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    <title><![CDATA[infoLibre - Narrativa]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/narrativa/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Narrativa]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Érase una vez un reino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/desde-la-casa-roja/erase-vez-reino_129_2094006.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d1f73c88-8188-40da-8712-b0cfed7189e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Érase una vez un reino"></p><p>Érase una vez un reino tan cercano, tan cercano, que se llamaba <strong>Reino de España</strong>. Tiene este reino <strong>cuarenta y ocho millones de súbditos diversos, cincuenta y dos provincias</strong>, algunas regiones más rebeldes que otras y no se sabe cuántos, porque eso no se ha preguntado ni se pregunta, pero una buena parte de estos súbditos preferirían que no hubiera familias que heredaran la <strong>jefatura del Estado</strong> por tener sangre azul. </p><p>Años atrás, <strong>un niño de diez años y ojos claros, pelo rubio, un príncipe de linaje francés</strong>, fue arrancado del exilio de su familia en Estoril para ser formado e instruido militarmente junto a alguien a quien se hacía llamar generalísimo de todos los ejércitos. Parecía que tuviera un plan personal para él. <strong>Y que ese plan era el mismo plan que tenía para el país</strong>. Quedaba en su triste memoria un hermano muerto en un juego de jóvenes con una pistola que resultó cargada y un padre alejado para siempre. <strong>La soledad</strong>. </p><p>Cuentan que <strong>el dictador le dijo que se dejara de novias</strong> y se casó con una princesa griega con la que tuvo tres hijos rubios y altos como lo eran ellos. Cuando el dictador murió, solo dos días después, le proclamaron rey del reino nuevo. Una nación con un regente campechano y una reina profesional que sería una monarquía, pero con Parlamento y Constitución. </p><p>Pasaron los años y aquel cuento del apuesto rey motero se resquebrajó.<strong> Lo tenía todo y quiso más</strong>. Se acabó la ejemplaridad. Se acabó el cuento y el tabú mediático. Mientras el reino vivía lo más crudo de una crisis, se supo que <strong>el rey estaba en Botsuana cazando elefantes</strong>. Lo cogieron también aceptando donaciones y comisiones en el extranjero. Abriendo cuentas en otros países. Transfiriendo dinero. Las amigas entrañables empezaron a hablar. <strong>¿No es eso lo que hacen los reyes?</strong>, se preguntaría. <strong>¿Pero ya no sirve que me recordéis hablando por la televisión el 23 de febrero aquel?</strong> ¿Cómo iba su vida privada a dinamitar un legado semejante? <strong>¿Acaso no es íntima la razón de ser de una dinastía?</strong> Si solo había sido un hombre. </p><p>Y abdicó y su hijo menor heredó la corona por ser el varón. <strong>Estaba muy preparado, decían. Para sobrevivir, había que desterrar al padre</strong>. Y el rey ya emérito se fue a vivir al desierto. Y la <strong>Casa Real </strong>siguió su curso con otras formas de contar la segunda parte de la misma novela. Van a cumplirse cincuenta años de reino. Y ahora nadie se acuerda de invitarle a los fastos.  </p><p>Porque <strong>si de algo vivía aquel rey antiguo era de una gran historia, la Historia,</strong> que había sido muy bien escrita. Atada y muy bien atada. Así que quiso recuperar su relato y le escribieron una nueva versión en la que tuvo la osadía de llamar a la democracia española “mi obra”. Donde confiesa que nunca se ha sentido libre. Que es el único español jubilado que no cobra pensión después de cuarenta años de servicio. Donde recuerda a su propio hijo que es heredero de un sistema que forjó él.  Y que quiere volver a su país. </p><p><strong>Que quiere morir en su tierra</strong>. </p><p>Hay veces en que la realidad supera cualquier intento de ficción. Como los extractos que hemos conocido de estas memorias de Juan Carlos de Borbón que ha publicado en Francia y se titulan <em>Reconciliación</em> y no se llaman, no se sabe por qué, “Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”. Disculparse con honestidad es lo mínimo que podría haber vuelto a decir a ese pueblo que se llegó a decir a sí mismo <strong>"republicano, pero </strong><em><strong>juancarlista"</strong></em><strong>. </strong>Lo mínimo era condenar la dictadura y mostrar <strong>cierta empatía con las víctimas del Régimen que dirigía su padre político</strong>, al que dice haber querido y admirado. Era un buen momento para explicarnos aquel febrero de 1981. Para hablar de cómo levantó su patrimonio. Un momento para la humildad y la autocrítica. Era una gran oportunidad para, al menos, <strong>reconciliarse con esos a quienes no dedica sus memorias</strong>, los españoles y españolas a los que nadie preguntó nada, pero tuvo de su parte durante décadas. Para escribir su propio final. </p><p>Y no puedo evitar acordarme de <strong>aquella entrevista inédita que le dio Adolfo Suárez a Victoria Prego en 1995</strong> y, en un descuido, el expresidente le confiesa a la periodista que no sometieron la forma de Estado a referéndum porque hacían encuestas y perdían. </p><p>Quién sabe cómo acabará esta historia de fantasía, quién sabe si fueron felices o no, porque los reyes también lloran, pero perdices se las comieron todas. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Nov 2025 19:59:03 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Aroa Moreno Durán]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Érase una vez un reino]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Narrativa]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[DelPerdidos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/delperdidos_129_2136730.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Juanito Cuenca, habitualmente tan claro, masticaba una reflexión en una tarde lluviosa de finales de enero, bajo la tarraza DelPerdidos en Berlín. Sus compañeros de reflexión habitual, un vaso corto, un par de hielos y dos dedos de The Macallan, se resistían a entender dos <strong>conceptos similares en su estructura</strong>, pero vanos en su contenido: storyselling (vender a través de historias) y storytelling (comunicar a través de historias). La reflexión le llevo a engullir con cierta mala hostia un resultado premonitorio: da igual lo que se comunique o se venda, que sea o no de calidad, <strong>lo importante es venderlo bien,</strong> tener un relato. -Y esto es lo que tiene la derecha, extrema o no- pensó -un <strong>relato que se vende bien, fácil y espúreo -.</strong></p><p>Con gesto adusto y tras disolver la trama filosófica en el poco hielo del vaso corto, Juanito Cuenca asintió al saludo de un conocido DelPerdidos, al que no atinó a ponerle nombre. Tal vez había perdido la <strong>paciencia para escuchar y para narrar</strong>. Intentó perder el hilo del pensamiento tras un -hostias, no deja de llover-. Y permitió a la tarde abstraerse, pero machaconamente recibió ideas que no eran suyas, que le visitaban sin llamar a la puerta, <strong>inoportunas</strong>, a las que ponía numero para ir terminando el relato. La narrativa -concluyó- no es mas que un copia y pega de lo que lees o escuchas.</p><p>Anochecía en un Berlín frio y la perspectiva optimista era reconocer que no sabes en que mundo vives y que obviamente te iba a ir mal. Tan mal que<strong> si no acaba con todo dios el fascismo lo hará el calentamiento global. </strong>Y esto son lentejas. Sobrevivimos en una sociedad quemada, exhausta por los acontecimientos políticos y sumergida en sus teléfonos móviles. Lentejas...</p><p>La terraza DelPerdidos comenzaba a cubrirse de una neblina grisácea que no hacia mas que anunciar el<strong> declive de un mundo convulso.</strong></p><p>________________________</p><p><em><strong>Pako Martí </strong></em><em>es socio de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Feb 2026 05:01:05 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pako Martí]]></author>
      <media:title><![CDATA[DelPerdidos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Opinión,pensamiento,Derecha,Extrema derecha,Narrativa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Esto nunca me ha pasado a mí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/pasado_1_1839040.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ec77011d-f696-4e55-9909-a20dd8f5c16c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Esto nunca me ha pasado a mí"></p><p>Tengo dieciocho años y quiero cambiar el mundo. Considero que, como mi mundo no merece la pena ser salvado, debo irme a un país lejano y pobre, pero mis padres no me dejan. Pienso en los tres meses de verano que me esperan: trabajar en una tienda, trabajar de camarera, ir a una playa contaminada cuando tenga tiempo libre, de fiesta con mis amigas los fines de semana. Tras muchas discusiones,<strong> llego a un acuerdo con mis padres: iré a un país lejano y pobre a través de una ONG</strong> con la que colabora una amiga de la familia. El único problema es que tendré que trabajar en un orfanato y a mí no me gustan los niños. Pero, me digo, son niños de un país lejano y pobre, huérfanos en condiciones terribles, así que no son como los de aquí: insoportables, mimados, gritones, caprichosos. Antes de que acabe el curso y haga el examen de selectividad ya están todos los trámites cerrados: pasaporte, vacunas, contrato con la ONG. En pocas semanas subiré por primera vez a un avión. Son los tiempos en los que todavía se fuma en los aviones. </p><p>Pero en esta revista me han pedido que cuente unas vacaciones desastrosas y veo que esta historia de adolescente oenegera no cuadra muy bien, así que no voy a contar el impacto que supone para mí trabajar con esos críos huérfanos porque a sus padres se los ha llevado por delante el sida o la heroína o la cárcel o una reyerta callejera o, en definitiva, la puta pobreza. No voy a contar que me encariño muchísimo de la niña Claudia y que todavía me pregunto, tantos años después, qué será de ella, demasiado guapa, demasiado sensible para la mierda de vida que le ha tocado en suerte. Tampoco voy a hablar de esa mañana que, mientras espero en la parada de autobús para ir al orfanato, un coche en el que viajan tres hombres frena en seco y uno de ellos se asoma, me agarra de un brazo, intenta meterme a la fuerza en él y que, si no lo consigue, es porque un señor que espera a mi lado en la parada me agarra del otro brazo y no lo permite. Tampoco voy a contar que <strong>no se lo digo a nadie para que mis padres no me pidan que vuelva a casa. </strong>Voy a dejar de lado esas historias porque no son vacaciones y no constituyen ningún desastre y, en vez, voy a centrarme en los días en los que me doy el lujo de viajar un poco por el país, acompañada por la amiga de la familia, una buena persona que quiere que me dé un respiro de tanta miseria porque piensa que esta no es manera de pasar sus vacaciones una chica de dieciocho años. Veo cosas preciosas: cataratas impresionantes, naturaleza exuberante, pueblos de arquitectura colonial. Pero hay un momento en que las cosas se tuercen y, con mi total y diligente colaboración, convierto unas vacaciones excepcionales en un pequeño desastre del que todavía me avergüenzo. </p><p>A mitad de viaje, después de haber visitado un parque nacional y dos enclaves coloniales, la Amiga, llamémosla así, decide que la mejor manera de volver a la ciudad es formando parte de un tour que se detiene en varios lugares de esos que llaman de interés turístico. A la Amiga le da miedo viajar en transporte regular por esa zona del país, entonces muy violenta y me imagino que ahora también. Es más seguro viajar en un autobús turístico y dormir en hoteles concertados por la agencia de viajes, una de las más fiables del país porque nunca sufren percances ni asaltos. Después del susto en la parada de autobús, <strong>no cuestiono el porqué de esa inmunidad ante el crimen organizado.</strong> En cuanto nos unimos al grupo la mañana de la partida, me llama la atención un chico de veintimuchos años, tal vez incluso treinta, con melena recogida en una coleta, tez pálida, alto y ancho como un armario. La mayoría de los integrantes del grupo son parejas, algunas jóvenes y otras mayores, grupitos de amigas y amigos. Contemplo al joven, esperando que en cualquier momento aparezca su acompañante, pero cuando la guía hace el recuento y subimos al autobús, confirmo que viaja solo. La Amiga y yo nos sentamos un par de filas detrás de él. Durante las casi tres horas que dura el primer tramo de viaje, el joven escribe sin parar en un cuaderno negro de tapas duras con un bolígrafo azul de capuchón mordisqueado. Me imagino que es escritor y fantaseo con convertirme en protagonista de su novela de viajes. La coleta algo grasienta no llega a cubrirle el cuero cabelludo, lleva anillos en los dedos y tiene un cuello gordo y graso.<strong> Me repugna al mismo tiempo que me atrae, me atrae porque está escribiendo.</strong> Hacemos la primera parada en un pueblo minero de cuestas imposibles. Después de una corta caminata que lleva al sofoco a medio grupo, la guía se para delante de una sencilla iglesia del siglo XVI. La Amiga se pone en primera fila para poder escuchar bien, yo me quedo apartada del grupo. Él se acerca, me sonríe. Le sonrío y me presento. Tengo que repetir varias veces mi nombre porque no me entiende. Él me dice el suyo: Ricardo, que suena más bien Guicagdo. Le pregunto si es portugués o francés y me dice que alsaciano. Me pregunta si soy española y le digo que vasca. Una señora muy flaca que siempre está riñendo a su marido también muy flaco se da la vuelta y nos hace el gesto de silencio. Guicagdo y yo nos sonreímos y callamos. Visitamos el resto del pueblo en grupo, pero siempre nos quedamos algo aparte, haciendo comentarios supuestamente ingeniosos que el otro no entiende —su español es deficiente, yo no hablo otra cosa— o intercambiando información con cuentagotas. </p><p>Para cuando volvemos al autobús sé que ha estudiado Filología portuguesa en una universidad alemana cuyo nombre no reconozco, que está haciendo un viaje de autodescubrimiento —no dice esa palabra, pero yo llego a esa conclusión—, que no tiene prisa por volver a Europa, que toma nota de todo porque igual algún día escribe un libro —así que no, todavía no es escritor—, que prefiere viajar solo, libre. <strong>Para cuando volvemos al autobús, yo estoy enamorada. </strong>La Amiga me pregunta por él, no disimula su malestar. Me dice que no me fíe. No solo no le hago caso, sino que, pasados unos pocos minutos tensos a su lado, me levanto y me siento con Guicagdo. Me saluda algo serio, intercambiamos un par de comentarios sobre el próximo destino, gira la cabeza para mirar por la ventana y, a pesar de que le hablo, no vuelve a mirarme. Contemplo la cocorota de un hombre que va en el asiento delantero, como si en su calva pudiera discernir los motivos del silencio de mi compañero que sigue con la cabeza vuelta, mostrándome su coleta grasienta. Después de un rato se vuelve, pero no para mirarme, sino para buscar en su mochila y sacar el cuaderno negro. Entonces sí, me mira serio, señala el cuaderno y hace un gesto con la cabeza indicándome que me vaya. Humillada, vuelvo con la Amiga que actúa como si nada hubiera pasado. </p><p>En la siguiente parada no me acerco a él, estoy herida, espero que él lo note y venga a pedirme perdón o, por lo menos, sea él quien primero me dirija la palabra. Pero nada, en todo el día no volvemos a hablar. Llegamos al hotel a la hora de cenar. La Amiga y yo compartimos habitación porque, a pesar de que mis padres han enviado algo de dinero para el viaje, no podemos hacer muchos dispendios. La cena en el bufet del hotel está incluida, así que decidimos quedarnos, como el resto de los integrantes del tour. <strong>Guicagdo no aparece. Después de cenar vamos a la discoteca del hotel.</strong> La Amiga es divertida, le gustan las caipiriñas y bailar. Yo considero a la Amiga una señora mayor, pero en realidad tan solo tiene cuarenta años y es una mujer atractiva, con desparpajo, que sabe seducir y sacudirse de encima a los hombres, y sacudírmelos a mí. Cuando estamos a punto de retirarnos, aparece Guicagdo. Va directo a la barra. Le sigo. La música está alta, no me entiende cuando le pregunto si está bien, por qué no ha bajado a cenar. El sonríe melancólico y bebe varias cervezas seguidas. La Amiga me mira desde la pista, ya no baila. Después de un rato, se acerca y me dice que nos vayamos a dormir. Yo le digo que no, que me quiero quedar más. Acaba yéndose sin dejar de advertirme que tenga cuidado con él, que por favor suba pronto. Pasa el tiempo, yo acodada en la barra, él bajando una cerveza tras otra, yo bebiendo a sorbitos, esperando a que dé el paso que yo no me atrevo a dar. Por fin se levanta del taburete, acaba un resto de cerveza y, sin decirme nada, se encamina hacia la salida. Yo le sigo, entiendo que me está invitando a que vaya con él. Nos metemos en el ascensor. Pulsa el botón del tercero, no me pregunta a qué piso voy. Otra señal de que quiere que lo acompañe. Salimos juntos del ascensor, yo le sigo de cerca, con el corazón palpitando en los oídos, pienso en lo romántica que va a ser la noche, en este país lejano y pobre, con un hombre hecho y derecho, desconocido, tal vez atormentando, un futuro escritor que recordará siempre este cuerpo joven que inspirará magníficas páginas de una novela de amor. Llegamos a la puerta de su habitación, la abre sin mirarme, da un paso hacia dentro, estoy tan pegada a él que al intentar cerrar la puerta se choca contra mí. Su sorpresa es tal que me mira como si yo fuera una aparición, como si el largo rato que hemos pasado juntos acodados en la barra de la discoteca hubiera estado él solo, como si no me hubiera visto en el ascensor ni hubiera sentido mis pasos tras los suyos. Me mira como si, realmente, no me hubiera visto nunca. Me pregunta que qué hago, le respondo que nada, me pregunta si realmente quiero pasar, le digo que sí. Y paso. Nos quedamos de pie. Me mira con cara interrogante. Serio. No dice nada. <strong>Me inunda un desánimo absoluto, un ridículo insoportable. Siento tanta vergüenza que me echo a llorar.</strong> Él no me consuela, no me habla, no me toca. Salgo corriendo de la habitación, pero, a mitad de pasillo, me entra la rabia, necesito una explicación. Llamo a su puerta. Me abre. Se ha soltado la coleta y el pelo ralo y lacio le cae a los lados, tristemente. Me hace el gesto para que pase, me indica que me siente en la cama. Lo hago y se sienta a mi lado. Me pregunta de nuevo que qué quiero. Yo le digo que no entiendo por qué me rechaza. Él me dice que algún día seré una mujer maravillosa pero que ahora tan solo soy una niña. Se levanta de la cama, abre la puerta y me indica que me vaya. </p><p>Fantaseo con la idea de volver a la discoteca, escoger a un hombre de esos que babeaban a mi alrededor en la pista, llevármelo al baño y follármelo para, al día siguiente, restregárselo en la cara: quién es la niña ahora, Guicagdo. Pero no tengo ni valor ni ganas. Por mucho que vaya de punki y de emancipada, soy una niña insegura que se enamora tontamente. Me sorbo los mocos y, entre hipidos y sollozos, me voy a mi habitación. La Amiga me está esperando, despierta y cabreada. <strong>Al verme entrar echa un mar de lágrimas, se teme lo peor.</strong> Me abraza, me pregunta qué me ha hecho ese hijodelagranputa, me dice que ya me avisó. Yo le digo que es horrible, que nunca me había sentido tan humillada, que me quiero ir a casa, que por favor salgamos de ese tour de mierda. Ella me dice que antes vamos a ir al hospital, a la policía a denunciar. Por un momento fantaseo con la idea de vengarme de él. Pero tampoco tengo valor ni ganas para hacer eso. Confieso ante la Amiga el motivo de mi desazón. Ella respira tranquila, me abraza, me regaña un poquito, me dice que menos mal que Ricardo —Guicagdo, le corrijo— es, al final, un buen chico. Al día siguiente, <strong>antes de que yo baje a desayunar, la Amiga ya ha cancelado el tour.</strong> Entro en el comedor temerosa, pero respiro aliviada al ver que está desierto, las mesas llenas de cacharros sucios, las bandejas del bufet medio vacías. Pregunto en la recepción si hay alguna nota para mí. Ninguna. Volvemos a la ciudad el mismo día en un autobús del que sube y baja gente durante dieciséis horas. No nos pasa nada.</p><p>________________________</p><p><em><strong>Edurne Portela</strong></em><em> ha sido Premio Euskadi en la categoría de literatura en castellano y su último libro es Maddi y las fronteras (Galaxia Gutenberg, 2023).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Jul 2024 16:39:33 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Edurne Portela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Esto nunca me ha pasado a mí]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Narrativa,ONG,TintaLibre]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[La argentina Magalí Etchebarne gana el Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/libros/argentina-magali-etchebarne-gana-premio-ribera-duero-narrativa-breve-obra-vida-delante_1_1747312.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/66091ce5-0902-4a18-b58b-88eca4b0cc05_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La argentina Magalí Etchebarne gana el Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve"></p><p>La escritora argentina<strong> Magalí Etchebarne ha sido galardonada con el VIII Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve</strong> -creado por la Denominación de Origen y la Editorial Páginas de Espuma-, por su obra <em>La vida por delante</em>, en el acto que se ha celebrado este miércoles en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. El jurado, presidido por la escritora Mariana Enriquez, ha destacado de la obra premiada que "su estilo es pura frescura e inteligencia. Encuentra humor en la tragedia y sabe de la tristeza con rabia y ternura. No hay postura ni solemnidad en su escritura", según recoge Europa Press.</p><p>Como han destacado, Etchebarne se ha proclamado ganadora de una "edición difícil" por la "enorme calidad de las obras finalistas", con<strong> un libro que está escrito con un "humor auténtico" </strong>que logra "una construcción de imágenes y unos personajes complejos con el cuidado que solo alguien que conoce y sabe manejar el lenguaje puede hacer".</p><p>Se trata de una propuesta contemporánea "<strong>llena de agudeza, dinamismo, los conflictos de lo cotidiano y la intimidad </strong>tomados con inteligencia y frescura, pero sin renunciar a la dimensión más oscura e inquietante de los vínculos humanos". </p><p>Junto a Enriquez han fallado el premio los escritores <strong>Brenda Navarro y Carlos Castán</strong>, además del editor de Páginas de Espuma,<strong> Juan Casamayor</strong>, y el presidente de la D.O. Ribera del Duero,<strong> Enrique Pascual.</strong></p><p><em>La vida por delante </em>se publicará en una primera edición en papel simultáneamente en Argentina, Chile, Colombia, España, México y Uruguay<strong> el 8 de mayo</strong>. Ese día se lanzará también el ebook y el audiolibro en todo el mundo.</p><p>La escritora, como han destacado los impulsores del galardón, ha sido reconocida, <strong>"en poco tiempo y con tan solo un libro de cuentos"</strong>, como "una de las grandes voces de la nueva narrativa breve latinoamericana y una escritora en sus mejores días".</p><p>En concreto, la obra con la que ha resultado ganadora presenta en <strong>cuatro cuentos largos </strong>"esa tierra de nadie entre la distancia larga y la breve", que constituyen "una propuesta híbrida entre el cuento y la novela".</p><p>Se trata de un libro construido a partir de <strong>un "estilo preciso, exacto, que rezuma inteligencia, poesía y humor" </strong>donde los personajes "atraviesan más de un cuento", los objetos "ganan su simbolismo en diferentes historias" y los espacios "comparten atmósfera acuática".</p><p>Magalí Etchebarne nació en Buenos Aires (Argentina), en 1983. Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires y trabaja como editora. En concreto, ha publicado relatos en revistas literarias y antologías, además del libro de cuentos <em><strong>Los mejores días</strong></em><strong> (2017)</strong> y el libro de poemas <em><strong>Cómo cocinar un lobo </strong></em><strong>(2023)</strong>.</p><p>La octava edición del Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve -creado en el año 2008- ha batido récord de participación ya que, como han especificado sus organizadores<strong>, se han presentado más de 1.000 obras de autores de 38 paíse</strong>s. De este modo, Etchebarne se une al grupo de ganadores que inauguró Javier Sáez de Ibarra y del que forman parte Marcos Giralt Torrente, Guadalupe Nettel, Samanta Schweblin, Antonio Ortuño, Marcelo Luján y Liliana Colanzi.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 Mar 2024 14:16:57 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La argentina Magalí Etchebarne gana el Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Narrativa]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[José María Merino, Premio de las Letras Españolas: el gusto por contar historias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/jose-maria-merino-premio-letras-espanolas-gusto-contar-historias_1_1212379.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fe4438ea-94a7-47fd-989c-ba40c255dc0c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="José María Merino, Premio de las Letras Españolas: el gusto por contar historias"></p><p><strong>El Premio de las Letras Españolas</strong> se concede al conjunto de la trayectoria de un escritor español en cualquier género y en las cuatro lenguas oficiales. El reconocimiento de este año a <strong>José María Merino </strong>es más que merecido, dada su<strong> trayectoria como narrador</strong> (ha cultivado todos los géneros, de la novela al microrrelato, pasando por la novela corta y el cuento), poeta en sus primeros tiempos (<em>Cumpleaños lejos de casa</em>, 2006, recoge su poesía completa), cultivador de la literatura de viajes (<em>Los caminos del Esla</em>, 1980, en colaboración con Juan Pedro Aparicio, uno de sus grandes amigos), de un diario sobre sus insomnios (<em>Tres semanas de mal dormir. Diario nocturno</em>, 2006), antólogo de cuentos y leyendas españolas, y ensayista literario muy recomendable, de lo que son buena prueba sus <em>Ficción continua</em> (2004) y <em>Ficción perpetua</em> (2014), adaptador de textos clásicos (como el <em>Calila e Dimna</em>, <em>El Quijote</em>, los naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca o la historia de Jasón y los Argonautas) y autor de libros no menos relevantes en el terreno de la literatura juvenil, como <em>Las crónicas mestizas</em> (1992) y <em>Los trenes del verano/No soy un libro</em> (1992). Así que <strong>el jurado ha hilado fino </strong>en esta ocasión. Además, Merino es miembro de la Real Academia Española de la Lengua y ha obtenido entre otros muchos reconocimientos el Premio de la Crítica y el Nacional, ambos en la modalidad de narrativa.</p><p>Merino nació en<strong> A Coruña</strong>, pasó su infancia y juventud en León, hasta afincarse profesionalmente en Madrid, donde llegó en 1959 para<strong> estudiar Derecho</strong> y ha vivido gran parte de su vida, aunque diría que ha conservado ese gusto de los llamados escritores del noroeste por contar historias, que debe tener su origen primero en los<strong> relatos orales. </strong>A ello hay que añadir que ha sido siempre un gran lector y un escritor de aquellos que llamamos <em>conscientes</em>.</p><p>En el terreno del cuento, los lectores más curiosos pueden recurrir a sus <em>Historias del otro lugar.</em> <em>Cuentos reunidos (1982-2004)</em> (2010), que habría que poner al día. Aquí se recogen algunos de los cuentos suyos que prefiero, como <em>El nacimiento en el desván</em>, <em>La casa de los dos portales</em>, <em>El soñador </em>(recoge sus principales obsesiones y puede leerse como una poética), <em>La noche más larga</em>, <em>La casa de los dos portales</em>, <em>El museo</em>, <em>El viajero perdido</em>,<em> Las palabras del mundo</em>,<em> Imposibilidad de la memoria</em>, <em>El Edén criollo</em>, <em>Un personaje absorto,</em> <em>La costumbre de casa</em>, <em>Cuando el huésped despierta.</em>.. Pero entre sus libros se encuentran, también, en su afán de <strong>experimentar con la forma</strong>, con la estructura del conjunto, <em>ciclos de cuentos</em> y <em>ciclos de microrrelatos</em>, y otros híbridos barajando en el mismo volumen ambos géneros. Su libro de narraciones preferido, ha confesado en alguna ocasión, son los llamados <em>Cuentos del reino secreto</em> (1982). <strong>Sin contradecirlo, me decanto, sin embargo, por sus Cuentos del Barrio del Refugio (1994).</strong><em>Cuentos del Barrio del Refugio</em></p><p>De sus novelas, no deben perderse <em>La orilla oscura</em> (1985) ni <em>El heredero</em><strong> </strong>(2003), por citar solo dos de ellas sobresalientes, y sus microrrelatos –género difícil en el que se le considera un maestro en una y otra orilla del Atlántico– aparecen recogidos en <em>La glorieta de los fugitivos</em> (2007), pero además me gustaría llamar la atención sobre dos narraciones que se ocupan de la guerra civil: la novela <em>La sima</em> (2009) y el cuento <em>El desertor</em>.</p><p>La obra narrativa de José María Merino podemos situarla en la <strong>tradición de lo misterioso, </strong><em>lo misterioso</em>concepto que él prefiere al de <em>fantástico</em>, al ocuparse de desentrañar las<strong> sombras de la realidad</strong>, la extrañeza de las cosas, la mixtura ominosa que se establece entre el sueño y la vigilia, la intuición de ciertas metamorfosis, acaso invisibles, que nos amenazan, la sensación de permanecer al mismo tiempo en ambas orillas, por decirlo con sus palabras, y con ello ha logrado explicar simbólicamente el mundo a través de sus obras de ficción. Pero en muchas de sus narraciones tampoco suele faltar el<strong> humor.</strong> Es curioso que uno de sus personajes más afamados, el profesor Souto, haya acabado convirtiéndose en<strong> casi mítico</strong>; y que otro, Sabino Ordás, un <em>falso</em>, compuesto con Aparicio y Luis Mateo Díez, haya continuado una notable tradición en nuestra literatura que contaba con cultivadores tan notables como D'Ors, Max Aub o Joan Perucho.</p><p>Merino se inició en la literatura, o mejor dicho, apareció como escritor <strong>a comienzos de los 70</strong>, junto a un grupo de narradores importantes, muchos de ellos hoy ya consagrados, como Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Juan José Millás o Javier Marías. Una de las <strong>mejores hornadas de la narrativa española </strong>de los siglos XX y XXI, cada uno con su estilo, estética, visión del mundo y personalidad propia.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Oct 2021 17:45:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Poesía,Narrativa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un otoño rebosante de ficción… realista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/otono-rebosante-ficcion-realista_1_1174286.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c130b949-52e9-4fa3-8557-5c808f4972ff_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un otoño rebosante de ficción… realista"></p><p>Acaba de llegar a las librerías y ya se ha convertido en uno de los libros más interesantes, recomendados y deseados del año. Se trata de <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/el-colgajo/9788433980410/PN_1009" target="_blank">El colgajo </a>(Anagrama), del periodista Philippe Lançon, uno de los 11 trabajadores que sobrevivieron al atentando contra la revista satírica <a href="https://www.infolibre.es/tags/temas/charlie_hebdo.html" target="_blank">Charlie Hebdo</a> en 2015. En esta descarnada crónica que apunta maneras para convertirse en <strong>uno de los mejores títulos del año</strong>, Lançon vierte el proceso de recuperación física y psicológica de sus graves heridas. Mezcla de <em>memoir</em>, ensayo, reflexión literaria... <em>El colgajo</em> conforma el retrato del día a día hospitalario y también el duro viaje emocional tras haber perdido a sus compañeros y amigos, su enfrentamiento y el de su entorno a la desfiguración de la mitad de su mandíbula y la convivencia con esa extraña cotidianidad que le impuso el atentado terrorista.</p><p>El de Lançon supone el primer pelotazo de <strong>un otoño literario cargado de grandes nombres y ansiadas apariciones</strong>. Novelas, que aunque se sumerjan en universos distópicos, no dejan de hablar del y al presente. Es el caso de <em><strong>Los testamentos</strong></em> (Salamandra), de Margaret Atwood, la esperadísima secuela de <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/09/22/distopias_sin_fecha_caducidad_69737_1821.html" target="_blank">El cuento de la criada</a> que llegará a las librerías el 12 de septiembre, apenas dos días más tarde que su edición en inglés. El argumento de esta nueva entrega se guarda bajo siete llaves: solo se sabe que <em>Los testamentos</em> arranca 15 años después de que las puertas de la furgoneta se cerraron de golpe tras Deffred al final de la primera parte. Publicado originalmente en 1985, en los últimos años <em>El cuento de la criada</em> ha vuelto a la primera línea literaria gracias a su adaptación televisiva y la renovada interpretación como envite contra la misoginia rampante.</p><p>También en el sello Salamandra llega <em>Quién mató a mi padre</em>, de Édouard Louis. El autor de <em>Para acabar con Eddy Bellegueule</em> e <em>Historia de la violencia</em>, considerado como uno de los jóvenes autores galos más sobresalientes, regresa a las estanterías con una especie de carta de amor a su padre que se convierte asimismo en una crítica demoledora sobre las desigualdades sociales del país. Al parecer, la incendiaria obra causó <a href="http://" target="_blank">un gran revuelo en el Elíseo</a>, donde cosechó un buen puñado ávidos lectores. "Emmanuel Macron, <strong>mi libro se rebela contra lo que usted es y hace</strong>”, escribió el autor en su cuenta de Twitter cuando se enteró del éxito de su panfleto entre el núcleo más cercano del presidente. En octubre será el turno de su compatriota <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2019/02/21/eric_vuillard_julio_revolucion_francesa_popular_92111_1026.html" target="_blank">Éric Vuillard</a> y<em> La batalla de Occidente</em>. El autor, ganador del Premio Goncourt en 2017 por el celebrado <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2018/03/30/el_grotesco_ascenso_hitler_81159_1026.html" target="_blank">El orden del día</a>, viaja en esta ocasión hasta la Primera Guerra Mundial para narrar asuntos aparentemente conocidos, pero que se tornan inéditos bajo <strong>el peculiar estilo y punto de vista de Vuillard</strong>.</p><p>Otro viaje en el tiempo, en este caso a la Alemania nazi a través del pasado familiar más oscuro, es el que emprende la periodista y realizadora franco alemana Géraldine Schwarz en <em>Los amnésicos</em>. Tras descubrir que su abuelo compró en 1938 a un precio irrisorio una empresa a sus propietarios judíos, posteriormente asesinados en Auschwitz, Schwarz aborda<strong> la compleja evolución de los alemanes desde el nazismo</strong> a la democracia. <a href="https://elpais.com/elpais/2019/08/30/ideas/1567159752_275499.html?por=mosaico" target="_blank">Los amnésicos</a>, publicada por Tusquets este septiembre, fue galardonado con el Premio al Libro Europeo 2018.</p><p><strong>Ser humano en un mundo deshumanizado</strong></p><p>Cuatro autores latinoamericanos destacan entre las novedades de este otoño. <strong>Mario Vargas Llosa</strong> presenta en octubre <em>Tiempos recios</em> (Alfaguara), novela comparada en su promoción con una de sus obras más emblemáticas: <em>La fiesta del Chivo</em>. El Nobel se sitúa en la Guatemala de 1954, cuando un golpe militar perpetrado por Carlos Castillo Armas en connivencia con la CIA derrocó a Jacobo Árbenz. También en Alfaguara aparecen las novedades de dos de los escritores colombianos contemporáneos más interesantes: <strong>Fernando Vallejo y Santiago Gamboa</strong>.</p><p>El primero, responsable de<a href="https://www.megustaleer.com/libros/la-virgen-de-los-scarios/MES-060846" target="_blank"> La Virgen de los sicarios </a>y <em>El desbarrancadero</em>, lo hace con <em>Memorias de un hijueputa</em>, un libro irreverente y deslenguado (como su propio autor) con el que parece ajustar cuentas con su país natal y, sobre todo, con<strong> los vicios de su clase política</strong>. Gamboa, por su parte, ser refugia en un <em>thriller</em> sobre la corrupción moral y <strong>la manipulación de las iglesias cristianas de América Latina</strong>. <em>Será larga la noche</em> arranca con un violento enfrentamiento en una carretera perdida del departamento colombiano del Cauca.</p><p>Por último, la mexicana Valeria Luiselli, autora de <em>Los niños perdidos</em>, regresa con <a href="https://elpais.com/cultura/2019/08/30/babelia/1567187419_315431.html" target="_blank">Desierto sonoro</a> (Sexto Piso). En esta nueva obra continúa hablando sobre los niños migrantes que llegan a la frontera estadounidense en búsqueda de asilo. “Un relato conmovedor y necesario que muestra la fragilidad con que se definen los lazos familiares, indaga en la manera en que documentamos nuestras existencias y pasamos las historias de generación en generación, y se pregunta <strong>qué significa ser humano en un mundo cada vez más deshumanizado</strong>”, valoran desde la editorial.</p><p><strong>'Bestsellers' y clásicos</strong></p><p>En la categoría de ensayo aparecerá un buen puñado de títulos destacados. El primero, el de la periodista Noemí López Trujillo, que <a href="https://www.infolibre.es/noticias/verano_libre/2019/08/25/vientre_vacio_noemi_lopez_trujillo_97873_1621.html" target="_blank">En el vientre vacío</a> (Capitán Swing) aborda la situación de precariedad de una generación en edad de tener hijos, pero que <strong>se ve obligada a renunciar a la maternidad por su situación laboral </strong>y económica.</p><p>Siguiendo la estela de trabajos de investigación como <a href="https://www.catedra.com/libro.php?codigo_comercial=170086" target="_blank">Las cartas de Elena Francis</a>, donde se trata la educación sentimental y<strong> adoctrinamiento de las mujeres durante el franquismo</strong>, Begoña Barrera se adentra en <em>La sección femenina</em> (Alianza) en los medios, estructura e influencia de esta institución durante la dictadura. Por otro lado, en octubre llega a las librerías<em> Un pueblo traicionado</em> (Debate), obra en la que el hispanista <a href="https://www.infolibre.es/noticias/verano_libre/2016/08/19/la_guerra_civil_espanola_entre_vinetas_bocadillos_53703_1621.html" target="_blank">Paul Preston</a> condensa todo el siglo XX español bajo la premisa de<strong> una población ansiosa de progreso y unas élites que impiden su avance</strong>.</p><p>Antes de que llegue la campaña navideña, los lectores verán pasar por los escaparates de sus librerías <em>bestsellers</em> como el último tomo de la saga <em>Millennium</em> o la precuela de la exitosa<strong> trilogía del Baztán </strong>firmada por Dolores Redondo, <em>La cara norte del corazón</em>. Lucia Berlin, que conquistó a decenas de letraheridos con su <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/05/13/manual_para_mujeres_limpieza_lucia_berlin_49671_1821.html" target="_blank">Manual para mujeres de la limpieza</a>, vuelve a colarse entre las novedades de noviembre con <em>Bienvenida a casa</em>, una recopilación de textos autobiográficos en la que Berlin estaba trabajando antes de su muerte. También se podrán leer en estos meses lo último de <strong>Belén Gopegui</strong>, <em>Ella piso la luna. Ellas pisaron la luna</em>, una conferencia construida en torno a la figura de su madre; <em>Elegía para un americano</em>, de <strong>Siri Hustvedt</strong> o <em>Su último deseo</em>, de <strong>Joan Didion</strong>. Si el verano ha sido el momento para ponerse al día con títulos atrasados, el otoño se presenta como todo un desafío para aquellos fieles a la mejor literatura.</p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Sep 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Saila Marcos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un otoño rebosante de ficción… realista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Mario Vargas Llosa,Novela,Narrativa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Paraíso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/paraiso_1_1172087.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/095eac18-a3ed-4100-ab49-a9faa39a3acb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Paraíso"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Fernando Valls y Gemma Pellicer. En esta nueva entrega recoge un texto del escritor Juan Gracia Armendáriz.</em></p><p>________</p><p>  <strong>Paraíso</strong></p><p>Nadie recordaba porqué, pero nadie debía entrar allí, y ellos lo hicieron. El pueblo se quedó sin niños. Los vi cruzar la pradera, los más pequeños de la mano o en brazos de los mayores. Se alejaron sin prisa, con el paso que preludia un largo viaje, y desaparecieron en la espesura del bosque.</p><p>Sólo debía acercarme, detenerme en la linde invisible y permanecer agazapado: comían bayas de mirto, hongos, raíces… Las ortigas no parecían herirles. Un día los vi abrazos al árbol más grande. Era un roble hueco que había visto nacer el mundo. Al parecer, mis padres me bautizaron en su interior. Pasaron las noches y los niños, desnudos, bailaban. El deseo se impuso con naturalidad. En el pueblo decían que fornicaban con lascivia, que sus juegos eróticos acababan en orgías violentas donde la sangre era un signo de placer. Yo eso no lo vi, pero es cierto que a veces se asomaban y nos sacaban la lengua. Algunos se masturbaban. “¡Estamos en el paraíso!”, gritaban. Paraíso: no sé de dónde sacaron semejante palabra aquellos críos. Ante sus afrentas, en el pueblo alguien quiso organizar una batida. Ya no eran sus hijos, sólo bestias. Las mujeres habían dejado de lamentar el vacío que dejaron en las calles embarradas del poblado.</p><p>Yo no participé en la batida y me alegré cuando vi a los hombres regresar a las casas con barro hasta la cintura y la vista extraviada. Más de uno cojeaba. A medianoche, desde mi ventana podía ver luces correteando en la negrura acompañados de gritos que no parecían infantiles. Una noche me arrastré hasta su campamento, si es que así puede llamarse a lo que vi: dormían entre helechos secos, desnudos, inmunes al frío, cubiertos de barro. El mayor de todos afiló una piedra y en el roble que solían abrazar grabó un corazón. Cuando regresé a casa escuché gritos que me oprimieron el pecho. Ningún ser humano podía gritar de ese modo. A la mañana siguiente sólo una niña abandonó el bosque. Se acurrucó en mi puerta. Debía de tener quince años. Hasta que no la metí en la tina no supe si en verdad era una muchacha. Dormía en el suelo y comía con las manos. Me costó hacerle entender qué era una cama, una estufa, unas botas. Apenas habla, pero se entiende bien con mi perro. No sé si es feliz. Lo ignoro todo de ella y ella de mí, pero aquí seguimos, escondidos. Ella, a veces, mira hacia el bosque. Es una mirada que no sé descifrar. Luego, se acuesta a mi lado y lame mi cuerpo cansado. _____</p><p><strong>Juan Gracia Armendáriz</strong> (Pamplona, 1965) es autor de los libros de microrrelatos Noticias de la frontera<em> (1994) y </em>Cuentos del jíbaro<em> (2008), cuyas narraciones han sido recogidas en diversas antologías del género. Ha publicado diarios, novelas, relatos y colaboraciones en diversas revistas y periódicos. Su última obra es la novela corta </em><a href="https://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1872" target="_blank">Guía de extraviados</a><em> (Pre-Textos, 2018).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Jun 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Gracia Armendáriz]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Narrativa,Los diablos azules número 148]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Verde-violeta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/verde-violeta_1_1171562.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e165be56-0395-4521-81e7-c458c652e56e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Verde-violeta"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Fernando Valls y Gemma Pellicer. En esta nueva entrega recoge dos textos de la escritora Alena Collar.</em></p><p>________</p><p>  <strong>Verde-violeta</strong></p><p>Bajaban hacia el río los caballos. Los veía desde el pretil del puente. Un cielo verde violeta traspasando la mañana. Abajo, en el agua, lodo y barro mezclados con deshechos, desperdicios, latas, colillas. Flotando insurrectos. Negándose a ser olvidados.</p><p>Y los caballos. Acercándose por la ladera de enfrente. Dibujando la ausencia de todo lo que no fuera ellos y ese cielo duro.</p><p>Pero ella está ahí. Mirada fija. Ojos fijos. Obteniendo el fotograma del pelaje erguido. Las patas firmes. No van a resbalar los caballos en el río. No van a mancharse. Indemnes, salvo de sí mismos. Ilesos de ser contemplados.</p><p>Cuando cruzaron, del agua se levantó un rumor de cieno. Y fue entonces.</p><p>Entones se escuchó el grito mientras caía.</p><p>Pero los caballos ya no estaban.</p><p>  <strong>No volveré a Sangri-la</strong></p><p>Eso dijo. “No volveré a Sangri-la”, una frase que Oscar entendió a medias. Entre otras razones porque lo dijo en un murmullo; como para sí misma.</p><p>Quedaba el libro sobre la mesa del café mientras se levantaba y pretendía marcharse. Había dejado su dinero, dos euros, con un gesto indiferente. “Pago lo mío, que tengas buen día, Oscar”. Y entonces añadió la frase.</p><p>Al irse, Oscar recogió el libro. Quince años desde que se lo regaló. Luego, la vida entera de desencuentros.</p><p>No había sido fácil para ella, pensó. Dejarle así. Como si tomara un tren repentinamente, o como si –también podía ser- lo hubiera llevado planeando años. Y tampoco era una sorpresa, tuvo que reconocerse. Fue después del último viaje: ella no estaba en casa cuando él regresó. Esperó tres días. Luego recibió una llamada: “tenemos que hablar”.</p><p>Antes, cuando se conocieron, a ella le gustaba esperarle a la vuelta, incluso le acompañó a Florencia en dos ocasiones, y otra a El Cairo. Fue en Florencia, la última vez que viajaron juntos cuando le regaló, en italiano porque no había otra versión, <em>Horizontes perdidos</em>, de James Hilton.</p><p>-Nos podríamos perder aquí durante años- le dijo, mirando el Arno desde el puente.</p><p>-Ojalá…</p><p>Pero luego, piensa ahora, el Arno se diluyó en un mar de desencuentros. Pequeñas ruindades, fotos movidas en las que no aparecía la nueva tierra. Expedicionarios de un amor desdibujado. Más tarde, se concretó aquel musgo encubierto de cortesías en broncas más claras, silencios espesos, frases cortantes. Qué poco tarda el olvido, piensa.</p><p>Y ahora se ha marchado. Dejando el libro en la mesa. Y una frase: una sola frase que no ha querido terminar de entender junto a un libro gastado por el uso. _____</p><p><strong>Alena Collar</strong> es licenciada en Periodismo y ha sido profesora de Lengua y Literatura españolas. Su última novela es El retrato de Irene<em> (Baile del Sol, 2016). Acaba de publicar el libro de relatos </em>Abre la puerta <em>(Talentura Libros). Mantiene un blog de reseñas literarias desde junio de 2007. Colabora en revistas digitales como Alquimia literaria.</em><a href="https://alenacollar.wordpress.com/" target="_blank">un blog de reseñas literarias</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Jun 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alena Collar]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Verde-violeta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Narrativa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Emiliano Monge: "Las violencias que campan en América Latina son reproducciones de la violencia machista"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/emiliano-monge-violencias-campan-america-latina-son-reproducciones-violencia-machista_1_1171037.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5b66f58d-6f03-4003-9df3-2d2af2c309dd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Emiliano Monge: "Las violencias que campan en América Latina son reproducciones de la violencia machista""></p><p>Cuando comenzó a escribir ficción, <a href="https://twitter.com/MongeEmiliano" target="_blank">Emiliano Monge</a> (Ciudad de México, 1978) tenía una historia en la cabeza: la de un hombre que <strong>finge su propia muerte</strong> ante su familia y se esfuma. Era la de su abuelo, Carlos Monge McKey, que para comprarse una vida nueva hizo estallar la cantera de su cuñado con un cadáver dentro, que no era el suyo. Ahí siguió la imagen, durante la escritura de las novelas <em>El cielo árido</em> y <em>Las tierras arrasadas</em>, de los relatos de <em>La superficie más honda</em>. Tras aquella imagen iba otra: la del padre que se borra y se redibuja, convertido en guerrillero: el suyo, Carlos Monge Sánchez. Las dejó macerar, creyendo que aquello no importaría a nadie más que a sí mismo.</p><p>Hasta que hace tres años y medio algo hizo <em>clic </em>y comenzó a nacer <a href="https://www.megustaleer.com/libros/no-contar-todo/MMX-010378" target="_blank">No contar todo</a> (Literatura Random House), un libro que reivindica <strong>como autobiografía</strong>, no como autoficción, y en el que teje la historia de fuga de sus antepasados con la suya propia. <a href="https://elpais.com/cultura/2018/10/18/babelia/1539860436_420967.html" target="_blank">Su publicación en México</a> dejó un dolor, un interrogante: ¿y si esa narración de hombres que huyen no era solo la suya, y si era la de un país, y si era la de El Hombre, ese constructo? En su visita promocional a Madrid, él tiene algunas respuestas.  </p><p><strong>Pregunta. ¿Cuándo o en qué circunstancias se da cuenta de que es el momento de contar esta historia?</strong></p><p><strong>Respuesta.</strong> No tengo claro si al principio fue que no supe contarlo o que me parecía que no era un libro, y me embarqué en otros proyectos. Pero ahí estaba. La historia del abuelo, pero también del padre, abandonando a la familia para irse a la guerrilla. Con esas dos sí que parecía un libro, y entonces se trataba más bien de tener las herramientas, pero seguía sin convencerme. Cuando se volvió impostergable fue justo cuando me di cuenta de que tenían que ser los tres, el abuelo, el padre y el hijo, y que ahí ya había un libro como yo quería que fuera, tratándome a mí mismo como les trataba a ellos, estableciendo esa cosa de las herencias. Al final, no es una novela sobre mí, sino sobre un aspecto de cada uno de los tres, una hebra del tapiz o de la camisa, una hebra de mi padre, mi abuelo y mía, que compartimos.</p><p><strong>P. ¿Le daba reparo el género de la autoficción, y por eso rechazó ponerse a sí mismo como narrador usando la primera persona?</strong></p><p>  </p><p><strong>R</strong>. Más que reparo, la autoficción me genera rechazo. Por eso yo quería establecer distancia entre la autoficción y la autobiografía, que ha existido siempre. Lo que me molesta de cierta autoficción es que es muy dada a borrar la figura del narrador, te cuenta los libros el escritor, y no hay intermediario. Eso para mí es una pérdida profunda en literatura, porque el narrador es el primer personaje. De ahí que yo no solamente use un narrador, sino cuatro: quería imponer la idea de que la autobiografía se construye. Con respecto a la historia personal, quería hacer un juego de balanza entre la cercanía emocional y la de la escritura: el abuelo, que es el que está más lejos de mí en el aspecto emocional, está en una primera persona, y más incluso, en un diario íntimo; el padre, que ocupa una distancia media en lo emocional, es una segunda persona, que es una distancia media en lo literario y con el lector; en la historia mía puse un narrador en medio que me permitiera hablar desde una distancia que me facilitara tratarme como traté la historia de los otros, sin protegerme ni excusarme, como no iban a tener derecho a hacerlo ni el abuelo ni el padre, e intentar ser justo en ese sentido.</p><p><strong>P. Pero usted, o el personaje de Emiliano, está presente en la segunda persona a la que se dirige el padre: sus intervenciones no figuran, pero se intuyen. </strong></p><p><strong>R</strong>. Nunca en  ningún texto me ha costado menos trabajo tomar el tono que en la parte del padre. Porque es una voz que estuvo en mí toda mi vida. Obviamente, no existe esa entrevista, como tampoco existen los diarios. La decisión de que no estuviera la parte del interlocutor en esta conversación tiene varias razones: la más inmediata es que esa voz tan arrolladora no quería que tuviera un contrapeso. Después, y es igual de importante, yo quería que la novela fuera de tres personas, no de Emiliano: parte de lo que me molesta de la autoficción es que el <em>yo </em>es el centro, y en la autobiografía, aunque parece tramposo, el <em>yo </em>nunca es el centro, sino el pretexto para una serie de sucesos. Y después, quería que el lector ocupara un espacio. A mí me interesa la literatura que le exige al lector. </p><p><strong>P. El diario no existió, la entrevista no existió… Había una estructura de los hechos y unos vacíos que llenar con la ficción. ¿Tenía claro cuáles eran esos vacíos?</strong></p><p><strong>R</strong>. Cuando empecé, no. Todo lo que sucede en la novela, todos los hechos, son cosas que pasaron, no hay nada que yo cuente que no sucedió, o que yo no crea que sucedió, porque pueden haberme contado algo que no fuera cierto, aunque solo incluía lo que me contaban dos o tres personas distintas de manera similar. Luego está el cómo contarlo, y ahí entra la ficción, en cómo convertir esos hechos en algo verosímil, en tejer esas supuestas verdades con un manto que las haga ser una historia y no una colección de instantes. Eso lo vas descubriendo con la escritura. Es cierto que la mayoría de los hechos ya los conocía: no es tanto lo que descubrí o lo que me faltaba como la reinterpretación de las cosas que ya sabía. Era como si toda mi vida hubiera estado viendo la historia desde aquí [señala un punto que flota en el aire] y pasara a verlo desde aquí [desplaza ese punto hacia un lado]. Eso hizo que todo fuera distinto.</p><p><strong>P. Si el centro de la autobiografía no es el yo, ¿cuál es el centro de esta autobiografía?</strong><em>yo</em></p><p><strong>R</strong>. Cuando empecé a trabajarla, pensaba que el centro era la huida o la fuga, y de algún modo la relación con la mentira o con la verdad. Pero poco a poco me fui dando cuenta de que el centro era el machismo, o lo que sucede en torno a él, que marca la existencia de América Latina y la familia latinoamericana de manera profunda. Tenemos la idea de que el machismo daña a las mujeres, y es verdad, pero también daña a los hombres. El machismo nos roba, nos prohíbe una masculinidad sana, y marca nuestra forma de ser y relacionarnos con el mundo. Y por eso es la huida, por eso es la relación ambigua con la verdad y la mentira, por eso la soledad en compañía, por eso uno está ausente aunque esté presente… La primera vez que uno mira la distancia entre lo que desea ser o cree ser, y lo que la primera unidad social, que es la familia, te dice que eres, eso está colado por el machismo. Desde muy pequeño. Ese deber ser de un modo. Y eso ha hecho un daño profundo en México, porque no solo hace daño a los individuos, sino a las colectividades: las violencias que campan en América Latina, y particularmente en mi país, son reproducciones de la violencia machista de la intimidad, de ese universo en pequeñito que es la familia. No hay más culmen del heteropatriarcado que el ejército, la violencia militarista.</p><p><strong>P. Habla de la violencia presente en el libro, pero en un inicio no está tan clara esa violencia de manera expresa, y se manifiesta de forma más sutil. ¿Por qué esta elección?</strong></p><p><strong>R</strong>. Tiene que ver con que es el tema del que más he escrito. El primer libro en el que traté la violencia de manera directa, que es <a href="https://www.megustaleer.com/libros/el-cielo-rido/MES-038415" target="_blank"><em>El cielo árido</em></a> [2012], el personaje en sí es la violencia. Pero entonces aprendí que la violencia no es una persona. En <a href="https://www.megustaleer.com/libros/las-tierras-arrasadas-mapa-de-las-lenguas/MES-072081" target="_blank"><em>Las tierras arrasadas</em></a> [2016], era como una especie de camino o de destino, una ruta de vida. Y mi idea de la violencia se ha ido complejizando, de manera que en los cuentos anteriores [<a href="https://www.megustaleer.com/libros/la-superficie-ms-honda-mapa-de-las-lenguas/MES-089291" target="_blank"><em>La superficie más honda</em></a><em>, </em>2017] y aquí me queda claro que la violencia es un ecosistema, un medio ambiente. La violencia está ahí y nos marca, porque todo lo que hacemos está a expensas de que irrumpa la violencia. Es difícil de explicar, pero si ahora mismo se escucha un estallido afuera, para mí va a ser un balazo, y para otra persona será otra cosa. Es una condición que te hace estar alerta. Eso quería, que el lector estuviera alerta con ellos, a la espera. Y no es que en España sea distinto. Las sociedades que presumen de ser menos violentas, lo que habría que hacer es buscar dónde la ejercen: en el racismo, en la violencia contra la mujer, en el aspecto emocional.</p><p><strong>P. En México, el libro ha tenido una recepción particular. Usted cuenta cómo pensaba que la suya era una historia demasiado singular, pero que a partir de la publicación ha visto cómo le contaban sucesos similares. ¿Cómo cree que se relaciona esta autobiografía con la vida del país?R</strong></p><p>. Yo escribía y casi cada día me preguntaba: esto ¿a quién le importa, qué sentido tiene? Luego he entendido que el asunto es que el machismo de mi familia es el de todas las familias mexicanas, y el abandono del padre es mucho más común de lo que yo me había pensado, y el hombre que se hace el muerto es mucho más común de lo que me había pensado. Porque el abandono no siempre es físico: hay muchos padres que no se van pero que se fueron desde el día uno. De pronto, mi historia, que yo creía profundamente mía, es similar a la de mucha gente.</p><p>Y luego hay muchas mujeres a las que les sorprende, aunque no sé si es la palabra, que un hombre se desmonte de esa manera, que haga tal esfuerzo de mostrar el machismo propio y el de su intimidad, ese intentar explicarnos. No debería ser así, pero es un síntoma más del profundo machismo que compartimos, el que nos sorprenda que alguien trate de no ser machista. O más bien preguntarse qué nos está haciendo el machismo, más que no serlo, porque bueno, eso quizás no lo pueda decir yo.</p><p><strong>P. Cuando usted habla de la literatura militante, señala que a menudo se ha considerado que la militancia estaba en el tema, y defiende que la militancia reside en la forma. Si esta es una obra militante en su concepción del machismo, ¿cómo se traduce eso en la forma?</strong></p><p><strong>R</strong>. Creo que en la voz del padre queda muy claro: esa voz arrolladora, que no deja hablar a nadie ni permite más que su punto de vista. Es la pretensión del diálogo de convertirse en monólogo, que es una cosa completamente machista. En el diario del abuelo, está el intentar todo el tiempo acceder a una intimidad que sin embargo le está vedada, y le está vedada por la muerte de una masculinidad sana. En la historia de Emiliano, está en el juego de la verdad y la mentira, la necesidad de estar constantemente siendo alguien más, la necesidad de creer realmente que es alguien más, o de inventarlo, o apropiándose de la historia de alguien más, ese tratar de salir de lo que es pero sin dejarlo nunca.</p><p>Además, creo que está en el lenguaje, en las palabras que se eligen para contar: cada libro nos deja a los escritores retos distintos para lo siguiente a lo que nos vayamos a meter, y hay veces que, como en este, un libro agota una voz o una serie de voces. Yo me doy cuenta ahora de que en mis libros anteriores las voces son muy masculinas y tienen una violencia casi machista. Yo ahora me pregunto cómo voy a contar. Ya no puedo contar así. No es casual que lo que estoy escribiendo ahora tenga 40 narradores, es la evidencia de alguien que está buscando una forma distinta de contar. Se me agotó un lenguaje.</p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 May 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Emiliano Monge: "Las violencias que campan en América Latina son reproducciones de la violencia machista"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Autobiografías,Libros,Literatura,Cultura,Narrativa]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['Esas que también soy yo']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/esas-que-tambien-soy-yo_1_1170522.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/25b50fa8-3374-48a2-930a-b16577489ace_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Esas que también soy yo'"></p><p><a href="https://menadeseditorial.com/esas-que-tambien-soy-yo-antologia-de-cuentos-varias-autoras/" target="_blank">Esas que también soy yo. Nosotras escribimos</a> es una antología editada por las escritoras <strong>Carmen Peire</strong> e <strong>Isabel Cienfuegos</strong>. Promovida por la Asociación de Mujeres Escritoras e Ilustradoras (AMEIS) y publicada por la editorial Ménades, reúne relatos de 60 escritoras, nacidas entre 1936 y 2000, la mayoría de ellos inéditos. Aquí recogemos los cuentos de <strong>Angelina Muñiz-Huberman</strong>, <strong>Rosa Montero</strong> (cuya pieza sí se había publicado con anterioridad), <strong>Lourdes Pinel</strong> y <strong>María José Codes</strong>. </p><p>_____</p><p>  <strong>Cabriolas</strong></p><p>Angelina Muñiz-Huberman (Hyéres, Francia, 1936)</p><p>Salió a comprar pan y queso para la cena. Una botella de vino. Cuando regresó a la casa, su marido y su sobrina yacían en la alfombra en una complicada y deleitosa posición a lo Kama-sutra. La pequeña hija de dos años se regocijaba en la cuna viéndolos e intentando hacer imitativas cabriolas.</p><p>  <strong>Un pequeño error de cálculo</strong></p><p>Rosa Montero (Madrid, 1951)<strong>1</strong></p><p>  </p><p>Regresa el Cazador de su jornada de caza, magullado y exhausto, y arroja el cadáver del tigre a los pies de la Recolectora, que está sentada en la boca de la caverna separando las bayas comestibles de las venenosas. La mujer contempla cómo el hombre muestra su trofeo con ufanía pero sin perder esa vaga actitud de respeto con que siempre la trata; frente al poder de muerte del Cazador, la Recolectora posee un poder de vida que a él le sobrecoge. El rostro del Cazador está atirantado por la fatiga y orlado por una espuma de sangre seca; mirándole, la Recolectora recuerda al hijo que parió en la pasada luna, también todo él sangre y esfuerzo. Se enternece la mujer, acaricia los ásperos cabellos del hombre y decide hacerle un pequeño regalo: durante el resto del día, piensa ella, y hasta que el sol se oculte por los montes, le dejaré creer que es el amo del mundo.</p><p>  <strong>Imitatio</strong></p><p>Lourdes Pinel (Madrid, 1973)</p><p>A la niña le gusta mirar cómo trabaja su padre. Orgullosa, observa las manos rudas que ajustan la soga al cuello del condenado, izan la cuerda y retiran la banqueta de madera. La niña imagina que en el rostro oculto tras la tela negra brillan unos ojos fijos como los de las hadas cuando conceden deseos. Las manitas ajustan la soga. Los pies menudos empujan la banqueta de madera. El fino cabello enmaraña el rostro de hada.</p><p><strong>Expectativa</strong></p><p>María José Codes (Madrid, 1960)</p><p>En 1948 el busto de una mujer gigante emergió de la tierra en medio de unos campos cultivados de Normandía. El busto tenía hundido, entre los dos senos, un árbol frágil y desnudo, que supuraba gotas de savia rosada. Medio siglo después, a causa del cambio climático y la ciclogénesis, el terreno circundante al busto quedó erosionado y de ese modo salieron a la luz, la cabeza, las manos, el vientre y parte de los miembros de aquel cuerpo de mujer. El árbol clavado entre los senos, que había permanecido estéril, reverdeció y echó raíces en la carne. Desde entonces, a veces se aprecian movimientos mínimos en los dedos y en los labios de la mujer enterrada. Los expertos no descartan que acabe por levantarse algún día y eche a andar hacia el sur.</p><p>_____</p><p><strong>1</strong>. Publicado en <em>Por favor, sea breve. Antología de relatos hiperbreves </em>(Páginas de espuma, 2001).</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 May 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Varias autoras]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Feminismo,Narrativa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El bisabuelo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/bisabuelo_1_1169096.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><em>La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Fernando Valls y Gemma Pellicer. En esta nueva entrega recoge dos textos de Marcial Fernández.</em></p><p>_____</p><p>  <strong>El bisabuelo</strong></p><p>Un día mi bisabuelo me dijo que le estaban saliendo alas. Con los meses, cada vez que lo veía, sus brazos mudaban la piel por unas plumas blancas, casi plateadas, enormes. De ahí que la última vez que lo visité, ya no estaba.</p><p>  <strong>El Edén</strong></p><p>Adán llevaba el Paraíso a todas partes. Cuando Dios le quitó la costilla, ya sólo lo encontraría con Eva. _____</p><p><em>Marcial Fernández nació en la Ciudad de México en 1965. Tiene publicados dos libros de literatura breve, </em><strong>Marcial Fernández</strong>Un colibrí es el corazón de un dios que levita<em> (2014) y </em>Andy Watson, contador de historias<em>. Su novela más reciente se titula </em>Máscara de obsidiana<em> (2016). Es el fundador y editor de la editorial Ficticia especializada en la narrativa breve.</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Apr 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marcial Fernández]]></author>
      <media:title><![CDATA[El bisabuelo]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 136]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El que tuvo retuvo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/tuvo-retuvo_1_1166394.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2e61205d-9f28-4b9b-b69f-772a260cadbe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El que tuvo retuvo"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Fernando Valls y Gemma Pellicer. En esta nueva entrega recoge dos textos de la escritora Susana Camps.</em></p><p>___________________________________ </p><p><strong>El que tuvo retuvo</strong></p><p>No habrás visto nada igual en todo el Purgatorio. Cuando suena la sirena echa a correr y no para hasta encontrar un lugar a cubierto. Un lugar donde copular sin ser visto y sin que se oiga el canto delator. Luego, será ya mediodía, recoge todas las mandrágoras arrepentidas y las lleva bajo el árbol de los ahorcados. ¿Que si las riegan? Pues claro, en secreto. Para eso van; no olvidarán la perra desgracia que las trajo aquí. Una sonrisa cadáver las vela sin calidez hasta el atardecer.</p><p>No sé cuánto le quedará por cumplir, pero será más de lo que le echamos. No hay posible redención, se desvive por estar a la sombra. Todo su ayer y su hoy solo tiene sentido si es el amo del estraperlo. No contento con su actividad diurna, conjura a Selene para que entregue la plata y la retiene también, ya sin luz, cautiva de su ambiguo amor.</p><p>  <strong>Crisis generacional</strong></p><p>Abuela, no digas que no te dije que el carnicero podía engañarte en el peso ahora que la vista no te alcanza a los dígitos de la balanza, ten mucho cuidado que en el mercado es cosa común, y te advertí que no abrieras la puerta cuando llama un revisor del gas con vete a saber qué placa falsa, hoy en día pasan cosas, sobre todo a los ancianos que confían; es como lo de firmar papeles con el gestor bancario, tan majo él verdad, te da siete páginas de letra pequeña con sonrisa de ángel, deberías saberlo después de las preferentes, la pensión va a seguir bajando si la hucha de las pensiones rescata tarjetas negras y cajas B; ya, ya sé que no sabes, pero sí sabes que lo darías todo por estar calentita, porque tienes frío en los huesos, normal a tu edad, así que ándate con ojo cuando te diga el técnico “la caldera tiene tres piezas rotas”, te ofrecerá cambiarlas sin IVA por diez veces lo que valen, solo por ser tú, porque le recuerdas a su abuela en paz descanse, igual que el cardiólogo que te atiende sin factura, simpático eh, ah sí es otro nivel pero el señor doctor tira de tu pensión como todos aunque no sean familia, pongamos el administrativo que te cobra por la declaración de la renta como si fueras la Tyssen, y tiene delito porque en este país de mierda somos los jóvenes los que estamos con el agua al cuello, nosotros sí que lo tenemos chungo, nosotros sí que necesitamos que nos echen un cable, sin colchón social nos vamos a Nueva Zelanda, abuela, sí sí, no queda otra, como el nieto de Manoli, Nueva Zelanda es lo único que tenemos y unas birras esta noche para no pensar un poco en el panorama desolador, no sabes cómo te lo agradezco, abu, aunque si pueden ser cincuenta podría salir todo el finde y estaría genial.</p><p>_____</p><p><strong>Susana Camps Perarnau</strong> (Barcelona, 1963) es profesora de narrativa en la Escuela de Escritura del Ateneo barcelonés y en la UOC (Universitat Oberta de Cataluña). Ha publicado novela (El sueño robado<em>, Montesinos, 1989), cuentos en catalán y castellano, y el libo de microrrelatos </em>Viaje imaginario al Archipiélago de las Extinta<em> (Talentura, 2013).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Jan 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Susana Camps]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El que tuvo retuvo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 125]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El sordo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/sordo_1_1165367.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/11ffb40d-d87a-41a2-bb90-7a01337e346c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El sordo"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Fernando Valls y Gemma Pellicer. En esta nueva entrega recoge dos textos del escritor Ginés S. Cutillas.</em></p><p>___________________________________</p><p>  <strong>El sordo</strong></p><p>Subí las maletas al tren para que mi mujer tuviera tiempo de despedirse de su familia. Cuando por fin entró en el reservado, se sentó enfrente de mí e hizo ver que no me conocía. Lo entendí como uno más de sus juegos y no tuve ningún reparo en seguirle la corriente con la esperanza de que aquello tuviera alguna resolución de tipo sexual.</p><p>No se dirigió a mí hasta transcurrida casi una hora de viaje para preguntarme si sabía en qué sentido de la marcha se encontraba el bar. Le indiqué que hacia la locomotora y me ofrecí a acompañarla, invitación que aceptó gustosamente. Una vez sentados cara a cara, le pregunté por su vida, a qué se dedicaba, si tenía hijos… Ninguna respuesta me sorprendió, a excepción de la negativa cuando le pregunté si estaba casada. Lo tomé como parte de la diversión. Al fin y al cabo, de eso se trataba, ¿no?</p><p>Del café pasamos al vino, y al cabo de un rato se le desató la lengua. Pocas veces le había visto tan cómoda conmigo. Me contó cosas que no sabía, qué quería ser, lo que quería estudiar, cómo entendía la vida, su deseo de ser madre… Esta fase del juego, para mi gusto, se alargó demasiado. Yo estaba loco por que llegara la acción cuanto antes, ansioso porque cada vez faltaba menos para nuestro destino.</p><p>Su monólogo —a estas alturas no podía llamarse conversación— se alargó hasta que regresamos al privado. Viendo que la estación estaba cerca no pude resistirme más y, cortándole la palabra, la besé. Inmersa en su papel de extraña, comenzó a gritar como una loca, lo que me excitó aún más; hasta que alertado por tanto jaleo, se presentó el revisor agarrándome por el cuello. Dejé de sonreír cuando le preguntó si me conocía y apartó la cara.</p><p>Me bajaron del tren a la fuerza. No pude hacer otra cosa que verla alejarse pegada al cristal mientras el silbato del tren ocultaba ahora mis gritos. Nunca supe en qué parada se bajó ella.</p><p>  <strong>Las proyecciones </strong></p><p>Mi sombra entró en casa unas milésimas de segundo después de mí. Esa primera diferencia fue muy sutil, apenas perceptible. No tanto como la del día siguiente, cuando yo me encontraba desayunando en la cocina y ella seguía en el baño enfrente del espejo, juraría que buscándose los rasgos del rostro.</p><p>Ante tal diferencia de horarios comenzamos a llevar vidas separadas, pues no podía justificar mis continuos retrasos en la oficina. Hasta que una tarde, cuando ya se había marchado casi todo el mundo y comenzaban a encenderse los primeros flexos, los pocos que quedaban se dieron cuenta de que era el único que no proyectaba la silueta. Me justifiqué con algún extraño argumento científico de que el material de mi ropa no reflejaba la luz y, aunque en un primer momento parecieron aceptar la explicación, al día siguiente era la comidilla de todo el edificio. Los focos se encendían a mi paso para arrancar la risa de los presentes.</p><p>Mi jefe me reunió para preguntarme que eran esos alborotos que iba produciendo por los despachos. Lo conduje hasta la ventana y le demostré que no había ninguna sombra al lado de la suya. El despido fue fulminante, por razones de seguridad, alegó, nada de xenofobia ni racismo, quiso dejar claro.</p><p>Conseguí trabajo en otra empresa. Desde entonces reproduzco con total exactitud cada acción que realiza mi sombra y, aunque hay ocasiones, al final de la jornada, en que me arrastra de mala gana con ella a tomar cervezas con las demás proyecciones de mis compañeros, he de reconocer que me va mejor que antes: este año me han subido el sueldo ya dos veces.</p><p><em>* Ginés S. Cutillas (Valencia, 1973) es autor de dos libros de microrrelatos: </em><strong>Ginés S. Cutillas</strong>Un koala en el armario<em> (2010) y </em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/02/17/vosotros_los_muertos_gines_cutillas_61278_1821.html" target="_blank">Vosotros, los muertos</a> <em>(2016), publicados en la editorial granadina Cuadernos del Vigía, así como de un estudio dedicado al género: </em>Lo bueno, si breve, etc. Decálogo práctico del microrrelato<em> (Editorial Base, 2016). En la actualidad, es profesor de la Escuela de Escritores de Madrid y miembro del equipo de redacción de la revista </em>Quimera<em>.</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Dec 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ginés S. Cutillas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El sordo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Narrativa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luisa Carnés: cuarenta años de cuentos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/luisa-carnes-cuarenta-anos-cuentos_1_1164654.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/703a1da8-c54a-4120-928c-c97ec07c1169_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Luisa Carnés: cuarenta años de cuentos"></p><p>Hasta hace muy poco tiempo apenas sabíamos nada de <strong>Luisa Carnés</strong> (Madrid, 1905-Ciudad de México, 1964), pues ni siquiera su militancia en el PCE, ni tampoco su vinculación sentimental en el exilio con el poeta y periodista <strong>Juan Rejano</strong> (1903-1976) había ayudado a que se le prestara atención a su obra periodística y literaria. Sea como fuere, quien pretenda entender su trayectoria vital e intelectual debería tener en cuenta tanto su origen humilde y su condición autodidacta (hija de un barbero, tuvo que empezar a trabajar a los 11 años en una sombrerería) como su deseo temprano de convertirse en escritora (publicó su primer cuento a los 19 años) y de utilizar su obra para denunciar los abusos del poder, además de para defender con su testimonio a los desfavorecidos. Asimismo, también debe tomarse en consideración su militancia comunista, su condición de derrotada en la Guerra Civil, la estancia en un campo de internamiento en Le Pouliguen (Francia) y el exilio en México, sin haber podido volver nunca a España.</p><p>La existencia de Luisa Carnés debió de empezar a cambiar en 1928, cuando consigue entrar a trabajar como mecanógrafa en la CIAP, donde permaneció hasta que la gran empresa editorial quiebra en 1931. Con anterioridad, había logrado aproximarse al mundo intelectual del momento, a lo que también debió de contribuir su relación sentimental con <strong>Ramón Puyol </strong>(1907-1981), dibujante, escenógrafo, autor de cubiertas de libros y cartelista (suyo es el célebre cartel republicano con el <em>¡NO PASARÁN!</em>), así como padre del hijo que tuvo en junio de 1931. Es probable que fuera él quien propiciara su militancia comunista, e igualmente posible que conociera también en la CIAP a Juan Rejano, responsable de la secretaría literaria de alguno de los sellos de la empresa, en la que Puyol desempeñaba el cargo de director gráfico. Junto a este y al poeta cordobés coincidió también en el periódico <em>Frente rojo</em>, editado primero en Valencia y luego en Barcelona durante la guerra, en el que Carnés publicó su cuento “Una estrella roja” que trata de la fascinación que siente un chico por la URSS. Con estas referencias no pretendo restarle ni un ápice de importancia a sus méritos literarios, sean cuales sean, pero sí intentar entender lo mejor posible el contexto en el que surgió y pudo desarrollarse su trayectoria literaria.</p><p>  </p><p>Por lo que sabemos, entre finales de 1935 y comienzos de 1936, tras diversas crisis sentimentales, Luisa Carnés se fue a vivir sola con su hijo. Tampoco conocemos con precisión cuándo se afilió a las Juventudes Comunistas y al PCE, aunque entre el triunfo del Frente Popular y 1937 formara ya parte de la organización, y en mayo de 1936 colaborase en <em>Mundo obrero</em>. Así, cuando estalla la Guerra Civil la autora contaba 31 años y tenía tres libros en su haber, entre ellos la novela <em>Tea Rooms. Mujeres obreras</em> (1934), que ha cosechado cierto eco en estos últimos años. Pero  desde 1930, compaginaba el periodismo y la literatura, colaborando en medios importantes como <em>La Voz</em>, donde aparecieron quince cuentos suyos, <em>Crónica</em>, <em>Estampa</em>, la elegante revista <em>La Esfera</em> o <em>Ahora</em>.</p><p>Si nos atenemos a la cronología, debería haber formado parte de los denominados prosistas del 27, en concreto de aquellos escritores que mostraron un mayor compromiso social dentro del movimiento de rehumanización literararia que se produjo en los años treinta. No parece, sin embargo, que tuviera vinculación con este grupo heterogéneo de autores, ni tampoco con las escritoras más destacadas del momento, como <strong>Ernestina de Champourcín</strong>, <strong>Josefina de la Torre</strong>, <strong>Concha Méndez</strong>, <strong>Carmen Conde</strong> o <strong>Rosa Chacel</strong>, la más sólida de todas ellas. Sí consta, por el contrario, que sus primeros valedores fueron<strong> José Francés</strong> y <strong>José García Mercadal</strong>, quienes le ayudaron a publicar su primer libro, <em>Peregrinos de calvario</em> (1928).</p><p>En mayo de 1939, vinculada ya sentimentalmente a Juan Rejano, preso entonces en Argelès, solicita información sobre su paradero, a efectos de un posible reagrupamiento familiar. El caso es que Luisa Carnés y Juan Rejano coincidirán pronto en México, adonde consiguen llegar por caminos diferentes: ella en el vapor holandés Veendam, que atracaría en Nueva York para continuar luego el viaje en autobús hasta la capital mexicana, donde finaliza su periplo el 27 de mayo de 1939; y él en el Sinaia, desembarcando en Veracruz el 13 de junio de 1939. La escritora contaba entonces con 34 años, nacionalizándose mexicana dos años después, como hicieron otros muchos exiliados aprovechándose de las facilidades que les proporcionó el gobierno. A partir de entonces se ganó la vida como periodista tanto en las publicaciones del país como en las propias del exilio republicano, sobre todo en aquellas vinculadas al PCE, llegando a dirigir <em>Mujeres españolas </em>entre 1951 y 1957, órgano oficial de la Unión de Mujeres Antifascistas de México, donde se recogieron su cuentos “El pilluelo” y “La chivata”. Este último podría compararse con su novela corta “La hora del odio”. Pero hasta 1961, Luisa Carnés no pudo dedicarse en exclusiva a la literatura, aunque murió pronto, tras un accidente de circulación ocurrido en 1964.</p><p>Su cercanía a Juan Rejano debió de facilitarle la publicación de su obra en la revista <em>Romance</em>, los cuentos “Gris y rojo” (se trata de una nueva versión de “Rojo y gris”, publicada en 1932) y “Los mellizos”, que salió de las prensas en la misma fecha, y sobre todo en la <em>Revista Mexicana de Cultura</em>, suplemento literario dominical del diario <em>El Nacional</em>, que el poeta cordobés dirigió entre 1947 y 1957, y luego entre 1969 y 1975, pues Carnés llegó a publicar en este medio 16 cuentos, siendo la revista en la que más se prodigó. Tendría interés cotejar las distintas versiones de esos últimos relatos citados, pues nos ayudaría a entender cómo trabajaba la autora. Carnés y Rejano coincidieron también en otras publicaciones vinculadas al partido, como <em>Problemas de España</em> (1947-1952), <em>Nuestro Tiempo</em> (1949-1953) y <em>España y la Paz </em>(1951-1955), esta última dirigida por <strong>León Felipe</strong>.</p><p>Si nos centramos en <a href="https://www.editorialrenacimiento.com/blog/renacimiento-publica-cuentos-completos-de-luisa-carnes--n160" target="_blank">la edición que nos ocupa</a>, editada por Espuela de plata (Renacimiento) y compuesta por dos tomos, el primero está dedicado a la narrativa publicada hasta 1939, que incluye algunos cuentos infantiles, y el segundo a los relatos que vieron la luz en el exilio, cuyo título, <em>Donde brotó el laurel</em>, proviene de uno de los pocos cuentos cuya acción transcurre durante la guerra, pues se relata un hecho heroico que acontece en la defensa de Madrid. Por tanto, Luisa Carnés estuvo publicando cuentos a lo largo de 40 años, entre 1926 y 1964, en los que compuso, al menos, 68 relatos, los aquí reunidos, aunque un buen puñado de ellos hubiera permanecido inédito hasta esta meritoria edición. Sin embargo, no todos los recogidos me parecen estrictamente cuentos, pues también hay fábulas (“El rescate del río”), estampas (“Calle del pueblo en domingo”, con hechuras de microrrelato, y “El gigante de sal”), crónicas (“La muralla” y “Aquelarre” se presentan subtitulados como tales), e incluso un alegato –más que una narración— contra la guerra y a favor de la paz (“Momento de la madre sembradora”). Se trata, en conjunto, de cuentos realistas que a veces rayan el tremedismo, como ocurre en “El pilluelo“, teñidos siempre por la preocupación social, que van ganando en complejidad y ambición a lo largo de su estancia en México. La profesora <strong>Francisca Montiel Rayo</strong>, en su atinado prólogo, ha llamado la atención sobre la ilación que se genera entre ellos. Así, por ejemplo, el cuento “Prisión de madres” está relacionado con “La chivata” y “El mandato”.</p><p>Una de las singularidades de estos relatos es que, a diferencia de los de otros narradores del exilio, ella sí se ocupó de los indígenas mexicanos (como también lo hicieron <strong>Sender</strong>, <strong>Moreno Villa</strong>, <strong>Max Aub</strong>, <strong>Eugenio F. Granell</strong>, <strong>José Ramón Arana</strong> o <strong>Serrano Poncela</strong>, por solo recordar unos pocos nombres), adoptando su léxico, con lo que pudiera tener de artificioso dicha operación, según puede observarse en algunos de los denominados <em>cuentos mexicanos</em> escritos a partir de 1946, de lo que sería buen ejemplo “La muralla”. Esta cierta mexicanización de la escritura nos lleva a pensar que Luisa Carnés estaba convencida de que sus lectores serían los propios exiliados, o los mexicanos, y no los españoles de la Península, como así ha debido ser hasta el presente, aunque al fin y a la postre sus destinatarios hallamos sido nosotros. El problema con el lenguaje, el cual se aprecia sobre todo en los textos anteriores a la Guerra Civil, es que a veces carece de naturalidad, como si escribiera con la ayuda del diccionario; mientras que en ocasiones reproduce la fonética del lenguaje oral, tiende a la jerga, se burla con buen criterio de las expresiones de moda o cae en usos espurios.</p><p>Además de la temática, que centra la atención de <strong>Antonio Plaza </strong>en la introducción, habría que atender también a otros aspectos no menos relevantes, tales como el punto de vista, la estructura y los principios y finales de los cuentos; su composición —en suma— y estética. Así, “El poeta que se ha quedado atrás” presenta dos desenlaces distintos; resultan precipitados los finales de “El hijo del dramaturgo” y de “Una mujer fea”; aparte de previsible el desenlace de “Los mellizos”; y me parece que “Contrabando” ganaría suprimiéndose su último párrafo. No menos llamativo me parece cómo adelgaza los párrafos (I, 90, 154, 155, 225, 296; y II, 27 y 211). Otras veces tiene tendencia a caer en el costumbrismo, en el psicologismo barato y en el uso de metáforas tan rebuscadas como poco afortunadas (“manos liriales”, I, 165; “trajes vernales”, I, 169; “charquizuelos”, I, 276); se muestra tendenciosa en cuentos como “En el tranvía”, “Las dos Marías” y, en el extremo opuesto, en narraciones como “En casa” y “<em>Això va bé</em>“, todos ellos panfletarios, de escasa entidad literaria; o degrada a los personajes, aunque sin la brillantez y sutileza de<strong> Valle-Inclán</strong> (I, 242). Además, merecería estudiarse el uso que hace de los retratos de sus personajes, los rasgos o características en los que se detiene (I, 180, 183, 184, 213, 251 y 255; y II, 129, 175, 269, 325, 395 y 418).</p><p>  </p><p>Si tuviera que escoger algunos cuentos de este amplio conjunto, me decantaría por “El hombre que sembró bondad” (1927), un cuento que la autora publicó a los 22 años, donde se relata la historia de un ser bondadoso que recibe un anónimo que le amarga la existencia, pues da crédito a la acusación de que su mujer tiene como amante a su mejor amigo, a quien nombra en sueños, de modo que acaba matándola en medio de un delirio por el que este cuento realista termina convirtiéndose en fantástico. “Una casa en ruinas” (1931) destaca por la personificación de la casa y por su forma singular: los brevísimos párrafos, la utilización del verso y de los <em>topoi</em> propios de la lírica; así, por ejemplo, las repeticiones y el ritmo marcado de la frase o la reiteración de motivos tales como el recuerdo del eucalipto del convento, medianero de la pobre casa, o el temor de las madres a que sus hijos se acerquen a las ruinas. Quizá la tercera parte del cuento, en la que se explicitan los sentimientos del narrador, resulte innecesaria, por lo que hubiera sido mejor suprimirla. “Los mellizos” (1932 y 1940) apareció primero en <em>La Voz</em> y luego corregido en <em>Romance</em>, versión que se nos porporciona aquí, de manera que debería haberse incluido en el segundo volumen. Se cuenta la historia de dos mellizos, uno de los cuales nace cojo, adoptando su hermano esa misma discapacidad. A lo largo de su existencia, relatada a través de las distintas edades y ritos de paso correspondientes, hacen siempre vida juntos, pero en soledad, por lo que cuando se acerca la hora de la muerte, ante el temor de que uno de ellos se quede solo, deciden suicidarse en el momento en que el hermano mayor enferma. En ese instante trágico, cumplen con dos ritos habituales: la carta al juez y tirarse por el Viaducto... En suma, me parece que el cuento tiene dos carencias: el previsible desenlace y la tendencia a degradar a los personajes, sobre los que carga demasiado las tintas, mediante metáforas y comparaciones (“figuras de cera escapadas del barracón de alguna feria“, “muñecos románticos, caídos de una vieja caja de música”, “el relieve grotesco de los mellizos”, “el agrio limón de su tez”, “el cirio quebradizo de sus cuerpos”, I, 241, 242, 244 y 246). Esto en cuanto a las narraciones publicadas antes del exilio.</p><p>De los relatos posteriores a la guerra prefiero “La mujer de la maleta” (1945), quizás uno de los más logrados. En él se narra la huida hacia Francia de tres mujeres tras la derrota, quienes –como ocurre en los cuentos tradicionales— aparecen identificadas por lo que portan: un saco, una cesta y una maleta. El narrador se centra en el personaje que da título al cuento, en el aspecto físico de “la extraña mujer de la maleta”, que nos va presentando troceado: su cara que parecía de palo, la mirada, la nariz, los labios, las manos, los ojos de cristal... (II, 27). Una de ellas recuerda que a su hijo lo mataron en Somosierra; otra, que a su padre lo fusilaron en Burgos; y finalmente acaban desprendiéndose de lo poco que tienen, como si no pudieran con su presente, ni tampoco con su pasado. Solo la mujer de la maleta calla y continua caminando, como si no le pesara la carga que lleva, por lo que la atención de sus dos compañeras, y la de los lectores, se posa en el contenido de la maleta, cuyo misterio solo se resolverá en la conclusión del relato, tras haber cruzado la frontera francesa. Una vez más, me parece que el párrafo final del cuento sobra, por innecesario, pues remacha demasiado el clavo del sentido, que resulta obvio.</p><p>Entre burlas y veras “Los corazones y el <em>chop suey</em>” (1947) se basa en el malentendido que surge entre Lupita, archivera en una empresa, y Felipe, el contador y su jefe inmediato, dada la atención que este viene prestándole al vestido de verano que ella se pone para ir a la oficina, con un estampado de corazones rojos atravesados por finos dardos... “El espíritu del mayor Fonseca” (1948) se centra en la relación que entablan cuatro personajes, uno de ellos fallecido —quien da título al cuento— y que arrastra una leyenda negra con las mujeres, su hijo don Pepe, la vieja celestina doña Chagua y la joven Estela, muy apegada a su madre. El caso es que esta consigue librarse de los amores que le profesa el joven rico, don Pepe, hechizada por el mar y por las viejas leyendas, entre el delirio y la lucidez, trasladándose a trabajar a la capital.</p><p>En “La pareja de la avenida Juárez” (1954), otra de las mejores narraciones, dos ancianos —en los que se detiene la mirada del narrador, un profesor de francés— mueren atropellados por un autobús en la capital mexicana. Pero el cuento trata también de la gran ciudad y de sus gentes, del paso del tiempo, con la omnipresencia de los “relojes asesinos”. En “La mulata” (1960), Chucho, un joven indio, “el amador puro”, confiesa —¿ante un juez, un alguacil?— por qué ha matado al patrón de Elsa, su amada que ya no le corresponde, “niña áspera y esquiva, de piel oscura”, fascinada por el dinero, la ropa y la bisutería, convertida en vendedora de tabaco y chucherías en un cabaret, en <em>amiga</em> de su jefe, tras huir de Playa Brava, el lugar en que los jóvenes habitaban, y andar el indio tras ella, en su búsqueda.</p><p>Si bien podrían comentarse muchos otros detalles de estos relatos, contentémonos con unos pocos: en “Anestesia” (1947) aparece la que quizá sea la única reflexión metaliteraria que hallamos en todos estos cuentos: “cuál es más real, si la vida que contemplamos con nuestros ojos o la que nuestra imaginación crea bajo la frente... Si ambas son igualmente idénticas... Y no puede uno hallar respuesta”; “En casa” (1949 y 1950) quizá no tenga un gran valor literario, y en el desenlace caiga en la cursilería, pero sí posee interés testimonial (podría afirmarse lo mismo de “Prisión de madres”), pues una mujer recuerda las dificultades con que se encontró al salir de la cárcel, tenía entonces 33 años, cuando todo el mundo le daba de lado y solo una especie de ángel de la guarda comunista la acoge, encontrando en la figura de <strong>Pasionaria</strong>, una madre, y en el PCE su nueva casa, “entre verdaderos españoles”, pues la libra de la miseria y de la prostitución. Se trata, por tanto, de un cuento de tesis y homenaje.</p><p>Del resto de sus relatos, quizá destaque el tratamiento narrativo con el que dota a nuevas realidades: el peso cada vez mayor de la política y de la cultura estadounidense en el mundo, en México. Así, “El soldado” (1963) es una narración antibelicista que parece inacabada, en la que denuncia la guerra del Vietnam, la cual había estallado un año antes. En “El señor y la señora Smith” (1963) se ocupa del segregacionismo en los Estados Unidos, asunto que había tratado también en un artículo sobre la violencia del Ku Klux Klan. El conflicto surge cuando un negro y una rubia, Dana y Betty, se enamoran y casan, uniéndose dos soledades, aunque no tengan más remedio que cambiar de lugar para poder sobrevivir. Pero tras quedarse ella embarazada, acaban matándolo a él de una paliza. En “El prófugo” (inédito) un hombre que ha sido expulsado de su trabajo narra su existencia como cesante, perseguido y prófugo; aunque también llamen la atención las quejas sobre la imposición del modelo de vida norteamericana. Quizá la mayor carencia que apreciamos en las narraciones de Luisa Carnés sea que a veces ponga la literatura al servicio de sus ideas políticas, cayendo en la simplificación de los conflictos y en la demagogia, como vuelve a ocurrirle en “Aquelarre. Crónica de nuestro tiempo” (inédito), donde cuestiona la fascinación por la cultura popular americana.  No quiero concluir sin llamar la atención sobre “Acabado“ (1964), un cuento singular, narrado por un automóvil, que nos cuenta su relación con los cinco dueños que tuvo.</p><p>Desde que en el 2002 Antonio Plaza Plaza preparase la edición de <em>El eslabón perdido</em>, este investigador nos ha ido descubriendo a esta singular autora en la que apenas nadie había reparado (<strong>Sanz Villanueva</strong>, una de las pocas excepciones, la cita en 1984 en su <em>Literatura actual</em>), rescatando textos inéditos y otros de revistas de difícil consulta, editándolos y proporcionándole al lector el contexto necesario para poder entender mejor sus narraciones. Ese me parece que es su mayor mérito. No puedo compartir, en cambio, algunos de sus juicios de valor sobre la literatura de la época, ni tampoco las razones que esgrime sobre la marginación de la escritora, pues, en México, Luisa Carnés no llega a publicar ningún libro de cuentos y las revistas en los que aparecieron no resultaban de fácil consulta. ¿Cómo podían acceder a ellos los lectores, los críticos, los investigadores? De hecho, la obra de otros muchos narradores del exilio republicano, pienso ahora en el conjunto de la narrativa breve, tampoco ha sido debidamente considerada, incluso habiendo publicado libros de cuentos. Es el caso de, por ejemplo, <strong>Clemente Airó, Álvaro de Albornoz, Luis Amado-Blanco, José Carmona Blanco</strong> y <strong>Juan Espinasa Closas</strong>, por no hacer una lista demasiado extensa. Ninguno de ellos tuvo la fortuna de encontrar todavía a su <strong>María Isabel Cintas</strong>, la revalorizadora de <strong>Chaves Nogales</strong>, ni a su Antonio Plaza Plaza.</p><p><em>*Fernando Valls es profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona y crítico literario.</em><strong>Fernando Valls</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Nov 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Luisa Carnés: cuarenta años de cuentos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Narrativa]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Iban Zaldua se arma de relatos contra la "visión unívoca" del conflicto vasco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/iban-zaldua-arma-relatos-vision-univoca-conflicto-vasco_1_1164141.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1359889e-39f5-43c7-95cd-98ffb9961c00_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Iban Zaldua se arma de relatos contra la "visión unívoca" del conflicto vasco"></p><p>En la presentación en Madrid de su último libro, <strong>Iban Zaldua</strong> (San Sebastián, 1966) reparte un pequeño cuaderno grapado, de un amarillo intenso, lo que parece una especie de fanzine. La cuartilla contiene un relato inédito en castellano que se titula "En busca de <strong>la Gran Novela sobre el Conflicto Vasco</strong>" y que está fechado en 2014. El texto loa a la ficticia Gentzane Argiñena, decidida desde la niñez a escribir la anunciada Gran Novela (las mayúsculas son de Zaldua) sobre la historia de la sociedad vasca. Con el habitual uso mordaz de la ciencia ficción, el autor imagina en él un macroprograma que pudiera contener todos los datos sobre el conflicto (y sobre toda la historia de Euskadi y de la humanidad en general), y que pudiera reflejar también todas las perspectivas de todos los seres implicados o no en el conflicto, de forma que la novela misma transformara la faz del País Vasco. </p><p>Así se reía el escritor de la obsesión de la literatura vasca —y del mundo editorial español— por encontrar esa "novela definitiva" sobre el conflicto vasco. Y eso dos años antes de la publicación de <em>Patria</em>, de Fernando Aramburu, que la editorial Tusquets <a href="https://www.planetadelibros.com.ar/libro-patria/244184" target="_blank">promocionaba como</a> "la novela definitiva sobre más de 30 años de la vida en el País Vasco bajo el terrorismo". Unas horas antes de la presentación, con un té enfriándose en la taza, Zaldua señala su libro <em>Como si todo hubiera pasado</em> (Galaxia Gutenberg), que reúne <strong>42 relatos</strong> sobre la historia reciente de Euskadi escritos entre 1999 y 2018. "Esta es mi novela", dice, medio en serio medio en broma. "Frente a la <strong>visión unívoca de la novela</strong>, yo creo en el relato como una manera de mirar a distintos lugares, desde distintas perspectivas, sin ese afán completista de abarcar toda la realidad".</p><p>  </p><p>Y no es nueva la fijación con encontrar <strong>el libro definitivo </strong>que explicara de una sola vez algo tan complejo como el terrorismo de ETA y su efecto sobre la sociedad a lo largo de décadas. <em>Como si todo hubiera pasado</em> es también el título de la descomunal novela ficticia en la que trabajaba desde hacía años el fantasmal escritor retratado en "Aquella novela", uno de los relatos recogidos en el volumen, publicado en euskera en 2004. Es uno de los textos que permanecían hasta ahora <strong>inéditos en castellano</strong> y que se une aquí a otros publicados en obras como <em>Mentiras, mentiras, mentiras</em> (2000), <em>La isla de los antropólogos y otros relatos</em> (2002), <em>Itzalak </em>(2004), <em>Porvenir </em>(2005), <em>Biodiscografías </em>(2011)... Pero parece que la obsesión se ha redoblado tras el <em>best seller</em> de Aramburu. ¿Es posible hablar de literatura sobre el conflicto vasco sin hablar de <em>Patria</em>? "Está claro que no, porque todos me preguntáis por ella", dice Zaldua entre risas. </p><p>Antes de <em>Patria</em>, estaban los relatos sobre <strong>"La Cosa"</strong>, como llamaba Zaldua y su cuadrilla al conflicto vasco, un apodo de ciencia ficción que casa bien con los intereses del escritor. En <em>Como si todo hubiera pasado</em> se suceden los relatos que imaginan otro pasado posible —viajes en el tiempo, cuentos que alteran la realidad que describen—, relatos que imaginan el regreso del pasado —apariciones fantasmagóricas incluidas— y relatos en los que el pasado es algo tan lejano que parece no haber sucedido jamás. Buena parte de ellos se escribieron y publicaron cuando ETA todavía mataba, antes de <a href="https://elpais.com/elpais/2011/01/10/actualidad/1294651023_850215.html" target="_blank">aquel alto el fuego</a> "permanente, general y verificable" de 2011" y mucho antes de la <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2018/05/04/derrota_militar_politica_eta_82428_1012.html" target="_blank">disolución definitiva</a> de la banda terrorista anunciada el pasado mayo.</p><p>"Se suele decir que la literatura exige perspectiva para acercarse a según qué temas, pero no sé si estoy de acuerdo", dice el escritor. Y menciona <a href="https://www.catedra.com/libro.php?codigo_comercial=120498" target="_blank">El silencio del mar</a>, de Vercors (seudónimo de Jean Bruller), un volumen clandestino publicado en 1942 que retrataba la Francia ocupada, pero no solo la heroica resistencia, sino el colaboracionismo, que parece haberse quedado fuera del relato oficial. Pero a juzgar por la trayectoria de Zaldua sí que parece necesaria cierta perspectiva. El narrador cuenta cómo empezó a escribir sobre "La Cosa" a mediados de los noventa, un momento que coincide con el alejamiento de la "militancia partidista" —abandona Euskadiko Ezkerra en los ochenta, antes de que se integrara en el Partido Socialista de Euskadi—. "No creo que no se pueda hacer buena literatura militante, sí se puede, lo que pasa es que es muy difícil y hay que escribir realmente bien. Los que somos más normales", dice, como disculpándose, "tenemos que conformarnos con una literatura un poco más despegada en ese sentido".</p><p>No fue lo único que cambió en ese momento. A mediados de los noventa, Zaldua comenzó a escribir en euskera, que es ahora <strong>su lengua de producción</strong>, aunque él mismo traduzca luego sus textos al castellano. "No sé si es una casualidad, porque yo no soy un gran teórico y los análisis a posteriores son como son. Pero sí que intenté escribir un par de relatos sobre La Cosa cuando escribía todavía en castellano y los tuve que tirar", confiesa. Y había un tercer elemento que el escritor subraya: por aquella época se encontró con algunas de las obras que él considera fundacionales tanto para la nueva literatura en lengua vasca como para su propia literatura. Las nombra en la nota a la edición: <em>Gizona bere bakardadean</em> (<em>El hombre solo</em>, 1993), de Bernardo Atxaga; <em>Hamaika pauso</em> (<em>Los pasos incontables</em>, 1995), de Ramon Saizarbitoria; <em>Kontaktua </em>(1995), de Luistxo Fernandez; <em>Joan zaretenean</em> (<em>Sin vosotros</em>, 1997), de Jokin Muñoz. </p><p>Y hay otro marcador de distancia más: <strong>el humor</strong>. La ironía que impregna gran parte de los relatos y que viene marcada, como destaca en el prólogo la escritora Edurne Portela, por una tercera persona "desalmada". La acidez está en la historia de un ertzaina infiltrado en una euskaltegi, una escuela de euskera. O en el viaje de verano de dos amigos por la costa levantina —<em>spoiler</em>: no van de vacaciones—. O en "Célula durmiente", que en 2010 imaginaba a dos <em>últimos de Filipinas</em> que permanecen en un piso franco ignorando que ETA ha entregado las armas. "El humor se ha demostrado como necesario", señala Zaldua, y nombra a <em><strong>Vaya semanita</strong></em>, el programa estrenado en ETB en 2003, y las tiras del dibujante Patxi Huarte, <em><strong>Zaldieroa</strong></em>, que bromeaba sobre ETA bajo el epígrafe <em>The Organization</em>. El humor, dice Zaldua, le ha evitado también cierto agotamiento: "No es solo que te dé esa distancia, sino que, en algo que dura años, acabas volviendo una y otra vez sobre los mismos temas. El humor te da otra perspectiva".</p><p>No parece que la literatura vasca vaya a dejar de volver una y otra vez a La Cosa. "Se va a seguir escribiendo de La Cosa porque es algo que ha marcado a generaciones enteras y a un nivel muy personal. Y seguirá interesando al lector del País Vasco en mayor o menor medida", despacha Zaldua. "<strong>Otra cosa es que interese fuera del País Vasco</strong>, porque yo no he visto que novelas como <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2017/10/03/aixa_cruz_linea_del_frente_70227_1026.html" target="_blank">las de Aixa de la Cruz</a> [<em>La línea del frente</em>] o Katixa Agirre [<em>Los turistas desganados</em>] hayan tenido gran repercusión, o el mismo <em>Twist </em>de Harkaitz Cano". La moraleja de "En busca de la Gran Novela sobre el Conflicto Vasco" es que ningún título va a ser el "definitivo". Al lector no le va a quedar más remedio que leerse más de un libro, y es eso lo que Zaldua teme que no ocurra: "El peligro es que la gente se quede con esto de [<em>Patria </em>como] 'la gran novela sobre el conflicto vasco' y que, pensando que tiene la visión completa sobre esto, <strong>no vaya más allá</strong>". Porque más allá hay para rato. </p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Nov 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Iban Zaldua se arma de relatos contra la "visión unívoca" del conflicto vasco]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Conflicto vasco,Libros,Cultura,Narrativa]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[Pedro Feijóo, retratado por Oscar Wilde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/pedro-feijoo-retratado-oscar-wilde_1_1161412.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1fe2915e-b869-46b8-9d46-d93a697b36ef_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pedro Feijóo, retratado por Oscar Wilde"></p><p>"Si hay un texto clásico<strong> </strong>que no me canso de recomendar, especialmente entre los más jóvenes, ese es <a href="https://www.casadellibro.com/libro-el-retrato-de-dorian-gray-edicion-especial/9788467032536/1616941" target="_blank"><em>El retrato de Dorian Gray</em></a>". Quien habla es el escritor y músico <strong>Pedro Feijóo</strong> (Vigo, 1975), que encuentra en la lectura de <a href="https://www.biografiasyvidas.com/biografia/w/wilde.htm" target="_blank">Oscar Wilde</a> una exaltación de la<strong> </strong>juventud y una llamada a vivir el momento <strong>libremente</strong>: "En estos tiempos tan tristes, en los que nos hemos vuelto a acercar tan peligrosamente a los recortes de derechos y libertades (…) la lectura de cualquier texto de Wilde es todo un ejercicio de puesta en valor de <strong>la libertad en sí misma</strong>". Y es por eso que, un par de décadas después de llegar al libro por primera vez, lo elige para esta sección en la que escritores y periodistas recomiendan un clásico al que acercarse en los meses de verano. </p><p><strong>El gallego descubrió</strong> al joven modelo imaginado por Wilde "con 21 años recién cumplidos", la misma edad que contaba, cuenta y contará siempre el eterno Dorian, aunque quizás fuese lo único que los juntase en aquella época: "Era un momento de mi vida en el que me encontraba <strong>hecho un asco</strong>. Mi novia me acababa de mandar a paseo, en la facultad no acababa de encontrar mi camino…", comenta el autor de <a href="https://www.casadellibro.com/libro-os-fillos-do-mar/9788499143460/1972773" target="_blank">Os fillos do mar</a> (Xerais), deseoso en aquellos días de un <strong>retrato </strong>al que ceder sus<strong> </strong>penurias. En su cuento publicado por primera vez en 1890, alargado un año más tarde hasta convertirse en novela, el protagonista vende su alma para que sea un retrato suyo quien envejezca en su lugar. Quizás Feijóo no hubiera aceptado vender entonces su alma, pero lanza: "Era uno de esos periodos en los que, si tu vida todavía estuviera en <strong>garantía</strong>, se la devolverías al fabricante, alegando material <strong>defectuoso</strong>".</p><p>  </p><p>Suerte tuvo la literatura de no perder al vigués, quien –de la mano de Xerais– le brindaría obras como <a href="https://www.casadellibro.com/libro-a-memoria-da-choiva/9788499145709/2232774" target="_blank"><em>A memoria da choiva</em></a> (2013) o, más recientemente, <em>Sen piedade</em> (2018). El novelista y ensayista, no obstante, ni confirma ni desmiente la influencia del irlandés en su prosa; sí admite la de otros como <strong>Suso del Toro</strong> –"sin el cual yo no estaría aquí"–, autor de libros como <a href="https://www.casadellibro.com/libro-trece-badaladas/9788483027882/824188" target="_blank"><em>Trece badaladas</em></a> (<em>Trece campanadas,</em> Alianza Editorial) o <em>La sombra cazadora </em>(Xerais).</p><p>Novelas como estas son las que hacen reflexionar a Feijóo: "Igual es que me hago mayor, pero te diría que hoy aún tiene <strong>más vigencia</strong> que cuando yo era joven", indica el finalista del prestigioso <a href="http://www.crtvg.es/cultural/corte-a-corte/entrevista-a-pedro-feijoo-finalista-do-premio-xerais-2011-por-os-fillos-do-mar" target="_blank">Premio Xerais 2011</a>. "Eso de estar en casa pegadito a la pantalla del ordenador, atento al <em>youtuber</em><strong> </strong>del momento… está muy bien. Pero muchacho, <strong>la vida está ahí fuera, en la calle</strong>, e igual para mañana es tarde", apostilla.</p><p>Para lo que nunca es tarde, asegura Feijóo, es para perderse entre las páginas de escritores como <strong>Pierre Lemaitre</strong>, concretamente de sus <a href="https://www.casadellibro.com/libro-recursos-inhumanos/9788420417837/4818365" target="_blank"><em>Recursos inhumanos</em></a><em> </em>(Alfaguara), que el gallego encomienda<em>.</em>"No es ni de lejos mi novela favorita de este autor, pero yo la recomiendo igualmente, aunque nada más sea como vehículo,<strong> como excusa</strong>, para recomendar al autor en su totalidad". Porque, al fin y al cabo, de eso va <a href="https://www.infolibre.es/tags/secciones/lecturas_infalibles.html" target="_blank">esta sección</a> de infoLibre: de que autores de todo tipo señalen a sus Dorian Gray particulares de la literatura; ya saben, esas obras que<strong> </strong><strong>nunca envejecerán</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Aug 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Pedro Feijóo, retratado por Oscar Wilde]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Editoriales de libros,Escritores,Galicia,Libros,Literatura,Literatura clásica,Literatura gallega,Cultura,Narrativa,Lecturas infalibles]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En menos de 500 palabras: 'En ausencia del padre']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/500-palabras-ausencia-padre_1_1160615.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bdc6f0d1-5dbc-4878-ae43-c4aad57a5d00_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En menos de 500 palabras: 'En ausencia del padre'"></p><p><strong>En ausencia del padreStelian ŢurleaTraducción de Dan Munteanu ColánEditorial DalyaSan Fernando2017</strong><em>En ausencia del padre</em></p><p>Nos informa la solapa de esta novela de que su autor, el rumano<strong> Stelian Ţurlea</strong> (1946), goza de amplio reconocimiento en su país y ha desarrollado una importante carrera periodística, gran parte de la cual bajo el régimen comunista que gobernó Rumanía hasta 1989. Ignoramos si esa fecha supuso un antes y un después en su visión de la realidad de su país. Pero lo cierto es que <em>En ausencia del padre</em>, el único libro suyo, que sepamos, traducido al español hasta la fecha, ofrece al lector no sólo un acerado retrato de la vida en la Rumanía de los años 50, incluyendo los aspectos más ingratos de la ocupación soviética y la cotidianidad bajo un régimen totalitario, sino también esa especie de insoslayable petición de credibilidad que supone poner los hechos narrados bajo la mirada de un niño coetáneo del autor.</p><p>Se vale para ello Ţurlea de un curioso estilo que prescinde de la puntuación normativa y utiliza únicamente comas, puntos y separaciones de párrafo para marcar el ritmo de un discurso a medio camino entre la narración tradicional y el “flujo de conciencia” propio de la narrativa experimental. Hay que destacar que este peculiar uso de la lengua en ningún momento supone una dificultad para la comprensión de la historia: por el contrario, presta al discurso, también claramente escorado hacia la lengua coloquial, una cualidad añadida de transcripción veraz de lo que el narrador interpuesto, el niño Andrei, quiere contar; aunque sea evidente también que es el punto de vista de un adulto en trance de rememorar su infancia el que dicta el principio de selección que rige la elección de los distintos episodios que componen la trama.</p><p>En cualquier caso, Ţurlea no permite que ese narrador adulto condicione la mirada del niño o saque conclusiones que excedan el alcance de lo que a éste le es dado observar; lo que explica, por ejemplo, que Andrei parezca no percatarse de las gravísimas consecuencias que podría haber tenido para él y sus amigos la travesura de adentrarse en una calle de acceso restringido donde se encuentran determinadas instalaciones de la potencia ocupante; o que no entienda en qué se fundan las prerrogativas de quienes hacen valer abusivamente su condición de miembros del Partido en las más diversas circunstancias de la vida cotidiana; por no mencionar su absoluta incomprensión de la conexión existente entre el hecho de que su padre se haya negado reiteradamente a afiliarse al Partido y la larga serie de inconveniencias y menoscabos que padece su familia.</p><p>Ţurlea logra trasladar al lector esa atmósfera opresiva; y se las arregla, además, para introducir en ella alguna que otra nota costumbrista no exenta de humor –por ejemplo, la caracterización que hace de los “malagambistas” o jóvenes anticonformistas rumanos, amantes de las modas extranjeras e inevitablemente mal vistos por el régimen–. El resultado es un logrado relato de iniciación y un excelente fresco de la sociedad rumana, para nosotros aún tan desconocida, de aquellos años.</p><p><em>*José Manuel Benítez Ariza es escritor. Sus últimos libros son </em><strong>José Manuel Benítez Ariza</strong><a href="https://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?manufacturers_id=404&products_id=1818" target="_blank">Arabesco</a><em>(poesía, Pre-Textos) y </em>Trilogía de la Transición<em> (novela, Dalya), ambos de 2018.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jul 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Manuel Benítez Ariza]]></author>
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      <media:title><![CDATA[En menos de 500 palabras: 'En ausencia del padre']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 117]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Papá es un perro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/papa-perro_1_1159342.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b8d65110-a827-4bd6-9c78-3260c9449d69_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Papá es un perro"></p><p><em>El escritor madrileño José Ovejero ha publicado </em><a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/mundo-extrano/" target="_blank">Mundo extraño</a><em> (Páginas de Espuma, 2018). Como recomendación de lectura, publicamos en nuestra sección de cuentos uno de sus relatos dividido en cuatro entregas.</em></p><p>___________________</p><p>Papá es un perro. Mamá está azul. Papá es un hámster. Mamá está nadando en la piscina, las dos son azules. Papá lava el coche; el agua de la manguera forma un reguero que va a parar a la piscina. El agua une a papá y a mamá pero ellos no se tocan.</p><p>Yo finjo que estoy leyendo un libro, aunque en realidad juego con el ordenador. No me gusta leer, salvo las cosas que salen en la pantalla de mi ordenador. El papel es un atraso, algo como de la Edad Media. Papá dice, mira, cariño, y levanta la manguera de forma que el sol atraviesa el chorro y forma un arcoíris. Pero cariño no mira. Entonces él se vuelve hacia la casa, hacia donde estoy yo, supuestamente haciendo los deberes, y esboza una sonrisa tonta de felicidad, aunque podría ser de otra cosa.</p><p>Lo que no saben es que yo un día seré un director de cine famoso y rodaré películas sobre familias como esta: familias que cuidan el césped y lavan el coche los fines de semana, que ven todos los días la televisión pero duermen ocho horas y, aunque no van a la iglesia, creen que hay que ser bueno y que la maldad siempre recibe un castigo. Un día seré director de cine y haré películas sobre gente que no se entera de nada.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[3df05f4b-a81e-434b-85e5-262e2b7455fb]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Jun 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Ovejero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Papá es un perro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 112]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fantasma de Villa Medicis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fantasma-villa-medicis_1_1159077.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/55530748-7610-4630-bd2d-9680be847f1d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fantasma de Villa Medicis"></p><p><em>Cerramos este relato en cuatro entregas de Juan José Téllez, escritor y periodista autor, entre otros, de </em><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-paco-de-lucia-el-hijo-de-la-portuguesa/190548" target="_blank">Paco de Lucía</a><em> (Planeta, 2015).</em></p><p>_______________</p><p><strong>1. Las noches de la heroína</strong></p><p>Olor a dama de noche entre los setos del cuartel que brincaba rumbo al cine Fuentenueva: hasta las tantas del verano, viendo películas de piratas o de <strong>López Vázquez</strong> con <strong>Gracita Morales</strong>. Más allá, quedaba el caos. Al barrio de chabolas que bajaba la pendiente del secano le torcieron quizá irónicamente el Hotel Garrido. Hasta allí me encajaba yo para apandillarme con los de los pisos del sindicato y apedrearnos con los gitanos: “A las cinco en el llano del Calvario”, les retábamos. Y allí emprendíamos de pascuas a ramos nuestra guerra civil particular, con mañas de toda suerte, patadas, mecos, gargajos y puñetazos. De aquel entonces, conocí a Montoya, que cantaba bulería por lo bajini y calentaba que daba gusto el caballo para meternos un pico.</p><p>Estoy hablando de cuando palmaban los setenta. Ni se habían cargado a <strong>John Lennon</strong> todavía. A la carretera nacional le llamábamos El Secano, no me pregunten por qué. Y, en cierta forma y en algunos tramos, su asfalto gris que hervía en verano dividía dos Algeciras distintas; la de la gente de parné, o que aparentaba tenerlo, y la de los currantes, arracimados en barrios con casas de ladrillo visto sobre cañadas reales, como el de la Bajadilla donde yo vivía. De esa mitad del mundo, la de los desposeídos como decían algunos políticos con ganas de poseer, éramos Montoya y yo. Nos amigamos cuando aprendimos a dejar de darnos de hostias entre nosotros para darle los palos a los que tenían la manteca, la morterá, el fajo en el bolsillo y las entrañas de plasti.</p><p>Nos gastábamos el botín en el jaco. Un cinco por ciento de pureza, a ojo de buen cubero. El resto, matarratas o polvo de ladrillo. Yo siempre le había tenido jindama a las inyecciones pero me fascinaba el ceremonial con que el gitano preparaba la dosis: trincaba la cuchara, esperriaba el polvo por encima, lo mezclaba con agua y unas gotitas de limón y él decía que lo ponía al baño maría con su mechero bic de color naranja, que parece que lo estuviera viendo aún, tantos años después. Sobre aquella mezcla colocaba el filtro de un pitillo para quitarle la mierda antes de meterlo en la jeringa e hincárnoslo en un recoveco del patio Custodio, con cuidado de que no nos vieran algunos de los cuatro vecinos que quedaban allí.</p><p>También parábamos por Villa Medicis, el chalet abandonado que no quedaba muy lejos de la antigua Plaza de Toros, a la que habían demolido de la noche a la mañana para levantar un rascacielos que nunca llegó a construirse. Ahora el lugar donde se alzaba el coso donde tomó la alternativa<strong> Cara-Ancha</strong> y cantaba de vez en cuando <strong>Raphael</strong>, era un solar en donde alguna vez terminábamos entre los matojos cuando el mono nos empujaba a toda leche hacia las hipodérmicas como si en su punta metálica se abrieran las puertas del paraíso. El flipe era cantudo: te chutabas aquello y ya no eras tú, ni tu padre se había pirado con una golfa, ni la mama estaba coja de tanto limpiar escaleras ni había que hacer la mili por cojones ni nadie te negaba un curro de mierda con un salario de los de no salir de pobre nunca jamás. Vale que sintieras la boca seca y la piel como si te hubieras calentado demasiado con la estufa, pero flotabas en el aire y el sueño que sobrevenía era tierno, placentero, más como la caricia de una hermana que como la de una amante.</p><p>2. El calor del verano</p><p>A mi me alucinaba Villa Medicis, como un quiero y no puedo de palacio italiano, lleno de estatuas en cueros con las tetas perfectas y que no parecían tan hinchadas como las de las películas porno. La casa también era de cine, como si <strong>Clark Gable</strong> estuviera a punto de bajar por las escaleras y Escarlata O'Hara, como yo había visto en el Fuentenueva, estrujara un puñado de arena y gritase sobre un cielo rancio en <em>technicolor</em>: “A Dios pongo por testigo que no lograrán aplastarme. Sobreviviré, y cuando todo haya pasado, nunca volveré a pasar hambre, ni yo ni ninguno de los míos. Aunque tenga que mentir, robar, mendigar o matar, ¡a Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre!". Eso mismo hice yo, pero nunca me fié de que Dios fuera a prestar testimonio por mí.</p><p>Aquel lugar llevaba abandonado una pila de años. Los jaramagos y las enredaderas estaban convirtiendo en selva a los jardines mientras unas cuantas palmeras observaban desde su cima la ruina del caserío, la techumbre rota, la humedad devorando lentamente a las paredes desde donde entre desconchones emergían papeles pintados antiguos o agujeros que alguna vez, en mis alucinaciones, confundí con el espejo de Alicia y pretendí cruzar por alguno de ellos hacia el remoto país de las maravillas.</p><p>De aquel verano recuerdo el calor pegajoso, el poniente empapando las camisas y aplatanándonos todavía más que la droga. Nos sacamos unas perras Montoya y yo mangando monederos en el autobús del Rinconcillo, atestados de familias que buscaban la playa como una bombona de oxígeno. El calorro se ponía a cantar a capela por <strong>Camarón</strong>, por <strong>Porrina </strong>o por <strong>Bambino</strong>, en plena bulla –“corazón loco, que aún la nave del olvido no ha partido, te estoy queriendo tanto que te estoy acostumbrando mal”— y yo aprovechaba el señuelo para meter la mano en los bolsillos ajenos o en las cestas cargadas de cubos y palas de plástico, por donde emergía de tarde en tarde una cartera que llevaba nuestros nombres.</p><p>Por entonces, los aires acondicionados estaban en las tiendas finas, como Galerías Villanueva o Almacenes Mérida, de donde birlamos más de una vez bañadores o calcetines y Pepe Rebolo nos pilló y a pesar de que estaba entrado en carnes nos estuvo persiguiendo hasta el final de la calle Tarifa. El resto de la ciudad era un zumbido de ventiladores o de enormes pericones con que las abuelas se abanicaban todavía al relente, en graves mecedoras o en sillas de enea con las que buscar aire fresco en las noches de calma chicha.</p><p>Montoya y yo merodeábamos por los garitos de moda, aunque en más de uno nos echaran a cajas destempladas. El Zero Zero me refiero, el de Nono Serrano; o el Chaplin y el Galería; el London, no. Cuando Montoya se ponía melancólico dejaba el flamenco y comenzaba a canturrear boleros de <strong>Moncho</strong>. Y venga más naves del olvido y más “para que sepan todos, a quién tu perteneces/con sangre de mis venas/ te marcaré la frente”, que se había aprendido de memoria de tanto poner a toda leche un casette en cuya carátula se veía al gitano catalán con una pinta de haber disputado el campeonato mundial de los pesos wélter. Mi colega no cantaba cosas de payos y a mi me daba igual, porque ya que hablaba poco me consolaba tenerlo al lado, como un transistor, mientras yo iba a mi rollo, soñando que actuaba con <strong>Jimi Hendrix</strong>, sin saber que andaba metiéndome en un laberinto del que no iba a salir nunca, aunque años después la cárcel me alejara de la heroína y terminara, quién iba a decírmelo, dando clases de lengua en un colegio privado, qué cosas tiene la puta vida, qué cosas. Y qué de vueltas.</p><p>3. Gritos en la espesura</p><p>Una noche, de buenas a primeras, cuando íbamos a buscar cobijo en Villa Medicis nos encontramos allí con un mogollón de chaveas, un gentío en el que también asomaban algunos puretones que no hacían más que referir que había fantasmas en el chalet, que había pertenecido a un médico o que se yo que había matado a su mujer o alguien se había cargado a alguien o vaya usted a saber qué cosas. Ruidos raros, decían. Las litronas de Cruzcampo y los porros pasaban de una mano a otra, mientras los automovilistas intentaban driblar al personal como si pretendieran meter más goles que <strong>Kempes</strong>.</p><p>Entonces llegó la pasma: “Abran paso, abran paso”. Dos lecheras. Cuando empezaron a pedir la documentación, Montoya y yo nos dimos a la fuga por La Vinícola, no fueran a trincarnos con algo ajeno encima y tuviéramos que pasar la noche en la trena.</p><p>Al día siguiente, todo quisque hablaba de los ruidos raros, de unos gritos agudos, como si estuvieran despellejando allí dentro a una muchacha. Pero yo sabía de sobra que allí no había ninguna sábana flotante, que me había tirado demasiadas noches dentro, aunque fuera en mitad de un nirvana, como para no darme cuenta de que si hubiera monstruos o fantasmagorías, ya nos habrían devorado de sobra porque lo habrían tenido fácil con dos pringados como nosotros.</p><p>Pero la gente, acabados los cines y cerrados los bares, no tenía nada que hacer. Y hacía un calor de cojones. Y nos aburríamos de lo lindo en aquel pueblo al sur, a donde empezaban a llegar a mansalva los moros con coches enormes cargados de chatarra, familia y bicicletas, con la intención de cruzar hacia Ceuta o hacia Tánger. Anduve en trapicheos con algunos de ellos a los que estafé vendiéndoles como buenos unos pasajes con fechas ya vencida. Teníamos dinero caliente pero no había donde gastarlo, ni un buga a mano para hacerle un puente y largarnos a Marbella. Así que en los callejones procuramos costo y más polvo blanco, que nos quedamos boquerones de lo caro que estaba. Montoya y yo volvimos sobre nuestros pasos, hasta aquel paradero del maldito Secano que volvía a concentrar a una muchedumbre.</p><p>El señor alcalde llegó con el jefe de los maderos y otro de la policía local, vestido de uniforme de gala y con el pecho cargado de entorchados, con más medallas que el equipo olímpico de Estados Unidos. Como quiera que fuese no tuvieron cojones de cruzar más allá de la cancela verde y mohosa por la que yo solía trepar como un gamo. Allí no se escuchaba ni pío, quizá también porque la basca no dejaba de chamullar y los vecinos estaban todos en los balcones o en las ventanas abiertas entre un estrépito de televisores y emisoras de radio a toda leche.</p><p>Las autoridades competentes le estaban preguntando al <em>Tozmi</em>, que era un majara que andaba por las calles, si era verdad que él había escuchado algo y él asentía que si, que si, señor alcalde, que hay ahí sustos, señor comisario. Le despacharon con una palmada en la espalda y cerraron un círculo para deliberar. Miraron a la multitud y contemplaron a lo más granado de cada casa: unos cuantos yonquis y porretas, un puñado de parados y demasiados ociosos como para permitir aquel jolgorio en el que no faltaban rojos ni sindicalistas, aunque también abundaban pasotas que ya habían dejado de creer en la democracia antes de tenerla del todo.</p><p>—Hay que coger el toro por los cuernos—, le oí soltar al jefe de los grises, a los que ahora habían vestido de marrón.</p><p>Lo cierto es que tendrían que haber preparado la estrategia porque en un santiamén estaban allí los antidisturbios, armados con sus porras de reglamento, los cascos de astronautas y uno de aquellos escudos que le habíamos visto a los romanos en Ben Hur o en Espartaco. Como se lo barruntara Montoya, al que le habían dado más palos que una estera desde que era un pipiolo, acertamos a escondernos en el Garaje América, no muy lejos de allí, en tanto que los maderos empezaban a aporrear a diestro y siniestro como si aquello fuera una huelga de Acerinox.</p><p>4. Las esperanzas muertas</p><p>Al día siguiente ya no hubo lugar para la calma. Empezaron a correr noticias sobre aquel disparate del que resultaron un sinfín de contusiones y heridas leves que tuvieron que ser atendidas en urgencias. En el zafarrancho, detuvieron a un panoli al que le cargaron el palo que Montoya y yo habíamos dado a una joyería céntrica y a dos objetores de conciencia que andaban fugados desde el mes de enero. Nosotros amanecimos en el garaje y tuvimos que najarnos a escondidas, no fueran a sorprendernos los mecánicos. A mi amigo le vi muy mala cara, pero había leído en unos versos raros que los suyos siempre tuvieron el color de las aceitunas. Me miré a un espejo y me di cuenta de que nos estábamos quedando más flacos que un Cristo.</p><p>Ese día, por la Acera de la Marina, empezaron a caer reporteros de Cádiz y Sevilla, atraídos por la noticia del espectro o por la de las cargas policiales. O por ambas. Ya se decía que podría ser un fulano que se disfrazaba para escapar del adulterio en alguna casa próxima. O un corsario cuya alma en pena buscaba un galeón desde el siglo XVIII. Me sorprendió escuchar al jefe de los policías locales contar en una radio que estaba convencido de que podía tratarse de algún OVNI porque el Estrecho era una zona caliente de avistamiento de platillos volantes.</p><p>Que quieras o que no quieras, de nada sirvió la paliza a porfía de la noche de antes. Nada más anochecer de nuevo, se oyó tremendo alarido entre la fronda que rodeaba a Villa Medicis. Quienes lo percibieron lo describían como un chillido de mujer, capaz de romper todas las cristaleras a un kilómetro a la redonda. Ya será menos, deduje, porque los cristales de alrededor estaban intactos. Los rostros de los testigos que se apiñaban en torno a las grabadoras de los informadores parecían demudados, como si en efecto hubieran oído voces y gemidos de ultratumba.</p><p>Entre una cosa y otra, a las once y media, ya había tantos cotillas como el día anterior. No faltaba tampoco quien llevara una nevera portátil cargada de fantas y de birras, o el vendedor de altramuces y de almendras en cuanto chapó su puesto frente al cine Delicias. Una hora más tarde, la concentración se había desbordado y la cola de curiosos inundaba la calzada, impedía el tráfico de vehículos y las fuerzas de orden permanecían quietas y paradas como si les hubieran ordenado que no movieran un dedo, ante la expectación que el caso empezaba a despertar en la molicie de un mes de julio donde los plumillas avariciaban serpientes de verano con las que llenar páginas de periódico y partes de la radio.</p><p>—Menos mal que no han venido las cámaras de televisión—, rezongó el alcalde, que reunió allí mismo al sanedrín de la víspera y a unos cuantos bomberos a los que encomendó que entraran en el recinto y buscaran el origen de aquellos gritos guturales.</p><p>"Espantosos, espantosos", repetía una señora rechoncha, como si hubiera escuchado a la muerte misma.Entraron los bomberos con un par de policías con las armas de reglamento y la jeta seria, como la que ponían cuando nos breaban en comisaría a los sospechosos habituales. La espesura dejó ver durante un largo rato los haces de luz de sus linternas y el silencio se contagió a la multitud que de repente parecía más callada que en misa, como si en vez de buscar aparecidos estuviera esperando en San Isidro a la recogida de la procesión del Medinaceli.</p><p>Al cabo de un par de horas, algunos ya estábamos perdiendo interés por la pesquisa aunque empezaban a cobrar fuerza las habladurías de que habían sido abducidos por extraterrestres o que todos fueron degollados por una loca que llevaba décadas allí emparedada en un pozo. Yo lo que tenia ganas es de meterme un pico en un sitio tranquilo y llevarme a Montoya a que me tararease algo mientras yo imaginaba que vivía en un sitio caro y limpio como los que aparecían en los telefilmes, que me echaba una novia como las estrellas de Hollywood, que el compraba a mi madre un abrigo de astracán. Entonces, regresaron. El público se empinó para ver qué ocurría y aguzó el oído por saber qué contaban. En las manos del jefe de los bomberos graznaba un búho, con sus ojos panorámicos poblando la penumbra, a la débil luz de las farolas de entonces.</p><p>Nos fuimos disolviendo lentamente, con la decepción escrita en la jeta de todos. Ya no tenía sentido aquel verano, ni volver de nuevo a entretenernos allí, maliciando que la magia aún fuera posible. Todo volvía a ser sórdido y gris, sin la chamba de algún prodigio. El alcalde empezó a estrechar manos como si estuviera en campaña electoral. Los uniformes se fueron con la seguridad de que pronto lucirían alguna nueva condecoración. Los periodistas acabaron la noche en un bar de putas, pero Montoya y yo al menos, volvíamos a estar solos en Villa Medicis.</p><p>Allí lo dejé para siempre, un par de semanas más tarde. No aguantó el Sugar Brown que nos vendieron unos guiris. Su corazón era grande, pero débil como un crío. Volvía a tener la cara de fiambre que le había visto antes de contemplarme tan delgado, tan fantasma de mí mismo, aquel amanecer tan raro en que me pareció un poema de <strong>Lorca</strong>. Tuve la decencia de cerrarle los ojos, de llegarme a la primera cabina y llamar a los municipales para que levantaran su cuerpo antes de que fuese mordido por las alimañas o por las leyendas. Hasta que años después salí del chabolo como un hombre nuevo y comprobé que Villa Medicis era ya una urbanización de medio pelo con sabor a mármol y aluminio, cada vez que pasaba junto a sus jardines asilvestrados, me parecía oír voces. Era Montoya cantando unos fandangos del marqués de Porrina:</p><p><em>Del convento las campanassi preguntan por quién doblandiles que doblando estánpor mis muertas esperanzas.</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Jun 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan José Téllez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 111]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Sueños de emancipación y buena literatura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/suenos-emancipacion-buena-literatura_1_1159074.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/22283523-5167-41e6-9180-2a2927cbb2c9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sueños de emancipación y buena literatura"></p><p><strong>Hijas de un sueñoGerardo Rodríguez Salas Prólogo de Ángeles MoraEsdrújulaGranada2017 </strong><em>Hijas de un sueño</em></p><p><em> </em></p><p>  </p><p>El volumen de cuentos <a href="http://www.esdrujula.es/libro/hijas-de-un-sueno/" target="_blank">Hijas de un sueño</a>, el primer libro de ficción de<strong> Gerardo Rodríguez Salas</strong>, profesor titular de Filología Inglesa de la Universidad de Granada, es un ejemplo de excelente escritura a partir de una lograda combinación entre temas clásicos y temas de reciente visibilidad social, a la espera de ser transformados en buena literatura.</p><p>El complejo registro <em>Hijas de un sueño </em>mezcla lo mejor de la tradición popular y de la impronta de nombres como <strong>Mansfield</strong>, <strong>Woolf </strong>o <strong>Lorca</strong>. La atmósfera de los cuentos es deudora asimismo del cine y en muchos momentos recuerda a <strong>Almodóvar</strong>. En la peculiar y lograda síntesis entre lo popular, la vanguardia y lo cosmopolita Rodríguez Salas parece seguir los ejemplos tutelares de Lorca en la poesía y el teatro y de <strong>Morente </strong>en la música.</p><p>Un pueblo ficticio, Candiles, con muchos elementos del espacio rural andaluz, es el escenario de casi todos los relatos. Se trata de una geografía literaria muy viva, de un personaje más en una variada galería. Los cuentos están protagonizados por mujeres que han conocido la Guerra Civil y la posguerra («Hijas de un sueño»), por Federico García Lorca (al que se le rinde homenaje, igual que a <em>Poeta en Nueva York</em>, en «No duerme nadie»), por un transexual padre de una niña fruto de una violación colectiva («Babel»), o por mujeres forzadas a abandonar sus casas y a esconderse para escapar a la violencia de sus maridos («Babel» o «Doce mariposas»). Temas durísimos –y precisamente por eso difíciles de tratar en la literatura– encuentran en <em>Hijas de un sueño </em>un tratamiento particularmente conseguido a nivel estético, igual que temas como la homosexualidad o la transexualidad.</p><p>La primera y escalofriante escena de «Babel», las palabras de los agresores en una violación colectiva, nos sonará por desgracia familiar después del proceso de «La Manada». En el mismo cuento asistimos a la ternura de Onofre, el transexual que antes fue la mujer víctima de la violación, para con su hija pequeña Nayla, y a su amor con Manolo en una Barcelona presentada como refugio de libertad. En «A vuelta de los sueños» se trenzan de manera muy sutil las voces y las huellas de Virginia Woolf, <strong>Rimbaud</strong>, <em>Orlando</em> e incluso <strong>Cortázar</strong>, por la especial meditación sobre el sueño y el otro lado de las cosas: «El sueño no soy yo a este lado; eres tú en el tuyo». En «La lámpara» hay un magnífico homenaje al cuento extraordinario de Katherine Mansfield «Casa de muñecas».</p><p><em>Hijas de un sueño </em>es una apuesta, ética y estética, por la buena literatura, por la literatura que nos acompaña y nos ilumina.</p><p><em>*Ioana Gruia es escritora y profesora de Literatura. </em><strong>Ioana Gruia</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Jun 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ioana Gruia]]></author>
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