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    <title><![CDATA[infoLibre - Javier Krahe]]></title>
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      <title><![CDATA[Javier Krahe, el genio cotidiano que “no necesitaba a nadie para ser alguien”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/javier-krahe-genio-cotidiano-no-necesitaba-nadie-alguien_1_1196043.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1e9f7aa5-40c3-4319-8905-01483ae77c0b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Javier Krahe, el genio cotidiano que “no necesitaba a nadie para ser alguien”"></p><p>¿De cuántos encuentros, de cuántas memorias, de cuántos días aparentemente banales está construido un ser humano? ¿Cuántos construyeron al muy particular ser humano que fue el músico Javier Krahe? Casi seis años después de su muerte, <strong>el periodista Federico de Haro</strong> se embarca en la tarea de responder a esa pregunta en la biografía <a href="https://www.penguinlibros.com/es/biografias/231682-javier-krahe-ni-feo-ni-catolico-ni-sentimental-9788417910563" target="_blank"><em>Javier Krahe. Ni feo, ni católico, ni sentimental</em></a>, editada por Reservoir Books.</p><p>Si tuviera que elegir un solo elemento fundacional que hiciera exclamar <em>eureka</em>, el autor señala la figura del padre, Enrique Krahe, un ingeniero “de los que habían ganado la guerra” que en el barrio de Salamanca de Madrid <strong>enseñó a sus hijos lo que era la autoridad</strong>. Y también, extrañamente, <strong>lo que era el humor</strong>, a menudo teñido de negro. Lo explica una anécdota recogida por De Haro en los primeros capítulos del libro. El padre anuncia a la familia: “La buena noticia es que he comprado unos terrenos”. “¡Qué bien! ¿Y dónde están?”, preguntan ellos. “En el cementerio sacramental de San Justo, pero solo hay sitio para los cinco primeros. Esa es la mala noticia”.</p><p>Si sobre el libro planea la figura del padre, lo hace también <strong>la del maestro, el cantautor francés Georges Brassens</strong>, “quizá el primero, quizá el único” al que aceptaría Krahe. El biógrafo lo señala como espejo en el que se miró el músico madrileño, tanto en su concepción poética y humorística de la música como en sus planteamientos políticos. En su canción <em>Le pluriel</em>, <em>El plural</em>, que habla de la aversión de ser incluido en las masas, encuentra De Haro una perfecta definición de Krahe: “Yo no necesito a nadie para ser alguien”.</p><p>“Me sorprende que nadie hubiera hecho antes su biografía”, confiesa Federico de Haro por teléfono. “Un personaje tan singular, que estuvo una parte tan grande de su vida dedicada a la canción, al que Joaquín Sabina tiene entre sus maestros, que ha tenido tantos encontronazos con el poder, un personaje tan atractivo que <strong>tenía, más que seguidores, devotos</strong>... Cómo no se le ha ocurrido a nadie antes, ¡y cómo no se me ocurrió antes a mí!”. La composición del libro, que recorre en 280 páginas desde la infancia del músico <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2015/07/12/muere_javier_krahe_los_anos_35317_1026.html" target="_blank">hasta su muerte por un infarto en Zahara de los Atunes</a> (Cádiz), uno de sus paraísos personales, se ha fraguado durante cuatro años a través de <strong>entrevistas con 60 personas que han generado más de 200 horas de grabación</strong>. En ella ha colaborado intensamente su familia, <strong>su mujer, Annick Bloyard, y sus hijos, Violante y Marco</strong>, pero también amigos cercanos y lejanos. Todos aquellos que, en algún momento, conocieron de cerca al artista, desde su infancia de niño respetuoso y más bien seriote, hasta su vejez, segada a los 77 años. Aunque, en palabras de Joaquín Sabina, amigo y compañero, Krahe “nunca fue viejo porque nunca fue joven”. “Todo aquel con el que he contactado ha estado encantado de compartir su amistad y sus anécdotas. Creo que esto es fruto <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2015/07/12/wyoming_javier_krahe_era_hombre_serio_mas_gracioso_todos_los_tiempos_35321_1026.html" target="_blank">de la admiración que suscitaba en muchos</a>”, cuenta el biógrafo. “Sí que quiero agradecer a Annick su valentía emocional, porque ponerse a <strong>rememorar toda una vida, estando tan cercana su muerte</strong>, es algo por lo que le estoy enormemente agradecido”.</p><p><strong>Trabajo, sexo y todo lo contrario</strong></p><p>De Haro se enfrentaba a dos retos: por una parte, pintar un retrato del músico que estuviera compuesto por algo más que fechas y nombres; por otra, deconstruir ciertos rasgos de Krahe que se habían tratado casi como una caricatura, particularmente su relación con el sexo, muy presente en sus letras, y su poco amor por el trabajo, que él mismo convertía en un chiste frecuente. Para lo primero, recurrió a los testimonios directos, que permiten acercarse a episodios menos conocidos de su biografía, como su infancia o su relación con su hermano Jorge, clave en su vocación musical, pero que también ofrecían material para trazar lo que el biógrafo llama <strong>“la genialidad cotidiana, la genialidad del aquí y el ahora”</strong>, de Javier Krahe. Como esa escena con su hija Violante, cuando esta era una niña, que el libro narra así:</p><p>“Un día que Violante estaba dispuesta a lanzarse a sus brazos desde lo alto de una escalera, se acercó y le dijo:</p><p>—Recuerda: no te fíes ni de tu padre, ¿vale?</p><p>—¡Vale!</p><p>—Venga, ahora salta, que te cojo”.</p><p>Y la niña saltó.</p><p> Pasaporte de Javier Krahe durante su etapa canadiense. / Cortesía de las familias Bloyard y Krahe</p><p>Sobre la aversión de Krahe al trabajo, Federico de Haro pone un par de objeciones: es cierto que recaló sin demasiado éxito en una librería y un restaurante durante la etapa en la que residió en Canadá, pero también es cierto que trabajó durante largos años en la agencia de publicidad Fontán. El retrato de <em>Ni feo, ni católico, ni sentimental</em> dibuja a un trabajador eficiente y rápido pero <strong>sin ninguna intención de trabajar de más</strong>: al terminar sus tareas, en lugar de emprender otras se dedicaba a leerse un libro u hojear el periódico, cosa que no gustaba a muchos empleadores. Tampoco accedió a considerar su labor creativa como un oficio, para frustración de algunos compañeros, que habrían preferido algo más de profesionalidad. Pero lo cierto es que en algunas épocas de su vida llega a hacer <strong>60 o 70 conciertos al año —lo que él llamaba “subirse al andamio”—</strong>, y que su aversión al directo y a las grabaciones mejoró sustancialmente cuando dejó de insistir en tocar la guitarra, un empeño que le provocaba verdaderos bloqueos físicos, solo aliviados por los compañeros que, en proyectos como La Mandrágora, se turnaban frente al micrófono. “Yo creo que todos tendemos a lo que él llamaba una 'vocación' de no trabajar: el trabajo viene de <em>trepalium</em>, que es un instrumento de tortura, lo que pasa es que estamos en un momento de sacralización absoluta del trabajo”, apunta De Haro. Frente a una ideología de la productividad, Krahe defendía el “aprovechar el tiempo en derrocharlo”.</p><p>Sobre la relación del músico con el sexo, presente en algunos de sus temas más conocidos, como <em>No todo va a ser follar </em>(seguramente el más popular), <em>Eros y civilización</em> o <em>Sábanas de seda</em>, dice Federico de Haro que no puede entenderse sino con una brizna de rebeldía. Y para ello recurre a la pluma de Krahe, en una de las canciones inéditas descubiertas durante el proceso de investigación, titulada, cómo no, “El obseso sexual”: “Ya ha crecido y es cantante, / y si escucháis sus canciones / encontraréis que hay bastante / sexo en sus composiciones, / <strong>porque no aplica a su vida / la educación recibida</strong>; / y es una manía suya / que el sonar de su guitarra / a la lucha contribuya / contra las hojas de parra”. El descubrimiento de los cinco temas llegó por caminos inescrutables. En su Diccionario secreto, Camilo José Cela cita un par de versos de <em>El obseso sexual</em>, que atribuye a J. Krahe, sacados de un artículo de la revista <em>Triunfo</em> titulado “<a href="https://www.youtube.com/watch?v=MDUzQsDqEUQ" target="_blank">Rosa y Jorge</a>: rehabilitación de lo 'verde”. Jorge era Krahe, el hermano menor, y Rosa era León: ambos musicalizaron y tocaron las letras <strong>que Javier enviaba desde Canadá</strong>, donde residió desde 1969 hasta 1972. Aquella primera eclosión artística estuvo motivada por el descubrimiento de Georges Brassens, de quien además adaptaría algunos temas al español, como <em>Marieta</em> o <em>La tormenta</em>. En casa de Rosa León, se produce el milagro: la música conserva unas grabaciones de Jorge Krahe de cuya existencia nadie sabía. A partir de ellas, De Haro transcribe las letras de <em>El obseso sexual</em>, <em>Cupido en invierno</em>, <em>Madrid al día</em>, <em>El canto de un duro</em> y <em>Mi bella Frankenstina</em>, <strong>que el propio Javier Krahe creyó perdidas para siempre.</strong></p><p><strong>"Hombre blanco hablar con lengua de serpiente"</strong></p><p>Tras la infancia, tras los viajes a París y su estancia en Canadá, tras su boda con Annick y su relación con Jorge —de quien se alejó con el tiempo y que falleció en un accidente de tráfico en 1984, a los 30 años—, tras su vida familiar un tanto tumultuosa, Federico de Haro se interesa también por los encontronazos más célebres con el poder. Quizás el más famoso sea su <em>Cuervo ingenuo</em>: en 1986, Joaquín Sabina ofrece un recital en el Teatro Salamanca, que Televisión Española compra con la intención de retransmitir unos días más tarde. Allí acuden varios amigos, entre ellos Krahe, que rehace la letra de una canción ya esbozada para criticar —entre otras cosas— <strong>el cambio de postura del PSOE,</strong> que pasó de oponerse a la entrada de España en la OTAN cuando estaba en la oposición a apoyarla cuando entró en el Gobierno. “Tú mucho partido, pero / ¿es socialista, es obrero / o es español solamente?”, cantaban Krahe y Sabina, aunque su verso más doloroso e intemporal, quizás por poético, sea “Hombre blanco hablar con lengua de serpiente”. Resultado: <a href="https://elpais.com/diario/1986/02/24/radiotv/509583603_850215.html" target="_blank">TVE veta la canción, que no se emite por la tele</a>, a lo que sigue una gran polémica... y la cancelación de varios contratos que el músico tenía ya firmados con ayuntamientos socialistas.</p><p>Pero después llegaría otra gran polémica, con juzgado incluido: en 2004, el programa <em>Lo + Plus</em> recupera uno de los cortos grabados en los setenta por el músico y su amigo José Seseña, titulado <em>Sobre la cristofagia</em>, en el que <strong>se dan instrucciones para hornear un crucifijo</strong>, a la manera de los programa de cocina y en un guiño a la eucaristía, en la que según el dogma de la transubstanciación, el pan y el vino se convierten de manera literal en la carne y la sangre de Cristo, que los fieles ingieren. Al poco llegó la denuncia de dos abogados del Centro Jurídico Tomás Moro, <a href="https://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=6376" target="_blank">alentada por la organización ultra Hazte Oír</a>, que le acusaban de un delito contra los sentimientos religiosos. El juicio no llegará hasta 2010 y <a href="https://ep00.epimg.net/descargables/2012/06/08/391c7931069d6c3df7a7c2817d49f371.pdf?rel=mas" target="_blank">la sentencia, hasta 2012</a>: absuelto. Además del engorro del juicio —y de llegar a valorar exiliarse a Francia si resultaba condenado—, a Krahe le molestaba especialmente que no se respetara el título del corto, que a menudo se presentó como <em>Cómo cocinar a un Cristo</em>. “A nosotros nos queda el consuelo de que de allí saliera la canción 'Fuera de la grey”, dice De Haro.</p><p>Uno de los mayores desafíos biográficos ha sido tratar de definir la filiación ideológica de Krahe. En el prólogo, Julio Llamazares le llama <strong>“el juglar anarquista”</strong>, una calificación que él solo aceptó son sorna: “Soy anarquista de cinco a seis y media, que es cuando duermo la siesta”. En su estantería sí figuraban unos cuantos volúmenes dedicados al pensamiento libertario, que es en el que podría situarse también a su maestro, Georges Brassens, pero Krahe no ejerció nunca ningún tipo de militancia activa, <strong>huía de los movimientos colectivos </strong>y decía que lo suyo eran las <em>poquedumbres</em>. “Creo en la profunda inutilidad de todos los actos de tipo político”, llegó a decir. “Creo que lo que más lo define es <strong>el rechazo total a ser etiquetado</strong>”, dice su biógrafo. “Creo que Krahe era muy consciente de que definir es limitar, y definirse es limitarse. Eso hace que no responda a estereotipos, que no se le incluya en las grandes multitudes a las que podría ser cercano”. No es casualidad que el título, sacado de la canción <em>Sonata de otoño</em>, sea una triple negación: “Ni feo, ni católico, ni sentimental”. Dejó claro lo que no era. ¿Y lo que sí era? Pues todo lo demás, por supuesto.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Apr 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Javier Krahe, el genio cotidiano que “no necesitaba a nadie para ser alguien”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,Cultura,Javier Krahe]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Canciones para el "maestro" Krahe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/canciones-maestro-krahe_1_1167617.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0c78a33f-46c6-4052-839f-d3722d220a2d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Canciones para el "maestro" Krahe"></p><p>Javier Krahe, cuentan sus amigos, tenía el siguiente ritmo de trabajo: escribía cuatro canciones al año, en vacaciones, y grababa un disco cada tres. Por eso ellos se han tomado "con la misma paciencia y la misma calma" publicar el disco de homenaje <em><strong>La sonrisa de Krahe</strong></em> que ahora lanza Sony. El trabajo nace de <a href="http://www.rtve.es/alacarta/audios/especiales-radio-3/sonideros-sonrisa-krahe-concierto-homenaje-20-11-16/3807395/" target="_blank">un concierto</a> celebrado el 20 de noviembre de 2016, más de un año después de que Krahe falleciera, en Zahara de los Atunes, aquel 12 de julio. Allí, en la sala Galileo Galilei de Madrid, estaban los autodenominados <strong>Huérfanos de Krahe</strong>, Javier López de Guereña, Andreas Prittwitz y Fernando Anguita, músicos habituales del homenajeado. Y con ellos, un puñado de amigos a los que habían conseguido reunir, como <strong>Joaquín Sabina, el Gran Wyoming, Javier Ruibal </strong>o <strong>Pablo Carbonell</strong>. Los dos primeros se unían a los "huérfanos" este jueves para presentar el disco de aquel directo en la misma sala en la que se grabó. </p><p>"Ha sido el mejor amigo que he tenido nunca. El mejor interlocutor", recordaba Sabina, que compartió con Krahe los primeros tiempos de La Mandrágora, nombre del bar de la Cava Baja en el que empezaron a tocar, junto con Alberto Pérez, y del disco de 1981 que grabaron juntos. De aquel antro recuerda el músico unos versos escritos por su "maestro": "La Mandrágora/ es una planta/ baja de un sotanillo/ donde se canta". Porque eso fue Krahe para él: "En la vida siempre he necesitado maestros, y el mejor que he tenido ha sido él". En el nuevo disco, el jienense interpreta <strong>"La tormenta"</strong>, versión de Georges Brassens que Krahe cantaba ya por entonces, pero también recita su poema "Lo quise tanto", que confiesa: "Lo quise tanto que lo odiaba a veces/ porque era tan mejor que me borraba". "Krahe no es que fuera vanidoso", insiste ahora, a meses de que se cumplan cuatro años desde su muerte, "es que era el mejor". Sabina ha sumado a la lista <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2019/02/01/joaquin_sabina_lanza_coplas_pateticas_cancion_inedita_que_dejo_javier_krahe_antes_morir_91433_1026.html" target="_blank">"Coplas patéticas"</a>, versión de la única canción completa que su amigo dejó sin grabar. </p><p>Entre anécdota y anécdota sobre el cantante y letrista, el Gran Wyoming se deshacía también en elogios: "Tuve la suerte de ser amigo suyo, era un instructor. Era sabio en el sentido de que sabía en todo momento lo que había que hacer. Yo solo he tenido fe en un ser humano, y era él". Wyoming interpreta en el disco <strong>"Antípodas"</strong>, un divertimento en el que Krahe termina cada verso con una palabras esdrújula. Lo hace de nuevo sobre el escenario en la presentación, acompañado de nuevo de los Huérfanos, añadiendo un preludio en inglés: "A él no le gustaba que se cantase en inglés", bromea frente al micrófono, "ahora que se aguante". Es la misma canción que interpreta en el DVD que acompaña al disco, cortes tomados también del directo que complementan los temas que figuran en el CD. Por uno o por otro se pasean <strong>Quequé, Dani Flaco, Pepín Tre, Alejandro García, Eva Hache, David Broncano, Tomasito</strong>... En ambos aparece, al final, la grabación de <strong>"Marieta"</strong>, la última canción que interpretó Krahe, bis final del concierto que celebró 20 días antes de su muerte. A ambos discos acompaña el el documental <em>Que valga Krahe, que si no...</em>, de Lupe Alfonso, que sigue en Cuba el empeño del rapero Kamankola por celebrar otro concierto de homenaje al músico. </p><p>"No teníamos la necesidad de hacerle un homenaje porque<strong> le teníamos muy presente</strong>", cuenta Javier López de Guereña en la presentación. De ahí, claro, la poca premura. Pero querían darle la oportunidad "a la gente que le quiere" y a sus seguidores de despedirse de él. No pensaban precisamente en una despedida lacrimosa. Él mismo recuerda que, cuando murió el músico, el Gran Wyoming y él estaban "llorando, pero llorando" y a la vez <strong>"partiéndo[se] de risa"</strong>. Wyoming recuerda uno de los particulares elogios de Krahe: "Tú eres el que mejor hace las cosas mal". Sabina recuerda haberle preguntado tras un concierto qué le había parecido: "Muy Salieri", contestó él, con guasa. "Era un cabrón", zanja entre carcajadas. Años después, conservan la sonrisa del "maestro", del "amigo", del "instructor". Lo resume Sabina citando a Jorge Manrique: "Aunque la vida perdió dejónos harto consuelo su memoria".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Feb 2019 15:57:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <title><![CDATA[Joaquín Sabina lanza 'Coplas patéticas', la canción inédita que dejó Javier Krahe antes de morir]]></title>
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      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d9432b0f-1546-4fde-b678-7e57e027153b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Joaquín Sabina lanza 'Coplas patéticas', la canción inédita que dejó Javier Krahe antes de morir"></p><p><strong>Joaquín Sabina</strong> estrena este viernes "<strong>Coplas patéticas"</strong>, nueva canción extraída del CD+DVD <em>La sonrisa de Krahe</em>. Se trata de el único tema inédito que dejó <strong>Javier Krahe</strong> antes de morir, en julio de 2015 ahora interpretado por Joaquín Sabina y Los Huérfanos de Krahe, la banda que tradicionalmente acompañaba al cantautor.</p><p>La noche del 20 de noviembre de 2016 se reunió en la <strong>Sala Galileo Galilei</strong> de Madrid un puñado de amigos con el objetivo de rendir el tributo que el cantautor y poeta madrileño merecía. Joaquín Sabina, Javier Ruibal, Dani Flaco, El Gran Wyoming, Pepín Tre, Pablo Carbonell y muchos más se sumaron a la fiesta que este 22 de febrero se plasma en un lanzamiento que culmina el homenaje. Y lo hace bajo el mismo título que aquel concierto: <a href="https://sonrisadekrahe.lnk.to/Reservand" target="_blank">La sonrisa de Krahe</a>. La sonrisa de Krahe es un CD con aquel concierto y tres temas más. Uno de ellos es el único inédito que dejó Javier antes de morir, <em>Coplas patéticas</em>, interpretado por Joaquín Sabina y los <strong>Huérfanos de Krahe</strong>, grabado en estudio en diciembre de 2018.</p><p>Y es también un DVD con ese concierto homenaje, realizado y montado por Xavi Fortino, y con el documental <em><strong>Que valga Krahe, que si no...</strong></em>, de Lupe Alfonso, rodado en Cuba. El CD incluye precisamente dos temas del concierto de La Habana sobre el que pivota este documental, surgido de la amistad que Krahe forjó durante los últimos años de su vida con el rapero con guitarra cubano Kamankola.</p><p>"Tenía que ser una fiesta, no un lamento", rememora el músico López de Guereña, estrecho colaborador de Krahe durante tres décadas. Él mismo es, junto a Carmela Martínez Oliart (ahijada de Javier) y Julio Muñoz, el director de un proyecto que cuenta con todo el apoyo de la familia Krahe, su viuda Annick y sus hijos, Violante y Marco, y cuyo objetivo no era tanto ensalzar su figura y herencia artística. Quequé, Barahúnda, Kamankola, Alejandro García, Eva Hache, Quico Pi de la Serra, Juan Manuel Ruiz Pardo, Maleso, Tomasito, David Broncano y Francisco Simón también formaron parte del elenco de la sala Galileo, a los que se suman Fran Delgado y Fernando Bécquer desde el homenaje de Cuba, para completar<em> La sonrisa de Krahe</em>, versión CD, con Marieta, <strong>la última canción que Javier interpretó en público</strong>: el último bis de su actuación final, 20 días antes de tomarse estas vacaciones eternas.</p><p>Aquel otro tributo cubano queda perfectamente plasmado en el documental, que gira en torno al concierto en el <strong>Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes</strong> de enero de 2017, en el que una selección de artistas locales —y algún otro llegado desde España— interpretaron los temas del gran Javier acompañados por los huérfanos. Temas como <em>La tormenta</em>, <em>Salomé</em>, <em>Antípodas</em>, <em>En la costa suiza</em>, <em>Como Ulises</em>, <em>Hoy por hoy</em>, <em>Blues del séptimo cielo</em> o <em>Un burdo rumor</em> forman parte del repertorio que sonó en Madrid y La Habana. Todo eso queda plasmado en esta Sonrisa tan especial, envuelta en un cuidado diseño artístico de Javier Tasio, y que abre la fiesta del Galileo en su versión DVD con un breve montaje de <a href="https://www.filmaffinity.com/es/film738061.html" target="_blank">Esta no es la vida privada de Javier Krahe</a>, documental dirigido por Joaquín Trincado y Ana Murugarren.</p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Feb 2019 09:37:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <title><![CDATA[Los versos de Sabina en el primer aniversario de la muerte de Krahe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/versos-sabina-primer-aniversario-muerte-krahe_1_1128528.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4859c5ff-f8b0-4e7a-8924-bf592a7072ed_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los versos de Sabina en el primer aniversario de la muerte de Krahe"></p><p>Este martes hace exactamente un año de la muerte del cantautor <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2015/07/12/muere_javier_krahe_los_anos_35317_1026.html" target="_blank">Javier Krahe</a>, que falleció a los 71 años de edad en su casa de Zahara de los Atunes (Cádiz). </p><p>La noticia causó un <strong>revuelo</strong> entre diversas personalidades de la política y, sobre todo, de la cultura, que lamentaron el fallecimiento del cantautor. Uno de los políticos que más rápidamente se hicieron eco de la noticia fue el líder de Podemos, Pablo Iglesias, quien además compartió escenario con él en noviembre de 2014 en la Sala Galileo de Madrid. "<strong>Se nos va el gran Javier Krahe</strong>. Que la tierra te sea leve amigo. Fue el mayor honor entrevistarte y cantar contigo", señaló. Por su parte, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, lamentó también el fallecimiento del cantautor. "<strong>No puede marcharse ahora</strong>, Madrid tiene aún muchas deudas con él y con su lucidez", indicó.</p><p>Su amigo y compañero de profesión, <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2015/07/12/joaquin_sabina_hoy_poesia_decencia_saber_vivir_estan_absolutamente_luto_35323_1026.html" target="_blank">Joaquín Sabina</a>, fue una de las personalidades que más lamentaron su muerte. "Hoy la poesía, la decencia y el saber vivir están absolutamente de luto", señaló. Ahora, en el primer aniversario de su muerte, le dedica dos sonetos y un "brindis".</p><p><strong>Dos sonetos y un brindis para Krahe</strong></p><p>1.</p><p>Lo quemaron en la hoguera, por blasfemia,</p><p>los esbirros tridentinos de la fe,</p><p>los licores del amor y la bohemia</p><p>maquillaban sus arrugas y su sed.</p><p>Conjuraba con su verbo la epidemia</p><p>de un decenio tan vulgar y tan fané,</p><p>con su canto, su orfandad, su polisemia,</p><p>les quitó a las semifusas el corsé.</p><p>Qué más puedo decir, era mi hermano,</p><p>mi cómplice, mi cuate, mi maestro,</p><p>en un bar sin ventanas a la RAE.</p><p>Competía con Brassens cada verano,</p><p>tan anarquista y, sin embargo, diestro</p><p>en el apocalipsis según Krahe.</p><p>2.</p><p>Lo quise tanto que lo odiaba a veces</p><p>porque era tan mejor que me borraba,</p><p>multiplicó mis panes y mis peces</p><p>y temprano acabó lo que se daba.</p><p>Me quedé con el ruido, él con las nueces,</p><p>yo con el mal menor, él con las bravas,</p><p>ambos contra la gola de los jueces,</p><p>hasta en el diccionario cuecen habas.</p><p>Ejercí de escudero de su arte,</p><p>él me trataba como al pijoaparte,</p><p>amaba ser Caín si yo era Abel.</p><p>Cada cual a su forma y a su modo</p><p>compartimos buñueles contra nodos,</p><p>nunca tendré un compadre como él.</p><p>Brindis</p><p>Brindo por la razón del imprudente,</p><p>por las cartas de amor de los soldados,</p><p>por el voto con dos dedos de frente,</p><p>contra el olvido de los olvidados.</p><p>----------------------</p><p>Estos versos se publicaron originalmente en el número de tintaLibre de este verano.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Jul 2016 15:07:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Joaquín Sabina,Música,Cantantes,Cultura,Javier Krahe]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Javier Krahe, la ironía como escudo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/javier-krahe-ironia-escudo_1_1116754.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7357a830-29d8-40ff-aefd-99c091669abc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Javier Krahe, la ironía como escudo"></p><p><em>“Hay verdades que se sienten dentro del cuerpo, como el hambre o las ganas de mear.”</em></p><p>La cita es de <em>La colmena</em>, de Camilo José Cela. Camilo José Cela no tiene absolutamente nada que ver con esto, por supuesto, y mucho menos con quien protagoniza esto. Camilo José Cela estaría en las antípodas, como suele decirse, de nuestro hombre (si bien, como solía decir nuestro hombre, “en las antípodas / todo es idéntico: / tienen teléfonos, / tienen semáforos, / con automóviles, / con sancristóbales...”). Digamos que <strong>Camilo José Cela habría vivido en un país, o galaxia, antipódica a la de nuestro hombre</strong>; si bien, claro, ambos países compartirían ciertas trazas de paralela fatalidad (“...tienen políticos / más bien estúpidos, / pero son súbditos / muy pusilánimes...”). Digamos, para decirlo todo ya, que Camilo José Cela viviría mucho más cómodo en su país que nuestro hombre en el susodicho distinto mismo.</p><p>Pero la frase –a cada César lo suyo, y ésta pareciera de Vallejo, de un Vallejo distraídamente ebrio–, esa frase de <em>La colmena</em> se impone firme para aludir o perfilar a nuestro hombre, a este hombre y su circunstancia. Así como a la primera vez en su vida que este hombre sintió que quería salir a cantar a un escenario: no que tenía, sino que quería; se lo susurraba el cuerpo.</p><p>“Creo que cuando llevaba como 25 actuaciones. Digo veinticinco porque creo que hice un repaso: aún podía contar las veces que me había subido. Noté algo; un hormigueo en las piernas. <strong>Siempre tenía las piernas flojas cuando salía</strong>. Y estaba esperando para salir, detrás de una cortina, en un auditorio, y de pronto noté un hormigueo y dije: Uy, esto es que me apetece salir. El día anterior no me apetecía; o sea, teóricamente sí, en la práctica no... Pero me emperraba. También porque estuve muy apoyado siempre; yo nunca estuve solo cantando. Al principio estaba con Chicho [Sánchez Ferlosio], y luego con el Sabina [Joaquín Ramón Martínez]: yo hacía tres canciones, y él otras tres, y así... Y me tenía calado, me miraba con angustia... Y a lo mejor a la segunda mía ya salía él... Porque se me paralizaba la mano. Pero paralizada. Y era, joder... No podía tocar la guitarra. Y claro, es que el enemigo era la guitarra; no era mi aliado, era mi enemigo... Pero ese día sí, lo sentí en las piernas [las ganas de cantar, no de mear]. Lo llamo hormigueo porque no se me ocurre cómo llamarlo; era algo. <strong>Que quería subir al escenario. Mientras que las otras veces lo hacía por convencimiento</strong>; era lo que me había propuesto y por lo tanto tenía que hacerlo. Pero no me gustaba”.</p><p>Javier Krahe de Salas (Madrid, 1944 – Zahara de los Atunes, 2015) me está contando todo esto, desde hace un rato, en torno a una mesa, en la calle, tratando de elevar caritativamente la voz por encima del estruendo de una obra cercana, los coches que pasan casi a nuestro lado, el trajín de señoras y niños y curritos de la obra misma que van de su sobriedad a sus asuntos... Porque son las doce y media, la una, de un mediodía de noviembre (2013) en Granada; hace sol, y el frío –ese frío que bajará pronto de Sierra Nevada, al norte del Muro (zirí), como una turba de bandidos, a pasar a cuchillo las calles del Albaicín– duerme todavía a mediados de este mes: puede uno sentarse en una terraza del centro, a la sombra incluso, y no sentir que tiene los pies metidos en un acuario de pirañas. La prueba irrefutable es Javier Krahe, que se ha sentado aquí, en la terraza de una cafetería cercana a su hotel en Recogidas, a desayunar imperialmente mientras lee –refunfuñando– <em>El País</em>. <strong>Quiere decirse que si Javier Krahe se ha sentado aquí a desayunar, es que aquí se está bien desayunando</strong>. Javier Krahe se ha sentado aquí a desayunar porque es lo que le ha sugerido su naturaleza (“¡Le pedía el cuerpo acción!”), y porque es lo que hacen los verdaderos triunfadores sociales después del mediodía (que, como reveló Sabina a Jaime Bayly en una ocasión, si uno a cierta edad no ha conseguido levantarse después del mediodía “es un fracasado total”). Se ha sentado aquí, Javier Krahe, porque Javier Krahe no acataría ese mediodía, al fichar en el mundo, más reloj que la brújula santa de su entrepierna, más capitán que su cuerpo cano, más dios que la libertad, más ley que la fuerza y el viento ni más patria que la barra (la mesa, bueno, con café escueto) de un bar...</p><p>Que por eso no llegó a extrañarse del todo, este plumilla, cuando, a las doce en punto y todo a proa para la cita, se encontró con Javier Krahe no en la recepción del hotel, que era lo acordado, sino en la terraza de marras: el plumilla reparó, mientras llegaba al sitio, en que <strong>no era cristiano pegar la hebra con Javier Krahe sin llevar tabaco encima</strong>; así que viró a estribor, dobló la esquina en busca de la hierba india... y ahí que se encontró con un señor igual que Javier Krahe, sentado a una mesa, olvidado del mundo, leyendo un periódico.</p><p>–¿Javier...? Hola, perdona... Ehh... Soy el periodista. Habíamos quedado, ¿te acuerdas? En el hotel, a las doce... ¿...Te acuerdas...?</p><p>Emergió del periódico, por encima de sus gafas de leer, entre la estupefacción y la sospecha; como un huido de la ley al que no cuadra que le llamen por su nombre en un país tropical (yo podría ser de la Interpol).</p><p>–Aaah... Bueno, bueno. Claro. Sí, sí... –trataba de ganar tiempo, taimado, con educación exquisita, sin perder la calma y calculando rápido la manera de escapar mientras me ofrecía la silla a su lado.</p><p>(“–Sólo serán unas preguntas. No se alarme.</p><p>–Todo lo que tenía que decir lo he dicho ya en los conciertos...”)</p><p><strong>PREGUNTA: ¿Cuándo se decidió a cantar? Decía, en el documental que hicieron sobre usted [La vida privada de Javier Krahe: muy recomendable y muy accesible por ahí] que un día se levantó y dijo: ‘Pues me hago cantante...’ –Krahe se sigue pensando mucho, todavía, las respuestas; tiene miedo a delatarse:</strong><em>La vida privada de Javier Krahe</em></p><p><strong>RESPUESTA:</strong> Eso fue al cumplir los 30. Se lo dije a mi mujer [Annick, canadiense, a la que se unió desde muy pronto]: “Me voy a hacer cantante”. Y me dijo: “Javier, nunca te he oído cantar”.</p><p><strong>P.: ¿Ni en la ducha siquiera?</strong></p><p><strong>R.:</strong> Bueno, sí, porque yo canturreo... Pero era canturrear. En casa o conduciendo. Canciones de otros, no mías... Y el caso es que me dijo eso, “nunca te he visto cantar”. Digo: “Ya lo sé, pero lo voy a hacer”. Dice ella: “Y cuándo”. Digo: “Bueno... Pues primero me tendré que agenciar una guitarra, y aprender a tocar algo (porque no sabía tocar ni nada)... Y, visto que tengo 30 años y va a ser difícil, pues en diez años”. Y me dijo: “Ah, vale, vale...”. La verdad es que me subí a los 35. A todas luces fue prematuro. [Nos reímos, por primera vez: quien suscribe abiertamente; él más con el humo de su segundo o tercer purito cosquilleándole en los ojos claros: a veces se pondrá a toser de manera alarmante; un tiempo que aprovechará para seguir pensando la respuesta, y retomarla en el punto exacto en que la dejó] … Porque yo no sabía tocar la guitarra ni a los 35. Se me daba fatal. Se me daba... bueno. Aun así, me acompañaba como quien tiene una cosa de percusión en las manos, no algo armónico, sino para hacer chimpún-chimpún. Además me confundía en los acordes, y era un poco desastroso.</p><p>[Se sabe, quizás por boca del compinche que cantaba entonces con él, 3-3-3 canciones, que Krahe llamaba al acorde de Fa mayor, que lleva cejilla, “la difícil”.]</p><p><strong>P.: Por entonces, cuando empezó a componer, ¿cómo nacían las canciones? ¿Surgían solas; como remedos conscientes de otras melodías que le gustaban...?</strong></p><p><strong>R.:</strong> Por aquel entonces creo que no. Sonaban en la cabeza. Luego, al coger la guitarra, y entre que me equivocaba o no encontraba el acorde que buscaba, a lo mejor daba con otra manera, y la modificaba. Ahora lo que pienso lo acabo sacando siempre con la guitarra... Pero puede pasar que esté un año entero sin tocar una guitarra.</p><p><strong>P.: ¿Literalmente?</strong></p><p><strong>R.:</strong> Generalmente es en el mes de julio cuando la cojo. Pero ahora ya eso también ha cambiado, porque el mes de julio lo pasaba solo, y entonces me era muy provechoso para hacer canciones. Pero ya mi mujer se jubiló, hace tres años, y también se viene en julio [a su casa de verano, en Zahara de los Atunes]. Entonces ella tiene cantidad de ideas para hacer cosas. Y no es como antes, que estaba yo solo. Por las mañanas era levantarme cuando me despertara, irme a desayunar y a leer el periódico... A veces, pocas, a la playa. Comía fuera... No hacía nada en la casa. Ni la cama. Y luego, la siesta. A las 7 me hacía un café y ya estaba en marcha; cogía la guitarra y el cuaderno, y empezaba pues por un lado o por otro, la guitarra o el cuaderno, según lo que tuviera, hasta las doce; cinco horas. Y estaba muy bien. Cada mes de julio me hacía cuatro canciones, y cada tres años tenía una docena para hacer un disco.</p><p><strong>P.: La vida debería ser eso.</strong></p><p><strong>R.:</strong> Sí, debería ser. A veces un compromiso de trabajo, la presión, da buen resultado. Pero en general debería ser absolutamente libre... De todas formas eso se acabó. Es que siempre se le ocurre algo que hacer a mi mujer. ¡Y son una barbaridad de cosas! A mí me hace mucha gracia esa forma de ser que tiene. Porque además tiene previsto todo... Claro, a mí me soluciona cualquier cosa también. Me dice: “Hay que cambiar las sábanas”, y maldita la gana. Pero cuando las has puesto dices ah, pues qué bien...</p><p><strong>P.: ¿Sabe ya cuál es el secreto de la convivencia, para que pueda durar con un cierto equilibrio?</strong></p><p><strong>R.:</strong> La verdad es que yo tengo muy buena relación con mi mujer... Y el secreto, pues no sé... Bueno, hay una cosa: ni ella ni yo levantamos nunca la voz. Hablamos en voz bastante baja, y eso creo que ayuda mucho. Yo no soy nada broncas, entonces... Recuerdo un día que estábamos con mi hija comiendo, y de pronto dice: “Esto está malísimo” (lo había hecho ella, que cocina muy bien). Y yo, que andaba haciendo así, apartando a los bordes del plato como los niños... Y repite: “Está muy malo, ¿no?”. Y ya digo: “Está malísimo”. Y me dice: “Mira, Javier, llevamos 18 años, y jamás has dicho nada”. Digo: “Encima que me pones de comer...”.</p><p><strong>P.: Parece que fue un niño bastante feliz, ¿lo fue?</strong></p><p><strong>R.:</strong> Sí. Pero a partir de los 11 años, aun siéndolo, en el colegio [del Pilar de Madrid] era un amargado de la vida. Estudiar nunca he estudiado; yo no sé lo que es coger un libro y estudiar. Pero bueno, aun así tenía mis amigos de clase, y estaba muy bien. Antes de eso era buen alumno, pero porque no me costaba ningún trabajo. Ya luego, cuando sí que había que estudiar o hacer los deberes, pues no los hacía. Hasta los 16, que ya me echaron.</p><p><strong>P.: Ya ni se preocupaba de ir tirando con un cinco...</strong></p><p><strong>R.:</strong> No... Sacaba un libro y me ponía a leer...</p><p>Suena de nuevo –ha sonado varias veces ya– su teléfono móvil: porque está de gira, promocionando nuevo disco, <em>Las diez de últimas</em>; mucha intriga y equívoco respecto al título –jovialmente alimentados por él– entre la prensa, aunque aludía simplemente al hecho de ser eso, diez canciones de las últimas (once: pero le gustaba más cómo sonaba diez) que tenía hechas. Le van a ir llamando por goteo, los oportunos colegas, a lo largo de las próximas horas. Generalmente en los momentos exactos en que estuviere a punto de culminar, tras silencios eternos, una reflexión fundamental para el pensamiento de Occidente. Pero se muestra animado, en esas entrevistas telefónicas (“Pues será un espectáculo de hora y media, como las películas, y se supone que con bastante humor, y que la gente se reirá, o sonreirá...”), mientras servidor aprovecha para mirar al norte y recordar su propia conversación telefónica con él, la tarde anterior, perpetrada a una hora decente, más allá de la siesta pero antes de la caída del sol.</p><p>Más o menos así:</p><p>–Hola, Javier, ¿qué tal? Soy el periodista de mañana, que me han pasado tu número para quedar.</p><p>–... ... ...</p><p>–¿...Aaaa qué hora te vendría bien? ¿Al mediodía?</p><p>–...Mmmm... Eh... Bueno... a las doce. A las doce estaría bien. A las doce.</p><p>–A las doce, perfectamente. ¿Dónde nos vemos? ¿En algún bar, cafetería...?</p><p>Entonces hubo otro silencio súbito, dubitativo; angustiado casi por momentos al otro lado de la línea.</p><p>–Es que... –se arrancó al fin: y uno ya temía que alguien le estuviera amenazando, en su habitación del hotel, a punta de pistola– … Es que no conozco ningún sitio por aquí.</p><p>–Tranquilo, hombreee; tú espérame en el hotel, y ya paso yo por ti.</p><p>Al final lo acabó encontrando él solo, el sitio, sin ayuda de nadie (y sin avisar). Pero esa hilarante estampa de Javier Krahe al otro lado del teléfono, sufriendo por no conocer ningún sitio en la ciudad al que llevar al periodista (que vive en esa ciudad) para hacer la entrevista, daba una medida bastante aproximada del ejemplar: algo clamoroso había en él de extraterrestre, de ente hipercivilizado de otra dimensión que se hubiera visto obligado a vagar un tiempo por un planeta de retrasados mentales (“El planeta más reaccionario de la galaxia”, escribió una vez García Márquez) con relojes, hipotecas y simios con bafles a las cuatro de la tarde. Aunque, quizás, era justo lo contrario: que fuese precisamente su exceso de humanidad –su humanidad rarísima, virginal, su humanidad casi monstruosa– lo que le hacía parecer tan extranjero, tan extraño a la vida y sus costumbres actuales; las diurnas, al menos. El resultado en cualquier caso era éste: un hombre que parecía un anciano que parecía un niño que por entender tantas cosas acababa por no comprender nada; de modo que parecía estar siempre pidiendo auxilio sin pedirlo, para poder cruzar la calle, con un pudor gigantesco a molestar.</p><p>En cualquier caso, y extraterrestre o no... “en las antípodas / todo es idéntico... / los hay escépticos, / los hay fanáticos; / pero en la práctica / no ves apóstatas / sino en los márgenes / o con prismáticos... / En las antípodas / todo es idéntico, / idéntico a lo autóctono...”.</p><p><strong>P.: ‘Cuervo ingenuo no entender’</strong></p><p><strong>R.: </strong>“...Casi nunca tengo hambre... Ya sólo como al mediodía. Y además esto me gusta [la tapa que nos han puesto, ahora en el interior del mismo bar-cafetería]. Pero hace muchos años, como veinte o así, dejé de cenar. Simplemente porque: ¿por qué tengo que comer, si no tengo hambre ni nada? Entonces lo dejé. Cuando tengo hambre como. Además lo celebro mucho: ¡Ah, tengo hambre!... Bueno, como soy consciente de que tengo que alimentarme, pues como al mediodía, normal...”.</p><p>Los horarios de la civilización terrestre permiten ya pedir cañas y vino blanco en vez de café, así que ahí hemos entrado, a tomar algo en una mesa con taburetes antes de la comida propiamente dicha, que hoy sí tomará Javier Krahe porque tiene hambre, y esta noche actúa en el Planta Baja. Tiene hambre y tiene clarísimo lo que querrá comer una hora después: paella. Querrá paella, y buscaremos el lugar en que puedan servir paella a Javier Krahe en las calles aledañas, porque Javier Krahe quiere comer paella (“no todo va a ser follar”).</p><p><strong>P.: Una cosa, Javier: sus obsesiones, o su manera de ver las cosas, ¿ha notado que cambiasen con los años?</strong></p><p><strong>R.:</strong> Bueno, sí. Pero no sé si es que ha ido variando o es que la vida a golpes te...</p><p><strong>P.: ¿...Quita fuerza...?</strong></p><p><strong>R.: </strong>Sí, se pierde fuerza. Pero bueno, en fin, también lo sabía yo. Es que es así. Y hay que tomárselo con humor. No hay otra manera.</p><p><strong>P.: Chesterton dijo una cosa con la que seguramente estará de acuerdo: “La vida es demasiado seria como para no tomársela en broma”. ¿Está de acuerdo?</strong></p><p><strong>R.: </strong>Sí... Sí. Siempre he dicho que el humor, o la ironía, no es un arma: es un escudo. Para defenderte del mundo. Por eso hay que tomárselo a broma... Porque claro, es imposible tomarse a broma ciertas desgracias, pero la vida más normal está llena de cosas desagradables, y si se las toma uno a broma, se defiende bien.</p><p><strong>P.: ¿A quién admira más?</strong></p><p><strong>R.:</strong> Yo soy de los de El Roto.</p><p><strong>P.: ¿Y qué le desquicia?</strong></p><p><strong>R.:</strong> El ruido. El ruido me desquicia. Luego, no me desquicia pero me molestan mucho los nuevos achaques. Eso que no has tenido nunca y que de repente dices, ¿y esto?</p><p><strong>P.: ¿Cree que es el miedo el gran enemigo?</strong></p><p><strong>R.: </strong>Sí, eso es el miedo... Es castrador. Y claro, una sociedad asustada no es nada agradable. El que trabaja tiene miedo: si le bajan el sueldo, tiene miedo a protestar, lo pueden echar... Se aprobó una reforma laboral con despido libre, como quien dice, y están acojonados. Y... a mí estas cosas no me afectan personalmente, pero claro que me preocupa que la sociedad sea así.</p><p><strong>P.: Usted habrá pasado por épocas muy distintas en su vida...</strong></p><p><strong>R.: </strong>Pero sólo en el 92 he sentido el peligro. Sí, en el 92, con la Expo y demás, el país se volvió idiota, y llegó septiembre y no había trabajado ni un día (bueno, uno, pero gratis), y no me llamaron de los garitos que yo había llenado el año anterior... En el caso de las Olimpiadas no sé cómo fue, pero en la Expo ya había corrupción por todos los lados... Pero como había mucho dinero, pues a la gente le daba lo mismo.</p><p>Le pregunto entonces si alguna vez se sintió solo en el oficio, y casi por primera vez en toda la conversación responde sin vacilar: “Sí. Cuando canté Cuervo ingenuo... Eso realmente debió haber suscitado un escándalo entre los músicos...”. Es uno de los grandes luminosos de su biografía, de ahí que él no tenga que explicarlo: en febrero del 86, su cómplice en el génesis musical de ambos junto a Alberto Pérez en el sótano de La Mandrágora (ver luminoso mayor), Joaquín Sabina, le invitó a cantar con él un tema al alimón en su puesta de largo en el Teatro Salamanca, durante la grabación de su doble disco en directo Sabina y Viceversa; el primer punto de inflexión en cuestión de repercusión comercial y mediática de Sabina. Para ello, Krahe rebuscó entre sus borradores y, entre las ganas de guerra (“Felipe González era un impostor”) y cierto documental sobre un indio norteamericano que le impresionó gravemente, el cantautor cinceló un cuchillo de obsidiana en forma de sátira anti-Felipe (y anti-OTAN, y anti-PSOE) que levantó una polvareda considerable: sobre todo porque la canción fue hecha desaparecer de la retransmisión del mencionado concierto de Sabina por TVE. Cuentan que cierto testigo dijo no poder reproducir después las palabras literales que había usado Felipe González para definir a Krahe. El caso es que nadie o casi nadie dijo públicamente una sola palabra para definir la curiosa manera de entender la libertad de expresión (y el sentido del humor, y el talento) de Felipe González. En 1986; año 11 Después de Franco, año 4 de Nuestro Señor Socialista. Y sólo José Antonio Labordeta llamó a Krahe en solidaridad, ofreciendo si era menester su hacha aragonesa.</p><p><strong>P.: ¿Y Sabina cómo se tomó aquello? Al ser su concierto, algo tendría que decir.</strong></p><p><strong>R.: </strong>Bueno, sí, pero... Ese día y los siguientes, él estaba absolutamente invadido en lo suyo, porque hay que tener en cuenta que fue su salto a... –se calla un momento. Luego continúa–: Me lo dijo. Unos años después. Me dijo: “Yo estaba idiota en aquel momento”.</p><p><strong>P.: Bueno, le invitó a cantar esa canción y la cantó con usted; no sería por cobardía... A lo mejor no se dio cuenta.</strong></p><p><strong>R.: </strong>Eso me dijo él. Que estaba aturdido... –sonríe, mirando a los ojos, de manera insondable.</p><p><strong>P.: Después de eso, ¿cómo fue su relación con el mundillo? ¿Dejaron de llamarle; no pasó nada...?</strong></p><p><strong>R.:</strong> Bueno, de los ayuntamientos dejaron de llamarme. Pero de los garitos no, era igual. El cambio fue en el 92. No fue hasta noviembre (hablo desde enero) que volví a tocar... Pero me fue útil: fue la primera vez que me fui a la playa dos meses; como no tenía nada que hacer... Y recuerdo que tenía cinco mil pesetas. Cuando vino Annick le dije: “No tengo dinero. Tengo 5.000 pesetas”. Me dijo: “Bueno, no te preocupes, ya trabajo yo”. Le dije: “Ya lo sé, pero es que veo que no hay posibilidad de...”. Bueno, nunca he sabido hacer nada. Pero ya tenía una profesión, y ahora parecía que no la tenía. Le digo: “¿Cuánto tiempo me das?”. Dice: “Tres años. Si en tres años no te ganas la vida, te echo de casa...” [se ríe, por lo bajini]. Afortunadamente no hizo falta.</p><p><strong>“A lucky man”</strong></p><p>Salimos finalmente del bar, en busca de la paella prometida de Javier Krahe. Le pregunto varias veces (varias) si de verdad quiere que coma con él, si no le molesto; me responde que sí, que claro, que así “no come solo”. Además, hay que encontrar la paella. Finalmente la encontramos, en otra terraza cercana. Y antes de que nos la sirvan, ya sentados, le pregunto</p><p><strong>P.: ¿Qué es el éxito para usted?</strong></p><p><strong>R.:</strong> Ganarme la vida con la canción. Eso es el éxito, para mí en concreto.</p><p>Llegarán sus músicos, un rato después, a esta terraza en la que estamos: Fernando Anguita, Javier López de Guereña, Andreas Prittwitz: tres pájaros de igual talento para el escenario y el gamberrismo (que en este caso la misma cosa es) que le acompañaron durante media vida y casi toda su obra, y que lanzarán dardos puntuales a nuestra mesa mientras terminamos de comer. Hablamos de una pasión común mientras comemos, Leonard Cohen, que Krahe conoció hace décadas, en Madrid: “...Pues fue porque mi mujer es canadiense. Hace... ¿veinticinco, treinta años?... El embajador de Canadá hizo una recepción con él, un desayuno, e invitó a la gente que trabajaba ahí, Annick entre ellos. No sabían que yo cantaba, pero el cónsul me acabó presentando a él como cantante. El francés de Cohen era bastante precario y mi inglés también, pero así hablamos... Le dije: “Pero yo no estoy aquí como cantante, sino como el marido de una”. Y dijo él: “¿Cuál es tu mujer?”. Dije: “Ésa”. Y él respondió –lo imita, mirando fijamente y agrietando la voz aún más hasta la sima de la garganta–: “You’re a lucky mannn...”.</p><p>Hay un tema que el plumilla ha evitado mencionar deliberadamente toda la mañana, por ser lo que todo cristo le plantea siempre: La Mandrágora. Ese antro del barrio de La Latina, en Madrid, en el que Sabina y Krahe velaron sus armas de maestros mayores de la canción en castellano, se grabó un disco homónimo (1981) y décadas después todo el mundo de cierta edad dice haber cerrado, como el Mayo de París (cabían treinta personas en ese sótano). Ya hemos terminado de comer, y el mutismo taciturno de Krahe indica que sólo piensa ya en volver al hotel y honrar su misa diaria, o siesta del día, antes de la actuación de la noche. Queda para después con sus músicos, pago la cuenta, y al despedirnos en la esquina no puedo evitar hacerle la puñetera pregunta:</p><p><strong>P.: Javier: La Mandrágora, esa época, el cachondeo aquel; ¿fue tan bueno como parece, o es sólo mitología?</strong></p><p><strong>R.:</strong> Sí, sí que fue –responde, yéndose ya, y sonriendo francamente–... Y fue mejor.</p><p>Después desapareció por una esquina, camino de su siesta y del concierto de esa noche: un hombre afortunado.</p><p><a href="http://ctxt.es/es/20150722/Culturas/2072/Javier-Krahe-musica-Artes-y-letras.htm" target="_blank">Lee el artículo en Ctxt</a> </p><p> <span id="txt"></span></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Sep 2015 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Ángel Ortega Lucas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Javier Krahe, la ironía como escudo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Granada,Música,Entrevista,Cultura,Javier Krahe]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Krahe nos deja como unos gilipollas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/javier-krahe-deja-gilipollas_1_1115332.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>¿Pues no coge Javier Krahe, va y se muere? </p><p>Hace unos años lo llamé para pedirle que interviniera en el Día del laicismo, en Granada. Para convencerlo le dije: "Creemos que tienes temas que encajan de lleno con el laicismo; por supuesto, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=EAywexXPX04" target="_blank">El cromosoma</a>, pero también algunos más", y respondió fingiendo enfado: "¿Algunos?, ¡no, muchos!". Insistió en que le encantaría colaborar con nosotros, pero acababa de romperse una pierna y no pudo ser. Ya nos quedaremos esperándolo <a href="https://www.youtube.com/watch?v=Shlg_vjCYUI" target="_blank">como unos gilipollas</a>.</p><p>Ahora se recordará mucho que le censuraron <a href="https://www.youtube.com/watch?v=Fpo-vAE5Owc" target="_blank">Cuervo ingenuo</a> (en la que arremetía, siempre con humor y sin concesiones, contra el memorable <strong>engaño respecto a la OTAN</strong> del entonces presidente Felipe González) y, sobre todo, lo del cristo que le montaron con el idem cocinado, mediante aquella denuncia basada en un Código Penal que quedó en evidencia como Código Penoso, con su nacionalcatólico delito de ofensa a los, uy, cuidadín, sentimientos religiosos. Esto no fue más que la oportunidad de ciertos cretinos para vengarse de un hombre que simplemente se expresaba con libertad, inteligencia, arte y gracia para cantar cosas como que <a href="https://www.youtube.com/watch?v=gJ17-FbvT0A" target="_blank">Dios es un pamplinas</a>; por supuesto que su ironía y sus burlas, que daban que pensar, ofendían los sentimientos religiosos de algunos. De buena gana lo habrían mandado a <a href="https://www.youtube.com/watch?v=8P-uzxE7rDg" target="_blank">la hoguera</a>, pero qué le vamos a hacer, <strong>tendrán que joderse, que se ha muerto de un simple infarto</strong>. Por cierto, no parece que haya tenido ocasión de dar el espectáculo de <a href="https://www.youtube.com/watch?v=8P-uzxE7rDg" target="_blank">don Andrés</a>.</p><p>En fin, <strong>consolémonos</strong> rememorando las risas, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=IHiJxeRJaq0" target="_blank">la poesía</a> y la rebeldía de sus incorrectos conciertos (era un asiduo de Granada, en especial del clausurado El Secadero), de su <a href="https://www.youtube.com/watch?v=IHiJxeRJaq0" target="_blank">no-vida-privada</a> y de sus <a href="http://www.acordesmodernos.com/2013/12/08/javier-krahe-por-que-tengo-yo-que-aceptar-una-doctrina-que-viene-de-fuera-de-otro/" target="_blank">entrevistas</a>, y, sobre todo, reescuchemos sus canciones y démoselas a conocer a los jóvenes. Que <a href="https://www.youtube.com/watch?v=o0XlAeZTRyQ" target="_blank">no todo va a ser follar</a>.</p><p> Juan Antonio Aguilera Mochón es socio de infoLibre</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Jul 2015 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Antonio Aguilera Mochón]]></author>
      <media:title><![CDATA[Javier Krahe nos deja como unos gilipollas]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Javier Krahe]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Krahe, la ironía como arma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/javier-krahe-ironia-arma_1_1115289.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3095fbc5-1cf1-41ba-a544-cf6cbfabfeb5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Javier Krahe, la ironía como arma"></p><p>La pérdida de Javier Krahe deja a varias generaciones de cantautores españoles sin un tótem de <strong>palabra necesaria, sentida, irónica, crítica, mordaz</strong>… palabra que alberga connotaciones de guía literaria para tiempos tan convulsos como los actuales.</p><p>Siempre arrastró, con gran honor, la leyenda de ser algo así como el <strong>Georges Brassens</strong> de estos lares, consciente él mismo de que <strong>su magisterio le servía de faro intelectual</strong> para poder desplegar sus mensajes propios, deudores de una acidez que hoy brilla por su ausencia en medio de la anestesia generalizada.</p><p>Encarnó Krahe el compromiso de la canción en esencia. Sin tapujos. Sin medias verdades. Sin edulcorantes. Estopa contra ciertos vientos que soplaron durante la Transición. <strong>Azote del mismísimo PSOE</strong> cuando le exasperaban sus palos de ciego en la carrera por ampliar horizontes hacia el centro ideológico.</p><p>Su álbum de debut, aquel recordado <em>Valle de lágrimas</em>, contenía ya las principales claves de su elixir sonoro, con la guitarra por bandera y una progresiva inclinación hacia los arreglos jazzísticos.</p><p><strong>El mito de sus personalísimos dardos verbales nació gracias al seminal disco en directo La Mandrágora</strong><em>La Mandrágora</em>, que recogía en 1981 la atmósfera vivida en el sótano de ese local de la Cava Baja madrileña. Demoledores versos urbanos que bebían de la actitud transgresora de Luis Eduardo Aute en su homenaje a Forges.</p><p>Allí le secundaban Joaquín Sabina y Alberto Pérez, que abandonaría el trío un año después. Unos mosqueteros junto a los cuales <strong>fue capaz de poner en solfa al establishment a la española</strong><em>establishment </em>.</p><p>La resistencia dialéctica impulsada por Javier Krahe se refleja igualmente en otro de sus coetáneos: <strong>Pablo Guerrero</strong>, en la antesala de otras aportaciones reveladoras: <strong>Luis Pastor, Rosa León…</strong></p><p>Y qué decir de su labor discográfica como capitán del sello <a href="http://www.18chulos.com/" target="_blank">18 Chulos</a>, donde le arropaban <strong>El Gran Wyoming, Pablo Carbonell o Santiago Segura</strong>. Desparpajo asegurado en forma de grabaciones que marcaron el devenir de la música de este país, como su <em>Dolor de garganta</em>, indigesto en determinados estamentos, o <em>Las damas primero</em>, del no menos lúcido Javier Ruibal.</p><p>Krahe mecenas, por tanto. <strong>Diego el Cigala, Sergio Makaroff, Benjamín Escoriza </strong>antes de poner en pie las bases de Radio Tarifa. Toda una encrucijada de caminos para dar vigor a la escena madrileña, que estaba muy necesitada de su rincón abierto bajo el involutivo mandato de José María Aznar.</p><p>Contenido por encima de la forma. Exactamente lo que hoy parece escatimarse en un momento de postureo vacuo, de retraimiento para no renunciar a nada. Tanto es así que <strong>hasta Miguel Bosé es capaz de apuntarse al carro de Pablo Iglesias</strong>.</p><p>En plena era Podemos, echar la vista atrás a este pasado reciente de sarcasmo terapéutico nos refresca la memoria para que no olvidemos que <strong>cualquier democracia consolidada se sustenta en la libertad de criterio</strong>. Pues eso, Krahe.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Jul 2015 11:36:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Francisco Chacón]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Javier Krahe, la ironía como arma]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,Cantantes,Poetas,Javier Krahe]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Joaquín Sabina: “Hoy la poesía, la decencia y el saber vivir están absolutamente de luto”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/joaquin-sabina-hoy-poesia-decencia-vivir-absolutamente-luto_1_1115290.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>A <strong>Joaquín Sabina </strong>le despertó esta mañana de domingo la mala noticia de la muerte de <strong>Javier Krahe</strong> de un infarto fulminante. “Desde que lo he sabido, y después de hablar un rato con su mujer, no hago más que pensar que  cada día estoy más solo,<strong> más huérfano de la gente que uno más quiere y más admira</strong>”.</p><p>“<strong>Uno de los mayores lujos de mi vida</strong>”. Así define Sabina los veinte años que pasó con Krahe, a quien ha seguido siempre estrechamente unido, aunque “en los últimos años hemos estado más separados, por la distancia y por alguna tontería de esas nuestras”.</p><p>Los nombres de los dos, junto al de <strong>Alberto Pérez</strong>, nunca han dejado de estar asociados al de <strong>La Mandrágora</strong>, el mítico bar en la Cava Baja madrileña donde actuaban los tres a principios de los ochenta y donde se grabó el disco del mismo nombre. “La Mandrágora –recuerda este domingo triste Joaquín Sabina– era él, era Javier. Porque Alberto simplemente cantaba sus canciones, y yo absorbía todo lo que era capaz de aprender de Krahe. Lo que a mí realmente me cambió en aquella época y para siempre fue Javier Krahe”. </p><p>Actuaron juntos allí hasta 1983, y por esas fechas el programa <em>Si yo fuera Presidente</em> de <strong>Fernando García Tola </strong>dio a conocer al gran público<em> La Mandrágora</em> y las canciones de Krahe: <em>La hoguera, Marieta </em>o<em> Un burdo rumor</em>, y también los<em> Círculos viciosos</em> y otros temas del primer repertorio del  propio Sabina.</p><p>En La Mandrágora nació una amistad estrecha y muy especial entre Krahe y Sabina que ya siempre mantuvieron. “Cada vez que escribo un verso –dice Joaquín– pienso qué le va a parecer a Krahe. Lo tengo siempre en la cabeza como una guía íntima, como alguien que no me va a permitir hacer el ridículo”. </p><p>Para Sabina, Krahe representa “<strong>el rigor, el honor</strong>, el humor más inteligente, <strong>la aspiración a lo mejor en todo lo que uno hace</strong>”. Por eso, concluye Joaquín, “hoy la música, la poesía, el humor, el cinismo, la decencia y el saber vivir están <strong>absolutamente de luto</strong>”.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Jul 2015 11:34:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[J. M.]]></author>
      <media:title><![CDATA[Joaquín Sabina: “Hoy la poesía, la decencia y el saber vivir están absolutamente de luto”]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Joaquín Sabina,Cantantes,Javier Krahe]]></media:keywords>
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