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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 35]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-35/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 35]]></description>
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      <title><![CDATA[Aprendiendo a querer los libros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/aprendiendo-libros_1_1131912.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/84971230-5710-4bf5-903c-26a78f4f9aeb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aprendiendo a querer los libros"></p><p>Son mujeres de barrio. No les sobra el tiempo. Les sobra el trabajo. Pero aman la lectura, hablan de libros y lo hacen en compañía de otras mujeres. Son parte del taller de literatura que la asociación de mujeres <a href="http://nosotrasmismas.org/" target="_blank">Nosotras mismas</a> lleva más de 20 años impartiendo.</p><p>Al frente, siempre una mujer, una profesora, una escritora, una filóloga o una periodista, que han dedicado parte de su tiempo a transmitir el cariño por los libros. Leer un libro sigue siendo un placer, y cuando este placer se convierte en  animada conversación en complicidad con las mujeres del barrio y, en ocasiones, con la presencia de la autora o autor del libro, el placer se acerca a la felicidad.</p><p>Una vez al mes se celebra este taller de literatura; una vez al mes nos juntamos varias mujeres y hablamos de un libro, una novela o un ensayo. Somos conscientes de nuestras limitaciones, pero disponemos para salir del apuro de nuestra directora y, alguna que otra vez, de la presencia de la autora o autor del libro. Y entonces la satisfacción es inmensa, porque muchas hacemos realidad un deseo largamente buscado: el de someter nuestras dudas y sentimientos que vivimos al leer un libro, a la autoridad de su autor o autora.</p><p>Tal fue, recientemente, la experiencia vivida con <strong>Almudena Grandes</strong> (como antes lo fue con el entrañable y admirado<strong> José Luis San Pedro</strong>). Conocimos de su propia voz como surgió su último libro, que pretendía contar, que quería denunciar, que emociones la embargaban. Y juntas lo comentamos, lo escudriñamos y lo sentimos.</p><p>Seguiremos con el taller, seguiremos acudiendo a la cita mensual al local de Nosotras mismas, con nuestra nueva directora para hablar de literatura, para amar la lectura y querer los libros.</p><p>Desde aquí quiero expresar, en nombre de mi asociación, la satisfacción por haber tenido y seguir teniendo con nosotras a excelentes profesoras y amigas que hacen posible este taller. Nuestro más sincero reconocimiento a su labor, que consiste ni más ni menos que en sentir y amar la lectura; y lo que es más emocionante: hacerlo con mujeres de nuestro barrio, con mujeres que se sienten orgullosas de venir al taller de Nosotras mismas.</p><p>Ah, y nos alegramos que el libro de papel resista a la era digital.</p><p><em>*Puedes encontrar la Asociación de mujeres Nosotras mismas en la calle San Bernardo,120, en el barrio madrileño de Chamberí, o en su </em><strong>Asociación de mujeres Nosotras mismas</strong><a href="http://nosotrasmismas.org/contacta/contacto/" target="_blank">página web</a><em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sara Díaz Hernández]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Igualdad,Libros,Feminismo,Los diablos azules número 35]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Mujeres, comunicación y conflictos armados’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mujeres-comunicacion-conflictos-armados_1_1131906.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8921ab30-8ca7-490a-908d-cc3153dbf21d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Mujeres, comunicación y conflictos armados’"></p><p><strong>Mujeres, comunicación y conflictos armados</strong></p><p><strong>Varias autorasCoordinación y prólogo Isabel Tajahuerce ÁngelLa Linterna SordaMadrid2016</strong></p><p>Las mujeres han sido y son protagonistas voluntarias o involuntarias de la guerra pero, como ocurre en otros ámbitos, no se las ve, y sus narrativas o son olvidadas o no son tenidas en cuenta. Los medios no suelen contar la presencia femenina en los conflictos armados, salvo cuando interesa destacar su presencia por motivos políticos o económicos. La forma mas habitual y estereotipada de tratarlas es como víctimas que sufren los desastres de la guerra sin capacidad de agencia propia para intervenir en los acontecimientos. Al ser representadas por los medios de esta forma, las mujeres se convierten en “símbolos” de la madre sufriente, de la mujer de luto eterno, del dolor sin consuelo… Se convierten en auténticas metáforas que hablan de “la humanidad”, al mismo tiempo que se las desvincula de su contexto social y político, convirtiéndolas en esencias teóricas sin humanidad. </p><p>Por otra parte, tampoco la historia de la comunicación incorporan a las reporteras que informaron e informan sobre la guerra —redactoras, fotógrafas, escritoras, corresponsales de los principales periódicos de diferentes épocas o colaboradoras ocasionales—, ni tampoco las rebeldes, ideólogas o activistas suelen aparecer comentadas en los manuales de Historia. Por ello, este libro, obra de varias autoras y autores y coordinado por <strong>Isabel Tajahuerce Ángel</strong>, abre un espacio imprescindible para la reflexión sobre la guerra, pero también sobre la construcción de la paz desde un análisis centrado en la teoría feminista.</p><p><a href="http://www.lalinternasorda.com/mujeresC.html" target="_blank"><em>Mujeres, comunicación y conflictos armados </em></a>recupera la memoria de las mujeres en los conflictos armados y abre debates sobre el interés del patriarcado en el olvido, ayer y hoy. El feminicidio, el cuerpo de las mujeres como campo de batalla, las mujeres árabes en la actualidad, las mujeres como protagonistas de la guerra, como activistas e ideólogas, sus miradas a través de una cámara, sus enfoques narrativos desde puntos de vista distintos y divergentes, ocupan las páginas de una obra ambiciosa por la variedad de temas que aborda y bien planteada porque, aun tratando diferentes cuestiones en distintos momentos históricos, mantiene un hilo conductor que da sentido al conjunto de la obra.</p><p>Este libro trata distintos temas y conflictos a lo largo del siglo XX.  En su texto, <strong>Ana Muiña </strong>aborda  los movimientos antimilitaristas internacionales y las figuras de <strong>Emma Goldman </strong>y <strong>Luise Bryant</strong>, en el entorno de la Primera Guerra Mundial.  <strong>Olga Ossorio</strong>, a su vez, recupera los textos de <strong>Sofia Casanova</strong> y su narración del Cerco de Varsovia en ese mismo contexto. También se tratan guerras actuales como los conflictos armados de Oriente Próximo, sobre los que escribe <strong>Nazanin Armanian</strong>, y la situación de las mujeres árabes y egipcias, en un análisis de<strong> Sahar M. Taalat</strong>. </p><p>El libro recupera la voz de las mujeres, dejando patente que sufren las consecuencias económicas, políticas, sanitarias e ideológicas de la guerra, que sus nombres están ahí porque fueron oradoras, ideólogas, periodistas, escritoras, fotoperiodistas y corresponsales pese a los obstáculos para ocupar los espacios públicos entre el siglo XX y el XXI. <strong>Beatriz Carrillo de los Reyes</strong> recupera la historia de las mujeres gitanas,<strong> Javier Juárez </strong>se adentra en la violencia de Estado contra las mujeres en Ciudad Juárez, <strong>Sergio Carmona</strong> denuncia el uso del cuerpo de las mujeres como campo de batalla, <strong>Manolo García</strong> relata la revolución de las mujeres en Rojava. </p><p>La historia de los medios y de la narración de las mujeres tiene un especial protagonismo, y además de las antes citadas <strong>Carlota Coronado</strong> escribe sobre el papel de las mujeres en los noticiarios italianos en la Segunda Guerra Mundial y <strong>Mirta Nuñez Díaz-Balart</strong> recupera los nombres de fotoperiodistas y periodistas olvidadas en la Guerra de España de 1936. De la historia a la ficción,  el libro mantiene un argumento cronológico para cerrar con una reflexión de <strong>Irene Belmont Borrego</strong> sobre los videojuegos y la educación para la guerra. Un interesante debate el de la ficción y la construcción de imaginarios que este libro abre para futuros estudios sobre el tema. </p><p><em>*Asunción Bernárdez Rodal es doctora en Periodismo y directora del Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense de Madrid. </em><strong>Asunción Bernárdez Rodal</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Asunción Bernárdez Rodal]]></author>
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      <title><![CDATA[‘¿Quién le hacía la cena a Adam Smith?’, de Katrine Marçal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/le-cena-adam-smith-katrine-marcal_1_1131904.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f1b4a442-065c-4b13-a94a-19ec79a27a8f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘¿Quién le hacía la cena a Adam Smith?’, de Katrine Marçal"></p><p><strong>¿Quién le hacía la cena a Adam Smith? Una historia de las mujeres y la economía</strong></p><p><strong> Katrine MarçalDebateBarcelona2016</strong></p><p>"Dicen que <strong>Ginger Rogers </strong>era capaz de hacer lo mismo que <strong>Fred Astaire</strong>, con la particularidad de que lo hacía hacia atrás y con tacones altos". Es una de las metáforas del libro de <strong>Marçal</strong> que <a href="http://www.megustaleer.com/libro/quien-le-hacia-la-cena-a-adam-smith/ES0144384" target="_blank">acaba de ser publicado</a> en castellano. Un libro atractivo, desde el título hasta las notas a pie de página. Un libro que tiene la particularidad, tan difícil de conseguir, de que puede leerse (y disfrutarse) indistintamente por alguien que quiera comenzar el estudio de la economía feminista, por una persona experta en la materia o por cualquier persona curiosa que quiera tener una mirada fresca sobre la actualidad y el mundo que nos rodea. </p><p>Marçal nos presenta al <em>hombre económico</em>, un clásico en la economía feminista, con todos los detalles posibles, desde su nacimiento hasta su madurez y, como si no hubiesen pasado los años por él, nos asegura que "ha tomado las riendas". Tras la crisis de 2008, el <em>homo economicus</em>, no se ha ido, todo lo contrario, se ha hecho fuerte, ha ganado autoridad y poder y amenaza con cerrar todas las salidas a la crisis de los cuidados que las sociedades actuales tienen encima y a la que no consiguen dar solución. </p><p>La autora, periodista sueca afincada en Londres desde donde trabaja como jefa de opinión de <em>Aftonbladet</em>, periódico relevante donde escribe sobre política, economía y feminismo, se remonta al comienzo de las teorías de <strong>Adam Smith</strong> y las va rebatiendo, una a una, con inteligencia e ironía. Así, explica que mientras Smith teorizaba sobre "la riqueza de las naciones" y convencía a la sociedad del momento de que el libre mercado era la mejor manera de crear una economía eficaz; mientras aseguraba que "la mano invisible" que mueve el mercado es el interés propio e introducía ideas revolucionarias y radicales acerca de la libertad y la autonomía; mientras escribía "No de la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero, sino de sus miras al interés propio, es de quien esperamos y debemos esperar nuestro alimento", Smith, estaba pasando por alto un "pequeño detalle": las mujeres. Es decir, el padre de la ciencia económica construyó sus teorías, no solo con ceguera de género, sino contando un relato absolutamente falso sobre la realidad que vivía todos los días. </p><p>Detalla Marçal que Smith nunca se casó, que vivió la mayor parte de su vida con su madre que era quien se encargaba de la casa y que incluso le siguió cuando él tuvo un traslado de residencia por motivos laborales. La madre de Smith, que se llamaba <strong>Margaret Douglas</strong>, dedicó toda su vida a cuidar de su hijo independientemente de donde él se estableciera. Es decir, Smith se olvidó de que si tenía la cena todos los días en la mesa era gracias al trabajo de su madre. Smith, se <em>olvidó</em> de toda la esfera de los cuidados a la hora de construir su teoría económica. </p><p>Ese pequeño <em>olvido</em> ha supuesto la exclusión del cuidado del área económica, un trabajo que Smith mantuvo invisible y que continúa sin ser ni valorado ni remunerado y que sin embargo, es lo que hace posible que el mundo funcione. </p><p>Marçal destaca tres ideas fundamentales en su libro. La primera, que las mujeres han trabajado siempre, lo que ocurre es que en las últimas décadas han cambiado de trabajo. Han pasado de trabajar en el hogar a ocupar puestos en el mercado laboral, comenzando a recibir una remuneración por su esfuerzo. Esto supone un cambio social y económico enorme: la mitad de la población ha trasladado el grueso de su actividad de la esfera doméstica al mercado. Hemos saltado de un sistema económico a otro sin darnos realmente cuenta del salto. </p><p>En segundo lugar, la autora destaca que si queremos conseguir una vida sostenible, tenemos que acabar con el <em>hombre económico</em>, ese personaje ficticio, descrito por la economía como un ser humano que, como si en realidad fuera una seta, surge de la tierra sin necesidad de nadie, sin cuidar a nadie ni ser cuidado. Para conseguir una vida sostenible debemos urgentemente cambiar de paradigma y tener en cuenta que el ser humano nace de una mujer, necesita cuidados y atención durante los primeros años de su vida y después, a lo largo de toda su existencia, tiene necesidades básicas (higiene, alimentación...) que ha de satisfacer y para las que tiene que emplear tiempo, energías y conocimiento. Y por si todo esto fuese poco, a lo largo de toda la vida, las enfermedades, los accidentes, las distintas limitaciones propias de la existencia en cualquier persona hacen que realmente, el ser humano tenga necesidades de cuidar y ser cuidado desde que nace hasta que fallece. </p><p>Por último, la tercera idea relevante que plantea Marçal es lo que ella misma denomina "el secreto mejor guardado del feminismo", a saber: "Lo relevante que un enfoque feminista resulta a la hora de buscar una solución a nuestros principales problemas económicos convencionales. El enfoque feminista afecta a todos los aspectos, desde el problema de la desigualdad al del crecimiento de la población, desde el debate acerca de las prestaciones sociales a la cuestión medioambiental y a la escasez de cuidadoras a la que pronto habrán de enfrentarse nuestras envejecidas sociedades". En una sola frase, el feminismo, como solución a los problemas más graves que enfrenta nuestra sociedad. Saber quién le hacía la cena a Adam Smith es un conocimiento imprescindible para acabar con la desigualdad. </p><p><em>*Nuria Varela es periodista y escritora. Su último libro, </em><strong>Nuria Varela</strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/la-voz-ignorada-endebate/ES0120704" target="_blank">La voz ignorada. Ana Orantes y el fin de la impunidad</a><em> (Endebate, 2012). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Nuria Varela]]></author>
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      <title><![CDATA[Apocalipsis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/apocalipsis_1_1131900.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bb961660-1897-4d6b-a80f-8494adebe6e0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Apocalipsis"></p><p><em>(Empieza José Manuel Fajardo)</em><strong>José Manuel Fajardo</strong></p><p>Apocalipsis Guzmán. Menudo nombre. Hay que tener algo en contra de una criatura para llamarla así, algo personal, digo yo. Pero si no está claro el porqué, al menos se sabe quién tuvo la culpa: su padre. Sobre los motivos sólo cabe especular. El padre de Apocalipsis odiaba al mundo entero, sin distinciones. En eso hay un acuerdo general. Quizá también a su propio hijo. No es que fuera un mal tipo, es que no tenía corazón. No sé si me explico: no había matado a nadie, tampoco era violento, en realidad no era nada y a lo mejor ahí estaba el problema. Ni alto ni bajo ni bueno ni malo ni tonto ni listo. Nada. Todo lo que sucedía en su vida parecía haber sido dictado en alguna oficina y a él le llegaba en forma de resolución. La gente le amaba o le detestaba sin que hubiera afecto ni afrenta por su parte. Perdía los trabajos sin ninguna razón y los conseguía de igual modo. Sin méritos ni faltas. De esa misma manera dejó embarazada a la madre de Apocalipsis. Sin querer y sin remedio. Fue un polvo rápido después de una noche de discoteca, y seis meses después le llegó el aviso de que ella estaba encinta y decidida a tener el niño. Otro día, una llamada telefónica le comunicó que acababa de ser padre y que su deber era reconocer a su hijo. Él iba a cumplir treinta y tres años y ya tenía la sensación de estar llegando al final de su vida. Dar su apellido a un hijo no era una mala manera de perpetuarse. Sin embargo, por una vez quiso tener la última palabra. De acuerdo, lo iba a reconocer, concedió, pero con la condición de que fuera él quien le pusiera nombre. ¿A quién se le iba ocurrir que elegiría el de Apocalipsis? Desde luego, a la madre no. Cuando se lo dijo, ella protestó que eso no era nombre de persona sino una canallada. ¿No se daba cuenta de que el niño iba a ser el hazmerreír de la escuela? Pero él no se dejó convencer. Va a producir más miedo que risa, respondió, a mi hijo se lo van a tomar en serio. Esa fue la única vez que acertó en su vida y por partida doble, pues la premonición de que el tiempo se le acababa resultó ser cierta: apenas tres meses más tarde moría fulminado por un cáncer de páncreas. Y Apocalipsis resultó ser temible.</p><p>A mí se me pueden reprochar muchas cosas, pero no que sea mentiroso. Lo que les cuento es tan cierto como que nací en Madrid y viví allí hasta que me dio por irme a Puerto Rico, a los veinticinco años de edad, tras la muerte de mi madre. Son ideas que la muerte le mete a uno en la cabeza. Me crié pues lejos de las palabras calientes de la isla, lejos del sonido de algodón de sus brisas y los atardeceres lánguidos a la sombra de los mangós, pero no me costó acostumbrarme a todo ello. Dejar Madrid por el Caribe no es el mayor sacrificio del mundo. Renté departamento en Condado, porque tenía plata. Ya sé que ese barrio es de mentira, una vidriera linda para encantar a los turistas. Mejor así, cuando se tiene un trabajo como el que yo elegí, abogado de causas perdidas, al llegar hay que sacar la cabeza de la mierda o uno termina por formar parte de aquellos a los que está tratando de ayudar a salir de ella.</p><p>Fue por mi trabajo que conocí a Apocalipsis. No es que él viniera a pedirme que le sacara de la mierda, su vida le parecía cualquier cosa menos eso: a quien yo tenía que ayudar era a un amigo suyo, Sweetie Álvarez, otro con un nombrecito que parece un castigo. Siempre he pensado que en la isla son muy creativos. En su descargo hay que decir que en realidad se llamaba Robert, lo de <em>Sweetie </em>era un apodo que no se sabía quién le había puesto. Para unos, su madre, que siempre fue muy consentidora. Para otros, sus novias, que fueron muchas. Y para sus enemigos, los presos de la penitenciaría estatal de Oso Blanco, que hacían uso de sus encantos corporales por turnos. A mí no me consta ninguna de las tres hipótesis y habiéndole conocido puedo testimoniar que no era dulce ni agraciado y sus maneras conmigo siempre fueron del tipo brutal, incluida alguna agarrada de cuello y una tendencia a los puños que en una ocasión me dejó con el labio superior amoratado y una pésima opinión de mi posible cliente. Pero Apocalipsis decía que Álvarez era su <em>brother </em>del alma, y el cheque con el que respaldó esa amistad me convenció para hacerme cargo del caso.</p><p><em>(Sigue Santiago Gamboa)</em><strong>Santiago Gamboa</strong></p><p>Saber quién es uno realmente es cosa difícil, pero en el caso de Sweetie todos lo supimos siempre: era el niño de la banca, en el parque. En esa banca que hay en todo barrio de ciudad presuntuosa, en las islas del Caribe o en el continente. La historia oficial de nuestro barrio dice que el padre de Sweetie lo llevó a esa banca y le dijo, “espérame acá, hijo, voy a resolver un asunto y vuelvo”. El niño se sentó y lo vio alejarse hacia el fondo del parque. Como no se atrevía siquiera a levantarse no pudo ver a cuál de las casas entró, sobre la calle de abajo. ¿Qué tendrá que hacer ahí?, se preguntó el niño, balanceando los pies. Al lado suyo había una pequeña bolsa dejada por su padre y, curioso, el niño la abrió. Había un sándwich y una manzana. Cuando llegó el mediodía sintió un poco de hambre, así que sacó la manzana y se comió hasta la mitad pensando en dejar el resto para después, o para su padre. A eso de las cinco empezó a venir mucha gente de la calle de abajo y el niño se impacientó. Cada vez que veía a una figura a lo lejos se decía, ya viene, ya viene, pero nada, y pronto llegó la noche. Antes de la hora de la cena el parque se llenó de vecinos, de algarabía. Vio otros niños jugando pero no se atrevió a moverse de la banca. Temía que su padre volviera y no lo encontrara. Luego todo el mundo se fue a sus casas y el niño se quedó solo. Le dio un par de mordiscos al sándwich y siguió esperando, en medio de la noche. Llegó algo de brisa y sintió frío, así que subió las piernas a la banca y se estiró para dormir. Estaba seguro que en medio del sueño lo despertaría la mano de su padre y luego su voz, diciéndole, “ya hijo, ya volví, podemos irnos”. Pero abrió los ojos al día siguiente, muy temprano, y seguía estando solo. Al segundo día una vecina vino a preguntarle, “niño, ¿qué haces ahí?”, y él respondió, es que estoy esperando a mi padre, fue a resolver un asunto a la calle de abajo y ahora vuelve. La tercera noche la señora le dijo que viniera a dormir a su casa, pero él no quiso. “Es que si él vuelve y no me ve podemos perdernos, no va a saber dónde estoy”, dijo el niño. Al sexto día la mujer logró convencerlo y dejaron una nota en la banca escrita por él: “Papá, estoy en la casa del frente, la azul, ven pronto”.</p><p><em>(Continúa Cristina Fallarás)</em><strong>Cristina Fallarás</strong></p><p>Muchas cosas, pues claro, muchas cosas, a mí se me pueden reprochar muchas cosas, no se me duerma vikingo puto, ¿me oye?, carajo, no se me aborregue, muchas, pero no que yo sea mentiroso, no, ni eso ni esta tos seca que no engaña su cuna, ni se le ocurra, rubio puto de mierda, ni trate de abrir boca o juro que me borro, esta tos seca, ah, sí, la maldición, puta meseta, yo ya no ruego ni a mi santa madre, pero juro por ella que no miento ni me tapo la tos, ya ve, me pongo fiero, ¿qué mierda es el azar, qué puta mierda?, pues sí, ya ve que estoy bebido. ¿Por qué me sangra aquí? Sígame, échese un trago, rubio de la tierra jodida. ¿Por qué me sangra aquí? Sígame. Quien tuviera una hembra, rubio, ¿o no?, quien no tuviera tos. Pero estábamos, dele al trago, cuando Sweetie, Sweetie Álvarez, descubrió que el dios de todas las mesetas, sé de qué hablo, míster, que el dios pinta el azar de azul. De azul la casa azul. Permítame las letras que me quedan, azul como brown es la tos de mi meseta, puta mi madre, larga toda esta maldición por la que me pregunta. Antes de conocer, de penetrar, de, de, de, carajo pase un trago, de sudar y crecer junto a nuestro ya referido Apocalipsis, justo cuando llegó llevado de la banca, Álvarez preguntó “¿Por qué me sangra aquí?”. Yo hablé con la vecina aquella, perdóneme la curda, la viuda apocalíptica, la de la casa azul, fui yo quien alcanzó, el único, yo quien llegó a pedirle, permítame las letras, el azul de esta historia. ¿Por qué me sangra aquí?, dijo que dijo el crío al cruzar el umbral. Dijo que dijo, he dicho. Decir así las cosas viene, como esta tos, de la puta meseta. “Pero él no señalaba nada”, cabeceaba la vieja, “no indicaba ese aquí, el aquí que sangraba”. Le juro que no miento, ya le dije lo mío. “Tampoco había sangre en sitio alguno”. Y luego pasó el tiempo, todo el tiempo que tiene que pasar hasta que alguien te diga Sweetie. Pero quiso el azar, y aquí debe saber que yo no creo, sé que creer da tos igual que la meseta, quiso el azar, permítame aclarar que dios es justo lo contrario del azar, que Apocalipsis tuviera una hermana. Tan claro se lo digo, digo hermana, como digo que en el siguiente trago me derrumbo. </p><p><em>(Cierra el cuento Almudena Grandes)</em><strong>Almudena Grandes</strong></p><p>La historia deshilachada y llena de agujeros que me contó aquel viejo borracho no me preparó para vivir el final de esta historia. Apocalipsis Guzmán tenía una hermana, sí, una muchacha mucho más joven que él, nacida en el último estertor de la juventud de su madre, que se enamoró a destiempo, como una loca, de un mulato que, para su desgracia, no la abandonó tan deprisa como el padre de su hijo mayor. Con cada golpe, decía la gente, con cada moratón,  cada palo que le daba esa bestia a la que amaba como si la hubiera hechizado con su brutalidad, aquella mujer hermosa se fue secando, encogiéndose poco a poco como un animalillo disecado, hasta que su piel se volvió mate, su pelo ralo, sus ojos, dos charcas de agua sucia, incapaz de reflejar la luz. Antes de que su madre muriera en vida, la cándida Lygia Elena se parecía mucho a ella. Después, más y menos, porque absorbió su belleza como si una estrella recién nacida pudiera acaparar el resplandor de las que van apagándose a su alrededor, hasta convertirse en la mujer más bella de este barrio, de San Juan, de todo Puerto Rico...</p><p>Ya será menos, dije mientras pagaba la cuenta y me disponía a salir de aquel bar. ¡Eh, rubio de mierda!, me increpó el viejo que agarró un puñado de aire cuando pretendía aferrar mi brazo, ¿no me va a pagar la información? Yo no soy rubio, le respondí, como mucho castaño claro.  Y usted no me ha contado nada que me sea útil. ¿No?, me miró con la boca abierta por el alcohol o por el asombro, pero si le he dicho que Apocalipsis Guzmán tiene una hermana, una hermana, ¿no entiende?, una hermana... </p><p>El día del juicio, Apocalipsis no estaba en la sala, y tampoco vi por allí a la mujer más bella de Puerto Rico. Eso no me extrañó demasiado. Mi cliente me había pedido que ocultara a Sweetie Álvarez que era él quien pagaba las facturas de su defensa. Me dió a entender que su <em>brother </em>del alma siempre había sido el líder, el <em>boss</em>, en todos los <em>bussiness</em>, grandes y pequeños, que habían emprendido juntos, y temía que su orgullo se resintiera por la generosidad de su lugarteniente. Después le contaré, me dijo, después, cuando usted me lo saque de la Penitenciaría, hablaremos de todo esto... </p><p>Su optimismo me asustó, porque la cosa no pintaba demasiado bien para Álvarez. La DEA había entregado a la Fiscalía tres testigos presenciales, como envueltos para regalo, dispuestos a declarar contra el acusado pero, curiosamente, ninguno de los tres compareció cuando el ujier los llamó por su nombre. El juez decretó un aplazamiento y el juicio se reanudó dos días más tarde, sin que la policía hubiera hallado a los testigos en sus casas ni en ningún otro lugar. Cuando llegó mi momento, lo aproveché. Estuve elocuente, persuasivo, contundente, convencido de que había bordado una gran actuación. La sospecha de que hasta el peor abogado de la isla habría logrado la absolución de Sweetie Álvarez en aquellas condiciones no empañó mi satisfacción, pero el precio que Apocalipsis Guzmán había estado dispuesto a pagar para lograr la libertad de su amigo, me conmovió. Si yo hubiera tenido amigos como él, pensé, no habría tenido que abandonar España. Ya ven, así de cretino puede llegar a ser un abogado después de ganar un juicio.</p><p>Lo demás pasó muy deprisa. El día de su puesta en libertad, Sweetie salió de la cárcel sin más pertenencias que una trompeta a la que acariciaba como si fuera un bebé. Mientras atravesaba la última cancela, era un hombre feliz pero en el primer instante de su libertad, mientras Apocalipsis avanzaba lentamente hacia él, dejó caer la trompeta al suelo, se giró bruscamente y empezó a llamar a gritos a los guardias para que le dejaran volver a entrar. Antes de que yo fuera capaz de entender lo que estaba pasando, ya estaba muerto. Mi cliente lo mató por la espalda, vació el cargador a placer contra su cuerpo sin decir una palabra y entonces, al fin, hizo su aparición la mujer más guapa de Puerto Rico.</p><p>Lygia Elena corrió hacia el cadáver con la torpeza de movimientos propia de una embarazada que cuenta con los dedos de una mano los días que le faltan para el parto. Era tan hermosa que, hasta con la cara desfigurada por el llanto, su belleza me cortó la respiración. Se agachó junto a Sweetie, le cubrió de besos, le peinó con los dedos, le abrazó como si quisiera fundirse con él, y levantó la cabeza hacia mí, muy despacio.</p><p>Me está sangrando aquí, dijo, poniendo su mano derecha, empapada de la sangre de su amante, sobre su corazón. Me sangra aquí, licenciado, y me miró. ¿Acaso no lo ve? Yo también estoy sangrando.</p><p>Cuando descubrí que Sweetie Álvarez merecía su nombre, ya era tarde.</p><p><em>*José Manuel Fajardo es escritor, periodista y traductor. Su último libro es </em><strong>José Manuel Fajardo</strong><a href="http://www.edhasa.es/libros/libro.php?id=22686&l=Mi+nombre+es+Jamaica&t=Novela+hist%C3%B3rica&a=Fajardo%2C+Jos%C3%A9+Manuel&e=Edhasa&c=Narrativas+hist" target="_blank">Mi nombre es Jamaica</a><em> (Edhasa, 2015). </em></p><p><em>*Santiago Gamboa es escritor. Su último libro publicado es una reedición conmemorativa de </em><strong>Santiago Gamboa</strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/el-sindrome-de-ulises-mapa-de-las-lenguas/ES0144894" target="_blank">El síndrome de Ulises</a><em> (Literatura Random House, 2015). </em></p><p><em>*Cristina Fallarás es periodista y escritora. Su último libro, </em><strong>Cristina Fallarás</strong><a href="http://www.saltodepagina.com/libro/ultimos_dias_en_el_puesto_del_este-62/" target="_blank">Últimos días en el Puesto del Este</a><em> (Salto de página, 2013). </em></p><p><em>*Almudena Grandes es escritora. Su último libro, </em><strong>Almudena Grandes</strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-los-besos-en-el-pan/204105" target="_blank">Los besos en el pan</a><em> (Tusquets, 2015). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Manuel Fajardo | Santiago Gamboa | Cristina Fallarás | Almudena Grandes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Apocalipsis]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Almudena Grandes,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 35]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[‘Sed’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/sed_1_1131896.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/14425cfc-50b4-461c-bc55-a61484d0f6b8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Sed’"></p><p>Ángeles Mora lee su poema 'Sed'.</p><p><strong>Sed</strong></p><p>Igual que una emoción </p><p>te embarga y te deslumbra </p><p>y solo un leve resplandor </p><p>de su luz consigues </p><p>que contagie, </p><p>así la vida </p><p>te guarda su secreto </p><p>día a día, </p><p>apenas entreabriendo </p><p>los postigos </p><p>de su cámara oculta:</p><p>destello lento de inquietud </p><p>que nos quema </p><p>sin consumirse nunca.</p><p>Agua en los labios.</p><p>‍‍ ‍‍</p><p>De <em>Ficciones para una autobiografía</em> (Bartleby, 2015).</p><p><em>[Lee aquí la reseña de </em></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/02/26/ficciones_para_una_autobiografia_angeles_mora_45504_1821.html" target="_blank">aquí </a>Ficciones para una autobiografía<em>, de Ángeles Mora] </em></p><p><em>*Ángeles Mora es poeta. Su último libro, </em><strong>Ángeles Mora</strong><a href="https://www.bartlebyeditores.es/ficha_obra.php?genero=poesia&id_genero=1&id_obra=213" target="_blank">Ficciones para una autobiografía</a><em> (Bartleby, 2015).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángeles Mora]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Sed’]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 35]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Diez básicos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/diez-basicos_1_1131886.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/82dcc587-fb84-4950-a7e2-b8c6b71b21dc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diez básicos"></p><p><em>El Observatorio de Igualdad de género de la Universidad Rey Juan Carlos (Madrid) recomienda algunos de los textos que consideran básicos en cualquier biblioteca feminista.</em></p><p><strong>El segundo sexo</strong></p><p><strong>Simone de BeauvoirCátedraMadrid2005</strong></p><p>Escrito por<strong> Simone de Beauvoir </strong>en 1949 es, sin lugar a dudas, referente obligado y uno de los ensayos feministas más importante del siglo XX. Representa, en palabras de <strong>Amorós</strong>, “el texto bisagra” entre la primera y la segunda ola del feminismo.  De Beauvoir ofrece <a href="http://www.catedra.com/libro.php?codigo_comercial=164085" target="_blank">en este texto</a> una mirada crítico reflexiva de la desigualdad sexual desde la filosófica existencialista retomando algunos planteamientos del pensamiento ilustrado. Un ensayo que analiza la condición femenina en las sociedades occidentales desde un enfoque poliédrico (científico, histórico, sociológico, ontológicco y cultural) para evidenciar cómo las mujeres son heterodesignadas como alteridad (como lo otro); como el segundo sexo frente a la centralidad de los varones como primer sexo. </p><p><strong>Política sexual</strong></p><p><strong>Kate MillettCátedraMadrid2010</strong></p><p>En su obra <em>Política sexual</em> (1969), <strong>Kate Millett</strong> eleva a problema político lo que hasta entonces había sido considerado como personal, visibilizando la esfera privada o personal como centro de ejercicio del poder patriarcal y como origen de la subordinación de las mujeres. De forma tal que, como señala la autora, “aun cuando hoy en día resulte casi imperceptible, el dominio sexual es tal vez la ideología más profundamente arraigada en nuestra cultura, por cristalizar en ella el concepto de poder”.</p><p><strong>Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna</strong></p><p><strong>Susan FaludiAnagramaBarcelona1993 (descatalogado) </strong></p><p><strong>Susan Faludi</strong> recoge en esta magistral obra una amplia y demoledora acumulación de pruebas de la reacción patriarcal y las nuevas formas de sexismo que surgen y se reinventan frente a la pretensión de autonomía de las mujeres. La obra, galardonada con el premio Pulitzer, ofrece un amplio abanico de testimonios que avalan y evidencian cómo los avances en materia de igualdad se han visto acompañados de la aparición de nuevas formas y estrategias del discurso antifeminista. </p><p><strong>La política de las mujeres</strong></p><p><strong>Amelia ValcárcelCátedraMadrid2004</strong></p><p>Continuación de su obra <em>Sexo y filosofía: sobre mujer y poder</em>, publicada en 1991, el texto recoge varios trabajos fruto de su participación en diferentes jornadas y congresos.  Un tratado sobre política feminista escrito con la mirada lúcida, crítica, incisiva e irónica que caracteriza su obra. <a href="http://www.catedra.com/libro.php?codigo_comercial=164038" target="_blank">El texto</a> reflexiona sobre el esencialismo excluyente y la misoginia romántica y ofrece un brillante análisis sobre la relación entre mujeres y poder.</p><p><strong>Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria</strong></p><p><strong>Silvia FedericiTraficantes de SueñosMadrid2004</strong></p><p><strong>Federici </strong>recoge la transición del modo de producción feudal al capitalismo primigenio y analiza el proceso de acumulación originario del capital y sus implicaciones en términos de clase y género. Una obra que ofrece un análisis alternativo a la historia oficial sobre la creación del Estado Moderno que evidencia la aniquilación, la destrucción y la expropiación de las tierras comunales que acompañó su consolidación y en el que el sometimiento de las mujeres fue un objetivo prioritario. El texto ofrece un interesante análisis de la persecución de la autonomía femenina mediante la caza de brujas. <strong>Teoría feminista: de la ilustración a la globalizaciónCelia Amorós y Ana de MiguelMinervaMadrid2005</strong></p><p><em>Teoría feminista: de la ilustración a la globalización</em></p><p>Obra colectiva coordinada por <strong>Celia Amorós</strong> y <strong>Ana de Miguel </strong>que analiza las principales aportaciones y ejes temáticos del feminismo como teoría crítica o Pepito Grillo de los demás paradigmas. Un esfuerzo teórico con el que se pretende “hacer ver” (según la acepción etimológica del término señalado por Amorós y De Miguel), conceptualizar y  politizar la desigualdad sexual. Una trilogía imprescindible que recoge en su primer volumen la etapa histórica “De la Ilustración al segundo sexo”, en el segundo “Del feminismo liberal a la posmodernidad” y concluye con un tercer volumen que se ocupa “De los debates sobre el género al multiculturalismo”.</p><p><strong>Feminismo para principiantes</strong></p><p><strong>Nuria VarelaEdiciones BBarcelona2005</strong></p><p>“El feminismo es una linterna. Su luz es la justicia que ilumina las habitaciones oscurecidas por la intolerancia, los prejuicios y los abusos", y con esa luz nos invita Nuria Varela a realizar <a href="http://www.edicionesb.com/catalogo/autor/nuria-varela/500/libro/feminismo-para-principiantes_1123.html" target="_blank">un delicioso recorrido </a>por la historia, la teoría y las prácticas feministas. Un libro con el que muchas jóvenes, y no tan jóvenes, se han puesto las gafas violetas con las que analizar la realidad que nos rodea. </p><p><strong>Muñecas vivientes. El regreso del sexismo</strong></p><p><strong>Natasha WalterTurnerMadrid2010</strong></p><p>“Antes creía que solo teníamos que establecer las condiciones necesarias para la igualdad, y entonces el sexismo desaparecería de nuestra cultura. Hoy estoy dispuesta a admitir que estaba completamente equivocada”. “No me imaginaba que acabaríamos así”, de esta forma empieza <a href="http://www.turnerlibros.com/book/munecas-vivientes.html" target="_blank">este libro</a> con el que <strong>Natasha Walter </strong>nos lleva a reflexionar sobre los avances sociales, la educación de las niñas, o el papel de Internet y los medios de comunicación en la vida de las mujeres.</p><p><strong>Ecofeminismo para otro mundo posible</strong></p><p><strong>Alicia H. PuleoCátedraMadrid2011</strong></p><p><a href="http://www.catedra.com/libro.php?codigo_comercial=164110" target="_blank"> Una obra </a>que interpela la irracionalidad de una tecnología y economía globalizadas que conduce de forma inevitable a un incremento de las catástrofes ecológicas y la desigualdad. Desde una mirada crítica, inscrita en la tradición ilustrada del feminismo, analiza las nefastas consecuencias del dualismo Hombre/Naturaleza. Puleo formula así un “ecofeminismo crítico” que defiende la libertad, la igualdad y la sostenibilidad y propone “pensar y pensarnos con otra mirada en la urgencia de los tiempos del cambio climático sin desandar el camino recorrido por el feminismo ni abandonar los fundamentos que nos han permitido avanzar en él”.</p><p><strong>Contrageografías de la globalización. Género y ciudadanía en los discursos transfronterizos</strong></p><p><strong>Saskia SassenTraficantes de SueñosMadrid2011</strong></p><p><a href="https://www.traficantes.net/libros/contrageografias-de-la-globalizacion" target="_blank"> Este compendio</a> de cuatro artículos de la socióloga de la Universidad de Chicago <strong>Saskia Sassen</strong> analiza el proceso de globalización desde una perspectiva feminista, construyendo una cartografía de la explotación de las mujeres y de la feminización de la supervivencia que denuncia la invisibilización de las dinámicas de género en la economía global (migración laboral, tráfico, trata y prostitución). Un inteligente análisis en el que se integra el rol de los mercados, la geografía, el trabajo, las formas jurídicas y la fuerza de trabajo sexualizada y racializada en la economía global.  </p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Observatorio de Igualdad de Género de la URJC]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Literatura española,Feminismo,Los diablos azules número 35]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Mansplaining’ y animales políticos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mansplaining-animales-politicos_1_1131883.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0db62e66-d52f-4c50-b0bd-e139c0b3da2a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Mansplaining’ y animales políticos"></p><p>“Es una verdad universalmente aceptada que toda mujer en posesión de una opinión necesita alguien que la corrija”. Con esta afirmación lapidariamente machista, que parafrasea con cierta sorna el inicio de <em>Orgullo y prejuicio</em>, comienza <strong>Rebecca Solnit</strong> su artículo “<a href="http://lithub.com/men-explain-lolita-to-me/" target="_blank">Men explain Lolita to me</a>” (“<em>Los hombres me explican </em>Lolita”), publicado en la web Literary Hub en diciembre de 2015. Un golpe de efecto para introducir a sus lectores en lo que el feminismo contemporáneo, en su batalla por crear una constelación terminológica capaz de nombrar lo que hasta el momento pasaba inadvertido, ha denominado <em>mansplaining</em>. Después de que Capitán Swing lanzara a inicios de septiembre <a href="http://www.infolibre.es/noticias/verano_libre/2016/07/30/los_hombres_explican_cosas_rebecca_solnit_53096_1621.html" target="_blank">la traducción del libro de Solnit</a> que ostenta el mérito de haber definido el fenómeno —no de haber acuñado el término, insiste la escritora y activista estadounidense— el neologismo está más presente que nunca. </p><p><a href="http://capitanswing.com/libros/los-hombres-me-explican-cosas/" target="_blank"><em>Los hombres me explican cosas</em></a> (<em>Men explain things to me</em>, 2008) se abre con un ensayo homónimo que relata una anécdota personal que a estas alturas ya es vox pópuli. Puede resumirse del siguiente modo: el anfitrión de una fiesta burguesa hasta la náusea se aproxima a entablar conversación con las dos invitadas más jóvenes —la autora y su amiga <strong>Sally</strong>—, que estaban a punto de escabullirse. Sabe que una de ellas ha escrito un “par de libros” (en realidad, seis o siete), por lo que, en un tono condescendiente (“de la misma manera que animas al hijo de siete años de tu amiga a que te describa sus clases de flauta”), le pregunta sobre qué tratan. Cuando esta comienza a hablarle del último de ellos, la interrumpe para presentarle una nueva e importantísima obra sobre el mismo tema que, sorprendentemente, ella no parece conocer. Es entonces cuando se perfilan dos roles bien distintos en la conversación: por un lado, la joven ingenua que se asombra de haber pasado por alto un libro tan similar al suyo y aparecido a la vez que este (pero que en ningún caso duda de su existencia); por otro, el señor Muy Importante, que enseguida empieza a pontificar “con la mirada fija en el desvaído y lejano horizonte de su propia autoridad”. El final de la historia es, efectivamente, el esperable: después de varios intentos, Sally consigue hacerle saber a su interlocutor que la mujer con la que está hablando es <em>precisamente </em>quien ha escrito el libro sobre el que está sentando cátedra. Esto es: que le está explicando la obra a su propia autora.</p><p>Lo que el incidente relatado saca a la luz es una actitud que, aunque común y reconocible, frecuentemente se produce de una manera subrepticia, lo que la hace difícil de señalar. El nombre que recibe es, claro está, <em>mansplaining</em>: los hombres, sepan o no de lo que están hablando, les explican cosas a las mujeres, y lo hacen de con condescendencia o paternalismo, presuponiendo su desconocimiento del tema o asumiendo que estas se hallan en desventaja a la hora de comprenderlo. No es algo que <em>todos </em>los hombres hagan, no es una falla con la que estén inherentemente marcados ni un defecto que todos ellos posean, pero sí que, en tanto que expresión de un privilegio que resulta de un modo de socialización, es algo que <em>solo </em>los hombres hacen. Existen, es cierto, personas de ambos géneros que pueden hablar sin parar de cosas absolutamente irrelevantes; sin embargo, la absoluta confianza en uno mismo que lleva a confrontarse con el otro (<em>la otra</em>) en cuestiones de las que se es completamente ignorante es netamente masculina y se produce habitualmente en su interacción con mujeres. Si bien Solnit parte de su propia experiencia, hace un esfuerzo consciente por no tratarla como un caso aislado, sino como un fenómeno del que el feminismo debería dar cuenta e introducir dentro de la nómina de comportamientos machistas.</p><p><strong>¿Micromachismo o injusticia democrática?</strong></p><p>Habitualmente, el <em>mansplaining </em>es calificado de micromachismo y agrupado con otra serie de prácticas sexistas que tienen lugar en la vida cotidiana y que, dado el peso de la costumbre y la normalización, tienden a banalizarse, por lo que es necesario —y esa parece haber sido la intención del psicoterapeuta <strong>Luis Bonino </strong>cuando acuñó el término en los años noventa— visibilizarlas. No obstante, el prefijo <em>micro</em>- puede enmascarar la importancia real de este tipo de comportamientos que, por cotidianos, no son menos violentos ni menos denunciables que otras muestras de machismo a las que no cabría anteponérselo. En lugar de devaluar su carga machista, es preferible analizar el <em>mansplaining </em>como una expresión de dominio masculino con importantes consecuencias políticas, tanto materiales como simbólicas. Para ello debemos considerar, como lo hace la propia Solnit, que existe una continuidad entre todas estas prácticas de silenciamiento y violencia de los hombres hacia las mujeres y que por tanto conviene, en lugar de evaluarlas en una escala de menor a mayor gravedad, ver el abuso de poder como un todo.</p><p>El <em>mansplaining </em>alude a una tensión entre fuerzas desiguales, a un ejercicio de poder que refuerza un reparto asimétrico de las posibilidades de actuación. Si entendemos el poder como algo que “incita, induce, seduce, facilita o dificulta; amplía o limita, vuelve más o menos probable; de manera extrema, constriñe o prohíbe de modo absoluto” las acciones de los sujetos actuantes (<strong>Michel Foucault</strong>), comprenderemos asimismo cuáles son las consecuencias de estos hombres que explican cosas. “La resbaladiza pendiente del silenciamiento”, la llama Solnit: una guerra que las mujeres libran cada día, incluso contra sí mismas, y que dificulta su desarrollo en cualquier campo, pues las previene de hablar e incluso de ser escuchadas o creídas cuando se atreven a hacerlo. Las confina al silencio, indicándoles —igual que lo hace el acoso en las calles— que ese no es su sitio. En otro de los artículos del libro, la autora habla sobre el “síndrome de Casandra”, recuperando a aquella mujer condenada a predecir desgracias y ser tomada por mentirosa, pero igualmente podemos mencionar el llamado “síndrome de la impostora”, que lleva a tantas mujeres a desmerecer sus méritos y, en muchos casos, a no mostrarlos por miedo a ser consideradas un fraude.</p><p>El reverso de unos hombres arrogantes y seguros de sus propios conocimientos y opiniones son unas mujeres entrenadas en la falta de confianza en sí mismas y en la autocontención, que no logran sobreponer su voz a la de sus altivos interlocutores y cuya palabra, en los casos más flagrantes, es continuamente desacreditada. “La credibilidad es una herramienta básica para la supervivencia”, declara Solnit, pero las mujeres no parecen tener la suerte de ostentarla: el feminismo sigue luchando por situar en el centro el testimonio de la víctima, especialmente en casos de violencia machista o acoso de cualquier tipo. Un testimonio que, por cierto, no tiene validez legal alguna en varios países de Oriente Medio y que, allí donde no es invalidado jurídicamente, lo es por medio de numerosas estrategias. En todo el mundo y en todas las épocas el discurso femenino ha ido acompañado de calificativos como subjetivo, ilusorio, histérico o directamente falso. Ello ha sido, por supuesto, una manera más de silenciarlo.</p><p><strong>Ser humano, ser político, ser de palabra</strong></p><p>Resulta interesante leer el <em>mansplaining </em>a la luz de la filosofía política y tratarlo no como un micromachismo, sino como una injusticia democrática de primer orden. Para ello podemos retrotraernos a la <em>Política </em>de <strong>Aristóteles </strong>y a la diferencia que allí se establece entre la voz (<em>phoné</em>) que poseen todos los animales, y que les sirve para expresar placer o dolor, y la palabra (<em>logos</em>) que nos permite a los humanos manifestar lo útil y lo nocivo y, en consecuencia, lo justo y lo injusto. El ser humano es un ser político (<em>zoon politikón</em>) en la medida en que es también un ser de palabra, en que posee el lenguaje (<em>zoon logon ekhon</em>). Cuando a las mujeres se nos niega la posibilidad de ser escuchadas y creídas, cuando se coarta nuestra capacidad de expresión, no solo se nos está impidiendo el acceso a determinados ámbitos y la participación en ellos, sino que se nos está negando nuestro estatus de seres humanos. Nuestra palabra deja entonces de ser reconocida como tal y es tratada como mero ruido.</p><p>A su vez, el filósofo francés<strong> Jacques Rancière</strong> funda la racionalidad propia de la política en esta distinción aristotélica entre voz y palabra, y en la atribución de un carácter lógico o fónico a la palabra de los otros. En la discusión entre dos o más partes se produce un doble litigio que va más allá del objeto de desacuerdo y que atañe también a la posición de los interlocutores en disputa: quienes hablan no siempre se consideran como poseedores de un lenguaje común ni su interlocución igualmente válida, por lo que existe, de antemano, una disimetría en las posiciones mismas. Es así como se ejerce la dominación —lo que Rancière llama también la <em>policía </em>u <em>orden policial</em>—, al marcar una la frontera entre los que pueden hablar y, por tanto, son considerados sujetos políticos, y los que con su voz solo pueden manifestar descontento, furor o histeria. La tarea de la política consiste en demostrar la contingencia de este reparto. Solo puede existir, pues, cuando quienes no son contados como seres dotados de palabra reivindican su derecho a serlo y, con ello, oponen una nueva configuración de la comunidad. Desde esta perspectiva, política y emancipación son dos caras de una misma moneda.</p><p>El <em>mansplaining </em>es un asunto político precisamente porque alude al desacuerdo entre dos interlocutores que ocupan distintas posiciones dentro del acto comunicativo. En lo que concierne a este, la mayoría de las mujeres, como bien señala Solnit, se dan de bruces constantemente con el doble litigio anteriormente mencionado, y se ven obligadas a luchar en dos frentes distintos. Por un lado, en lo referente al tema que se esté tratando; por otro, han de defender su mero derecho a hablar, a tener ideas, a que se les reconozca la capacidad de ostentar verdades y no meras opiniones, a ser reconocidas ellas mismas como seres humanos. Deben reparar una injusticia de género que limita su espacio de actuación al mismo tiempo que lo amplía para los hombres. Para entender el <em>mansplaining </em>es necesario conceptualizar el espacio en el que se despliega la comunicación como una entidad finita: si alguien ocupa una porción demasiado grande del mismo —es decir, si habla más tiempo de la cuenta o su voz se escucha mucho más que la del resto— significa que otros se están quedando con una mucho más pequeña o, incluso, que se han visto expulsados de este espacio. Para que unas avancen dentro de un espacio limitado, otros deben retroceder. Han de renunciar a algo que no es un derecho, sino un privilegio, una fuente de discriminación e injusticia.</p><p>En 1961, <strong>Jean-Paul Sartre</strong> escribía como prefacio para el libro del revolucionario martiniqués <strong>Frantz Fanon</strong>, <em>Los condenados de la tierra</em>: “No hace mucho tiempo, la tierra estaba poblada por dos mil millones de habitantes, es decir, quinientos millones de hombres y mil quinientos millones de indígenas. Los primeros disponían del Verbo, los otros lo tomaban prestado”. Hoy en día, nuestro planeta está poblado por más de siete mil millones de habitantes y, puesto que insistimos obstinadamente en dividirlos binariamente según su género, podríamos decir que cerca de la mitad son hombres, y un porcentaje similar, mujeres. Los primeros siguen siendo los poseedores de la palabra; las otras luchan día tras día por demostrar que esta es una capacidad que les pertenece, aunque muchos sigan actuando como si la tomaran prestada.</p><p><em>[Lee aquí el primer capítulo de Los hombres me explican cosas, de Rebecca Solnit] </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/verano_libre/2016/07/30/los_hombres_explican_cosas_rebecca_solnit_53096_1621.html" target="_blank">aquí </a></p><p><em>*Lorena Ferrer es investigadora predoctoral en Filosofía.</em><strong>Lorena Ferrer</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lorena Ferrer]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Mansplaining’ y animales políticos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Igualdad,Libros,Feminismo,Los diablos azules número 35]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[¿Dónde están las mujeres?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mujeres_1_1131882.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/47abfcd7-1d7c-4579-81a9-122682212717_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Dónde están las mujeres?"></p><p>No es necesario ser especialista para darnos cuenta de que los medios de comunicación utilizan la imagen de las mujeres como reclamo visual. Y lo hacen en todos los géneros, medios y formatos. Y cuando un fenómeno se encuentra tan extendido y generalizado como este, corre el riesgo de pasar desapercibido o ignorado incluso por los y las profesionales de los propios medios. </p><p>A través de ellos creamos las ideas que tenemos sobre mundo que no conocemos de forma inmediata, pero también de ellos obtenemos claves para interpretar lo que vivimos en nuestros contextos cotidianos. No educan de una forma normalizada a las audiencias, pero sí les dan muchas de las claves con las que pensar sobre el sí-mismo y el mundo. Que esa influencia existe resulta obvio si hacemos una simple observación de nuestro entorno. Otro problema del todo insalvable es determinar de forma exacta o científica cómo los medios de masas influyen en el comportamiento humano. A menudo tendemos a echarles la culpa de todo… sin embargo, en cuanto a construcciones de género se refiere, los media no han hecho más que <em>modernizar </em>un sistema de representación simbólica que ya existía en nuestra cultura de lo que se supone que hace diferentes a los hombres y a las mujeres. </p><p>Este es un libro que intenta agrupar de forma crítica las herramientas (en este caso teorías e investigaciones) que tenemos a nuestra disposición para poder objetivar cómo los medios realizan una construcción disimétrica de los géneros respecto al desigual reparto del poder, y cómo se las arreglan para naturalizar esa disimetría. Con estas investigaciones hemos pretendido no  tanto cuantificar lo que está ocurriendo, como explicar de forma cualitativa por qué los objetos culturales que se producen en las sociedades actuales son como son. Podemos hacer preguntas del tipo: ¿por qué sólo el 11 % de actrices en las películas son mujeres? ¿Por qué el 76% de las noticias del mundo hablan de lo que les ocurre a los hombres? ¿Por qué casi todas las voces de autoridad en el mundo de la información siguen siendo hombres, por mucho que las facultades estén llenas de mujeres? ¿Por qué los premios de cine, de teatro, de poesía, de novela… suelen recibirlos los hombres? ¿Por qué en la ficción abundan los hombres mayores que encandilan a mujeres jóvenes y no existe prácticamente el modelo contrario? Y así podríamos continuar un buen rato haciéndonos preguntas que tienen una explicación de orden estructural general y que sirve para entender cualquier desigualdad: existe una matriz histórica de pensamiento-acción en nuestras sociedades que reproduce un modelo disimétrico entre los géneros. El problema no es la disimetría, sino la diferencia de poder que se da entre sus elementos. Lo femenino, casi como ocurría en la antigua Grecia, sigue siendo representado como la versión débil, inacabada y accesoria de lo humano. La cultura <em>mainstream </em>está hecha masivamente por hombres y responde a sus inquietudes, deseos y egos masculinos. </p><p>Las cualidades y formas de nuestro material simbólico, de los cuentos y narraciones ficticias que hoy pueblan nuestros medios, son la continuidad de la existencia real de un mundo en el que las mujeres padecen los mayores niveles de pobreza, violencia y explotación. Las diferencias no las han creado los medios, pero sin dudan, contribuyen a dar una sensación de normalidad a un sistema de explotación que está ante nuestros ojos, pero no nos escandaliza.  Porque los datos son escándalos: sobre economía, sobre participación política, sobre explotación sexual, sobre la producción de bienes simbólicos (información y ficción), sobre la participación en sectores tecnológicos, sobre las diferencias salariales, sobre las cargas familiares a asumir…  pero no vale para nada que me pierda en enumeraciones. Los datos tienen que ser explicados, y la función de un pensamiento crítico es señalar hacia dónde pueden y deben corregirse las cosas. </p><p>El objetivo de este libro es aportar herramientas críticas ante los medios de comunicación, partiendo de los trabajos que han hecho sobre todo en nuestro país muchas investigadoras. Se habla de información, se habla de lenguaje no sexista, de publicidad, de televisión, de cine,  de arte y activismo, de violencia de género, pero también se plantean las principales teorías críticas elaboradas en la reflexión teórica feminista sobre todo en lo relativo a la creación cultural. Es un libro que pretende cambiar el foco de atención, proponiendo salirse de la fascinación que nos producen las pantallas y aprender a mirar desde un ojo crítico que no se conforme con mirar la desigualdad como natural, deseable e inalterable. ¿El fin de todo esto? Que las personas que trabajen o interpreten los medios de comunicación aprendan a pararse ante cualquier producto cultural y se hagan la sencilla pregunta: ¿dónde están las mujeres? </p><p><em>*Asunción Bernárdez Rodal es doctora en Periodismo y directora del Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense de Madrid.  </em><strong>Asunción Bernárdez Rodal </strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Asunción Bernárdez Rodal]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿Dónde están las mujeres?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Igualdad,Libros,Medios comunicación,Periodismo,Feminismo,Los diablos azules número 35]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[Ana de Miguel: “Una parte de la izquierda y del feminismo abraza la mercantilización del cuerpo de las mujeres”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ana-miguel-parte-izquierda-feminismo-abraza-mercantilizacion-cuerpo-mujeres_1_1131878.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b9b9f958-c26b-4335-aed0-6defc79e9e92_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ana de Miguel: “Una parte de la izquierda y del feminismo abraza la mercantilización del cuerpo de las mujeres”"></p><p><strong>PREGUNTA. Neoliberalismo sexual, un título breve pero con mucha potencia. ¿Qué te llevó a escribir este libro? ¿Te dejaste algo en el tintero?</strong><em> Neoliberalismo sexual</em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/03/11/neoliberalismo_sexual_ana_miguel_46240_1821.html" target="_blank">Neoliberalismo sexual</a></p><p><strong>RESPUESTA</strong>. El libro es un intento de explicar cómo se reproduce la desigualdad entre hombres y mujeres –niñas y niños— en una sociedad, como la nuestra, formalmente igualitaria y que mantiene al unísono el discurso de “yo no he sido”, “yo apoyo la igualdad”, “yo les he educado igual”.  Una sociedad que no es capaz de ver lo que hace con cierta objetividad: que pone pendientes a las niñas cuando nacen y luego dice “yo no he sido”. No es lo importante el tema de los pendientes en sí mismo, es un ejemplo de que se hace algo que luego se niega: “Es ella la que quiere ponerse pendientes”. Bueno, espera, tú le hiciste un agujero al nacer, no le diste opción: reconócelo y piensa que tal vez esto fue solo el primer gesto de una educación diferencial según el sexo. Creo que nadie educa, en sentido fuerte, igual a su hija que a su hijo pero nadie acepta decirlo. </p><p>También por otra razón:  lo que considero una grave incoherencia de una parte de la izquierda y del feminismo, que están en contra del neoliberalismo y el “todo mercado” pero cuando llega el cuerpo de las mujeres abrazan el neoliberalismo más radical y están por aprobar la mercantilización del cuerpo de las mujeres. Mucho “no mercantilicemos Barcelona” pero poco “no mercantilicemos los cuerpos”. ¿Por qué las ciudades no se pueden mercantilizar y los cuerpos y agujeros y vientres de las personas sí? Los cuerpos en cuanto cuerpos.</p><p>Me dejé el tema de la maternidad. Me fascina cómo una elección tan importante en la vida –tener hijos o no, dedicarte a ellos cuánto y cómo—, uno de los grandes temas para plantearse, sigue casi ausente de la autoconciencia de la vida humana.  Con la maternidad de las mujeres casi todo son estereotipos y paradojas: a mí me dicen, a veces, que parece raro que tenga hijos. ¿Por qué? Pensar la maternidad es muy interesante. </p><p><strong>P. El subtítulo de tu libro es “el mito de la libre elección”. ¿Por qué es un mito la libre elección? ¿En qué se basa ese mito? </strong></p><p><strong>R</strong>. Elegir con relativa libertad un proyecto de vida es a lo que aspiramos, para nosotras y para todo el mundo. El problema es constatar una y otra vez que la “libre elección” casi siempre ha actuado para legitimar desigualdades y quedarse con buena conciencia. Si yo pago tres euros la hora a alguien para que trabaje para mí y acepta, ¿va a ser su libre elección lo que lo justifique y sirva de legitimación social y legal y moral a tal práctica? ¡Ah! Ella lo ha elegido, yo no la he obligado. Tampoco nadie <em>obliga </em>a las mujeres golpeadas a aguantar en casa, pues ya está, es su “libre elección”, y los demás a vivir que son dos días. Socialistas y feministas luchamos para transformar las estructuras que condicionan esas “libres elecciones”. El mito reposa en que ahora el tema es que elijamos libremente las cadenas. </p><p><strong>P. Se suele decir que vivimos en una sociedad igualitaria. ¿Es otro mito?</strong></p><p><strong>R</strong>. Estamos dejando el único camino que lleva a la igualdad: un Estado de bienestar fuerte, una sociedad capaz de ofrecer buenos empleos y de decir muy claramente que el trabajo no puede expandirse a las 24 horas de vida. Y una sociedad que se implique en repartir los cuidados que necesitan todos los seres humanos entre hombres y mujeres. Lo que hemos ido conquistando, que para mi generación de los sesenta ha sido bastante bueno, se está perdiendo de manera rápida. </p><p><strong>P. En el libro señalas que te diriges, fundamentalmente, a las personas jóvenes. ¿Por qué? </strong></p><p><strong>R</strong>. La juventud es el periodo en que hay que estimular la autorreflexión, el placer de pensar y el deber de pensar en el futuro común. Trato de ofrecer  una visión crítica y cercana a los jóvenes de cómo se construye su identidad “rosa y azul”, por sintetizar. Y no es fácil ver lo que tenemos enfrente de los ojos. A ver, que la gran <strong>Simone de Beauvoir</strong> llegó casi a los 40 años siendo de las mujeres que decían que “no habían notado ninguna discriminación por ser mujer”. Si una filósofa tan inteligente y observadora no había notado que su padre en la infancia le decía “Simone no es una niña, Simone es un niño” porque era inteligente, pues tenemos que comprender que la ideología patriarcal está tan firmemente interiorizada que lo previsible es que la juventud interiorice valores sexistas. Pero la filosofía viene a hacer preguntas incómodas, como <strong>Sócrates</strong>, sobre lo que somos y por qué y sobre lo que esperamos de la vida, por supuesto a los jóvenes, los primeros.</p><p><strong>P. Uno de los debates que tematizas en Neoliberalismo sexual es la  prostitución. ¿Qué opinas de cómo se está abordando el debate y las políticas en torno a esta institución?</strong><em>Neoliberalismo sexual</em></p><p><strong>R</strong>. El debate se aborda con frivolidad. Opino que la frivolidad con que lo abordan muchas personas públicas, por no hablar del cine, va a tener la injusta consecuencia de que muchas chicas de clases bajas e inmigrantes vayan a tener que acabar realizando este (ejem) <em>trabajo</em>, y encima con el beneplácito y la buena conciencia de la sociedad. Dicen profesoras de universidad, periodistas, actrices que “es un trabajo como otro cualquiera” porque el “sexo es una actividad como otra cualquiera”. El sexo no es una actividad como otra cualquiera: la violación no es solo violencia, hay algo más en esa humillación que consiste en extraer placer de la situación de inferioridad ajena; tú vestido, ella desnuda. Tú no le dices a tu hijo: masajéame un poco los huevos, que me pican, por favor; y sí le dices masajéame el cuello, por favor. Y no vengamos con la simpleza de que es algo cultural, la cultura nos constituye. No es una actividad como otra cualquiera, no lo es, pero no hay tiempo aquí para explicarlo, por eso pongo algún ejemplo un poco burdo, pero que señala que hay que pensar antes de legitimar alegremente la comercialización de los cuerpos de las otras. Una presentadora famosa puede decir que es muy libre al salir medio desnuda en la tele, pero la camarera del pub de la esquina, ¿qué va a poder decir cuando le pidan que sea tan libre como esa presentadora y se vista igual? Además, ¿no cansa ya un poco que la libertad de las mujeres se identifique siempre con desnudarse? ¿No cansa tanta tomadura de pelo?</p><p><strong>P. También afirmas que “hay Movimiento Feminista cuando las mujeres llegamos a articular un conjunto coherente y sostenido de reivindicaciones y nos organizamos para conseguirlas”. ¿Qué valoración haces del papel del movimiento feminista en los últimos tiempos?</strong></p><p><strong>R</strong>. En España en concreto ha habido manifestaciones espectaculares, como fue a propósito del Tren de la Libertad y el 7N en que hemos tenido lo que nunca habíamos visto: el apoyo masivo de gente heterogénea, hombres, jóvenes, mayores. Otra cuestión es el tema del movimiento por dentro, tal vez con demasiadas tensiones en los debates internos. Esas tensiones no se deben a una preocupación real por la contrastación de argumentos y los fines del feminismo. Más bien a la idea de “yo me tengo que diferenciar de alguna forma”, “yo no puedo coincidir con estas otras”.</p><p><strong>P. Para terminar, señalas que pudiste escribir este libro porque te subiste en hombros de gigantas. ¿Cuáles son tus gigantas? </strong></p><p><strong>R</strong>. Pues tengo muchas. Desde la huella ejemplar de <strong>Olympe de Gouges</strong> (y un saludo a <strong>Condorcet</strong>) a la capacidad de análisis de la marxista <strong>Alejandra Kolontái</strong>.<strong> John Stuart Mill </strong>me enseñó tanto que dediqué varios años a estudiarlo. Y no puedo imaginarme sin <strong>Millett </strong>y <strong>De Beauvoir</strong>. Pero mi deuda más cercana es con <strong>Lidia Falcón</strong> y <em>Vindicación Feminista </em>en mi juventud y luego con las filósofas <strong>Celia Amorós</strong> y <strong>Amelia Valcárcel</strong>. De <strong>Alicia Puleo</strong> he aprendido mucho sobre sexualidad y ecofeminismo. Y ya me callo. </p><p><strong>P. ¿Nos recomiendas tres libros que debieran estar en toda biblioteca que se precie de llamarse tal?</strong></p><p>R. Qué difícil. Leo desde pequeña y mucho. Así que voy a pegar un primer tajo, voy a pensar sólo en escritoras —que no se moleste <strong>Javier Marías</strong>, que también le leemos y sin pedir reciprocidad— porque como sé con certeza que muchos hombres, pero muchos, al ver que un libro está firmado por una mujer directamente lo devuelven a la estantería, voy a ver si les animo a dar este paso tan difícil para ellos. Uno de una casi desconocida: <a href="http://www.librosdelasteroide.com/-cuatro-hermanas" target="_blank"><em>Cuatro hermanas</em></a>, de <strong>Jeta Carleton</strong>; un ensayo: <a href="http://www.catedra.com/libro.php?codigo_comercial=164106" target="_blank"><em>Política sexual</em></a>, de <strong>Kate Millett,</strong> y casi cualquiera de <strong>Irène Némirovsky</strong>, pero no me resisto a citar una <a href="http://salamandra.info/libro/ardor-sangre" target="_blank"><em>El ardor de la sangre</em></a>. </p><p><em>*Lidia F. Montes es politóloga y miembro del Observatorio de Igualdad de Género de la Universidad Rey Juan Carlos. </em><strong>Lidia F. Montes</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lidia F. Montes]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Ana de Miguel: “Una parte de la izquierda y del feminismo abraza la mercantilización del cuerpo de las mujeres”]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Rehacer el canon en común]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/rehacer-canon-comun_1_1131871.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Las estadísticas son suficientemente elocuentes: sólo 14 mujeres han ganado el Nobel de Literatura, sólo cuatro han recibido el Premio Cervantes y otras tantas, el Premio Nacional de las Letras. Son apenas algunos de los llamativos casos que infoLibre recordaba en <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/10/17/dia_las_escritoras_poco_que_celebrar_56273_1026.html" target="_blank">un artículo </a>con motivo del Día de las Escritoras. El problema de esta raquítica representación de las mujeres escritoras en el mundo académico radica en la repercusión que estos méritos tienen en la elaboración del canon literario. Es decir, la lista de obras que estudiarán, debatirán y formarán la conciencia de nuestros hijos y nietos, en la que las autoras figurarán como excepciones a una tradición literaria de varones.  </p><p>“Si bien hay cierta conciencia a la hora de abrazar o rechazar la ideología, a la cultura nos entregamos casi sin defensa”, relata su experiencia una de las compañeras de nuestro grupo de autoconciencia feminista, en el que hemos puesto en marcha un nuevo experimento para construir nuestro propio canon, la Biblioteca Circular. A través de este sistema que no tiene más complejidad que un documento en el que cada una vuelca los títulos de su biblioteca escritos por mujeres (con mirada feminista) según el género literario. Aparecen nombres como <strong>Maya Angelou</strong>, <strong>Ana Dee</strong>, <strong>Itziar Ziga</strong>, <strong>Lucia Berlin</strong>, <strong>Jenny Offill</strong>, <strong>Alejandra Pizarnik</strong>, <strong>Elena Medel</strong>, <strong>Virginie Despentes</strong>, <strong>Marjane Satrapi</strong>, <strong>Alison Bechdel </strong>o<strong> Caitlin Moran</strong>. Nos los prestamos, los leemos, nos sorprendemos, nos emocionamos, compartimos impresiones, debatimos ideas, incorporamos pensamientos que descubrimos en ellos a conversaciones de la vida diaria. Es una manera de construir una tradición propia de autoras, de relatos e historias sobre mujeres, sin percibirlas como accidentes en el canon oficial.  </p><p>Es un camino complicado, porque significa reelaborar nuestra educación académica (y también sentimental), pero totalmente satisfactorio e intelectualmente estimulante. A continuación, relatamos entre varias cómo ha sido el proceso de gestación de este experimento y cómo nos sentimos en esta biblioteca propia, pero compartida. </p><p><strong>Un repaso rápido a nuestra biblioteca</strong></p><p>He hecho la prueba, sí. He contado los libros de mi biblioteca, he ido estante por estante apuntando cuántos de ellos han sido escritos por mujeres, y la cifra apenas alcanza el 28% del total. Quizá si contara los libros de nuestras mesitas de noche, los que están desperdigados por la casa, guardados en bolsos y mochilas, si incluyera en el cómputo aquellos que he prestado, superarían vagamente el 30%. De <em>todos</em> mis libros. Bueno, no de todos: me temo que de incluir la sección de mi biblioteca que aún sigue en casa de mi madre, el porcentaje bajaría estrepitosamente. ¿La parte buena de todo esto? La inmensa mayoría de esos libros escritos por mujeres son adquisiciones recientes, muchas no tienen más que pocos meses. En este último año sólo he intercambiado con mis amigas obras de escritoras, que iban pasando de unas manos a otras de una forma compulsiva, ávida, veloz. Hemos leído prácticamente lo mismo todas sin habérnoslo propuesto, como si esas mujeres simplemente nos acompañaran y la única manera de presentárselas al resto fuera por medio de la lectura. He aprendido que había un sesgo en mi manera de leer (uno perverso que excluía a las mujeres) y que, si quería destruirlo, tendría que luchar contra siglos de tradición, de costumbre y de voluntad excluyente. Pero, afortunadamente, no estaba sola para hacerlo. </p><p>***</p><p>Empezar a priorizar los libros escritos por mujeres no es sencillo. Cuando leí <a href="http://verne.elpais.com/verne/2015/09/22/articulo/1442914862_429051.html" target="_blank">el artículo de una conocida</a> explicando que llevaba seis meses leyendo exclusivamente a escritoras, miré mi propia estantería. Para mi sorpresa de feminista convencida, no era paritaria en absoluto. Sigue sin serlo, a mi pesar. A las autoras todavía hay que buscarlas. Antes, figuraban nombres como <strong>Virginia Woolf</strong>, absolutamente clave en mi formación, <strong>Alejandra Pizarnik</strong> o <strong>Sarah Kane</strong>. Ahora han entrado Lucia Berlin, <strong>Audre Lorde</strong>,<strong> Patricia Highsmith</strong>, <strong>Jeanette Winterson</strong>, Jenny Offill,<strong> Agnès Desarthe</strong>, <strong>Angelika Schrobsdorff </strong>y otras tantas. </p><p>***</p><p>Todo empezó con una lista de fin de año en algún blog, del que ni siquiera recuerdo el nombre, y una chica resumiendo su experiencia de un año en el que había leído a mujeres casi sin excepción. La emoción con la que lo contaba me animó a hacer lo mismo y empecé 2016 con <strong>Sara Mesa</strong>, Caitlin Moran, <strong>Svetlana Alexiévich</strong>, <strong>Natalia Ginzburg </strong>o <strong>Carmen Martín Gaite</strong>. No había estado tan enganchada a una saga literaria desde los tres primeros tomos de <em>Juego de tronos</em>. </p><p><strong>La odisea de transformar el canon y aborrecer a Bukowski</strong></p><p>Me he pasado la vida fascinada por las biografías de escritores taciturnos, misántropos, alcohólicos en el mejor de los casos, noctámbulos, de los que escriben en la cama, de los que piden que no se les moleste y que se les deje la comida en la puerta. Lamentablemente el mito del escritor romántico me llegó antes que el feminismo, pero aún a tiempo para entender que squien había dejado la comida en la puerta , seguramente, era una mujer; y, de paso, a tiempo también de preguntarme dónde están ellas, las autoras.  </p><p>***</p><p><strong>Bukowski</strong>. Cuando estaba en la universidad, figuraba en la lista invisible de libros que todo aspirante a bohemio, letraherido o poeta tenía que leer (en un ambiente y a una edad en la que ninguna de estas categorías era objeto de mofa, sino de fascinación). Mis compañeros se zambullían en él con avidez, lo citaban, lo tomaban como ejemplo de espíritu libre y oscuro. Yo llevaba semanas peleándome con una antología sacada de la biblioteca, como haría luego, con peores resultados aún, con <em>Mujeres</em>. Leía y leía, y aquello se me quedaba en la garganta como un filete malo. Nunca lo confesé. ¿Bukowski? Un genio, por supuesto. </p><p>Después me di cuenta de que no era la única. Hace poco leí, en <a href="http://lithub.com/80-books-no-woman-should-read/" target="_blank">un artículo de Rebecca Solnit</a>, una declaración de la escritora <strong>Dayna Tortorici</strong>: “Nunca olvidaré leer <em>Post Office</em>, de Bukowski, y sentirme horrible, la forma en que el narrador describía la consistencia de las feas piernas de mujer. Creo que fue la primera vez que sentí que un libro con el que me estaba intentando identificar me rechazaba”. Hasta que no he empezado, intencionadamente, a leer a escritoras, no he sido consciente ni de ese trabajo constante de identificación que llevaba realizando desde siempre ni de los malos modos con los que algún que otro libro me había expulsado de su interior. El pasado lunes, Día de las escritoras, <a href="https://twitter.com/meryone/status/788054458546679809" target="_blank">una usuaria de Twitter</a> describía así ese extraño efecto: “¿Conocéis la sensación de caminar muchos kilómetros con mucho peso y de pronto quitarte la mochila y sentir como si volaras?”.  </p><p>***</p><p>La biblioteca circular me ha obligado a rehacer mi canon literario, y los resultados de ponerles a ellos a la cola de la lista repercuten en la vida misma, porque, si bien hay cierta conciencia a la hora de abrazar o rechazar la ideología, a la cultura nos entregamos casi sin defensa, y la conectamos directamente a la experiencia y a la emoción con todas sus consecuencias. </p><p><strong>Una experiencia </strong></p><p>En su libro <em>Todo sobre el amor</em>, la escritora e intelectual estadounidense <strong>bell hooks</strong> —en minúsculas, porque prefiere que nos fijemos en sus ideas en lugar de su nombre— cuenta la sensación de aislamiento que la invadió tras la ruptura romántica más grave de su vida. Cuando se quedó sola, después de haber invertido gran parte de su energía en su pareja durante quince años, tuvo que enfrentarse a un vacío de relaciones íntimas que sus amigos y su familia no parecían poder suplir. Entregarse a su trabajo, la solución de muchas de las heroínas solteras que vemos en la televisión, no era para ella una solución viable: lo que necesitaba era calor, cariño, cuidado. </p><p>hooks construyó su equilibrio al tomar conciencia de la comunidad que la rodeaba, una comunidad que percibía como fragmentada por el patriarcado, la cultura de consumo y su propia negligencia. Amigos, vecinos, un hermano al que animó a mudarse a su ciudad: con distintos grados de intensidad, hooks comenzó a cuidar de sus lazos afectivos atendiendo a sus relaciones individuales, y al mismo tiempo insuflando vida a la idea de una red. Al sentirse parte de un todo aprendió a ser feliz sola y a estimar el sacrificio y el amor de las mujeres que siempre han sabido sacar adelante al mundo. </p><p><strong>Un consejo: leer a mujeres es cuidarse</strong></p><p>Leer a bell hooks, a Virginia Woolf, a Audrey Lorde, a Caitlin Moran y a Rebecca Solnit me enseña a entenderme y a valorar mi soledad. Nutrirse de las palabras de otras mujeres ayuda a articular lo que hasta ahora era abstracto. Pero lo mejor de pertenecer a una biblioteca circular, en la que los (excelentes) libros de mis amigas pasan rápidamente de unas manos a otras, es que me provee de un hueco dentro de una comunidad acogedora y consciente de sí misma. Leer también es cuidar(se). </p><p>***</p><p>Leerlas me ha producido una sensación de crecimiento y de conquista. Han ensanchado el mundo al que creo tener derecho. Me han mostrado un amplio rango de personajes femeninos tratados con profundidad y respeto, que no apuntalan el carácter de los masculinos, sino que se sitúan en el centro de la narración. Personajes femeninos tratados, en definitiva, como seres humanos. Estas autoras han ampliado el concepto que tenía de lo que significa ser mujer —incluyendo experiencias que ignoro, como la de la mujer negra, la mujer pobre o la mujer trans—, y por lo tanto el que tenía de mí misma. Han alargado mis genealogías literarias y vitales. Me han dado espacio. Y un espacio compartido. Porque estas lecturas jamás hubieran tenido ese efecto profundo e intuyo que duradero de no haber ocurrido en grupo. En la alegría de mi amiga al recibir un libro nuevo —un lugar nuevo, una voz nueva, un <em>yo</em> nuevo—reconozco y legitimo mi propia alegría. En sus ojos brillantes al devolverlo, en sus “viva Chimamanda” o “qué tía, Rebecca Solnit” —porque entran a formar parte de la tribu y se las trata con esa cercanía— está ese extraño poder que yo misma he sentido entre sus páginas. La lectura es sin duda un proceso íntimo y silencioso. Pero hemos aprendido juntas que sus efectos son políticos y atronadores. </p><p><em>*No se dice chichi es un grupo de lectura y autoconciencia feminista que se reúne en Madrid. </em><strong>No se dice chichi</strong></p><p> <em> </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[NSDC]]></author>
      <media:title><![CDATA[Rehacer el canon en común]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Igualdad,Libros,Literatura,Feminismo,Los diablos azules número 35]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Género y Gran Recesión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/genero-gran-recesion_1_1131864.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/29c6751d-c892-4feb-9e91-b8ef8a50b79a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Género y Gran Recesión"></p><p>Las crisis económicas, y las políticas económicas que se aplican para intentar salir de estas, afectan a las personas de muy diversas formas debido a su diferente posición y funciones en la familia, en los mercados de trabajo o crediticios, en la sociedad, en el territorio y en función de su raza, etnia, clase social y, aunque haya sido generalmente más olvidado, también según sean mujeres u hombres, tal y como se puso de manifiesto en los pioneros trabajos de <strong>Rania Antonopoulus</strong> que han culminado en la publicación del libro editado por ella, <em>Gender perspectives and gender impacts of the global economic crisis</em> [<em>Perspectivas de género e impactos de género de la crisis económica global</em>] (Routledge), así como en el primer y más extenso análisis de género del origen y las consecuencias de la crisis que se ha publicado en España, escrito por Juan Torres y por mí, <em>Desiguales. Mujeres y hombres en la crisis financiera</em> (Icaria). </p><p>Y otro gran número de textos y evidencias empíricas de gran relieve científico publicados en los últimos años han mostrado que la utilización del género como categoría analítica es esencial para profundizar en el conocimiento de la naturaleza, el origen y las implicaciones de crisis como la más reciente. De hecho, la vinculación entre las crisis económicas, las recesiones y las desigualdades de género han sido ampliamente estudiadas desde la economía feminista, sobre todo, en los procesos de ajuste estructural que sufrieron los países latinoamericanos y asiáticos en las décadas de 1980 y 1990, y sus conclusiones han sido decisivas para orientar el análisis de la crisis actual, a pesar de que ésta última ha tenido una dimensión sistémica mucho más acusada y una salida austericida ligeramente distinta a la de otras anteriores. Una síntesis de esos estudios y sus aportaciones al análisis actual de la crisis económica pueden verse en el capítulo de <strong>Diane Elson</strong>, “Economic crisis from the 1980s to the 2010s: a gender analysis” ["Crisis económicas desde los ochenta a la década de 2010: un análisis de género] en uno de los libros fundamentales del enfoque feminista de la macroeconomía y la política económica: el editado por <strong>Shirin Rai </strong>y<strong> Georgina Waylen</strong>, <em>New frontiers in feminist political economy</em> [<em>Nuevas fronteras en la  economía política feminista</em>]  (Routledge). </p><p>En paralelo al desarrollo de la crisis se han ido publicando numerosos trabajos (especialmente en la revista <em>Feminist Economics</em>, donde destaca un número especial sobre el tema ahora en formato libro editado por <strong>Sakiko Fukuda-Parr, James Heintz</strong> y <strong>Stephanie Seguino</strong>, <em>Critical and feminist perspectives on financial and economic crises</em> [<em>Perspectivas críticas y feministas en la crisis económica y financiera</em>]) que han permitido poner de relieve que su origen estaba claramente vinculado a la desigualdad de género y, en particular, a la enorme discriminación familiar, laboral y financiera sufrida por las mujeres en la práctica totalidad de los países y de modo muy singular en Estados Unidos durante el proceso de eclosión de la burbuja de las hipotecas basura.</p><p>Más adelante, se ha ido analizando también la directa y fuerte vinculación de la desigualdad de género con la llamada austeridad (en realidad una nueva versión de las viejas políticas deflacionistas que vienen desarrollándose desde los años ochenta como soporte de la respuesta neoliberal a la gran crisis estructural que se desencadenó en las economías capitalistas, incluso ya antes del comienzo de los años setenta del pasado siglo). Y de ahí han florecido los análisis que muestran claramente las conexiones entre la domesticidad, el trabajo no pagado y la macroeconomía; entre las desigualdades basadas en la identidad y las distributivas; entre las elecciones de los inversores —aparentemente neutras desde el punto de género— y la regulación pública de la economía; y entre los y las propietarias individuales de casas y los abstractos mercados financieros globales,  tal y como han analizado <strong>Aida A. Hozic </strong>y <strong>Jacqui</strong> en <em>True scandalous economics. Gender and the politics of financial crises</em> [<em>Economía realmente escandalosa. Género y  la política de la crisis financiera</em>] (Oxford University Press). </p><p>El análisis de género de la crisis también ha puesto de manifiesto que el impacto de la austeridad ha sido mucho mayor y más dañino en las personas con menos recursos –donde hay más mujeres—, tal y como hemos mostrado <strong>Paula Rodríguez Modroño</strong> y yo en varios trabajos, o el libro editado por <strong>Maria Karamessini </strong>y <strong>Jill Rubery, </strong><em>Women and austerity</em> [<em>Mujeres y austeridad</em>] (Routledge). Algo por otra parte lógico si se tiene en cuenta que las mujeres sufren también en mayor medida los recortes en gasto público social. Bien porque son las principales usuarias de estos servicios –ya sea directamente o como intermediarias para otros miembros de la familia—, las principales empleadas en ellos y, sobre todo, porque son las “sustitutas naturales”, es decir, sobre quienes recae la provisión de los servicios que las administraciones públicas ya no dan, encarecen. Un fenómeno que se da en los distintos contextos nacionales, aunque sea con distintas intensidades y características dependiendo principalmente de los modelos de bienestar y de género. </p><p>A diferencia de estos enfoques, los grandes relatos sobre la crisis y las políticas de austeridad se han revelado como ciegos al género, tanto en el análisis del sistema capitalista –como por ejemplo el libro de <strong>Thomas Piketty</strong>, <em>El capital en el siglo XXI </em>(Fondo de Cultura)—, que además es heteropatriarcal, como en lo relativo a las consecuencias desiguales que la crisis ha tenido en hombres y mujeres, y entre las propias mujeres y los propios hombres. </p><p>De hecho, si analizamos algunos de los títulos más leídos sobre la Gran Recesión y su salida austeritaria, podemos fácilmente comprobar que el análisis de género está totalmente ausente, como en el por otra parte magnífico libro de <strong>Mark Blyth</strong>, <em>Austerity. The History of a dangerous idea [Austeridad. La historia de una idea peligrosa] (</em>Oxford University Press), o el de <strong>Daniel Dreszner</strong>, <em>The system worked </em>[<em>El sistema funcionaba</em>] (Oxford University Press), que analiza todo el sistema que dio origen a la crisis pero sin reparar cómo sus orígenes vinculados con la titulización de las hipotecas basura se cebó en el último escalón del mercado, especialmente en las mujeres y en las minorías raciales, tal y como analizábamos en <em>Desiguales</em>. Estos autores mostraban cómo las mujeres afroamericanas, que solo suponen el 6% de la población estadounidense, suscribieron casi la mitad de todas las <em>subprime</em>, que con la investigación posterior de las causas de la crisis se revelaron como una práctica engañosa y predatoria por parte de los bancos, que de esa manera se aprovecharon de la situación de exclusión económica de esas mujeres, sus menores conocimientos financieros y sobre todo, de que por socialización se mostraban más confiadas a las propuestas de los comerciales.</p><p>La relación podría seguir con los libros de <strong>Yanis Varoufakis, Martin Wolf</strong> o <strong>Joseph Stiglitz</strong>, donde el análisis de género brilla por su ausencia. De hecho, los grandes relatos de la crisis y sobre todo la interpretación de las instituciones internacionales solo se han acercado a este tema para ahondar en la división por género de la sociedad como con el mantra manidamente repetido –y no empíricamente demostrado—, de que las mujeres tienen mayor aversión al riesgo y que si Lehman Brothers hubiera sido Lehman Sisters la crisis no se habría producido. Sin tener en cuenta que un mundo en el que hubiera existido una Lehman Sisters estaría tan estratosféricamente alejado de la realidad que no merece la pena realizar ejercicios contrafactuales tan imaginativos.</p><p>Afortunadamente, y como se ha tratado de poner de manifiesto, hay una pujante literatura de economía feminista que está sacando a la luz cómo el <em>new normal</em> de la sexualizada y racializada desigualdad y la violencia contra las mujeres forma parte, complejiza y enriquece el relato de la Gran Recesión y el austericidio que la ha sucedido. </p><p><em>*Lina Gálvez Muñoz es es catedrática de Historia e Instituciones Económicas en la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla). </em><strong>Lina Gálvez Muñoz </strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lina Gálvez Muñoz]]></author>
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    <item>
      <title><![CDATA[La genialidad, ¿un atributo masculino?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/genialidad-atributo-masculino_1_1131861.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5ee97c6b-2bf3-4fc8-9641-189f4c3090d2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La genialidad, ¿un atributo masculino?"></p><p>Durante los últimos días hemos asistido a cierta controversia en torno a la concesión del Premio Nobel de Literatura de este año. Casi con total seguridad, cualquiera que lea estas líneas sabe de la polémica. Menos conocida es la reflexión crítica surgida ante el hecho de que todos los galardonados sean hombres y que mujer alguna sea merecedora este año de tal reconocimiento. Una notoria evidencia que se ha contestado, no sin cierta virulencia en las redes, señalando que es un aspecto menor, una casualidad, que el mérito o la genialidad no tienen sexo y que ya estamos las latosas del feminismo con la tediosa tarea de contar mujeres.</p><p>Respecto a estos huecos y sonoros lugares comunes conviene advertir, en primer lugar, que contar mujeres laureadas no resulta muy tedioso: son pocas. Resulta bastante más fatigoso contar hombres, dado que representan siempre y en todo lugar que comporta poder o reconocimiento una lista bien nutrida. Desde el año 2001, solo 19 mujeres han recibido dicha distinción frente al más de un centenar de varones que han tenido dicho honor (permítanme que no los cuente). Un dato que, a poco rigor que se pretenda, desmonta la tesis de que el  sexo de la persona premiada sea una casualidad. De forma inevitable asalta la duda de qué hubiera pasado si en un milagro contracultural todas las nominaciones de este año hubieran recaído en mujeres ¿Sería irrelevante? ¿No se haría una conveniente lectura de este hecho? ¿Nadie haría mención a la mano negra de la supuesta ideología de género? Probablemente, en este caso, el oportuno análisis de la causalidad primaría sobre el manido argumento de la casualidad. </p><p>Si afrontamos el primero, la reflexión sobre las causas, podemos encontrar una solvente explicación en un conocido texto de la filósofa <strong>Amelia Valcárcel </strong>editado por Cátedra bajo el título <em>Feminismo en un mundo global.</em> En el mismo se recoge, en el capítulo dedicado a “Los cuatro escalones de la Sabiduría”, la siguiente reflexión: “El sufragismo obtuvo el derecho a saber, pero el sexo del saber sigue siendo el mismo. Quiero con ello significar dos cosas: una, que el llamado saber mantiene por el momento excesivos sesgos e idiotismos masculinos, lo que el feminismo suele llamar con el término androcentrismo;  dos, que la autorización de las mujeres para el saber y sus ritos está incompleta”. De forma tal que las mujeres han accedido al escalón significativo de <em>estar</em> en el saber, pero no al de <em>ser </em>sabias. </p><p>Estar en el saber no es poco; fue una tarea pírrica. Durante siglos, la expulsión de las mujeres de la formación reglada y la obligación de la educación segregada permitió hacer de su incapacidad intelectual un principio de la naturaleza. Las mujeres no podían ser sabias porque no eran seres racionales, de parecerlo sería atribuido a la famosa intuición femenina (que nunca estaría a la altura de la musa de la razón) y de ello se ocuparían todos los dispositivos educativos y socializadores. No en vano, históricamente, la defensa de un modelo pedagógico segregado y diferenciado y el debate sobre la “adecuada” educación femenina recabó el atento interés de ínclitos próceres de la política, la religión, la filosofía, la literatura o la medicina. Vehementes portavoces de los intereses femeninos en materia educativa que, en paralelo, mostraban un llamativo desdén hacia su condición social. </p><p>Aunque todavía pervive una educación segregada en algunas instituciones educativas de carácter religioso y concertado, y en muchos países se prohíbe y sanciona la escolarización de las niñas a partir de determinada edad, lo cierto es que, en el denominado mundo occidental, afortunadamente hace años que abandonamos la pedagogía revolucionaria rousseauniana de la separación, la domesticidad y el sometimiento. La sátira sobre las pretensiones intelectuales de las mujeres recogidas en populares novelas como <em>Las mujeres sabias</em> de <strong>Molière, </strong>o el correlato español de <em>La culta latiniparla </em>de <strong>Quevedo </strong>o en <em>La dama boba</em> de <strong>Lope de Vega</strong>, ha rebajado mucho su intensidad. En la actualidad la formación de mujeres y hombres, al menos en nuestro entorno más inmediato, es muy similar. ¿Qué ocurre, pues? Ocurre que todavía perviven algunos instrumentos históricos que garantizaban la expulsión de las mujeres del ámbito del re-conocimiento: la exigencia de demostración, la teoría de las excepciones, la especificidad genérica y la criba histórica patriarcal. </p><p>En primer lugar, una suerte de “inversión de la carga de la prueba” se aplicó a lo relativo a sus dotes intelectuales. De forma tal que, mientras todos los varones poseían <em>de serie</em> el uso de la razón y la capacidad reflexiva, ellas debían demostrarlo de forma fehaciente y sostenida. Si se superaba dicho requerimiento se aplicaba la conocida como la “teoría de las excepciones” que, como bien sabemos, no invalida la regla. A su vez, era frecuente que sus aportaciones se adscribieran a una rama periférica y específica del  conocimiento o la creación artística (la femenina). Sin ir más lejos, un ejemplo lo tenemos en la conocida como “literatura de mujeres”, es decir, aquella escrita por mujeres. Un género literario <em>sui generis</em> que se explica tan solo por el género en cuestión de la persona que escribe. Pero si de lectoras se trata, también se aplica este axioma. Conocidas son las denominadas como revistas femeninas o de mujeres frente a las revistas de motos, coches o las deportivas que —pese a tener una audiencia mayoritariamente masculina— nadie tilda de revistas masculinas o de hombres. Ejemplos no faltan sobre la cuestión. </p><p>Como colofón, el “trabajo  histórico de deshistoricización” (en el sentido apuntado por <strong>Bourdieu</strong>) ignora o invisibiliza los reconocimientos individualizados de las mujeres que entran en la supuesta dinámica de las excepciones. Como repara Amelia Valcárcel, las mujeres van desapareciendo según se accede a un estadio del conocimiento superior de los cuatro escalones del saber (integrado, según la autora, por competentes, eruditos, sabios y genios). De forma tal que “los ritos de pertenencia están incompletos. Las inteligencias femeninas son meras invitadas en el mundo del saber. Del mismo modo que en algunos selectos clubes masculinos londinenses las mujeres pueden un día a la semana ser invitadas sin que el recinto cambie su signo, así en el mundo del Saber y de la Cultura —ambas con mayúscula—, ellas permanecen a título excepcional. Los necesarios tramos educativos ya han sido cubiertos, pero los escalones del saber, que comienzan tras ellos, no han sido abiertos”. </p><p>Es precisamente esto, transitar los escalones del saber, lo que demanda el feminismo en relación al sesgo androcéntrico de la ilustre Academia Sueca. La demanda no es conceder un reconocimiento por ser mujeres. Se trata  de lo contrario, de no pensar solo en hombres cuando de un galardón se trata. De otorgar un Nobel no por, sino pese a ser mujer. Un reto que pasa por no solo <em>estar </em>en el saber, sino por adquirir, por fin, el reconocimiento de <em>ser </em>sabias. En última instancia, se trata de que el mérito o la genialidad no tengan sexo. </p><p> <em>*Laura Nuño es  politóloga, investigadora y activista feminista. Dirige el Observatorio de Igualdad en la Universidad Rey Juan Carlos.</em><strong>Laura Nuño </strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Laura Nuño]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Neoliberalismo sexual’, de Ana de Miguel]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/neoliberalismo-sexual-ana-miguel_1_1123778.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/727dd882-b93a-4acc-aa37-959a6465b171_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Neoliberalismo sexual’, de Ana de Miguel"></p><p><strong>Neoliberalismo sexual. El mito de la libre elección</strong><strong>Ana de MiguelCátedraMadrid2015 </strong></p><p>“Vivimos en sociedades formalmente igualitarias y en que la mayor parte de las personas declara apoyar el valor de la igualdad. Sociedades en las que no es raro escuchar que 'ya hay igualdad' entre hombres y mujeres. Este libro mantiene que tal igualdad no existe, lo que hay son nuevas formas de reproducción y aceptación de la desigualdad”. Con esta contundente declaración comienza <em>Neoliberalismo sexual. El mito de la libre elección</em>, el lúcido ensayo que <strong>Ana de Miguel</strong> acaba de publicar en la colección Feminismos de la editorial Cátedra. A lo largo del texto, la autora desenmascara la retórica de la libre elección y visibiliza los mecanismos estructurales e ideológicos que condicionan las decisiones de mujeres y hombres desde el mismo momento del nacimiento. </p><p>Heredera de la hermenéutica de la sospecha, el libro recoge el legado de dos grandes axiomas de <strong>Celia Amorós</strong>, “teorizar es politizar” y “no hay nada más práctico que una buena teoría”, para teorizar y politizar los debates vigentes en el seno del feminismo y de la sociedad en general. Ana de Miguel muestra con ejemplos muy ilustrativos las nuevas formas de reproducción del patriarcado, recoge un sinfín de situaciones y contextos donde las mujeres son tratadas todavía como objetos, y recupera el legado histórico de la vindicación feminista para reclamar su posición de sujeto. </p><p>Escrito en un lenguaje claro y directo, <em>Neoliberalismo sexual</em> es un texto con voluntad de comunicar y compartir con todos los públicos la teoría crítica feminista. Un libro valiente, lleno de magisterio, que recoge el punzante sentido de humor de la autora y donde, como ella misma ha declarado, “se ha despachado a gusto”.  </p><p>Una obra que Ana de Miguel tiene la sabiduría de estructurar en tres actos. En el primero (“Dónde estamos”), aborda los patriarcados de consentimiento, los desafíos del presente y la igualdad entre las nuevas generaciones. En el segundo (“De dónde venimos y cómo lo hemos hecho”) analiza los nuevos movimientos sociales y el feminismo como movimiento social, pero también como teoría y como “forma de estar en el mundo”. Un feminismo que es concebido por la autora como una “teoría crítica del poder” que pretende subvertir los códigos del patriarcado y que está lejos de ser “una teoría neoliberal de la preferencia individual”. La tercera y última parte del libro (“Hacía dónde queremos ir y cómo vamos a hacerlo”) se centra en los desafíos que representa la reacción patriarcal, los neomachismos y el mercado globalizado y propone posibles estrategias que “nos unen, nos separan y nos hacen avanzar”. </p><p><em>Neoliberalismo sexual </em>tematiza el histórico derecho patriarcal de los hombres para disponer de los cuerpos y vidas de las mujeres, desenmascara la socialización sexualizada, la falsa retórica de la libre elección y los efectos de la mercantilización del cuerpo de las mujeres en un mercado depredador. ¿Todo se puede comprar y vender? ¿Podemos convertir todo en mercancía? ¿Los seres humanos también? ¿Por qué tanto interés de grupos tan dispares para apoyar la libertad de las mujeres, precisamente, para venderse?, se pregunta la autora.  </p><p>Desde ese hilo conductor aborda las distintas formas de opresión del patriarcado que permiten mantener la jerarquía sexual y la posición subalterna de las mujeres. Así, analiza aspectos como la creciente hipersexualización de las niñas y mujeres, el sistema educativo, los estudios de género y su evolución, la violencia de género, la violación, la construcción el amor romántico, el sexismo y el esencialismo imperante en el mundo de la creación, de los medios de comunicación y del consumo, la sexualidad, los neomachismos, la masculinidad hegemónica o la prostitución.  </p><p>Un texto lúcido, optimista y comprometido que apuesta por la acción colectiva desde la responsabilidad individual. Como apunta la autora “todas y todos somos responsables de nuestros actos”: el putero, el violento, el acosador, el que se deja querer, los que viven cómodamente instalados en sus privilegios de género y quienes miran hacia otro lado. Un ensayo con tan buena acogida que, en los cuatro meses que lleva a venta, ha sacado ya su tercera edición.</p><p><em>*Laura Nuño es doctora en Ciencia Política y directora del Observatorio de Igualdad de Género de la Universidad Rey Juan Carlos. </em><strong>Laura Nuño</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Laura Nuño]]></author>
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