. Concentra una actividad intensiva de capital y añade poco valor, por lo que el margen económico es bajo. Sin embargo, la inversión es estratégica, pues nada podría funcionar sin esta infraestructura. Fabricantes de cable, empresas encargadas de instalación y tendido, de mantenimiento y reparación, etc., apenas tienen margen económico. Su tecnología, una vez instalada, es relativamente estable y estándar. Pero sus instalaciones son fundamentales estratégicamente.</p><p><strong>El 90% del tráfico de internet circula por cable submarino</strong>, cables de enorme envergadura que unen continentes y están casi en su totalidad bajo titularidad de empresas norteamericanas. En el cable terrestre alcanzan gran importancia empresas europeas como Deutsche Telekom, Telefónica, Bt, etc. Sin embargo, en zonas dónde no puede llegar el cable por dificultad geográfica o geopolítica, guerras, territorios arrasados, aislados, etc., el sistema satelital de baja altura LEO cumple la transmisión no cableada de información. En Occidente, la ventaja la tienen las Big Tech, Elon Musk especialmente.</p><p>La segunda capa responde a <strong>¿cómo circulan los datos?</strong> Y forma la Red IP. Es decir, la red que asigna a cada dispositivo una etiqueta de identificación. Aquí aparecen los routers, <em>switches</em>, protocolos, BGP y MPLS. <strong>Ya no sólo transportan bits, deciden dónde los transportan.</strong> Aquí el valor añadido aumenta al introducir algoritmos que direccionan el mercado. Brevemente definidos: el router permite interconectar redes con distinto prefijo en las direcciones IP; los <em>switches</em> son dispositivos que permiten conectar distintos dispositivos a una misma red LAN; los protocolos en la segunda capa tienen por función principal transferir datos sin errores entre dispositivos conectados a una misma red física; el protocolo de enrutamiento entre dominios BGP desempeña un papel crucial a mantener unida internet y proporcionar la ruta para que los paquetes IP fluyan entre las redes de todo el mundo operadas por diferentes proveedores; una red MPLS es una Red Virtual Privada (VPN) que proporciona la comunicación entre sedes o delegaciones de una empresa de manera totalmente segura y fiable.</p><p>La tercera capa responde a <strong>¿dónde se ejecuta?</strong> Y está compuesta básicamente por los <strong>centros de datos (</strong><em><strong>data-centers</strong></em><strong>)</strong>, no se decide sólo las rutas, se decide también <strong>dónde se ejecuta una aplicación, dónde se guardan los datos, qué servidor se va a utilizar y cómo se va a repartir la carga</strong>. Esta capa compone el nivel de infraestructura digital en la que los datos, las aplicaciones y los recursos computacionales son organizados dinámicamente para ejecutar funciones, distribuir cargas de trabajo, almacenar información y prestar servicios digitales. Aquí aparece mucho software, con multitud de funciones, pues deben activarse numerosas aplicaciones. <strong>El consumo energético es máximo.</strong></p><p>En la cuarta capa, <strong>la nube (</strong><em><strong>cloud</strong></em><strong>) responde a la pregunta ¿qué recursos computacionales solicito?</strong> Aquí, el usuario deja de comprar servidores y compra servicios. Se trata del uso de servidores remotos a través de Internet para almacenar, administrar y procesar datos, eliminando la necesidad de una infraestructura física local. En la actualidad prácticamente todos los servicios y herramientas de internet pueden estar en la nube. A este nivel hay grandes plataformas que gestionan globalmente las redes como cloud, las más importantes <strong>Amazon EC2, Azure Virtual Machines, Google Cloud Run</strong>.</p><p>Por ejemplo, una empresa quiere crear una aplicación que analice videos o imágenes. A este nivel la empresa debe construir su propia solución; debe elegir el modelo de IA a utilizar, pensar cómo diseñar la aplicación, cómo almacenar los vídeos, las imágenes, cómo gestionar los usuarios y cómo distribuir el tráfico. <strong>La nube le ofrece los recursos para construirla.</strong> Aquí el valor añadido ya es alto, pues <strong>el cliente no compra infraestructura, sino inteligencia</strong>. Pero en este caso, la empresa aún debe construir su solución.</p><p>La quinta capa responde, no ya a qué recursos, sino a <strong>qué funciones quiero</strong>. Está formada por grandes plataformas que ofrecen un entorno funcional ya organizado. Grandes plataformas como Amazon, por ejemplo, no extraen su rentabilidad de la propiedad de la fibra, ni de tener servidores repartidos por todo el mundo, AWS en este caso, obtiene los beneficios sobre todo de <strong>la venta de bases de datos administradas, de la seguridad, del aprendizaje automático y gracias a que disponen de una plataforma integrada y completa</strong>.</p><p>Las grandes plataformas ofrecen albergue a otras plataformas, por ejemplo médicas. En este caso ofrecen medios técnicos para la identidad, las APIs, la seguridad, el almacenamiento, la nube, la IA, la distribución y centro de datos. Así, por ejemplo, un hospital utiliza una plataforma médica digital que se alberga en una plataforma técnica. La plataforma médica proporciona cuentas de médicos, almacenamiento de imágenes, historial de pacientes, gestión de permisos, interfaz, conexión a modelos IA, auditoría y facturación. En este hospital, un médico sube una radiografía, <strong>la plataforma se ocupa de todo el flujo operativo</strong>: identifica al médico, comprueba permisos, almacena la imagen, envía la imagen al servicio adecuado y devuelve el resultado. <strong>Se convierte así en el ecosistema operativo del servicio.</strong> Pero, aunque la plataforma haga desaparecer la complejidad técnica del usuario, esto no significa que ella misma sea la inteligencia que interpreta el contenido.</p><p>Ahora bien, lo que sucede es que <strong>la quinta y la sexta capa cada vez están más integradas</strong>. La sexta corresponde a la IA y va penetrando todos los niveles (por ejemplo, gestiona el consumo energético de un Data Center). Ciñéndonos al caso, <strong>la IA analizaría la radiografía, efectuaría un reconocimiento de patrones, compararía con datos aprendidos, realizaría procesos de inferencia e interpretaría</strong> “Existe una probabilidad elevada de que este paciente tenga tal enfermedad”, etc. Aquí es la IA, y no el médico, quién interpreta la imagen.</p><p>La IA no sólo funciona en la relación usuario-máquina; también lo hace mediante <strong>IoT (siglas en inglés de </strong><em><strong>Internet of things</strong></em><strong>, en español: Internet de las cosas), interviniendo entre máquina-máquina</strong>. Por ejemplo, en las calles de una ciudad puede haber cámaras, sensores de tráfico, semáforos conectados, sensores de calidad del aire, vehículos conectados a una plataforma de gestión urbana y un sistema de IA. Así, si se produce un accidente, los sensores transmiten en tiempo real datos (mediante Starlink, por ejemplo), a una plataforma IoT dotada de IA. La IA interpreta “Se ha producido un accidente. Se acumula el tráfico, se aproxima una ambulancia, necesita una ruta rápida, es necesario modificar la circulación” y decide: <strong>cambia los semáforos, crea una ruta prioritaria para la ambulancia, desvía el tráfico en determinadas calles, ajusta los paneles informativos, reduce la velocidad máxima, activa cámaras adicionales y todo ello sin que nadie haga nada</strong>. Y esa información se acumula como experiencia y sirve para las siguientes situaciones.</p><p>Como se ve, <strong>la sexta capa, la IA, aunque en periodo de transición, es la que puede generar mayor valor añadido</strong>. En esta capa prácticamente desaparece la informática para el cliente. Con la IA el usuario no tiene que buscar ni elegir el modelo que quiere, lo hace la IA porque sabe qué necesita. De ahí las ingentes inversiones en IA y la competencia exacerbada que despierta por ganar el mercado de modelos IA.</p><p>Europa posee empresas muy competitivas en las capas inferiores; por ejemplo, <strong>la ASML fabrica la maquinaria más avanzada para producir chips; la Prysmian, para cable; Nokia y Ericsson son suministradores muy importantes de infraestructura de telecomunicaciones; </strong>Airbus desarrolla sistemas muy competitivos aeroespaciales.</p><p>Sin embargo, <strong>las empresas norteamericanas AWS (Amazon), Microsoft, Google Cloud, Open AI y Meta, o las correspondientes chinas, Alibaba Cloud, Huawei Cloud, Tencent Cloud y sus propios modelos de IA, copan el mercado de las capas de más valor añadido</strong>. No es que las capas inferiores no tengan valor, son imprescindibles, pero valor y poder de mercado se acumula en las superiores porque éstas acumulan el software, los datos, la capacidad de innovación inmediata y sobre todo, la relación inteligente y directa con el cliente.</p><p><strong>Por tanto, la dependencia europea radica en las capas altas de internet.</strong> Europa trata de contrarrestar este déficit desarrollando una infraestructura cloud frente al predominio de los proveedores estadounidenses; también intenta hacer frente a las grandes plataformas de servicios digitales copados por plataformas USA, a la conectividad aérea dominada por el emporio satelital de Elon Musk Starlink. Frente a esto último, Europa trata de asegurar la conectividad para situaciones críticas, mediante <strong>la red satelital IRIS</strong> —para los servicios fundamentales: administración pública, defensa, sanidad, investigación, infraestructuras críticas, industria— e, igualmente, reforzar la producción de semiconductores y ampliar la capacidad de los Data Center intentando crear un ecosistema cloud más soberano. Por tanto, no se trata de emular a EEUU o a China, cosa imposible, sino de lograr un mínimo de independencia y garantía al menos en la nube (OVH Cloud, IONOS, Scale Way, etc.). <strong>El reto está justo en cómo, teniendo EEUU el control de las redes físicas y satelitales —y por tanto la circulación, priorización y velocidad de los datos—, Europa puede conseguir un ecosistema independiente.</strong></p><p>________________</p><p><em><strong>Sergio Hinojosa</strong></em> <em>es licenciado en Filosofía por la Universidad de Granada y profesor de instituto.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Aug 2026 04:01:02 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sergio Hinojosa]]></author>
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      <title><![CDATA[Seguridad económica en tiempos de interdependencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/seguridad-economica-tiempos-interdependencia_129_2229160.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8211c830-9d67-46e8-98f5-aa38eb7bd5c8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Seguridad económica en tiempos de interdependencia"></p><p>Con la creciente centralidad de la competencia geopolítica, el concepto de seguridad <strong>se ha asentado como una dimensión transversal en la gran mayoría de las políticas de la Unión Europea</strong>. Esta lógica también ha alcanzado la esfera económica. El término "seguridad económica" ocupa ya un lugar central en el debate comunitario, desde la <a href="https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/ALL/?uri=CELEX:52023JC0020" target="_blank">Estrategia de Seguridad Económica</a> presentada por la Comisión Europea en 2023 hasta el <a href="https://commission.europa.eu/topics/competitiveness/draghi-report_en" target="_blank"><em>informe Draghi</em></a> sobre competitividad.</p><p>A diferencia de la competencia geopolítica de la Guerra Fría, que operaba entre bloques relativamente estancos con reducida relación comercial, <strong>esta nueva etapa de rivalidad se despliega en un contexto de economía globalizada</strong>, sustentada en densas y complejas redes de interdependencia. El resurgir de los intereses nacionales por encima de las estructuras multilaterales está configurando un mundo caracterizado cada vez más por la confrontación económica, la coerción y la instrumentalización de las dependencias. Todo ello ha expuesto <strong>las profundas vulnerabilidades que padece la UE y que amenazan directamente al proyecto comunitario</strong>.</p><p>Por ello, hoy <strong>resulta insuficiente definir la seguridad desde un prisma únicamente militar</strong>. Hace falta adoptar <strong>una visión integral que conciba la seguridad como algo transversal</strong>, que se juega simultáneamente en el terreno de la defensa, la energía, la industria, las cadenas de valor y la tecnología. Lo que durante décadas se trató como política comercial, con la eficiencia y la obtención de crecientes beneficios como principales objetivos, se ha convertido, nos guste o no, en política de seguridad.</p><p>La inserción de este enfoque en la esfera económica suele generar recelo, sobre todo entre los sectores más liberales, que continúan concibiendo el libre mercado como un bien en sí mismo. Sin embargo, este recelo suele ir asociado al error de <strong>hacer equivaler seguridad económica con oposición al mercado global</strong>. Nada más lejos de la realidad.</p><p>La madurez de la UE exige <strong>reconocer los beneficios del libre mercado y de la interdependencia económica</strong>, pero también asumir que este esquema, en un contexto de rivalidad geopolítica, puede generar vulnerabilidades que rivales sistémicos u otros países, incluso socios, pueden explotar. Lo vemos con ejemplos recientes como <strong>la utilización del gas como herramienta de presión por parte de Rusia tras la invasión de Ucrania</strong>, las restricciones a la exportación de materias primas críticas impuestas por Pekín como represalia geopolítica, y las estrategias comerciales coercitivas de la administración Trump.</p><p>La solución, evidentemente, <strong>no pasa por la autarquía</strong>. Para una economía abierta como la europea, integrada en cadenas de valor globales de las que depende el bienestar de sus ciudadanos, esa salida no es viable ni deseable. Los costes serían inasumibles. <strong>La seguridad económica consiste en evitar la ingenuidad respecto a quién tiene la capacidad de estrangular suministros críticos y actuar en consecuencia, no en levantar muros</strong>.</p><p>¿Qué implica, entonces, la seguridad económica en tiempos de interdependencia? Implica, en primer lugar, <strong>mantener la apertura comercial, pero incorporando las consideraciones de soberanía y resiliencia necesarias</strong> para asegurar que la UE pueda moldear su futuro en vez de limitarse a reaccionar ante <em>shocks </em>externos. En segundo lugar, implica asumir que <strong>no todas las relaciones comerciales ofrecen el mismo grado de fiabilidad</strong>, y que conviene distinguir entre dos tipos de afinidad con nuestros socios. La primera es funcional, es la que mantenemos con actores que comparten el interés en un mercado global, aunque no necesariamente nuestros principios políticos. La segunda es de valores y hace referencia a la que construimos con países comprometidos con las mismas estructuras democráticas y multilaterales. <strong>Ambas son necesarias, pero no son intercambiables</strong>, debido a que no se pueden depositar las mismas expectativas de fiabilidad y confianza en un socio funcional que en un aliado que comparte nuestros valores.</p><p>Pero el objetivo no es solamente reducir vulnerabilidades a través de la diversificación de socios fiables. Un elemento igualmente esencial de la seguridad económica es <strong>reforzar nuestra competitividad global y nuestra posición en las cadenas de valor más relevantes</strong>. En otras palabras, <strong>hay que hacerse imprescindibles en el entramado económico mundial</strong>. Un actor del que otros dependen tiene mucha más capacidad de disuasión y negociación que otro que simplemente ha diversificado sus proveedores, pero carece de relevancia en las estructuras de producción mundial. Europa ya cuenta con activos de este tipo como <strong>las máquinas de fotolitografía que emplean tecnologías de luz ultravioleta extrema</strong>, sin la cual Estados Unidos ni China pueden fabricar los semiconductores más avanzados.</p><p><strong>Todo ello solo es posible a escala comunitaria</strong>. Los Estados miembros por sí solos carecen de la masa crítica necesaria para disuadir a terceros de guerras comerciales o presiones económicas. <strong>Una respuesta fragmentada a este nuevo contexto solo se traducirá en duplicidades e ineficiencias</strong> que acabarán por erosionar el mercado común europeo, que es, precisamente, <strong>el principal activo estratégico del bloque</strong>.</p><p>Esta nueva orientación de la política económica europea, pasando de una lógica basada en la eficiencia a otra diferente, que incluye también la seguridad, <strong>comportará costes a corto y medio plazo</strong>. Relocalizar industria crítica en la Unión Europea o en países afines, reducir importaciones de productos esenciales procedentes de actores no fiables, aunque los vendan más baratos, o construir capacidades propias en sectores estratégicos <strong>no saldrá barato</strong>.</p><p>No obstante, <strong>la alternativa es no hacer nada y esperar a que nadie explote nuestras vulnerabilidades</strong>. Esta posición resulta difícil de sostener cuando incluso el mayor aliado de la historia de la UE trata de obtener beneficios políticos coaccionándonos económicamente. Como todo, las posibilidades de que la Unión Europea sobreviva a un contexto tan competitivo pasan por <strong>asumir un papel proactivo que no nos deje desprotegidos ante factores externos</strong>. Pasan, en definitiva, por <strong>dejar de confundir apertura con indefensión</strong>.</p><p>____________________</p><p><em><strong>Marcel Muñoz Rodríguez</strong></em><em> es coordinador de Políticas Públicas de la Fundación Alternativas.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Jul 2026 04:00:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marcel Muñoz Rodríguez]]></author>
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      <title><![CDATA[El asunto de Gibraltar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/asunto-gibraltar_129_2227939.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a5419c3d-5e92-4fca-b36f-71c9017b6c0d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El asunto de Gibraltar"></p><p>Una de las circunstancias más curiosas, desde mi punto de vista, que he vivido a lo largo de mi vida, cuando se ha puesto en primer plano de actualidad el asunto de Gibraltar, es <strong>la diferencia tan radical de la valoración en función de que esta la hiciera lo que aquí, en el Campo de Gibraltar, llamamos “gente de fuera” o “gente de aquí”</strong>.</p><p>Otros criterios como solvencia profesional, erudición académica, conocimientos geoestratégicos, etc. <strong>no lograban superar en intensidad la visión cercana</strong>, por muy sesudos que fueran.</p><p>Por una parte, pienso que es lógico que así sea, pero, por otra parte, al poder tratarse de un asunto de Estado, entiendo que podía suscitarse la duda.</p><p>Cuando me pregunto por qué no se suscita, quizás esté la razón en <strong>la percepción de que somos una zona olvidada de España que, a duras penas, aparece en los telediarios cuando se habla de marginalidad</strong>.</p><p><strong>Coincido en la calificación de momento histórico o, por lo menos, peculiar.</strong></p><p>Evidentemente, <strong>el Brexit y el paso cambiado de Gibraltar ante la metrópoli han sido el detonante del estado de la cuestión actual</strong>.</p><p>Pero vayamos a un paso anterior. <strong>La metrópoli no atraviesa su mejor momento.</strong> La globalización ha laminado los imperios, la economía del Reino Unido se trastoca de tal manera que la población, con o sin maniobra conspiranoica, ve el Brexit como una salida. <strong>Los acontecimientos se encargan, a estas alturas, de evidenciar que no era solución.</strong></p><p>En esta tesitura, <strong>la metrópoli hace ver a la colonia que tiene que buscarse la vida autónomamente porque no hay recursos ni para pintar los colegios</strong>.</p><p>Gibraltar, y el poder allí instalado por conveniencia, <strong>entienden el mensaje a la primera, listos con pedigrí como son</strong>.</p><p><strong>España, que lee sagazmente, desde mi punto de vista, la ocasión, se pone a la tarea.</strong></p><p>Sabe que si intenta llegar a un acuerdo con los de “a lo que sea, NO”, el tema no sale y decide que <strong>el negociador visible sea la UE, bajo su atenta mirada y su veto</strong>.</p><p><strong>Todos están de acuerdo en que notoriedad la mínima, discreción total.</strong></p><p>En esas estamos: <strong>Reino Unido se quita un lastre económico inasumible, Gibraltar se asegura de que no se toque lo intocable</strong> y entra en una dinámica de “mantente mientras cobro” que tan acreditadamente maneja, y <strong>España, también aplazando lo intocable, busca una salida a la degradada zona del Campo de Gibraltar</strong>, en la idea de inyectar parte del PIB de Gibraltar en el entorno, sin ningún ánimo de ocultarlo, bautizando la situación como de <strong>prosperidad compartida</strong>.</p><p>Veremos cómo rueda el invento porque, para los habitantes del Peñón, eternos becarios de la metrópoli, <strong>la fluidez y la libertad de movimientos van a tener un coste al que se irán incorporando paulatinamente</strong>, pero a cuya mejora de calidad de vida les va a ser difícil renunciar.</p><p>Es posible que del lado español surjan increíbles equilibrios, sesudos análisis de Derecho internacional, cutreces varias, etc., <strong>en la derecha extrema y en la extrema derecha para aparentar el pataleo sin modificar la situación creada de facto</strong>, que estabiliza una parte muy sensible del Estado español.</p><p>Puedo entender que alguien de Cuenca, con todos mis respetos para los conquenses, no vea el pragmatismo y empiece su razonamiento en Utrecht o Castilla, pero debe comprender que <strong>ni España es China, aunque abunden los bazares, ni Gibraltar es Hong Kong</strong>.</p><p>Solo deseo, desde este rincón del mundo, que sea para bien.</p><p>____________</p><p><em><strong>Manuel María Garcés Puerto</strong></em><em> es socio de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Jul 2026 04:01:06 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Manuel María Garcés Puerto]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El asunto de Gibraltar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gibraltar,Brexit,Reino Unido,Unión Europea,España,Geopolítica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El algoritmo del fútbol]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/algoritmo-futbol_129_2227814.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4d2151df-07e2-4cd1-a877-c8c7c9717545_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El algoritmo del fútbol"></p><p><strong>La final del Mundial entre España y Argentina debería ser una celebración.</strong> Dos países unidos por una lengua, una historia entrelazada, millones de vínculos familiares y culturales. Dos pueblos que durante décadas han compartido canciones, literatura, migraciones, alegrías y tragedias. Un partido entre hermanos. Una fiesta.</p><p>No. <strong>En este mundo hiperpolarizado hasta una pelota vive presa de la lógica de bloques.</strong> España y Argentina encarnan simbólicamente las dos sensibilidades geopolíticas enfrentadas: una España más cercana a las posiciones propalestinas y una Argentina alineada con el eje político israelí. <strong>El césped se torna cuadrilátero donde las tensiones del mundo exterior proyectan sus sombras.</strong> Ya no basta ganar un partido: es necesario que se imponga una identidad, una ideología, una forma de entender el mundo.</p><p><strong>¿Qué queda del fútbol de la calle, de la escuela, del barrio, del corazón?</strong></p><p>El fútbol nació como una ceremonia colectiva sencilla: veintidós personas persiguiendo un balón, una multitud compartiendo emociones, una competición donde el talento, el esfuerzo y el azar decidían el resultado. <strong>Era una metáfora lúdica de la vida: había vencedores y vencidos, y también respeto, belleza, incertidumbre, épica.</strong></p><p>Hoy esa imagen parece lejana. <strong>El fútbol es una gigantesca industria global. Los jugadores son logotipos comerciales.</strong> Los clubes son multinacionales. Los aficionados son consumidores. La selección es “la marca España” en vez de “la alargada sombra del ciprés”. No encarna el alma de nuestro país, sino nuestra hambre patria de éxito planetario.</p><p>El balón sigue rodando, pero alrededor de él gira <strong>una maquinaria económica de dimensiones colosales: derechos televisivos, patrocinadores, apuestas, merchandising, plataformas digitales, turismo deportivo.</strong></p><p><strong>¿Cuánto hay de competición y cuánto de espectáculo diseñado para generar beneficios?</strong></p><p><strong>¿Dónde termina el deporte y dónde empieza el show-business?</strong></p><p>Los ansiados mundiales, esperados con tanta expectación durante cuatro años, ya no solo venden partidos; venden experiencias, identidades y emociones manufacturadas. Un aficionado puede recorrer miles de kilómetros, pagar precios desorbitados por un vuelo, un hotel y una entrada, endeudarse durante meses para estar noventa minutos en una grada. <strong>No compra un asiento, una localidad, sino un sitio, el suyo: compra la sensación de pertenecer a algo más grande que su “insignificante humanidad”.</strong> Y una eyaculación de felicidad. Diez mil euros es un precio razonable por ese “orgasmo de poder” que no está al alcance del simple mortal de ninguna otra forma.</p><p>En una sociedad donde muchas personas se sienten aisladas, desconectadas y privadas de grandes relatos colectivos, <strong>el fútbol ofrece una patria emocional instantánea</strong>. Durante unas semanas millones de personas dejan de ser individuos anónimos y se mimetizan anímicamente en una multitud con un mismo afán y un grito unánime de aliento.</p><p><strong>Pero esa emoción no es limpia. Desemboca en fanatismo.</strong></p><p><strong>¿Por qué necesitamos tanto ganar y demostrar públicamente que hemos ganado? </strong></p><p><strong>¿Por qué una derrota deportiva puede provocar tristeza profunda, rabia o incluso violencia?</strong> ¿Por qué alguien que jamás conocerá personalmente a los jugadores siente que una victoria de once desconocidos representa un triunfo propio, quizá el mayor de su vida?</p><p>Acaso porque <strong>el fútbol ha ocupado el espacio que antes llenaban otras formas de pertenencia</strong>. Las comunidades tradicionales se han debilitado, las religiones pierden influencia en muchas sociedades, las ideologías políticas ya no movilizan como antaño, y <strong>el </strong>individuo contemporáneo, más libre pero también más solo, busca nuevas formas de identidad e integración colectiva.</p><p>La camiseta de una selección se transforma en bandera emocional. El estadio, en templo. El partido, en ritual colectivo. <strong>Pero todo ritual puede ser manipulado.</strong></p><p>El fútbol actual no solo mueve emociones; mueve miles de millones. Y cuando hay tanto dinero en juego, resulta ingenuo pensar que la política permanece al margen. La polémica intervención de Donald Trump para retirar la tarjeta roja a un jugador de la selección estadounidense demuestra hasta qué punto el poder político intenta apropiarse del espectáculo deportivo. La independencia del deporte queda cuestionada cuando los líderes descubren que <strong>un balón moviliza más pasiones que los discursos, el precio del petróleo o las bombas</strong>.</p><p>El fútbol se vuelve un instrumento de influencia,<strong> una plataforma de propaganda </strong>y un territorio donde las naciones proyectan su poder.</p><p>Y los aficionados se dejan arrastrar. <strong>Son la pieza clave del engranaje y al tiempo sujeto pasivo movido por hilos invisibles.</strong></p><p>La industria del fútbol necesita emociones extremas porque son más rentables que las emociones moderadas. <strong>Un aficionado tranquilo consume menos que un hincha enfervorizado.</strong> La pasión devora consumo. La rivalidad vende. El enfrentamiento es un acelerador comercial.</p><p><strong>El negocio no quiere que veamos un partido; necesita que vivamos una batalla. </strong>¿Es esa histeria colectiva la consecuencia de una sociedad cada vez más vacía de alma?</p><p>Vivimos rodeados de estímulos permanentes, algoritmos que predicen nuestros gustos, redes sociales que amplifican nuestras emociones y sistemas económicos que lo reducen todo a mercancía. La atención humana es el nuevo petróleo. <strong>Quien controla nuestras emociones controla también nuestro tiempo, nuestros hábitos y nuestras decisiones.</strong></p><p>Antaño se afirmaba que el fútbol es un dispositivo de distracción masiva, “el opio del pueblo”. Hoy se ha construido alrededor del fútbol una arquitectura comercial capaz de explotar nuestras necesidades más profundas: <strong>pertenecer, competir, ser reconocidos, formar parte de una comunidad, triunfar, ocupar el primer lugar, gritar “soy yo”.</strong></p><p>Sí, hay millones de personas que aman el fútbol, aman su simbolismo, aman su sencillez, aman sus orígenes humildes, aman la autenticidad de su compromiso colectivo. Pero ese <strong>“excesivo volcarse”, esa “sobreactuada teatralidad”, esa “visceralidad patológica”</strong> que saca de nosotros por un momento una animalidad soterrada... ¿a qué obedece?</p><p>Una final entre España y Argentina debería recordarnos precisamente lo contrario. Antes que rivales somos seres humanos<strong>.</strong> Una frontera, una bandera o una camiseta no deberían borrar siglos de vínculos compartidos. <strong>La grandeza del deporte no está en destruir al adversario, sino en reconocer su valor.</strong></p><p>Quizá el verdadero triunfo no sea que España gane a Argentina o Argentina a España.</p><p><strong>El verdadero triunfo sería recuperar un fútbol donde la victoria no necesite humillar al otro. </strong>Donde la pasión no sea odio. Donde la competición no sea rapaz negocio. Donde una pelota vuelva a ser simplemente una pelota.</p><p>Cuando todo se vuelve espectáculo, propaganda y mercancía, perdemos lo bello del juego: <strong>la ilusión inocente de sentir durante noventa minutos que el mundo es tan sencillo como cantar ¡gol!</strong></p><p>____________</p><p><em><strong>Fernando Claudín di Fidio</strong></em><em> es escritor y socio de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Jul 2026 04:00:55 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Claudín di Fidio]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El algoritmo del fútbol]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fútbol,Selección Fútbol España,Argentina,Fanatismo,Geopolítica,Negocios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Más allá del estrecho de Ormuz: los cuellos de botella que pueden hacer tambalear el control de los mares]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/economia/estrecho-ormuz-cuellos-botella-tambalear-control-mares_1_2225427.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0c1f5d30-4453-4d45-9363-89fedfcc3389_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Más allá del estrecho de Ormuz: los cuellos de botella que pueden hacer tambalear el control de los mares"></p><p>Los grandes pasos marítimos del petróleo ya no se dividen entre importantes y secundarios, sino entre los que están bajo asedio, los que tienen dueño,<strong> los que están naciendo y los que sostienen todo el sistema.</strong></p><p>Cuando los mercados temen un cierre en el estrecho de Ormuz, el precio del petróleo se dispara en cuestión de horas. Lo hemos visto muy de cerca en todo 2026 <strong>La razón es bien conocida</strong>: por ese angosto paso del golfo Pérsico transita cerca del 20 % del crudo y el 25 % del gas natural licuado (GNL) que consume el mundo, según la <a href="https://www.iea.org/about/oil-security-and-emergency-response/strait-of-hormuz" target="_blank">Agencia Internacional de Energía</a>. <strong>Pero fijarse sólo en Ormuz es leer solo una página del atlas y creer que se ha entendido el mundo.</strong></p><p>La <a href="https://www.eia.gov/international/content/analysis/special_topics/World_Oil_Transit_Chokepoints/" target="_blank">Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA)</a> estima que el 76 % del petróleo mundial viaja por mar<strong>. Ese océano de crudo y gas no fluye libremente</strong>: se estrangula en una docena de pasos que concentran los flujos en espacios de pocos kilómetros, a veces de pocos cientos de metros. Lo interesante no es catalogarlos,<strong> sino entender que se dividen en cuatro familias con lógicas de riesgo muy distintas</strong>: los pasos clásicos que están bajo asedio, los que tienen dueño con nombre y apellidos, los que están naciendo ante nuestros ojos y los que sostienen silenciosamente todo el edificio.</p><p>Durante medio siglo, la seguridad de los cuatro grandes pasos del petróleo –el <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Estrecho_de_Ormuz" target="_blank">estrecho de Ormuz</a>, que conecta el golfo Pérsico con el Índico; <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Canal_de_Suez" target="_blank">el canal de Suez</a>, que sirve de paso entre el Mediterráneo y el mar Rojo; el de <a href="https://www.diarioelcanal.com/estrecho-de-bab-el-mandeb/" target="_blank">Bab el-Mandeb</a>, entre el mar Rojo y el Índico, y el <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Estrecho_de_Malaca" target="_blank">paso de Malaca</a>, que conecta el Índico con el Pacífico– descansó sobre una premisa simple: ningún actor racional se atrevería a desafiar a la marina estadounidense. <strong>Esa premisa ha muerto entre 2023 y 2026, y su certificado de defunción se firmó en el mar Rojo.</strong></p><p>En 2023, <a href="https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2392118/la_crisis_del_mar_rojo_2025_dieeea16.pdf/d1fb085c-1426-775e-76d9-c5f0ca9e51a2?t=1740480237934" target="_blank">los hutíes atacaron desde la costa yemení</a> los buques comerciales estadounidenses y británicos en tránsito por Bab el-Mandeb, <strong>como una declaración de apoyo a Hamás en la guerra contra Israel</strong>. Entonces, las milicias demostraron que un arsenal de drones y misiles baratos bastan para desviar el comercio mundial. No necesitaron hundir ninguna flota: la mera amenaza disparó los seguros marítimos y obligó a las navieras a rodear África, <strong>elevando los fletes entre un 200 y un 300 %, y alargando cada viaje entre 10 y 15 días.</strong></p><p>Tras los ataques, el canal de Suez –<strong>con apenas 313 metros de ancho en sus tramos críticos y por el que transitan unos 12 millones de barriles diarios</strong>– vio evaporarse buena parte de su tráfico sin que nadie lo bloqueara físicamente. Las flotillas navales multinacionales desplegadas en la zona, analizadas en detalle por <a href="https://www.eia.gov/international/content/analysis/special_topics/World_Oil_Transit_Chokepoints/" target="_blank">la propia EIA</a>, no lograron restaurar la confianza: la disuasión clásica no funciona contra quien no tiene nada que perder.</p><p>La misma lección se proyecta sobre los dos gigantes asiáticos del mapa. <strong>Ormuz mueve unos 20 millones de barriles diarios </strong><a href="https://www.nst.com.my/business/economy/2026/04/1411183/strait-malacca-remains-worlds-largest-oil-transit-chokepoint" target="_blank">pero Malaca lo supera</a>: 23,2 millones de barriles diarios en el primer semestre de 2025, el 29 % de todo el comercio marítimo mundial de petróleo, apretados en un pasaje de 2,5 kilómetros entre Malasia e Indonesia.</p><p>China importa por esa vía cerca del 80 % de su crudo y esa enorme dependencia genera el llamado <a href="https://asianortheast.com/malaca-inquieta-china-arteria-maritima-nutre-fabrica-mundo/" target="_blank">“dilema de Malaca”</a>.</p><p>Otro tipo de riesgo está en los pasos controlados por un Estado concreto que puede –legalmente o <span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><em>de facto</em></span>– condicionar el tránsito de terceros.<strong> Esta presión es menos espectacular que un ataque con drones, pero sus efectos pueden ser igual de profundos.</strong></p><p>Un caso de manual son <a href="https://www.mfa.gov.tr/turk-bogazlari.es.mfa" target="_blank">los estrechos turcos</a>. La convención de Montreux de 1936 dio a Turquía las llaves del Bósforo y los Dardanelos, únicos accesos al mar Negro, por donde sale el crudo kazajo y ruso hacia el Mediterráneo.</p><p>Tras la invasión de Ucrania, Ankara aplicó Montreux <a href="https://www.swissinfo.ch/spa/pese-a-la-guerra-siguen-los-negocios-y-el-comercio-en-el-b%C3%B3sforo/47648526" target="_blank">con un doble rasero</a>: cerró el paso a los buques de guerra pero lo mantuvo abierto a los petroleros rusos con crudo barato. <strong>El estrecho se convirtió en moneda de cambio de la política exterior turca </strong>y Europa descubrió que una de sus arterias de importación dependía de la buena voluntad de un socio indispensable e imprevisible.</p><p>Menos conocidos son <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Estrechos_daneses" target="_blank">los estrechos daneses</a> –<strong>Gran Belt, Pequeño Belt y Øresund</strong>–, única salida del Báltico al Atlántico. Por ellos salía alrededor de un tercio de las exportaciones marítimas rusas de crudo, antes de las sanciones económicas a Rusia por la guerra de Ucrania. Aquí no hay Montreux: Dinamarca no puede negar <a href="https://www.mundomaritimo.cl/noticias/que-es-el-derecho-de-paso-inocente-de-los-buques" target="_blank">el </a><a href="https://www.mundomaritimo.cl/noticias/que-es-el-derecho-de-paso-inocente-de-los-buques" target="_blank"><em>paso inocente</em></a><a href="https://www.mundomaritimo.cl/noticias/que-es-el-derecho-de-paso-inocente-de-los-buques" target="_blank"> que estipula el derecho marítimo</a>, <strong>por el que los barcos de todos los Estados pueden navegar por el mar territorial de otro, siempre que se trate de un paso rápido y sin detenciones. </strong>Pero la geografía impone su propio peaje: el Øresund apenas alcanza 8 metros de calado en algunos puntos, lo que veta a los superpetroleros y obliga a Rusia a usar buques más pequeños y costosos.</p><p>A esta familia también pertenecen Gibraltar, 14 kilómetros entre Europa y África, y puerta del GNL atlántico hacia el Mediterráneo, y el canal de Panamá, <strong>que conecta las costas atlánticas y pacíficas del continente americano y da salida al GNL texano hacia Asia</strong>. Panamá añade una vuelta de tuerca: <a href="https://www.unav.edu/web/global-affairs/el-canal-de-panama-expuesto-a-los-efectos-del-cambio-climatico" target="_blank">el clima se está convirtiendo en su dueño efectivo</a>. La sequía de 2023-24 en la cuenca del lago Gatún redujo el calado, impuso colas de semanas y demostró que la infraestructura más sofisticada puede ser rehén del ciclo hidrológico. La retórica de la administración Trump sobre <strong>“recuperar el canal”</strong> hizo el resto: hasta los pasos más institucionalizados vuelven a estar en el mercado de la geopolítica.</p><p>La tercera familia<strong> no aparece en los manuales clásicos de seguridad</strong> energética porque está naciendo ahora mismo. Son los corredores que el cambio climático, la transición energética y la rivalidad entre China y EE. UU. están dibujando sobre el mapa.</p><p>El más literal es el Ártico. El deshielo está convirtiendo la Ruta del Mar del Norte, a lo largo de la costa siberiana, en una autopista estacional que <a href="https://www.nodal.am/2025/10/ruta-maritima-del-norte-y-el-artico-y-la-guerra-fria-que-ya-empezo/" target="_blank">podría operar todo el año hacia mediados de siglo</a>, recortando 7 000 kilómetros entre Rotterdam y Shanghai. <strong>Rusia lleva una década preparándose con rompehielos nucleares, nuevos puertos y bases militares en la zona</strong>, mientras que en su flanco occidental está Groenlandia, con sus tierras raras y su posición dominante, lo que explica el insistente interés de Washington por la isla.Justo debajo, el GIUK Gap (el pasillo entre Groenlandia, Islandia y Reino Unido), que fue la línea antisubmarina de la Guerra Fría, se prepara para una segunda vida como corredor logístico vigilado.</p><p>En el otro extremo térmico del planeta, el canal de Mozambique se perfila como la <a href="https://www.citego.org/bdf_fiche-document-3277_es.html" target="_blank">arteria del gas africano</a>: los yacimientos de<strong> Mozambique y Tanzania</strong>, entre los diez mayores del mundo, empezarán a exportar GNL a gran escala en la segunda mitad de la década, y sus metaneros tendrán que pasar entre la costa africana y Madagascar.</p><p>El corredor emergente más inestable no es nuevo en el mapa, sino en su significado: <a href="https://www.unav.edu/web/global-affairs/conflicto-en-el-estrecho-de-taiwan-como-se-desarrollaria" target="_blank">el estrecho de Taiwán</a>. <strong>Por sus aguas transitan los petroleros y metaneros que abastecen a Japón, Corea del Sur y el norte de China</strong>. Pero también los semiconductores que alimentan la industria mundial y los cables submarinos que sostienen internet. Un conflicto en Taiwán no sería solo un <span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><em>shock</em></span> energético sino también industrial y digital simultáneo, sin precedente histórico con el que compararlo. Es el único paso del mapa cuyo cierre no admite ruta alternativa que valga.</p><p>Queda una última familia, la menos visible: las piezas que no mueven barriles pero hacen posible que los demás los muevan. <strong>Son el seguro del sistema, y como todo seguro, sólo se aprecia cuando hay siniestro:</strong></p><p>Leído así, el mapa de los cuellos de botella (<em>chokepoints</em>) es un mapa de poder. <strong>Para los importadores netos de combustibles fósiles</strong>, la lección es que diversificar fuentes sin diversificar rutas es hacer la mitad del trabajo: depender de un único corredor equivale a firmar un pagaré geopolítico con vencimiento impreciso.</p><p>-----------------------------------------</p><p><em><strong>Enrique Parra Iglesias</strong></em><strong>.</strong> Profesor Titular de la Universidad de Alcalá. Este artículo fue publicado originalmente en <a href="https://theconversation.com/" target="_blank">The Conversation</a>. Lea el <a href="https://theconversation.com/mas-alla-del-estrecho-de-ormuz-los-cuellos-de-botella-que-pueden-hacer-tambalear-el-control-de-los-mares-287394?utm_medium=email&utm_campaign=Envo%20a%20medios%201507&utm_content=Envo%20a%20medios%201507+CID_1b67540d2e5f7234f4a02e0ccc622a2e&utm_source=campaign_monitor_es&utm_term=Ms%20all%20del%20estrecho%20de%20Ormuz%20los%20cuellos%20de%20botella%20que%20pueden%20hacer%20tambalear%20el%20control%20de%20los%20mares" target="_blank" >original aquí.</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jul 2026 04:01:33 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Enrique Parra Iglesias]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Más allá del estrecho de Ormuz: los cuellos de botella que pueden hacer tambalear el control de los mares]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Petróleo,Estados Unidos,Rusia,China,Geopolítica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La carrera de fondo hacia China]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/carrera-fondo-china_129_2196397.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a5a59fd2-d3d0-449a-8d4f-392ba3cfcaf7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La carrera de fondo hacia China"></p><p><strong>Donald Trump</strong> y<strong> Vladímir Putin </strong>han viajado a <strong>China</strong> en los últimos días. Y no se trata de noticias importantes solo por lo que puedan suponer a nivel de posicionamientos geoestratégicos sino también por la carrera global que existe de cara al futuro.</p><p>Obviando la evidencia del músculo que se presupone a una superpotencia económica, más en concreto Pekín se ha erigido como un actor esencial para prácticamente todo el globo a la hora de redibujar el orden internacional.</p><p>El rumbo del multilateralismo se decide hoy en China. Lo cual no deja de ser irónico porque las grandes capitales del mundo han visto tradicionalmente a Pekín como un actor no acoplado políticamente a pesar de las aperturas promovidas po<strong>r Deng Xiaping</strong> y <strong>Jiang Zemin</strong>, ni económicamente hasta los años 2000. Washington, Bruselas y los suyos, Tokio, Nueva Delhi e incluso Moscú. Todos miraban desde lejos a Pekín.</p><p>Moscú mantenía cierta distancia de Pekín desde la época soviética, así como durante el acercamiento a Estados Unidos que China llevó a cabo en los años noventa. Los lazos sino-rusos han mejorado en la medida que los occidentales constataban su negativa a mantener relaciones normalizadas con una Rusia cada día más revisionista en torno a su menguante espacio de influencia inmediato. En el año 2022, a raíz de la ruptura definitiva entre Bruselas y Moscú, el Zhongnanhai halló una ventana de oportunidad en sus homólogos del Kremlin.</p><p>La relación ya no podía leerse solo en términos de conveniencia forzada. China y Rusia se propusieron forjar un nuevo modelo de gobernanza global no sujeto al provecho de los gobiernos occidentales, encarnados mayormente por el régimen liberal demócrata. Y con la revitalización y expansión de los BRICS o la Organización de Cooperación de Shanghái llegaron grandes proyectos como la interconexión de sistemas de pagos internacionales para romper con el dominio occidental o el desvío de suministros energéticos rusos hacia el este.</p><p>Como se ha tratado en la reciente visita de Putin a Xi Jinping, cumpliéndose un cuarto de siglo de su tratado de buena vecindad y amistad, sigue sobre la mesa el Power of Siberia 2, un gasoducto que conectaría ambos países a través de Mongolia. Sin duda, <strong>Rusia y China siguen en la senda de romper con las imposiciones de un orden diseñado bajo otra óptica histórica</strong>.</p><p>Moscú ya demostró no estar dispuesta a tolerar la supremacía de la OTAN en lo que considera su área de influencia pero Pekín ha salido de su tradicional perfil bajo para ofrecer un reto al mundo dominado por Estados Unidos a través de su poderío económico.</p><p>En primer lugar, Trump llegaba a China con un panorama aciago: su popularidad está por los suelos ante unas elecciones clave en noviembre, la visita sufrió retrasos por una guerra en Irán que no logra cerrar de manera satisfactoria para sus intereses, su guerra comercial se encuentra en una pausa forzada entre los tribunales y la respuesta firme del Gobierno chino.</p><p>De hecho se podría decir que <strong>Pekín ha sido la única gran capital en responder con firmeza ante los órdagos de Trump</strong>. El poderío de China en áreas clave como el mercado de las tierras raras hace que plantee sin estridencias imposiciones de carácter político como el “principio de una sola China” en relación con Taiwán. Pero las alabanzas de Trump a Xi tras su paso por la Plaza de Tiananmen, el Gran Salón del Pueblo y el Templo del Cielo se entienden en una óptica más empresarial.</p><p>A Donald Trump le gustan los líderes fuertes, no los líderes avasallados. Incluso aunque estos últimos estén dispuestos a aliarse contigo y los primeros no. La lógica complaciente de los europeos, aprobando el acuerdo comercial que Trump exigía a pesar de las constantes amenazas, demuestra que el republicano preferiría por mucho un acuerdo con sus homólogos ruso y chino porque, aunque rivales, le podrían ofrecer una cuota de poder en el mundo que Bruselas no está en disposición de darle.</p><p>Y es en ese marco en el que Trump y Putin acuden a China, sabedores del momento crucial que vivimos a la hora de redibujar el tan manido mundo basado en normas. Para empezar Xi es uno de los líderes más importantes de la historia del gigante asiático, con su pensamiento al nivel del de Mao Zedong en la Constitución, por lo que sabe perfectamente en qué situación se encuentra.</p><p>El llamado Sur Global y los países no alineados con Estados Unidos ofrecen a China una<strong> oportunidad de liderar el nuevo modelo multipolar global donde le correspondería un buen pedazo desde su respectivo polo</strong>. Pero hay gobiernos occidentales –como el español, que no se encuentra cómodo en el nuevo panorama global– que ante el rupturismo de Trump para adaptarse al declive de su imperio ven en China un irónico salvavidas al multilateralismo.</p><p>Xi Jinping sabe que con Rusia y socios menores puede construir algo nuevo. La crisis de Ormuz le perjudica, pero China aún cuenta con grandes apoyos energéticos como Rusia y Malasia. Sin embargo cada error que cometa Washington en Oriente Medio le alejaría un día más de confrontar las aspiraciones chinas. <strong>Xi mira a la Casa Blanca y entiende que la visita iba de marcar líneas en Taiwán y en la guerra comercial</strong>.</p><p>La ofensiva está aquí. Pekín ha aplicado por primera vez en su historia un mecanismo que reta todo el sistema de sanciones estadounidense. Considerando que la aplicación de leyes extranjeras de manera extraterritorial puede estar injustificado, China plantea hacer elegir al mundo sobre si comerciará con ellos o con Estados Unidos. Y ha empezado a hacerlo en el marco de las refinerías que operan con Irán. La guerra de Oriente Medio es el gran monstruo invisible en las reuniones de Xi, Trump y Putin. Una carrera por el futuro.</p><p>_________________________________________</p><p><em><strong>Alejandro López Canorea </strong></em><em>dirige el medio </em><a href="https://www.descifrandolaguerra.es/" target="_blank"><em>Descifrando la Guerra</em></a><em>. Antropólogo, profesor, escritor y analista de política internacional en prensa, radio y televisión.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2026 04:01:30 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alejandro López Canorea]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La carrera de fondo hacia China]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[China,Rusia,Estados Unidos,Geopolítica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trump se olvida de la guerra comercial para hacer negocios con su "amigo" Xi en China]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/internacional/trump-olvida-guerra-comercial-negocios-amigo-xi-china_1_2193673.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ccdb5c8b-7935-48a3-9c8d-6afbc2e8c5b0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Trump se olvida de la guerra comercial para hacer negocios con su "amigo" Xi en China"></p><p>El presidente estadounidense, Donald Trump, cerró este viernes una visita histórica a Pekín en la que pasó de puntillas por el contencioso de Taiwán y centró sus conversaciones en obtener intercambios económicos que levantan suspicacias en su propio círculo. “<strong>China va a invertir cientos de miles de millones con las personas que estaban en la sala</strong>. A eso vinimos”, resumió Trump en una entrevista con el presentador de Fox News, Sean Hannity.</p><p>Trump, que fue acompañado por más de una quincena de <a href="https://www.infolibre.es/mediapart/gigante-tecnovigilancia-palantir-surge-sombra-institucionalizarse-radicalizarse_1_2189655.html"  >consejeros delegados de las mayores empresas financieras</a>, tecnológicas o de ingeniería de Estados Unidos, no quiso airear el contenido de temas de índole diplomática, en defensa o ciberseguridad.</p><p>Tim Cook, consejero delegado de Apple, Elon Musk (Tesla) y Jensen Huang (Nvidia) tuvieron un papel equivalente al del secretario de Estado, Marco Rubio; el del Tesoro, Scott Bessent, y el jefe del Pentágono, Pete Hegseth.</p><p>“No sé si las cosas cambiarán tras este viaje, pero lo dudo”, explica a EFE un ejecutivo chino de una empresa tecnológica, que recuerda un chiste que se cuenta en los corrillos: “Nvidia es la única empresa que lidia con sanciones de los dos países”.</p><p>En el banquete de gala de anoche, los líderes empresariales estadounidenses acumulaban una capitalización bursátil equivalente a la tercera economía mundial, sin contar con la que habrían añadido los más altos ejecutivos de empresas chinas como ByteDance, Lenovo, Xiaomi o Hisense, también presentes.</p><p>Incluso el punto de la agenda referido al conflicto con Irán, transitó, a ojos de los estadounidenses, por esos derroteros. La Casa Blanca y posteriormente Trump destacaron que Xi se ha comprometido a comprar petróleo estadounidense para reducir la dependencia del crudo de Oriente Medio.</p><p>Laura Ingraham, líder de opinión del movimiento MAGA, <strong>dijo que permitir inversión china en EEUU es una “trampa masiva” </strong>y no son pocos los legisladores republicanos que temen que este acercamiento a China acabe siendo un caballo de Troya en sectores en el que los asiáticos son dominantes, como automoción eléctrica o energía renovable.</p><p>Trump quiso quitar importancia a puntos que Xi muy hábilmente deslizó en sus discursos, como el hecho de que China es un poder emergente y Estados Unidos uno en declive.</p><p>Según Trump, esa reflexión se refería a su predecesor Joe Biden y no a su mandato.</p><p>En cuanto al robo de propiedad intelectual y la ciberseguridad, <strong>Trump, que no ha llevado teléfono móvil en todo el viaje por motivos de seguridad, dijo que China les espía</strong>, pero ellos también y “ellos roban esto y nosotros robamos lo otro”.</p><p>La ofensiva del encanto de Xi, que agasajó a Trump con una recepción de honor militar e hizo de guía del estadounidense durante casi dos días enteros, encantó a Trump, que llamó “amigo” a Xi en varias ocasiones.</p><p>Al final, el estadounidense despegó sin que se hicieran concretas las promesas de milmillonarias compras chinas y sin que el chiste de Nvidia se haga algo menos cierto: el levantamiento de controles a <a href="https://www.infolibre.es/politica/eeuu-anula-restricciones-venta-software-diseno-chips-china_1_2025117.html"  >la exportación de chips</a> avanzados para el desarrollo de inteligencia artificial para tecnológicas chinas sigue en el aire.</p><p>Xi dijo que ambos países deben evitar la confrontación y cooperar, y le aseguró a Trump que su visión para hacer EEUU grande de nuevo y sus planes de renacimiento de la nación china son similares.</p><p>En septiembre, cuando Xi, visite la Casa Blanca, ambos podrán volver a escenificar la amistad de estos días. Todo dependerá de si la relación no se rompe entre tanto. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 May 2026 10:32:43 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Trump se olvida de la guerra comercial para hacer negocios con su "amigo" Xi en China]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,China,Geopolítica,Economía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Palantir y su hoja de ruta tecnofascista: vigilancia, militarización y poder duro al servicio de Occidente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/palantir-hoja-ruta-tecnofascista-vigilancia-militarizacion-duro-servicio-occidente_1_2183100.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/92b7a59d-ea30-4573-b367-bd262e397906_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Palantir y su hoja de ruta tecnofascista: militarización, vigilancia y poder duro al servicio de Occidente"></p><p>Una de las empresas tecnológicas con mayor influencia política y estratégica en EEUU, <strong>Palantir</strong>, acaba de poner sobre la mesa su hoja de ruta en un <strong>manifiesto de 22 puntos </strong>en el que habla sin tapujos de lo que creen que debe ser el futuro: <strong>guerra tecnológica</strong>, militarización, poder duro, eliminación paulatina del Estado y defensa de la “cultura” occidental. Esto puede parecer una simple estrategia de marketing, pero Palantir tiene el <strong>poder suficiente</strong> para llevar sus ideas a la práctica.</p><p>Hace unos días, <a href="https://www.palantir.com/" target="_blank">Palantir Technologies</a>, la multinacional estadounidense de software especializada en análisis de macrodatos y la industria de la guerra, publicó en la red social X un mensaje que servía como carta de presentación del libro que publicó el CEO de su compañía, <strong>Alexander C. Karp</strong>, junto a <strong>Nicholas W. Zamiska</strong>, jefe de Asuntos Corporativos y asesor: <em>The Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West (2025)</em>. </p><p>Pero, ¿por qué debería preocuparnos lo que pueda escribir el CEO de Palantir en un libro? Esta no es una empresa de capital privado al uso. Palantir, el año pasado, facturó cerca de <a href="https://www.xtb.com/es/analisis-de-mercado/palantir-no-deja-de-sorprender-al-mercado-otro-trimestre-otro-record" target="_blank">4.500 millones de dólares</a> y colabora codo con codo con el ejército de EEUU, la CIA, el ICE, la policía de Nueva York e incluso con países como Israel, Ucrania o Reino Unido, entre otros.</p><p>Palantir Technologies fue fundada en 2003 en Silicon Valley a raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas. Alexander Karp, un joven inversor en startups, se asoció con su excompañero de estudios <strong>Peter Thiel</strong>, miembro de la conocida <strong>“PayPal mafia” </strong>(junto a otras caras conocidas como Elon Musk o Reid Hoffman), para involucrarse en la gestión de la seguridad y la privacidad de EEUU a través de los datos.</p><p>Desde su lanzamiento, la compañía ha estado en constante colaboración con el Gobierno de EEUU. Desde la <strong>CIA</strong>, la <strong>NASA </strong>o el <strong>FBI </strong>hasta el <strong>Departamento de Defensa</strong>, el <strong>ICE </strong>o el <strong>CDC </strong>(Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades). De hecho, la empresa ha estado siempre presente en los planes de la Casa Blanca: proveyó de software al ejército para las misiones militares de EEUU en Irak y Afganistán, colaboró con el Gobierno en el manejo y distribución de datos sanitarios en la pandemia de la COVID-19 y desarrolló tecnología para la identificación y deportación de migrantes durante las <a href="https://es.wired.com/articulos/ice-y-palantir-desarrollaran-nueva-tecnologia-para-identificar-a-inmigrantes-en-ee-uu" target="_blank">redadas del ICE</a>. </p><p>La de Palantir y el Gobierno de EEUU es una <strong>simbiosis </strong>perfecta. De hecho, el gran culpable del éxito de la compañía de software no es otro que Washington, quien ha regado a Palantir de contratos federales. El último, en febrero de este mismo año, por valor de <a href="https://www.swissinfo.ch/spa/departamento-de-seguridad-nacional-de-ee.uu.-firma-contrato-de-1.000-millones-con-palantir/90970965" target="_blank">1.000 millones de dólares, firmado con el Departamento de Seguridad Nacional</a> (DHS), para funciones que van desde el control migratorio hasta la <strong>“prevención del terrorismo”</strong>. En una <a href="https://www.palantir.com/q4-2025-letter/en/" target="_blank">carta abierta a los inversores de Palantir</a> publicada el 2 de febrero, Karp reconoció que “el negocio comercial en EEUU está creciendo a un ritmo asombroso” tras generar <strong>507 millones de dólares</strong> el anterior trimestre con un <strong>aumento del 137%</strong> respecto al del año anterior. </p><p>Palantir provee distintas plataformas de software dedicadas a diferentes nichos de mercado: <strong>Foundry</strong>, por ejemplo, está dedicada a la gestión y análisis de datos, mientras que <strong>Gotham </strong>está hecha para el campo de batalla.</p><p>La multinacional de Silicon Valley ha estado y está involucrada también en los diferentes conflictos entre EEUU y Oriente Medio. En Irak o Afganistán, Gotham se ha utilizado para identificar redes terroristas, prever sus movimientos o desencadenar ataques dirigidos. Ucrania le ha servido también a su sistema de software como campo de pruebas para desarrollar más tecnología para la guerra. En enero de 2024, Palantir estableció una <strong>“asociación estratégica” </strong>con el <strong>Ministerio de Defensa israelí </strong>que se puso en marcha durante el genocidio en Gaza, como reconoció en un foro el propio Karp quien, cabe destacar, es de origen judío.</p><p>Ahora, durante el conflicto entre EEUU, Israel e Irán, Palantir está consiguiendo logros militares que hace años eran impensables. Solo en los cuatro primeros días de ofensiva, <a href="https://www.lasexta.com/noticias/internacional/eeuu-asegura-haber-alcanzado-casi-2000-objetivos-cuatro-dias-ofensiva-iran_2026030469a7cbf5e1ff634075d6d07b.html" target="_blank">Estados Unidos aseguró</a> haber alcanzado <strong>más de 2.000 objetivos en territorio iraní</strong>. En Siria fueron necesarios seis meses para alcanzar esa misma cifra.</p><p>“¡Si el Mal pudiera tuitear, esto es lo que diría!”, afirmó el profesor de Economía y exministro de Finanzas de Grecia, <strong>Yanis Varoufakis</strong>, en un mensaje respondiendo al manifiesto de Palantir. El post que publicó la compañía en X recoge extractos del libro de Karp en los que resume, no solo los planes de la propia empresa, sino el futuro de lo que algunos politólogos ya denominan <strong>“autoritarismo tecnológico”</strong>.</p><p>El texto enumera, en 22 puntos, una visión crítica hacia la deriva de Occidente y el papel que comienza a jugar la tecnología en el tablero geoestratégico. Para Palantir, Silicon Valley, tiene la<strong> “obligación moral” </strong>de priorizar la <strong>defensa nacional</strong> mediante el uso de<strong> “poder duro” </strong>y el desarrollo de una inteligencia artificial que se integre en el aparato estatal. </p><p>El manifiesto sigue la ruta marcada por los discursos de extrema derecha como la remilitarización de Europa, la intolerancia hacia el pluralismo o el ultranacionalismo, pero con una derivada tecnológica que, según <strong>Darío García de Viedma</strong>, investigador del Real Instituto Elcano en el ámbito de política tecnológica y digital, refleja uno de sus papeles principales:<strong> “Proteger los intereses nacionales de EEUU y su posición dominante”</strong>.</p><p>“La lógica es que la posición dominante de Estados Unidos se apoya, en parte, en sus capacidades de software. Para <strong>evitar que China ponga en riesgo esa posición</strong>, busca mantener su liderazgo tecnológico en este ámbito”, explica a <strong>infoLibre</strong> García de Viedma. Cuenta, además, que <strong>el caso de Palantir es complejo</strong> debido a la <strong>opacidad </strong>con la que opera la compañía: “Es una empresa muy opaca, no solo por las restricciones derivadas de sus contratos con defensa, sino también porque <strong>esa opacidad protege su valor en bolsa</strong>”. </p><p>En cuanto al manifiesto, el experto explica que <strong>“algunos elementos del texto pueden resultar chocantes”</strong>. Es curioso, comenta, que “su discurso mantiene la aversión por la diversidad, el supremacismo de la cultura estadounidense y el militarismo, pero desde el <strong>reconocimiento de la legitimidad del Estado</strong>”. </p><p>Pero, ¿puede una democracia sostener un modelo donde actores privados controlan capacidades estratégicas? Para el investigador de Elcano “estas empresas actúan como uno de los principales brazos del posicionamiento de EEUU en el mundo. A través de ellas, <strong>se posiciona como líder</strong>, al menos entre sus aliados y en parte del Sur Global, gracias a la penetración de sus empresas de software y hardware”. </p><p>“Washington sabe que <strong>sus empresas son necesarias</strong> para el funcionamiento de nuestra economía y nuestras instituciones, y <strong>puede utilizar esa dependencia</strong> en negociaciones comerciales o incluso en cuestiones de seguridad”, añade. </p><p>El mensaje de Palantir levantó un gran revuelo en redes tras su publicación. Muchos argumentaron que el manifiesto se había convertido en uno de los textos ideológicos más relevantes de este siglo, otros, en cambio, le restaron importancia. “<strong>El manifiesto de Palantir es importante</strong> porque explicita por primera vez una doctrina política y tecnológica coherente desde los intereses de una empresa de software militar”, cuenta a infoLibre <strong>José Manuel Corrales</strong>, profesor de Economía, Empresa y Relaciones Internacionales en la Universidad Europea (UE). </p><p>“Hay que recordar que Palantir es contratista estratégico en EEUU, Israel, Reino Unido y diversas agencias de seguridad y inmigración. Por tanto, <strong>no estamos ante una opinión abstracta</strong>, sino ante un una muy fundamentada en lo que es el complejo militar industrial de Estados Unidos y del mundo occidental”, explica Corrales. </p><p>Pero, <strong>¿cuál es el verdadero proyecto de Palantir?</strong> Corrales argumenta que “lo que emerge es un nuevo complejo tecno militar corporativo con empresas privadas diseñando infraestructuras clave de seguridad y estados convirtiéndose en clientes”. Y es precisamente por eso por lo que “nos debemos tomar muy en serio este manifiesto”, subraya. </p><p><strong>“Ya no es un plan secreto</strong>, sino que expresa claramente la ideología de una empresa con importante influencia real y que busca normalizar que las grandes tecnologías definan el <strong>futuro de la guerra, la seguridad y la política</strong> en el nuevo orden internacional”, concluye Corrales. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Apr 2026 04:01:44 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ignacio Prieto]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Tecnología digital,Estados Unidos,Economía,Empresas,Empresarios,Guerra,Geopolítica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Inundar la zona: ruido, distracción y declive en la estrategia política de Trump]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/inundar-zona-ruido-distraccion-declive-estrategia-politica-trump_129_2177298.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/16201efd-319d-4765-886b-40dd2305a890_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Inundar la zona: ruido, distracción y declive en la estrategia política de Trump"></p><p>En la política contemporánea, el control del relato es tan decisivo como la gestión de los hechos. No se trata únicamente de gobernar, sino de dominar los marcos interpretativos a través de los cuales la ciudadanía percibe la realidad. En este contexto, la estrategia de <strong>“inundar la zona”</strong> —popularizada en el entorno de la derecha trumpista— se ha consolidado como una <strong>herramienta central de acción política</strong>. Consiste, en esencia, en saturar el espacio informativo con una avalancha constante de <strong>declaraciones, polémicas, gestos simbólicos y conflictos artificiales</strong> que dificultan la atención sostenida sobre cuestiones estructurales o errores estratégicos de gran calado.</p><p>Esta técnica no es nueva, pero en la era digital ha alcanzado una<strong> eficacia inédita</strong>. La sobreproducción de ruido informativo genera un entorno de fatiga cognitiva donde resulta cada vez más complicado distinguir lo relevante de lo <strong>accesorio</strong>. La agenda pública deja de organizarse en torno a prioridades políticas para convertirse en un <strong>flujo caótico de estímulos</strong>. En ese terreno, quien produce más ruido impone el ritmo.</p><p>Y en este marco, <strong>Donald Trump</strong> es el maestro que ha perfeccionado esta lógica hasta convertirla en el eje de su acción política. En los últimos días, hemos asistido a una <strong>nueva escalada</strong> de esta estrategia. Desde la publicación de mensajes en los que se equipara simbólicamente con la figura del papa —al tiempo que desacredita a la institución— hasta declaraciones incendiarias sobre cuestiones internas y externas, el objetivo es claro: <strong>ocupar todo el espacio mediático posible</strong>, aunque sea a costa de la coherencia o la credibilidad.</p><p>Este tipo de intervenciones no puede analizarse como <strong>excentricidades aisladas</strong>. Forman parte de una arquitectura deliberada de distracción que busca desplazar el foco de atención de un problema mucho más profundo y que no es otro que el error estratégico de haberse involucrado en un conflicto no provocado en el <strong>Golfo Pérsico</strong>. Nos encontramos ante un escenario de alta complejidad geopolítica, donde la capacidad de maniobra de <strong>Estados Unidos</strong> es, en estos momentos, notablemente limitada.</p><p>Irán, lejos de ser un actor marginal, dispone de un instrumento de presión fundamental que es el control del acceso al <strong>estrecho de Ormuz</strong>, uno de los <strong>puntos neurálgicos del sistema energético global</strong>. La implicación estadounidense en este conflicto no solo carece de legitimidad desde el punto de vista del derecho internacional, sino que además se enfrenta a una realidad estratégica adversa. No existe una salida clara ni una narrativa convincente que permita justificar el <strong>coste político, económico y humano de la escalada</strong>. La administración Trump se encuentra atrapada en un <strong>callejón sin salida</strong>, donde cada movimiento incrementa la incertidumbre.</p><p>En este contexto, la ausencia de respuestas coherentes se traduce en una <strong>creciente ansiedad</strong> tanto en los mercados como en la opinión pública. Los inversores reaccionan con cautela ante la <strong>volatilidad geopolítica</strong>, mientras que la ciudadanía percibe una falta de dirección estratégica. Es precisamente en este punto donde la estrategia de “inundar la zona” adquiere toda su <strong>funcionalidad </strong>ya que si no se puede ofrecer una solución, se puede al menos diluir el problema en un mar de controversias paralelas.</p><p>El problema es que esta táctica, <strong>eficaz en el corto plazo</strong>, erosiona las bases mismas del sistema democrático. La saturación informativa no solo dificulta la <strong>rendición de cuentas</strong>, sino que también debilita la capacidad crítica de la ciudadanía. Cuando todo es urgente, nada lo es realmente. La política se convierte en espectáculo, y el espectáculo sustituye a la <strong>deliberación</strong>.</p><p>Pero el contexto en el que se despliega esta estrategia es aún más preocupante. Estados Unidos atraviesa un proceso acelerado de pérdida de hegemonía global. Este fenómeno no responde únicamente a <strong>factores externos</strong> —como el ascenso de otras potencias—, sino también a dinámicas internas que han <strong>debilitado su capacidad de liderazgo</strong>. La polarización política, la erosión institucional y la incapacidad para articular consensos estratégicos son síntomas de un sistema en tensión.</p><p>La <strong>política exterior trumpista</strong>, lejos de compensar estas debilidades, las está amplificando y acelerando. La intervención en el Golfo Pérsico evidencia una <strong>desconexión </strong>entre los objetivos declarados y los medios disponibles. En lugar de fortalecer su posición internacional, Estados Unidos ya se ha expuesto a un <strong>desgaste adicional</strong> que reduce su margen de maniobra en otros escenarios.</p><p>Y a todo lo anterior tenemos que añadir un elemento no menor, las <strong>derrotas ideológicas</strong> que el trumpismo está experimentando en distintos contextos electorales. La más significativa hasta el momento ha sido la de <strong>Viktor Orbán</strong> en Hungría, un referente clave para las derechas iliberales. Este revés no es un episodio aislado, sino parte de una tendencia que podría suponer un punto de inflexión en el <strong>modelo político trumpista </strong>sostenido sobre la confrontación permanente, el nacionalismo excluyente y la deslegitimación de las instituciones.</p><p>La derrota de Orbán tiene un valor simbólico que trasciende las fronteras húngaras. Representa el <strong>cuestionamiento de un proyecto político</strong> que había logrado consolidarse como alternativa al liberalismo democrático. En este sentido, el trumpismo no solo enfrenta dificultades en el ámbito geopolítico, sino también en el terreno <strong>ideológico</strong>.</p><p>La combinación de todos estos factores —error estratégico en política exterior, pérdida de hegemonía global y retrocesos ideológicos— configura un escenario de alta fragilidad y ante esto, la respuesta de la administración Trump ha sido <strong>intensificar las tácticas de distracción</strong>, apostando por el ruido como mecanismo de <strong>supervivencia política</strong>. Sin embargo, esta estrategia tiene límites evidentes.</p><p>La política no puede sostenerse indefinidamente sobre la base de la <strong>saturación informativa</strong>. Tarde o temprano, la realidad se impone. Los conflictos no resueltos, las <strong>tensiones acumuladas y las contradicciones internas</strong> acaban emergiendo, por mucho que se intenten ocultar bajo una avalancha de titulares.</p><p>“Inundar la zona” puede ganar tiempo, pero no resuelve los problemas de fondo. Y en el caso que nos ocupa, el tiempo no juega necesariamente a favor de quien lo utiliza como <strong>recurso táctico</strong>. La pregunta que queda abierta es <strong>cuánto margen le queda a esta estrategia</strong> antes de que sus efectos se vuelvan en contra de quienes la impulsan, ¿serán las elecciones de medio mandato?</p><p>______________________________</p><p><em><strong>Ruth Ferrero-Turrión</strong></em><em> es doctora internacional por la UCM y MPhil en Estudios de Europa del Este (UNED). Profesora de Ciencia Política en la UCM.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Apr 2026 18:54:40 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ruth Ferrero-Turrión]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Inundar la zona: ruido, distracción y declive en la estrategia política de Trump]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Geopolítica,Relaciones internacionales,Donald Trump,Estados Unidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Artemis II, mucho más que ciencia y curiosidad humana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/artemis-ii-ciencia-curiosidad-humana_129_2173667.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2a049c1e-f407-4742-9bbc-392f2f56ff25_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Artemis II, mucho más que ciencia y curiosidad humana"></p><p>La misión <strong>Artemis II</strong> de la NASA está recibiendo un tratamiento mediático que, para quienes tienen una cierta edad, puede parecer <strong>desproporcionado</strong>. Basta con recordar que llegó un momento en el que los vuelos del programa Apolo –24 en total entre 1969 y 1972, incluyendo 6 paseos por el suelo lunar a cargo de 12 astronautas– llegaron a ser casi una rutina. Nada quita que el sobrevuelo lunar de Artemis II suponga, sesenta años después, una nueva muestra de la más avanzada tecnología espacial estadounidense, empleando el <strong>cohete SLS</strong> (Sistema de Lanzamiento Espacial; el más grande construido por EE UU) y llevando a cabo la primera misión tripulada de la <strong>nave espacial Orión</strong>. También lo es que haya llevado a sus cuatro tripulantes al <strong>punto más lejano de la Tierra</strong> y que haya orbitado por la cara oculta de la Luna.</p><p>Pero esos detalles no pueden ocultar una cierta sensación de <em>déjà vu</em>, cuando se recuerda que ya en 1966 la Unión Soviética posó la sonda <strong>Luna 9</strong> en el suelo lunar, que China hizo lo propio en 2013 con su <strong>Chang'e 3</strong>, al igual que India en 2019 con la nave <strong>Chandrayaan-2</strong> (con el añadido de un alunizaje de la Chandrayaan-3 en el polo sur lunar, en 2023) y Japón, en 2024, con la sonda <strong>Smart Lander</strong>. Más aun, China es el único país que ha logrado alunizar en la cara oculta de nuestro satélite y traer valiosas muestras de regreso.</p><p>En primera instancia ese monumental esfuerzo suele explicarse haciendo mención a la <strong>infinita curiosidad y al ansia humana por llegar más lejos</strong> y más alto, acompañado de argumentos que ponen el énfasis en el imparable <strong>desarrollo científico y tecnológico</strong> del que toda la humanidad puede beneficiarse. Y, siendo eso cierto, es necesario añadir inmediatamente que, desde su nacimiento, la carrera espacial tiene también un marcado <strong>componente geoestratégico y geoeconómico</strong>.</p><p>Ya en la Guerra Fría quedó claro que la competencia en el espacio exterior era uno más de los frentes abiertos por la hegemonía mundial entre <strong>Washington y Moscú</strong>, con el segundo sorprendiendo al mundo en 1957 con el lanzamiento del <strong>satélite Sputnik</strong> y el primero acelerando de inmediato para ser el primero en poner el pie en la Luna, en 1969. Actualmente, con<strong> Estados Unidos, China y Rusia </strong>por delante, resulta evidente que esa competencia sigue explicando en gran medida los esfuerzos para contar con los cohetes más potentes y las tecnologías necesarias no ya solo para colonizar nuestro satélite, sino para ir mucho más allá. A fin de cuentas, esos vehículos de lanzamiento son los mismos que pueden lanzar desde un satélite meteorológico hasta una constelación de sistemas de posicionamiento global o un misil balístico intercontinental.</p><p>Precisamente para evitar que el espacio exterior sea empleado para usos militares y que algún país se apropie de algún objeto celeste contamos, desde 1967, con el <em>Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre</em>, ratificado por <strong>118 países</strong>, con otra veintena que tan solo lo ha firmado. En todo caso, el desarrollo tecnológico de estas últimas décadas ha dejado prácticamente invalidado ese instrumento internacional y es muy visible el acelerado ritmo de movimientos –con el añadido de <strong>Israel, Corea del Sur, Emiratos Árabes Unidos y Unión Europea, </strong>que ya han lanzado sondas y satélites, pero nunca han alunizado– para tomar posiciones de ventaja en una militarización espacial que parece imparable.</p><p>A eso se suma el <strong>estímulo crematístico</strong>. Por un lado, ahí están los <em>megaempresarios</em> de alta tecnología fabricando cohetes más y más potentes, tanto para cubrir el hueco que han dejado las agencias espaciales públicas, ofreciéndolos a gobiernos interesados en participar en la carrera espacial, como a quienes dispongan de los <strong>recursos económicos suficientes</strong> para convertirse en turistas espaciales. Por otro, en el marco de la creciente competencia por el control de recursos escasos, sobre todo minerales críticos y materias primas energéticas, se repite la <strong>misma pauta de comportamiento que en nuestro propio planeta</strong>, con una pugna abierta para acaparar (y, por tanto, negar a otros) el acceso de elementos que pueden determinar la hegemonía mundial en el inmediato futuro.</p><p>Y, por si esto no fuera suficiente, también hay que contar con el interés de buena parte de los llamados <strong>transhumanistas </strong>por contar con los medios necesarios para abandonar el planeta cuando la crisis climática, el uso de armas de destrucción masiva o cualquier otra circunstancia haga invivible la Tierra. De ese modo, lo que a algunos puede parecerles una pesadilla propia de iluminados o fanáticos, también hay que incluirlo entre los factores que explican la <strong>reactivación de los programas espaciales</strong>, aunque solo sea porque muchos de ellos son los mismos empresarios que pululan por Silicon Valley.</p><p>_________________________________</p><p><em><strong>Jesús A. Núñez Villaverde</strong></em><em> es codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Apr 2026 19:09:37 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jesús A. Núñez Villaverde]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Relaciones internacionales,Geopolítica,Estados Unidos,China]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Israel mata en un ataque al jefe de inteligencia de la Guardia Revolucionaria Mayid Jadamí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/israel-asegura-haber-matado-jefe-inteligencia-guardia-revolucionaria_1_2173116.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4cf68565-0409-4ffd-92eb-fa29a3f53665_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Israel asegura haber matado al jefe de inteligencia de la Guardia Revolucionaria"></p><p>El ministro de Defensa israelí, <strong>Israel Katz</strong>, anunció este lunes la muerte del jefe de la inteligencia de la Guardia Revolucionaria, <strong>Mayid Jadamí</strong>, en uno de sus ataques contra Teherán, asegurando que se trataba de <strong>"uno de los tres altos mandos de la organización"</strong>. </p><p><strong>Irán también ha confirmado la muerte de Jadamí</strong> este lunes tal como había informado anteriormente Israel, en el más reciente asesinato de un alto cargo de la República Islámica en la guerra. </p><p>"El destacado y respetado jefe de la Organización de Inteligencia de la Guardia Revolucionaria ha alcanzado el elevado honor del <strong>martirio </strong>(muerte)", informó el <strong>cuerpo militar de élite</strong> en un comunicado recogido por la <strong>agencia Tasnim</strong>.</p><p>Jadamí, quien ostentaba el cargo de <strong>general de división</strong>, fue nombrado responsable de la Inteligencia de la Guardia Revolucionaria en junio de 2025, tras la muerte de su predecesor <strong>Mohamad Kazemi</strong> en el conflicto del año pasado con Israel.</p><p>Desde el comienzo de la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero han sido asesinados numerosos altos cargos militares, entre ellos el comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, el general <strong>Mohammad Pakpur</strong>, o el jefe de Estado Mayor de las fuerzas armadas iraníes, el general <strong>Abdorrahim Musaví</strong>.</p><p>También fue asesinado el líder supremo de Irán, <strong>Alí Jameneí</strong>, o figuras políticas como <strong>Alí Lariyani</strong>, entonces el secretario del poderoso Consejo de Seguridad Nacional de la República Islámica. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2026 08:26:42 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Israel mata en un ataque al jefe de inteligencia de la Guardia Revolucionaria Mayid Jadamí]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Israel,Irán,Guerra,Geopolítica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Terrorismo de Estado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/terrorismo_129_2166407.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1ff97e2-29a9-43d4-a908-7774b29608d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Terrorismo de Estado"></p><p>Utilizar la fuerza armada de forma ilegal contra países con fines políticos y económicos es terrorismo. No deja de serlo porque quien lo ordene vista uniforme, <strong>ocupe un despacho presidencial o forme parte de un bloque militar como la OTAN</strong>. La violencia deliberada contra poblaciones inocentes, con el objetivo de influir políticamente, <strong>es criminal</strong>, y sin embargo la comunidad internacional asiste con inquietante normalidad a su perpetuación, a menudo ocultando bajo el eufemismo de <strong>“operaciones militares”</strong> lo que son patrones de violencia sistemática con consecuencias devastadoras.</p><p>Los datos hablan por sí mismos. <strong>En el conflicto entre Israel y Gaza</strong>, las cifras oficiales de muertos y heridos incluyen una proporción abrumadora de población civil: mujeres, niños, personas mayores y profesionales sanitarios atrapados en medio de hostilidades intensas. Los registros de organizaciones internacionales y <strong>ONG </strong>sitúan a <strong>miles de víctimas civiles directas</strong>, y testimonios detallados denuncian la destrucción de barrios enteros y la desprotección de la población ante ataques indiscriminados. Israel: <strong>ha usado al pueblo palestino con la misma lógica que emplearon los nazis contra los judíos</strong>.</p><p>En Europa del Este, <strong>la guerra iniciada por Rusia en Ucrania ha destruido ciudades enteras</strong> y ha provocado decenas de miles de muertes desde 2014, con picos dramáticos desde 2022. Millones de personas han sido <strong>desplazadas</strong>, muchas de ellas mujeres y niñas, obligadas a abandonar hogares y vidas por el avance de operaciones que no distinguen entre objetivos militares y zonas civiles densamente pobladas.</p><p>Estas cifras no son estadísticas frías: son <strong>vidas, familias rotas y generaciones marcadas por la violencia</strong>. Y pocas veces se escucha vinculándolas con un término que, por definición, debería aplicarse: “Terrorismo de Estado”.</p><p><strong>Las consecuencias no se limitan a la tragedia humana</strong>. El impacto económico de los conflictos contemporáneos es <strong>colosal </strong>y trasciende fronteras. Según estimaciones de institutos de análisis económico y de paz, el coste global de la violencia armada y los conflictos se sitúa en billones de euros al año, representando una parte significativa del <strong>PIB </strong>mundial. Parte de ese gasto proviene de los enormes presupuestos militares, pero <strong>una proporción creciente se destina a reconstrucción</strong>, atención a desplazados y estabilización de regiones devastadas.</p><p>Las economías locales, <strong>desde Gaza hasta Ucrania</strong>, se enfrentan a tasas extremas de desempleo, colapsos en sectores productivos clave y caídas abruptas del PIB. En Franja de Gaza, la <strong>destrucción de infraestructura esencial, industrias, hospitales y sistemas de agua</strong> y saneamiento deja una economía al borde del colapso. En Ucrania, <strong>la reconstrucción post-conflicto exigirá décadas de inversión</strong>, mientras que las tensiones en los mercados de materias primas y energía repercuten globalmente, encareciendo alimentos y combustibles en economías vulnerables.</p><p>Es imposible separar estos costes humanos y económicos de las decisiones políticas que los causan. Ni tampoco ignorar que cuando las potencias globales normalizan estas prácticas, <strong>se legitima una forma de violencia </strong>que debería ser rechazada con claridad moral y legal.</p><p>Resulta sorprendente, y profundamente preocupante, que en pleno siglo XXI exista tolerancia no solo social sino diplomática hacia prácticas que constituyen terrorismo de Estado. Que un Estado miembro de la OTAN, una alianza fundada <strong>bajo principios de defensa colectiva</strong> y respeto por los derechos humanos, normalice o encubra acciones con impacto devastador para la población civil es una anomalía que debilita la credibilidad de todo el sistema internacional de seguridad y derechos.</p><p>La tolerancia política y social ante estos hechos no es mera indiferencia: <strong>es complicidad</strong>.</p><p>Permite que la<strong> violencia sistemática </strong>se perpetúe sin rendición de cuentas, y socava los valores que, en teoría, deberían guiar la política internacional.</p><p>No puede haber dobles estándares. Si definimos terrorismo como el <strong>uso de violencia contra civiles con fines políticos</strong>, entonces debemos aplicar esa definición de forma coherente, independientemente de la identidad del perpetrador o de su lugar en el orden mundial. La jerarquía de potencias no puede servir de escudo frente a la justicia moral.</p><p>Negar esta realidad no protege la estabilidad global, sino que la erosiona. Es hora de que la sociedad civil, los medios y las instituciones internacionales exijan una revisión crítica de cómo se interpreta y aplica el término “Terrorismo”. Defender la coherencia ética no es una postura ideológica: es una <strong>exigencia de justicia para las víctimas y una necesidad para la paz sostenible</strong>.</p><p>Porque el terrorismo no pierde su nombre por venir envuelto en <strong>banderas o alianzas</strong>. Y cada día que miramos hacia otro lado, esa violencia deja de ser excepción para convertirse en <strong>política aceptada</strong>.</p><p>___________________________________</p><p><em><strong>Juan Antonio Gallego Capel</strong></em> <em>es funcionario de carrera de la Administración de la Región de Murcia, socialista, defensor del Estado federal, laico y republicano.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Apr 2026 04:01:14 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Terrorismo de Estado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Geopolítica,Terrorismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El refugio del viejo mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/la-guillotina/refugio-viejo-mundo_129_2170799.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ae317e77-1eae-466a-9251-c0408f093a52_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El refugio del viejo mundo"></p><p>España se ha convertido en la <strong>retaguardia de Europa</strong>. La guerra cultural ha dado paso a la guerra cognitiva. Ya no se disputa una identidad. Lo que está en guerra es la dominación del mensaje, de la idea, del cerebro. <strong>Peter Thiel </strong>ha traído el anticristo, un mundo sin reglas, y <strong>León XIV</strong>, el pastor de los que no tienen nada, un humanismo universal sostenido sobre la idea de orden. En ese contexto, España se ha convertido en la retaguardia de Europa. ‘No a la guerra’ es un mensaje que ofrece refugio, seguridad. En <strong>París o Berlín, en Nueva York o Pekín</strong>, nadie pierde de vista que España tiene un <strong>crecimiento económico del 3%</strong> y está en condiciones de soportar mejor que otros países la próxima crisis económica. Lo demás es <strong>ruido</strong>, un ruido incesante, doméstico. </p><p>Hay demanda de estabilidad. Si la guerra en Irán se prolonga hasta agosto, desde el Gobierno se prevé una desaceleración económica de, al menos, cinco años.  En la retaguardia de Europa se observa la <strong>victoria de la socialdemocracia </strong>en París, Lyon y Marsella como una reverberación de ese ‘no a la guerra’ que principió en Soria. Desde el otro lado de los Pirineos, el referéndum en Italia se interpreta como la defensa de su constitución. Un duro alegato el de los italianos a favor de la estabilidad. El <em><strong>laboratorio Borgen</strong></em>, con Groenlandia protegida por contingentes de tropas danesas, trae de nuevo al mapa europeo el equilibrio en forma de reelección socialdemócrata. La estabilidad ahuyenta al diablo. </p><p>En España, algo ha cambiado. <strong>¿Ha terminado ya el reemplazo?</strong> Continúa. Lo que sí podemos dar por concluido es el ciclo autonómico donde las derechas midieron sus fuerzas. El mayor logro para Vox en estos caucus habrá sido concluir el proceso con tres gobiernos constituidos, <strong>Extremadura, Aragón y Castilla y León</strong>, antes de que Moreno Bonilla inicie su tercera campaña electoral. A Vox le ha llegado el momento de ejercer el poder. <strong>Abascal </strong>debe demostrar que no sólo es capaz de romper ejecutivos. También tiene el poder de formarlos. Su mejor destreza será convencer a los demás de su autoridad: <strong>Kiko Méndez Monasterio</strong> tiene la llave para dictar cuándo terminan las negociaciones con el PP. La industria de la actualidad, hecha de fogonazos rápidos y amnésicos, dará paso a otras elecciones donde se dirimirá otra cosa: el valor de la estabilidad.</p><p>Las elecciones de Andalucía ya no responden a unas primarias entre <strong>PP y Vox</strong>. Trump no cotiza, pero sí lo hace la estabilidad. Esa es la gran lección que deberían aprender <strong>Kiko Méndez Monasterio y Santiago Abascal</strong>, al que se ha visto en Budapest junto a Orban en la cumbre de los patriotas antes de que se someta al escrutinio de los húngaros el próximo 12 de abril. </p><p>La estabilidad es la mercancía electoral que congrega a la oferta y la demanda en las elecciones andaluzas. Los terceros comicios de <strong>Juan</strong> <strong>Manuel Moreno Bonilla</strong> ofrecen orden. Y este orden se proyecta en todos los aspectos de la vida, desde todos los ángulos en los que se construye la esfera de lo humano. La sociedad busca refugio en aquello que resulta tangible, previsible y seguro. ¿Es el PP andaluz un refugio seguro? Lo sabremos el 17 de mayo. </p><p>Cualquier comicio debe tener un propósito electoral. El de Moreno es ofrecer estabilidad a sus votantes frente a una industria de la actualidad que dibuja escenarios de colapso, desorden o caos. <strong>Ormuz aprieta pero no tanto</strong>. Moreno Bonilla convoca a sus votantes el 17 de mayo. En Génova ya reconocen que no se cumplirá el plazo límite del 1 de abril que fijó Alberto Núñez Feijóo para alcanzar pactos con Vox. Abascal se juega su autoridad y Moreno Bonilla ser el refugio de Andalucía.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Mar 2026 18:56:19 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Víctor Guillot]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El refugio del viejo mundo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Oriente Medio,Guerra,Geopolítica,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enric Juliana y Esteban Hernández: “Se está reconfigurando el mundo en Oriente Medio”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/internacional/enric-juliana-esteban-hernandez-reconfigurando-mundo-oriente-medio_1_2169259.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/284b0afe-0d60-456b-bfbd-b4a5a50bedaa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Enric Juliana y Esteban Hernández: “Se está reconfigurando el mundo en Oriente Medio”"></p><p>Estamos a las puertas de un nuevo mundo. Lejos de ser un futurible, 2026 ha demostrado que es una realidad: el golpe de Estado de EEUU a Venezuela con la captura ilegal de Nicolás Maduro, las amenazas de Trump a Dinamarca (y, en consecuencia, a Europa) por Groenlandia o la guerra abierta en Oriente Medio son una pequeña muestra de la deriva a la que nos dirigimos. De esta premisa parte el nuevo libro de Enric Juliana y Esteban Hernández,<em> Viaje hacia un Nuevo Mundo</em> (Arpa), donde los autores tratan de auscultar los síntomas y los efectos de un presente convulso y un futuro incierto. </p><p>Enric y Esteban necesitan poca presentación. El primero, reputado periodista y analista político, lleva más de 30 años escribiendo en <em>La Vanguardia</em> donde ha sido desde jefe de redacción hasta corresponsal en Roma durante cuatro años. Hoy es el director adjunto en la sede de Madrid. Cuenta que el periodismo le ha permitido ser cronista de muchos cambios en el mundo, pero que nunca ha vivido en un momento con “tanta envoltura” en el terreno de la política internacional como este. </p><p>Esteban Hernández es abogado, periodista, analista político y, actualmente, jefe de opinión de <em>El Confidencial</em>. Ambos llevan trabajando en el libro desde octubre, tomándose cafés y charlando con una grabadora delante para construir un diálogo que consiga captar la esencia de un mundo caótico. Pese a ello, reconocen, “para el título del libro buscamos algo que no fuera muy tétrico”.</p><p><strong>¿Cómo es este </strong><em><strong>Nuevo Mundo</strong></em><strong> al que nos dirigimos?</strong></p><p><strong>Enric Juliana:</strong> Seguramente todos estamos un poco aturdidos. Este nuevo mundo lo que quiere decir, en definitiva, es que hay nuevas pautas que conducen a una dinámica nueva en términos históricos. Lo que buscamos con este libro es que la gente sea consciente de este cambio de época, pero con una consigna fundamental: que la vida persista en este caos, que exista algo de esperanza. En el primer trimestre de 2026 ya ha habido tres episodios potentes: una carambola inaudita en Venezuela con el secuestro a un jefe de Estado, la amenaza de invadir un territorio bajo la soberanía de un país de la Unión Europea como es Groenlandia y la guerra en Irán. Creo además que de las tres cosas no sabemos ni la mitad. Por eso una de las tareas de 2026 será ir explicando qué cosas que nos van a ayudar a dar sentido a lo ocurrido. Respecto a Venezuela, habrá que ver quién abrió la puerta de la habitación o, en el caso de Irán, será muy interesante saber quién ha ganado dinero y de qué manera con los cambios de la dinámica de los valores bursátiles y los precios del petróleo.</p><p><strong>Es imposible no poner el foco en Oriente Medio, ¿qué se juega este nuevo mundo aquí?</strong></p><p><strong>Esteban Hernández:</strong> Se está reconfigurando el mundo en Oriente Medio. Todo confluye ahí: la energía, el eje entre el viejo y el nuevo mundo (Europa y Asia), los equilibrios de poder entre EEUU y China, el papel creciente de Israel, cada vez más relevante… y en todo ese entorno lo que hemos visto hasta ahora es el intento continuo de EEUU de controlar a Israel como potencia regional mientras trata de equilibrar los mercados. Desde Gaza hasta ahora todo ha ido en la misma dirección. </p><p><strong>¿Israel puede lograr la hegemonía en Oriente Próximo?</strong></p><p><strong>E.J:</strong> Aún hay muchas cosas que no se saben, pero de todo esto hay una conclusión clara: Israel se está comportando como un emirato. Se está orientalizando. Quiere ser el país dominante en la región, por eso absorbe lo que dice intentar combatir.</p><p><strong>¿Qué ha supuesto la figura de Donald Trump en toda esta deriva?</strong></p><p><strong>E.H:</strong> Hay una desigualdad creciente que opera en términos de clases sociales, pero también en términos geográficos. Todo son transformaciones sistemáticas en las sociedades occidentales que llegan a Donald Trump. Trump no fuerza lo que existe, sino que todo eso se reúne alrededor de una figura que ejerce de detonante porque es el gobernante del principal país del mundo. Para entender el discurso de Trump, hay que entender cómo hemos cambiado nosotros como sociedad. </p><p><strong>Trump parece representar el fin de la política figurativa, ¿qué consecuencias puede traer el agotamiento del</strong><em><strong> ‘</strong></em><strong>soft power’</strong><em><strong> </strong></em><strong>que siempre definió a Estados Unidos?</strong></p><p><strong>E.J:</strong> Hay una serie de marcos que existían desde el final de la II Guerra Mundial, que ahora están dejando de existir. Estamos todos en <em>shock </em>porque parecía que estos iban a aguantar y estamos siendo testigos de su desvanecimiento. En estos momentos queda claro que esto se está transformando hacia un mundo sin reglas, un mundo basado en la fuerza. </p><p><strong>En noviembre de este año vienen las ‘midterms’ en EEUU. ¿Podrá consolidarse Trump en el poder sin solucionar antes los problemas que tiene en casa?</strong></p><p><strong>E.H:</strong> Vamos a ver cómo termina la guerra, cuándo termina y el daño económico que genera entre los habitantes de EEUU, pero lo cierto es que Trump, desde que ha llegado al poder, se ha comportado exactamente como aquello que decía estar combatiendo. Hacer lo contrario de lo que prometiste es algo que suele pasar factura con tus votantes. Si no hay una solución de aquí a noviembre es muy complicado que Trump tenga recorrido, pero va a seguir gobernando. No son unas elecciones presidenciales, gane o pierda le van a quedar dos años más.</p><p><strong>El hilo rojo que traza los planes de EEUU tiene un claro objetivo: frenar a China, ¿qué se puede esperar de la potencia asiática?</strong></p><p><strong>E.J:</strong> Todos los movimientos de Estados Unidos tienen que ver con China: Venezuela, Irán e incluso Groenlandia, todos empiezan y acaban con China. Por su parte, China está observando y meditando mucho sus pasos. Nunca se ha comportado hasta la fecha como una potencia militar agresiva, no ha ocupado ningún país asiático y tiene pocas bases militares en el extranjero. Ha utilizado básicamente el comercio como articulador de sus intereses exteriores. Sí ha hecho una cosa silenciosa: ha dejado claro que las tierras raras las controlan ellos. Han desarrollado los sistemas de procesamiento y ese mercado se calcula que lo controlan un 80%.</p><p><strong>E.H:</strong> China es la gran potencia comercial del mundo. Desde que comenzó la guerra de Ucrania ha disparado sus exportaciones. Es una de sus capacidades y Estados Unidos no puede competir con eso. Hasta ahora habían estado integrados, pero ya no y es muy difícil que una de las dos potencias renuncie a algo.</p><p><strong>¿Puede haber un resurgir del sentimiento antiimperialista en América Latina debido a las continuas injerencias de Trump en el continente?</strong></p><p><strong>E.H: </strong>Siempre que hablamos de imperios, hablamos de colonias. Trump ganó las elecciones porque tuvo un discurso anticolonial: los extranjeros nos roban, los europeos no han pagado su parte de la factura, los chinos se llevan nuestras fábricas, los estadounidenses no importan… Este discurso es anticolonial, solo que Trump lo llama antiglobal. Buena parte de los nacionalismos presentes en Europa y fuera de ella tienen esos mismos rasgos. Ese discurso está ahí y es tan potente que ha ganado las elecciones en el país más importante del mundo. Por tanto, es muy complicado que no haya una prolongación con otra gramática del mismo discurso.</p><p><strong>En Europa se ha pasado de hablar hace escasos años de transición ecológica a hablar hoy de rearme, seguridad y defensa ¿Qué ha pasado?</strong></p><p><strong>E.J:</strong> Hay un momento en el que la orientación industrial dominante en Europa se centra en la transición ecológica en la medida en que esta transición es en sí misma es un proceso industrial. Es Alemania la que, de alguna manera, dice: vamos a establecer unas normas. En un momento dado se produce una situación de crisis de la base energética de la industria alemana a partir del 2022 con el inicio de la guerra de Ucrania. Alemania se encuentra en falso porque han fiado todo al gas que traían de Rusia. Esto es muy relevante por lo que significa en términos históricos: cómo una potencia industrial decide cerrar las centrales nucleares sin tener plantas de regasificación en su costa. Todo estaba fiado a los gasoductos que traían gas de Rusia. No salió bien.</p><p>Se les ha complicado todavía más con la competición industrial china en el campo del automóvil eléctrico, esto ha generado una crisis existencial. Ahora se reorienta con el Estado inyectando dinero a la economía con la defensa. Por lo tanto, hay que invertir en el ejército pero no en términos de los años 30, sino en términos tecnológicos. Hay que construir el discurso que acompañe este proceso: adiós transición tecnológica, hola defensa. </p><p><strong>El próximo 12 de abril hay elecciones en la Hungría de Orbán, ¿pueden ser un plebiscito del futuro de la ultraderecha europea?</strong></p><p><strong>E.J: </strong>La verdadera cuestión es si un candidato apoyado simultáneamente por el presidente norteamericano y por el presidente de Rusia, puede perder unas elecciones en Europa en el año 2026. Más que un plebiscito político, estas elecciones van a ser una prueba sobre el tiempo que vivimos.</p><p><strong>¿Hay un problema a la hora de hablar sobre política internacional en España?</strong></p><p><strong>E.H:</strong> Nos hemos pasado mucho tiempo creyendo que el mundo terminaba en los Pirineos. Desde hace poco, parece que estamos todos jugando al Risk. Esto nos distrae. Yo noto que hay un fallo cuando al final el ciudadano termina por no saber ni cómo son nuestras sociedades, ni nuestras transformaciones de clase o culturales. Jugamos con las grandes palabras, pero nos olvidamos de la ciudadanía y esto es tremendamente negativo.</p><p><strong>“Si la UE desfallece, España se convertirá en un protectorado de EEUU”, es una frase de su libro. ¿Esto puede suceder?</strong></p><p><strong>E.J:</strong> Esto está escrito a modo de provocación para reflexionar sobre que, aunque parezca que el pasado se está borrando, hay huellas del pasado que no se van. Ya hubo un reparto de zonas de influencia y nos dimos cuenta que España por su ubicación geográfica forma más parte de los intereses de Washington que de los de Moscú o Pekín. En Madrid lo saben bien.</p><p><strong>¿Es idílica la postura del Gobierno del ‘No a la guerra’ cuando el mundo parece ir en una dirección opuesta?¿La política internacional puede ganar unas elecciones?</strong></p><p><strong>E.H:</strong> La política exterior es el único espacio en el que España parece tener una estrategia. Hay una necesidad de pensar el país de nuevo, de ver cómo contamos los nuevos tiempos, hay falta de visión de estado, de una mirada a largo plazo sobre cómo cubrir las necesidades nacionales que está siendo sepultada por la imperiosidad del momento electoral y por las nuevas tendencias internacionales.</p><p><strong>E.J: </strong>Ganar unas elecciones sólo con política exterior sería como ganar una guerra controlando únicamente la aviación. Ya te digo yo que unas elecciones sin fuerzas terrestres no se ganan.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Mar 2026 19:20:29 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ignacio Prieto]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Relaciones internacionales,Geopolítica,Estados Unidos,Europa,España,Oriente Medio,Oriente Próximo,Guerra]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trump despilfarra el poder estadounidense]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/trump-despilfarra-estadounidense_129_2167079.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2a049c1e-f407-4742-9bbc-392f2f56ff25_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Trump despilfarra el poder estadounidense"></p><p>De regreso a la jungla de la que durante un tiempo creíamos haber salido, tan visible es el desprecio de los más fuertes por el marco normativo e institucional que nos habíamos dado para <strong>regular las relaciones internacionales</strong>, como su desacomplejada apuesta por el poder como único factor a considerar a la hora de defender sus intereses e imponer su dominio sobre otros. Sin olvidar a <strong>Vladimir Putin</strong> y a <strong>Xi Jinping</strong>, <strong>Donald Trump</strong> es quien mejor representa este nuevo giro con su afán por revertir el debilitamiento de <strong>Estados Unidos</strong> como hegemón mundial.</p><p>En principio, ese retroceso histórico <strong>debería proporcionarle a Washington una considerable ventaja frente a cualquier competidor</strong>, en la medida en que sigue siendo hoy el actor más poderoso del planeta. En efecto, y aunque desde hace décadas se viene hablando del declive estadounidense y pronosticando el derrumbe de su imperio, es incontestable que aún sigue liderando la clasificación mundial en todos los ámbitos que determinan el poderío de todo Estado nacional. Así ocurre, en primer lugar, en el <strong>terreno militar</strong>, con una capacidad muy superior a la de cualquier otro país en el nivel convencional y a la par del que ostenta Rusia en el terreno nuclear. Y por mucho que <strong>China esté acelerando la modernización de sus fuerzas armadas</strong>, incluyendo su poder naval y su arsenal nuclear, todavía queda por debajo en potencia global, con Rusia todavía más atrás.</p><p>Lo mismo cabe decir en el campo económico. Por mucho que su dominio no sea tan aplastante como hace medio siglo, <strong>todavía sigue siendo la primera potencia económica</strong>, con un <strong>26% del PIB mundial</strong> (frente al 17% de China y el 1,8% de Rusia), mientras el dólar continúa siendo la moneda de referencia. Precisamente esa percepción de pérdida de protagonismo ante la emergencia de Pekín es lo que <strong>alimenta el plan de Trump</strong> –mezclando aranceles y ventajas fiscales– para recuperar el atractivo de su país como destino predilecto de los inversores internacionales y para volver a convertirse en la principal potencia manufacturera. Para ello cuenta con el hecho de seguir siendo también<strong> la mayor potencia tecnológica del mundo</strong>, convertido desde hace mucho tiempo en un poderoso imán que atrae capital humano a sus universidades, sus centros de investigación y sus empresas más punteras.</p><p>Por si eso fuera poco, Estados Unidos es, asimismo, la <strong>primera potencia cultural del planeta</strong>, capaz todavía de establecer y marcar tendencias en todas las manifestaciones culturales, proyectando un modo de vida que muchas personas toman como referentes a imitar. Un terreno en el que <strong>tanto Pekín como Moscú quedan en posiciones muy atrasadas</strong> al no ser capaces de generar un atractivo similar para otros pueblos. Eso le permite, por un lado, contar con simpatías generalizadas cuando pretende sumar fuerzas con otros y anular potenciales amenazas contra sus intereses cuando otros competidores pretenden crear coaliciones antiestadounidenses.</p><p>Por último, también en el ámbito energético <strong>EEUU figura ya como el primer productor mundial de petróleo y gas</strong>, materias primas que siguen siendo los principales motores de la actividad económica a escala mundial. Explotando sin reparos medioambientales sus considerables reservas de hidrocarburos, ya está por encima de Rusia y Arabia Saudí como suministrador de muchos países; lo que le concede una considerable palanca de dominio.</p><p>Todo eso, en apenas un año de mandato, es lo que Trump ha despilfarrado hasta convertir a Estados Unidos en un actor que inspira mucho más rechazo que simpatías. <strong>El problema es doble</strong>. Por un lado, con su actitud prepotente y sus desplantes e insultos, ha echado a perder todo lo que el <em>soft power</em> proporciona en términos de influencia, posibilidades de cooperación con otros en temas de interés común y ayuda en caso necesario. Hoy <strong>EEUU está muy lejos de ser un modelo a imitar</strong>, sumido en una deriva antidemocrática que pone en cuestión sus propios fundamentos, y ha pasado a convertirse en un <strong>escenario de fractura sociopolítica</strong> que corre el riesgo de desembocar en una confrontación civil (el propio Trump acaba de definir a los demócratas –es decir, a la mitad de la población– como una amenaza prioritaria que hay que neutralizar urgentemente).</p><p>Por otro, está descubriendo que –tras haber ordenado <strong>ataques contra siete países</strong>, incluyendo Irán– su superpotencia militar tampoco le garantiza la consecución de sus objetivos hegemónicos. Aun aceptando que no existe ningún ejército en el planeta capaz de vencer en una guerra convencional a las fuerzas armadas estadounidenses, eso no convierte a EEUU en invulnerable ni tampoco en vencedor por definición. Y si antes los fracasos cosechados ante enemigos teóricamente muy inferiores –como en <strong>Vietnam, Irak o Afganistán</strong>– ya dejaron muy visibles las limitaciones del poder militar para lograr objetivos políticos, ahora<strong> el caso de Irán vuelve a refrendarlo</strong>. Ofuscado con la aparente victoria lograda en Venezuela, Trump ha creído que podía replicar el ejercicio en Irán… y ahora no sabe cómo salir del pozo en el que él mismo se ha metido.</p><p>_________________________________</p><p><em><strong>Jesús A. Núñez Villaverde</strong></em><em> es codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Mar 2026 05:01:06 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jesús A. Núñez Villaverde]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Trump despilfarra el poder estadounidense]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Estados Unidos,Geopolítica,Irán,Guerra]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día 20 en Irán: la guerra se extiende a instalaciones energéticas mientras la UE trata de marcar su rumbo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/internacional/dia-20-iran-guerra-extiende-instalaciones-energeticas-ue-trata-marcar-rumbo_1_2164590.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1446b9a5-fc95-42b2-b148-e6c81ec917b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día 20 en Irán: la guerra se extiende a instalaciones energéticas mientras la UE marca su rumbo"></p><p>Vigésimo día de conflicto en Oriente Medio. <a href="https://www.infolibre.es/temas/israel/" target="_blank" >Israel</a> prosigue su oleada de bombardeos y, esta vez, ha continuado con sus ataques sobre el mayor yacimiento de gas natural del mundo, el de <strong>Pars Sur</strong>, situado cerca de la costa del golfo Pérsico. Una refinería de gas compartida por Irán y <a href="https://www.infolibre.es/temas/catar/" target="_blank" >Catar</a>. Por su parte, Irán no ha tardado en responder con contundencia con ataques sobre instalaciones energéticas en Oriente Medio. Mientras, el Gobierno del <a href="https://www.infolibre.es/temas/libano/" target="_blank" >Líbano</a> acusa a la milicia chií Hezbolá de “arrastrar al país a la guerra” mientras los bombardeos del ejército israelí <strong>se intensifican</strong> sobre el centro y el sur del país. </p><p>Después de que el miércoles Israel bombardeara Pars Sur, Trump ha sido rápido en desmarcarse de esta acción militar. El presidente de Estados Unidos ha defendido que ni su país ni Catar <strong>tuvieron nada que ver</strong> en la ofensiva. </p><p>En su red Truth Social, Trump explicó que ni siquiera sabía que iban a atacar ese yacimiento y aseguró que Israel no volvería a atacar a no ser <strong>que le provocaran</strong>. Una afirmación que <a href="https://www.axios.com/2026/03/19/iran-war-trump-israel-strike-gas" target="_blank">el medio estadounidense Axios ha desmentido</a> después de consultar con fuentes de la Casa Blanca. <strong>Él mismo </strong>había hablado con Netanyahu sobre distintos planes para atacar el lugar, según este medio, que también ha hablado con el Gobierno israelí. Esto también lo han confirmado <strong>dos fuentes israelíes</strong> a la CNN, que aseguran que fue un ataque <strong>previamente coordinado</strong> con Estados Unidos.</p><p>Por otro lado, el Gobierno de Catar se ha mostrado<strong> contrario al ataque</strong>. El ministro de Asuntos Exteriores, Majed al-Ansari, aseguró en X (antes Twitter) que la ofensiva había sido un acto<strong> “peligroso e irresponsable”</strong>. Por su parte, los <a href="https://www.infolibre.es/temas/emiratos-arabes-unidos/" target="_blank" >Emiratos Árabes Unidos</a> declararon que se trataba de una “grave escalada”.</p><p>Debido a toda esta situación el precio del petróleo intermedio de Texas (WTI)<strong> alcanzó los 100 dólares </strong>por barril este jueves, a pesar de las propuestas de la Administración de Donald Trump para frenar la subida de los precios.</p><p>Los países árabes han seguido este jueves pidiendo a Irán que cese los ataques, que desde este miércoles buscan <strong>el corazón de la producción energética</strong>, pero desde Teherán no solo no ceden sino que <strong>aumentan el tono</strong> asegurando que no habrá "contención" en su represalia. Además, Irán ha alcanzado también <strong>la refinería de Haifa</strong>, en Israel, que ha sufrido daños, mientras Tel Aviv se centra en los barcos iraníes en el Caspio.</p><p>A todo esto se suma el ataque de Irán en <a href="https://www.infolibre.es/temas/kuwait/" target="_blank" >Kuwait</a> contra dos de sus principales refinerías, la de <strong>Mina Al Ahmadi y Mina Abdullah</strong>. La Compañía Nacional de Petróleos informó este jueves de que fueron atacadas durante la jornada por drones algo que provocó incendios que fueron controlados poco después.</p><p>En <a href="https://www.infolibre.es/temas/arabia-saudi/" target="_blank" >Arabia Saudí</a>, un dron impactó en la refinería de la petrolera estatal saudí <strong>Aramco de Samref</strong>, situada en las costas del mar Rojo, mientras que las defensas antiaéreas interceptaron un misil balístico en la misma zona, próxima al puerto saudí de Yanbu. También se informó de ataques a <strong>dos de sus refinerías en Riad</strong>.</p><p>En Catar, tras varias oleadas de ataques a <strong>Ras Laffan</strong>, la principal planta de gas natural licuado, las autoridades volvieron a denunciar <strong>ataques iraníes</strong> contra parte de su infraestructura energética. QatarEnergy publicó un mensaje en su cuenta de X donde confirmó otro aluvión de misiles durante las primeras horas del jueves sobre sus instalaciones de gas natural licuado que provocaron "<strong>incendios considerables </strong>y amplios daños".</p><p>El Líbano continúa bajo el foco debido a la escalada bélica con Israel que<strong> sigue bombardeando diariamente </strong>el centro (Beirut) y el sur del país. Tras los bombardeos del pasado miércoles del ejército israelí sobre dos puentes del río Litani que conectan el sur del Líbano con el resto del país, en la madrugada del jueves <strong>un nuevo ataque </strong>sobre el barrio de Bachoura (Beirut) a las 4 de la madrugada destruyó un edificio residencial. Esta fue la primera vez en esta guerra que el ejército israelí derribó<strong> un edificio entero</strong> en una zona que normalmente se consideraría segura.</p><p>Por su parte, el Gobierno de Líbano se ha posicionado este mismo jueves <strong>en contra de la milicia chií Hezbolá</strong>. Su presidente, Joseph Aoun, está decidido a “liberar al país” mediterráneo "de la influencia iraní", después de que "Irán ordenara a Hizbulá arrastrar al Líbano a una guerra que no eligió".</p><p>El ministro de Exteriores libanés, Youssef Rajji, también se ha mostrado contundente este jueves en una reunión de ministros de varios países árabes e islámicos convocada en Riad por Arabia Saudí, para coordinar su respuesta en materia de seguridad y estabilidad en la región ante el conflicto iniciado por EEUU e Israel sobre Irán el pasado 28 de febrero. "Irán está intentando socavar la seguridad y la paz de los países árabes e islámicos con fines oportunistas", lo que exige "una postura firme y una responsabilidad histórica para defender la seguridad y la soberanía de los países atacados por Teherán", denunció Rajji.</p><p><strong>Mehdi Ghasemi, Saleh Mohammadi y Saeid Davudi </strong>han sido los tres primeros asesinados por el régimen iraní después de ser detenidos en <strong>las protestas de enero</strong>. La agencia Mizan, del Poder Judicial iraní, ha informado de que los tres condenados han sido ahorcados en la ciudad de Qom. </p><p>El régimen les acusa de asesinato y de llevar a cabo acciones operativas<strong> en favor de Israel y Estados Unidos</strong>. En concreto, fueron detenidos por un delito de <em>moharebeh </em><strong>(enemistad contra Dios)</strong>, concepto legal utilizado para castigar delitos contra la seguridad pública, el islam y el espionaje. </p><p>Las autoridades iraníes aseguran que los acusados atacaron con armas blancas <strong>a dos agentes de seguridad</strong> en la ciudad de Qom, durante las protestas del 8 de enero. Ambos agentes murieron. También han señalado que los detenidos <strong>habrían confesado el crimen</strong> durante distintas fases del proceso judicial. </p><p>El secretario del Tesoro de EEUU, <strong>Scott Bessent</strong>, afirmó que el Gobierno está evaluando medidas de emergencia, como desbloquear crudo iraní y utilizar las reservas estratégicas de petróleo. Una de las opciones más destacadas sería retirar <strong>las sanciones al petróleo iraní </strong>que ya se encuentra en tránsito, lo que permitiría una inyección inmediata de oferta al mercado global, con alrededor de 140 millones de barriles disponibles. Esta estrategia busca <strong>aliviar la presión</strong> sobre los precios del crudo.</p><p>Estas medidas coinciden con la <strong>suspensión temporal de la Ley Jones</strong> por parte de Trump, que obliga a que el transporte marítimo entre puertos de EEUU se realice en barcos de bandera estadounidense. Además, el conflicto en Oriente Medio ha intensificado las tensiones, con Irán atacando infraestructuras energéticas, como <strong>la refinería de Ras Laffan</strong> en Catar, en respuesta a los bombardeos de Israel. La situación en el Estrecho de Ormuz, clave para el suministro global de petróleo, también sigue siendo <strong>un factor de preocupación</strong>.</p><p>Por su parte, el secretario de Guerra de Estados Unidos,<strong> Pete Hegseth,</strong> confirmó que el Pentágono solicitará al Congreso <strong>unos 200.000 millones de dólares</strong> adicionales para financiar la guerra contra Irán. Aunque la cifra podría variar, el objetivo es cubrir tanto las operaciones ya realizadas como las futuras, en un conflicto que <strong>ya suma veinte días</strong>. El presidente Trump respaldó la medida, calificando el gasto como <strong>“un precio pequeño” </strong>para mantener la supremacía del país.</p><p>Esta solicitud supondría un aumento <strong>cercano al 25%</strong> respecto al presupuesto militar anual, que ya ronda los <strong>900.000 millones de dólares</strong>. Parte de los fondos se destinarán a reponer y ampliar las reservas de munición y material bélico, con la intención de superar incluso los niveles habituales. Hegseth también criticó a la anterior Administración por haber reducido el arsenal al enviar ayuda militar a <a href="https://www.infolibre.es/temas/ucrania/" target="_blank" >Ucrania</a>, defendiendo que ahora los recursos <strong>deben priorizar</strong> los intereses estadounidenses. </p><p>En cuanto al desarrollo del conflicto, Hegseth aseguró que EEUU <strong>ha destruido </strong>la flota de submarinos de Irán y dañado sus puertos militares, aunque<strong> evitó fijar una fecha para el fin</strong> de la guerra. El coste ya es elevado: solo en los primeros seis días se gastaron más de 11.300 millones de dólares. Además, se han utilizado armas de alta precisión muy costosas, aunque el Pentágono planea recurrir a <strong>municiones más baratas</strong> en adelante para reducir el gasto.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Mar 2026 19:56:53 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eva Rodríguez, Ignacio Prieto, Hugo Calvo, Alba Meseguer Alacid]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Día 20 en Irán: la guerra se extiende a instalaciones energéticas mientras la UE trata de marcar su rumbo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Irán,Oriente Medio,Geopolítica,Israel,Estados Unidos,Guerra]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El “No a la guerra” volverá a tomar las calles de Madrid este 21 de marzo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/no-guerra-volvera-calles-madrid-21-marzo_1_2163214.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/89e62015-046f-4468-a670-2bea9a901460_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El “No a la guerra” volverá a tomar las calles de Madrid este 21 de marzo"></p><p>Madrid se prepara para salir a la calle este fin de semana y protestar contra la guerra. El sábado<strong> 21 de marzo</strong>, la <strong>Asamblea Internacionalista de Madrid</strong> ha convocado una manifestación bajo el lema “No a la guerra”, a raíz de la escalada militar en el conflicto entre EEUU, Israel e Irán. La marcha dará comienzo desde <strong>Atocha </strong>a las <strong>18.00 horas</strong> y finalizará en la <strong>Puerta del Sol</strong>.</p><p>Tras un encuentro en el que participaron<strong> más de 200 personas</strong>, la iniciativa, impulsada por distintas organizaciones políticas, sindicales y sociales junto a activistas y personas individuales, busca “impulsar la <strong>solidaridad internacionalista contra la guerra</strong>, el militarismo y el imperialismo”. </p><p>Los <a href="https://www.infolibre.es/internacional/estados-unidos-lanza-ataque-poderoso-historia-oriente-medio-isla-petrolera-irani-jarg_1_2161823.html" target="_blank">bombardeos</a> siguen siendo la norma día tras día en <strong>Oriente Medio</strong> tras el ataque conjunto llevado a cabo por EEUU e Israel sobre la capital de Irán. La escalada bélica ha dejado ya <strong>más de mil muertos en Irán</strong> y no parece tener una solución sencilla. </p><p>Para la asamblea, estos ataques son solo otro ejemplo más de cómo<strong> “EEUU e Israel buscan someter a los pueblos del mundo”</strong> como ya se vio “en el genocidio palestino, los bombardeos a Venezuela o el asedio contra Cuba”. Las organizaciones, durante la asamblea, subrayaron la necesidad de <strong>“construir un espacio unitario”</strong>.</p><p>La postura del Gobierno de España, a diferencia del resto de Europa, ha sido clara desde el principio: <strong>no a la guerra</strong>. Aunque para las distintas organizaciones este mensaje solo “señala la<strong> hipocresía de los discursos oficiales contra la guerra</strong> y el aumento del gasto militar, el papel de las<strong> bases militares de Rota y Morón</strong> en las operaciones militares para bombardear Irán o el <a href="https://www.infolibre.es/politica/espana-enviara-chipre-fragata-cristobal-colon-dar-proteccion-defensa-aerea_1_2156343.html" target="_blank">envío de la fragata Cristóbal Colón al Mediterráneo</a>”.</p><p>Otro de los focos de la movilización que se planteó en la asamblea es el <strong>“actual contexto de creciente militarización”</strong>, sobre todo en Europa, una dinámica que se refleja en el “rearme y el aumento de gasto militar” que en el caso español, señalan, “supera los <strong>40.000 millones de euros</strong>, mientras se mantienen recortes en servicios públicos y derechos sociales”. </p><p>Esta convocatoria, que tendrá como lema principal el “No a la guerra”, quiere ser<strong> “un primer paso para construir un amplio movimiento contra la guerra y el imperialismo”</strong>. Los organizadores buscan que se involucren especialmente la juventud, la clase trabajadora y colectivos sociales con el fin de “seguir ampliando y fortaleciendo el espacio unitario que impulse una <strong>movilización social contra la guerra</strong>". </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Mar 2026 14:21:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ignacio Prieto]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El “No a la guerra” volverá a tomar las calles de Madrid este 21 de marzo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Guerra,Manifestaciones,Protestas sociales,España,Geopolítica]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[No a la guerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/no-guerra_129_2162581.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1ff97e2-29a9-43d4-a908-7774b29608d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No a la guerra"></p><p>La pregunta más inquietante de nuestro tiempo no es si habrá otra gran guerra, sino <strong>si la sociedad reaccionará a tiempo para impedirla</strong>.</p><p>Las grandes tragedias de la historia rara vez empiezan con una explosión. Empiezan con una <strong>costumbre</strong>: la costumbre de aceptar lo inaceptable. La costumbre de escuchar hablar de guerras, de amenazas nucleares o de enemigos absolutos como si todo ello formara parte natural del paisaje político.</p><p>Ese es el momento más peligroso: <strong>cuando la sociedad se acostumbra</strong>.</p><p>Hoy el mundo vuelve a moverse en una dirección inquietante. Las tensiones entre potencias se multiplican, los conflictos regionales se expanden y<strong> el lenguaje militarista vuelve a ocupar el centro del discurso político</strong>. Lo que hace apenas unas décadas parecía impensable, una confrontación global entre grandes potencias, vuelve a insinuarse en el horizonte.</p><p>La <strong>invasión de Ucrania </strong>ordenada por Putin rompió el principio básico que había permitido mantener una relativa estabilidad en Europa desde el final de la Guerra Fría: el respeto a las fronteras y al derecho internacional. En <strong>Oriente Próximo</strong>, la política de fuerza impulsada por <strong>Netanyahu</strong> ha intensificado una espiral de violencia que amenaza con desestabilizar toda la región durante generaciones. Y desde Estados Unidos, el <strong>nacionalismo confrontativo promovido por Trump</strong> ha contribuido a erosionar alianzas, debilitar instituciones multilaterales y normalizar una política basada en la presión y la rivalidad permanentes.</p><p>Contextos distintos, líderes distintos. Pero una misma lógica: <strong>la del poder militar </strong>entendido como imposición y no como responsabilidad histórica.</p><p>La historia demuestra que <strong>esa lógica rara vez conduce a la</strong> <strong>seguridad</strong>. Con demasiada frecuencia conduce al desastre.</p><p>Las grandes guerras del siglo XX no fueron inevitables. Se hicieron inevitables <strong>cuando la política abandonó la prudencia </strong>y la ciudadanía dejó de creer que podía detener la deriva.</p><p>Por eso hoy resulta más actual que nunca el llamamiento de <strong>Stéphane Hessel</strong> en sus breves pero poderosos ensayos, ¡<em>Indignaos</em>! y <strong>¡</strong><em><strong>Comprometeos</strong></em><strong>!</strong>: la peor actitud ante la injusticia y el peligro es la indiferencia.</p><p>Indignarse es negarse a aceptar que la guerra sea una normalidad política. Significa exigir a los gobiernos que vuelvan a situar la <strong>diplomacia, el derecho internacional y la cooperación </strong>entre pueblos en el centro de sus decisiones.</p><p>Porque la paz nunca ha sido solo obra de los gobiernos. A lo largo de la historia, <strong>los grandes avances democráticos y los movimientos por la paz </strong>nacieron de la presión de la sociedad civil: ciudadanos que se negaron a aceptar que la violencia fuera el destino inevitable de la humanidad.</p><p>Hoy esa <strong>responsabilidad </strong>vuelve a ser nuestra.</p><p>La humanidad posee <strong>recursos científicos, tecnológicos y culturales</strong> que generaciones anteriores ni siquiera podían imaginar. Podríamos estar construyendo una era de cooperación global sin precedentes. Sin embargo, corremos el riesgo de regresar a una <strong>política dominada por el miedo</strong>, el enfrentamiento y la lógica del enemigo.</p><p>Frente a esa deriva, la ciudadanía debe recuperar su papel.</p><p>Defender la paz no es ingenuidad. <strong>Es la forma más lúcida de realismo histórico</strong>.</p><p>Porque todas las guerras, incluso las que parecen inevitables, <strong>podrían haberse evitado </strong>en algún momento anterior.</p><p>Porque antes de cada guerra hubo un momento en que todavía era posible detenerla. Como cantara Raimon contra la dictadura: <em><strong>Digamos NO</strong></em>. Negaos y comprometeos para detenerla.</p><p>___________________________________</p><p><em><strong>Juan Antonio Gallego Capel</strong></em> <em>es funcionario de carrera de la Administración de la Región de Murcia, socialista, defensor del Estado federal, laico y republicano.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Mar 2026 05:00:09 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Antonio Gallego Capel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[No a la guerra]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Guerra,Democracia,Política,Geopolítica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Relatos sangrientos de un emperador desnudo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/relatos-sangrientos-emperador-desnudo_129_2159784.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/455f2a3d-919b-4976-a6be-d17f2f9502f6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Relatos sangrientos de un emperador desnudo"></p><p>Desde el origen de los tiempos, la <strong>propaganda</strong> ha sido, sin duda, una de las armas más poderosas de la guerra. También hace mucho que comprendimos que la guerra es, a su vez, una de las armas más letales de la propaganda. En realidad, los conflictos bélicos no se entienden sin su <strong>relato</strong>. Sin él la guerra no sería nada más que una carnicería. Hasta dios tuvo que recurrir a un relato que inspirara el <strong>Antiguo Testamento</strong> –la invención del pecado– para justificar esa cólera divina que le llevó a arrasar, con fuego y azufre,<strong> Sodoma y Gomorra</strong>.</p><p>Esta preponderancia de la propaganda nos obliga a poner siempre bajo sospecha las informaciones que recibimos de una guerra. Porque cuando las armas hablan, la información y el periodismo suelen ser un combatiente más. Lo vimos en <strong>Palestina</strong>. Cada vez que el <strong>Ministerio de Sanidad </strong>gazatí avanzaba un parte de bajas, los responsables israelíes y sus acólitos occidentales se apresuraban a desacreditarlos: todo era una burda propaganda de Hamas, aquellos sangrientos datos eran falsos. Hoy sabemos que estaban en lo cierto. Según una investigación de la Escuela Londinense de <strong>Higiene y Medicina Tropical</strong>, publicada en la prestigiosa revista científica <em>The Lancet</em>, los datos oficiales que fijaban en<strong> 46.000 el número de fallecidos en</strong> <strong>Gaza </strong>a principios de 2026, no era ciertos: en octubre de 2024 ya se había superado la barrera de los <strong>70.000 asesinados por las bombas israelíes</strong>. Y quedaba aun mucha más muerte por llegar.</p><p>Esa primacía del relato es, precisamente, lo que explica la comodidad con que <strong>Donald Trump</strong> se sumerge, y nos sumergie, en las escaladas bélicas. De hecho, la lógica guerrera –<em>matonismo</em>, lo llaman algunos– impregna toda su acción política: bombardeando Irán, hundiendo lanchas en el Caribe, secuestrando a <strong>Maduro</strong>, atacando Nigeria, desplegando la ICE, acechando en <strong>Groenlandia</strong>, imponiendo aranceles, acosando a <strong>Cuba</strong>, amenazando a España. Para él todo esto no es más que un juego de relatos. Trump encarna así la cumbre del giro lingüístico que  a finales de los años 70 comenzó a invadir las ciencias sociales hasta presentar a la realidad como un simple conflicto de representaciones simbólicas, sin referente material sobre el que confirmarse. Se imponía un nuevo paradigma en el que la realidad, sencillamente, había desaparecido. En este sentido, Trump, las fakes news y las verdades alternativas son la conclusión de este largo proceso, no la causa original de nuestro desconcierto.</p><p>El presidente norteamericano nos presenta sus relatos con el mismo sarcasmo con que <strong>Groucho Marx </strong>nos mostraba sus principios: si no gustan, tiene más. No sorprende, por ello, que el mandatario norteamericano haya encontrado en <strong>Benjamin Netanyahu </strong>a su mejor aliado. Ambos son conscientes del poder propagandístico de la guerra para contrarrestar sus problemas políticos y judiciales. Y pocos mandatarios han sido tan eficaces como el israelí para generar relatos que legitimen el expansionismo sionista, recurriendo para ello a supuestos deseos divinos y al uso perverso de la memoria de la <strong>Shoah </strong>para justificar el genocidio palestino.</p><p>La guerra es el reino de los relatos. Pero la guerra, al mismo tiempo, es también la <strong>manifestación más abyecta de esa cruda realidad </strong>cuya existencia insisten en negar. Por eso, cuando algunos entonan <strong>cantos a la libertad para justificar los misiles sobre Irán</strong>, saltan sobre nuestros ojos los cuerpos destrozados de las niñas de la escuela de Minab. O el centenar de marineros asesinados por un submarino americano mientras navegaban desarmados por aguas de <strong>Sri Lanka</strong>. O los cientos de miles de personas obligados a abandonar Beirut bajo la amenaza de las bombas israelíes. La realidad, hecha de sangre y bilis, de rabia y miedo, enmudece de golpe todos los relatos. Y nos deja, como a <strong>León Felipe</strong>, hastiados de escuchar siempre los mismos cuentos.</p><p>Una realidad que, con su grosera insolencia, no deja de mostrarnos al emperador desnudo. E impotente. No en vano, <strong>Estados Unidos</strong> lleva décadas demostrando al mundo que es una máquina implacable de destrucción masiva. Pero es incapaz de construir nada desde que quedó estancado en el paralelo 38 de Corea, desde que fue humillado en <strong>Vietnam</strong>, desde que se empantanó en Irak, desde que huyó acorralado de <strong>Afganistan</strong>. Por eso a Trump siente pavor ante la posibilidad de que sus soldados pongan un pie Irán, en esa realidad física de donde ignora cuándo y cómo podrían salir. Mientras tanto sus misiles y aviones solo destruyen, no edifican nada. Ni democratizan, ni estabilizan, ni garantizan la seguridad, ni liberan mujeres. Nunca la pretendieron. Porque <strong>Trump</strong> solo puede aspirar hoy a convertir el<strong> declive del imperio americano </strong>en un espectáculo de fuegos artificiales, cuyo resplandor pirotécnico nos ciegue lo suficiente como para no ver sus miserias. Ni los restos de carne y vísceras que dejan esparcidos las deflagraciones.</p><p>La terca realidad explica así la supuesta imprevisibilidad del presidente norteamericano. De hecho, es su única alternativa. Condenado a no poder solucionar nada y a afrontar la decadencia americana como una enloquecida y destructora huida adelante, su única salida posible es un perpetuo e inverosímil giro de guion. Como en aquellas malas películas de serie B producidas por Hollywood de los años 50, de donde Trump parece sacar inspiración para bautizar sus gestas guerreras: <em>Furia épica</em>. Películas cutres y baratas cuya visión provocaba vergüenza ajena; pero que hoy, para perplejidad del mundo entero, parecen hacer las delicias de <strong>Isabel Díaz Ayuso, Alberto Núñez Feijóo, Santiago Abascal, Friedrich Merz y Ursula von der Leyen</strong>. El emperador desnudo. Y los lacayos en pelota.</p><p>_________________</p><p><em><strong>José Manuel Rambla</strong></em><em> es periodista.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Mar 2026 05:00:53 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Manuel Rambla]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Geopolítica,Guerra,Estados Unidos]]></media:keywords>
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