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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 39]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-39/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 39]]></description>
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      <title><![CDATA['Beaubourg. Una utopía subterránea', de Albert Meister]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/beaubourg-utopia-subterranea-albert-meister_1_1133011.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1406f102-708e-41b8-a24e-7f526eb9b744_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Beaubourg. Una utopía subterránea', de Albert Meister"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong> </p><p>En una de las sesiones del club de lectura de la librería Casa del Libro de Gran Vía, en Madrid, tuvimos la oportunidad de charlar con <strong>Julio Monteverde</strong> sobre el pensamiento utópico —desestimado o muy criticado por diferentes corrientes, en palabras del poeta—, y lo hicimos a partir de <a href="http://enclavedelibros.blogspot.com.es/p/beaubourg-una-utopia-subterranea.html" target="_blank"><em>Beaubourg. Una utopía subterránea</em></a>, la única obra de ficción publicada por el sociólogo <strong>Albert Meister</strong> —bajo el seudónimo de Gustave Affeulpin—, traducida por Monteverde para la editorial Enclave de Libros. Esta novela representa una de las posibilidades de organización social menos conocidas y, debido a la diversidad de reacciones ante el texto, experiencias y puntos de vista de los lectores y las lectoras que conforman el club de lectura, la tertulia dio como resultado una reflexión de lo más rica e interesante.</p><p>  </p><p>Por su temática, y también por la trayectoria profesional y personal de su autor, se trata probablemente de la novela con un mayor contenido político de las propuestas hasta la fecha para el club de lectura. A partir de la creación de un escenario que cada vez nos resulta menos inverosímil, el autor nos da la oportunidad no sólo de conocer los devenires de la puesta en marcha y el mantenimiento en el tiempo de un proyecto autogestionado de carácter libertario, sino también de reflexionar en torno a algunos de los grandes temas de nuestra literatura: las relaciones personales, el análisis de la sociedad, la educación, la muerte, la sexualidad, las diferentes concepciones de la idea de cultura, la división del trabajo y la gestión del tiempo, los valores éticos y morales, etc. <em>Beaubourg</em> no es la primera ni la última utopía de inspiración anarquista o socialista-libertaria —entre ellas destaca <em>Los desposeídos</em>, de <strong>Ursula K. Le Guin</strong>—, pero su fiel descripción de las prácticas asamblearias y de los procesos de autogestión nos ofrecen una magnífica oportunidad para adentrarnos en los entresijos de esta opción política y social.</p><p>Entre los lectores que participaron en el encuentro, hubo quienes vieron en el texto una suerte de manual de autoayuda inesperado al encontrar en ella una crítica del mundo actual similar a la que ellos mismos hacen, pero también quienes pusieron en duda el ejemplo que nos ofrece la historia como forma de propaganda de estas experiencias por considerarlo ingenuo e inverosímil. La tertulia se caracterizó, así, por la diversidad de opiniones respecto a la novela, pues mientras había quienes apenas se habían interesado por lo narrado y quienes pensaban que el texto resulta denso y las descripciones demasiado prolijas, el resto coincidía en que este grado de descripción y las continuas referencias a la cultura de la época resultan necesarias para dotar de realismo a los hechos. Lo que es indiscutible es que el autor optó por centrar el relato en las descripciones frente a la acción, lo cual hizo a algunos tener la sensación de que leían un ensayo mientras otros disfrutaron reconociendo en el texto situaciones más o menos cercanas o suscitando reflexiones en torno a la propia vida. Su peculiar paginación dio lugar a algunos despistes —probablemente buscados por el autor al ejemplificar con ello la ruptura con lo establecido incluso en las cuestiones cotidianas—, referidos sobre todo a la relación entre las palabras y expresiones utilizadas en la última parte del libro.</p><p>Discutimos largo y tendido acerca de la verosimilitud de la historia, que apenas fue reconocida por algunos mientras que otros la encontraron posible y la relacionaron con la experiencia del movimiento 15M en 2011 y los numerosos colectivos en los que ha derivado o en los que se refleja en la actualidad. Al hilo de esto, una de las lectoras sugirió que se dé a leer <em>Beaubourg</em> a quienes forman parte de Podemos, partido político que se dice hijo de este movimiento pero parece que ha olvidado una buena parte de los principios del 15M. Y es que de principios y sentencias está repleta la historia narrada por Meister. Además, la conversación permitió a los presentes compartir experiencias cercanas de redes de apoyo y autogestión que se están llevando a cabo al margen del sistema capitalista en el que vivimos y que se basan en principios reflejados en la novela y han sido tratados en alguna medida por autores como <strong>Fourier</strong>, <strong>Gramsci</strong> o <strong>Lefebvre</strong>.</p><p>Estos principios, que se fundamentan a medida que se resuelven los problemas y conflictos con los que se va encontrando la comunidad durante su proceso de formación y desarrollo, se reflejan en cambios a todos los niveles: sistema económico, forma de gobierno —de organización, sin líderes ni autoridad, en este caso—, hábitos, educación, sexualidad —quizá el menos verosímil de los cambios planteados pese a que han pasado 40 años desde su publicación—, afrontamiento de la muerte, alimentación, trabajo, formas de relación tanto entre los <em>beaubourgs</em> como con el exterior, concepción de la cultura y derechos de autor, etc. Durante el debate en torno a estos principios y su correspondencia con la realidad actual, Julio nos recomendó el documental <em>Se dice poeta</em>, de<strong> Sofía Castañón</strong>, donde se reflexiona desde una perspectiva de género sobre el panorama actual de la creación poética.</p><p>Y, hablando de sueños y utopías, comparto un par de fragmentos del ensayo de Julio Monteverde <em>De la materia del sueño —</em>publicado dos años antes de la edición española de <em>Beaubourg—</em>, que me recordaron a la novela:</p><p><em>Si el sueño es principalmente deseo obrando libremente, si en él el motor inmóvil es la lucha contra aquello que nos sucede llevada a cabo por lo que queremos que nos suceda, el sueño aparece entonces como la primera etapa del camino hacia una utopía personal y colectiva (necesariamente personal en este momento y luego inevitablemente colectiva). Un primer paso he dicho, pero un primer paso en firme, con una intención clara, en una dirección determinada.(...)El contenido manifiesto de los sueños, aquello que se nos clava en la mirada, representa por analogía lo mismo que la utopía para el mundo de las ideas. Y la utopía, la utopía concreta revolucionaria, se entiende, es en el mundo diurno la fuerza que inicia todo movimiento hacia delante y sin la cual no es posible entender un cambio que aspire a convertir este mundo en otro.</em></p><p>Una de las participantes en la tertulia llamó nuestra atención sobre un poema de Julio, publicado en<em> La llama bajo los escombros </em>(2008), por su relación con el tema de la novela:</p><p><em>Ah qué bello debe ser estar dentro de un edificio en el instante en que este se derrumba. Observar los muros, la doblez de las ventanas, sentir estallar el tiempo y el placer de la liquidación. Ah sí, y que nada de lo que nos rodea vuelva a existir en una dirección determinada. Sí, qué bello, qué bello debe ser estar dentro de un edificio en el instante en que este se derrumba.</em></p><p>Para terminar, transcribo otro de los textos del citado poemario que pese a ser muy anterior a que Julio leyera <em>Beaubourg</em>, sugiere algunas de las ideas fundamentales que Meister nos transmite en su novela:</p><p><em>Amplias ventanas a plazas desiertas.Balcones tapiados y tragaluces ciegosque vomitan luz en las aceras claras.Esta mañana se ha entonadouna oración por todos los pasos subterráneos.Y la conclusión ha sido clara:El hombre no logrará levantarsehasta que el mismo hombre lo levante.</em></p><p>Da que pensar.</p><p><em>*Puedes encontrar el club de lectura de la Casa del Libro de Gran Vía en su local de la Gran Vía, 29, en Madrid, o en la </em><a href="http://www.casadellibro.com/nosotros/evento-club-de-lectura-gran-via/7701" target="_blank">página web.</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Abril Gómez de Enterría]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura europea,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 39]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Último rey sobre la tierra’, de Carlos Rojas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ultimo-rey-tierra-carlos-rojas_1_1133007.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/af5df57d-68be-43ba-a237-c5b0edfd1ed4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Último rey sobre la tierra’, de Carlos Rojas"></p><p><strong>Último rey sobre la tierra</strong></p><p><strong>Carlos RojasValparaíso Madrid2016</strong></p><p>  </p><p>En su afán de regresar a la literatura en busca de conocimiento, <strong>Carlos Rojas </strong>ha querido reelaborar la figura de Ulises, el legendario héroe griego de la <em>Ilíada</em> y la <em>Odisea</em> de <strong>Homero</strong>. Su nueva novela, <a href="http://valparaisoediciones.es/tienda/es/coleccion-valparaiso-de-narrativa/246-08-ultimo-rey-sobre-la-tierra.html" target="_blank"><em>Último rey sobre la tierra</em></a>, publicada por Valparaíso Ediciones, es un regalo para sus lectores, que regresan a uno de los mayores novelistas de la posguerra española en unas páginas deliciosas tanto por su sabiduría como por su impecable estilo.</p><p>Rojas ha escrito un libro de los que ya no se escriben, demostrando que era posible una nueva reinterpretación de la figura de Ulises desde el prisma de nuestro tiempo, en especial desde la mirada de la generación nacida en la Europa de entre guerras. Y para ello era necesario partir de Homero para llegar hasta <strong>Joyce</strong>, adentrándose incluso en el infierno de <strong>Dante</strong> para que <strong>Virgilio</strong> tradujera la historia de los últimos días de Ulises, de su naufragio imposible hasta el Renacimiento. La novela termina el 16 de junio, día del Bloomsday, el evento anual que se celebra en honor de Leopold Bloom, personaje principal del <em>Ulises</em> de Joyce.</p><p>De este modo, la literatura regresa a la literatura, en una novela articulada en niveles y seccionada en Rapsodias, a la manera de Homero. Su paisaje se ubica en la tierra del propio Rojas, entre el Pirineo y el Mediterráneo, teniendo como centro el Cap de Crist, donde es posible tener la sensación de que se está en el filo del mundo.</p><p>Cerca de allí van a ser enterradas las cenizas de JS, pero el viento se las lleva apenas se abre la urna sin que puedan descansar al pie del menhir donde está enterrado un presunto corazón de <strong>Shelley</strong>. Sus cenizas han sido reclamadas por Ulises.</p><p>También Ulises fue reclamado por el viento, como escribe Dante en el canto vigésimo sexto en la octava fosa del octavo círculo. Conocido también como<em> Canto de Ulises</em>, en él se cuenta su muerte durante un viaje en barco de cinco meses hacia el hemisferio sur. ¿Y cuál es el pecado de Ulises? Lo único que Dante no puede perdonarle es el engaño, el caballo de Troya.</p><p>Existe una analogía conmovedora entre la fracasada empresa que intenta Ulises al final de su vida y la que concluye venturosamente el propio personaje Dante en la <em>Divina Comedia</em>, en cuanto que ambos, salvadas las diferencias, “traspasan” los límites establecidos al conocimiento humano, aunque con desigual fortuna. Pero la relación entre Dante y Ulises excede a la del último y dramático viaje de este último.</p><p>Por <em>Último rey sobre la tierra</em> flotan algunas almas formidables. Una de ellas es la de <strong>Gavrilo Princip</strong>, cuya instantánea tomada en magnesio en comisaría guarda el tiempo detenido que ya derramado iba a cambiar el mundo para siempre.</p><p>En el diálogo en sueños, grabado a petición de C.R.V. (sobre decir que tiene las iniciales del autor sin serlo), Gavrilo dice:</p><p><em>“No sé yo quién me proporcionó mi ejemplar de la Odisea, traducida a nuestro idioma o al menos al mío, si bien ahora tú y yo empleamos la lengua franca y universal de los muertos y los sueños, que debe ser la misma de nuestros antepasados cuando vivían en las cavernas. Un guarda, menos salvaje que los otros, dijo que alguna mujer, desengañada de su matrimonio, me ofrecía la epopeya de un monarca, que pasó diez años en el sitio de Troya y tardó diez más en el regreso a su reino. Para que yo aceptara sin desánimo los veinte de prisión que me aguardan.Dudo que una esposa defraudada me confunda con el rey de Ítaca en su desvarío. Tampoco sé si Ulises existió de veras o sólo vivió en la imaginación de un ciego, quizá tan mítico como el propio monarca. Pero sobre todo descreo en Dios, porque no percibo en el mundo ni la sombra de una justicia divina”. </em></p><p>No sé quién proporcionó a Carlos Rojas su primer ejemplar de la Odisea, que hoy devuelve a través de todos nosotros.</p><p>Salve Ulises último rey sobre la tierra.</p><p><em>*Fernando Valverde es poeta y profesor de Literatura.</em><strong>Fernando Valverde</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valverde]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Último rey sobre la tierra’, de Carlos Rojas]]></media:title>
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      <title><![CDATA[‘Diccionario del periodista en el cine español’, de Lucía Tello]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/diccionario-periodista-cine-espanol-lucia-tello_1_1133006.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9e6e4f51-8bf5-4d90-ac1a-65ff50e0f213_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Diccionario del periodista en el cine español’, de Lucía Tello"></p><p><strong>Diccionario del periodista en el cine español</strong></p><p><strong>Lucía Tello DíazNotoriousMadrid2016 </strong></p><p>Resulta complejo descubrir cuál es la imagen que el cine aporta de una profesión si al entusiasmo por conocerlo no le sigue el ánimo de analizar al detalle cada una de las películas que componen la filmografía descubierta. Esta es la tarea a la que, de manera pionera, se encomendó <strong>Lucía Tello Díaz</strong>, profesora universitaria, realizadora audiovisual y crítica de cine que ahora presenta <a href="http://notoriousediciones.com/producto/diccionario-del-periodista-en-el-cine-espanol/" target="_blank"><em>Diccionario del periodista en el cine español</em></a> (1896-2010) y <em>Hablemos de cine. 20 cineastas españoles conversan sobre el cuarto poder</em>. Ambos libros son tan interdependientes que, entender uno sin el otro es una tarea baldía. </p><p>Animada por descubrir cuál es la representación que se realiza de la realidad mediática en el cine español, la autora se propuso realizar un elenco con aquellas películas que otorgaban un papel preponderante a los periodistas o a los medios de comunicación en sus tramas, unas tramas repletas de redacciones, televisiones, imprentas, reporteros y locutores. Este estudio pormenorizado le llevó a descubrir casi un millar de títulos, de los cuales resultaban esenciales para la profesión casi setecientas cintas. Así lo presenta en su <em>Diccionario del periodista en el cine español</em>, un volumen ameno editado por Notorious en el que no solo realiza un estudio historiográfico del devenir del cine español, sino que lo acompaña de un análisis de las cualidades éticas de sus protagonistas, esos chicos y chicas de la prensa tan dados a ser retratados como cínicos, despiadados, curiosos y, la mayor parte de las veces, catástrofes deontológicas. Dividido en tres secciones diferentes (historia del periodismo en el cine, análisis de las cualidades periodísticas y diccionario), resulta fundamental su última parte, en la que, fraccionando su análisis por categorías profesionales (redactores, críticos, reporteros, locutores y presentadores), añade un elenco de títulos representativos de cada una de las categorías.</p><p>Fue precisamente durante la elaboración de esta obra cuando la autora comprobó que la deontología periodística quedaba resumida, de manera inequívoca, en veinte principios éticos, los cuales pivotaban entre el respeto a la intimidad, la lucha de la verdad, la oposición al sensacionalismo, la ética fotográfica o la mezcla de la vida profesional con la personal. Asimismo, evidenció cómo cada uno de esos principios éticos cimentaba una película concreta, lo que le llevó a diseccionar cada uno de esos títulos, hasta el punto de entrevistar a sus respectivos directores para descubrir qué les había motivado para realizar este retrato de la profesión tan específico. Resultado de ello es <em>Hablemos de cine</em>, editado por PUZ (Prensas Universitarias de Zaragoza), un libro en el que ha contado con la inestimable colaboración de una veintena de directores con los que ha departido sobre periodismo, sociedad y cine. <strong>Carlos Saura, José Luis Garci, Jesús Franco, Álex de la Iglesia, Gonzalo Suárez, Basilio Martín Patino, Mariano Ozores, Josep María Forn, David Trueba, Enrique Urbizu, Jordi Mollà, Julia Montejo, Guillermo Fesser, Santiago Lapeira, Álvaro García-Capelo, Iñaki Aizpuru, Roberto Santiago, Betty Kaplan, Chumilla-Carbajosa </strong>y <strong>Santiago Lorenzo</strong> son los cineastas que han participado en este volumen, aportando su experiencia y conocimiento a un estudio tan completo como inédito. Un libro en el que, tal como menciona la profesora Lucía Tello Díaz, los cineastas “analizan la realidad como sociólogos, indagan en la profesión periodística como reporteros y entienden el alma humana como artistas”. Una cita ineludible, en definitiva, con el mejor cine español.</p><p><em>*Azucena Rodríguez es cineasta.</em><strong>Azucena Rodríguez</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Azucena Rodríguez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Ensayo,Libros,Periodismo,Periodistas,Cine español,Los diablos azules número 39]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘En tierra ajena’, de Josep Solanes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/tierra-josep-solanes_1_1133003.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0570b4a1-3acd-4d11-9a2c-e3af52597ba1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘En tierra ajena’, de Josep Solanes"></p><p><strong>En tierra ajena. Exilio y literatura desde la </strong><strong>Odisea</strong><strong> hasta </strong><strong>Molloy</strong></p><p><strong>Josep SolanesAcantiladoBarcelona2016</strong></p><p>  </p><p><a href="http://www.acantilado.es/catalogo/en-tierra-ajena-767.htm" target="_blank"><em>En tierra ajena</em></a> es una reflexión sobre el exilio, una experiencia tan antigua como la humanidad y que, desgraciadamente, hoy en día sigue siendo tan actual como siempre. Pero también es un libro sobre los exilios que nos interpela sobre la condición del hombre como ser perdido, sobre su necesidad de arraigarse, de definirse en un espacio y un tiempo, salvando la intemperie a la que todos estamos expuestos.</p><p><strong>Josep Solanes</strong> (Pla de Santa Maria, 1909-Valencia, Venezuela, 1991), psiquiatra y ensayista que participó en la Guerra Civil española como capitán médico en el bando republicano y que fue obligado a exiliarse tras la derrota, parte en este magnífico ensayo de la necesidad de pensar su propia vivencia, de entender su realidad, para elaborar un profundo tratado sobre la figura del exiliado, del expatriado como paradigma de la condición humana. Y en esta reflexión, y quizá este es uno de los puntos fundamentales del libro, nos recuerda que el exilio viene a ser una forma de rechazo muy singular que define tanto a quien rechaza como a quien es rechazado. Nos dice el autor al inicio del libro: “El exiliado es el paradigma del hombre. Se considera a los exiliados como hombres por excelencia, y son muchos los pueblos que hacen remontar su linaje hasta algún real o fabuloso exiliado. Es decir, la sociedad rechaza a los que se desvían del modelo escogido para todos, y, una vez ahuyentados los que se desvían, se declara que son ellos precisamente quienes representan a todos.”</p><p>La editorial Acantilado publica la primera edición española de una obra que su autor revisó y amplió durante toda su vida, y que tuvo una primera aparición, póstuma, en Venezuela bajo el título de <em>Los nombres del exilio</em> (1993), epígrafe que sigue figurando en una de las secciones del libro.</p><p>A través de diferentes textos filosóficos y literarios, desde una doble perspectiva y aunando, como dice <strong>Mònica Miró</strong> en el prólogo del libro, “lo conceptual y lo vivido”, Solanes identifica la magnitud de la experiencia del desarraigo y nos la revela en toda su complejidad. “El exiliado deja atrás personas, lugares, paisajes y objetos unidos todos ellos a sus vivencias y recuerdos; también abandona una buena parte de lo aprendido, las costumbres y los códigos que le permitían relacionarse con el mundo. Todo queda en suspenso o inservible.”</p><p>En tierra ajena se estructura en cinco libros compuestos de breves ensayos, escritos en una deliciosa prosa, a través de los que el autor va desgranando algunos de los temas que nos acercan de una manera lúcida y poética a la otredad, a la sensación de alteridad que todo destierro conlleva. Las representaciones naturales del fenómeno, la etimología de la palabra <em>exilio</em> y el amplio vocabulario de la ausencia, el espacio o desespacio , el tiempo o destiempo del exilio, las personas y personajes que lo sufrieron y sus diferentes maneras de vivirlo, o las distintas variables del regreso, conforman un tratado en el que el lenguaje construye una realidad y en el que la realidad da consistencia a las palabras.</p><p>Solanes, capaz de pensar y entender la suspensión del tiempo y del espacio que genera una emigración, la rastrea a través de la literatura universal, convocando las palabras de todos aquellos que pensaron el exilio, que vivieron el horror de ser arrancados de su espacio y de su tiempo, de aquello que los identificaba y los definía. Por las páginas del libro desfilan, entre otros, los personajes de la Biblia, Odiseo, las palabras de <strong>Ovidio</strong> en las <em>Tristes</em> o las <em>Ponticas</em>, las de <strong>Madame de Staël</strong>, los versos de <strong>Víctor Hugo —</strong>“Que un viento te lleve, libro, / a la Francia donde nací. / El árbol desenraizado / regala su hoja muerta”— o de <strong>Pushkin</strong> —“Todo es aquí tedioso y frío. Estoy helándome bajo los cielos del sur”—. Leemos a <strong>Unamuno</strong>, que nos definió el exilio como una sala de espera o a <strong>S</strong><strong>aint-John Perse</strong> que escribió “el exilio es lugar flagrante y nulo”. Todos ellos, hombres y mujeres, como nos apunta Solanes, con la esperanza del regreso en su mirada.</p><p>En tierra ajena es un ensayo imprescindible para pensar el exilio, los exilios; y la literatura se nos revela, una vez más, imprescindible para pensar quiénes somos a través de las palabras de aquellos que han sido, de aquellos que son; para sabernos los mismos que un día serán.</p><p><em>*Mònica Vidiella es profesora de Literatura</em><strong>Mònica Vidiella</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mònica Vidiella]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘En tierra ajena’, de Josep Solanes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Escritores,Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 39]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['El río sin descanso', de Gabrielle Roy]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/rio-descanso-gabrielle-roy_1_1132999.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d8c4f2cb-45cb-4fa2-9158-b12b7fed1b43_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'El río sin descanso', de Gabrielle Roy"></p><p><strong>El río sin descanso</strong></p><p><strong>Gabrielle RoyHoja de lataGijón2016</strong></p><p>  </p><p><a href="http://www.hojadelata.net/tienda/el-rio-sin-descanso/" target="_blank"><em>El río sin descanso</em></a> es una breve novela que trata, a través de la bella y amarga historia de una madre coraje esquimal que trata de sacar adelante a su hijo, el tema de la identidad periférica en la sociedad anglófona y patriarcal del Canadá del siglo XX, mostrando las dificultades de adaptación tanto del inmigrante como de la mujer y las del colonizado.</p><p><strong>Gabrielle Roy</strong>, fue una escritora canadiense nacida en Quebec y por tanto de habla francesa, pero criada en una zona anglófona donde sufrió humillaciones por hablar otra lengua, como refleja en sus obras, siempre cercanas a los desfavorecidos y olvidados e inspirada por la belleza salvaje de los vastos paisajes canadienses. Su obra, inédita en castellano —y recuperada por esta pequeña editorial asturiana que cuida mucho sus libros—, es una de las más importantes y premiadas de Canadá durante el siglo XX.</p><p>Esta es la historia de Elsa, joven inuit de un pequeño poblado de blancos llamado Fort Chimo, en el norte de Canadá, que se queda embarazada de un soldado americano —forzada por él tras un breve encuentro furtivo— y tiene que criar sola a su hijo, Jimmy, un niño rubio y de ojos azules que causa una verdadera conmoción en el poblado. Elisa evoluciona, experimenta, crece, vive con intensidad la vida y los cambios y extrañezas que las relaciones le producen. Su carácter irá cambiando con el paso de los años, bajo la influencia de la modernidad y con el choque de sus tradiciones con las occidentales, sobre todo desde el momento que empieza a trabajar como criada para una señora blanca y siente cómo el tiempo se le escapa con tantas obligaciones.</p><p>Absolutamente volcada en el cuidado de su hijo, en un primer momento decide criarle como los blancos, pasando de la calma de su familia al ajetreo y la falta de tiempo, con lo que se le va agriando el carácter. Cada vez más reservada, intentará introducir en su hogar esquimal las innovaciones del progreso del hombre blanco, lo que le provocará discusiones con su familia. Sufre, llora, se desespera, y Jimmy acaba pasando más tiempo con sus abuelos  —con los que es más libre— que con ella, atada a su trabajo, intentando imitar la vida de las mujeres blancas que tanta extrañeza le produce, una tierna confusión entre el choque de sus tradiciones y las costumbres blancas: “No dejaba, sin embargo, de adelgazar y comenzaba a pegársele el aspecto algo cansado de su joven patrona y de otras mujeres jóvenes blancas, siempre preocupadas por no estar haciéndolo lo suficientemente bien y sin parar de proponerse objetivos cada vez más difíciles de comprender” (pág. 140). Elisa emana ternura e inocencia mientras endurece su carácter, excepto con su hijo, el pilar sobre el que asienta su búsqueda de sentido a la vida.</p><p>La narración sucede siempre ante el río Koksoak, testigo de las vivencias de Elsa, que busca la soledad para encontrarse a sí misma: “Después se iba a un rincón perdido del terreno de guijarros, pasadas las últimas cabañas esquimales, al fondo de una ensenada recortada adonde el Koksoak, más tranquilo, venía tan solo a lamer las oscuras y lisas rocas. Unos peñascos altos dispuestos en semicírculo delimitaban el tranquilo recinto. Puede que fuera el hecho de percibir claramente el sonido débil del agua que apenas llegaba hasta ellos lo que hacía que Elsa apreciara la paz de aquel lugar” (pág. 141). El río acompaña a la protagonista y le da paz, ante él todo lo importante tiene el eco cristalino de sus aguas, reflejo de la grandeza de la naturaleza en aquella tierra fría e inhóspita, cruel y bella como la vida de los que allí habitan.</p><p>Los personajes inuit son especiales, como la anciana Inés, que reflexiona sobre la muerte y la eutanasia. y sobre todo el abuelo, Thaddeus, que habla poco pero sentencia con su experiencia: “A veces me digo que me cambiaría por él con gusto, sin rendirle cuentas a nadie, un verdadero halcón en lo alto del acantilado. Pero no, porque en el acantilado hay viento y libertad, pero ya está; ni familia, ni niños, ni cariño. Esa es en el fondo la historia del ser humano —concluyó Thaddeus—, esa elección tan difícil entre la vida libre del abismo, orgulloso e indomable, y la vida con los demás, en la jaula” (pág. 157). Elsa habla a menudo con el pastor de Fort Chimo, que cada domingo reúne a los fieles en la iglesia. Gracias a él ha conseguido trabajo, pero no ve feliz a Elsa, y tras una conversación la protagonista decide cambiar completamente el rumbo de su vida y marcharse con su hijo al otro lado del río, al viejo poblado esquimal que todo el mundo ha abandonado por el nuevo Fort Chimo, al lugar en el que ella se crió de pequeña y que será ahora el entorno donde decide criar a Jimmy unos años después de su nacimiento, volviendo a sus raíces y a la tradición esquimal. Allí se encuentran con el huraño de su tío Ian, casi siempre enfadado, pero que poco a poco les acogerá gracias a la dulzura natural de Jimmy, un niño especial y curioso que provoca en él cariño y ternura. Los tres emprenden un viaje de huida a través de la dura tundra nevada cuando la policía avisa a Elsa de que es obligatorio que su hijo vaya a la escuela. Durante la travesía, Jimmy enfermará gravemente y deberán regresar a toda prisa en una emocionante y épica aventura contrarreloj a través del hielo.</p><p>Elsa, escarmentada de la vida salvaje, volverá a cruzar el río y a la vida de los blancos. Zurce y hace pequeñas figuras para vender, trabajando todo el día, creando su hogar en un viejo cobertizo que le ceden, gastando el dinero que tiene en caprichos para Jimmy, pero alejándose de nuevo de sus raíces, algo que provoca en ella tristeza cuando su conciencia asume esta distancia –y la soledad del esquimal en la sociedad blanca, de alguna manera en el limbo sin comprender bien cómo vivir— a la vez que ve el progresivo distanciamiento de su hijo cuando se va haciendo adolescente, rechazando a los inuit, y haciéndose conflictivo, incluso huyendo de su madre. Roy culmina la novela de manera excepcional, con un alegato sobre la vida y la dignidad para vivirla, a través de una emotiva reflexión melancólica y hermosa sobre el papel en el mundo de las personas diferentes y sobre las preguntas universales del destino del ser humano, en el cenit de una vida dedicada a un hijo, sumida en la tristeza, sola ante el río que siempre la acompañó en su deambular por el mundo: “En cierto modo, una familia humana se deshacía más rápido que algunas parejas de pájaros que pasaban toda la vida juntos. A Elsa ya no le quedaba realmente nada más que el río, y no paraba de escucharlo, sentada sobre las piedras o, desde su guarida, acostada sobre el suelo, la cara permanentemente vuelta hacia el exterior” (pág. 250).</p><p>Roy emplea un lenguaje poético para describir sentimientos y el paisaje tan subyugante que cubre la historia. Hay emoción y aventura en esta novela, que nos habla de la valentía e inocencia de una madre dispuesta a todo para sacar adelante a su hijo.</p><p>El libro se completa con tres relatos que anteceden a esta bella novela y en los que la autora vuelve a hablar de los desfavorecidos, de los humillados por razón de sexo, raza o lengua, dando voz a los personajes marginales y desposeídos como hace a lo largo de toda su obra. Escritora de la diversidad humana y la multiculturalidad, fue una mujer que retrató el destino trágico de los esquimales, despojados de sus valores tradicionales a la vez que eran rechazados y no conseguían adaptarse a la sociedad del hombre blanco, que los trataba como inferiores. Roy —pionera también en la defensa del feminismo— refleja en estas narraciones el brutal impacto que la modernidad, el alcohol y la tecnología tuvo sobre ellos.</p><p><em>*Pablo Bonet es poeta y librero de guardia en la Librería Muga.</em><strong>Pablo Bonet </strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Bonet]]></author>
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      <media:title><![CDATA['El río sin descanso', de Gabrielle Roy]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 39]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Clásicos y contemporáneos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/clasicos-contemporaneos_1_1132989.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/25793d54-7541-41ae-a7ea-ba4a02de9fe6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Clásicos y contemporáneos"></p><p><em><strong>Maricarmen Niño Sánchez-Guisande</strong></em><em>, una de las responsables de la librería Rayuela (Málaga), recomienda algunos de los títulos que más han interesado al equipo.</em> <strong>Kafka</strong></p><p><strong>Reiner Stach AcantiladoBarcelona2016</strong></p><p>Una biografía minuciosa de una de los autores fundamentales de la literatura contemporánea preparada durante años por el que ha sido el editor cuidadoso de su obra. <strong>Stach</strong> ha escrito con valentía y conocimiento las historia de <strong>Kafka</strong>, articulando cuidadosamente los laberintos de sus creaciones con los acontecimientos de su vida. Un libro definitivo para conocer al autor de <em>La metamorfosis</em>.</p><p><strong>Cuentos completosChéjov Páginas de EspumaMadrid2016</strong><em>Cuentos completos</em></p><p>Es la cuarta entrega de los cuentos del autor ruso que han venido siendo publicados por la editorial Páginas de Espuma. Ahora se reúnen los cuentos escritos entre 1894 y 1903. Son los relatos escritos por <strong>Chéjov</strong> en la última etapa de su vida. Siempre es una reconciliación con la literatura leer “La dama del perrito”, “Mi vida” o “Campesinos”. </p><p><strong>PatriaFernando AramburuTusquetsBarcelona2016</strong><em>Patria</em></p><p>El autor reconstruye las situaciones desencadenadas por la violencia de ETA, la sociedad que se parte en dos, el dolor solitario de las víctimas, las dinámicas de los que caen en la tentación de mirar hacia otro lado, la vida de mujeres y hombres atrapados por un conflicto que invita una y otra vez a renunciar a la dignidad humana. Se trata de la historia de dos familias que ejemplifican la historia de una Patria.</p><p><strong>Me llamo Lucy Barton</strong></p><p><strong> Elizabeth StroutDuomo EdicionesBarcelona2016</strong></p><p>De vez en cuando está bien recordar la fuerza del amor y las palabras, la necesidad de contarse las cosas. Dos mujeres hablan en una habitación de un hospital en Manhattan, aclaran los entresijos de su memoria y le dan sentido a la vida que comparten. Las palabras entre una madre y una hija sirven para comprender lo que se juega en la existencia de todos.</p><p><em>*Puedes encontrar la Librería Rayuela en la calle Cárcel, 1, de Málaga o en su </em><strong>Librería Rayuela</strong><a href="http://www.libreriarayuela.com%20" target="_blank">página web</a><em>.</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Maricarmen Niño Sánchez-Guisande]]></author>
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      <title><![CDATA[“Los muslos sobre la grama”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/muslos-grama_1_1132982.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/046e4b3d-9ac8-46a6-94b0-bb7d99897591_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Los muslos sobre la grama”"></p><p>Miguel Ángel Zapata lee su poema "Los muslos sobre la grama".</p><p><strong>Los muslos sobre la grama </strong></p><p>Escribo por la muchacha que vi correr esta mañana por el cementerio, la que trotaba ágilmente sobre los muertos. Ella corría y su cuerpo era una pluma de ave que se mecía contra la muerte. Entonces dije que en este reino el deporte no era bueno solo para la alegría del corazón sino también para el orgasmo de la vista. Al verla correr con sus pequeños shorts transparentes deduje que los cementerios no tenían por qué ser tristes, el galope acompasado de la chica daba otra perspectiva al paisaje: el sol adquiría un tono rojizo, su luz tenue se clavaba dando vida a la piel, los mausoleos brillaban con su cabellera de oro, y volví a pensar que la muerte no era un tema de lágrimas sino más bien de gozo cuando la vida continuaba vibrando con los muslos sobre la grama.</p><p><em>*Miguel Ángel Zapata (Piura, Perú, 1955) es uno de los maestros de la poesía peruana actual. </em></p><p><strong>Miguel Ángel Zapata</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Ángel Zapata]]></author>
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      <media:title><![CDATA[“Los muslos sobre la grama”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 39]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[El bolso de Diana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/bolso-diana_1_1132977.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/252db3a8-037d-4ebd-877f-bb83efc93522_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El bolso de Diana"></p><p><em>(Inicia Carlos Zanón)</em><strong>Carlos Zanón</strong></p><p>Diana volvió del lavabo antes de lo previsto y me vio rebuscando en su bolso. Fingió que no se había dado cuenta o incluso llegué a suponer que no le importaba. Dejó caer la toalla, se puso de rodillas sobre la cama y se mostró desnuda ante mí. Sus rodillas estaban en contacto con mis pies. Pensé en retirarlos pero los mantuve. No tenía el cabello húmedo. Tampoco el cuerpo. Parecía como si, simplemente, hubiera cambiado de idea respecto de la ducha. Diana era bonita. Sus pechos pequeños y erguidos me señalaban. Evitaba mirarme. Fue evidente que se había dado cuenta y que le importaba. Era la mujer a la que había mirado más detenidamente a la cara en toda mi vida pero me resultaba imposible describirla apenas unos minutos después de verla. Gesticulaba todo el rato desfigurando sus facciones de un segundo a otro. Podría aventurarme y decir que cuando estaba serena, sus ojos eran pequeños y negros, fijos y duros como los de un insecto. Su boca y su nariz eran grandes y el pelo siempre despeinado, cayendo sobre los ojos una y otra vez. Podría hacerlo pero es probable que al volver a verla, fuera totalmente distinta. Siempre era la misma debajo de personas distintas.</p><p>—Dame un cigarro.</p><p>Yo estaba sentado en una silla bastante incómoda con los pies levantados y apoyados en la cama. Había empezado a vestirme. Llevaba puesta sin abrochar la camisa y los calzoncillos. Le alcancé el paquete de la mesilla. Las cerillas de la cocina también. Servicio completo.</p><p>—Así que quieres saber.</p><p>—No quiero saber nada.</p><p>—¿Quieres ver si lo guardo ahí?</p><p>—Me da igual que lo tengas ahí.</p><p>—Es tremendo cuando no tienes sitio donde ir, ¿verdad…? Cuando te pillan rebuscando en un bolso, buscando lo que creo que no deberías saber.</p><p>—Soy curioso. Nada más.</p><p>De un modo brusco, cogió el bolso y me lo lanzó al regazo.</p><p>—¿Es el móvil o es lo otro? Porque si fuera el móvil sería más bien patético, ¿no…? Quiero pensar que es lo otro. Sinceramente, creo que no debes ver lo que guardo ahí.</p><p>—¿Por qué?</p><p>—Porque hablarías.</p><p>—No hablaré. Además, ¿a quién podría decir qué?</p><p>—Mira dentro entonces. Te doy permiso. Pero delante de mí, no a escondidas.</p><p>—Me importa una mierda lo que guardes.</p><p>Ahora fui yo quien se permitió lanzar el bolso contra la cama. Le mantuve la mirada. Ella, Diana ya no estaba. A veces, se iba y te dejaba fuera, a la intemperie. Éste era uno de esos momentos. En los que ya te había expulsado, que ya no te quería, que podía no quererte nunca más.</p><p>—¿Por qué no te has duchado?</p><p>—Porque quería fumar antes. He llegado a fumar duchándome. Era todo un hombre antes. Un hombre de verdad.</p><p>—De los que no quedan.</p><p>—¿Por qué no te atreves?</p><p>—Porque si lo encuentro me iré.</p><p>—Y no quieres irte.</p><p>—No.</p><p>—Ya has elegido irte. A mis espaldas, rebuscando. Qué triste, ¿no?</p><p>—Eres un montón de basura. Yo amo ese montón de basura. Eso sí que es triste.</p><p>No contestó. Dio una calada. Otra más. Me miraba y sonreía con esa sonrisa distraída que le debía haber servido en tantas ocasiones. Aquello tenía un tiempo y estábamos en el descuento. Esa certeza me debilitaba. Pensé que también debería debilitarle a ella pero no lo parecía. Disponía el pie sobre el alambre y echaba andar sabiendo que debajo no había nada y, casi con toda seguridad, en el otro extremo de ese alambre no habría nadie sujetando. Pero Diana no se detenía. Todo lo contrario, seguía andando por ese maldito alambre.</p><p><em>(Sigue Berna González Harbour)</em><strong>Berna González Harbour</strong></p><p>Y aquel día el alambre parecía querer pasar directamente entre mis ojos y atravesar mi masa encefálica, a juzgar por la frialdad de la mirada que Diana clavó y mantuvo sobre mí. Lo hizo con su habitual parsimonia, esa seguridad que cuanto más se acrecentaba más me hacía empequeñecer.</p><p>Recordé en ese momento algo absurdo, y era la escena de Pretty Woman en la que Richard Gere sospecha que Julia Roberts esconde droga y le intenta arrebatar una cajita que resulta ser hilo dental. Pero ambos sabíamos que ni yo era Richard Gere, ni era capaz de hacer poco más que rebuscar a escondidas en su bolso, ni ella guardaba droga. Ni hilo dental. Ojalá hubiera sido tan fácil.</p><p>El botín que Diana ocultaba no podía cambiarse por dinero ni servirnos para una de esas noches sin cansancio, cuando nos amábamos una y otra vez en este mismo lugar sin que decayera la energía gracias a sus gominolas. Pero aquello era pasado y lo que de verdad estaba en el bolso no lo era, sino un aviso de un presente que nos amenazaba a los dos.</p><p>Ahora apenas me quedaba energía, Diana lo sabía, y sin embargo siguió avanzando hacia mí como si no le importara mi miedo, mi inseguridad. Y es que en realidad no le importaba. Con la misma mirada fría, aún de rodillas, me atrajo hacia ella, me arrojó sobre el colchón, tomó mis manos y las llevó hasta sus pechos fríos, desnudos. Intentó cabalgar sobre mí y yo traté de responder simulando acompasarme a su ritmo, adaptarme a su deseo como siempre había intentado hacer. Y por un momento me encendí, pero me apagué tan rápido como la ducha non nata de Diana. Es complicado cuando una mirada como la suya te atraviesa, a ti y a tu culpabilidad, aunque su dueña tenga los pechos más vivos que hayas conocido jamás. El maldito alambre en acción.</p><p>Entonces buscó dos cigarrillos, los encendió, y me pasó uno.</p><p>—Lo siento— dije.</p><p>Ella no dijo nada. Se encogió de hombros y dio otra calada.</p><p>—He dicho lo siento.</p><p>—Te he oído.</p><p>—No me refiero a esto. Me refiero al bolso. Supongo que solo quería estar seguro de ti.</p><p>No sabía si era peor el gatillazo o que me hubiera pillado rebuscando en su bolso, pero si lo primero era humillante para mí y lo segundo era humillante al cuadrado, pedir disculpas era ya un harakiri seguro. O tal vez solo una manera de desviar la atención. Porque en ese momento solo quería rebobinar la máquina de cometer errores que había puesto en marcha o, como segunda opción, evaporarme para siempre.</p><p>Ella se levantó, en un movimiento rápido se puso la camiseta sin sujetador, después los vaqueros y las botas. No recordaba que no hubiera traído braga, pero en ese momento no se la puso y aquello estuvo a punto de excitarme. En todo caso era mejor no tentar a la suerte. Además me arrojó mi ropa, que había quedado revuelta tras la triste intentona, y me vestí obedientemente. Ay, Diana, siempre tan decidida, cuando ella se ponía en marcha yo solo tenía que dejarme llevar del ronzal y ese placer entonces nunca me molestaba. Solo después me enervaba, cuando ella se había ido y yo me daba cuenta de mi pasividad.</p><p>—Quiero que me ayudes en esto —dijo simplemente, mientras agarraba el bolso y ponía rumbo a la puerta— Ven.</p><p>De nuevo estaba conmigo y entonces no me importaba que fuera para sacarla del atolladero, eso era suficiente para seguirla con docilidad. Diana podía haberme arrastrado hasta el infierno con solo darme sus migajas y yo lo celebraba aunque supiera que era solo una prórroga más volátil aún que mi débil seguridad. Porque el partido, ya lo he dicho, estaba en tiempo de descuento.</p><p><em>(Continúa Alfonso Salazar)</em><strong>Alfonso Salazar</strong></p><p>Cerró la puerta de la habitación y colgó el cartel de “No molestar”, como una travesura. Había decidido que escaparíamos por la puerta trasera y me lo contó cuando bajábamos en el ascensor. Atravesamos la cocina del restaurante en la planta baja y alcanzamos la puerta del callejón. Cruzamos el umbral y giramos hacia la avenida. El sol parecía abofetearnos en los ojos. Ella sacó con ligereza unas gafas con montura de carey de su bolso, se las colocó y el pelo despeinado volvió a taparle los ojillos. Yo rebusqué las mías en el bolsillo interior de mi arrugada chaqueta en tanto Diana aceleraba el paso camino del barrio.</p><p>─Si estás tan interesado en investigarme… —dudó y calló pero siguió andando con paso firme.</p><p>─Yo no tengo interés ninguno en tu vida privada, Diana —mentí—. Ha sido un desliz infantil, una chiquillada.</p><p>Paró en seco y casi tropecé con su bota derecha. La falta de sueño me hacía trastabillar.</p><p>─Siempre te he considerado un chico listo. Cortito de abajo, pero no de frente.</p><p>Debí quedarme con cara de bobo, rebuscando la respuesta inteligente —o al menos ingeniosa— a la que se prestaba a la escena, pero Diana había decidido que no esperaríamos a mi musa y tiró hacia delante.</p><p>Comenzamos a ascender las cuestas que llevan al barrio alto. Los vecinos más madrugadores se desayunaban en algunos bares, anticuados, y los turistas dispuestos a asaltar los monumentos de la ciudad lo hacían en los nuevos cafés, franquicias con nombres que evocaban el Caribe y África, mundos tan exóticos como cafeteros. Callejeamos hasta esas zonas más altas donde las calles se esclarecen y casi desparece la vida vecinal. Los pocos negocios del barrio se ubican en la zona baja, conforme se sube la montaña, todo comienza a estar lejos: el pan, el tabaco y la cerveza. En la parte más alta están los miradores, esos donde es habitual captar las más memorables postales de la ciudad. Pensaba que Diana me llevaba a uno de esos sitios, en un arrebato romántico, como solíamos hacer cuando éramos mucho más jóvenes –nunca juntos, pues no nos conocíamos, pero quizá coincidentes— y buscábamos el amanecer con la ciudad a nuestros pies, acurrucados observábamos cómo el sol subía hacia lo más alto, y entonces se nos secaba la lengua de tanta resaca y pensábamos culpables que deberíamos acudir a alguna de las clases de la Facultad, aunque fuese sin dormir.</p><p>La empinada subida hizo que Diana aminorase su paso, o eso pensé: que estaba cansada y caminábamos sin más rumbo ni objetivo que perder la mañana alegremente. El caso es que andaba lenta y como en una moviola repetía pasos y gestos. Paré un instante y me senté en una pilastra de cemento, encendí un cigarrillo y el humo me alcanzó los bronquiolos como una estocada. Diana miraba las paredes como quien busca un resorte secreto. Cuanto más la observaba más sentido tenían sus movimientos. No estaba cansada, estaba inquieta: Diana en su laberinto, pensé.</p><p>─Juraría que fue aquí —comentó pensativa mientras miraba una fachada encalada.</p><p>A su derecha había una puerta más baja de lo habitual, de esas que están partidas en dos y que quizá sirvieron en otro tiempo para el ganado, para guardar un burro o un caballo que sacaría su cabeza por encima de aquella puerta partida a la altura de la cintura. A partir de esa cintura imaginaria la puerta era de cristal, con un postigo cerrado de madera pintada de verde. Me acerqué con curiosidad. Diana parecía querer leer algo en la pared. Reparó en mi presencia y me quitó el cigarrillo de la mano. El roce de sus dedos me provocó un escalofrío. Diana miró a izquierda y derecha, la calle, empedrada, estaba desierta. No había más carteles que los propios de la numeración de las casas y el de la misma calle: “Pasaje del Comino”.</p><p>Diana miraba la fachada, parecía como si hubiesen encalado con celeridad sobre el quicio de la puerta. Había unas letras difusas.</p><p>Forcé mi memoria: no era ducho en el conocimiento del barrio viejo. Lo mío eran las anchas avenidas de la zona noble de la ciudad, las terrazas, los cines y las tiendas de moda. Apenas conocía aquellas callejuelas, y mucho menos los nombres de las plazoletas, callejones y pasadizos. Pero yo había leído Pasaje del Comino aquella misma madrugada. Fue en una tarjeta que Diana guardaba en su bolso, cuando no encontré lo que buscaba: “Orantes. Tapicero. Pasaje del Comino, 3” y un número de teléfono que no podía recordar.</p><p><em>(Cierra el cuento Marta Sanz)</em><strong>Marta Sanz</strong></p><p>Ni siquiera hacía falta que lo recordase, porque era falso y además ya estábamos allí. Diana se había metido en la boca del lobo por propia iniciativa y me sonreía con aspecto malévolo. Las que se creen más malas son las más lerdas de todas. Diana ponía la pose de “Mira qué mala soy” y yo la observaba, una mujercita imperativa con el mentón en alto en medio del Pasaje del Comino, y solo tenía ganas de decirle “Pero mira que eres imbécil”. Me lo guardé entre los labios para devolverle mi mueca más angelical pensando en el daño que le había hecho a la humanidad <strong>Marlene Dietrich</strong>. Yo siempre he tenido aspecto de buen chico, carne de gabinete psicológico, aunque supongo que aquel día disimulé mucho para encubrir que, por debajo de la aseada máscara del niño bien que no ha roto un plato en su vida, se me iba transparentando la vida interior, el ser siniestro, ligeramente porcino –los cerdos se lo comen todo—, que se mostraba reticente a traspasar la puerta. “Orantes. Tapicero. Pasaje del comino, 3”. La verdad es que no me costó gran cosa encontrar a alguien que hiciese el trabajo. Ella tal vez era más fuerte, más <em>echá p'alante</em> que yo. Pero yo tenía más pasta.</p><p>—¿Entramos?</p><p>Diana me retó mirándome con la intensidad de quien lleva las riendas y acostumbra a pillar hachís y manejar navajillas de niña de barrio bajo que pega a las otras niñas para imponer su ley. Yo me reía por dentro recordando lo fácil que me había sido mandarle una dirección. Sus ganas de jugar y su bravuconería iban a hacer el resto.</p><p>—¿Entramos?</p><p>Ella insistió y yo me retraje, ladeé la cara, di un paso hacia atrás para subrayar mi falta de temple frente a los enormes ovarios de Diana. Se habría operado para ponérmelos encima de la mesa. Su par de ovarios. Incluso cuando follábamos y me restregaba por la cara los alfilerillos de sus pezones, Diana se negaba a que me pusiera un condón para demostrarme su par de ovarios. Era una tía bastante primaria —con un par de ovarios— que inspiraba en mí desde hace meses el mismo pensamiento: “Pero mira que eres imbécil, hija mía”. El pensamiento casi se me escapa en forma de hostia cuando me confesó que se había quedado embarazada y yo tuve claro que ni me iba a casar ni iba a criar un hijo con una choni así. Tampoco consentiría que un descendiente con un ligero aire de familia a mi familia deambulase por los barrios de Diana. Su desaparición no iba a suponer una pérdida irreparable. Nadie —pero que nadie, nadie— iba a echarla de menos. Ni siquiera yo. Así que le mandé la dirección de Orantes, el tapicero, un día, una hora, un número de teléfono equivocado, con la seguridad de que el papelito iba a despertar esa curiosidad que mató al gato y a las mujeres más tontas de Barba Azul. Después rebusqué en su bolso y Diana pensó que andaría buscando la navajilla, el predictor que me confirmase su melodramática confesión de preñez –“No creas que me haces falta para nada”—, un animal muerto, el mensaje romántico de otro hombre, cualquier pista que ratificase su maldad, la posibilidad de hacer de mí lo que ella quisiera. “Pero mira que eres imbécil, hija de mi vida.” Diana sacaba sus pechitos de alfiler para pincharme –hacerme adicto— y se relamía imaginando lo que me podría hacer sufrir. Pobrecita mía. Yo me puedo costear la mejor desintoxicación. El mejor sanatorio.</p><p>—¿Entramos?</p><p>Le dije que sí con la cabeza. Como el niño bueno y tímido que unas horas antes había rebuscado en su bolso. Como si yo fuese débil, tuviera miedo, y ella fuera una mujer dispuesta a defender a toda costa su independencia y su libertad, es decir, el polvoriento contenido de su bolso, los Kleenex sucios, esos secretillos de traficanta de poca monta que una vez nos habían unido. Qué libertad más hueca. Diana habría sido una de esas niñatas que roban en los grandes almacenes. Se habría guardado los pintalabios sin pagar dentro del bolso y yo sabía que, ya de adulta —¿adulta?—, se sentiría retada por la inspección de sus oscuras pertenencias y, después, querría hacerme pasar un poco más de miedo llevando la voz cantante en una aventura de cuyo desenlace lo ignoraba todo. Porque Diana era una peliculera, una cenicienta sin estudios, ojerosa y delictiva, que ni por un segundo sospechó que a mí el contenido de su bolso me la traía al pairo y que mi único objetivo era, por un lado, provocarla y, por otro, efectuar una comprobación: el papel con la dirección de Orantes estaba allí y a Diana ese papel le estaba quemando como a un ratoncito le quema en el estómago el olor del queso. Los ojos de ratona, pequeños y oscuros, de esa Diana que se creía cazadora –también se creía un poco <strong>Beyoncé—</strong> brillaron ávidos al bajar las escaleras del cuchitril de Orantes.</p><p>—Cuidado, amor, no te me vayas a caer.</p><p>Entonces Diana se dio la vuelta para mirarme con furia porque no soportaba ninguna demostración de que yo la podría cuidar, ser más previsor, grande o titánico que ella misma; de que podría salvarla de la bellaquería del mundo. Ningún signo de que yo podría comportarme como un machote o ser con ella ni un poquito paternal. “Pero mira que eres imbécil, hija mía.” Si Diana hubiera sabido lo que yo estaba pensando, habría sacado su navajilla del bolso —más falsamente vejado que su cuerpo puntiagudo— y me habría cortado los huevos. Uno y dos. Pero en la tapicería de Orantes tan solo se dio la vuelta para recriminar mi mimo y, en ese preciso momento, a su espalda, vi al tapicero nacer de la sombra. Llevaba bien sujeta dentro del puño su aguja grande de coser butacas. Era lo acordado y, en menos de un segundo, pasaría lo que tenía que pasar.</p><p><em>*Carlos Zanón es escritor. Su último libro, </em><strong>Carlos Zanón</strong><a href="http://www.sellorba.com/marley-estaba-muerto_premio-dashiell-hammett-2015_carlos-zanon_libro-OBFI119-es.html" target="_blank">Marley estaba muerto</a><em> (RBA, 2015). </em></p><p><em>*Berna González Harbour es periodista y escritora. Su último libro, </em><strong>Berna González Harbour </strong><a href="http://www.sellorba.com/los-ciervos-llegan-sin-avisar_berna-gonzalez-harbour_libro-OBFI057-es.html" target="_blank">Los ciervos llegan sin avisar</a><em> (RBA, 2015). </em></p><p><em>*Alfonso Salazar es escritor. Su último libro es </em><strong>Alfonso Salazar </strong><a href="https://grupodauro.com/2014/12/01/para-tan-largo-viaje/" target="_blank">Para tan largo viaje</a><em> (Dauro, 2014).</em></p><p><em>*Marta Sanz es escritora. Su último libro, Éramos mujeres jóvenes. Una educación sentimental de la Transición española (Fundación José Manuel Lara, 2016). </em><strong>Marta Sanz </strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-eramos-mujeres-jovenes/219231" target="_blank">Éramos mujeres jóvenes. Una educación sentimental de la Transición española</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[C. Zanón  B. G. Harbour  A. Salazar  M. Sanz]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El bolso de Diana]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Marta Sanz,Narrativa,Los diablos azules número 39]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Una propuesta realista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/propuesta-realista_1_1132972.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5ef3692e-fa3f-40d6-8d9f-e14766326484_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una propuesta realista"></p><p>Si queremos salir del marasmo en que se encuentra la gestión de la  mal llamada <em>crisis de los refugiados</em><strong>Sami Nair</strong><em>Refugiados. Frente a la catástrofe humanitaria, una solución real</em></p><p><em>racionalizar </em><strong>Kant </strong><strong>Ferrajoli</strong></p><p><strong>Saskia Sassen </strong><em>Expulsiones. Brutalidad y complejidad en la economía global</em><strong>Adam Ferguson</strong><em>Ensayo sobre la sociedad civil</em><em>hands-off</em></p><p><em>crisis de refugiados</em></p><p><strong>Poe </strong><em>La carta robada</em><strong>Zeid Ra'ad Al Hussein</strong><em>These are people with death at their back and a wall in their face</em></p><p><strong>Hölderlin </strong></p><p><em>Una propuesta realista</em><strong>Fridtjof Nansen</strong></p><p><em>*Javier de Lucas es catedrático de Filosofía del Derecho. </em><strong>Javier de Lucas</strong></p><p><em>[Lee aquí la entrevista a Sami Nair a propósito de </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/09/21/sami_nair_quot_union_europea_esta_legitimando_discurso_del_odio_quot_55079_1026.html" target="_blank">aquí </a><em>]</em></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier de Lucas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Una propuesta realista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Filosofía,Refugiados,Crisis de los refugiados,Los diablos azules número 39]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Quién sostiene a los débiles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/sostiene-debiles_1_1132971.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6ead70da-45c1-46ba-8504-ad0210b86e79_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Quién sostiene a los débiles"></p><p>Sofía, una mujer de 35 años, rememora su pasado en primera persona, aunque en algún momento recurra también a la segunda, e incluso se narra en tercera y ocasionalmente les ceda la voz a otros personajes. Nos cuenta la relación con Rita, su hermana pequeña, el trato áspero que han mantenido; acaba de abandonarla Julio, su marido; y se gana la vida de manera precaria como costurera. Su padre murió hace un año, mientras que su madre –con la que se muestra demasiado recelosa— se ha vuelto a casar y vive en Canarias (“La metamorfosis de una madre es algo deseado pero difícil de asumir”, pág. 117), por lo que la única referencia cercana que le queda es su hermana Rita. El caso es que la protagonista no mantiene relaciones cordiales con ninguno de sus allegados, ni siquiera con el pequeño Leo, su hijo de cinco años, pues como se afirma en la novela, en los enfrentamientos familiares “del sinsentido se pasa a la angustia, a la tristeza...” (pág. 131). Quizá por ese motivo acaben alejándose de ella, abandonándola, aunque en el desenlace reaparezcan ciertas esperanzas, pues Rita le deja a su hermana una puerta abierta...</p><p>En esta obra lo que en principio parecía ser una indagación sobre la existencia de Sofía, acaba desembocando en el descubrimiento de los padecimientos que sufrió su hermana siendo niña, sin que la familia llegara a darse cuenta (pág. 142-145, 197-200 y 249-251). Y lo es hasta tal punto que podría leerse como un intento de comprender la conducta de Rita, quizá como una forma oblicua que utiliza Sofía para entenderse a sí misma. Se apunta todo ello en el primer capítulo de la novela, cuando aun no estamos en condiciones de saber qué se nos cuenta y por qué, aunque vaya haciéndose patente conforme avanza la trama. </p><p>Tras ser abandonada, Sofía se refugia en la casa —simbólicamente plagada de hormigas— que han heredado las hermanas en un innominado pueblo pesquero, junto a Portugal. Tanto ese lugar como su entorno desempeñan un cierto protagonismo en la trama, así como la casa de veraneo de los abuelos en el pueblo, a la que acuden durante la infancia. A lo largo del relato, Sofía rememora la relación con sus padres, el abandono de Julio, de quien cree seguir enamorada, la pueril relación con su niño, y el apego que la sujeta a su hermana, a pesar de los constantes reproches que se intercambian. En suma, la narradora, mujer suspicaz y sobrepasada por la realidad, que se autoengaña, rechaza o adopta diversas soluciones para recomponer su vida, de lo que sería solo una muestra la tópica sugerencia de la madre de que tenga otro hijo; o el intercambio de parejas en el que participa el matrimonio, una idea de ella, que transcurre entre el placer y la insatisfacción, intentando huir de una relación amorosa que parece estancada.</p><p>El relato se dirige al desenlace a partir del momento en que conocemos la violencia y los abusos que padeció Rita siendo niña, anticipados en un par de ocasiones. Pero en este caso no son obra del padre, ni de otro adulto, como suele ser habitual, sino de dos primos adolescentes. Ese inquietante desasosiego de Sofía, una mujer débil que se muestra tan insegura como agobiante, que no consigue ser feliz, es el que logra transmitirnos la excelente prosa de Lara Moreno, a través del ritmo y la tensión que le proporciona, aunque se le cuelen anglicismos y expresiones a la moda tontorrona del día, o producto de la influencia de malas traducciones, que un buen lector editorial (¿siguen existiendo?) hubiera podido evitar. </p><p>Más allá de lo que se narra, esta es una novela que posee la intensidad y la precisión del cuento, género que la autora ha cultivado con maestría, trata sobre todo de la dificultad de vivir, de relacionarse, de ser hija, hermana y madre a la vez, de lo complicado que resulta mantener una relación amorosa; y más en general de los espejismos que genera la existencia, sus miedos e insatisfacciones (véase, al respecto, la relación que Sofía mantiene con el denominado “hombre de las salinas”, del que apenas nada se cuenta; mientras que trae a la escena y describe a Paul, ocasional pareja de su hermana), y cómo a menudo tomamos los caminos equivocados, los más fáciles, aquellos que resultan placenteros al instante, pero que acaban pasándonos factura. A este respecto, llama la atención la franqueza con que se describe el deseo sexual que acucia a esta joven mujer, representado en el misterioso hombre de las salinas, pero también en las masturbaciones, la alusión a los fluidos vaginales, o las referencias escatológicas, a los orines (páh. 128, 137, 163, 167, 169).  Y me gustaría destacar también, por ser un registro en el que se desenvuelve a la mil maravillas, la sátira feroz de la feria del pueblo, que la protagonista recorre como quien recorre un vía crucis (pág. 150-153).</p><p>Tras los ritos que van pespunteando la novela, ya aludidos, añadamos las lecturas de <strong>Marina Tsvietáieva</strong> (la relación que mantiene con sus hijas) y <strong>Anne Carson</strong>; la obsesión por la comida sana; el episodio en que el niño, Leo, se pierde y se desata la histeria del matrimonio (pág. 223); o el enfrentamiento  cara a cara, a solas, de las dos hermanas, en el desenlace, cuando literalmente se tiran los platos a la cabeza, a lo que sigue una autoacusación de Sofía, por no haberle prestado a su hermana la ayuda que necesitaba. </p><p>Quién sostiene a los débiles, se pregunta en una novela en la que todos los personajes lo son, aunque cada uno a su manera, acechados a menudo por aquellos que tienen piel de lobo. La jovencísima y brillante Lara Moreno –quien le dedica esta novela a su hermana Beatriz— se hace mayor, no solo como mujer sino también como escritora, se acerca a los 40, pero como podrán observar aquellos que hayan seguido su trayectoria con la atención que merece, superada la dificultad de escribir la primera novela y el consiguiente peligro que trae consigo la segunda, libro a libro va ganando en matices, en quilates.</p><p>*<strong>Fernando Valls</strong> es profesor de literatura y crítico literario.</p><p><em>[Lee aquí la entrevista a Lara Moreno]</em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/11/18/entrevista_lara_moreno_piel_lobo_57731_1821.html" target="_blank">aquí </a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Quién sostiene a los débiles]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 39]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lara Moreno: “La familia  te construye y te destruye de forma inevitable”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/lara-moreno-familia-construye-destruye-forma-inevitable_1_1132962.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3ee377c5-58a3-497a-b7f6-6dd119c3e083_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Lara Moreno: “La familia  te construye y te destruye de forma inevitable”"></p><p>"He huido del dolor que da la familia", decía uno de los personajes de <a href="http://www.megustaleer.com/libro/por-si-se-va-la-luz/ES0120529" target="_blank"><em>Por si se va la luz</em></a>, la primera novela de <strong>Lara Moreno</strong> (Sevilla, 1978). En aquel mundo distópico con el que se dio a conocer hace dos años, sus personajes vivían aislados del mundo y de los otros, sin lazos. Y quizás por eso la escritora tuvo la necesidad de estrellarse contra la familia (ay, la familia) en su segunda novela, <a href="http://www.megustaleer.com/libro/piel-de-lobo/ES0128656" target="_blank"><em>Piel de lobo</em></a>, que acaba de publicar, de nuevo con Lumen. Es una historia como tantas de una familia como tantas: una separación, un extraño verano en la casa de la playa, una llamada de auxilio a la hermana, la convivencia áspera, las noches de julio que llenar con largas conversaciones. Sus cuestiones: "¿Qué identidad te otorga la familia, casi como obligación, y que se arrastra toda la vida, y cómo es la identidad que uno se construye fuera, asumiéndolo o negándolo?". Casi nada. </p><p>Todavía está allí, en ese mundo en el que viven Sofía y Rita, las protagonistas. Y hace malabares con la vida real: continúa con la promoción de la novela; trabaja en el primer libro que publicará como editora del sello <a href="http://www.megustaleer.com/editoriales/caballo-de-troya/TY" target="_blank">Caballo de Troya</a>, en el que sustituirá a <strong>Alberto Olmos</strong> durante 2017; trata de encontrar tiempo para escribir relatos y poesía mientras llega la siguiente novela. Y para lo que, a día de hoy, le da de comer, que es todavía la edición y la correción para grandes editoriales. Como a la mayoría, la visibilidad que ganó con su fichaje con una gran editorial y el aplauso de la crítica tampoco le han resuelto la vida. En medio del estrés cotidiano, consigue parar un rato en un café de La Latina, en Madrid, donde reside. </p><p><strong>PREGUNTA. En un artículo reciente en el que la escritora Jenn Díaz reflexiona sobre la primera novela, hablaba de la etiqueta de joven promesa o de revelación, una que dura mucho tiempo y que se le aplica tanto a ella misma (1988) como a Sara Mesa (1976). ¿Cómo se ha relacionado usted con ella?</strong><a href="http://www.elperiodico.com/es/noticias/ocio-y-cultura/jenn-diaz-primera-novela-5601565" target="_blank">un artículo reciente</a></p><p><strong>RESPUESTA</strong>. Es una etiqueta que usa la prensa y que no tiene que ver con la carrera de cada uno. Cuando publiqué mi primera novela, yo ya tenía 35 años y era mi quinto libro. Jenn Díaz es que sí es muy joven [ríe], pero con 35 años ya no te puedes considerar una joven promesa, por mucho que socialmente lo estemos atrasando todo. En mí, el salto a una editorial grande, que sí que te da mucha más visibilidad, ha tenido que ver con una maduración en la escritura, el paso de un reto creativo o técnico. El camino me ha parecido natural, no he pasado de la nada a esto, llevo publicando desde que tengo 24 años.</p><p><strong>P. Se suele hablar de la “maldición de la segunda novela”. ¿Se ha enfrentado con ese miedo al fracaso que describen otros autores?</strong></p><p><strong>R</strong>. Sí, con la segunda tienes todo el miedo y la presión de cuando hay ciertas expectativas, sientes más responsabilidad. La primera, al ser como la primera vez que montas en bicicleta, es un “lo he conseguido”. La segunda tiene otra carga, y por ahora, sin fuegos artificiales, estoy tranquila. Sé que es el camino y que estoy trabajando en ello.</p><p>  </p><p><strong>P. Algunos escritores sienten un cierto bloqueo creativo ante la segunda novela. ¿Fue su caso?</strong></p><p><strong>R</strong>. Si me hubiera dejado llevar por lo que la gente esperaba de mí después de <em>Por si se va la luz</em>, seguramente no habría escrito esto. Esto me lo he planteado y he tenido dudas cuando terminé la novela y cuando estaba a punto de publicarse. Cuando estaba escribiendo, no. Intenté partir de una tabla rasa bastante natural conmigo misma y no me planteé la pregunta de adónde voy ahora. Tenía esto en mi cabeza, quería enfrentarme al reto de hablar de la familia y sus agujeros negros. Lo he vivido desde la soledad de la escritura, el dolor y el pasármelo bien, porque el momento mejor de un libro es cuando lo estás escribiendo; uno escribe por escribir. Esto era lo que necesitaba, a pesar de saber que estaba haciendo un giro. Me he escuchado a mí misma y lo volveré a hacer.</p><p><strong>P. Ese proceso de diez años escribiendo y publicando lejos de editoriales grandes y de la prensa, ¿le ha hecho conservar una idea de la literatura como un proceso íntimo?</strong></p><p><strong>R</strong>. La gran mayoría de los escritores, o al menos de los que yo conozco, hacen lo que quieren. Las etiquetas te las ponen a posteriori, desde lo externo, pero uno escribe siempre desde sus obsesiones. Yo he estado años escribiendo relatos porque era donde me sentía cómoda, pero sabía que en algún momento iba a enfrentarme a la novela. Y de pronto me doy cuenta de cómo me satisface estar dos años en el mismo proyecto, ese mundo paralelo. De hecho, seguramente empezaré la siguiente cuando eche de menostener un mundo paralelo, porque ahora todavía me dura este. Mi camino sigue siendo muy íntimo, desde el placer del proceso creativo. Y escribiré siempre, me publiquen o no me publiquen.</p><p><strong>P. La familia es un elemento que en la anterior novela, en la que los protagonistas están en cierto modo aislados del mundo, apenas tiene peso. ¿De dónde salió la urgencia de tratar este tema?</strong></p><p><strong>R</strong>. Es un tema que me ha interesado siempre muchísimo, y siempre lo había evitado, supongo que porque me daba pereza. Lo dije en una presentación: no tiene uno suficiente con tener una familia como para encima ponerte a escribir sobre ella. Pero tiene que ver con la madurez: la manzana se cae del árbol y te sientes preparada para afrontarlo. Igual que en el otro me enfrenté a un reto técnico, aquí el reto era abordar este tema universal.</p><p><strong>P. ¿Por qué tomar el punto de vista de las hermanas?</strong></p><p><strong>R</strong>. Me centro en las hermanas porque, de todo el entramado y las complejidades de la familia –llegará el día en que me enfrente con el padre o con la madre— quería abordar la huella que deja, y cómo te construye y te destruye de forma inevitable a pesar de toda la protección, y el amor, y de todo el empeño en hacerlo bien. Así que, en realidad, me sitúo en el hijo. Y, si miro hacia los lados, encuentro una figura siamesa. El juego de espejos con el hermano es muy interesante, uno es testigo de su propia infancia, pero si tienes hermanos –yo tengo una hermana— eres también testigo de la infancia de otros. Si el individuo se extiende, lo que hay es un hermano. </p><p><strong>P. En el libro se menciona varias veces a la poetas rusa Marina Tsvietáieva y sus Confesiones, diarios en los que cuenta cómo decide abandonar a sus dos hijas en un orfanato, donde poco después muere una de ellas y del que al tiempo rescata a la otra. ¿Qué otros referentes ha manejado?</strong><em>Confesiones</em></p><p><strong>R</strong>. <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-claus-y-lucas/156624" target="_blank"><em>Claus y Lucas</em></a> [de <strong>Agota Kristof</strong>] sale de forma instintiva: son gemelos, son lo mismo, pero hay una dualidad… o no. Me interesa esa identidad compartida que se lleva con cadenas. O <em>Melancolía </em>[de <strong>Lars von Trier</strong>], con esa familia tratada desde los hermanos, con todo lo demás ausente, precisamente porque sigue estando presente: los hermanos no pueden quitarse de encima al padre o a la madre.</p><p><strong>P. Lo que el personaje de Sofía no entiende es la diferencia con su hermana. </strong></p><p><strong>R</strong>. Claro, la ve desde el estupor de hermana mayor, ve cómo su hermana sabe moverse en ciertos ambientes mucho mejor que ella o cómo rompe el rol de hermana menor. Me interesaban también esos roles que se asignan y no se cuestionan: ella es la que hace las cosas bien, la hermana es la que se mueve más como un pájaro y que tiene crisis periódicas a lo largo de su vida que no se cuestionan tampoco. Se toma con un “Es que eres así, y ya está”. Detrás del “y ya está” siempre hay otra cosa. Eso es en lo que Sofía está buceando todo el libro, también desde los recuerdos de infancia. Es el yo luchando entre lo que le es propio y lo que le han impuesto y es ajeno.</p><p><strong>P. Quería abordar los agujeros negros de la familia, las zonas de sombra, pero en Piel de lobo vemos a una familia que podemos considerar normal. ¿Qué hay detrás de la normalidad?</strong><em>Piel de lobo</em></p><p><strong>R</strong>. Si yo hubiera querido hablar sobre la violencia explícitamente, habría construido otra historia. Esto es una familia normal, y en las familias normales también pasan cosas, aunque no se ve porque el hecho de seguir defendiendo que es una familia normal pesa más que enfrentarse a ciertas historias. La mayor parte de las familias normales lo son porque se empeñan muchísimo en serlo. La normalidad también aloja monstruos. Ningún individuo mirado de cerca está exento de grietas.</p><p><strong>P. Dedica gran parte de la novela a tareas cotidianas que no suelen entrar dentro de lo que se considera literario…</strong></p><p><strong>R</strong>. Mira, me preguntaron en un club de lectura que por qué Leo [el niño de Sofía, la protagonista] era un personaje plano. Es verdad que cuando ponemos a un niño en literatura le otorgamos muchas veces un comportamiento de mini adulto. Pero es que Leo es un niño de cinco año, y los niños de cinco años son así: lo que quieren es jugar, que le hagan caso, comer chucherías, ver la tele, ir a la playa. Quería que fuera hiperrealista, y fue una decisión que tomé incluso cuando me decía a mí misma: "Vamos a darle un poco de candela". Pero no, no quería ningún elemento de extrañeza, porque la vida es cotidianidad, y aun así contiene misterios.</p><p><strong>P. ¿Hay una denuncia detrás de esa narración de la maternidad de Sofía, ansiosa pero distante?</strong></p><p><strong>R</strong>. Claro, Leo no es un personaje plano, sino rotundo en su pequeñez, porque todo gira en torno a él. La vida de Sofía gira en torno a él, que es lo que pasa cuando tienes un niño. No te puedes saltar la logística del niño, pase lo que pase; puedes romperla, pero el niño sigue ahí. Todos los momentos de crisis de Sofía son <em>a pesar</em> de Leo. De alguna forma, denuncio —porque es algo que me preocupa— el caso que le hacemos a los niños, el caso que nos han hecho. Porque es un caso un poco falso. Leo está bien cuidado, su madre está obsesionada con que el niño coma todo ecológico, con que todo esté limpio, pero está descuidando lo que el niño necesita, que es que se siente con él y jueguen durante cuatro horas. Ese es el grito de Leo, que es el grito más grande que te puede dar un niño. Nos pasamos la vida cuidándoles, pero podríamos ahorrarnos la mitad de lo que hacemos y preocuparnos de los cuidados realmente importantes.</p><p><em>*Clara Morales es periodista de</em><strong>Clara Morales</strong> infoLibre. </p><p>  <em>[Lee aquí la crítica de Piel de lobo de Fernando Valls.]</em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/11/18/quien_sostiene_los_debiles_57740_1821.html" target="_blank">aquí </a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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