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    <title><![CDATA[infoLibre - Liberalismo político]]></title>
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      <title><![CDATA[La guerra cultural tiene precio de entrada: cómo la nueva derecha convirtió sus ideas en negocio de masas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/guerra-cultural-precio-entrada-nueva-derecha-convirtio-ideas-negocio-masas_1_2147138.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/15bdd12d-f284-4538-b138-0c1cbbddc8e1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La guerra cultural tiene precio de entrada: cómo la nueva derecha convirtió sus ideas en negocio de masas"></p><p>Hay un dato que lo resume casi todo: para sentarse en el mismo palco que los ponentes del Madrid Economic Forum y cenar con ellos en la <em>afterparty VIP,</em> hay que desembolsar 2.500 euros. Para escucharlos desde la platea general, basta con 49. Entre esos dos extremos, un sistema escalonado de entradas <em>Gold</em> a 299 euros que promete “acceso preferente al <em>networking</em>” —un espacio con acceso directo a redes de contacto— y visibilidad ante los líderes del pensamiento liberal hispano. El evento es, en su propio diseño de precios, <strong>una metáfora del mundo que predica:</strong> el mercado estratifica, y quien más paga, más accede.</p><p>El Palacio de Vistalegre, ese recinto de Carabanchel construido sobre el solar de una antigua plaza de toros, se ha convertido en algo más que un espacio de eventos. En dos meses, habrá acogido dos de las convocatorias más reveladoras del momento político y cultural español. El 17 de enero, más de 6.000 jóvenes apagaron sus teléfonos durante cuatro horas para escuchar a <strong>Juan Manuel de Prada, Ana Iris Simón, Juan Soto Ivars o Jano García </strong>hablar de precariedad, sentido y trascendencia en lo que sus organizadores llamaron <a href="https://www.infolibre.es/politica/regreso-orden-moral-claves-ascenso-neotradicionalismo-espana_1_2133313.html" target="_blank">El Despertar.</a> El 14 de marzo le toca al Madrid Economic Forum (MEF26), que promete traducir ese despertar emocional en claves de <strong>emprendimiento, desregulación y libertad económica.</strong></p><p>Los dos eventos comparten algunos ponentes, el recinto y, sobre todo, la misma intuición estratégica: en España hay <strong>un mercado ideológico </strong>desatendido, joven, frustrado y dispuesto a pagar por sentir que pertenece a algo distinto.</p><p>Las empresas detrás del Madrid Economic Forum no son <em>think tanks</em> ni fundaciones ideológicas. Son <strong>dos firmas andorranas:</strong> Abast, dedicada al asesoramiento fiscal, y Racks Labs, consultora de “inteligencia de negocio”, que viene a ser una combinación de IA, <em>chatbots</em> y soluciones digitales para el manejo de datos (este grupo empresarial fue cofundado por Víctor Domínguez, un agitador conocido en redes como Wall Street Wolverine señalado por difundir desinformación). </p><p>Su trayectoria empresarial, antes de saltar a Madrid, consistía en organizar el Andorra Economic Forum —un evento más íntimo, de unos mil asistentes, con todas las entradas vendidas— para clientes interesados en la <em>optimización</em> fiscal y la planificación patrimonial en el Principado. El salto a Vistalegre en junio de 2025 fue, en términos de negocio, <a href="https://www.infolibre.es/opinion/columnas/en-transicion/viva-mal-viva-capital_129_2009937.html" target="_blank">un éxito rotundo:</a> 7.500 asistentes, cobertura en grandes medios, clausura de <strong>Javier Milei</strong> y confirmación de una segunda edición para 2026.</p><p>Lo que los organizadores han descubierto —y aquí reside la clave de su modelo— es que <strong>la batalla cultural puede ser un producto. </strong>No en sentido peyorativo, sino literal: un producto con costes de producción, márgenes de beneficio y distintos segmentos de mercado. La entrada estándar cubre la experiencia masiva; la <em>Gold</em> añade encuentros profesionales cuidadosamente seleccionados; la <em>Diamond</em> entrega acceso directo a los ponentes. Las empresas pueden convertirse en <em>partners</em> —colaboradores— por menos de 1.500 euros y obtener<strong> visibilidad de marca</strong> ante un público de emprendedores, inversores y profesionales liberales. El discurso antiEstado y promercado no solo se pronuncia desde el escenario: también se practica en el modelo de negocio.</p><p>Los patrocinadores del MEF26 son, en sí mismos, <strong>un retrato sociológico del ecosistema. </strong>Economía Para Adultos y Hespérides, dos proyectos de formación con orientación liberal; marcas de <em>fitness</em>, oratoria e idiomas; consultoras digitales y empresas de nutrición. Es el universo aspiracional de una derecha joven que mezcla libertad económica con optimización corporal, emprendimiento con masculinidad productiva, crítica al Estado con <em>coaching</em> personal.</p><p>El núcleo duro del MEF26 lo forman los economistas vinculados al <strong>Instituto Juan de Mariana:</strong> <strong>Juan Ramón Rallo, Miguel Anxo Bastos</strong> y <strong>Manuel Llamas, </strong>director del propio Instituto. No es casual. El Juan de Mariana es el <em>think tank</em>  ultraliberal de referencia en España, un laboratorio de ideas que lleva dos décadas elaborando el sustrato intelectual que ahora se despliega en eventos masivos. Su presencia en el foro es a la vez una señal de supuesta legitimidad académica y un indicador de hasta dónde ha llegado la influencia de ese pensamiento fuera de los círculos especializados.</p><p>Junto a ellos, <strong>Daniel Lacalle </strong>—economista mediático, gestor de inversiones, voz habitual en los circuitos de la ortodoxia fiscal que predica disciplina, estabilidad y sostenibilidad— y una constelación de comunicadores de la derecha digital: <strong>Jano García, </strong>que ha construido su carrera sobre la crítica a lo que llama el “consenso progresista"; <strong>Vito Quiles,</strong> el agitador más conocido del ecosistema ultra en redes sociales; <strong>Pedro Herrero, </strong>especialista en narrativas culturales conservadoras; o <strong>Juan Soto Ivars,</strong> escritor y periodista, en estos momentos en <em>Abc</em>, que ha sabido navegar entre espacios heterogéneos agitando la bandera de la libertad de expresión y hace tiempo que desempeña del rol de cronista oficial de la guerra cultura de la derecha. Su voz también estuvo presente en el acto de El Despertar del mes de enero.</p><p>En cartel, al que cada día se van sumando nuevos nombres, siguiendo la lógica de algunos festivales, también figura<em> </em><strong>Roberto Vaquero, </strong>el líder de Frente Obrero. Es una organización que, a pesar de ser muy minoritaria y declararse de inspiración marxista-leninista, ha logrado captar la atención de la derecha gracias a sus postulados identitarios y antiinmigración. </p><p>Su inclusión no es un gesto de pluralismo ingenuo. En el lenguaje de estos eventos, cumplirá una función precisa: permitirá que el foro se autopresente como <strong>un espacio de debate supuestamente libre de prejuicios, </strong>donde incluso la izquierda tiene voz, lo que otorgaría legitimidad democrática a una convocatoria cuya matriz ideológica es en realidad inequívocamente libertaria (e iliberal).</p><p>Para entender la dimensión estratégica de lo que está ocurriendo, conviene recordar que Vistalegre fue, durante años, el escenario de <a href="https://www.infolibre.es/temas/vistalegre-ii/" target="_blank">los grandes actos de Podemos.</a> Las imágenes de <strong>Pablo Iglesias </strong>ante un pabellón abarrotado definieron una época. Que ahora ese mismo recinto acoja, en el plazo de dos meses, un evento de espiritualidad conservadora y un foro de economía libertaria no es una ironía caprichosa del calendario: es el resultado de una disputa consciente por <strong>los espacios simbólicos</strong> de la política española.</p><p>La nueva derecha cultural ha comprendido —antes, en muchos casos, que la izquierda— que los formatos importan tanto como los contenidos. Que la política ya no se hace solo en los parlamentos ni en los periódicos, sino en los eventos experienciales, en los podcasts, en las comunidades de Discord que han sustituido a los antiguos foros de internet, en los grupos de Telegram. Que un joven de veintitantos años dispuesto a pagar 49 euros para escuchar a Rallo o a Bastos hablar de libertad económica no es solo un consumidor político: <strong>es alguien que quiere pertenecer,</strong> que busca tribu, que necesita que su descontento tenga nombre y argumento.</p><p>El Despertar fue explícito en esto: sus organizadores, el movimiento cultural It's Time To Think, pidieron a los asistentes que apagaran los teléfonos no por razones de cortesía, sino para crear <strong>una experiencia de “conexión real” </strong>en contraposición al mundo digital. La liturgia del evento —silencio, diálogo, salto, fiesta— era <strong>deliberadamente comunitaria, casi religiosa.</strong> Varios ponentes invocaron a dios sin ambages. El sacerdote Jacques Philippe habló de “encontrarnos con un amor infinito”. Jano García, ponente también en el MEF26, instó a abrazar “los valores cristianos como marco ético”. El evento se cerraba con una fiesta. El itinerario emocional iba del recogimiento a la euforia colectiva, con escala en la crítica al nihilismo y el individualismo modernos.</p><p>Un mes y medio después, el Madrid Economic Forum propone<strong> la segunda etapa del mismo viaje: </strong>si El Despertar ofreció identidad y propósito, el MEF promete las herramientas prácticas para actuar en consecuencia. Emprendimiento, inversión, <em>networking</em>, desregulación. La narrativa es coherente: primero te despiertas, luego construyes.</p><p>La web del MEF26 no oculta sus ambiciones. Entre los temas del foro figura<strong> “la batalla cultural” </strong>como uno de sus ejes explícitos, junto a la inteligencia artificial y la comunicación. No es habitual que un evento que se presenta como foro económico emplee esa expresión con tanta naturalidad. Su uso revela que los organizadores no se conciben únicamente como promotores de un debate sobre fiscalidad o emprendimiento, sino como <strong>actores en una disputa por la hegemonía cultural y política.</strong></p><p>Es una controversia que tiene raíces internacionales. La primera edición del MEF cerró con Milei, el presidente argentino que ha convertido el libertarismo en espectáculo de masas. También estuvieron Alex Bruesewitz, asesor de comunicación de Donald Trump, y el argentino Agustín Laje, uno de los principales teóricos de la nueva derecha latinoamericana. El MEF se inscribe conscientemente en ese circuito global donde el <strong>libertarismo económico, </strong>la crítica a la supuesta “corrección política” de la izquierda y la reivindicación de la libertad de expresión forman un relato único, exportable y perfectamente empaquetado para su consumo.</p><p>Lo que distingue el modelo español de sus referentes anglosajones o latinoamericanos es su <strong>sofisticación empresarial.</strong> No hay aquí, aparentemente, un millonario que financia la operación desde la sombra, ni un partido que moviliza bases. Hay dos empresas andorranas especializadas en <em>optimización</em> fiscal que han identificado un nicho, han probado el formato en Andorra, lo han escalado a Madrid y están construyendo una marca. El discurso antiimpuestos y promercado no solo se predica: también se practica, con una base fiscal en el paraíso fiscal por excelencia de los Pirineos.</p><p>El MEF26 promete ser "el evento que dará un giro a los grandes desafíos de España". Es una afirmación grandiosa para una jornada de conferencias en un pabellón de Carabanchel. Pero esa grandilocuencia es parte del producto: los asistentes no pagan solo por escuchar ponencias, <strong>pagan por sentir que están en el centro de algo importante,</strong> que participan en el cambio, que su presencia tiene consecuencias históricas. Es el mismo resorte emocional que movía a los jóvenes de El Despertar.</p><p>Lo que el espectáculo no dice es que el pensamiento que promueve, pese a su retórica rebelde y <em>antiestablishment</em>, <strong>tiende a beneficiar a quienes ya tienen capital</strong> —económico, cultural o social— para moverse en sus coordenadas. La desregulación que predica Lacalle, la reducción del Estado que propone Rallo, la crítica a la “carga fiscal” que articula el Instituto Juan de Mariana: son propuestas con ganadores y perdedores concretos, y los organizadores del foro —empresas andorranas de asesoramiento fiscal— pertenecen a los primeros.</p><p>Tampoco dice que la sala de <em>networking</em> Blackbox, organizada por franjas temáticas —marketing y marca personal, inversión y activos digitales, <em>startups</em> y <em>venture</em> capital—, tiene <strong>más de feria de servicios que de ágora democrática</strong>. Que los ponentes cobran por aparecer. Que las marcas de <em>fitness</em> y oratoria que patrocinan el evento venden un sueño de éxito individual construido sobre la premisa de que el sistema es justo y <strong>el problema eres tú si no prosperas.</strong></p><p>Hay algo en la elección del recinto que también merece atención. El Palacio de Vistalegre está en Carabanchel, un barrio de clase trabajadora con una tradición de izquierda robusta y una memoria histórica vinculada a <a href="https://www.infolibre.es/politica/carcel-carabanchel-lugar-memoria-solar-urbanistico-protestas-asociaciones_1_2086746.html" target="_blank">la cárcel del mismo nombre,</a> donde la dictadura franquista encerró a miles de presos políticos. Que los eventos de la nueva derecha cultural elijan este espacio puede leerse como provocación o como indiferencia, pero difícilmente como casualidad. <strong>El territorio simbólico también está en disputa.</strong></p><p>Lo que está construyendo en Vistalegre la constelación que forman El Despertar y el Madrid Economic Forum no es solo una agenda de eventos. Es <strong>una infraestructura de ideas, de comunidad, de marca, de negocio.</strong> Una infraestructura que se financia sola —con entradas, VIP, <em>partners</em> y patrocinadores— y que no necesita del favor del Estado ni de los partidos para existir. Que puede escalar, replicarse, franquiciarse. Que tiene ya su versión latinoamericana y su circuito internacional. </p><p>En el nuevo ecosistema de la derecha cultural, la ideología y el mercado han dejado de ser categorías separadas. Son, simplemente, el mismo producto.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Feb 2026 19:01:21 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Varela]]></author>
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      <title><![CDATA[Liberales de equidistancia selectiva y el ‘caso Montoro’ (que sigue ahí)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/buzon-de-voz/liberales-equidistancia-selectiva-caso-montoro-sigue_129_2136713.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c9ea88c3-3b43-4706-a08b-aab38a2a11ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Liberales de equidistancia selectiva y el ‘caso Montoro’ (que sigue ahí)"></p><p>Me pilla el final de la semana fuera de la burbuja de la M-30 madrileña, lo cual se agradece en estos tiempos en los que cada mañana amanece con la caldera informativa a punto de explotar y la desinformativa provocando <strong>explosiones cada cuarto de hora</strong>. A seiscientos kilómetros de la capital las conversaciones son diferentes, y nadie parece estar ansioso de cortar la cabeza a alguien de inmediato, por lo que sea. El sentido común plurinacional parece coincidir en que tanto el <strong>accidente de Adamuz</strong> como el caos que se viene viviendo en las <strong>Rodalies catalanas</strong> merecen una profunda investigación, una exigencia de responsabilidades políticas cuando proceda y una inversión rigurosa que evite catástrofes y ayude a recuperar la confianza perdida en redes de transporte fundamentales. Hágase (sin alharacas, y sin ofender a la inteligencia intentando comparar la gestión del ministro Puente –que estaba allí– con la del ínclito Mazón en la dana –que estaba donde ni él ni Feijóo quieren acordarse–). Así que repaso notas de la semana y elijo dos asuntos distintos –aunque con una línea de puntos que los conecta– y sobre los que me atrevo a escribir unos apuntes, por si a alguien interesan.</p><p><strong>1.-</strong> El académico y superventas <strong>Arturo Pérez-Reverte</strong> suspende las jornadas que había convocado (pagadas por Cajasol) sobre la Guerra Civil porque dice que ha habido presiones de “grupos de ultraizquierda” para que algunas y algunos de los ponentes previstos se retirasen del panel. Todo empezó el domingo, cuando <strong>David Uclés</strong>, autor de <em>La península de las casas vacías</em> y flamante Premio Nadal, anunció que renunciaba a asistir porque no quería compartir cartel con <strong>José María Aznar</strong> o con el ex secretario general de Vox <strong>Iván Espinosa de los Monteros</strong> para hablar bajo un enunciado común que rezaba así: <em>1936: La guerra que todos perdimos</em>. Alegaba Uclés que nadie le informó de ese enunciado ni de otros nombres que predicarían junto a él; que el título correcto habría sido en todo caso <em>La guerra que sufrimos todos,</em><strong> </strong>y que no estaba dispuesto a compartir cartel con esos nombres citados, que no se han cansado de poner “zancadillas a valores democráticos y a medidas que nos conforman como una sociedad democrática y empática”. Al ‘boicot’ de Uclés se fueron sumando Antonio Maíllo, Carmen Calvo y otros participantes anunciados que coincidían en la valoración del escritor ubetense.</p><p>Empezó Pérez-Reverte culpando a “la imprenta” de haberse comido las interrogaciones en el titular de las jornadas, que habría sido <em>1936: ¿La guerra que todos perdimos</em>? No cuela. Y lo sabe perfectamente el experiodista. Nadie publicita un cartel sin que sus organizadores (y patrocinadores) lo aprueben y corrijan como les venga en gana. Primera mentira, más allá de que la colocación de dos interrogantes no hace sino corroborar precisamente el segundo argumento de Uclés para no acudir: la “equidistancia” ante la salvajada de un golpe de Estado que derivó en una guerra incivil que tuvo ganadores –bien arropados por los fascismos europeos que utilizaron España como laboratorio de la Segunda Guerra Mundial– y perdedores, que no fueron/fuimos todos, sino solo los republicanos o simplemente demócratas. Y terminó el inventor del capitán Alatriste (y de muchas más cosas) culpando a “grupos de ultraizquierda” –en referencia a Podemos– de haber <strong>coaccionado a los ponentes para retirarse del panel</strong>. Hay que zamparse muchos hongos de esos alucinógenos para imaginar que Uclés o Carmen Calvo o Maíllo pueden actuar influenciados por lo que diga o no diga Podemos sobre los debates a los que acuden.</p><p>Lo interesante de lo ocurrido es a mi juicio el tsunami de reacciones febriles que se ha producido desde las filas presuntamente “liberales” de la derecha española. Me refiero al tropel de nombres de la cultura y el periodismo que un día andaban cercanos al PSOE o a la órbita de Prisa bajo el <em>cebrianato</em>, después merodearon o incluso encabezaron movimientos supuestamente “regeneradores” como los de Albert Rivera o Rosa Díez (que en paz política descansen) y finalmente lanzan sus homilías desde lugares tan rigurosos y fiables como<em> The Objective</em>. Eso sí: siempre <strong>envueltos en la bandera de un liberalismo que fabrica un odio antisanchista furibundo al tiempo que se escuda en la equidistancia</strong> –como bien denuncia Uclés– cuando se trata de asuntos espinosos para cualquiera que se considere demócrata. Son <strong>equidistantes selectivos</strong>. La Guerra Civil surgió como por esporas después de un régimen republicano corrupto, violento, anticlerical, etc, etc. Un conflicto “entre hermanos” que un día se cabrearon tanto que se liaron a balazos. De modo que estos días das una patada y salen doscientas columnas de opinión en el citado pseudomedio, en <em>ABC</em>, en <em>El Mundo</em>, en <em>El Confidencial </em>o en <em>La Razón</em> dando lecciones de liberalismo e indignándose porque hay rojos peligrosos y sectarios que no aceptan debatir opiniones diferentes. </p><p>No quieren entenderlo porque no les interesa. La derecha presuntamente liberal en España no termina de asumir lo que es obvio para cualquier demócrata –sea azul o rojo o verde– europeo: <strong>para ser demócrata hay que ser antifascista</strong>. Son cualidades que no sobreviven la una sin la otra por mucho que una de ellas se disfrace. La guerra ‘española’ surgió por un golpe de Estado y sus autores fueron responsables de una guerra incivil sangrienta y de casi cuatro décadas de dictadura también sangrienta. Y en estos tiempos de resurrección alarmante de los fascismos –arropados y alimentados por tecnomillonarios con nombres y apellidos– conviene que cada cual se retrate y que desde las filas de los demócratas retratemos a los <strong>embaucadores que se escudan en el falsario prestigio de la equidistancia</strong>. Por mucho que intenten apropiarse de nombres relevantes de la cultura o el periodismo de los años treinta y siguientes. (Recuerdo los cabreos de nuestra añorada <strong>Almudena Grandes</strong> cada vez que alguien osaba ubicar a <strong>Manuel Chaves Nogales</strong> en las filas de la equidistancia). </p><p>Así que ya era hora de plantar un pie demócrata en la pared de los equidistantes que tienden de manera enfermiza –o crematística– a cojear siempre hacia la derecha. No se puede dar carta de naturaleza a ese revisionismo político que solo busca alentar la falsa imagen de que la dictadura fue una simple consecuencia de la violencia republicana. No se puede admitir un marco de conversación en el que antes de empezar a hablar ya te sitúan en la autodefensa y la justificación frente a la manipulación más burda o más sutil de la realidad histórica. </p><p><strong>2.- </strong>Anda tan ocupado el financiadísimo liberalismo español con esas jornadas sobre la guerra civil que no ha tenido tiempo estos días de leer ni de destacar ni de analizar el <strong>auto del juez de Tarragona Rubén Rus Vela, que atiende la petición de la fiscala anticorrupción Carmen García Cerdá</strong> para prorrogar otros seis meses la investigación del llamado <em>caso Montoro</em>, dada la complejidad del asunto, el número de acusaciones personadas y la gravedad de los delitos que se tratan (<a href="https://www.infolibre.es/politica/caso-montoro-investigacion-atascada-aluvion-recursos-diligencias-pendientes_1_2136372.html?utm_source=infoLibre&utm_campaign=b998016e93-email_20260129_ElAdelanto&utm_medium=email&utm_term=0_-6f28f1ba50-%5BLIST_EMAIL_ID%5D" target="_blank">ver aquí</a>). Recordemos, y cito literalmente la página 2 del auto conocido este miércoles: “La investigación ha puesto de manifiesto la existencia de una presunta trama que gira en torno a la mercantil Equipo Económico, que, mediando precio, se dedicaría a <strong>intervenir en el proceso legislativo, moldeando reformas legales a las necesidades de sus clientes”</strong>. El entonces ministro de Hacienda y varios de sus altos cargos se enfrentan al siguiente rosario de delitos nada menores: <strong>cohecho, fraude contra la Administración pública, prevaricación, tráfico de influencias, negociaciones prohibidas, corrupción en los negocios y falsedad documental</strong>. En el sumario ya figuran pruebas documentales de cómo empresas gasísticas redactaban normas que luego aprobaba el consejo de ministros presidido por <strong>Mariano Rajoy</strong> sin cambiar una sola coma, y ahora se trata de comprobar que el despacho de influencias ligado al señor ministro látigo de actores, periodistas, cantantes y otros nombres de la turba progresista a través de la Agencia Tributaria recibía astillas millonarias por los favores otorgados. </p><p>La fiscala que lleva peleando este caso contra la resistencia incluso de sus superiores directos y cierta <strong>dilación en las investigaciones de la en otros casos velocísima UCO</strong> sigue a la espera de los informes reclamados sobre, entre otros aspectos relevantes, el régimen económico matrimonial de Montoro y de sus exsocios (<a href="https://efe.com/espana/2026-01-28/caso-montoro-juez-pide-informacion-regimen-economico-matrimonial/" target="_blank">ver aquí</a>). Nadie conoce mejor los recovecos para engañar al fisco que quienes dictan las normas del propio fisco. Pero además, en este caso, de lo que se trata es de una <strong>privatización directa de la democracia</strong>, puesto que son empresas interesadas en su negocio particular las que dictaban las reglas por las que debía regirse el supuesto “libre mercado” en el que competían. </p><p>A uno se le ocurre que los aguerridos y aguerridas liberales soliviantados porque Pérez-Reverte haya tenido que aplazar las equidistantes jornadas sobre la Guerra Civil podrían rellenar ese tiempo vacío examinando los <strong>impresionantes patadones a la democracia </strong>ejecutados –presuntamente– por el ínclito liberal Montoro y sus secuaces en el ámbito económico y fiscal, y por la trama <em>Kitchen</em> presuntamente dirigida por el liberalísimo y ultracatólico ministro <strong>Fernández Díaz</strong> en el ámbito policial que pronto se juzgará por dedicar la cúpula del ministerio del Interior a espiar a adversarios políticos y a desinformar a la ciudadanía a través de cómicos ‘liberales’ como un tal Eduardo Inda. </p><p>Hay quien sigue sucumbiendo a los aromas cómodos y adictivos de la equidistancia, como si todo el arco político actuara exactamente igual. Que es lo que pretenden instalar, con esa ya manida técnica de Steve Bannon: “<strong>Llenemos de mierda el escenario</strong>”, para que todos parezcan igual de cerdos. Y esos artefactos de la desinformación funcionan, aprovechando además el magma estable de la imbecilidad (y echo mano de otra nota tomada esta semana, nada menos que de una encuesta de “cultura científica”): el 28% de la población cree que <strong>nos han visitado alienígenas y el Gobierno de Sánchez lo oculta </strong>(<a href="https://www.abc.es/ciencia/espanoles-piensa-extraterrestres-visitado-tierra-llegado-luna-20260127000100-nt.html" target="_blank">ver aquí</a>).</p><p>Me quedan dos días lejos de la burbuja del ruido y el espectáculo. Pienso aprovecharlos para buscar pócimas eficaces contra los venenos de la equidistancia y de la estulticia (tranquilidad, no busco brujerías, sino buenas lecturas).</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 Jan 2026 20:18:14 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jesús Maraña]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Liberales de equidistancia selectiva y el ‘caso Montoro’ (que sigue ahí)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Liberalismo político,Literatura,Cristóbal Montoro,Derecha]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El regreso del ‘orden moral’: las claves del ascenso del neotradicionalismo en España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/regreso-orden-moral-claves-ascenso-neotradicionalismo-espana_1_2133313.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2b8da254-d689-4f8b-8779-5390305a9b3e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El regreso del ‘orden moral’: las claves del ascenso del neotradicionalismo en España"></p><p>“El péndulo da señales de estar recorriendo el camino inverso”. La frase es de Juan Soto Ivars y fue incluida en un artículo del diario conservador <em>Abc</em> de hace apenas unos días. En él, este periodista y escritor, considerado uno de los intelectuales más influyentes en <strong>la construcción del discurso neotradicionalista en España,</strong> razonaba la tesis de que, después de décadas de hegemonía cultural de la izquierda, “ha empezado a percibirse un cambio que corre parejo a las opciones de gobierno de los partidos conservadores en Occidente”.</p><p>Un ejemplo de ese movimiento pendular ha sido el evento El Despertar, organizado por el laboratorio de ideas It’s Time To Think (ITTT) en el Palacio Vistalegre de Madrid el pasado fin de semana, que <strong>congregó a más de 6.000 jóvenes </strong>en una jornada que contó con ponentes como Antonini de Jiménez (economista y youtuber neoliberal), Jano García (evangelista contra el consenso progresista, la justicia social y la multiculturalidad), Ana Iris Simón (figura puente entre el tradicionalismo y la crítica materialista), el sacerdote Jacques Philippe (profeta de la reflexión interior frente a la sociedad de consumo) y el propio Soto Ivars.</p><p>La flor y nata de<strong> la intelectualidad neotradicionalista</strong> española, de la que también forman parte, de manera destacada, el escritor Juan Manuel de Prada o el filósofo Gregorio Luri.</p><p>Allí, los asistentes tuvieron ocasión de escuchar loas a<strong> los valores cristianos, el libre mercado y la búsqueda de la trascendencia</strong> frente a lo que consideran el “pensamiento único” progresista y las políticas de identidad. Todo ello bajo la consigna de “Dios, patria y mercado” y con el respaldo de entidades como<strong> InfoJobs, Mahou </strong>y la <strong>Fundación La Caixa, </strong>aunque cada participante tuvo que abonar casi 30 euros por entrada.</p><p>El Despertar forma parte de una corriente neoconservadora y tradicionalista, en fase de consolidación en España desde hace varios años, que se define como <strong>una reacción frontal frente a lo que denomina “ideología </strong><em><strong>woke”</strong></em><em> </em>—entendida como un marco de pensamiento que pone en el centro la denuncia de las desigualdades estructurales ligadas a la identidad, como la raza, el género, la orientación sexual o el origen, y promueve políticas y prácticas orientadas a corregirlas—.</p><p>No se trata de un fenómeno espontáneo ni marginal, sino de un ecosistema organizado, con capacidad de movilización social, producción de discurso, influencia política y proyección internacional, que <strong>crece en paralelo al auge de la derecha y la extrema derecha, </strong>con las que mantiene vínculos visibles. Su objetivo declarado no es solo frenar determinadas leyes o agendas, sino disputar el terreno cultural y simbólico desde una perspectiva de largo plazo.</p><p>Este espacio se apoya en <strong>una constelación de organizaciones con funciones diferenciadas.</strong> <a href="https://www.infolibre.es/politica/wikileaks-revela-hazteoir-aprovecharse-15m-copiar-tacticas-greenpeace-oxfam-expandirse_1_1208601.html" target="_blank">HazteOir, </a>fundada en 2001 por Ignacio Arsuaga, fue el núcleo inicial desde el que se impulsaron campañas contra el aborto, el matrimonio igualitario o los derechos de las personas trans. A partir de 2013, buena parte de su actividad se proyectó a escala internacional bajo la marca CitizenGO, concebida como una plataforma de movilización digital y lobby transnacional. Ese salto permitió exportar las campañas ensayadas en España y, al mismo tiempo, insertar al activismo ultraconservador español en redes globales de la derecha religiosa.</p><p>A ese eje se suma la<strong> </strong><a href="https://www.infolibre.es/politica/neos-movimiento-catolico-radical-ultima-nueva-plataforma-servir-brujula-derecha_1_1213241.html" target="_blank"><strong>Fundación NEOS, </strong></a>presentada en 2021 por el exministro <strong>Jaime Mayor Oreja,</strong> que fija su marco en la defensa de la vida, la familia tradicional, la unidad de España, la Corona y la oposición a la Agenda 2030. En su impulso confluyen fundaciones y organizaciones del catolicismo político español, que aportan estructura, legitimidad y una red de contactos ya consolidada.</p><p>El ecosistema se completa con iniciativas orientadas a la movilización juvenil y cultural, como <a href="https://www.itstimetothink.org" target="_blank">It’s Time To Think,</a> organizadora de El Despertar, que impulsa<strong> encuentros y grandes eventos dirigidos a jóvenes.</strong> Estos espacios combinan discursos sobre trascendencia, sentido vital y crítica al “nihilismo” contemporáneo con una puesta en escena moderna y un lenguaje emocional. El objetivo es disputar a la izquierda el terreno cultural y generacional, no solo mediante la protesta, sino construyendo una identidad compartida y atractiva.</p><p>En este contexto ha cobrado también relevancia un nuevo frente cultural, especialmente en el ámbito musical y creativo. En los últimos años han surgido <a href="https://www.infolibre.es/cultura/musica/simbologia-catolica-subversiva-parece-vez-1939_1_2086280.html" target="_blank">iniciativas artísticas </a>que reivindican explícitamente la fe cristiana y los valores tradicionales, presentándolos como<strong> una respuesta al vacío existencial y a la cultura de consumo.</strong> Conciertos, festivales y proyectos musicales de inspiración religiosa, a menudo vinculados a comunidades católicas o a movimientos de “renovación espiritual”, se integran en esta estrategia más amplia de recuperación de la trascendencia.</p><p>En el artículo citado al comienzo de este texto, Soto Ivars identifica a algunos de los ideólogos más relevantes de este movimiento, como el filósofo <strong>Gregorio Luri,</strong> adalid de un conservadurismo heterodoxo que critica tanto el relativismo cultural como lo que considera la hegemonía moral y pedagógica de la izquierda progresista en España. “El conservadurismo hoy no puede ser más que heterodoxo, ya que l<strong>a ortodoxia está ‘okupada’ por la izquierda. </strong>En la práctica, esto significa que es muy fácil prever qué dirá un izquierdista sobre cualquier tema, mientras que es aventurado suponer lo que dirá un conservador. La libertad de pensamiento, hoy y siempre, está con la heterodoxia”, sostiene Luri.</p><p>Frente a “la moral políticamente correcta”, este ensayista reivindica <a href="https://www.infolibre.es/mediapart/decenas-influencers-espanoles-dedica-reavivar-valores-franquismo_1_2053201.html" target="_blank">perfiles</a> —algunos claramente alineados con <strong>discursos de odio—</strong> como El Xokas, Un Tío Blanco Hetero; músicos como Los Meconios (los que cantan “Vamos a volver al 36”) o cómicos como David Suárez o Juan Dávila, que, según él, operan fuera de las normas impuestas por la izquierda.</p><p>En el plano intelectual, la corriente se articula en torno a una crítica sistemática del <em>wokismo</em>, entendido como un marco que fragmenta la ciudadanía en identidades de grupo. Frente a ello, propone<strong> un retorno a fundamentos cristianos y a estructuras sociales consideradas estables,</strong> como la familia, la nación y la religión. Esta visión se acompaña de una lectura pesimista de la modernidad y de la reivindicación de la trascendencia como respuesta al malestar contemporáneo, una idea que encuentra en las iniciativas culturales y musicales un vehículo especialmente eficaz.</p><p>Su auge en España responde a una estrategia consciente y sostenida que combina organización, financiación, política y cultura. Más que una reacción coyuntural, constituye <strong>un proyecto a largo plazo que aspira a redefinir los marcos del debate público </strong>y disputar el sentido común, también desde los escenarios, los festivales y los lenguajes emocionales, en un contexto de creciente polarización social y política.</p><p>¿Son un movimiento tan relevante como se ha publicado? Es imposible disponer de cifras que lo demuestren o lo desmientan. L<a href="https://www.infolibre.es/igualdad/nuria-alabao-politicas-importantes-mujeres-ministerio-trabajo-vivienda_1_1994527.html" target="_blank">a antropóloga y periodista </a><a href="https://www.infolibre.es/igualdad/nuria-alabao-politicas-importantes-mujeres-ministerio-trabajo-vivienda_1_1994527.html" target="_blank"><strong>Nuria Alabao,</strong></a><strong> </strong>autora de<em> Las guerras de género. La política sexual de las derechas radicales </em>(Katakrak, 2025), sostiene que no y afirma que tiende a sobredimensionarse en el espacio mediático. Su “visibilidad, muy alta en redes, platós y columnas de opinión, no se corresponde necesariamente con una implantación social mayoritaria ni con un apoyo electoral homogéneo”. Más que una hegemonía cultural consolidada, asegura, estamos ante “un dispositivo eficaz para<strong> marcar agenda y polarizar el debate </strong>público”, impulsado por actores muy organizados pero con una base social aún limitada.</p><p>“Hay interés en inflar este fenómeno y también cierto escándalo ante la idea de que haya una cultura de derechas que ahora mismo es aparentemente más vital que la de la izquierda —al menos en fenómenos masivos como el encuentro reciente de influencers en Vistalegre—”. La cultura, desde la Transición, ha estado mayoritariamente hegemonizada por la izquierda y “este aparente giro a la derecha <strong>se ve como algo extraordinario”.</strong> Pero todavía, argumenta, “está por ver cuál es su alcance real”.</p><p>La profesora de Psicología de la Universitat Ramon Llull Anna Pagès, discrepa y sí cree en la relevancia del fenómeno. “Es de largo recorrido y <strong>puede reconfigurar el debate público y el espacio de la derecha en España”.</strong> Frente al dilema “problema-solución”, explica, “la extrema derecha ofrece la solución simplificando el problema”. “La política como forma de vivir juntos, en el sentido de Aristóteles, está desapareciendo”, se lamenta.</p><p>“Es verdad que el discurso <em>antiwoke</em> forma parte de un proyecto cultural y político más amplio, de largo recorrido”, concede Alabao, que busca “reordenar el campo de la derecha y dotarlo de un nuevo eje movilizador” en un contexto de crisis de legitimidad y agotamiento de los consensos neoliberales. Su objetivo no es únicamente frenar avances en derechos, sino <strong>“redefinir qué conflictos son políticamente legítimos</strong> y desplazar el debate social y redistributivo hacia guerras culturales”.</p><p>Sobre el origen de este movimiento hay más consenso entre ambas especialistas. Alabao lo atribuye a la convergencia de varios factores. Por un lado, <strong>“una crisis social larvada o latente”,</strong> que se expresa sobre todo en las dificultades de los jóvenes —precariedad juvenil, bloqueo de expectativas, crisis de vivienda, paro juvenil—. “Esto genera terreno fértil para discursos reactivos, sobre todo cuando las opciones de izquierdas se perciben como el establishment y, por tanto, no como la solución a estos problemas”.</p><p>Por otro, “aquí se importan marcos culturales y políticos <strong>procedentes del contexto estadounidense”,</strong> donde la guerra contra lo <em>woke</em> ha sido una estrategia central de la derecha y la extrema derecha para conseguir apoyos y “activar pánicos morales en torno al género, la raza o la sexualidad”. Ese marco “llega aquí a través de <em>think tanks, </em>redes digitales, fundaciones, <em>influencers</em> y partidos —Vox lo usa también—, y es amplificado por determinados medios”.</p><p>Pagès cita también tres factores clave: la decepción por las promesas del progreso económico, presentado como “solución” a las trayectorias vitales; el supuesto de la construcción múltiple de la identidad (puedes ser quien quieras ser, pero sobre todo “sé tú mismo” y muéstrate para tener éxito, en particular en las redes sociales); y <strong>la supresión de la historia,</strong> del conocimiento del pasado como punto de referencia. “Esto conduce a una ‘restauración’ de valores tradicionales que ya no lo son por el hecho de haber sido restituidos en su forma extrema. Como decía Freud, cuando lo reprimido vuelve, lo hace de forma sintomática y peor”.</p><p>Alabao advierte que, a diferencia de anteriores olas conservadoras en España, esta movilización “no se articula principalmente en torno a la religión o al orden moral clásico”, sino como<strong> una reacción cultural contra el feminismo, el antirracismo o los derechos LGTBI</strong>, que se presentan como “imposiciones de élites <em>progresistas”.</em> Es una derecha “muy centrada en lo cultural, en manipular emociones y que se expresa sobre todo en el terreno simbólico y mediático”.</p><p>El discurso de este movimiento “conecta con malestares muy concretos”: precariedad laboral, crisis de vivienda, frustración ante la falta de expectativas y una sensación de pérdida de estatus —especialmente entre varones jóvenes— que es reinterpretada “en clave cultural y de género”. En lugar de ofrecer explicaciones económicas o estructurales, se canaliza ese descontento hacia<strong> enemigos simbólicos</strong> —el feminismo, el antirracismo o lo ‘woke’— presentados como responsables del fracaso vital.</p><p>Las redes sociales “son centrales” en esta expansión, recuerda Alabao, porque funcionan como espacios de socialización política informal y ofrecen sensación de comunidad y apoyo emocional a los jóvenes a través de subculturas digitales o formas de sociabilidad digital. En ellas, “esta sensación de agravio se traduce en discursos aparentemente transgresores, y pequeñas comunidades muy activas <strong>logran una influencia desproporcionada”. </strong>Las iniciativas culturales y mediáticas —<em>podcasts, youtubers,</em> editoriales o eventos— refuerzan ese ecosistema. Aunque, insiste, “de nuevo conviene matizar: más que un apoyo juvenil masivo, lo que observamos es una minoría intensamente movilizada”, con alta capacidad de difusión.</p><p>Las redes sociales ofrecen a los jóvenes “propuestas de estilo de vida”, completa Pagès. Los <em>influencers</em> cuentan cómo viven, qué comen, cómo se visten, a qué hora se duermen. Frente a un vacío de ideales de referencia —los valores de la justicia, la convivencia, la belleza— “aparecen estos<strong> pseudo-amebas que se arrastran entre </strong><em><strong>likes</strong></em><strong> y seguidores</strong> sin intimidad”.</p><p>Estos factores producen “una expansión del vacío existencial que la actividad laboral o la participación económica no pueden solventar. De ahí también la proliferación de cuentas dedicadas a <strong>rutinas de la vida cotidiana:</strong> comidas, paseos, amigos, ropa, objetos”.</p><p>“La izquierda perdió la guerra, pero ganó la cultura”, sostiene Soto Ivars, una idea ampliamente compartida por los intelectuales que orbitan en torno al movimiento neotradicionalista y que hoy<strong> se esfuerzan de manera consciente por revertir esa hegemonía.</strong> No se trata de una corriente homogénea ni monolítica, sino atravesada por matices, aunque en ella domina una convicción común: que lo que durante décadas se presentó como “progresista” ha envejecido hasta convertirse, a sus ojos, en una forma de control social.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Jan 2026 18:49:13 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Varela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El regreso del ‘orden moral’: las claves del ascenso del neotradicionalismo en España]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Liberalismo político,Religión,Derecha,Extrema derecha,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[De Washington a Trump]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/washington-trump_129_2127532.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a8bb142e-a5a7-4ac5-b423-7499695ddf88_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De Washington a Trump"></p><p>Es una ilusión pensar que <strong>las democracias aguantan todas las tensiones. </strong>Los sistemas democráticos tienen áreas de vacío legal donde las leyes no son claras y permiten un amplio margen de interpretación. Son las<strong> fisuras </strong>por las que puede entrar el <strong>totalitarismo.</strong> Las constituciones pueden no especificar con detalle cómo debe ser una transición entre gobiernos, pero hay <strong>normas no escritas </strong>que garantizan que el <strong>proceso sea ordenado y pacífico.</strong> <strong>La Convención de Filadelfia de 1787,</strong> en la que se redactó la<strong> Constitución de los Estados Unidos,</strong> representó un momento clave por la manera en que los delegados asumieron que la democracia requería algo más que leyes: necesitaba espíritu, contención y costumbre, dado que la ley no puede anticipar todas las situaciones ni regular todas las actividades de los políticos. Incluso<strong> Nixon </strong>o el muy excéntrico<strong> Lyndon Johnson </strong>respetaron los <strong>procedimientos establecidos</strong> por sus predecesores mediante la costumbre. </p><p>Desde el punto de vista de los llamados <strong>contrapesos duros </strong>(instituciones, leyes, separación de poderes) y <strong>blandos </strong>(normas informales, ética pública, autocontención a la hora de ejercer el poder), la Convención diseñó un <strong>sistema de frenos legales,</strong> confiando en que los actores políticos respetarían los límites no escritos, algo que ha sucedido casi siempre en los últimos 250 años. <strong>Estados Unidos</strong> tuvo la enorme fortuna de que los Padres Fundadores (Hamilton, por encima de todos Madison, Washington, Franklin y Morris) eran profundos conocedores de la<strong> Ilustración europea</strong> y la historia de <strong>Grecia y Roma, </strong>de manera que conocían las causas por las que los sistemas podían caer en la<strong> tiranía. </strong>Pero no son solo las convenciones lo que está en<strong> riesgo</strong> hoy en Estados Unidos, sino la <strong>democracia </strong>en sí, porque un rasgo esencial de un delincuente vengativo y mezquino como <strong>Trump </strong>es, precisamente, que <strong>no respeta las normas. </strong></p><p>Los reyes de Inglaterra conservan todavía la prerrogativa de vetar leyes aprobadas por el Parlamento, pero hace siglos que no la ejercen. El último intento serio de resistirse al poder legislativo fue el de <strong>Carlos I,</strong> cuya <strong>negativa a aceptar límites constitucionales </strong>y su enfrentamiento con el Parlamento desembocaron en la<strong> Guerra Civil inglesa </strong>y el fin del absolutismo en el país. Desde entonces, el poder real fue progresivamente acotado, algo que todos los monarcas aceptan. Estos ejemplos históricos muestran que <strong>la solidez de los sistemas democráticos</strong> depende también de la<strong> voluntad ética</strong> de sus líderes a la hora de respetar límites que no son legalmente vinculantes. Cuando un <strong>agente político</strong> decide <strong>quebrar estas normas </strong>está socavando la confianza y la estructura que ha permitido que la <strong>democracia funcione de forma pacífica</strong> durante siglos. </p><p>Los sistemas de contrapesos funcionan si un número importante de agentes respeta todas las normas, pero me temo que empezará a erosionarse de forma crítica en <strong>Estados Unidos </strong>porque hay muchos <strong>agresores potenciales</strong> dispuestos a seguir a Trump en sus desvaríos autoritarios. Podemos recordar, tal vez como el mejor ejemplo, lo que hizo<strong> Mike Pence </strong>al <strong>negarse a seguir las demandas de Trump</strong> de rechazar los votos electorales durante la certificación de la elección presidencial de 2020. La negativa de Pence se basó en una<strong> interpretación estricta de sus deberes constitucionales,</strong> pero podría haber hecho lo contrario. Como vicepresidente, la función de Pence era presidir esa sesión, un papel que tradicionalmente es ceremonial. Un día antes de la certificación, emitió una <strong>declaración pública</strong> en la que explicaba que, según la Constitución y las leyes existentes, su papel era simplemente abrir y contar los votos, no decidir cuáles aceptar o rechazar. Al <strong>certificar los resultados de la elección,</strong> Pence cumplió con su deber constitucional, pero en el proceso <strong>desafió directamente las órdenes del aún presidente</strong> y se ganó su enemistad porque para un necio como Trump la lealtad mal entendida debe pasar por encima de la propia democracia. </p><p>Otro aspecto fundamental que explica la tradicional fortaleza de la democracia estadounidense es que los <strong>Padres Fundadores eran ilustrados y liberales </strong>tanto en el orden económico como en el político. Ninguno de ellos fue lo que hoy entendemos como un neoliberal, que son los radicales que creen en un mundo en el que los verdaderos gigantes de nuestro tiempo, las grandes multinacionales y fondos, no deben ver límites a sus actividades. El propio <strong>Adam Smith, </strong>reconocía que, sin controles, los <strong>empresarios </strong>tendían a <strong>abusar o crear monopolios. </strong>No me extrañaría nada que, dado que su principal preocupación era la libertad, los liberales políticos y económicos clásicos estuvieran hoy más cerca de la socialdemocracia de<strong> Olof Palme </strong>que de la ley de la selva que defienden <strong>Trump, Milei y Ayuso.</strong> En fin. Para que perviva todo lo que conocemos no basta con la ley ni por supuesto con invocar la democracia y sus atributos, como hacen los adláteres de Trump hablando frecuentemente de “libertad” y hasta de “derechos humanos”. Lo que sostiene a los <strong>sistemas democráticos</strong> es la <strong>cultura política </strong>y el<strong> respeto por las normas no escritas. </strong>Los contrapesos duros pueden ser burlados cuando los blandos no son respetados, porque estos últimos dependen de la voluntad humana, por eso son vulnerables. Hablar de contención a dirigentes preocupados por la censura, por humillar a sus adversarios e incluso deshumanizarlos se convierte en un ejercicio de ingenuidad. Para <strong>ejercer la vida política </strong>hay que poseer<strong> grandeza,</strong> y quienes gobiernan hoy son un <strong>prodigio de mezquindad, crueldad y mediocridad. </strong></p><p>___________________________</p><p><em><strong>Eduardo Luis Junquera Cubiles</strong></em><em> es escritor y socio de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Jan 2026 05:00:32 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eduardo Luis Junquera Cubiles]]></author>
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      <media:title><![CDATA[De Washington a Trump]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Estados Unidos,Donald Trump,Relaciones internacionales,Washington,Liberalismo político,J.D. Vance]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ocupación armada de la verdad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/oficio-de-impostores/ocupacion-armada_129_2125909.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4e6661e8-f913-40b0-b9d0-4693a60ef16b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ocupación armada de la verdad"></p><p>Estados Unidos no ha tomado Venezuela por las armas. La ha rendido mediante el secuestro y el soborno.<strong> Ha comprado a las petroleras y al régimen, pero no ha necesitado una ocupación. </strong>No ha desfilado a paso de oca por Caracas, como los nazis por París, para someter al país al nuevo orden, simplemente ha cambiado la agenda de sus gobernantes, una vez los ha convertido en subalternos. El país que el trumpismo ha decidido tomar por las armas y someter a un régimen de ocupación armada tampoco es Groenlandia, al menos de momento: las huestes, armadas hasta los dientes, de Donald Trump están ocupando los Estados Unidos de América. Y para ello, están tratando de <strong>militarizar la verdad. </strong></p><p>El asesinato de Renee Nicole Good traduce a la ciudadanía democrática el vértigo de ver desaparecer la solidez de lo real bajo nuestros pies. Cuando el poder miente contra lo que todos vemos, contra los hechos patentes, sin siquiera tratar de ocultarlos o falsearlos con recursos de IA, significa que se ha abierto la grieta ética más grave de nuestra época. El regreso a un <strong>régimen preilustrado en el que coronas y sotanas monopolizaban la verdad.</strong> Las comparecencias de la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, del vicepresidente, JD Vance, de la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Kristine Leavitt, y del propio Donald Trump  no se vinculan a la vieja propaganda, ni siquiera a la posverdad entendida como una manipulación interesada de datos. Constatan algo muchísimo más grave, un salto de categoría: la ocupación violenta de la evidencia. No es un fenómeno anecdótico ni exclusivamente estadounidense. Hace muy pocas semanas, la sala segunda del Tribunal Supremo español ejecutó una ocupación judicial de la evidencia igual de espuria. Se trata de que la realidad, lo patente, no sea un suelo común sobre el que edificar la organización de las sociedades modernas, sino un <strong>territorio en disputa en que la autoridad —política, judicial o militar— ejerza una soberanía vertical e indiscutible</strong>, so pena de muerte o cárcel. Ese es el mensaje de los Manuel Marchena al mundo contemporáneo. Pretenden ejercer soberanía no sobre la interpretación de la realidad, sino sobre la realidad misma en toda su crudeza. El nuevo fascismo pretende dictar realidad contra la propia realidad. </p><p>El trumpismo, y a su lado todo el iliberalismo ante el que ha sucumbido el antiguo conservadurismo occidental sin excepción, nos dice que<strong> las imágenes ya no funcionan como prueba sino como campo de batalla </strong>y que en esa refriega ellos tienen el poder, los fusiles, las puñetas y las cruces. Durante siglos, la modernidad se sostuvo sobre la convención básica de que podíamos discrepar sobre las interpretaciones, pero no sobre lo que está ante nuestros ojos. Podíamos discutir si un hecho era justo o injusto, legal o ilegal, prudente o imprudente, pero no discutíamos si había ocurrido. Eso era la verdad patente, lo que no necesita ser creído porque se ve. El vídeo, la fotografía, el documento, el testigo múltiple… no eran “versiones”, eran el firme adoquinado que sostenía nuestros pies de sociedades que habían superado la etapa en la que los seres imaginarios —en realidad, sus diáconos— decretaban lo existente. Lo que está pasando ahora en Estados Unidos, en Gaza, en los tribunales y en las redes es que ese suelo ha desaparecido. Incluso en la ciencia y en la medicina: la cuenta de muertos que está causando la ignorancia ufana de los antivacunas, ahora empoderados por el secretario de salud de Estados Unidos, el pomposo e ignorante Robert F. Kennedy Junior, hace palidecer la de los totalitarismos del siglo XX.</p><p>No se trata de que la gente mienta, siempre se ha mentido, se trata de que ahora se miente contra la evidencia palmaria con un objetivo político de sumisión y, por tanto, de <strong>regreso a un mundo antiguo, supersticioso y sombrío</strong>. Convertir la realidad en un territorio en disputa, como una colina estratégica, es un triunfo final de los que pretenden acabar con la democracia. Porque la realidad, lo que no puede ser negado ni contradicho, es el único baluarte de quien no dispone de otra empalizada. Es el poder de los que no tienen armas, crucifijos ni posición. Es <strong>el poder de los ciudadanos</strong>. </p><p>Cuando Vance, Trump, Netanyahu o Putin miran una grabación y dicen “no es lo que veis”, no están defendiendo una interpretación, está<strong> bombardeando la noción misma de la prueba. </strong>Que se permitan hacerlo en un mundo transparente, digital y vigilado por cámaras en el que cada hecho ha sido filmado y difundido supone la derrota en la batalla por la verdad. Porque durante más de un siglo, la imagen tuvo una función civilizatoria, no decía una verdad última, solo una verdad funcional, escueta, que cerraba el paso a la mentira. No impedía manipular, pero hacía costoso hacerlo. Un político podía negar, pero sabía que había un límite en el plano secuencia, en la fotografía o en el archivo. Ese límite producía una realidad compartida que era el suelo fértil sobre el que construir convivencia, un sustrato frágil pero poderoso que sustentaba un contrato de la comunidad. </p><p>La IA permite fabricar imágenes falsas pero el poder político ha aprendido que ni siquiera necesita hacerlo. <strong>Basta con negar la realidad de lo evidente y difundir una </strong><em><strong>verdad</strong></em><strong> a todas luces falsa.</strong> El paso dado por la administración Trump (o aquí, por el Tribunal Supremo en sentencia firme) es aterrador porque no nos arroja a una era de verdades fabricadas sino a una era de verdades inoperantes. La ética política moderna se construyó sobre el principio sencillo de que el poder puede mentir, pero no puede mentir sin coste cuando hay pruebas. Ese coste, reputacional, judicial o electoral, era inequívoco. </p><p>Ahora el poder ha descubierto que una parte del público<strong> prefiere la mentira que confirma su identidad a la verdad que la amenaza, </strong>y ese paso compulsa la debacle ética en que la verdad patente deja de ser un árbitro y se convierte en una bandera bajo la que resistir. El vídeo del asesinato de la joven Renee Good ya no es un hecho sino un emblema y el poder lo mira como quien contempla un estandarte enemigo que debe ser rendido, en un nuevo marco de atavismos tribales. Sostiene que no estamos viendo lo que estamos viendo y resquebraja la realidad para ofrecer una bandera a su tribu premoderna de fauces salivantes. </p><p>Desde este pequeño nido de ametralladoras del oficio, llevamos meses insistiendo en que el <strong>periodismo actual no afronta un problema de calidad en la oferta</strong> —que es más variada, abundante y, en términos generales, más solvente que en ningún momento anterior— sino un problema de demanda, un mercado donde una parte de la sociedad ya no pide al periodismo saber qué ha pasado sino solo que le dé la razón. Un sector de la clientela busca avíos de identidad, un mundo real o inventado que le confirme que está en el lado de los buenos, que el adversario es monstruoso y que contra él vale cualquier medida extrema.</p><p>El periodismo no se ejerce para defender una ideología sino para establecer el suelo común de los hechos, porque <strong>cuando la mentira manda, el mundo se vuelve inhabitable</strong>. Una sociedad puede sobrevivir a gobiernos injustos, a leyes malas e incluso a guerras, pero no sobrevive a que no exista un mundo en común, no puede sobrevivir a la impugnación de los hechos ciertos. Si no podemos acordar qué ha pasado, entonces no podemos discutir qué debe pasar. Porque lo hará por nosotros el cacique, en el nuevo reino de la fuerza, de la tribu, del macho y de sus balas… Entramos en la selva inmisericorde de la violencia y dejamos atrás el imperio de la ley.</p><p>Por eso el caso de Renee Good —más allá del crimen de Estado y la tragedia familiar— importa tanto. No porque haya habido una muerte sino porque ha habido una muerte con imágenes que<strong> el poder ha impugnado sin tomarse siquiera la molestia de borrarlas</strong>. Esa dejadez, esa obscenidad, es el síntoma que anuncia el abismo. El periodismo y la sociedad no son ya otra cosa que un testigo y cuando el testigo calla o es amordazado, el crimen se vuelve sistema. </p><p>Durante años hablamos de <em>fake news</em>, de bulos y de posverdad como si estuviéramos ante una patología del ecosistema digital, lleno de ruido, ignorancia, polarización y burbujas informativas, pero esa explicación era cómoda y superficial. La posverdad no fue un accidente tecnológico sino una fase política que sirvió para erosionar el consenso epistemológico mínimo que hacía posible la democracia liberal: la idea de que, aunque discrepemos en valores e intereses, compartimos un suelo común de hechos. Cuando ese suelo se resquebraja, cuando deja de existir una realidad compartida, <strong>el terreno queda listo para que un proyecto iliberal pueda ganar elecciones sin necesidad de convencer, </strong>pues le basta con desorientar, con poner en pie de igualdad lo patente con la ficción paranoica y sentimental que da cobijo a las identidades frágiles.</p><p>Una vez en el poder, sin embargo, el iliberalismo ya no puede limitarse a sembrar duda porque gobernar exige control. Y para controlar una sociedad no basta con dominar las leyes o las instituciones, hay que dominar la definición misma de lo real. Ahí se produce el <strong>salto cualitativo de nuestra época</strong>, cuando la mentira deja de ser una táctica de campaña y se convierte en un instrumento de soberanía. El Estado ya no se limita a imponer normas, impone mentiras, decide qué ha pasado y qué no, incluso cuando lo ocurrido está grabado, documentado o presenciado por miles de personas.</p><p>En ese momento la verdad deja de ser un espacio de discusión y se<strong> convierte en un territorio bajo ocupación. </strong>Cuando un poder, sea la Casa Blanca o el Tribunal Supremo, miente abiertamente contra un vídeo, un documento o un testimonio múltiple, no está ofreciendo una interpretación alternativa, está desplegando fuerza institucional —autoridad, inmunidad, aparato mediático y aparato coercitivo— para conquistar el significado de lo ocurrido. Ya no se trata de convencer a la sociedad, sino de someterla. Hemos entrado en una nueva fase en la que la realidad no es algo que se investiga, sino algo que se administra desde el poder.</p><p>Ese mecanismo replica con exactitud la lógica clásica de toda ocupación colonial. Primero se declara que la población no entiende lo que ve, que está confundida, manipulada o engañada por fuerzas hostiles; luego <strong>se impone una versión oficial que </strong><em><strong>sabe</strong></em><strong> qué ha ocurrido,</strong> y finalmente se criminaliza a quien la contradice. Solo que ahora el territorio no es una ciudad ni un país, sino la evidencia misma. Fotografías, vídeos, audios, datos y testimonios quedan sometidos a una administración política del sentido.</p><p>Durante más de un siglo, la imagen funcionó como un límite a la mentira, pero hoy<strong> el poder ha aprendido que puede decir “no creas lo que ves” </strong>y una parte de la ciudadanía lo aceptará sin conflicto. Ahí se cruza una inquietante frontera totalitaria, cuando se obliga a la sociedad a dudar de sus propios ojos, la percepción deja de ser soberana y pasa a estar subordinada a la autoridad. La realidad ya no precede al poder, sino que este la produce.</p><p>En ese paisaje, e<strong>l periodismo tiene que dejar de ser un simple narrador y se convierte en un custodio de lo obvio.</strong> La tarea del periodista ya no es solo interpretar el mundo, sino sostener que el mundo existe, que algo ocurrió y se grabó, y que dar fe no es opinión. Defender los hechos se vuelve una forma de resistencia cívica frente a la ocupación de la verdad por la fuerza, porque cuando el poder se apropia de lo que es real, no solo gobierna, coloniza la mente colectiva y hace inhabitable la democracia.</p><p>Alberto Núñez Feijóo <strong>confesó sus mentiras ante la jueza de Catarroja y después las reiteró como si nada ante la prensa.</strong> Y ahí sigue. La tarea del periodismo digno es que, después de doscientos muertos, no siga ahí. Como la del estadounidense es reponer el buen nombre de Renee Good y condenar al trumpismo, armado, acomplejado y asesino, al basurero pedófilo, machirulo y supersticioso del que emergió. Será eso o el fin de todo lo que es bueno, bello y decente.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Jan 2026 18:01:01 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro Vallín]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La ocupación armada de la verdad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Estados Unidos,Donald Trump,Alberto Núñez Feijóo,Democracia,Política,Liberalismo político]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Por qué la extrema derecha está y estará en el centro del tablero político]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/extrema-derecha-estara-centro-tablero-politico_1_2123248.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1709c99c-84af-4687-b0ad-efcecbbe6c96_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué la extrema derecha está y estará en el centro del tablero político"></p><p><strong>El año 2025 comenzó con la investidura de Donald Trump</strong>, de vuelta a la Casa Blanca con todo su séquito reaccionario, identitario y pseudolibertario procedente del movimiento Maga (<em>Make America Great Again</em>), cuya última hazaña ha sido “capturar” al presidente Nicolás Maduro, provocando el estupor mundial.</p><p><strong>El año se cerró con el </strong><a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/151225/un-president-d-extreme-droite-au-chili-le-vertige-memoriel-et-politique" target="_blank"><strong>regreso de un pinochetista</strong></a><strong> a la presidencia de Chile</strong>, apenas seis años después de un movimiento social sin precedentes, que estuvo a punto de acabar con la Constitución neoliberal heredada de la dictadura.</p><p>Mientras tanto, <strong>la extrema derecha siguió avanzando en los países capitalistas avanzados</strong>. Se ha afianzado en el Parlamento <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/211025/premiere-ministre-sanae-takaichi-met-le-japon-sur-les-rails-de-la-droite-dure" target="_blank">de Japón</a>, ha consolidado su base electoral <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/190525/au-portugal-l-extreme-droite-franchit-un-nouveau-seuil-electoral" target="_blank">en Portugal</a>, no ha sido amenazada en sus feudos electorales <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/241125/en-italie-les-electeurs-desertent-les-regionales" target="_blank">en Italia</a>, donde gobierna... Y en los Estados del llamado “E3”, las mayores potencias militares y económicas de Europa, a saber, Francia, Alemania y el Reino Unido, lidera estructuralmente las intenciones de voto.</p><p>Más allá de estos éxitos electorales confirmados o probables, la tendencia de fondo es inequívoca. Entre los regímenes representativos del oeste del continente europeo, los más antiguos, <strong>la extrema derecha lleva cuatro décadas en ascenso</strong> y prácticamente no deja ningún país a salvo.</p><p>En un reciente artículo académico, los politólogos Vincenzo Emanuele y Bruno Marino <a href="https://doi.org/10.1080/2474736X.2024.2399095" target="_blank">demostraron</a> que<strong> la polarización ideológica del panorama político</strong> ha avanzado notablemente durante la década de 2010 y que esta dinámica se ha visto alimentada de forma asimétrica por una radicalización hacia la derecha. Ahora bien, esta polarización <strong>va acompañada de una mayor fragmentación y volatilidad electoral</strong>. Según estos investigadores, el resultado es “una tormenta perfecta para el funcionamiento de las democracias de Europa occidental”.</p><p>Esto puede resultar inquietante si se tienen en cuenta las movilizaciones y las aspiraciones en favor de una mayor probidad, reconocimiento, justicia y bienestar material. Por otra parte, estudios rigurosos muestran que las actitudes generales de la población no son más hostiles a la redistribución o a las minorías que hace unas décadas; basta con haber vivido en los años 70 u 80, o volver a ver las producciones culturales de esa época, para recordarlo. Entonces, <strong>¿qué está pasando?</strong></p><p>Se dirá que no son las mismas personas las que se manifiestan en la calle y las que acuden a las urnas, y que éstas son un espejo deformado de la morfología social real del país, lo cual es en parte cierto. En las elecciones regionales de <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/300925/malgre-son-unite-la-gauche-italienne-perd-une-election-regionale-symbolique" target="_blank">la región de Las Marcas</a> (Italia) en septiembre o en <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/221225/espagne-la-gauche-subit-une-lourde-defaite-en-estremadure" target="_blank">las de Extremadura</a> en diciembre, la caída de los partidos de izquierdas y el éxito de la extrema derecha se explican en primer lugar por la <strong>fuerte abstención de quienes votaban izquierda.</strong></p><p><strong>Pero la baja participación no lo explica todo</strong>, <strong>ya que, a pesar de ello, el número absoluto de votos a favor de la extrema derecha suele aumentar.</strong> En Extremadura, Vox ganó casi un 80 % más de votantes en dos años. En las elecciones generales portuguesas de mayo de 2025, la abstención aumentó menos de dos puntos, pero Chega ganó casi un 23 % más de votos en un año.</p><p><strong>En algunos casos, un aumento de la participación puede favorecer claramente a la extrema derecha</strong>. Esto se observó especialmente en Chile, donde el voto era obligatorio: las masas que se incorporaron por primera vez al intercambio electoral no salvaron a la izquierda, sino todo lo contrario. <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/240225/en-allemagne-les-cartes-electorales-redessinent-la-frontiere-est-ouest" target="_blank">En las últimas elecciones federales en Alemania</a>, en febrero de 2025, votaron 3,2 millones de personas más que en las elecciones de 2021, y la extrema derecha ganó 5,5 millones de votos.</p><p>Un fenómeno parecido se produjo en Francia en la primera vuelta de las elecciones legislativas anticipadas de junio de 2024. La participación aumentó 19,2 puntos con respecto a las elecciones legislativas de 2022, que se celebraron inmediatamente después de las presidenciales. Mientras que se contabilizaron 9,25 millones de votos adicionales en las urnas, la Agrupación Nacional (RN) ganó cerca de 6 millones de votos. En ninguna primera vuelta de unas elecciones nacionales la extrema derecha había movilizado a una proporción tan elevada de personas inscritas en el censo electoral.</p><p>Es cierto entonces que <strong>existen disposiciones individuales que la izquierda puede aprovechar en el electorado, pero no hay masas adormecidas que solo esperen ser despertadas para derrotar a una extrema derecha anacrónica</strong>. El trabajo político necesario para activar esas disposiciones progresistas, en un campo mediático hostil y en un momento en que los intermediarios locales se han vuelto escasos, es considerable.</p><p>Por el contrario,<strong> las disposiciones racistas, sexistas y egoístas siguen estando muy extendidas </strong>y resultan más fáciles de activar desde los grandes medios de comunicación y los contenidos virales de las redes sociales. Peor aún, la acumulación del odio parece más fácil de lograr que la convergencia de las luchas por la emancipación. Los resentimientos de diversa índole conviven mejor que las luchas contra la distribución desigual de la libertad, que exigen que cada grupo sea consciente de sus propias ventajas en la estructura social.</p><p>El avance de la extrema derecha se basa, más allá de las coyunturas pasionales, en una realidad material que ha llegado para quedarse y que la hace tan difícil de contrarrestar. Como veremos, la propuesta de la extrema derecha, tomada en su nivel más general, la de un nacional-capitalismo autoritario, parece ahora más “racional” para un número cada vez mayor de votantes que las propuestas en crisis del liberalismo y de la izquierda socialista y ecologista.</p><p><strong>El liberalismo</strong>, en sus vertientes política y económica, <strong>siempre ha adolecido de contradicciones</strong>. Sus promotores se han acomodado gustosamente al trato subordinado de categorías enteras (mujeres, clases trabajadoras, pueblos colonizados) privadas de los derechos y libertades conquistados contra el Antiguo Régimen. Y el derribo por parte de los liberales del orden tradicional no ha ido acompañado de la reconstrucción de solidaridades modernas, promovidas por otras sensibilidades.</p><p>Sin embargo, <strong>hay períodos</strong>, <a href="https://doi.org/10.3917/espri.2509.0049" target="_blank">señala</a> el filósofo Bruno Karsenti,<strong> en los que los liberales se esfuerzan por “conciliar la lógica del mercado y la integración social”.</strong> <strong>Y luego hay otros en los que ya no lo aceptan o no lo consiguen, precipitando así una “zona de colapso”</strong>. Porque eso es precisamente lo que ha ocurrido desde la gran crisis económica de 2008 y todas las convulsiones que le siguieron a las sociedades occidentales.</p><p>En ese momento quedó mortalmente herido el tríptico formado por la globalización, la financiarización y la innovación . El debilitamiento general del crecimiento y el persistente aumento de las desigualdades han ido invalidando progresivamente el discurso falsamente igualitario (“igualdad de oportunidades”) y racionalista (“gobierno de expertos”) que legitimaba el neoliberalismo desde los años ochenta y sus intentos de restaurar el nivel de beneficios.</p><p><strong>La crisis sanitaria agravó esa ruptura</strong>. La decisión de poner la economía “en aislamiento” pudo representar un signo de la omnipotencia de los neoliberales. Pero, en realidad, su bando acabó perdiendo su credibilidad con el retorno de la inflación (el “mal” que se suponía habían derrotado), la revelación de una preocupante dependencia industrial de China y la voluntad de hacer pagar al mundo laboral las enormes facilidades concedidas por los poderes públicos al sector privado.</p><p><strong>Ahora</strong>, el discurso de los neoliberales se ha quedado sin sentido: <strong>la globalización ya no se percibe como una “oportunidad” y los supuestos beneficios de sus políticas se desvanecen</strong> ante su coste en términos de poder adquisitivo, desigualdades y deterioro de los servicios públicos. Se ha desmoronado la concepción de la emancipación a través de la competencia mundial que constituía el núcleo de la promesa neoliberal. La base social de este bando se reduce cada vez más a determinados sectores económicos que aún prosperan y a los jubilados acomodados.</p><p>La impopularidad de Emmanuel Macron o de Friedrich Merz es un síntoma de este fenómeno, que ya es evidente en <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/111225/en-amerique-du-sud-les-vieilles-droites-sont-en-voie-de-disparition" target="_blank">América del Sur</a>, donde la derecha y el centro están en vías de marginación. Incluso en países donde ha sido dominante el neoliberalismo, como la República Checa, <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/041025/en-republique-tcheque-le-demagogue-babis-triomphe-et-se-tourne-vers-l-extreme-droite" target="_blank">la extrema derecha se impuso ampliamente</a> en las elecciones legislativas de octubre.</p><p><strong>“Cuando el neoliberalismo destruye el tejido de la sociedad democrática</strong> […] sin otra regla que la rentabilidad”, escribe Jean-Yves Pranchère en <em>La pensée réactionnaire est-elle de retour?</em> (¿Ha vuelto el pensamiento reaccionario?, edit. Presses de Sciences Po, 2025),<strong> “destruye las condiciones mismas de una sociedad liberal y sus costumbres pluralistas”</strong>. Y los agentes de esta destrucción pueden entonces completar su obra convirtiéndose ellos mismos en “iliberales”, si les parece que esta transformación es la única vía que les queda para preservar “sus intereses de clase”.</p><p>De hecho, el bando supuestamente “centrista” se ve tentado a endurecer su discurso sobre la inmigración y la autoridad. Se trata también de un fenómeno bastante generalizado, cuyo símbolo más destacado fue, a finales de enero de 2025, la votación en el Bundestag de una resolución sobre inmigración por parte de la democracia cristiana y la extrema derecha, a iniciativa de la primera. En Bélgica, la dirección del Movimiento Reformista (MR), un antiguo partido liberal, tampoco duda en reciclar las tesis de la extrema derecha, al igual que el partido Los Republicanos (LR) e incluso los macronistas en Francia.</p><p>Estas estrategias de “fusión de las derechas” no están exentas de peligro para el bando neoliberal, que pierde definitivamente su condición de “alternativa” a la extrema derecha. <strong>Tanto si las alianzas formales funcionan</strong> (como en Italia, Argentina o Suecia) <strong>como si fracasan</strong> (como en Austria, Países Bajos o Portugal),<strong> es la extrema derecha la que suele acabar arrasando en las elecciones.</strong> En algunos casos, el cambio es evidente: <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/041025/en-republique-tcheque-le-demagogue-babis-triomphe-et-se-tourne-vers-l-extreme-droite" target="_blank">el exprimer ministro neoliberal checo Andrej Babiš</a> ganó las elecciones de 2025 con un programa claramente radicalizado hacia la derecha.</p><p>Los componentes de la izquierda, por su parte, adolecen de tres males, en diferentes proporciones según los contextos nacionales: su pasividad en el poder para aquellos que se han amalgamado con el campo neoliberal; una considerable discrepancia entre su proyecto alternativo, cuando existe, y las posibilidades concretas de llevarlo a cabo; y un aislamiento estratégico, cuando el centro-derecha prefiere hundirse o aliarse con la extrema derecha antes que apoyar las políticas formuladas por la izquierda.</p><p>La pasividad en el poder no se reduce únicamente a la <strong>“traición” de las élites de centroizquierda</strong>. Su socialización en una clase política con intereses alejados de los de las clases subalternas pudo, por supuesto, influir, pero el histórico compromiso fordista-keynesiano les convenía, en la medida en que beneficiaba a su base electoral y satisfacía a los círculos empresariales.</p><p><strong>El problema</strong>, como señalan los economistas Robert Brenner y Dylan Riley en <a href="https://newleftreview.org/issues/ii155/articles/dylan-riley-robert-brenner-the-long-downturn-and-its-political-results" target="_blank">importantes artículos</a> de la <em>New Left Review</em>,<strong> surgió cuando las políticas de ampliación del Estado social entraron en competencia directa con la preservación de las tasas de beneficio</strong>. La crisis de 2008 y sus consecuencias no han hecho más que agudizar esa tendencia, presente desde la década de 1980, que coincide con el declive estructural de la socialdemocracia, que se ha acelerado desde entonces. Un momento en el que esta familia política siguió la evolución de una parte de los economistas keynesianos hacia el neoliberalismo.</p><p><strong>En el ala izquierda de la socialdemocracia, el discurso es más ofensivo, pero a menudo sigue formulándose en un “estilo antiguo”</strong> (hacer pagar a los ricos, ampliar los derechos sociales) que deja escépticos a los sectores sociales que, sin embargo, deberían ser los beneficiarios. O bien su condición de “pocos recursos” les hace sospechar que esas políticas beneficiarán a los más desfavorecidos que ellos. O bien porque ven venir un enfrentamiento violento y perdido de antemano entre ese rumbo político y las inmensas fuerzas que tratarán de impedirlo.</p><p>En este sentido,<strong> la capitulación de Syriza en Grecia</strong>, a mediados de la década de 2010, que fue escenario de una importante dinámica de la izquierda radical, <strong>supuso un shock para toda su familia</strong>. Es cierto que ese partido carecía de preparación, pero precisamente por eso: muy pocos partidos cuentan con una originalidad programática y unos recursos organizativos que les permitan aplicar, a largo plazo, una “política diferente” que dé prioridad a las necesidades sociales y ecológicas.</p><p>Los programas suelen limitarse a medidas simbólicas presentadas como soluciones mágicas, como el impuesto “Zucman”, o a catálogos de medidas sin coherencia global. En realidad, <strong>la experiencia del confinamiento ha descalificado la opción tradicional de la izquierda electoral, la de la reactivación keynesiana clásica,</strong> favoreciendo el éxodo de las clases trabajadoras “nativas” hacia el discurso de defensa del “modo de vida occidental” de la extrema derecha.</p><p><strong>En general, es la incapacidad de la izquierda para volver a imponer una lógica de clase lo que le impide aparecer como un baluarte contra la extrema derecha.</strong> Y aunque la victoria de Zohran Mamdani en Nueva York es alentadora, sigue siendo limitada desde este punto de vista, ya que se trata más bien de una reorganización interna de la izquierda estadounidense.</p><p>Ante el debilitamiento de los otros dos bandos, <strong>la extrema derecha</strong> tiene el viento a favor. <strong>Se presenta como una alternativa al fracaso neoliberal y como una defensa contra una izquierda presentada como un peligro para la sociedad occidental.</strong> Los resortes son a la vez muy contemporáneos y muy antiguos, recurriendo a los viejos trucos del anticomunismo del siglo XX y a las identidades supuestamente “fijas” de la población, amenazadas por enemigos externos e internos.</p><p>En un contexto de estancamiento económico al que los neoliberales ya no tienen respuesta, y la izquierda, respuestas que pueden parecer inalcanzables, la extrema derecha propone soluciones tranquilizadoras: <strong>la promesa de una redistribución no entre clases sociales, sino entre grupos étnicos o religiosos en beneficio de una pseudomayoría.</strong></p><p>Esta lógica le parece racional a una parte de la población porque esa población sufre el estancamiento y, al mismo tiempo, está culturalmente condicionada por cuatro décadas de neoliberalismo. La solución de la extrema derecha responde tanto a una necesidad de redistribución como al rechazo a cuestionar el orden social.</p><p><strong>Esa lógica de redistribución “interna” entre las clases sociales va acompañada de una defensa del capital nacional frente a la globalización</strong>. Pero, dada la complejidad de salir de las interdependencias económicas derivadas de la era neoliberal, la idea es más bien afianzarse en “grandes bloques” que defiendan la civilización occidental frente a un peligro externo, en particular el chino. La extrema derecha en América Latina, al igual que en muchos países europeos, es, por tanto, muy pro-Trump.</p><p>Esta visión permite activar dos palancas aparentemente contradictorias: por un lado, una crítica de la globalización en nombre de la defensa de determinados sectores; por otro, una radicalización del discurso neoliberal con recortes fiscales masivos y reducción de las protecciones de los trabajadores. Este doble discurso permite atraer a las clases medias amenazadas por la pauperización debido al estancamiento económico, al tiempo que se conserva una base social popular y se seduce a algunos grandes sectores del capital.</p><p>Al igual que en la década de 1930, <strong>la extrema derecha prospera gracias a los sectores deficientes del capitalismo contemporáneo</strong>, beneficiándose al mismo tiempo del apoyo de algunos sectores prósperos, en particular los rentistas, como las finanzas de mercado o el sector inmobiliario, que se sienten atraídos por su lógica anti-fiscal.</p><p>Con este posicionamiento, <strong>la extrema derecha puede presentarse como una fuerza de protección contra el caos de la competencia mundial, pero también contra la globalización cultural.</strong> Al esbozar la idea de una cultura occidental en peligro, amenazada desde dentro por el “wokismo” asimilado a la izquierda y desde fuera por el auge de Asia y, en particular, de China, la extrema derecha propone detener la historia en un lugar acogedor donde el hombre occidental podría vivir una vida de ensueño, reducida en ocasiones a la fantasía de los Treinta Gloriosos.</p><p>Así, la defensa de la represión étnica, la indiferencia ante la violencia de género y el discurso anti-fiscal y libertario pueden converger en <strong>un discurso de defensa de una “libertad” reducida al egoísmo occidental y la defensa de un modo de vida considerado amenazado.</strong> La influencia es entonces lo suficientemente poderosa como para barrer a la derecha neoliberal y a la izquierda política, señaladas como “liberticidas”.</p><p>Desde este punto de vista, <strong>la pandemia del covid ha supuesto una ruptura</strong>, aunque sus efectos aún no están perfectamente documentados. El hecho es que <strong>la derivación de millones de votos hacia la extrema derecha se produjo a partir de 2021</strong>, y que varios líderes destinatarios de esos votos se diferenciaron del resto de la clase política durante ese período, por su oposición a las políticas sanitarias o por retomar la retórica conspirativa que floreció entonces.</p><p>Porque<strong> a la extrema derecha le resultó fácil aprovechar la frustración provocada por los confinamientos</strong>, jugando con un estado de ánimo antielitista y antiautoritario. La oleada inflacionista de 2021-2023 no hizo más que reforzar este fenómeno, asimilándolo a las consecuencias de la gestión de los confinamientos por parte de los Estados neoliberales. El discurso libertario pudo así autonomizarse y volverse contra los poderes establecidos, ofreciendo un nuevo caldo de cultivo a la extrema derecha.</p><p>Ésta ofrece compensaciones psíquicas y simbólicas a la inestabilidad social sobrevalorando las identidades nacionales —o de género— exclusivas. Pretende oponerse a una dinámica democrática potencialmente perturbadora, para dar valor a un modelo plebiscitario que ignora la complejidad de las relaciones sociales.</p><p>Por supuesto, <strong>esa “seguridad” tiene un precio, que es la violencia</strong>, como demuestran las acciones contra los extranjeros llevadas a cabo durante el último año por Donald Trump. Una violencia racista cada vez más asumida como válvula de escape de la impotencia de las políticas económicas seguidas por la extrema derecha. Ahí radica precisamente la dificultad que plantea esta familia: antes de volverse contra ella, su propia impotencia puede servirle durante mucho tiempo de combustible para el éxito.</p><p>En efecto, la extrema derecha no progresa gracias a un programa basado en soluciones a los problemas de la época. Progresa gracias a la voluntad de defender, contra viento y marea, un modo de vida amenazado. Sin embargo, este modo de vida no está amenazado porque esté asediado por enemigos imaginarios. Está amenazado porque es insostenible, tanto económica como social y ecológicamente. Es un modo de vida destructivo tanto para el ser humano como para los ecosistemas.</p><p>Pero<strong> la extrema derecha </strong>no ofrece otra respuesta que negar esta destrucción. <strong>Prospera porque propone la negación generalizada y la continuación del sueño consumista y capitalista sin pagar un precio</strong>. Es, como decía Guy Debord sobre el espectáculo, la “pesadilla de la sociedad moderna encadenada que solo expresa su deseo de dormir”. Es ese deseo el que triunfa en las urnas, pero es un deseo vano que solo puede conducir a despertares dolorosos.</p><p> </p><p><strong>Traducción de Miguel López</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Jan 2026 16:21:08 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fabien Escalona y Romaric Godin (Mediapart)]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Extrema derecha,Elecciones,Capitalismo,Liberalismo político]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Neopentecostalismo, la ‘nueva ola evangélica’ que se extiende por todo el mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/internacional/entender-neopentecostalismo-nueva-ola-evangelica-extiende-mundo_1_2097871.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c44f0858-fb5e-4e57-b00b-e0f62e52877f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Neopentecostalismo, la ‘nueva ola evangélica’ que se extiende por todo el mundo"></p><p>El<strong> crecimiento del cristianismo evangélico</strong> por todo el mundo es un fenómeno que no está pasando desapercibido. Desde Latinoamérica hasta Asia pasando por África y Europa, el auge de este movimiento también ha llegado a <strong>España.</strong></p><p>En América Latina, <strong>la religión evangélica ha tenido un enorme crecimiento en los últimos años</strong> que se ha visto reflejado en grandes cambios sociales y políticos. Según el estudio de <strong>Carlos Malamud</strong>, investigador principal del <strong>Real Instituto Elcano</strong> y catedrático de Historia de América en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (<strong>UNED</strong>), sobre <a href="https://www.realinstitutoelcano.org/analisis/la-expansion-politica-de-las-iglesias-evangelicas-en-america-latina/" target="_blank"><em>La expansión política de las iglesias evangélicas en América Latina</em></a>, el número de evangélicos supone ya <strong>algo más del 20% de la población latinoamericana</strong> cuando hace 60 años apenas representaba el<strong> 3%</strong>.</p><p>En países como<strong> Guatemala, Honduras y Nicaragua</strong> en 2018 los evangélicos suponían el <strong>40%</strong>; en <strong>Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Argentina y Panamá</strong> aproximadamente el <strong>15%</strong>, mientras que en <strong>Brasil </strong>se estima que oscilan entre el <strong>22% y el 25%</strong>. Con todo esto, <strong>los católicos aún son mayoría en el continente</strong>, con el 60%, y concentran el 40% de los católicos en todo el mundo. </p><p>En España, según datos del <a href="https://www.observatorioreligion.es/directorio-lugares-culto/" target="_blank">Observatorio del Pluralismo Religioso</a>, la <strong>confesión protestante</strong> de residentes en el país<strong> ha crecido de un 0,2% en 1998 a un 2% en 2018</strong>. La Asociación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (<strong>FEREDE</strong>), estima que existen <strong>más de un millón y medio de fieles en España</strong>, lo que representa algo más del<strong> 3% de la población</strong>. </p><p>Dentro del auge del fenómeno evangélico que recorre el mundo, los <strong>pentecostales y neopentecostales</strong> (a veces llamados <strong>neocarismáticos</strong>) son los que más peso ganan. Estos forman parte de las distintas comunidades evangélicas, de la misma manera que los protestantes tradicionales, los <strong>bautistas </strong>o los <strong>metodistas</strong>; todas ellas <strong>cristianas </strong>e <strong>hijas de la reforma protestante</strong>.</p><p>Para comprender la deriva evangélica neopentecostal es necesario conocer su génesis, que se encuentra en el <strong>pentecostalismo</strong>. Un movimiento religioso que <strong>nace a principios del siglo XX en EEUU</strong> dentro de lo que se conoce como ‘El Gran Despertar’, con el <strong>Avivamiento Espiritual de la calle Azusa</strong> (1906) por el pastor de origen africano <strong>William Seymour</strong>. El pentecostalismo basa su doctrina en el <strong>bautismo del Espíritu Santo</strong> y su nombre deriva del <strong>Día de Pentecostés</strong>, cuando se celebra la venida del propio Espíritu Santo.  </p><p>Para los pentecostales, <strong>el Espíritu Santo se manifiesta como una entidad divina</strong>, de manera similar a lo que ocurrió el Día de Pentecostés relatado en el <strong>Nuevo Testamento</strong>, cuando éste se presentó a los apóstoles: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, vino del cielo un ruido como el de una violenta ráfaga de viento y llenó toda la casa donde estaban reunidos. <strong>Aparecieron entonces unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos</strong>. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse”. (<em>Hechos de los Apóstoles</em>; 2, 1-4)</p><p>Es de aquí de donde parte la doctrina pentecostal. El Espíritu Santo se manifiesta en el cuerpo otorgando a los devotos dones divinos como <strong>hablar en otras lenguas</strong> (glosolalia), <strong>curar enfermedades o tener profecías</strong>. </p><p>En una de las <strong>comunidades evangélicas de Getafe</strong> (Madrid), de orden pentecostal, los martes y jueves a las 19.30 se reúnen los vecinos del barrio para la oración. Después de una homilía cargada de <strong>folclore, música y alabanzas</strong> guiadas por el <strong>pastor Jeison </strong>(nombre ficticio), los congregados <strong>se pusieron de pie formando un círculo con las manos entrelazadas</strong> los unos con los otros. Comenzaron a orar entre <strong>gritos de forma espontánea</strong> de los que se podía inferir un lenguaje extraño: “¡Oh, Señor, para que tu reino sea establecido!, ¡Para que haya activación en medio de tu Iglesia!, ¡Queremos ver tu gloria! [<em>exclamación en un lenguaje indescifrable</em>]”. </p><p>El ambiente se hacía cada vez más denso, intenso y ruidoso. Es el momento en el que el Espíritu Santo penetra en su cuerpo, los fieles se <strong>“llenan del Espíritu”</strong> e intentan comunicarse directamente con Dios. Más tarde, los gritos se van suavizando, <strong>los creyentes comienzan a secarse las lágrimas</strong> y, tras unos minutos, salen de su comunidad rumbo a sus casas con el alma plena de espíritu.</p><p>El neopentecostalismo nace directamente de esta vertiente evangélica, pero según explica a infoLibre <strong>Pablo Blanco Sarto</strong>, catedrático de Teología Sistemática con especialización en ecumenismo, teología sacramental y del ministerio en la Universidad de Navarra, “a veces es más <strong>un estilo donde lo emocional tiene una gran carga</strong> y donde la doctrina pasa a ser algo más secundario”. </p><p>“Su gran difusión se explica gracias a que <strong>es un movimiento más fluido, dinámico, contundente</strong> y menos ortodoxo” y su auge “<strong>ha cubierto un vacío religioso</strong> que había en América Latina, Oriente y ahora en España”, continúa explicando. Aunque reconoce que esto “puede tener un efecto creciente que puede concluir en la pérdida de diálogo entre fe y razón que puede derivar en <strong>sesgos fundamentalistas</strong> que no son buenos para la sociedad”. </p><p>Este ‘nuevo’ pentecostalismo es una religión difícil de clasificar debido a lo diluidas que pueden llegar a ser sus barreras conceptuales, pero, en general, obedece a una <strong>“tercera ola”</strong> que se desarrolla en la segunda mitad del siglo de renovación evangélica que pone un principal énfasis en dones del Espíritu Santo tales como <strong>la sanidad, la liberación, la guerra espiritual o la teología de la prosperidad</strong>. Esto se une a una forma de evangelizar poco común, que une un <strong>estilo performativo que apela a lo emocional </strong>con pastores o líderes muy carismáticos que, en muchos de los casos, se consideran “elegidos”. </p><p>Una de las características doctrinales más relevantes del neopentecostalismo es lo que se conoce como la <strong>‘teología de la prosperidad’</strong>. Esta <strong>surge en EEUU</strong> como una mezcla de diferentes elementos que dan lugar a una <strong>interpretación del evangelio ligada a los bienes materiales como la salud, el dinero y el éxito</strong>. Pese a esto, su origen se remonta a siglos atrás con el nacimiento del protestantismo y su relación con el capitalismo, cuestión que ya ha sido abordada por grandes sociólogos de la historia como <strong>Max Weber</strong> en su ensayo <em>La ética protestante y el espíritu del capitalismo </em>(1904). </p><p>Para <strong>Antonio Montañés Jiménez</strong>, doctor e investigador de Antropología de la Universidad de Oxford, “las iglesias neopentecostales tienen la particularidad de que <strong>se autodenominan independientes</strong> porque no parten de una denominación concreta, sino que son iglesias <strong>dominadas por un pastor muy carismático</strong>; tienen una esencia evangelizadora muy ligada al <em>marketing </em>y están muy relacionadas a la <strong>teología de la prosperidad</strong>”, cuenta a <strong>infoLibre</strong>.</p><p>“Los evangélicos neopentecostales <strong>han acogido muy bien los mensajes de autoayuda o de crecimiento personal</strong> y han conseguido traducirlos con mensajes cristianos en sus iglesias”, relata Antonio Montañés. Además, cuenta que “han conseguido darle la vuelta a la tortilla, en el sentido en el que estos cultos <strong>promueven que la adquisición de riqueza o éxito es parte de la vida espiritual</strong>, algo que dista mucho de los términos católicos”.</p><p>“La teología de la prosperidad se desarrolla alrededor del mundo mediante las <strong>capas más desfavorecidas</strong>”, explica. “Esto al principio puede parecer paradójico porque están vendiendo unos <strong>ideales que son contrarios a lo que ellos viven en su experiencia</strong> cotidiana, pero en realidad lo que hacen es darles una especie de <strong>vía de escape </strong>ante una situación de vulnerabilidad socioeconómica”.</p><p>Según un <a href="https://www.celag.org/evangelicos-pentecostales-y-neopentecostales-de-la-fe-a-la-politica/"  >estudio </a>de los sociólogos <strong>Javier Calderón Castillo</strong> y <strong>Taroa Zúñiga</strong> para el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (<strong>CELAG</strong>), todas estas nuevas iglesias de definición neopentecostal "profesan esa fe del <strong>emprendedurismo </strong>en forma de actividades emocionales o de <strong>autoayuda</strong>". Además, explican que "esa idea de la prosperidad utilizada para <strong>capturar fieles</strong> se transmite con facilidad al <strong>discurso hegemónico del poder en Latinoamérica</strong> que, sin ser neopentecostal (aún), está de acuerdo con el principio de esas iglesias, convirtiéndolas en aliadas de la <strong>estructuración de una cultura individual</strong> que no pretende exigir al Estado la distribución de la riqueza". Pese a que sus feligreses son los más pobres y los que se encuentran en situaciones más precarias, "la ideología de la prosperidad los ubica como <strong>aliados del neoliberalismo</strong>", concluyen. </p><p>Esta forma de <strong>confesión positiva</strong> se alinea con las nuevas formas de <strong>capitalismo de mercado</strong> y se fundamenta en una especie de <strong>‘pacto directo’ con Dios</strong> por el que el creyente otorga dinero, sumisión y obediencia a cambio de prosperidad, salud y éxito económico. <strong>La</strong> <strong>autorrealización, el desarrollo personal, el éxito laboral, el estatus social</strong>… se convierten en promesas para el ‘buen evangélico’, que a su vez, tiene un discurso conservador y reaccionario en lo que tiene que ver con el progreso social. </p><p>Los evangélicos neopentecostales tienen una clara animadversión hacia cuestiones sociales como el aborto, al que la <strong>Alianza Evangélica Española</strong> (AEE) cataloga como algo propio de <a href="https://alianzaevangelica.es/la-alianza-evangelica-espanola-y-el-aborto-como-derecho-constitucional/" target="_blank">“culturas bárbaras”</a> o la homosexualidad y la comunidad LGTBIQ+, a los que la <strong>Iglesia Pentecostal Internacional de Santidad</strong> denomina como <a href="https://iphc.org/wp-content/uploads/2018/07/IPHC-Manual-2017-2021-Spanish.pdf" target="_blank">“desviados sexuales”</a>.  </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Jan 2026 05:00:26 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ignacio Prieto]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Religión,Política,Liberalismo político,Economía]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[Yo, tú, nosotros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/yo-tu-nosotros_129_2117803.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/476ace02-5f0a-42c1-98e6-2e44885a5aa3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Yo, tú, nosotros"></p><p>Nunca está de más recordar, recordarnos, que el <strong>compromiso con los demás es inseparable del compromiso con uno mismo</strong> y que el respeto a uno mismo es el mejor modo de vivir un necesario respeto a los demás. Las palabras del verbo tienen una dimensión ética cuando el yo y el tú procuran formar un nosotros. Hay muchas tentaciones para que ese nosotros facilite dinámicas basadas en el <strong>autoritarismo, el dominio, el abuso y la mentira</strong>. Se trata entonces de un nosotros que se define en la desigualdad y en una injusticia sostenida.</p><p>No hace falta ponerse poético, aunque a veces conviene algo de poesía, para comprender que la intimidad y las relaciones sociales son inseparables. Cuando se convive con un tú, la independencia personal no puede convertirse en un modo de disfrazar la incomunicación o el desprecio al otro. Es algo que <strong>no debe olvidarse cuando hablamos de amor o de política</strong>, dos palabras que invitan a pensar en las relaciones del yo, el tú y el nosotros.</p><p>El abusador sexual que humilla a otra persona<strong> empieza por faltarse el respeto a sí mismo,</strong> por asumir una condición humillante y degradada de su propia existencia. Ya sé que la sexualidad no se identifica con el amor, pero ayuda a comprender de qué modo puede acercarse una persona al amor cuando el yo establece con el tú una relación de acoso invasivo. Ese yo se acepta como un ser violento, invasivo, avasallador, y <strong>después de atropellar su propia dignidad se vuelca sobre las posibles debilidades del tú</strong>. De esta forma un abrazo esconde la prepotencia de un sujeto sin escrúpulo que necesita fundar su autoestima en la capacidad de doblegar al otro. No son lo mismo, repito, sexualidad y amor, pero la manera que tienen los abusadores de tratar a sus víctimas sexuales nos ayuda a comprender también su manera de entender el amor, es decir, la palabra <strong>nosotros</strong>.</p><p>La poeta mexicana Rosario Castellanos fue consciente de las dificultades que pueden esconderse en la palabra nosotros, hasta el punto de aludir a una pareja amorosa, más que como un nosotros, como la unión de dos otros. Es bueno no olvidarse de los conflictos, ni de los rincones de independencia y de respeto al otro que nos exige la realidad. Pero también es bueno que la <strong>independencia individual no impida en el amor un esfuerzo</strong> a la hora de apostar por la ilusión de un nosotros.</p><p>Ocurre lo mismo en política. Quien se pierde el respeto a sí mismo y convive con la corrupción y la mentira demuestra que la palabra nosotros es para él un <strong>modo de disfrazar el caciquismo y la desigualdad</strong>. Hace falta perderle el respeto al propio yo para degradar los vínculos de un trabajo, una organización, un partido o una comunidad. El lugar del yo se funda así en el engaño. Es verdad que los abusos están normalizados en política hasta el punto de que hay <strong>programas económicos y sociales que sólo se justifican como maneras estables de regularizar la desigualdad. </strong>Por eso resulta muy triste que las personas que dicen defender un deseo de igualdad se pierdan el respeto a sí mismas y conviertan su día a día en un modo de engañar, de abusar. <strong>El respeto a los deseos individuales no debe separarse en la política de las ilusiones colectivas</strong>. Resulta más complicado en ella separar un deseo sexual propio del amor al nosotros.</p><p>Ahora que se recuerda la muerte del dictador y el camino de España a la democracia, podemos entender en profundidad que ese camino no supuso <strong>sólo la exigencia de votar cada cuatro años</strong>, sino un modo justo y digno de entender la igualdad entre hombres y mujeres, y el respeto a la hora de equilibrar las relaciones entre el yo, el tú y el nosotros, un respeto decisivo para establecer también el respeto que merecen las otras personas del verbo: él, vosotros y ellos. Si nos tomamos en serio los síntomas que nos rodean, podremos conseguir que <strong>las realidades tristes no nos hagan olvidar lo mucho avanzado. </strong>Y que el orgullo por lo avanzado no nos haga olvidar lo que nos queda por avanzar. Conviene seguir haciendo camino. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Dec 2025 18:03:20 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Yo, tú, nosotros]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Opinión,Abuso sexual,Democracia,Liberalismo político,Desigualdad social]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La sociedad de la desconfianza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/sociedad-desconfianza_129_2094584.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/476ace02-5f0a-42c1-98e6-2e44885a5aa3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La sociedad de la desconfianza"></p><p>Reflexionar sobre la realidad que vivimos es necesario no ya para elegir las actitudes y hacernos dueños de las propias ideas, sino para <strong>mantener la esperanza</strong>, un sentido de la existencia que nos salve de la renuncia. <strong>Darse por perdidos puede ser la deriva final del miedo </strong>y las desilusiones, el resultado de una impotencia que invita a tirar la toalla cuando los fracasos de la justicia y la libertad se mezclan con el predominio del odio. Comunicar la ilusión es importante para generar un compromiso con las buenas causas. <strong>Hay que ilusionar a la sociedad.</strong> Pero hoy también es necesario, junto a la comunicación, un ejercicio intelectual profundo y exigente que nos haga activos. Necesitamos su ayuda para mantener una ética del conocimiento o un conocimiento ético del mundo que sostenga el compromiso con aquello que debe ser comunicado y defendido.</p><p>Merece la pena debatir sobre los conceptos que animan las noticias y las actitudes. Palabras como libertad, igualdad, individualidad, diversidad e identidad mezclan lo que se dice con lo que ocurre. Y las interpretaciones matizadas a veces son tan importantes como las fronteras entre la verdad y la mentira. La lectura de<strong> </strong><em><strong>La sociedad de la desconfianza </strong></em>(Arpa, 2025), el último libro de <strong>Victoria Camps</strong>, supone una invitación cívica a pensar en los dogmas y los matices del mundo que vivimos, una realidad que le pide al pensamiento tanto el afán de la conciencia crítica como el <strong>ahínco a la hora de mantener la esperanza.</strong></p><p>Nuestro mundo se caracteriza por un <strong>desplazamiento de la libertad hacia la ley del más fuerte</strong>, el mandato de un individualismo sin regulación comunitaria. Este individualismo, propio del capitalismo caníbal, se desconecta de las situaciones sociales, de los contextos y las influencias, borra los deberes y hace de los triunfos y los fracasos un recuento de los méritos personales. Se trata de <strong>separar la libertad individual de las ilusiones colectivas</strong>, por lo que la palabra igualdad queda borrada de la convivencia. Surgen así las dinámicas que caracterizan hoy los argumentos neoliberales, que van del culto impudoroso a los millonarios y de la defensa de la desregulación hasta el nuevo protagonismo agresivo de los discursos machistas, identificando la igualdad de género con una agresión feminazi contra los valores de siempre. Defender derechos o políticas inclusivas y reparadoras<strong> se entiende como una amenaza contra la libertad.</strong></p><p>Y, en este punto, el ejercicio intelectual democrático debe entender por su cuenta los <strong>matices que separan la igualdad necesaria y la homogeneización peligrosa</strong>. En los debates de hoy vale la pena tener en cuenta no ya el machismo característico de las relaciones entre hombres y mujeres, sino las perspectivas desde las que podemos fundamentar la rebeldía. Resulta necesario unir el deseo de igualdad con el reconocimiento de la diversidad, porque no es lo mismo, por ejemplo, ser una mujer rica o pobre, blanca o negra, heterosexual o lesbiana, laica, cristiana o musulmana… Si queremos que el pensamiento se acerque a la vida debemos <strong>unir los derechos universales al reconocimiento de las experiencias diversas.</strong></p><p>Pero, por otra parte, hay que estar atentos para que este respeto a la diversidad no se convierta en un festival celebratorio de las diferencias que nos haga <strong>olvidar el derecho prioritario a la igualdad.</strong> La cultura reaccionaria, como indica Victoria Camps, suele manipular la diversidad para borrar o dificultar el compromiso con lo colectivo en un sentimiento común de ciudadanía. Es un matiz importante. Defender el diálogo cauteloso entre igualdad y diversidad me parece imprescindible si queremos mantener la esperanza en una sociedad que no haga de la libertad la ley del más fuerte, sino el <strong>aire de una convivencia justa y posible entre derechos y deberes.</strong></p><p>La sociedad de la desconfianza, que nos aleja del respeto a lo público y desacredita la política, provoca también <strong>identidades fanáticas que se niegan a pensar en los matices.</strong> Parece que la reflexión y el diálogo con lo otro son un síntoma de debilidad. La ley del más fuerte invita al fanatismo. Por eso es tan importante contar con maestras como Victoria Camps. Nos ayudan a mantener la esperanza en el fuego de Prometeo mientras meditan sobre la educación, los movimientos sociales y las deficiencias o los mitos de nuestros valores democráticos. Como dice Victoria, <strong>la confianza tiene que ver con el saberse frágil y vulnerable</strong>: “Son las crisis, los sucesos imprevistos, las guerras, la violencia psíquica o física lo que socava la confianza a la vez que uno se esfuerza por recuperarla”. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Nov 2025 18:53:28 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La sociedad de la desconfianza]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Liberalismo político,Política,Capitalismo,Igualdad,Opinión,Democracia,Derechos sociales,Derechos civiles]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El marxismo ante la peste]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/oficio-de-impostores/marxismo-peste_129_2086897.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4e6661e8-f913-40b0-b9d0-4693a60ef16b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El marxismo ante la peste"></p><p>Hubo un tiempo en que el miedo tenía olor, una fetidez que llegó a sumergir Europa. Durante las grandes pestes medievales, el aire se espesaba de<strong> cadáveres y superstición</strong>, y las ciudades y villas, sitiadas por la enfermedad, buscaban en la moral religiosa una explicación a la inopinada condena que rememoraba el destino funesto de Babel y Sodoma. El odio de Dios a la ciudad. El <strong>conocimiento humano carecía de la noción de virus o de contagio</strong>; la higiene, la depuración de aguas o la densidad de población eran materia arcana y los aterrorizados paisanos solo entendían de culpa, que era un mecanismo que ofrecía la ficción de sentirse a salvo. La muerte negra, que nadie sabía de dónde había llegado, solo podía ser castigo. Y su origen solo podía ser el pecado. La profilaxis era pues la violencia de los puros: <strong>quemamos brujas, lapidamos leprosos, perseguimos judíos y empalamos mahometanos</strong>. La peste no era un fenómeno biológico sino un drama teológico: el mundo estaba podrido porque alguien lo había contaminado con su pecado. </p><p>La perentoriedad de <strong>hallar culpables</strong> era más fuerte que <strong>la urgencia por encontrar una cura</strong> o dilucidar cómo se producían los contagios y atajarlos. Ese paisaje define el mundo atávico previo a la modernidad y fue barrido por la ciencia, la política y los derechos humanos. Y en ese proceso de avance, acompañando al desarrollo del conocimiento y a la asunción de la dignidad de toda vida, dos interpretaciones políticas del mundo contribuyeron a impugnar la mirada moralizante y circular del Antiguo Régimen, de sus sotanas y de sus talcos: el liberalismo y el marxismo, pues ambas desterraban el cuento moral y el auto de fe para confiar en una mirada tentativamente científica sobre el progreso de las sociedades humanas que atribuía sus articulaciones, éxitos y padecimientos a las condiciones materiales y a los intereses en conflicto. Ambas descansan en la autoestima de la humanidad, en el convencimiento de que las sociedades humanas pueden producir Historia o, al menos, modularla, navegarla en el mar bravío de lo contingente, al margen de mitos religiosos y las leyendas nacionalistas, empachadas de destinos victoriosos.<strong> Empachadas de sangre</strong>. </p><p>De ahí que la pérdida de la autoestima social conduzca inexorablemente al mundo premoderno, oscuro y sanguinario. Y si el temor prende, la confianza se disuelve y la modernidad es puesta contra las cuerdas por una crisis que desafía las certezas del mundo y ante la cual la sociedad reacciona <strong>buscando almas responsables</strong>. </p><p>Por eso, la peste de nuestro oficio en este tiempo extraño no es su calidad, mucho menos su catadura moral,<strong> es la pérdida de la confianza pública</strong> —esa forma sustantiva de autoestima invisible que mantenía unidos a lectores y cronistas, a instituciones y ciudadanos—, que parece haber sido aplastada por la concatenación de males mayores fruto de la superpoblación, el supercrecimiento y la rebelión de los meteoros. La entereza yace hoy asfixiada por los efluvios pestilentes del <strong>negacionismo</strong>, forma suprema de la ignorancia medieval y cuyos únicos motores son el miedo y sus consecuencias, mil veces ensayados por la historia y plasmados en la suspicacia y en el regreso de los <em>savonarolas</em>. Por esa razón <em><strong>La nave del misterio</strong></em><strong> es el tren de la Antigüedad</strong>.    </p><p>De ahí que, cuando juzgamos los déficits del periodismo, en lugar de analizar sus causas estructurales, de orden económico y social, hayamos vuelto al<strong> lenguaje del pecado</strong>. Se acusa, se señala, se excomulga. Se habla de periodistas vendidos, de medios corrompidos, de traiciones morales. <strong>Hemos reemplazado la crítica material por la denuncia ética</strong>, como si bastara con purificar a los impuros para sanar el cuerpo aparentemente enfermo del oficio.</p><p>Los nuevos flagelantes no llevan capucha ni se golpean la espalda con cadenas: <strong>presentan podcasts, publican hilos, ponen nombres en dianas y graban documentales morales</strong>. Proclaman la pureza perdida y la verdad revelada. No informan, <strong>predican</strong>; no investigan, condenan. Son los nuevos martillos de herejes, convencidos de que la regeneración del periodismo —y, por extensión, del mundo— pasa por extirpar a los apóstatas. Y así, la discusión pública se llena de inquisidores que denuncian a otros inquisidores y de tribunos que invocan su propia virtud incontrovertible en nombre del bien común. Lo fascinante es que esta recaída en el pensamiento teológico se produce dentro de una<strong> civilización que se toma a sí misma por la más ilustrada que ha conocido la historia</strong> —de hecho, lo es— y por tanto lo hace incluso conjugando correctamente el subjuntivo y el condicional, en sofisticados arabescos de subordinadas de segundo grado. </p><p>Quedan orillados pues, ante la prédica vocinglera y el asentimiento de las nuevas beatas, el marxismo y el liberalismo, las dos grandes revoluciones intelectuales de la modernidad, que nacieron para romper con ese mundo antiguo, moral y estamental sustituyendo el pecado por el análisis, la culpa por la causa. Si bien lo hicieron por caminos distintos: el <strong>marxismo sustituyó la moral por la historia, el liberalismo sustituyó la moral por el interés</strong>. Para Marx, los hombres no eran buenos ni malos, sino el fruto de unas condiciones materiales específicas, de modo que la injusticia no se combate con virtud, sino transformando la estructura material de las sociedades. El mundo no se divide entre justos y pecadores, sino entre clases enfrentadas cuyos infortunios no radican en las almas sino en la base económica que las moldea.</p><p>El liberalismo, en cambio, partió de una constatación más amarga, que descartaba la posibilidad de sociedades utópicas o estables a largo plazo: los hombres tienen intereses, y esos intereses chocan entre sí. De ese conflicto nace la <strong>necesidad de reglas porque el liberal no confía en la bondad </strong>—que existe y es la opción preferida de todo humano en la atmósfera aséptica del laboratorio— sino en una desconfianza institucionalizada. El mercado, la ley y la democracia representativa son dispositivos para que nadie deba fiarse de nadie y a la vez disponga de la confianza en que todo irá aproximadamente bien. No hay inocentes, solo <strong>individuos con intereses legítimos</strong>, dispuestos a no obrar vilmente salvo que no haya otro remedio.</p><p>La paradoja es que la historia ha querido —perdón por el animismo— que una parte importante del marxismo, que nació para desterrar la moral, haya terminado moralizando el mundo. El liberalismo clásico, que partía de una antropología desconfiada, se ha vuelto la menos moral de las interpretaciones del mundo. En cierto sentido, esa concepción es hoy la más marxista. Lo reflejaba, en la ficción, el personaje del periodista conservador Will McAvoy (Jeff Daniels), en <em>The Newsroom</em>, cuando decía, con la autoestima ufana del hombre moderno: <strong>“Soy republicano, solo parezco liberal porque creo que los huracanes los causan las bajas presiones y no el matrimonio gay”</strong>. He ahí una frase que resume el triunfo de la modernidad.</p><p>Una parte del marxismo contemporáneo —no todo, y no de forma unívoca— degeneró en una épica de la pureza al empaparse de la épica medieval de la insurrección y sus héroes, que siempre son relatos de capa y espada, de sangre y redención: revolucionarios y traidores, pueblo y élite, bien y mal. El <strong>liberalismo</strong>, todo sea dicho, también generó <strong>dos versiones fanáticas y medievalizantes</strong> que nos están trayendo no pocos disgustos, el neoliberalismo de la Escuela de Chicago —una utopía infantil pero exitosa— y su excrecencia tardía, el libertarismo —aún más medieval e ignorante—. El pensamiento liberal clásico, por el contrario, es puramente escéptico y secular porque no promete redención, solo equilibrio precario, paz provisional, acuerdos mejorables.</p><p>Esa ironía late en el corazón de nuestro tiempo. Porque el periodismo —hijo bastardo de ambas tradiciones que nació como paria y creció en prestigio merced a las sociedades liberales— oscila hoy entre esos dos polos:<strong> el moral y el estructural</strong>. Por un lado, conserva del marxismo <strong>la fe en la justicia</strong>, la pulsión de<strong> desenmascarar al poder</strong>, la condición plebeya e irreverente; pero por otro, hereda del liberalismo la <strong>desconfianza</strong>, el método, la idea de que<strong> ninguna voz ha de tener el monopolio de la verdad.</strong> Hoy el periodismo se ha entregado a su tentación moral, a su deseo de pureza. Ha sustituido la investigación por el catecismo.</p><p>En lugar de explicar por qué el oficio se ha empobrecido, por qué las redacciones se vacían, por qué las audiencias se fragmentan o por qué las plataformas dictan la agenda,<strong> preferimos hablar de la virtud o la vileza de los profesionales que lo ejercen</strong>. El juicio ha reemplazado al análisis. Y lo que debería ser autocrítica estructural se ha convertido en penitencia pública: un periodismo que se autoflagela cada día, que confunde la transparencia con el arrepentimiento, que pide perdón por existir pero no se atreve a pensar por qué. Esa liturgia moral tiene una ventaja emocional: consuela. <strong>Permite a los buenos sentirse buenos.</strong> Pero su coste intelectual es enorme: nos devuelve al mundo de las cruzadas, no al de la razón. En el fondo, el periodismo moralista no quiere transformar el sistema informativo: quiere purificarlo. Y eso es volver a la Edad Media.</p><p>Porque la peste, hoy como entonces, no es solo la enfermedad: <strong>es la forma de explicarla</strong>.</p><p>Si el periodismo quiere volver a ser moderno —en el sentido fuerte del término— debe recuperar el<strong> principio liberal de la desconfianza y el marxista de la estructura</strong>. No el catecismo de los buenos, sino la mirada fría sobre los sistemas. No el exorcismo del colega impuro, sino el análisis de las fuerzas que nos modelan.</p><p>Solo así podremos recordar lo que los hombres del siglo XIX aprendieron tras siglos de superstición: que el mundo no se divide entre los que tienen razón y los que no, sino entre los que <strong>buscan causas y los que buscan culpables.</strong></p><p>Y la peste, cada vez que regresa, nos recuerda que<strong> esa frontera sigue abierta.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Oct 2025 18:42:44 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro Vallín]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El marxismo ante la peste]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Periodismo,Liberalismo político,Karl Marx]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jóvenes rebeldes sin pausa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/jovenes-rebeldes-pausa_129_2075499.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/396d6d8b-0a9d-4640-ab67-5c9104d226c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jóvenes rebeldes sin pausa"></p><p>La publicación de<em> The Lonely Crowd</em> en 1950 despertó inquietud en la sociedad americana. El estudio, dirigido por el sociólogo<strong> David Reisman, </strong>mostraba cómo <strong>la clase media americana </strong>tendía a definir su consumo, su ideología, su religión y su forma de vida no desde ideas y deseos propios, sino buscando<strong> la aprobación de los demás.</strong> El sueño americano parecía así más amenazado por el conformismo y aburrimiento que por los misiles de Moscú. Las agencias de publicidad, que entonces vivían una auténtica revolución, tomaron nota y buscaron un <strong>modelo alternativo que fuera revulsivo social </strong>y, sobre todo, renovado<strong> motor del consumo. </strong>Nació así la <em>juventud</em>.</p><p>Frente al americano gris, la<strong> juventud</strong> sería paradigma de <strong>inconformismo, vitalidad, frescura, deseo constante de novedad.</strong> El cine proyectará aquel ideal. László Benedek fue pionero al presentarnos en <em>Salvaje </em>(1953) a un Marlon Brando motero e inadaptado. Le seguiría <em>Semilla de maldad </em>(1955), de Richard Brooks, una historia de adolescentes inadaptados que, además, al incluir en su banda sonora el <em>Rock around the clock, </em>de Bill Haley & His Comets, llevó por primera vez el rock a la pantalla. Pero <strong>la película que fijó aquel imaginario</strong> será <em><strong>Rebelde sin causa</strong></em><em> </em>(1955), de Nicholas Ray. La muerte de su protagonista, James Dean, reforzará el mito juvenil.</p><p>Aquel título condensaba<strong> la esencia del modelo. </strong>Lo joven deberá ser individualista e inadaptado; pero, sobre todo, deberá <strong>carecer de causas.</strong> Sus metas las señalarán unas agencias publicitarias empapadas de contracultura, espíritu hippie e incluso ansias revolucionarias. Una revolución nihilista y sin causa. Si no acatabas esas premisas, desaparecías. Por eso, <strong>Gilles Tautin,</strong> el adolescente de 17 años que murió ahogado en el Sena acosado por la policía cuando apoyaba a los huelguistas de la fábrica Renault, o los obreros de la Peugeot, <strong>Henri Blanchet</strong> y <strong>Pierre Beylot,</strong> asesinados por la gendarmería, serán <strong>borrados de los publirreportajes del 68.</strong> Y la misma suerte correría quien osara salirse de un guion que exigía buscar playas bajo los adoquines del Barrio Latino para, como pedían los airados jóvenes burgueses, llevar la imaginación al poder. </p><p>Aquella era, de hecho, la única reivindicación que el poder iba a asumir: <strong>volverse multicolor y hedonista.</strong> Para los publicistas del 68, el objetivo “revolucionario” no era la justicia social sino <strong>consolar con imaginación el desasosiego existencial de James Dean. </strong>Eso y transformar la rebeldía en reclamo consumista, claro. En España el modelo tardó en llegar, pero llegó, como reflejó en 1980 una famosa canción:<em> el futuro ya está aquí / y yo caí / enamorado de la moda juvenil / de los precios y rebajas que yo vi</em>. Aunque Radio Futura renegó pronto del tema (que nunca volvió a interpretar), el éxito fue abrumador. <strong>La</strong><em><strong> moda juvenil</strong></em><strong> había fagotizado las esperanzas de la lucha antifranquista.</strong></p><p>En realidad, <strong>Pier Paolo Pasolini </strong>ya nos había advertido mucho antes. Tras los disturbios en Valle Giulia, el 1 de marzo de 1968, escribió un duro poema contra los estudiantes: <em>Tenéis cara de hijos de papá / que la buena casta no engaña / la misma mirada maligna.</em> Como contraste provocador, Pasolini veía en los policías el rostro de los <strong>campesinos y de los obreros. </strong>Su conclusión fue demoledora: <em>En Valle Giulia, ayer, / se desarrolló, pues, un episodio / de lucha de clases: y vosotros, amiguitos (bien que en el bando / de la razón) erais los ricos, / mientras que los polizontes (que estaban en el bando / equivocado) eran los pobres.</em> </p><p>Desde entonces<strong> los hijos </strong><em><strong>rebeldes</strong></em><strong> </strong>de aquellos ricos <strong>no han dejado de enriquecerse </strong>vendiéndonos el sueño de una eterna juventud. La realidad entera adaptó su <strong>engranaje cultural, </strong>social y económico al modelo. Todo se hizo<strong> joven y </strong><em><strong>creativo</strong></em><strong>. </strong>Los trabajos se flexibilizaron <em>contra</em> el aburrimiento. La formación se hizo continua, hasta transformarnos en perennes aprendices. <strong>La precariedad se reconvirtió en </strong><em><strong>freelance</strong></em><strong>, </strong>como si el falso autónomo fuera un intrépido corresponsal de guerra que cambió su macuto por la mochila de Glovo. Y el mundo se llenó de <em>experiencias</em>: desde ser trotamundos de Ryanair hasta sentirse<em> </em>alegres universitarios en piso compartido por no poder pagar una vivienda.</p><p><strong>Vidas jóvenes en cuerpos jóvenes.</strong> Los grandes almacenes se llenarán de ropa desenfadada; los gimnasios moldearán nuestros músculos; las industrias farmacéuticas y alimentarias nos atiborrarán de proteínas y el<strong> negocio de la estética </strong>nos facilitará desde un corrector de arrugas al bisturí más diestro. España ronda el millón de tratamientos estéticos al año, un negocio que factura ya <strong>4.000 millones de euros. </strong>Estar joven no tiene precio. Ni edad. La Sociedad Española de Medicina Estética estima que el 20% de los pacientes tiene entre 16 y 24 años. Nunca se es suficientemente joven para el canon de <em>TikTok</em> o <em>Instagram</em>. <strong>El neoliberalismo se legitimaba</strong> así con <strong>indumentaria juvenil </strong>y los multimillonarios, como Elon Musk o Mark Zuckerberg, se presentaban como desenfadados universitarios en una fiesta de fin de curso. Pero llegó 2008 y descubrimos que no estábamos invitados a esa fiesta. </p><p>Pese a ello, el capitalismo <em>hollywoodiense</em> no tenía recambio para la película juvenil que nos había vendido. Se hizo preciso, pues, actualizar el argumento para no perder el favor de un público que ya se cuestionaba algunos personajes. Especialmente, el más delicado de todos: <strong>el malvado. </strong>Cada vez más espectadores pensaban que ese papel<strong> les correspondía a los ricos, </strong>por eso los guionistas oficiales trabajaron a fondo para ofrecer una<strong> larga lista de malvados alternativos </strong>a los que debería enfrentarse el héroe juvenil: el migrante, la feminista, el sindicalista, el izquierdista. Y el viejo. El viejo, y no el rico, era el responsable de que los excluidos de la fiesta vieran amenazado su consuelo al botellón; el viejo con sus <em>privilegiadas</em> pensiones, con su dependencia de una sanidad pública que la vitalidad juvenil no necesita. </p><p>Esta vez, además, era preciso no dejar cabos sueltos. Era imprescindible<strong> introducir en el guion una definitiva vuelta de tuerca </strong>que ni Henry James hubiera podido imaginar. Y para ello, encontraron inspiración en un fenómeno juvenil chino. Una de las cosas que sorprende del metro de Beijing es cruzarse con muchachas ataviadas con vestidos de la dinastía Han. Es el pujante <em>movimiento Hanfu</em>, reflejo de un orgullo nacional que vincula el desarrollo actual del país con el esplendor milenario del imperio chino. Pero <strong>en Occidente </strong>no hay orgullo sino, especialmente entre los jóvenes varones, <strong>un profundo sentimiento de decadencia. </strong>Había pues que adaptar el modelo. Y para ello, los publicistas sustituyeron a James Dean por el patético Ignatius J. Reilly, aquel protagonista de <em>La conjura de los necios,</em> la novela de John Kennedy Toole, que no veía otra salida a su frustración vital que regresar al orden teológico feudal.</p><p>Incapaz de ofrecer futuro, <strong>el capitalismo nos vende pasado como lo último en moda joven.</strong> Era la jugada maestra: lograr que las generaciones Z y Alfa renunciaran al mañana para reivindicar el ayer más <em>vintage</em> y casposo. La operación fue un éxito arrollador. Bastaba con ver cómo, por ejemplo, los españoles más jóvenes, espoleados por las redes sociales, se aprestaban a <strong>considerar </strong><em><strong>cool</strong></em><strong>  la defensa del franquismo, </strong>de la cruz borgoña y de Don Pelayo. </p><p>Nada parecía detener aquel movimiento tan jovialmente<strong> reaccionario. </strong>Hasta que, de repente, un día sucedió lo imprevisto. Las ciudades se llenaron de hombres, mujeres y trans, de niños, jóvenes y viejos, de migrantes, nativos y apátridas, gritando por las calles <em><strong>Palestina libre. </strong></em>Y<em> </em>el nerviosismo volvió a apoderarse de los guionistas. Porque una multitud que grita <em>Palestina libre</em> es un sujeto peligroso capaz de <strong>recordar o soñar causas perdidas</strong>. O lo que es lo mismo, dispuesto todavía a<strong> imaginarse el futuro.</strong></p><p>________________</p><p><em><strong>José Manuel Rambla </strong></em><em>es periodista.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Oct 2025 04:00:30 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Manuel Rambla]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Jóvenes rebeldes sin pausa]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Las piedras de la destrucción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/piedras-destruccion_129_2066968.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1ff97e2-29a9-43d4-a908-7774b29608d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las piedras de la destrucción"></p><p>Los que tuvimos la oportunidad de estar en Berlín a finales del 1989 y primeros meses de 1990, presenciamos una muy singular imagen que entroncaba con el futuro político y económico de <strong>Alemania</strong>. Algunos soldados de la extinta <strong>RDA</strong>, armados con un escoplo y un martillo, arremetían con fuerza contra el muro que separaba todavía dos territorios. Lo singular del caso es que, a medida que iban picando, volvían la vista para tener controladas cada una de las piedrecitas que saltaban. Sabían que ellas eran parte de sus ingresos, que significaban un sustento con categoría de souvenir que podría arreglar la situación en la que se encontraban, esa precariedad que ya tomaba forma en los primeros meses después de la reunificación. El impetuoso capitalismo bañaba los procesos de futuro de la Alemania del este, mojando incluso la dignidad de algunos trabajadores abocados a la destrucción de sus trabajos, ahogando sus maltrechas esperanzas de integración. Y aquellos soldados picaban la pared con saña muy cerca del <strong>Checkpoint Charlie.</strong></p><p>Esas piedras que entonces saltaban con la <strong>fuerza del escoplo</strong> pueden ser las mismas que ahora se esparcen en el suelo de la política internacional; las mismas con las que tropezamos con un discurso que tiene miedo a los conceptos por no saber si atraen o no el voto que se necesita para gobernar. </p><p>Cada piedra que salta después de la invasión de los<strong> drones rusos</strong> es un juicio de valor que contiene una calculadora para contar los beneficios, una cuenta de resultados para ampliar aún más el protagonismo de los poderosos.  </p><p>Cada misil en la franja de Gaza es un proyecto especulador de<strong> Trump y Netanyahu</strong>, una acción necesaria para la fuerza del capitalismo en esos territorios que ahora ya son ruinas pidiendo reparación, ciegos ante la muerte. Las piedras que con tanto afán recogían los soldados en <strong>Berlín</strong>, son las mismas que ahora ponen en alerta a la fuerza motriz de las grandes empresas. Y no importa que desde la otra parte se establezcan valores que tiene que ver con defensas territoriales que se creen históricas, o con la denuncia internacional de aniquilación de miles de personas en lo que, definitivamente, llamamos genocidio; sino en una estructura empresarial que cuelga sus intereses en las llamadas tierras raras o en las imágenes virtuales de una <strong>Gaza </strong>conquistada para el capitalismo más atroz, entre otras razones. </p><p>Una estructura empresarial manchada de sangre y olor a pólvora como los elementos indispensables de la prosperidad de sus negocios. No se trata entonces de establecer un juicio ideológico en torno a la guerra <strong>(opinión y propaganda)</strong>, podríamos pensar, porque la guerra que ahora vivimos carece de principios ideológicos, de contextos bélicos pasados o de la fuerza de atacantes y atacados. Pero la contestación sí tiene que ser ideológica, de<strong> firmes convicciones y defensa de los derechos humanos.</strong></p><p>Europa (o Post- Europa) no acaba de hacer frente a las sacudidas de Donald Trump porque tiene miedo real a que ese capitalismo arrasador que forma parte de su estrategia política sea un misil directo a los beneficios, a las empresas, a los proyectos futuros de análisis y explotación de territorios (la política arancelaria ha sido un primer envite, pero todo apunta a que vendrán más), o, por el contrario, irrumpa la llegada de la fuerza económica asiática. El <strong>liberalismo </strong>del que hacen gala determinados lideres políticos, entre los que se encuentran también <strong>Isabel Díaz Ayuso</strong> o el empresario <strong>José María Aznar</strong>, tiene un firme defensor en aquellos que cuentan las piedras que saltan para amplificar sus beneficios. Están convencidos de que cuantas más piedras fruto de la destrucción, mejor para sus proyectos de estabilidad política y económica.</p><p>La pregunta que me vengo haciendo desde hace un tiempo tiene que ver con saber dónde queda la moral individual y colectiva, desde qué perspectiva estamos ahora preparados para contestar o si, quizás, es el miedo el que nos paraliza. <strong>¿Qué ocurre entonces con la consolidación de sociedades temerosas? ¿A quién benefician?</strong> Nos queda la esperanza de que algunos países, entre ellos Reino Unido, están reconociendo el Estado palestino en los últimos días. Pero, ¿hasta dónde llegará realmente ese reconocimiento?</p><p>El filósofo checo <strong>Jan Patocka</strong> hablaba del cuidado del alma frente a la función de la tecnología en la vida de los europeos, un cuidado que tiene que ver con el entendimiento, también, a mi juicio, con la <strong>autorreflexión</strong>, con el <strong>autoconocimiento</strong>, frente a las alharacas de los que impregnan las ideas con el fortalecimiento de sus objetivos más viles, una acción formativa unificadora, en palabras del filósofo. </p><p>Cuidar el alma significa también cuidar a las sociedades como motores necesarios de construcciones futuras. Rechazar la actitud de <strong>quienes aprovechan las piedras de la destrucción para beneficio propio</strong> tiene también que ver con el cuidado del alma. </p><p>Porque cuidar el alma evidencia un fuerte componente de compromiso con todos y todas. <strong>Ahí tiene que estar nuestra resistencia.</strong> Parémonos a pensar.</p><p>______________________</p><p><em><strong>Javier Lorenzo Candel </strong></em><em>es poeta</em>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Oct 2025 04:00:52 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Lorenzo Candel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las piedras de la destrucción]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Relaciones internacionales,Europa,Democracia,Liberalismo político,Israel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Al final de la playa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/oficio-de-impostores/final-playa_129_2054518.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4e6661e8-f913-40b0-b9d0-4693a60ef16b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Al final de la playa"></p><p><em>En contra de lo que dictaban la probabilidad y el sentido común, el país que tenemos después del verano no es el de antes y el periodismo debe dar cuenta</em></p><p>Friedrich Leopold Goltz (Poznan, 1834 - Estrasburgo, 1902) fue un fisiólogo alemán cuyas investigaciones se centraron en las <strong>funciones cerebrales,</strong> para lo que realizó diversos <strong>experimentos con animales</strong> consistentes en estudiar sus funciones tras la extracción de partes de su cerebro. Aunque sus principales trabajos los realizó con perros, también practicó diversas intervenciones en otro tipo de especímenes. Como las ranas. De uno de ellos procede la conocida como <strong>“parábola de la rana hervida”</strong>, a pesar de que fue el autor de autoayuda francosuizo Olivier Clerc el que la hizo más famosa, con su libro <em>La rana que no sabía que estaba hervida… Y otras lecciones de vida</em> (2005). La fábula se resume en que una <strong>rana arrojada sobre agua hirviendo saltará para salvar su vida</strong>, pero introducida en agua tibia que se va calentando, morirá cocida antes de escapar. </p><p>Lo cierto es que el experimento de Goltz, realizado en 1869, incluía una rana decorticada, es decir a la que previamente <strong>le había extirpado partes del cerebro</strong>, para averiguar si las funciones de percepción de la temperatura se alojaban en algún lugar específico. Esa amputación previa desmiente la categorización de la parábola como experiencia probada y, de hecho, experimentos posteriores han demostrado que las ranas sí reaccionan al calor gradual si tienen posibilidad de escapar. Es decir, la parábola es falsa como descripción zoológica, pero sigue funcionando como metáfora hasta el punto de que hoy es sobre todo una <strong>alegoría antropológica</strong>: la rana no describe cómo se comporta un batracio, sino cómo tendemos los humanos a acostumbrarnos a procesos graduales de degradación hasta que es demasiado tarde. </p><p>A finales del siglo XIX y principios del XX, la idea ya circulaba en libros de divulgación, con moraleja moral o social, y en los años 70 y 80 del pasado siglo se popularizó en manuales de autoayuda y <em>management</em>, de los que seguramente la tomó Olivier Clerc para su propio bestseller. En política, se hizo muy conocida a partir de los años 90, usada como advertencia sobre los <strong>peligros de la normalización del mal </strong>y de dos asuntos que nos han alcanzado con toda su potencia destructora en este verano: la erosión democrática y la degradación ambiental. Noam Chomsky es el autor político que más habitualmente ha usado la <strong>metáfora de la rana para analizar los procesos de empobrecimiento democrático</strong>, y fue el exvicepresidente Al Gore el que la empleó en el documental <em>Una verdad incómoda</em> (2006) para hablar de cambio climático.</p><p>La historiografía clásica nos había educado en una emocionante concepción discontinua de la historia humana en la que determinados hitos –la escritura, la imprenta, la revolución francesa, la máquina de vapor, Hiroshima…– catalizaban las g<strong>randes mutaciones de las sociedades humanas</strong> y por tanto los cambios de época. La<strong> hipótesis de la rana apunta en la dirección contraria </strong>y ahí concentra su amonestación: las grandes transformaciones no son súbitas, aun las más radicales, sino paulatinas y eso dificulta la capacidad de reacción y control sobre la dirección que toman esos procesos. </p><p>Sabemos que los cambios de magnitud a veces comportan cambios de categoría, pero no es sencillo identificar el momento en que un suceso inesperado está anunciando que habitamos ya un mundo diferente. Sobre todo porque, al igual que el glacis que se abre entre lo urbano y lo rural está lleno de lo que conocemos como <em>no-lugares</em>, enclaves que se niegan a sí mismos función o identidad, e<strong>l tránsito entre épocas está igualmente habitado por un </strong><em><strong>no-tiempo</strong></em>, meses o años informes y ambiguos que se resisten a ser definidos. Mirando a Estados Unidos, no es difícil apreciar que el país ya ha dejado atrás su bicentenaria tradición liberal y habita hoy un abismo posdemocrático de dudoso desenlace y más dudosa reversibilidad. Y en esa senda histórica en la que está inmerso Occidente, de idéntico sentido en todas partes pero de diferentes tiempos y características,<strong> España ha dado en el último año pasos determinantes hacia el fin de los consensos democráticos</strong>. Llegamos a ellos los últimos de nuestra región del mundo, más de tres décadas después que el resto, pero parece que nos iremos cuando todos los demás.</p><p>Mientras muchos de ustedes pisaban arena húmeda y dejaban que los días enroscaran su galbana en las patas de las sillas de los chiringuitos, <strong>los sucesos de Torre Pacheco y Jumilla</strong>, los<strong> incendios de la Ruta de la Plata y la</strong><em><strong> omertá</strong></em><strong> </strong>en torno a la cooptación del Ministerio de Hacienda en los años de Cristóbal Montoro, abonaban el terreno a la hegemonización de la Ilustración oscura, el triunfo cultural de la Internacional reaccionaria, que esta misma semana emitía dos señales inequívocas del momento ufano en el que se enclava: la agresión de tres activistas digitales neonazis contra un periodista en la puerta de su casa, y la llamada a la acción violenta de Santiago Abascal, líder de Vox, contra la ONG de rescate marítimo Open Arms.</p><p>El periodismo debe detenerse aquí porque, como los grados del agua, no es lo mismo decir que “un grupo de tres jóvenes neonazis acude al domicilio de un periodista a intentar agredirlo” a contar que, “por primera vez desde el terrorismo de ultraderecha de la Transición, <strong>tres militantes neonazis han intentado agredir a un periodista en su propio domicilio</strong>, grabando y difundiendo la acción como propaganda”. De los insultos en redes sociales a las campañas de acoso digital, y de estas a la violencia física, irrumpiendo en la vida privada de un informador, esa es la espiral descendente de la escalera. Este salto de la amenaza virtual al ataque real marca un umbral en la seguridad de la prensa y, con ella, en la calidad de nuestra democracia. </p><p>Podemos contar que “<strong>Santiago Abascal ha calificado al Open Arms de ‘barco de negreros’ </strong>y ha dicho que ‘habría que hundirlo’ y que no es la primera vez que el líder de Vox carga contra las ONG de rescate en el Mediterráneo, a las que acusa de favorecer la inmigración irregular”, o podemos contar que “por primera vez en democracia, un líder parlamentario ha pedido hundir un barco civil de rescate, calificándolo de ‘barco de negreros’, con una declaración que <strong>no es un insulto sino una incitación directa a la violencia contra una organización humanitaria</strong> y contra las personas que salvan vidas en el Mediterráneo”. </p><p>A la pulsión cronista, limitada a engarzar las cuentas del rosario de los hechos, el oficio debe saber cuándo incorporar el marco de una redacción interpretativa que identifique y señalice los umbrales, de modo que estas dos informaciones simultáneas revelen su vínculo profundo: <strong>una llamada a la acción violenta por parte de un líder político y el resultado de esa llamada a la acción en los activistas</strong> de su causa. Ambas son violencias, una verbal, simbólica, pero con capacidad de legitimar la otra, la física, de modo que el hilván que las cose es perentorio.</p><p>Es un escenario nuevo. Lo de menos es si este hito es más relevante o menos que otros anteriores, como las <strong>semanas de acampada franquista a las puertas del domicilio particular de un vicepresidente</strong> y una ministra del gobierno legítimo, con las FCSE acampadas también, pero en la inacción. O cuando el expresidente del Gobierno José María Aznar dio por amortizada la oposición política de las derechas y tocó a rebato para dar inicio a la insurrección del Estado contra la democracia sin que se abriera un proceso por sedición.</p><p>Ante la certeza de que, empezase cuando empezase, este septiembre de 2025 <strong>ya no estamos en la</strong> <strong>etapa histórica del liberalismo democrático </strong>como forma política hegemónica del Estado español, el desafío para el periodismo es dar con la gramática que corresponde a la época, cuál es la forma de evitar el milenarismo redentorista de vagabundo con campana y cartel de cartón, y a la vez deshacerse de la circunspección gélida de dar simple fe de cosas que ocurren y no deberían ocurrir, como hicieron hace un siglo todos los Unamunos del mundo, desde sus cómodas y aristocráticas cátedras, ante la llegada de lo inefable.</p><p><strong>Somos la rana literal y figurada</strong>, porque al lado de la violencia verbal y física del neofascismo, al lado de los atropellos del nuevo feudalismo digital mundial, el <strong>mundo hierve en temperaturas nunca vistas </strong>que hacen arder bosques y vidas en beneficio político, paradójicamente, de los que siempre han negado que el mundo pudiera arder, <strong>grandes usufructuarios de que el clima los desmienta a ellos y nos mate</strong>, bajo el barro o las llamas, a todos los demás.</p><p>A pesar de los predicadores estilitas, que en este oficio los hay, no hay una respuesta clara, más allá de afirmar honestamente que ya no vivimos en aquella época que conocimos. Que este septiembre <strong>no podemos devolverles el mundo que nos dejaron antes de irse</strong>, a pesar de habérselo prometido. Hay quien dice que la única mirada correcta para entender que la magnitud se ha convertido en <strong>categoría es la perspectiva histórica, la hemeroteca</strong>, la confrontación acusatoria entre el hoy que normaliza el hundimiento de barcos civiles y el ayer que no toleraba el enaltecimiento del terrorismo. </p><p>De ser así, el periodismo está obligado a proponer<strong> un arco histórico nuevo</strong> y comprensible en este final del verano, <strong>obligado a ser la desvencijada Estatua de la Libertad donde acaba la playa</strong>. Bienvenidos a septiembre. Esto es el <strong>mañana</strong>.  </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 Aug 2025 17:59:45 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro Vallín]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Al final de la playa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Periodismo,Periodistas,Corrupción,Incendios forestales,Violencia,Liberalismo político]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adónde nos quieren llevar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/adonde-quieren-llevar_129_1925255.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Empezamos el año y continúan los nubarrones de una geopolítica inestable y preocupante. Están surgiendo profetas populistas con sermones para incautos sobre un Estado contaminado por el<strong> paternalismo y la protección social</strong> despilfarra, que no sabe gestionar y habrá que sustituirlo por una macroempresa con sus ganancias y pérdidas, y dirigida por empresarios. Proclaman el fin del concepto de ciudadano con sus conquistas históricas y derechos que pasarán a ser accionistas o clientes. Ejército, sanidad, economía, educación, orden público, administración del Estado, y hasta justicia, en manos de empresarios. Fuera la política y políticos. Según esta neofilosofía en auge, no se debe castigar al ciudadano con impuestos. </p><p>El futuro accionista, que sustituye al ciudadano y al funcionario, deberá ser ambicioso, saber<strong> invertir bien sus acciones</strong>, tener buena salud, ahorrar, obedecer las pautas del empresario, y por supuesto no tener ideologías que contaminen y hagan zozobrar la empresa. Entonces y solo entonces habrá paz social y bienestar. Por supuesto los derechos como huelgas u otros medios de protesta, prohibidos o tendrán que pagar un canon. Esta filosofía de un neomundo se está observando con gran <strong>preocupación por todo occidente</strong>. Las prioridades de la futura sociedad han cambiado para líderes que proclaman el fin de <em>la res publica</em>. Hay que hacer caja, incluso programando vuelos interespaciales a Marte o a la Luna. El organizador puede ser incluso secretario de Estado, o por qué no, el mismo presidente de la nación, que aprovechará su posición privilegiada para vender coches eléctricos.</p><p>La inteligencia y la educación al servicio del negocio. No se puede gastar el dinero en cultura, normas de convivencia o de respeto. Ya se sabe el objetivo de la gran empresa, en la que se convertirá el Estado, como la de cualquier banco, es <strong>hacer caja</strong>, y,  si es necesario, habrá que poner fin a tanta inmigración que intenta <strong>alterar la pureza de occidente</strong>. Esta nueva filosofía ultraliberal, pronto será sustituida por su prima hermana, un fascismo encubierto, cayendo en la contradicción de que eligirán a un “salvador” que volverá a sustituir el Estado por otro Estado, “el suyo.” </p><p>Con esta filosofía es posible que en USA expulsen o encierren a los verdaderos americanos, ya lo han hecho. En Europa, a los que escapan del hambre, creada precisamente por los ricos europeos, confinarlos en campos de concentación. En <strong>Palestina </strong>exterminarán a los pocos moradores originarios que quedan con la ayuda de un John Waine. En la película <em>Río Rojo</em>, mata de un tiro al antiguo propietario de Texas. Desenfundó primero. Netanyahu ha aprendido bien la lección, va a exterminar a los palestinos porque es la tierra de Yahavé, su dios con la ayuda del vaquero de turno. Esperamos que no volverá el whisky, los matones de salón y la ley del más fuerte.</p><p>___________________</p><p><em><strong>Eduardo Vázquez Martul </strong></em><em>es socio de</em><em><strong> infoLibre.</strong></em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Jan 2025 19:34:43 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eduardo Vázquez Martul]]></author>
      <media:title><![CDATA[Adónde nos quieren llevar]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Liberalismo político,Europa,Estados Unidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diez ideas urgentes para salvar la democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/diez-ideas-urgentes-salvar-democracia_129_1924728.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/65ca81b3-5680-4d75-b85e-6a84a6552d73_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diez ideas urgentes para salvar la democracia"></p><p>Cualquiera que haya recibido una educación secundaria básica es consciente de la ola reaccionaria que estamos viviendo y sus enormes similitudes con lo vivido hace un siglo, que dio paso al ascenso del fascismo. En EEUU<strong> gobierna un ultraderechista y en toda Europa</strong>, el ultranacionalismo de derechas ha ganado posiciones. Aunque España es una privilegiada, gracias a una victoria por los pelos en las elecciones del 23J, la involución a nivel internacional ya esta aquí. Estas son diez ideas urgentes que, creo, deben estar en la cabeza de todo analista o estratega que pretenda mantener una sociedad progresista. </p><p><strong>1</strong>. La desafección con la democracia<strong> no es un problema</strong> económico.</p><p><span class="highlight" style="--color:transparent;">El giro a la derecha se está dando en todos los países del mundo, independientemente de su desempeño económico, incluida España, con algunas de las mejores cifras de inflación y de crecimiento económico. En España la economía va bien, pero el sentir ciudadano es de frustración y rabia. Una pista clave la podemos extraer de los</span><a href="https://www.cis.es/documents/d/cis/es3485mar-pdf " target="_blank" ><span class="highlight" style="--color:transparent;"> barómetros del CIS</span></a><span class="highlight" style="--color:transparent;">, que muestran una distorsión enorme entre la percepción de la propia situación económica (65,8% la califica como positiva o muy positiva) y de la situación económica percibida del país, (un 29,2% la ve positiva o muy positiva), una diferencia de más de 35 puntos. Una buena situación económica, al menos en España, no sirve para que la gente piense que la situación va bien: un </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><strong>63,9% considera que la situación económica del país es mala o muy mala</strong></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">, esto es, un 35% de personas que consideran que les va bien o muy bien, consideran que el país va mal o muy mal.</span></p><p><strong>2</strong>. No es, en su mayoría, un problema de frustraciones <strong>de expectativas futuras</strong>, pero es difícil ofrecer un futuro optimista cuando el control de la tecnología está en manos de unos pocos. </p><p>En España, el último barómetro del CIS arroja una<strong> elevada confianza en el futuro</strong>: un 69,6% de los españoles ven su futuro personal muy positivamente o positivamente y solo un 24,5% lo ven de forma pesimista. Y no son los jóvenes, como muchas veces se apunta, los que peor ven la situación, más bien al contrario: entre los jóvenes de 18 a 24 años, un 85,4% ven su futuro de forma optimista. </p><p><strong>3</strong>. Hay un enorme descontento con los gobiernos y la política, es un momento antisistema. </p><p><span class="highlight" style="--color:transparent;">Los principales problemas declarados son “Los problemas políticos en general”, 14,5%, el mal comportamiento de los políticos, 10% y el Gobierno y partidos o políticos concretos, 9,%. Juntos sumarían un 33,5%.</span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><strong> La vivienda es el principal problema entre los jóvenes </strong></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">de 18 a 24 años, (12,8%) pero en el resto de tramos etarios, el problema principal es la política. Tanto es así, que en todo el mundo los partidos que gobiernan están perdiendo las elecciones de forma sistemática. En el último año, 2024, el 80% de las elecciones estatales supusieron </span><a href="https://abcnews.go.com/538/democrats-incumbent-parties-lost-elections-world/story?id=115972068" target="_blank" ><span class="highlight" style="--color:transparent;">pérdidas de los partidos en el gobierno</span></a><span class="highlight" style="--color:transparent;">. En Europa, de 14 países con elecciones, solo 2 mantuvieron a sus gobiernos, Finlandia y Moldavia. </span></p><p><strong>4</strong>. Hay un fuerte aumento de la<strong> desinformación y los discursos de odio</strong> contra grupos vulnerables, promovida por el algoritmo de las redes sociales y por grupos ultraconservadores internacionales. </p><p><span class="highlight" style="--color:transparent;">El aumento de la desinformación y de los discursos de odio contra grupos vulnerables es ya indiscutible y está teniendo como consecuencia el</span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><strong> aumento de los delitos de odio</strong></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">. La expansión de estos discursos se debe en gran parte a las redes sociales y sus algoritmos, con X como ejemplo más claro de promoción de la desinformación, la agresividad y el odio. Pero también se debe a</span><a href="https://www.epfweb.org/sites/default/files/2021-06/Tip%20of%20the%20Iceberg%20June%202021%20Final.pdf" target="_blank" ><span class="highlight" style="--color:transparent;"> organizaciones internacionales muy bien financiadas </span></a><span class="highlight" style="--color:transparent;">y a gobiernos como el ruso, como ya </span><a href="https://www.europarl.europa.eu/news/en/press-room/20240419IPR20542/meps-call-for-a-firm-response-to-counter-russian-interference" target="_blank" ><span class="highlight" style="--color:transparent;">ha declarado el parlamento Europeo</span></a><span class="highlight" style="--color:transparent;"> y la Comisión Europea.</span></p><p><strong>5</strong>. Internet, las redes sociales y la IA suponen un cambio de la infraestructura tecnológica comunicativa esencial y por tanto, de los<strong> equilibrios de poder</strong> que permitían la democracia liberal basados en las anteriores tecnologías como la imprenta, la radio y la televisión. </p><p>Internet, el algoritmo de las redes sociales como decisoras finales de lo que vemos y la inteligencia artificial han supuesto un<strong> cambio material, tecnológico</strong>, tan profundo que está dejando obsoletos a los medios tradicionales, al Estado y a la democracia liberal como formas de toma de decisiones y de articulación del poder. </p><p>Internet socava los mecanismos básicos del Estado en cuanto a <strong>captación de impuestos</strong>, extrayendo grandes cantidades de riqueza local sin ningún control real, para beneficio de unos pocos Youtubers, streamers, CEOS de Silicon Valley, AirBnb, Uber, Amazon, PayPal, Meta, X… También cuestiona la capacidad del Estado para regular las relaciones laborales (uberización) y de emitir moneda (bitcoin). Y sobre todo rompe con el ecosistema de medios tradicional. </p><p>Ahora tenemos un ecosistema de estructuras de <strong>comunicacion, financieras y de empleo</strong>, controladas por unos pocos billonarios, fuera del control del Estado y que ejercen poder sobre él. Musk no tiene que dar cuentas a ningún gobierno, habiéndose comprado el norteamericano. Del revés, los gobiernos saben que Musk puede desestabilizar sus democracias a través del algoritmo de Twitter, como ya está haciendo con Alemania o Reino Unido. No son meras declaraciones sin relevancia. Su efecto en la construcción del clima de debate público es real y negarlo es una irresponsabilidad de Estado. </p><p><strong>6</strong>. Gran parte de la<strong> inestabilidad política</strong> se debe al pulso de poder soterrado o explicito entre los dueños de las nuevas superestructuras que concentran el poder y las democracias liberales. </p><p>Las nuevas herramientas tecnológicas que concentran el poder en unas pocas manos sirven para lanzar un pulso directo al Estado, a la propia democracia liberal, utilizando para ello el control mediático vía algoritmo, el socavamiento del Estado vía elusión fiscal, la creación de nuevas monedas y la <strong>elaboración discursiva ultraliberal</strong> que, como pasó con el liberalismo en el siglo XIX, es una articulación discursiva, una justificación ideológica en favor de una clase, en este caso, los grandes dueños de las tecnológicas. El libertarianismo o el ultraderechismo actual son justificaciones del fin del Estado liberal, de un reequilibrio de poder en beneficio de los dueños de las tecnológicas. </p><p><strong>7</strong>. Hay una alianza<strong> estratégica coyuntural</strong> entre los poderes tecnológicos emergentes y la ultraderecha internacional. </p><p>Ambos actores están en contra de la <strong>democracia liberal</strong>, por motivos diferentes. Ambos viven de promover el odio (vía redes sociales o vía politica) y la desinformación. Ambos son antisistema. Ambos están adaptados/son el cambio tecnológico y lo utilizan para ejercer poder contra el Estado. </p><p><strong>8</strong>. Impulsar el miedo, el odio, la rabia y el conflicto como elemento para promover la <strong>desafección política</strong> es la estrategia principal de los partidos de ultraderecha y los gobiernos ultranacionalistas.</p><p>El clima de odio, rabia y frustración generalizada, habitualmente señalando grupos vulnerables, hace que los partidos que representan esos sentimientos sean mucho mas exitosos. Por el contrario, los partidos que representan <strong>planteamientos positivos, optimistas y de avance social</strong> no tienen oxigeno en ese sentir artificialmente generado en la ciudadanía a través de las nuevas herramientas tecnológicas. La solución no es alimentar el choque y el conflicto, pues retroalimenta a estos partidos, alimentando un clima de conflicto en el que, de nuevo, ellos son protagonistas. Pero el silencio o la posibilidad, por si mismas, no funcionan si los medios tecnológicos les premian. Es la dicotomía diabólica del odio.</p><p><strong>9</strong>. La batalla política es por establecer y protagonizar los sentimientos, las <strong>emociones de la ciudadanía</strong>, no por la gestión o por la economía. Son los corazones, no las cabezas. </p><p>Realizar políticas públicas efectivas y un marco económico positivo es condición necesaria pero no suficiente para el<strong> mantenimiento de la democracia</strong>. Si no se promueve un clima social diferente, positivo, con esperanza, en el que la ciudadanía se sienta escuchada y satisfecha, una apuesta por la moderación y por la calma, el sentimiento generalizado de rabia y odio llevará al poder a los partidos del miedo y el odio. Y para lograr esto… </p><p><strong>10</strong>. Hay que intervenir el cambio tecnológico, recuperando el control de esas herramientas para preservar la democracia o el<strong> poder real </strong>dejará de estar en manos del Estado y de la democracia. </p><p>Si los Estados no pueden evitar la desinformación, la promoción del odio, las injerencias democráticas en los <strong>procesos electorales </strong>por parte de Estados o dueños de tecnológicas. </p><p>Si los Estados no pueden regular el <strong>funcionamiento de las tecnológicas </strong>(UBER, AirBnB, Glovo) para que cumplan la legislación local en materia laboral.</p><p>Si los Estados no pueden evitar la creación de<strong> procesos financieros especulativos </strong>desconectados de la economía real. </p><p>Si los Estados no tienen capacidad de<strong> educar a su población</strong> y esta acaba siendo educada por referentes indirectos, externos (youtubers, streamers) que promueven la disolución del Estado vía no pagar impuestos. </p><p>Si los Estados no son capaces de cortar de raíz la generación de descontento sintético vía algoritmo, da igual las <strong>políticas públicas</strong>, la economía o cualquier otro elemento que la percepción ciudadana será siempre negativa, gobierne quien gobierne y, finalmente, acabaremos en un régimen no democrático. </p><p>___________________________</p><p><em><strong>Ignacio Paredero</strong></em><em> es sociólogo, politólogo y activista LGTBI+.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Jan 2025 19:34:21 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ignacio Paredero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Diez ideas urgentes para salvar la democracia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Liberalismo político,Democracia,Vivienda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo público sí que importa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/publico-si-importa_129_1923964.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/29140d77-5e03-4395-9ba8-f643586db0b1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo público sí que importa"></p><p>El gran auge del negocio de la privatización de la enseñanza universitaria, por muchas que sean las opiniones al respecto, no puede hacer que olvidemos la principal de sus consecuencias: que por esa vía no se garantiza la igualdad de oportunidades, sino que<strong> se produce una avería importante en el ascensor social</strong>, ya que la inequidad se agranda, como está pasando en relación con los estudios de medicina, en los que la entrada en la mayoría de las facultades privadas se materializa sin tener en cuenta la nota de los estudiantes. </p><p>Entre tanto, las derechas más ultras, <strong>abanderadas de un neoliberalismo gamberro y posmoderno</strong>, son sabedoras de que el sistema no anda sobrado de medios para combatir lo anterior. La legislación de creación de nuevas universidades, que debería servir para coordinar la política universitaria del Gobierno central con la de las comunidades autónomas y velar por la calidad del sistema, sigue dando muestras de estar mal planteada. Paralelamente, el llamado plan Bolonia <strong>no ha hecho más que debilitar a la universidad pública</strong>, con la puesta en marcha de un proceso de reducción de horas lectivas en el grado y la entrega efectiva de los másteres a las universidades privadas.</p><p>Un caso paradigmático, que sobrevuela estas semanas el firmamento universitario, es la denuncia de los rectores madrileños del alarmante déficit de financiación de sus universidades, tras ponerse en conocimiento las intenciones de Ayuso de no participar en los fondos del Ministerio para la renovación del profesorado. Este comportamiento <strong>ha puesto de relieve las verdaderas intenciones de la derecha neoliberal:</strong> socavar los pilares del Estado del bienestar, uno por uno, para beneficio de las iniciativas privadas. Hay que comprender la frustración que abate a los defensores de los servicios públicos, que ven con preocupación hasta qué punto se intenta reducir el Estado. Nos hallaríamos en la senda del modelo americano que caracterizó una historia de las últimas décadas plagada de situaciones injustas por naturaleza.</p><p>El sistema político en Europa que, conviene recordar, sigue siendo el de un conjunto de 27 Estados con muchos intereses diferentes, y en el que la ola de ultraderecha avanza a gran velocidad, <strong>cumple sobradamente con los estándares democráticos</strong>. Pero, desde que vinieron la crisis financiera (2008) con el austericidio, y la pandemia (2020) con sus efectos devastadores, también sobre el sistema político; desde entonces, cuesta hacer frente a las secuelas de ambas crisis y recuperarse. </p><p>En el siglo XXI, los grandes cambios que se han sucedido han sido una constante. Grandes novedades, derivadas muchas de ellas de la aceleración de la digitalización (y su consecuencia última, la inteligencia artificial), han venido una tras otra. Además, se está fraguando una gran alianza <strong>entre la extrema derecha mundial y las grandes empresas</strong> del capitalismo tecnológico, con Trump/Musk a la cabeza. Como consecuencia, las democracias sufren una crisis muy importante con la irrupción de autoritarismos en muchos de los países que hace poco eran plenamente democráticos. El progreso tecnológico, que no se puede detener, como decía Sartori, amenaza por momentos con escapar del control democrático.</p><p>Hace un tiempo que la sanidad española también ha dejado de estar en los primeros puestos de valoración por los ciudadanos, y ya no se escuchan los elogios que se escuchaban. Se diría que los gobiernos de las comunidades autónomas, que son los que tienen las competencias, <strong>desprecian el enorme potencial de cohesión social</strong>, de servicio público y de creación de conocimiento que tienen la educación y la sanidad. Y este deterioro se hace más evidente cuanto más cerca lo siente quien habla del mismo. Que se lo digan a los profesionales sanitarios más jóvenes, que pueden estar años enlazando contratos diarios, semanales, mensuales o trimestrales en los centros sanitarios.</p><p>Sin caer en dramatismos ni en relatos apocalípticos, todo indica que entramos en un terreno desconocido, con polarización extrema de la vida política. Analizando la escena, se impone la conclusión de que las democracias son cada vez más débiles, mientras ganan terreno las derechas más tradicionalistas. Ante esto,<strong> las izquierdas deberían construir su alternativa</strong> tras una investigación seria de la naturaleza del populismo ultra, al que habría que considerar más allá de una simple ideología fascista, sino más bien como el ensamblaje de una estructura de poder que abarca desde intereses de clase (de los ricos que buscan librarse de los impuestos) hasta,<strong> incluso, perdedores de la globalización</strong>.</p><p>Mientras estos últimos siguen quedando descolgados, el horizonte de sus vidas <strong>se oscurece por la eclosión de la inteligencia artificial </strong>que les afectará de una manera fundamental en donde más les duele: el mercado de trabajo. Y, aunque arrecia desde la sociedad un intenso debate acerca de qué hacer ante las graves circunstancias que agitan el panorama, la influencia de los grandes magnates de la revolución tecnológica no para de crecer.  </p><p>Todo esto nos devuelve al debate sobre el espacio que dejamos a la revolución tecnológica y a las fuerzas tan poderosas que tienen el control de esas tecnologías; y nos hace preguntarnos si gente<strong> como Ayuso o Milei</strong>, con sus argumentos torticeros y su irrefrenable tendencia a manipular la realidad, serán más peligrosos para las democracias de lo que pensamos.</p><p>________________________________</p><p><em><strong>Miguel Souto Bayarri </strong></em><em>y </em><em><strong>Gaspar Llamazares</strong></em><em> son médicos.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Jan 2025 17:40:32 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Souto Bayarri y Gaspar Llamazares]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Lo público sí que importa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Universidades,Educación,Liberalismo político,Extrema derecha,Inteligencia artificial,Derecha,Izquierda,Política]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[El régimen presidencialista en Francia camina directo al caos de la mano de Macron]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/regimen-presidencialista-francia-camina-directo-caos-mano-macron_1_1910552.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e2ff40a5-21ab-4dcc-93ff-4956f55d9a0f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El régimen presidencialista en Francia camina directo al caos de la mano de Macron"></p><p>De todas las batallas editoriales que Mediapart ha librado desde su fundación en 2008, hay una que siempre ha sido especialmente importante para nosotros: <strong>la batalla contra el presidencialismo</strong>. Nuestro periódico, comprometido con las reglas de una democracia viva y equilibrada, ha tratado constantemente de <strong>alertar a los lectores sobre los peligros de este sistema político.</strong></p><p>Un sistema que socava los fundamentos mismos de la democracia al conferir prácticamente todo el poder a un solo hombre y a sus caprichos y arrebatos. Y que reduce o amordaza toda forma de verdadero contrapoder, ya se trate de sindicatos, autoridades independientes o prensa. <strong>Este sistema opone la voluntad de todos a la tiranía de uno solo.</strong></p><p>Ahora que ha caído el gobierno Barnier, queda aún más claro hasta qué punto es vital esta lucha democrática. Porque, crisis tras crisis, el presidencialismo francés se encuentra ahora en sus años crepusculares y está llevando al país a un caos que veremos cómo acabará.</p><p>Decir que<strong> las advertencias sobre los estragos del presidencialismo vienen de lejos</strong> es quedarse corto. Son casi tan antiguas como la propia República. Fueron especialmente virulentas bajo el Segundo Imperio: grandes voces, como Karl Marx (1818-1883) en <em>El 18 de brumario de Luis Bonaparte</em>, o Victor Hugo (1802-1885) en <em>Napoléon, el pequeño</em>, denunciaron cada uno con sus propias palabras los errores de ese régimen autoritario. Y todos los republicanos de la época hicieron suya la misma causa, siendo enviados por ello a prisión o a trabajos forzados.</p><p>El ideólogo de la derecha anti-gaullista, <strong>Raymond Aron </strong>(1905-1983), también debe incluirse en esta lista de famosos detractores del bonapartismo. Desde Londres, donde se encontraba en 1943, <strong>escribió</strong> un famoso libelo en la revista <em>La France Libre</em> titulado <em>La sombra de los Bonaparte</em>, que provocó un escándalo en la época. Aunque aparentemente los culpables eran Napoleón, Napoleón III y el General Boulanger, todo el mundo comprendió que lo que se<strong> apuntaba indirectamente era la ambición personal y el proyecto político del general De Gaulle.</strong></p><p><strong>Raymond Aron,</strong> que <strong>escribió extensamente sobre este asunto en sus </strong><em><strong>Memorias</strong></em><strong>,</strong> criticó en particular “la conjunción de extremos en el mito de un héroe nacional, la unión del partido del orden al aventurero adorado por las masas, la explosión de fervor que se eleva hacia el líder carismático, la movilización de las multitudes flotantes”. En una frase que el general De Gaulle nunca le perdonaría, Raymond Aron añadió: “Por muy profunda y unánime que sea esta aspiración a la libertad, la nación seguirá expuesta a la aventura mientras no se reorganicen sus instituciones”.</p><p>Pero es evidente que <strong>fue con la instauración de la V República cuando</strong> <strong>este sistema perverso</strong>, que debilita la democracia,<strong> quedó instalado permanentemente de la vida política francesa</strong>. Y ello a pesar de las advertencias que se habían lanzado desde la instauración de este régimen. Las más pertinentes las hizo François Mitterrand (1916-1996), en su panfleto <em>El golpe de Estado permanente</em>. El hombre que tan espectacularmente cambiaría de chaqueta para abrazar el monarquismo republicano en los años 80, fue antes un severo crítico de las instituciones presidenciales.</p><p><strong>No olvidemos esto que Mitterrand escribió en 1964, </strong>que tanto resuena en la Francia de Emmanuel Macron en 2024: “Porque, ¿qué es el gaullismo, desde que surgió de la insurrección y se apoderó de la nación? Un golpe de Estado cotidiano. La Constitución, ese papel mojado que lleva la firma de 18 millones de franceses, es arrugado sin cesar por la mano impaciente del general De Gaulle. En primer lugar, apoderándose del poder ejecutivo y reduciendo al gobierno al papel de agente subordinado. Luego, aislando al Parlamento en un gueto de exiliados para despojarlo de las tres cuartas partes de sus poderes legislativos y arrebatándole casi todos sus poderes constitucionales y, para rematar la faena, entregándolo al escarnio de la propaganda totalitaria mientras se burla de sus impotentes coletazos.”</p><p>Y, continuando la carga profética: “Finalmente, <strong>se deshará de los últimos controles inoportunos que pueden obstaculizar su marcha hacia el absolutismo</strong>: el Consejo Constitucional, al que obligará a entrar en el establo por un puñado de avena; el Consejo de Estado, que será amordazado; y el poder judicial, que será suplantado. Entonces, lo único que quedará en pie ante un pueblo maltratado será un monarca rodeado de sus sirvientes: en esas estamos.”</p><p>Y para apreciar la gravedad de los tiempos que corren, deberíamos escuchar también el final de <strong>las palabras de François Mitterrand sobre el jefe del Estado: “El primer ministro es su ayudante de campo, los demás sus ordenanzas</strong>. Lo que no le impide vigilar de cerca su pequeño mundo y mantener una brigada de oscuros y diligentes consejeros que dirigen y controlan las acciones ministeriales desde el Elíseo. Los miembros del Gobierno saben que dependen de un estado de ánimo y, para adaptarse a él, se entrenan para flexibilizar el espinazo. La mayoría lo consigue sin forzar su naturaleza. A algunos les duele pero consiguen un mérito adicional de la dificultad que tienen para mostrarse serviles.”</p><p>Durante las décadas siguientes, Francia se ha quedado empantanada en este <strong>régimen iliberal que desprecia el papel del Parlamento, amordaza a la prensa y la tiene comprada por los amigotes de palacio</strong>. Pero las críticas continuaron: recordemos la denuncia de Valéry Giscard d'Estaing (1926-2020) del “ejercicio solitario del poder”. Pero nada ha cambiado y el presidencialismo ha seguido reforzándose con cada cambio de gobierno.</p><p>Incluso la propia izquierda se ha convertido a él. Primero François<strong> Mitterrand,</strong> que<strong> usó con deleite el golpe de Estado permanente que antes había denunciado;</strong> luego, más tarde, Lionel Jospin, que reforzó seriamente la perversidad autoritaria del sistema aprobando una reforma que invertía el calendario electoral, de modo que la elección presidencial se convirtió definitivamente en la votación reina de la vida política francesa, relegando las elecciones parlamentarias a un papel de validación de la elección presidencial.</p><p><strong>Este es el sistema institucional </strong>–denominado “hiperpresidencia” con el mandato de Nicolas Sarkozy– <strong>que ha heredado Emmanuel Macron</strong>. Y no ha hecho de esas peligrosas instituciones el mismo uso que sus predecesores. Al peligro intrínseco de esas instituciones se ha añadido la perversidad personal –por utilizar el título <a href="https://www.mediapart.fr/journal/politique/031224/emmanuel-macron-est-incapable-de-se-representer-la-fin-de-son-pouvoir" target="_blank">del libro del sociólogo Marc Joly</a>, <em>La Pensée perverse au pouvoir </em>(<em>El pensamiento perverso del poder, </em>edit. Anamosa, 2024)– de un jefe de Estado atípico, su falta de principios, su carácter calculador o manipulador.</p><p><strong>El general De Gaulle fue desautorizado en el referéndum de 1969</strong>, sacó las consecuencias y, con gallardía, <strong>prefirió marcharse</strong>. <strong>Emmanuel Macron</strong>,<strong> rechazado en las elecciones europeas </strong>de la primavera pasada y ya sin mayoría absoluta, <strong>se aferra al poder </strong>y prefiere arrastrar a todo el país al caos antes que someterse al sufragio universal.</p><p>Peor aún, quien fuera elegido en 2017 y de nuevo en 2022 gracias al voto anti-Le Pen de una gran parte de los electores de izquierda, decide por su cuenta disolver el parlamento con el riesgo evidente de llevar al poder a la extrema derecha. Luego intenta organizar un vergonzoso guiso político con Marine Le Pen y Jordan Bardella, para seguir manejando los hilos desde el Elíseo e imponer una política de austeridad que el país no desea.</p><p>En el debate sobre la crisis política actual, hay que leer las elucubraciones de muchos editorialistas de la prensa dominante. Para ellos, deben ponerse de acuerdo los parlamentarios con sentido común, los del <strong>“bloque central”</strong>, como impropiamente se les llama, y los del “responsable” Partido Socialista. Los diputados deberían aprender a pactar, como hacen los parlamentarios de tantos otros países.</p><p>¡Y qué más da! Para que el compromiso fuera posible <strong>tendría que haber un verdadero parlamento, dueño de su propia agenda y que no viva bajo el control del ejecutivo</strong>, utilizando innumerables armas institucionales antidemocráticas, como el artículo 49.3 y muchos otros.</p><p>Pero, ¿quién quiere una salida democrática así?<strong> Esa es de verdad la otra catástrofe</strong>: aunque pueda haber en momentos normales algunas voces que aboguen por una VI República, en estos tiempos de crisis nadie se lo plantea siquiera. Tanto en la derecha como en la izquierda, <strong>todos los candidatos están ya en la casilla de salida</strong>: tanto Marine Le Pen como Laurent Wauquiez o, en el otro bando, <strong>Jean-Luc Mélenchon</strong>, que ha excluido de La Francia Insumisa a todos los adversarios que podrían hacerle sombra en esta carrera. Al PS también le gustaría participar en la aventura, pero aún no ha encontrado a su candidato.</p><p>Se trata de<strong> una competición desesperada por el poder personal,</strong> que obsesiona a las élites políticas y mediáticas hasta el punto de no aprovechar la crisis del régimen, que está ahí, delante de sus ojos, para repensar un sistema institucional democrático y colectivo que devuelva la vitalidad a la soberanía popular y a la expresión de sus representantes, hoy completamente ninguneados.</p><p>En plena crisis del presidencialismo actual, ya podemos ver a los <strong>candidatos que sueñan con encarnar el presidencialismo del mañana</strong>, cuando lo que realmente necesita el país es algo diferente. Soñemos por un momento cuál podría ser esa otra salida: una Asamblea Nacional que, a la manera del Tercer Estado, reclame poderes constituyentes y se embarque en una profunda revisión de nuestra democracia y acabar de una vez por todas con el “ejercicio solitario del poder”.</p><p> </p><p><strong>Traducción de Miguel López</strong></p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Dec 2024 18:48:02 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Laurent Mauduit (Mediapart)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El régimen presidencialista en Francia camina directo al caos de la mano de Macron]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Francia,Emmanuel Macron,Liberalismo político]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué las democracias liberales corren el riesgo de convertirse en democracias 'defectuosas']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/2024-super-ano-electoral-pasara-historia-atomizacion-politica-ascenso-ultraderecha_1_1900612.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2cf82db5-a16e-40c1-80cc-440cfe99a003_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué las democracias liberales corren el riesgo de convertirse en democracias 'defectuosas'"></p><p>2024 ha sido el “super año electoral”. <strong>Se han celebrado elecciones nacionales en 80 países, con más de la mitad de la población mundial</strong>. Aunque el acontecimiento más esperado a finales de año tuvo lugar en Estados Unidos, aún estaban previstas otras, por ejemplo en Islandia, en Rumanía o en <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/151124/senegal-l-histoire-de-la-casamance-sous-la-chape-de-la-bataille-electorale" target="_blank">Senegal</a>.</p><p>Las situaciones han sido muy variadas. <strong>Algunas mascaradas no han engañado a nadie en autocracias cerradas </strong>como la de Azerbaiyán, donde el autócrata Ilham Aliyev arrasó con el 90% de los votos. En los regímenes más híbridos, la parcialidad de las contiendas electorales no ha impedido a la oposición desafiar y poner en aprietos al “hombre fuerte del poder”, ya sea Narendra Modi en India o Recep Tayyip Erdoğan en Turquía. <strong>También se han celebrado elecciones libres y justas en democracias consolidadas</strong> desde hace varias décadas.</p><p>Vamos a centrarnos en estas últimas, en la medida en que cada elección se considera cada vez más como una “prueba” a una escala que va más allá del país en cuestión. <strong>El modelo de democracia liberal</strong>, después de haberse extendido <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/090819/depuis-1989-les-democraties-redecouvrent-leur-fragilite" target="_blank">con dificultades desde 1945</a>, en particular tras el hundimiento de la Unión Soviética, <strong>está ahora en retroceso a escala mundial</strong>.</p><p>Desde que entramos en el siglo XXI, este modelo acoge <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/240722/dans-le-monde-les-gains-democratiques-depuis-1989-ont-ete-effaces" target="_blank">cada vez a menos países y personas</a>. <strong>Un modelo que</strong> <strong>ha sido objeto de ataques</strong> verbales por parte de sus rivales, pero también de operaciones subversivas que implican todo un arsenal de granjas <strong>de</strong> <em><strong>trolls</strong></em><strong>, </strong><em><strong>hackers</strong></em><strong> y agentes de desestabilización sobre el terreno</strong>. Al mismo tiempo, su atractivo se ve socavado por la creciente dificultad de las élites gobernantes para reproducir su legitimidad y ganarse apoyos.</p><p>El año 2024 ha confirmado la gran agitación en la que están sumidas las democracias liberales. Los resultados electorales han conducido en repetidas ocasiones a <strong>paisajes políticos fragmentados y difíciles de gobernar,</strong> o al ascenso de partidos de extrema derecha que amenazan el ecosistema de una democracia sana. O incluso a ambas cosas. Vamos a echar un vistazo a la evolución más reciente de estas tendencias.</p><p>La derrota del bando demócrata en Estados Unidos puso de relieve, en primer lugar, el poder del <strong>voto de castigo</strong> a los poderes fácticos. Un fenómeno clásico casi tan antiguo como la democracia representativa, podría decirse, pero cuya magnitud ha sido notable en 2024. El <em>Financial Times</em> <a href="https://www.ft.com/content/e8ac09ea-c300-4249-af7d-109003afb893" target="_blank">señaló</a> que <strong>los partidos gobernantes salientes no habían sufrido reveses tan sistemáticos desde hacía décadas.</strong></p><p>Los primeros años de la gran crisis económica que estalló en 2008 ya habían sido testigos de considerables votos de castigo, acelerando la tendencia estructural <a href="https://www.mediapart.fr/journal/culture-idees/030319/bienvenue-dans-le-nouveau-monde-partisan-des-democraties-occidentales" target="_blank">a la baja de los grandes partidos gobernantes</a> desde los años ochenta, confirmada con cada nueva década. <strong>La secuencia inflacionista de principios de estos años 20 parece haber reavivado el fenómeno</strong>. En el Reino Unido, Austria, Portugal, Japón y Francia, las subidas de precios han sido históricas.</p><p>Más que la inflación en sí, lo que se cuestiona es su gestión política. La ausencia de cualquier forma generalizada de indexación salarial, salvo algunas excepciones, ha provocado una <strong>fuerte caída del nivel de vida de los hogares</strong>. Una caída negada por la mayoría de los gobiernos, que han reducido sus esfuerzos a mecanismos de compensación de los precios de la energía y la gasolina. En un contexto de restricciones de gastos cada vez mayores, sobre todo en los servicios comerciales, los ciudadanos se han sentido sacrificados por los poderes públicos.</p><p>Inicialmente aterrorizados por caer en un <a href="https://www.mediapart.fr/journal/economie-et-social/251122/le-fmi-confirme-que-la-boucle-prix-salaires-est-d-abord-un-recit-conservateur" target="_blank">imaginario "bucle salarios-precios</a>”,<strong> los gobiernos han permitido la caída de los salarios reales</strong> negando cualquier efecto inflacionista a través de los beneficios empresariales. Luego se ha ralentizado la subida de los precios pero se han mantenido el deterioro del nivel de vida y el problema de la restricción del gasto. El resultado ha sido el rechazo de los votantes a los gobernantes y una mayor pérdida de credibilidad del modelo neoliberal, basado en la confianza en los ajustes del mercado.</p><p><strong>El voto de castigo se ha visto así vinculado a un sentimiento de impotencia política y a una demanda de protección</strong>. Esto puede haber favorecido a los partidos que prometían una mayor seguridad a través de una mayor autoridad y un repliegue sobre sí mismos, pero también a otras ofertas que pretendían romper con los partidos tradicionales de gobierno, de ahí el carácter cambiante y fragmentado de muchos panoramas políticos.</p><p><strong>En muchas democracias liberales</strong> donde la competición electoral es más abierta, gracias sobre todo a la representación proporcional, <strong>la atomización de los escenarios electorales y parlamentarios vuelve a ser un fenómeno fundamental </strong>que se viene constatando desde hace muchos años. También está bien documentado el aumento de la volatilidad electoral entre elecciones. En conjunto, esos indicadores nos dicen que la insatisfacción con el sistema histórico de partidos no se está traduciendo en un cambio general y sostenible hacia otras identidades políticas.</p><p>Los Países Bajos constituyen un caso extremo, pero revelador: a finales de 2023, el castigo a la coalición saliente vino acompañado de un importante trasvase de votos, la aparición de nuevos partidos en escena y la entrada de no menos de quince de ellos en el Parlamento.</p><p><strong>Pero lo más llamativo de 2024, y que ilustra la fuerza de la tendencia a la atomización, fue que afectó a sistemas democráticos con reputación de contenerla</strong>. Ese fue el caso del Reino Unido, Francia y Japón, donde las normas electorales tienden a “cerrar” la competición política, dificultando que los partidos pequeños o de nueva creación puedan perturbarla.</p><p><strong>En el Reino Unido,</strong> el líder de la oposición, <strong>Keir Starmer, obtuvo la mayoría absoluta de los escaños</strong>,<strong> pero</strong> <strong>en porcentaje de votos</strong>, el peso combinado de los tres partidos históricos que han gobernado el país (laboristas, conservadores y liberaldemócratas) es históricamente bajo. A pesar de ello,<strong> el electorado se dispersó entre partidos más pequeños y candidatos independientes</strong>, que también consiguieron algunos escaños.</p><p><strong>En Francia</strong>, el juego bipolar de la alternancia derecha/izquierda se ha venido complicando y ampliando desde 2017, con tres polos entre los que se divide el grueso de partidos y votos. Además, dos elecciones legislativas consecutivas se han saldado con <strong>una clara ausencia de mayoría absoluta</strong>. Desde 2022, Francia está dirigida por gobiernos minoritarios que ni siquiera han negociado formalmente apoyos sin participación.</p><p><strong>En Japón</strong>, el <em>Partido Liberal Democrático</em> es el históricamente dominante del país. En las últimas décadas, había tenido que recurrir a veces a una<strong> alianza con el partido budista </strong><em><strong>Kōmeitō</strong></em><strong> para lograr la mayoría absoluta</strong>. Pero a finales de octubre, esta alianza <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/261024/au-japon-des-elections-sans-illusions" target="_blank">ni siquiera ha sido suficiente</a>. El primer ministro saliente ha sido reelegido, sí, pero hacía treinta años que no hacía falta una segunda vuelta para su elección por los parlamentarios. Ahora está al frente de un gobierno en minoría y tendrá que trabajar duro para conseguir que se aprueben sus políticas.</p><p>Los estudios sobre los efectos de la fragmentación de los sistemas de partidos son contradictorios. Algunos investigadores <a href="https://www.cambridge.org/core/journals/british-journal-of-political-science/article/does-partysystem-fragmentation-affect-the-quality-of-democracy/202A72173869E4CAA583822FB6518672" target="_blank">niegan</a> que afecte a la calidad de la democracia, salvo en contextos muy polarizados ideológicamente. Sin embargo, hace que el juego político sea más difícil de seguir y de manejar:  aumenta el número de actores implicados y disminuye su visibilidad sobre el futuro, lo que hace más difícil acomodar las preferencias políticas o mantener las estrategias.</p><p>Es más, <strong>cada vez resulta más difícil formar gobiernos </strong>o mantener la unión de equipos complicados, <strong>como ha pasado recientemente en Suecia, o como ilustra el caso de Bélgica,</strong> que lleva sin gobierno federal desde principios de verano. No es baladí que <strong>en Alemania</strong>, por primera vez desde la posguerra, <strong>hayan tenido que ponerse de acuerdo tres familias políticas</strong> distintas para que Olaf Scholz formara gobierno en 2021. Pero esta coalición <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/071124/la-crise-politique-en-allemagne-ouvre-une-ere-d-incertitude" target="_blank">acaba de romperse</a> y dará lugar a unas elecciones que probablemente estarán marcadas por una fuerte dispersión de votos y un retroceso general de los partidos de gobierno.</p><p>El problema de las democracias liberales se debe, pues, más que nunca, al <strong>descontento generalizado con los gobiernos salientes</strong> y a la inestabilidad provocada por <a href="https://link.springer.com/book/10.1007/978-3-030-97978-2" target="_blank">la "desinstitucionalización" de</a> los sistemas de partidos, como han demostrado los politólogos italianos Alessandro Chiaramonte y Vincenzo Emanuele. Pero hay un tercer ingrediente importante: el ascenso cada vez más impresionante de las fuerzas de extrema derecha.</p><p>Aunque se están desintegrando muchas referencias y vínculos, como demuestra la tendencia a la baja de la participación electoral (excepto en Estados Unidos, donde la polarización bipartidista se ha llevado al extremo), no todo es caos. <strong>Hay una familia que atrae cada vez más apoyos y viene forjando lealtades desde hace tiempo.</strong> Y es la que exalta una identidad nacional cerrada, <strong>llama a la gente a caer en la tentación cesarista</strong> y cuelga ante los votantes la promesa de convertirse en <a href="https://www.lemonde.fr/idees/article/2024/07/10/jean-yves-pranchere-philosophe-les-electeurs-rn-affirment-leur-fureur-de-ne-pas-etre-reellement-souverains-en-tant-que-consommateurs_6248399_3232.html" target="_blank">"</a><a href="https://www.lemonde.fr/idees/article/2024/07/10/jean-yves-pranchere-philosophe-les-electeurs-rn-affirment-leur-fureur-de-ne-pas-etre-reellement-souverains-en-tant-que-consommateurs_6248399_3232.html" target="_blank">consumidores soberanos</a>” protegidos de la degradación, ya sea simbólica o material.</p><p>Diversas familias y grupos han ocupado el espacio electoral dejado vacante por el declive de los grandes partidos de gobierno. Pero <strong>desde hace unos cuarenta años ha sido la derecha radical</strong> (término inclusivo que suelen usar los politólogos)<strong> la que ha logrado los mayores avances.</strong> En Europa Occidental, su media andaba por debajo del 5% hasta mediados de la década de 1980. En el periodo 2015-2020, esa media llegó a alcanzar un máximo histórico (14,6%).</p><p>Desde entonces, se han producido avances considerables <strong>en Portugal y España,</strong> así como avances notables <strong>en Escandinavia</strong> y, por supuesto, <strong>en Francia e Italia</strong>. En la Unión Europea, la extrema derecha forma parte del poder en media docena de países. <strong>En Estados Unidos</strong>, el Partido Republicano ha caído en esa familia política tras su colonización por el movimiento trumpista Maga (<em>Make America Great Again</em>).</p><p>Este último ejemplo, así como <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/221024/l-offensive-illiberale-de-giorgia-meloni" target="_blank">el historial de Giorgia Meloni</a> en Italia y Viktor Orbán en Hungría, ilustra el hecho de que, si bien la extrema derecha puede llegar pacíficamente al poder, existen enormes riesgos asociados a sus ataques contra el ecosistema de un régimen representativo digno de ese nombre, en particular la independencia del poder judicial, el pluralismo de los medios de comunicación y la libertad de asociación. Lo que está en juego no es tanto el retorno del totalitarismo como la transformación de las democracias liberales en <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/031018/la-democratie-illiberale-une-notion-trompeuse" target="_blank">democracias "defectuosas</a>”, o incluso en autocracias electorales.</p><p><strong>Los partidos de extrema derecha construyen coaliciones de votantes</strong> con historias, agravios y aspiraciones complejas. Pero una gran parte de ellos <strong>comparten su hostilidad a la inmigración y a las minorías étnico-raciales</strong>, además de que en varios casos recientes se observa una reacción masculinista.</p><p>Es una causa relativamente autónoma. En la mayoría de las democracias liberales, <strong>el aumento de la heterogeneidad cultural y el cuestionamiento de las jerarquías entre sexos y géneros</strong>, muy rápido a escala de la larga historia de la humanidad,<strong> han constituido un caldo de cultivo para las contramovilizaciones reaccionarias</strong> que invocan identidades heridas y protegen intereses precisos.</p><p>Pero esa causa es muy fácil de activar ya que estas transformaciones coinciden con la erosión del Estado social, el desgaste de los cuerpos intermedios y las contradicciones de un capitalismo a bajo régimen. La política contemporánea se enfrenta a dos grandes fenómenos vinculados al orden social capitalista en el que se construyeron y florecieron las democracias liberales.</p><p>El primer fenómeno ha sido bautizado como la <strong>“trinidad viciosa del capitalismo tardío” </strong>por tres economistas políticos afincados en el Reino Unido, Ilias Alami, Jack Copley y Alexis Moraitis. <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0016718523000179" target="_blank">En un artículo</a> publicado este año (<a href="https://www.mediapart.fr/journal/economie-et-social/100724/le-probleme-trois-corps-du-capitalisme-moderne-qui-eclaire-la-crise-politique-francaise" target="_blank">del que se ha informado aquí</a>), estos autores identifican tres crisis concomitantes:<strong> la crisis económica </strong>de un crecimiento siempre débi<strong>l</strong>, <strong>la crisis del mundo del trabajo</strong> donde los ingresos están bajo presión<strong> y la crisis medioambiental</strong>.</p><p>Para ellos, <strong>la democracia liberal es incapaz de resolver este trilema:</strong> los métodos tradicionales de recuperación keynesiana, compromiso socialdemócrata o “crecimiento verde” son un fracaso porque sólo resuelven una parte del problema y acaban agravando las otras crisis. Es el fenómeno conocido como “<a href="https://www.mediapart.fr/journal/economie-et-social/010124/vive-la-polycrise" target="_blank">policrisis</a>”. Estados Unidos es un ejemplo: los planes de Joe Biden han impulsado el crecimiento de la mayor economía del mundo, pero no han resuelto la crisis social ni la medioambiental. Tanto es así que la política económica se convirtió en el talón de Aquiles de la candidata demócrata.</p><p>Como la mayoría política no quiere cortar el nudo gordiano de la “direccionalidad del capital” que determina este trilema, se ve reducida a dos opciones: seguir intentando resolverlo centrándose primero en un lado del problema (pero estas opciones son cada vez menos convincentes conforme pasa el tiempo); o exigir autoridad para ofrecer protección contra los efectos de las tres crisis.</p><p>Luego está el segundo elemento central, el de <strong>la baja tasa de crecimiento</strong>, frente a los famosos Gloriosos Treinta durante los cuales consolidaron sus paisajes políticos las democracias liberales.</p><p>En un artículo de 2022 de la <a href="https://newleftreview.org/issues/ii138/articles/dylan-riley-robert-brenner-seven-theses-on-american-politics" target="_blank"><em>New Left Review</em></a><a href="https://newleftreview.org/issues/ii138/articles/dylan-riley-robert-brenner-seven-theses-on-american-politics" target="_blank"> </a>titulado “Siete tesis sobre la política americana”, el historiador Robert Brenner y el economista Dylan Riley intentaron definir los contornos de una política en un entorno de escaso crecimiento. El repunte de la economía americana bajo el mandato de Joe Biden no cuestiona la pertinencia de su pensamiento, en la medida en que este crecimiento tiene un contenido muy desigual y se basa en actividades de baja productividad (sanidad, defensa, sector inmobiliario).</p><p>Para Brenner y Riley, el estancamiento económico presupone tanto el mantenimiento de<strong> transferencias crecientes del Estado al sector privado</strong> como el hecho de que esas transferencias <strong>son el producto de un “juego de suma cero”</strong>. En otras palabras, lo que se da aquí hay que quitarlo allí. En este contexto, la opción socialdemócrata de un consenso entre el capital y el trabajo basado en la redistribución se convierte en una quimera. En cuanto a una verdadera política de clase que prevea romper con el mandato de la acumulación de capital, entra en conflicto directo con el estancamiento capitalista. Presupone una voluntad de cambio de paradigma, que sólo puede basarse en un movimiento cultural y social de fondo, actualmente inexistente.</p><p>En la izquierda se está imponiendo por tanto una opción puramente redistributiva, poco creíble para la opinión pública pues los recientes pasos de la izquierda por el poder han desmentido sus pretensiones. En <a href="//about:blank" target="_blank">un artículo</a> en el que se examinan 150 años de vida política en una veintena de países europeos, los politólogos Vincenzo Emanuele y Federico Trastulli demuestran que, <strong>aunque los gobiernos de izquierda han sido eficaces en la reducción de las desigualdades sociales, este efecto ha ido disminuyendo con el tiempo</strong> y ha resultado estadísticamente insignificante en las últimas décadas.</p><p>Las últimas grandes alternativas de la socialdemocracia fracasaron hace cuarenta años, y el experimento de <em>Syriza</em> en Grecia fue el equivalente, para la izquierda radical, del giro a la austeridad de 1983: “el fin de la posibilidad de un modelo”, para usar <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/171023/l-echec-de-syriza-en-grece-pese-sur-toute-la-gauche-radicale-europeenne" target="_blank">la expresión del investigador Gerassimos Moschonas</a>.</p><p>En este paisaje desencantado, sin un horizonte transformador, lo que quedan son las políticas de “preferencias” para los que tendrán que pasar por caja:<strong> los neoliberales clásicos proponen hacer pagar a los “beneficiarios del bienestar”</strong>; <strong>la izquierda, a los “ultrarricos”; y la extrema derecha, a los que podrían llamarse “alógenos”,</strong> es decir, según la situación nacional, <strong>los inmigrantes, los no blancos y las minorías políticas.</strong></p><p>La idea es definir un grupo que pague por los demás para preservar el sistema existente. Tal configuración conduce a la instrumentalización del tema de la inmigración, lo que lleva al surgimiento de la extrema derecha, pero también a votos centrados en intereses particulares, lo que conduce a una fragmentación de la vida política. En última instancia, los cambios en el juego político también reflejan la creciente impotencia de los partidos existentes en un marco que en realidad se niegan a cuestionar.</p><p> </p><p><strong>Traducción de Miguel López</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Nov 2024 20:27:50 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fabien Escalona y Romaric Godin (Mediapart)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Por qué las democracias liberales corren el riesgo de convertirse en democracias 'defectuosas']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Elecciones,Democracia,Liberalismo político,Extrema derecha]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Posmodernidad y distopía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/posmodernidad-distopia_129_1882556.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>“<em>Contra la subjetividad de los hombres se levanta la objetividad del mundo hecho por el hombre</em>” (<strong>Hannah</strong> <strong>Arendt</strong>).</p><p>Vivíamos confiados, a resguardo de incertidumbres, protegidos bajo el paraguas de la modernidad. Un conjunto de paradigmas socioculturales, políticos y económicos edificados desde el Renacimiento sobre la racionalidad. Y que, con sus luces y sombras, han canalizado en este dilatado proceso histórico el progreso humano, y la consolidación del mejor sistema político disponible hasta la fecha… <strong>el sistema democrático</strong>.</p><p>Pero un <strong>creciente malestar social</strong> surgido en los años setenta del siglo pasado nos ha abocado a un período de perplejidad que ha puesto en solfa el modelo disfrutado hasta ahora. Cuestionados como están siendo el discurso, los medios y los logros de la modernidad en su intento de armonizar el complejo y subjetivo caleidoscopio de realidades individuales.</p><p>Desalojados como estamos siendo de la zona de confort proporcionada por el viejo modelo racional de la modernidad, vivaqueamos ahora en la duda, azorados por la inseguridad, instalados desde hace tiempo como estamos en una crisis incesante y sin salida viable a corto plazo. Tiempos convulsos en los que buscan acomodo <strong>ideologías seudodemocráticas que socavan la cohesión social</strong> cimentada hasta hoy sobre un proyecto de valores compartidos.</p><p>Sufrimos las consecuencias de la no sé si… ¿mutación, transición o fracaso? de la modernidad surgida en el siglo XV. Un período histórico que dio alas al progreso humano fundado sobre la evidencia del conocimiento racional, ilustrado y científico. Un modelo antropocéntrico, <strong>competidor del teocentrismo del poder religioso y la irracionalidad de sus tradiciones</strong>, creencias y mitos.</p><p>Pero, incapaz en su evolución de adaptar un canon moral, que en cada contexto iluminara el proyecto y justificara éticamente sus medios y sus fines últimos. ¿Hemos avanzado?... sí, pero la discordancia entre el discurso actual y el viejo discurso de la modernidad <strong>está siendo sustituida por el metarrelato posmoderno acerca del pasado y del futuro</strong>.</p><p>Discurso inquietante con su carga de desencanto, desasosiego e incertidumbre. Sobrenadamos en aguas revueltas, intentando mantenernos a flote mientras el sólido entramado previo de valores que nos cohesionaban se licúa. Un modelo que<strong> Zygmunt Bauman</strong> acertadamente calificó como “sociedad líquida”. Un proceso de licuación de la modernidad, que se diluye en la corriente posmoderna.  </p><p>Un conflicto entre prioridades sociales consensuadas no sin dificultades; y hoy deslegitimadas: <strong>la cohesión de lo comunitario frente al individualismo disgregador</strong>; el razonable bienestar hedonista frente al consumismo desaforado y alienante; el relativismo multicultural y moral que hace ¿inviable? una ética universal de mínimos; la colonización global del poder político por el económico; las paradojas del desarrollo tecnológico que <strong>amplifica desigualdades crecientes y divergentes</strong>; discursos impostados paralelos que contaminan la verdad asediada por “seudoverdades”; el recurso a clichés identitarios excluyentes de la otredad del diferente.</p><p>Añadan al listado de incertidumbres, que sigue abierto y sin cerrarse, las que consideren. El panorama es, no sé… si preocupante o… desolador. Pero la renuncia a la reflexión empática en la interpretación de la realidad compartida frente a la propia <strong>nos conduce a una peligrosa desafección</strong> respecto al modelo en crisis ¿irreversible? de la modernidad, sus paradigmas y sus instituciones.</p><p>Una inquietante coyuntura histórica, en la que<strong> el poder político no puede, no quiere o… no sabe gobernar</strong>, y los ciudadanos exigimos ser gobernados de forma diferente. Una circunstancia que conlleva, de no reeditarse un pacto social global renovado, el riesgo de ahondar la devaluación y deslegitimación del modelo democrático del que hemos disfrutado hasta ahora.</p><p>Crece la percepción ciudadana de la divergencia <strong>entre las falsas expectativas creadas desde el poder hegemónico del sistema</strong> y nuestra realidad cotidiana. Experimentamos un sentimiento de abandono por parte de nuestros representantes, legitimados –no lo olvidemos– por nosotros en las urnas con nuestro voto libre.</p><p>Asistimos al desguace del siempre mejorable pero imprescindible contrato social de la modernidad que tantos beneficios nos reportó. Pero desacreditado hoy <strong>por su incapacidad para proteger institucionalmente con credibilidad y límites éticos infranqueables</strong>, desequilibrios sociales que debieran ser intolerables.</p><p>Un contrato social deslegitimado por metarrelatos emancipatorios individuales, con los que la posmodernidad trata de justificar la quiebra del modelo común compartido y empático de cohesión social. Desacreditado como está siendo <strong>por la segregación de realidades alternativas excluyentes</strong> diseñadas a la medida y en beneficio exclusivo de minorías o élites.</p><p>Pero la responsabilidad del ¿fracaso? de la modernidad atañe no solo a nuestros representantes políticos por su incompetencia, dejadez, cuando no servidumbres respecto a poderes ajenos a la democracia. También a nosotros, los ciudadanos, nos atañe. Responsables como somos en muchas ocasiones,<strong> con nuestro silencio y actitud conformista cómplice o no</strong>, pero éticamente injustificables.</p><p>¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Cómo un modelo alumbrado desde la racionalidad que ha contribuido en un largo proceso histórico no exento de dificultades al desarrollo y progreso social, superando un pasado de alienante de oscuridad <strong>plagado de vicisitudes y tragedias</strong>, se resquebraja?</p><p>¿Cómo un modelo que secularizó el poder irracional de la religión, <strong>decapitó literalmente el poder absoluto del viejo régimen dando paso al Estado moderno de derecho</strong> con su garantista separación de poderes; y que, mal que bien, domeñó razonablemente al hegemónico poder económico, está desde su aparente solidez inicial a punto de licuarse?</p><p>La respuesta podemos encontrarla, quizás, <strong>en el fracaso de los modelos socioeconómicos surgidos durante el siglo pasado</strong>, y que acabó con el frágil equilibrio de un mundo hasta entonces bipolar. Que provocó el colapso del modelo aberrante del “socialismo real” y dio paso después, en un movimiento pendular, a la versión ideológica, otra aberración, del “capitalismo neoliberal”.</p><p>Un modelo socioeconómico <strong>deshumanizante e insolidario</strong>. Responsable de la globalización económica, variante universal del expolio económico, y en sincronía con la difusión de un ideario moral retrógrado, donde reverdece el componente irracional e intolerante religioso… del “teo neoconservadurismo”. Facilitada su expansión planetaria gracias a las redes sociales virtuales surgidas al amparo del desarrollo tecnológico.</p><p>¿El resultado del fracaso del viejo paradigma racional e ilustrado de la modernidad, frente a la aberración neoliberal?: la aparición de un modelo alternativo de “distopía blanda”, la posmodernidad.<strong> Un modelo social disgregador, que prioriza el individualismo exacerbado</strong> con su exigencia de “libertad negativa” autónoma a costa de la precaria y falaz “libertad positiva de la gran masa de desposeídos.</p><p>Una crisis de la modernidad, avalista hasta no hace tanto de nuestro solidario y equitativo proyecto común; y del entramado social protector y solidario que lo garantizaba. Y nos expulsa a un modelo social distópico <strong>que erosiona la solidez previa del conjunto</strong>, poniendo en cuarentena, la estabilidad y continuidad de nuestro futuro humano personal y colectivo.</p><p>Hay que reivindicar la cooperativa “acción social recíproca” que el sociólogo alemán Simmel consideraba la clave de bóveda <strong>que asegura la solidez y equilibrio del sistema social</strong>. El aglutinante básico imprescindible de la cohesión que nos protege de la alienación. La solución no puede consistir en arrojarnos ahora, individualmente y con nuestras singulares exigencias, en brazos de la posmodernidad.</p><p>Un modelo esta última de “distopía hedonista blanda y elitista”. Difícil de encajar éticamente en la realidad injusta, agobiante y precaria de tantos seres humanos despojados de humana dignidad. Un modelo quizás viable y exigible en fases más avanzadas de la evolución social que hoy no vislumbramos. Como afirma Adela Cortina en una de sus reflexiones sobre la <strong>aporofobia</strong>: “el pobre no puede aspirar a ser feliz”. No hay atisbos de hedonismo en la miseria.</p><p>Liberados del compromiso social,<strong> que alimentó nuestro progreso humano colectivo</strong>, estamos cayendo en la trampa de la “libertad negativa”, ya que al liberarnos de obligaciones sociales que creíamos limitadoras de nuestra libertad hemos renunciado, quizás sin saberlo y de forma inconsciente, a la ayuda externa. Al indispensable “capital social” acumulado y compartido que nos protegía y nos permitió autoafirmarnos como individuos dentro del grupo.</p><p>Modular las demandas del modelo disgregador distópico blando posmoderno; <strong>priorizando, frente a lo individual el utilitarismo social</strong>, variante positiva y comunitaria del progreso colectivo, debiera ser una voluntad o exigencia universal. Una “miniutopía” al alcance hoy de nuestra mano, si humanamente, claro… nos pusiéramos manos a la obra.</p><p>Todos podemos ser beneficiarios o víctimas de la interpretación subjetiva de la realidad de nuestro contexto histórico. Lo que debiera obligarnos éticamente, en un <strong>ejercicio continuo de empatía, a denunciar la objetiva y precaria realidad de tantos seres humanos</strong>. No podemos renunciar a la razón autocrítica; tampoco a contrastar como sugirió Hannah Arendt: “nuestra humana subjetividad, con la objetividad tangible del mundo hecho por los hombres”. Sobre todo, cuando estos recurren a la peor versión, la... inhumana, de su humana condición.</p><p>______________________</p><p><em><strong>Amador Ramos Martos</strong></em><em> es socio de </em><em><strong>infoLibre.</strong></em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Oct 2024 17:31:43 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Amador Ramos Martos]]></author>
      <media:title><![CDATA[Posmodernidad y distopía]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Religión,Capitalismo,Socialismo,Liberalismo político,Redes sociales,Mujeres]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Italia y Albania reviven las tragedias de Vlora]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/italia-albania-reviven-tragedias-vlora_129_1875061.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Los migrantes que lleguen a Italia por mar<strong> serán trasladados forzosamente a Albania mientras se tramita su petición de derecho de asilo</strong> <strong>o de</strong> <strong>expulsión</strong>. Serán alojados en centros cerrados, primero en la ciudad portuaria de Shengjin y posteriormente en una base militar de la ciudad de Gjader. <strong>Todo ello mediante un acuerdo firmado por los gobiernos de Italia y Albania</strong>. </p><p>El régimen de estos centros es cerrado, es decir los migrantes no podrán salir de ellos mientras se tramita su respectivo procedimiento de asilo, lo que equivale a someterlos a<strong> un régimen carcelario sin sentencia u orden judicial</strong>, contraviniendo, entre otras normas, la Declaración Universal de los Derechos Humanos.</p><p><strong>La administración interna </strong>de los centros <strong>corresponde a las autoridades italianas</strong>, mientras que <strong>la</strong> <strong>seguridad</strong> <strong>exterior</strong>, es decir impedir que los emigrantes se fuguen, <strong>corresponde</strong> <strong>a</strong> <strong>Albania</strong>. Hay que recordar que el método acordado por las autoridades italianas tuvo un precedente en la primera década del siglo XXI cuando Australia trasladó a migrantes a islas de Papúa Nueva Guinea a 4000 kilómetros de distancia.    </p><p>Lo que ahora sucede en Albania revive los recuerdos de las<strong> tragedias migratorias de los albaneses a Italia</strong> en los años noventa del siglo XX y más particularmente en los años 1991 y 1997. </p><p>En 1990, el particular régimen autoritario de <strong>Enver</strong> <strong>Hoxha</strong> colapsó como lo habían hecho los <strong>regímenes comunistas de Europa Oriental. Los albaneses se quedaron sin recursos para vivir en un nuevo sistema en el que no habían crecido</strong> y la presión por salir del país se hizo insostenible; la presión se hizo evidente en el episodio del barco Vlora en 1991. Lo cuenta <strong>Lea</strong> <strong>Ypi</strong>, albanesa, en su libro <em>Libre</em>, con subtítulo “El desafío de crecer en el fin de la historia”, que se comentará más adelante. </p><p>“El 8 de agosto de 1991 decenas de miles de personas se arremolinaron en el puerto de Durres. El Vlora acababa de llegar de un viaje a Cuba con un cargamento de azúcar. Fue tomado por las masas mientras estaba amarrado en el muelle esperando a que reparasen el motor principal. La muchedumbre subió a bordo y obligó al capitán a zarpar rumbo a Italia. Temiendo por su vida, el capitán decidió arrancar el barco con un motor suplementario, pero sin radar; con una capacidad de sólo tres mil personas, el Vlora zarpó aquel día con caso veinte mil. Pasó una eternidad hasta que el barco llegó al puerto de Brindisi, el mismo donde miles de personas habían desembarcado sin problemas en marzo. Desde tierra le negaron permiso al capitán para entrar en el puerto y le ordenaron que pusiera rumbo al próximo, Bari, a unos ciento diez kilómetros de distancia.  Tardaron otras siete horas en llegar hasta allí….<strong>En cubierta había un mar de gente: miles de hombres, mujeres y niños, abrasados por el sol, maltrechos por la espera en un espacio reducido</strong>, empujándose unos a otros , gimiendo, intentando desesperadamente abandonar el barco…Cuando por fin les dieron permiso para desembarcar les obligaron a todos a subir a unos autobuses y los llevaron a un estadio, donde les encerraron y les pusieron vigilancia policial. <strong>Si intentaban escapar, los detenían y les daban una paliza</strong>. Les lanzaban comida empaquetada y botellas de agua desde helicópteros. Los hombres, mujeres y niños se peleaban por hacerse con las provisiones. </p><p>Tras casi dos semanas en el estadio metieron a la multitud en autobuses. Les dijeron que los llevarían a Roma para resolver el papeleo. Pronto se dieron cuenta de que los autobuses se dirigían al puerto y los embarcaron en ferris de regreso a Albania; a los que protestaban les golpeaban”. </p><p>El <strong>Fondo</strong> <strong>Monetario</strong> <strong>Internacional</strong> había calificado a Albania en los años noventa del siglo pasado de modelo de transición hacia una economía de mercado. La transición significó una terapia de choque y la aplicación de “reformas estructurales”, es decir, <strong>cierre de fábricas y empresas, despidos y desempleo masivo</strong>. </p><p>En los años previos a 1997, varias compañías financieras ofrecieron productos que en realidad constituían una <strong>estafa</strong> <strong>piramidal</strong>; sin embargo, muchos albaneses invirtieron sus ahorros e incluso vendieron sus viviendas para dedicarlos a los productos financieros milagro; <strong>la burbuja estalló y comenzó el caos</strong>. Se produjeron disturbios en todo el país, que comenzaron en la ciudad de Vlora, se asaltaron cuarteles y se robaron muchas armas. <strong>Los enfrentamientos armados ocasionaron más de dos mil muertos</strong>; nadie, ni el gobierno ni la oposición, fue capaz de canalizar aquella revuelta. El caos produjo otra oleada emigratoria. La marina italiana blindó sus costas. El 28 de marzo de 1997, una fragata italiana interceptó, es decir, embistió una embarcación con emigrantes que habían salido del puerto de Vlora, <strong>causando la muerte</strong> <strong>de</strong> <strong>80</strong> <strong>personas</strong>. </p><p>Con el consentimiento del gobierno albanés, se formó una coalición internacional llamada Operación Alba. Siete mil soldados, en su mayoría italianos, <strong>se instalaron en Albania para “garantizar” el orden </strong>y también para impedir todos los intentos de emigración. </p><p>Lea Ypi era una joven de 17 años en 1997 y nos cuenta así sus reflexiones de entonces: “Era como retroceder a 1990. Era el mismo caos, la misma sensación de incertidumbre, <strong>el mismo hundimiento del Estado</strong>, el mismo desastre económico, pero con una diferencia. En 1990, no teníamos nada más que esperanza. En 1997, también la perdimos.<strong> El futuro era muy negro</strong>. Y, sin embargo, yo tenía que actuar como si aún existiera un futuro y tenía que tomar decisiones que me implicasen en él” </p><p>Lea Ypi es hoy profesora de Teoría Política en la London School of Economics, donde también imparte un curso sobre marxismo. El libro que ha escrito<strong> narra sus vivencias de niña en la época de Enver Hoxha</strong>, los sucesos de 1990 y 1997, hasta su salida de Albania donde no ha vuelto. </p><p>En 1990, ante el derrumbe del sistema comunista, la niña de once años reflexionaba: “Yo siempre había pensado que no había nada mejor que el comunismo. Todas las mañanas me despertaba pensando hacer algo para que llegara rápidamente; pero en 1990 todos los que habían participado en las marchas que celebraban el socialismo y el avance del comunismo <strong>se echaron a la calle para exigir su fin</strong>. Los representantes del pueblo manifestaron que las únicas cosas que habían conocido bajo el socialismo <strong>no eran la libertad y la democracia sino la tiranía y la coacción</strong>…Mis padres declararon que nunca habían apoyado al Partido, simplemente se habían aprendido sus consignas y las repetían como todo el mundo. Pero había una diferencia entre nosotros. Yo sí creía en eso y no conocía otra cosa; y de pronto me quedaba sin nada, excepto por unos fragmentos del pasado, pequeños y misteriosos, como unas pocas notas de una ópera perdida en el tiempo”. </p><p>La familia de Lea Ypi nunca vio con buenos ojos que ella estudiara Filosofía y además diera clases de marxismo, lo vieron incluso como una traición (su familia fue represaliada por el régimen comunista y sus padres vivieron bajo Enver Hoxha sin poder cumplir sus aspiraciones). </p><p>Esa acusación de traición produjo en ella la necesidad de explicar su postura y por ello escribió <em>Libre</em>. “Al principio iba a ser un libro filosófico sobre las ideas de libertad en la tradición liberal y marxista, pero cuando comencé a escribir, igual que cuando comencé a leer <em>El Capital</em>, <strong>las</strong> <strong>ideas</strong> <strong>se convirtieron en personas</strong>, en las personas que me hicieron ver quién soy; se amaban y se peleaban, tenían diferentes conceptos de sí mismo y de sus obligaciones para con los demás. Eran, como escribe Marx, el producto de relaciones sociales de las que no eran responsables, pero a pesar de ello intentaron superarlas. Creyeron que lo habían logrado. No obstante, cuando sus sueños se hicieron realidad, se convirtieron para mí en desencanto. </p><p>Para mi familia, <strong>el socialismo era sinónimo de negación</strong>, la negación de lo que querían ser, de su derecho a cometer errores y aprender de ellos, de explorar el mundo a su manera. </p><p>Para mí, <strong>el liberalismo era sinónimo de promesas incumplidas</strong>, de destrucción de la solidaridad, del derecho a heredar privilegios, de hacer la vista goda ante la injusticia. </p><p>Mi mundo está tan lejos de la libertad como de aquél del que mis padres intentaron escapar. Ambos distan mucho de ese ideal, pero sus fracasos adoptaron formas muy diferentes, y si no hacemos un esfuerzo por entenderlos, continuaremos divididos para siempre. <strong>He escrito mi historia</strong> <strong>para explicar, para reconciliar y para continuar la lucha”</strong>.</p><p><em>Libre</em>, un libro de necesaria lectura.</p><p>_______________________</p><p><em><strong>Julián Lobete Pastor </strong></em><em>es socio de</em> <em><strong>infoLibre</strong></em>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Oct 2024 19:29:19 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Julián Lobete Pastor]]></author>
      <media:title><![CDATA[Italia y Albania reviven las tragedias de Vlora]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Italia,mediterráneo,Inmigrantes,Derechos humanos,Comunismo,Liberalismo político,Socialismo,Dictadura]]></media:keywords>
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