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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 32]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-32/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 32]]></description>
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      <title><![CDATA[La palabra y la imagen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/palabra-imagen_1_1131085.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/83af546b-c380-46c4-b789-7d6a4e024b6b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La palabra y la imagen"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para hacernos llegar vuestras sugerencias.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong> </p><p>Algo más que un club de lectura. Eso se proponían crear dos asociaciones culturales de El Carpio (Córdoba), empeñadas en "aumentar el placer por la lectura" de sus vecinos e "incentivar el hábito lector" de este pueblo de 4.500 habitantes. De una parte, Leo y sueño, el club de lectura de la biblioteca municipal. De otra, Enfoque 94, un grupo de fotógrafos que trabajan en común. Juntos, se propusieron plasmar en imágenes sus impresiones sobre algunas de las lecturas que más les habían interesado. Después de abordar el libro en la biblioteca, prepararían sesiones de fotos sobre cada obra. </p><p>"Las lecturas", explica la bibliotecaria, <strong>Gloria Caballero</strong>, "así como las escenas elegidas, la caracterización, el atrezo y la escenografía corrían a cargo del club de lectura, implicando a otras personas de la población si era necesario, como el jinete con su caballo [para <em>El baile de la victoria</em>], así como la elección de las fotografías, mientras que la edición de las mismas correspondía a los fotógrafos". Así, se decidieron a escenificar y retratar <em>Las bicicletas son para el verano</em>, de <strong>Fernando Fernán Gómez;</strong><em>El baile de la victoria</em>, de <strong>Antonio Skármeta;</strong><em>Desayuno con diamantes</em>, de <strong>Truman Capote;</strong><em>El laberinto de las aceitunas</em>, de <strong>Eduardo Mendoza</strong> y <em>La canción de Dorotea</em>, de <strong>Rosa Regàs</strong>. </p><p>El proceso les hacía volver a visitar los fragmentos más significativos o sugerentes de los textos, y explorar su capacidad plástica. Así, se implicaban no solo los miembros del club, sino también los integrantes de Enfoque 94, que se aproximaban desde otro ángulo a la lectura. Lo explica Caballero: "Antes de comenzar la sesión de fotos, leíamos el pasaje que se quería fotografiar, para ambientar a los fotógrafos y que comprendieran la escena que se quería reproducir en imágenes".</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p>No ha sido un proceso sencillo: "Para llevarlo a cabo se han necesitado muchas horas de trabajo y de reuniones, así como buscar patrocinadores para conseguir darle visibilidad". El proyecto ha culminado con la organización de una exposición y la realización de varios vídeos con una selección de la muestra fotográfica, además de folletos y marcapáginas que sirvieran para hacer llegar la iniciativa a todo el pueblo. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Enfoca y sueña]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La palabra y la imagen]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bibliotecas,Libros,Córdoba,Los diablos azules número 32]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Me llamo Lucy Barton’, de Elizabeth Strout]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/llamo-lucy-barton-elizabeth-strout_1_1131073.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/23e7fcb3-7d90-4d4c-ab5c-8a0d82f4958a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Me llamo Lucy Barton’, de Elizabeth Strout"></p><p><strong>Me llamo Lucy Barton</strong></p><p><strong> Elizabeth StroutDuomo Barcelona2016</strong></p><p>Afortunadamente también las buenas noticias corren como la pólvora.  Y por todos los rincones y en cada esquina leía u oía que la última novela de <strong>Elizabeth Strout</strong> era puro sentimiento.  Y eso son palabras mayores.</p><p><a href="http://www.duomoediciones.com/es/catalogo-editorial/me-llamo-lucy-barton-812.htm" target="_blank"><em>Me llamo Lucy Barton</em></a> fue publicada en agosto de este año por Duomo.  Esta editorial es una empresa comprometida con el medio ambiente y además de utilizar un papel obtenido de bosques sostenibles me ha encantado leer que “el libro está impreso con el sol”, con energía procedente exclusivamente de paneles solares.  Todo debería tener la impresión del sol, esa estrella ineludible que nos hace mejores personas, estar más calentitos. </p><p>Lucy Barton odía el frío.  Sólo quien ha pasado frío de veras sabe lo que es odiar el frío.  No poder dormir por el frío.  Creer que vas a morir de frío.  Desgraciadamente antes lo oíamos a nuestros abuelos y ahora tememos que ocurra en alguna casa cercana o en algún campamento donde las personas ya no tienen nombre pero se les llama “refugiados”. </p><p>Lucy Barton se encuentra enferma en un hospital y ahí va a permanecer largas semanas sin ver a sus hijas pequeñas y apenas a su esposo.  Inesperadamente, la visita más lejana, su madre, se sienta a los pies de su cama.  Y la presencia de la madre provoca una catarsis, una confesión,  si no ya por la conversación escasa con una madre siempre ausente, sí por los recuerdos vivos de una infancia dura, durísima, que nos deja entrever con sentimiento pero sin victimismo.  Lucy Barton nos deja mirar a través de la ventana de su habitación de hospital y vemos cómo anochece en Nueva York y cómo se va iluminando el edificio Chrysler. En el silencio de la noche, Lucy recuerda las luces y las sombras de su infancia.  Pobreza, o más bien miseria, brusquedad, suciedad, burla, hostilidad, violencia, soledad.  Esa soledad negra que de vez en cuando vislumbrará cuando esos primeros años sean un recuerdo nunca lejano.  Y que se apaciguará en breves momentos guardados como instantáneas de luz: una manzana con caramelo en una feria, un  perfecto atardecer de otoño en un lugar al que, implacablemente, decidió un día no volver.</p><p>“Hay ciertos elementos que determinan el camino que tomamos, y raramente podemos encontrarlos o señalarlos con precisión”, dice. Y quizás porque en el aula había calefacción, quizás porque los libros y sus historias la abrazaron y alejaron la soledad, quizás porque encontró a alguien en su  camino que la alentó y la ayudó… Son muchos quizás y ninguno concreto pero todos necesarios para salir excepcionalmente de una vida de la que poco o nada podría esperar.</p><p>En sus recuerdos, Lucy Barton nos deja ver cómo lo nuevo nos produce sorpresa.  Y más si lo nuevo es todo, es decir, ropa, música, libros, gente, ciudad, programas de televisión, cine, teatro, limpieza, sosiego... Entonces la sorpresa se convierte en perplejidad y respeto.  A veces inmoviliza y te sientes inferior, te acobarda, te empequeñece.  Te asombra. </p><p><em>Me llamo Lucy Barton</em> es una novela conmovedora que “intenta contarte algo verdadero”.  Y que lo consigue.  Con un lenguaje franco, sobrio, directo, con palabras escogidas y sinceras, la niña Lucy, la joven estudiante enamorada de un profesor de universidad, la madre y esposa Lucy Barton, se sienta a nuestro lado en la mesa de la cocina y el café es para dos.  No puedo dejar de decir que he leído la novela del tirón, sin pausa, sin descanso y con ternura, con mucho afecto y una inconfesable empatía.  Como si la conociese de toda la vida, como si las tazas vacías de los juegos infantiles tuviesen por fin propietaria, esa niña que soñamos en la infancia que era nuestra mejor amiga.</p><p>Que la vida va en serio, quizás, y sólo quizás, uno lo empieza a comprender cuando vas dejando atrás la vergüenza, el daño que te han infligido y el que has causado, el espejo que por fin te has atrevido a comprar de cuerpo entero. Ahora que se acerca inexorablemente el otoño, por no hacer mudanza en su costumbre, los cielos violentos se aplacarán con la belleza de esta imprescindible novela.</p><p><em>*Sonia Asensio es profesora de Literatura.</em><strong>Sonia Asensio</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sonia Asensio]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 32]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Corteza de abedul’, de Antonio Cabrera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/corteza-abedul-antonio-cabrera_1_1131071.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8f5d7789-1445-4b5c-968c-8f73803a5422_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Corteza de abedul’, de Antonio Cabrera"></p><p><strong>Corteza de abedulAntonio CabreraTusquetsBarcelona2016</strong><em>Corteza de abedul</em></p><p>“Corteza de abedul que fue abedul tan sólo,/ mientras yo, siendo yo, acercaba mi mano”. Estos versos que cierran el poema que da título al último libro de <strong>Antonio Cabrera </strong>(Medina Sidonia, Cádiz, 1958), <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-corteza-de-abedul/213120" target="_blank"><em>Corteza de abedul</em></a>,  publicado por  Tusquets, abren a la vez la dialéctica que se va a establecer entre el yo y el mundo en los poemas que conforman este nuevo libro del poeta gaditano y que es, sin duda, uno de los temas fundamentales de toda su obra. Desde el libro que lo dio a conocer como poeta <em>La estación perpetua </em>(Visor, 2000) con el que obtuvo el Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe y el Premio Nacional de la Crítica, así como en sus libros posteriores, <em>Tierra en el cielo</em> (Pre-Textos, 2001), <em>Con el aire</em> (Visor, 2004) y <em>Piedras al agua</em> (Tusquets, 2010), la poesía de Cabrera es una poesía reflexiva, meditativa, que  nos acerca a un diálogo entre la consciencia del sujeto y el universo que observa. Un diálogo, pues, que no nace sólo de la contemplación de los elementos que lo rodean, sino que se nutre de la identificación con lo observado: “El rumor de los pinos se desleía en torno / Mi mano no era nada. Yo fui nadie”.</p><p>En el universo poético de Cabrera, la naturaleza se erige en protagonista e invita a la serena mirada del poeta a buscar y a buscarse, a encontrar y a encontrarse, y a intentar, como decía <strong>Unamuno</strong>, “que sienta el pensamiento y piense el sentimiento”. Nos dicen los versos de “Evocación del marjal”: “Entonces yo, bajo una claridad / violácea, disertaba sin voz, sin conclusiones, / pues mirar en silencio es silogismo / cuyas premisas, cautas, no se cierran”. Y el yo poético se sabe un asistente privilegiado a esa convocatoria: “Qué suerte / haber estado allí. No atendido: atendiendo”. </p><p>La mirada del poeta se proyecta sobre el paisaje exterior y este, a su vez, se sumerge en el interior del hombre que lo contempla, y en esa concomitancia disfrutamos como lectores de una poesía intimista que transita entre la emoción y el conocimiento: “Yo / que soy el ojo, / soy también/ su esperanza, / y busco / una sombra / para que cielo y árboles se adentren / otra vez / en mi sombra”. </p><p>Sin embargo, y a pesar de esa relación, o tal vez por ella, debe existir la distancia entre el yo poético y el universo que observa. Para preservar la identidad de ambos, para su afirmación, el espacio que ocupan debe ser respetado: “¿Cómo voy a rozar siquiera el mundo / mientras está reverberando entero?”. Es en ese buscado espacio de alejamiento, en esa doble perspectiva del yo como testigo y actante frente a lo que lo rodea, donde se pueden hallar las respuestas: “Tú aún no lo eres / pero el paisaje sí, él ya le es fiel / y da un paso de luz retrocediendo en torno. / Pon distancia también para estar dentro. / Contémplala, respira”. </p><p>La reflexión sobre el  tiempo impregna todo el poemario, la naturaleza en su dualidad de fugaz y perenne nos lleva a tomar consciencia de lo efímero y a reivindicar el instante. En “Temporada de lirios amarillos”, por ejemplo, nos dice el poeta: “Los lirios dejan que mis ojos hallen /en cada cosa / el culmen que la exalta,/ la labor de su imán, / el tuétano tenaz / de lo que al cabo muere”. </p><p>Los poemas de <em>Corteza de abedul </em>discurren también sobre el hecho poético, sobre la dificultad de contener la vida en el poema. Así en “Visita a <strong>Francisco Brines </strong>en Elca” se preguntará: “¿Cómo pasan al poema las cosas que suceden? / ¿Qué ocurre / después de la poesía / en el pino, en el huerto, en las rosas?”.  Esta cuestión lo lleva a afirmar en  “Mímesis”: “Sé que la estoy falsificando/ con tanta realidad”. En “Autoretrato”, el poema que cierra el libro, el poeta habla de la necesidad de sentarse frente a su soledad  para discernir  sobre lo que deberá ser materia poética. </p><p>La sobriedad expresiva de la poesía de Cabrera, su intuición y su precisión, construyen un armazón sobre el que se sustenta la esencia del poema y nos van conduciendo de manera magistral a través de los versos, para llevarnos con fluidez de la contemplación al hallazgo y del hallazgo a la búsqueda, como si retratara del ciclo natural de la naturaleza que percibe. “Oímos. Vemos. / Y va en lo oído y visto, en un mínimo grado perceptible, como ondas emitidas por la dificultad de ser, / el gemido entre abstracto y cotidiano / de las cosas”.</p><p>Todo, lo animado y lo inanimado, cobra vida en la poesía de Cabrera, y es en esa vida donde el poeta, y nosotros, lectores, meditamos sobre el discurrir de la existencia humana, sobre el yo en lo otro y nos sabernos así, como reza el epígrafe de la cita de <strong>Théophile Gautier</strong> escogida como epígrafe del poemario: <em>“Je suis un homme pour qui le monde extérieur existe”</em> (“Soy un hombre para quien el mundo exterior existe”).</p><p><em>*Mònica Vidiella es profesora de Literatura. </em><strong>Mònica Vidiella</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mònica Vidiella]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 32]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Relato de mi vida’, de Thomas Mann]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/relato-vida-thomas-mann_1_1131069.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f0059f43-9376-45a9-ada6-fb4d69e25763_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Relato de mi vida’, de Thomas Mann"></p><p><strong>Relato de mi vida</strong></p><p><strong> Thomas Mann Hermida EditoresMadrid2016</strong></p><p><a href="http://www.hermidaeditores.com/relato-de-mi-vida-prepu" target="_blank"><em>Relato de mi vida</em></a> incluye el fragmento autobiográfico escrito por <strong>Thomas Mann</strong> en 1929, a raíz de la concesión del Premio Nobel; <em>El último año de mi padre</em>, un relato de su hija <strong>Erika </strong>que aporta claves para entender los últimos proyectos de Mann y el ambiente que rodeaba al escritor en sus últimos días, y, por último, una <em>Cronología de Thomas Mann</em>, escrita por <strong>Andrés Sánchez Pascual</strong>, que convierte la simple cronología en presentación articulada de los momentos fundamentales de la vida y la obra de Mann, intercalando comentarios reveladores de los mismos.</p><p>Con motivo del premio Nobel, Mann hace balance y escribe una presentación de su trayectoria. El sentimiento que le animaba entonces conecta con el que pretendió reflejar en <em>Fiorenza </em>(1906), una obra de teatro a su parecer “fallida”, pero que no dejó “de inquietar ligeramente al teatro” desde su aparición. De ella escribe: “Vibra en ella un juvenil lirismo de la fama, el placer que ella produce y el miedo que causa en una persona sofocada en temprana edad por el éxito”. Es lo que él llama su “nerviosismo retenido”, un motor de creación para su espíritu inflamado, deseoso de alcanzar el cenit que anticipa la gloria.</p><p>La obra a la que reserva una mayor estima, “la más próxima a mi corazón” —dice en esos momentos—, es <em>Tonio Kröger</em> (1903): “La primera vez que conseguí hacer que la música influyese en mi producción, conformando su estilo y su forma”. Y aquella otra que le persigue como síntoma, siempre irresuelta y por concluir, cristalizará en un título significativo: <em>Confesiones del estafador Felix Krull</em>. En ella parece resonar la culpa como forma irredenta de saldar la deuda simbólica del don.</p><p>Aunque ya había aparecido <em>La montaña mágica</em>, el Nobel se le concedió ante todo por su obra monumental <em>Los Buddenbrook, </em>la decadencia de una familia concluida en los primeros meses del nuevo siglo. El joven Mann novela en <em>Los Buddenbrook</em> la vida y peripecias de una saga familiar de la alta burguesía de una ciudad parecida a Lübeck, su ciudad natal. En realidad es una mirada sobre su propia familia. La casa juega un importante papel en la historia, es la representación del esplendor familiar, pero también del declive de esta familia burguesa. Cuando la tercera generación se desprenda de ella, la decadencia cerrará el horizonte, y en la cuarta generación, sin apenas descendientes, no quedará sujeción para sus emblemas y fidelidades. </p><p>Un antiguo pero magnífico artículo de <strong>Jacobo Muñoz</strong> (<em>Revista de Occidente</em>, nº17, marzo de 1977), recogía y explicaba extensamente esa idea tan nietzscheana de la decadencia que envuelve la producción de Mann: el declive de esa burguesía industrial del XIX. Hay en Thomas Mann  “una idea regulativa no exenta de rasgos utópicos: la del humanismo burgués patricio, con su sistema de valores y la realización de estos en unas determinadas formas de vida cotidiana, con su moral puritana del deber, de la disciplina vital y de la responsabilidad cívica y profesional, con su apreciación positiva del sereno ejercicio de una intimidad al resguardo del poder, de la mesura y del 'justo medio', con su valoración, en fin, de la cultura, en el complejo sentido del término alemán <em>Bildung</em>, como uno de sus grandes pilares, siendo el otro, lógicamente, el privilegio material heredado y asumido como algo cuya posesión se sobreentiende a la manera de un hecho natural. El humanismo intimista y apolítico, contemplativo y atomizado, desde luego del <em>Bürger </em>específicamente alemán, no el del <em>citoyen </em>de la tradición democrática y revolucionaria francesa, ni menos del <em>bourgeois </em>de la era imperialista”. Y ponía de relieve las virtudes de ese burgués en declive: “El orden, la constancia, el sosiego, la laboriosidad. Una existencia en la que lo ético prevalezca, en una palabra, sobre lo estético, con vistas a la perfección de la obra, esa obra que debe ser 'bien hecha', independientemente de su naturaleza, esto es, tanto si se trata de la gestión de una empresa familiar como si lo que está en juego es la composición de una sinfonía o el desarrollo de un ciclo novelístico”. </p><p>Mann no ve ahí una característica histórico-burguesa, sino un imperativo ético, cuyo origen sitúa en el medioevo alemán. Es la gran aportación del pueblo alemán a lo universal: una constante desde el minucioso y tenaz maestro medieval hasta el intelectual comprometido éticamente con la vida y el destino universal humano. En esto, Nietzsche es referencia crítica esencial: “Mi experiencia de Nietzsche representó el presupuesto de un periodo de pensamiento conservador  que acabó en mí hacia la época de la guerra: pero, en última instancia, me dotó de la capacidad de resistir todos los encantos de un romanticismo malo, que pueden brotar, y que todavía hoy surge en tantos sentidos, de una valoración no-humana de las relaciones entre vida y espíritu”. Su influencia se deja sentir especialmente en <em>Consideraciones de un apolítico</em> (comenzada en 1910).</p><p>Pero estas relaciones entre la vida y el espíritu, tras la guerra, encontraron una mediación política. En 1922,  en una conferencia pronunciada en Berlín (“Sobre la República Alemana”) aflora la transformación: “La república es nuestro destino”. El intelectual se ha comprometido políticamente. Sánchez Pascual anota: “Su subterránea evolución espiritual desde el fin de la guerra saltó aquí a la luz pública de una manera clamorosa, produciendo desconcierto. Desde este instante se convierte, ya hasta el final de sus días, en un 'hombre político”. Mann se aproxima a las tesis del socialismo y, ya en el exilio, se convertirá en símbolo de la resistencia en Europa frente al nazismo. Cuando el decano de la universidad de Bonn le comunique que se le ha retirado el doctorado <em>honoris causa</em>, su carta de respuesta (31 diciembre 1936) adquirirá una repercusión inusitada y, como afirma Sánchez Pascual, “desde este momento se convierte en la cabeza de la lucha intelectual contra <strong>Hitler </strong>desde el exilio”. En abril de 1938, en su ensayo <em>Hermano Hitler</em>, escribe: </p><p><em>“Absolutamente malogrado, [Hitler] se vincula a los sentimientos de inferioridad (mucho menos justificados) de un pueblo derrotado que no acierta a sacarle partido alguno a su derrota y que sólo aspira a recomponer su 'honor'; la manera en la que él, que no ha aprendido nada, que debido a una arrogancia obcecada se ha negado a aprender nunca nada, que tampoco entiende ni un ápice de esas cosas técnicas o físicas que normalmente saben hacer los hombres, como montar a caballo, conducir un automóvil, ni siquiera engendrar un niño, desarrolla precisamente eso que hace falta para establecer esa vinculación: una elocuencia de pésima calaña, pero efectista para las masas; una herramienta toscamente histérica propia de comediante, con la que hurga en la herida de su pueblo, lo conmueve al anunciarle su grandeza ofendida, lo aturde con promesas y convierte la enfermedad anímica de la nación en el vehículo de su grandeza, de su ascenso a unas alturas de ensueño, a un poder ilimitado, a unas satisfacciones excesivas y monstruosas”.</em></p><p>Mann considera labor imprescindible frente a la barbarie nazi salvaguardar los valores y la esencia del espíritu alemán. Hace continuas giras pronunciando conferencias sobre <strong>Wagner</strong>, sobre Nietzsche, profundiza en <strong>Goethe</strong>. Trata de recuperar ese legado arrebatárselo a los ideólogos nazis. Ni Nietzsche ni Wagner pueden ser pervertidos por los bárbaros. Él hará causa de ese legado.  “No me doblegaré jamás a la barbarie nazi. Prefiero morir en el exilio a pactar con ella”, le decía a su hermano <strong>Viktor</strong>. Wagner es un gran músico, pero ante todo es un creador de mitos. Y bajo el mito sabe mezclar lo atávico con el anhelo moderno de profundidad psicoanalítica. “Nunca olvidaré –confiesa— las horas de profunda y solitaria dicha en medio de la muchedumbre del teatro, horas repletas de temblores y exaltaciones de los nervios y del intelecto, de iniciación a trascendencias conmovedoras y grandiosas como solo las concede este arte”.</p><p>En una ocasión, Wagner pensó hacer una comedia sobre <em>Las bodas de Lutero</em>, pero abandonó la idea para disgusto de Nietzsche. Se trataba de unir la sensualidad y la castidad ante el <em>daimon </em>que anegaba los nuevos tiempos inaugurados con la guerra (la franco-prusiana, en 1870). El arte es ya para Nietzsche morada donde “la mentira se santifica” y “la voluntad de engaño” se siente impulsada por la buena conciencia. Ello debe combatirse con el ascetismo. Esta idea de Nietzsche guarda estrecha relación con el ideal del burgués laborioso e intimista de Mann. En la primavera del año de su muerte (1955), Mann andaba ocupado en la composición de <em>Las bodas de Lutero</em>. Siguiendo a Nietzsche, había desmontado el prejuicio benevolente de la unión de arte y vida. Sólo la música puede fundir significante y significado en una unidad indiscernible. Unión soberbia, cuerpo incumbido, <em>bios </em>enlazado a la significación que alcanza su cenit en la música. Pero la palabra, como reconocía el filósofo, ya es música rudimentaria. Nietzsche había hecho emerger el lenguaje de la música del impulso primero que mueve al cuerpo en danza. La música no se puede subordinar a la palabra, al libreto de ópera o a la balada, es originaria. Por eso, Mann quiere hacer de su <em>Montaña mágica </em>una obra musical. <strong>Blas Matamoro</strong>, en<em> Thomas Mann y la música </em>afirma que  <em>La montaña mágica</em> y <em>Tonio Kröger </em>presentan la forma de una sinfonía. Su serie novelesca <em>José y sus hermanos</em> es una tetralogía al modo wagneriano. Y <em>Doktor Faustus</em> bien podría representar una fuga con sus dos temas, su divertimento y su remate.</p><p>El buen escritor formaliza, modula, cambia el lenguaje con su ritmo, con la musicalidad interna de sus textos. Cuando la multiplicidad del lenguaje afecta al arte, lo aleja de esa unidad soñada, pero la música puede crear nuevos caminos al sentido, puede  ampliar los registros del don y la ofrenda cultural. En <em>Doktor Faustus. La vida del compositor alemán Adrian Leverkühn contada por un amigo </em>buscará ese don, esa apertura que facilita la dimensión formal musical de la escritura. </p><p>Mann, <em>el Mago</em>, como cariñosamente le llama su familia, leía los textos de viva voz, modulando su música interior. Cuando pronunció su famoso discurso sobre <strong>Schiller</strong>, su hija Erika anotó en su cuaderno: “Al final el auditorio se levantó de sus asientos como un solo hombre; gentes desconocidas, que habían seguido el discurso por radio, confesaron luego por carta que habían llorado al escucharlo; otros escribieron que se pusieron a escucharlo dispuestos a rechazarlo de plano no sólo porque no les gustaba, sino además, porque lo consideraban, en especial, completamente incapaz de hacer justicia al genio de Schiller. Estos pedían perdón por su desconfianza, de la que T.M. nada sabía”.</p><p>Mann no sólo es artista, es también político, en el sentido de “la gran política”. El papel del intelectual lo concibe Mann desde una óptica universalista y comunitaria, por más que Alemania haya aportado sus valores esenciales al reeditar a Grecia. No es sólo la obra de Goethe, de Schiller, de Wagner o de Nietzsche, es también la organicidad de las instituciones, las que logran la <em>Kultur</em>. Mann experimenta el acogimiento de dichas instituciones, que lo halagan y amplían sus efectos. Buscan también la rentabilidad política en sus figuras nacionales. Baste señalar la asistencia al homenaje en la fiesta de Kilchberg, en la que le concedieron un doctorado <em>honoris causa</em> de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, de manos del senador de la DDR Dehnkamp, entonces presidente del Consejo Permanente de los Ministros de Asuntos Culturales. Fue, nos dice Erika Mann, “en nombre de sus colegas de todas las regiones de 'Alemania Federal”. Todo un “Consejo Permanente de Ministros de Asuntos Culturales” arropando al intelectual, cuya palabra pesaba en toda Europa y ganaba influencia en Estados Unidos. Nada que ver con el lugar que la sociedad actual cede al intelectual. Hoy las instituciones culturales, ya globalizadas, arrasadas, persiguen indigentes el beneficio y la rentabilidad económica o, en el mejor de los casos, la pura supervivencia como centros de formación e investigación. </p><p>Mann tenía una idea ilustrada, universal de la responsabilidad del intelectual. En el último año de su vida quiso formar “un pequeño número de personalidades destacadas –poetas, historiadores, filósofos, gentes conocidas en la esfera humanística— que dirigirían en común una llamada y una advertencia a los gobiernos y a los pueblos de la tierra”, según Erika Mann. Entre las personalidades contactadas estaba el prestigioso historiador <strong>Toynbee</strong>. Éste excusó su participación argumentado que “el espíritu no debe mezclarse” en asuntos en los que —profesionalmente— no era competente y cuya responsabilidad no sería capaz de asumir en un “caso grave”. La era de la especialización y de la profesionalización de la política había comenzado, y con ella el desentendimiento apolítico y el ocaso de la polis. Al fondo, el cisne entonaba su canto: el del intelectual humanista. </p><p><em>*Sergio Hinojosa es profesor de Filosofía.</em></p><p><strong>Sergio Hinojosa</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sergio Hinojosa]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Relato de mi vida’, de Thomas Mann]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Premios Nobel,Los diablos azules número 32]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘El rumor de la frontera’, de Alfonso Armada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/rumor-frontera-alfonso-armada_1_1131064.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9e2c6c3b-ac5b-42e5-a4cd-2e3f86faae36_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El rumor de la frontera’, de Alfonso Armada"></p><p><strong>El rumor de la frontera. Viaje por el borde entre Estados Unidos y México</strong><strong>Alfonso ArmadaFotografías de Corina ArranzPenínsulaBarcelona2016</strong></p><p>¿Cuál es el rumor de la frontera, sobre todo de una tan compleja y terrible como la que separa México y Estados Unidos? En el prólogo a la reciente edición del libro (la primera es de 2006), <strong>Alfonso Armada </strong>alude a la obra de <strong>Svetlana Alexiévich</strong> y recalca la necesidad de "escuchar más: las voces de los otros, la voz de los ríos, la voz de los animales, la voz del viento entre los árboles". El autor, que cita varias veces a <strong>Cormac McCarthy </strong>y <em>2666 </em>de <strong>Roberto Bolaño</strong>, afirma que la frontera está íntimamente ligada a la condición del extravío, y sólo la compasión puede impedir que este sea total: "En la medida que dejamos de lado la compasión nos extraviamos. Perdemos el sentido de viaje. Nuestra brújula". </p><p>Para dar cuenta de una cartografía física y humana estremecedora el autor une en la belleza sobria del lenguaje y el pulso ágil de la narración su doble dimensión de periodista y poeta. El libro sigue la estela de los extraordinarios testimonios recogidos en <em>Sarajevo</em>. <em>Diarios de la guerra de Bosnia</em> (Malpaso, 2015, prólogo de Clara Usón), donde Alfonso Armada reunía las sobrecogedoras crónicas del conflicto que sacudió Bosnia a principios de los noventa. Si <em>Sarajevo </em>contaba con las magníficas fotografías de <strong>Gervasio Sánchez</strong>, <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-el-rumor-de-la-frontera/213427" target="_blank"><em>El rumor de la frontera</em></a> se completa con las hermosas y expresivas de <strong>Corina Arranz</strong>. </p><p>El viaje empieza en San Antonio, donde se ofrece la dudosa atracción de experimentar por un dólar una descarga no letal en un artefacto que imita la silla eléctrica. Sigue por Goliad, Corpus Christi, Brownsville, Matamoros y Reynosa. En este último lugar aparecen las figuras de <strong>Agustín Lozano</strong> y<strong> Heriberto Deándar Martínez</strong>, directores del diario independiente <em>El Mañana</em>, y se evoca al periodista <strong>Roberto Mora García</strong>, asesinado a puñaladas por atreverse a denunciar los lazos entre el narcotráfico y las autoridades. "Ser periodista en el norte de México, en todo México –lo saben los vivos porque lo leyeron en el cadáver de los compañeros muertos– es jugarse el tipo", vivir bajo la amenaza de la sombra siniestra del "narcopoder". Lo sabe bien <strong>Ninfa Deándar</strong>, editora de <em>El Mañana de Nuevo Laredo</em>, lugar donde florece el culto tenebroso y la parafernalia de la Santísima Muerte. </p><p>Una crónica especialmente sobrecogedora es "1.37 PM en El Cenizo, 9.37 PM en Irak". En El Cenizo, un villorio de Texas en las afueras de Laredo, viven<strong> Juana Velasco </strong>y <strong>Rodrigo Rodríguez</strong>, los padres de <strong>Juan Rodríguez Velasco</strong>, muerto en la guerra de Irak, en la que se alistó para escapar de la pobreza. Conservan la ropa de su hijo, concienzudamente lavada por el ejército hasta quitarle el último rastro de olor, y su reloj, que sigue marcando dos horas, la de El Cenizo y la de Irak. Las páginas dedicadas a Ciudad Juárez muestran el horror de esta "geografía del mal" y el feminicidio, donde madres como <strong>Julia Caldera</strong> y <strong>Norma Andrade</strong> buscan justicia para sus hijas secuestradas, violadas y asesinadas. <strong>Sergio González Rodríguez</strong>, autor de <em>Huesos en el desierto</em> (Anagrama, 1992), periodista amenazado y golpeado por empeñarse en llegar a la verdad, afirma disponer de documentos y testimonios que prueban que algunos homicidios fueron perpetrados durante orgías sexuales por asesinos protegidos por miembros de diferentes cuerpos policiales en complicidad con personas poderosas, en una red que vuelve a unir droga, contrabando y poder. </p><p>"Morir no entra en los planes de la gente", un texto de contenida emoción y belleza, relata la detención de un grupo de emigrantes que se entregan a la policía fronteriza cerca de Nogales, Arizona, después de 16horas de camino en busca del sueño americano. La tierra de la frontera es "seca y dura, llena de estrías", advirtiendo así de la dureza que sigue a los sueños estrellados, que muchas veces acaban con la muerte. "No olvidado" es la inscripción que en el cementerio de Holtville, California, se graba sobre unas sencillas cruces blancas, en las tumbas de los emigrantes muertos mientras intentan cruzar la frontera, este "animal terrible" que termina en las aguas del Pacífico, en la playa de Tijuana, bajo la forma de una barrera de hierro oxidado, "tan viejo y carcomido que parece una lección de prehistoria política". </p><p>La galería humana de <em>El rumor de la frontera</em> abarca un muestrario ilustrador de la condición humana: periodistas independientes en un país donde esto implica arriesgar la vida, madres y activistas que luchan por romper la impunidad de los asesinos de sus hijas, abogados como <strong>Sergio Dante Almaraz</strong>, asesinado al año siguiente del viaje por empeñarse en buscar la verdad de unos crímenes atroces, mujeres explotadas en las maquiladoras (espacios que conjugan tecnología punta y pobreza extrema), pero también iluminados <em>minutemen</em>, voluntarios dispuestos a vigilar –armados– la frontera para impedir el paso de los mexicanos o niñas como Jessie Jones, abrazada en San Diego a sus perros y a su desamparo. No en vano el nombre de <strong>Chéjov </strong>aparece varias veces en <em>El rumor de la frontera</em>. El libro termina con "La canción del ocotillo", que reúne varios poemas de Armada fechados a lo largo del viaje en distintos lugares recorridos. En sus versos se busca "un rumor que explique el mundo" y se formula una interpelación fundamental: "¿Qué pretendes cuando escribes?/ ¿Para quién?/ ¿Por qué?". A la pregunta que ha guiado todo el viaje, "¿Qué dice el rumor de la frontera?", el autor responde la verdad: "El rumor es aquí/ como un cuchillo". La herida y el desgarro forman la condición de la frontera en un libro hermoso, estremecedor y necesario. </p><p><em>*Ioana Gruia es escritora y profesora de Literatura.</em><strong>Ioana Gruia</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ioana Gruia]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘El rumor de la frontera’, de Alfonso Armada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Estados Unidos,Inmigración,Libros,México,Periodismo,Conflictos fronterizos,Los diablos azules número 32]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Entre obreros y sociópatas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/obreros-sociopatas_1_1131056.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ae07c0a4-0824-4a20-9b48-3afb393098a2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Entre obreros y sociópatas"></p><p><em><strong>María Macchia</strong></em><em> y Pino Maio, libreros de Enclave de Libros (Madrid), recomiendan algunos de los títulos que más les han interesado en los últimos meses. </em><strong>Pino Maio</strong> </p><p><strong>Almas al trabajo</strong></p><p><strong> Franco Berardi, BifoEnclaveMadrid2016</strong></p><p>“El alma es el cuerpo como intención, apertura hacia el otro, encuentro, sufrimiento y goce. El alma es devenir-otro: reflexión, conciencia, sensibilidad” (Bifo).</p><p>La explotación del trabajo industrial se ejecutaba sobre los cuerpos, los músculos, los brazos. Hoy se realiza sobre el lenguaje, la inteligencia, los afectos. Vivimos en la época del alma puesta a trabajar. ¿Cuáles son los efectos patógenos –en la vida, las relaciones, la autonomía— de esta captura de la esfera más íntima del sujeto por parte del capital? ¿Qué queda del pensamiento crítico en su relación con las transformaciones del trabajo y de la tecnología en las últimas décadas? En el panorama filosófico de los años sesenta y setenta, el proceso de subsunción del trabajo ha sido definido a partir del concepto hegeliano de alienación.</p><p>El <em>obrerismo </em>italiano invirtió esta perspectiva, sustituyendo la noción de <em>trabajo alienado </em>por la noción de <em>extrañamiento</em>, es decir, de alienación <em>activa </em>con respecto al trabajo, de rechazo y sustracción voluntaria en aras de una recomposición social que imagine el pasaje crucial desde la condición pasiva del trabajo explotado hacia la condición de agente histórico transformador.</p><p><strong>La generación de las circunstancias </strong></p><p><strong> Andrzej Strug EutelequiaMadrid2016</strong></p><p>El joven Marek Swida debe luchar en dos frentes: el político, la Gran Guerra, la independencia de Polonia, la lucha contra los bolcheviques; y el propio, quién quiere ser y el amor por dos mujeres. Novela que comporta los mismas temas que <em>Preprimavera polaca</em>,de <strong>Zeromski</strong>. <strong>Strug </strong>nos hace testigos del valor de los jóvenes que luchan con entusiasmo por su país, la corrupción de su tiempo, el desatino por conocer su futuro y la lucha por el verdadero amor. Intriga y amor, con un final sorprendente.</p><p><strong>El Bajísimo</strong></p><p><strong> Christian BobinEl gallo de oroBilbao2016</strong></p><p>A pesar de lo que puede sugerir ese título, el Bajísimo es Dios, según se indica cuando se cuenta el cambio de vida de <strong>San Francisco de Asís</strong>: "Ni Dios padre con sus tambores, ni el Altísimo con su voz de rayo. Sólo el Bajísimo que susurra al oído del durmiente, que habla como sólo él puede hablar: en voz muy baja. Un jirón de sueño. El piar de un gorrión. Y eso basta para que Francisco renuncie a sus conquistas y regrese a su país. Unas palabras llenas de sombra pueden cambiar la vida". "<strong>Christian Bobin</strong> es para mí el escritor más grande de su generación, que es la mía, el más dotado, el más original, el más libre —al margen de las modas—; uno de esos raros escritores que nos ayudan a vivir", <strong>André Comte-Sponville.</strong></p><p><strong>Por qué nos encantan los sociópatas </strong></p><p><strong> Adam KotskoMelusinaMadrid2016</strong></p><p>El personaje sociópata es una constante en las series de televisión estadounidenses más recientes, y parece que el público siempre quiere más. <strong>Kotsko </strong>analiza las razones que nos llevan a envidiar y admirar a estos personajes: el éxito del sociópata reverbera como una señal de inadecuación a las normas sociales imperantes. ¿Por qué entonces se ha aceptado su figura como heroica? ¿Qué dice de nuestra sociedad que se ensalcen figuras tan moralmente reprobables? El autor defiende en este lúcido ensayo que su presencia es el reflejo de nuestra insatisfacción, en el contexto del tardo-capitalismo, con un contrato social que hace aguas por todos lados, en un mundo que tiende a recompensar la maldad y la destrucción.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Enclave de Libros en la calle Relatores, 16 de Madrid o en su </em><strong>Enclave de Libros</strong><a href="http://enclavedelibros.blogspot.com" target="_blank">página web</a><em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Enclave de Libros]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Entre obreros y sociópatas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Librerías,Libreros,Libros,Literatura,Los diablos azules número 32]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[Apocalipsis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/apocalipsis_1_1131055.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4e5a92a7-b4b2-4981-9d9e-536528861241_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Apocalipsis"></p><p><em>(Empieza José Manuel Fajardo)</em><strong> José Manuel Fajardo</strong></p><p>Apocalipsis Guzmán. Menudo nombre. Hay que tener algo en contra de una criatura para llamarla así, algo personal, digo yo. Pero si no está claro el porqué, al menos se sabe quién tuvo la culpa: su padre. Sobre los motivos sólo cabe especular. El padre de Apocalipsis odiaba al mundo entero, sin distinciones. En eso hay un acuerdo general. Quizá también a su propio hijo. No es que fuera un mal tipo, es que no tenía corazón. No sé si me explico: no había matado a nadie, tampoco era violento, en realidad no era nada y a lo mejor ahí estaba el problema. Ni alto ni bajo ni bueno ni malo ni tonto ni listo. Nada. Todo lo que sucedía en su vida parecía haber sido dictado en alguna oficina y a él le llegaba en forma de resolución. La gente le amaba o le detestaba sin que hubiera afecto ni afrenta por su parte. Perdía los trabajos sin ninguna razón y los conseguía de igual modo. Sin méritos ni faltas. De esa misma manera dejó embarazada a la madre de Apocalipsis. Sin querer y sin remedio. Fue un polvo rápido después de una noche de discoteca, y seis meses después le llegó el aviso de que ella estaba encinta y decidida a tener el niño. Otro día, una llamada telefónica le comunicó que acababa de ser padre y que su deber era reconocer a su hijo. Él iba a cumplir treinta y tres años y ya tenía la sensación de estar llegando al final de su vida. Dar su apellido a un hijo no era una mala manera de perpetuarse. Sin embargo, por una vez quiso tener la última palabra. De acuerdo, lo iba a reconocer, concedió, pero con la condición de que fuera él quien le pusiera nombre. ¿A quién se le iba ocurrir que elegiría el de Apocalipsis? Desde luego, a la madre no. Cuando se lo dijo, ella protestó que eso no era nombre de persona sino una canallada. ¿No se daba cuenta de que el niño iba a ser el hazmerreír de la escuela? Pero él no se dejó convencer. Va a producir más miedo que risa, respondió, a mi hijo se lo van a tomar en serio. Esa fue la única vez que acertó en su vida y por partida doble, pues la premonición de que el tiempo se le acababa resultó ser cierta: apenas tres meses más tarde moría fulminado por un cáncer de páncreas. Y Apocalipsis resultó ser temible.</p><p>A mí se me pueden reprochar muchas cosas, pero no que sea mentiroso. Lo que les cuento es tan cierto como que nací en Madrid y viví allí hasta que me dio por irme a Puerto Rico, a los veinticinco años de edad, tras la muerte de mi madre. Son ideas que la muerte le mete a uno en la cabeza. Me crié pues lejos de las palabras calientes de la isla, lejos del sonido de algodón de sus brisas y los atardeceres lánguidos a la sombra de los mangós, pero no me costó acostumbrarme a todo ello. Dejar Madrid por el Caribe no es el mayor sacrificio del mundo. Renté departamento en Condado, porque tenía plata. Ya sé que ese barrio es de mentira, una vidriera linda para encantar a los turistas. Mejor así, cuando se tiene un trabajo como el que yo elegí, abogado de causas perdidas, al llegar hay que sacar la cabeza de la mierda o uno termina por formar parte de aquellos a los que está tratando de ayudar a salir de ella.</p><p>Fue por mi trabajo que conocí a Apocalipsis. No es que él viniera a pedirme que le sacara de la mierda, su vida le parecía cualquier cosa menos eso: a quien yo tenía que ayudar era a un amigo suyo, Sweetie Álvarez, otro con un nombrecito que parece un castigo. Siempre he pensado que en la isla son muy creativos. En su descargo hay que decir que en realidad se llamaba Robert, lo de <em>Sweetie </em>era un apodo que no se sabía quién le había puesto. Para unos, su madre, que siempre fue muy consentidora. Para otros, sus novias, que fueron muchas. Y para sus enemigos, los presos de la penitenciaría estatal de Oso Blanco, que hacían uso de sus encantos corporales por turnos. A mí no me consta ninguna de las tres hipótesis y habiéndole conocido puedo testimoniar que no era dulce ni agraciado y sus maneras conmigo siempre fueron del tipo brutal, incluida alguna agarrada de cuello y una tendencia a los puños que en una ocasión me dejó con el labio superior amoratado y una pésima opinión de mi posible cliente. Pero Apocalipsis decía que Álvarez era su <em>brother </em>del alma, y el cheque con el que respaldó esa amistad me convenció para hacerme cargo del caso.</p><p><em>(Continuará Santiago Gamboa)</em><strong>Santiago Gamboa</strong></p><p><em>*José Manuel Fajardo es escritor, periodista y traductor. Su último libro es </em><strong>José Manuel Fajardo</strong><a href="http://www.edhasa.es/libros/libro.php?id=22686&l=Mi+nombre+es+Jamaica&t=Novela+hist%C3%B3rica&a=Fajardo%2C+Jos%C3%A9+Manuel&e=Edhasa&c=Narrativas+hist" target="_blank">Mi nombre es Jamaica</a><em> (Edhasa, 2015).  </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Manuel Fajardo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Apocalipsis]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 32]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Primera visita al zoo”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/primera-visita-zoo_1_1131046.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c4e19dc2-39ac-4ca4-9797-3a4510ae1a5e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Primera visita al zoo”"></p><p><strong> Josep M. Rodríguez recita su poema “Primera visita al zoo”.Primera visita al zoo</strong></p><p>Tenía doce años y mi madre</p><p>me regalaba un mundo para mí:</p><p>‒¿Si la tristeza fuese un animal?</p><p>‒Si la tristeza fuese un animal...</p><p>pues un escarabajo.</p><p>Y entonces le contaba que había días</p><p>en que ese escarabajo fabricaba</p><p>una bola muy grande en mi garganta.</p><p>Los ojos de mi madre eran de búho.</p><p>Parecía entenderme sin hablar.</p><p>‒¿Y cómo te imaginas ser mayor?</p><p>No sé qué respondí,</p><p>tenía doce años:</p><p>aún no comprendía que crecer</p><p>es ir al zoo</p><p>                    y sólo ver barrotes.</p><p>Del libro <em>Arquitectura yo </em>(Visor, 2012).</p><p><em>*Josep M. Rodríguez es poeta, editor y crítico literario. Su último poemario publicado es </em><strong>Josep M. Rodríguez</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/arquitectura-yo.html" target="_blank">Arquitectura yo</a><em> (Visor, 2012). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Josep M. Rodríguez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[“Primera visita al zoo”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 32]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Angelina Gatell con Vietnam]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/angelina-gatell-vietnam_1_1131041.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/15e2f6b6-7738-4afe-886d-52083358250c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Angelina Gatell con Vietnam"></p><p>A mediados de enero de 1968 la poeta <strong>Angelina Gatell</strong> recibió el encargo del PCE de recopilar una antología de poemas en apoyo al pueblo vietnamita, que llevaba décadas en lucha contra el imperialismo, francés primero y estadounidense después. La idea de hacer un libro contra la guerra de Vietnam, al modo del<em> España canta a Cuba</em> que en 1962 expresó el apoyo de los poetas españoles a la revolución cubana, surgió durante la celebración del Congreso Cultural de La Habana, celebrado entre el 4 y el 11 de enero, que tuvo al Vietcom como invitado especial. Allí participó una nutrida representación de escritores y artistas españoles antifranquistas, entre los que se contaron <strong>José Manuel Caballero Bonald</strong>, <strong>José Ángel Valente</strong>, <strong>Luis Goytisolo</strong>, <strong>Juan García Hortelano</strong>, <strong>Jaime Gil de Biedma</strong>, <strong>Félix Grande</strong>,<strong> Juan Antonio Bardem</strong>, <strong>Alfonso Sastre</strong> y <strong>Eva Forest</strong>, <strong>Antonio Eceiza</strong>, <strong>José María Castellet</strong>, <strong>José María Moreno Galván</strong>, <strong>Luis de Pablo</strong>, <strong>Gabriel Celaya</strong> y <strong>Amparo Gastón</strong>, etc. Desde el exilio acudieron<strong> Adolfo Sánchez Vázquez</strong>, <strong>José Bergamín</strong>, <strong>Jorge Semprún </strong>y <strong>José Martínez</strong>, editor de Ruedo Ibérico. </p><p>No había persona más idónea. En el ambiente poético todos la apreciaban como organizadora con <strong>José Hierro</strong> —con quien tenía una gran amistad desde la Valencia de 1945— , <strong>Aurora de Albornoz </strong>y <strong>José G. Manrique de Lara</strong> de la tertulia Plaza Mayor en la librería Abril, foro poético de mucho prestigio. Por su lengua materna era de confianza para los poetas catalanes, y colaboraba con <strong>Carmen Conde </strong>en la preparación de la antología <em>Poesía femenina española</em> (1950-1960), por lo que se relacionaba con las poetas de toda España. Además, su compromiso político desde la adolescencia le acreditaba sobradamente para la tarea. Ella fue firmante de la célebre carta de los 103 intelectuales al ministro <strong>Fraga </strong>en protesta por la represión de los mineros asturianos y de sus mujeres en 1963. Todos esos rasgos de su perfil se manifiestan en el resultado final: una antología abundante y ecléctica, pues entre los autores reunidos encontramos gran variedad personal, temática y formal.</p><p>Es cierto que la labor recolectora de Angelina Gatell se vio muy favorecida por el rechazo casi unánime de la sociedad española y sus poetas a una guerra sentida como injusta y genocida. Verdad es que se trataba de una guerra muy lejana, en el otro lado del mundo, pero no lo es menos que resultó muy próxima porque la televisión introducía en los hogares todos los días imágenes de bombardeos, de pueblos y selvas devastados por el napalm o de matanzas de civiles como la de My Lai, aldea arrasada por las tropas norteamericanas, que violaron a mujeres y niñas y asesinaron a cientos de personas en marzo de 1968.</p><p>Los hay de todas las promociones, desde <strong>Diego</strong>, <strong>Aleixandre </strong>y <strong>Alberti </strong>a <strong>Parcerisas</strong>, <strong>Diéguez </strong>y <strong>Barnatán</strong>, pasando por las varias de posguerra (<strong>Gallego</strong>, <strong>Otero</strong>, <strong>Celaya</strong>, Valente, Caballero Bonald, Grande, etc.). Es notable la abundancia de poetas catalanes y gallegos y la participación de autoras. No menos notable es la diversidad formal que presentan, desde la clásica estructura de los sonetos y las liras o la popular de las coplas a la libertad versal de la mayoría y, en el extremo, la experimentación visual, tan novedosa entonces, de <strong>Novoneyra</strong>. También la perspectiva con que los textos encaran el tema de la guerra es muy diversa, desde la religiosidad del poema navideño a la empatía por el sufrimiento personal de los más indefensos, niños y ancianos, y el planteamiento abiertamente político de la mayoría. Se trata de una antología integradora que acoge a poetas tan diferentes en todos los sentidos como los hermanos <strong>Murciano </strong>y <strong>Carlos Álvarez</strong> o<strong> José Luis Gallego</strong>, que sufrieron largos años de cárcel por su actividad antifranquista.</p><p>El contenido político de la antología retrajo a editoriales como Aguilar y Alfaguara, que no dejaron de reconocer su interés, y finalmente aceptó publicarla Ciencia Nueva, cuyos socios y gestores militaban en el Partido Comunista o estaban muy cerca y tenían experiencia en lidiar con los procedimientos arbitrarios de la censura. La solicitud se presentó en el Ministerio de Información y Turismo con el título <em>Con Vietnam</em> el 14 de septiembre de 1968 firmada por <strong>Vicenta Fernández Montesinos</strong>, sobrina de <strong>Federico García Lorca</strong>, porque era la menos identificable con el PCE de todos los socios de la empresa. </p><p>Aunque los informes de los censores subrayaron en rojo como suprimibles todas las referencias que pudieran interpretarse como denuncia de la opresión de Cataluña y Galicia por el Estado franquista a semejanza de la ocupación de Vietnam por la invasión de EE UU —y no eran pocas— y cualquier mención en vano de la palabra Dios —como era norma habitual en ese trámite—, el veredicto final fue que podía publicarse con la supresión o modificación de los versos, estrofas o poemas señalados, pues si en EE UU se publicaban poemas de ese tenor, no convenía ser “más papistas que el Papa”. No obstante, la situación política española se deterioraba mucho en esos meses de finales de 1968: se extendían las huelgas y manifestaciones de obreros y estudiantes; los campus universitarios eran escenarios de escaramuzas con los grises diariamente y la represión policial crecía exponencialmente. El Gobierno acabó decretando el estado de excepción el 24 de enero de 1969, el primero en todo el territorio nacional; y la primera consecuencia fue el endurecimiento de la censura. La antología fue prohibida cuatro días más tarde y la editorial cerrada poco después. </p><p>El azar que tanto hemos experimentado los investigadores ha permitido que aquellas páginas <em>fosilizadas </em>en la Caja 21/19216, expediente 7620/68 de la sección Censura del Ministerio de Información y Turismo, del que era titular Manuel Fraga Iribarne, futuro <em>demócratadetodalavida </em>y fundador del Partido Popular, fueran encontradas y hayan salido a la luz<a href="http://www.visor-libros.com/tienda/colecciones/coleccion-visor-de-poesia-1/con-vietnam-1968.html" target="_blank"> en una edición</a> que procura contextualizar aquellos poemas con las cartas en que los enviaron sus autores. Una edición que tiene un interés variado: por una parte, salvar del olvido textos que en muchos casos, perdida la oportunidad para la que fueron creados, sus autores no incluyeron después en ningún libro; por otra, documentar el intenso activismo político de la poesía de la época, en el que confluían desde estéticas muy diversas escritores en castellano, gallego, catalán y eusquera; y, por fin, además contribuye a rescatar y reconocer la excelente labor de activismo poético llevada a cabo por Angelina Gatell, autora de una obra recientemente reconocida y militante ejemplar en la dura causa del antifascismo. En una modesta dimensión se trata de una victoria retroactiva contra la sinrazón del totalitarismo.</p><p><em>*Julio Neira es profesor de Literatura y ha sido el encargado de la edición de </em><strong>Julio Neira</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/colecciones/coleccion-visor-de-poesia-1/con-vietnam-1968.html" target="_blank">Con Vietnam</a> <em>(Visor, 2016)</em><em>.</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Julio Neira]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Angelina Gatell con Vietnam]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 32]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘El amor del revés’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/amor-reves_1_1131037.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/948ce7d1-1674-4c6a-852c-b27909d9c2c0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El amor del revés’"></p><p><strong>Luisgé Martín</strong> ha hecho en su último libro un viaje al norte o al sur de su conciencia, un viaje que supone al mismo tiempo un ejercicio literario. <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/el-amor-del-reves/9788433998194/NH_571" target="_blank"><em>El amor del revés</em></a><em> </em>(Anagrama, 2016) no es sólo una historia de las negociaciones del autor con su propia homosexualidad. Es también una meditación en la que se encarnan el narcisismo, el egoísmo, la megalomanía, el exceso y la pedantería. Ese es su valor, el éxito de su riesgo.</p><p>El hilo biográfico de <em>El amor del revés</em> cuenta la historia de un hombre que sufre desde 1977 el descubrimiento de su homosexualidad, con sentimientos de cucaracha ante una condición miserable, y que acaba felizmente casado en el 2006 con otro hombre, sintiéndose al fin orgulloso de su deseo. Cuenta también un proceso de vinculación ética y de calado político cuando las alcobas y la eyaculación se convierten en barricadas: “Había estado durante años tratando de salvar mi propia vida y de repente me di cuenta de que no es posible nunca salvar una vida a solas”.</p><p>Pero sobre ese hilo biográfico saltan muchas cosas y las situaciones se llenan de matices o de laberintos trazados en una intimidad. Como se nos recuerda en estas memorias, “la sexualidad representa la piedra angular del edificio de la personalidad y (…) esa piedra debe sostener los arcos y las bóvedas, los muros recios y las paredes finas, las columnas y las techumbres”. La elaboración de un carácter se parece mucho a un tratado de arquitectura. De esto trata <em>El amor del revés</em>.</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/09/30/luisge_martin_quot_autor_tiene_que_estar_siempre_desnudo_quot_55483_1821.html" target="_blank"> El autor confiesa a lo largo de la narración</a> su horizonte literario. Recuerda la admiración que siente por <strong>Michel Leiris</strong>, autor que convirtió “la mayor parte de su obra en una obstinación biográfica” y que optó por una sinceridad absoluta, asumiendo el riesgo de que el lector encontrase el lado vergonzoso e infame del autor. La verdadera literatura comprometida es en esta tradición la que compromete al autor.</p><p>El examen de conciencia sobre el pasado homosexual es un punto de partida. El hombre casado con otro hombre recuerda de forma descarnada sus miedos, sus vergüenzas, sus reacciones hostiles. Nos enteramos de que Luisgé fue un joven que rechazó metódicamente a los que frecuentaban los bares gays y a los que sobrellevaban una biografía promiscua o desequilibrada. Nos enteramos también de que a este homosexual no le conmovía la causa de los homosexuales. Son vergüenzas que se enseñan y son también el primer reto literario de <em>El amor del revés</em>.</p><p>Estamos acostumbrados a vivir la represión de los homosexuales en la posguerra dura del franquismo, pero sorprende que al final de los años setenta y en la década de los ochenta, tiempo identificado con la libertad sexual y las impertinencias generacionales ante cualquier represión, un muchacho viva el hecho de ser homosexual con tanto sufrimiento, hasta el punto de sentirse una cucaracha. Estas confesiones corrían el peligro de regodearse en la teatralidad de un dolor no justificado del todo.</p><p>La verdad en literatura es cuestión de lenguaje. El oficio de escritor del Luisgé Martín consigue no sólo imponer una realidad narrativa, sino darnos la oportunidad de recapacitar después de la sorpresa. Bajo las modas y los emblemas de las generaciones, hay experiencias concretas, vidas particulares. Cada cual vive la historia como puede y tiene derecho a tomarse en serio sus sentimientos. Además, por mucho que se haya avanzado, quedan mil aristas que hacen daño en las realidades de la desigualdad.</p><p>El ejercicio de conciencia, como he dicho antes, no se limita a una descripción del pasado homosexual. Adquiere dimensión y riesgo literario en el sentido formulado por Leiris cuando indaga en las secuelas. La arquitectura de un carácter se apoya en una piedra angular, pero se eleva o se hunde en las ramificaciones del edificio. Luisgé Martín recuerda una máxima de <strong>La Rochefoucauld</strong>: “Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para los demás que al final nos disfrazamos para nosotros mismos”. Escribir un libro de este tipo supone comprender y contar la historia del disfraz, pero también intentar quitarlo, enfrentarse al <em>no sé ya quién soy</em> y al <em>quiero saber quién soy</em>.</p><p>Los matices de<em> El amor del revés</em> son importantes en la indagación personal porque el autor ha descubierto ya que el invierno no existe, pero sabe también que ese descubrimiento no lo arregla todo. Existen secuelas: “El corazón se queda tierno, sin hacer, se pudre en algunas partes, se descuaja, y ya no es capaz de cumplir con su función”. Bueno, sí que cumple con su función, pero ya sin ser del todo dueño de sí mismo cuando se trata de conquistar la serenidad, la confianza y la alegría.</p><p>A partir de esta realidad el libro se arriesga a mostrar al lector el narcisismo, los escudos de la pedantería, la imposibilidad para el cortejo, las contradicciones, el egoísmo, la soberbia, la megalomanía, asuntos más comprometidos y más incómodos incluso que la confesión de haberse mostrado poco comprensivo en los años ochenta con los derechos de la propia homosexualidad. <em>El amor del revés</em>, y ese es el mérito del buen escritor que es Luisgé Martín, se enriquece sobre todo con las secuelas que una historia ya antigua ha dejado para siempre no sólo en la vida, sino también en la literatura del protagonista.</p><p>“La propensión al exceso y a la prestidigitación que hay en todos mis libros tiene que ver, sin duda, con mi propio carácter”, afirma la voz narrativa en un momento de <em>El amor del revés</em>. El <em>yo </em>es el asunto que todos los escritores tienen más cerca de su mesa de trabajo. Es el verdadero asunto de las ficciones. Convertir ese <em>yo </em>en verdad literaria, en la verdad de las palabras, es el logro de los buenos escritores.</p><p><em>[Lee aquí la entrevista a Luisgé Martín]</em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/09/30/luisge_martin_quot_autor_tiene_que_estar_siempre_desnudo_quot_55483_1821.html" target="_blank">aquí </a></p><p><em>*Luis García Montero es escritor y profesor de Literatura. Su último libro, </em><strong>Luis García Montero</strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/un-lector-llamado-federico-garcia-lorca/ES0148402" target="_blank">Un lector llamado Federico García Lorca</a><em> (Taurus). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘El amor del revés’]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Homofobia,Homosexualidad,Libros,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 32]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luisgé Martín: “El autor tiene que estar siempre desnudo”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/luisge-martin-autor-desnudo_1_1131032.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/30453443-958d-44ad-922b-0ed435f0b9bf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Luisgé Martín: “El autor tiene que estar siempre desnudo”"></p><p><strong>Pregunta. Las palabras de Virgilio en el epígrafe que abre el libro (“Me pides, reina, que recuerde un dolor inenarrable”) apuntan a cómo has afrontado vitalmente la escritura de estas “memorias sodomitas” pero  también “memorias morales”. ¿Cuáles eran además las razones literarias? </strong></p><p><strong>Respuesta</strong>. Todas mis razones son literarias. O ninguna, depende de cómo se mire. Siempre he creído (aunque a veces me he avergonzado de creerlo) que lo sustancial de la literatura es la vida, lo que nos pasa, lo que sentimos o dejamos de sentir. Las palabras son ni más ni menos que la forma que tenemos de llegar a todo eso, de tratar de convertirlo en arte, pero a la hora de ponerse en marcha lo importante son las vísceras. El corazón, los intestinos, los sesos. </p><p><strong>P. La dureza, la lucidez sin paños calientes hacia ti mismo, del autor hacia el personaje que tú eres en el libro es, en muchos momentos, de una gran impiedad, y creo que este punto de vista tan duro de autocrítica es de una fecundidad artística enorme. ¿Con qué te has comprometido al escribir estas memorias?</strong></p><p><strong>R</strong>. Justamente por lo que acabo de decir creo que el autor tiene que estar siempre desnudo. Me interesa mucho (y así lo digo en <em>El amor del revés</em>, citando al escritor francés <strong>Michel Leiris</strong>) la literatura que está comprometida con el riesgo, la literatura en la que el autor se expone de verdad a recibir una cornada que toque sus huesos. Para eso hace falta sinceridad. Incluso cuando todo lo que se escribe es inventado, el autor tiene que mostrar en ello sus grietas. Lo demás es floreo verbal, literatura en el mal sentido de la palabra.</p><p><strong>P. Creo que uno de los aciertos del libro es la elección, provocadora, de la forma confesional, es decir: la relación pormenorizada de los pecados, el arrepentimiento sincero. También aludes al relato como un camino de perfección, otra forma religiosa de narración. ¿Cuáles han sido las posibilidades que te ofrecía esa elección formal?</strong></p><p><strong>R</strong>. Debo confesar —y perdón por el juego de palabras— que trabajo menos cerebralmente, que la mayoría de las veces escribo sólo por intuición. <em>El amor del revés</em> era una gran confesión. Y era, además, la confesión de lo que durante mucho tiempo fue considerado un terrible pecado. En todo ese mapa de significados, la religión era la clave central. El catolicismo fue, en mi mundo, el gran defensor de la ortodoxia sexual fanática. Y al comienzo del libro hablo de un tratado de teología moral que teníamos en casa en mi infancia y que anunciaba todos los males que yo temía. La expiación que supone <em>El amor del revés</em>, por lo tanto, debía plantearse con la ironía de los códigos religiosos. Es coherente, aunque no haya sido planeado con mucha deliberación.  </p><p><strong>P. En el libro recuperas cartas, fragmentos de tu diario, testimonios de otras personas, allí donde necesitabas recordar detalles o contrastarlos. ¿Hasta qué punto era importante la veracidad de los hechos? ¿Cómo pone el freno un escritor habituado a inventar para representar la verdad?</strong></p><p><strong>R</strong>. Para mí ha sido liberador, narrativamente hablando. Quizá no me guste mucho inventar. En este caso sabía lo que había ocurrido y mi única tarea (que es la tarea fundamental del escritor) era darle forma artística. Creo que en este libro la veracidad resultaba más que necesaria: era la piedra angular. Lo que quiero decirle al lector es muy simple: “Esto ocurrió, no es una invención, no es una exageración. No discutamos, por lo tanto, de si fue o no fue así, discutamos directamente de por qué fue así”.  Muchas veces me pregunto a mí mismo cómo es posible que haya habido un mundo como el que yo viví, tan absurdo, y quiero que el lector se lo pregunte también en los mismos términos, que le conmueva la brutalidad. Por eso la veracidad —que es un grado distinto de la verosimilitud— era tan importante. Por eso leí cartas, leí diarios y hablé con personas que habían vivido conmigo todo aquello, para asegurarme de que la memoria me traicionaba lo menos posible.  </p><p><strong>P. Pasando a otro plano, Luis, ¿cuáles son los alicientes de la vida oculta? ¿Cuáles son las pérdidas, si las hay?</strong></p><p><strong>R</strong>. Hay un aliciente claramente romántico. En estos días, un escritor me recordaba la frase de <strong>Cocteau</strong>: “Pertenezco a la raza de los acusados”; y el pequeño sentimiento de gloria que tenía por ello. Yo también he sentido muchas veces algo parecido. La clandestinidad te da grandeza. Vives en el borde de algún abismo, y eso te hace sentir importante. Pero en la balanza son mucho mayores las pérdidas, o al menos yo —que dejé de ser romántico hace años— lo creo así. Las pérdidas de aquel adolescente fueron irreparables: la juventud, el amor despreocupado, la irresponsabilidad. Nuestra obligación como seres humanos que deben sobrevivir es no hacer este tipo de cuentas. Lo que fue, fue, no tiene remedio. Pero si uno se pone a hacerlas, como se hacen en el libro, el balance es desolador. Aunque sé que muchos no lo vivieron así. Hubo homosexuales que se ocultaban de la sociedad, pero no se ocultaban de sí mismos. Ésos probablemente tengan un recuerdo más feliz de la vida oculta. </p><p><strong>P. Sorprende que la apertura sexual en el Madrid de tu juventud, el de la movida, el de los comienzos de Almodóvar, no hiciese un sitio a la normalidad de las opciones sexuales. ¿No resultó eso una gran decepción?</strong></p><p><strong>R</strong>. Sí, es una de las cosas que estaría bien revisar con el sosiego de la distancia. Hubo una apertura sexual formidable, pero que no rebasaba nunca el cordón sanitario. En determinados ambientes, ser gay dejó de ser un problema cotidiano para convertirse en algo <em>cool</em>. Pero cuando había que salir al mundo de afuera, esa apertura desaparecía. Podías ser director de cine gay, pero no podías ser director financiero gay ni frutero gay. E incluso si eras director de cine gay acababas diciendo en los periódicos que tu homosexualidad era sólo una pose artística provocadora, una forma de <em>épater le bourgeois</em>. Yo creo que algunos personajes de aquella época podrían haber hecho más de lo que hicieron para normalizar la sexualidad. Quizá no se les pueda pedir cuentas, pero fue así. </p><p><strong>P. Sostienes que sólo se puede escribir desde el pesimismo. También una honda melancolía cala las páginas de El amor del revés. Pero con ello, hay una ironía, incluso comicidad a ratos, que consigue un contrapunto extraordinario. ¿Cómo ha sido emocionalmente el proceso de escritura?</strong><em>El amor del revés</em></p><p><strong>R</strong>. Como recordabas al principio, el epígrafe de la <em>Eneida</em> de <strong>Virgilio </strong>que abre el libro anuncia “un dolor inenarrable”, pero ese dolor sólo podía contarse con la distancia que dan los años, con una mirada en cierto modo <em>desdolorida</em>. Aquel muchacho ya no soy yo, aunque a mí me hayan quedado todas sus taras y sus cicatrices. Por eso puedo observarle burlescamente. Y lo cierto es que era un individuo torpe, lechuguino, timorato, grandilocuente y bastante cómico. Todo eso no sólo no podía esconderse en la narración, sino que era parte fundamental del retrato. Me he reencontrado con ese niño cucaracha que andaba sin rumbo, dado tumbos, y me ha dado pena de él. Pero no una pena misericordiosa. Le he querido más de lo que le quería antes de sentarme a contar su vida. </p><p><strong>P. Los temores, el convencimiento en la propia obra escrita, las expectativas ante la publicación, ¿han sido distintos en esta ocasión?</strong></p><p><strong>R</strong>. Los temores y el convencimiento han sido idénticos a otras veces: una ducha escocesa en la que a veces me sentía orgulloso y a veces abominaba de lo que estaba escribiendo. La mayoría de los escritores que conozco somos inseguros, no sabemos nunca del todo si lo que hemos escrito merece la pena, y la veteranía en esto ayuda poco. Lo que es completamente diferente son las expectativas ante el juicio que merecerá el libro, porque en este caso se confunden completamente la obra literaria y la vida, y no estoy seguro de saber distinguir qué valoraciones de una interpretaré como valoraciones de la otra. Ya no soy demasiado vulnerable literariamente (en esto la veteranía sí ayuda mucho y uno aprende a tomar las críticas con liviandad; las buenas y las malas), pero sigo siendo igual de vulnerable en los otros afanes. </p><p><strong>P. Tengo la sospecha, como lectora y editora, que tras los logros de tu trayectoria literaria este libro es un punto de inflexión, que ha ahondado en tu estilo, dándole algo nuevo, difícil de describir aún pero perceptible. ¿Ha habido algún hallazgo en este sentido del que hayas sido consciente? </strong></p><p><strong>R</strong>. Estoy de acuerdo en que este libro es un punto de inflexión radical en mi literatura. Con<em> La vida equivocada</em> había llegado al final de una vía y <em>El amor del revés</em> me ha puesto en otro viaje. Hay un hallazgo que no sé si será fructífero, pero que tal vez modifique de alguna forma mi manera de escribir: lo pequeño es literariamente grande. O dicho de otra forma, las historias mediocres son un material literario al menos tan valioso como las historias colosales. No es algo que yo no supiera en la teoría (entre otras cosas por mi experiencia como lector), pero probarlo en la práctica me ha resultado benéfico. Volveré seguramente a las historias excesivas, que son parte de mis señas de identidad y de las que no reniego en absoluto, pero quizá con una mirada más sobria. No sé si es resultado de haber escrito <em>El amor del revés</em> o del envejecimiento, pero es así. Y esa serenidad —que no tengo en las demás cosas de mi vida— me gusta. </p><p><em>[Lee aquí la reseña de Luis García Montero sobre </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/09/30/el_amor_del_reves_luisge_martin_55488_1821.html" target="_blank">aquí </a><strong>Luis García Montero</strong>El amor del revés<em>] </em></p><p><em> *Silvia Sesé es editora de Anagrama. </em><strong>Silvia Sesé</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Silvia Sesé]]></author>
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