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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 18]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-18/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 18]]></description>
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      <title><![CDATA[Libreros de fiesta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/libreros-fiesta_1_1126779.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c9037505-ba35-457c-952d-2d23f5b1b142_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Libreros de fiesta"></p><p>Comienza la fiesta. Y la maratón. Aunque la <a href="http://www.ferialibromadrid.com/" target="_blank">Feria del Libro de Madrid</a> (del 27 de mayo al 12 de junio en el parque del Retiro) se nutre de los esfuerzos de editores, distribuidores y libreros —amén de la tinta de los autores y los euros de los lectores—, son estos últimos los que van con más frecuencia con la lengua fuera. El evento que concentra al sector de la capital les obliga a desdoblarse para abrir la persiana en casa y en la caseta, y supone un ingreso considerable en sus magras cajas. Hablamos con tres libreros que nos dan su visión del baile de letras que comienza el viernes. </p><p><strong>Lola Larumbe. </strong><a href="https://www.libreriaalberti.com/" target="_blank">Librería Alberti</a>. Caseta número 321.</p><p><strong>Lola Larumbe</strong> es la responsable de una de las librerías más conocidas de Madrid. <a href="http://www.libreriaalberti.com/" target="_blank">La Alberti </a>celebró sus 40 años en 2015, y la propia librera lleva acudiendo ininterrumpidamente a la feria desde 1980. Durante los días del evento, traslada la frenética actividad de su local al parque del Retiro: en 17 días de fiesta librera, acogerá 37 firmas, de<strong> Ian Gibson</strong> a <strong>Marwan</strong>. <strong>A la caza del lector</strong></p><p>. "Ir a la Feria del Libro es una forma de proyección, de salir fuera a buscar otros lectores que no suelen visitarnos habitualmente, una manera de participar en un festejo de todo el sector. Pero también es una oportunidad para hacer caja. Gracias a ella, librería tiene un pico de liquidez que está muy bien para aguantar el tirón del verano, cuando todo se detiene. No podríamos prescindir de la venta que hacemos en la Feria". </p><p><strong>Los hits de la feria</strong><em>hits </em>. "Para nosotros, los libros que mejor funcionan a nivel comercial son los de <strong>Almudena Grandes</strong>, de <strong>Millás</strong>, de <strong>Rosa Montero</strong>, de <strong>Elvira Lindo</strong>… Es buena literatura, y dentro de ella se venden mucho. Este año supongo que tendrán tirón el de <strong>Vargas Llosa </strong>[<a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/04/29/cinco_esquinas_mario_vargas_llosa_49037_1821.html" target="_blank"><em>Cinco esquinas</em></a>], el de <strong>Juan Marsé </strong>[<a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/04/15/esa_puta_tan_distinguida_juan_marse_48132_1821.html" target="_blank"><em>Esa puta tan distinguida</em></a>], un ensayo que acaba de salir de <strong>Javier Marías</strong> sobre el <em>Quijote</em>... Y en editoriales independientes, llevaremos <em>Tú no eres como otras madres</em> (editado por Periférica y Errata Naturae) o, de <strong>Luis Sepúlveda</strong>, <em>Historia de un perro llamado Leal"</em>. </p><p><strong>Malabares con los autores</strong>. "Las firmas son muy importantes. El margen de la librería en la feria es escueto: la caseta es cara y la gente echa muchas horas. Hay que hacer un pacto con autores que tenga mucho tirón, y con libros que nos gusten aunque se conozcan menos. Este año tenemos a <strong>Millás</strong>, a <strong>Vila Matas</strong>, pero también a <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2015/09/22/el_comensal_gabriela_ybarra_37988_1026.html" target="_blank"><strong>Gabriela Ybarra</strong></a> o <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/04/18/el_territorio_del_mito_48155_1026.html" target="_blank"><strong>Sergio del Molino</strong></a>. Hay que recordar que a Almudena Grandes todo el mundo la conoce y es un <em>best-seller</em>, pero empezó con nosotros en los ochenta. Todos han empezado en algún momento". </p><p><strong>La excepción a la regla</strong>. "Hoy he ido a recoger las llaves de la caseta y no había ido al Retiro desde el año pasado. He pensado que todas las ferias parecen la misma. Es verdad que hubo años buenísimos, en 2006 o 2008, y años peores, como 2011, pero la feria siempre va bien (a no ser que te toque un sitio desastroso o llueva muchísimo). Donde se palpa la situación real es en la librería. En la feria, puede parecer que en España todo el mundo compra libros y todo el mundo está leyendo. Pero el test se pasa en casa". </p><p><strong>Pablo Bonet. </strong><a href="http://larevistademuga.blogspot.com.es/" target="_blank">Librería Muga</a>. Caseta 312.</p><p>La <a href="http://larevistademuga.blogspot.com.es/" target="_blank">librería Muga</a> se lleva a cuestas la casa desde el barrio de Vallecas hasta el céntrico Retiro. Mucho menos veteranos que la Alberti, comparten con ella su cuidado por el fondo y su vocación de centro cultural, más que de local de despacho de libros. Uno de los integrantes de este proyecto que busca hacer barrio, <strong>Pablo Bonet</strong>, acude a la feria desde 2003. </p><p><strong>Savia nueva</strong>. "La mayoría de los libreros pertenece a una generación mayor que la nuestra, llevan muchas ferias encima y les supone mucho esfuerzo. Para nosotros es una alegría cambiar de escenario, salir del local. Y, a nivel económico, es un pequeño colchón para el verano. El que te diga que eso no le importa, miente. Es verdad que nosotros mantenemos abierta la librería en su horario habitual, y eso nos supone un trabajo extra. Contratamos a un compañero más para estos días, y hacemos más turnos".</p><p><strong>A la caza del... autor</strong>. "Para nosotros, en el día a día, es muy importante la relación con los autores. Apostamos por hacer encuentros y que el local sea mucho más que una librería. Así que en la feria aprovechamos para conocerles, estar con ellos e intentar mantener el contacto. Luego están las firmas: poco a poco hemos ido aumentando el volumen, porque vemos que marca la diferencia, sobre todo los fines de semana. Una buena firma te salva un día". </p><p><strong>Dos caras del Retiro</strong>. "En los últimos años hemos visto dos ferias. Está la feria-espectáculo, en la que tiene cabida todo el mundo que haya escrito o firmado un libro, o que salga en la tele, y hace que venga mucho público. Pero ese no se acerca a casetas como la muestra. Y eso que también llevamos algún <em>best-seller</em>. Lo principal es que al haber tanto flujo de gente, suele haber ventas para todo el mundo". </p><p><strong>Quejas y sugerencias</strong>. "Tenemos que pensar, todos, en hacer cosas nuevas que traigan a la gente. Sobre todo entre semana, porque la feria está floja. Hay que mejorar la repercusión de los actos culturales: que tengan más entidad, que haya más autores. El año pasado, una noche en vez de cerrar a las nueve y media, cerramos una hora más tarde. Es verdad que fue un fracaso, pero podríamos ampliarlo a otros días para que la gente se entere". </p><p><strong>Compañeros editores</strong>. "Si solo hubiera libreros, esto no tendría la magia y la potencia que tiene. Pero es verdad que tenemos peores condiciones. Una editorial está vendiendo directamente y se lleva el margen completo. Pero, del 10% de descuento que hay en estos días, nosotros nos hacemos cargo de la mitad. Estaría bien que asumieran el 10% ellos [esta es una reivindicación que comparte Lola Larumbe]. </p><p><strong>Óscar Muñoz. </strong><a href="https://www.traficantes.net/" target="_blank">Traficantes de Sueños</a>. Caseta 63. </p><p>La librería<a href="http://www.traficantes.net/" target="_blank"> Traficantes de Sueños</a>, en Tirso de Molina, es de la generación de Muga. La particularidad de este proyecto es su especialización: la mayor parte de su fondo está dedicado a literaturas de procedencias poco conocidas y, sobre todo, a la política y los movimientos sociales. Su local es el centro de los movimientos madrileños que giran en torno a la construcción de lo común (y de parte de la nueva política de la capital). Uno de sus responsables, <strong>Óscar Muñoz</strong>, acude a la feria desde el año 2000.</p><p><strong>Captar adeptos</strong>. "Para nosotros, lo principal es que un  montón de gente que no te conoce se acerque a ti. Claro que hay un público que va buscando otras cosas, pero nos encontramos por con gente que podría ser afín a nuestro proyecto, tanto en gustos como ideológicamente, y de alguna manera se hacen seguidores. Generalmente, huimos de los <em>best-sellers</em>: son fáciles de encontrar en otros sitios, y nosotros tiramos por títulos que no son tan fáciles de conseguir y de los que controlamos bastante". </p><p><strong>El azuelo de la recomendación</strong>. "Si un lector que no te conoce se acerca, acertar tiene que ver con saber coger al vuelo lo que te sugiere o lo que parece querer. El oficio del librero. Uno de los títulos que mejor ha funcionado el año pasado, pero también este, es <em>Por qué fracasó la democracia en España </em>[<strong>Emmanuel Rodríguez López</strong>, Traficantes]. Y luego hay grandes clásicos, como <em>La mujer habitada</em>, de <strong>Gioconda Belli</strong>, que siempre gusta".</p><p><strong>El tirón político</strong>. "El momento histórico en el que vivimos ha despertado un nuevo interés por las cuestiones que nos tocan de lleno. E, indudablemente, lo hemos notado. Todos los años, lo que está sucediendo tiene reflejo en lo que la gente demanda. En los primeros años de la crisis, venía gente que quería saber un poco más de economía o del mercado financiero. Ahora serán las elecciones, los refugiados, la Unión Europea… Nuestra pequeña contribución al público generalista es hacer que todo el mundo pueda introducirse en estos temas. Es un reto".</p><p><strong>Más allá del Retiro</strong>. "En la feria, sí hemos experimentado unos años de estancamiento desde que llegó la crisis, y ahora parece que se ha recuperado mínimamente. Pero no podríamos augurar una gran recuperación. Para nosotros, uno de los temas principales es la brecha que se ha abierto sobre el libro digital y las redes, que en el mundo del papel preocupa por el desconocimiento y por la consecuencia que ha tenido en otras áreas. En nuestra editorial, los textos son<a href="https://www.traficantes.net/cultura-libre" target="_blank"> de acceso libre en la red</a>. Hay libros que tienen tiradas de 1.000 o 2.000 ejemplares, y descargas de 200.000. Llegamos a sitios a los que jamás llegaríamos sin eso. Para nosotros, funciona". </p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Farándula’, de Marta Sanz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/farandula-marta-sanz_1_1126776.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bb67fafe-fc4f-47df-bc98-a322cc4449f1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Farándula’, de Marta Sanz"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Os dejamos esta sala para que comentéis vuestras lecturas y nos ayudéis a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para hacernos llegar vuestras sugerencias.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>Como ya explicamos <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/05/05/atlas_espana_imaginaria_julio_llamazares_49350_1821.html" target="_blank">en una ocasión anterior</a>, el club de lectura de Casa del Libro de Gran Vía (Madrid) surge en 2012 a cargo de la librera <strong>Marisa Mayoral,</strong> y desde noviembre de 2014 lo coordina <strong>Abril G. de Enterría</strong>. Cada mes proponemos un libro (habitualmente novela o compilación de relatos, aunque estamos introduciendo nuevos géneros) y tratamos de que en la tertulia nos acompañe el autor o, en su defecto, el editor, traductor o alguna persona relacionada de alguna manera con la obra elegida. La mayor parte de los libros que proponemos son de autores españoles contemporáneos no siempre conocidos por el gran público, aunque siempre reservamos varias sesiones al año para autores clásicos y extranjeros atendiendo a efemérides o temáticas del interés de los participantes. Para la selección de las lecturas tenemos en cuenta, en la medida de lo posible, las sugerencias de quienes participan de forma habitual en los encuentros.</p><p>El club se reúne, de forma habitual, el último o penúltimo lunes de cada mes, en horario de siete a nueve de la tarde, en la sala de actividades de la tercera planta de nuestra librería de Gran Vía, 29. Los encuentros son abiertos y gratuitos y suelen participar entre 15 y 20 lectores, en su mayoría mujeres, que son quienes dotan de contenido los encuentros y dan sentido a la existencia de esta actividad en nuestra librería. El objetivo de estas tertulias es compartir las impresiones que nos generan las obras elegidas, tratando de profundizar en el análisis de las mismas y relacionándolas con el mundo que nos rodea y las vivencias de quienes participan en los encuentros.</p><p><strong>Farándula</strong><strong>Marta SanzAnagramaBarcelona2015 </strong></p><p>El pasado 29 de febrero tuvimos la oportunidad de comentar <em>Farándula </em>con<strong> Marta Sanz</strong>. Su lectura nos permitió hacer un recorrido por el mundo del espectáculo como pretexto para ahondar en la problemática global que envuelve no solo al mundo del espectáculo sino a la vida cotidiana de muchos de nosotros o de nuestros allegados.</p><p>Trabajos precarios, a menudo apenas reconocidos, que nos hacen vivir a medio camino entre las preocupaciones por llegar a fin de mes y la burbuja de oportunidades y vidas posibles que nos transmiten los medios de comunicación; pasando por la soledad, el conformismo, la protesta y la respuesta de la gente ante todo esto. La novela nos va dando pistas de que se trata de una historia contada desde un determinado punto de vista, donde diversas voces muestran en ocasiones rasgos similares, hasta llegar al giro final en el que se nos desvela que la historia tiene un falso narrador omnisciente y refleja en realidad la mirada de una de sus protagonistas, que en cierta medida tira la toalla mientras busca una salida a su situación, o una redención. La actriz, al fin y al cabo, también en esta nueva creación imposta la voz.</p><p>Hablamos del realismo de las descripciones de Marta Sanz, que nos atrapan desde la primera página con aquel pararse por un momento en plena Puerta del Sol y observar, dándose la oportunidad de percibir todo aquello que nos rodea en nuestra vida cotidiana y a lo que a menudo, por las prisas, no prestamos atención. Hablamos del uso del lenguaje, los monólogos extensos y las enumeraciones, así como de la inclusión en la narración de lo corporal y lo cotidiano, que en ocasiones recuerda a algunas de las descripciones de <strong>Joyce </strong>en el <em>Ulises</em>.</p><p>Profundizamos en la construcción de los personajes, y la autora nos explicó que algunos están inspirados casi por completo en actrices de nuestro panorama teatral y cinematográfico (Ana Urrutia en <strong>María Asquerino,</strong> y Mari y Fito en <strong>Petra Martínez</strong> y <strong>Juan Margallo</strong>), mientras otros son una especie de Frankenstein (como el difícil caso de Daniel Vals, inspirado en <strong>Willy Toledo</strong>, <strong>Javier Bardem</strong> y <strong>Antonio Banderas</strong>). Hablamos también de otros personajes, en este caso con papeles secundarios pero de gran peso tanto en la novela como en la vida real: Julita Luján y Mili, que representan al público, a la gente. Y hablamos de cómo ve la gente el mundo del espectáculo y a sus actores, pero también a los intelectuales que se muestran críticos con el sistema imperante; sin olvidar el papel de los medios de comunicación en la pérdida del prestigio social de quienes pertenecen a estos sectores y las falsas libertades tecnológicas que parecen querer reemplazar a la libertad de expresión.</p><p>Comentando las peripecias de sus protagonistas, hablamos de la necesidad que tienen numerosos artistas y creadores de realizar trabajos que pueden distanciarse en mayor o menor medida de su profesión para poder contar con recursos que les permitan continuar haciendo aquello que les satisface. Esto nos llevó a hablar de las obras de encargo presentes en todas las profesiones creativas, de la participación en algunos certámenes literarios y, de nuevo, de la precariedad que impregna todo este mundo cuando no se circunscribe a los pocos que cobran sumas millonarias por sus trabajos.</p><p>Para finalizar, Marta Sanz nos hizo algunas recomendaciones literarias: los cuentos de <em>Mala letra</em>, de <strong>Sara Mesa</strong>; los poemas de <strong>Olvido García Valdés</strong>; <em>Hierba en los tejados</em> de <strong>Rafael Espejo Muñoz;</strong><em> Los allanadores</em> de<strong> Carlos Pardo</strong>; el ensayo <em>Sociofobia </em>de <strong>César Rendueles</strong>; y <em>Aquí vivió. Historia de un desahucio</em>, la primera novela gráfica de <strong>Isaac Rosa</strong> con ilustración de <strong>Cristina Bueno.</strong></p><p><em>*Si quieres más información sobre el club de lectura puedes escribirles a clublector29@gmail.com.</em><strong> clublector29@gmail.com</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Club de lectura Casa del Libro]]></author>
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      <title><![CDATA[Por qué nos gustan los decálogos del cuento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/gustan-decalogos-cuento_1_1126769.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c777d8bf-7039-4d00-b956-04183fa95afb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué nos gustan los decálogos del cuento"></p><p>Ahora que mi amigo <strong>Ginés Cutillas </strong>acaba de publicar un decálogo práctico del microrrelato (<em>Lo bueno si breve, etc.</em>, Editorial Base), quizá sea un buen momento para echar un vistazo a la pequeña tradición de la que proviene. ¿Por qué a los cuentistas, talla grande o micro, nos gusta tanto proponer nuestras poéticas del cuento mediante decálogos?</p><p>La cosa viene, como era de esperar, de<strong> Edgar Allan Poe</strong>. En 1846 el padre fundador del género se lamentaba de que no existiera ningún tratado donde el propio escritor contase paso a paso su método de trabajo: los engranajes, el proceso, el oficio, la cocina. Es lo que se propuso hacer en "La filosofía de la composición", texto que puede ser calificado de precursor de la escritura creativa, esa tratadística en forma de consejos prácticos que tanta fortuna ha tenido en la modernidad.</p><p>La sugerencia de Poe fue tomada al pie de la letra por un discípulo tardío y no demasiado talentoso, <strong>Brander Matthews</strong>, quien publicó en 1883 una vulgata de la poética del maestro bajo el título de "The philosophy of short story". Este texto, hoy justamente olvidado y todavía sin traducir al español, fue mil veces reproducido en Estados Unidos hasta el punto de convertirse en modelo de prontuario básico para la fabricación de relatos breves y, por esa misma razón, las mismas veces denostado. Matthews transformó las intuiciones de Poe en preceptos. Más papista que el papa, llevó la unidad de efecto a los extremos de exigir para todo relato breve "un solo personaje, un solo acontecimiento, una sola emoción provocada por una sola situación". Una de las consecuencias de la divulgación de las recetas de Matthews fue la proliferación de consejos del tipo <em>how to do</em>, antecedentes de los manuales de escritura creativa de escasa calidad que inundan hoy el mercado editorial, y en cuyos apartados dedicados al relato breve encontramos, una y otra vez, las mismas viejas ideas de Poe simplificadas, descontextualizadas, carentes de perspectiva histórica o crítica.  </p><p>Algo similar sucedió con el decálogo de <strong>Quiroga</strong>. </p><p>El uruguayo Horacio Quiroga (1878-1937) no solo fue el primer escritor de lengua española en dejar un corpus relevante de reflexiones sobre el cuento (de más enjundia y alcance que las de <strong>Clarín </strong>o<strong> Emilia Pardo Bazán</strong>) sino que hizo algo más: inventar una forma nueva para proponerlas: el decálogo. </p><p>«I. Cree en un maestro —Poe, <strong>Maupassant</strong>, <strong>Kipling</strong>, <strong>Chéjov</strong>— como en Dios mismo. </p><p>II. Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en dominarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo. </p><p>III. Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia. </p><p>IV. Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón. </p><p>V. No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas. </p><p>VI. Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: «desde el río soplaba un viento frío», no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes. </p><p>VII. No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo. </p><p>VIII. Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.</p><p>IX. No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino. </p><p>X. No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento».</p><p>Su "Decálogo del perfecto cuentista", publicado en 1927 en la revista <em>Babel </em>de Buenos Aires, tuvo un éxito instantáneo y se erigió en modelo de numerosas reflexiones personales sobre el género, en cualquiera de sus variantes (bienhumorada, irónica, burlona, sarcástica). Antes de dar con el hallazgo genial, Quiroga había ido vertiendo sus ideas en artículos de prensa cuyos títulos evidenciaban el tono burlón y paródico con que pretendía acercarse al asunto: "El manual del perfecto cuentista"  (1925), "Los trucs del perfecto cuentista" (1925) o "La retórica del cuento" (1928), donde recordaría que habiendo sido "solicitado cierta vez por algunos amigos de la infancia que deseaban escribir cuentos sin las dificultades inherentes a su composición", se propuso hacerles llegar una serie de trucos y reglas que a él alguna vez le habían servido, en la confianza de que también pudieran servirles a ellos. Se suponía que la inmersión provechosa en aquellas recomendaciones daría como resultado "una confección casera, rápida y sin fallas de nuestros mejores cuentos nacionales".  No hay datos sobre aquellos supuestos "amigos" que querían producir cuentos sin el molesto expediente de tener que leer y escribir mucho, pues seguro que eran inventados: la ficcionalización de un aprendiz de escritor a quien el maestro se dirige para poner en sus manos su conocimiento práctico del oficio es una de las características de este tipo de textos.</p><p>Lo cierto es que en el decálogo de Quiroga hay mucho más contenido del que parece. El primer precepto tuvo como consecuencia la fijación de un primer canon internacional del cuento desde el punto de vista del ámbito hispánico. Esos cuatro fáciles nombres, Poe, Kipling, Maupassant, Chéjov, hoy aparentemente obvios, no lo eran tanto en 1927. La agrupación de los dioses tutelares ayudó a dar valor al género, a individualizarlo, a trazar líneas y tradiciones. Llama la atención el cosmopolitismo, la ausencia de nombres locales, y la inclusión de Chéjov, un cuentista de poética distinta e incluso contraria a la de los tres primeros, lo que, contemplado desde la perspectiva actual (Chéjov conecta mucho más que Kipling o Maupassant con la sensibilidad contemporánea –el caso de Poe es distinto– y su relevancia en el canon no ha dejado de crecer), resulta de un enorme acierto. </p><p>Los preceptos segundo y tercero aluden a disposiciones psicológicas del escritor y a una ética del trabajo. El cuarto aborda el tema de la vocación o la llamada, un problema surgido con la modernidad y que atraviesa todo el siglo XIX; Quiroga pone el foco de la respuesta no en la valía o en el talento ("capacidad") y mucho menos en el refrendo externo ("triunfo"), sino en la fe interior entendida como potencia activa del deseo, como una fuerza optimista que decide amar. El quinto precepto sitúa a Quiroga en el radio de acción de la poética de Poe; en realidad resulta casi una traducción literal del norteamericano, a quien leyó en la versión francesa de Baudelaire. De hecho, la versión de Quiroga compite en popularidad con la del propio Poe, hasta el punto de suplantarla. </p><p>El mandamiento sexto ha sido despachado comúnmente en tanto que cuestión de retórica aplicable a cualquier otra práctica escritural; además, se ha hecho escarnio del mal gusto de Quiroga en la solución al dilema planteado, cuando lo que precisamente defiende es la honrada entrega al argumento por encima de cualquier otra consideración. El séptimo habla de la necesidad de la economía de medios en el aspecto estilístico y retórico. El octavo se relaciona con el quinto y con la poética del final del cuento según Edgar Allan Poe. El noveno plantea un tema recurrente a partir del romanticismo, el de si hay que escribir dejándose llevar por el furor de la emoción o con la frialdad lógica de un constructor de textos, y qué relación hay entre el valor de lo escrito y una u otra posición. Lo interesante de este precepto no es tanto la posición de Quiroga como el hecho de que lo traiga a colación en una reflexión sobre el cuento, pues es un problema largamente tratado por los poetas: a lo que Quiroga está aludiendo implícitamente es a la cercanía (emocional, estilística, constructiva) del cuento con el poema. El décimo fue ponderado por <strong>Cortázar</strong>, que vio en él un acercamiento sencillo y expresivo a su propia poética: "La noción de pequeño ambiente da su sentido más hondo al consejo, al definir la forma cerrada del cuento, lo que ya en otra ocasión he llamado su esfericidad". </p><p>Quiroga sabía que en literatura los preceptos son un error, pues contienen siempre la posibilidad de su reverso. La forma apodíctica del decálogo, la parodia de las tablas de Moisés, el calificativo de perfecto para el aspirante a escritor que los obedeciera, no podían sino indicar una ironía, una broma ambigua que servía de parapeto antisolemne tras el que esconder algo más serio, su propia concepción del género. Estas dos características se van a perpetuar en la mayoría de los posteriores textos de este tipo, por sarcásticos que se pretendan: un conjunto irónico de consejos para aspirantes a escritores y una poética más o menos solapada de la escritura. </p><p>Quiroga tuvo una idea brillante, pero la sonriente facilidad de su decálogo resultó contraproducente. Queriendo lanzar el mensaje de que no valían recetas, devino modelo de recetarios. Ironía sobre ironía, es curioso que un microtexto concebido como crítica y sátira de las soluciones fáciles para escritores holgazanes haya terminado convirtiéndose en vademécum de toda clase de manuales y talleres de escritura. Desde entonces ha sido de buen tono desdeñar a Quiroga, a la vez que no hay escritor de cuentos que no haya intentado, en público o en privado, su propio decálogo: "Nueve de los preceptos (de Quiroga) son considerablemente prescindibles", escribió Cortázar. </p><p>Aunque el primero en abrir fuego fue <strong>Borges</strong>. Sabemos que el argentino mantuvo a lo largo de casi toda su vida una opinión muy negativa del uruguayo: "La invención de sus cuentos es mala, la emoción nula y la ejecución de una incomparable torpeza". En 1948 Borges, <strong>Bioy Casares</strong> y <strong>Silvina Ocampo</strong> proyectaron escribir a seis manos un relato que nunca fue escrito, pero que dejó, fruto de aquellas reuniones, una lista borgeana de dieciséis consejos acerca de lo que un escritor no debía poner nunca en sus libros. El listado es hilarante. El punto ocho reniega de la enumeración caótica, una de las especialidades de Borges. El punto dieciséis pide "evitar la vanidad, la modestia, la pederastia, la ausencia de pederastia", otro aviso sobre la inutilidad de toda receta, se diga una cosa o la contraria. </p><p>En 1968 la narradora argentina <strong>Silvana Bullrich</strong> publicó una curiosa "Refutación del 'Decálogo del perfecto cuentista' de Horacio Quiroga". </p><p>De 1978 es el "Decálogo del escritor" que el cuentista guatemalteco <strong>Augusto Monterroso</strong> incorporó en la biografía apócrifa del falso escritor Eduardo Torres. Tiene "doce mandamientos con el objeto de que cada quien escoja los que más le acomoden, y pueda rechazar dos, al gusto". Los temas tratados son: la ética del trabajo, para quién escribir, el rechazo del éxito, etcétera. </p><p>En 1987 <strong>Roberto Bolaño</strong> propuso el suyo, "Consejos sobre el arte de escribir cuentos", en gran medida a modo de canon personal, un conjunto algo áspero de filias y fobias en cuyo punto cuatro decía que había "que leer a Quiroga".</p><p>El español <strong>Antonio Pereira</strong> incluyó un decálogo sin título dentro del prólogo a su antología <em>Me gusta contar</em> (1999), compendio de su poética del cuento y de su estilo personal "cordial y amistoso", y en el que reivindica "el sagrado efecto único" de Poe. </p><p>Uno de los autores que se ha tomado con más seriedad la práctica del decálogo en tanto que forma privilegiada para las reflexiones metanarrativas, y que ha entendido que se trata de un subgénero específico, con su génesis, su desarrollo histórico, sus ejemplos eximios y sus diferentes modelos estilísticos es <strong>Andrés Neuman</strong>. Su "Dodecálogo de un cuentista" (2001) es un texto de poética en toda regla. Los enunciados que propone, "fruto del ensayo y del error", se sitúan en un cruce perfecto entre teoría y práctica, entre reflexiones sobre la naturaleza del género y postulados sobre el tiempo del relato, el ritmo, el comienzo y el final, los personajes, la atmósfera, el narrador, la voz, la economía de medios, los paratextos, etcétera.</p><p>Extremadamente sintéticos en la formulación (muchos de ellos son aforismos), los puntos de su (do)decálogo están llenos de sustancia y usan la metáfora como forma de pensamiento. Hay otro aspecto interesante y es su estructura narrativa. El texto se plantea como un enigma. Se abre como se cierra. 1) "Contar un cuento es saber guardar un secreto"; 12) "Terminar un cuento es saber callar a tiempo". Si el decálogo es a su vez un cuento, ¿cuál es el secreto que esconde? El secreto que esconde es exactamente el de la escritura de cuentos, la receta mágica de Horacio Quiroga. Comienza con la expectativa del secreto (su posible revelación) y termina con el silencio; es decir, a la vez que el decálogo-cuento deja sin revelar el secreto último de qué cosa sea la escritura de cuentos, anuncia que su propia naturaleza consiste precisamente en ocultar lo que sabe. </p><p>Neuman regresará al género en "Nuevo dodecálogo de un cuentista" (2006) y "Tercer dodecálogo de un cuentista" (2010), en los que continúa desgranando aforísticamente aspectos de su poética: "¿En qué consisten los dodecálogos de un cuentista? No son recetas para escribir cuentos en serie. Son pequeñas conclusiones en marcha. No son una poética fija, unitaria. Son aproximaciones diversas, siempre provisionales. No aspiran a dar lecciones. Solo a reflexionar entreteniendo". El manual de Ginés Cutillas —por el momento, la última manifestación de este género— tampoco aspira a dar lecciones, sino a reflexionar y entretener, y puede ser útil para curiosos y principiantes. ¡Larga vida a los decálogos del cuento!</p><p><em>*Jesús Ortega es escritor. Su último libro es 'Álbum' (Huerta de San Vicente, 2015). </em></p><p><strong>Jesús Ortega</strong><a href="http://www.ubulibros.com/1libro-nuevo/49-album" target="_blank">Álbum</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jesús Ortega]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Por qué nos gustan los decálogos del cuento]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 18]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Llegar a cualquier parte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/llegar-parte_1_1126764.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fc22afc6-679a-4ae2-9cc6-a40a302bc26b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Llegar a cualquier parte"></p><p><em>(Comienza Eduardo Mendicutti)</em><strong>Eduardo Mendicutti</strong></p><p>Se dará una vuelta por preferente. Aunque la clase preferente en estos trenes de largo recorrido, pero de medio pelo, ya no es lo que era. Desde que, en días laborables, los mayores de sesenta años tienen un descuento del cuarenta por ciento, la clase preferente es como una residencia rodante de ancianos y ancianas sin el menor atractivo. Aunque alguien pique, eso no garantiza nada. Antes, si alguien de preferente picaba, había bastantes posibilidades de que el asunto terminara bien. De todos modos, conviene echar un vistazo. Cuando se está con el agua al cuello, no se pueden descartar oportunidades.</p><p>— Joven, ¿sabe si este tren lleva cafetería?</p><p>— El siguiente vagón, señora.</p><p>Para llegar a preferente, Aurelio debe pasar por cafetería. Allí está la señora que viaja a su lado, en clase turista, y que hace un rato le preguntó por aquel vagón. Esta mañana, en Cádiz, Aurelio sólo tenía cien euros y se ha gastado casi ochenta en el billete a Madrid. A Madrid porque nunca se sabe. Quizás pueda bajar en Sevilla, o en Córdoba, y entonces habrá tirado la mitad del dinero. Es difícil que eso ocurra, sería necesario que alguien que vaya a Sevilla o a Córdoba entrase al trapo, con todas las consecuencias, antes de llegar a su destino. Este tren sólo hace dos paradas intermedias a lo largo de su recorrido: Sevilla Santa Justa y Córdoba. La señora que viaja a su lado está ahora intentando pagar un café con leche y una magdalena con un billete de cincuenta euros. La chica de la cafetería le pregunta si no tiene un billete más pequeño y la señora hurga en su cartera. Aurelio puede ver que la señora sólo lleva billetes de cincuenta, bastantes. Ahí lleva por lo menos quinientos, seiscientos euros. Con eso, Aurelio solucionaría un par de semanas. Quizás en algún momento, a punto de llegar a Sevilla, o a Córdoba, o a Madrid la señora deje la cartera a mano y se descuide.</p><p>El vagón número tres de preferente es el que tiene menos asientos. Hay un gran espacio vacío, quizás para sillas de ruedas, o para alguna camilla, supone Aurelio. Como enseguida se da cuenta de que, salvo los viajeros que comparten mesa al fondo del vagón, el resto viaja en dirección a la marcha, Aurelio decide recorrer los tres vagones de preferente de un tirón y, luego, volver poco a poco, de cara a los pasajeros, fijándose bien en todos. Y en todas, claro. Aurelio sabe perfectamente que muchos y muchas se fijarán en él. Aurelio es guapo. Y sexy.</p><p>— ¿Va en preferente?— le pregunta la azafata, que ya viene de vuelta con el carrito de los periódicos.</p><p>Aurelio dice que sí y le pide un periódico deportivo. El periódico lo deja en un asiento vacío que encuentra en el primer vagón del tren, al fondo, y enseguida se da la vuelta y emprende el regreso muy despacio, buscando la mirada de los pasajeros y pasajeras. Un tipo enchaquetado y encorbatado le sonríe. Aurelio le guiña un ojo. Esa cara le suena. Claro que le suena. Es un político, claro que sí. De derechas, fijo. Aurelio sigue caminando, despacito. Pero vuelve la cabeza y sorprende al tipo que también ha vuelto la cabeza y le sigue con la mirada. Ahí puede haber asunto. Esperará un rato en la cafetería y seguro que el tipo enchaquetado y encorbatado aparece por allí.</p><p>En el segundo vagón de preferente no ve a nadie interesante. Pero en el tercero viaja una señora arregladísima, pintadísima, seguramente operadísima, con un perro minúsculo dentro de una bolsa de Louis Vuitton. La señora mira a Aurelio de arriba abajo. Ahí también puede haber asunto. Aurelio le hace al perro una cucamona y el perro, o perra, protesta con muy poquita energía. La señora regaña a Kiki. El perro o perra se llama Kiki. Seguro que también aparece enseguida, con su dueña, en la cafetería.</p><p>En la cafetería ya no está la señora que viaja a su lado. Aurelio tendrá que medir bien los tiempos. Supone que la señora también va a Madrid, pero quizás no. Aurelio tiene que vigilar bien la cartera de la señora, ahí hay metálico. Bastante. Aurelio decide rápido: volverá a su asiento y seguro que el tipo enchaquetado y la dueña de Kiki asoman el careto en algún momento. Su compañera de viaje le recibe con una sonrisa muy cordial. Lleva el bolso entreabierto y se ve la cartera.</p><p>Antes de sentarse, Aurelio ve, dos asientos detrás del suyo, a una muchacha preciosa que le mira como si acabara de descubrir al hombre de su vida. El chico que va a su lado debe de ser su novio. </p><p>Aurelio no sabe si le gusta más la muchacha o el novio de la muchacha. </p><p><em>(Sigue Beatriz Rodríguez)</em><strong>Beatriz Rodríguez</strong></p><p>Le encantan las parejas guapas, especialmente si ellos son guapos, porque las mujeres que buscan la belleza, las que no se conforman con el sentido del humor, la inteligencia o las manos bonitas, suelen ser más interesantes, más seguras, más hombres. Sin embargo ella tiene esa mirada perdida que denota exceso de diazepam o una vida interior muy pobre. Infinita mirada de decepción, siendo escandalosamente joven. </p><p>Hablan bajito, y si él sube la voz ella le increpa enseguida. Hay cierta actitud de crítica neurótica en el tono de la conversación, aunque ambos arrastran las sílabas con pereza, como si estuvieran convencidos de que no van a entender nada de lo que se están diciendo. El guapo tiene esa pinta de golfo silencioso, capaz de aguantar y callar las inseguridades más encantadoras, seguro que las llama así.  Le gusta dominarla en la cama, aunque le gusta más tenerla controlada afectivamente. Esa sumisión no tiene precio, piensa Aurelio. </p><p>Podría planteárselo si bajasen en Córdoba o en Sevilla, pero para llegar a Madrid no le sirven. Estaría encerrado en un cuarto de baño con alguno de los dos antes de pasar por Ciudad Real, y entonces habría desperdiciado todo el trayecto y los 80 euros. Le repugna tener que controlar el deseo, se siente incómodo ante el orden matriarcal que impone la abstinencia como medida de control sobre el macho. Él no está en esa liga. </p><p>También podría utilizar a la pareja bonita para atraer al político, parece más fácil que la dueña de Kiki. Hay que saber cómo hacerlo. Los hombres de derechas son asombrosamente abiertos en estas cuestiones, pues han aprendido que la prudencia, el disimulo y el tabú son los ingredientes fundamentales para engordar deseos. Ser cínico y cursi al mismo tiempo es el alma de la testosterona reaccionara. Fórmulas químicas muy lucrativas, piensa Aurelio mientras lanza otra sonrisa a la azafata, que ha pasado ya dos veces delante de su asiento fingiendo una atención inusual hacia las necesidades de la clase turista.</p><p>Entonces baja la pequeña bolsa de cuero que depositó en el portaequipajes superior y se traslada con ella de nuevo hacia el vagón de preferente, buscando los asientos vacíos que vio de pasada hace unos minutos. Coloca la bolsa en el asiento de ventanilla, y la abre con cuidado. Lleva algo de ropa interior, una camisa limpia y un par de zapatos de vestir, incómodos para viajar, aunque no para los buenos restaurantes. Dentro de uno de ellos está la pitillera que compró en Nueva York. También lleva la caja de música, pero para esta ocasión encuentra la pitillera más apropiada. Mira su reflejo en la cara de plata, la otra es de un cuero marrón muy oscuro. Abre la mesita plegable que tiene frente a él, en el respaldo del asiento de delante, y coloca la pitillera sobre ella mientras juguetea un rato con el encendedor que siempre lleva en el bolsillo derecho del pantalón. Allá vamos. Saca un cigarro. Lo enciende. </p><p><em>(Continuará Juan José Tellez)</em><strong>Juan José Tellez</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eduardo Mendicutti / Beatriz Rodríguez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Llegar a cualquier parte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 18]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Las maravillosas aventuras de Abud Balino’, de Miguel Ángel Moleón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/maravillosas-aventuras-abud-balino-miguel-angel-moleon_1_1126761.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e681ff16-1f7e-422e-bfa0-e3067608b80d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Las maravillosas aventuras de Abud Balino’, de Miguel Ángel Moleón"></p><p><strong>Las maravillosas aventuras de Abud Balino y su cochambroso submarino</strong><strong>Miguel Ángel Moleón VianaLibrando MundosMadrid2016 </strong></p><p>Cada vez que leo un nuevo libro de <strong>Miguel Ángel Moleón</strong> (Granada, 1965) siempre recuerdo las declaraciones de <strong>Bernardo Atxaga</strong> al referirse a su literatura infantil: “Solo escribo para niños cuando estoy de buen humor. Y de todos los buenos humores posibles, el que más me gusta es el estrafalario”. No tengo la certeza de que le suceda lo mismo al autor de estas <em>Maravillosas aventuras</em>, pero sí que estoy segura de que su escritura está dentro de esa tradición humorística-estrafalaria, donde las grandes aventuras están llenas de una cotidianidad no ajena a lo maravilloso e insólito y cuyos desenlaces siempre nos sorprenden.</p><p>Recordaba Moleón en la presentación de esta obra que uno de los libros de su infancia fueron los dos tomos de la colección de relatos que componen <em>Las mil y una noches</em>, cuyo corpus, como lo conoces actualmente, se fue ampliando en diferentes épocas. Uno de los últimos ciclos que se incorporó al mismo fueron los siete siajes de Simbad el marino. Moleón, en su último libro, nos regala un octavo viaje con un Simbad de 121 años recién cumplidos. </p><p>No es la primera vez que el autor arranca sus narraciones de sus lecturas de los textos clásicos, así en <em>El rey Arturo cabalga de nuevo, más o menos</em> (Premio El Barco de Vapor 1997) o <em>¡Por San Jorge!</em> el ciclo artúrico es el origen de las mismas. Las vivencias del escritor norteamericano mientras escribía, en el palacio nazarí, sus <em>Cuentos de la Alhambra</em> son la base para sus <em>Cuadernos secretos de Washington Irving</em> (2006). <em>El cine de las sábanas blancas</em> (2005) fue su particular homenaje al mundo literario de <strong>Ramón Gómez de la Serna</strong>.</p><p>Si hay un rasgo común a todas sus obras, sin lugar a dudas,  es el del  humor. En este texto el humor nos lo encontramos desde los mismos nombres de los personajes, donde juega con la fonética árabe y su significado en español: entre ellos destacan a Uy-ya-Muslin, esposa de Simbad, Mohn-le-On el Grande, sultán de Colmogistán, Mirah-Marm-Olín, amigo de aventuras de Simbad o Bayá-Silo-Sêh, el genio de la botella. Así como en los epígrafes de cada capítulo, entre los que se pueden resaltar los siguientes: “Paloma que se duerme en el horno, duerme poco” (cap. 13), “Si en el harén te cuelas… ¡A la cazuela!” (cap. 14) o “Cuando los viajeros dicen hola, Al-Abba-Güena dice adiós” (cap. 22).</p><p>Pero también es un humor que nace de lo maravilloso. A lo largo de sus páginas nos encontraremos con ataques de calamares gigantes, con una ballena que engulle a nuestros protagonistas o con el secreto del Palacio de los Siete Postres; sin faltar cíclopes hambrientos, una serpiente gigantesca o la aparición de un genio muy peculiar. Los momentos más humorísticos son aquellos en que rompe las situaciones más dramáticas con gotas de cotidianidad. Por ejemplo, en la escena en la que tío y sobrino están a punto de ser  alcanzados, para ser preparados como cena para el Sultán de Colmogistán, rompe lo trágico con un golpe de lo más prosaico: </p><p>“— ¡He perdido las babuchas!</p><p>— ¡Olvídalas, tío! ¡Que los soldados nos fríen a flechas!</p><p>— ¿Dejar esas babuchas, así como así? ¡Ni hablar del caso! ¿Sabes quién me las regaló? ¡Tu tía, Uy-Ya-Muslín, una auténtica Ben Alí Muslón! ¡Si las pierdo, puedo desaparecer del mapa! Prefiero que me cene el Sultán…” (pp. 73-74).</p><p>En nuestra búsqueda del sentido de la vida quizás lo único que acertemos a atisbar es estamos aquí para contarnos o que nos cuenten, como lo subraya el Sultán de Colmogistán: “El Sultán se quedó abobado al comprobar con cuánto acierto y viveza contaba aquellos viajes. Y, aunque seguía sin creer que se encontraba en compañía del auténtico aventurero, Mohn-Le-On tuvo que reconocer que se hallaba ante uno de los mejores contadores de cuentos que jamás hubiese conocido” (p.53). Pero no solo se reivindica la tradición oral: “— Venga, abuelete… ¡Cuéntame otro de los Siete Famosos Viajes de mi admirado Simbad! ¡Nunca escuché a nadie que los contara mejor que usted! ¿No estaría interesado en dejarme por escrito los Siete Viajes, antes de volver a las playas de Karabín?” (p. 60). Simbad emprenderá la aventura de la escritura, pero también tendrá que ingeniárselas, junto a su sobrino, para escapar del cruel destino que les prepara el Sultán caníbal.</p><p>En este, su último viaje, o quizás no, el viejo viajero se nos transmuta en Sherezade para recordarnos el poder de las palabras contra la muerte: “Aún en mitad de la penuria, Simbad rememoró en voz alta uno de sus Siete Famosos Viajes, más que nada para no perder el juicio mientras llegaba la muerte” (pp. 110-111). Y así podrá disfrutar del banquete que “su frágil esposa” preparará a su vuelta:</p><p>“— ¿Qué vas a cocinar, cielito, si no es mucho preguntar, para tan oportuno festejo?— indagó Simbad con la boca echa agua.</p><p>— Para nuestros ilustres invitados prepararé las delicias que comen los ángeles del Cielo. Para ti, calzonazos… —dijo, elevando la voz con un tono inquietante— ¡reservo los boquerones en vinagre que me dejaste plantados sobre la mesa, hace veintiún días!” (pp. 152-153).</p><p>Textos como <em>Las maravillosas aventuras de Abud Balino y su cochambroso submarino</em> nos invitan a seguir viajando con las palabras, pero sin dejar de sumergirnos en las heredadas. Estamos, en definitiva, ante un auténtico divertimento literario que refleja nuestra necesidad de ser narrados, ilustrado por <strong>María Tabar Burgos.</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María Bueno Martínez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Las maravillosas aventuras de Abud Balino’, de Miguel Ángel Moleón]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura infantil,Narrativa,Los diablos azules número 18]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[‘Una mirada que se compromete’, de Francisco Castaño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mirada-compromete-francisco-castano_1_1126760.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/378474b4-27db-4d44-9e99-aa0ddc110cc9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Una mirada que se compromete’, de Francisco Castaño"></p><p><strong>Una mirada que se compromete</strong><strong>Francisco CastañoHiperiónMadrid2015</strong></p><p><em>Una mirada que se compromete</em> es a la vez el título del último libro de <strong>Francisco Castaño</strong> (Salamanca, 1951), y el verso con el que se cierra el mismo: “Que no hay más realidad que la que otorga / Una mirada que se compromete”. Guiado por una penetrante lucidez, el poeta disecciona la realidad a través de poemas incisivos y brillantes que ofrecen un mapa fidedigno tanto de nuestro tiempo como de la inmutable naturaleza humana. Ya el dibujo de cubierta, que representa a “<em>la vieille taupe</em>” con puño en alto pero sin bandera roja en este caso, anticipa el compromiso adoptado por el poeta en la denuncia de la hipocresía y la opresión de las pautas de conducta a las que estamos sometidos, tanto en los asuntos públicos que atañen a la comunidad, como en los privados concernientes a nuestra esfera más íntima y cotidiana. </p><p>En la contraportada, un aviso diáfano de las intenciones de los poemas: “Horadar los cimientos de esa herencia, hallar las grietas, para hurgar en ellas, de este aciago presente, es la —¿estéril?— tarea de estos versos”. Intenciones que el poeta explicita desde el primer poema, “Preludio”: “No siempre es fácil dar con esa grieta / En la que hurgar con el tenaz esmero / Del agua hasta lograr que el edificio / Se venga abajo con nosotros dentro”. De modo que el poemario, además de una selección de poemas de descollante belleza e impecable construcción, supone también un intenso ejercicio de honesta sagacidad, en el que el poeta busca sin desmayo todas esas grietas en el entramado de leyes, costumbres, creencias, convenciones, normas, prohibiciones y conocimientos que regulan nuestro comportamiento, tratando de desnudar las contradicciones, señalar las incongruencias, reflexionar sobre los dogmas, rescatar la razón y liberar el instinto, llamando a las cosas por su nombre (posiblemente uno de los actos más escasos y valientes que se pueden hacer en estos tiempos de neolengua, eufemismo cínico e impugnación estratégica del lenguaje). </p><p>Uno de los mayores encantos de la mirada de Francisco Castaño radica en su dualidad de entusiasmo y escepticismo, presididos por la sabiduría de un poeta que ha vivido mucho y siente la tentación de la paz y el sosiego que concede un discreto retiro, sin que por ello los asuntos públicos le dejen de incumbir. Conmovedor resulta, en este sentido, el poema “Percepción y memoria”, en el que el poeta se sabe retirado de ese temprano fragor vital, tan irreflexivo como connatural: “Al otro lado de la calle tiene / Lugar un altercado diminuto. / […] / Visto así yo no sé si me produce / —Acogido al sosiego de mi estudio— / Rechazo o añoranza”.  Y a la vez, como hemos mencionado, el poeta es dolorosamente consciente de la probable inutilidad de su franqueza: “Sé la inutilidad de lo que digo, / Pero qué importa, hipócrita lector, / A ti quizá te sirva como aviso / Y acaso a mí como cautela —o no—”. </p><p>En este sentido, Francisco Castaño se convierte en una especie de héroe clásico, que siente la necesidad de la advertencia y la exposición de su clarividencia, a pesar de saber que sus palabras serán posiblemente derrotadas en su ardua gesta contra la demagogia, el cinismo, o simplemente la pereza mental y la inercia, para que al menos “no se diga que callando otorgo”, como reza el título de otro de los poemas. La denuncia que el poeta realiza de los voceros del poder, los fariseos y los impostores que bailan al son del tintineo de las monedas, es inteligente y sagaz hasta la herida: “Siempre fueron, en cuanto a las palabras, / Grandilocuentemente generosos. / Solemnes en su estólida farfolla / Así en el púlpito como en el foro. / Llenándose la boca con la patria / Y los bolsillos con su patrimonio”. Otro ejemplo ilustrativo encontramos en el poema “De la sarna y el gusto”: “Se comportan con tal desfachatez / Que ni siquiera envuelven sus mentiras / Con su rancia retórica de ayer.” Consciente de la desfachatez de las cloacas del poder en sus múltiples escalas, el poeta sabe que no basta con la protesta ni con la delación, si no va acompañada de una acción colectiva que propicie un cambio real: “Y en esa deglución excrementicia / Con el arrullo de sus borborigmos, / Les da igual que ladremos a la luna / Mientras sigamos quietos y sumisos”. </p><p>Con una magistral perfección formal, un uso exquisito del lenguaje y una madurez creativa sobresaliente, los poemas de Francisco Castaño fluyen como un río continuo, a veces con la torrencialidad de la cascada, a veces con la serenidad del remanso, transformando la lectura en una experiencia plena de aprendizaje: “La vida no le debe nada a nadie. / La vida es un azar y no se puede / Decir que el azar sea responsable”. La aceptación del sino humano, de la intemperie azarosa de la vida, es un signo de sabiduría que preside el libro entero, filtrándose por entre esas grietas que el poeta descubre en el engañoso edificio de la colectividad. Sabedor del enorme coste social que supone mantener las propias convicciones, el poeta se aferra a ellas a pesar de todo. <em>Una mirada que se compromete</em> es un libro luminoso dentro de la propia sombra que describe el escrutinio lúcido de su autor, tanto que abarca incluso más allá de la vida: “Mucho cuesta aceptar que no se acabe /—Cuando se acaba nuestra vida— el mundo. / Y es que aceptar que nada le importamos / A la naturaleza, cuesta mucho”. Y quien es capaz de vislumbrar tan lejos, ya sólo puede descreer del engañoso cerca. Descreimiento, sin embargo, perpetuamente lleno de ilusión, veracidad, belleza y compromiso.</p><p><em>*Raquel Lanseros es poeta. Su último libro es 'Las pequeñas espinas son pequeñas' (Hiperión, 2013).</em><strong>Raquel Lanseros</strong><a href="http://www.hiperion.com/index.php/libreria/poesia-hiperion/las-pequenas-espinas-656-detail" target="_blank">Las pequeñas espinas son pequeñas</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Raquel Lanseros]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Una mirada que se compromete’, de Francisco Castaño]]></media:title>
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      <title><![CDATA[‘El niño terrible y la escritora maldita’, de Jaime Bayly]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/nino-terrible-escritora-maldita-jaime-bayly_1_1126758.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6d688bd7-4184-42de-bee8-768277ec4954_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El niño terrible y la escritora maldita’, de Jaime Bayly"></p><p><strong>El niño terrible y la escritora maldita</strong><strong>Jaime BaylyEdiciones BBarcelona2016</strong></p><p>Me imagino que un crítico literario de orientación posmodernista podría permitirse un festín al analizar <em>El niño terrible y la escritora maldita, </em>la última novela del escritor y presentador peruano <strong>Jaime Bayly</strong>, aunque dudo que esa haya sido la intención del autor al escribirla, servir de pasto para la deconstrucción o el fausto conceptual de los discípulos de <strong>Derrida</strong>. Ni que decir tiene que lo mismo —en sumo grado, incluso—ocurriría si el crítico se vale de nociones psicoanalíticas, pues tendría material para un banquete de heliogábalo. El posmodernista podría regodearse en aspectos tales como la auto-reflexividad o la difuminación de fronteras conceptuales y vitales que ejemplifica esta obra, la que existe entre el autor, el narrador y el personaje principal, por ejemplo, o la que se da entre los sexos y las preferencias sexuales, por mencionar otro elemento prominente en esta novela y la obra entera de Jaime Bayly. Podría hasta invocarse conceptos abstrusos como la diseminación del significado, la <em>différance </em>o el <em>pharmakon</em>, por cuanto cada rol tradicional de la sociedad limeña que se retrata en estas páginas (y sus conceptos y estructuras asociados) lleva en sí la simiente de su propia destrucción o de su inherente inestabilidad. Y el crítico psicoanalítico no se daría abasto por la constante presencia de la libido y las relaciones familiares en un drama disfuncional que arrincona a todos los personajes en comportamientos regresivos o neuróticos. </p><p>Dado que no subscribo ninguna de dichas orientaciones analíticas —que bien podrían ofrecer ángulos interesantes de lectura, sin duda—, y porque no creo que la novela amerite tales ejercicios intelectuales, me limitaré a observar algunos de los aspectos que me han parecido más saltantes de esta nueva obra de Jaime Bayly. Como es bien sabido desde la publicación de su primera novela, Bayly se vale casi en exclusiva de su propia experiencia para escribir sus libros, algo que se repite en este caso, sobre el que el propio autor ha declarado que es fiel a la realidad, salvo nombres cambiados y, supongo, ordenamientos temporales o estructurales que la realidad no posee. El personaje principal de esta novela irreverente (irreverencia, humor e iconoclastia constituyen una de las características más destacadas de su novelística) se llama Jaime Baylys y al mismo le acontecen cosas que cualquiera que haya leído con cierta regularidad las columnas periodísticas de Jaime Bayly  o las páginas de sociales de los diarios limeños y hasta americanos (en lengua española) le han de ser familiares. A saber, un conocido presentador de televisión y escritor de novelas atrevidas, experto en realizar entrevistas a personajes famosos, políticos o celebridades, de corte más bien socarrón e informal, entrado en la cuarentena, bisexual militante y engarzado los últimos años con un novio argentino, se enamora de una mujer de veinte años, atractiva, burguesa e irreverente como él, que aspira a ser escritora ella misma y a la que conoce por su programa de la televisión. Este amor le lleva a abandonar, de momento, su vida homosexual con el argentino o con cualquier otro hombre (lo que no deja de sorprenderle) y le gana la animadversión de casi todos los seres cercanos que le rodean, comenzando por su exesposa (de quien sabemos desde el inicio que le irrita sobremanera y le resulta antipática e insoportable) y sus dos hijas adolescentes, a quienes adora, pero que rechazan a la nueva mujer en su vida como a una trepadora chusca y ramera. La madre de Baylys (como la madre de Bayly, huelga decirlo) pertenece a un grupo cristiano ultraconservador, para el que todo lo que hace su hijo es anatema y pecado mortal, pero se alía con las nietas y la ex esposa, haciendo causa común contra la intrusa. El escritor Baylys hace lo imposible para reconciliar su vida de flamante enamorado con su antigua vida semifamiliar, en la que ocupaba el departamento encima del de sus hijas y su ex esposa, el cual ha comprado con los millones que tenía en el banco, producto de décadas de trabajo en la televisión. </p><p>Se suceden muchas peripecias y desencuentros, el escritor se muda a Miami para huir de la mediocridad y pacatería limeñas, se siente feliz con su nueva pareja, que resulta muy pronto embarazada, pero desdichado por el abandono de sus hijas y la constante condena de su medio. Además, ciertas decisiones políticas e influencias conservadoras (de su propia madre, entre otras), le apartan de la televisión peruana, pues ha decidido apoyar a la candidata de izquierda para la alcaldía de Lima, odiada por el entorno que le procura trabajo, y su propia madre estima que la influencia de su hijo es funesta para la moral y las costumbres. Juega con la idea de presentarse a la presidencia (algo a lo que su madre le ha instigado desde su primera infancia), ya que las encuestas le dan entre un cinco y diez por ciento de apoyo, pero no para ganar, algo que considera casi imposible, sino para promocionar un proyecto de gobierno que incluya la igualdad de derechos sexuales, la legalización de toda droga, y que supone dormir hasta tarde y hacer lo menos posible como presidente. Con tales ideales programáticos y su fama de puto, no ve posible la financiación de dicha campaña, no sin antes entregarse a largas meditaciones sobre el oficio de político y la vanidad, estupidez y hasta degeneración de quienes lo practican.</p><p>En este punto es preciso señalar que la novela está estructurada como si de columnas periodísticas se tratara, inspiradas en sus colaboraciones o copiadas de sus propias columnas en la prensa nacional de su país, a lo que se añade las partes propiamente narrativas, pero sin que el lector pueda distinguir las unas de las otras con claridad (si se quiere, otra difuminación de fronteras). Esto le da oportunidad al escritor de entregarse a disquisiciones existenciales sobre variedad de temas, desde la paternidad hasta su propio destino como escritor o como ser humano. Jaime Baylys se declara agnóstico, cínico, algo misántropo, a pesar de su constante presencia  mediática y su habilidad social. Considera a la mayoría de sus congéneres, puede columbrarse de sus peroratas y el tono de la novela, imbéciles, codiciosos, fanatizados. Solo se salva el amor, sobre todo por sus hijas, pues hasta el amor de pareja le parece impredecible, doloroso, imperfecto y frágil. Ha intentado incluso alguna vez suicidarse, cuando comprendió que jamás podría satisfacer las exigencias morales de su clase y su educación religiosa, pues le empezaban a gustar los hombres y no había pecado más mortal que la homosexualidad. Gasta dinero en proporciones que a cualquier habitante de Perú no solo daría envidia, sino una apoplejía: millones aquí y acullá para satisfacer a su novio, a sus hijas, a sus amigos. No ha conocido un solo día de necesidad en su vida, como no fuera la necesidad de acostarse con quien le apeteciera. La edad, sin embargo, le agobia, ha engordado, ya no conquista a quien le viene en gana y se resigna a unos años más de vida mediocre y feliz con su nueva mujer y su nueva hija (que ha deseado sea hombre y gay hasta la médula), hasta que los estragos del abusivo uso de estupefacientes de todo tipo caiga sobre él finalmente. Podría decirse que cultiva una filosofía hedonista o epicúrea, si no fuera que hasta los buenos epicúreos conocen la restricción y el cálculo de los placeres que a Jaime Baylys le faltan.</p><p>Como en todas sus novelas, el uso del humor es fundamental en su técnica narrativa: su carencia convertiría sus obras en alegatos absurdos en favor de una vida sibarita sin sentido. El lenguaje hará reír a cualquiera que conozca un mínimo de peruanismos, si bien se preocupa de mezclar términos que ayuden al lector español a seguirle. Entrenado en el ejercicio del arte de contar, el autor hace que la novela fluya sin tropiezos, aparte de algunas de sus meditaciones en las que se excede en tiradas de filosofía existencial. En relativo contraste con algunas de sus obras anteriores, la autoreflexión se encarniza consigo mismo y con su posición como escritor y presentador de televisión. Jaime Baylys (queda el misterio si Jaime Bayly piensa lo mismo, aunque es probable) sabe que su estatus como escritor no le asegura un puesto en el panteón de los dioses de la literatura, se reconoce como mediocre e impertinente, y denosta su labor como presentador, algo que considera casi como el trabajo de un payaso. Se cuela, pues, un aire melancólico en la novela, el que dan los años y la reflexión objetiva sobre el sentido de una existencia orientada sobre todo por la vanidad y la necesidad de probarse a sí mismo en medio de un ambiente social que le condena. </p><p>La escritora <strong>Doris Lessing</strong>, fallecida hace algunos años y premio Nobel, decidió convertir en novela lo que iría a ser la tercera parte de su autobiografía, para no herir a quienes aún estaban vivos de la época narrada. El resultado fue una novela mesurada y hermosa sobre los años de la ilusión revolucionaria de los cincuenta y sesenta del siglo pasado. Bayly, el autor, no puede tomarse tanto trabajo, al parecer, pues solo cambia nombres y expone su vida de manera exhibicionista y cruda. Habrá quienes aprecien esta exposición descarnada como autenticidad y valentía literarias, pero tras más de una decena de novelas, el truco se agota y agobia. ¿Teníamos que enterarnos de que en cierta ocasión, durante el acto sexual, se cagó en el pene de su pareja masculina que le estaba enculando, embarrando las sábanas y la dignidad de ambos, para sentir autenticidad y honestidad autorales? Según el autor, todo lo descrito en la novela es estrictamente cierto, pero, a decir verdad, uno quisiera que no lo fuera. Y aunque lo fuera, ¿era necesario contarlo de tal manera o simplemente contarlo? Es probable que dichas irreverencias le procuren más lectores y hasta la admiración de algunos, pero dudo que influyan en su valoración literaria o artística. ¿Era necesario saber que alguna de sus hijas había tirado huevos a la ventana de su nueva pareja en venganza por su presencia en la vida de su padre? En una obra de pura ficción, el acto es nimio, inane y hasta enternecedor, pero Bayly afirma que todo es verdad, por lo que uno se pregunta lo que habrá pensado su hija de tal revelación de ardor adolescente. ¿Se trata de un juego posmoderno, en el que la ficción se ha entreverado con la realidad y en el que todos se quedan sin saber qué pasa? Tal vez. Pero al lector que no ha abandonado ciertos parámetros morales le resultará inquietante que alguien se dedique a exponer la vida de los demás, sin consideración por sus sentimientos o las consecuencias que puedan acarrear sus revelaciones. En esto, sin embargo, nos alejamos del análisis meramente literario para incursionar en el juicio ético, que quizá no viene al caso.</p><p>Con todo, es fácil suponer que esta nueva novela de Bayly venderá muchas copias y se difundirá como han solido hacerlo las anteriores. No faltarán quienes la compren por la misma razón que compran la revista <em>Hola</em>, para enterarse en más detalle de los chismes de su vida privada, en la que no faltan eventos sabrosos. Habrá quienes estén interesados en la vida de su nueva mujer, retratada en la novela como Lucía Santamaría, que se ha hecho escritora y ha escrito a su vez novelas de contenido controversial y chocante. En un mundo editorial y lector en el que bazofias literarias como <em>50 sombras de Grey</em> alcanzan cifras de ventas astronómicas, no sería de extrañar que novelas como esta también las alcancen. A decir verdad, lo sorprendente es que no las alcancen tan fácilmente como la antedicha novela. Será que el mundo editorial angloparlante tiene poderes que la lengua castellana no tiene, pero bien podría tenerlos. Tal como el mismo Jaime Baylys recalca una y otra vez, el libro no llegará al nivel de <strong>Vargas Llosa</strong> o de <strong>García Márquez</strong>, ni ha sido tampoco su intención, pero cumple a la perfección la tarea de hacer de la necesidad virtud, esto es, de la vida privada tema de novelas, columnas periodísticas y hasta programas de televisión. Que además le paguen por esto es beneficio añadido. Que la crítica le dedique un análisis posmoderno, psicoanalítico o marxista, por decir algo, ya es pedir demasiado. Lo que, quiero suponer, el autor no ha pedido jamás. </p><p><em>*Frans van den Broek es escritor. Su último libro es 'Otro precio' (Brave New Books, 2016).</em><strong>Frans van den Broek</strong><a href="https://www.amazon.es/Otro-Precio-Frans-Broek-Ch%C3%A1vez/dp/940214871X" target="_blank">Otro precio</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <title><![CDATA[‘La nueva lucha de clases’, de Slavoj Žižek]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/nueva-lucha-clases-slavoj-zizek_1_1126754.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cc43a024-c200-4628-adaa-084310c4ffd3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La nueva lucha de clases’, de Slavoj Žižek"></p><p><strong>La nueva lucha de clases. Los refugiados y el terror </strong><strong>Slavoj ŽižekAnagramaBarcelona2016</strong></p><p><strong>Slavoj Žižek</strong>, filósofo esloveno, “el más prestigioso de los filósofos occidentales” (<strong>Adam Kirsch</strong>, <em>New Republic</em>), presenta en <em>La nueva lucha de clases. Los refugiados y el terror </em>(Anagrama, 2016) un análisis sintomático de los fenómenos crecientes del capitalismo global: los movimientos migratorios y el terrorismo. Los refugiados están en el núcleo de su planteamiento alternativo, pues representan el <em>e</em><em>xterior</em> más descarnado del sistema. Las clases medias de Europa, hasta ahora protegidas en el <em>i</em><em>nterior</em>, ven en ese movimiento la amenaza de su ingreso en las filas de los excluidos. Las reacciones ideológicas y políticas a estos fenómenos van desde posiciones de ultraizquierda (la del <em>cuanto peor mejor</em>), a las del populismo de la ultraderecha anti inmigración, que, en espejo con el islamofascismo, ve en esa migración la puesta en peligro de su cohesión y solidaridad de grupo: su identidad. </p><p>No hay que pensar que los refugiados vienen todos con el deseo de integración. Llegan con su mentalidad, y algunos con costumbres bárbaras a las que no están dispuestos a renunciar. No hay que abrir los brazos a todo lo que las migraciones conlleven de inaceptable. Hay que librar a los refugiados de las costumbres que portan algunos de los suyos, y que son simétricas a las que se dan en comunidades radicalizadas, aisladas y reactivas frente a Occidente y cohesionadas por el lazo de la exclusión del deseo del Otro (libertades individuales, deseo de la mujer como individuo, homosexualidad...).  Con esa misma regla, concluye  Žižek, “deberíamos negarnos tajantemente a extraer la conclusión de que los izquierdistas occidentales  deberían llevar a cabo una 'renuncia estratégica' y tolerar en silencio la 'costumbre' de humillar a las mujeres y a los gays en nombre de una lucha antiimperialista 'superior” (alude a Rusia o China y sus aliados sentimentales). </p><p>El terrorismo del ISIS es la otra cara de esa segregación. Con su estrategia de terror y propaganda pretende combatir a sus principales enemigos, los musulmanes moderados occidentales. Con terror amenazante cierra el acceso a la “modernización” en el centro, y en la periferia de origen deja abierta sólo la puerta de la radicalización islámica: una utopía regresiva que comparte mercado y el goce con el capitalismo. </p><p>“La crisis de los refugiados ofrece una oportunidad única para que Europa se redefina a sí misma, para que se distinga de los polos que se le oponen: el neoliberalismo anglosajón y el capitalismo autoritario con 'valores asiáticos”. Žižek ve, en la contradicción que se manifiesta en los refugiados (exclusión de la comunidad/deseo de Occidente), la nueva fuerza para fundamentar una solidaridad global que haga posible el cambio hacia una sociedad justa e igualitaria. </p><p>De las grandes contradicciones que muestra el capitalismo global, la de los excluidos del sistema de protección capitalista (acceso al consumo, cobertura escolar, sanitaria, etc.) es la que marca la dimensión más humana: la justicia. Las demás contradicciones, que se ofrecen como bienes, le están supeditadas. El bien de la cultura (forma inmediatamente socializada de capital cognitivo, el lenguaje, nuestro medio de comunicación y educación) frente a la tendencia al monopolio absoluto de ese bien. El bien común de la naturaleza exterior, puesto en jaque por el calentamiento global, la contaminación y la explotación. El bien común de la naturaleza interior (herencia genética de la humanidad) en el horizonte de una posible manipulación de la tecnología biogenética. La lucha por todos estos bienes solo alcanza su auténtica dimensión utópica (sociedad justa e igualitaria) si se articula con la lucha para solventar  la contradicción que determina la existencia de los excluidos. “Los refugiados —aquellos de Fuera que quieren entrar en el Interior— son la prueba del mayor bien común en peligro: el de la propia humanidad amenazada por el capitalismo global, que genera nuevos Muros y otras formas de <em>apartheid</em>”, explica el filósofo. Por esto, sólo la referencia a los excluidos justifica el término “comunismo”.</p><p>“Hay que recuperar la lucha de clases”, nos dice, insistiendo en la “solidaridad global con los expulsados y oprimidos”. La utopía clásica se afirmaba desde la confianza en el Otro: “la historia está con nosotros”, el proletariado lleva a cabo una tarea predestinada de emancipación universal. Ahora, “el Gran Otro está contra nosotros: abandonado a sí mismo, el impulso interno de nuestro desarrollo histórico conduce a la catástrofe, al Apocalipsis”. </p><p>Para Žižek, toda reforma se muestra inconsistente. “El sueño de una alternativa es señal de cobardía teórica: funciona como fetiche que nos impide reflexionar sobre el punto muerto de la situación en que nos encontramos. En resumen, la postura realmente 'valiente' consiste en admitir que es probable que la luz al final del túnel sea la de un tren que se acerca en dirección contraria”. Con esta “valentía” avala el intento de algunos gobiernos de apartarse de las dinámicas impuestas por la globalización. </p><p>“¿No es ésta la disyuntiva en que se encuentra el Gobierno de Evo Morales en Bolivia, o el (ahora depuesto) Gobierno de Aristide en Haití, o el Gobierno maoísta del Nepal, o el Gobierno de Syriza en Grecia? Su situación carece objetivamente de salida: la corriente de la historia va básicamente en contra suya, no pueden confiar en ninguna 'tendencia objetiva' que los empuje, y todo lo que pueden hacer es improvisar, hacer lo que puedan en una situación desesperada. Y sin embargo, ¿no les concede eso una libertad única?”.</p><p>Frente a los raíles de circulación, el extravío creativo. Esta posición da prevalencia a la moral y a la transformación subjetiva, efecto quizá de haber aplicado conceptos psicoanalíticos (legítimos y pertinentes en su ámbito) al análisis de la complejidad económica y social de la globalización y sus efectos negativos. Pero el psicoanálisis está orientado al cambio libidinal del sujeto mediante la escucha de su palabra, tomado el sujeto uno por uno y en el aquí y ahora, y no en tanto colectividad sometida a la lucha ideológica, que no produce más cambios subjetivos que los aportados por la autoritas y sus dependencias.</p><p>Su análisis de las relaciones sobrevenidas por la movilidad de poblaciones y la puesta en peligro de las identidades —fundadas en el rechazo del deseo del Otro— son agudas y pertinentes, pero las numerosas y complejas cadenas de decisiones (manejadas en red desde la experticia) quedan obviadas y, con  esta falta de horizonte, el posible cambio de las “condiciones objetivas” es reducido a la impotencia. El análisis de tales condiciones y de los medios para incidir sobre ellas apenas está presente desde un punto de vista político. Nada que reprochar, la tarea es descomunal y, si es posible, lo será de forma organizada y a escala. </p><p>Los valores de la Revolución Francesa, los que dieron paso a la idea de la Europa de los derechos humanos, de la libertad y de la igualdad, pueden renovar su fuerza desde los movimientos sociales marcados por la exclusión. La inquietud la han sabido capitalizar algunos partidos, incluso algunos gobiernos “creativos”, como el griego. El desprecio y el acoso de la derecha europea a Grecia fue un hecho, pero ello no debe justificar una postura acrítica ante la debilidad democrática de partidos y gobiernos, pues sus reglas son precisamente la base incipiente de una sociedad  justa. </p><p>La tentación de moralizar el análisis y centrarlo en la subjetividad supone abandonar la vieja idea marxista del cambio de las condiciones objetivas como condición. Es cierto que la izquierda socialdemócrata, tildada aquí de “liberal”, en general sólo se plantea “gestionar” la complejidad capitalista. Pero el peligro de lanzar a la población de un Estado a la aventura de la “creatividad” sin un análisis claro que delimite qué se puede conseguir, cómo y cuándo, también es real. La “valentía” y la efusividad de los partidarios no lo justifican. Cierto que al saber y a la responsabilidad hay que añadir la “valentía”, pero ésta, sin atemperarse con la sabiduría política, puede conducir a la desconexión del país y al desastre (Venezuela, que Žižek no cita). </p><p>Su rico análisis, matizado por el psicoanálisis, retoma la fuerza subjetiva de la izquierda comunista, aceptando el horizonte de Occidente (el de la libertad, la democracia y la igualdad) y nos pone en guardia frente a una subjetividad que acusa el deseo de Occidente (de integrarse sin más en las sociedades consumistas) y contra aquella otra que percibe lo extranjero como peligro para su identidad, sean fascistas recubiertos de fundamentalismo islámico o de populismo derechista. Sin embargo, su llamado a la acción creativa parece olvidar que un movimiento de cambio debe conocer antes el alcance de sus acciones. El entramado por donde circula el cambio social a nivel planetario va de la mano de iniciativas privadas que se alejan peligrosamente del bien común. En parte, porque el planteamiento de las izquierdas europeas aparece como estrictamente político, en el sentido clásico partidario, y deja al descubierto los canales de participación de “partes implicadas” en los ámbitos de experticia globalizados gracias a Internet. </p><p>Es sintomática la escasa presencia de los Estados como agentes realmente activos en las redes del sistema agenciario, del sistema financiero, del desarrollo tecnológico y del I+D+i, en los que su ausencia nos priva de visión política y social. Pensemos, por ejemplo, en el alcance político que pueden tener los organismos de normalización en acuerdos como el TTIP o la participación activa en los organismos de patentes (como la World Intellectual Property Organization) para favorecer una auténtica política de licencias de uso libre y público que limite el poder privado. También se echa de menos la dimensión sociopolítica en los grupos de trabajo y en los comités técnicos que nutren a las agencias de innovación y desarrollo, o incluso en la inyección de humanidades (libertad y responsabilidad) a la llamada Academia (que en la nueva jerga gerencial incluye todas las universidades e institutos de investigación, hoy prácticamente fuera del control público y al servicio de la obtención de beneficio). </p><p>Estas no son cuestiones técnicas, pero son profundamente políticas, pues afectan de manera esencial a la estandarización de mercancías, de servicios (incluida la educación), de poblaciones y de ideologías (el cognitivismo cientificista). Gran parte de la segregación y de la expulsión al Exterior proviene —como el mismo Žižek reconoce— del desarrollo científico y tecnológico de ese capitalismo global. No basta la libertad política ni la participación en los canales clásicos de la política y sus medios, hace falta poner el foco público en esas “condiciones objetivas”, que circulan por la red y cambian vertiginosamente nuestras vidas. En el nuevo  reparto de continentes virtuales debe incluirse una izquierda bien pertrechada de medios, con alcance global y con miras sociales y sentido político. </p><p>La lectura de este libro, su riqueza de matices, da pie a la crítica, pero sin duda ofrece al lector caminos para pensar el presente y el futuro. Como afirma Žižek, retomando un antiguo dicho hopi: “Nosotros somos aquellos a los que estábamos esperando”. </p><p><em>*Sergio Hinojosa es profesor de Filosofía.</em><strong>Sergio Hinojosa</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sergio Hinojosa]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘La nueva lucha de clases’, de Slavoj Žižek]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Lucha clases,Los diablos azules número 18]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Para mirar al otro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mirar_1_1126751.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d3a3b7ef-c326-4d1c-89c2-b004c64a9fba_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Para mirar al otro"></p><p><em>El grupo de Cultura escrita, oral y mediática de la Universidad de Almería recomienda algunos de los títulos que más les han tocado. </em></p><p> <strong> </strong></p><p><strong>El arte de la lectura en tiempos de crisis</strong><strong>Michèle PetitOcéano travesíaBarcelona2009</strong></p><p>Libro imprescindible para los mediadores, construido sobre las experiencias lectoras en los entornos menos favorecidos, en los momentos de adversidad, con la experiencia siempre positiva del acercamiento a la palabra escrita.</p><p><strong>Un mes en el campo</strong></p><p><strong>J. L. Carr Pre-TextosValencia2014</strong></p><p>La mirada profundamente comprensiva e irónica de un hombre devastado por la Primera Guerra Mundial —que casi sin darse cuenta se va reconstruyendo a sí mismo a través de la restauración de un mural medieval, y de la convivencia en este espacio nuevo—, se convierte en atemporal, convence al lector y lo reconcilia con la vida.</p><p><strong>Letras en los cordones</strong></p><p><strong>Cristina Falcón Maldonado Ilustraciones de Marina Marcolin KalandrakaMadrid2012</strong></p><p>La narración de un niño que cuenta su cotidianidad de pobreza, hermanas y escuela con una naturalidad asombrosa y consigue expresar a la vez la mirada del niño y el adulto, acompañada por unas ilustraciones magníficas que iluminan ausencias y presencias.</p><p><strong>La suerte de las aves</strong><strong>Margarita Souviron LópezIlustraciones de Sofía León GarcíaDiputación Provincial de GranadaGranda2014  </strong></p><p>Una oportunidad para acercar de manera festiva la poesía a los niños, recuperando el eterno soneto pero cargándolo de peculiares descripciones de las distintas aves, en las que hay alusiones divertidas a la realidad más actual y a referentes clásicos, que se enriquecen con unas ilustraciones increíblemente expresivas en su  extremada sencillez.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María del Mar Campos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Para mirar al otro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Asuntos sociales,Libros,Literatura,Los diablos azules número 18]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘El retorno’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/retorno_1_1126738.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><strong>El retorno </strong></p><p>La inclinación melódica del mar</p><p>vuelve a posar tu voz sobre la arena</p><p>de vuelta en Calafell, años más tarde:</p><p>en días como éste, me pregunto</p><p>si, inhóspita sirena, has olvidado</p><p>la dignidad furtiva de aquel beso</p><p>o en los momentos íntimos retorna</p><p>aún a tu retina esa experiencia  </p><p>primera del amor correspondido;</p><p>y en días como éste desearía</p><p>de nuevo retener entre mis manos</p><p>los contornos de sal que acaricié</p><p>en esta misma cala –en otro tiempo-,</p><p>aunque la toga de nostalgia cubra</p><p>después de tantos años las viejas ambiciones</p><p>aunque escondas el rostro, avergonzada </p><p>porque perduran</p><p>en nuestros cuerpos juveniles restos</p><p>de amor y de pasión,</p><p>porque es posible el gozo,</p><p>                                                  todavía.</p><p><em>*Rocío Acebal es poeta. </em><strong>Rocío Acebal</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Rocío Acebal]]></author>
      <media:title><![CDATA[‘El retorno’]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 18]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A la feria se va a buscar pareja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/feria-buscar-pareja_1_1126737.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f5620bb9-39b1-4c96-9d15-e0265399cf49_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A la feria se va a buscar pareja"></p><p>Una feria del libro es la literatura que cobra vida, se vuelve de carne y hueso y sale por unas semanas de su mundo de tinta, en busca de su otra mitad: los lectores. Cuando éstos y el autor se ven las caras, descubren que ambos existen, y para celebrarlo sellan el ritual del encuentro con una dedicatoria y una firma que hace que uno y los otros se parezcan a esos niños que mezclan su sangre a modo de juramento, para pactar una amistad eterna. Los volúmenes de mi biblioteca donde los maestros a quienes se los llevé un día escribieron algunas palabras amables y mi nombre, no son en absoluto como los demás, sino que tienen para mí el mismo valor que una reliquia para quienes en lugar de en las obras de los seres humanos crean en el más allá. Que alguien, salvando todas las distancias, pueda tener una sensación aunque sea remotamente parecida cuando se acerca a mí para llevarse una de mis novelas o de mis libros de poemas es, por encima de cualquier otra cosa, lo que te hace estar seguro de que, a pesar de todo, dejarte la vida en esto sí que merecía la pena.</p><p>Cada vez que leo la biografía de algún escritor, suele ser eso lo que más me conmueve y con lo que más me identifico: la perseverancia, la fe contra viento y marea en la necesidad de la cultura, la pasión rodeada por las dudas, la entrega día y noche a este oficio duro, absorbente y maravilloso que, en realidad, no deja de ser una sublimación de la tendencia natural de cualquier persona a contar y escuchar historias. Ahora acaba de aparecer en la editorial Pre-Textos un nuevo tomo de su preciosa Biblioteca de Clásicos Contemporáneos, dedicado esta vez al extraordinario <strong>Ramón Gaya</strong>, del que ya había aparecido en la misma colección y en el año 2010 una <em>Obra completa </em>que daba fe de la exquisita inteligencia del artista en sus ensayos sobre pintura o sus artículos y la delicadeza de sus poemas, que no serían extraordinarios, pero tampoco son intrascendentes. En esta ocasión, lo que se reúnen son las <em>Cartas a sus amigos</em>, y de su lectura se saca muchísima información acerca del propio Gaya y sobre algunos de los componentes de lo que en algún momento se llamó el <em>grupo de los difíciles</em>, en referencia a los miembros más o menos oficiales de la Generación del 27 y sus alrededores cuyo carácter era complicado: <strong>Luis Cernuda</strong>, <strong>Rosa Chacel</strong>, <strong>María Zambrano</strong>, <strong>José Bergamín</strong>… y el propio Gaya. Quizá explique algo que el tesoro bibliográfico que más valoraba el creador de <em>Velázquez, pájaro solitario</em> fuese una carta autógrafa de <strong>Nietzsche </strong>que había comprado en París y entre dos exilios, recién llegado de México y a punto de instalarse en Italia, una joya de papel que lo acompañó siempre y, según cuenta en su prólogo <strong>Andrés Trapiello</strong>, ocupaba un lugar de honor en su casa, que de alguna forma tal vez parecía girar alrededor de aquel manuscrito.</p><p>“Como si todo fuera ya ese frío / que deja un libro hermoso que cerrara /sus páginas sin voz, como si hablaros /no fuese como hablar, sino el tormento / de ver que hasta sin mí, mi sangre gira”, dijo en uno de sus poemas, y es verdad que al leer esta correspondencia, en la que a menudo se reproducen las pocas frases que caben en una postal, a las que se ve que era muy aficionado, se tiene la impresión de que las palabras, efectivamente, laten sin él, lo mismo que si no hubiera pasado el tiempo y quienes las recibieron no se hubiesen ido, desde los más cercanos a él, <strong>Juan Guerrero Ruiz </strong>o <strong>Tomás Segovia</strong>, a colegas como los propios Zambrano y Cernuda, pasando por maestros admirados como<strong> Juan Ramón Jiménez</strong>, al que envía dibujos de ramas de perejil, el símbolo que más le gustaba al futuro premio Nobel. Desde luego, no es ahí sino al hablar con Zambrano o<strong> Juan Gil Albert </strong>cuando vemos un Ramón Gaya más íntimo, conocemos sus preocupaciones y podemos seguirle la pista por los lugares que visitaba o en los que puso su casa. También compartir las impresiones de su vuelta a España, que describe con una precisión de cirujano, entre la alegría del reencuentro, la fascinación por sitios que no conocía, entre ellos Granada, que lo deja hechizado, y la tristeza de comprobar la forma en que la miserable dictadura echó por tierra las conquistas de la República y lo convirtió todo en una mezcla de sacristía y cuartel.  En muchos casos, su lengua combativa, que era un instrumento de precisión muy afilado, deja desarboladas a las víctimas de su ironía. El sentido del humor, sin embargo, termina por imponerse, en la mayor parte de las ocasiones.</p><p>A la Feria, los libros van a buscar pareja, a descubrir y ser descubiertos por alguien que los busque o los encuentre, los tome en adopción, les proporcione asilo, les dé una nueva familia. Los escritores, que son por lo general personas al tiempo tan fuertes y quebradizas como se revela el Ramón Gaya de puertas adentro que nos permite entrever este tomo —por cierto, enriquecido por cientos de fotografías, en algunos casos impagables—, se juntan en el Retiro con su otro cincuenta por ciento, el que forman las mujeres y hombres que leen o van a leer sus libros. Hay quien sufre y hay quien disfruta, normalmente dependiendo de cómo le vaya. Hay quien en medio de tantas letras, sólo habla de números. Hay incluso quien sufre por el éxito ajeno. Para mí, estos tres sábados y domingos de mayo y junio siempre serán una fiesta, en la que por añadidura algunos sacan a mis obras a bailar. Y a las fiestas no se va a hablar de trabajo, hay que ir a divertirse.</p><p><em>*Benjamín Prado es escritor. Su último libro de 'Más que palabras' (Hiperión, 2015). </em><strong>Benjamín Prado</strong><a href="http://www.hiperion.com/index.php/libreria/libros-hiperion/m%C3%A1s-que-palabras-detail" target="_blank">Más que palabras</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Benjamín Prado]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Feria del libro,Los diablos azules número 18]]></media:keywords>
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