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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 23]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 23]]></description>
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      <title><![CDATA[Gozar leyendo a Goethe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/gozar-leyendo-goethe_1_1128115.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5b747da7-51d8-4b40-9bee-8d9535e359d1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gozar leyendo a Goethe"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Os dejamos esta sala para que comentéis vuestras lecturas y nos ayudéis a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para hacernos llegar vuestras sugerencias.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong> </p><p><a href="http://www.lunalibros.com/blog/" target="_blank">Gozar leyendo</a> es un correo periódico enviado por <a href="http://www.lunalibros.com/" target="_blank">Luna Libros</a> (casa editorial independiente con sede en Bogotá, Colombia),  un verdadero club de lectura digital guiado por el maestro <strong>Darío Jaramillo Agudelo</strong>. </p><p><strong>Goethe. La vida como obra de arte</strong><strong>Rüdiger Safranski TusquetsBarcelona2015</strong></p><p>El alemán <strong>Rüdiger Safranski </strong>(1945) es autor de un libro excepcional que no dudo en recetar porque, sin concesiones a la falsa profundidad ni al tieso tono profesoral, pero con conocimiento y lucidez, desarrolla un tema que nos toca de manera directa porque todavía el pensamiento patéticamente autodenominado posmoderno forma parte de las ideas nacidas a caballo entre los siglos XVIII y XIX; se trata de <em>Romanticismo, una odisea del espíritu alemán</em>, también editado por Tusquets. La misma editorial ha publicado varias de sus biografías de personajes de la alta cultura alemana como <strong>Schiller</strong>, <strong>Schopenhauer </strong>y <strong>Nietzsche</strong>. Ahora aparece en castellano su <em>Goethe</em>, que figuró en las listas de los más vendidos en Alemania y que es, a la vez, la vida y un recorrido por la obra de <strong>Goethe</strong>, el personaje central de la literatura alemana mientras vivió y en nuestro tiempo. Pero cuando murió, la generación que estaba en el escenario, salvo <strong>Heine</strong>, no lo valoraba como autor, pues a cualquier juicio positivo se atravesaba la evidencia de que también fue una figura de poder; entonces la república literaria de los jóvenes románticos lo consideraba un tipo arrogante, un burócrata, el servidor de un príncipe; su obra maestra, a la que dedicó su vida entera, <em>Fausto</em>, no fue estrenada sino medio siglo después de su muerte.</p><p>Durante su vida fue el centro de la escena intelectual; él hubiera querido que lo reconocieran también como científico, como quien había rectificado a <strong>Newton</strong>, pero nunca tomaron en serio su Teoría de los colores; sin embargo, desde la publicación de <em>Las desventuras del joven Werther</em>, Goethe fue la figura más notable de las letras alemanas. Y sus ideas sobre la naturaleza, su visión del individuo, sus teorías sobre el poema impregnan el pensamiento occidental con más profundidad a medida que pasa el tiempo.</p><p>La biografía de Safranski, como todas las suyas, es un recorrido exhaustivo de los pasos y los escritos de Goethe. Excelente.</p><p>Frases de Goethe citadas por Safranski:</p><p> <em>*Darío Jaramillo Agudelo es escrito. Su último libro es </em><a href="http://www.pre-textos.com/prensa/?p=3173" target="_blank">El cuerpo y otra cosa</a><em> (Pre-Textos, 2016). </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Darío Jaramillo Agudelo]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Los diablos azules número 23]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El viejo que escribe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/viejo-escribe_1_1128114.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8da0b4d8-b14c-437d-977f-2835699b439c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El viejo que escribe"></p><p><em>(Inicia el cuento José María Merino)</em><strong>José María Merino</strong></p><p>Se habían trasladado poco tiempo antes a aquella urbanización y tanto Lola como Pablo se sentían muy satisfechos. La casa, de dos plantas, estaba adosada a otras similares, y el conjunto formaba un enorme cuadrado en cuyo interior había dos pistas de tenis, una gran piscina y otros espacios. Además, el colegio de los niños quedaba bastante cerca. </p><p>En el coche, Lola tardaba lo mismo que antes en llegar al hospital. En cuanto a Pablo, sentía la modificación de sus traslados a la oficina como un inefable regalo que le hacía vivir las rutinas diarias con una disposición más jubilosa de lo que era su costumbre: en ir de casa a la estación del tren de cercanías empleaba apenas ocho minutos andando, luego menos de veinte en llegar a su destino, y por fin otros ocho o diez, también andando, en alcanzar el edificio de la compañía. Resultaba así que el haberse alejado del centro de la capital no solo no había complicado su vida, sino todo lo contrario...</p><p>Tardó casi una semana en descubrir a aquel viejo. Había advertido su presencia, pero sin que la percepción se materializase con claridad en su conocimiento. El viejo estaba en la cafetería que remataba el final de la avenida. El día en que racionalizó la difusa visión, pudo comprender en su breve pasar que el viejo se encontraba sentado ante la mesa más cercana a la gran cristalera, con un vaso de líquido ambarino a su lado, y que parecía muy afanado en pulsar el teclado de un ordenador portátil. Le sorprendió como una graciosa casualidad que, a su vuelta del trabajo, nueve horas más tarde, el viejo continuase allí, absorto ante su portátil en la misma actitud ensimismada, de incansable tecleo, y también con un vaso de líquido ambarino a su derecha.</p><p>“Parece que está escribiendo”, pensó.</p><p>En los días sucesivos pudo comprobar que el viejo estaba siempre allí, atareado frente a su ordenador y con el vaso al lado, por la mañana y por la tarde, e incluso por la noche, como llegó a constatar cuando salió de casa con el pretexto de comprar algo en una farmacia que permanecía abierta todo el día, aunque la verdadera razón fuese conocer si persistía a aquellas horas la figura de aquel viejo entregado a su embebida tarea.</p><p>Mas aquella vez la visión no le pareció divertida, sino inquietante. Aquel tipo, bastante calvo, de pelo y barbas blancas, ofrecía una peculiar inmovilidad, y solo por los movimientos de sus manos en el teclado podía suponerse que no se trataba de una de esas estatuas que cierto realismo acaba insertando en algunos espacios cotidianos, pues hasta sus ropas tenían un color oscuro, más mineral que textil.</p><p>Pablo se detuvo durante un rato para observar al afanoso escritor. De repente, el viejo detuvo su tarea, levantó la cabeza y lo miró. Sobre la barba blanca, sus ojos, acompasados a una mueca del rostro severa e inquisitiva, presentaron una singular fijeza penetrante. </p><p>Pablo sintió aquella mirada como una punzada y echó a andar al momento, pero el efecto de los ojos incisivos del viejo, que parecían completar el enigma de su permanente presencia en el café y de su misteriosa tarea ante el teclado, lo había desazonado tanto que le pareció que el panorama de edificios, que en los últimos tiempos se presentaba ante él como el escenario plácido de un acertado cambio de domicilio, modificaba sutilmente su aspecto para ofrecer la ominosa inconsistencia que había acabado mostrándole el entorno de su residencia anterior, y que estructuras y puertas, jardincillos y farolas, sombras y luces, tenían más que ver con la experiencia de los sueños adversos que con la de la vigilia.</p><p><em>(Continúa Jesús Ortega)</em><strong>Jesús Ortega</strong></p><p>A la mañana siguiente, Pablo trató de no pensar en aquel viejo y en su inquietante mirada. Se dijo que debía recuperar la plácida satisfacción de los primeros días, cuando el mundo parecía un soleado abrazo, un mecanismo equilibrado y perfecto en el que cada cosa ocupaba el lugar que le correspondía. Para tranquilizarse se concentró en las recién inauguradas rutinas de la urbanización: el siseo de los aspersores que comenzaban a regar el césped poco antes del amanecer, las toses y explosiones de la vieja moto del repartidor de periódicos, el beso de despedida que Lola le lanzaba con la punta de los dedos desde la ventanilla del coche, el largo timbrazo tímido de la asistenta que venía para encargarse de los niños, el paseo hasta la estación con el primer sol dándole en el rostro, la hilera de casas simétricas y relucientes, las aceras impolutas, las zonas de juegos infantiles a la espera de ser estrenadas.</p><p>Todo parecía en su sitio. Sin embargo, no pudo evitar pensar que su percepción de cuanto le rodeaba se había tintado de un leve desasosiego, de un halo borroso que desenfocaba los contornos. Nada preocupante, se dijo, nada que no pudiera desaparecer al adentrarse en la mañana.</p><p>Para rehuir el encuentro con el viejo decidió dar un rodeo y alcanzar la estación de tren por el lado contrario, orillando la larga avenida arbolada. El cambio de dirección duplicó los minutos del paseo, y esa pequeña alteración en el tiempo pareció afectar a todo el mecanismo. Vislumbró el andén cuando el tren se marchaba y tuvo que esperar casi media hora hasta que apareciese el siguiente. Eso lo hizo llegar tarde a la oficina, y se sorprendió a sí mismo inventando una excusa para hacer frente a las primeras bromas sobre su inusual tardanza. Como no quería contar nada del viejo ni de su íntimo desasosiego, porque le parecía absurdo, se inventó que había tomado uno de los dos coches de la familia y que un atasco lo había obligado a retrasarse. Aquella mentira lo hizo sentir desamparado. Para seguir manteniéndola a lo largo de la jornada, tuvo que mentir varias veces más. Por la tarde, a la salida del trabajo, alguien le pidió ir con él en el coche, y de nuevo volvió a mentir para deshacerse de la molesta compañía. </p><p>En el tren que lo traía de regreso estuvo rumiando sombríamente lo estúpido de su comportamiento. Al echar a andar desde la estación volvió a dar el mismo rodeo, pero debió de extraviarse aún más porque se adentraba por calles desconocidas. Le resultaba extraño que no hubiese nadie en las aceras, solo coches aparcados; apenas algunas ventanas encendidas indicaban algún rastro de vida en los edificios. Un perro cruzó con paso torcido a unos metros de distancia y se le quedó mirando, magullado y acezante, en mitad de la acera, antes de refugiarse entre los coches aparcados. Pablo pensó que el perro acababa de ser atropellado y aquel pensamiento no lo llenó de compasión sino de inquietud. Casi al lado descubrió a un somnoliento vecino que regaba con una manguera las plantas de un arriate; parecía no haber reparado en él ni en el perro, pues miraba con abstraída fijeza el caer del agua. Aún alcanzó a ver a otros vecinos igualmente solitarios y silenciosos, varados en los jardines, como si el tiempo se hubiese detenido en aquella parte del mundo.</p><p>De vuelta a casa discutió con Lola por no saber explicar su tardanza. Después de la cena la hija mayor se hizo un corte en el dedo índice con uno de los cuchillos de la cocina, y brotó tanta sangre y le entró tanto miedo que tuvieron que llevarla a urgencias en uno de los dos coches de la familia, precisamente el mismo que había protagonizado las mentiras de la oficina.</p><p>Por la mañana, Pablo llamó a la compañía para anunciar que tenía unas décimas de fiebre y que no iría a trabajar. Echó a andar por la avenida dispuesto a encontrarse cara a cara con el viejo que tecleaba incansable junto al ventanal de la cafetería. Se le había metido en la cabeza que todo lo que le estaba sucediendo tenía que ver, de un modo insidioso e inexplicable, con el viejo escritor. </p><p><em>(Continúa Manuel Vilas)</em></p><p><strong>Manuel Vilas</strong></p><p>Lola llamó al hospital y explicó que tenía un problema familiar. No tenía guardia, solo consulta y la sustituiría una compañera, recién llegada. Barruntaba con nerviosismo que las cosas se habían complicado de nuevo. Conocía los síntomas. Habían abandonado el centro de Madrid precisamente por Pablo. “Ay, la nueva”, pensó Lola. A Lola empezó a hervirle el cerebro con ideas descontroladas. Su marido, Pablo, ay, ese hombre, hacer ver que aún amas a ese hombre, y seguirlo. Y la nueva, que viene con una docena de másters, y que domina el inglés y el francés, y que está todo el día hablando de Lacan. A ella le iban a explicar lacanadas de esas. Si con Lacan piensa mejorar la vida de los pacientes que pasan por ese hospital lo lleva claro. Y si no, que pruebe con su marido. Sintió pena de sí misma. La alucinación. Su marido. La consulta. La nueva gama de antidepresivos. Ay, coño, hoy venía el visitador médico a mostrarle un nuevo antidepresivo. Mierda, no se puede estar en todo. Esa farmacéutica le hace regalos. La última vez un fin de semana en París. Pero Pablo es el heredero. No se fue a París con él, se fue con Matías. Pensar en Matías, seguir a Pablo. No puedo divorciarme, después de aguantar a este loco quince años y quedarme sin la herencia de su madre, esa nonagenaria que no puede ser eterna y que es dueña de medio Asturias y Cantabria: veinte pisos en Oviedo, cuatro casas en Avilés, y doce apartamentos a pie del Cantábrico. Cincuenta mil euros al mes en arrendamientos. El puto Lacan, que siga él a su marido. Se ha vuelto loco otra vez. Está tomando las pastillas, pero igual no. Ya lo ha hecho otras veces. ¿Tendrá la misma alucinación de siempre o tendrá una nueva? Y qué demonios te importa a ti si es la misma alucinación de siempre o si es una nueva, o es que vas a escribir un artículo para “Psiquiatría hoy”, la revista que edita la Autónoma. Pagan 100 euros por artículo. Y luego invitas a cenar a Matías. O que pague Matías, que le han nombrado jefe de planta en Trauma. Se sabe bien los huesos de tu cuerpo, las manos de Matías. Sigue a Pablo, ojo que no te vea. Y mira que lo de dejar el centro de Madrid por esta urbanización de medio ricos, porque ricos del todo no son. Ricos del todo es la madre de Pablo y su hermano mayor, que controla a su madre de momento, que por eso  aguantas tú a Pablo, que si no te hubieras ido con Matías, pero Matías no deja a su mujer, ¿por qué no la deja? Yo no puedo dejar a Pablo, pero Matías por qué no deja a la vieja esa de Avelina, pero cómo puede casarse un hombre con una mujer que se llama Avelina. Cuidado que si se gira hacia atrás te pilla. Pero no se girará. Los trastornos obsesivos compulsivos, a ella le iban a explicar eso, si fue su tesis. Si no tienen cura. No se dará la vuelta porque le gobierna una idea destructiva. Se para. Ojo. Me paro yo. Ahora sí que podría mirar hacia atrás. El que más sufre es él, pobre Pablo. Se cree que está todavía en activo en la empresa, y lo echaron hace dos años. Pero la herencia, la herencia se está acercando; al hermano mayor le acaban de detectar cáncer de páncreas, ese es el peor, el que avanza a la velocidad de la luz y todo será para Pablo, y Pablo está enfermo. Está mirando dentro del bar. Qué estará mirando. Y entonces lo inhabilitaré. Si lo inhabilito ahora, iría todo a mi sobrina, esa bruja, que se lo huele todo. </p><p><em>(Cerrará Lola López Mondéjar)</em><strong>Lola López Mondéjar</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José María Merino | Jesús Ortega | Manuel Vilas]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Narrativa,Los diablos azules número 23]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Pez en la tierra’, de Margarita Ferreras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/pez-tierra-margarita-ferreras_1_1128112.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6b57dafb-a026-47b1-abbe-6a3872c00cf4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Pez en la tierra’, de Margarita Ferreras"></p><p><strong>Pez en la tierra</strong></p><p><strong>Margarita Ferreras TorremozasMadrid 2016 </strong></p><p>“Por un torrente turbio de lágrimas y sangre / se abre mi corazón en grietas de desprecio”, escribía<strong> Margarita Ferreras</strong> (Zamora, 1900-¿?), una poeta cuya única obra, <em>Pez en la Tierra</em> (1932), parece vaticinar en algunos de sus versos su destino lleno de desdichas. Ella deseaba “la muerte por amor a la vida”, pero ni siquiera podemos poner el punto final a su existencia porque sigue siendo un misterio la fecha, lugar y circunstancias de su fallecimiento. El profundo olvido en el que se sumergió su nombre contrasta con el fuerte oleaje de su juventud. Fue partícipe de la intensa vida cultural de la Generación del 27, socia del Ateneo de Madrid, la Residencia de Señoritas y el Lyceum Club Femenino, asistía a eventos en los que nadaba con <strong>Federico García Lorca</strong>, <strong>Francisco Ayala</strong>, <strong>Juan Ramón Jiménez</strong> o <strong>María de Maeztu</strong>, entre otros “peces gordos” de nuestra literatura. </p><p>Dada la influencia que tuvo en esos selectos círculos y el aplauso cosechado por su libro, que sólo recibió buenas críticas, la corriente parecía conducirle hacia el éxito, pero el río se bifurcó condenándola al ostracismo. De esas aguas intenta rescatarla <strong>Fran Garcerá</strong> en la reedición del poemario de Ferreras para<a href="http://www.torremozas.com/" target="_blank"> Ediciones Torremozas</a>. Esta balsa no sólo saca a la superficie del siglo XXI las palabras de la autora zamorana, sino que ofrece documentos inéditos y una contrastada biografía que nos permiten bucear en el mar de incógnitas que rodea a esta poeta. </p><p>Mediante cartas, postales, dedicatorias de libros, críticas literarias, partidas de bautismo, actas de nacimiento y hojas de inscripción del padrón municipal de Madrid, Fran Garcerá (investigador predoctoral del Centro de Ciencias Humanas y Sociales - CSIC) ofrece testimonios fehacientes de un personaje del cual la prensa y los círculos literarios de la época se hacían eco reiteradamente, pero siempre quedaba al margen. Quizás fue una mujer que conocía a todos y a la vez todos desconocían o aparentaban hacerlo. “Las señoras trataban de rehuirla, aunque sin demasiado éxito, ya que se las arreglaba siempre muy bien para imponer su presencia y a la menor oportunidad se levantaba a recitar”, recuerda <strong>Margarita Ucelay</strong>, cuya familia pertenecía al círculo de amistades íntimas de Lorca. Ayala coincide en que era “demasiado conocida en Madrid” y la describe como una diva que recibía a sus invitados descendiendo “majestuosamente” por unas escaleras y vistiendo ropas bordadas en seda. Su ambición por codearse con las personalidades más influyentes del republicanismo o la sensualidad “hasta el espasmo”, como calificó su obra el crítico Antonio de Lezama, pudieron granjearle enemigos, que acabaron silenciando su voz. Llama la atención cómo se hizo a sí misma, alardeando sin tapujos de su relación sentimental con el infante don F<strong>ernando de Baviera</strong>, a quien le reclamó durante años una importante suma de dinero que supuestamente prometió donarle. Curiosamente, este dato lo atestigua Ayala, cuando se encontraba recién licenciado en Derecho, al cual ésta pide asesoramiento legal al respecto. </p><p>A través de la información recopilada en <em>Pez en la tierra</em> (2016) se deduce que Ferreras fue una adelantada a su tiempo, que quiso salir de la pequeña pecera moral que recluía a las féminas de aquellos años. Ella nadó a contracorriente siendo liberal en sus palabras y en sus maneras. Al respecto destacamos una anécdota, fechada en 1930 y que se extrae de la correspondencia de<strong> Manuel Azaña</strong>, en la que su esposa tacha de “desvergonzada” a Ferreras, quien la escandalizó por preguntar si el presidente de la II República era “sensual”. Críticas como esta pudieron convertirla en la “comidilla” de la alta sociedad madrileña de principios del siglo XX y ello explicaría cómo no fue socorrida en sus momentos más duros de pobreza y enfermedad. Paradójicamente, cuando brotan las primeras gotas de su fuente artística llega la sequía a su vida. Cuando se empieza a reconocer su faceta como escritora con la publicación de su poemario, considerado entre sus contemporáneos como “un gran libro de versos”, llegan las lagunas sobre su vida. Exilio, muerte, enajenación… se barajaban diversas teorías hasta el momento, todas vagas y basadas en rumores. Es ahí donde reside —entre otros aspectos— el valor de esta reedición, ya que recupera una obra casi perdida, debido a su corta tirada (250 ejemplares) y, además, descubre algunas piezas clave para ir resolviendo el puzle vital de esta autora, aún incompleto. </p><p>Entre los enigmas que la rodean está su propia identidad, pues hasta el momento se creía que su apellido real era Cañedo, tal y como aseguraba en sus memorias <strong>Manuel Altolaguirre</strong>, que editó su libro junto con <strong>Concha Méndez</strong>. Sin embargo, Garcerá demuestra con diferentes documentos que ese dato es erróneo y que efectivamente se llamaba Margarita Ferreras. Otra parte fundamental del rompecabezas ha sido el hallazgo de las ocho cartas que ella envió a <strong>Miguel de Unamuno</strong> entre 1933 y 1935, a quien describe la agonía que sufre al ser internada contra su voluntad en un sanatorio por problemas nerviosos. Sus palabras reflejan a una mujer atrapada en las arenas movedizas de la miseria, el abandono y la locura: a un pez en la tierra. “Sigo sola, abandonada y enferma, arañándome en el pecho antes de lograr dormir, las negativas y las evasivas de los que necesito creer que son mis amigos. A esta fe momentánea, trato de asirme desesperadamente como a mi aliento de esperanza hasta que logro hundirme en el sueño de un pozo de olvido”, le decía Ferreras a Unamuno mientras pedía con insistencia verle. Después de esta correspondencia hay 20 años de silencio y una nota marginal. Su rastro se pierde como una pequeña onda entre las aguas. </p><p><em>*Inmaculada Casas-Delgado es profesora de la Universidad de Sevilla. Su último libro es </em><strong>Inmaculada Casas-Delgado</strong>Romances con acento andaluz. El éxito de la prensa popular (1750-1850) <em>(Centro de Estudios Andaluces, 2012).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Inmaculada Casas-Delgado]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Pez en la tierra’, de Margarita Ferreras]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Poesía,Los diablos azules número 23]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Echeverría’, de Martín Caparrós]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/echeverria-martin-caparros_1_1128110.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4a30fa7d-26ae-406f-86ac-459a20e8cfc5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Echeverría’, de Martín Caparrós"></p><p><strong>Echeverría</strong><strong>Martín CaparrosAnagramaBarcelona2016</strong></p><p>En agosto de 1816 un maestro dice a un jovencísimo <strong>Esteban Echeverría</strong> que los argentinos han declarado la Independencia.  Ese maestro, <strong>Guaus</strong>, le regaló un soldadito de plomo y muchos años más tarde llevará ese soldadito en el bolsillo, vendidos los libros, enajenados, en un cuartucho donde, flaco y pobre, con los zapatos rotos y sin plata ni para un cigarrillo, morirá en el exilio, en Montevideo, no sabemos si del corazón, de tisis o de nostalgia.</p><p><em>Echeverría </em>es la última novela de <strong>Martín Caparrós</strong>. Y podría decirse que es la biografía del primer poeta argentino, del fundador de la literatura argentina.  Podría decirse solo eso si cuando terminaras la novela no sintieras un deseo incontrolable de llorar, un torbellino de preguntas ya antes anunciadas en el pensamiento y ahora puestas en letra, esa idea que nació en el origen mismo de la literatura: ¿belleza o compromiso?</p><p>Quizás la palabra que más se repite en estas casi 400 páginas sea Patria.  Así, con mayúsculas.  Pero no como idea abstracta sino ligada irremediablemente a la literatura, a las letras, a la cultura.  Crear la literatura argentina.  Para, desde ahí, crear la Argentina.  Esta es la misión que se encomienda a sí mismo Echeverría, defendiendo sus ideas como otra forma de pelear sin armas contra la tiranía, el abuso, la injusticia, el miedo, la dictadura. Porque hay un dictador, don <strong>Juan Manuel de Rosas</strong>, que ejerce su despótico poder sobre una primera masa de argentinos liberados de los rancios españoles decimonónicos, inculta y pobre, a la que primero compra con mínimas prebendas y a la que luego explota, asesina, maltrata y domina con la peor de las armas: el terror.</p><p>El joven Echeverría compone al calor de la adolescencia y de los versos románticos europeos sus primeros poemas en una vida también romántica.  El desamor nos los presenta, como al joven Werther, a punto de pegarse un tiro y armando sus primeros versos con la certeza de que vive el momento histórico de la creación de un país nuevo, de su Patria.  Poco a poco, la política, las ideas, las convicciones trasladarán su poesía heroica a la pluma comprometida, a la acción, a la reunión clandestina, a tomar partido, a la duda que eso conlleva.  Poesía bella o “quizás escribir para que lo entienda todo el mundo”.  Porque la misión será, nada menos, que buscar en este momento la identidad de un pueblo en la cultura. Identidad de un pueblo en la cultura.</p><p>Las dudas que nos martillean a todos como ciudadanos regresan 200 años después intactas, nítidas, cristalinas.  ¿Merece la pena? ¿La ha merecido? El exilio, la soledad, el abandono, la desolación, ser escritor sin obra, ya sin páginas para sus ideas, maldito… “¿Acaso no es de envidiar la ignorancia?”.  El desgarro de la duda se adentra y te conmueve. Porque nos lo cuenta <strong>Rafael Alberti, </strong>precisamente desde Argentina, en su <em>Arboleda perdida</em>.  Porque no sé quién publicaría esos versos irrepetibles de <strong>Blas de Otero</strong> o quién los compraría.  Porque <strong>Cernuda </strong>ya nos habló con la rabia del destierro.  Porque la educación, la cultura, la identidad tan lejos de ella, siguen martilleando a diario la cruel pregunta: ¿merece la pena?</p><p>Martín Caparrós descubre a don Esteban Echeverría.  Nos lo regala y nos recuerda que después, a pesar de que ya no vio derrocado al tirano, hubo un tiempo bueno en su Argentina.  Pero también después el verbo <em>desaparecerse</em> se tiñó de luto en ese país que como otros tantos, como todos, como el nuestro, toleró dictaduras y silenció pasados. </p><p>Y con todo, el convencimiento de que sí merece la pena.  Merece la pena decir cuando la injusticia es meridiana.  A veces es sencillo.  A veces cuesta el exilio.  Merece la pena saber y creer. Creer en la educación de todos, en la honradez y en la razón y en la ley. Creer que el cuerpo no es el límite del ser humano sino que existen las ideas.  Creer en la esperanza y en los que vienen después de nosotros.</p><p><strong>Leonardo Padura</strong> dijo hace unas semanas, hablando precisamente de la eterna cuestión de si es útil la literatura, de para qué sirve la literatura, que en un primer momento el escritor debe hacerse con las palabras, saber manejarlas, tener conciencia de saber hacerlo bien.  Y después no queda más remedio que aprovechar su eco para denunciar o decir o manifestar.  Y yo lo creí.</p><p><em>*Sonia Asensio es profesora de Literatura Española.</em><strong>Sonia Asensio</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sonia Asensio]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Periodismo,Los diablos azules número 23]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Ante todo no hagas daño’, de Henry Marsh]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/no-hagas-dano-henry-marsh_1_1128109.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e122b0cd-3dac-4ffa-88b4-1f5dc32515e0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Ante todo no hagas daño’, de Henry Marsh"></p><p><strong>Henry Marsh </strong></p><p><strong>Ante todo no hagas daño. SalamandraMadrid2016</strong></p><p>Si algo define las memorias del neurocirujano británico <strong>Henry Marsh</strong> es la valentía y sinceridad con la que cuenta su vida. Sorprende desde el inicio esa asombrosa capacidad de narrar el día a día de un médico que, ya cerca de su retirada, decide contar, a pecho descubierto, sus momentos más intensos. Con ternura y humor —cuando es posible—, el neurocirujano construye un relato conmovedor y profundo en el que no huye de sus errores, ni maquilla los trágicos desenlaces que conlleva muchas veces su trabajo. “Saber cuándo no hay que operar es tan importante como saber operar, y la experiencia en lo primero es más difícil de adquirir”, dice el médico al principio. Por supuesto, también hay hermosos momentos y emocionantes finales para sus pacientes, como el caso de Melanie, cuando Marsh opera a una paciente embarazada de un tumor que la está dejando ciega y acaba felizmente. Ese mismo día pierde a otra paciente que morirá en escasas horas. Ese es el brutal contraste entre la vida y la muerte a la que se enfrenta el cirujano a diario como las caras de un dado que hay que saber lanzar, pues aunque el propio doctor hable en el libro de la suerte como un factor primordial en sus intervenciones, sin su pericia sería imposible que de sus manos dependieran la salud, la vida y la alegría de un paciente y sus familias. </p><p>La vida de un neurocirujano nunca es aburrida y puede llegar a ser muy gratificante, pero tiene un peaje enorme, pues como todo humano comete errores en su profesión y debe aprender a vivir con esas trágicas consecuencias, muchas veces espantosas. Así, es sorprendente la sinceridad del neurocirujano en su narración, pues casi ningún médico es muy dado a contar sus fracasos ni entre ellos mismos. El autor naturaliza las dramáticas circunstancias en las que se desenvuelve día a día, normaliza estas situaciones porque, si no, no podría vivir bajo el yugo de la responsabilidad, ante la presión de una operación en la que para el paciente y su familia puedes acabar siendo un héroe o un villano. Además de la intensidad, Marsh escribe con mucha calidad descriptiva, hace accesible la jerga médica y explica en qué consiste cada intervención, abriendo cada capítulo con su nombre médico.</p><p>En este relato personal y subjetivo, descubrimos a un doctor completamente entregado a la neurocirugía que ha aprendido a vivir con la trascendencia de sus actos, pero al que la sabiduría de los años le hace poseer una asombrosa empatía con las personas que le rodean. Es crítico con el sistema de salud —se queja de los medios de los que disponen—, refunfuñón con los directivos y políticos que dirigen la sanidad, y añora otra época en la que la implicación y tiempo del médico era mucho mayor que en la actualidad: “Eso es, ¡tengamos en el futuro una generación entera de médicos ignorantes! A la mierda con el futuro, que se espabile por su cuenta, no es responsabilidad mía. Que se joda la dirección del hospital, el gobierno y los patéticos políticos y sus chanchullos, y a la mierda los putos funcionarios del puto departamento de Sanidad. Que se joda el mundo entero” (p. 221).</p><p>Suele ir en bici al trabajo para relajarse, practica la apicultura como <em>hobby </em>y no tiene pelos en la lengua. Socarrón, casi cáustico, bromea con sus aprendices a la vez que los forma, se desespera cuando debe luchar contra lo inevitable, no miente a sus pacientes pero sí les cuida y mantiene su esperanza cuando es posible. Cuenta cómo debe esforzarse en controlar el pánico que le invade en alguna intervención complicada: no solo es operar, también debe irradiar calma y confianza en sí mismo como cirujano incluso en situaciones en las que no lo siente. </p><p>Marsh acaba el bachillerato de letras y pasa dos años sin estudiar, trabaja en el Archivo Nacional, pasa un año en África enseñando como voluntario y se matricula en Oxford   en Política, Economía y Filosofía. Abandona tras un desengaño amoroso y se hace médico, no por vocación, sino por una crisis vital en la que acabó de camillero en un hospital y se dio cuenta de que le interesaba la Medicina: “La violencia controlada y altruista de la cirugía me resultaba profundamente atractiva”, dice. Un hombre culto, con un bagaje personal muy intenso que cuenta no solo lo que vive un neurocirujano, sino una confesión vital y emocional de un hombre extraordinario, a veces dolorosamente honesto, otras íntimamente abatido por la compasión. Encontramos en este libro las reflexiones de un hombre sabio curtido por su propia experiencia para el que la Medicina es un oficio y no tanto un arte o una ciencia. </p><p>Es capaz de reírse de sí mismo con 30 años de perspectiva, pues nada más empezar en su profesión se sentía importante y, nos viene a decir, la humildad se adquiere con el tiempo: “Entonces me había costado muy poco sentir compasión por los pacientes, porque yo no era responsable de lo que les ocurriera. Pero la responsabilidad entraña el miedo al fracaso, y los pacientes se convierten en una fuente de ansiedad y estrés, aunque ocasionalmente uno pueda sentirse orgulloso ante los éxitos” (p. 112). En la madurez es cuando acaba por aceptar el fracaso como una parte más de su trabajo, pues las dificultades tienen que ver sobre todo con la toma de decisiones y la rapidez con las que deben ser tomadas. En <em>Ante todo no hagas daño</em> también se exponen dilemas éticos, por ejemplo, cuando se ve en la tesitura de tener que operar a una anciana de 96 años que no quiere acabar en una residencia malviviendo y prefiere morir en su casa sin ser operada. Marsh siente empatía por sus pacientes, siempre da la cara. </p><p>A su hijo pequeño de 3 meses lo operaron de un tumor cerebral y supo de esa angustia para un padre. Ha estado en los dos lados: “Los parientes angustiados y furiosos son una carga que todo médico debe sobrellevar, pero haber sido uno de ellos fue una parte importante de mi formación como cirujano. Como les digo siempre entre risas a mis residentes, los médicos no sufren lo suficiente” (p. 143). Ese discernimiento ético que se presenta en algunos de los casos que nos cuenta el neurocirujano conduce a la reflexión personal sobre qué decisión tomaríamos en su lugar: “Le dije que los deseos de la familia quedarían totalmente determinados por lo que ella consiguiera transmitirles. Si se limitaba a decirles >, su respuesta sería sin duda que debíamos intervenir. Pero si les decía >, era probable que la respuesta de la familia fuera bien distinta. (…) En casos como ése, a menudo acabamos llevando a cabo la intervención porque resulta más fácil que ser honestos y significa que podemos ahorrarnos una conversación incómoda y dolorosa. Uno puede pensar que la operación ha sido un éxito porque el paciente sale con vida del hospital, pero años después, cuando ves a esa persona —como me ha pasado muchas veces—, comprendes que el resultado de la intervención fue un desastre absoluto desde el punto de vista humano” (pp. 159-160). </p><p>Así,  Henry Marsh demuestra su valentía y honestidad, en diálogo permanente con el lector que asiste impactado a su clarividencia y su calidad escribiendo, y encuentra en estas memorias cierta paz y cierto consuelo ante la desgracia y ante la humanidad de un médico que reflexiona sobre la importancia de la vida y la muerte desde la sabiduría de su experiencia, un hombre que en más de 30 años ha visto desangrarse pacientes en sus manos, ha tenido coléricas discusiones con colegas, terribles encuentros con familiares e instantes de profunda desesperanza y absoluta euforia: “Y mientras recorría el pasillo del hospital en penumbra volví a maravillarme por la forma en que nos aferramos a la vida y me dije que habría mucho menos sufrimiento si no lo hiciéramos. La vida sin esperanza es tremendamente difícil, pero con cuánta facilidad consigue la esperanza, en definitiva, volvernos necios a todos” (p. 178).</p><p><em>*Pablo Bonet es librero de guardia en la Librería Muga.</em><strong>Pablo Bonet </strong><a href="http://larevistademuga.blogspot.com.es/" target="_blank">Librería Muga</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Bonet]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Novela,Los diablos azules número 23]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[‘Un lector llamado Federico García Lorca’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/lector-llamado-federico-garcia-lorca_1_1128106.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/65f3a2cf-525c-4adc-87da-64958d2586b1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Un lector llamado Federico García Lorca’"></p><p><strong>Un lector llamado Federico García Lorca</strong><strong>Luis García MonteroTaurusMadrid2016</strong></p><p>“Convertirnos en un espacio, en un yo y en un nosotros, nos obliga de manera inmediata a ser tiempo. Meditar sobre esto fue la tarea a la que se dedicó <strong>Federico García Lorca</strong> como lector y como escritor en una época en la que los libros eran un ámbito propicio para negociar con la experiencia y definir la propia identidad”. Estas palabras de <strong>Luis García Montero</strong> (Granada, 1958) en el magnífico prólogo a su último libro <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/06/06/un_lector_llamado_federico_garcia_lorca_50829_1026.html" target="_blank"><em>Un lector llamado Federico García Lorca</em></a>, publicado por la editorial Taurus, resume algunos de los objetivos que el poeta persigue con este nuevo ensayo.</p><p>García Montero nos acompaña en <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/06/11/garcia_lorca_segun_biblioteca_51075_1026.html" target="_blank">el deseo de Lorca de descubrirse a través de sus lecturas</a>: “somos aquello que hemos leído”, afirma el autor, y nos sitúa en una posición de lectores privilegiados de un hombre que buscó entender su mundo a través de las palabras, porque “decir yo siempre ha sido un asunto complicado cuando se toma en serio la palabra yo. Y tomarse en serio la palabra yo es la mejor forma de tomar en serio las palabras, todas las palabras”.  La lucidez de Luis García Montero va hilvanando un recorrido por la experiencia lectora del poeta que desemboca en un individuo en conflicto con su propia intimidad y en el escritor que toma una u otra decisión en su obra, consciente de sus herencias literarias. Como nos dice Montero, hablando de la tensión de la modernidad que transpira el universo lorquiano, “la poesía no fue nunca un ámbito de autosuficiencia para alcanzar la plenitud, sino un modo de asumir y bregar de manera ética con las contradicciones de la vida.”</p><p>En los primeros apartados del libro, se nos enmarca espacial y temporalmente la realidad con la que el joven Lorca deberá entenderse, una realidad que lo hará habitar “sus libros para negociar consigo mismo y con el mundo su propia identidad”. En los capítulos siguientes, cuyos títulos nos remiten siempre a palabras del propio poeta, sin olvidar la música o la cultura popular tan importantes su formación, el autor nos sumerge en las lecturas personales que Lorca hizo de ciertos autores que, de esta manera, se erigieron en precursores privilegiados de su posición. Asistimos a través de este recorrido a la búsqueda del escritor para encontrar su propia voz.</p><p>El ensayo reivindica la figura de un García Lorca con una formación literaria muy sólida y para ello visita la intimidad del poeta, el catálogo de su biblioteca, sus cartas o los recuerdos de sus amigos y familiares; y adentrándose, y adentrándonos, en la biografía del joven lector, nos traslada a una época, a un tiempo en el que los libros y la cultura marcaban la esperanza de un futuro mejor, civilizado y feliz. Y este deseo, explicitado por el autor desde la primera página, este homenaje a los libros como búsqueda del yo y del nosotros —“sentir es el verbo en el que se fundan las sociedades”— nos permite acercarnos a Lorca para buscarnos, para ordenar nuestro mundo y tender puentes entre el conflicto social y nuestra propia intimidad, como él se acercó a los clásicos, a <strong>Shakespeare</strong>, a <strong>Victor Hugo</strong>, a <strong>Wilde</strong>, a <strong>Verlaine</strong>, a <strong>Rubén Darío</strong>, a <strong>Juan Ramón Jiménez</strong> o a <strong>Unamuno</strong>, entre tantos otros.      </p><p>García Montero nos recuerda las palabras de García Lorca en “La alocución al pueblo de Fuente Vaqueros” (1931): “¡Libros! ¡libros! He aquí una palabra mágica que equivale a decir: 'amor, amor', y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras”. Y a través de esas palabras, leemos el amor de García Montero por los libros, su manera de entender la literatura como búsqueda de la  intimidad, como territorio desde el que construir la identidad del individuo, pero también de la necesidad de indagar en la propia intimidad como un territorio elaborado por la historia, un espacio de conocimiento individual que implica una vinculación social.</p><p>A propósito de <strong>Góngora </strong>y de la calificación que García Lorca hace de él como apasionado de los mitos clásicos, dice García Montero: “En pocos autores se cumple tanto como en García Lorca esa máxima de que un escritor en realidad habla de sí mismo cuando analiza la obra de los demás”. Y en este ensayo, leyendo con los ojos de Lorca, a Lorca y sobre Lorca, leemos con los ojos de Luis García Montero y a Luis García Montero. Leemos con el entusiasmo del adolescente que un día se quedó deslumbrado ante el volumen de las obras completas del poeta de Fuente Vaqueros, y con la pasión del lector  que sigue entendiendo  los libros como factor de transformación social, como esperanza de una sociedad más justa , y con la inteligencia del poeta que, como Lorca, se sabe heredero de una tradición, y que entiende que debe rehacerla con su obra, reordenando el pasado con un cambio de perspectiva. </p><p>Luis García Montero cierra este libro con el poema “Huerta de San Vicente” de su poemario <em>Vista cansada</em> (2008), este poema es un homenaje a García Lorca, un homenaje a la ciudad, y al mundo, que quiso buscar a través del poeta, pero también un homenaje a todos aquellos lectores que entendemos la memoria como parte imprescindible de nuestra identidad.   </p><p><em>*Mònica Vidiella es profesora de Literatura.</em><strong>Mònica Vidiella</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mònica Vidiella]]></author>
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    <item>
      <title><![CDATA[Cesta de versos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cesta-versos_1_1128103.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e41f94f5-e8f6-41ca-8711-0ad5a435a18e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cesta de versos"></p><p><em>Xavier Vidal, responsable de la Llibreria Nollegiu (Barcelona), recomienda algunas de las novedades que más le han interesado en los últimos meses. </em></p><p>El verano es un buen momento para descubrir, recordar y elegir. Entre las antologías poéticas más recientes, recomendamos estas cuatro. </p><p><strong>Poesía soy yo</strong></p><p><strong> Edición de Raquel Lanseros y Ana MerinoVisorMadrid2016</strong></p><p>Recoge 82 poetas —todas mujeres— del siglo XX. Todas ellas han escrito en español pero proceden de culturas diferentes.</p><p><strong>La cuarta persona del pluralEdición de Vicente Luis MoraVaso RotoMadrid2016</strong></p><p><em>La cuarta persona del plural</em></p><p>22 poetas españoles nacidos entre 1960 y 1980.</p><p><strong>(Tras)lúcidas. Poesía escrita por mujeres (1980-2016)</strong></p><p><strong> Edición de Marta López VillarBartleby EditoresMadrid2016</strong></p><p><strong>Poesía Contracultura Barcelona</strong></p><p><strong> Edición de David Castillo y Marc VallsAyuntamiento de Barcelona Barcelona 2016</strong></p><p>18 poetas de la ciudad muertos prematuramente en los setenta y ochenta.</p><p>*Puedes encontrar la <a href="http://www.nollegiu.cat/" target="_blank">Llibreria Nollegiu</a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a>en Carrer Pons i Subirà, 3, en Barcelona.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Llibreria Nollegiu]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 23]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Literatura en tiempos de desasosiego]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/literatura-tiempos-desasosiego_1_1128093.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/398587c4-1848-4b2d-bcdb-8da94258d9b3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Literatura en tiempos de desasosiego"></p><p>En las literaturas locales todo queda en familia; ¿cómo alcanzar inciertos confines y llegar a nuevos lectores? Sin duda, aun en estos tiempos globalizados, no es sencillo que los libros, inclusive los escritos en un mismo idioma,  crucen fronteras. ¿Qué sucede con los publicados por editoriales pequeñas, o por los sellos locales de las grandes editoriales multinacionales? La ocasión de colaborar con Los diablos azules abre la posibilidad de dar a conocer escritores argentinos a los lectores españoles y a todos aquellos que se acercan a la publicación. Con ese ánimo comparto con mis últimas lecturas de autoras argentinas. Los tres libros a los que me voy a referir se publicaron en estos últimos meses; los tres permiten retomar la pregunta inicial y, además, formular otras cuestiones, por ejemplo, el interés que despierta lo escrito en tierras lejanas y la sorpresa que sentimos, como lectores, cuando nos vemos reflejados en esos libros. De alguna manera,  <em>Algunas familias normales</em>, de <strong>Mariana Sández</strong>, <em>La máquina de proyectar sueños</em>, de <strong>Cecilia Szperling</strong>, y <em>América alucinada</em>, de <strong>Betina González</strong>, cuentan historias de familias, ya que sus personajes se anclan en sus familias de origen o las abandonan en un intento de encontrar lazos identificatorios más afines a sus personalidades, a sus búsquedas.  A través de indagaciones en tiempo presente o sobre los últimos años, cada libro, a su manera, reflexiona sobre nuestra época.</p><p>Así, en los diez relatos de <em>Algunas familias normales</em>, el primer libro de ficción de Mariana Sández,  la anomalía irrumpe en situaciones estándar, y las resoluciones inesperadas no dejan nunca de ser verosímiles, como sucede en el “Diario de un animal”, en el que un ejecutivo, padre de familia y buen burgués se convierte en testigo de la transformación que no solo afecta a su cuerpo sino a la manera en la que ve el mundo. Un mundo alucinado de puros cartílagos en el que las palabras le parecen escamas pero que no le impide planear un futuro y transmitir, en estos tiempos anómalos,  con intensidad, su desconcierto. A los personajes de “Para que no sobre tanto cielo”, lo mismo que los de los otros  cuentos que conforman este volumen, lo cotidiano les resulta insólito, pero allí donde no encajan, en las situaciones que no pueden manejar, surgen improvistas desviaciones que,  más allá de lo racional, dan nuevo cauce a sus existencias extrañadas.</p><p>Podríamos decir que esta obra ya cruzó el océano, así lo atestiguan dos lectores.  En la contratapa, desde España,  <strong>Enrique Vila-Matas </strong>celebra este “libro de extraña belleza”, con “agudos cuentos” en los que la realidad se presenta con “un constante cambio de cuerpo, de textura”. Por su parte, <strong>Eduardo Berti,</strong> escritor argentino radicado en Europa, elogia la “rara coherencia entre fantasía y sensibilidad, porque se exploran con arte las tensiones más sutiles entre norma y excepción”.</p><p>Es que en los cuentos de Mariana Sández el absurdo admite una vuelta de tuerca, nada es ni demasiado normal ni demasiado extraño, se vive en el linde o se sucumbe,  como le sucede a Leandro (“Leandro (sus producciones)”); una mujer se enamora, por primera vez, a los 79 (“Las hermanas Requena”); de casi todo se vuelve (“Actas de consorcio”). La pregunta por el absurdo de la realidad, que sobrevuela el libro, llega, en último término, al relato que le da nombre: “Algunas familias normales”, que da cuenta de lo inadmisible del intento de desear y cosechar familias normales o cualquier tipo de normalidad en el siglo XXI. </p><p>Cecilia Sperzling presenta<em> La máquina de proyectar sueños </em>(“Fábula autobiográfica”),  una novela que también indaga sobre los límites entre realidad y ficción, y que también puede entenderse como correlato de su experiencia en el ciclo de entrevistas a escritores <em>Confesionario</em><em>. Historia de mi vida privada</em>, que la autora comenzó en 1998 y que actualmente presenta en Radio UBA. La pregunta por lo autobiográfico también subyace al ciclo “Libro marcado”, donde es coordinadora, presentadora y <em>performer</em>, y en el que invita a los escritores a compartir lo que subrayan en sus propias lecturas. Podría decirse que Cecilia Szperzling, luego de tantos años de escucha, de prestar oído a tantas confesiones, se ha dispuesto, ella misma, a brindar testimonio: aunque se trate de uno distorsionado por la ficción. No hay nada de ingenuidad en ello, ninguna pretendida transparencia entre las palabras y las cosas, entre el presente y el pasado. Todo se difumina en un proyectar, en las palabras de una nena de siete años que narra y que habla para no dormir. Que practica a ser Scherezade con sus hermanas; que escribe el diario de sus noches.  La misma que, a los nueve años, descubre que “no hay nada más útil que desmayarse” y puede asegurar que su “sentido de la oportunidad para el desmayo es perfecto”. Que suma, año tras año, hasta llegar a los quince, nuevos descubrimientos: los que van de la infancia a la adolescencia y que incluyen casi a manera de revelación, “lo que hace a un escritor”. Identificarse con los personajes de sus lecturas la lleva a  imaginarse “al genio de <strong>Tolstói</strong>” o a comprobar como la lectura la “arrastra a una zona de sufrimiento nueva” que no es más que la antesala del duelo personal e intransferible. La pérdida que marca un antes y después y que precede al Epílogo y que queda delimitada cuando la narradora dice: “Mi primera vida era real, ahora en la segunda empieza la ficción. Es una vida pensada por alguien, diseñada, yo simplemente la ejecuto” Ejecución en la que se confunden narradora y autora y que culmina, como hecho literario, en el difuso campo de la autoficción. En aquello que Szperling define como “fábula autobiográfica” y que puede leerse como novela de iniciación en los tiempos que corren, acá o allá, a ambos lados del océano. </p><p>¿Cuál es la <em>América alucinada</em> que da título a la novela de Betina González?  En su página web, la  escritora argentina con posgrados en universidades norteamericanas cuenta que escribió  esta historia “como el escenario de un largo final”: “El de una ciudad rara, en decadencia, que era y a la vez no era Pittsburgh, el lugar en el que yo vivía por esos años. Había todo el tiempo en esa ciudad la sensación de que algo se había acabado y no terminaba de desmoronarse: las catedrales estaban en venta, las mansiones tenían las ventanas y las puertas tapiadas, en la avenida Pennsylvania, los adictos se turnaban con los <em>homeless </em>y los locos en sus vueltas alrededor de la tienda de 'Todo por un dólar'. Más allá, sólo resistía un café de jóvenes entusiastas (The quiet storm) en el que tocaban bandas de rock y una podía ver caer la tarde siempre gris mientras leía un libro o conversaba con los pocos <em>hipsters </em>que todavía parecían auténticos porque la ciudad les prestaba su desconcierto”. Así y todo, la autora no piensa que se trate de una historia posapocalíptica, porque “no hace falta ningún apocalipsis para que dejemos de ser solidarios, salgamos a matar ciervos o nos sintamos abandonados”. </p><p>La novela está articulada sobre las historias de tres personajes, Berenice, una nena que busca ocultar la ausencia de su madre,  Beryl, una mujer mayor que fue <em>hippie</em>, vivió en una comunidad en la que se experimentaba con alucinógenos y que dirige a un grupo de ancianos dispuestos a eliminar ciervos, y de Vik, un inmigrante que trabaja como taxidermista en el Museo de Ciencias, y que descubre que una mujer se esconde en uno de sus armarios. Vale decir que se trata de tres voluntades resilientes, luchadoras.  Para Beryl, en la vejez, “el secreto consiste en entrenar el cuerpo para que crea que todavía está vivo. Engañarlo con pequeñas maniobras de distracción. Hay muchas. El sexo es una de las más efectivas”. En primera persona, Beryl relata una de estas maniobras con la misma precisión descriptiva con la que recuerda sus experiencias con la albaria, una planta alucinógena, a fines de los años sesenta. “La albaria te cierra los ojos y te coloca en un rayo en el que el tiempo no existe. Un tiempo animal, en el que la consciencia también desaparece”, en ese estado,  es posible imaginar “sin palabras que lo entorpezcan, divinamente ensimismado, sin certeza de mortandad ni de finitud ni de marchitamiento que empañe ese tiempo en el que algo como la inocencia o la brutalidad son, finalmente, recobrados” Hacia la albaria confluyen todas las historias;  Berenice descubre lo que Vik ya sabe,  la peligrosidad de la planta, “con sus flores blancas y seguramente malditas” y sus efectos en un grupo de jóvenes que había querido, no cambiar al mundo, “sino hacer explotar sus mil y un cerrojos”.  La novela cuenta una historia atrapante, en la que hay intriga y sorpresa al tiempo que se indaga sobre cómo vivir cuando ya no es dable esperar o creer en las grandes respuestas, cuando se ha perdido “toda lógica social”. Hay una ligera esperanza en estos testigos o sobrevivientes del tercer milenio que,  ante la certeza de  la soledad, cuando el espíritu gregario fracasa, todavía encuentran posible experimentar un sentimiento de gratitud o aspirar a “la verdadera ética, [que] nunca puede ser grupal, nunca puede ir más allá del par”. </p><p>¿De qué tratan estas historias a las que nos invitan las narradoras argentinas? Tratan de un tiempo de desasosiego en el que no es dable esperar lo normal sino la anomalía. Tiempo en los que una especie de máquina de proyectar sueños nos sumerge en alucinada pesadilla de la que anhelamos escapar en el doble gesto que va de la escritura a la lectura, y que podemos practicar del lado de acá o del lado de allá, siempre que literatura trascienda fronteras.</p><p><em>*Irene Chikiar Bauer, argentina, es escritora. Su último libro es </em><strong>Irene Chikiar Bauer</strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/virginia-woolf/AR18696" target="_blank">Virginia Woolf. La vida por escrito</a><em> (Taurus, 2015). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Irene Chikiar Bauer]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Literatura en tiempos de desasosiego]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Argentina,Narrativa,Los diablos azules número 23]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[“Celia”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/celia_1_1128089.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9bedb067-fe29-45e8-b3ea-3b336dcfed91_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Celia”"></p><p>"Celia", un poema de Fernando Valverde con Juan Pinilla al cante y David Caro a la guitarra.</p><p>"Celia" es un poema de <strong>Fernando Valverde</strong> incluido en el disco Jugar con fuego, nominado a un premio Grammy en 2014 por su fusión de poesía y flamenco. </p><p>Al cante: Juan Pinilla</p><p>A la guitarra: David Caro</p><p>Recita: Fernando Valverde</p><p><strong>Celia </strong></p><p><em>A Celia, nacida hoy</em></p><p>No conoces la lluvia ni los árboles,</p><p>pero ya eres un bosque.</p><p>Hoy que comienza el mundo para ti,</p><p>que se pueblan tus ojos con el mar,</p><p>que todos te reciben como en una estación</p><p>donde se espera siempre,</p><p>que es principio y asombro,</p><p>mapas que no aseguran un lugar donde ir.</p><p>Hoy que el mundo comienza,</p><p>tristeza inadvertida,</p><p>eres el tiempo limpio,</p><p>el olor a madera y el silencio,</p><p>las preguntas sin sombras</p><p>y el amor sin orgullo</p><p>del que ha perdido todo.</p><p>Es esa mi certeza,</p><p>las olas, el océano,</p><p>tu risa que es un pájaro.</p><p>Has traído el murmullo de un recuerdo,</p><p>los pies pequeños, como pequeño</p><p>es el rastro de nieve que has dejado</p><p>en las horas de enero.</p><p>Cómo será la vida cuando crezca en tus manos</p><p>con la fragilidad de las buenas noticias,</p><p>como un pez que se escurre para volver al río.</p><p>Una tarde cualquiera,</p><p>con la misma sorpresa que un amor,</p><p>vas a sentir la brisa que ha tocado los árboles</p><p>con su cansancio antiguo.</p><p>Hay veces que es rugosa y escuece como un fósforo</p><p>cuando enciende un recuerdo…</p><p>Tus manos brillan,</p><p>no hay sombras ni puñales,</p><p>puedo ver los cometas</p><p>arañando la noche</p><p>como un barco que zarpa y se adentra en la niebla.</p><p>La vida es una casa donde habita un extraño,</p><p>un jardín del pasado al que no volverás,</p><p>una orilla que buscas con miedo a los fantasmas.</p><p>Pero también la vida</p><p>es una luz detrás de una ventana</p><p>cuando la oscuridad</p><p>ocupa cada hueco y cada continente.</p><p>Esta noche es oscura,</p><p>el tren busca unos brazos</p><p>que están al otro lado de las horas.</p><p>Mientras, pienso en el modo de decirte</p><p>que los sueños son parte de nosotros</p><p>como un embarcadero es un viaje.</p><p>Porque ya eres un bosque,</p><p>y hay delfines, y lagos, y montañas,</p><p>y amores imposibles</p><p>que se llamarán Celia.</p><p>Alguien dice tu nombre en el futuro</p><p>y se llena de gente una casa vacía,</p><p>todos se sientan a la mesa.</p><p>Ya lo habrás olvidado,</p><p>fue la felicidad quien sembró este dolor,</p><p>fue la felicidad igual que una tormenta</p><p>sobre un vaso vacío.</p><p>Cuando lleguen el miedo y la desesperanza,</p><p>y todas las cerezas hayan caído al barro,</p><p>y las gaviotas griten</p><p>el olvido imposible de una mujer herida</p><p>que siente que avanzar es quedarse más sola…</p><p>Si todo esto sucede</p><p>recuerda la manera en que la lluvia</p><p>se convierte en un árbol</p><p>y el modo en que las olas</p><p>son el final del agua y el principio del mar.</p><p>No conoces el mar, ni el barro, ni los árboles,</p><p>pero ya eres un bosque por el que pasa un río.</p><p>"Celia" es un poema escrito a una recién nacida que obtuvo el Premio Antonio Machado de los ferrocarriles españoles. Está incluido en el libro <em>La insistencia del daño</em> (Visor, 2014).</p><p><em>*Fernando Valverde es poeta. Su último libro es </em><strong>Fernando Valverde</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/la-insistencia-del-da-o.html" target="_blank">La insistencia del daño</a><em> (Visor, 2014). Juan Pinilla es cantaor. David Caro es guitarrista. </em><a href="http://juanpinillaflamenco.blogspot.com.es/" target="_blank">Juan Pinilla</a><strong>David Caro</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valverde | Juan Pinilla | David Caro]]></author>
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      <media:title><![CDATA[“Celia”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Música,Poesía,Los diablos azules número 23]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Algunas instrucciones de uso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/instrucciones_1_1128084.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/452a2746-ad0d-447e-abf0-b1b7ab44f8ce_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Algunas instrucciones de uso"></p><p>Cuando <a href="https://twitter.com/antoniolucas75?lang=es" target="_blank"><strong>Antonio Lucas</strong></a> publica en 1996 su primer libro, <a href="https://books.google.es/books?id=mZlDjPMhad8C&pg=PA17&hl=es&source=gbs_toc_r&cad=3#v=onepage&q&f=false" target="_blank"><em>Antes del mundo</em></a>, con apenas veinte años, es el poeta que le corresponde ser, el poeta que todo joven de apenas veinte años tiene el derecho y el afán de ser: un fascinado por la formulación desarticulada, por los símbolos antojadizos y de resonancia inconcreta, por el barroquismo onírico y por las palabras ornamentales que parecen resonar en una bóveda: las dagas, los capiteles, el ópalo y el violonchelo, el oboe y el látigo… (Y esas visiones: una lágrima abierta, el párpado del ciervo, un millar de arpas en llamas). </p><p>Aquel Antonio Lucas casi adolescente cita y homenajea a <strong>Lautréaumont</strong>, a <strong>Nerval</strong>, a <strong>Mallarmé</strong>, a <strong>Baudelaire</strong>, a <strong>Rimbaud </strong>y a <strong>Saint John Perse</strong>, pero recuerda mucho a <strong>Jules Laforgue</strong>, el malogrado simbolista irónico, el hechizado por Nuestra Señora la Luna. Al igual que aquel francés nacido en Montevideo, el Antonio Lucas neófito busca la oscuridad y el brillo, la solemnidad del conjuro y el prestigio del verso que aspira a conmover más desde la sugerencia alucinada que desde la precisión convencional de su sentido. Establece un juego con la palabra para establecer un juego con las emociones. Confía en la palabra con la inocencia venturosa de quien cree que se pueden confiar las emociones a las palabras, con el propósito de refundar tanto las palabras como las emociones. Es el privilegio esencial del artista novel: desenvolverse en el exceso con la naturalidad de quien se traduce a sí mismo, de quien transcribe la exuberancia de su sentir y las espirales de su pensamiento. Las imágenes del jovencísimo Antonio Lucas admiten la demasía visionaria: esos ojos como hachas, esos océanos en punta, esa luna de escorpiones… El tono tiende a enaltecerse, pero el poeta aplica de inmediato, como medida sabia de descreimiento, un contrapeso coloquial a la grandilocuencia.</p><p>Hay también en ese libro inaugural un desbordamiento de raíz tal vez nerudiana: una frondosidad de imágenes, un despliegue acumulativo de recursos que no desdeña el exhibicionismo, por la simple razón de que el poeta joven —como tal poeta joven— quiere dejarnos muy claro que sabe lo mucho que se trae entre manos: inaugurar su territorio. </p><p>Con apenas veinte años, en fin, Antonio Lucas presenta sus credenciales deslumbrantes. Inicia su historia. Define la intención vertebral de su discurso.</p><p>Ese discurso ha depurado, con el paso del tiempo, sus estrategias, pero se ha mantenido fiel a su espíritu estético fundacional. El Antonio Lucas de su primer libro sigue alentando en sus libros posteriores, hasta los inéditos de hoy. Con su acarreo de tradiciones diversas, sigue vivo y en vilo el poeta que sabe inundarse para contener su torrente verbal y emocional. Sigue alerta el poeta que busca la viveza alucinatoria de las imágenes insólitas, consciente de que la escritura lírica tiene más de aventura que de hábito. Sigue ahí el poeta de imaginación exuberante capaz de ver “la noche con su plata fusilada” o “envuelta en cascabeles”. Pervive ahí, en suma, el poeta valiente y dichosamente intuitivo que sabe llevar al límite sus astucias retóricas, convencido de que sólo merecen la pena las apuestas fuertes.</p><p>La madurez de Antonio Lucas nos ha traído un poeta seguro de sí, pero arriesgado. Un poeta que domina con maestría los recursos que lo caracterizan desde sus inicios, pero que a la vez no se conforma con ese dominio y asume, como un deber estético, no sólo la búsqueda, sino también la osadía. En cualquier poema suyo hay un rasgo de gran audacia, una resolución estilística que desconcierta y deslumbra. Su imaginación verbal le pide un vuelo alto y continuo, y él se lo concede.</p><p>Sus poemas suelen organizarse mediante una acumulación de ondas concéntricas, en busca de un núcleo complejo de significaciones que nunca son del todo literales: más allá de la enunciación se abre el laberinto de la sugerencia. Más allá del lenguaje hay planos diversos de visión. Más allá de esa visión ramificada se adivina una emocionalidad que juega a definirse desde su indefinición tajante.</p><p>Esta es la historia —hasta ahora— de este poeta singular. Entre el fogonazo simbolista y la meditación ensimismada, su voz tiene algo de caleidoscopio en movimiento perpetuo. Algo que brilla y se ahonda en una perspectiva paradójica de irrealidades y de concreciones. Algo que nos seduce y desconcierta. Algo —también— inasible, como todo lo que esconde un buen secreto.</p><p>Esta es, en suma, la historia escrita, pensada y sentida, de un poeta que sabe decir lo que quiere decir como nadie lo ha dicho, y de ahí su grandeza, y de ahí su poderosa exclusividad.</p><p><em>*Felipe Benítez Reyes es escritor. Su última novela es </em><strong>Felipe Benítez Reyes</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/06/24/azar_viceversa_felipe_benitez_reyes_51653_1821.html" target="_blank">El azar y viceversa</a><em> (Destino, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Felipe Benítez Reyes]]></author>
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    <item>
      <title><![CDATA[‘Años diez’, revista de poesía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/anos-diez-revista-poesia_1_1128072.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d462ab46-d00a-43f1-8f5f-ee39d1b26c5f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Años diez’, revista de poesía"></p><p>Hace dos años, en la primavera de 2014, echó a andar <a href="http://www.anosdiezrevistadepoesia.com/" target="_blank"><em>Años Diez, revista de poesía</em></a>, con el número 0 y bajo el sello de la editorial granadina <a href="http://cuadernosdelvigia.com/" target="_blank">Cuadernos del Vigía</a>. Pero el proyecto nació como idea mucho antes. Tanto nosotros dos, sus directores, como muchos otros poetas de nuestra generación y más jóvenes, hemos conversado y reflexionado mucho sobre el estado de la poesía española en las primeras décadas del nuevo siglo. Ahí están las antologías, numerosas, variadas, e inevitablemente parciales, que han proliferado en los últimos años con objeto de orientar, dirigir o incluso fabricar al lector. </p><p>Nosotros crecimos como poetas siendo conscientes de la necesidad de superar las viejas dicotomías y las guerras escolares que caracterizaron a la poesía española en el pasado siglo; conscientes de la importancia de no confundir las voces, y las tradiciones, con la política de gestos pueblerinos; conscientes de que los sintagmas del tipo "estéticas dominantes", habían perdido en parte su significado tradicional, y habían adquirido, a la luz de la globalización impuesta por el capitalismo neoliberal, inquietantes matices darwinistas y mercantiles. </p><p>Nos propusimos hacer una revista abierta, plural, que naciera no tanto de unas conclusiones cuanto del deseo de asumir, con valentía, la imposibilidad de llegar a ellas de un modo intelectualmente satisfactorio para nosotros; es decir, teniendo en cuenta que los nuevos tiempos nos desbordan, pero que esa no es una razón para inventarse una identidad, o adoptar identidades ajenas, con objeto de sentirnos protegidos o predominar. Nosotros concebimos <em>Años diez igual</em> que concebimos la poesía, como un ser vivo, zarandeado por los tiempos, pero con la memoria intacta.</p><p>De ahí que<a href="http://www.anosdiezrevistadepoesia.com/category/numeros/" target="_blank"> optáramos por el papel</a>, por el formato impreso, porque también en las revistas de poesía existe una tradición en nuestro país, y nosotros, aunque productos de nuestra época, creemos en los magisterios y somos leales a lo que nos ha hecho mejores ciudadanos y mejores artistas. </p><p>Creíamos necesario que la revista contase con una distribución normalizada, que pudiera encargarse en las librerías, que pudiese formar parte de las cada vez más menguadas secciones dedicadas en ellas a la poesía, y adquirirse asimismo a través de Internet desde un dispositivo móvil. Por eso habilitamos la página web que la acompaña y que de momento sólo funciona como archivo de prensa y plataforma de venta. De momento, porque en un futuro próximo pondremos en marcha, sólo en la página web, no en la edición impresa, una sección llamada "Lecturas críticas de poesía actual", dedicada a la crítica, no simplemente a las reseñas, de libros, con criterios distintos a los de la urgencia comercial.</p><p>Nos preocupa el estado de la crítica de la poesía en nuestro país, o más bien la ausencia, hablando con propiedad, de una crítica capaz de tomarle el pulso a la arbitrariedad de nuestra época, donde la dictadura de la opinión, cuando no la simple indiferencia, parece haber suplantado a la necesidad de que los buenos poetas no se confundan con los que no lo son.</p><p>Por eso, en <em>Años diez</em> huimos deliberadamente tanto del formato florilegio, del cajón de sastre donde conviven, a la buena de dios, los poemas y las recensiones, como del prurito academicista, porque no entendemos la poesía como un nicho especializado más. Así, tratamos de que la información y la reflexión vayan de la mano para ofrecer al lector una panorámica fiable y estimulante del quehacer poético en la actualidad.</p><p>En <em>Años diez</em> le prestamos la atención que merece a la labor del traductor de poesía. Hasta la fecha, somos los únicos que contamos con una sección en la que prestigiosos traductores nos hablan de sus secretos de taller, de sus hallazgos, de la teoría y los problemas que conlleva traducir poesía. Y es grato comprobar cómo el sentido común vence a los tópicos, y textos como los de <strong>Patricia Gonzalo de Jesús</strong>, <strong>Mario Jurado</strong>, o<strong> Manuel J. Santayana</strong> colocan en su sitio las afirmaciones tajantes sobre la imposibilidad de que la poesía pueda traducirse. Si no hubiera existido, desde los orígenes mismos de la lengua, la traducción, ni la poesía como un puente entre mundos ni la cultura misma habrían tenido razón de ser.</p><p>También damos cabida a muchas voces inéditas o poco difundidas en nuestra lengua, como las de <strong>J. H. Prynne</strong>, <strong>Miroslav Holub</strong>, <strong>Borís Jristov</strong> o <strong>Cesare Zavattini</strong>; y contamos con secciones dedicadas a poetas heterodoxos, como "Rara avis", donde podemos encontrar poemas de <strong>André Frénaud</strong>,<strong> Cecilia Meireles</strong> o<strong> Adélia Prado</strong>, entre otros.</p><p>Pero entre los contenidos de <em>Años diez </em>destacan las secciones dedicadas a recuperar poéticas influyentes, como la prestigiosa "Teoría del verso proyectivo", de <strong>Charles Olson</strong>, y testimonios sustanciosos, acompañados de poemas, de autores de la talla de<strong> Denise Levertov</strong> o <strong>Alice Oswald</strong>. Y los dosieres donde recuperamos textos inéditos de autores imprescindibles, como las cartas de <strong>Gerardo Diego</strong> que aparecieron en el número 0, o el amplio espacio dedicado a la figura de<strong> Carlos Martínez Rivas</strong>, el gran poeta nicaragüense, en el número 2, con poemas, textos teóricos, fotografías y un epistolario también inédito entre él y <strong>Carlos Edmundo de Ory</strong>.</p><p>Con todo, si de algo nos sentimos especialmente orgullosos, es de la sección "Poesía y sociedad", donde pedimos a los colaboradores que traten distintos aspectos comunes a la poesía y a la sociología. En ninguna sección se podrá comprobar tan claramente nuestra intención de ser plurales, abiertos y de generar debate, como en esta. Ahí han aparecido ensayos lúcidos y frescos como el de <strong>Ernesto Castro</strong>, en el número 1, sobre la poesía y el espíritu de nuestra época; textos que nos hablan de otro modo de sentir el tiempo y la tradición, como el de<strong> Enrique Andrés Ruiz </strong>en el número 2; incisivas y poderosas aproximaciones al feminismo y la poesía, como el largo poema-ensayo de <strong>Erika Martínez</strong>, en el número 2 también; y extensas entrevistas que, a nuestro juicio, abordan con una lucidez y una sabiduría extraordinarias los problemas derivados de la ausencia de crítica, como la que <strong>Francesco Diaco</strong> le hace a <strong>Valerio Magrelli </strong>en el número 0.</p><p>Nuestro número 3, que acaba de llegar a las librerías, es un monográfico titulado "El lugar del poeta. Poesía española para el siglo XXI", donde a través de ensayos sobre el referente, y la posición del poeta frente al significado que poseen para él hoy en día el emisor, el receptor, el contexto, el código y el mensaje, se muestran las preocupaciones y búsquedas de muchos autores y lectores.</p><p>Con este número 3 no pretendemos <em>manifestarnos</em>. Sólo queremos hacernos eco de algo que es, para cualquier lector avisado, más que evidente: el cambio de rumbo que se ha producido en los últimos años en la poesía con respecto a los presupuestos poéticos nacidos al amparo de la Transición y de los primeros años de la democracia. Pero también con respecto a la posmodernidad, un periodo donde el exceso de autoconciencia llevó a muchos poetas a contemplar excesivamente su ombligo y a tratar a la lengua con la avidez y el menosprecio de los compradores compulsivos en las rebajas. </p><p>Vivimos en un tiempo en que la misma condición humana parece a punto de caducar. Ser consciente de la unión indisoluble entre la poesía y dicha condición es, a nuestro juicio, lo primero que distingue a un poeta de quien no lo es. Y si en algo creemos, a juzgar por el resultado de este número 3 de <em>Años diez</em>, es en la necesidad de una rehumanización de los contenidos de la poesía, de un compromiso con la sociedad que incluya la memoria histórica y pueda dar cuenta de las inquietudes profundas del lector, tanto estéticas como políticas y antropológicas, sin acudir a poéticas que forman parte ya de nuestra tradición, sino asumiéndolas críticamente y con gratitud, pero sin olvidar que los tiempos se han acelerado mucho, y tanto la política como la sociedad de hoy son muy distintas a las del siglo pasado.</p><p>En <em>Años diez </em>no decretamos la muerte de nada ni adoptamos posiciones moralistas (en el peor sentido de la palabra) con respecto a otras ideas acerca de la poesía. No intentamos ser nosotros a costa de los otros. No nos gustan los clubes. No creemos en el belicismo. Sí en la polémica, pero fundamentada en el diálogo. </p><p>Nosotros aprendimos y seguimos aprendiendo mucho de las iniciativas poéticas ajenas y, nos sean más afines o menos, consideramos que la poesía, como arte y necesidad social, está muy por encima de nuestros deseos de notoriedad. Nos gusta pensar por tanto que, a despecho de las diferencias entre nuestra propuesta y otras propuestas no menos interesantes y comprometidas con la poesía, remamos en la misma dirección.</p><p>¿Cuál es el cometido del poeta hoy en día y, por añadidura, de <em>Años diez</em>? En primer lugar, éste: preocuparse de encontrar no cómo oyen los lectores hoy, sino de encontrar hoy cómo los lectores han oído, y oirán mientras existan, siempre.</p><p><em>*Abraham Gragera es traductor y poeta. Su último libro es </em><strong>Abraham Gragera</strong><a href="http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1419" target="_blank">El tiempo menos solo</a><em> (Pre-Textos, 2012). Juan Carlos Reche es traductor y poeta. Su último libro es </em><strong>Juan Carlos Reche</strong><a href="http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=917" target="_blank">Carrera del fruto</a><em> (Pre-Textos, 2006). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Jul 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Abraham Gragera | Juan Carlos Reche]]></author>
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