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    <title><![CDATA[infoLibre - Eduardo Galeano]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Eduardo Galeano]]></description>
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      <title><![CDATA[Para la libertad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/libertad_1_1208707.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6c77ad79-8745-43b1-ac81-35dee6d34adc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Para la libertad"></p><p>  </p><p>  <span id="dts"></span>  </p><p>  </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Aug 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <title><![CDATA[Galeano, cazador de historias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/galeano-cazador-historias_1_1206990.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/01ad3657-8020-4e62-a6ca-e3c44c8421a0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Galeano, cazador de historias"></p><p>De niño quiso ser santo, pero le fue mal porque tenía una clara inclinación al pecado. El hombre de los mil oficios intentó varios en un mundo que prohibía lo que no es rentable, y contra ese suicidio universal se decantó por el peligroso ejercicio de entregar la palabra a los condenados a la espera perpetua. El cazador de historias de oídos atentos —el cacique Oreja Abierta, como él se definía— miraba con la astucia de un adivino. Un sentipensante incapaz de ser objetivo, porque se negaba a convertirse en un objeto indiferente a las pasiones humanas, que rehuía de la literatura militante, de parroquia y panfletaria, que de tanto repetirse se queda vacía.</p><p>En 1971, en vísperas de la agonía de las dictaduras latinoamericanas, aquellas que lo elogiaron prohibiéndolo, Eduardo Galeano (Montevideo, 1940-2015) puso frente al espejo el rostro enmascarado y mutilado de toda Sudamérica, un territorio sometido durante cinco siglos. Publicó<a href="https://www.sigloxxieditores.com/libro/las-venas-abiertas-de-america-latina_51544/" target="_blank"> Las venas abiertas de América Latina</a> (editorial Siglo XXI), un retrato estremecedor que cumple cinco décadas y refleja la maldición de su propia riqueza (usurpada): “Los latinoamericanos somos pobres porque es rico el suelo que pisamos”.</p><p>Su libro más emblemático se convertiría en la biblia de la explotación. Le salió de un tirón en 90 noches cargadas de cafeína después de varios años documentándose. Tuvo con él una relación de amor-odio. Incluso llegó a admitir que “no sería capaz de leerlo de nuevo”, pues “caería desmayado”. Tal vez porque después emprendió un viaje hacia la sencillez con textos concisos y afilados. Desnuditos, como él decía. Con la pluma en una mano y el hacha en la otra, con la magia del cuentacuentos. Lo hizo, confesaba, para “divulgar ciertos hechos que la historia oficial, historia contada por los vencedores, esconde o miente”. Sobre todo “para conversar con la gente”, y con el tiempo comprobó que no había sido un libro mudo. Sus ecos aún resuenan.</p><p>Medio siglo después la editorial ha lanzado una edición especial al más puro estilo del autor que diagramaba sus libros trazando un triángulo de palabras, dibujos y silencios. Con amplios márgenes para anotar en los costados de la historia, donde solía estar lo que a él le interesaba, y con láminas e ilustraciones que evocan una Latinoamérica convertida en un suculento trozo de pastel o en un mapa atravesado por la espada con el signo de la cruz en su empuñadura.</p><p>Esa sangre derramada salpica unas páginas que indagan en el expolio sistemático. Decía Galeano que en este manual de divulgación hablaba de economía política con el estilo de una novela de piratas. Los filibusteros al abordaje de una región que “se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta”. La yugular era Potosí (Bolivia), cuando el espejismo de la colina que manaba plata se hizo realidad en el siglo XVI. Aquel Cerro Rico era “el ejemplo más claro de la caída hacia el vacío”, decía el autor que siempre estuvo lejos de las proezas de los héroes de bronce y del lado de los hombres de barro.</p><p>En la primera viñeta de la nueva edición, América Latina es un abismo, ese que se abre entre el bienestar de pocos y la desgracia de muchos y engulle a “los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los ningunos, los ninguneados. Que no tienen nombre, sino número. Que no son seres humanos, sino recursos humanos”, como solía decir el autor.</p><p>Estos nadies son las multitudes condenadas a una vida de bestias de carga en la región que cuenta con inmensas legiones de brazos baratos que se multiplican sin descanso. Son también los que padecen la letra muerta de las leyes, rehenes de la prosperidad ajena. Sangre humana ofrecida a los altares de la productividad en un régimen de esclavitud asalariada, porque los traficantes de esclavos operan desde el Ministerio de Trabajo, ironizaba.</p><p><strong>Codicia y delirio</strong></p><p>El Dorado en su versión 2.0 continúa siendo una empresa de codicia y delirio, destrucción y extenuación: “La fiebre del oro del siglo XXI sigue el mismo camino que aquel primer frenesí de extracción y muerte, quinientos años atrás, en tiempos de Cortés y Pizarro”, describe el periodista Andy Robinson en su libro <a href="https://arpaeditores.com/products/oro-petroleo-y-aguacates" target="_blank">Oro, petróleo y aguacates </a>(editado por el sello Arpa). En sus páginas, el autor hace un viaje a los lugares más emblemáticos y describe cómo los minerales, las energías y los alimentos terminan en el buche de los buitres actuales.</p><p>En ese encuentro con los saqueadores de una nueva época de venas abiertas que desangran el continente más desigual del mundo, montañas enteras se convierten en cráteres en Colombia, Centroamérica y Brasil, donde los mineros artesanales extraen el metal en un infierno de barro y violencia. Estos desesperados buscadores de fortuna, que “venden su mano de obra en estos tiempos de miseria salarial y sumisión obrera”, recalca, se debaten entre aceptar salarios de hambre o ser detenidos por trabajar ilegalmente.</p><p>También comprueba que la Constitución de los países se convierte en un bochornoso convenio de garantías a las inversiones. Así como Galeano explicaba que el Estado hondureño acabó siendo una jurisdicción de dos grandes compañías estadounidenses del plátano, el prototipo de lo que se llamaría una república bananera, Andy Robinson lo actualiza poniendo el foco sobre uno de los experimentos más radicales de cesión de soberanía nacional a las empresas extranjeras: pequeños oasis de legitimidad made in USA sin impuestos ni regulación en una carrera hacia el fondo de salarios bajos.</p><p>Y el frenesí de sobreproducción que relataba Galeano se sigue materializando en el eterno ciclo de los precios, sometidos a una dinámica de bonanzas y desplomes. “Dictados, como siempre, por un mercado internacional amañado en contra de los países productores”, advierte Robinson, como esa premonición del escritor uruguayo: “Reciben apenas la propina. La región sigue trabajando de sirvienta al servicio de las necesidades ajenas, como fuente y reserva de las materias primas con destino a los países ricos que ganan, consumiéndolas, mucho más que lo que América Latina gana produciéndolas”.</p><p>En esa alquimia con la que “convierten todo lo que tocan en oro para sí y en lata para los demás”, describía el autor de Memoria del fuego, también son activos financieros los productos básicos, “en una orgía de especulación diaria con los alimentos de primera necesidad de millones de pobres que lidian con el hambre”, determina Robinson. En Puno (Perú), la patata, principal sustento de los campesinos quechuas y aimaras del altiplano andino, representa “la transformación más aterradora de la cultura milenaria de las grandes civilizaciones precolombinas en el adictivo <em>potato chip</em> que contribuye a una epidemia de obesidad”, prosigue el periodista. Mientras, los indígenas de Michoacán se preparan para el desembarco del aguacate, el testículo de los dioses para los aztecas. Cinco siglos después el oro verde sí se devora.</p><p><strong>Soja y aguacate</strong></p><p>La moda del guacamole aniquila la diversidad en esta región mexicana con cada nueva plantación hecha a la medida de los supermercados de todo el mundo. Además del impacto ambiental —se están secando los acuíferos y contaminando los ríos y lagos—, las mafias del crimen organizado gestionan el negocio a base de extorsiones y secuestros. Pese a su auge imparable, en México este fruto ya tiene un precio prohibitivo. “Como de costumbre, la expansión expandió el hambre”, afirmaba Galeano. “Se puede morir de indigestión”, insistía, “tanto como de hambre”. Porque “allí donde más opulenta es la opulencia, más miserable resulta, tierra de contradicciones, la miseria: la región elegida por la naturaleza para producir todos los alimentos, los niega a todos”.</p><p>La historia se repite en otros territorios: “El pueblo del Perú produce harina de pescado, muy rica en proteínas, para las vacas de Estados Unidos y Europa, pero las proteínas brillan por su ausencia en la dieta de la mayoría de los peruanos”. Y continúa: “Cada vez vende más carne al extranjero el pueblo brasileño, que rara vez come carne”.</p><p>Ahora Brasil se ha convertido en el mayor productor de soja y carne. La soja del Cerrado brasileño, “un triste monocultivo donde antes bullía la mayor biodiversidad del planeta”, subraya Robinson, alimenta a los pollos y cerdos de las granjas intensivas europeas, mientras que los bueyes que pastan en la Amazonia son el sustento de las cadenas de establecimientos de comida rápida.</p><p>Tampoco cesó la sangría cuando una generación de izquierdas, para la que el libro de Galeano era guía y referente, tocó el poder a principios de este siglo. Practicaron una “esquizofrénica política de desarrollo” y terminaron siendo continuadores del saqueo al compensar un extractivismo con otros, incide Robinson. Al menos, reconoce, “la diferencia era que redistribuían los beneficios del crecimiento, logrando sacar a millones de personas de la pobreza”.</p><p><strong>Hombres de paja</strong></p><p>Estos gobiernos progresistas fueron cayendo sucesivamente en Ecuador, Brasil, Chile, Argentina y Bolivia. A veces con la ayuda de golpes de Estado —“el subsuelo también produce golpes de Estado”, sentenciaba Galeano— para imponer hombres de paja, títeres, que con una mano reciben dólares y con la otra entregan soberanía. La bota militar aún aplasta cada intento por erguirse sobre sus pies (de barro), como sucedió con el plan más ambicioso de Evo Morales para abandonar el modelo Potosí y sustituirlo por la industrialización del litio en el salar de Uyuni, el mayor depósito del oro blanco del futuro.</p><p>Bajo la tierra venezolana yace El Dorado negro, la reserva de crudo más grande del mundo. “Los intentos de golpe contra Nicolás Maduro tenían que ver con la batalla entre Washington, Moscú y Pekín por el control del petróleo”, explica Robinson en las páginas de su ensayo. Sin olvidar que la cuenca del río Orinoco alberga oro, diamantes, plata, cobre y torio, además de un millonario depósito de coltán (el cotizado oro azul).</p><p>Todos estos recursos adquieren un valor estratégico en tiempos de crecientes tensiones geopolíticas en la versión 2.0 de la Guerra Fría. Donald Trump empezó a hablar sin tapujos de una nueva <em>doctrina Monroe </em>para advertir a sus rivales (China y Rusia) de que América Latina seguía siendo su área natural de influencia, “su patio trasero en el sentido más brutal”, matiza Robinson.</p><p>“¿Qué son los golpes de Estado si no sucesivos episodios de una guerra de rapiña?”, se preguntaba Eduardo Galeano. En Brasil, remarca Robinson, la destitución de Dilma Rousseff podría estar relacionada con el objetivo de dar vía libre al destripamiento de los activos petroleros. Ahora el Gobierno de Jair Bolsonaro está abriendo grandes áreas de la selva amazónica para el negocio. El campeón de la motosierra pasó a ser Nerón cuando se produjo una subida del 200% de los incendios forestales registrados en los siete meses transcurridos desde que llegara a la presidencia. En su Ministerio de Agricultura los grupos de presión de la agroindustria tienen la primera y la última palabra, puntualiza Robinson. También dispara la deforestación la extracción del niobio, el mineral de los milagros, adoración y fetiche de la ultraderecha brasileña, que convierte en diana el territorio indígena de Roraima, la montaña más alta del país. Como una metáfora, en la mitología de los macuxis es el tronco cortado del árbol de la vida, del cual mana el agua esencial de la existencia.</p><p>El clientelismo y la corrupción son otros eslabones decisivos de una larga cadena de agresiones. Robinson habla de la nueva plutocracia, la clase cleptócrata. Se trata de aquellas burguesías de comisionistas, las clases dominantes —dominantes hacia dentro, pero dominadas desde fuera—, al servicio de las mercancías, según el autor uruguayo.</p><p>Quien presta manda. “El bombardeo del Fondo Monetario Internacional facilita el desembarco de los conquistadores y la invasión de los bancos”, sentenciaba el autor uruguayo, que describía el círculo vicioso de la estrangulación por el que las ganancias de la explotación se fugan para luego volver convertidas en préstamos. “Para cumplir con esos pagos se recurre a nuevas inyecciones de capital extranjero, que generan compromisos mayores”. Y así, sucesivamente, se va trasvasando la sangre, en un sistema organizado para el drenaje de ganancias al exterior, y se establece “el orden de la cotidiana humillación de las mayorías”, puesto que “son los estratos más altos de la pirámide social los que recogen los frutos, amargos para muchos, de los aumentos de la productividad”, concluía Galeano.</p><p>Robinson recoge en su libro ejemplos en Perú, donde los beneficios multimillonarios del cobre y otros minerales no han llegado a la mayor parte de la población. Igual que ha sucedido en Chile, donde también tienen la sensación de que el milagro había pasado de largo de todo el país. Indignados por los bajos salarios, la desigualdad, los regalos a las multinacionales, los monopolios y los servicios públicos en vías de privatización, los chilenos protagonizaron en 2019 una reivindicación que ha dado paso a una nueva redacción de su Constitución.</p><p>Sigue la estela de protestas Colombia, “un país estratégico en el que es difícil hacer algo sin el beneplácito de Estados Unidos”, opina Robinson, que sospecha que Joe Biden mantendrá la política intervencionista. “Será una prueba de fuego para él, ya que si se mostrara partidario de aplastar las manifestaciones podría encontrar la oposición del ala más progresista de su partido y desestabilizar su propio Gobierno”, añade.</p><p>Como un profeta con la mirada vuelta hacia atrás, Eduardo Galeano anunciaba lo que vendrá, siguiendo la huella de los pasos multitudinarios que presienten nuestros andares: “Con el paso del tiempo, se van perfeccionando los métodos de exportación de las crisis”. Robinson, por su parte, cree que el ciudadano europeo tiene la sensación de que le duele algo, pero no sabe qué le está haciendo daño porque no ha identificado con la misma perspicacia que los chilenos y los colombianos a los verdaderos culpables de la estafa de la democracia neoliberal.</p><p>Un puño sale de entre las grietas de la tierra en la última ilustración de la reedición conmemorativa de la obra de Galeano. Las líneas que la acompañan son una cuenta pendiente: “Los despojados, los humillados, los malditos tienen, en sus manos, la tarea de derribar a sus dueños. Se abren tiempos de rebelión y de cambio”. Porque la utopía sirve para caminar, defendía aquel Vagamundo, patriota de varias patrias.</p><p><em>*Este artículo está publicado en el número de verano de</em> tintaLibre<em>, a la venta en quioscos. Puedes consultar todos los contenidos de la revista haciendo clic aquí</em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/tinta_libre/portada/" target="_blank">aquí</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Jul 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Loreto Mármol]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura latinoamericana,TintaLibre,Latinoamérica,Eduardo Galeano]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Para la libertad, en 'tintaLibre' verano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/libertad-tintalibre-verano_1_1206865.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6c77ad79-8745-43b1-ac81-35dee6d34adc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Para la libertad, en 'tintaLibre' verano"></p><p>La deriva semántica y política que ha padecido el término libertad en los últimos tiempos, incluso la <em>apropiación cultural</em> que ha sufrido un concepto que por naturaleza es derecho universal, ha hecho que este verano recorramos varios escenarios y convoquemos a distintos personajes que han hecho encomio y dan ejemplo del buen uso del término.</p><p><em>Para la libertad</em>, el número especial de verano de tintaLibre, toma la letra de Miguel Hernández, tiene la voz de Serrat y en portada lleva el faro de Formentera. Abre el desfile un prestigioso cronista, el mexicano<strong> Juan Villoro</strong>, que habla de un suceso histórico, el 500 aniversario de la caída de Tenochtitlan y de cómo los sucesivos episodios de la Conquista, pero también de la propia revolución mexicana, han ido ahogando y confinando en los museos a los pueblos indígenas. De Colombia, otro punto caliente de Latinoamérica, llegan las reflexiones del escritor <strong>William Ospina</strong>, que traza un negro vaticinio sobre la sociedad colombiana: el problema no es ni ha sido la guerrilla, sino la tremenda desigualdad y una ciudadanía desunida. Desde Uruguay publicamos un perfil de <strong>Eduardo Galeano</strong> cuando se cumplen 50 años de la publicación de todo un clásico que no ha perdido frescura: <em>Las venas abiertas de América Latina</em>.</p><p>Otros frentes donde se ha combatido y atropellado a la libertad son los del 18 de julio de 1936, esa fecha fatídica en el siglo XX español, que recrea la historiadora <strong>Pilar Mera</strong> en su cotidianidad, y la interminable travesía por el desierto del Frente Polisario y el nunca reconocido territorio del Sahara Occidental contado por el profesor <strong>Isaías Barreñada</strong>. La historia de un abandono.</p><p>Distintos personajes alumbran también este número con la antorcha de la lucha por los derechos humanos. El primero de la lista no es otro que el propio <strong>Miguel Hernández, </strong>“resucitado” por <strong>José Ángel Mañas</strong> en sus <em>Conversaciones en el más acá</em>. El pastor de Orihuela cuenta sus años de penurias, pero también de dignidad, en las cárceles en las que penó por su fe republicana. De una época y una sociedad muy distinta data la lucha de <strong>Gloria Steinem</strong> por la igualdad de las mujeres y por la difusión de un ideario que es ampliamente compartido por el movimiento feminista del presente. La reciente Premio Princesa de Asturias de Comunicación da paso a una de las voces rotas e insurgentes del rock español que acaba de publicar su mejor disco en una carrera ya de por sí dilatada, es Robe Iniesta y su <em>Mayéutica</em>, todo un tratado poético.</p><p>Son historias y protagonistas de un número especial que quiere reivindicar el orgullo de aquellos que nunca han confundido el tapabocas y la mordaza, que son conscientes de que el edificio de los derechos y libertades tiene todavía un frágil andamiaje al que acechan cada vez con mayor frecuencia los demonios del autoritarismo. Es nuestra canción del verano.</p><p>  </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Jun 2021 10:35:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Derechos humanos,TintaLibre,Eduardo Galeano,Miguel Hernández]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Eduardo Galeano: compasión con 'Los nadies' en clave de utopía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/eduardo-galeano-compasion-nadies-clave-utopia_1_1187152.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5cd2498b-eba1-42ea-acbd-99a177e41bb9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Eduardo Galeano: compasión con 'Los nadies' en clave de utopía"></p><p>El 13 de abril,<strong> e</strong>n plena pandemia provocada por el covid-19 y en medio del confinamiento de la mayoría de la población mundial, conmemoramos en silencio y con profundo respeto y reconocimiento el quinto aniversario del fallecimiento del escritor uruguayo Eduardo Galeano. Este jueves pasado, 3 de septiembre, <strong>celebramos el ochenta aniversario de su nacimiento</strong>. Cultivó diferentes géneros literarios: narrativa, poesía, ensayo y crónica con gran maestría literaria, con frecuencia sin respetar las fronteras entre ellos. Tras el golpe militar de 1973 en Uruguay se exilió en Argentina y España y volvió a su país en 1985. Galeano vivió y pensó la compasión con los condenados de la tierra, que él llama “los nadies”, en clave de utopía.</p><p><strong>“Las venas abiertas”, el libro que despertó mi conciencia liberadora</strong></p><p>El primer libro de Galeano que leí y despertó mi conciencia liberadora fue <em>Las venas abiertas de América Latina</em>, publicado en 1971 por la editorial Siglo XXI, que escribió a los 31 años en "noventa noches cargadas de cafeína", como él mismo confiesa. Ha sido traducido a veinte idiomas y cuenta con numerosas ediciones en castellano y estuvo prohibido en Argentina, Uruguay y Chile durante sus respectivas dictaduras. Él me abrió las puertas al conocimiento de América Latina; <strong>desde América Latina, no desde Europa</strong>; desde el continente colonizado, no desde la España colonizadora; desde los pueblos conquistados incluso a lazo, no desde los conquistadores; desde el Sur, no del Norte; desde el reverso y desde abajo de la historia, no desde las grandes torres y campanarios de las iglesias españolas.</p><p>El escritor alemán Heinrich Böll, autor de <em>Opiniones de un payaso</em> y Premio Nobel de Literatura en 1982, hizo la siguiente valoración del libro de Galeano en una conferencia en Colonia en 1976: "En los últimos años he leído <strong>pocas cosas que me hayan conmovido tanto</strong>". Similar conmoción me produjo su lectura por esas fechas durante la redacción de mi tesis doctoral, muy marcada por la lectura del libro.</p><p>"Escribí <em>Las venas</em> —afirma Galeano— para difundir ideas ajenas y experiencias propias que quizás ayuden un poquito, en su realista medida, a despejar los interrogantes que nos persiguen desde siempre: ¿Es América Latina una región del mundo condenada a la humillación y a la pobreza? ¿Condenada por quién? ¿Culpa de Dios, culpa de la naturaleza? ¿No será la desgracia un producto de la historia, hecha por los hombres y que por los hombres puede, por lo tanto, ser deshecha? Este libro fue escrito con la intención de divulgar ciertos hechos que la historia oficial, historia contada por los vencedores, esconde o miente… Creo que no hay vanidad en la alegría de comprobar, al cabo del tiempo, que <strong>Las venas no ha sido un libro mudo</strong><em>Las venas</em>”.</p><p>El libro es un estremecedor y certero retrato en blanco y negro de la historia del continente latinoamericano caracterizada por el <strong>colonialismo</strong>, le negación de la identidad cultural de los pueblos originarios, la corrupción de los dictadores, el subdesarrollo, la pobreza, las desigualdades crecientes, la explotación económica, la depredación de la naturaleza, la destrucción del tejido social ancestral, pero también por el pluriverso, étnico-cultural y religioso y la biodiversidad.</p><p>Fue escrito desde la<strong> teoría de la dependencia</strong> que entonces estaba desarrollándose en América Latina y en cuya elaboración participó Henrique Fernando Cardoso, que, como presidente de Brasil de 1994 a 2002, aplicó a Brasil la economía neoliberal contraviniendo sus aportaciones de la década de los 60 y principios de los 70 del siglo pasado. Lo que aquella teoría mostraba era que el subdesarrollo de América Latina no era una etapa previa al desarrollo, que se lograría aplicando los procesos seguidos por el Primer Mundo, sino que era la <strong>consecuencia del desarrollo de los países del Norte</strong>. Y así fue desde el comienzo de la conquista en que, <a href="http://www.milenio.com/cultura/literatura/eduardo-galeano-frases-describio-america-latina" target="_blank">como afirma Galeano</a>: "Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: ‘Cierren los ojos y recen’. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia".</p><p>En una memorable entrevista con <em>El Loco de la Colina</em> en 2003 con motivo de la invasión de Iraq por Estados Unidos con el apoyo de Tony Blair y José María Aznar, Galeano <strong>calificó nuestra época como "la más loca de la historia"</strong> porque se estaban utilizando los mayores recursos para el exterminio del prójimo y del planeta. La guerra contra Iraq nació de una gran mentira y el resultado fue la condena a muerte de centenares de miles de personas.</p><p><strong>'Los nadies' y su utopía de salir de pobres</strong></p><p>En esta efemérides celebrativa del nacimiento de Galeano he vuelto a leer su poema <em>Los nadies</em> y <strong>me ha hecho comprender parte de la situación que estamos viviendo en la pandemia</strong>: que no afecta a todas las personas, a todos los grupos sociales, a todos los pueblos, a todos los continentes por igual, que los hay más vulnerables que otros. Son <em>los nadies</em>, con quienes el escritor uruguayo Galeano practicó la compasión, esa virtud bajo sospecha, como afirma Aurelio Arteta en su libro del mismo título y que <strong>constituye la base de la ética</strong>, como reconociera Schopenhauer, y el fundamento de los juicios morales, como afirmara Herbert Marcuse en conversación con Jürgen Habermas unos días antes de morir. Me permito citar el poema completo:</p><p>"<em>Sueñan las pulgas con comprarse un perroy sueñan los nadies con salir de pobres,que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte,que llueva a cántaros la buena suerte;pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca,ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda,o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo laliebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:Que no son, aunque sean.Que no hablan idiomas, sino dialectos.Que no hacen arte, sino artesanía.Que no practican cultura, sino folklore.Que no son seres humanos, sino recursos humanos.Que no tienen cara, sino brazos.Que no tienen nombre, sino número.Que no figuran en la historia universal, sino en la crónicaroja de la prensa local.Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata</em></p><p>".</p><p>El mensaje de Galeano <strong>grabado en el imaginario popular</strong>, que se mantiene vivo y activo especialmente en momentos dramáticos, y muy especialmente en estos tiempos de grave crisis sanitaria, económica y social, es el de la <strong>utopía</strong>, que formulara en un emblemático poema motivador de la esperanza:</p><p>"<em>Ella está en el horizonte.Me acerco dos pasos,y ella se aleja dos pasos.Camino dos pasos yel horizonte se corrediez pasos más allá.Por mucho que yo camine,nunca la alcanzaré.¿Para qué sirve la utopía?Para eso sirve: para caminar</em></p><p>".</p><p><em><strong>Delirio por Otro Mundo Posible</strong></em></p><p>Pero su afirmación de la utopía no es vaporosa, intemporal, genérica o abstracta. Su propuesta de <em>Otro Mundo Posible </em>no se queda colgada de las nubes sin hacer pie en la realidad, ni vaga por los aires, sino que aterriza en la vida, en las relaciones sociales y se traduce en propuestas concretas de la vida cotidiana como la limpieza del aire, <strong>la comunidad y la comunicación como derechos humanos</strong>, la eliminación de fronteras, el amor a la naturaleza, la reforestación de los bosques, una alimentación adecuada sin hambre ni indigestión, la armonía entre razón y corazón, la consideración de <strong>la estupidez como delito</strong>, la negación de los poderes mágicos del dinero y de la muerte, la imperfección, el fin de las fronteras geográficas y temporales, el <strong>compatriotismo frente al patrioterismo</strong>, la unión inseparable entre justicia y libertad. Y todo ello en un acto de delirio e imaginación, que expresa en este poema soñador con sueños despiertos:</p><p>"<em>Qué tal si deliramos por un ratitoqué tal si clavamos los ojos más allá de la infamiapara adivinar otro mundo posible.El aire estará limpio de todo veneno que no provengade los miedos humanos y de las humanas pasiones.En las calles los automóviles serán aplastados por los perrosla gente no será manejada por el automóvilni será programada por el ordenadorni será comprada por el supermercadoni será tampoco mirada por el televisor.El televisor dejará de ser el miembro más importante de la familiay será tratado como la plancha o el lavarropas.Se incorporará a los códigos penales el delito de estupidezque cometen quienes viven por tener o por ganaren vez de vivir por vivir no máscomo canta el pájaro sin saber que cantay como juega el niño sin saber que juega.En ningún país irán presos los muchachosque se nieguen a cumplir el serviciosino los que quieran cumplirlo.Nadie vivirá para trabajarpero todos trabajaremos para vivir.Los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumoni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas.Los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas.Los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos.Los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas.La solemnidad se dejará de creer que es una virtudy nadie nadietomará en serio a nadieque no sea capazde tomarse el pelo.La muerte y el dinero perderán sus mágicos poderesy ni por defunción ni por fortunase convertirá el canalla en virtuoso caballero.La comida no será una mercancíani la comunicación un negocioporque la comida y la comunicación son derechos humanos.Nadie morirá de hambreporque nadie morirá de indigestión.Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basuraporque no habrá niños de la calle.Los niños ricos no serán tratados como si fueran dineroporque no habrá niños ricos.La educación no será el privilegio de quienes puedan pagarlay la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla.La justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadasvolverán a juntarse bien pegaditas espalda contra espalda.En Argentina las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mentalporque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.La santa madre iglesia corregirá algunas erratas de las tablas de Moisésy el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo.La iglesia dictará también otro mandamiento que se le había olvidado a Dios:amarás a la naturaleza de la que formas parte.Serán reforestados los desiertos del mundoy los desiertos del alma.Los desesperados serán esperadosy los perdidos serán encontradosporque ellos se desesperaron de tanto esperary ellos se perdieron por tanto buscar.Seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tenganvoluntad de belleza y voluntad de justiciahayan nacido cuando hayan nacidoy hayan vivido donde hayan vividosin que importen ni un poquito las fronteras del mapa ni del tiempo.Seremos imperfectos.Porque la perfección seguirá siendoel aburrido privilegio de los diosespero en este mundoen este mundo chambón y jodidoseremos capaces de vivir cada díacomo si fuera el primeroy cada nochecomo si fuera la última</em></p><p>".</p><p>Ah, y sin olvidar el festejo del cuerpo como nuevo mandamiento, como expresar en el poema '<em>Espejo sobre el cuerpo'</em>, de <em>Las palabras andantes</em> (Siglo XXI), con el que termino este homenaje a quien despertó en mí, siendo un joven veinteañero allá por la década de los setenta del siglo pasado, <strong>la conciencia liberadora de toda opresión</strong>:</p><p>"<em>La Iglesia dice: el cuerpo es una culpa.La ciencia dice: el cuerpo es una máquina.La publicidad dice: el cuerpo es un negocio.El cuerpo dice: yo una fiesta</em></p><p>".</p><p>_____________________________</p><p><em>Juan José Tamayo es teólogo y director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría”, de la Universidad Carlos III de Madrid. Su último libro es Hermano Islam (Trotta, 2019). En noviembre aparecerá su libro La extrema derecha de Dios: La Internacional cristo-neofascista del odio (Icaria, Barcelona, 2020)</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Sep 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan José Tamayo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Eduardo Galeano: compasión con 'Los nadies' en clave de utopía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Eduardo Galeano]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Estado de gravedad permanente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/gravedad-permanente_1_1179068.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Con el correr del tiempo y de los tiempos que, aunque no participen en la San Silvestre de ningún lugar nos pasan vertiginosamente por nuestro lado y hasta por dentro, hemos podido observar que lo nuestro es la ley de la gravedad. <strong>La gravedad nos hace caer al menor descuido</strong>. Nadie se libra de un desequilibrio, de un traspiés, de un resbalón... La gravedad, y lo sabemos, nos hace caer muchas veces, pero no en la cuenta. Y eso que nos han contado infinidad de veces, ejemplarmente, casos de caídas tontas, porque todos tenemos oportunidades samaritanas de avisar a los demás con nuestras experiencias y conocimientos, por aquello de que “quien avisa no es traidor”.</p><p>Sin meternos en profundidades cuánticas de leyes, la sencilla y tan natural ley de la gravedad todavía nos da alguna que otra lección para andar por casa y, por supuesto, para salir a la calle y andar por las plazas, para que no nos precipitemos sobre el suelo que pisamos. Con la gravedad, <strong>el suelo se nos muestra propicio a cualquier guarrazo vulgaris</strong><em>guarrazo vulgaris</em>, sin ninguna pretensión impertinente, porque nuestra naturaleza ha preferido erguirse sobre los demás animales de esta nuestra Tierra, la de todos, sin reparar lo más mínimo en nuestras múltiples limitaciones. Siempre se ha dicho que no caemos de pie como los gatos. Las leyes también las reconocemos, pero nuestro<strong> frágil entendimiento</strong> muchas veces se nos ausenta o nos deja huérfanos y sin protección alguna.</p><p>Todos, unos antes y otros después, hemos podido ver en las noticias cómo la gente ha dejado nuestro suelo, tan patrio, lleno de toda clase de desperdicios, de plásticos, papeles... porque la ley general de la gravedad ha sido cumplida inexorablemente.</p><p>Este año nuevo 2020 ha quedado hecho unos zorros con tanta basura repartida <em>ad libitum</em> por toda nuestra geografía, que hacía patria más que nunca. Parece que nos gusta sembrarlo todo, pero no de esperanzas. <strong>Los propósitos también se nos caen de las manos</strong> porque los dedos se nos quedan embargados con el cuento y conteo de las uvas. De todos es conocido aquel refrán de que “el que venga detrás que arree” y así nos va con el abandono de la ciudadanía, que deja un reguero de basuras a la vez que de <strong>incivismo</strong>.</p><p>“El hábito no hace al monje”, pero los hábitos nos definen. Nuestra descuidada costumbre de dejar caer, cuando no tirar al suelo para que lleguen antes, nuestros artísticos envases, nuestros innecesarios envoltorios y hasta nuestros<strong> prospectos de propaganda</strong>, parece declararse con unas señas de identidad que mostramos a todo el mundo mundial.</p><p>No solo el fin de año queda a la intemperie, sino que, sin pausa, el año nuevo nos coge sin haber aprendido a dejar nuestro paso por las calendas con más alegría y, a la vez, con más acertado comportamiento. Parece que el estado de gravedad permanente no va a poder ser revisado nunca.</p><p>La noche de Reyes culmina con un desfile, pero de basuras, porque el personal hace el esfuerzo hasta de agacharse para coger los caramelos, pero no para guardarse los envoltorios en los bolsillos y, así, poder depositarlos en el cubo o contenedor de reciclar más próximo. Incluso se han inventado unos disparadores de anchas serpentinas que se cuelgan solitas de las farolas, cables, árboles y tejados, que no se pueden barrer. Además las antiguas serpentinas de mano se han convertido en confetis que vuelan descaradamente y lo alfombran todo, obedientes a la ley de la gravedad. De las salidas de las bodas ni hablamos, porque cada día nos reclama la misma gravedad permanente.</p><p>La tecnología acude, hoy en día, a corregir tanto desaguisado con sus aspiradoras y con sus batallones de barrenderos bien pertrechados, para quitar de en medio tantos desperdicios, como si de una terapia concienzuda se tratara.</p><p>Estas terapias no causan mucho malestar, habida cuenta de que <em>la sangre no llega al río</em>, pero el río y el mar pueden verse como <strong>anestesiados por la inoculación de tanta basura </strong>en sus naturales venas y que pueden cerrar el ciclo filtrándose con el tiempo en nuestras vitales venas.</p><p>Todo este tecnológico maremágnum terapéutico ha olvidado el principio de la prevención, que nos dice que “más vale prevenir que curar”, pues se trata de <strong>mantener la limpieza</strong>, no de remediarla, porque ha sido hábilmente preparado por una industria de lo superfluo, que convive en esta “sociedad y cultura del envase”, como nos dijera, hace tiempo, Eduardo Galeano.</p><p><strong>José Mª Barrionuevo Gil</strong> es socio de infoLibre </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Jan 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José M Barrionuevo Gil]]></author>
      <media:title><![CDATA[Estado de gravedad permanente]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Eduardo Galeano]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘El cazador de historias’, de Eduardo Galeano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cazador-historias-eduardo-galeano_1_1127019.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7cab7a9b-c042-4b59-8dc8-750a30a03de7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El cazador de historias’, de Eduardo Galeano"></p><p><strong>El cazador de historias</strong><strong>Eduardo GaleanoSiglo XXIMadrid2016</strong></p><p>“Las palabras caminan latiendo”, dice <strong>Galeano </strong>en su libro póstumo <em>El cazador de historias</em> y así es: un año después de su muerte, sus palabras, y en ellas las de aquellos a quienes siempre dio voz, llegan hasta nosotros, latiendo, y latiéndonos.</p><p>La editorial Siglo XXI ha publicado este libro en una cuidada edición que, como nos explica <strong>Carlos E. Díaz</strong> en la nota del editor, Eduardo Galeano había cerrado antes de morir hasta el último detalle. La única decisión que tomaron los editores fue integrar en este volumen algunas historias que el escritor había dejado escritas, puesto que antes de morir estaba trabajando en una nueva obra.  </p><p>El libro está dividido en cuatro partes: "Molinos de tiempo", "Los cuentos cuentan", "Prontuario" y "Quise, quiero, quisiera". La primera incluye textos en los que reconocemos temática y formalmente al Galeano más característico. Una prosa concisa y contundente que nos habla de la identidad y la memoria; de la guerra y la paz; del fútbol; de los oficios; de las cuestiones de género; del placer y del amor. En la sección "Los cuentos cuentan" se agrupan textos que relatan vivencias de su exilio, de su época de cuentacuentos o anécdotas relacionadas con sus anteriores obras. "Prontuario", la tercera parte del libro, es la más personal, y nos ofrece  un Galeano íntimo que nos habla de sus motivos para escribir. La ultima sección del libro recibe su nombre del  poema navajo que escogió para cerrarlo "Quise, quiero, quisiera". Los textos que la componen hablan de la muerte y se nos brindan como un legado de quien se sabe cercano a ella.</p><p>El título del libro <em>El cazador de historias </em>define la esencia del escritor uruguayo que siempre se sintió como tal. “Soy un cazador de historias, un escuchador de voces”, dijo en una ocasión y de nuevo nos sentamos cerca de su voz y nos dejamos llevar por aquel “Érase una vez” que nos abraza y nos mece, pero que también nos remueve y nos empuja a levantarnos. Porque, como explica en uno de los textos que conforman el libro: “Diría que escribo intentando que seamos más fuertes que el miedo al error o al castigo, a la hora de elegir en el eterno combate entre los indignos y los indignados”.  </p><p>Galeano ha sido uno escritor comprometido en la literatura y en la vida. Desde la publicación de <em>Las venas abiertas de América Latina</em> (1971), su obra más conocida y que fue prohibida por las dictaduras militares de Uruguay, Brasil, Chile y Argentina, sus libros —la trilogía <em>Memoria del fuego</em>, integrada por <em>Los nacimientos</em> (1982), <em>Las caras y las máscaras</em> (1984) y<em> El siglo del viento</em> (1986); <em>El libro de los abrazos</em> (1989), <em>Las palabras andantes</em> (1993), <em>El fútbol a sol y sombra </em>(1995), <em>Bocas del tiempo </em>(2004), <em>Espejos </em>(2008),<em> Los hijos de los días </em>(2011) o <em>Mujeres </em>(2015) entre otros— han mantenido la firme voluntad de reivindicar a todos aquellos a quienes la historia ha querido silenciar. </p><p>En este legado póstumo, moviéndose en las fronteras de los géneros, ha seguido buscando, y encontrando, esas palabras que deben existir para hablarnos de un mundo que viaja y “que lleva más náufragos que navegantes”, y de esta manera ser fiel a su vocación de cuentacuentos, como nos explica en "Huellas", el texto que abre el libro: “El viento borra las huellas de las gaviotas. Las lluvias borran las huellas de los pasos humanos. El sol borra las huellas del tiempo. Los cuentacuentos buscan las huellas de la memoria perdida, el amor y el dolor, que no se ven, pero no se borran”. </p><p>"Por qué escribo/1", uno de los tres textos que bajo este título encontramos en la sección "Prontuario", narra lo que Galeano llama su primer desafío en la tarea de escribir, y explica que, tras haber convivido con los mineros del pueblo de Llallagua en Bolivia, estos, la noche de su despedida, le dijeron que les contara cómo era la mar. Él, consciente de que aquellos hombres, condenados a la miseria y a una muerte temprana, nunca la verían, sintió la responsabilidades de llevársela, "de encontrar palabras que fuesen capaces de mojarlos". Ese desafío, "a partir de la certeza de que escribir, para algo, sirve" lo ha llevado hasta este libro, en el que una vez más sus palabras son capaces de mojarnos.       </p><p>Galeano ya no está pero sus palabras aún caminan latiendo. Y latiéndonos.</p><p><em>*Mònica Vidiella es profesora de literatura.</em><strong>Mònica Vidiella</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mònica Vidiella]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘El cazador de historias’, de Eduardo Galeano]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Eduardo Galeano,Los diablos azules número 19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eduardo Galeano, ‘amiguero’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/eduardo-galeano-amiguero_1_1117272.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d9ba22ab-c275-4559-b025-5b1af1eef1cc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Eduardo Galeano, ‘amiguero’"></p><p>“¿El abuelo a qué se dedicaba?”, le preguntó a Helena Villagra, esposa de <strong>Eduardo Galeano</strong>, una de sus nietas durante el entierro del abuelo el pasado abril. La niña estaba extrañada por toda esa atención, por toda esa gente extraña que pasaba a despedirse del escritor. “¿El abuelo?”, respondió ella, <strong>“El abuelo era amiguero”</strong><em>amiguero</em>. El jueves por la noche, el uruguayo volvió a hacer honor a su <em>oficio </em>reuniendo en torno a su memoria a alrededor de 300 amigos, admiradores, compañeros (<strong>Luis García Montero, Fernando León de Aranoa, Juan Diego Botto</strong>, <strong>José Manuel Martín Medem</strong>, el periodista Fran Sevilla, el entrenador de fútbol Ángel Cappa...) en <strong>La Tabacalera</strong>, centro autogestionado de Madrid donde presentó en 2012 su libro <em>Los hijos de los días</em>. </p><p>La reunión recordaba a esos minutos agridulces de los velatorios en los que los asistentes recuerdan al fallecido, tratando de refugiarse en la memoria para alejar el dolor. Sus manías, sus pasiones, aquella vez que dijo aquello, aquel viaje. Pablo Rabasco, especialista en historia de la arquitectura y, anoche, amigo de Galeano, rememoró <strong>la visita del escritor al 15-M barcelonés</strong>. Cappa, su locura futbolística. Sevilla, sus tiempos de <strong>periodista en el exilio, </strong>dirigiendo la revista <em>Crisis</em>. Entre intervención e intervención, el autor de <em>Las venas abiertas de América Latina</em>, <em>Memoria del fuego</em> o <em>El libro de los abrazos </em>aparecía en pantalla leyendo algunos de los textos que eligió aquel día en La Tabacalera. Parecía complacido. </p><p>Las lecturas homenajeaban por sí mismas al escritor. “Él demostró que p<strong>ensar es un modo de buscar la belleza</strong>. En su literatura, ideas y sentimientos iban unidos. Las ideas, divorciadas del sentimiento, son más peligrosas que una maquinaria de guerra”, señalaba el poeta Luis García Montero. Precisamente por eso, las ideas de su obra dieron pronto paso a la celebración de la persona. “¿Me defraudará?”, se preguntaba el realizador Fernando León de Aranoa, antes de conocer a Galeano, a quien hasta entonces tenía solo como referente literario. “Era como en sus libros. Sus cuentos son autorretratos, <strong>espejos en los que siempre se le veía a él</strong>”, explicaba ante el público. Algunos asentían. </p><p>Cappa dibujaba a un loco del fútbol, al que decía que había que “jugar para jugar, no para ganar”. “Quiso ser jugador, pero era malo. Él decía que era el peor jugador que había dado el país, lo cual no era poco. Así que fue hincha, pero él decía que muy malo”, recordaba el entrenador. “A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la <strong>alegría del jugar porque sí</strong>”, leía Cappa en un fragmento de El fútbol a sol y sombra (1995). Una idea que parecía hilarse con el recuerdo de Rabasco en aquella noche en la que Galeano se acercó a la acampada barcelonesa del 15-M. “Este es un mundo diferente. Va a ser un parto difícil. <strong>No me importa qué pasará mañana</strong>, solo me importa hoy”, dijo el escritor, “contagiado de la mística que encendía el movimiento”, en palabras de su amigo. E<strong>logios íntimos y públicos de lo improductivo</strong> que se conectaban directamente con su obra. </p><p>Se habló de <strong>su perro Morgan</strong>, de quien admiraba la vocación al movimiento, a la alegría: “Morgan se porta mal, pero hace reír”, dejó escrito, recogiendo la observación de un niño de cuatro años. Se habló de <strong>su renuncia al apellido paterno, Hughes</strong>, con sus propias palabras, extraídas de <em>El libro de los abrazos</em>: “Hughes se llamaba mi tatarabuelo galés, que a los 15 años se echó a la mar en el puerto de Liverpool y llegó al Caribe, a Santo Domingo, y tiempo después a Río de Janeiro, y finalmente a Montevideo. Allí arrojó su anillo de masón al arrollo Miguelete, y en los campos de Paysandú clavó las primeras alambradas y se hizo dueño de tierras y de gentes, y hace más de un siglo murió, mientras traducía al inglés el <em>Martín Fierro</em>”. Se habló de sus <strong>encuentros con desconocidos que pronto dejaban de serlo</strong>. La periodista Estela Giraldo recordaba lo poco que tardó en indicarle su dirección para que fuera a visitarle en Montevideo. “No te mueras nunca, Eduardo”, le pidió un lector en una playa uruguaya. </p><p>No lo pudo cumplir. Murió el 13 de abril de 2015, y los amigos del <em>amiguero </em>se encontraban el viernes para pasar la pena. Fran Sevilla aseguraba que, si Galeano viviera, “<strong>estaría escribiendo sobre los refugiados</strong>”, bolígrafos y cuaderno al cinto presto a cazar alguna historia, algún comentario. Ante el vacío, León de Aranoa encontraba consuelo en uno de los textos del maestro: “A veces me reconozco en los demás. Me reconozco en los que quedarán, en los amigos abrigos, locos lindos de la justicia y bichos voladores de la belleza y demás vagos y mal entretenidos que andan por ahí y por ahí seguirán, como seguirán las estrellas de la noche y las olas de la mar. Entonces, cuando me reconozco en ellos, yo soy aire aprendiendo a saberme continuado en el viento. Me parece que fue Vallejo, César Vallejo, quien dijo que a veces el viento cambia de aire. <strong>Cuando yo ya no esté, el viento estará, seguirá estando</strong>”. Y el viento aplaudió. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Sep 2015 07:37:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Eduardo Galeano, ‘amiguero’]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Luis García Montero,Cultura,Juan Diego Botto,Eduardo Galeano]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Mujeres’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/mujeres_1_1112878.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>La poesía de <strong>Eduardo Galeano</strong> se hizo memoria, pensamiento y narración. Pasó del canto al cuento sin perder un segundo en explicaciones, o sea, sin perder un gramo de intensidad. Lo bueno si breve dos veces pájaro. Lo debió pensar así la hija del preso político que llevó a la cárcel un dibujo de pájaros. Los policías rompieron el dibujo por enemistad hacia todo lo que vuela. La niña llevó en la visita siguiente un dibujo con árboles y pequeños puntos entre las ramas. ¿Qué son estos puntos?, preguntó el padre. Ella explicó que se trataba de los ojos de los pájaros.</p><p>Es una de las historias que se recogen en <em><strong>Mujeres</strong></em> (Siglo XXI, 2015), el libro feminista de Eduardo Galeano. El escritor uruguayo necesitó mirar hacia la mujer en muchos momentos de su obra como una estrategia para mantener viva su propia rebeldía. “No hay tradición cultural –afirmó– que no justifique el monopolio masculino de las armas y de la palabra, ni hay tradición popular que no perpetúe el desprestigio de la mujer o que no la denuncie como peligro”. </p><p>Por eso Eduardo escribió sobre <strong>Nellie Bly</strong>, la mujer que demostró en un Pittsburgh decimonónico que el periodismo no era cosa de hombres, y dio la vuelta al mundo en setenta y dos días, y se hizo arrestar por robo para hablar de las cárceles, y luego pisó la locura para entrar en un manicomio y denunciar los tratamientos psiquiátricos de la época. También por eso habló Eduardo de las putas que cerraron un burdel en la Patagonia argentina para no acostarse con los soldados que habían reprimido de manera salvaje una huelga de peones. Fusilar cansa, pero más cansa la injusticia. </p><p>En fin, Eduardo Galeano habló de F<strong>rida Kahlo, Juana de Arco, Rosa Luxemburgo, Marie Curie, Matilde Landa, Violeta Parra</strong> o de las Comuneras anónimas que lucharon en las barricadas con un pañuelo rojo en el cuello, poniendo en peligro su vida junto a compañeros que les negaban el derecho al voto. Todas estas habladurías y muchas más se recogen ahora en un libro antológico que nos cuenta cosas de <em>Mujeres</em>. </p><p>La literatura de Galeano está llena de ideas. Schopenhauer afirmó que la mujer es un animal de pelo largo y pensamiento corto. Eduardo Galeano quiso llevarle siempre la contraria.<strong> Estaba cansado de soportar un mundo de avaricias largas y de ideas cortas</strong>. Su mejor manera de protestar contra el cacareado fin de las ideologías fue demostrarnos que las ideas son bellas, que hay pensamientos conmovedores, argumentos que son al mismo tiempo una forma de mirar con inteligencia y de hacer poesía. La literatura de Galeano unió la metáfora y la reflexión, encontró en la vida cotidiana un modo de contar la Historia y dominó el arte de la levedad profunda, de la brevedad sin fronteras.</p><p>Se encontró así con las mujeres al hacerse partidario de la piel del mundo y de la vida cotidiana. Y comprendió que era necesaria una palabra bella, pero de otra manera. <strong>Los malentendidos entre la poesía y la condición femenina brotan en el alma de la cultura machista</strong>. En la geografía de lo privado y lo público que articula las formas tradicionales del pensamiento moderno, la condición femenina y la poesía fueron asignadas al ámbito sentimental de lo privado, mientras que la razón y la condición masculina se destinaron al gobierno de lo público. Por eso Bécquer escribió su famosa declaración “Poesía eres tú” para responder a la pregunta de una mujer.</p><p>Eduardo Galeano sabe que no se trata de ser poesía, musa, sino de ser poeta, y para conseguirl<strong>o hace falta romper el orden, borrar fronteras y segregaciones</strong>, asumir palabra a palabra los sentimientos de lo público y las razones de lo privado hasta llevar la emancipación a los últimos pliegues de la intimidad. El pensamiento se hace entonces corazón y sostiene el sueño de las plazas públicas, y la memoria frente al olvido, y las palabras frente al mandato de todos los silencios.</p><p><strong>Eduardo Galeano aprendió de las mujeres una forma de responder al poder</strong>. Si el poder intenta confinar en lo privado el mundo de los sentimientos, resulta necesario escribir y dar la batalla en el amor de la vida cotidiana y de la intimidad. Es un camino directo para asaltar lo público.</p><p>La lectura de <em>Mujeres</em> ha sido para mí una forma de vivir el duelo. Daba gusto hablar con Eduardo Galeano de<strong> política, periodismo, literatura, fútbol y mujeres</strong>. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 May 2015 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
      <media:title><![CDATA[‘Mujeres’]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Mujeres,Machismo,Eduardo Galeano]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una alegría que duele]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/alegria-duele_1_1112192.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/19356320-7ba6-4736-9f5e-dea1d871f866_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una alegría que duele"></p><p>Hace poco compré, con la intención de releerlo, una edición de bolsillo de <a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2014/05/05/actualidad/1399248604_150153.html" target="_blank"><em>Las venas abiertas de América Latina</em></a> en uno de los quioscos de prensa del aeropuerto de Barajas. Razones que ya no recuerdo hicieron que el libro llegara a Buenos Aires, destino de mi viaje, y volviera a Madrid sin ser leído. Ahora lo busco en mi biblioteca, <strong>movido por la noticia de la muerte de Eduardo Galeano</strong>. </p><p>No hace demasiado tiempo, unos pocos años, el libro retornó a la actualidad cuando el desaparecido presidente <a href="http://www.europapress.es/internacional/noticia-uruguay-dia-chavez-regalo-libro-galeano-obama-20150413174038.html" target="_blank">Hugo Chávez le regaló un ejemplar a su homólogo estadounidense, Barack Obama</a>, en una cumbre de las naciones sudamericanas. La foto que distribuyó Reuters es elocuente: se ve a Chávez intentando explicar el sentido del texto y a <strong>Obama con la mirada dudosa</strong> sobre una portada escrita en un idioma que no es el suyo. </p><p>Tampoco en mi caso, ni el de un reducido grupo de amigos, accedimos al texto en castellano en su día. <strong>La dictadura de Videla aplastaba Argentina</strong> y nosotros, recién llegados a la universidad, no teníamos acceso a libros como los de Galeano, la chilena Marta Harnecker o, incluso, Rodolfo Walsh, que fue secuestrado y desaparecido por los militares genocidas.</p><p>La lectura que hicimos entonces, a finales de los ochenta de <em>Las venas abiertas de América Latina</em> fue una edición brasileña que trajo un compañero de la universidad de un viaje a Río de Janeiro. Hoy, desde la distancia, parece broma que hayamos leído con paciencia y esmero aquel texto en otra lengua,<strong> como si fuera una biblia laica</strong>, una versión contemporánea y urgente  de los trabajos de Bartolomé de las Casas que ponía sobre el tapete el expolio de aquello que entonces llamábamos <em>patria grande</em>, donde Simón Bolivar convivía con Francisco de Miranda y José de San Martín, y creíamos en el hombre nuevo, el mismo al que Alberto Korda puso una imagen mítica. </p><p>Pero antes, unos pocos años anteriores a <em>Las venas abiertas de América Latina</em>, <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2015/04/13/muere_eduardo_galeano_31238_1026.html" target="_blank">Eduardo Galeano</a> ya dirigía la revista cultural más importante de Argentina después de la lejana <em>Sur</em> de Victoria Ocampo, Jorge Luis Borges y Pepe Bianco: <strong>Crisis, la respuesta que la izquierda cultural</strong><em>Crisis</em> dio a través de una publicación mensual que junto con el semanario <em>Primera Plana</em> y el periódico <em>La Opinión</em>, todos de Buenos Aires, se convirtieron en letra viva de una revolución que no alcanzó su propósito, pero que sí expuso a través de estos medios su programa.</p><p>Si Mario Benedetti ocupó las paredes de los cuartos de estudiantes de la época con pósteres que reproducían sus poemas con crepúsculos de fondo y sobre las baldas de las librerías, apoyada en los lomos de los libros, descansaba la foto de Salvador Allende saliendo de La Moneda; protegido con un casco y arma en mano, en la mesilla de noche o sobre la mesa del salón, había un ejemplar de <strong>Las venas abiertas de América Latina junto a las Conversaciones con Allende</strong><em>Las venas abiertas de América Latina</em><em>Conversaciones con Allende</em> de Harnecker publicadas por Siglo XXI. Hasta que llegó el golpe. Primero en Uruguay, a los pocos meses, en septiembre de 1973, en Chile y, finalmente, en marzo de 1976, en Argentina. Desaparecieron los posters y los libros. Y en miles de casos, trágicamente, sus dueños.</p><p><strong>La revista Crisis de Galeano es una leyenda.</strong><em>Crisis</em> Su libro más conocido, también. Él se encargó una y otra vez de relativizarlo como un trabajo apresurado de juventud  y falto de rigor, lo cual no impidió que  Oscar Niemeyer le dedicara una obra arquitectónica, el Memorial de América Latina en San Pablo, y que un grupo de intelectuales neoliberales, entre cuyas firmas está la del hijo de Mario Vargas Llosa, se ocupara de escribir un ensayo como respuesta a ese texto. No es poco.</p><p>Tantos años después, más de cuarenta, <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2015/04/13/eduardo_galeano_escritor_que_puso_nombre_los_anonimos_31255_1026.html" target="_blank">Las venas abiertas de América Latina, escrito a finales del fordismo</a>, del modelo keynesiano, previo a la crisis del petróleo que abriría paso al sistema económico financiero mundial, llama la atención el título de la segunda parte:<strong> El desarrollo es un viaje con más náufragos que navegantes.</strong><em>El desarrollo es un viaje con más náufragos que navegantes</em> ¿A qué parece la consecuencia del programa actual que alientan nuestros gobernantes? </p><p>Más allá de los afectos o reparos que pueda despertar la obra de Eduardo Galeano, hay que reconocerle su pulso vital y un perseverante punto de vista que<strong> nunca perdió el optimismo ni en las peores circunstancias</strong>, porque al igual que sostenía frente a las derrotas de su querida selección de fútbol uruguaya, la nuestra es una alegría que duele, pero una alegría al fin.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Apr 2015 07:26:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Roig]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Una alegría que duele]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Argentina,Latinoamérica,Eduardo Galeano]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eduardo Galeano, el escritor que puso nombre a los anónimos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/eduardo-galeano-escritor-puso-nombre-anonimos_1_1112185.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c1cbd725-628a-43cd-993b-62fd90cecbec_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Eduardo Galeano, el escritor que puso nombre a los anónimos"></p><p>Galeano escogió Montevideo para nacer y para entender la espera. Nació en Uruguay en 1940, y allí publicó en 1963 su primer libro: <em>Los días siguientes</em>. Y desde entonces hasta su muerte se declaró <strong>un hombre de izquierdas,</strong> lo que le obligó al exilio en Argentina en 1973, y después en la costa catalana. </p><p>Escribió Galeano: “Según cuentan en Oaxaca, los mazatecos, Jesús fue crucificado porque hacía hablar a los pobres y a los árboles”. En América Latina, Galeano hizo hablar a los pobres, a los desfavorecidos, a los indígenas. Denunció una y otra vez la opresión ejercida por los Estados Unidos hacía el resto del continente latinoamericano. En las escuelas y universidades latinoamericanas era de lectura obligada<em> Las venas abiertas de América Latina,</em> que se convirtió en la Biblia latinoamericana de juventudes pasionales y revolucionarias. Un libro obligatorio para estudiantes de derecho, ciencia política, comunicación, filosofía y letras, economía o incluso ciencias empresariales. Un ensayo de economía política que denuncia<strong> los constantes saqueos de recursos naturales</strong> de la región por parte de los imperios coloniales. Crónicas y narraciones sobre una América Latina que va del siglo XVI al XX. Una obra que escribió en 1971, todavía en Montevideo, antes del exilio. </p><p>Eduardo Galeano les puso nombre a los anónimos. Describió los muchos mundos que el mundo contiene y esconde. Habló de los curiosos, condenados por preguntar. Escribió bien para hablar mal de los especuladores a través de su texto <em>War Street</em>: “Los especuladores deciden el valor de las cosas y de las naciones, fabrican millonarios y mendigos y son capaces de matar más gente que cualquier guerra, peste o sequía”. </p><p>Galeano a lo largo de su obra fue un <em>desgenerado</em>, mezcló y puso en diálogo a la narración con el ensayo, a la poesía con la crónica, a la prosa con el verso. Una escritura que le hizo popular porque contiene los sonidos de la calle y<strong> la sonoridad abrumadora de los silencios</strong>, de las voces acalladas. A los campesinos, a los obreros, a los judíos, a los gitanos, a las mujeres, a los negros, a los homosexuales, y hasta a El Che le dedicó palabras. Escribió: “¿Por qué será que El Che tiene esta peligrosa costumbre de seguir naciendo? Cuanto más lo manipulan, cuanto más lo traicionan, más nace. Él es el más nacedor de todos”. ¿No será porque El Che decía lo que pensaba y hacía lo que decía? ¿No será que por eso sigue siendo tan extraordinario, en un mundo donde las palabras y los hechos muy rara vez se encuentran, y cuando se encuentran no se saludan, porque no se reconocen?</p><p>Galeano tuvo memoria y le <strong>puso adjetivos a la realidad,</strong> una realidad que el miró desde un ojo rojo, socialista, de izquierdas. Además de escritor  fue <em>futboladicto</em>, lo que no le impidió nunca hablar de las sombras de ese deporte: “El fútbol es una mercancía, se ha olvidado de que es una fiesta de las piernas que se juegan y de los ojos que lo miran; hoy en día es la industria más lucrativa del espectáculo, cuando el fútbol merece ser la única religión sin ateos”. </p><p>En Galeano la voz fueron sus pasos, lo que dijo, hizo, y lo que hizo lo convirtió en uno de los escritores más populares de su tiempo. Alejando de los academicismos y la erudición, trabajó en una escritura difícil para una lectura fácil. </p><p>Y supo y dijo y reconoció: “El mejor de mis días es el que todavía no viví”. Pero antes de dejar de vivir, lo dejó claro: “Nuestra vida es más segura pero menos libre. Y no es que fuimos todo, tan sólo fuimos un proyecto de lo que podemos ser”.</p><p><a href="https://twitter.com/GusMotaLeyva" target="_blank">Gustavo Mota Leyva</a> es periodista mexicano, especializado en temas culturales.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Apr 2015 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Gustavo Mota Leyva]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Eduardo Galeano, el escritor que puso nombre a los anónimos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Eduardo Galeano]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Forma parte de mí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/forma-parte_1_1112179.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>No recuerdo el momento exacto en que supe de la existencia de<strong> Eduardo Galeano</strong>; el primer libro que leí, sí: <em>Las venas abiertas de América Latina.</em> Debió ser, más o menos, en la segunda mitad de los ochenta. Ya por entonces, escribía canciones y formaba parte del<strong> Taller Canario.</strong> Ya por entonces, concebía mi trabajo como algo inseparable de la realidad, del compromiso, de la identidad... </p><p>A los veinte años, uno busca luces, guías, raíles por lo que poner a andar su tren. Y eso fue Galeano:<strong> </strong>un faro para todos los mares de todos los mapas. Un ejemplo de dignidad, coherencia y amor profundo por el ser humano. Además, una puerta que conducía al conocimiento de la América más combativa y sensata. Atravesé esa puerta y supe de <strong>Juan Gelman</strong>, porque Galeano lo citaba: <em>Estás en mí como la madera está en el palito.</em> Atravesé esa puerta y supe de <strong>Milton Nascimento</strong>, porque Galeano lo citaba: <em>Si quieres ser feliz, como dices, no analices.</em> (Cito de memoria, lo que he podido guardar en el recuerdo. Puede que las citas sean inexactas, pero conservo lo que mi mente quiso conservar y de la manera en que lo quiso hacer). Junto a Juan Gelman y a Milton Nascimento, detrás de esa puerta descubrí un universo entero, la historia de un continente, de unos valores: una ideología. Mi primera canción sobre la necesidad de mantener a salvo la memoria y la identidad,<em> Borrarte el rostro</em>, me la inspiraron unas palabras suyas: (...) <em>encender los fueguitos de la identidad, la memoria y la esperanza</em> (...)<em> las fuerzas del cambio en un sistema organizado para borrarnos lo rostros.</em></p><p>Un día me lo encontré en una cafetería. Le pude dar mi disco <em>Golosinas. </em>Desde entonces, siempre que viajaba a Uruguay lo llamaba y le iba dejando mis nuevos trabajos. Él me respondía enviándome sus libros firmados.</p><p>De todas las muertes posibles, esta me resulta un golpe contundente en el centro del dolor. Como si me arrebataran las manos de tocar la guitarra, de abrazar a mis hijos, de acariciar a mi mujer. Algo que forma parte de mí. Quizá sea, porque, desde finales de los ochenta y desde mis veinte años, mi tren jamás se apartó de esa vía. </p><p>Gracias, maestro. ___________________________</p><p><em>Pedro Guerra, cantautor. Su último disco es '20 años Libertad 8'</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Apr 2015 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro Guerra]]></author>
      <media:title><![CDATA[Forma parte de mí]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Eduardo Galeano]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La verdad sobre el 'caso Tamayo']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/caso-tamayo_1_1137099.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/817c7d86-bf04-43c3-b250-9e0017f7aa67_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La verdad sobre el 'caso Tamayo'"></p><p>  </p><p>   </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Jun 2013 12:09:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[tintalibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La verdad sobre el 'caso Tamayo']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Baltasar Garzón,Esperanza Aguirre,Etiopía,Luis García Montero,TintaLibre,Latinoamérica,Eduardo Tamayo,Miguel Ángel Revilla,Eduardo Galeano]]></media:keywords>
    </item>
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