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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 37]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-37/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 37]]></description>
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      <title><![CDATA['Dulce hogar', de Dorothy Canfield Fisher]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/dulce-hogar-dorothy-canfield-fisher_1_1135024.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a9e81273-9d22-431f-9e3c-ef8186073e77_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Dulce hogar', de Dorothy Canfield Fisher"></p><p><strong>Dulce hogarDorothy Canfield FisherPalabraMadrid2016</strong><em>Dulce hogar</em></p><p><a href="https://www.palabra.es/dulce-hogar-1738.html" target="_blank">Dulce hogar</a> es la historia familiar de Evangeline, una obsesiva ama de casa que vive entregada a sus hijos en una pequeña ciudad americana, y cuyo ímpetu perfeccionista altera la vida de su familia a la vez que crea en ella misma un desencanto y hartazgo que provoca su propia infelicidad. Su obsesión es ser una buena esposa y madre y a ello dedica su abnegada vida. Vive junto a su marido Lester, poeta, soñador que trabaja a disgusto como administrativo en unos grandes almacenes y que no encuentra sentido a su vida. Junto a ellos, tres hijos de diferentes edades a los que su madre presiona a diario para que sean ejemplares, creando un ambiente de frustración entre todos. Todo cambiará con un impactante cambio de roles cuando Lester, el padre, tenga un accidente que lo postre para siempre en una silla de ruedas y tenga que ser ella la que deba ponerse a trabajar, fuera del <em>dulce</em> hogar, para sostener económicamente a la familia.</p><p>Evangeline reflexiona sobre su oscuro papel en el hogar, se dedica en cuerpo y alma a los suyos pero no encuentra ninguna plenitud en su vida, irascible por el rol de ama de casa que le ha tocado desempeñar, discutiendo casi siempre con los suyos e incomprendida, así habla sobre la maternidad con una asombrosa actualidad hace casi un siglo: “Un profundo abatimiento la invadió. Aquellos eran los momentos en la vida de una madre sobre los que nadie te advertía, sobre los que todo el mundo guardaba un engañoso silencio, los que no mencionaban los maravillosos libros ni los elocuentes oradores que tenían tanto que decir sobre el carácter sagrado de la maternidad. Nunca te decían que llegarían momentos en los que verías impotente —aunque con meridiana claridad— que tus hijos no iban a estar nunca a tu nivel, que ni siquiera se acercarían, porque no eran el mismo ser humano que tú, porque no eran tus hijos, sino, simplemente, otros seres humanos de los que tú eras responsable. ¡Qué sola le hacía sentirse aquello!”. </p><p>Otra de las profundas y vigentes reflexiones de esta novela en la que unos pequeños grandes almacenes son uno de los ejes centrales de la narración (en ellos trabaja Lester hasta que lo despiden y luego lo hará Evangeline desarrollando todo su potencial allí), va directamente a criticar el consumismo y en la manipulación sobre la mujer que conlleva: “Para Jerome Willing, el buen hombre de negocios era aquel que estudiaba a las mujeres de su región –como el cazador estudia a sus confiadas presas—, con el fin de ver cómo cogerlas desprevenidas y utilizar en beneficio propio una de sus mayores y más trágicas debilidades: su afán de comprar cosas. Su ideal de negocio era aprovecharse de uno de los más bajos instintos humanos –el deseo de bienes materiales—, y alimentarlo, atizarlo, estimularlo…, hasta que adquiriera las monstruosas proporciones de una universal monomanía. (…) A Lester no le importaba mucho el modo en que aquel veneno sutilmente inoculado consumía las entrañas de las mujeres sin hijos. Le importaba bien poco que se dejaran llevar de su patológica ansia por el último modelo y estuvieran dispuestas a conseguirlo a cualquier precio y a permitir que ese deseo paranoide las aislara del resplandeciente mundo de las satisfacciones impersonales y duraderas. No hacías daño a nadie más que a sí mismas. (…) Y, por supuesto, lo que Jerome Willing quería era que todos y cada uno de sus empleados lo secundaran con todas sus fuerzas en esta conspiración para forzar a las mujeres a someterse todavía más rendidamente a aquella esclavitud consumista”.</p><p>Dulce hogar es una de las once novelas que<strong> Dorothy Canfield Fisher </strong>escribió a lo largo de su carrera literaria. Nacida en el seno de una familia de profesores universitarios y artistas, viajó por el mundo y estudió en la Universidad de Nebraska, donde se hizo amiga de <strong>Willa Cather</strong>. Se doctoró en Francés y, aunque no ejerció la enseñanza, escribió más de cien cuentos, libros infantiles e infinidad de artículos. Conoció en Roma el método Montessori cuyos principios se encuentran en muchos de sus libros, entre ellos, éste.</p><p>Esta novela escrita en 1924, sorprende por la vigencia de sus temas, por el trato que hace de la emancipación de la mujer, de la búsqueda de sentido a la vida, los roles en la familia y la conciliación de la vida laboral y personal además del papel educador de los padres en el desarrollo de sus hijos. Escrita con una prosa magistral, como un fogonazo de reflexión y sentimientos que experimenta una mujer independiente que lucha contra los prejuicios de una época y una sociedad demasiado atrasada, una mujer que sabe reinventarse y luchar y ser útil y madura para reencontrarse consigo misma y ocupar el lugar que merece. Dorothy Canfield Fisher se nos descubre como una impresionante narradora que sorprende y deleita con <em>Dulce hogar</em>, otro acierto de la colección Roman de la editorial Palabra.</p><p><em>*Pablo Bonet es poeta y librero de guardia en la Librería Muga de Madrid. </em><strong>Pablo Bonet</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jan 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Bonet]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 37]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Lectura en el parque]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/lectura-parque_1_1132429.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong> </p><p>El  taller itinerante de lectura y escritura La silla de anea se formó en la localidad de Martos (Jaén)  en el mes de septiembre de 2014. Actualmente son 36 sus componentes, pero en un principio fueron 7 mujeres las que un día acordaron compartir libro y lectura en la zona fresca y verde del parque municipal. La experiencia fue tan agradable que decidimos seguir leyendo las tardes de cada viernes recorriendo los diferentes rincones del municipio. </p><p>Y no hemos faltado a la cita. Crecíamos en número de componentes mientras, viernes a viernes, nos juntábamos, libro y silla en mano (de ahí nuestro nombre) y leíamos y comentábamos la lectura al pie de la Torre del Homenaje, o junto al pilar de la Fuente Nueva, o en algún mirador sobre la campiña, o en los ensanches de las calles más históricas, o en la puerta de alguna vieja ermita… </p><p>Nuestras lecturas son variadas: libros de autores locales, libros ambientados en Martos y provincia, literatura en general (<em>Cien años de soledad</em>, también). La poesía tiene igual cabida en estos encuentros (<strong>Pedro Salinas</strong>, <strong>Concha Méndez</strong>, <strong>Alfonsina Storni</strong>, <strong>Elvira Sastre</strong>, <strong>Rafael Alberti</strong>, <strong>Lorca</strong>, <strong>Miguel Hernández</strong>, <strong>José Hierro</strong>, <strong>Luis García Montero</strong>…).  Los últimos libros leídos antes de la pausa de un mes del verano, han sido <em>Yerma</em>, <em>Bodas de sangre</em> y <em>La casa de Bernarda Alba</em>. </p><p>Escribimos también. Al menos, lo intentamos. Hemos llevado a cabo talleres de escritura creativa y nuestro método consiste en fijar un tema sobre el cual todas hemos de elaborar nuestro respectivo texto. Los resultados, a veces, nos sorprenden a nosotras mismas. Algunos de nuestros microrrelatos se han incluido en manteles individuales que los restaurantes de la localidad y alguno de Jaén capital han impreso para amenizar a sus comensales.</p><p>Este es nuestro taller, un taller de mujeres movidas por la afición a la literatura (solo nos acompaña asiduamente  un hombre, pero no porque queramos ser un grupo femenino en exclusiva), incondicionales a la cita de los viernes y tan inquietas y valientes que incluso nos hemos atrevido a elaborar y representar monólogos, organizar veladas poéticas,  acoger presentaciones de libros, hacer lecturas continuadas o recuperar antiguos villancicos convirtiéndonos en singular coro. Hemos colaborado, escribiendo y leyendo, en las jornadas municipales a favor de la lactancia materna, y en la primera velada de poesía en femenino organizada por la Concejalía de la Mujer.</p><p>Todas valoramos esta  experiencia como muy grata, y ahora somos un taller de lectura y un grupo inseparable de amigas deseosas de que llegue el primer viernes de mes. En septiembre, conversamos sobre <em>Entre visillos</em>, de <strong>Carmen Martín Gaite</strong>. Este libro fue seleccionado con el ánimo de llegar hacia esta escritora tan admirada y premiada, mujer, sin duda, adelantada a su época. Queremos conocer la crítica de la autora hacia la situación de la mujer, la moral, la educación discriminadora y la sociedad patriarcal que regía aquella España de posguerra. No todo ello ha sido superado en nuestros días, es conveniente reflexionar. </p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[La silla de anea]]></author>
      <media:title><![CDATA[Lectura en el parque]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Jaén,Libros,Literatura,Los diablos azules número 37]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Viñetas’, de Agustín Sánchez Vidal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/vinetas-agustin-sanchez-vidal_1_1132425.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/394c242c-194f-4304-a7a7-76198f851da2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Viñetas’, de Agustín Sánchez Vidal"></p><p><strong>Viñetas</strong><strong>Agustín Sánchez VidalHarper CollinsMadrid2016</strong></p><p>A veces ocurre que tienes tantas ganas de visitar un país o una ciudad que aunque no hayas estado jamás en ellos sabes de alguna manera que ya has paseado por sus calles.  Del mismo modo yo tuve un profesor que nunca me dio clase, <strong>Agustín Sánchez Vidal</strong>, y que me ha enseñado y alentado tanto que todavía hoy intento que, haga lo que haga, se sienta orgulloso de mí.</p><p>Agustín Sánchez Vidal no sólo es catedrático de Historia del Arte (Cine y otros medios audiovisuales) en la Universidad de Zaragoza o profesor en varias universidades americanas o europeas.  También ha colaborado como guionista de cine y televisión además de ser un reconocido estudioso de la obra de <strong>Buñuel</strong>, <strong>Lorca </strong>y <strong>Dalí</strong>. </p><p>Pero la figura de mi maestro viene hoy firmando un libro hermoso, <em>Viñetas</em>, publicado el 5 de octubre de 2016 por Harper Collins, y que no hace más que poner de relieve su talento como narrador  tras títulos tan elogiados como<em> La llave maestra</em> (2005) o <em>Nudo de sangre</em> (2008), con la que ganó el Premio Primavera de novela.</p><p><em>Viñetas </em>nos cuenta la historia de Miguel, ahora profesor de una universidad estadounidense que regresa por unos días a su pueblo natal tras la muerte de su hermano Antonio, reclamado para tratar asuntos de herencias y tierras por su hija Julia, que actualmente vive en la vieja casa de los padres de Miguel y que se ha hecho cargo de las tierras defendiendo un proyecto ecologista que su padre juzga con distancia e incluso con sarcasmo, ya que su estancia en esa huerta cercana a cualquier ciudad de provincias viene determinada por la decisión de vender todo aquello que perteneció a su familia.</p><p>El monstruo inmobiliario está dispuesto a arrollar esa tierra que se sembró de trabajo duro, de esperanza, de promesa de un futuro mejor para los hijos.  Pero la dureza de la tierra seca es sólo comparable a la aridez de un padre áspero que no sabe poner en palabras los sentimientos que alberga su alma hecha de pasado.  Un pasado donde hubo orfandad, violencia, soledad, desilusión, guerra, amor y esperanza.  Ángel, este padre campesino que trabajó la tierra como solamente podrán comprender los lectores que de primera mano se dejaron la vida entre azadones y hoces en las míseras décadas de los años cuarenta y cincuenta de los pequeños pueblos de una España tan empobrecida, tan severa. </p><p>Los hijos, Miguel y Antonio, heredarán la distancia y sólo tras la muerte del hermano mayor, de Antonio, y a través de sus recuerdos legados en  palabras y grabaciones y sobre todo en dibujos y en viñetas, Miguel intentará reconciliarse no ya con un hermano siempre ausente sino con todos sus recuerdos, con su infancia y adolescencia, con sus padres y con ese pequeño pueblo timoneado por la marquesa y el cura pero también por el Frontón Cinema y la tienda de tebeos. Intentará comprender.</p><p>Recuerdos, surcados como estrías en la piel, que hablan del Capitán Trueno, del Guerrero del Antifaz o de Roberto Alcázar y Pedrín.  Recuerdos de las primeras proyecciones de cine donde tras el NODO aparecerá la bellísima <strong>Sara Montiel</strong>.  Los trajes heredados del hermano, el frío de la escuela, la maestra que cree que Miguel vale para estudiar.  Los primeros amores, los amigos de siempre, la plaza de la iglesia, las canicas junto al porvenir.</p><p>La infancia es el territorio sellado con la magia de los lugares sagrados.  El recuerdo hermosea nuestros primeros años, es cierto.  Pero Sánchez Vidal no idealiza el campo, la tierra, el trabajo del campesino en esos años que nos trae su novela.  Lo que hace el autor es recordarnos con un escalofrío el sufrido, fatigoso y desmedido trabajo de todos aquellos hombres y mujeres que durante décadas dejaron su cuerpo y su alma en nuestra tierra.</p><p>La transición hacia el bienestar de los que ahora somos sus nietos es un orgullo que debemos portar y mostrar con reconocimiento. La educación, el estudio, el ocio sin remordimiento, se lo debemos a esta generación a la que deberíamos devolverle una tierra más sana.   Esta novela es un homenaje a todos nuestros abuelos, a ellos que venían desollados del campo, andando cada día para traernos, sin saberlo, nuestro futuro.</p><p><em>*Sonia Asensio es profesora de Literatura. </em><strong>Sonia Asensio</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sonia Asensio]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Nebiros’, de Juan Eduardo Cirlot]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/nebiros-juan-eduardo-cirlot_1_1132422.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cf04fee3-f4cd-4fc8-826b-a27274dce64f_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="‘Nebiros’, de Juan Eduardo Cirlot"></p><p><strong>Nebiros</strong><strong>Juan Eduardo CirlotSiruela Madrid2016</strong></p><p>El autor de la novela que nos ocupa es uno de los intelectuales más peculiares del siglo XX en España y en el mundo hispanohablante, y solo razones históricas y propiamente textuales explican que el conocimiento de su obra poética no se haya extendido más allá de las fronteras de nuestra lengua en la medida en que lo merece. Su <em>Diccionario de los símbolos</em>, sin embargo, ha conocido varias traducciones y sigue usándose como fuente de referencia, a pesar de que hayan aparecido otros del mismo tipo más enjundiosos y anotados, como el de <strong>Gheerbrant </strong>y <strong>Chevalier</strong>, quizá por la limpidez de la prosa y la acertada vinculación metafísica y cultural de las explicaciones. Su poesía es de las mejores que se han escrito en castellano en las últimas generaciones, pero no es de fácil lectura y demanda un esfuerzo interpretativo al que nos vamos desacostumbrando en esta era de información rápida y significados explícitos. </p><p>El manuscrito de <a href="http://www.siruela.com/catalogo.php?opcion=autor&letra=C&id_libro=3035" target="_blank"><em>Nebiros </em></a>ha atravesado una trayectoria que, en cierto modo simbólico, remeda la de la historia de España: censurada cuando el editor<strong> José Janés</strong> la quiso publicar, por expresar una "moral repugnante" y ostentar un "espíritu derrotista", acabó arrumada en algún armario de la casa del autor, hasta que fue redescubierta no hace mucho por su hija, <strong>Victoria Cirlot</strong>, perdido en los entresijos de la casa familiar. También ha aparecido en los Archivos Generales de la Administración, en Alcalá de Henares, el ejemplar utilizado por la censura parar su evaluación, marcados con rojo varios pasajes que, presumiblemente, ofendían el gusto del censor. </p><p>La novela, la única que escribió Cirlot (en los meses de agosto y septiembre de 1950), es en realidad un largo monólogo interior, al que los hechos externos, que no son muchos, solo sirven de acicate o de apoyo narrativo. Cuenta la historia de un hombre en edad madura, al que no se nombra, como indicando que representa a cualquiera de nosotros, que trabaja en la vieja empresa familiar de contabilidad que ha heredado de su padre. La empresa decae ante la indiferencia del personaje, que detesta dicho trabajo, pero que no ha tenido jamás el valor de hacerse de otra profesión o de abandonar la vida rutinaria que ha llevado hasta entonces. La historia cubre una noche, al menos en el manuscrito que se ha rescatado, pues la hija indica en el epílogo que quizá se han perdido algunas páginas que la continúan hasta igualar las 24 horas del <em>Ulises </em>de <strong>Joyce</strong>, obra que conocía y admiraba Cirlot. El personaje sale del trabajo y decide caminar por la ciudad innombrada que es el escenario de la novela, una ciudad portuaria, como la Barcelona del autor, pero le atraen los barrios bajos, donde se encuentran los prostíbulos y los bares de prostitutas, donde vagan la gente pobre y los descastados de la sociedad. Como ha hecho tantas veces, retrasa el retorno a su casa, donde vive en soledad, temeroso de oír las voces de su padre en su habitación, de hundirse en la serena desesperación que cimenta sus días. </p><p>Durante el paseo, el personaje reflexiona. Todo lo que encuentra le lleva a la indagación espiritual, su mente, que él mismo tipifica como ondulante y ambivalente, pendula entre el nihilismo existencialista que deniega todo sentido a la vida y la esperanza de una revelación que otorgue sentido a todo aquello que ha vivido. Siente, de forma imprecisa, que aquella noche le espera alguna experiencia de orden trascendente y se afana para obtenerla, pero, de acuerdo con su carácter contradictorio, toda vez que parece encontrarla, le asalta la convicción en la futilidad de todo esfuerzo. Durante su largo peregrinaje nocturno a ninguna parte, se entrega a alucinaciones que distorsionan la realidad en la dirección de algún contenido simbólico o recuerda episodios de su infancia, de su juventud, en los que sufrió o en los que no supo qué hacer y le llenaron de culpa. Recala en un bar que tiene el nombre que da título a la novela, Nebiros, el nombre de un demonio que preside sobre un pecado que no se puede nombrar, en concordancia con el tono de ambigüedad opresiva de la novela. En aquel bar observa a un borracho hablar a solas y piensa que su trabajo es más arduo que el de cualquiera, el de hundirse en el abismo del alcohol con disciplina casi mística. Entran personas que parecen empleados del puerto y de pronto aparece una mujer semidesnuda, con los pechos al aire, que termina por identificar con la mítica Lilith. Va a un prostíbulo y ejerce el acto sexual con desapego, lo que le incita la culpa que ha marrado buena parte de su vida. Se queda dormido por un rato, sentado en unos sacos del puerto, y la ciudad se convierte en jaula, en una prisión. Se encuentra con una niña mendicante, a la que asume de no más de dos, tres años, y se le ocurre la idea de adoptarla, de redimir con aquel acto y el amor que le daría, toda una vida de irrelevancia e intrascendencia vital. Pero los pensamientos, como en toda la novela, se interponen entre él y la realidad y la niña desaparece, para no verla jamás. </p><p>Todo este periplo viene acompañado de reflexiones filosóficas que, como dijimos, oscilan entre la desesperación y la revelación. Tan pronto como piensa que recoger a aquella niña le salvaría moralmente, por ejemplo, como que se arrepiente y decide que la soledad no puede ser quebrada con actos que a la larga son ilusorios. Al punto que ve en las prostitutas a símbolos de la magia sexual que ha leído en algún libro o encarnaciones de divinidad femenina, le perturban pensamientos sobre la naturaleza cruel de tal profesión, que las obliga a acostarse con 20 o 30 hombres cada noche y  sobre su debilidad de carácter al hacer uso de sus servicios. Poco más sucede en esta novela, que tiene antes la cualidad de un largo poema en prosa que de un texto narrativo en el que hechos y personajes estructuren una realidad reconocible. Nada es reconocible de modo fácil en la novela de Cirlot, que hace referencias a sus propios poemas y a lecturas de gran rango, desde <strong>Dante </strong>hasta la literatura del mal de <strong>Bataille </strong>y el surrealismo, por lo que es de suponerse que incluso su publicación no le hubiera traído un público lector demasiado amplio. Me pregunto si se lo traerá incluso ahora, cuando las reflexiones de orden metafísico atraen menos la atención del lector, a menos que vayan ornamentadas de acción dramática, de impulso de <em>thriller </em>americano o de sexualidad patente. </p><p>Si Cirlot hubiera merecido la atención de alguien como <strong>Rubén Darío</strong>, no me cabe duda de que le hubiera incluido en su famoso libro <em>Los raros</em>, por la extrañeza y misterio de su producción literaria. En estos tiempos, se me ocurre que la mejor aproximación a su obra la proveería el marco interpretativo de la escuela tradicionalista (también llamada perennialista) de interpretación de la religión y la mística, la que representan figuras como <strong>Mircea Eliade</strong> o <strong>Frithjof Schuon</strong>, por el énfasis que ponen en el simbolismo y la experiencia de lo trascendental de modo directo, intuitivo. Su propio diccionario se inscribe en este movimiento de indagación de las universalidades subyacentes a la variedad de expresiones filosóficas o religiosas. <em>Nebiros </em>patentiza una visión gnóstica de la existencia, en la que el mundo de la materia y de la carne se encuentra en perpetua lucha con el mundo del espíritu y de la trascendencia, un mundo creado tal vez por un dios subalterno, desprovisto de la perfección del principio absoluto, pero emanado del mismo y aún provisto de sombras de la divinidad, algunas de las cuales se encarnan en símbolos. El paseo nocturno del personaje es, de algún modo, una expresión más de la discontinuidad existencial de lo mundano con lo Absoluto, y, a la vez, de su continuidad esencial con el mismo, hasta en los aspectos más abyectos y degradantes. </p><p>En ciertos tipo de gnosticismo existe la noción de que una forma de acceder a la trascendencia, al mundo superior que subyace a las apariencias, consiste en abandonarse a lo infernal, al mal, a lo de abajo. O como lo expresa el título del magnífico estudio de lo oculto en el simbolismo literario de <strong>John Senior</strong>, <em>The way down and out</em>, el camino hacia abajo y hacia afuera. El peregrinaje de <em>Nebiros </em>ejemplifica dicha expresión, y el personaje acaba en la novela comiendo la cena que le han dejado la noche anterior, de madrugada, como si de la última cena se tratara, atrapado en las redes del universo material, pero aspirando a ir abajo y arriba, hacia lo trascendente. Una novela, por tanto, que debe leerse más como un poema surrealista que como un constructo narrativo de literatura realista.</p><p><em>*Frans van den Broek es crítico literario.</em><strong>Frans van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Sobrevida’, de Ida Vitale]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/sobrevida-ida-vitale_1_1132420.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/71025e60-c909-4874-b2b5-29bfb781fbf7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Sobrevida’, de Ida Vitale"></p><p><strong>Sobrevida. Antología poética</strong></p><p><strong>Ida VitaleSelección y prólogo de Minerva Margarita VillarrealEsdrújula EdicionesGranada2016</strong></p><p>La relación con las palabras “cambia su forma de andar  por el mundo”, dice<strong> Ida Vitale </strong>(Montevideo, 1923). Ella está enamorada de estas, trata de curarse y de combatir el frío abrigándose con ellas a través de sus versos, que éstos se memoricen y acaben con el ruido del silencio. Y ese calor es el que nos encontramos en su último libro: <em>Sobrevida. Antología poética</em>, toma su título de uno de sus poemas. Se abre con un prólogo para cerrarse con un epílogo. La <a href="http://www.esdrujula.es/libro/sobrevida/" target="_blank">edición de Esdrújula</a>, impecable, apostando por la buena literatura como siempre.</p><p>Acaba de recibir el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca, 2016, en su decimotercera edición. Esta poeta, traductora, ensayista, profesora y crítica literaria cuenta con una excelente trayectoria literaria formada por más de una veintena de libros de poesía, ha sido incluida en numerosas antologías y es autora de  una decena de libros de ensayo y crítica,  dedicados a <strong>Cervantes</strong>, a <strong>Antonio Machado</strong>, a <strong>Juana de Ibarbourou</strong>, entre otros estudios, siendo importante su labor como traductora de <strong>Simone de Beauvoir</strong>, <strong>Benjamin Péret</strong>, <strong>Gaston Bachelard </strong>y<strong> Luigi Pirandello</strong>. También ha recibido el Premio Internacional<strong> </strong>Octavio Paz de Poesía y Ensayo (<em>ex aequo,</em> 2009), el  Premio Internacional Alfonso Reyes (2014) y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2015).</p><p>Forma parte de la Generación del 45, la llamada Generación Crítica  que, hacia mitad de siglo, había irrumpido en el panorama literario como primer grupo cultural en Uruguay con conciencia de serlo y con voluntad de aplicar un rigor crítico, tanto en sus trabajos como en su difusión al exterior. Estivo encabezada por el ensayista, editor y periodista <strong>Ángel Rama</strong>, <strong>Emir Rodríguez Monegal</strong>, <strong>Idea Vilariño</strong>, <strong>Amanda Berenguer</strong>, <strong>Juan Carlos Onetti</strong>, <strong>Mario Benedetti</strong>, <strong>Saranday Cabrera</strong>, <strong>Carlos Maggi</strong> e Ida Vitale entre otros. Pertenecen al grupo de la revista emblemática <em>Marcha </em>con la que, además de colaborar en otras, emprendieron una intensa labor editorial. Los comienzos literarios de Ida Vitale se encuadran con esta generación. Fue alumna de <strong>José Bergamín</strong> en Montevideo y conoció a <strong>Juan Ramón Jiménez, </strong>que la incluyó en una presentación de poetas jóvenes. Compaginó la enseñanza con los trabajos de traducción y la colaboración en revistas culturales, dirigiendo páginas literarias en diarios, y no ha dejado nunca de escribir.</p><p>La selección de esta antología viene a cargo de la poeta <strong>Minerva Margarita Villarreal</strong>, con un prólogo que titula, "Ida Vitale: entre el exilio y la conciliación". Nos dice : "Valorar la vida trae consigo no solo disponerse a una entrega a pesar del destierro, sino ir lentamente escarbando el vacío, los actos despojados, la vida entera puesta de pronto entre paréntesis, (…). Ejercitan su silencio en la contemplación y sumergidos en la oscuridad aterradora de la lejanía acceden a una regadera de luz". Así refleja el exilio en 1973 de Ida Vitale a México y, posteriormente, a Estados Unidos, donde vive actualmente, en la ciudad de Austin (Texas). También es excelente la selección  de poemas que ha reunido recorriendo todos los libros de la autora y que recoge bajo epígrafes con singulares y significativos títulos ya que, como nos dice, que: "A lo largo de sus libros de poemas, Ida Vitale recobra la luz de los objetos amados y logra subjetivarlos. Sus poemas activan una velocidad cristalina, tocada por la transparencia. Una suerte de ráfaga o corriente de vientos dispone la travesía del mundo por su palabra. Y en ese mundo vibra en esa mano capaz de atraer un animal. Allí el corazón del universo late su mayor esplendor. Son árboles y flores y tierras. Son aires y aves. Son paisajes pasajeros que han decidido posarse en la página, como el pájaro, como el amor. Allí establece su casa la fugacidad".</p><p><em>Sobrevida </em>ha sido estructurada en siete partes, reunidas en torno a temas y asuntos vinculados a lo largo de su extensa trayectoria poética, un viaje vital y literario en donde “solo el verbo la guiará”. La primera parte, "Fiesta propia", formada por 16 poemas,  juega con el título de un poema del mismo nombre,  en el que escribe: “Sí, cantar es alegrarse, / como el aire se alegra en la mañana/ por cada cosa que a la vida vuelve, (…)/ a la medida del olvido ajeno/ a la medida de la propia fiesta”. "Alguien cuidó un jardín" nos abre 13 poemas donde habita una naturaleza  plena: son árboles, flores, aves. “Alguien cuidó un jardín, / creó un paisaje, / partitura de música / para ver con los ojos”, es el jardín la vida que hay que cuidar con música de fondo. La tercera, "Brasas", recoge 22 poemas que buscan luz: “Dame, noche, verdad / para mí sola, / tiempo para mí sola, / sobrevida”, ”Como una sombra de uno mismo / o como incendiado fósforo violento / No otra muerte. /  No mayor vida”. "Aire enemigo", 11 poemas con nostalgia y fuerza: “Se murió el pan en los armarios, / murió la leche entre las jarras/ que olvidé al sol”. En la quinta, "Manzano con cipreses", 20 poemas sobre las pequeñas cosas son, a modo de odas elementales  para sobrevivir, donde se acepta la vida y la muerte sin dramatismos y se constata una y otra vez el paso del tiempo, como en sus poemas "Cuadro", "Nieve", "Estornino", entre tantos. En "Casa en el viento", los 17 poemas contienen la nostalgia de la esperanza: "Canta esta casa./ ¿Baila en la noche a solas?/ Casi escondida dice/ una historia todavía humana (…)". En "Exilios", otro de sus poemas, y en "Nombre en el viento" —“Busca ese nombre y se le esconde/ en el orden del diccionario./ Olió la hoja y su recuerdo,/ saltó la palabra a sus labios/ y las letras danzaron,/ unidas por un instante/ antes de volver a ser libres”— está el recuerdo de su abuelo, de su abuela, de la Historia, a los que dedica un poema respectivamente. En "Aquí te quedas", cuatro poemas finales nos sacan del abismo y nos cicatrizan heridas: “Pido silencio/ y es pedir la fruta/ en la flor del verano”.</p><p>El magistral epílogo a cargo de <strong>Jessica Nieto</strong>, titulado "La insistida palabra", es un breve ensayo, un estudio minucioso y riguroso en el que adjunta una bibliografía consultada sobre la obra de Ida Vitale. En él, como ya confirma la crítica y  la propia lectura de los poemas, la escritura de Vitale se nos define como una poesía concisa, de orfebre, en donde el sentido, la forma y el ritmo van acompasados. Poesía esencial que gira en torno a la palabra, a que esta sea siempre un hallazgo. Una escritura que apunta a expresar lo no aparente, en esa búsqueda que nos describía <strong>María Zambrano</strong>: “La palabra que define y la palabra que penetra,  lentamente en la noche inexpresable. (…) La palabra que quiere fijar lo inexpresable, porque no se resigna a que cada ser sea solamente lo que aparece”.</p><p>Su poesía indaga en el lenguaje, es sensorial, conceptual, simbolista, vanguardista, renovadora, exigente, insistente, precisa. Consigue esa unión de ideas y sensaciones con un manejo inigualable de la métrica, de la retórica, la acentuación, la entonación, ese gusto por los recursos de la aliteración, reiteración, antítesis, enumeraciones que llenan de música sus versos, en donde cada palabra quiere decir más de lo que dice.  La importancia del tiempo, de los instantes. El poema se construye desde un tú que implica al lector o desde la tercera persona, como propuesta objetiva, quizá no podremos rastrear casi nada de su biografía sentimental leyendo sus poemas, aunque sí mucho de su mundo ideológico y de los fragmentos de realidad que le interesan. Es la tradición del lirismo como renovación, pero unida a elegancia de la retórica, y ahí se nos muestra heredera de los poetas del Siglo de Oro y de la Generación del 27.</p><p>Ida Vitale invita a las palabras, conversa cordialmente y las agasaja, les da claridad. Proclama la palabra como realidad y como lucha para combatir los silencios del mundo. Dirá “Ya nunca más, diríase, / el silencio”. Por eso su poesía late.</p><p><em>*Carmen Canet es escritora y crítica literaria. Su último libro, </em><strong>Carmen Canet</strong><a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/es/coleccion-aforismos/232-malabarismos.html" target="_blank">Malabarismos </a><em>(Valparaíso, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Canet]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura europea,Poesía,Los diablos azules número 37]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Por qué es importante Orwell’, de Christopher Hitchens]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/importante-orwell-christopher-hitchens_1_1132415.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2bdf918e-6902-49d2-bd68-6a511e6f90b4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Por qué es importante Orwell’, de Christopher Hitchens"></p><p><strong>Por qué es importante OrwellChristopher HitchensPágina IndómitaBarcelona2016</strong><em>Por qué es importante Orwell</em></p><p>En 2002, el rebelde izquierdista reconvertido en halcón neoliberal <strong>Christopher Hitchens</strong>, atento siempre a una buen combate dialéctico, rendía homenaje a <strong>George Orwell</strong>, fundadamente. Daba la sensación de que el ensayista británico, comparado repetidas veces por su brillantez con el autor de <em>1984</em>, expiaba en la defensa de Orwell la deriva de su propia ideología.</p><p>En <em>Por qué es importante Orwell</em>, publicado <a href="http://www.paginaindomita.com/por-que-es-importante-orwell/" target="_blank">recientemente en castellano</a>, con traducción de <strong>Luis González Castro</strong>, por Página Indómita, Hitchens desguaza el constante ataque sufrido por el legado orwelliano tanto desde la derecha como desde la izquierda. Pareciese que Hitchens buscase en Orwell el sueño cercenado de una izquierda justa, equilibrada en los vicios y virtudes del autor como quien se mira en un espejo: honestidad y contradicción, la primera como un objetivo ansiado y reconocido en Orwell, la segunda como una consecuencia en el propio Hitchens, que ya había realizado su periplo del marxismo trotskista con ramalazos libertarios hasta la postura proyanki neoconservadora.</p><p>Para asaltar la figura de Orwell Hitchens organiza un desmontaje por piezas: la relación de Orwell con el Imperio británico, con la izquierda intelectual de la última mitad del siglo XX, con la derecha que reclamaba su legado, con América (o más bien la casi inexistente relación de Orwell con EEUU), con el entrecomillado “carácter inglés”, su turbulenta y poco edificante relación con el feminismo y la homosexualidad, y finalmente, tanto la imagen de Orwell como delator, como el efecto de su obra de ficción.</p><p>Orwell fue elevado a laica santidad tanto como fue defenestrado y ridiculizado. Vivió en el difícil equilibrio de la defensa de las convicciones socialistas en convivencia con una crítica demoledora al estalinismo. No era un concepto fácil de asumir en los años 30: quedó patidifuso ante el pacto de no agresión <strong>Hitler</strong>-<strong>Stalin</strong>,  abrumado ante la limpieza ideológica realizada por el Partido Comunista durante la Guerra Civil española entre los correligionarios de la izquierda y los libertarios, fue una voz que clamaba en el desierto ante el entusiasmo de la colaboración británico-soviética durante la Segunda Guerra Mundial y un traidor a la causa comunista cuando la guerra se congeló y hablar de Katyn o el <em>gulag </em>no estaba bien visto, o en todo caso, era inapropiado para un pensador de izquierdas occidental.</p><p>Orwell vivió en el equilibrio y murió con solo 46 años, pero el tiempo vino a darle la razón: que otra izquierda era posible, sin acatar los principios estalinistas, reivindicando a <strong>Marx</strong>, incluso a <strong>Lenin </strong>y <strong>Trotsky</strong>, y trufando el socialismo de valores pequeñoburgueses aprovechables, a la vez que prevenía sobre el sufrimiento que conlleva el pensamiento único. Sus ensayos, y sus novelas <em>1984 </em>y <em>Rebelión en la granja</em> —en ambos casos alegorías del estalinismo, del dominio del Partido, la asfixia de la objetividad histórica creada por intereses y de la corrupción ideológica del poder— derivan en una declaración que la izquierda temía y la derecha podía asumir, con el riesgo de aplaudir a un declarado socialista. De hecho, uno tiene la impresión de que, si ideólogos de la derecha podían vitorear esa alegoría de los animales, podrían asaltarles incómodas preguntas: “¿Lo hemos entendido correctamente? ¿Quiénes son los cerdos?”. O quizá esa misma derecha miraría al Gran Hermano a los ojos y se preguntaría si se trataba realmente de un fantoche de Stalin, o lo sería del fascismo, de cualquier totalitarismo, si se trata del Partido o de una casta, de una secta, de una religión, de los biempensantes, de la gente de buena familia, del <em>self-made man</em>... Al fin y al cabo, la misma cara de cualquier moneda, un mejunje de todos ellos, temible, conocido y que, además, anida en el interior de cada uno de nosotros. En todo caso, incómodo, muy incómodo, para derechas e izquierdas.</p><p>Es curioso cómo el lector tiene la sensación de que Hitchens<em> quisiera ser</em> Orwell (el subrayado es mío) o, al menos, que Hitchens quisiera un juicio sobre su ideología y deriva como el que él hace a Orwell: un juicio de comprensión, de valor de la experiencia, de honestidad, de un demostrado amor a hablar en voz alta con todas las consecuencias. Hitchens no se guarda nombres. Desfilan <strong>Salman Rushdie</strong>, <strong>Edward Said</strong>, <strong>Raymond Williams </strong>y <strong>Noam Chomsky</strong>, por citar a los más conocidos, a quienes aplica una reprimenda por el trato dado a Orwell en el pasado, por lo que considera malas interpretaciones de su pensamiento —salva a<strong> Theodor Adorno</strong> de la quema—. Orwell tampoco tuvo miedo a dar nombres, así lo trata Hitchens en el capítulo titulado “La Lista”, donde aborda el mito de la delación de Orwell. Quizá el paralelismo del pensamiento libertario, tan diferente en los EEUU actuales respecto a la concepción libertaria de los años treinta, en ambos autores quede sin tratar a fondo, desdibujado, sin nombrar apenas.</p><p>Pero sea quien sea el que homenajea, era necesario recuperar el pensamiento de Orwell y conseguir que el adjetivo “orwelliano” ya no signifique solo ese conjunto de situaciones concernistas y distópicas que están ya en cualquier esquina, sino que se reivindique como adjetivo de la elogiosa búsqueda de la objetividad, de la honestidad y la integridad, del compromiso intelectual sin alardes ni tibiezas. La Guerra Civil española (la Revolución) marcó tanto el pensamiento de Orwell como lo hizo su juventud en las cloacas coloniales del Imperio. Quien pasó por aquello no salió indemne. Aquel pensamiento de la izquierda, y también en la actualidad, navega en las contradicciones: cómo concordar el pacifismo con el enfrentamiento ineludible con el terrorismo islamofascista, la revolución con la violencia, el buenismo con la mano firme e incorruptible, la relatividad cultural con la Declaración Universal de Derechos, la libertad de comercio con el monopolio estatal, el internacionalismo con el derecho de autodeterminación, la globalización con la localización, la inmigración con la defensa de los ecosistemas culturales en destino y en origen, la libre circulación de seres humanos y los equilibrios económicos.  Ahí está el reto. El camino del estalinismo fue fácil, el camino de la derecha también lo es, en ambos casos está claro en cuanto se toma el fusil.</p><p>Por eso Orwell es importante, porque navegó en estas contradicciones sin caer en el fácil discurso del estalinismo que aplanó y acalló conciencias, ni en la defensa de los principios euroamericanos desde el liberalismo que desembocaría en la derecha refundada en los años ochenta. Ese camino que terminó por tomar Hitchens tras el 11S, cuando le falló la respuesta tibia de la izquierda y desenfundó su ideología para apoyar la invasión de Irak, la eliminación física de Al Qaeda, las mejoras realizadas en Abu Ghraib o el mito de las armas de destrucción masiva, en lo que llamó una alianza temporal con los neoconservadores.</p><p><em>*Alfonso Salazar es escritor. Su último libro es </em><a href="https://grupodauro.com/2014/12/01/para-tan-largo-viaje/" target="_blank">Para tan largo viaje</a><em> (Dauro, 2014).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfonso Salazar]]></author>
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      <title><![CDATA[El bolso de Diana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/bolso-diana_1_1132413.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e4450ef4-8582-4476-a3c9-ad06ed42bf88_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="El bolso de Diana"></p><p><em>(Inicia Carlos Zanón)</em><strong>Carlos Zanón</strong></p><p>Diana volvió del lavabo antes de lo previsto y me vio rebuscando en su bolso. Fingió que no se había dado cuenta o incluso llegué a suponer que no le importaba. Dejó caer la toalla, se puso de rodillas sobre la cama y se mostró desnuda ante mí. Sus rodillas estaban en contacto con mis pies. Pensé en retirarlos pero los mantuve. No tenía el cabello húmedo. Tampoco el cuerpo. Parecía como si, simplemente, hubiera cambiado de idea respecto de la ducha. Diana era bonita. Sus pechos pequeños y erguidos me señalaban. Evitaba mirarme. Fue evidente que se había dado cuenta y que le importaba. Era la mujer a la que había mirado más detenidamente a la cara en toda mi vida pero me resultaba imposible describirla apenas unos minutos después de verla. Gesticulaba todo el rato desfigurando sus facciones de un segundo a otro. Podría aventurarme y decir que cuando estaba serena, sus ojos eran pequeños y negros, fijos y duros como los de un insecto. Su boca y su nariz eran grandes y el pelo siempre despeinado, cayendo sobre los ojos una y otra vez. Podría hacerlo pero es probable que al volver a verla, fuera totalmente distinta. Siempre era la misma debajo de personas distintas.</p><p>—Dame un cigarro.</p><p>Yo estaba sentado en una silla bastante incómoda con los pies levantados y apoyados en la cama. Había empezado a vestirme. Llevaba puesta sin abrochar la camisa y los calzoncillos. Le alcancé el paquete de la mesilla. Las cerillas de la cocina también. Servicio completo.</p><p>—Así que quieres saber.</p><p>—No quiero saber nada.</p><p>—¿Quieres ver si lo guardo ahí?</p><p>—Me da igual que lo tengas ahí. </p><p>—Es tremendo cuando no tienes sitio donde ir, ¿verdad…? Cuando te pillan rebuscando en un bolso, buscando lo que creo que no deberías saber. </p><p>—Soy curioso. Nada más. </p><p>De un modo brusco, cogió el bolso y me lo lanzó al regazo. </p><p>—¿Es el móvil o es lo otro? Porque si fuera el móvil sería más bien patético, ¿no…? Quiero pensar que es lo otro. Sinceramente, creo que no debes ver lo que guardo ahí. </p><p>—¿Por qué?</p><p>—Porque hablarías.</p><p>—No hablaré. Además, ¿a quién podría decir qué? </p><p>—Mira dentro entonces. Te doy permiso. Pero delante de mí, no a escondidas.</p><p>—Me importa una mierda lo que guardes. </p><p>Ahora fui yo quien se permitió lanzar el bolso contra la cama. Le mantuve la mirada. Ella, Diana ya no estaba. A veces, se iba y te dejaba fuera, a la intemperie. Éste era uno de esos momentos. En los que ya te había expulsado, que ya no te quería, que podía no quererte nunca más. </p><p>—¿Por qué no te has duchado?</p><p>—Porque quería fumar antes. He llegado a fumar duchándome. Era todo un hombre antes. Un hombre de verdad.</p><p>—De los que no quedan.</p><p>—¿Por qué no te atreves? </p><p>—Porque si lo encuentro me iré.</p><p>—Y no quieres irte.</p><p>—No.</p><p>—Ya has elegido irte. A mis espaldas, rebuscando. Qué triste, ¿no?</p><p>—Eres un montón de basura. Yo amo ese montón de basura. Eso sí que es triste. </p><p>No contestó. Dio una calada. Otra más. Me miraba y sonreía con esa sonrisa distraída que le debía haber servido en tantas ocasiones. Aquello tenía un tiempo y estábamos en el descuento. Esa certeza me debilitaba. Pensé que también debería debilitarle a ella pero no lo parecía. Disponía el pie sobre el alambre y echaba andar sabiendo que debajo no había nada y, casi con toda seguridad, en el otro extremo de ese alambre no habría nadie sujetando. Pero Diana no se detenía. Todo lo contrario, seguía andando por ese maldito alambre.</p><p><em>(Continúa Berna González Harbour)</em><strong>Berna González Harbour</strong></p><p>Y aquel día el alambre parecía querer pasar directamente entre mis ojos y atravesar mi masa encefálica, a juzgar por la frialdad de la mirada que Diana clavó y mantuvo sobre mí. Lo hizo con su habitual parsimonia, esa seguridad que cuanto más se acrecentaba más me hacía empequeñecer.</p><p>Recordé en ese momento algo absurdo, y era la escena de <em>Pretty Woman</em> en la que<strong> Richard Gere</strong> sospecha que <strong>Julia Roberts</strong> esconde droga y le intenta arrebatar una cajita que resulta ser hilo dental. Pero ambos sabíamos que ni yo era Richard Gere, ni era capaz de hacer poco más que rebuscar a escondidas en su bolso, ni ella guardaba droga. Ni hilo dental. Ojalá hubiera sido tan fácil.</p><p>El botín que Diana ocultaba no podía cambiarse por dinero ni servirnos para una de esas noches sin cansancio, cuando nos amábamos una y otra vez en este mismo lugar sin que decayera la energía gracias a sus <em>gominolas</em>. Pero aquello era pasado y lo que de verdad estaba en el bolso no lo era, sino un aviso de un presente que nos amenazaba a los dos.</p><p>Ahora apenas me quedaba energía, Diana lo sabía, y sin embargo siguió avanzando hacia mí como si no le importara mi miedo, mi inseguridad. Y es que en realidad no le importaba. Con la misma mirada fría, aún de rodillas, me atrajo hacia ella, me arrojó sobre el colchón, tomó mis manos y las llevó hasta sus pechos fríos, desnudos. Intentó cabalgar sobre mí y yo traté de responder simulando acompasarme a su ritmo, adaptarme a su deseo como siempre había intentado hacer. Y por un momento me encendí, pero me apagué tan rápido como la ducha <em>non nata</em> de Diana. Es complicado cuando una mirada como la suya te atraviesa, a ti y a tu culpabilidad, aunque su dueña tenga los pechos más vivos que hayas conocido jamás. El maldito alambre en acción.</p><p>Entonces buscó dos cigarrillos, los encendió, y me pasó uno.</p><p>—Lo siento— dije.</p><p>Ella no dijo nada. Se encogió de hombros y dio otra calada.</p><p>—He dicho lo siento.</p><p>—Te he oído.</p><p>—No me refiero a esto. Me refiero al bolso. Supongo que solo quería estar seguro de ti.</p><p>No sabía si era peor el gatillazo o que me hubiera pillado rebuscando en su bolso, pero si lo primero era humillante para mí y lo segundo era humillante al cuadrado, pedir disculpas era ya un <em>harakiri </em>seguro. O tal vez solo una manera de desviar la atención. Porque en ese momento solo quería rebobinar la máquina de cometer errores que había puesto en marcha o, como segunda opción, evaporarme para siempre.</p><p>Ella se levantó, en un movimiento rápido se puso la camiseta sin sujetador, después los vaqueros y las botas. No recordaba que no hubiera traído braga, pero en ese momento no se la puso y aquello estuvo a punto de excitarme. En todo caso era mejor no tentar a la suerte. Además me arrojó mi ropa, que había quedado revuelta tras la triste intentona, y me vestí obedientemente. Ay, Diana, siempre tan decidida, cuando ella se ponía en marcha yo solo tenía que dejarme llevar del ronzal y ese placer entonces nunca me molestaba. Solo después me enervaba, cuando ella se había ido y yo me daba cuenta de mi pasividad.</p><p>—Quiero que me ayudes en esto —dijo simplemente, mientras agarraba el bolso y ponía rumbo a la puerta— Ven.</p><p>De nuevo estaba conmigo y entonces no me importaba que fuera para sacarla del atolladero, eso era suficiente para seguirla con docilidad. Diana podía haberme arrastrado hasta el infierno con solo darme sus migajas y yo lo celebraba aunque supiera que era solo una prórroga más volátil aún que mi débil seguridad. Porque el partido, ya lo he dicho, estaba en tiempo de descuento.</p><p><em>(Continuará Alfonso Salazar)</em><strong>Alfonso Salazar</strong></p><p><em>*Carlos Zanón es escritor. Su último libro, </em><strong>Carlos Zanón </strong><a href="http://www.sellorba.com/marley-estaba-muerto_premio-dashiell-hammett-2015_carlos-zanon_libro-OBFI119-es.html" target="_blank">Marley estaba muerto</a><em> (RBA, 2015). </em></p><p><em>*Berna González Harbour es periodista y escritora. Su último libro, </em><strong>Berna González Harbour</strong><a href="http://www.sellorba.com/los-ciervos-llegan-sin-avisar_berna-gonzalez-harbour_libro-OBFI057-es.html" target="_blank">Los ciervos llegan sin avisar</a><em> (RBA, 2015). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carlos Zanón | Berna González Harbour]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 37]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Éxitos del Cosmopoética]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/exitos-cosmopoetica_1_1132402.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5faf8630-8c31-41f2-a5ad-0b5ab09aa2ea_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Éxitos del Cosmopoética"></p><p><em>Los responsables de la librería La República de las Letras (Córdoba), recomiendan algunas de las novedades que más les han interesado en los últimos meses.</em> </p><p>En el pasado mes de octubre, la librería colaboró en la última edición de <a href="http://www.cosmopoetica.es/" target="_blank">Cosmopoética</a>, el festival literario que se celebra en Córdoba. Recomendamos algunos de los títulos más solicitados por los asistentes:</p><p><strong>Regreso a Ítaca Leonardo Padura y Laurent CantetTusquetsBarcelona2016</strong></p><p><em>Regreso a Ítaca</em></p><p>El regreso inesperado de Amadeo, que ha pasado 16 años de exilio, motiva una reunión de amigos en La Habana. La conversación pasa de lo anecdótico al examen profundo de unas vidas marcadas por la dificultad, las ilusiones y la decepción. Se trata del <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/05/20/regreso_itaca_leonardo_padura_laurent_cantet_49953_1821.html" target="_blank">guión novelizado</a> de la película <em>Regreso a Ítaca</em>.</p><p><strong>Cuaderno de vacaciones</strong></p><p><strong> Luis Alberto de Cuenca, VisorMadrid2014</strong></p><p>El Premio Nacional de Poesía <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2015/09/28/luis_alberto_cuencia_premio_nacional_poesia_38395_1026.html" target="_blank">concedido a este libro</a> destacó una vez más una de las voces más personales de la poesía española. El uso de la ironía, el conocimiento de la tradición clásica y la capacidad de acercarse a la vida cotidiana caracterizan la obra de <strong>Luis Alberto de Cuenca</strong>.</p><p><strong>La perrina y yo</strong></p><p><strong> AjoEspasaMadrid2016</strong></p><p>Autora de<a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/04/08/verano_poema_ajo_47532_1821.html" target="_blank"> micropoemas que conmueven </a>en pocas palabras, <strong>Ajo </strong>cuenta en este libro su paseo por Madrid. Acompañada por su perrina, la autora convierte en poesía todo lo que ve a lo largo de la ciudad. Una mirada personal y lírica sobre la ciudad.</p><p><strong>Hijas ilegítimas</strong></p><p><strong> Alfredo GonzálezBandaaparteMadrid2016</strong></p><p>Conocido como cantante, voz fundamental en la cultura asturiana, <strong>Alfredo González </strong>publica ahora su primer libro de poemas. El amor y el desamor se dan la mano en una lírica que pretende unir la emoción de las canciones y la interrogación íntima de la poesía.</p><p><strong>Hierba en los tejados Rafael EspejoPre-TextosValencia2015</strong></p><p><em>Hierba en los tejados</em></p><p>Es <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/01/18/hierba_los_tejados_43513_1821.html" target="_blank">el último libro </a>de uno de los jóvenes poetas más importantes de los últimos años. Su palabra, que va y viene del realismo a la imaginación poética, medita sobre la memoria, la sociedad, el amor, los sentimientos y la posible plenitud de en los escenarios de la existencia.</p><p><em>*Puedes encontrar La República de las Letras en la Plaza de Chirinos, 6, de Córdoba, o en su </em></p><p><strong>La República de las Letras</strong><a href="http://www.larepublicadelasletras.es" target="_blank">página web</a><em>. </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[La República de las Letras]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Éxitos del Cosmopoética]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 37]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Va por ti, René]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/rene_1_1132397.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/340db1e1-89f7-4f26-bb62-302bdea16c0f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Va por ti, René"></p><p>Con vuestro permiso, no voy a escribir sobre un libro en particular. Esta vez me toca hacerlo sobre una persona, un escritor apenas conocido en nuestro país, el mexicano <strong>René Avilés Fabila</strong>, que falleció el domingo 9 de octubre a los 76 años de edad. Estaba preparando un viaje a España. Se había pedido un año sabático en la Universidad porque quería tener tiempo para conocer sitios, lugares y rincones  a los que nunca llegaba cuando venía de visita. </p><p>Lo conocí personalmente el año pasado en la Feria del Libro. Había leído algunos de sus microrrelatos en diferentes antologías publicadas aquí y estaba considerado uno de los grandes del género breve.  Tanto que fue él quien realizó, ya en el año 1970, la primera recopilación de microrrelatos mexicanos: <em>Antología del cuento breve del siglo XX en México</em>. Pero poco podía sospechar, cuando lo conocí, que iba a estar ante un periodista,  catedrático, promotor cultural y forjador de varias generaciones de escritores mexicanos. He tenido confirmación de todo ello de forma directa, por jóvenes escritores de ese país que lo reconocen así, como un maestro que les infundió la alegría de las palabras. Porque era una de  las personas más divertidas, alegres y hedonistas que he conocido en los últimos tiempos, tanto que el resultado de nuestros encuentros, visitas por el Madrid que no conocía, por las tascas y barrios como Lavapiés ("<em>Mijita</em>, me  has traído al chotis más famoso de <strong>Agustín  Lara</strong>") dio como resultado una entrevista, quizá la última que alguien le hizo, y que ha salido publicada en el número de octubre de la  revista <em>Quimera</em>. Ni que decir tiene que entre gambas y vermut en la Paloma, el vino de Revueltas con el bacalao, el mercado de San Fernando, el Campo de la Cebada y   Tabacalera, fuimos consolidando la ruta de nuestra amistad.</p><p>Justo el sábado anterior a su infarto, por la tarde, recibí un correo de él contándome sus planes y esperando un próximo encuentro con las siguientes palabras: </p><p><em>Cada vez que pensamos en España, lo que es frecuente, Rosario y yo recordamos los momentos que pasamos contigo. Tenemos pensado, como te dije, regresar a España... Tengo sabático en mi universidad y quiero de nuevo caminar por Madrid... El poco tiempo que estuvimos juntos fue tan cálido que valió por toda una vida.</em><strong>Rosario </strong></p><p>El sentimiento ha sido mutuo.</p><p>Nacido en Ciudad de México en 1940,  era licenciado en Relaciones Internacionales, aunque le daba corte reconocerlo, pues no le gustaba la diplomacia. Él mismo decía que no quería representar al presidente de su país y que todo eso de cómo sentar a los invitados en una mesa oficial era una vaina. Pero su mamá, como él decía, quería que tuviera un título. Más tarde se fue a estudiar a la Sorbona de París, donde le cogió la matanza de Tlalteloco y a su regreso empezó a dar clases de periodismo y comunicación en la UAM (Universidad Autónoma Metropolitana). "No me gusta la enseñanza y llevo cincuenta años dando clase".</p><p>Personaje urbanita ("Una vez vi el mar y, francamente, estaba muy frío")  contrastaba su experiencia con la de <strong>Rulfo</strong>, al que admiraba literariamente, aunque se sentía muy cercano a <strong>Arreola</strong>: "En aquella época todavía estaba vivo el mundo rural surgido en años de la revolución mexicana,  que implicaba recobrar el mundo indígena. Pero yo apenas he visto el campo, me preocupa socialmente no vivir entre árboles. Me gustan las ciudades. Así se fue conformando también mi generación".</p><p>"He escrito novelas porque no hay forma de encajar en un microrrelato temas tan complejos como la matanza de Tlatelolco en el 68."</p><p>Personaje lúcido y entrañable ("He sido obstinadamente marxista, aunque ahora me veo como una izquierda que no encuentra su sitio, no lo hay en un mundo globalizado por el capitalismo"),  me llenó de anécdotas, historias de los grandes escritores mexicanos que le precedieron. Eso siempre produce que  la  generación posterior  viva eclipsada por los anteriores y a veces se olvida la grandeza que también les ha acompañado.  Pongo un extracto de lo que me contó y que sale reflejado en la entrevista de <em>Quimera</em>:</p><p><em>A Monterroso lo conocí hace décadas, cuando no era famoso.  Sus letras y su conversación resultaban divertidas y profundas, ingenioso y con sentido del humor, sobre todo cuando bebía. Decía cosas chistosas de sí mismo: "Desde pequeño fui pequeño". Monterroso era un tipo divertido hasta que se hizo abstemio. El alcohol le iba bien. Se hizo un tanto solemne, como  Rulfo. Arreola, por fortuna, nunca dejó de beber. Vino blanco y tinto. Los llevaba en una cajita, una especie de maletín, e iba mezclando, una copa de blanco, otra copa de rojo, una de blanco, otra de rojo, así hasta que agotaba las botellas.</em><strong>Monterroso </strong></p><p>Estuvo becado de joven en el Centro Mexicano de Escritores, que es donde conoció a los grandes escritores anteriores a su generación.  Su primera novela, <em>Los juegos</em>, salió en 1967, a la que siguieron otras seis más, entre ellas <em>El gran solitario de palacio </em>(1971) sobre la matanza de Tlalteloco y que escribió en París. Debe mucho de su formación militante a <strong>José Revueltas</strong>, del que me habló maravillas.</p><p>Ha sido articulista y columnista en la prensa mexicana, llegó a ser director de la sección de cultura del diario <em>Excélsior </em>y fundador de su suplemento cultural<em> El Búho</em>. Y cuando yo le preguntaba el porqué de su poca trascendencia en nuestro país me decía que también en el suyo: "Nunca fui diplomático, no me van las mamaderas y no me callo nada". Tan es así que su página web, según la abres, aparece la canción cantada por <strong>Edith Piaf</strong>, "Non, je ne regrette rien". Y me decía: "No me arrepiento de nada".</p><p>Hacía broma de todo, de su nombre  y sus orígenes: "Soy mestizo, no presumo de raíces españolas aunque algún Avilés debió de venir con Pánfilo de Narváez". Y hacía bromas con su segundo apellido, Fabila: "Mira que era pendejo, dejarse comer por un oso".</p><p>La <a href="http://www.menoscuarto.es/" target="_blank">editorial Menoscuarto</a> está preparando una antología de su narrativa breve. Aunque sea de forma póstuma, podrá ser leído. Si alguien quiere saber más de su obra, que mire en la Wikipedia todos los premios que ha recibido, así como sus 7 novelas, sus 26 libros de cuentos y sus 6 libros de ensayos. Casi nada.</p><p><em>*Carmen Peire es escritora. Su último libro es </em><strong>Carmen Peire</strong><a href="http://www.edicionesevohe.com/products-page/evohe-narrativa/en-el-ano-de-electra-carmen-peire" target="_blank">En el año de Electra</a><em> (Evohé, 2014). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Peire]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Va por ti, René]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Literatura latinoamericana,Obituario,Los diablos azules número 37]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[“Veía muy bien”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/veia_1_1132395.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a2b1e66d-2f50-46f5-bb8e-40ef83d28660_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Veía muy bien”"></p><p>Andrés Neuman recita su poema "Veía muy bien". </p><p><strong>Veía muy bien (poema miope)</strong></p><p>Debe haber un error, </p><p>yo veía muy bien, </p><p>el mundo era tan nítido,</p><p>su carne era matiz,</p><p>las formas se afilaban</p><p>y los colores daban brincos de conejo.</p><p>Debe haber un error,</p><p>algún malentendido prodigioso</p><p>para que mis pupilas se distraigan</p><p>de esta manera impropia</p><p>de sus antecedentes,</p><p>son los ojos de otro, no los míos, </p><p>sólo veo borrosas</p><p>visiones de un intruso.</p><p>Poema inédito.</p><p><em>*Andrés Neuman es escritor. Su último libro es una edición revisada de </em></p><p><strong>Andrés Neuman </strong><a href="http://www.megustaleer.com/libro/la-vida-en-las-ventanas/ES0140173" target="_blank">La vida en las ventanas</a><em> (Alfaguara, 2016). </em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Andrés Neuman]]></author>
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      <title><![CDATA[¿Está todo en los tuits?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/tuits_1_1132389.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7c3ea8a2-22d7-448b-ae12-8eaab192ad07_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Está todo en los tuits?"></p><p>En el principio, el silencio  de nuestra especie fue roto por los gestos, los tics, el grito, los chillidos y las miradas; por el cotorreo de los cuerpos. Y, hace unos 60.000 años,  apareció el lenguaje y, con él, el cotilleo que une y apiña. Después, la escritura de los albaranes de piedra de los almacenes mesopotámicos dejó constancia de la existencia del mercado, antes de que los libros hablaran de guerras y de dioses, de amores, del resplandor de vidas sucias y ensangrentadas, de hambre belicosa e insatisfecha, de divinidades que siempre disponían de un costillar de buey que asar en sus barbacoas. Dioses a la carta que disfrutaban de todo lo que los hombres echaban en falta. Creados a contra-imagen y desemejanza nuestra. Si nos morimos, ellos son eternos; si pasamos hambre, ellos tienen la mesa llena o no tienen aparato digestivo y se alimentan, como las lámparas solares  de jardín, de su propia energía. Si, malqueridos nosotros, ellos, eternamente amados.  Si solos nosotros, ellos rodeados siempre de una corte celestial. Si mal informados o ignorantes nosotros, ellos, omniscientes.  Si varados nosotros, en un país, en un pueblo, en un sindicato, en una familia, en un partido, en una abstención, en unos vicios insoslayables, ellos, ubicuos y libres. Tan libres y ubicuos que, según mi obispo de cabecera, <strong>Munilla</strong>,  alguno de ellos pudo estar en el cielo, completando un trío de ases, y al mismo tiempo, en la tierra sufriendo tormentos indecibles y dejándose balancear, ya herido, ya sangrante, por costaleros descuidados. En la lucha por tatuar las verdades del Libro, de los libros sagrados, en la conciencia de los hombres, murieron muchos. Decapitados. Quemados, misericordiosamente empalados, atufados por el humo de su carne chamuscada. Los verdugos se los enviaban a sus dioses medio hechos, a falta sólo de un vuelta y vuelta en las parrillas del empíreo. Porque los hombres, lo repito, gustaban de imitar a los dioses que se habían inventado;  y a sus barbacoas inextinguibles. Luego, la invención de la imprenta hizo imposible la existencia de un solo libro. El gremio de libreros, que también disponía de un despacho de dioses a su servicio, se hubiera quejado del monopolio de un solo cuento, de un solo relato, de una sola Historia, por muy Sagrada que fuese. El libro comenzó a proporcionar muchos puestos de trabajo. Todas las industrias, hasta las más tóxicas, se justifican porque dan de comer a muchos hogares. Ya no estuvo toda la sabiduría en un libro, sino en muchos. “Todo está en los libros”, coincidieron en ese momento todos los que vivían de ellos, desde el predicador al encuadernador, desde el maestro al fabricante de papel, desde el poeta al pornógrafo. Cualquier respuesta estaba en ellos. Hasta que <strong>Dylan</strong> la encontró en el viento. En la nube, en el Internet, en la Red. Ahora nada está, solo, en los libros, ni en los parlamentos ni en las universidades ni en las bibliotecas ni en las encíclicas papales. Ni en <em>El capital </em>ni en <em>Mein Kampf</em>.  Ahora casi todo está en los tuits.  Los diputados, por ejemplo, cuidan más sus tuits del Congreso que sus intervenciones. Del silencio abisal de las comunidades sin lenguaje, sin escritura, a los 140 caracteres de un tuit. De la afonía, al estrepitoso silencio de un tuit. Como somos tantos, y la tecnología nos ha dado la voz a todos, sólo tenemos derecho a 140 caracteres. En competencia con los 140 caracteres de los otros miles de millones de personas conectadas a la red. Poco. Del silencio al silencio. Se ha cumplido el deseo de los que redactaron la letra de la Internacional: “Ni en dioses, reyes ni tribunos está el supremo salvador”,  porque los 140 caracteres de un tuit no nos dan a cada uno de nosotros nada más que para un reinado de unas pocas milésimas de segundo. Ruido. Silencio.</p><p><em>*Pablo Alcázar es profesor de Literatura. </em><strong>Pablo Alcázar</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Alcázar]]></author>
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